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sábado, 10 de agosto de 2013

Valhalla Rising, hell awaits



Título Original Valhalla Rising (2009)
Director Nicolas Winding Refn
Guión Roy Jacobsen y Nicolas Winding Refn
Actores Mads Mikkelsen, Gary Lewis, Maarten Stevenson, Jamie Sives, Ewan Stewart, Alexander Morton, Callum Mitchell, Douglas Russell





Con la Valhalla Rising que nos ocupa, su éptima película detrás de las cámaras, termino esta especie de ciclo cinematográfico sobre el cineasta danés Nicolas Winding Refn, que comencé en el mes de Julio con su primigenia y sobrevalorada trilogía Pusher y acabo ahora con esta controvertida producción de 2009. Quedan otros dos trabajos menores dentro de su filmografía, Bleeder y Fear X, pero ya llevo demasiado tiempo hablando de este señor y como largometrajes no me llaman demasiado la atención. De modo que prefiero verlos en un futuro próximo sin prisa y con la distancia que da el tiempo.




A Valhalla Rising le benefició más bien poco el marketing que se utilizó para promocionarla. Ese trailer adjuntado nos hace pensar que vamos a asistir a una típica cinta de vikingos en busca de venganza, cuando lo que el director de Bronson ofrece es algo muy distinto y bastante más enriquecedor desde una perspectiva cinematográfica. Pero engañar al espectador no es una buena manera de tomar contacto con él y llamar su atención. No es difícil encontrar por la red comentarios sobre la proyección a las cuatro de la tarde en el festival de Sitges de 2009 en la que se pudo ver la película y en la que hubo una encarnizada batalla entre sonoros bostezos y entregados aplausos.




Porque la séptima película de Nicolas Winding Refn es un viaje, tanto físico como introspectivo, al infierno en la Tierra, pero también al que cada uno de nosotros llevamos dentro. Localizando su relato en un contexto reconocible como la Edad Media, sirviéndole este como excusa argumental y espaciotemporal para dar rienda suelta a muchas de las constantes autorales que han dado forma a su discurso como narrador cinematográfico. Ofreciendo con ello una rara avis que poco tiene que ver con otras obras recientes adscritas, en mayor o menor medida, al mismo género como Templario o Centurión de los británicos Jonathan English y Neil Marshall respectivamente.




En el siglo X un prisionero llamado One-Eye consigue escapar de los vikingos paganos que lo han tenido sometido a lo largo de los años con el único fin de ser utilizado como luchador en batallas cuerpo a cuerpo gracias a una brutal fuerza física que lo convierte en el guerrero perfecto. En el recorrido que emprenderá, junto al niño que le alimentaba mientras estaba bajo custodia, se unirá a un grupo de cristianos inmersos en una cruzada en nombre de Dios que les llevará a Jerusalem, la Tierra Santa. Pero lo que allí encontrarán será un lugar desconocido regido por la desesperanza y la muerte.




Valhalla Rising es un mestizaje entre el Werner Herzog de Aguirre: la Cólera de Dios, el Francis Ford Coppola de Apocalipsis Now y algunos apuntes de Terrence Malick y Andrei Tarkosvski con el que Winding Refn se permite realizar la primera entrega de su, por ahora, trilogía sobre el guerrero solitario y silencioso que se completa con la sobresaliente Drive y la caprichosa Only God Forgives. El contexto buscado para desarrollar la historia no es gratuito. Ese siglo X en el que el paganismo estaba siendo devorado por la cristiandad sirve al danés para abordar temas propios de su impronta como la violencia, los códigos de lealtad propios de los samuráis y situar a su protagonistas en situaciones extremas. Idea esta última que ya se dejaba ver en su ópera primera, Pusher.




Este Ascenso al Valhalla es una siniestra canción de guerra, un poema lleno de arena y sangre, mugre y furia protagonizado más por un concepto o un simbolo que por un personaje real. El One Eye al que da poderosísima vida física el actor danés Mads Mikkelsen sin una sola línea de diálogo a lo largo de todo el metraje, pero expuesto en pantalla por Winding Refn de manera que devora cada encuadre. Este luchador inasequible al desaliento es una especie de alegoría bélica, una máquina de matar impenitente cuyo único fino hilo con su casi inexistente humanidad es la atípica relación mantenida con el niño que le alimentaba cuando era prisionero, siendo la supervivencia de este personaje secundario su principal motivación/obsesión.




Las batallas épicas ejecutadas por innumerables extras dejan lugar a un tono calmado que ahonda en constantes metafísicas y existenciales abordando unos pocos personajes. Las intrigas, engaños, cuestiones de honor y maniobras militares desaparecen en favor de un viaje sin retorno al corazón de las tinieblas. Por el camino Winding Refn nos habla del fanatismo religioso, el asesinato como modo de expresión, en ocasiones con tintes artísticos, y nos ofrece un interesante mensaje (la película tiene fondo, contrariamente a lo que se ha dicho sobre ella) sobre como y representantes del cristianismo se sirvieron de los conflictos bélicos (el mismo One Eye representa, como ya he mencionado, el concepto de guerra) para su propio beneficio personal.




