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lunes, 29 de abril de 2019

Vengadores: Endgame



Título Original Avengers: Endgame (2019)
Director Anthony y Joe Russo
Guión Christopher Markus, Stephen McFeely, basado en los personajes de Stan Lee, Jack Kirby y Jim Starlin
Reparto Robert Downey Jr., Chris Evans, Chris Hemsworth, Scarlett Johansson, Mark Ruffalo, Jeremy Renner, Brie Larson, Karen Gillan, Paul Rudd, Danai Gurira, Josh Brolin, Gwyneth Paltrow, Don Cheadle, Jon Favreau, Benedict Wong, Tessa Thompson, Bradley Cooper, Katherine Langford, Evangeline Lilly, Pom Klementieff, Elizabeth Olsen, Dave Bautista, Sebastian Stan, Chadwick Boseman, Letitia Wright, Benedict Cumberbatch, Anthony Mackie, Samuel L. Jackson, Zoe Saldana, Chris Pratt, Paul Bettany, Vin Diesel




Hace justamente un año Marvel Studios culminaba su primera década de vida como división cinematográfica de Marvel Cómics estrenando su mejor película. Vengadores: Infinity War marcó un punto de inflexión en el Universo Cinematográfico Marvel (UCM) cuando reunió a todos sus personajes para enfrentarse a la mayor amenaza de sus vidas, aquella que apareció por primera vez en la escena post créditos de Los Vengadores (Joss Whedon, 2012) y que en viñetas nació de mano del guionista e ilustrador Jim Starlin en el año 1973. Thanos, el Titán Loco, conseguía reunir las Seis Gemas del Infinito y vencer en combate a un nutrido grupo de superhéroes entre los que encontrábamos a los Vengadores, los Guardianes de la Galaxia, Spider-Man, Doctor Strange o Black Panther y sus aliados wakandianos, entre otros. Los hermanos Anthony y Joe Russo en la dirección y los habituales guionistas Christopher Markus y Stephen McFeely se encargaron de llevar a buen puerto dicha empresa y el éxito se reveló descomunal. 




Vengadores: Infinity War se convirtió en una de las mejores muestras del cine centrado en adaptar personajes del mundo del cómic al medio audiovisual y después de recibir alabanzas generalizadas por parte del fandom, el público generalista y la prensa especializada llegó a convertirse en la cuarta película más taquillera de la historia sólo superada por Avatar (James Cameron, 2009), Titanic (James Cameron, 1997) y Star Wars Episodio VI: El Despertar de la Fuerza (J.J. Abrams, 2015) y en un hito dentro del celuloide superheróico. Después de su paso como una apisonadora por las carteleras Marvel Studios estrenó otros dos largometrajes más dentro de su Fase 3. Ant-Man y la Avispa o Capitana Marvel fueron una ligera cinta de acción con apuntes de comedia en el primer caso y una historia de orígenes muy competente cuya misión era, principalmente, presentar a esa Carol Danvers que estaba destinada a ejercer un rol importante en la cuarta entrega de las correrías cinematográficas de los “Héroes Más Poderosos del Planeta”.




Vengadores: Endgame llega a las pantallas de todo el mundo con el hype disparado hasta la estratosfera debido al triunfo sin paliativos de su predecesora y al blindado secretismo con el que Disney y Marvel Studios la han promocionado con unos trailers en los que se mostraba poco o nada de por dónde iba a transitar su trama. En lo referido a los profesionales detrás de su producción volvemos a encontrar a los hermanos Anthony y Joe Russo en la dirección, Christopher Markus y Stephen McFeely ocupándose de nuevo de la escritura y un reparto en el que sobresalen los supervivientes de la anterior entrega de la saga o lo que es lo mismo, un grupo formado por Robert Downey Jr., Chris Evans, Chris Hemsworth, Scarlett Johansson, Mark Ruffalo y Jeremy Renner dando vida a los Vengadores originales del UMC a los que suman Brie Larson, Karen Gillan, Paul Rudd, Danai Gurira, Gwyneth Paltrow o Don Cheadle entre otros y, por supuesto, Josh Brolin repitiendo como la versión cinematográfica de Thanos. Nosotros ya hemos podido ver la última entrega de la franquicia construida por Kevin Feige y sus colaboradores. De manera que a continuación vamos a dejar nuestras impresiones sobre una superproducción que no va a dejar indiferente a nadie.




Vaya por delante que se antoja una tarea hercúlea realizar una reseña más o menos completa de Vengadores: Endgame sin incurrir en spoilers, ya que la película como tal es uno de proporciones gigantescas y enfrentarse a ella sin saber absolutamente nada de su trama la hace mucho más disfrutable. La última producción de Marvel Studios es un largometraje que a su vez se subdivide en otros tres, cada uno de ellos con un tono e intencionalidad diferente. Esas tres horas, que vuelan delante de un espectador incapaz de percibirlas como tales, tienen cada una de ellas su propia misión y mientras las dos primeras la cumplen sobradamente en casi todo momento, la última rebasa cualquier expectativa depositada en ella. El primer acto de Avengers: Endgame ejerce el rol de toma de contacto con la realidad después de lo acontecido en Infinity War, con los personajes asumiendo las incontables pérdidas producidas por el genocida chasqueo de dedos de Thanos mientras portaba el Guantelete del Infinito. El segundo utiliza una excusa narrativa para convertirse en un divertido autohomenaje, casi bordeante en la metaficción. El tercero es un clímax de sesenta minutos en el que Anthony y Joe Russo, junto a sus equipos artístico y técnico, utilizan toda la maquinaria cinematográfica de la que disponen para construir la mejor batalla superheróica de la historia del subgénero y a fe mía que lo consiguen.




