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lunes, 14 de agosto de 2017

Capitán América: Civil War



Título Original Captain America: Civil War (2016)
Director Anthony y Joe Russo
Guión Chrisitopher Markus y Setephen McFeely, basado en el cómic de Mark Millar y Steve McNiven y en personajes de Stan Lee, Jack Kirby y Joe Simon
Reparto Chris Evans,  Robert Downey Jr., Sebastian Stan, Scarlett Johansson, Anthony Mackie, Daniel Brühl, Don Cheadle, Jeremy Renner, Chadwick Boseman, Paul Bettany, Elizabeth Olsen, Paul Rudd, William Hurt, Emily VanCamp, Tom Holland, Frank Grillo, Martin Freeman, Marisa Tomei, John Kani, John Slattery, Hope Davis, Alfre Woodard, Stan Lee, Heidi Moneymaker, Gene Farber, Florence Kasumba





No fueron pocos, un servidor entre ellos, los que recibieron con un arqueo de ceja la noticia. La tercera película del Capitán América dentro de Marvel Studios iba a estar inspirada en Civil War, el célebre y exitoso evento de los cómics escrito por el escocés Mark Millar y dibujado por el estadounidense Steve McNiven en el año 2006. En aquel crossover se reunía prácticamente el grueso de la plantilla más destacada de la Casa de las Ideas con motivo de la batalla entre dos grupos, comandados por Iron Man y el Capitán América respectivamente, para de esta manera ofrecer apoyo u oposición al famoso Acta de Registro Sobrehumano con el que mantener controladas a las personas con superpoderes. Dicha implicación de casi toda la plana mayor de Marvel se antojaba imposible de trasladar fielmente a imágenes debido a los problemas de derechos que la productora de Kevin Feige tenía con respecto a personajes como los adscritos al universo mutante o los relacionados con los 4 Fantásticos, todos ellos propiedad de 20th Century Fox, así como los de Spider-Man que estaban en poder de Sony.




Por suerte antes de comenzar la producción de la película Marvel Studios llegó a un acuerdo con Sony para compartir los derechos del alter ego arácnido de Peter Parker y así poder incluirlo al menos a él en esta Civil War audiovisual. Lo que posteriormente sucedió es por todos conocido, se prescindió de Andrew Garfield que no había convencido demasiado con su versión del trepamuros (aunque sus virtudes tenía, indudablemente) en el díptico The Amazing Spider-Man y los responsables decidieron reiniciar por segunda vez el personaje creado por Stan Lee y Steve Ditko en 1963 con un nuevo actor y una puesta al día actualizada de la criatura. El británico actor Tom Holland (Lo Imposible) fue el afortunado elegido para dar vida a la tercera versión cinematográfica del hombre araña y Civil War sería su carta de presentación, eso sí, tomando un rol mucho más secundario y tangencial que en el cómic de Millar y McNiven, en el que incluso llegaba a revelar a la opinión pública su identidad secreta.





Evidentemente la única inclusión de Spider-Man no iba a solucionar el problema que Kevin Feige y sus empleados tenían con respecto a realizar una adaptación fidedigna de Civil War debido a la ya apuntada ausencia de los otros personajes por culpa de los derechos en poder de 20th Century Fox. Por ello los guionistas Christopher Markus y Setephen McFleely y los directores Anthony y Joe Russo, que volvieron aquí a trabajar con Steve Rogers tras su soberbia labor en la brillante Capitán América: Soldado de Invierno, se pusieron manos a la obra para crear su propia Civil War, que más allá de algunos apuntes narrativos y estilísticos, poco tuvo que ver finalmente con el famoso evento de los cómics. Para que el éxito fuera total Marvel Studios puso a disposición del equipo de escritores y realizadores prácticamente todos los personajes que hasta ese momento se habían paseado por la pantalla grande durante las dos primeras fases del universo cinematográfico de la Casa de las Ideas e incluso añadiendo algunos de nuevo cuño que debutaban en esta cinta junto al ya mencionado Spider-Man.




Capitán América: Civil War se estrenó el 27 de Abril de 2016 y fue un enorme éxito de crítica y público en todo el mundo, siendo considerada desde su puesta de largo internacional una de las mejores y más sólidas cintas del Universo Cinematográfico Marvel. Un servidor pudo verla en su momento en pantalla grande, como hago con casi todos los largometrajes de cine relacionado con superhéroes, y aunque me pareció un producto magnífico encontré algunos fallos de guión que me parecieron lo suficientemente notables para ser destacados por parte, puede que no del espectador neófito, pero sí del conocedor de los personajes, la franquicia y sus contrapartidas en papel. Revisada ayer poco más de un año después de la primera vez debo admitir que esos defectos en esta segunda ocasión me han parecido más livianos y perdonables que en esa inicial toma de contacto, pero evidententemente a lo largo de esta reseña los mencionaré y trataré de analizar superficialmente para ofrecer una visión lo más completa posible del largometraje y su idiosincrasia como obra cinematográfica de entretenimiento.




