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martes, 19 de septiembre de 2017

Juego de Tronos: Temporada 7, be quick or be dead



"Si no apartamos las enemistades y nos unimos, moriremos. Y no importará quién se siente en el Trono de Hierro"




Ya podemos hablar globalmente de la séptima temporada de Juego de Tronos y la segunda en la que sus showrunners, David Benioff y D.B. Weiss, no han tenido la prosa de George R.R. Martin como base para estructurar su material audiovisual. Si bien la sexta temporada demostró la competencia de los ideólogos de la serie a la hora de volar libres sin traicionar la esencia y el discurso del autor de la saga literaria Canción de Hielo y Fuego, también dejó en evidencia algunos agujeros de guión y altibajos de ritmo que denotaban la importancia y el peso de Martin a la hora de dar solidez a la narración del programa aunque no fuera de manera directa. Esas carencias argumentales (al menos en cuanto a los fallos narrativos) se han hecho más evidentes en esta séptima tanda episodios, la más corta y de mejor ritmo de todas las del show de HBO, pero también la más cuestionable en cuanto a su escritura y las licencias que esta se toma para que el espectáculo y las secuencias memorables, que las hay a puñados, tomen forma en pantalla.




Ya en la pasada temporada supimos que la llegada de los Caminantes Blancos comandados por el Rey de la Noche iba a suponer un punto de inflexión en Juego de Tronos de cara a que los distintos bandos enfrentados por años de traiciones, sangre y muerte se unieran para afrontar la mayor batalla de la historia de Poniente. Esta temporada se ha ocupado de ir colocando las fichas de ajedrez estratégicamente sobre el tablero para que esa alianza tome forma, pero el camino ha sido dificultoso y arduo a todos los niveles. Las intrigas palaciegas, los secretos susurrados en angostos pasillos de descomunales castillos y los “juegos de tronos” se han visto reducidos al mínimo exponente durante esta temporada y es algo que se ha criticado a los creadores de la serie, pero es lógico que durante este prólogo de lo que será la gran guerra el ritmo se acelere y la acción prime, ya conocemos a los personajes y sus aspiraciones, de modo que sólo queda que la estrategia y el ataque para dar empaque a la serie.




Primero me voy a centrar en los temas más controvertidos de la temporada, los mismos que se han convertido en la comidilla de las redes sociales. Por un lado se han criticado notablemente, y no sin motivo, las transiciones temporales del todo improbables que pueblan el metraje y aunque los creadores de la serie y el mismo George R.R. Martin las han defendido es indudable que las prisas por dejar todo preparado para la octava temporada han dado pie a estas incongruencias que se hacen notables en pantalla, con personajes con poderes cercanos a la ubicuidad u otros que corren a una velocidad que ni Flash o Quicksilver. Por otro lado el famoso y muy mencionado fanservice también ha sido puesto en tela de juicio, afirmando más de un fan de la rama dura de la serie, y los libros, que esta temporada está llena de concesiones de cara a la galería para satisfacer a los seguidores del producto. Esto es totalmente cierto, pero no lo es menos que ver a todos los personajes que se dan reunión en el último episodio en Desembarco del Rey, por poner sólo un ejemplo, es un regalo para los que llevamos siguiendo la historia de Poniente desde sus inicios.




Teniendo en cuenta todas estas cuestionables características que merman en cierto modo el conjunto de la producción el que esto firma no puede hacer otra cosa que admitir lo mucho que ha disfrutado de esta última temporada de Game of Thrones. La interacción de los personajes se ha antojado sobresaliente, las secuencias de batallas multitudinarias colosales y los pasajes para el recuerdo como el ataque suicida de Jaime contra Daenerys, la conversación entre Tyrion y Cersei, la revelación de la traición de esta última a la alianza, la batalla entre los Greyjoy (¡qué grande es Pilou Asbæk!) la última confesión de Olenna Tyrell cn respecto a la muerte de Joffrey, la muerte de Viserion a manos del Rey de la Muerte o la última secuencia de la temporada son desde ya algunos de los mejores momentos de la historia de la serie. Sí, es cierto que las prisas han hecho mella en esta tanda de episodios y que Benioff y Weiss se han bajado los pantalones para satisfacer a los fans, pero el que esto firma ha disfrutado igualmente del viaje a pesar de los baches y la conducción temeraria.

Lo Mejor – El encadenado continuo de pasajes para la estantería del recuerdo
Lo Peor – Las trampas de guión y la simplificación de la complejidad narrativa que siempre ha sido una de las señas de identidad más importantes de la serie
Los 3 Momentos de la Temporada – 1) Olenna Tyrell 2) Cersei y Tyrion 3) La muerte y resurrección de Viserion


martes, 20 de diciembre de 2016

Star Wars Episodio VII: El Despertar de la Fuerza



Título Original Star Wars; The Force Awakens (2015)
Director J.J, Abrams
Guión Lawrence Kasdan, Michael Arndt y J,J. Abrams basado en personajes de George Lucas
Actores Daisy Ridley, John Boyega, Harrison Ford, Adam Driver, Oscar Isaac, Carrie Fisher, Peter Mayhew, Domhnall Gleeson, Max von Sydow, Gwendoline Christie, Lupita Nyong'o, Andy Serkis, Anthony Daniels, Mark Hamill, Greg Grunberg, Kenny Baker, Simon Pegg, Katie Jarvis, Christina Chong, Miltos Yerolemou, Thomas Brodie-Sangster, Ken Leung, Harriet Walter, Iko Uwais, Yayan Ruhian, Warwick Davis, Jessica Henwick, Daniel Craig, Billie Lourd, Judah Friedlander, Kevin Smith





El 31 de Octubre de 2012 saltaba la noticia. En su afán por extender su imperio de entretenimiento la compañía Disney compraba por una cifra millonaria Lucasfilm a su propietario, el productor, guionista y cineasta George Lucas. De esta manera la empresa del ratón Mickey y el Pato Donald (que años antes se había hecho también con los derechos de todo material salido de la editorial Marvel o la productora Pixar) se adueñó de, no sólo la saga Star Wars, sino también la de Indiana Jones o cualquier otra obra cinematográfica salida de la productora del autor de American Graffiti o THX 1138. Desde el mismo momento de la salida de la noticia, Robert Iger, presidente de Disney, anunció que dentro de la saga galáctica protagonizada por los caballeros jedi y sus enemigos los Sith se llevaría a cabo una nueva trilogía y otros films a modo de spin off situados en ese microcosmos cinematográfico nacido en 1977 y que más tarde se extendió a otros medios como la televisión, la literatura o los cómics convirtiéndose en un hito cinematográfico y cultural.




