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jueves, 30 de diciembre de 2021

Berserk (2016-2017)


 

Título Original Berserk (ベルセルク Beruseruku?) (2016-2017)
Dirección Shin Itagaki
Guion Makoto Fukami, Takashi Yamashita. Manga: Kentaro Miura






A finales del año 2015 en la editorial Hakusensha de la revista Young Animal daban la noticia que millones de fans de Berserk en todo el mundo llevaban décadas esperando. En 2016 se estrenaría un nuevo anime en la cadena de televisión de pago y plataforma streaming japonesa WOWOW que adaptaría el resto del manga de MIURA Kentaro posterior a La Edad Dorada y a los terribles hechos acontecidos durante la saga El Eclipse. De la producción se encargaría el estudio de animación Liden Films con GEMBA y Millepensee y del diseño de personajes el estudio Hisashi Abe. Se asignó a Shin Itagaki como director, Makoto Fukami y Takashi Yamashita como guionistas y Susumu Hirasawa se ocuparía nuevamente de la banda sonora como ya hizo en el anime original y parte de la trilogía cinematográfica. El mismo MIURA Kentaro ejercería de supervisor ejecutivo de las dos temporadas de las que más tarde constó el proyecto. En esta ocasión la animación supuso un extraño híbrido de 2D y 3D mucho más invasivo que en la trilogía de la Edad de Oro con resultados que causaron un enorme polémica a la que volveremos cuando hablemos del muy cuestionable apartado técnico del producto.




Las dos temporadas que compusieron este segundo anime constaron de doce episodios cada una de ellas y son consideradas las secuelas oficiales de la trilogía La Edad Dorada de 2012-2103, aunque también podrían serlo casi del anime original ya que aquel abarcaba en gran parte la misma etapa del manga. En la primera temporada se desarrolla el arco argumental Condena y en la segunda parte de El Halcón Milenario, de manera que por fin debutan en imagen en movimiento personajes como Puck, Isidro, Farnese de Vandimion, Serpico, Schierke o Evarella, así como villanos del rango de Lord Mozgus que, por motivos obvios, no habíamos visto en las dos versiones audiovisuales de Berserk. Como era de esperar todas estas noticias fueron bien recibidas por los fans aficionados, ya que si bien es cierto que el manga nunca volvió a alcanzar las cotas de calidad de la famosa era en la que Guts conoció a la Cuadrilla del Halcón no fueron pocas las historias narradas por Miura que siguieron acrecentando la fuerza narrativa de su obra más representativa.




Desgraciadamente los malos augurios llegaron con los primeros adelantos y trailers del anime. Una vez estrenados los capítulos iniciales se pudo confirmar que nos encontrábamos ante la versión en imagen animada de Berserk con peor calidad. Por un lado es de recibo mencionar que la fidelidad al diseño de los personajes del manga era la más fiel que habíamos tenido hasta el momento, consiguiendo capturar hasta el más mínimo detalle de la fisionomía de los protagonistas y secundarios con un detallismo destacable, algo que debería haber hecho ganar muchos puntos al proyecto , pero que finalmente causó graves problemas de renderización al estudio GEMBA optando por simplificar algunos aspectos para poder llegar a tiempo del estreno de la serie. El resultado es una aparatosa mezcla de 2D y 3D, alternándose aleatoriamente, convirtiendo el acabado artístico del producto casi en la interminable cinemática de un videojuego con no muy reseñable calidad.




En uno de los pocos aspectos en los que la animación funciona y posiblemente con más contundencia que en las adaptaciones previas del manga es a la hora de capturar con eficiencia los efectos que causaría Guts haciendo uso de su matadragones. Como es lógico que un guerrero de fuerza sobrehumana con una espada de mayores dimensiones que su propia fisionomía la utilice en pleno campo de batalla debe causar una devastación, la misma que se ve con todo lujo de detalles en el manga, y en este anime así acontece, con el protagonista destrozando de un solo mandoblazo cuerpos enteros de caballeros de la Santa Cadena, monstruosidades o criaturas sobrenaturales varias convertidas en amasijos sanguinolentos. Con todo se mantiene la tradición de reducir en mucho el grafismo de las viñetas, un mal endémico de las tres adaptaciones de Berserk que en este en concreto alcanza momentos de sonrojo con la censura en cuanto a sexo, con cuerpos desnudos carentes de algunas zonas erógenas y cualquier tipo de genital.




En lo referido al ritmo narrativo tenemos notorias luces y sombras. El mismo es notablemente acelerado, por lo tanto no da un sólo respiro al espectador que lo tendrá muy difícil para aburrirse con la sesión continua de combates cuerpo a cuerpo, batallas campales, persecuciones, magia negra, satanismo e intrigas palaciegas con las que Shin Itagaki, Makoto Fukami y Takashi Yamashita y su séquito de acompañantes nos asedian desde la pantalla. En el lado negativo este cúmulo de situaciones en cascada reducen al mínimo exponente el desarrollo de personajes y las relaciones interpersonales compartidas entre los mismos, saltándose pasajes importantes del manga y menoscabando el perfil psicológico de los roles protagónicos y capitulares, esto último, junto al apartado gráfico, la mayor virtud de MIURA Kentaro con respecto a su trabajo en Berserk.




Aunque el ritmo espídico no deja demasiado tiempo al espectador para pararse a pensar en lo muy cuestionable que es el producto, la presencia de personajes que nunca habíamos visto adaptados a la pantalla grande o pequeña es un estímulo notable y la banda sonora plagada de temas heavy metal sienta como un guante al tono de la propuesta, este segundo anime de Berserk es una mediocridad con pasajes bordeantes en el sonrojo. Cada vez que comenzamos a disfrutar de algún momento potente repleto de animalismo descarnado algún movimiento o acción de los personajes, como esa manera tan paupérrima de recrear los pasos de Guts, se convierten en un meme que nos hacen lamentar no haber sido testigos de lo que pudo ser y no fue. Quedamos a la espera de que se revisen estas dos temporadas con los medios necesarios y los profesionales adecuados o una continuación que acometa con respero el resto de de la obra hasta donde MIURA Kentaro la dejó antes de fallecer prematuramente. Que la tierra le sea leve, maestro.