Capitán América: Civil War tiene lugar después de los hechos acaecidos en Los Vengadores: La Era de Ultrón (aunque recordemos que entre una y otra se estrenó Ant-Man, suponiendo el ligero y agradable cierre de la Fase 2 de Marvel Studios) y narra la división que tiene lugar entre los distintos miembros de los Vengadores cuando entran en juego los Acuerdos de Sokovia, un sistema impulsado por la ONU que mantendrá controlado al grupo de superhéroes y gracias al cual podrán solicitar los servicios de estos cuando lo vean necesario sin que ellos puedan interceder en ese sentido. Tony Stark, impulsado por el cargo de conciencia de los daños colaterales causados en Sokovia durante la batalla con Ultrón, apoyará los acuerdos y junto a él lo harán otros miembros del grupo como Viuda Negra, Máquina de Guerra o Visión. En cambio Steve Rogers, con la ayuda de Ojo de Halcón, Falcon o Ant-Man se situará en el lado opuesto. La inclusión en esta guerra interna de Black Panther, Spider-Man, Soldado de Invierno y Helmut Zemo potenciará exponencialmente los problemas entre una y otra facción.




Los directivos de Marvel Studios demostraron una vez más un intachable olfato cuando decidieron poner de nuevo a los hermanos Russo a manos de la tercera entrega de las aventuras en pantalla grande de Steve Rogers. Capitán América: Civil War es una acertada y sólida amalgama entre el celuloide de espionaje al que se adscribía Soldado de Invierno (una cinta que tenía más que ver con la saga cinematográfica de Jason Bourne que con el subgénero pijamero) y el tono superheróico que destilan la mayor parte de las producciones de la división cinematográfica de la Casa de las Ideas y que pudimos ver en las dos entregas de los Vengadores, la primera Guardianes de la Galaxia, la trilogía Iron Man o la misma primera cinta protagonizada por en Centinela de la Libertad en 2011. De este modo los realizadores de la serie Community vuelven a moverse por un terreno que conocen, pero aunándolo con el que puede y debe considerarse la seña de identidad del Universo Cinematográfico Marvel. El resultado es brillante a distintos niveles siempre dentro de un contexto de cine comercial y de evasión.




Es de un mérito incuestionable la labor de Anthony y Joe Russo a la hora de ejecutar esta mezcolanza de géneros que queda patente desde el arranque con la misión en Lagos para dar caza a Brock Rumlow, alias Calavera, ofreciendo una potente muestra de lo que será el discurrir de la cinta con la alternancia de escenas de acción rodadas con una fuerza técnica y poderío visual brutales (algo tendrá que ver con esto también la presencia de David Leitch como director en la segunda unidad) con pasajes en los que el sense of wonder propio de las producciones Marvel Studios copan el protagonismo de la trama consiguiendo una fusión de tonos que expuesta en pantalla ofrece situaciones espectaculares, siempre apelando a unas escenas dinámicas y frenéticas en las que todas las peleas, persecuciones, y tiroteos se ven de manera cristalina sin abusar de los movimientos de cámara innecesarios, la dirección de fotografía sobresaturada o el montaje sincopado propio de las superproducciones hollywoodienses del siglo XXI.




En este sentido pasajes como el ya mencionado en Lagos con la búsqueda del personaje de Frank Grillo, la huída de Bucky en motocicleta siendo perseguido por Black Panther y el Capitán América o toda la larga y elaborada batalla campal en el aeropuerto alemán dan buena muestra de lo que se puede hacer en el cine de acción para todos los públicos con unos medios holgados, tanto en el apartado artístico como el técnico, y la profesionalidad de unos artesanos que a pesar de no tener más de dos largometrajes en su haber pareciera que llevaran toda la vida implicados en producciones mastodónticas llenas de pirotécnica y ritmo endiablado como la que nos ocupa. Tanto los Russo como los guionistas hacen una sabia utilización del enfrentamiento interno de los Vengadores para poner frente a frente a personajes que de otro modo nunca lucharían los unos contra los otros cediendo de esta manera a los sueños de los numerosos fans de los cómics que son generalmente los que más disfrutan con este combate entre el bando de Tony Stark y el de Steve Rogers.