Paradójicamente, aunque el film es 100% Winding Refn este se muestra más contenido que en otras de sus obras, como Only God Forgives, donde la forma devoraba al fondo o en Bronson donde la comunión de ambas llegó a su cénit. Aquí la historia es simple y directa, aunque estructuralmente llena de matices, de modo que el danés solidifica su narración por medio de ese personalísimo look visual tan propio de su impronta regalando pasajes de una extraña belleza dentro de lo brutal  como esos perfiles del protagonista durante los sueños oníricos que parecen bustos de marmol esculpidos con sangre.  Haciendo también un uso magistral del cromatismo (el rojo imperante, siendo una alegoría de la furia, la ira y la violencia contenida en el cuerpo del protagonista) y sacando gran partido de los brumosos paisajes escoceses, tanto marinos como de montaña, en los que se rodó el grueso del film.




Valhalla Rising no es un plato de fácil degustación, es carne cruda que hay que morder con fiereza para poder paladear su sabor. Es comprensible que cause rechazo entre el público o la prensa especializada y más aún si estos sintieron estafados por la publicidad que debía vender la obra, es que hasta la portada de la edición en blu-ray del Reino Unido es engaños, pero para un servidor se muestra como una de las piezas más maduras y conseguidas de su director. Un grito ahogado que nunca puede ejecutarse, porque desgarraría la garganta, debido a su acertadísima contención y una crónica sobre una época, una mitología nórdica y una tierra que olía a sangre, dolor o muerte y cuya máxima representación era este superhombre nietzscheano que al comprender que su ciclo vital ha llegado a su fin se entrega a su propio y merecido ascenso al Valhalla.



martes, 30 de julio de 2013

Only God Forgives, Bangkok haunted



Título Original Only God Forgives (2013)
Director Nicolas Winding Refn
Guión Nicolas Winding Refn
Actores Ryan Gosling, Kristin Scott Thomas, Tom Burke, Yayaying, Vithaya Pansringarm, Byron Gibson




Festival de Cannes de 2011. En la sección oficial se realiza la proyección de Drive, la octava película del cineasta danés Nicolas Winding Refn. El éxito es generalizado, el público y la prensa especializada se rinden a los pies de aquella mezcla entre el cine de acción de los 80, Akira Kurosawa, Michael Mann y Jean Pierre Melville basada en la novela de James Sallis. El resultado, el premio al mejor director para el realizador de la trilogía Pusher o Bronson. La cinta se convierte en un éxito internacional y se gana merecidamente el título de obra cinematográfica de culto.




De nuevo el certamen francés ya en el presente 2013. Tras las altas expectativas creadas por su anterior film Windig Refn vuelve a la croisette con su siguiente trabajo, que cuenta de nuevo con la presencia como protagonista del canadiense Ryan Gosling. Durante la proyección del film se dejan escuchar los abucheos y pitidos de los espectadores. La prensa especializada carga sus tintas contra Only God Forgives, afirmando que sólo es un desfile de ultraviolencia estilizada que vende la más pura de las nadas. El resultado, el rechazo por gran parte de los asistentes a la puesta de largo de la obra a manos de su creador.




Un servidor ha visto hoy la última película de Nicolas Winding Refn y mis impresiones son dispares. Por un lado comprendo a los periodistas que vieron el film en Cannes y entiendo sus reacciones, pero por otro me quedo algo impresionado al leer cuáles son algunos de los motivos por los que ofrecieron una respuesta negativa hacia film. Habiendo visto durante el último mes casi toda la obra del creador de Valhalla Rising ya conozco algo su estilo e impronta autoral y siendo consciente de eso afirmo sin duda alguna que Only God Forgives es una obra cinematográfica tan interesante como desconcertante, moviéndose gracias a ello entre lo satisfactorio y lo inane con igual suerte.




Julian es un norteamericano que dirige en Bangkok un gimnasio de muay thai que sirve como tapadera para ocultar su verdadero negocio, que es la venta de estupefacientes. Un día, Billy, el hermano mayor de Julian mata brutalmente a una joven prostituta de la zona y por ello es asesinado a modo de venganza por parte del progenitor de la chica. Cuando la defunción de Billy llega a oídos de su madre, una mafiosa que controla una enorme red ilegal en la que trabajan sus dos hijos, esta viaja a Tailandia y exige a su vástago menor que encuentre a los culpables del homicidio de su primogénito. En este trayecto Julian conocerá a Chang, un reputado policía contra el que tendrá que enfrentarse para cumplir su vendetta familiar.




Only God Forgives es el capricho esteticista de un director encantado de conocerse. Es innegable que la última obra de Winding Refn es una pieza de exquisita plasticidad visual, rica en su acabado técnico y llena de un lirismo atenuado que explota cuando los momentos de violencia explícita hacen aparición en escena, por ello nos difícil pensar en autores nipones como Takeshi Kitano o Takashi Miike cuando asistimos a esta historia de muerte y venganza en las calles de la capital tailandesa. El problema es que si bien la forma es intachable el fondo es fácilmente desacreditable, no porque el film no contenga nada en su interior sino porque lo que contiene se ha contado muchas veces en obras previas y con un argumento menos autocomplaciente y disperso.