Berserk. La Edad de Oro I,II,III – El Huevo del Rey Conquistador/La Batalla de Doldrey/El Advenimiento



Título Original  Berserk: The Golden Arc (ベルセルク 黄金時代篇, Hepburn: Beruseruku Ōgon Jidai-hen) (20212-2013)
Dirección Toshiyuki Kubooka
Guion Ichiro Okouchi. Manga: Kentaro Miura

 


Aunque la decisión de abarcar con el primer anime de 1997 La Edad Dorada, considerada de manera casi unánime la mejor etapa del manga por los lectores del mismo, fue bien recibida y todo un éxito tanto para los fans de la obra de MIURA Kentaro como para los espectadores casuales que se quedaron prendados con aquellos 25 episodios repletos ruido y furia, la imposibilidad de ver adaptada la extensa etapa posterior a El Eclipse transmitió cierta decepción generalizada. Durante muchos años se esperó que un nuevo anime continuara las aventuras de Guts, Casca, Grifiith y compañía posteriores a la ofrenda de este último a los componentes de la Mano de Dios, suponiendo la brutal destrucción de la Cuadrilla del Halcón y la mayoría de sus miembros. Por fin en 2010 comenzaron a correr por redes sociales y distintas publicaciones especializadas las noticias sobre un nuevo anime que daría continuación a lo narrado en el de finales de los 90 partiendo del volumen 35 del manga, algo que alegró a los muchos seguidores del famoso seinen. Un año después se confirmó que ni sería un anime serializado, ni una continuación del original, sino una trilogía de películas que revisarían, una vez más, La Edad Dorada.



Con producción de Studio 4°C y dirección de Toshiyuki Kubooka las tres películas se titularon Hao no Tamago (El Huevo del Rey Conquistador), Doldrey Kōryaku (La Batalla de Doldrey) y Kōrin (El Advenimiento). Las dos primeras llegaron a los cines nipones en febrero y junio de 2012 respectivamente y la tercera se exhibió en febrero de 2013. En la mayoría del resto de países fue estrenada directamente en formato doméstico y plataformas digitales. La excusa que la productora puso para volver a adaptar el mismo arco que ya pudimos ver en el anime fue la de mejorar la animación que en esta ocasión mezclaría el el 2D y el 3D. Con respecto a esta afirmación el resultado es irregular, como más tarde pasaremos a mencionar, pero es ineludible que este "remake" de The Golden Arc en formato largometraje es un producto de notable calidad con muchas más virtudes que carencias.



El Huevo del Rey Conquistador abarca desde el encuentro y posterior reclutamiento de Guts en la Cuadrilla del Halcón hasta que este se ve obligado a matar a Adonis y descubre mediante una conversación con Charlott, la princesa del reino de Midland, la idea poco altruista que tiene Griffith sobre la amistad y los componentes de su banda. La Batalla de Doldrey, como su propio nombre indica, toma como epicentro el famoso enfrentamiento bélico que termina por encumbrar a la Cuadrilla del Halcón con Griffith hecho prisionero por el rey de Midland en la Torre del Renacimiento después de haber sido sorprendido manteniendo relaciones sexuales con la princesa. El Advenimiento narra los hechos acontecidos en El Eclipse con Griffith liberado por Guts después de un año de encierro repleto de torturas y ofreciendo en sacrificio a la Cuadrilla del Halcón, mediante el beherit, para convertirse en el quinto dedo de la Mano de Dios.



Lo primer que llama la atención de esta trilogía de la largometrajes es que quince años después del primer anime todavía sigue siendo una adaptación del manga que reduce en mucho las cantidades de violencia y sexo. Es cierto que en ese aspecto muestra más que aquella producción de Oriental Light And Magic de 1997, pero aun así queda lejos de extrapolar de manera verdaderamente fidedigna lo descarnado del manga. Esta afirmación no es una queja, más si cabe teniendo en cuenta que Berserk posiblemente sea una de las obras más estilísticamente sádicas del arte secuencial nipón y que llevar todas las enfermizas situaciones planteadas por MIURA Kentaro se antoja harto difícil, pero sigue llamando la atención cómo otros animes sí se han atrevido a adentrarse en terrenos más complicados que cualquiera de las adaptaciones de Berserk. Con esto no queremos decir que en esta nueva versión de La Edad Dorada no haya sangre, vísceras y sexualidad, pero es exigua con respecto a su fuente de origen.



Solo con visionar la primera de las tres películas salimos de dudas sobre aquella afirmación por parte de la gente de Studio 4°C con respecto a que una mejoría en la animación era el motivo principal para adaptar de nuevo la famosa etapa del manga. Ciertamente Toshiyuki Kubooka y su equipo técnico ejecutan una labor excelsa en lo referido al diseño de personajes, la fluidez con la que se mueven en pantalla y el desarrollo de secuencias dinámicas con especial hincapié en unas batallas campales de factura casi impecable o lo que viene a ser lo mismo, toda la animación en 2D es de un nivel casi sobresaliente. No así ocurre con el 3D, focalizado principalmente en los paisajes y fondos que como suele suceder choca frontalmente con la técnica tradicional y no sólo eso, sino que al poco tiempo de su estreno envejece de manera alarmante. Esta idea de mezclar el 2D con el pixel se ha convertido en un mal endémico en el anime que ha hecho mermar las virtudes de productos tan destacables como Ghost in the Shell 2: Innocence entre otros. La presente trilogía de Berserk no es una excepción a esa regla.



La trilogía cinematográfica de La Edad Dorada funciona donde el anime de los 90 fallaba, pero cae en algunas carencias que aquel sabía esquivar con acierto. Por suerte sus responsables son lo suficientemente profesionales para diseñar un producto muy estimable que dejó notoriamente satisfechos a los fans del manga de MIURA Kentaro, aunque una vez más se quedaron sin ver en la pantalla grande o la pequeña las aventuras posteriores del Guerrero Negro. Por suerte la recompensa mereció la pena y si es cierto que El Huevo del Rey Conquistador y La Batalla de Doldrey son dos cintas con numerosos aciertos y hallazgos es El Advenimiento, con su traslación de El Eclipse, la que mejor partido saca a la fuerza narrativa inyectada por el autor de Japan en su obra de más relevancia en el mundo del arte secuencial, aunque una vez más el 3D juegue en contra del conjunto de la obra. Con todo, los seguidores de Berserk siguieron añorando ver una pieza audiovisual que se acordara de las historias de Guts post Edad Dorada y tres años después la espera terminó, para bien o para mal.




