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jueves, 25 de marzo de 2021

Persépolis, nous sommes le cri de ceux qui ne sont plus là



Título Original Persepolis (2007)
Director Marjane Satrapi y Vincent Paronnaud
Guión Marjane Satrapi y Vincent Paronnaud, basado en el cómic de Marjane Satrapi





De 2002 a 2003 la editorial francesa L’Association publicó en cuatro volúmenes Persépolis, el primer cómic escrito y dibujado por la autora iraní, afincada en Francia, Marjane Satrapi. Persépolis narraba la vida de Satrapi desde su infancia en Teherán durante la revolución islámica a finales de los 70 y principios de los 80 hasta su adultez ya asentada definitivamente en Europa, concretamente en Francia. La historia se centraba en la relación de la autora con su familia, padres y abuela, y los cambios sociopolíticos en los que se vio envuelta Irán tras el fin de los cincuenta años de reinado del sha de Persia, dando paso a la república islámica. Durante las cuatro entregas la pequeña Marjane de diez años va creciendo y enfrentándose a la represión de un régimen fundamentalista islámico que le impide ejercer sus derechos como ciudadana y mujer, viajando posteriormente a Austria para seguir con sus estudios y conociendo un nuevo mundo en el que encuentra la consolidación de su ideología política, el primer amor, la música, el arte y también la soledad. Cuatro años después, en 1988, vuelve a Teherán tras el fin de la guerra entre Irán e Iraq que se declaró ocho años antes, para un lustro más tarde y un matrimonio fallido, mudarse definitivamente a Francia a petición de su familia, deseosa de que la joven Marjane pudiera vivir como una mujer libre e independiente.




Al poco de ser publicada Persépolis se convirtió en una las obras más importantes, no ya de la bande desinée franco-belga, sino de la historia del cómic de principios del siglo XXI. Con una humildad repleta de desnudez y un sencillo dibujo en blanco y negro, aunque poderosamente expresivo, Marjane Satrapi configuraba una obra destinada a perdurar en la memoria colectiva tomando en cierta manera el relevo del Maus de Art Spiegelman, para hablar a las nuevas generaciones de la lucha entre progreso y fundamentalismo a la que se vio abocada durante su infancia y adolescencia. Persépolis fue un éxito a nivel mundial con enormes ventas de sus cuatro volúmenes y el respaldo de una crítica especializada que cayó rendida a los pies de la iraní. Como es lógico un cómic tan reputado y conocido como Persépolis difícilmente iba a librarse de conocer una adaptación cinematográfica que, por su peculiar acabado artístico, no podía ser extrapolado con verdadera fidelidad a imagen real, pero sí al celuloide animado. En 2007 Marjane Satrapi y el también historietista Vincent Paronnaud, tras asociarse con los productores Xavier Rigault y Marc-Antoine Robert, fueron los encargados de escribir y dirigir la película de Persépolis, que al igual que su hermana en viñetas supuso un triunfo internacional.


La implicación activa de Marjane Satrapi como guionista, directora y una de las principales impulsoras del proyecto aseguraba una notoria fidelidad a la obra a la que dio forma a lo largo de más de tres años para capturarla en una producción cinematográfica de 95 minutos de duración, algo que probablemente otro realizador no conseguiría o aspiraría a llevar a cabo. Lo que no era tan fácil de predecir, y que tras la puesta de largo de la película pudo confirmarse de manera cristalina, es que Persépolis iba a ser una pieza brillante tanto en el fondo como en la forma. Más allá de conseguir encapsular la esencia y el espíritu del cómic original es un hecho irrefutable que la cinta de Marjane Satrapi y Vincent Paronnaud ejecuta un despliegue visual impecable, experimentando con el acabado artístico para enriquecer el conjunto de la obra, pero sin caer en ningún momento en el exceso, el artificio o la innecesaria sobredosis visual de otras adaptaciones cinematográficas de productos de la bande dessinée como la de Las Aventuras de Tintín y el Secreto del Uncornio (Steven Spielberg, 2011) que desde una perspectiva tonal poco tenía que ver con la “línea clara” de Hergé.



Si abordar la adaptación cinematográfica de Persépolis como una película animada era no sólo un acierto, sino lo más lógico, que la animación elegida fuera la tradicional terminó por confirmar lo avispados que fueron sus máximos responsables y lo conocedores que eran de la obra primigenia en papel que les servía de base, en el caso de la misma Marjane Satrapi con más motivo todavía. Se antoja todavía inexplicable cómo los dos directores y su extenso equipo de animadores consiguieron alternar con tanta pericia pasajes en los que el acabado estilístico mantiene un tono contemplativo y contenido, con otros en los que este juega y experimenta con las texturas, la composición, los fondos o la profundidad de campo llegando a ejecutar secuencias que se encuentran entre lo mejor del cine animado de los últimos años. Satrapi y Paronnaud se complementan y mimetizan con maestría y juntos son capaces de, al igual que acontecía con el cómic, transmitir emociones que van desde la ternura a la tristeza, la impotencia, el terror o la comicidad mientras las imágenes crean una armónica comunión las unas con las otras emulando la secuencialidad que desplegó la autora de Pollo Con Ciruelas, pero llevando esta a límites paroxistas de elegancia y meticulosidad.