Lo cierto es que la noticia de la compra de la franquicia Star Wars por parte de Disney despertó una considerable división de opiniones. Por un lado alzaban la voz aquellos que afirmaban que era impensable una nueva saga de La Guerra de las Galaxias sin el respaldo de su creador, George Lucas, afirmación a la que se sumaba el recelo de no pocos fans que veían con malos ojos que la productora de El Rey León o La Bella y la Bestia estuviera detrás de las nuevas entregas que llegarían a la pantalla grande. Por el otro encontrábamos una amplia facción que sentenciaba tanto que el hecho de que Lucas abandonara su propia creación era lo mejor que podía pasarle a esta tras la decepcionante trilogía formada por los Episodios I, II y III como que el exito a nivel mundial de las producciones de Marvel Studios era síntoma claro de que la compañía de Robert Iger no tenía por qué infantilizar o descaracterizar una obra tan arraigada en la cultura popular a nivel mundial.




Tras una ardua producción para buscar a los profesionales más adecuados para relanzar una saga que tras la ya mencionada trilogía precuela formada por La Amenaza Fantasma, El Ataque de los Clones y La Venganza de los Sith había caído en un pozo de mediocridad y vacua grandilocuencia digital que poco tenía que ver con el inabarcable sense of wonder de la trilogía original el 15 de Diciembre de 2015 se estrenó Star Wars Epsidio VII: El Despertar de la Fuerza, largometraje dirigido por un J,J. Abrams que venía de rebootear con éxito la saga galáctica de "la competencia" con sus dos films sobre Star Trek, un guión escrito a seis manos por un viejo conocido de la franquicia como Lawrence Kasdan (El Imperio Contraataca, El Retorno del Jedi) y el talentoso Michael Ardnt (Pequeña Miss Sunshine, Toy Story 3) acompañados ambos por el mismo director y un enorme reparto formado por nuevos talentos como Daisy Ridley, John Boyega, Oscar Isaac o Adam Driver respaldados por veteranos duchos en la galaxia como Harrison Ford, Carrie Fisher, Anthony Daniels, Peter Mayhew o Mark Hammill.




El resultado es por todos conocido, Star Wars: The Force Awakens fue un enorme triunfo internacional que inyectó vida a la saga una vez esta se había independizado del manto de protección de su creador. La enorme taquilla a nivel mundial y los parabianes de una prensa especializada que en líneas generales se deshizo en elogios con la cinta sirvieron para confirmar que Disney, Lucasfilm y J.J, Abrams habían hecho perfectamente su trabajo. La clave del éxito de este Episodio VII se reveló cristalina cuando los espectadores, y sobre todo los fans de la saga original, se dieron cuenta de que esta última entrega había tomado la decisión que George Lucas desechó cuando realizó su segunda triliogía, ofrecer "más de lo mismo" en vez de tratar de hiperbolizar y fagocitar su propio microcosmos en un pueril intento de convertirlo en una enormidad sobreproducida, pobremente escrita y mediocremente rodada como sucedió con los Epsiodios I, II y III. Star Wars volvía en plena forma, con sus virtudes y defectos, pero lo hacía para quedarse y de ello vamos a hablar en esta entrada.




La historia de Star Wars Episodio VII: El Despertar de la Fuerza tiene lugar treinta años después de los hechos acaecidos en El Retorno del Jedi y tiene como protagonistas a Poe Dameron (Oscar Isaac) un piloto de la Alianza Rebelde que posee un robot BB8 que contiene información de vital importancia para dar con el paradero del desaparecido Luke Skywalker (Mark Hammill), Finn (John Boyega), un storm trooper desertor que decide ayudar a Poe a escapar de las garras de Kylo Ren (Adam Driver), siervo de la hermandad la Primera Orden regida por el misterioso Snoke (Andy Serkis) y Rey (Daisy Ridley), una chatarrera de talento desperdiciado originaria del planeta Jakku que decide unirse a la causa de Finn para derrocar al renovado Imperio. A este trío de nuevos héroes se unirán los míticos Han Solo (Harrison Ford) y Chewbacca (Peter Mayhew) y la antigua princesa Leia (Carrie Fisher), ahora general de la Rebelión, para intentar desbaratar los planes de la Primera Orden destruyendo su letal base de operaciones, la Starkiller.




Paradójicamente la mayor virtud de Star Wars Episodio VII: El Despertar de la Fuerza es también su más destacada flaqueza. La última entrega de la saga original creada por George Lucas es prácticamente un remake encubierto de la primera película de la misma, o lo que es lo mismo, el Episodio IV. Lo es no sólo por el reparto de roles, la presencia del Imperio controlado en la sombra por una siniestra organización (allí los Sith, aquí la Primera Orden) y la Alianza Rebelde haciéndole frente con sus mejores guerreros, lo es también por la estructuración del guión que sigue prácticamente todos los pasos de la cinta primigenia ya referenciada. En este sentido el film peca de conservador, no sólo por su carencia de originalidad, sino también por seguir de manera mimetica todos los preceptos impuestos por George Lucas en la Star Wars de 1977 y por efecto dominó de El Imperio Contraataca y El Retorno del Jedi, algo por otro lado nada reprobable si tenemos en cuenta que con esta primera toma de contacto Disney quería no sólo atraer al espectador casual, sino también recuperar la maltrecha fe del fan clásico de la franquicia.