martes, 19 de septiembre de 2017

Juego de Tronos: Temporada 7, be quick or be dead



"Si no apartamos las enemistades y nos unimos, moriremos. Y no importará quién se siente en el Trono de Hierro"




Ya podemos hablar globalmente de la séptima temporada de Juego de Tronos y la segunda en la que sus showrunners, David Benioff y D.B. Weiss, no han tenido la prosa de George R.R. Martin como base para estructurar su material audiovisual. Si bien la sexta temporada demostró la competencia de los ideólogos de la serie a la hora de volar libres sin traicionar la esencia y el discurso del autor de la saga literaria Canción de Hielo y Fuego, también dejó en evidencia algunos agujeros de guión y altibajos de ritmo que denotaban la importancia y el peso de Martin a la hora de dar solidez a la narración del programa aunque no fuera de manera directa. Esas carencias argumentales (al menos en cuanto a los fallos narrativos) se han hecho más evidentes en esta séptima tanda episodios, la más corta y de mejor ritmo de todas las del show de HBO, pero también la más cuestionable en cuanto a su escritura y las licencias que esta se toma para que el espectáculo y las secuencias memorables, que las hay a puñados, tomen forma en pantalla.




Ya en la pasada temporada supimos que la llegada de los Caminantes Blancos comandados por el Rey de la Noche iba a suponer un punto de inflexión en Juego de Tronos de cara a que los distintos bandos enfrentados por años de traiciones, sangre y muerte se unieran para afrontar la mayor batalla de la historia de Poniente. Esta temporada se ha ocupado de ir colocando las fichas de ajedrez estratégicamente sobre el tablero para que esa alianza tome forma, pero el camino ha sido dificultoso y arduo a todos los niveles. Las intrigas palaciegas, los secretos susurrados en angostos pasillos de descomunales castillos y los “juegos de tronos” se han visto reducidos al mínimo exponente durante esta temporada y es algo que se ha criticado a los creadores de la serie, pero es lógico que durante este prólogo de lo que será la gran guerra el ritmo se acelere y la acción prime, ya conocemos a los personajes y sus aspiraciones, de modo que sólo queda que la estrategia y el ataque para dar empaque a la serie.




Primero me voy a centrar en los temas más controvertidos de la temporada, los mismos que se han convertido en la comidilla de las redes sociales. Por un lado se han criticado notablemente, y no sin motivo, las transiciones temporales del todo improbables que pueblan el metraje y aunque los creadores de la serie y el mismo George R.R. Martin las han defendido es indudable que las prisas por dejar todo preparado para la octava temporada han dado pie a estas incongruencias que se hacen notables en pantalla, con personajes con poderes cercanos a la ubicuidad u otros que corren a una velocidad que ni Flash o Quicksilver. Por otro lado el famoso y muy mencionado fanservice también ha sido puesto en tela de juicio, afirmando más de un fan de la rama dura de la serie, y los libros, que esta temporada está llena de concesiones de cara a la galería para satisfacer a los seguidores del producto. Esto es totalmente cierto, pero no lo es menos que ver a todos los personajes que se dan reunión en el último episodio en Desembarco del Rey, por poner sólo un ejemplo, es un regalo para los que llevamos siguiendo la historia de Poniente desde sus inicios.




Teniendo en cuenta todas estas cuestionables características que merman en cierto modo el conjunto de la producción el que esto firma no puede hacer otra cosa que admitir lo mucho que ha disfrutado de esta última temporada de Game of Thrones. La interacción de los personajes se ha antojado sobresaliente, las secuencias de batallas multitudinarias colosales y los pasajes para el recuerdo como el ataque suicida de Jaime contra Daenerys, la conversación entre Tyrion y Cersei, la revelación de la traición de esta última a la alianza, la batalla entre los Greyjoy (¡qué grande es Pilou Asbæk!) la última confesión de Olenna Tyrell cn respecto a la muerte de Joffrey, la muerte de Viserion a manos del Rey de la Muerte o la última secuencia de la temporada son desde ya algunos de los mejores momentos de la historia de la serie. Sí, es cierto que las prisas han hecho mella en esta tanda de episodios y que Benioff y Weiss se han bajado los pantalones para satisfacer a los fans, pero el que esto firma ha disfrutado igualmente del viaje a pesar de los baches y la conducción temeraria.

Lo Mejor – El encadenado continuo de pasajes para la estantería del recuerdo
Lo Peor – Las trampas de guión y la simplificación de la complejidad narrativa que siempre ha sido una de las señas de identidad más importantes de la serie
Los 3 Momentos de la Temporada – 1) Olenna Tyrell 2) Cersei y Tyrion 3) La muerte y resurrección de Viserion


jueves, 24 de agosto de 2017

El Rey Arturo: La Leyenda de Excalibur, los señores del acero



Título Original King Arthur: Legend of the Sword (2017)
Director Guy Ritchie
Guión Joby Harold, Lionel Wigram, David Dobkin, Guy Ritchie
Reparto Charlie Hunnam, Astrid Bergès-Frisbey, Jude Law, Djimon Hounsou, Eric Bana, Aidan Gillen, Freddie Fox, Craig McGinlay, Tom Wu, Kingsley Ben-Adir, Neil Maskell, Annabelle Wallis, David Beckham





El famoso mito artúrico ha sido abordado numerosas veces en el mundo del cine desde diferentes perspectivas y con variopintos resultados. Desde las seminales Los Caballeros del Rey Arturo (1953) o Camelot (1967) pasando por la versión Disney con la entañable Merlín el Encantador (1963), la gloriosa Excalibur (1981), la paródica Los Caballeros de la Mesa Cuadrada (1975), la comercialoide El Primer Caballero y llegando a variantes supuestamente más realistas como El Rey Arturo (2004) o incluso interesantes, pero poco exitosas, versiones para televisión como Camelot (2011) muchas han sido las adaptaciones que se han realizado de las aventuras del famoso monarca y sus aliados. De esta manera llegamos al presente 2017 y a El Rey Arturo: La Leyenda de Excalibur, dirigida, producida y co escrita por el cineasta británico Guy Ritchie que hace un par de años nos regaló una de sus mejores piezas con Operación U.N.C.L.E la elegante y efectiva actualización que hizo de la célebre serie The Man From U.N.C.L.E de la televisión estadounidense. La última propuesta del director de Lock & Stock, and Two Smoking Barrels tuvo un penoso estreno en la cartelera internacional y ese es el motivo por el que ha llegado a España con nada menos que cinco meses de retraso. Vista ya la obra podemos afirmar que Warner Bros podía haber lanzado el producto directo al mercado doméstico, porque por desgracia el resultado es poco menos que desastroso.