Porque Winding Refn está tan pendiente del envoltorio de su regalo que se olvida introducir algo consistente en la caja y Only God Forgives es una obra para el lucimiento del estilismo como autor de su creador, ese que ha ido evolucionando con los años, que se mostró en su cénit en Bronson y completamente confirmado como tal en Drive, ese que en la obra que nos ocupa devora la historia que se nos está narrando que no deja de ser un fino hilo que se mantiene a duras penas en pie porque no deja de ser el argumento manido de una película de venganzas y redención de toda la vida, esas que Tarantino sabe reinventar y hacer suyas con más talento que la obra que nos ocupa.




Pero es el poder de la puesta en escena de Winding Refn el que nos incita a disfrutar en gran medida con Only God Forgives. Porque las imágenes con las que protege el débil armazón de su relato son lo mejor de una cinta llena de postales contenedoras de una fuerza vívida, pictórica, urbana, bañadas en unas luces de neón que retratan un Bangkok inusualmente vacío de ciudadanos (táctica utilizada a lo largo de todo el film por el cineasta para acentuar el aislamiento y soledad de los personajes, sobre todo el de Julian) que nos trae a la mente a aquella Drive (y en ocasiones al Gaspar Noé de Enter the Void) con la que la obra que comentamos guarda más puntos en común de los que pudiera parecer en principio, aunque esa producción de 2011 tuviera corazón en su interior (en gran parte gracias al personaje de Carey Mulligan) y esta sustituya el suyo por un misticismo simbólico e hipnótico que nos impide apartar la mirada de la pantalla.




Esa hipnosis, el influjo en el que caemos viendo Only God Forgives es hijo directo del de David Lynch, otro director que vendiéndonos en muchas ocasiones puro humo consigue que quedemos cautivados por la fuerza de sus imágenes. Porque es curioso que Winding Refn dedique su film al chileno Alejandro Jodorowsky (por el que profesa una gran admiración y al que ha homenajeado en varios de sus largometrajes) cuando la mayor deuda que tiene el largometraje es con el autor de Terciopelo Azul, ya que esos burdeles, los pasillos iluminados por luces rojizas o los lacónicos karaokes nos remiten indudablemente a obras como Twin Peaks o Mulholland Drive, tomando de aquellas su simbología encriptada y hermetismo conceptual.




Hasta los actores y los personajes que interpretan son la confirmación de que estamos ante una obra para el lucimiento de las dotes como cineasta de Winding Refn que los usa como un ornamento más dentro del conjunto del film. Poco malo se puede decir del reparto ya que Ryan Gosling cumple su cometido como antihéroe callado y duro o Kristin Scott Thomas como arpía desalmada y madre castradora, hasta el trabajo de Vithaya Pansringarm como Chang es interesante. Pero sobre el papel son personajes planos por mucho que a los dos primeros les una una relación tóxica de tintes edípicos y al tercero le acompañe ese aire de misticismo que lo convierte en ocasiones más que en un personaje real en una entidad incorpórea a modo de alegoría.




Por último destacar que puedo comprender que la crítica de Cannes acusara al film de vacuo (es debatible pero en cierta manera comprensible) pero lo de que su violencia era "extrema" me parece una soberana estupidez porque la que se muestra a lo largo del metraje está dosificada con cuentagotas, no ofrece nada que no hayamos visto, por poner un ejemplo, en Outrage de Takeshi Kitano (obra mucho más violenta que la que nos ocupa) o cintas ganadoras de la palma de oro como Uno de los Nuestros (Goodfellas) de Martin Scorsese o Pulp Fiction de Quentin Tarantino. Porque si a estas alturas nos vamos a asustar por escenas como la tortura como las agujas o la del corte de la katana en las costillas algo estamos haciendo mal como espectadores curtidos en mil batallas.




A Windingr Refn con Only God Forgives le ha pasado lo mismo que a otros autores (David Lynch, los hermanos Coen, Lars Von Trier) que tras ser premiado en una edición de Cannes con una obra exitosa la prensa especializada del festival esperaba la próxima con las fauces abiertas y por desgracia el danés les ha dado algo que morder. Porque su último film es una estimable cinta en su apartado técnico (sobre todo) y hasta actoral, pero la historia que debería sostener la estructura del largometraje es débil y  caprichosa y en cierta manera no tiene vida en su interior. Y eso viniendo del hombre que convirtió a un conductor de coches en un ronin y al preso más peligroso de Inglaterra en un mártir no es una buena noticia.



lunes, 22 de julio de 2013

Bronson, a history of violence



Título Original Bronson (2008)
Director Nicolas Winding Refn
Guión Brock Norman Brock, Nicolas Winding Refn
Actores Tom Hardy, Matt King, Amanda Burton, James Lance, Kelly Adams, Katy Barker, Edward Bennett-Coles, June Bladon, William Darke, Andrew Forbes, Helen Grayson, Matt Legg






Pocos saben que muchos años antes de Drive el cineasta danés Nicolas Winding Refn ya había coqueteado con producciones internacionales. La primera vez que rodó un film en inglés y con actores de distintos países fue en 2003 con el poco conocido thriller Fear X, protagonizado por John Turturro, Deborah Kara Unger o James Remar, cinta de la que daré constancia a no mucho tardar. Pero no sería hasta que terminara su sobrevalorada trilogía Pusher que tomara contacto por primera vez con el celuloide británico, la televisión más concretamente. En 2007 rodó para la BBC Miss Marple: Nemesis un telefilm (remake de otro rodado en 1987 por David Tucker) que adaptaba la novela homónima de la escritora Agatha Christie con la pizpireta investigadora de la tercera edad como protagonista.




