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domingo, 29 de abril de 2018

Vengadores: Infinity War



Título Original Avengers: Infinity War (2018)
Director Anthony y Joe Russo
Guión Christopher Markus, Stephen McFeely, basado en personajes y cómics de Stan Lee, Jack Kirby, Steve Ditko, Jim Starlin, George Perez, Joe Simon, Ron Lim
Reparto Robert Downey Jr., Chris Evans, Scarlett Johansson, Chris Hemsworth, Chris Pratt, Samuel L. Jackson, Josh Brolin, Elizabeth Olsen, Tom Holland, Benedict Cumberbatch, Chadwick Boseman, Brie Larson, Pom Klementieff, Terry Notary, Dave Bautista, Karen Gillan, Tessa Thompson, Zoe Saldana, Gwyneth Paltrow, Tom Hiddleston, Cobie Smulders, Paul Bettany,  Sebastian Stan, Peter Dinklage, Benicio del Toro, Jon Favreau, Mark Ruffalo, Danai Gurira, Benedict Wong, Anthony Mackie,  Don Cheadle





El Universo Cinematográfico de Marvel está de celebración. El mismo año en el que cumple una década de edad llega la culminación del trayecto que emprendió con aquella Iron Man de 2008 que, de una manera u otra, cambió el subgénero que traslada a imagen real las aventuras de nuestros personajes de cómics favoritos. Dos meses después de que Black Panther rompiera todos los récords de recaudación posibles este fin de semana llega a las carteleras de todo el mundo esta Vengadores: Infinity War que da continuación a la Fase 3 de Marvel Studios adaptando, principalmente y con mucha libertad, la mítica saga El Guantelete del Infinito ideada por el guionista Jim Starlin y los ilustradores George Pérez y Ron Lim. Con los hermanos Anthony y Joe Russo en la dirección, los guionistas Christopher Markus y Stephen McFeely a la escritura y prácticamente toda la plana mayor de personajes que hemos visto desfilar a lo largo de dieciocho largometrajes que, en líneas generales, han funcionado magníficamente en taquilla y han sido recibidos con no pocos parabienes por la prensa especializada la tercera aventura grupal de los Vengadores llega para marcar un notable punto y a parte dentro del microcosmos gestado al amparo de la productora encabezada por Kevin Feige. Además de con los Héroes Más Poderosos del Planeta también contamos con la presencia de Spider-Man, Doctor Strange, Black Panther, Nébula o Loki entre otros, todos con la misión de enfrentarse a Thanos, ese enemigo cósmico cuya aparición estelar llevábamos esperando desde que protagonizara un cameo en la segunda escena post créditos de aquella Los Vengadores de 2012 co escrita y dirigida por Joss Whedon. ¿Está Vengadores: Infinity War a la altura de las descomunales expectativas depositadas en un proyecto de una envergadura tan gigantesca como el que han coordinado los hermanos Russo? a continuación intentaremos dar respuesta a esta y otras preguntas.




Vaya por delante que un servidor no está del todo satisfecho con el discurrir de esta Fase 3 que me encandiló con Capitán América: Civil War, Doctor Strange y Guardianes de la Galaxia Vol. 2, pero me hizo perder en cierta manera el interés con las, a nivel personal, no del todo satisfactorias Spider-Man: Homecoming, Thor: Ragnarok y Black Panther, producciones que me transmitían cierto agotamiento y repetición de constantes narrativas que me hicieron abrazar una notable apatía a la hora de enfrentarme a las nuevas entregas del universo cinematográfico construido en el seno de Marvel Studios. Con el miedo a experimentar las mismas sensaciones con esta Vengadores: Infinity War y la cautela suficiente para no ir con las expectativas demasiado altas, ardua tarea si tenemos en cuenta la producción a la que nos estamos refiriendo dentro del subgénero al que adscribe, por fin he podido ver uno de los eventos cinematográficos hollywoodienses del año. El resultado ha rebasado cualquier cálculo que pudiera haber hecho previamente, porque nos encontramos ante unos de los puntos álgidos del celuloide superheróico.