Seamos claros, los trailers no engañaban a nadie, y lo que los mismos mostraban era que Guy Ritchie no iba a amoldar su estilo al mito artúrico, sino que iba a tomar como base dicha leyenda para contar una de sus películas de pandilleros mafiosos, porque El Rey Arturo: La Leyenda de Excalibur es, más que otra cosa, una adaptación del celuloide sobre el mundo del hampa habitual de su autor en un contexto medieval adscrito al subgénero de espada y brujería y con unos resultados hipertróficos hasta lo doloroso que no llegan a experimentar cohesión alguna. Si en su obra inmediatamente anterior, la ya citada Operación U.N.C.L.E, fue el mismo Ritchie el que dejó de lado sus señas de identidad estilísticas y narrativas para adecuarse a un relato que solicitaba un tipo de realización más clásica y academicista en la cinta que nos ocupa ha dado rienda suelta de mala manera a todos sus vicios visuales y efectistas más desmesuradamente que nunca ofreciendo como resultado una pieza excesiva, ruidosa y repleta de vacuo artificio que por mucho que beba de los primeros trabajos de su autor nada del encanto o la simpática chulería de aquellos llega a destilar por culpa de su afán por aferrarse a una comercialidad pueril y peregrina.




Desde el arranque con su montaje espídico y acelerado mostrando la infancia del protagonista rodeado de ladrones, prostitutas y criminales la cinta remite indudablemente a piezas de Ritchie como Snatch: Cerdos y Diamantes o Rockanrolla, como previamente hemos citado, pero la puesta en escena del director se desdobla en otros subgéneros que amalgamados los unos con los otros desentonan considerablemente. El último trabajo del británico también es un videojuego, una muestra bastarda de la famosa saga Age of Empires, una pieza que agradará a muchos más gamers que a cinéfilos con un abuso de los CGI que llega a saturar a un espectador que en no pocas ocasiones será consciente de no estar viendo absolutamente nada real en pantalla. Esta sobredosis de pixeles desemboca en dos de las secuencias peor ejecutadas técnicamente de lo que llevamos de año. Si bien en el combate final unas pocas tomas correctas se dan la mano con las ineficaces, que son mayoría, el combate de Arturo al pie de la escalera con los soldados del Ejército Oscuro es una aberración visual, no sólo por lo terrible de su estética y el uso de unos efectos digitales infectos, sino también por el mal gusto de los implicados en el film a la hora de dejar dentro del metraje semejante engendro.




La tercera película que habita en El Rey Arturo: La Leyenda de Excalibur es la que peor parada sale en el reparto de esta mezcolanza de tonos y géneros. Por que sí, la mitología artútica, las criaturas de leyenda, la magia, las batallas multitudinarias y la “espada y brujería” anidan en el interior del largometraje de Guy Ritchie, pero cada vez que las mismas intentan asomar la cabeza estas son decapitadas impunemente. La cinta sobre hampones medievelas y la deudora del mundo del videojuego devoran y fagocitan impunemente a la obra épica que en ocasiones intenta ser la producción que nos ocupa, pero hasta en ese sentido el director de Revolver fracasa ya que después de cada “visión” o “aparición” que revelan el porvenir al protagonista este debería evolucionar, trascender como personaje y futuro monarca, pero en ningún momento deja de parecer un ladrón de poca monta que trata de eludir por todos los medios sus responsabilidades como portador de Excalibur y lider de su país. Pareciera ser que para el director y sus guionistas, entre ellos Lionel Wigram co escritor de las dos entregas que Ritchie realizó de Sherlock Holmes basadas en sus cómics, el núcleo argumental que da sentido a la obra y todo el legado que trae consigo fuera lo de menos dentro de esta producción.




El apartado artístico sería el más vistoso de la película con un desfile de caras guapas formado por Charlie Hunnam (Hijos de la Anarquía), Jude Law (El Gran Hotel Budapest), Astrid Bergès-Frisbey (Orígenes), Eric Bana (Hulk), Djimon Hounsou (Gladiator), Annabelle Wallis (Annabelle) o un par de habitantes de los Siete Reinos (Aidan Gillen y Michael McElhatton). El protagonista de Pacific Rim es una buena elección porque su Jax Teller de Sons of Anarchy no se diferencia mucho de este Arturo al que da vida, pero como traslación de la visión clásica que tenemos del personaje evidentemente es deficiente. Del resto del reparto Jude Law se esfuerza pero se nota completamente perdido en pantalla, Djimon Hounsou está como de pasada para cobrar el cheque, al igual que los actores que dan vida a Petyr Baelish “Meñique” y Roose Bolton que se encuentran en esta producción para no perder el tiempo entre temporada y temporada de Juego de Tronos. Sólo podríamos destacar mínimamente a un Eric Bana, dignísimo como el rey Uther, y a una misteriosa Astrid Bergès-Frisbey cuya magnética presencia no funciona del todo mal en pantalla. Por desgracia todo este casting se ve empequeñecido por el aparatoso diseño de producción del film y el pobre desarrollo de caracteres del guión.




La potencial saga cinematográfica a la que iba a dar inicio esta King Arthur: Legend of th Sword se ha visto abortada debido al notable fracaso en taquilla que ha sufrido a nivel internacional y en honor a la verdad la cinta no merecía ser un éxito. Lo cierto es que después de asistir a la sesión continua de incoherencias en fondo y forma a la que ha dado forma Guy Ritchie el que esto firma no puede verse apenado porque dicha empresa no salga adelante, ya que seguramente la secuela hubiera sido mucho más exagerada que esta primera entrega y eso ya sería indigerible. La última película del director de aquel clásico del cine de terror llamado Barridos Por la Marea (Swept Away) es un desastre que comienza de manera decente en su prólogo para ir desinflándose poco a poco en lo narrativo e hinchándose, por medio de anabolizantes, en lo visual hasta convertirse en uno de esos enormes elefantes que pueblan el metraje, seres descomunales en tamaño, pero torpes a la hora de moverse y ser efectivos en su cometido. Finalmente cuando el visionado de la película acaba mi mente se va directamente a Disney y el miedo que tiene que estar sintiendo la productora al ver lo deficiente que es el último trabajo de su director estrella para llevar a imagen real su clásico Aladdin. Esperemos que tengan a mano la lampara maravillosa y el genio dentro, por si necesitan los tres deseos.