El guión, asignado también a Marjane Satrapi y Vincent Paronnaud como previamente hemos apuntado, consigue trasvasar con respeto y cariño, el esperado por la creadora del mismo estando al frente de la producción, aquello que convirtió Persépolis en uno de los cómics más importantes de la historia contemporánea del medio. Pero como es lógico de un trabajo que cuenta en total con más de 350 páginas había que sacrificar parte del contenido y no ya sólo pasajes concretos, sino capítulos en su totalidad, ya que los escasos 95 minutos que componen el largometraje no permitían ser fieles al 100% a la obra. A pesar de esto los pasajes más importantes del trayecto vital de Marjane Satrapi retratados en las viñetas tienen su lugar en la adaptación cinematográfica y el hecho de concentrarse en ellos de manera más concreta y exhaustiva ofrece un ritmo impecable a la propuesta en el que drama y comedia se alternan con meticuloso virtuosismo. El ya citado hallazgo que supone el acabado estilístico adscrito a la animación de Persépolis encuentra en el guión de los mismos autores al perfecto compañero de viaje compactando una pieza capaz de funcionar a la máxima de sus posibilidades en cualquier apartado, siempre manteniendo un perfil humilde que no la induce a cargar las tintas, nunca mejor dicho, a la hora de llegar al espectador.



Las voces de los actores Chiara Mastroianni, Danielle Darrieux, Catherine Deneuve, Simon Abkarian, Gabrielle Lopes Benites o François Jerosme, que en la versión original en francés llenan de vitalidad y verdad a sus personajes, sirven como colofón a una obra a la que no puedo calificar de otra manera que no sea obra maestra. Marjane Satrapi, con la inestimable ayuda de Vincent Paronnaud en la escritura y dirección, triunfó nuevamente cuando adaptó al medio cinematográfico el trabajo por el que pasará a la posteridad. Persépolis recibió incontables nominaciones y galardones en el año de su estreno, siendo los más importantes el premio del jurado en el festival de Cannes y la nominación al Oscar a la mejor película animado que perdió, de manera injusta, frente a Ratatouille. Desgraciadamente, mientras el cómic es asiduo a la hora de hacer rankings de los mejores trabajos del siglo XXI, la película ha caído en un injusto olvido del que merece ser rescatada. En Transgresión Continua hemos puesto nuestro grano de arena para reivindicar una joya de inabarcable valor como esta Persépolis 2007 que marcó sólo el punto de inicio de Marjane Satrapi como directora. Ya que años después volvería a asociarse con Vincent Paronnud para adaptar su segundo cómic, Pollo Con Ciruelas (2011), a dirigir a Ryan Reynolds en The Voices (2014) o a rodar un biopic de Madame Curie con Rosamund Pike. No está nada mal para una pequeña niña iraní que triunfó teniéndolo todo en contra.


jueves, 31 de diciembre de 2020

Blueberry: La Experiencia Secreta, la senda de los malditos

 


Título Original Blueberry: L'Expérience Secrète (2004)
Director Jan Kounen
Guión Jan Kounen, basado en el cómic de Jean-Michel Charlier y Jean Giraud
Reparto Vincent Cassel, Juliette Lewis, Michael Madsen, Eddie Izzard, Colm Meaney, Temuera Morrison, Nichole Hiltz, Hugh O’Conor, Geoffrey Lewis, Ernest Borgnine, Djimon Hounsou, Vahina Giocante





En el año 1963 nacía dentro de la icónica revista francesa, Pilote, una serie enraizada en el género western titulada Blueberry, de cuya autoría se responsalizaban el guionista Jean-Michel Clarlier y el dibujante Jean Giraud. A lo largo de más de cuatro décadas, incluso después de la triste desaparición de uno de sus dos creadores, las aventuras del Teniente de Caballería Mike Steve Donovan, alias “Blueberry”, deleitaron a millones de lectores de distintas generaciones convirtiéndose en un icono de la bande desinée francobelga hasta el punto de dar lugar a otras dos colecciones tituladas La Juventud de Blueberry y Marshall Blueberry. Llegado el año 2004 y sin encontrar el medio cinematográfico europeo un reflejo de aquella nueva era dorada de las adaptaciones de cómics estadounidenses al séptimo arte que daba por aquel entonces sus primeros pasos, el cineasta francés, de origen holandés, Jan Kounen se encargó de llevar el cómic de Charlier y Giraud a la pantalla grande. Además de algunos cortometrajes la única referencia que se tenía por aquel entonces de dicho director era su ópera prima en el largometraje, Dobermann, adaptación de la novela homónima de Joël Houssin protagonizada por Vincent Cassel, Monica Belucci, Tchéky Karyo o Romain Duris transfigurada en un polémico y violento cómic con reminiscencias tarantinianas del que destacaba un efectista acabado visual.




En honor a la verdad no eran pocos los alicientes interesantes relacionados con la génesis de esta traslación del Teniente Blueberry al celuloide. Los productores Thomas Langmann y Ariel Zeitoun no escatimaron gastos a la hora de poner a disposición de Jan Kounen todo lo necesario para diseñar una proyecto de gran envergadura que rivalizara con producciones norteamericanas del mismo estilo. Localizaciones en Francia, México y España, Gerard Brach (Repulsión, El Baile de los Vampiros, Frenético) como co guionista o un excelente reparto internacional encabezado por Vincent Cassel y en el que encontrábamos a Michael Madsen, Colm Meaney, Juliette Lewis, Geoffrey Lewis, Eddie Izzard, Djimon Honsou o Ernest Borgnine daban buena muestra del dinero invertido en la producción. A todo esto había que sumar la implicación directa y activa del mismo Jean Giraud en el proyecto, no sólo dando el visto bueno al mismo, sino siendo él la persona que comunicó a Jan Kounen la disponibilidad de los derechos audiovisuales del cómic que había creado casi cuarenta años antes con su amigo Jean Michel-Carlier. Suena duro decirlo, pero se antoja inevitable considerar al gran Moebius como uno de los principales responsables de la debacle que más tarde supuso Blueberry: La Experiencia Secreta y de ello hablaremos a continuación.