Aunque evidentemente el guión de Christopher Markus, Stephen McFeely toma como punto de referencia la saga El Guantelete del Infinito la historia que sustenta el esqueleto de Vengadores: Infinity War abarca gran parte de la vertiente cósmica de Marvel Cómics, aquella que construyeron autores como Stan Lee y Jack Kirby y que otros que vinieron más tarde, como Jim Starlin, encumbraron a lo más alto, pero hay mucho más que eso. Por suerte en este sentido el largometraje de los hermanos Anthony y Joe Russo vuela libre con respecto a las viñetas y aunque es fiel a la esencia del relato en el que Thanos reune las Gemas del Infinito a lo que se han dedicado los directores de Capitán América: El Soldado de Invierno y Capitán América: Civil War es a amalgamar en un compacto todo las distintas tonalidades que a lo largo de diez años han sido utilizadas en Marvel Studios para dar vida a los largometrajes protagonizados por personajes tan diferentes entre sí como Doctor Extraño, Guardianes de la Galaxia, Spider-Man o Black Panther. Contra todo pronóstico los Russo consiguen ejecutar este ejercicio de complicado equilibrismo con la pericia esperada por su parte, sabiendo dosificar adecuadamente el material que tienen entre manos sin caer en la excesiva gravedad o la autoparodia mal entendida.




Porque Vengadores: Infinity War se estructura, como por otro lado era de esperar teniendo en cuenta la historia que aborda, a modo de una descomunal space opera, pero también tiene ramificaiones que la emparentan con un cine superheróico más terrenal, el género de aventuras, el drama y la comedia, todo ello de manera ejemplarmente cohesionada gracias a la escritura de Markus y McFeely y la realización de unos hermanos Russo llevando al extremo su implicación como artesanos al servicio de una enorme franquicia que, seamos sinceros, no les da mucho margen de maniobra como profesionales del medio. De hecho el trabajo de los cuatro responsables de la creación del proyecto es encomiable en grado sumo si tenemos en cuenta que han sido fieles a esa cosa abstracta a la que los fans de los cómics tenemos tanto aprecio llamada “continuidad” cuando han conseguido mantener el tono de las últimas andanzas en solitario de varios de los personajes, hablamos principalmente del espíritu más notablemente cómico de la última entrega del Dios del Trueno, atenuándolo un poco en esta ocasión, pero haciéndolo reconocible para el espectador que todavía tenga recientes en la memoria films como Spider-Man: Homecoming, Thor: Ragnarok o Guardianes de la Galaxia Vol. 2.




“Empezando con un terremoto, y desde ahí hacia arriba” son las declaraciones que el mítico cineasta Cecil B. Demile sentenció a la hora hablar de la adecuada estructuración de una obra cinematográfica y Anthony y Joe Russo la han seguido al pie de la letra. El prólogo de Vengadores: Infinity War sintetiza en algo menos de diez minutos qué vamos a ver a lo largo de dos horas y media que se pasan en un suspiro, dejándonos con ganas de mucho más. Ese arranque en el que se presenta al personaje de Thanos y su “modus operandi” establece el tono de una cinta que no se va a andar con rodeos, que va a ir en modo kamikaze en gran parte de su metraje y que va a suponer, en no pocos aspectos, un punto de inflexión dentro del Universo Cinematográfico de Marvel. Esta punta del iceberg sólo deja vislumbrar parte de lo que es la tercera entrega cinematográfica de los Vengadores, una mastodóntica pieza que va a alternar con una solvencia digna de elogio épica con crepuscularidad, carcajadas con nudos en la garganta o acción a distintas escalas con pasajes más íntimos en los que veremos a los personajes mostrar sus mayores debilidades y tomar decisiones que cambiarán radicalmente el devenir de acontecimientos que se desarrollarán en las próximas entregas de Marvel Studios en pantalla grande.