miércoles, 20 de julio de 2016

Juego de Tronos: Temporada 7, todos los hombres del rey



"Si Robert se entera... sabes que lo hará, debes protegerlo, prométemelo Ned, prométemelo




Tarde o temprano tenía que suceder lo que todos nos imaginábamos. El ritmo de producción anual de Juego de Tronos era tan rápido que tarde o temprano adelantaría a los libros de George R.R. Martin en los que la serie estaba inspirada y así ha sucedido en esta sexta temporada, algo que se deja notar, para bien o para mal, a lo largo de los diez episodios. A continuación adjuntaré spoilers muy importantes de la trama, de modo que cuidado. Tras la incertidumbre que supuso el asesinato a traición de Jon Snow por parte de sus hermanos de la Guardia de la Noche en el último episodio de la quinta temporada al inicio de la sexta la primera cuestión a responder era saber si el personaje de Kit Harington estaba realmente muerto o no y en el caso de estarlo si David Benioff y D.B. Weiss tenían intención de resucitarlo, algo que ni lectores de los libros sabían a ciencia cierta ya que el personaje parecía morir también en Danza de Dragones sin mucha posibilidad de haber sobrevivido. La respuesta en televisión nos la dio la HBO al final del segundo episodio cuando Melissandre, la Bruja Roja, devolvía de entre los muertos al joven bastardo y en ese mismo momento la temporada se ponía verdaderamente en marcha.




Desde un punto de vista más o menos objetivo y como lector de los libros o fan de la serie de televisión debo admitir que esta temporada me ha parecido la más irregular de la serie, no mala (ninguna me lo parece, siendo algunas mejores que otras) pero sí considerablemente descompensada precisamente porque a David Benioff y D.W. Beiss se les nota que se han quedado sin el sólido material literario de George R.R. Martin para ir tejiendo su versión televisiva de Canción de Hielo y Fuego. Para el que suscribe es indiscutible que esta sexta tanda de episodios a contenido algunas de las subtramas más gratuitas, innecesarias y endebles de toda la serie. Porque si bien el personaje de Deanerys comienza a tomar un rol activo todavía se antojan sus acciones y decisiones de un estatismo narrativo que poco tiene que ver con su contrapartida en las páginas de los libros, cuyas hazañas están exupuestas de manera mucho más dinámica y atractiva. Pero peor es el caso de Tyrion, ya sabemos que es el personaje que más gusta tanto en la saga literaria como en la catódica y que Peter Dinklage es un actor que llena la pantalla con sólo abrir la boca, pero es que todo la trama relacionada con él es de una insulsez e inanidad alarmante, por mucho que quieran darle peso como consejero de la Madre de Dragones su presencia no aporta nada de verdadero peso y su hazañas quedan reducidas a intercambiar diálogos con otros personajes como la misma Daenerys, Varys o Missandei y Grey Worm, compartiendo con estos últimos pasajes de humor que, aunque efectivos, están fuera de lugar.




Como previamente hemos comentado recurrir a estas subtramas que son excusas para mantener en la serie a personajes importantes pero que narrativamente no se sustentan como debieran para cohesionarse con las otras que pueblan el programa posiblemente se deba a que los showrunners de la serie ya no tienen donde reflejarse ahora que han dejado al autor de las novelas atrás, pero también sería de necios negar que las dos cabezas pensantes de la serie a estas alturas ya conocen el estilo del autor de El Sueño de Fevre y que evidentemente este los habrá seguido asesorando a lo largo de la temporada aunque en esta ocasión no haya escrito el guión de ninguno de los episodios, como venía siendo tradición en las anteriores. Esto que comento queda claro en cuanto a la serie de traiciones, asesinatos, crueldades, muertes, batallas e intrigas palaciegas que sobrevuelan los diez episodios, que son 100% George R.R. Martin, material con toda la personalidad de una serie como Juego de Tronos al máximo nivel y sin hacer prisioneros. Por otro lado los actores vuelven a estar a la altura, pero hay que tener cuenta que después de seis años interpretando sus roles es fácil que la labor del reparto sea notable. En esta temporada un servidor destaca a un Kit Harington algo más entregado (y expresivo) por la causa ya que esta entrega recae casi por completo en sus hombros desde su mismo arranque, también Maisie Williams por haber convertido su Arya Stark en un personaje completamente físico, a Sophie Turner por dar por fin el paso a la madurez que Samsa llevaba tiempo exigiendo, Iwan Rheon pletórico como el demente Ramsay Bolton, una Lena Heady que ha exprimido hasta el paroxismo la crueldad de una Cersei Lannister mejor que nunca y esa Lyanna Mormont personalizada por la maravillosa Bella Ramsay que nos ha enamorado a todos por su entereza y determinación concentradas en el cuerpo de una pequeña niña de doce años.




Evidentemente aunque esta sexta se antoje como una temporada no del todo brillante es no es óbice para admitir que volvemos a encontrarnos ante un producto televisivo de calidad a la altura de una cadena como HBO. David Benioff y D.B. Weiss siguen por el buen camino recurriendo a guionistas con talento, actores magníficos de nueva hornada (enorme Jonathan Pryce como el Gorrión Supremo, agradable la presencia de Max Von Sydow como Three-Eyed Raven y una pena que Ian McShane haya sido ta poco aprovechado siendo un intérprete de nivel) y unos directores que cada nuevo episodio elevan la calidad técnica y la puesta en escena del show. Hay varios momentos potentes en esta temporada (a continuación los destacaré, pero seguro que no es difícil adivinarlos) y los mismos hacen que merezca la pena hacer el recorrido de esta última colección de episodios que no han sido todo lo potentes que debieran. Ahora llega la verdadera prueba de fuego, saber si Benioff y Weiss van a conseguir mantener a flote el barco las dos temporadas que quedan (hace poco nos hemos enterado que la séptima se retrasará por la falta de nieve para poder comenzar el rodaje de la misma) sin que la calidad de la serie se resienta demasiado, algo que por desgracia en esta sexta ha llegado a suceder en cierta manera.