Más allá de esa casi total ausencia de afán de inventiva y originalidad poco más se le puede achacar a una producción como la que nos ocupa. Star Wars Episodio VII: El Despertar de la Fuerza es lo que una entrega de la saga galáctica de creada por George Lucas debe ser, una cinta de aventuras de primer nivel repleta de localizaciones espectaculares, escenas de acción vibrantes, batallas espaciales imponentes y personajes carismáticos con los que todo tipo de espectador pueda sentirse identificado. J.J. Abrams y sus colaboradores tratan en la material con cuidadoso mimo, llenando el metraje de referencias a la trilogía original por medio de resoluciones visuales, localizaciones, notas musicales o personajes que nos retraotraen a la esencia de lo que en su momento fue un icono de la cultura popular como Star Wars. A que esta empresa llegue a buen puerto ayuda soberanamente el regreso a las labores de guión de Lawrence Kasdan, posiblemente el hombre que mejor conoce el microcosmos creado por George Lucas justo después de este último. El director de la deliciosa Mumford o la deficiente El Cazador de Sueños, con la ayuda de Michael Arndt y el mismo Abrams, consigue mantener el equilibrio entre epatante aventura para todos los públicos y dosis de fanservice bien dosificado por los fans de largo recorrido.




El creador de Alias o Fringe viste para esta ocasión el traje de artesano oficioso con considerables aptitudes para relanzar franquicias cinematográficas y se deja imbuir por el sabor añejo de la trilogía de los 70 y 80. El director de Super 8 recupera los efectos especiales artesanales, el delicioso uso recurrente de muppets y criaturas animatrónicas que transmiten ese realismo y cercanía que el frío pixel de los tres primeros episodios no llegaba ni a vislumbrar, administra adecuadamente unos excelentes efectos CGI que en todo momento están al servicio de la historia, abandona algunos de sus vicios estilísticos como los famosos lens flares o la sobreutilización de la cámara al hombro y se entrega a una puesta en escena más impersonal y academicista, pero no ausente de potencia, elegancia y dinamismo, enfatizando un tono más clásico y ligero que nos recuerda, una vez más, a la primera Star Wars de 1977. En este sentido el film tiene la batalla ganada y, como previamente hemos apuntado, encuentra la fórmula mágica que los Episodios I, II y III de Lucas eludieron o no supieron aprovechar.




El buen hacer de Disney para atraer nuevas generaciones de fans conservando por el camino a los clásicos también se deja ver en el reparto de viejas caras de la casa interactuando con nuevos talentos. Poco podemos añadir a estas alturas sobre Oscar Isaac, el británico ha demostrado sus sobradas dotes como enrome actor en productos como Ex_Machina, Ágora o A Propósito de Llewyn Davis, de modo que a nadie debe sorprender el carisma de su Poe Dameron que se revela como el digno heredero del Han Solo de Harrison Ford. En cambio si es agradable descubrir a un actor de talento y simpatía desbordante como John Boyega, que después de recibir con los primeros trailers del film duras críticas por su raza (¿ninguno de esos intolerantes recuerda a Billy Dee Williams y su enorme Lando Calrissian?) demostró estar a la altura para darle la réplica a una deliciosa, carismática y muy guerrera Daisy Ridley que consigue enfundarse el rol principal de la última entrega de una saga que pedía a gritos una protagonista femenina y que debe verse las caras con un torturado, sádico y acomplejado (la sombra de Darth Vader es alargada) Kylo Ren al que un magnífico Adam Driver ofrece su peculiar rostro, voz y fisionomía.




Por suerte si en un caso extremo el reparto de nuevas incorporaciones a la franquicia hubiese fallado la presencia de los "clásicos" de Star Wars que, por razones lógicas de cronología, no pudimos volver a ver en la segunda trilogía aquí hacen acto de presencia. Seamos sinceros, del mismo modo que la intervención de Han Solo y Chewbacca es clave para el devenir de la historia en la que están implicados el trío de actores jóvenes, la aparición de Carrie Fisher como Leia o Anthony Daniels como C3P0 es tan agradecida como prescindible en el relato, pero como es lógico el factor nostalgia en ocasiones tiene un poder inabarcable y volver a ver a estos amigos treinta años después de su despedida en El Retorno del Jedi es todo un lujo. Evidentemente la veteranía y profesionalidad de los actores ya mencionados son un seguro de vida a la hora de que su labor con respecto al casting sea de nivel y no todo quede en concesiones de cara a la galería con las que contentar al fandom permitiendo a todos y cada uno de los roles tener su momento de gloria en pantalla y dejándonos un sabor de boca tan agridulce (esa única defunción es muy dolorosa) como bien recibido.




Aunque evidentemente no fue plato del gusto de todos los espectadores o fans de la saga y que adolece de algunos fallos como su poca valentía a la hora de expandir el universo cinematográfico creado por George Lucas o que algunas ideas narrativas no estaban debidamente abordadas (el desenmascaramiento de Kylo Ren debería haber tenido lugar en la intensa escena en la que se enfrenta a su padre  y lo desdibujada que está la presencia de algunos secundarios) Star Wars Episodio VII: El Despertar de la Fuerza es una producción digna de la trilogía inicial y muy superior a las tres precuelas que vinieron después. Personajes inolvidables de ayer y hoy, bots que se ganan el corazón del respetable desde su primera aparición (el entrañable BB8 hace que no echemos demasiado de menos al R2-D2 del fallecido Kenny Baker) villanos genocidas pero con algo de humanidad y debilidades en su interior y todo el espectáculo de una space opera hecha con cariño y respeto es lo que tenemos en el film de J.J. Abrams y también es lo que espero encontrar en esa Rogue One: Una Historia de Star Wars que, si nada cambia, veré este próximo miércoles y reseñaré a no mucho tardar para continuar hablando de esta historia que comenzó en una galaxia muy, muy lejana y cambió para siempre el concepto de cine de entretenimiento.