A partir de ese avasallador inicio los Russo van construyendo pieza a pieza un relato que se vertebra en varias subtramas en las que seguiremos los pasos de todos y cada uno de los personajes que irán apareciendo a lo largo del metraje y que se encontrarán en la batalla que copa protagonismo en el clímax final de la obra. Gracias a la acertada fluidez narrativa del guión de Markus y McFeely, al notable trabajo con el montaje de Jeffrey Ford y Matthew Schmidt y a la profesionalidad de los ya citados directores estas distintas historias se entrelazan y alternan con eficacia, transmitiendo la sensación de que se retroalimentan entre ellas y en ningún momento solapan unas a otras. Este logro es más remercable si tenemos en cuenta que a la hora de presentar a los personajes y contextualizar en qué situación se encuentran tras su última aventura en pantalla grande encontramos un mano a mano entre los pasajes centrados, sobre todo, en Thanos que son de una oscuridad y visceralidad nunca vista en un producto de Marvel Studios y los protagonizados por los Guardianes de la Galaxia o Tony Stark que destilan un humor, muy deudor del de Joss Whedon, que en ningún momento está fuera de lugar en el conjunto “bigger than life” que sustenta el entramado de la película.




Lo mejor con respecto a Vengadores: Infinity War, sobre todo para los que somos fans de los cómics Marvel desde hace años, es enfrentarse a la película sin conocer demasiado de su argumento para así dejarse llevar por una cascada interminable de escenas que se quedan grabadas en la retina del aficionado y las interacciones entre personajes que, ni aún sabiendo previamente que pertenecen al mismo reparto, pensaríamos que iban a aunar tanta química como la que destilan varios de los que pueblan un trabajo como el último de Anthony y Joe Russo a la hora de compartir plano. Es una obviedad decirlo, pero todos y cada uno de los muchos iconos del mundo del cómic que se dan cinta a lo largo de Avengers: Infinity War tienen su momento de gloria, en grupo o en solitario, espetando algún inspirado chiste en el momento adecuado o dando vida a algunas de las escenas dramáticas que abundan en el proyecto, pero ninguno de ellos se queda sin que la cámara de los antiguos realizadores de Arrested Development o Community repare en su presencia mientras los guionistas de Capitán América: El Primer Vengador les ponen en bandeja diálogos con los que dar lo mejor de sí mismos




Thanos, el “Titán Loco”, el “Conquistador de Mundos”, la larga espera para verlo en acción ha merecido totalmente la pena, porque nos encontramos sin lugar a dudas ante el mejor villano de los diez años del Universo Cinematográfico de Marvel y la más lograda traslación audiovisual que se podía dar de la creación de Jim Starlin y Mike Friedrich. Con mucha de la personalidad que el autor de Dreadstar le dio y algunos apuntes de la visión que ofreció de él el guionista Ron Marz (inevitable pensar en la miniserie Poderes Cósmicos de los 90) la recreación de un soberbio Josh Brolin, cuya gestualidad se percibe en todo momento a pesar del uso del CGI, interpreta a un genocida intergaláctico que no necesita soliloquios continuados para exponer de cara a la platea sus planes o intencionalidad como enemigo imbatible, ya que en ocasiones sólo con un gesto, un acto violento o una solapada concesión a un dramatismo minuciosamente construido para dar hondura a su perfil como criatura ficcional son las únicas señas de identidad que la versión cinematográfica de Thanos requiere para convertirse en una amenaza, física y psicológica, tan intimidante como atractiva. Él es uno de los pilares maestros sobre los que se sustenta Vengadores: Infinity War y con su incursión se rompe definitivamente la maldición de los villanos de cartón piedra de la franquicia.