Durante la época del estreno del largometraje, y ya es algo que nos recordó nuestro compañero Diego García Rouco en el podcast que dedicamos en Zona Negativa al icónico ilustrador francés, Jan Kounen afirmó reiteradamente que con Blueberry: La Experiencia Secreta su intención era aunar en una misma producción los dos conocidos perfiles artísticos del autor de El Incal, Jean Giraud por un lado y Moebius por otro, para intentar condensarlos en uno solo. Una vez se vio el resultado dichas declaraciones quedaron en una pueril excusa para que el director hiciera lo que realmente quería, una película sobre las experiencias místicas y el chamanismo cuya conexión con las viñetas de Blueberry era tan tenue como caprichosa. En verdad el cineasta de origen holandés no engañaba a nadie, los títulos de crédito afirmaban que su segunda película detrás de las cámaras estaba “líbremente inspirada” en la obra de Charlier y Giraud, algo que queda patente en pantalla. Teóricamente el proyecto está inspirado en los álbumes La Mina del Alemán Perdido y El Fantasma de las Balas de Oro, pero más allá de la presencia del personaje de Prosit Luckner nada de aquel maravilloso doble arco argumental encontramos en Blueberry: La Experiencia Secreta.




Desde los primeros compases de la película el conocedor de la serie publicada originariamente en la revista Pilote es consciente de que Jan Kounen tiene poca o ninguna intención de llevar esta al medio audiovisual. El tono, el acabado visual, la fotografía, las localizaciones o la estética de los personajes se encuentran a años luz de lo diseñado por Jean Giraud a lo largo de varias décadas en las tres cabeceras protagonizadas por el personaje. Lo que sí queda es un inane intento de rodar un remedo de western con la mirada puesta en Sergio Leone o Sam Peckinpah usando de manera insulsa todos los reconocibles tropos del género para facturar una manoseada historia de venganza cuya endeble construcción argumental desemboca en un viaje psicotrónico y lisérgico, ayahuasca mediante, en el último acto de la obra, esta vez inspirandose en El Topo (Alejandro Jodorwsky, 1970), que por abusar en exceso de unos efectos digitales hoy terriblemente envejecidos fracasa en el que era su principal cometido, intentar transportar al espectador en ese viaje a un mundo onírico inducido por la ingesta de psicotrópicos con el que deberíamos, en palabras del mismo Jan Kounen, “dejarnos llevar” y en el proceso perdonarle no sólo el ultraje contra la obra en papel, sino la terrible inconsistencia del libreto sobre el que sustenta su largometraje.





Fallando irremisiblemente en estos apartados lo poco que queda en Blueberry: La Experiencia Secreta es un sobrecargado ego trip por parte de su co guionista y director para intentar extrapolar audiovisualmente sus propias experiencias con los alucinógenos y el chamanismo, algo que podía haber llevado a cabo sin necesidad de mancillar una obra maestra del arte secuencial, ideando una historia original que le proporcionara la libertad necesaria para inyectarle sus delirios estilísticos. Curiosamente el uso inadecuado, tosco y excesivo del CGI en la película tiene más de un paralelismo con Dante 01 (2008), el debut en solitario del también cineasta francés Marc Caró (Delicatessen, La Ciudad de los Niños Perdidos), que además de parecer una especie de revisión apócrifa y recalcitrantemente cristiana de Alien³ (David Fincher, 1992), estaba igualmente construido sobre un guión deshilachado y casi inexistente culminando con un clímax final que hibridaba el sermón teológico con una barroca psicodelia de colores amarillentos dejando al espectador con cara de circunstancia. Como nota curiosa apuntar que el mismo Marc Caró colaboró en el departamento de arte de Blueberry: La Experiencia Secreta. Todo ello nos confirmaba lo que desde un principio debería haber sido tomado como una verdad absoluta, que un cineasta tan limitado y de paladar tan grueso como Jan Kounen nunca debió encargarse de rodar la adaptación de un cómic necesitado de una especial sensibilidad.




Aunque Jean-Michel Clarlier y Jean Giraud tenían en mente a los actores Jean-Paul Belmondo y Charles Bronson a la hora de diseñar la imagen de Blueberry y la elección de Vincent Cassel para interpretarlo en Blueberry: La Experiencia Secreta parecía descabellada por lo notablemente diferente que era su fisionomia a la de este, el hijo de Jean-Pierre Cassel hizo, como es habitual en él, un notable trabajo. El protagonista de El Odio o Irreversible lleva con mucha dignidad las alforjas de un protagonista que, aunque no tiene nada que ver con el rol de los cómics, él acomete con profesionalidad y carisma. Algo parecido sucede con Michael Madsen que dando vida a Wallace Sebastian Blount pareciera interpretar una variante de Budd, el personaje que le regaló Quentin Tarantino en el díptico Kill Bill. El resto del reparto se mueve entre el ajustado cumplimiento del deber y el no saber ni dónde están por culpa de un guión y un desarrollo de caracteres nulo, que pone las cosas muy difíciles a Juliette Lewis, Geoffrey Lewis, Eddie Izzard, Colm Meaney, Djimon Honsou o Temuera Morrison para parecer creíbles. Uno de los pocos que sí pareció pasárselo bien fue el veterano Ernest Borgnine, cuya presencia es uno de los pocos homenajes reales por parte de Jan Kounen al western si tenemos en cuenta su asidua intervención en el género despuntando en clásicos como Johnny Guitar (Nicholas Ray, 1954) o Grupo salvaje (Sam Peckinpah, 1969).