El personaje – Ramsey Bolton, siento especial predilección por esos villanos a los que “da gusta odiar” y el personaje de Iwan Rehon es un auténtico hijo de la gran puta que parece salido de Los Señores del Acero (Flesh+Blood) aquella sucia y lasciva cinta medieval rodada por Paul Verhoeven en 1985.

El momento de bronce – La muerte de Hodor, un personaje al que todos teníamos especial cariño y que abrazó un destino escrito desde su propia niñez para salvar a Brann y Meera, un momento en el que la tensión y la tristeza se dan de la mano para retorcer el corazón del fan de la serie.

El momento de plata – El fuego Valirio y su orgía de muerte instigada y planeada por Cersei Lannister y que se cobra la vida, entre otros, del Gorrión Supremo, Margaery y Loras Tyrell. Uno de los puntos álgidos de la temporada

El momento de oro – Evidentemente la Batalla de los Bastardos se ha convertido en el pasaje técnico cumbre de lo que llevamos de serie. Juego de Tronos es una producción que se caracteriza porque sus responsables en cada temporada tratan de superarse a sí mismos a la hora de rodar las escenas bélicas, pero lo de Michael Sapochnik (True Detective) en esta ocasión es un prodigio de control del tempo narrativo, ejecución coreográfica, utilización de los encuadres para incomodar hasta lo asfixiante al espectador y uso sabio de los efectos digitales. Un hito televisivo con todas las letras.


lunes, 21 de julio de 2014

Juego de Tronos: Temporada 4, a sangre y fuego



“Deseo confesar. Yo los salvé. Yo salvé esta ciudad y todas sus vidas sin valor. Debí dejar que Stannis los matara a todos. Soy culpable, padre. Eso era lo que querías escuchar. Soy culpable de un crimen más monstruoso aún. Soy culpable de ser enano. Se me ha juzgado por ello toda mi vida. Yo no maté a Joffrey, pero desearía haberlo matado. Ver morir a tu despiadado bastardo me dio más alivio que mil putas en la cama. Desearía ser el monstruo que ustedes creen que soy. Me gustaría tener veneno suficiente para todos ustedes. Gustosamente daría mi vida para ver como todos se lo tragan. No daré mi vida por el asesino de Joffrey”.
Tyrion Lannister





Desde que aquel 17 de abril de 2011 en el que David Benioff y D.B. Weiss estrenaron en HBO su versión catódica de la saga literaria Canción de Hielo y Fuego del escritor George R.R. Martin no éramos pocos los lectores y espectadores que esperábamos que dicha dupla llevara a imágenes la tercera y mejor entrega de la colección de novelas río nacida en el ya lejano año 1996 con Juego de Tronos. Durante la gestación de la tercera temporada de Game of Thrones (la serie de manera equívoca tomó el nombre del primer libro, eludiendo el mucho más poético y acertado de Song of Fire and Ice que bautiza toda la saga) sus productores afirmaron que debido a la larga extensión del libro numero tres, Tormenta de Espadas y que contenía en su interior más de 1.200 páginas su traslación a imágenes se dividiría en dos decenas de episodios. La tercera temporada de Juego de Tronos, la que extrapolaba a la pequeña pantalla la primera mitad del escrito publicado el año 2000 puede tildarse aún a día de hoy como la, posiblemente, mejor del serial catódico de la cadena por cable que tuvo su culmen con la inolvidable y cruenta Boda Roja, aquella escabechina de traición al lacónico ritmo de Las Lluvias de Castamere urdida por los Lannister, ejecutada por los Frey y en la que las víctimas eran los Stark.




A lo largo de este 2014 que acaba de rebasar su ecuador hemos podido disfrutar de la cuarta temporada de la serie en la que David Benioff, D.B. Weiss y sus colaboradores han trasladado a la pequeña pantalla la segunda, y más intensa, mitad de Tormenta de Espadas con un resultado de notable alto, aunque no sobresaliente por culpa de pequeñas máculas que pasaremos a comentar seguidamente y que impiden que la entrega número cuatro de Juego de Tronos sea una obra maestra de la televisión reciente, eso sí, quedándose a poco de serlo. Los que hemos leído el libro sabíamos que la Boda Roja era sólo el inicio de una serie de hechos impactantes en cadena que iban a marcar puntos tan importantes como irreversibles dentro de la serie (de la misma manera que también lo hicieron en la saga literaria) que harían que la matanza Stark en territorio Frey quedara más o menos olvidada debido al cariz de salvajismo y brutalidad de nuevas situaciones que en su mayoría marcarían puntos de no retorno para ciertos personajes y hasta los entornos en los que se movían. Por ello muchos afirmábamos que si los guionistas tenían el suficiente instinto para llevar a lo audiovisual lo que en lenguaje escrito era una genialidad lo resultante sería la, con diferencia, mejor temporada de la que ya es la obra catódica más vista de la historia de (casi)siempre intachable HBO.




Intrigas palaciegas, traiciones, familias enfrentadas, reyes sin trono, sexo, incesto, violencia y muerte, todas las características que han hecho grande la serie que traslada la palabra escrita de la saga de George R.R. Martin están aquí condensadas y atesoradas para ser entregadas al público en diez dosis de una hora de duración cada una. Gracias a un reparto elegido con escuadra y cartabón (uno de los más acertados, en líneas generales, de la historia de la televisión) y un equipo técnico intachable que cada vez tiene un mayor presupuesto para dar vida a los Siete Reinos y los habitantes que en ellos moran, David Benioff y D.B. Weiss siguen por el buen camino sacando oro en imágenes de relatos que son adaptados con la mayor fidelidad posible, algo que no pueden decir los creadores de esa The Walking Dead de AMC que cada vez parece desvincularse más de los cómics ideados por el guionista Robert Kirkman y los dibujantes Tony Moore y Charlie Adlard. Por suerte las dos cabezas pensantes detrás del programa saben que cuanto más se ciñan a lo que George R.R. Martin grabó a fuego en Tormenta de Espadas mejor resultado dará la temporada, casi siempre siendo fidedignos, pero dando su interpretación de la historia cuando pasa de un medio a otro.