Con esta estructura narrativa bien establecida el mayor fallo que un servidor puede sacar a la película es que esa división en tres bloques diferenciados acusa, como nunca antes, la naturaleza serializada, no sólo ya de Vengadores: Endgame, sino de todo el Universo Cinemtográfico Marvel. Por lo tanto a lo largo del metraje no son pocas las ocasiones en las que percibimos la obra como los últimos tres mastodónticos episodios de la temporada de una descomunal serie de televisión en vez de como un largometraje cuya autonomía, como por otra lado es lógico perteneciendo a un universo ficcional expandido, se antoja inexistente. También acusa la cinta de cierta irregularidad en el ritmo durante la mitad del metraje, justo cuando las distintas subtramas se bifurcan de manera más acentuada y cada una de ella debe tomar entidad propia, además de complementarse con las demás. Algo que el excelente guión de Christopher Markus y Stephen McFeely consigue en casi todo momento, pero dejando algunas aristas sin limar en lo referido a lo que pudo ser un perfecto ensamblaje y no lo es por muy poco. Más allá de esas carencias, del todo perdonables, cierto poca credibilidad en la ejecución de una de las escenas más emocionales centrada en dos personajes y un abuso del deus ex machina en la recta final, un servidor no encuentra más fallos en Vengadores: Endgame y los que he mencionado no empañan en absoluto la experiencia de verla en pantalla grande.




Porque sí, es cierto aquello ya comentado por redes y medios especializados. Vengadores: Endgame es una carta de despedida a los primeros diez años de vida de Marvel Studios y a su vez otra de bienvenida a lo que esté por llegar tras ella. Esta naturaleza autoconsciente y con propensión al homenaje interno convierten la última aventura de los Vengadores en una oda a ese microcosmos ficcional construido sobre más de una veintena de largometrajes desde que Iron Man (Jon Favreau, 2008) diera el pistoletazo de salida. Esta cariñosa palmada en la espalda que Kevin Feige y los suyos se dan a sí mismos también se hace extensible al público, habiendo conseguido la proeza de empatizar, no ya con los lectores de cómics que alucinamos la primera vez que vimos a los personajes de las viñetas creados por Stan Lee y Jack Kirby reunidos en imagen real por obra y gracia de Joss Whedon en 2012, sino también con ese público generalista ajeno al arte secuencial que ha encontrado y disfrutado su “Universo Marvel” en el medio cinematográfico desde que el Tony Stark de Robert Downey Jr. hiciera por primera vez acto de presencia en la cinta que narró su origen superheróico. Esa conexión con todo tipo de espectadores es una muestra más del triunfo de la compañía perteneciente a Disney y lo perfectamente bien que funciona como maquinaria.




Siendo consciente de esto podemos afirmar que a lo largo de las tres horas de metraje de Vengadores: Endgame encontramos la cantidad más ingente, descarada, brutal, continuada y disfrutable de fandom vista en mucho tiempo. Evidentemente este se concentra en las dos últimas horas de metraje, pero desde los primeros compases de la película las pequeñas pildoras a modo de referencias a los cómics, cameos de personajes y easter eggs semiocultos desfilan delante de nosotros. En el proceso la sonrisa cómplice desde la platea, las risas y carcajadas, o alguna que otra lágrima van interactuando con una trama, puede que demasiado condescendiente con el fan, pero casi siempre con un anclaje aferrado a la lógica interna del relato. Más de diez años y dos decenas de películas dan su fruto y ante una obra de transición como esta se antoja inevitable la preocupación por la posible defunción de este o aquel personaje al que llevamos siguiendo desde que el Universo Cinematográfico Marvel puso sus primeras piedras. Anthony y Joe Russo en la dirección y Christopher Markus y Stephen McFeely al guión son conscientes de ello y como veteranos en la franquicia y grandes conocedores del subgénero saben qué teclas deben pulsar para que todos caigamos rendidos a sus pies, siempre quedándonos con ganas de más.




Mención de honor para la inevitable batalla final, la más espectacular que un servidor ha visto en una pantalla desde la de Morannon (Puertas Negras) en El Señor de los Anillos: El Retorno del Rey (Peter Jackson, 2003) a la que hace referencia en algunos pasajes. En este clímax final todos los implicados en Vengadores: Endgame, desde los directores y guionistas pasando por los diseñadores de vestuario, maquillaje o efectos especiales y llegando a todos los actores del reparto o especialistas en escenas de riesgo, echan el resto siendo conscientes de que el cierre de este largometraje es un punto y aparte en el proyecto en el que llevan años implicados. Por eso mismo todos y cada uno de los personajes, principales y secundarios, tienen, individual o colectivamente, su parcela de lucimiento y su secuencia épica. Sesenta minutos convertidos en una enorme splash page ilustrada a medias por el elegante trazo de reminiscencias clásicas de George Pérez y la vanguardia con aroma a blockbuster de Bryan Hitch. Por descontando todo el reparto brilla en esta contienda de proporciones cósmicas, pero son dos personajes en concreto los capaces de refulgir en pantalla y ser el centro de algunos momentos que, pese a quien pese, serán recordados por las actuales y futuras generaciones que han encontrado en el cine de superhéroes del SXXI lo que otros de nosotros en sagas como la trilogia original de Star Wars o la, ya citada, de El Señor de los Anillos, por poner dos ejemplos similares.