jueves, 24 de noviembre de 2016

Animales Fantásticos y Dónde Encontrarlos



Título Original Fantastic Beats and Where to Find Them (2016)
Director David Yates
Guión J.K. Rowling, basado en su propia novela
Reparto Eddie Redmayne, Katherine Waterston, Dan Fogler, Alison Sudol, Colin Farrell, Carmen Ejogo, Samantha Morton, Ezra Miller, Ron Perlman, Johnny Depp, Zoë Kravitz, Gemma Chan, Jon Voight, Christine Marzano, Lucie Pohl





En el año 2001, en pleno apogeo de la serie literaria protagonizada Harry Potter que acababa de ofrecer por aquel entonces su cuarta entrega, la escritora J.K. Rowling decidió extender el universo de su peculiar mago adolescente con una novela localizada en el mismo microcosmos, pero ambientada en una época pretérita en la que el pequeño hechicero vivía aventuras con sus amigos Hermione Granger y Ron Weasley bajo la tutela de Albus Dumbledore y la amenaza de Lord Voldemort. El libro se tituló Animales Fantásticos y Dónde Encontrarlos (Fantastic Beasts and Where to Find Them, en su idioma original) fue editado a modo de obra literaria facsimil propiedad de Harry Potter que le era exigida como lectura obligatoria en el primer año de estudios en Howgarts e ideada por Newt Scamander, un “magizoólogo” británico (antiguo alumno también de Albus Dumbeldore en la famosa escuela) que se dedicaba a la búsqueda y cuidado de criaturas mágicas a lo largo del mundo y que en este manuscrito se dedicó a clasificar y diferenciar. La obra fue bien recibida y tras el cierre de la saga cinematográfica de Harry Potter hace cinco años poco tardaron los jefazos de Warner Bros en ponerse manos a la obra para seguir explotando la creación de J.K. Rowling aunque fuera por medio de un trabajo que sólo estaba relacionado con las peripecias del hijo de James y Lily Potter de manera tangencial y sin ser una pieza fácilmente adaptable a la pantalla grande.




Los productores de Animales Fantásticos y Dónde Encontrarlos eran conscientes de que que por mucho que el largometraje estuviera vinculado con el universo de Harry Potter al no hacer presencia en él ninguno de los personajes más conocidos de la saga cinematográfica el riesgo de encontrar a un público poco receptivo estaba en el aire. Por suerte Warner Bros ha depositado la responsabilidad de sacar adelante este proyecto en los dos profesionales más adecuados para que el mismo se convierta en un éxito total, hablamos nada más y nada menos que del cineasta David Yates y la mismísima escritora J.K. Rowling. El primero es un veterano a la hora de llevar a imágenes el mundo mágico y fantástico salido de los libros de Rowling ya que desde Harry Potter y la Orden del Fénix se ocupó de dirigir todas las películas de la franquicia y la segunda es la mejor elección posible en cuanto a adaptar su propia novela a un guión cinematográfico ya que nadie lo conoce mejor que ella y gracias a esto debuta por primera vez en el séptimo arte sin intermediarios para que su prosa llegue, por primera vez, directamente a la platea. Una vez estrenada la cinta ha funcionado magníficamente bien en taquilla y ha seducido a gran parte de la prensa especializada, reacción que nosotros compartimos al encontrarnos con un muy competente proyecto que sabe aunar la “magia Potter” con un tono más dirigido a un público adulto.




La historia narrada en Animales Fantásticos y Dónde Encontrarlos se centra en el viaje de Newt Scamander (Eddie Redmayne) a New York en el año 1926, allí tendrá que cumplir una misión relacionada con los animales del reino fantástico que pueblan el planeta y que se verá truncada cuando su maletín repleto de estas criaturas se abra en la casa de Jacob Kowalski (Dan Fogler) un “no-maj” (persona no mágica, conocidos como muggles en Inglaterra como recordamos de la saga original) y se escapen a lo largo y ancho de la Gran Manzana. Esta excusa mínima sirve a J.K. Rowling y David Yates para desplegar todo su bestiario (nunca mejor dicho) e imaginería visual con la que dan una pátina de clasiscismo y madurez a lo que ambos plantearon en las sagas literarias y cinematográficas relacionados con Harry Potter. Warner Bros no ha escatimado gastos para ofrecer al largometraje un diseño de producción a la altura de una superproducción como la que nos ocupa, el mismos que Yates y su equipo técnico no desaprovechan para retratar una ciudad de New York de principios de siglo con reminiscencias estéticas que van desde El Padrino II a Érase Una Vez en América y una sabia mezcla entre luz y oscuridad perfectamente amalgamada en pantalla. Todo lo relacionado con Scaramander y su búsqueda de los seres que se han escapado de su maletín aportan humor, dinamismo y ritmo alocado y por otro lado la subtrama protagonizada por Graves (Colin Farrell), Credence (Ezra Miller) y con Los Segundos Salemitas como telón de fondo dan un tono de oscurantismo impropio de la franquicia abordando temas como la xenofobia y el extremismo religioso con bastante acierto, pero sin demasiado profundidad.