Por suerte tanto los hermanos Russo como los guionistas Chrisitopher Markus y Setephen McFeely también centran su atención en la necesaria interacción de los numerosos personajes que pueblan la narración y eso se deja notar en el metraje. La dicotómica relación entre rivalidad y lealtad de Tony Stark y Steve Rogers, la de amistad de este último con Bucky, los primeros pasos de lo que será en un futuro la relación sentimental entre Wanda y Visión, el peso que toma T'Challa como rey de esa Wakanda que comienza a cobrar protagonismo de cara al estreno de Black Panther o el dúo cómico que forman el personaje de Robert Downey Jr con el Spider-Man de Tom Holland con gags de humor muy divertidos y toda la retranca relacionada con la edad de la improbablemente atractiva tía May de Marisa Tomei (golpes de humor que volvieron en la reciente Spider-Man: Homecoming y que confirmaron a Stark y Parker como una entrañable pareja humorística) son expuestos en pantalla con acierto y la suficiente pericia para que el espectador empatice mínimamente con ellos y sus situaciones tanto emocionales como profesionales.




Ya centrándonos en los fallos previamente anotados el primero nace de una de las decisiones más celebradas de la película, la inclusión de Spider-Man en la trama. Si cuando lo vimos por primera vez balancearse en su telaraña por el skyline neoyorquino en la película primigenia de Sam Raimi muchos cumplimos un sueño de infancia verlo codearse con los personajes de Marvel Studios no es menos trascendente y memorable para el fan curtido en las viñetas. Pero seamos serios, su inclusión en el film es totalmente arbitraria, la motivación por parte de Stark para reclutarlo en su guerra civil es tan peregrina como temeraria (darle como primera misión a un quinceañero que lleva menos de seis meses en activo como luchador contra el crimen enfrentarse a un grupo de curtidos superhéroes con fuerza sobrehumana es poco procedente) al igual que la escasamente sólida excusa narrativa para que conozca la personalidad secreta de su pupilo, algo que por cierto se convirtió en algo habitual en el debut del personaje en solitario quitando peso a una de las señas de identidad más importantes de la creación de Stan Lee y Steve Ditko.




El otro defecto nace nuevamente de un acierto y está relacionado con el villano que esta vez está representado por Helmut Zemo, alias Barón Zemo. El actor alemán de ascendencia española Daniel Brühl da vida a dicho personaje y el mismo se revela como la némesis más sólida de Marvel Studios junto a las de Loki o Ultrón (que al que suscribe le pareció una encarnación magnífica, independientemente de la fidelidad por parte de Joss Whedon a su versión en viñetas) con unas motivaciones bien perfiladas en la trama así como unas acciones que llegan a tener verdaderas y graves repercusiones en los protagonistas. Pero su personalidad está tan alejada del Zemo de los cómics (eso sin adentrarnos en la estética que ahí el suspenso se antoja inevitable) que su rol podía haber pasado por la de cualquier villano genérico y de manual que hubiera decidido enfrentarse a los Vengadores por unas u otras circunstancias. Con todo el cometido para el que el alter ego en la ficción del actor de Malditos Bastardos fue creado se cumple sobradamente, de modo que en ese sentido más allá de la fallida encarnación que es de la creación de Stan Lee y Jack Kirby poco más negativo podemos decir de él.




Como es lógico todos sabíamos que Marvel Studios no iba a tener los redaños para dar un final a la película como el que vimos en los cómics y por muy elaborada y memorable que resulte esa batalla en el aeropuerto éramos conscientes de que ningún miembro de los Vengadores iba a causar baja permanente (lo de James Rhodes es una concesión de cara a la galería para que haya un daño colateral más o menos importante como resultado del enfrentamiento) porque esto es un negocio que ofrece dos o tres entregas por año y el dinero es lo que prima en Hollywood. Pero Capitán América: Civil War es una demostración de enorme fuerza por parte de la división cinematográfica de la Casa de las Ideas, tan o más conservadora que cualquiera de sus otros films, pero llevada a cabo por un grupo de profesionales que saben cómo ofrecer a la platea cine comercial de calidad o dos horas y media de acción y heroicidades de distinto pelaje que se pasan en un suspiro. Ahora sólo queda ver qué están haciendo los Russo con el díptico Avengers; Infinity War, que ese sí apunta ser un antes y un después en la factoría comandada por Kevin Feige o eso suponemos.



martes, 1 de abril de 2014

Capitán América: El Soldado de Invierno



Título Original Captain America: The Winter Soldier (2014)
Director Anthony y Joe Russo
Guión Christopher Markus, Stephen McFeely basado en el personaje de Joe Simon y Jack Kirby
Actores Chris Evans, Scarlett Johansson, Samuel L. Jackson, Robert Redford, Toby Jones, Cobie Smulders, Emily VanCamp, Anthony Mackie, Sebastian Stan, Frank Grillo, Hayley Atwell, Georges St-Pierre, Maximiliano Hernández, Pat Healy, Stan Lee