Si alguien me pidiera que resumiera con una sola palabra una película como Vengadores: Infinity War la que usaría sería “Aplausos”, los mismos con los que prorrumpieron los espectadores numerosas veces en la sala donde vi proyectada la película y que llevaba décadas sin escuchar en un cine. La última producción de la división cinematográfica de Marvel Comics es espectáculo, es pirotecnia, es escapismo, es fruición, es fanservice bien entendido sin reírse en la cara del aficionado o el espectador neófito, pero esta vez también es emoción, dramatismo, pérdida y redención, evidentemente sólo al nivel que nos puede proporcionar un blockbuster rompetaquillas cuya única misión es entretener y rascar nuestros bolsillos, pero con una eficacia impropia dentro del subgénero al que se adhiere como obra de ficción y más si tenemos en cuenta la ligereza, en líneas generales, con la que siempre se han abordado las producciones de Marvel Studios. Por ahora sólo nos queda esperar el estreno de Capitana Marvel y Ant-Man y la Avispa para saber qué demonios va a hacer el equipo de Kevin Feige con lo acontecido en esta Avengers: Infinity War. Si el resultado es mínimamente parecido al de esta muestra casi intachable de celuloide superheróico la espera se va a hacer interminable, aunque algunos ya tengamos los ojos puestos en otros menesteres.


sábado, 9 de mayo de 2015

Los Vengadores: La Era de Ultrón



Título Original The Avengers: Age of Ultron (2015)
Director Joss Whedon
Guión Joss Whedon basado en los cómics de Stan Lee y Jack Kirby
Actores Robert Downey Jr, Chris Evans, Scarlett Johanson, Mark Ruffallo, Jeremmy Renner, Chris Hemsworth, Samuel L. Jackson, Cobie Smulders, Paul Bettany, Elizaberh Olsen, Aaron Taylor-Johnson, Anthony Mackie, Don Cheadle, Idris Elba, Andy Serkis, Thomas Kertschman, Haley Atwell, James Spader, Alexis Denisof, Josh Brolin, Claudia Kim, Stan Lee






Tres años después del descomunal éxito que supuso Los Vengadores, Joss Whedon vuelve a ponerse al mando de la nueva entrega de los héroes más poderosos del mundo para ofrecer el penúltimo producto fílmico (el último será Ant-Man, de Peyton Reed, que verá la luz este mismo año) de la Fase 2 del universo cinematográfico creado por la productora Marvel Studios. Poco más de una semana después de su estreno Los Vengadores: La Era de Ultrón ha batido records de taquilla a nivel mundial, aunque sin superar a su predecesora, y ha agradado considerablemente a la crítica, no sin motivo. Tratando de no incidiro mucho, en la medida de lo posible, la estúpida polémica sobre el supuesto sexismo de Joss Whedon en el largometraje y los problemas de este último con Marvel y Disney, un servidor va a tratar de abordar esta crítica en un plano estrictamente cinematográfico, hablando de las muchas virtudes y pocos defectos de la última entrega en pantalla grande de la Casa de las Ideas.




Aunque pueda parecerlo por tomar su nombre Los Vengadores: La Era de Ultrón no adapta la famosa saga escrita por Brian Michael Bendis y dibujada por Bryan Hitch o el español Carlos Pacheco entre otros, sino que, utilizando como enemigo principal de los protagonistas al famoso robot genocida, extrapola características de las historias más célebres protagonizafas por la creación de Hank Pym (Tony Stark en la trama del largometraje que nos ocupa) para condensarlas en la interesantísima visión que el creador de Buffy Cazavampiros o Firefly da del famoso personaje. Pero este sólo es uno de los sólidos pilares sobre los que se solidifica este nuevo monumento al celuloide de entretenimiento bien entendido realizado y ejecutado para dar al espectador casi dos horas y media de fruición cinematográfica de primer orden que sin abrazar ningún tipo de pretensión y teniendo en cuenta que forma parte de un restrictivo universo fílmico cada vez más cohesionado ofrece una muestra de lo que es capaz Joss Whedon como narrador hasta cuando trabaja bajo la presión de unos productores que en ocasiones eran más enemigos que aliados.