Cuando ya se afianzó en tierras inglesas y sólo un año después sacó adelante en pantalla grande el proyecto de llevar a imágenes un biopic sobre Michael Gordon Peterson, conocido con el nombre de Charles Bronson, tildado en su época como el preso más peligroso de Reino Unido, que pasó 34 años en prisión (30 de ellos en solitario). El resultado para el que suscribe es la, por ahora y de las que he visto, mejor obra cinematográfica del director de Valhalla Rising, una pieza rica a distintos niveles y que se revela como uno de los biopics más atípicos e interesantes del cine reciente precisamente por ir más allá de la simple biografía.




Michael Peterson nació en 1952 y fue un niño conflictivo desde su infancia. Con poco más de 22 años y ya con mujer e hijo atracó una joyería siendo detenido y teniendo que cumplir por ello una condena de 7 años en prisión. Así comenzó la vida entre rejas de Michael o más bien Charles Bronson, nombre del famoso actor norteaméricano que el presidiario tomó prestado. Junto a Charlie realizaremos un viaje por su vida a lo largo de decenas de cárceles en las que estuvo confinado y seremos testigos de los malos tratos que infligió y sufrió a lo largo de los 34 años que permaneció confinado sin haber cometido un sólo asesinato durante toda su carrera delictiva.




Bronson es lo más cerca que ha estado el cine contemporáneo de La Naranja Mecánica de Stanley Kubrick tanto en fondo como en forma. No es raro que cada lustro salga una película a la que la prensa especializada o el público tilda de ser la heredera de la obra maestra del director de Barry Lyndon. En los 90 se comentó mucho que tanto Asesinos Natos de Oliver Stone como Trainspotting de Danny Boyle eran dignas hijas de las correrías cinematográficas del inolvidable Alex DeLarge y si bien ambas tenían ideas y apuntes que nos recordaban a aquella polémica producción de 1971 ninguna de las dos estaban más cerca de su espíritu que la cinta de Nicolas Winding Refn que nos ocupa.




Con la adaptación de la novela de Anthony Burgess comparte la estilización de la violencia en pantalla (que el film se abra con la primera de muchas palizas al protagonista con The Electrician de The Walker Brothers sonando de fondo es toda una declaración de principios) haciendo una brutal crítica a la misma pero mostrándola al espectador como una elegante a la par que caótica coreografía de la agresión que más que repeler atrae. Esta idea no sólo viene de Kubrick, ya que esta manera de exponer escenas sobre violencia explícita son indivisibles a la carrera de Winding Refn desde sus inicios y que parece tener su culmen en la última Only God Forgives que veré y diseccionaré humildemente lo antes posible.




Pero también en su trasfondo se ven ecos de Alex y sus drugos. Bronson realiza un retrato inmisericorde de la ineficacia y métodos brutales de las instituciones penitenciarias y de cómo la reinserción social de criminales es un fracaso en Inglaterra. Violencia engendra violencia y una persona que se crió con la misma como modo de expresión no sabe (ni quiere) huir de ella porque para él es un medio de vida. Incluso siendo un personaje de moral totalmente reprobable Winding Refn simpatiza o se compadece de su criatura de la misma manera que lo hacían tanto Kubrick en imágenes como Burgess por escrito con las suyas, siendo conscientes de que sus protagonistas eran hijos de una sociedad tan o más deshumanizada que ellos.




Pero no sólo del director de La Chaqueta Metálica vive el realizador danés. En Bronson se puede ver la pasión que Winding Refn siente por la figura de ese cineasta, guionista de cómics, psicomago, clown y flipado en su tiempo libre que responde al nombre de Alejandro Jodorowsky. Desde esa narración en forma de actuación en un teatro (excusa para que el personaje rompa la cuarta pared y hable directamente con el espectador, junto a los pasajes en los que se dirige desde una celda sin luz directamente a la cámara) que nos recuerda a las obras pánicas que compartía con sus colaboradores Fernando Arrabal y Roland Topor hasta esa media hora final en la que el protagonista se entrega al arte pictórico (puede que ahí se desinfle un poco el conjunto del film aunque remonta en el clímax) y en la que vemos una considerable influencia de la abstracción y el simbolismo de producciones como Fando y Lis o El Topo todo es un homenaje a ese chileno considerado un genio por unos y un vendehumos por otros pero por el que un servidor profesa una considerable simpatía porque me transmite una entrañable vitalidad cada vez que abre la boca.




