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domingo, 31 de mayo de 2015

Las Aventuras de Tintín: El Secreto del Unicornio, un viaje inesperado



Título Original The Adventures of Tintin: Secret of the Unicorn (2011)
Director Steven Spielberg
Guión Steven Moffat, Edgar Wright, Joe Cornish basado en el cómic de Hergé
Actores Jamie Bell, Andy Serkis, Daniel Craig, Simon Pegg, Nick Frost, Daniel Mays, Toby Jones, Enn Reitel, Joe Starr, Mackenzie Crook, Kim Stengel, Gad Elmaleh, Tony Curran, Cary Elwes, Sebastian Roché





El 10 de Enero de 1929 el mundo conoció por primera vez a Tintín, el mitico personaje del cómic europeo creado por el guionista y dibujante belga Georges Remi "Hergé". El famoso reportero propenso a involucrarse en aventuras internacionales de espionaje, conspiraciones o viajes imposibles protagonizó álbumes inolvidables como Tintín en el País del Oro Negro, Aterrizaje en la Luna, Las Joyas de Castafiore o el ahora polémico Tintín en el Congo que han pasado a ser clásicos del medio en el viejo continente. Durante 24 entregas Hergé demostró ser un maestro en esa "línea clara" que él ayudó a hacer célebre hasta que falleció en 1983 dejando inacabado aquel famoso Tintín y el Arte-Alfa del que sí se salieron a la luz los bocetos del autor. Por descontado que, como muchas otras, una obra del arte secuencial como Tintín no iba a quedarse sin llevar sus correrías a otros medios viajando a la televisión con series de animación y al cine con largometrajes de distinto pelaje.




Tintín ha tenido varias incursiones en televisión con series de animación emitidas en distintos años como 1959 y 1991, pero como hemos afirmado con anterioridad también ha conocido traslaciones para la gran pantalla, una vez más, animadas (Tintín: El Cangrejo de las Pinzas de Oro, Tintín en el Templo del Sol o Tintín en el Lago de los Tiburones) y por supuesto en imagen real con actores reales (Tintin: El Secreto del Toisón de Oro, Tintín: El Misterio de las Naranjas Azules, esta última una co producción entre Francia y España sin basarse en ningún álbum) que no llegaron a conseguir un gran éxito, considerándose a día de hoy bastante olvidadas. Seguramente la escasa repercusión de dichos largometrajes fue el motivo por el que el cineasta norteamericano Steven Spielberg decidió llevar la creación de Hergé a la gran pantalla por medio de una de sus mastodónticas superproducciones, pero curiosamente, y aunque él todavía no lo sabía, no lo haría solo.




La elección por parte del director de La Lista de Schindler o Salvar el Soldado Ryan de realizar su adaptación de Tintín al celoluiode por medio del formato motion capture le puso en contacto con la empresa neozelandesa Weta Workshop, responsable de los efectos digitales de la sagas de El Señor de Los Anillos o El Hobbit, y gracias a ello hizo amistad con un Peter Jackson, fan irredento de la obra de Hergé, y deseoso de colaborar con Spielberg en labores de productor para que el proyecto de realizar una nueva película del pizpireto periodista y sus amigos llegara a buen puerto. Por otro lado el cinesta nortemaricano puso toda su monstruosa maquinaria en funcionamiento para que no sólo en el apartado técnico la obra destacase notablemente sino para que también en la escritura su Tintín funcionara al 100% de su capacidad. Para ello contrató los servicios del cineasta Edgar Wright, autor de la impagable trilogía del Cornetto y Scott Pilgrim Contra el Mundo, Joe Cornish, escritor y director de la muy celebrada Attack the Block, y al afamado Steven Moffat, libretista de series de alto nivel como Doctor Who o Sherlock.




Con las dotes como narrador de Steven Spielberg, la ayuda inestimable de Peter Jackson en la producción, la colaboración de un dream team al guión a lo que habría que sumar un acabado técnico fuera de serie gracias a un presupuesto de altos vuelos que permitía utilizar actores reales para que las interpretaciones de estos pasaran a un formato de animación animada digitalmente para ser lo má fiel posible a la obra en viñetas de Hergé esta Las Aventuras de Tintín: El Secreto del Unicornio lo tenía absolutamente todo para convertirse en la mejor película sobre el personaje jamás rodada. Posiblemente el resultado sea ese, la mejor cinta jamás realizada con el intrépido periodista rubio del flequillo imposible, pero como adaptación de la obra del guionista y dibujante belga comete algunos fallos graves que pasaremos a enumerar más tarde y que son lo que no permiten que el triunfo de la película del director de Amistad o El Diablo Sobre Ruedas sea total.