En medio de esta mezcla de tonalidades que tanto Rowling en la escritura como Yates en la realización saben aunar sin que desentone en ningún momento ambos consiguen perfilar unos personajes que sin eludir arquetipos clásicos y mil veces vistos contienen la suficiente personalidad como para identidificarnos con ellos y convertirnos en cómplices de sus épicas correrías. El Newt Sacaramander de Eddie Redmayne se gana la simpatía del público desde su primera aparición en pantalla, el actor de El Destino de Júpiter, de la manera más sabia posible, emula a los maestros del cine mudo como Charles Chaplin y Buster Keaton apelando a la comedia física y el slapstick de estos, pero desde hace un tiempo en todos sus proyectos parece interpretar el mismo rol tímido, apocado y de sonrisa infantil. En cambio dentro del reparto la verdadera sorpresa la ofrece Dan Fogler como Jacob Kowalski, una especie de cruce entre Oliver Hardy y Sancho Panza que con sus caras de asombro y risa bobalicona hace las delicias de una platea que ve cómo casi todo el humor recae sobre él. A ambos protagonistas les dan la réplica una sencilla Katherine Waterston y una pizpireta Alison Sudol como las hermanas Goldstein, pero es en el “lado oscuro” donde encontramos los trabajos de casting más interesantes con una manipuladora Samantha Morton y un excelente Ezra Miller (el The Flash de la próxima película de La Liga de la Justicia Americana) como Credence que comparte momentos de alto voltaje con el ambiguo Graves de un Colin Farrell que se mimetiza acertadamente con su papel de villano con sorpresa final.




Como previamente hemos apuntado J.K. Rowling debuta como guionista cinematográfica con Animales Fantásticos y Dónde Encontrarlos y aprueba con nota mostrando unas especiales dotes para extrapolar su impronta literaria al ritmo del medio cinematográfico con un muy buen hacer tanto a la hora de perfilar personajes e inyectar acción o dinamismo a la historia como a la de ser fiel a su discurso y microcosmos nacido en las novelas que le dieron la fama, notándose en todo momento que la implicación que tuvo como productora en todas las entregas fílmicas de Harry Potter le sirvieron para coger tablas viendo como otros libretistas como Steve Kloves o Michael Goldenberg llevaban con acierto a guiones cinematográficos sus libros. Por otro lado un David Yates que este año ha encadenado el rodaje de la cumplidora pero bastante olvidable La Leyenda de Tarzán con la cinta que nos ocupa tira de profesionalidad y veteranía en este tipo de producciones emulando el tono impersonal y academicista pero efectivo y dinámico que inyectó en los cuatro films protagonizados por Daniel Radcliffe, Emma Watson y Rupert Grint que rodó entre los años 2007 y 2011. El británico se ocupa como jefe de ceremonias de que los apartados técnico y artístico converjan adecuadamente consiguiéndolo en casi todo momento y sólo mostrando algo de endeblez el conjunto de su trabajo en lo referido a unos efectos digitales que paradójicamente no están a la altura del magnífico diseño de los animales fantásticos que dan título a la película.




Animales Fantásticos y Dónde Encontrarlos funciona a distintos niveles y no puede haber mejor noticia que esa. Lo hace como precuela y spin off de la saga Harry Potter, como inicio de una nueva saga, como extensión del universo cinematográfico relacionado con dicho personaje y sobre todo, y más importante, como película comercial entretenida y bien rematada en casi todos sus aspectos. Sin desentonar con las distintas entregas de su franquicia gemela e incluso superando a algunas de ellas (a Harry Potter y el Misterio del Príncipe, por poner un ejemplo) J.K. Rowling y David Yates han puesto la primera sólida piedra para que Warner Bros comience una nueva serie de films que según hemos sabido hace pocos días constará de cinco entregas en las que posiblemente guionista y director estarán implicados totalmente. Pero por ahora nos quedamos con las buenas impresiones transmitidas por esta primera parte que se revela como una interesante y competente propuesta en la actual cartelera que satisfará a los fans de la creación de literaria de la autora de El Canto del Cuco y a los amantes del celuloide adscrito a la fantasía y la aventura sin demasiadas pretensiones, ofreciendo 133 minutos de diversión cinematográfica llena de magia, humor, acción, amistad y la eterna lucha entre luz y oscuridad que no debe faltar en una historia poblada por hechiceros y bestias de distinto y variopinto pelaje.





lunes, 30 de junio de 2014

Maléfica



Título Original Maleficent (2014)
Director Robert Stromberg
Guión Linda Woolverton basado en el cuento La Bella Durmiente y la adaptación de Walt Disney del mismo
Actores Angelina Jolie, Elle Fanning, Juno Temple, Sharlto Copley, Kenneth Cranham, Lesley Manville, Imelda Staunton, Miranda Richardson, Sam Riley, Peter Capaldi, Ella Purnell, Brenton Thwaites, Christian Wolf-La'Moy





La Disney decide recuperar a una de sus villanas animadas más recordadas para dar forma a su última producción en imagen real. Aquella Maléfica que hiciera caer en La Bella Durmiente una maldición que haría dormir a la protagonista por toda la eternidad cuando el día de sus decimosexto cumpleaños se pinchara con la aguja de una rueca si un beso de amor verdadero no la despertaba de su eterno letargo. Estrenada en 1959 y basada en el cuento de Charles Perrault la cinta es uno de los clásicos incontestables de la historia del cine animado y su malvada antagonista un personaje tan jugoso que raro es que hayan tardado mas de 40 años en darle un producto en el que sea la protagonista total.




Es la actriz Angelina Jolie la impulsora del proyecto implicándose la hija de John Voight como productora ejecutiva en la gestación de la película que realiza una nueva relectura (con sus fallos y aciertos) de la cinta dirigida por Clyde Geremoni aquel último año de la década de los 50. El resultado es una meritoria entrega de entretenimiento para toda la familia bien ejecutada tanto en el plano artístico como en el técnico que aunque consigue dar entidad y algo de profundidad psicológica (mínima, no estamos hablando de una pieza de Ingmar Bergman o Carl Theodor Dreyer) también traiciona la esencia de la misma cuando decide dar origen a su genuina "maldad" incluso llegando a justificarla para redimir al rol y volverlo políticamente correcto de cara al público en general y al infantil en particular.