Los Vengadores: La Era de Ultrón no se anda con medias tintas ni paños calientes y se abre con el émulo en pantalla grande de lo que sería un número Giant Size de los personajes en cómics. El ataque al cuartel genera del Barón Von Strucker (Thomas Kertschman) que sirve de prólogo al largometraje pone las cartas sobre la mesa para que Joss Whedon nos meta en el ojo del huracán desde los primeros minutos de metraje con unas secuencias de acción brutales (lo de la moto del Capitán América es una deliciosa sobrada) que culminan con un travelling trucado protagonizado por todos los personajes principales que sirve como inmediata respuesta o contrapunto al que culminaba la batalla contra los chitauri en New York en la primera entrega. Este puñetazo en la mesa por parte del creador de Dollhouse nos deja claro que los Vengadores están de vuelta y con más fuerza que nunca.




Esta ejemplar presentación que no da respiro también tiene sus carencias ya que al comenzar el film de esta manera se obvian prácticamente todas las consecuencias del resto de films de la Fase 2 de Marvel Studios ya que no sabemos cómo vuelve Tony Stark a recuperar sus armaduras teniendo en cuenta que las destruyó en Iron Man 3 o en qué situación se encuentran el Capitán América y la Viuda Negra con respecto a SHIELD después de lo acontecido en Capitán América: El Soldado de Invierno. Este fallo, que podria acentuar el hecho de que la tijera ha trabajado horas extra en la sala de montaje del largometraje, da un tono muy de cómic al conjunto de la película para eludir tener que transitar caminos que puedan transmitir una sensación de retoricismo con el fin de aburrir o molestar a un espectador que al ya conocer a los personajes sólo los quiere ver interactuar los unos con los otros y enfrentarse a un enemigo a la altura.




El final del prólogo con la visión de Tony Stark (que recuerda considerablemente a la más mítica portada del crossover ochentero Inferno, protagonizado por los mutantes de Marvel) también confirma que, siempre dentro de un entendimiento total del sense of wonder de corte más superheróico, esta Los Vengadores: La Era de Ultrón va a ser una cinta considerablemente más oscura y crepuscular que su predecesora de 2012. Aquí entra en escena un personaje de vital importancia como Wanda Maximoff, la Bruja Escarlata (Elizabeth Olsen) sometida junto a su hermano Pietro, Mercurio (Aaron Taylor-Johnson) a experimentos inhumanos por Von Strucker. Dicho rol (mutante al igual que su hermano y ambos dos hijos de Erik Lensher, Magneto, algo que en el film que nos ocupa se obvia por derechos de autor) utiliza sus poderes de hechicería para intentar que todos los miembros de los Vengadores se enfrenten a los mayores temores de su pasado o futuro, excusa narrativa por parte de Joss Whedon que le permite ahondar un poco más en la personalidad de sus criaturas para que en pantalla vayamos conociendo algo más de sus traumas y fantasmas ocultos.




Esta idea tan efectiva como poco novedosa no sólo permite, como hemos mencionado, al guionista y director diseccionar un poco más la mente de sus personajes sino también abrir nuevas tramas para dar el primer paso con respecto a lo que en un futuro serán Thor: Ragnarok o Capitán América: Civil War, aunque ello haya producido al cineasta algún quebradero de cabeza con los jefazos de Marvel Studio. En este sentido y refiriéndonos a el estudio de personajes parece como si Whedon quisiera enmendar que en la primera entrega de los Vengadores Ojo de Halcón y la Viuda Negra fueron los personajes más arrinconados y aquí les da un peso más que considerable acentuando los dilemas por los que pasa Clint Burton al ser consciente de que es un simple humano rodeado de supersoldados, genios de la robótica o semidioses y regalando a Natashan Romanov una relación sentimental con Bruce Banner magníficamente llevada (el detalle de la nana es brillante y un homenaje a clásicos como King-Kong o Frankenstein) que la hace más cercana y humana, no dejando de ser nunca una guerrera que puede valerse por sí misma en la tradición de otros personajes femeninos de Joss Whedon como Buffy Summer, River Tam o Ech , aunque cierto sector del púbico tan ignorante como cerril no ha sabido o querido verlo.