Como su propio subtítulo indica Las Aventuras de Tintín: El Secreto del Unicornio está basada principalmente en el álbum homónimo que vio la luz por primera vez en entregas entre los años 1942 y 1943 dentro del diario Le Sour y que narra el descubrimiento por parte de Tintín en un mercadillo de una maqueta de barco llamada Unicornio que finalmente resulta tener dos réplicas idénticas más y una relación que tiene bastante que ver con un antepasado directo de su gran amigo el Capitán Haddock y la enemistad de aquel con su letal enemigo, el pirata Rackham el Rojo, Por otro lado también toma gran parte del argumento de su continuación, El Tesoro de Rackham el Rojo y de Tintín: El Cangrejo de las Pinzas de Oro, historieta en la que debutaba por primera vez nuestro ínclito y borrachín capitán y que en las viñetas no estaba conectada de manera explícita con las dos entregas antes mencionadas,




Como previamente hemos adelantado el acabado técnico de Las Aventura de Tintín: El Secreto del Unicornio es del todo intachable. Gracias al formato de motion capture Steven Spielberg tiene toda la libertad del mundo para que en un reducido hangar con objetos metálicos y unos actores que prestan su rostro y físico para dar vida a los personajes del largometraje esta producción de 2011 sea tan espectácular, vistosa y enérgica como cualquier entrega de las aventuras de Indiana Jones a las que el director de Always, Parque Jurásico dio vida junto a su amigo y colaborador George Lucas. Gracias a la ya mencionada caputura de movimiento Spielberg consigue que todos los matices de su soberbio casting de actores quede en gran parte retratados en pantalla gracias a las altas tecnologías digitales que sustentan el acabado plástico del proyecto.




Ese reparto que mencionamos consta de Jamie Bell dando vida a un perfecto y dinámico Tintín, el habitual de la captura de movimiento Andy Serkis dando clases de interpretación en la piel digital del mejor personaje de las historietas de Hergé, el entrañable capitán Haddock que él aborda de manera intachable al igual que a su antepasado Francis Hadoque, Daniel Craig infundiendo carisma y respeto como Sakharine o Rackham el Rojo, los amigos Simon Pegg y Nick Frost bordando unos impagables Hernández y Fernández,Toby Jones que tiene su momento de gloria como el cleptómano ladrón de carteras Silk y finalmente huelga mencionar a un Milú totalmente digital que se gana el corazón del espectador desde el primer momento. Todos ellos ofrecen una magnífica labor que Spielberg, Jackson y compañía saben extrapolar al celuloide gracia a su profesionalidad y conocimiento de un formato lleno de posibilidades que todavía hoy está en pleno desarrollo.




Como previamente hemos mencionado gracias a la captura de movimiento que desemboca en efectos digitales Spielberg consigue que los personajes que los actores abordan con total convicción sean reconocibles para los lectores habituales. Todos ellos gracia a su diseño parecen salidos directamente de las viñetas. El colorido, la simpatía, la aventura, la elegancia de las criaturas de Hergé las encontramos en la pantalla y gracias al magnífico guión que Wright, Moffat y Cornish escriben a seis manos el respeto a la esencia de las historietas del autor belga es tan perfeccionista como cariñoso. Pero el mayor fallo de La Aventuras de Tintín: El Secreto del Unicornia nace precisamente de su brillante apartado visual, ese con el que Spielberg asienta su puesta en escena y el que por desgracia nos ofrece de manera errónea una visión de las aventuras de un cómic europeo como Tintín por el filtro de una mirada totalmente estadounidense.




La sobreproducción vsiual y formal con la que Spielberg quiere ejecutar su versión de Tintín choca frontalmente con el clasicismo, la secillez y fluidez sutil de aquella "línea clara" que fuera seña de identidad de la obra de Hergé. Travellings imposibles, planos secuencia interminables en continuo movimiento, escenas de acción aparatosa (ojo, siempre bien ejecutadas y ensambladas, Spielberg no es un Michael Bay o Roland Emmerich de mala muerte) y un ritmo demasiado frenético hacen que estilísticamente la obra que nos ocupa no pueda encontrarse más en las antípodas de las historietas que todos conocemos, antojándose todo como si los personajes de Tintín, Haddock o Milú hubieran salido de sus viñetas para ir a para al interior de una película del actual Hollywood más comercial del tipo Piratas del Caribe. Dicho fallo es grave, porque hiere al film como traslación de un medio a otro, pero evidentemente no daña su, por otro lado, portentoso acabado cinematográfico.




En resumidas cuentas Las Aventuras de Tintín: El Secreto del Unicornio es una excelente cinta de animación en la que todos los profesionales implicados en ella se entregaron al máximo para dar forma a un producto de calidad con el que los espectadores profanos disfrutaran y los lectores habituales del reportero belga reconocieran a los personajes con los que se criaron. El problema es que estos últimos, entre los que me incluyo aunque no soy un seguidor irredento, se darán cuenta de que la obra de Hergé ha sido aquí víctima de una sobredosis de esteróides con un Spielberg que aunque muestra todo su potencial como cineasta para todos los públicos puede que no fuera el más adecuado para esta adaptación de Tintín, Veremos qué tal queda esa secuela dirigida por Peter Jackson, que como director parece tener una visión más fiel a la estética de este clásico, uno de los bande desinee más importantes de la historia europea del medio.