Es cierto que se toman licencias con respecto a las páginas de la novela eludiendo pasajes como la importantísima conversación entre Jamie y Tyrion poco antes de que el primero libere al segundo de su condena o el estancamiento de toda la subtrama protagonizada por Danerys Targaryen que al llegar a Meereen pierde mucho empuje (algo que no sucedía, ni de lejos, en el libro) y que sólo coge algo de fuerza con el pasaje del destierro de Joran Mormonth (magníficamente llevado a imagen real), inventando otros como el enfrentamiento entre Brienne y Sandor Clegane “El Perro” ante la mirada de Pod y Arya e incluso narrando algunos que en las novelas tienen lugar mucho más adelante como todo lo que tiene que ver con las penurias sufridas por el trozo de carne inerte que queda de los restos de Theon Greyjoy. Aunque en cuanto a infidelidad se refiere el pasaje más polémico es el del peculiar bautismo al que los Caminantes Blancos someten a los niños recién nacidos que les son entregados en ofrenda y que no existe en la basa literaria, secuencia que enfadó a bastantes de los lectores de los libros por si HBO estuviera adelantando hechos que todavía George R.R. Martin no hubiera incluido en sus relatos. Dejaremos de lado la no inclusión del giro final de la última página de Tormenta de Espadas que hubiese sido un cierre magistral para la cuarta temporada y que habría dejado a los espectadores totalmente shockeados y sufriendo (mucho más) por la espera de un año para poder degustar la quinta temporada. Algo estarán tramando con tan importantísimo pasaje para el futuro de la serie.




Pero los aciertos son los que han imperado en esta temporada en la que tras unos episodios de introducción alzó el vuelo cuando tuvo lugar esa Boda Púrpura en la que el misterioso y brutal asesinato de Joffrey Baraethon (sí, ese que todos los espectadores disfrutamos hasta extremos que bordeaban lo orgásmico) tenía lugar delante de una concurrida audiencia en la que se encontraba toda su familia y la posterior acusación de asesinato hacia su tío Tyrion Lannister, hecho que vertebra toda la trama central de la cuarta entrega de la serie. A partir de la defunción del tiránico rey adolescente los hechos de capital importancia en el serial se suceden continuamente como el asesinato por parte de Petyr Baelish de la demente Lysa Tully, la aparición del carismático, y ya personaje de culto del programa, Oberyn Martell, alias la Víbora Roja que es el protagonista, junto a Gregor “La Montaña” Clegane, del clímax de la temporada en ese octavo episodio en el que el combate en el que ambos se implican da pie a una de las secuencias más brutales de, no sólo toda la serie, sino también de la saga literaria. Pero cuando parece que nada más importante va a tener lugar en el noveno episodio (el penúltimo de la temporada siempre es en el que el equipo de producción echa toda la carne en el asador, contratando una vez más para rodarlo al cineasta británico Neil Marshall, director de Dog Soldiers, Centurión o el piloto de la serie Constantine que adapta el cómic Hellblazer de la línea Vertigo de DC) tenemos la batalla en el Muro entre los salvajes comandados por Mance Rayder y la Guardia de la Noche con Jon Nieve como líder táctico en el que tiene lugar la muerte de Ygriette a manos del bastardo de Eddard Stark y la emboscada por parte de Stannis Baratheon y Ser Davos Seaworth, el Caballero de la Cebolla, que aunque está muy bien interpretada, pierde impacto con respecto a las páginas en papel. Por suerte David Benioff y D.B. Weiss no se saltan (casi) una coma de la recta final y se recrean con ese último episodio que narra los mejores momentos del cierre de Tormenta de Espadas. La húida de Tyrion Lannister gracias a su hermano Jaime, el brutal y doloroso asesinato de Shae a manos de un Tyrion que da el golpe de gracia eliminando a su padre Tywin con una ballesta mientras este hace aguas mayores en el excusado, una muerte indigna para un personaje indigno que no, no cagaba oro.




Sin intención de adelantar nada sobre las temporadas venideras (con rodajes en España, concretamente en Andalucía, como ya sabemos) sólo diremos que se avecinan tiempos de cambio y transición (el nada gratuito título del cuarto libro es Festín De Cuervos, que no da mucho lugar a la imaginación en ese sentido) y que aunque se tomen licencias con respecto a los libros David Benioff, D.B. Weiss y el mismo George R.R. Martin (muy implicado en la producción del programa, escribiendo también algunos episodios, adaptando sus propios escritos) están haciendo historia catódica con una de las mejores series que ha dado la televisión americana (que no tiene precisamente un nivel bajo en lo que a producción propia para la pequeña pantalla se refiere) en mucho tiempo. Echaremos de menos a magníficos actores como Charles Dance, Jack Gleeson o Pedro Pascal dando vida a uno de los villanos más sobrios y acerados jamás vistos, al demente más detestable del tubo catódico actual y a la revelación más carismática y reivindicable (y eso que no fueron pocas la voces que criticaron la elección del chileno para el papel, incluso antes de ponerse a rodar) de la temporada respectivamente, incluso añoraremos a la dulce Sibel Kekilli dando vida a Shae, personaje que han dulcificado con respecto a los libros incluyendo el despecho en su toma de decisiones con respecto a su futuro tras la acusación de asesinato de Tyrion o la brutalidad de Rory McCann como Sandor Clegane, ese Perro que se ha ganado poco a poco el favor del público. Pero nuevos roles nacidos de la pluma de George R.R. Martin están por llegar y siempre tenemos la buena labor de magníficos actores como Lena Heady, Nikolaj Coster-Waldau, Aidan Gillen (aunque este lleve tiempo entregándose un poco a cierto histrionismo con su trabajo), Maisie Williams, la belleza de Emilia Clarke, Natalia Dormer o Carice Van Houten, el buen hacer y la veteranía de Liam Cunningham o Stephen Dillane y como no, la presencia magnética y descomunal (quién lo diría) de ese pequeño gran actor llamado Peter Dinklage que si no se lleva este año el Emmy al mejor actor secundario es porque lo de Aaron Paul en la última temporada de Breaking Bad en general y el episodio final en particular no es de este mundo. Ya veremos que depara a Poniente en la quinta temporada.


sábado, 10 de agosto de 2013

Valhalla Rising, hell awaits



Título Original Valhalla Rising (2009)
Director Nicolas Winding Refn
Guión Roy Jacobsen y Nicolas Winding Refn
Actores Mads Mikkelsen, Gary Lewis, Maarten Stevenson, Jamie Sives, Ewan Stewart, Alexander Morton, Callum Mitchell, Douglas Russell





Con la Valhalla Rising que nos ocupa, su éptima película detrás de las cámaras, termino esta especie de ciclo cinematográfico sobre el cineasta danés Nicolas Winding Refn, que comencé en el mes de Julio con su primigenia y sobrevalorada trilogía Pusher y acabo ahora con esta controvertida producción de 2009. Quedan otros dos trabajos menores dentro de su filmografía, Bleeder y Fear X, pero ya llevo demasiado tiempo hablando de este señor y como largometrajes no me llaman demasiado la atención. De modo que prefiero verlos en un futuro próximo sin prisa y con la distancia que da el tiempo.