Segunda entrega en solitario de la traslación que Marvel Studios está realizando de las aventuras de Steve Rogers, el famoso Capitán América, personaje creado por Joe Simon y Jack Kirby en 1944 y recuperado para la Marvel por Stan Lee en la década de los 60. Tras la primera entrega estrenada en el año 2011 que sabía captar con acierto el génesis del personaje durante la Segunda Guerra Mundial con Joe Johnston (Parque Jurásico 3, Rocketeer) en la dirección y su paso por la magnífica Los Vengadores de Joss Whedon el Centinela de la Libertad vuelve a manos de los poco conocidos hermanos Anthony y Joe Russo (Community) para regalar a la platea la, con diferencia, mejor película de la Fase 2 de Marvel aunque como obra no llega a ser una genialidad algo que se han apresurado en aventurar algunos.




Después de los acontecimientos de la invasión chitauri en New York a manos de Loki en la que se vieron implicados los Vengadores Steve Rogers (Chris Evans) alias Capitán América, está plenamente integrado en las filas de S.H.I.E.L.D junto a su compañera Natasha Romanoff (Scarlett Johansson) la Viuda negra. Allí, bajo las órdenes de Nick Furia (Samuel L. Jackson) que a su vez es un subordinado de Alexander Pierce (Robert Redford) descubrirá un complejo entramado en el que la organización criminal HYDRA se revelará como la verdadera administradora en la sombra de S.H.I.E.L.D. Junto a colaboradores como Falcon (Antthony Mackie) o la agente Maria Hill (Cobie Smulders) el Capitán América, la Viuda Negra y Nick Furia intentarán recuperar el control de la crítica situación siempre y cuando un extraño asesino llamado el Soldado de Invierno que está relacionado con el pasado de Steve Rogers no de al traste con los planes de los protagonistas.




Captain America: The Winter Soldier como adaptación del noveno al séptimo arte está inspirada, principalmente, en la saga homónima que forma parte de la extensa y magnifica etapa del guionista Ed Brubaker (Gotham Central, Fatale) al frente de la colección del personaje, pero también toma apuntes, detalles y resoluciones formales de otros trabajos en viñetas de Marvel como Nick Furia vs. S.H.I.E.L.D de Bob Harras o Guerreos Secretos de Jonathan Hickman. El guión, al igual que en la primera entrega, cae en manos de Christopher Markus y Stephen McFeely que saben condensar con acierto las distintas tramas que toman para dar forma al esqueleto argumental de la obra aunque tomándose, como suele pasar en estas ocasiones, las esperadas licencias con respecto a los cómics que tratan de llevar a imágenes en movimiento para la pantalla grande.




Esta segunda parte abandona por completo el tono de aventura exploit localizada en la Segunda Guerra Mundial de la primera parte para entregarse por completo al género de espionaje y a un aroma a films sobre la Guerra fría propios de los años 60 como los que rodaran John Frankenheimer (en varios momentos viene a la cabeza El Mensajero del Miedo, sobre todo gracias al personaje de Alexander Pierce de Robert Redford) o Sidney Lumet (Punto Límite) a los que se suman varias deudas más, esta vez contemporáneas, que van desde la saga protagonizada por Jason Bourne, el personaje nacido de la pluma de Robert Ludlum y llevado al celuloide por Doug Liman, Paul Greengrass y Tony Gilroy con Matt Damon como el desmemoriado agente secreto, o el tono de thriller que Christopher Nolan inyectó a su trilogía sobre Batman, alejándose un poco más esta nueva entrega del Capitán América del tono más sense of wonder (y hasta del humor, aunque haberlo lo hay) de los productos propios de Marvel Studios pero no perdiéndolo del todo.




Hay muchos aciertos y algún que otro fallo en Capitán América: El Soldado de Invierno. Por el lado bueno tenemos tanto el ritmo adecuado que nunca decae y que apela al frenetismo cuando lo necesita y al desarrollo de la trama cuando la historia lo exige. También en el lado positivo tenemos unas escenas de acción sencillamente brillantes, montadas con considerable pericia (aunque en algunos momentos la edición sea algo abrupta) o tensadas con un muy buen pulso narrativo (la del ascensor del protagonista con todos los agentes de S.H.I.E.L.D) en las que los hermanos Russo dan lo mejor de sí mismos augorándoles un futuro más que interesante dentro del mundo del blockbaster americano. Además, poco se les puede reprochar con respecto a que su realización sea impersonal cuando todos sabemos que hasta cineastas con cierto renombre o sello (Joss Whedon, Kenneth Branagh) han visto su impronta como autores bastante atenuada cuando se han puesto a las órdenes de Marvel Studios, algo inevitable.