No voy a afirmar, como ya he leído en bastantes redes sociales y webs especializadas, que Vengadores: Endgame es la mejor superproducción de la historia del cine, la cumbre del celuloide comercial y una obra maestra incontestable ya desde su mismo estreno, porque sinceramente no creo que lo sea. En cambio sí estoy seguro que, al igual que sucedía con Vengadores: Infinity War, marcará un punto de inflexión dentro de esta enorme nueva ola del subgénero con el que Marvel, DC y otras editoriales han encontrado el filón de adaptar sus historias al medio cinematográfico y televisivo. La película de Anthony y Joe Russo cierra una etapa, pero abre otra llena de posibilidades finiquitando varias subtramas, aunque dejando otras en el aire para las futuras películas y series que están por venir. Aunque teorícamente Spider-Man: Lejos de Casa supondrá el cierre de la Fase 3 sería raro que el film de Jon Watts, con una aparente naturaleza más ligera según su tráiler, no fuera algo más que un epílogo. Por ello podemos considerar Avengers: Endgame como el brillante, espectacular, épico, crepuscular e imperfecto cierre para una etapa con la que hemos disfrutado de la traslación a imagen real de muchos de nuestros iconos favoritos de la Casa de las Ideas. En el trayecto hemos despedido a algunos amigos, incluso a Stan Lee o Steve Ditko, pero también damos la bienvenida a otros, viejos conocidos o no, que mantendrán encendida la llama de un universo cinematográfico que hace algo tan sencillo y noble como ofrecer puro entretenimiento.




domingo, 29 de abril de 2018

Vengadores: Infinity War



Título Original Avengers: Infinity War (2018)
Director Anthony y Joe Russo
Guión Christopher Markus, Stephen McFeely, basado en personajes y cómics de Stan Lee, Jack Kirby, Steve Ditko, Jim Starlin, George Perez, Joe Simon, Ron Lim
Reparto Robert Downey Jr., Chris Evans, Scarlett Johansson, Chris Hemsworth, Chris Pratt, Samuel L. Jackson, Josh Brolin, Elizabeth Olsen, Tom Holland, Benedict Cumberbatch, Chadwick Boseman, Brie Larson, Pom Klementieff, Terry Notary, Dave Bautista, Karen Gillan, Tessa Thompson, Zoe Saldana, Gwyneth Paltrow, Tom Hiddleston, Cobie Smulders, Paul Bettany,  Sebastian Stan, Peter Dinklage, Benicio del Toro, Jon Favreau, Mark Ruffalo, Danai Gurira, Benedict Wong, Anthony Mackie,  Don Cheadle





El Universo Cinematográfico de Marvel está de celebración. El mismo año en el que cumple una década de edad llega la culminación del trayecto que emprendió con aquella Iron Man de 2008 que, de una manera u otra, cambió el subgénero que traslada a imagen real las aventuras de nuestros personajes de cómics favoritos. Dos meses después de que Black Panther rompiera todos los récords de recaudación posibles este fin de semana llega a las carteleras de todo el mundo esta Vengadores: Infinity War que da continuación a la Fase 3 de Marvel Studios adaptando, principalmente y con mucha libertad, la mítica saga El Guantelete del Infinito ideada por el guionista Jim Starlin y los ilustradores George Pérez y Ron Lim. Con los hermanos Anthony y Joe Russo en la dirección, los guionistas Christopher Markus y Stephen McFeely a la escritura y prácticamente toda la plana mayor de personajes que hemos visto desfilar a lo largo de dieciocho largometrajes que, en líneas generales, han funcionado magníficamente en taquilla y han sido recibidos con no pocos parabienes por la prensa especializada la tercera aventura grupal de los Vengadores llega para marcar un notable punto y a parte dentro del microcosmos gestado al amparo de la productora encabezada por Kevin Feige. Además de con los Héroes Más Poderosos del Planeta también contamos con la presencia de Spider-Man, Doctor Strange, Black Panther, Nébula o Loki entre otros, todos con la misión de enfrentarse a Thanos, ese enemigo cósmico cuya aparición estelar llevábamos esperando desde que protagonizara un cameo en la segunda escena post créditos de aquella Los Vengadores de 2012 co escrita y dirigida por Joss Whedon. ¿Está Vengadores: Infinity War a la altura de las descomunales expectativas depositadas en un proyecto de una envergadura tan gigantesca como el que han coordinado los hermanos Russo? a continuación intentaremos dar respuesta a esta y otras preguntas.




Vaya por delante que un servidor no está del todo satisfecho con el discurrir de esta Fase 3 que me encandiló con Capitán América: Civil War, Doctor Strange y Guardianes de la Galaxia Vol. 2, pero me hizo perder en cierta manera el interés con las, a nivel personal, no del todo satisfactorias Spider-Man: Homecoming, Thor: Ragnarok y Black Panther, producciones que me transmitían cierto agotamiento y repetición de constantes narrativas que me hicieron abrazar una notable apatía a la hora de enfrentarme a las nuevas entregas del universo cinematográfico construido en el seno de Marvel Studios. Con el miedo a experimentar las mismas sensaciones con esta Vengadores: Infinity War y la cautela suficiente para no ir con las expectativas demasiado altas, ardua tarea si tenemos en cuenta la producción a la que nos estamos refiriendo dentro del subgénero al que adscribe, por fin he podido ver uno de los eventos cinematográficos hollywoodienses del año. El resultado ha rebasado cualquier cálculo que pudiera haber hecho previamente, porque nos encontramos ante unos de los puntos álgidos del celuloide superheróico.




Aunque evidentemente el guión de Christopher Markus, Stephen McFeely toma como punto de referencia la saga El Guantelete del Infinito la historia que sustenta el esqueleto de Vengadores: Infinity War abarca gran parte de la vertiente cósmica de Marvel Cómics, aquella que construyeron autores como Stan Lee y Jack Kirby y que otros que vinieron más tarde, como Jim Starlin, encumbraron a lo más alto, pero hay mucho más que eso. Por suerte en este sentido el largometraje de los hermanos Anthony y Joe Russo vuela libre con respecto a las viñetas y aunque es fiel a la esencia del relato en el que Thanos reune las Gemas del Infinito a lo que se han dedicado los directores de Capitán América: El Soldado de Invierno y Capitán América: Civil War es a amalgamar en un compacto todo las distintas tonalidades que a lo largo de diez años han sido utilizadas en Marvel Studios para dar vida a los largometrajes protagonizados por personajes tan diferentes entre sí como Doctor Extraño, Guardianes de la Galaxia, Spider-Man o Black Panther. Contra todo pronóstico los Russo consiguen ejecutar este ejercicio de complicado equilibrismo con la pericia esperada por su parte, sabiendo dosificar adecuadamente el material que tienen entre manos sin caer en la excesiva gravedad o la autoparodia mal entendida.