La Maléfica del debutante Rober Stromberg fue un hada que se enamoró desde la niñez de Stefan que después de fingir ser el hombre de su vida le arrancó las alas para ofrecérselas al rey Henry que era un tiránico monarca. A partir de ahí Maléfica cambiará convirtiéndose en una mujer arisca y triste y en apariencia cruel y déspota y tras este cambio radical de psicología y estética llevará a cabo la maldición que hará que la adolescente Aurora caiga en un profundo sueño. Este giro da una nueva entidad a la historia y una lectura muy diferente a lo que en ella acontece, pero por el camino se traiciona mucho de la personalidad que hacía de Maléfica uno de esos personajes diabólicos a lo Disney que no se olvidan nunca.




Angelina Jolie a hablado de que la historia de Maléfica y todo lo referido a cómo le arrebatan sus alas de manera forzosa es una metáfora de una violación y lo cierto es que la idea está planteada en la trama y los paralelismos son bastante aceptables. Pero el problema es que cuando la maldición que deposita en Aurora es realizada por despecho todo el entramado se sustenta en que no estamos ante una auténtica villana sino ante en una mujer herida que no porta maldad en su esencia. De modo que aunque la protagonista toma el rol de "hada madrina" de Aurora y con ello se perfila su personalidad como verdadera madre y protectora de la niña, por el camino se desmitifica tanto su lugar en el relato como el cuento mismo que poco tiene que ver con el clásico que todos conocemos.




Ya en el plano cinematográfico la cinta es en el apartado técnico superior a la media de blockbusters que pueblan nuestras taquillas. Robert Stromberg acierta al alejarse de la vacuidad actual del cine comercial dejándose influenciar por el celuloide fantástico de los años 80. El diseño de producción y la dirección artística así como el onirismo de la mayoría de pasajes recuerda a la visualmente apabullante pero argumentalmente endeble Legend de Ridley Scott y las criaturas que pueblan las Ciénagas parecen salidas de la mano del tristemente desaparecido Jim Henson ofreciendo a los espectadores ecos tanto de Dentro del Laberinto como de Cristal Oscuro, clásicos de culto de aquella década que son un muy acertado referente para esta Maléfica.




Con una Angelina Jolie de sonrisa carismática en su salsa como reina de ceremonias, un Sharlto Copley que confirma su talento para dar vida a perturbados mentales, una delicada Elle Fanning como Aurora, un trío de hadas tan irritantes como entrañables (que dan el toque puramente Disney a la producción) a las que dan vida Juno Temple, Imelda Staunton y Lesley Manville y un memorable Diaval a manos de Sam Riley sumados a una realización técnica muy meritoria con algunas escenas de un precioso acabado plástico (sobre todo las relacionadas con los vuelos de Maléfica cuando posee sus alas, vease su primer beso) y varias deudas estilísticas con las sagas de Harry Potter, El Señor de los Anillos o Las Cronicas de Narnia por la inclusión de escenas de batalla bastante resultonas Maléfica cumple su cometido de entretener durante dos horas a un espectador que si no se para mucho a pensar que están desmitificando (unas veces con acertada sorna y otras con impúdica desvergüenza) a un personaje impagable del cine de animación por puro capricho económico saldrá bastante satisfecho de las multisalas de su localidad.



domingo, 16 de diciembre de 2012

El Hobbit: Un Viaje Inesperado



Título Original The Hobbit: An Unexpected Journey (2012)
Director Peter Jackson
Guión Guillermo del Toro, Philipa Boyens, Fran Walsh y Peter Jackson
Actores Martin Freeman, Ian McKellen, Richard Armitage, James Nesbitt, Aidan Turner, Graham McTavish, Jed Brophy, Stephen Hunter, Ken Stott, John Callen, Adam Brown, Dean O'Gorman, William Kircher, Peter Hambleton, Mark Hadlow, Hugo Weaving, Andy Serkis, Sylvester McCoy, Cate Blanchett, Christopher Lee, Elijah Wood, Ian Holm, Barry Humphries, Jeffrey Thomas, Lee Pace, Conan Stevens, Bret McKenzie





Retorno cinematográfico a la Tierra Media de mano de Peter Jackson, el director y guionista que llevó a magníficas imágenes la trilogía literaria de El Señor de los Anillos creada por el escritor inglés de origen sudafricano, J.R.R. Tolkien en tres largometrajes durante la década pasada, consiguiendo un éxito descomunal de crítica y público y 17 premios de la academia. En esta ocasión se adapta el primer libro que el afamado novelista editó sobre estos célebres personajes, El Hobbit, viendo la luz en 1937 y sin el éxito  que posteriormente tendrían sus continuaciones literarias.




Poco tiempo después del estreno de El Retorno del Rey empezaron a escucharse noticias sobre la adaptación cinematográfica de El Hobbit. Por aquel entonces el proyecto iba a estar impulsado, escrito y producido por el mismo Peter Jackson (lo que era un seguro de vida tras ver su excelente trabajo previo con la obra de Tolkien) y dirigida por el mexicano Guillermo del Toro, director de Hellboy 1 y 2, El Laberinto del Fauno y de la próxima Pacific Rim. Finalmente por problemas de fechas Jackson se hizo de nuevo con la dirección del proyecto y Del Toro pasó a a ser co guionista del mismo.




Hace unos meses se supo que la novela, que en un principio iba a ser adaptada en dos largometrajes, finalmente pasaría a ser llevada a la pantalla grande en tres. Una idea que tenía poco de lógica y sí mucho de interés económico para alargar innecesariamente un texto de no más de 360 páginas con la intención de convertir una modesta obra literaria en otra ambiciosa trilogía cinematográfica sin existir motivos de peso para que el proyecto se abordara de esta manera. El resultado del primer largometraje es en líneas generales muy bueno, pero se le notan algunas carencias conceptuales y estilísticas, sobre todo por lo esperable, el excesivo relleno introducido en el film y el considerable alargamiento de bastantes de los pasajes de la película.