Blueberry: L’Expérience Secrète es un desastre sin paliativos. Fallida como adaptación del cómic de Jean-Michel Charlier y Jean Giraud, fallida como western, fallida como película y sobre todo fallida como ese supuesto intento por unificar los estilos de Jean Giraud y Moebius; ya que si al primero es difícil encontrarlo en el film del segundo no hay ni rastro por mucha ayahuasca que Jan Kounen arroje contra el objetivo de su cámara. Una obra capital de la bande desinée como Blueberry merecía una adaptación digna, ejecutada por profesionales que admiraran el trabajo de sus creadores y no a un realizador alucinado que utilizara el buen nombre y la fama del material original para dar rienda suelta a su megalomanía y peregrinas inquietudes cinematográficas. Pero como previamente hemos apuntado lo peor de todo el caso es la relevancia del mismo Jean Giraud en lo referido a la viabilidad de semejante mediocridad formal y argumental. No sabemos si por la ilusión de ver una versión en imagen real de su obra, si por deferencia hacia Jan Kounen o simplemente por sacar unos cuantos dividendos, algo que nadie podría reprocharle ya que estaba en todo su derecho de hacerlo, pero el resultado no pudo ser más desalentador en todos los aspectos. Siendo conscientes de la nueva ola de adaptaciones de cómics que despliegan actualmente las plataformas de streaming no es difícil hacerse ilusiones con respecto a una buena versión de Blueberry en formato serie, pero tampoco es complicado preocuparse viendo el resultado final de muchas de ellas.


lunes, 8 de junio de 2020

Astérix el Galo, bienvenidos a Armórica


Título Original Asterix le Gaulois (1967)
Director Ray Goossens
Guión Willy Lateste, Jos Marissen, László Molnár, basado en el cómic de René Goscinny y Albert Uderzo.



Corría el 1 de junio de 1959 cuando la revista francesa Pilote publicó, en su promocional Nº0, la primera página de Astérix el Galo. Se trataba de una bande dessinée centrada en una aldea de la Galia que durante el año 50 a. C se mantenía firme contra el invasor romano gracias a una poción mágica proporcionada por el druida de la localidad. Aquella primera aventura, que más tarde se recopilaría en un álbum, estaba escrita por René Goscinny y dibujada por Albert Uderzo. Aunque todo el microcosmos que la pareja de autores iban a desarrollar con el paso del tiempo aún estaba en pañales esta odisea iniciática ya asentaba las bases del que con el tiempo se convertiría en el cómic francés más importante de la historia del medio. Fue en 1967, cuando la serie llevaba un buen puñado de entregas que poco a poco iban cimentando la leyenda, que la editorial Dargaud y la productora belga Belvision se asociaron con Goscinny y Uderzo para realizar la primera película protagonizada por Astérix y sus amigos galos. La historia elegida para dicho largometraje fue, como no podía ser menos, aquella Astérix el Galo que lo inició todo y dio nombre a la célebre colección.




Para sacar adelante tan importante proyecto sus máximos responsables contrataron para dirigirlo al ya por aquel entonces veterano animador Ray Gossens, al trío de guionistas Willy Lateste, Jos Marissen, László Molnár para escribirlo y para poner voces a los personajes principales a actores como Roger Carel (Astérix), Jacques Morel (Obelíx), Pierre Tornade (Abraracourcix), Jacques Jouanneau (Assurancetourix) o Lucien Raimbourg (Panoramix) entre otros. Todos estos apartados fueron supervisados a conciencia por unos René Goscinny y Albert Uderzo cuya intención era que el debut en la pantalla grande de sus hijos galos estuviera a la altura de las circunstancias. El 2 de diciembre de aquel 1967 Astérix, Obélix, los habitantes de Armórica y las tropas romanas comandadas por Julio César llegaron al mundo del séptimo arte para, al igual que sucediera con el de cómic, quedarse allí para siempre estrenando nuevas peripecias en celuloide cada cierto tiempo inspiradas en sus más exitosas aventuras en papel y alguna que otra nacida directamente para el medio audiovisual que alcanzó estatus de obra maestra, como Las 12 Pruebas de Astérix.




Con la película de Astérix el Galo acontece algo muy parecido a lo que sucedió con su contrapartida en viñetas en 1959. Aquella presentación en sociedad de Astérix y compañía todavía era un diamante en bruto, con mucho potencial oculto, pero que necesitaba ser pulido de manera adecuada para que alcanzara su máximo esplendor. Con el largometraje que adapta aquella historieta también se notan las carencias de un producto cuya naturaleza no está del todo establecida como pieza audiovisual. Aunque, de manera inteligente, el diseño de los personajes se acerca bastante al que por aquel entonces tenían en las viñetas y no tanto al primigenio de aquel primer álbum la animación de Astérix el Galo se revela algo tosca, no demasiado elaborada y diferenciándose poco de la de cualquier rudimentaria serie animada para la televisión de la época. Con esto no afirmamos que el acabado del film sea deficiente, pero sí tenía un notorio margen de mejora que no tardaría en ser superado con posteriores películas centrados en los galos. De hecho la inmediatamente posterior, Astérix y Cleopatra, ya daba muestras de una minuciosidad más contrastada en su ejecución formal.