Porque Vengadores: Infinity War se estructura, como por otro lado era de esperar teniendo en cuenta la historia que aborda, a modo de una descomunal space opera, pero también tiene ramificaiones que la emparentan con un cine superheróico más terrenal, el género de aventuras, el drama y la comedia, todo ello de manera ejemplarmente cohesionada gracias a la escritura de Markus y McFeely y la realización de unos hermanos Russo llevando al extremo su implicación como artesanos al servicio de una enorme franquicia que, seamos sinceros, no les da mucho margen de maniobra como profesionales del medio. De hecho el trabajo de los cuatro responsables de la creación del proyecto es encomiable en grado sumo si tenemos en cuenta que han sido fieles a esa cosa abstracta a la que los fans de los cómics tenemos tanto aprecio llamada “continuidad” cuando han conseguido mantener el tono de las últimas andanzas en solitario de varios de los personajes, hablamos principalmente del espíritu más notablemente cómico de la última entrega del Dios del Trueno, atenuándolo un poco en esta ocasión, pero haciéndolo reconocible para el espectador que todavía tenga recientes en la memoria films como Spider-Man: Homecoming, Thor: Ragnarok o Guardianes de la Galaxia Vol. 2.




“Empezando con un terremoto, y desde ahí hacia arriba” son las declaraciones que el mítico cineasta Cecil B. Demile sentenció a la hora hablar de la adecuada estructuración de una obra cinematográfica y Anthony y Joe Russo la han seguido al pie de la letra. El prólogo de Vengadores: Infinity War sintetiza en algo menos de diez minutos qué vamos a ver a lo largo de dos horas y media que se pasan en un suspiro, dejándonos con ganas de mucho más. Ese arranque en el que se presenta al personaje de Thanos y su “modus operandi” establece el tono de una cinta que no se va a andar con rodeos, que va a ir en modo kamikaze en gran parte de su metraje y que va a suponer, en no pocos aspectos, un punto de inflexión dentro del Universo Cinematográfico de Marvel. Esta punta del iceberg sólo deja vislumbrar parte de lo que es la tercera entrega cinematográfica de los Vengadores, una mastodóntica pieza que va a alternar con una solvencia digna de elogio épica con crepuscularidad, carcajadas con nudos en la garganta o acción a distintas escalas con pasajes más íntimos en los que veremos a los personajes mostrar sus mayores debilidades y tomar decisiones que cambiarán radicalmente el devenir de acontecimientos que se desarrollarán en las próximas entregas de Marvel Studios en pantalla grande.




A partir de ese avasallador inicio los Russo van construyendo pieza a pieza un relato que se vertebra en varias subtramas en las que seguiremos los pasos de todos y cada uno de los personajes que irán apareciendo a lo largo del metraje y que se encontrarán en la batalla que copa protagonismo en el clímax final de la obra. Gracias a la acertada fluidez narrativa del guión de Markus y McFeely, al notable trabajo con el montaje de Jeffrey Ford y Matthew Schmidt y a la profesionalidad de los ya citados directores estas distintas historias se entrelazan y alternan con eficacia, transmitiendo la sensación de que se retroalimentan entre ellas y en ningún momento solapan unas a otras. Este logro es más remercable si tenemos en cuenta que a la hora de presentar a los personajes y contextualizar en qué situación se encuentran tras su última aventura en pantalla grande encontramos un mano a mano entre los pasajes centrados, sobre todo, en Thanos que son de una oscuridad y visceralidad nunca vista en un producto de Marvel Studios y los protagonizados por los Guardianes de la Galaxia o Tony Stark que destilan un humor, muy deudor del de Joss Whedon, que en ningún momento está fuera de lugar en el conjunto “bigger than life” que sustenta el entramado de la película.




Lo mejor con respecto a Vengadores: Infinity War, sobre todo para los que somos fans de los cómics Marvel desde hace años, es enfrentarse a la película sin conocer demasiado de su argumento para así dejarse llevar por una cascada interminable de escenas que se quedan grabadas en la retina del aficionado y las interacciones entre personajes que, ni aún sabiendo previamente que pertenecen al mismo reparto, pensaríamos que iban a aunar tanta química como la que destilan varios de los que pueblan un trabajo como el último de Anthony y Joe Russo a la hora de compartir plano. Es una obviedad decirlo, pero todos y cada uno de los muchos iconos del mundo del cómic que se dan cinta a lo largo de Avengers: Infinity War tienen su momento de gloria, en grupo o en solitario, espetando algún inspirado chiste en el momento adecuado o dando vida a algunas de las escenas dramáticas que abundan en el proyecto, pero ninguno de ellos se queda sin que la cámara de los antiguos realizadores de Arrested Development o Community repare en su presencia mientras los guionistas de Capitán América: El Primer Vengador les ponen en bandeja diálogos con los que dar lo mejor de sí mismos




Thanos, el “Titán Loco”, el “Conquistador de Mundos”, la larga espera para verlo en acción ha merecido totalmente la pena, porque nos encontramos sin lugar a dudas ante el mejor villano de los diez años del Universo Cinematográfico de Marvel y la más lograda traslación audiovisual que se podía dar de la creación de Jim Starlin y Mike Friedrich. Con mucha de la personalidad que el autor de Dreadstar le dio y algunos apuntes de la visión que ofreció de él el guionista Ron Marz (inevitable pensar en la miniserie Poderes Cósmicos de los 90) la recreación de un soberbio Josh Brolin, cuya gestualidad se percibe en todo momento a pesar del uso del CGI, interpreta a un genocida intergaláctico que no necesita soliloquios continuados para exponer de cara a la platea sus planes o intencionalidad como enemigo imbatible, ya que en ocasiones sólo con un gesto, un acto violento o una solapada concesión a un dramatismo minuciosamente construido para dar hondura a su perfil como criatura ficcional son las únicas señas de identidad que la versión cinematográfica de Thanos requiere para convertirse en una amenaza, física y psicológica, tan intimidante como atractiva. Él es uno de los pilares maestros sobre los que se sustenta Vengadores: Infinity War y con su incursión se rompe definitivamente la maldición de los villanos de cartón piedra de la franquicia.