Todo este entramado y cúmulo de referencias podría caer en saco roto si Winding Refn se hubiera equivocado de actor protagonista, por suerte Tom Hardy realiza una labor descomunal regalando a la platea el mejor papel de su por ahora no muy extensa carrera. Con toda seguridad esta fue la película que convenció a Christopher Nolan para darle al británico el papel del soberbio Bane de The Dark Knight Rises porque su composición de Charlie Bronson es sencillamente brillante, utilizando no sólo la fisicidad que exige una desnudez interpretativa de esta naturaleza, también modulando la voz, remarcando la gestualidad pero sin entrar en lo impostado o la sobreactuación y bordando momentos que van desde la intimidación física al humor pasando por el patetismo. Si Bronson es remarcable como obra cinematográfica es en gran parte por la entrega de Hardy al frente de ella, pero no sólo por esto.




Ya que aquí sí podemos reconocer ya al poeta de la violencia, al esteticista que retrata con elegancia lo descarnado, aquel que nos ofreció la memorable y recurrente Drive. Winding Refn utiliza distinto tipo de composiciones, movimientos de cámara (enorme el travelling que pasa delante de Charlie sin que nos demos cuenta) planos cenitales, ofreciendo una puesta en escena atípica, estilísticamente caprichosa pero siempre acorde con la historia que nos narra. Introduciendo momentos irónicos (esas portadas de periódicos, esos dibujos que nos remiten a los que realizó Terry Gilliam en el mítico programa Monty Python's: Flying Circus) violencia cruenta en contraposición a momentos de doliente soledad y desesperación pero siempre realizando una unión armónica entre imagen y banda sonora. Enorme esta con temas como ese It's a Sin de los Pet Shop Boys sonando en el manicomio, la omnipresente Glass Candy de los Digital Versicolor o esas piezas clásicas que una vez más nos traen a la mente bombines, bastones, ultraviolencia y Beethoven.




Bronson fue la confirmación del talento de Winding Refn, un director más danés que una caja de pastas que supo adaptarse al cine británico y realizar una cinta con genuino aroma inglés. Con la ayuda de una historia cuyo punto de partida de por sí era interesante, un actor en la plenitud de sus dotes interpretativas dando vida a un personaje real, una mirada crítica que se mueve entre la denuncia y la sátira y un guión que en vez de transitar los caminos más fáciles decide bifurcarse por otros mucho más complicados el cineasta de moda (para alabarlo o ponerlo de vuelta y media indistintamente) ofreció la que para un servidor es por ahora su mejor película (ya veremos cuando me enfrente a vikingos y tailandeses si cambio de opinión) y el biopic más brutal e incisivo sobre un criminal desde aquella recuperable Chopper de Andrew Dominik con memorable Eric Bana de protagonista que también merece ser revalorizada.



viernes, 12 de julio de 2013

Pusher III, pater familias



Título Original Pusher III (2005)
Director Nicolas Winding Refn
Guión Nicolas Winding Refn
Actores Zlatko Buric, Marinela Dekic, Ilyas Agac, Gitte Dan, Dan Dommer, Ramadan Huseini, Levino Jensen, Slavko Labovic, Sven Erik Eskeland Larsen, Kujtim Loki, Marek Magierecki, Kurt Nielsen, Susan Petersen, Karsten Schrøder






Tercera y última entrega de la saga Pusher ideada por el cineasta danés Nicolas Winding Refn, Este cierre de la trilogía esta vez está protagonizado por Milo, importante personaje secundario en la primera parte y con simpático cameo en la segunda. El resultado es la peor cinta de las tres, un producto que, al igual que Pusher II, aún funcionando en todos sus apartados transmite una desgana y apatía tal que al espectador no sólo no le importa lo que le suceda a los personajes, sino que desea que algo, lo que sea, tenga lugar dentro de esta historia mortalmente aburrida y desangelada.




Milo es un mafioso serbio afincado en la capital danesa de Copenhage. Hoy es un día especial, ya que su hija Milena cumple 25 años y debe cocinar para todos los invitados. Pero no sólo esta será la preocupación de Milo, también deberá asistir a sesiones de narcóticos anónimos para mantener a raya su adicción por las drogas y así permanecer sobrio durante una fecha tan señalada. Para colmo tendrá que seguir negociando con camellos, mafiosos, narcos y demás escoria que mantienen negocios con él y que parecen querer dar al traste con sus planes para que nada salga mal en la celebración del cumpleaños de Milena.




Pusher III es una cinta que comete el mayor de los pecados cinematográficos, aburrir al espectador. El hastío se hace con el metraje bien pronto cuando Winding Refn nos quiere contar la historia de este Tony Soprano (mucha deuda tiene el director de Bronson con la memorable serie de David Chase) serbio afincado en Dinamarca y con ello paradójicamente no narrarnos nada de interés. Si ya en Pusher II lo que le sucediera al personaje de Tonny nos causaba indiferencia en esta tercera parte lo que pueda pasarle a Milo lo cierto es que nos da absolutamente igual, porque lo que en la primera Pusher era un secundario con encanto aquí es un protagonista que transmite somnolencia.