En lo referido al guión a seis manos con el que Willy Lateste, Jos Marissen y László Molnár adaptaban la palabra escrita de René Goscinny la fidelidad a la misma es del todo escrupulosa siendo casi una mímesis exacta de lo acontecido ocho años antes en las viñetas. Desde la presentación de la historia en la que se contextualizaba espaciotemporalmente la serie con la deposición de armas del jefe Vercingetorix a los pies, en el sentido literal de la palabra, de Julio César todas las situaciones, personajes, gags y hasta la mayoría de los diálogos están sacados directamente del álbum que le sirve como base argumental. Hay quien podría pensar, sin falta de razón, que se trata de una decisión demasiado conservadora por parte de los escritores de la obra, pero siendo conscientes de tratarse de la primera película protagonizada por Astérix y sus paisanos, asó como asumiendo que la fórmula en los cómics funcionaba a la perfección se puede comprender dicha toma de decisiones acomodaticias. Por suerte con el paso de los años esta manera de trabajar cambió y se llegaron a realizar films que mezclaban varios álbumes y otros que, como previamente hemos apuntado, no se basaban en ninguno de ellos desembocando en rotundo éxito.




Astérix el Galo está lejos de las mejores películas animadas inspiradas en los personajes creados por los maestros René Goscinny y Albert Uderzo, pero como puesta de largo internacional de las versiones cinematográficas Astérix, Obélix y allegados cumple sobradamente por contener en su interior todos los aciertos, y algunos de los fallos, de aquella primera aventura que marcó el camino a seguir para la bande desinée más importante de todos los tiempos, junto a Las Aventuras de Tintín de nuestro añorado Hergé. Tras esta primera incursión llegarían genialidades como las ya citadas Astérix y Cleopatra o Las 12 Pruebas de Astérix, Astérix en Bretaña o El Golpe del Menhir y ya en la actualidad dos producciones que abandonaban la animación tradicional para sumergir a nuestros amigos galos en el 3D con la soberbia adaptación de La Residencia de los Dioses o Astérix: El Secreto de la Poción Mágica, esta ya construida sobre un guión original exclusivo para su producción. También podríamos hablar de las numerosas películas en imagen real con los personajes como protagonistas, pero se supone que estamos hoy estamos rindiendo tributo a Albert Uderzo y no me gustaría llenar la recta final de esta reseña de exabruptos y maldiciones varias ¡Por Tutatis!



miércoles, 30 de agosto de 2017

Valerian y la Ciudad de los Mil Planetas



Título Original Valerian and the City of Thousand Planets (2017)
Director Luc Besson
Guión Luc Besson Luc Besson basado en el bande dessinée de Pierre Christin, Jean-Claude Mézières, y Évelyne Tranlé
Reparto Dane DeHaan, Cara Delevingne, Clive Owen, Ethan Hawke, Rihanna, Herbie Hancock, Rutger Hauer, Kris Wu, Emilie Livingston, Aurelien Gaya




Adaptación a imagen real del célebre bande desinée Valerian: Agente Espacio-Temporal, que mantendría ese título hasta 2007 pasando a llamarse Valerian y Laureline, uno de los más longevos y famosos del cómic franco-belga ideado por el guionista Pierre Christin, el ilustrador Jean Claide Mézières y la colorista Évelyne Tranlé. Publicado por primera vez en el número 420 de la famosa revista Pilote el 9 de Noviembre de 1967 (y allí se vieron publicadas sus historietas hasta 1980) para más tarde pasar al formato álbum por mediación de la editorial Dargaud a partir de 1970 hoy Valerian y Laureline es todo un clásico de la historieta del país vecino y su vida editorial se extiende hasta los cuarenta años y más de una veintena de álbumes. Luc Besson acariciaba el proyecto de realizar una superproducción de las aventuras espaciales de tan peculiar pareja desde hace años y por mediación de su compañía Europa Corp (impulsora de sagas como Transporter, Taxi, Taken o Yamakasi y una de las productoras que más cine de acción rueda en el viejo continente para posteriormente exportarlo al extranjero) lo ha conseguido sin escatimar presupuesto, poniendo de por medio toda la maquinaria que tiene a su disposición para crear un universo riquísimo y vasto hasta el delirio y juntando un reparto internacional en el que podemos ver a Dane DeHaan (The Amazing Spider-Man 2: El Poder de Electro) Cara Delevingne (Escuadrón Suicida), Clive Owen (Hijos de los Hombres), Ethan Hawke (Gattaca) Rihanna (Battleship) o Rutger Hauer (Blade Runner) entre otros.




Valerian y la Ciudad de los Mil Planetas está inspirada en los álbumes Valerian y El Imperio de los Mil Planetas y El Embajador de las Sombras (ambos recopilados recientemente por Norma Editorial en un tomo, como nos recordó mi compañero Diego García Rouco con su excelente reseña) dos de los primeros publicados relacionados con el protagonista y su inseparable compañera, pero del primero prácticamente sólo toma parte del título y algunos apuntes puntuales y se basa casi en su totalidad en el argumento del segundo, aunque tomándose las consabidas licencias tanto narrativas como estéticas. En esta traslación a imágenes la princesa del pacífico planeta Mül, perteneciente a la raza pearl, manda antes de morir y ver cómo se extingue su civilización un mensaje psíquico treinta años en el futuro que es recibido por Valerian (Dane DeHaan) un Agente Espacial, que junto a su compañera Laureleine (Carla Delevingne), se ocupa de mantener el orden en los territorios humanos de la galaxia en el Siglo XXVIII. Desde ese mismo momento los dos personajes se verán envueltos en una enorme aventura que los llevará a Alpha, la Ciudad de los Mil Planetas, y a descubrir una enorme conspiración a nivel intergaláctico en la que están implicadas siniestras organizaciones que operan desde las sombras.