Dentro de las carencias tenemos a unos actores que si bien ya se han hecho completamente con sus roles no rascan más allá de la superficie. Chris Evans y Scarlett Johansson cada vez son más creíbles como el Capitán América y la Viuda Negra respectivamente e interactúan bien en pantalla, pero su trabajo es poco más que cumplidor delante de las cámaras. También tenemos un desarrollo inadecuado de algunos caracteres, porque si bien es cierto que ese Soldado de Invierno es de lo mejor del largometraje y sabe intimidar física y psicológicamente cuando decide devorar el plano también es cierto que poco sabemos de su personalidad torturada o motivaciones. Más grave es lo del personaje de Emily VanCamp, que es un añadido casi de relleno que realmente no tiene casi peso en la trama por mucho que los guionistas y directores traten de dárselo. Finalmente como último detalle negativo estaría lo poco que se incide en un tema tan interesante como la intoxicación interna de los servicios secretos americanos que aquí sólo se trata de manera bastante tangencial, pero tampoco podemos pedir más en ese sentido a una producción de esta naturaleza de evasión.




Ahora pongámonos en modo SPOILER para mencionar todas las  referencias al fandom que hay a lo largo del film, que no son pocas ni intrascendentes para el seguidor de los cómics. Por un lado tenemos la aparición de Batroc al arranque del film (su pelea con el Capitán es una escena física de notable ejecución) la presencia (bastante impertinente, como demanda el rol) de Brock Rumlow, el futuro Calavera, la mención a Stephen Extraño, el famoso Doctor Extraño, hechicero en el que Marvel Studios ha puesto sus ojos para realizar su primera incursión en el cine de imagen real (en el animado ya ha dado algunas muestras de calidad) o la aparición en la primera de las dos escenas post créditos del Barón Wolfgang Von Strucker y los hermanos Wanda y Pietro Maximoff, Bruja Escarlata y Mercurio respectivamente, hijos a su vez de Erik Lensher/Magneto, algo que no se mencionará en la futura The Avengers: Age of Ultron de Joss Whedon por los problemas de derechos con los mutantes en cine que tiene la Casa de las Ideas con la Twentieth Century Fox. También se incluye un guiño, intencionado o no, a la costumbre de robar coches que tenía el Capitán América de la versión de 1990 dirigida por Albert Pyun que despierta una sonrisa socarrona en el fan.




En resumidas cuentas la de Anthony y Joe Russo es una magnífica entrega (de las mejores) dentro de la filmografía de Marvel Studios y la confirmación de que esta Fase 2, que había empezado con bastantes titubeos y alguna crisis de identidad con la simpática pero demasiado peculiar Iron Man 3 y la desganada Thor: El Mundo Oscuro, recupera el rumbo gracias a este Capitán América puramente del SXXI. Atenuando sabiamente el patriotismo del personaje para ser accesible a todo tipo de público, haciendo que impere la acción pero sin quitar peso al desarrollo de acontecimientos narrativos,  incluyendo algún momento emotivo (el pasaje de Peggy Carter o ese triste "estoy contigo hasta el final" durante el clímax) la presencia de nuevos personajes interesantes (el Alexander Pierce de Robert Redford) o carismáticos (el Falcon de Anthony Mackie) la acertada idea de darle por fin más peso a Nick Furia (con guiño genial a Pulp Fiction para Samuel L. Jackson) e insuflándole al tono del film una acertada mezcolanza de géneros el resultado es de muy buena nota, de eso no cabe duda. Ahora, aquello de que es mejor película que Los Vengadores que baje Thanos de Titán del cosmos y lo vea.



lunes, 31 de marzo de 2014

Capitán América (1990), tu vuo’ fa’ ll’americano



Título Original Captain America (1990)
Director Albert Pyun
Guión Stephen Tolkin y Laurence Block basado en el personaje de Joe Simon y Jack Kirby
Actores Matt Salinger, Ronny Cox, Scott Paulin, Ned Beatty, Darren McGavin, Michael Nouri, Kim Gillingham, Melinda Dillon, Bill Mumy, Francesca Neri, Norbert Weisser, Garette Ratliff Henson, Thomas Beatty, Jason Brooks




El descomunal éxito de la adaptación que Tim Burton dirigió en 1989 con Batman, el personaje creado en 1939 por Bob Kane y Bill Finger, de protagonista trajo tras de sí tantas cosas buenas como malas, algunas terriblemente malas. Dentro de estas últimas destaca algo que en principio no debía ser una idea negativa como era llevar a imágenes las aventuras de muchos de nuestros personajes de DC y Marvel que llevábamos años siguiendo desde las viñetas. Pero esa fiebre también dio pie a que todo hijo de vecino con una productora de tres al cuarto creyera que tenía los medios y aptitudes necesarias para realizar cine de superhéroes. Así fue como nació el primer largometraje para la pantalla grande protagonizado por el Capitán América allá por el lejano 1990. 