Los personajes ya los conocíamos de anteriores films de Marvel Studios, pero Whedon todavía quiere alternar acción de primera calidad con escenas de dosificada introspección para que cuando más vulnerables veamos a los protagonistas aparezca ese Ultrón que entra por derecho propio al panteón de enemigos cinematográficos Marvel más letales para machacarlos física y psicológicamente. Los que conocemos a Joss Whedon sabemos que a la hora de perfilar personajes de villanos el resultado son roles llenos de carisma, crueldad y humor negro que en la mayoría de ocasiones eclipsan a sus némesis en pantalla grande o pequeña. El Ultrón del autor de Astonishing X-Men no es sólo una máquina homicida, es una entidad con ambición, capaz de sentir desconcierto, ira, dudas e incluso utilizar la ironía (lo de que no puede vomitar físicamente para hablar del asco que le produce Tony Stark me hizo carcajearme en el cine) o evolucionar recordando en términos conceptuales y estéticos al memorable robot militar Adam de la cuarta temporada de Buffy Cazavampiros.




Pero si en cuanto a personajes la aparición de Bruja Escarlata y Mercurio se revelaba como la gran novedad en cuanto a incorporaciones a los Vengadores es la no demasiada oculta inclusión en el grupo de la Visión la que ofrece algunos de los mejores pasajes de la velada. Con un génesis que varía considerablemente al de los cómics, pero con la misma rotundidad física y reflexión psicológica del personaje que habitaba aquellos, la versión que Joss Whedon y Paul Bettany dan del mítico robot creado y reinventado por el guionista Roy Thomas es de sobresaliente, exponiendo en pantalla a una inteligencia artificial de pureza casi mesiánica que cuando se convierte en un miembro más del equipo comandado por Steve Rogers ofrece algunos de los pasajes más intensos y técnicamente brillantes de un producto como Los Vengadores: La Era de Ultrón. El actor de Master and Commander o Dogville hace suyo al androide que todos conocemos de las viñetas aunque se tomen licencias con respecto a su historia e idiosincrasia y lo extrapola a la pantalla como pocos lo hubieran conseguido en su lugar.




Después de afirnar que a pesar de encontrarnos ante un blockbuster para reventar taquillas Joss Whedon se preocupa por sus personajes no vamos a eludir que los mejores momentos, las situaciones más destacadas y los pasajes que se quedan grabados en la retina del espectador al ver Los Vengadores: La Era de Ultrón son los de acción que una vez más son sencillamente avasalladores. Sirva como ejemplo el ya mencionada arranque del film que por muy bien ejecutado que esté palidece ante la brutal pelea entre Hulk y la armadura Hulkbuster, diseñada por el mismo Bruce Banner al alimón con Tony Stark y portada por este último. En esa frenética coreografía de caos y destrucción Joss Whedon y su equipo técnico dan lo mejor de sí mismos usando sabiamente un exceso de efectos digitales que en manos de otro director no hubieran transmitido nada más que vacuidad y que en las suyas exhalan solidez y realismo en todos y cada uno de sus fotogramas.




Pero como colofón en cuanto a secuencias de alto voltaje cabría mencionar el asedio al que el ejército de Ultrón somete a los protagonistas cuando tratan de evitar la caida de la ciudad de Sokovia una vez el villano la ha puesto en órbita. Allí debajo de la cúpula de la iglesia derruida, Joss Whedon ofrece la secuencia de acción más espectacular de todos los films de Marvel Studios, cohesionando prfectamente el uso de los CGI con un ballet de marcada fisicidad en slow motion en el que todos y cada uno de los personajes dan lo mejor de sí mismos y que tiene su culmen en el ataque a tres entre la Visión, Thor y Iron Man a Ultrón que parece una enorme splash page salida de la mano de ilustradores como Steve McNiven, Jerome Opeña o Stuart Immonen. Todo un derroche de técnica que el fan de los cómics disfruta como si volviera a tener diez años de edad y con el que queda totalmente extasiado.