La última producción del director de El Profesional (León) o Juana de Arco muestra desde el minuto uno la total implicación de este con un proyecto en el que ha puesto todo su cariño y dinero, porque el despliegue técnico de Valerian y la Ciudad de los Mil Planetas es sencillamente abrumador, dando buena muestra de cómo el cineasta francés ha sabido invertir adecuadamente los millones que gana escribiendo y produciendo los films de acción genérica de su compañía Europa Corp. Besson es fiel a la estética del delicioso e imaginativo trazo de Jean Claide Mézières y lo extrapola con respeto desde un punto de vista conceptual, pero evidentemente luego lo hiperboliza todo por medio de unos CGI brutalmente compactados y ejecutados al más puro estilo Siglo XXI, dejando en pañales a los de blockbusters estadounidenses recientes como los de Wonder Woman o Spider-Man: Homecomimg. Sólo el prólogo con la presentación del planeta Mül y los pearl o todo el pasaje en el mercado (casi un cortometraje autocontenido dentro de la misma película) ya se revelan como muestras del poderío visual del que va a hacer gala el director de Malavita o Angel-A a lo largo del metraje para convertir su propuesta en un experiencia estilística de primer orden.




Por suerte todo el microcosmos creado por Besson a partir de la imaginación de Pierre Christin, Jean-Claude Mézières y Évelyne Tranlé tiene verdadera personalidad y forma parte del contexto de la historia sin devorarla mostrando una galaxia de proporciones infinitas habitada por un interminable bestiario de criaturas alienígenas que apelan a la multiculturalidad de la que hacía gala la obra original en viñetas y que aquí el director de Lucy ha tomado como suya. El problema de tener a mano una maquinaria tan mastodóntica reside en que a la hora de mostrar el universo que el francés ha creado como narrador (recordemos que escribe y dirige el proyecto en solitario) hace que tanto él como sus colaboradores tomen en ocasiones la decisión de lucir excesivamente tan epatante diseño de producción. Por eso a lo largo del metraje encontramos pasajes dedicados exclusivamente a hacer alarde del poderío visual que contiene un producto como Valerian y la Ciudad de los Mil Planetas con el recurso de continuos travellings digitales con la intención de que el espectador viaje a lo largo y ancho de las localizaciones del largometraje.




Aunque Valerian y la Ciudad de los Mil Planetas es una adaptación de los cómics en los que se basa como obra cinematográfica, por parte de Luc Besson parece un homenaje a todas aquellas piezas icónicas adscritas a la ciencia ficción, en distintos medios, que le influenciaron en su juventud, realizando así un interesante efecto retroactivo ya que muchas de estas piezas ya bebieron en origen de las historietas del mismo Valerian. Como es evidente viniendo del autor de El Quinto Elemento las referencias a Jean Giraud “Moebius” o Alejandro Jodorowsky se hacen notar, pero tampoco se eluden alusiones argumentales o visuales a piezas como Tron en los trajes espaciales con luces de neón de los protagonistas, Avatar con el diseño de los pearl muy similar al de los na’vi del film de James Cameron, Dune reflejada en las localizaciones desérticas de proporciones mastodónticas, sagas como Star Wars o Star Trek en las secuencias de batallas espaciales y hasta Mouline Rouge tiene cabida en la amalgama referencial del film gracias al pasaje en Paradise Alley centrado en Rihanna y su personaje. Todo el conjunto se convierte en una oda a géneros como la fantasía, la aventura o la space opera, e incluso el mundo del videojuego, pero sin que el guión pierda la compostura a la hora de ejecutar un relato de reminiscencias tan sencillas como clásicas y recordando que todo el origen viene de las manos de Christin, Méziéres, Tranlé y la obra secuencial primigenia.




Posiblemente la elección de los dos actores protagonistas para dar vida a Valerian y Laureline haya sido la más polémica por parte de Luc Besson y la misma tiene sus luces y sombras, indudablemente. Vaya por delante que quién venga buscando dos contrapartidas fieles a los personajes de los cómics va a llevarse una considerable decepción no sólo por la estética y el estilismo del vestuario que portan, sino también por su aspecto físico o personalidad adaptada al presente siglo. Mientras en los cómics Valerian parecía la voz más razonable y Laureline la despreocupada en esta ocasión se invierten los roles totalmente siendo un personaje más pendenciero el de él y profesional el de ella ella. No vamos a negarlo, Dane DeeHan es un considerable fallo de casting, el estadounidense ha demostrado su valía en otras ocasiones como con su papel en la recuperable Chronicle o hasta con un rol mudo en aquel capricho audiovisual por parte de la banda Metallica llamado Through the Never, pero está muy lejos, no sólo de ser el adulto y cabal Valerian que conocemos de las viñetas, sino también un rompecorazones intergaláctico. Por otro lado Cara Delevingne tampoco tiene mucho que ver con la Laureline de los cómics, pero en esta ocasión la actriz británica eclipsa totalmente con su carisma, simpatía y saber estar delante de la pantalla a su partenaire revelándose como la mejor elección de un reparto en el que vemos la cumplidoras caras de Clive Owen, Ethan Hawke, un Rutger Hauer en modo cameo y a la cantante Rihanna con un personaje con más peso del que parece en su innecesariamente aparatosa presentación.