jueves, 18 de diciembre de 2014

El Hobbit: La Batalla de los Cinco Ejércitos



Título Original The Hobbit: The Battle of the Five Armies (2014)
Director Peter Jackson
Guión Philippa Boyens, Peter Jackson, Fran Walsh, Guillermo del Toro basado en el libro de J.R.R. Tolkien
Actores Martin Freeman, Ian McKellen, Richard Armitage, Luke Evans, James Nesbitt, Aidan Turner, Evangeline Lilly, Ken Stott, Graham McTavish, Jed Brophy, Stephen Hunter, John Callen, Adam Brown, Dean O'Gorman, William Kircher, Peter Hambleton, Mark Hadlow, Cate Blanchett, Lee Pace, Orlando Bloom, Hugo Weaving, Billy Connolly, Christopher Lee, Stephen Fry, Ryan Gage, Ian Holm, Sylvester McCoy, Manu Bennett




El director neozelandes Peter Jackson pone con El Hobbit: La Batalla de los Cinco Ejércitos final a la segunda trilogía cinematográfica salida de su mano para trasladar la palabra del escritor J.R.R Tolkien a imagen real. La primera, que adaptaba las tres novelas que formaban El Señor de los Anillos, fueron un éxito arrollador de crítica y público que se llevó a casa 17 Oscars en total. Esta nueva saga de también tres entregas que abarcan la primera novela del autor del Silmarilion no ha sido recibida con tanta unanimidad por culpa de las malas decisiones que el cineasta de Mal Gusto tomó para extrapolarla a la pantalla grande, como alargar lo indecible pasajes que eran breves en el libro, inventarse otros protagonizados por personajes innecesarios o ser en cierta manera infiel tanto conceptualmente como en tono a aquellas poco más de 300 páginas.




Pero al igual que sucedía con El Hobbit: Un Viaje Inesperado y El Hobbit: La Desolación de Smaug Peter Jackson sabe qué teclas tiene que tocar para que nos derritamos como fans de la franquicia y así pasemos por alto el afán sacacuartos tanto de él mismo como de las cabezas pensantes de las distintas productoras (Warner Bros, Metro Goldwyn Mayer, New Line Cinema) que se encuentran detrás de la gestación de esta nueva serie de tres largometrajes. Por cada infidelidad, interminable pasaje o inservible relación interpersonal entre roles secundarios, nos regala momentos de mastodóntica épica, celuloide dinámico con muy buen gusto y unas batallas multitudinarias que se revelan como lo mejor de la velada




El Hobbit: La Batalla de los Cinco Ejércitos (la película anteriormente conocida con el título mucho menos impactante de El Hobbit: Partida y Regreso) sigue la tónica de su predecesora, o lo que es lo mismo, hiperbolizar todos los fallos y aciertos de la primera entrega estrenada el año 2012. La historia comienza justamente donde acababa la anterior cinta con un Samug desatado y enfurecido dispuesto a arrasar la Ciudad del Lago. Este prólogo soberbio, de lo mejor del film, parece que Peter Jackson quiere quitárselo pronto de en medio, privándonos de más minutos de metraje del enorme e intimidante dragón en pantalla, para pasar a un desarrollo de la trama en el que el autor de Braindead cae de nuevo y con más descaro que nunca en el mayor fallo que arrastra esta nueva trilogía cinematográfica relacionada con los personajes de J.R.R. Tolkien.




Después de ese brutal pasaje con Smaug como núcleo central de la historia el Peter Jackson más rastrero sale a la luz. Ese que con tal de satisfacer a los fans de la saga cinematográfica a la que él dio inicio hace doce años es capaz de adulterar de manera vergonzante el libro que está adaptando. El neozelandes lleva hasta el extremo su intención por alargar pasajes de manera innecesaria o por añadir otros que nunca tuvieron lugar en el libro de 1937 y con ello justifica la inclusión de personajes que poco o nada pintan en la película como Saruman, Galadriel, Elrond o el mismo Légolas, que a partir de la segunda cinta copa un protagonismo que Jackson y sus guionistas se han sacado de la manga y al que han puesto como complemento el rol de Tauriel que, una vez más, está metido con calzador y forma parte del en casi todos momentos insufrible romance con el enano Kili.




Antes de llegar a todo el caldo de cultivo que da pie a la batalla que da título al largometraje Jackson nos hace tragar morralla, pasajes de relleno que o bien se inventa él mismo o toma prestados de distintos escritos del universo tolkieniano, Como sucede en las dos anteriores entregas la cinta flaquea cuando se centra en esos añadidos caprichosos que sólo consiguen abultar innecesariamente un metraje que a todas luces podía haber sido mucho más efectivo sin tanta duración, aunque sería de necios afirmar que el film se hace aburrido, algo que no sucede en ninguno de los 144 minutos (es la película más corta de esta nueva trilogía) que dura el viaje. Y por otro lado el film ofrece lo mejor de sí mismo cuando adapta con una fidelidad encomiable las páginas que si dieron forma a la novela que sirve como base argumental de la obra cinematográfica.