Zlatko Buric se luce como Milo, lleva todo el peso de la trama en sus hombros y se marca un recital como mafioso cansado y de vuelta de todo que debe soportar a unos socios imbéciles y una hija consentida. Pero es que Winding Refn no sólo traza un guión deficiente, es que directamente parece que no tiene nada que contar y sólo da vueltas y vueltas alrededor de su protagonista a la espera de que cometa algún acto delictivo importante. Cuando el mismo llega está abordado con tal desgana que el espectador lo recibe con apatía, sin importarle lo más mínimo las consecuencias que el mismo pueda producir en Milo o los suyos. Sirva como ejemplo la escena del interrogatorio con el método "submarino" para calibrar el nivel de desinterés de los implicados en el largometraje, hasta el actor que hace de Mohammed transmite sopor sin poner nada de su parte para mostrar angustia cuando lo están torturando.




Winding Refn recupera el naturalismo de la primera entrega con su puesta en escena, deja de lado la ligera experimentación formal de Pusher II (esa que recuperaría años después al menos en Drive y Only God Forgives, con respecto a esta última al menos por lo que se dilucida en sus trailers) y vuelve totalmente a la cámara al hombro del film primigenio pero inyectándole una luminosidad inédita en aquella (más tenebrista) con la que retratar el mórbido ambiente familiar que destila el metraje, ya que Milo no deja de ser un padre de familia cuya única misión es sacar adelante a los suyos, hija y yerno camello incluido, personaje introducido con calzador en la trama criminal (luego olvidado del todo sin motivo aparente) y carente de profundidad por parte del guión.




Aunque el equipo técnico y el artístico cumplan, tengamos referencias a las anteriores entregas de la trilogía como que se confirme que Milo es un pésimo cocinero (ya lo vimos en la primera Pusher) o el regreso del gran Radovan  (el mejor momento del largometraje) con carnicería gratuita y efectista incluida (la escena más destacable del film y no es decir mucho), Pusher III fracasa en su principal cometido, contar algo de interés al espectador. La desgana e insulsez de la trama y su torpe resolución nos hace pensar en que Winding Refn hizo el film por capricho o egolatría (esa que se le atribuye desde hace años, hasta su productora tiene su nombre) o que por el contrario lo realizó por compromiso. Poco importa, si algo nos confirma la obra que nos ocupa es que lo que pudo ser una interesante película en solitario estrenada en 1996 se convirtió por obra y gracia de su creador en una trilogía tan innecesaria como prescindible.



miércoles, 10 de julio de 2013

Pusher II, northern promises



Título Original Pusher II (2004)
Director Nicolas Winding Refn
Guión Nicolas Winding Refn
Actores Mads Mikkelsen, Jesper Salomonsen, Leif Sylvester, Anne Sørensen, Øyvind Hagen-Traberg, Kurt Nielsen, Dan Dommer, Karsten Schrøder, Maria Erwolter, Zlatko Buric






Ocho años después del estreno de Pusher el cineasta danés Nicolas Winding Refn rodó la segunda entrega de su trilogía sobre el submundo del hampa en la ciudad de Copenhage. En esta ocasión el protagonista del largometraje es Tonny, el amigo y socio de Frank (protagonista del primer film) que tenía un rol secundario pero importante en la producción de 1996. El resultado por desgracia no es el esperado y queda un paso por detrás de la ya mencionada obra primigenia, aunque sigue siendo un trabajo estimable en varios aspectos.




Tonny sale de la cárcel tras pasar 13 meses entre rejas. Cuando vuelve a casa trata de ganarse la confianza de su padre, "El Duque", un mafioso local que está metido en el mundo del robo y venta de automóviles. Tonny, que para su progenitor no es mucho más que un despojo, intentará ser una persona competente dentro del negocio familiar. Pero sus problemas con una inesperada paternidad o su adicción a las drogas, su comportamiento infantil y meterse en una deuda que no podrá pagar con quien menos se espera darán al traste con las intenciones del protagonista.




Pusher II transmite una ligera sensación de decepción a pesar de ser un producto que no falla en ninguno de sus apartados importantes. Su problema radica en que en comparación con la primera entrega adolece casi por completo de interés o empatía con el espectador. Si en la cinta de 1996 la platea se implicaba con las desgraciadas correrías de un Frank (un Kim Bodnia que se echa mucho de menos en el largometraje que nos ocupa) que luchaba contra la muerte a contrarreloj, los intentos de Tonny por formar parte del crimen organizado comandado por su padre causan más bien desdén o indiferencia.




Con el personaje de Tonny (una vez más interpretado por un magnífico Mads Mikkelsen muy físico) se confirma lo que ya vimos en la primera Pusher, que es un niñato metido en el cuerpo de un adulto. Un crío chulo y engreído que sólo busca la aceptación de un padre que lo trata como a basura, posiblemente con motivo por el carácter del propio Tonny, pero con una inquina impropia de un progenitor y más de uno mafioso que supuestamente tiene un concepto diferente y muy comprometido de lo que son los lazos de sangre y la familia.