Bilbo Bolsón (Martin Freeman) es un apacible y tranquilo hobbit que vive en paz en la comarca. Un día el mago Gandalf (Ian McKellen) lo visita con un grupo de 13 enanos comandados por Thorin, Escudo de Roble (Richard Armitage) el Rey Bajo la Montaña. Este variopinto club le propondrá iniciar un aventura cuyo fin es recuperar el oro del reino de su pueblo que robó el terrible dragón Smaug. Aunque reacio en principio a la propuesta, Bilbo acabará aceptando la misma. En el trayecto el hobbit, Gandalf y los enanos se enfrentarán a trolls y orcos, visitarán Rivendel, la tierra de los elfos y sufrirán incontables infortunios para llegar a cumplir su complicada misión.




Hay muchas cosas buenas y alguna mala en El Hobbit: Un Viaje Inesperado. La que más llama la atención es que si se ha leído la novela en la que se basa el largometraje uno es consciente (sin enfadarse, pero sí con cierta ironía y sorna) que Peter Jackson se la está dando con queso, que la película está repleta de relleno y subtramas innecesariamente alargadas que en el libro o son mencionadas de pasada o ni siquiera existen como tales en sus páginas. Pasajes que en la novela se despachan en pocas líneas (en un capítulo como mucho) en la cinta pueden durar más de 40 minutos (la cena en casa de Bilbo que sirve como reunión para todo el grupo), pero claro, Jackson sabe lo que hace, inyecta un ritmo espídico, llena todo de referencias e intertextualidad tanto cinematográfica como literaria y da al espectador, y sobre todo al fan de la trilogía anterior o del mismo Tolkien, lo que demanda, pan y circo.




La cinta hereda gran parte de la épica de las anteriores entregas, el guión interconecta personajes y situaciones y Jackson una vez más demuestra que sabe cómo llevar a imágenes el imaginario tolkiano en todo su esplendor, llenando la Tierra Media de hobbits, elfos, trasgos, orcos y demás criaturas fantásticas. Los personajes son fieles a los retratados en el libro (la mayoría de los enanos no están muy definidos, al igual que pasaba en el material escrito) pero el tono de la novela y el rol que ejerce Bilbo en la misma se ven en pantalla algo tergiversados.




La adaptación cinematográfica de El Hobbit sesga de una tacada casi todo el tono de ligereza narrativa y literatura infantil (Tolkien escribió en un principio el libro para sus propios hijos) que contiene la novela y que lo diferencia del que poseían el resto de textos de la saga. Cierto es que hay momentos en que el espíritu desenfadado del escrito se ve en pantalla (sobre todo en el pasaje en el hogar de Bilbo) pero más tarde Jackson se entrega a una trascendencia que en cierta manera chirría un poco, por mucho que esta sea acorde en espíritu con la que transmitían los tres anteriores films.




Por otro lado como ya he mencionado hay bastantes momentos en los que Bilbo queda en un considerable segundo plano algo molesto, depositando la trama el protagonismo en Gandalf, Thorin o el grupo de enanos. La idea en principio no es mala, pero en la novela Tolkien conseguía darle peso a los personajes secundarios sin dejarnos de transmitir que el hobbit (que no por nada da el nombre al libro) era el núcleo central de la historia que nos estaba relatando, que la misma gira alrededor suyo y que sin él esta no podría desarrollarse adecuadamente. Por suerte estos momentos son pocos y los que tienen al tío de Frodo Bolsón como protagonista brillan considerablemente.




No se podría hablar de un gran trabajo actoral, demasiado maquillaje (James Nesbitt irreconocible como Bofur) y un considerable número de personajes impiden hacer una adecuada evaluación valoratiba del trabajo del reparto. Pero por descontado que Martin Freeman está harto creíble como Bilbo Bolsón, que Ian McKellen sigue magistral como Gandalf, que Richard Armitage transmite carisma, grandeza y fuerza como Thorin (magistral el flashback de la batalla de Azanulbizar, posiblemente el mejor pasaje del largometraje) aunque su personaje es bastante más arisco que en el libro. Pero mi corazoncito se va una vez más (puede que por eso Las Dos Torres sea mi película favorita de la trilogía original porque ahí "lo vi por primera vez") con un inmenso Gollum más Gollum que nunca (Andy Serkis merece un monumento) con momentos brillantes en su corta intervención y con apuntes de humor sencillamente inolvidables.




Los fallos que pueda tener el guión o el montaje Peter Jackson los suple con una épica desatada (cómo pone la piel de gallina el momento en que Thorin va a atacar a Azog aunque la secuencia desemboca en un decepcionante coitus interruptus) fan service para satisfacer a los seguidores (Frodo, Galadriel y Saruman metidos con calzador, las primeras notas musicales de los temas más conocidos de la banda sonora compuesta por Howard Shore para las películas anteriores sonando de fondo en momentos puntuales) un ritmo endiablado y mucha aventura. Además, el polémico formato 48fps es todo un acierto, la nitidez y definición de la imagen son soberbias y las escenas de acción ganan en grandilocuencia y acabado artístico. Por el lado malo los efectos digitales pierden algo de solidez, aunque cuando están muy bien trabajados (como en los casos de Azog y Gollum) no se nota.




A Peter Jackson le ha salido bien la primera jugada. Sigue en forma a la hora de transformar en imágenes la letra de Tolkien y entiende perfectamente ese mundo fantástico. Por el camino se cometen fallos, se alargan y añaden tramas innecesariamente (en ese sentido seguro que los que no hayan leído el libro no notarán tanto esos errores) para exprimir al máximo la gallina de huevos de oro, pero en el proceso somos testigos de un cine de aventuras de calidad, con reminiscencias al celuloide comercial americano de los 80 (inevitable en ocasiones pensar en Dentro del Laberinto o Cristal Oscuro) que finalmente se revela como uno de los productos cinematográficos más agradecidos de la temporada.