Una vez más Peter Jackson amalgama el tono de aventura ligera de la novela El Hobbit con la epicidad extrema que insufló a la anterior trilogía cinematográfica, siendo así algo infiel (aunque no más de lo que lo fue con las dos entregas previas a esta) al tono de la primera novela de J.R.R. Tolkien. Esta mezcolanza no siempre se muestra compacta en pantalla y se revela en ocasiones bastante descompensada, pero el director de Criaturas Celestiales ya conoce el imaginario tolkieniano como la palma de su mano y sabe qué resortes debe tocar para que su film se revele como un canto de amor hacia la Tierra Media sustentado en las bases del mejor cine comercial que pueda ofrecernos el celulodie actual. El resultado deja considerablemente satisfecho a la mayoría de espectadores aún dejando notar varios fallos irritantes a lo largo del metraje.




Y algunos de ellos parecen indignos de la profesionalidad y las tablas que el cineasta neozelandes lleva a sus espaldas a estas alturas. Como la ya mencionada innecesaria historia de amor de Tauriel y Kili que desemboca en triángulo emocional con la presencia de un Légolas en modo pagafantas, el poco metraje de la mayoría de enanos que habían tenido momentos más destacados en los dos films previos, el peso que se da a secundarios estúpidos e intragables como el Alfrid de Ryan Algig (insoportable rol de relleno pretendidamente cómico y que no pasa de cliché andante) y el que se le resta al Bilbo Bolson de un esforzado Martin Freeman que si en Un Viaje Inesperado o La Desolación de Smaug parecía un secundario más, aquí es casi un personaje anecdótico si no contamos las puntuales escenas en las que cobra le importancia que merece y sí tenía en todo momento en el libro original.




Pero por otro lado, y como ya hemos aventurado previamente, Peter Jackson sabe lo que hace y en El Hobbit: La Batalla de los Cincon Ejércitos echa toda la carne en el asador. Gracias a su habitual puesta en escena y a su conocimiento del universo de la Tierra Media se permite rematar esta trilogía con algunos de los mejores pasajes de los tres largometrajes. Desde el ya mencionado prólogo con Smaug el Terrible copando todo el protagonismo junto al impagable Bardo de Luke Evans hasta el viaje a la locura de un sobresaliente (aunque algo desdibujado) Richard Armitage en la piel de Thorin Escudo de Roble o la recta final de la película con todo lo referido a la batalla de los cinco ejércitos y su previa gestación en la que el director ofrece algunos de los momentos más vibrantes, épicos y sólidos de toda su carrera con ese descomunal enfrentamiento entre enanos, orcos y elfos que no sólo es un dechado de técnica cinematográfica sino que también adapta con pericia inquebrantable dicha etapa de la novela original.




Con esta última entrega Peter Jackson pone punto ¿y final? a esa incursión en la obra literaria de J.R.R. Tolkien que tantas satisfacciones le ha dado. Evidentemente como trilogía queda muy lejos de la de El Señor de los Anillos y su vergonzoso alargamiento se debe únicamente a las intenciones económicas de su creador, qué paradójicamente se ve muy bien reflejado a sí mismo en el film con ese Thorin Escudo de Roble que se ve devorado por la avaricia por culpa del "mal del dragón" que hereda de Smaug. Pero al igual que sus predecesoras El Hobbit: La Batalla de los Cinco Ejércitos es heredera del mejor cine clásico de aventuras, una muestra del celulolide comercial del siglo XXI más disfrutable y competente, una obra que dignifica con su sola presencia las carteleras de todo el mundo. Porque como adaptación de la novela El Hobbit podemos cuestinarla desde varios puntos de vista, pero como pieza de evasión para todos los públicos pocas deficiencias podremos destacarle.



domingo, 29 de diciembre de 2013

El Hobbit: La Desolación de Smaug



Título Original The Hobbit: The Desolation of Smaug (2013)
Director Peter Jackson
Guión Philippa Boyens, Fran Walsh, Guillermo del Toro y Peter Jackson, basado en la novela de J.R.R. Tolkien
Actores Martin Freeman, Ian McKellen, Richard Armitage, James Nesbitt, Aidan Turner, Graham McTavish, Jed Brophy, Luke Evans, Benedict Cumberbatch, Stephen Hunter, Ken Stott, Evangeline Lilly, Orlando Bloom, John Callen, Adam Brown, Dean O'Gorman, William Kircher, Peter Hambleton, Mark Hadlow, Lee Pace, Sylvester McCoy, Cate Blanchett, Mikael Persbrandt, Stephen Fry, Ryan Gage





Nueva entrega de la segunda trilogía que el cineasta neozelandés Peter Jackson está realizando sobre la obra y personajes del escritor inglés de origen sudafricano J.R.R. Tolkien. Al igual que El Hobbit: Un Viaje Inesperado esta secuela está basada en el libro El Hobbit, el primero que el autor de El Silmarillion escribió sobre los personajes de la Tierra Media. El largometraje ha dejado muy satisfecho a un servidor, más que el anterior, pero bien es cierto que todos los aciertos y fallos de aquel se ven acentuados en este, dejando mejor sabor de boca en el espectador pero aumentando en el mismo esa sensación de que el director de Mal Gusto o Braindead nos está tomando el pelo y sacando los cuartos innecesariamente por culpa de su ambición, la de Warner Bros y la de New Line Cinema.