Si alguien me pidiera que resumiera con una sola palabra una película como Vengadores: Infinity War la que usaría sería “Aplausos”, los mismos con los que prorrumpieron los espectadores numerosas veces en la sala donde vi proyectada la película y que llevaba décadas sin escuchar en un cine. La última producción de la división cinematográfica de Marvel Comics es espectáculo, es pirotecnia, es escapismo, es fruición, es fanservice bien entendido sin reírse en la cara del aficionado o el espectador neófito, pero esta vez también es emoción, dramatismo, pérdida y redención, evidentemente sólo al nivel que nos puede proporcionar un blockbuster rompetaquillas cuya única misión es entretener y rascar nuestros bolsillos, pero con una eficacia impropia dentro del subgénero al que se adhiere como obra de ficción y más si tenemos en cuenta la ligereza, en líneas generales, con la que siempre se han abordado las producciones de Marvel Studios. Por ahora sólo nos queda esperar el estreno de Capitana Marvel y Ant-Man y la Avispa para saber qué demonios va a hacer el equipo de Kevin Feige con lo acontecido en esta Avengers: Infinity War. Si el resultado es mínimamente parecido al de esta muestra casi intachable de celuloide superheróico la espera se va a hacer interminable, aunque algunos ya tengamos los ojos puestos en otros menesteres.


lunes, 14 de agosto de 2017

Capitán América: Civil War



Título Original Captain America: Civil War (2016)
Director Anthony y Joe Russo
Guión Chrisitopher Markus y Setephen McFeely, basado en el cómic de Mark Millar y Steve McNiven y en personajes de Stan Lee, Jack Kirby y Joe Simon
Reparto Chris Evans,  Robert Downey Jr., Sebastian Stan, Scarlett Johansson, Anthony Mackie, Daniel Brühl, Don Cheadle, Jeremy Renner, Chadwick Boseman, Paul Bettany, Elizabeth Olsen, Paul Rudd, William Hurt, Emily VanCamp, Tom Holland, Frank Grillo, Martin Freeman, Marisa Tomei, John Kani, John Slattery, Hope Davis, Alfre Woodard, Stan Lee, Heidi Moneymaker, Gene Farber, Florence Kasumba





No fueron pocos, un servidor entre ellos, los que recibieron con un arqueo de ceja la noticia. La tercera película del Capitán América dentro de Marvel Studios iba a estar inspirada en Civil War, el célebre y exitoso evento de los cómics escrito por el escocés Mark Millar y dibujado por el estadounidense Steve McNiven en el año 2006. En aquel crossover se reunía prácticamente el grueso de la plantilla más destacada de la Casa de las Ideas con motivo de la batalla entre dos grupos, comandados por Iron Man y el Capitán América respectivamente, para de esta manera ofrecer apoyo u oposición al famoso Acta de Registro Sobrehumano con el que mantener controladas a las personas con superpoderes. Dicha implicación de casi toda la plana mayor de Marvel se antojaba imposible de trasladar fielmente a imágenes debido a los problemas de derechos que la productora de Kevin Feige tenía con respecto a personajes como los adscritos al universo mutante o los relacionados con los 4 Fantásticos, todos ellos propiedad de 20th Century Fox, así como los de Spider-Man que estaban en poder de Sony.




Por suerte antes de comenzar la producción de la película Marvel Studios llegó a un acuerdo con Sony para compartir los derechos del alter ego arácnido de Peter Parker y así poder incluirlo al menos a él en esta Civil War audiovisual. Lo que posteriormente sucedió es por todos conocido, se prescindió de Andrew Garfield que no había convencido demasiado con su versión del trepamuros (aunque sus virtudes tenía, indudablemente) en el díptico The Amazing Spider-Man y los responsables decidieron reiniciar por segunda vez el personaje creado por Stan Lee y Steve Ditko en 1963 con un nuevo actor y una puesta al día actualizada de la criatura. El británico actor Tom Holland (Lo Imposible) fue el afortunado elegido para dar vida a la tercera versión cinematográfica del hombre araña y Civil War sería su carta de presentación, eso sí, tomando un rol mucho más secundario y tangencial que en el cómic de Millar y McNiven, en el que incluso llegaba a revelar a la opinión pública su identidad secreta.





Evidentemente la única inclusión de Spider-Man no iba a solucionar el problema que Kevin Feige y sus empleados tenían con respecto a realizar una adaptación fidedigna de Civil War debido a la ya apuntada ausencia de los otros personajes por culpa de los derechos en poder de 20th Century Fox. Por ello los guionistas Christopher Markus y Setephen McFleely y los directores Anthony y Joe Russo, que volvieron aquí a trabajar con Steve Rogers tras su soberbia labor en la brillante Capitán América: Soldado de Invierno, se pusieron manos a la obra para crear su propia Civil War, que más allá de algunos apuntes narrativos y estilísticos, poco tuvo que ver finalmente con el famoso evento de los cómics. Para que el éxito fuera total Marvel Studios puso a disposición del equipo de escritores y realizadores prácticamente todos los personajes que hasta ese momento se habían paseado por la pantalla grande durante las dos primeras fases del universo cinematográfico de la Casa de las Ideas e incluso añadiendo algunos de nuevo cuño que debutaban en esta cinta junto al ya mencionado Spider-Man.