Que en la producción del proyecto estuviera implicado el israelí Menahem Golan, padre de la inefable Cannon Films que financiara muchos de los films de action heroes de la era Reagan como Silvester Stallone, Jean Claude Van Damme, Chuck Norris o Dolph Lundgren, no presagiaba nada bueno, pero que decidieran poner a los mandos de la realización a Albert Pyun (hijo espiritual de Ed Wood y padre putativo de Uwe Boll) al que le debemos obras como Kickboxer 2 y 4 o Cyborg (su posiblemente mejor film, que no es decir mucho) reducía todavía más las esperanzas de ver una buena película sobre el Centinela de la Libertad. Su reducido presupuesto y reparto de baratillo en el que destacaban un par de veteranas estrellas en decadencia terminaron por poner los clavos en el ataúd de lo que supuso la primera experiencia de Steve Rogers con el mundo del séptimo arte incluso antes de su estreno.




El Capitán América de 1990 es un detritus fílmico tan terriblemente pobre y ridículo en todos los aspectos que ni abordada desde la sorna o la oda a la cutrez por la pura diversión puede ser disfrutada. En su momento supuso una co producción yugoslavo-americana ¿¿?? rodada en Italia, lo que llevó a situar la mayor parte de la trama del largometraje en aquellas tierras… porque sí, no porque la historia lo exigiera. Los decorados son de una austeridad alarmante, los secundarios parecen sacados de una película softcore (señal inequívoca de esto que comentamos es la presencia como “villana” de una Francesca Neri que ese mismo año visitió nuestro país para rodar Las Edades de Lulú, la adaptación que el fallecido Bigas Luna realizó de la novela homónima de Almudena Grandes) del entrañable director del género Joe D’Amato y el actor que da vida a Steve Rogers, Matt Salinger, parece un galán de soap opera yanqui entrado en años, demasiados. 





Pero lo peor de la velada (junto a los diálogos que mencionaremos más tarde) es el apartado técnico del producto que incluso para su época era lo más bajo de lo más bajo. Si la dirección de Albert Pyun es chafardera, cutre, carcajeante (esos primeros planos subliminales del escudo con los que nos ametrallan durante todas las escenas de acción) lo del montaje ya es de traca.  Posiblemente estemos con esta Capitán América de 1990 ante la peor edición de la historia del cine, con una concatenación de imágenes sincopadas que llegan a producir dolor de cabeza a un espectador que queda totalmente convencido de que el LSD circuló por la sala de montaje de la película para descubrir finalmente que tal abuso de cortes y más cortes no sirve para camuflar que el escudo está hecho de un material plástico que haría parecer vibranium al de cualquier cosplay de un salón del cómic estandar, que los especialistas de escenas de riesgo fueron contratados en una agencia apunto de meterse en un expediente de regulación de empleo inminente o que el director y su equipo técnico no pudieron disimular que tenían un presupuesto que no podría pagar ni el catering de una producción de las llamadas grandes de aquellos primeros años 90.




Lo de la fidelidad a los cómics es curioso y digno de ser analizado. Porque si por un lado el origen del personaje se ciñe bastante a lo acontecido en las viñetas, con respecto a lo de su personalidad sólo caben dos opciones: 1 Los guionistas se fijaron en los primeros años del personaje cuando todavía era bastante “expeditivo” o 2 No habían leído una historieta del Primer Vengador en su vida y así lo reflejaron en pantalla. Este Capitán América de 1990 fuma, roba coches (¡hasta en dos ocasiones, a personas de confianza y para huír de ellos!) mata (y no en el fragor de la batalla, no, en plena pelea y sin miramientos) y parece adaptarse más bien pronto al futuro tras ser rescatado del hielo. Memorable es también lo del Cráneo Rojo que tras una génesis mal expuesta, una presentación como villano más bien pobre, con pelea cutre con el protagonista, pasa a ponerse una máscara que le hace parecer a Al Pacino en Dick Tracy (o el Sean Penn en Gangster Squad que viene a ser lo mismo) para no volver a aparecer en todo el metraje con su característica calavera. 