El que esto firma no es un gran fan de Luc Besson más allá de su cuento de hadas contemporáneo protagonizado por Jean Renó, Natalie Portman y Gary Oldman, una de las películas de mi adolescencia, o el evocador biopic de la rivalidad entre los dos apneistas Jacques Mayol y Enzo Maiorca que desarrolló en El Gran Azul, el resto de sus films me parecen algo más que entretenimientos simplemente aceptables, por eso esta Valerian y la Ciudad de los Mil Planetas y su efectividad han sido toda una sorpresa. Como sucede también con las adaptaciones al celuloide de Marvel o DC el espectador debe enfrentarse al visionado sabiendo que no va a encontrar una traslación totalmente fiel de la obra de Christin, Méziéres y Tranlé a la pantalla grande, pero el director de Subway o la trilogía animada de Arthur ha puesto toda su profesionalidad como artesano y cariño como fan de la fantasía, la ciencia ficción y las aventuras para ejecutar una superproducción repleta de momentos memorables, secundarios animados inolvidables (¡el trío de Doghan Daguis!) una historia en contra de la intolerancia o el imperialismo necesaria en los tiempos que corren y todo presentando en un envoltorio vibrante e inabarcable que por desgracia ha sido recompensado con unos raquíticos resultados en taquilla, poniendo en duda el futuro de lo que pudo haber sido el inicio a una franquicia europea que poco tendría que envidiar a las de las traslaciones cinematográficas americanas relacionadas con el noveno arte.



domingo, 31 de mayo de 2015

Las Aventuras de Tintín: El Secreto del Unicornio, un viaje inesperado



Título Original The Adventures of Tintin: Secret of the Unicorn (2011)
Director Steven Spielberg
Guión Steven Moffat, Edgar Wright, Joe Cornish basado en el cómic de Hergé
Actores Jamie Bell, Andy Serkis, Daniel Craig, Simon Pegg, Nick Frost, Daniel Mays, Toby Jones, Enn Reitel, Joe Starr, Mackenzie Crook, Kim Stengel, Gad Elmaleh, Tony Curran, Cary Elwes, Sebastian Roché





El 10 de Enero de 1929 el mundo conoció por primera vez a Tintín, el mitico personaje del cómic europeo creado por el guionista y dibujante belga Georges Remi "Hergé". El famoso reportero propenso a involucrarse en aventuras internacionales de espionaje, conspiraciones o viajes imposibles protagonizó álbumes inolvidables como Tintín en el País del Oro Negro, Aterrizaje en la Luna, Las Joyas de Castafiore o el ahora polémico Tintín en el Congo que han pasado a ser clásicos del medio en el viejo continente. Durante 24 entregas Hergé demostró ser un maestro en esa "línea clara" que él ayudó a hacer célebre hasta que falleció en 1983 dejando inacabado aquel famoso Tintín y el Arte-Alfa del que sí se salieron a la luz los bocetos del autor. Por descontado que, como muchas otras, una obra del arte secuencial como Tintín no iba a quedarse sin llevar sus correrías a otros medios viajando a la televisión con series de animación y al cine con largometrajes de distinto pelaje.




Tintín ha tenido varias incursiones en televisión con series de animación emitidas en distintos años como 1959 y 1991, pero como hemos afirmado con anterioridad también ha conocido traslaciones para la gran pantalla, una vez más, animadas (Tintín: El Cangrejo de las Pinzas de Oro, Tintín en el Templo del Sol o Tintín en el Lago de los Tiburones) y por supuesto en imagen real con actores reales (Tintin: El Secreto del Toisón de Oro, Tintín: El Misterio de las Naranjas Azules, esta última una co producción entre Francia y España sin basarse en ningún álbum) que no llegaron a conseguir un gran éxito, considerándose a día de hoy bastante olvidadas. Seguramente la escasa repercusión de dichos largometrajes fue el motivo por el que el cineasta norteamericano Steven Spielberg decidió llevar la creación de Hergé a la gran pantalla por medio de una de sus mastodónticas superproducciones, pero curiosamente, y aunque él todavía no lo sabía, no lo haría solo.




La elección por parte del director de La Lista de Schindler o Salvar el Soldado Ryan de realizar su adaptación de Tintín al celoluiode por medio del formato motion capture le puso en contacto con la empresa neozelandesa Weta Workshop, responsable de los efectos digitales de la sagas de El Señor de Los Anillos o El Hobbit, y gracias a ello hizo amistad con un Peter Jackson, fan irredento de la obra de Hergé, y deseoso de colaborar con Spielberg en labores de productor para que el proyecto de realizar una nueva película del pizpireto periodista y sus amigos llegara a buen puerto. Por otro lado el cinesta nortemaricano puso toda su monstruosa maquinaria en funcionamiento para que no sólo en el apartado técnico la obra destacase notablemente sino para que también en la escritura su Tintín funcionara al 100% de su capacidad. Para ello contrató los servicios del cineasta Edgar Wright, autor de la impagable trilogía del Cornetto y Scott Pilgrim Contra el Mundo, Joe Cornish, escritor y director de la muy celebrada Attack the Block, y al afamado Steven Moffat, libretista de series de alto nivel como Doctor Who o Sherlock.




Con las dotes como narrador de Steven Spielberg, la ayuda inestimable de Peter Jackson en la producción, la colaboración de un dream team al guión a lo que habría que sumar un acabado técnico fuera de serie gracias a un presupuesto de altos vuelos que permitía utilizar actores reales para que las interpretaciones de estos pasaran a un formato de animación animada digitalmente para ser lo má fiel posible a la obra en viñetas de Hergé esta Las Aventuras de Tintín: El Secreto del Unicornio lo tenía absolutamente todo para convertirse en la mejor película sobre el personaje jamás rodada. Posiblemente el resultado sea ese, la mejor cinta jamás realizada con el intrépido periodista rubio del flequillo imposible, pero como adaptación de la obra del guionista y dibujante belga comete algunos fallos graves que pasaremos a enumerar más tarde y que son lo que no permiten que el triunfo de la película del director de Amistad o El Diablo Sobre Ruedas sea total.