Capitán América: Civil War se estrenó el 27 de Abril de 2016 y fue un enorme éxito de crítica y público en todo el mundo, siendo considerada desde su puesta de largo internacional una de las mejores y más sólidas cintas del Universo Cinematográfico Marvel. Un servidor pudo verla en su momento en pantalla grande, como hago con casi todos los largometrajes de cine relacionado con superhéroes, y aunque me pareció un producto magnífico encontré algunos fallos de guión que me parecieron lo suficientemente notables para ser destacados por parte, puede que no del espectador neófito, pero sí del conocedor de los personajes, la franquicia y sus contrapartidas en papel. Revisada ayer poco más de un año después de la primera vez debo admitir que esos defectos en esta segunda ocasión me han parecido más livianos y perdonables que en esa inicial toma de contacto, pero evidententemente a lo largo de esta reseña los mencionaré y trataré de analizar superficialmente para ofrecer una visión lo más completa posible del largometraje y su idiosincrasia como obra cinematográfica de entretenimiento.




Capitán América: Civil War tiene lugar después de los hechos acaecidos en Los Vengadores: La Era de Ultrón (aunque recordemos que entre una y otra se estrenó Ant-Man, suponiendo el ligero y agradable cierre de la Fase 2 de Marvel Studios) y narra la división que tiene lugar entre los distintos miembros de los Vengadores cuando entran en juego los Acuerdos de Sokovia, un sistema impulsado por la ONU que mantendrá controlado al grupo de superhéroes y gracias al cual podrán solicitar los servicios de estos cuando lo vean necesario sin que ellos puedan interceder en ese sentido. Tony Stark, impulsado por el cargo de conciencia de los daños colaterales causados en Sokovia durante la batalla con Ultrón, apoyará los acuerdos y junto a él lo harán otros miembros del grupo como Viuda Negra, Máquina de Guerra o Visión. En cambio Steve Rogers, con la ayuda de Ojo de Halcón, Falcon o Ant-Man se situará en el lado opuesto. La inclusión en esta guerra interna de Black Panther, Spider-Man, Soldado de Invierno y Helmut Zemo potenciará exponencialmente los problemas entre una y otra facción.




Los directivos de Marvel Studios demostraron una vez más un intachable olfato cuando decidieron poner de nuevo a los hermanos Russo a manos de la tercera entrega de las aventuras en pantalla grande de Steve Rogers. Capitán América: Civil War es una acertada y sólida amalgama entre el celuloide de espionaje al que se adscribía Soldado de Invierno (una cinta que tenía más que ver con la saga cinematográfica de Jason Bourne que con el subgénero pijamero) y el tono superheróico que destilan la mayor parte de las producciones de la división cinematográfica de la Casa de las Ideas y que pudimos ver en las dos entregas de los Vengadores, la primera Guardianes de la Galaxia, la trilogía Iron Man o la misma primera cinta protagonizada por en Centinela de la Libertad en 2011. De este modo los realizadores de la serie Community vuelven a moverse por un terreno que conocen, pero aunándolo con el que puede y debe considerarse la seña de identidad del Universo Cinematográfico Marvel. El resultado es brillante a distintos niveles siempre dentro de un contexto de cine comercial y de evasión.




Es de un mérito incuestionable la labor de Anthony y Joe Russo a la hora de ejecutar esta mezcolanza de géneros que queda patente desde el arranque con la misión en Lagos para dar caza a Brock Rumlow, alias Calavera, ofreciendo una potente muestra de lo que será el discurrir de la cinta con la alternancia de escenas de acción rodadas con una fuerza técnica y poderío visual brutales (algo tendrá que ver con esto también la presencia de David Leitch como director en la segunda unidad) con pasajes en los que el sense of wonder propio de las producciones Marvel Studios copan el protagonismo de la trama consiguiendo una fusión de tonos que expuesta en pantalla ofrece situaciones espectaculares, siempre apelando a unas escenas dinámicas y frenéticas en las que todas las peleas, persecuciones, y tiroteos se ven de manera cristalina sin abusar de los movimientos de cámara innecesarios, la dirección de fotografía sobresaturada o el montaje sincopado propio de las superproducciones hollywoodienses del siglo XXI.




En este sentido pasajes como el ya mencionado en Lagos con la búsqueda del personaje de Frank Grillo, la huída de Bucky en motocicleta siendo perseguido por Black Panther y el Capitán América o toda la larga y elaborada batalla campal en el aeropuerto alemán dan buena muestra de lo que se puede hacer en el cine de acción para todos los públicos con unos medios holgados, tanto en el apartado artístico como el técnico, y la profesionalidad de unos artesanos que a pesar de no tener más de dos largometrajes en su haber pareciera que llevaran toda la vida implicados en producciones mastodónticas llenas de pirotécnica y ritmo endiablado como la que nos ocupa. Tanto los Russo como los guionistas hacen una sabia utilización del enfrentamiento interno de los Vengadores para poner frente a frente a personajes que de otro modo nunca lucharían los unos contra los otros cediendo de esta manera a los sueños de los numerosos fans de los cómics que son generalmente los que más disfrutan con este combate entre el bando de Tony Stark y el de Steve Rogers.




Por suerte tanto los hermanos Russo como los guionistas Chrisitopher Markus y Setephen McFeely también centran su atención en la necesaria interacción de los numerosos personajes que pueblan la narración y eso se deja notar en el metraje. La dicotómica relación entre rivalidad y lealtad de Tony Stark y Steve Rogers, la de amistad de este último con Bucky, los primeros pasos de lo que será en un futuro la relación sentimental entre Wanda y Visión, el peso que toma T'Challa como rey de esa Wakanda que comienza a cobrar protagonismo de cara al estreno de Black Panther o el dúo cómico que forman el personaje de Robert Downey Jr con el Spider-Man de Tom Holland con gags de humor muy divertidos y toda la retranca relacionada con la edad de la improbablemente atractiva tía May de Marisa Tomei (golpes de humor que volvieron en la reciente Spider-Man: Homecoming y que confirmaron a Stark y Parker como una entrañable pareja humorística) son expuestos en pantalla con acierto y la suficiente pericia para que el espectador empatice mínimamente con ellos y sus situaciones tanto emocionales como profesionales.