A Valhalla Rising le benefició más bien poco el marketing que se utilizó para promocionarla. Ese trailer adjuntado nos hace pensar que vamos a asistir a una típica cinta de vikingos en busca de venganza, cuando lo que el director de Bronson ofrece es algo muy distinto y bastante más enriquecedor desde una perspectiva cinematográfica. Pero engañar al espectador no es una buena manera de tomar contacto con él y llamar su atención. No es difícil encontrar por la red comentarios sobre la proyección a las cuatro de la tarde en el festival de Sitges de 2009 en la que se pudo ver la película y en la que hubo una encarnizada batalla entre sonoros bostezos y entregados aplausos.




Porque la séptima película de Nicolas Winding Refn es un viaje, tanto físico como introspectivo, al infierno en la Tierra, pero también al que cada uno de nosotros llevamos dentro. Localizando su relato en un contexto reconocible como la Edad Media, sirviéndole este como excusa argumental y espaciotemporal para dar rienda suelta a muchas de las constantes autorales que han dado forma a su discurso como narrador cinematográfico. Ofreciendo con ello una rara avis que poco tiene que ver con otras obras recientes adscritas, en mayor o menor medida, al mismo género como Templario o Centurión de los británicos Jonathan English y Neil Marshall respectivamente.




En el siglo X un prisionero llamado One-Eye consigue escapar de los vikingos paganos que lo han tenido sometido a lo largo de los años con el único fin de ser utilizado como luchador en batallas cuerpo a cuerpo gracias a una brutal fuerza física que lo convierte en el guerrero perfecto. En el recorrido que emprenderá, junto al niño que le alimentaba mientras estaba bajo custodia, se unirá a un grupo de cristianos inmersos en una cruzada en nombre de Dios que les llevará a Jerusalem, la Tierra Santa. Pero lo que allí encontrarán será un lugar desconocido regido por la desesperanza y la muerte.




Valhalla Rising es un mestizaje entre el Werner Herzog de Aguirre: la Cólera de Dios, el Francis Ford Coppola de Apocalipsis Now y algunos apuntes de Terrence Malick y Andrei Tarkosvski con el que Winding Refn se permite realizar la primera entrega de su, por ahora, trilogía sobre el guerrero solitario y silencioso que se completa con la sobresaliente Drive y la caprichosa Only God Forgives. El contexto buscado para desarrollar la historia no es gratuito. Ese siglo X en el que el paganismo estaba siendo devorado por la cristiandad sirve al danés para abordar temas propios de su impronta como la violencia, los códigos de lealtad propios de los samuráis y situar a su protagonistas en situaciones extremas. Idea esta última que ya se dejaba ver en su ópera primera, Pusher.




Este Ascenso al Valhalla es una siniestra canción de guerra, un poema lleno de arena y sangre, mugre y furia protagonizado más por un concepto o un simbolo que por un personaje real. El One Eye al que da poderosísima vida física el actor danés Mads Mikkelsen sin una sola línea de diálogo a lo largo de todo el metraje, pero expuesto en pantalla por Winding Refn de manera que devora cada encuadre. Este luchador inasequible al desaliento es una especie de alegoría bélica, una máquina de matar impenitente cuyo único fino hilo con su casi inexistente humanidad es la atípica relación mantenida con el niño que le alimentaba cuando era prisionero, siendo la supervivencia de este personaje secundario su principal motivación/obsesión.




Las batallas épicas ejecutadas por innumerables extras dejan lugar a un tono calmado que ahonda en constantes metafísicas y existenciales abordando unos pocos personajes. Las intrigas, engaños, cuestiones de honor y maniobras militares desaparecen en favor de un viaje sin retorno al corazón de las tinieblas. Por el camino Winding Refn nos habla del fanatismo religioso, el asesinato como modo de expresión, en ocasiones con tintes artísticos, y nos ofrece un interesante mensaje (la película tiene fondo, contrariamente a lo que se ha dicho sobre ella) sobre como y representantes del cristianismo se sirvieron de los conflictos bélicos (el mismo One Eye representa, como ya he mencionado, el concepto de guerra) para su propio beneficio personal.




Paradójicamente, aunque el film es 100% Winding Refn este se muestra más contenido que en otras de sus obras, como Only God Forgives, donde la forma devoraba al fondo o en Bronson donde la comunión de ambas llegó a su cénit. Aquí la historia es simple y directa, aunque estructuralmente llena de matices, de modo que el danés solidifica su narración por medio de ese personalísimo look visual tan propio de su impronta regalando pasajes de una extraña belleza dentro de lo brutal  como esos perfiles del protagonista durante los sueños oníricos que parecen bustos de marmol esculpidos con sangre.  Haciendo también un uso magistral del cromatismo (el rojo imperante, siendo una alegoría de la furia, la ira y la violencia contenida en el cuerpo del protagonista) y sacando gran partido de los brumosos paisajes escoceses, tanto marinos como de montaña, en los que se rodó el grueso del film.




Valhalla Rising no es un plato de fácil degustación, es carne cruda que hay que morder con fiereza para poder paladear su sabor. Es comprensible que cause rechazo entre el público o la prensa especializada y más aún si estos sintieron estafados por la publicidad que debía vender la obra, es que hasta la portada de la edición en blu-ray del Reino Unido es engaños, pero para un servidor se muestra como una de las piezas más maduras y conseguidas de su director. Un grito ahogado que nunca puede ejecutarse, porque desgarraría la garganta, debido a su acertadísima contención y una crónica sobre una época, una mitología nórdica y una tierra que olía a sangre, dolor o muerte y cuya máxima representación era este superhombre nietzscheano que al comprender que su ciclo vital ha llegado a su fin se entrega a su propio y merecido ascenso al Valhalla.