Bilbo Bolsón (Martin Freeman), Gandalf (Ian McKellen) y los trece enanos comandados por Thorin Escudo de Roble (Richard Armitage) siguen su travesía para reclamar el tesoro de Erebor propiedad de los antepasados de este último. En el trayecto atravesarán el Bosque Negro, serán capturados por los elfos comandados Thranduil (Lee Pace), su hijo Légolas (Orlando Bloom) y Thauriel (Evangelin Lily) y tendrán que enfrentarse a los orcos para finalmente llegar a Esgaroth (Ciudad del Lago) con la ayuda de Bardo: El Arquero. Allí el avispado hobbit y sus acompañantes subirán a la Montaña Solitaria para reclamar lo que pertenece a los enanos, no sin antes enfrentarse al gigantesco dragón Smaug que tiene en su poder las riquezas y que no se lo pondrá nada fácil a nuestros viajeros.




El Hobbit: La Desolación de Smaug es la confirmación de que Peter Jakcson es, por un lado, un sacacuartos de cuidado que parece haber hecho un curso intensivo con George Lucas para exprimir hasta el paroxismo sus grandes exitos detrás de las cámaras para enriquecerse monetariamente gracias a unos espectadores que nos tragamos lo que nos echen con tal de ver nuestros personajes favoritos saltar una vez más de las páginas al celuloide. Pero por otro también le oficializa como un amante de su trabajo, un avispado freak que sabe qué debe dar a sus seguidores y cuándo debe dárselo alargando innecesariamente (pero con inteligencia, sarna con gusto no pica) un libro de poco más de 300 páginas en una trilogía que si contamos los montajes extendidos de cada uno de los films que la componen se quedará, más o menos, en un enorme monstruo fílmico de unas nueve horas de metraje a todas luces excesivas.




Esta segunda entrega al igual que la anterior, pero potenciándolo todo exponencialmente, busca esa mezcla del tono de ligera aventura que tiene el libro original con la majestuosidad que poseía la anterior trilogía de El Señor de los Anillos que rodó el director de Criaturas Celestiales durante la pasa década. Por el camino se hiperbolizan los aciertos de esta nueva saga como la acción, el humor, la ya mencionada épica durante las batallas, huídas o persecuciones y secuencias en las que los personajes se lanzan amenazas lapidarias tan propias de las criaturas del imaginario tolkieniano. Pero también se alargan excesivamente pasajes que en el libro se mencionaban de pasada o se introducen subtramas nuevas que no existían en la mencionada novela con la excusa de añadir personajes famosos de la trilogía original (Légolas) o incluir algunos de nuevo cuño (Tauriel) que han sido creados por Jackson sólo para añadir una innecesaria y estereotipada subtrama romática en forma de posible futuro triángulo amoroso.




Porque si bien hay pasajes en The Hobbit: The Desolation of Smaug que podrían adscribirse a los mejores jamás rodados por Jackson dentro de sus adaptaciones de la obra de Tolkien que ha llevado a cabo hasta el momento (la recta final en el Monte Solitario con Smaug contiene momentos brillantes) también hay secuencias que se antojan alargadas y un tanto dispersas. Lo más curioso es que los momentos en los que Jackson más renquea a lo largo del metraje son los que ha inventado como morralla para abultar la duración del film y que en muchas ocasiones son innecesarios. La mayoría tienen que ver con el personaje de Tauriel, que por mucho esfuerzo que ponga Evangeline Lily en interpretarlo no deja de ser un rol añadido totalmente de relleno para el conjunto de la película. Sus alargadas conversaciones con Légolas (cuya presencia aquí está justificada sólo por ser parte de las dosis de fanservice con las que Jackson quiere agasajar a los fans, porque en el libro no aparece) o Kili se antojan pomposas e impropias de la prosa de Tolkien por mucho que el director de The Lovely Bones y sus guionistas quieran emularla.




Pero los fallos que pueda tener el largometraje (y que no lo neguemos, ya estaban en El Hobbit: Un Viaje Inesperado) son solapados con incontables escenas de acción magníficamente rodadas, batallas de notable acabado, persecuciones vertiginosas (la de los barriles funciona al 100% y los añadidos de humor le sientan como "un anillo") y unos efectos digitales que superan a los de la primera parte y que aunque dan la impresión de que el film está sobreproducido (¿qué películas de las de Jackson relacionadas con El Señor de los Anillos no lo están?) casi en todo momento están al servicio de la historia. Para acentuar ese tono épico que tan bien le queda al neozelandes (y que en El Hobbit como obra literaria aún no estaba, digan lo que digan) se permite licencias como incluir a Saurón como oscura amenaza en la sombra que en el primer libro de Tolkien sobre los personajes de la Tierra Media era inexistente pero que aquí le sirve para darle más minutos de metraje a Gandalf cuando comienza su aventura paralela en solitario al investigar las tumbas de Nazgûl.