Ya centrándonos en los fallos previamente anotados el primero nace de una de las decisiones más celebradas de la película, la inclusión de Spider-Man en la trama. Si cuando lo vimos por primera vez balancearse en su telaraña por el skyline neoyorquino en la película primigenia de Sam Raimi muchos cumplimos un sueño de infancia verlo codearse con los personajes de Marvel Studios no es menos trascendente y memorable para el fan curtido en las viñetas. Pero seamos serios, su inclusión en el film es totalmente arbitraria, la motivación por parte de Stark para reclutarlo en su guerra civil es tan peregrina como temeraria (darle como primera misión a un quinceañero que lleva menos de seis meses en activo como luchador contra el crimen enfrentarse a un grupo de curtidos superhéroes con fuerza sobrehumana es poco procedente) al igual que la escasamente sólida excusa narrativa para que conozca la personalidad secreta de su pupilo, algo que por cierto se convirtió en algo habitual en el debut del personaje en solitario quitando peso a una de las señas de identidad más importantes de la creación de Stan Lee y Steve Ditko.




El otro defecto nace nuevamente de un acierto y está relacionado con el villano que esta vez está representado por Helmut Zemo, alias Barón Zemo. El actor alemán de ascendencia española Daniel Brühl da vida a dicho personaje y el mismo se revela como la némesis más sólida de Marvel Studios junto a las de Loki o Ultrón (que al que suscribe le pareció una encarnación magnífica, independientemente de la fidelidad por parte de Joss Whedon a su versión en viñetas) con unas motivaciones bien perfiladas en la trama así como unas acciones que llegan a tener verdaderas y graves repercusiones en los protagonistas. Pero su personalidad está tan alejada del Zemo de los cómics (eso sin adentrarnos en la estética que ahí el suspenso se antoja inevitable) que su rol podía haber pasado por la de cualquier villano genérico y de manual que hubiera decidido enfrentarse a los Vengadores por unas u otras circunstancias. Con todo el cometido para el que el alter ego en la ficción del actor de Malditos Bastardos fue creado se cumple sobradamente, de modo que en ese sentido más allá de la fallida encarnación que es de la creación de Stan Lee y Jack Kirby poco más negativo podemos decir de él.




Como es lógico todos sabíamos que Marvel Studios no iba a tener los redaños para dar un final a la película como el que vimos en los cómics y por muy elaborada y memorable que resulte esa batalla en el aeropuerto éramos conscientes de que ningún miembro de los Vengadores iba a causar baja permanente (lo de James Rhodes es una concesión de cara a la galería para que haya un daño colateral más o menos importante como resultado del enfrentamiento) porque esto es un negocio que ofrece dos o tres entregas por año y el dinero es lo que prima en Hollywood. Pero Capitán América: Civil War es una demostración de enorme fuerza por parte de la división cinematográfica de la Casa de las Ideas, tan o más conservadora que cualquiera de sus otros films, pero llevada a cabo por un grupo de profesionales que saben cómo ofrecer a la platea cine comercial de calidad o dos horas y media de acción y heroicidades de distinto pelaje que se pasan en un suspiro. Ahora sólo queda ver qué están haciendo los Russo con el díptico Avengers; Infinity War, que ese sí apunta ser un antes y un después en la factoría comandada por Kevin Feige o eso suponemos.



martes, 1 de abril de 2014

Capitán América: El Soldado de Invierno



Título Original Captain America: The Winter Soldier (2014)
Director Anthony y Joe Russo
Guión Christopher Markus, Stephen McFeely basado en el personaje de Joe Simon y Jack Kirby
Actores Chris Evans, Scarlett Johansson, Samuel L. Jackson, Robert Redford, Toby Jones, Cobie Smulders, Emily VanCamp, Anthony Mackie, Sebastian Stan, Frank Grillo, Hayley Atwell, Georges St-Pierre, Maximiliano Hernández, Pat Healy, Stan Lee






Segunda entrega en solitario de la traslación que Marvel Studios está realizando de las aventuras de Steve Rogers, el famoso Capitán América, personaje creado por Joe Simon y Jack Kirby en 1944 y recuperado para la Marvel por Stan Lee en la década de los 60. Tras la primera entrega estrenada en el año 2011 que sabía captar con acierto el génesis del personaje durante la Segunda Guerra Mundial con Joe Johnston (Parque Jurásico 3, Rocketeer) en la dirección y su paso por la magnífica Los Vengadores de Joss Whedon el Centinela de la Libertad vuelve a manos de los poco conocidos hermanos Anthony y Joe Russo (Community) para regalar a la platea la, con diferencia, mejor película de la Fase 2 de Marvel aunque como obra no llega a ser una genialidad algo que se han apresurado en aventurar algunos.




Después de los acontecimientos de la invasión chitauri en New York a manos de Loki en la que se vieron implicados los Vengadores Steve Rogers (Chris Evans) alias Capitán América, está plenamente integrado en las filas de S.H.I.E.L.D junto a su compañera Natasha Romanoff (Scarlett Johansson) la Viuda negra. Allí, bajo las órdenes de Nick Furia (Samuel L. Jackson) que a su vez es un subordinado de Alexander Pierce (Robert Redford) descubrirá un complejo entramado en el que la organización criminal HYDRA se revelará como la verdadera administradora en la sombra de S.H.I.E.L.D. Junto a colaboradores como Falcon (Antthony Mackie) o la agente Maria Hill (Cobie Smulders) el Capitán América, la Viuda Negra y Nick Furia intentarán recuperar el control de la crítica situación siempre y cuando un extraño asesino llamado el Soldado de Invierno que está relacionado con el pasado de Steve Rogers no de al traste con los planes de los protagonistas.




Captain America: The Winter Soldier como adaptación del noveno al séptimo arte está inspirada, principalmente, en la saga homónima que forma parte de la extensa y magnifica etapa del guionista Ed Brubaker (Gotham Central, Fatale) al frente de la colección del personaje, pero también toma apuntes, detalles y resoluciones formales de otros trabajos en viñetas de Marvel como Nick Furia vs. S.H.I.E.L.D de Bob Harras o Guerreos Secretos de Jonathan Hickman. El guión, al igual que en la primera entrega, cae en manos de Christopher Markus y Stephen McFeely que saben condensar con acierto las distintas tramas que toman para dar forma al esqueleto argumental de la obra aunque tomándose, como suele pasar en estas ocasiones, las esperadas licencias con respecto a los cómics que tratan de llevar a imágenes en movimiento para la pantalla grande.