Por el camino y a pesar de la presión de los productores en Los Vengadores: La Era de Ultrón podemos detectar, más que en la primera entrega, el sello de Joss Whedon, aunque considerablemente atenuado. Su sentido del trabajo en equipo sigue ahí, pero también su afán por diseccionar dicho grupo por mediación de los miedos e inseguridades de sus miembros, la presencia de, como hemos mencionado previamente, villanos carismáticos con los que en ocasiones hasta estamos de acuerdo  respecto a sus diabólicas intenciones, héroes caídos en decadencia por traumas del pasado, la sombra de organizaciones gubernamentales vigilando a los protagonistas (como la Iniciativa de la ya citada cuarta temporada de Buffy Cazavampiros, la Dollhouse de la serie homínima o la Alianza de Firefly y Serenity) y sobre todo el humor made in Whedon, que para el que suscribe siempre ha sido su mayor virtud como narrador y que en esta ocasión encuentra en las bromas de Tony Stark y la sorna de Thor sus mejores aliados.




Seamos claros, Los Vengadores: La Era de Ultrón es una entrega de Marvel Studios y como tal no puede meterse en terrenos inexplorados o experimentales tratando de ofrecer algo que los productores no quieren regalar a la platea, esa evolución a la que apela el mismo Ultrón en varias ocasiones durante el metraje. Al igual que los editores de los cómics de Marvel (y si me apuran también los de DC) no quieren que personajes que llevan décadas funcionando cambien un sólo ápice por si la sobreexplotada gallina de los huevos de oro deja de proporcionar dividendos. Por eso, y aunque algunos guionistas han tratado de cambiarlo, Spiderman siempre será un eterno adolescente y soltero, Batman un vigilante atormentado por la muerte de sus padres, los X-Men temidos y odiados, Superman el defensor inmaculado de la verdad, la justicia y el estilo de vida americano y los Vengadores los héroes más grandes del mundo.




Pero dentro de ese encorsetamiento formal y conceptual y al igual que la primera entrega de 2012 Los Vengadores: La Era de Ultrón es una muestra de lo mejor que puede ofrecer el cine comercial de Hollywood en pleno siglo XXI. Un producto de evasión dirigido a todos los públicos que ofrece diversión, frenetismo bien entendido, personajes creíbles dentro de un mundo paralelo al nuestro en el que todo puede pasar, comedia, romance, guiños al mundo de los cómics, actores de buen ver vistiendo sus mejores galas superheróicas y un director que sin poder ser él mismo al 100% ofrece un trabajo de orfebreria comercial que para sí lo quisieran los Zack Snyder, Michael Bay o Peter Berg de turno. Demostrando que es un enamorado de su trabajo y que idolatra a unos personajes de Marvel a los que considera suyos durante el tiempo en el que le dejan jugar con ellos.




Para finalizar y en un vano intento por conseguir que aquellos que van de progresistas y luchadores de causas importantes no se conviertan en radicalistas trasnochados que poco entienden de feminismo, misogionia o racismo (sí, también han llamado racista al director del largometraje) les recomiendo encarecidamente que traten de, no ya analizar, sino visualizar la obra previa a Los Vengadores: La Era de Ultrón de Joss Whedon. Allí conocerán a maravillosos personajes de ficción como Buffy Summers, Willow Rosenberg, Faith Lehane, Inara Serra, River Tam, Kaylee Frye, Zoë Washburn, mujeres hechas a sí mismas, que eligen qué hacer o no con su cuerpo y sexualidad o tomar las riendas de su vida sin depender de nadie para sentirse realizadas o sobrevivir. Mujeres adscritas a la ficción forjada en géneros como el terror, la ciencia ficción o la comedia que son un reflejo de todo lo que en el mundo real pueden llegar a ser nuestras madres, hermanas, sobrinas, abuelas, hijas, novias o esposas siempre desde la visión de un hombre que no entiende la igualdad como un concepto sino como una necesidad, como muchos otros de su mismo género pensamos y defendemos.