Hay momentos muy logrados como el tono amenazante del pasaje con las arañas gigantes, el ya mencionado de los rápidos con los barriles y el ataque (metido con calzador en el guión pero muy conseguido) por parte de los elfos comandados por Légolas y Tauriel a los orcos, estos también amenazantes y muy conseguidos gracias a los efectos digitales algo que ya se dejaba notar en la primer parte. Peter Jackson inyecta vivacidad a la cámara (a veces demasiado) y su ya famosa puesta en escena logra que los 160 minutos del metraje no pesen en ningún momento porque la trama no da un respiro a la platea. Al guión sí le podríamos poner fallos con respecto a añadir relleno o alargar pasajes como ya he mencionado previamente pero lo más reprobable es que el mismo Bilbo es un personaje más secundario aún que en la primera parte, aunque dicha mácula se compensa con lo logrados que están los momentos en los que él es protagonista absoluto.




Pero sí, Smaug es el mayor acierto de la película. La presencia del dragón se antoja titánica, poderosa, inmensa, su diseño es excelente y posiblemente nunca se ha visto en pantalla a una de estas criaturas mitológicas lanzar lenguas de fuego tan brutales como las que podemos ver en esta película. Hasta la voz del personaje (en la versión original la imponente de Benedict Cumberbatch, en castellano la muy convincente de Iván Muelas y nadie lo diría pensando que puso voz a Will Smith en El Principe del Bel Air, Nicholas Brendon en Buffy Cazavampiros o Philip J. Fry en Futurama, voces juveniles y normalmente agudas) tiene fuerza, personalidad y carácter. Por descontando que en pantalla grande y 3D (buen uso del formato, mejor que en la primera parte. aunque no así los 48fps que por muy buena resolución que tengan aceleran en demasía los pasajes dinámicos y convierten en algo confusas las escenas de acción) la presencia de Smaug se disfruta mucho más tanto en imagen como en sonido.




El Hobbit: La Desolación de Smaug sigue la senda de la anterior entrega pero para el que suscribe la depura y supera. Por el camino como ya he comentado tenemos hallazgos y fallos, escenas memorables y pasajes olvidables, traslaciones fieles de las letras a imágenes y la inclusión de subtramas innecesarias y vacuas que lo único que hacen es entorpecer el desarrollo de la historia principal. Pero Jackson es perro viejo y nos sigue regalando a un Bilbo tan astuto como dubitativo, un Thorin carismático y con personalidad, un Gandalf sabio y entrañable, unos enanos bonachones y nobles y unos elfos orgullosos y guerreros, todos interpretados por unos actores que saben lo que hacen y localizando su historia en una Tierra Media vasta e infinita sustentada en un diseño de producción a la altura y un director al que podemos tildar tanto de genio como de tahúr. El caso es que el viaje sigue mereciendo la pena y un servidor ya tiene ganas de ver esa El Hobbit: Partida y Regreso que abarcará una enorme batalla final que esperemos esté a la altura.


domingo, 16 de diciembre de 2012

El Hobbit: Un Viaje Inesperado



Título Original The Hobbit: An Unexpected Journey (2012)
Director Peter Jackson
Guión Guillermo del Toro, Philipa Boyens, Fran Walsh y Peter Jackson
Actores Martin Freeman, Ian McKellen, Richard Armitage, James Nesbitt, Aidan Turner, Graham McTavish, Jed Brophy, Stephen Hunter, Ken Stott, John Callen, Adam Brown, Dean O'Gorman, William Kircher, Peter Hambleton, Mark Hadlow, Hugo Weaving, Andy Serkis, Sylvester McCoy, Cate Blanchett, Christopher Lee, Elijah Wood, Ian Holm, Barry Humphries, Jeffrey Thomas, Lee Pace, Conan Stevens, Bret McKenzie





Retorno cinematográfico a la Tierra Media de mano de Peter Jackson, el director y guionista que llevó a magníficas imágenes la trilogía literaria de El Señor de los Anillos creada por el escritor inglés de origen sudafricano, J.R.R. Tolkien en tres largometrajes durante la década pasada, consiguiendo un éxito descomunal de crítica y público y 17 premios de la academia. En esta ocasión se adapta el primer libro que el afamado novelista editó sobre estos célebres personajes, El Hobbit, viendo la luz en 1937 y sin el éxito  que posteriormente tendrían sus continuaciones literarias.




Poco tiempo después del estreno de El Retorno del Rey empezaron a escucharse noticias sobre la adaptación cinematográfica de El Hobbit. Por aquel entonces el proyecto iba a estar impulsado, escrito y producido por el mismo Peter Jackson (lo que era un seguro de vida tras ver su excelente trabajo previo con la obra de Tolkien) y dirigida por el mexicano Guillermo del Toro, director de Hellboy 1 y 2, El Laberinto del Fauno y de la próxima Pacific Rim. Finalmente por problemas de fechas Jackson se hizo de nuevo con la dirección del proyecto y Del Toro pasó a a ser co guionista del mismo.