Finalmente nota aparte para el patriotismo recalcitrante (alejado del más atenuado y naíf de la versión de Marvel Studios) reflejado no sólo en el protagonista, también en ese presidente al que da vida Ronny Cox (Robocop) y que se mueve entre el hippismo politico y la violencia física que lo muestra como el precedente más claro de superpresidentes fílmicos como el de Harrison Ford en Air Force One de Wolfgang Petersen o el de Bill Pullman en Independece Day de Roland Emmrich. Esta poco recordada (y con motivo) producción, que en España se estrenó directamente en el nostálgico mercado del VHS, se puede resumir en sus inintencionadamente cómicos diálogos. Perlas tales como: “Perdona, es que te quiero mucho”, “Mata unos cuantos por mí, Steve”, “¡Vamos a ver si tu corazón es más fuerte que mi odio!” o la más destacada “Puede que no sea Superman pero para el mundo será el símbolo viviente de lo representa América” hablan por sí solas y nos confirman el motivo por el que este engendro, tan de Serie Z que hace que la B parezca A, esté encerrado bajo llave en el cajón del olvido.



miércoles, 10 de agosto de 2011

Capitán América: El Primer Vengador




Título Original Captain America: The First Avenger (2011)
Director Joe Johnston
Guión Christopher Markus y Stephen McFeely
Actores Chris Evans, Hugo Weaving, Haley Atwell, Sebastian Stan, Tommy Lee Jones, Stanley Tucci, Toby Jones, Neal McDonough, Derek Luke, Natalie Dormer, Richard Armitage, Dominic Coopper, Kenneth Choi, Samuel L. Jackson, Stan Lee




Por fin le llegó el turno al bueno del Capitán América con su incursión (ojo, no la única, que la primera data de 1944 y en 1990 el infame Albert Pyun nos regaló otra más, tan horrible como entrañable) cinematográfica en solitario a manos de Marvel Studios. Suponiendo también el último peldaño para que en el próximo año 2012 vea la luz el film Los Vengadores (The Avengers), protagonizado por el personaje que nos ocupa, Iron Man, Thor, Hulk, la Viuda Negra o Nick Furia entre otros y dirigida por ese genio a la hora de crear todo tipo de ficción que responde al nombre de Joss Whedon.




Capitán América, El Primer Vangador es un ejemplar blockbuster veraniego, que incluso contiene en su impronta algunos detalles que lo revelan como un producto comercial harto interesante, entretenido, multireferencial en lo que a alimentarse de distinto tipo de géneros se refiere y hasta con algún punto de ligero metalenguaje (esas imágenes del cómic número 1 del personaje vendiéndose como rosquillas en plena segunda guerra mundial). Todo envuelto en tono entre naïf y retro que cuaja perfectamente a la hora de retratar las historias del personaje en sus primeros años.




Al director Joe Johnston (digno artesano y realizador de cintas entrañables como Jumanji o Cariño, He Encogido a los Niños y otras no tan afortunadas como la última versión de El Hombre Lobo con Benicio del Toro como protagonista) no le es ajeno el celuloide localizado en los años 30 y 40 o el (pre)nazismo, aunque siempre desde un punto de vista más liviano y desenfadado que en el cine bélico más ortodoxo y con estética art decó. Ya que en el año 1991 dirigió Rockeeter, entretenida pieza basada en el cómic de Dave Stevens, cuyo mayor acierto era una jovencita y arrebatadora Jennifer Connelly. Aquella producción era un largometraje que mantenía más de un punto en común con esta Capitán América que nos ocupa.




Captain América: The First Avenger es principalmente un producto pulp sobre una imposible Segunda Guerra Mundial que más que en el cine bélico clásico americano se refleja en productos de Serie B europeos de naturaleza exploit sobre nazismo (pero dirigido a todos los públicos) o en films de ciencia ficción de segunda fila, lo que da un encanto especial a su estética y argumento. Por descontado todo está envuelto en un presupuesto propio de film revientataquillas con un logradísimo diseño de producción en el que se hace incluso una utilización magistral de los efectos digitales. Sobre todo a la hora de retratar al Steve Rogers escuálido, realizando un trabajo impresionante con el físico de Chris Evans por medio de los CGI.




La película es considerablemente fiel a los orígenes del personaje, pero tomando como punto de partida la recuperación del mismo que se hizo en Marvel gracias a Stan Lee para meterlo en las filas de Los Vengadores, ya que su verdadero debut fue en 1941 a manos de Joe Simon y Jack Kirby. Dicha génesis primigenia también la vemos en pantalla debido a que la misma ocupa toda la trama central a modo de enorme flashback y sobre ella se sustenta el esqueleto argumental de todo el largometraje así como el relato de los personajes protagonistas, desarrollado en la Segunda Guerra Munidal.