Toda esta psicología y las reminiscencias freudianas que se plantea el personaje de Tonny no tienen el suficiente interés como para sacar adelante el largo, porque todo suena a ya visto y carece de la profundidad adecuada para plantear verdaderos dilemas morales al espectador. Por otro lado Winding Refn comete el mismo pecado que el Takeshi Kitano de la sobrevaloradísima Sonatine, hablarnos del día a día del mundo del crimen pero sin trazar un argumento sólido. Pusher II sólo nos muestra a Tonny cometiendo fallos, asistiendo a fiestas y celebraciones o realizando chanchullos con socios sin contarnos nada realmente interesante o con un verdadero núcleo argumental.




Sólo en los 20 minutos finales se llama algo la atención del espectador al meterse Tonny en una deuda complicada de pagar, es decir, cuando el film toma (demasiado tarde) la estructura nerviosa y espídica de la primera Pusher. También la trama gana algo de profundidad en el momento en el que el protagonista toma conciencia de la realidad y del futuro que le espera a su hijo (aunque aquí Winding Refn tira un poco de maniqueísmo con esas mujeres, una en su día de boda, que esnifan cocaína hasta del suelo) y decide pasar a la acción encadenado la resolución shakesperiana de la trama del padre con esa huida urbana bañada en luces de neón que recuerda a la pluma literaria de ese Hubert Selby Jr (Last Exit to Brooklin, Requiem for a Dream) al que el cineasta danés dedica la obra en los créditos finales.




Lo mejor de Pusher II es ver como los ocho años que la separan de la primera entrega han hecho efecto en el discurso autoral de Winding Refn. Aquí ya sí podemos ver retazos del director líricamente visual de Drive. Pusher II aún está rodada con cámara al hombro, nervio naturalista y verismo callejero, pero en contadas secuencias ya se puede percibir la delectación cromática (ese uso de colores primarios como el rojo, el verde o el amarillo para señalar alegorías visuales sobre el peligro o la muerte) el esteticismo minimalista (cámaras lentas) y la poderosa conjunción de imagen y música (si en la primera entrega la música metal imperaba aquí la misma queda casi del todo arrinconada en favor de temas electrónicos más de los 80) que nos muestran a un realizador que empezaba a mutar su impronta.




Aunque haya guiños a la primera parte como esa presentación de los personajes en los títulos de crédito iniciales, la breve aparición de Milo, cuando este último pregunta a Tonny cuál es el paradero de Frank (recordemos una vez más, protagonista de la Pusher de 1996) o que el film no falle en el apartado técnico o artístico Pusher II decepciona con respecto su hermana mayor. Vemos ecos de Abel Ferrara, de Coppola o Scorsese, pero si bien en 1996 Winding Refn no nos contaba nada nuevo con su ópera prima aunque lo hacía con oficio, esta secuela tiene como mayor lastre no tener absolutamente nada coherente que relatar con respecto a su protagonista más allá de mostrar algunos fogonazos intensos en su recta final y un desenlace tan pesimista como esperanzador.



martes, 2 de julio de 2013

Pusher, run, Frankie, run.




Título Original Pusher (1996)
Director Nicolas Winding Refn
Guión Jens Dahl y Nicolas Winding Refn
Actores Kim Bodnia, Zlatko Buric, Laura Drasbæk, Slavko Labovic, Mads Mikkelsen, Peter Andersson, Vanja Bajicic, Lisbeth Rasmussen, Levino Jensen, Thomas Bo Larsen, Lars Bom, Michael Hasselflug, Nicolas Winding Refn






En sólo dos años el cineasta danés Nicolas Winding Refn ha pasado de saborear las mieles del éxito internacional con su soberbia Drive, consiguiendo el premio al mejor director en Cannes, a ser defenestrado en el mismo festival ya en el presente 2013 por la supuesta violencia explícita, brutal y gratuita camuflando la vacuidad que según dice la mayoría de la prensa especializada vende su última obra, Only God Forgives. Lo que no todos saben es que cuando en 2011 se estrenó el film protagonizado por Ryan Gosling y las dotes automovilísticas de su personaje Winding Refn ya llevaba a sus espaldas siete largometrajes entre los que rodó en su Dinamarca natal e Inglaterra, país en el que incluso se permitió dar forma a una película para televisión protagonizada por la famosa Miss Marple, personaje salido de la pluma de la escritora Agatha Christie.




Pusher supuso su ópera prima y su primer éxito en su país de nacimiento. El suficiente como para alargar la idea con dos entregas más convirtiendo en una trilogía lo que en principio iba a ser un solo largometraje. Alternando el rodaje de las secuelas con los de otros films como Fear X o Bleeder, Winding Refn dio forma a una saga de películas calificadas de culto y que por desgracia no son muy conocidas internacionalmente. Pero todo comenzó en 1996 con la primera Pusher, un retrato crudo y descarnado sobre los bajos fondos de la ciudad de Copenhague mostrándonos a un director que en aquella época prematura poco tenía que ver con el que años después sería el creador de la exitosa Drive.