Hace unos meses se supo que la novela, que en un principio iba a ser adaptada en dos largometrajes, finalmente pasaría a ser llevada a la pantalla grande en tres. Una idea que tenía poco de lógica y sí mucho de interés económico para alargar innecesariamente un texto de no más de 360 páginas con la intención de convertir una modesta obra literaria en otra ambiciosa trilogía cinematográfica sin existir motivos de peso para que el proyecto se abordara de esta manera. El resultado del primer largometraje es en líneas generales muy bueno, pero se le notan algunas carencias conceptuales y estilísticas, sobre todo por lo esperable, el excesivo relleno introducido en el film y el considerable alargamiento de bastantes de los pasajes de la película.




Bilbo Bolsón (Martin Freeman) es un apacible y tranquilo hobbit que vive en paz en la comarca. Un día el mago Gandalf (Ian McKellen) lo visita con un grupo de 13 enanos comandados por Thorin, Escudo de Roble (Richard Armitage) el Rey Bajo la Montaña. Este variopinto club le propondrá iniciar un aventura cuyo fin es recuperar el oro del reino de su pueblo que robó el terrible dragón Smaug. Aunque reacio en principio a la propuesta, Bilbo acabará aceptando la misma. En el trayecto el hobbit, Gandalf y los enanos se enfrentarán a trolls y orcos, visitarán Rivendel, la tierra de los elfos y sufrirán incontables infortunios para llegar a cumplir su complicada misión.




Hay muchas cosas buenas y alguna mala en El Hobbit: Un Viaje Inesperado. La que más llama la atención es que si se ha leído la novela en la que se basa el largometraje uno es consciente (sin enfadarse, pero sí con cierta ironía y sorna) que Peter Jackson se la está dando con queso, que la película está repleta de relleno y subtramas innecesariamente alargadas que en el libro o son mencionadas de pasada o ni siquiera existen como tales en sus páginas. Pasajes que en la novela se despachan en pocas líneas (en un capítulo como mucho) en la cinta pueden durar más de 40 minutos (la cena en casa de Bilbo que sirve como reunión para todo el grupo), pero claro, Jackson sabe lo que hace, inyecta un ritmo espídico, llena todo de referencias e intertextualidad tanto cinematográfica como literaria y da al espectador, y sobre todo al fan de la trilogía anterior o del mismo Tolkien, lo que demanda, pan y circo.




La cinta hereda gran parte de la épica de las anteriores entregas, el guión interconecta personajes y situaciones y Jackson una vez más demuestra que sabe cómo llevar a imágenes el imaginario tolkiano en todo su esplendor, llenando la Tierra Media de hobbits, elfos, trasgos, orcos y demás criaturas fantásticas. Los personajes son fieles a los retratados en el libro (la mayoría de los enanos no están muy definidos, al igual que pasaba en el material escrito) pero el tono de la novela y el rol que ejerce Bilbo en la misma se ven en pantalla algo tergiversados.




La adaptación cinematográfica de El Hobbit sesga de una tacada casi todo el tono de ligereza narrativa y literatura infantil (Tolkien escribió en un principio el libro para sus propios hijos) que contiene la novela y que lo diferencia del que poseían el resto de textos de la saga. Cierto es que hay momentos en que el espíritu desenfadado del escrito se ve en pantalla (sobre todo en el pasaje en el hogar de Bilbo) pero más tarde Jackson se entrega a una trascendencia que en cierta manera chirría un poco, por mucho que esta sea acorde en espíritu con la que transmitían los tres anteriores films.




Por otro lado como ya he mencionado hay bastantes momentos en los que Bilbo queda en un considerable segundo plano algo molesto, depositando la trama el protagonismo en Gandalf, Thorin o el grupo de enanos. La idea en principio no es mala, pero en la novela Tolkien conseguía darle peso a los personajes secundarios sin dejarnos de transmitir que el hobbit (que no por nada da el nombre al libro) era el núcleo central de la historia que nos estaba relatando, que la misma gira alrededor suyo y que sin él esta no podría desarrollarse adecuadamente. Por suerte estos momentos son pocos y los que tienen al tío de Frodo Bolsón como protagonista brillan considerablemente.




No se podría hablar de un gran trabajo actoral, demasiado maquillaje (James Nesbitt irreconocible como Bofur) y un considerable número de personajes impiden hacer una adecuada evaluación valoratiba del trabajo del reparto. Pero por descontado que Martin Freeman está harto creíble como Bilbo Bolsón, que Ian McKellen sigue magistral como Gandalf, que Richard Armitage transmite carisma, grandeza y fuerza como Thorin (magistral el flashback de la batalla de Azanulbizar, posiblemente el mejor pasaje del largometraje) aunque su personaje es bastante más arisco que en el libro. Pero mi corazoncito se va una vez más (puede que por eso Las Dos Torres sea mi película favorita de la trilogía original porque ahí "lo vi por primera vez") con un inmenso Gollum más Gollum que nunca (Andy Serkis merece un monumento) con momentos brillantes en su corta intervención y con apuntes de humor sencillamente inolvidables.