Los de Marvel Studios han hecho bien los deberes y en el film podemos ver todas las características y personajes que engrandecieron los cómics durante años. Personajes como Bucky, Dum Dum Dugan, Gabe Jones, Abraham Erskine o Peggy Carter son bastante fieles (dentro de sus posibilidades) a las viñetas y también han triunfado a la hora de retratar organizaciones como Hydra (imposible no pensar en la ilustrada de manera inolvidable por Jim Steranko en Nick Fury: Agent of Shield), con esos impersonales soldados asesinos y esa maquinaria militar de alta tecnología para la época.




En la caracterización de Craneo Rojo (enorme Hugo Weaving) se pueden encontrar los mayores ramalazos de ese cine exploitation sobre nazismo (el que quiso emular Zack Snyder sin éxito en algunos pasajes de su infumable Sucker Punch) que he comentado previamente. Lo que en un principio podían ser fallos, son algunas de las mayores virtudes del largometraje. Por ejemplo, que el personaje escuche a Wagner en otro contexto sería un cliché dificilmente defendible, pero en el de un film que mezcla los homenajes al cine propagandista de la segunda guerra mundial con la acción de Serie B europea queda incluso como una referencia que apela a la complicidad del espectador.




También caben destacar los ríos de tinta que se sucedieron cuando salió a la luz que en la película los enemigos del Capitán no iban a ser los nazis propiamente dichos. Ausencia que en principio casi todos los aficionados criticamos antes de ver la obra por ser una decisión en principio no muy acertada, pero que finalmente queda justificada con bastante inteligencia en el guión cuando descubrimos que Hydra (rama de corte misiticista de el ejército alemán) quiere traicionar al führer y llevar a cabo la conquista del mundo en solitario encabezada por el mismo Craneo Rojo. Incluir un rol como villano cuya ambición eclipsa la del mismo Adolf Hitler me parece una idea del todo feliz para este tipo de celuloide.




Chris Evans puede que no haya sido la mejor elección para hacer del personaje, pero mentiría si dijera que el actor no hace un excelente trabajo tanto con el uniforme puesto, como dando vida a ese tipo endeble por fuera pero con una determinación de hierro en su interior llamado Steve Rogers. Por suerte los autores del film han decidido dar al Capitán el espíritu del personaje clásico, el del Universo 616, no el del Ultimate, que si bien es más contemporáneo y rotundo en su fisicidad, también adolece de cierto radicalismo ideológico que acentúa de manera un poco tosca ese patriotismo del que siempre ha hecho gala el rol, pero que nunca era molesto.




Joe Johnston cumple con su cometido, el de un director que se enfrenta a un producto mastodóntico de un presupuesto altísimo al que se le exige, principalmente, destreza en las escenas de acción. Algo que demuestra en magníficos pasajes como los del asalto al tren o la persecución del agente de Hydra por las calles de Nueva York. El realizador de Parque Jurásico 3 o Hidalgo no sólo cumple como profesional del cine de aventuras, también es capaz de darle cierto poso a escenas dramáticas como la de la transformación de Rogers, la muerte de algún personaje o esa última coversación por radio con una guapísima Haley Atwelly con elegante estilo pin up.




Funcionan muchas cosas en esta Captain América que la convierten en un etretenido y meritorio film. El reparto bien elegido (Stanley Tucci magnífico, Tommy Lee Jones uraño y carismático), el guión acertadamente escrito y bastante fiel a los cómics, el patriotismo que podría echar para atrás a los no nacidos en Estados Unidos está tratado con ironía y amable condescendencia, los toques de humor, las referencias a films de videoclub o doble sesión cinematográfica de los que se alimenta la trama y estética del producto, la acción excelentemente ejecutada y los guiños que producen fruición en el fandom, como ese Howard Stark que nos muestra de donde viene la vena seductora de Tony, el Cubo Cósmico o ese cliffhanger final que unirá la obra con la cinta coral que está preparando Whedon.




Una película someramente divertida que proporciona al cinéfilo seguidor del cómic una dignísima adaptación de un personaje clave en la historia de los superhéroes de cómics, al que tenemos bastante cariño más por su determinación y su labor como conciencia de un país que por lo que representa de manera simbólica para este, y dos horas de cine entretenido y edificante con aire clásico para el espectador neófito en las viñetas. Ahora sólo nos queda esperar esa Los Vengadores que tan bien pinta y disfrutar con la batalla que la enfrentará el año que viene con el The Dark Knight Rises de Christopher Nolan. Venza quien venza, los fans de los cómics y el cine saldremos ganando.