Frank es un camello de poca monta que trabaja en la ciudad de Conpenhague y que debe 50.000 coronas a un mafioso serbio llamado Milo. Un día un ex compañero de celda de origen sueco le visita pidiéndole si puede conseguirle 200 gramos de heroina, Frank primero se muestra reacio por la gran cantidad de material exigido y porque lo solicita lo antes posible, pero finalmente acepta. Su único recurso es pedírsela a Milos y así poder devolverle el dinero que le debe. Cuando la transacción se va a llevar a cabo la policía intercepta a los implicados y Frank debe deshacerse de la mercancía para no ser encarcelado. En ese mismo momento el protagonista será un hombre marcado cuando Milos pierda la paciencia por no haber recibido el dinero debido y para colmo quedarse sin la droga o la suma que iba a recibir por ella.




En el año 1996 Nicolas Winding Refn no nos iba a contar nada que nos nos hubieran mostrado previamente y con más pericia el Martin Scorsese de Malas Calles, gran deuda tiene Pusher con la cinta protagonizada por Harvey Keitel y Robert De Niro, o el Abel Ferrara de Teniente Corrupto, de nuevo con el protagonista de Reservoir Dogs como actor principal, de modo que la originalidad o el impacto no son los mayores aliados de la ópera prima del cineasta danés. Pero contra todo pronóstico el film funciona en todos sus aspectos, por conseguir implicar considerablemente al espectador en las correrías a contrarreloj del desgraciado Frank.




El trasfondo de Pusher está localizado en los barrios más peligrosos de la ciudad de Copenhague, haciendo un retrato poco agradable de la Dinamarca oculta. Pero que nadie piense que Nicolas Winding Refn se deja llevar por la crítica social directa u obvia, él prefiere centrarse en los personajes y en la trama que se va recrudeciendo por medio del salvajismo, la tensión y la locura. El director de Bronson no quiere hacer un fresco de las zonas más desfavorecidas de su país, ya que su intención es construir un thriller mafioso descarnado y directo a la mandíbula, aunque añadiendo algunos alicientes de originalidad impropios del género.




Frank es un mierda, un camello venido a menos inestable, violento y asocial. Pero a lo largo del film llegamos a empatizar con él y su situación porque no podemos creernos que pueda llegar a vivir una semana tan desastrosa en la que todo le sale mal. A que el personaje llegue a la platea ayuda la magnífica interpretación del danés Kim Bodnia que destila carsima, chulería y verismo desde la cabeza a los pies, mostrándose como una especie de  antepasado de Stringer Bell, chandal incluido, el mítico mafioso de Baltimore al que diera vida el enorme Idris Elba en la impagable serie The Wire. Por eso nos enfadamos cuando la policía lo pilla con las manos en la masa, nos decepcionamos cuando no consigue el dinero que debe a Milos y sentimos que queremos matarlo cuando toma alguna decisión desacertada.




Los tres personas más importantes en Pusher relacionados con Frank son Vic, su novia no oficial, una prostituta que quiere cambiar de vida interpretada por una convincente Laura Drasbæk; Tonny, amigo y socio del protagonista al que encarna con su pericia habitual el hoy tan de moda Mads Mikkelsen (La Caza, Hannibal) y Milos, un enorme personaje que se enfunda el actor Zlatko Buric, un mafioso serbio afincado en Dinamarca ganándose la simpatía del espectador porque a diferencia de otros hampones fílmicos tiene una paciencia infinita con la gente que le debe dinero, dando montones de oportunidades al protagonista para saldar su deuda. A Milos le acompaña su brazo derecho, Radovan, una enorme mole que comparte con su jefe una calma y consideración no muy destacable para una persona de a pie, pero sí para un gánster.




Como sólo he visto dos de los largometrajes de Winding Refn no puedo saber si en el camino que separa Pusher de Drive se nota una evolución gradual en la puesta en escena del danés o si alguno de sus films posteriores (¿Bronson, puede que Valhalla Rising?) supusieron obras de transición en su impronta, pero el realizador de cámara al hombro, objetivo inquieto, impulsividad formal y suciedad urbana poco tiene que ver con el elegante y esteticista autor que retrataba las noches de neón americanas con una mesura propia de Jean-Pierre Melville o Takeshi Kitano chocando con la fiereza a pie de calle del mejor Michael Mann en las escenas de acción. Con todo su labor a los mandos del proyecto es magnífica e impropia de un novato en lides de dirección cinematográfica.




Sin ser nada del otro mundo Pusher funciona a las mil maravillas. Tras ella Winding Refn se haría un nombre (puede que demasiado, es famosa su incotrolable megalomanía) y rodó dos secuelas, Pusher 2 y Pusher 3 protagonizadas por Tonny y Milos respectivamente que se comentarán aquí con brevedad. Pero el éxito de la primera cinta ha ido incluso más allá con el tiempo y en los úlitmos años, si Filmmafinity no miente, se han realizado hasta dos remakes de la obra que nos ocupa. La misma que no crea nada, no rompe moldes, pero se muestra real, intensa, espídica y como la carta de presentación de un autor con verdadero talento y una voz tan propia como camaleónica.