Los fallos que pueda tener el guión o el montaje Peter Jackson los suple con una épica desatada (cómo pone la piel de gallina el momento en que Thorin va a atacar a Azog aunque la secuencia desemboca en un decepcionante coitus interruptus) fan service para satisfacer a los seguidores (Frodo, Galadriel y Saruman metidos con calzador, las primeras notas musicales de los temas más conocidos de la banda sonora compuesta por Howard Shore para las películas anteriores sonando de fondo en momentos puntuales) un ritmo endiablado y mucha aventura. Además, el polémico formato 48fps es todo un acierto, la nitidez y definición de la imagen son soberbias y las escenas de acción ganan en grandilocuencia y acabado artístico. Por el lado malo los efectos digitales pierden algo de solidez, aunque cuando están muy bien trabajados (como en los casos de Azog y Gollum) no se nota.




A Peter Jackson le ha salido bien la primera jugada. Sigue en forma a la hora de transformar en imágenes la letra de Tolkien y entiende perfectamente ese mundo fantástico. Por el camino se cometen fallos, se alargan y añaden tramas innecesariamente (en ese sentido seguro que los que no hayan leído el libro no notarán tanto esos errores) para exprimir al máximo la gallina de huevos de oro, pero en el proceso somos testigos de un cine de aventuras de calidad, con reminiscencias al celuloide comercial americano de los 80 (inevitable en ocasiones pensar en Dentro del Laberinto o Cristal Oscuro) que finalmente se revela como uno de los productos cinematográficos más agradecidos de la temporada.



sábado, 20 de febrero de 2010

The Lovely Bones, tears in heaven


Director: Peter Jackson (2009)
Guión: Fran Walsh, Philippa Boyens & Peter Jackson basado en la novela de Alice Sebold
Actores: Saoirse Ronan, Mark Wahlberg, Rachel Weisz, Stanley Tucci, Susan Sarandon, Michael Imperioli, Amanda Michalka


Peter Jackson si hizo mundialmente conocido por la adaptación al celuloide que hizo de la célebre y mastodóntica novela El Señor de los Anillos del escritor británico de origen sudafricano J.R.R. Tolkien. El director neozelandés dio sus primeros pasos dentre del género gore más descerebrado, con obras como Mal Gusto y la maravillosamente excesiva Braindead, pero no recibió alabanzas de la crítica mal llamada seria, hasta que realizó la que posiblemente sea su mejor obra, Criaturas Celestiales, una trágica historia inspirada en hechos reales sobre dos amigas que cometieron un asesinato en la Nueva Zelanda de los años 50.




En The Lovely Bones, Jackson quiere volver a la senda que abrió con la ya mencionada cinta protagonizada por Kate Winslet y Melanie Linskey, fusionando el mundo real con uno de fantasía, contando una trágica historia con grandes cargas de onirismo, pero el resultado es un estrepitoso fracaso a todas luces desconcertante. Un producto que cruza demasiado pronto la línea de la más burda de las pretenciosidades.




La primera media hora de The Lovely Bones es de una intachabe corrección formal. Jackson nos presenta a los personajes, nos muestra su puesta en escena y deja que fluya la historia, hasta que llegamos a la escena que sirve de catalizador para toda la subtrama del film y ahí el director mete la pata hasta el fondo. En cuanto el mundo fantástico de Susie hace presencia en pantalla la última película del creador de Agárrame Esos Fantasmas se auotoinmola bestialmente.





Es terrible que un señor que ha sabido llevar con maestría la Tierra Media al mundo real y que nos ha regalado en muchos de sus films imágenes de fantasía casi palpables para el espectador, haya dado forma a un mundo onírico tan pueril, digno de una mezcla entre un anuncio de compresas y un videoclip de Hannah Montana (ese horripilante uso del maraviloso tema Song to the Siren de This Mortal Coil). Para colmo los efectos digitales usados son dignos de una película de animación de bajo presupuesto y la aportación de dicha subtrama al film es practicamante nula, ya que cuando el director podría enriquecer su obra analizando la psicología de los personajes de la familia de Susie, decide erroneamente saturarnos con pretenciosas y vacuas imágenes alucinógenas que parecen descartes edulcorados de las del Terry Gilliam de Los Héroes del Tiempo.





De vuelta a la realidad la trama central es más coherente cinematográficamente hablando, pero tampoco es del todo correcta, por culpa de los graves fallos de guión. No se incide nada en las motivaciones de los personajes, los de Whalberg y Weisz son planos hasta la extenuación y la sorna y buen rollo del de Susan Sarandon chirrían descaradamente. Para colmo, el rol que pide a gritos ser tratado con complejidad y visión medianamente adulta, el de un esforzado Stanley Tucci, da verdadera pena por lo mal perfilado que está.





Cuando un director consigue un gran logro dentro del séptimo arte, las productoras deciden darle carta blanca para que despliegue su libertad creativa sin límitación alguna. The Lovely Bones es la clara muestra de que esto no siempre se salda con un éxito. La película número once de Peter Jackson es un fallido y presuntuoso intento por hacer un cine de profundo calado, pero tomando como base clichés, lugares comunes y simplicidad conceptual y narrativa. Siendo un poco más humilde se puede llegar mucho más lejos, así si fallas la caída no será tan estruendosa, porque esta ha sido una de ellas.