miércoles, 14 de noviembre de 2012

Ted, hermano oso de peluche



Título Original Ted (2012)
Director Seth Macfarlane
Guión Alec Sulkin, Wellesley Wild y Seth Macfarlane
Actores Mark Wahlberg, Mila Kunis, Seth MacFarlane, Giovanni Ribisi, Laura Vandervoort, Joel McHale, Patrick Warburton, Jessica Stroup, Sam J. Jones, Norah Jones





No soy muy fan de Seth Macfarlane ni de sus series. El tipo es indudablemente un trabajador inasequible al desaliento, pero también me parece el autor de un tipo de productos animados de escasa calidad. No voy a negar que me río mucho viendo Family Guy, que con gags de la serie he llegado a llorar de la risa y que actualmente prefiero ver un episodio de ese producto antes que uno de mis demacrados Simpson. Pero la serie no me parece buena, ni con una estructura argumental digna de elogio. Tampoco le cojo el punto a American Dad y eso que he visto varios episodios y de The Cleveland Show no diré demasiado, una vez intenté ver un capítulo y no duré ni cinco minutos al ver a la abuela de la familia soltar flatulencias descontroladamente, si mal no recuerdo.




Ted es el debut en el mundo del largometraje en imagen real por parte de Macfarlane. Por conocer un servidor el humor de su creador y sabiendo de antemano la temática de la cinta (un hombre que hace vida con su oso peluche viviente) me esperaba lo peor. Humor cafre, sin pies ni cabeza y con mucha mala idea, pero poca sustancia a lo largo de hora y media de metraje, que indudablemente en algún que otro momento haría reír, pero que me dejaría bastante insatisfecho. Nada más alejado de la realidad, la ópera primea del autor de Padre de Familia es una comedia muy divertida que sabe moverse con pericia entre la ternura y la incorrección política.




John Bennet es un crío solitario que lo tiene difícil para hacer amigos en su barrio. Un día cansado de estar siempre solo pide el deseo de que su oso Ted cobre vida. A la mañana siguiente Ted se convierte en un osos de peluche viviente para asombro de los Bennet y la nación entera que se hace eco del inusual hecho. Más de 20 años después de aquel día John y Ted siguen compartiendo piso. El primero tiene 35 años y una novia que esta harta de que pierda el tiempo con un oso de peluche y este último se dedica todo el día a fumar maría y no dar un palo al agua. Pero la situación cambiará para los tres debido a ciertas decisiones y circunstancias un tanto forzosas.




Ted se alimenta de las comedias de los años 80 (desde la estética hasta la música, pasando por la voz en off nos remiten a aquella época) como las de John Hughes o Ivan Reitman. En el proceso Macfarlane no se olvida de sus señas de identidad como autor en las que entran el humor negro y en ocasiones algo bruto. Pero el tipo es inteligente y no cae en algunos de los fallos de sus productos catódicos. Para empezar la incorrección política está ahí, pero está dosificada y bien medida, no abusa de ella ni se excede a la hora de usarla. Por otro lado subsana uno de sus mayores fallos, alargar hasta lo extenuante gags humorísticos que pierden toda su gracia durante el proceso. A lo largo del film hay un par de amagos de que tal error va a producirse (la pelea entre Ted y John), pero el guión sabe dar corte por lo sano y la cosa no pasa a mayores.




Lo cierto es que el mayor acierto de la cinta es la química entre el oso al que dobla el mismo Macfarlane (buen apunte la coña de que la voz de Ted recuerda a la de Peter Griffin) y el personaje principal de Mark Whalberg. Este último confirma lo que ya se vio en Extrañas Coincidencias (I Heart Huckabees) que aunque se haya curtido en el cine de acción gracias a un cuerpo musculado y atlético el tipo se sale cuando hace comedia. Está inusualmente gracioso, se hace jocoso verlo acojonado por un trueno, tiene mucho mérito observarlo interactuar de manera creíble con un personaje que no existe y se esfuerza considerablemente en su cometido. Hay incluso  un par de momentos durante el metraje en los que hasta sonríe, dejándose la vida en ello, sí, pero lo consigue.




El personaje de Ted es una mezcla entre Brian Griffin y Roger, el extraterrestre que vive com los Smith en American Dad. Un oso de peluche que sólo vive para holgazanear, colocarse y alquilar los servicios de señoritas de compañía con nombres de vinos caros. Él representa la inmadurez de John y su imposibilidad de llevar a cabo una vida plenamente adulta al lado de Lori, una chica tan comprensiva como a veces intransigente (a la que da vida una muy acertada Mila Kunis). Como es lógico el oso regala los momentos más descacharrantes de la velada con sus salidas o sus comentarios groseros, que se ven brutalmente obscenos saliendo de la boca de un juguete para niños pequeños.




Tanto la dirección de Macfarlane como el guión funcionan con bastante acierto. El ritmo es adecuado, los gags son continuos y siempre dejan con una sonrisa en la cara e incluso en ocasiones incitan a la carcajada (lloré de la risa con lo del comentario sobre Susan Boyle, he de admitirlo). La historia es tópica, pero el director sabe moverse con soltura para esquivar ciertos clichés y añade personajes de su cosecha que podrían haber salido en cualquiera de sus series de televisión, como el de Giovanni Ribisi (cuando los directores dejen de darle a este hombre papeles grimosos podrá demostrar lo buen actor que es, por ahora sólo nos queda esperar) y su hijo o la novia de Ted.




La pimera película de Seth Macfarlane es sin lugar a dudas el mejor trabajo salido de su mano, un producto meritorio, simpático, satírico, atractivo en cierta manera y lo suficientemente freak (ya iba siendo hora de que alguien rindiera tributo a esa obra de culto dentro del cine trash llamada Flash Gordon) como para dejar satisfecho a distinto tipo de público. Posiblemente el autor de Padre de Familia tenga mejores cosas que decir en la pantalla grande que en la pequeña, pero como es lógico los dividendos que saca por sus series de largo recorrido en la televisión tendrán muchos más ceros que los que le pueda reportar una película como Ted, contra todo pronóstico una de las cintas más divertidas de este 2012.