Esta segunda parte abandona por completo el tono de aventura exploit localizada en la Segunda Guerra Mundial de la primera parte para entregarse por completo al género de espionaje y a un aroma a films sobre la Guerra fría propios de los años 60 como los que rodaran John Frankenheimer (en varios momentos viene a la cabeza El Mensajero del Miedo, sobre todo gracias al personaje de Alexander Pierce de Robert Redford) o Sidney Lumet (Punto Límite) a los que se suman varias deudas más, esta vez contemporáneas, que van desde la saga protagonizada por Jason Bourne, el personaje nacido de la pluma de Robert Ludlum y llevado al celuloide por Doug Liman, Paul Greengrass y Tony Gilroy con Matt Damon como el desmemoriado agente secreto, o el tono de thriller que Christopher Nolan inyectó a su trilogía sobre Batman, alejándose un poco más esta nueva entrega del Capitán América del tono más sense of wonder (y hasta del humor, aunque haberlo lo hay) de los productos propios de Marvel Studios pero no perdiéndolo del todo.




Hay muchos aciertos y algún que otro fallo en Capitán América: El Soldado de Invierno. Por el lado bueno tenemos tanto el ritmo adecuado que nunca decae y que apela al frenetismo cuando lo necesita y al desarrollo de la trama cuando la historia lo exige. También en el lado positivo tenemos unas escenas de acción sencillamente brillantes, montadas con considerable pericia (aunque en algunos momentos la edición sea algo abrupta) o tensadas con un muy buen pulso narrativo (la del ascensor del protagonista con todos los agentes de S.H.I.E.L.D) en las que los hermanos Russo dan lo mejor de sí mismos augorándoles un futuro más que interesante dentro del mundo del blockbaster americano. Además, poco se les puede reprochar con respecto a que su realización sea impersonal cuando todos sabemos que hasta cineastas con cierto renombre o sello (Joss Whedon, Kenneth Branagh) han visto su impronta como autores bastante atenuada cuando se han puesto a las órdenes de Marvel Studios, algo inevitable.




Dentro de las carencias tenemos a unos actores que si bien ya se han hecho completamente con sus roles no rascan más allá de la superficie. Chris Evans y Scarlett Johansson cada vez son más creíbles como el Capitán América y la Viuda Negra respectivamente e interactúan bien en pantalla, pero su trabajo es poco más que cumplidor delante de las cámaras. También tenemos un desarrollo inadecuado de algunos caracteres, porque si bien es cierto que ese Soldado de Invierno es de lo mejor del largometraje y sabe intimidar física y psicológicamente cuando decide devorar el plano también es cierto que poco sabemos de su personalidad torturada o motivaciones. Más grave es lo del personaje de Emily VanCamp, que es un añadido casi de relleno que realmente no tiene casi peso en la trama por mucho que los guionistas y directores traten de dárselo. Finalmente como último detalle negativo estaría lo poco que se incide en un tema tan interesante como la intoxicación interna de los servicios secretos americanos que aquí sólo se trata de manera bastante tangencial, pero tampoco podemos pedir más en ese sentido a una producción de esta naturaleza de evasión.




Ahora pongámonos en modo SPOILER para mencionar todas las  referencias al fandom que hay a lo largo del film, que no son pocas ni intrascendentes para el seguidor de los cómics. Por un lado tenemos la aparición de Batroc al arranque del film (su pelea con el Capitán es una escena física de notable ejecución) la presencia (bastante impertinente, como demanda el rol) de Brock Rumlow, el futuro Calavera, la mención a Stephen Extraño, el famoso Doctor Extraño, hechicero en el que Marvel Studios ha puesto sus ojos para realizar su primera incursión en el cine de imagen real (en el animado ya ha dado algunas muestras de calidad) o la aparición en la primera de las dos escenas post créditos del Barón Wolfgang Von Strucker y los hermanos Wanda y Pietro Maximoff, Bruja Escarlata y Mercurio respectivamente, hijos a su vez de Erik Lensher/Magneto, algo que no se mencionará en la futura The Avengers: Age of Ultron de Joss Whedon por los problemas de derechos con los mutantes en cine que tiene la Casa de las Ideas con la Twentieth Century Fox. También se incluye un guiño, intencionado o no, a la costumbre de robar coches que tenía el Capitán América de la versión de 1990 dirigida por Albert Pyun que despierta una sonrisa socarrona en el fan.




En resumidas cuentas la de Anthony y Joe Russo es una magnífica entrega (de las mejores) dentro de la filmografía de Marvel Studios y la confirmación de que esta Fase 2, que había empezado con bastantes titubeos y alguna crisis de identidad con la simpática pero demasiado peculiar Iron Man 3 y la desganada Thor: El Mundo Oscuro, recupera el rumbo gracias a este Capitán América puramente del SXXI. Atenuando sabiamente el patriotismo del personaje para ser accesible a todo tipo de público, haciendo que impere la acción pero sin quitar peso al desarrollo de acontecimientos narrativos,  incluyendo algún momento emotivo (el pasaje de Peggy Carter o ese triste "estoy contigo hasta el final" durante el clímax) la presencia de nuevos personajes interesantes (el Alexander Pierce de Robert Redford) o carismáticos (el Falcon de Anthony Mackie) la acertada idea de darle por fin más peso a Nick Furia (con guiño genial a Pulp Fiction para Samuel L. Jackson) e insuflándole al tono del film una acertada mezcolanza de géneros el resultado es de muy buena nota, de eso no cabe duda. Ahora, aquello de que es mejor película que Los Vengadores que baje Thanos de Titán del cosmos y lo vea.