Como su propio subtítulo indica Las Aventuras de Tintín: El Secreto del Unicornio está basada principalmente en el álbum homónimo que vio la luz por primera vez en entregas entre los años 1942 y 1943 dentro del diario Le Sour y que narra el descubrimiento por parte de Tintín en un mercadillo de una maqueta de barco llamada Unicornio que finalmente resulta tener dos réplicas idénticas más y una relación que tiene bastante que ver con un antepasado directo de su gran amigo el Capitán Haddock y la enemistad de aquel con su letal enemigo, el pirata Rackham el Rojo, Por otro lado también toma gran parte del argumento de su continuación, El Tesoro de Rackham el Rojo y de Tintín: El Cangrejo de las Pinzas de Oro, historieta en la que debutaba por primera vez nuestro ínclito y borrachín capitán y que en las viñetas no estaba conectada de manera explícita con las dos entregas antes mencionadas,




Como previamente hemos adelantado el acabado técnico de Las Aventura de Tintín: El Secreto del Unicornio es del todo intachable. Gracias al formato de motion capture Steven Spielberg tiene toda la libertad del mundo para que en un reducido hangar con objetos metálicos y unos actores que prestan su rostro y físico para dar vida a los personajes del largometraje esta producción de 2011 sea tan espectácular, vistosa y enérgica como cualquier entrega de las aventuras de Indiana Jones a las que el director de Always, Parque Jurásico dio vida junto a su amigo y colaborador George Lucas. Gracias a la ya mencionada caputura de movimiento Spielberg consigue que todos los matices de su soberbio casting de actores quede en gran parte retratados en pantalla gracias a las altas tecnologías digitales que sustentan el acabado plástico del proyecto.




Ese reparto que mencionamos consta de Jamie Bell dando vida a un perfecto y dinámico Tintín, el habitual de la captura de movimiento Andy Serkis dando clases de interpretación en la piel digital del mejor personaje de las historietas de Hergé, el entrañable capitán Haddock que él aborda de manera intachable al igual que a su antepasado Francis Hadoque, Daniel Craig infundiendo carisma y respeto como Sakharine o Rackham el Rojo, los amigos Simon Pegg y Nick Frost bordando unos impagables Hernández y Fernández,Toby Jones que tiene su momento de gloria como el cleptómano ladrón de carteras Silk y finalmente huelga mencionar a un Milú totalmente digital que se gana el corazón del espectador desde el primer momento. Todos ellos ofrecen una magnífica labor que Spielberg, Jackson y compañía saben extrapolar al celuloide gracia a su profesionalidad y conocimiento de un formato lleno de posibilidades que todavía hoy está en pleno desarrollo.




Como previamente hemos mencionado gracias a la captura de movimiento que desemboca en efectos digitales Spielberg consigue que los personajes que los actores abordan con total convicción sean reconocibles para los lectores habituales. Todos ellos gracia a su diseño parecen salidos directamente de las viñetas. El colorido, la simpatía, la aventura, la elegancia de las criaturas de Hergé las encontramos en la pantalla y gracias al magnífico guión que Wright, Moffat y Cornish escriben a seis manos el respeto a la esencia de las historietas del autor belga es tan perfeccionista como cariñoso. Pero el mayor fallo de La Aventuras de Tintín: El Secreto del Unicornia nace precisamente de su brillante apartado visual, ese con el que Spielberg asienta su puesta en escena y el que por desgracia nos ofrece de manera errónea una visión de las aventuras de un cómic europeo como Tintín por el filtro de una mirada totalmente estadounidense.




La sobreproducción vsiual y formal con la que Spielberg quiere ejecutar su versión de Tintín choca frontalmente con el clasicismo, la secillez y fluidez sutil de aquella "línea clara" que fuera seña de identidad de la obra de Hergé. Travellings imposibles, planos secuencia interminables en continuo movimiento, escenas de acción aparatosa (ojo, siempre bien ejecutadas y ensambladas, Spielberg no es un Michael Bay o Roland Emmerich de mala muerte) y un ritmo demasiado frenético hacen que estilísticamente la obra que nos ocupa no pueda encontrarse más en las antípodas de las historietas que todos conocemos, antojándose todo como si los personajes de Tintín, Haddock o Milú hubieran salido de sus viñetas para ir a para al interior de una película del actual Hollywood más comercial del tipo Piratas del Caribe. Dicho fallo es grave, porque hiere al film como traslación de un medio a otro, pero evidentemente no daña su, por otro lado, portentoso acabado cinematográfico.




En resumidas cuentas Las Aventuras de Tintín: El Secreto del Unicornio es una excelente cinta de animación en la que todos los profesionales implicados en ella se entregaron al máximo para dar forma a un producto de calidad con el que los espectadores profanos disfrutaran y los lectores habituales del reportero belga reconocieran a los personajes con los que se criaron. El problema es que estos últimos, entre los que me incluyo aunque no soy un seguidor irredento, se darán cuenta de que la obra de Hergé ha sido aquí víctima de una sobredosis de esteróides con un Spielberg que aunque muestra todo su potencial como cineasta para todos los públicos puede que no fuera el más adecuado para esta adaptación de Tintín, Veremos qué tal queda esa secuela dirigida por Peter Jackson, que como director parece tener una visión más fiel a la estética de este clásico, uno de los bande desinee más importantes de la historia europea del medio.