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jueves, 19 de marzo de 2015

Kingsman: Servicio Secreto



Título Original Kingsman: The Secret Service (2015)
Director Matthew Vaughn
Guión Jane Goldman y Matthew Vaughn basado en el cómic de Mark Millar, Dave Gibbons y Matthew Vaughn
Actores Colin Firth, Taron Egerton, Samuel L. Jackson, Mark Hamill, Mark Strong, Michael Caine, Sofia Boutella, Jack Davenport, Sophie Cookson, Tom Prior, Neve Gachev, Alisha Heng





Después de ejercer como productor en Lock & Stock, Snatch: Cerdos y Diamantes o Rockanrolla, largometrajes de su amigo y compatriota Guy Ritchie, Matthew Vaughn decidió debutar como realizador con aquella elogiada cinta sobre gangsters llamada Layer Cake protagonizada por Daniel Craig entre otros. Después de la misma el nuevo cineasta decidió vincularse con las adaptaciones cinematográficas de cómics y de ellas no ha salido todavía, ya que demostró que se le daba rematadamente bien el subgénero. Stardust, de Neil Gaiman y Charles Vess, Kick- Ass de Mark Millar y John Romita Jr o la versión muy libre de X-Men: Primera Generación de Jeff Parker y Roger Cruz fueron sus siguientes proyectos, varios de ellos por medio de su productora MARV y todos con la ayuda de su colaboradora y habitual co guionista Jane Goldman.




La experiencia de adaptar como director la primera entrega de Kick-Ass y la segunda como productor parece que gustó a Vaughn, porque de ahí nació una amistad con el guionista escocés Mark Millar que dura hasta hoy y que se ha confirmado con la decisión del cineasta de adaptar otra obra del autor de Authority o El Viejo Logan. Kingsman: The Secret Service nació, como la mayoría de los últimos trabajos del de Glasgow, con la principal intención de ser carnaza cinematográfica. Con la ayuda del mítico dibujante Dave Gibbons (Watchmen, Historias de Guerra, la saga Martha Washington) y la del mismo Matthew Vaughn como co argumentista (algo parecido a la colaboración que realizó Millar con nuestro Nacho Vigalondo en la colección Supercrooks, que a saber cuando llevará a imágenes el cántabro) dio forma a esta parodia del cine de espionaje en general y el de James Bond en particular. Un producto gracioso y agradable de leer, pero puramente alimenticio cuyo fin, como hemos mencionado, era ser extrapolado con éxito al celuloide.




El problemático y descarriado Eggsy descubre que su padre fue un agente que pertenecía a una agencia secreta llamada Kingsman, en la que supuestos sastres ejercen como espías en la sombra que desfacen todo tipo de entuertos. Tras uno de sus numerosos actos delictivos Eggsy es visitado por Harry Hart, un antiguo amigo de su progenitor fallecido que lo tomará en su tutela porque, aunque se haya entregado a una vida disoluta, cree que el muchacho tiene madera para ser un buen Kignsman como lo fue su padre. Este punto de partida, parecido al del cómic, pero que se toma considerables licencias con el de la colección en viñetas le sirve a Matthew Vaughn para rodar una divertida adaptación que juega sus mejores bazas cuando decide entregarse al desenfreno, algo que por desgracia no sucede durante todo el metraje.




Al igual que su inspiración tebeística Kingsman: Servicio Secreto es una sátira del cine de James Bond, al que tan pronto rinde elogioso tributo como parodia. Alternando la elegancia y glamour del universo de espionaje adherido al personaje nacido de la pluma de Ian Fleming con el tono más urbano y tosco de la Inglaterra de las clases bajas propio de las producciones de su colega Guy Ritchie, Vaughn y su socia Jane Goldman se lo pasan en grande alternando sofisticación con el horterismo de los adolescentes londinenses, como si de un grupo de secundarios salidos de una película de Ken Loach se trataran. Director y guionista tratan de que haya un equilibrio bien medido entre estos dos mundos, para diferenciarlos adecuadamente, y ahí es donde en cierta manera falla un producto como el que nos ocupa.




Porque, aunque la película avanza adecuadamente y nunca se hace anodina ya que sabe dosificar el tono de thriller, la comedia y el dinamismo en las secuencias de acción, ese prometedor arranque en Oriente Medio, con Money For Nothing de Dire Strairs sonando de fondo mientras el caos se adueña del encuadre, engaña a un espectador que espera, y demanda, un descontrol de la marca Mark Millar, algo que no sucede del todo y debería haber sido constante a lo largo de todo el film. Por otro lado cuando en la recta final el largometraje decide entregarse a la locura, a lo grueso y explícito es cuando Kignsman: Servicio Secreto dispara todas las balas que tiene en el cargador y Matthew Vaughn comienza a lucir su talento para las escenas de acabado técnico intachable y punzante.




 La cumbre del largometraje, y una de las mejores escenas cinematográficas de lo que llevamos de 2015, es la matanza de rednecks (paletos de pueblo sureño americano) en la iglesia extremista. El uso de la cámara, las lentes, el tempo, la violencia brutalísima, las maneras de matar cada vez más bestias y originales a lo que habría que sumar un Colin Firth desopilante y el uso medidísimo de Free Bird de Lynyrd Skynyrd con connotaciones sociales (como también hizo Rob Zombie en el clímax de Los Renegados del Diablo) hacen que el espectador lamente que el último trabajo de Matthew Vaughn no hubiera tenido este tono durante todo su desarrollo, una orgía del exceso que seguro hizo las delicias (hasta sexuales) del mismo Mark Millar cuando la vio por primera vez, seguramente en pleno rodaje.




Colin Firth es el rey de la velada, la película es suya y su elegancia de punta en blanco alternada por sus técnicas de lucha cuerpo a cuerpo y uso de las armas de fuego son lo mejor de Kingsman: Servicio Secreto, ofreciendo el protagonista de El Discurso del Rey y Un Hombre Soltero un papel que seguramente le gustó tanto interpretar como a nosotros contemplar. Le da la réplica un esforzado Taron Egerton que no se achanta ante su partenaire y entre los secundarios tenemos al siempre espléndido Mark Strong, la veteranía de Michael Caine, la intimidante presencia de Sofia Boutella y a Samuel L. Jackson dando vida a Valentine, el ridículo villano de la cinta que odia la violencia aunque aspira a ser un ecoterrorista asesino de masas. También apuntar el detalle del cameo de Mark Hammill como el Profesor Arnold, magnífica broma de Vaughn si tenemos en cuenta que el actor de Star Wars salía como personaje en el cómic original.




Kingsman: Servicio Secreto es un divertimento ligero competente en todos sus apartados, que no busca otra cosa que entretener a la platea con acción, mucho humor negro, algo de drama y una sana incorrección política que dispara dardos envenenados contra políticos, millonarios, delincuentes de poca monta, ecologistas o unos servicios secretos que no eluden en ningún momento del metraje la autoparodia. La trama es sencilla y en ocasiones muy previsible por el simple hecho de pertenecer a un géner como el de espías, quemado hasta la saciedad en la actualidad y le falta más fiereza asi como apelar al desprejuicio inmisericorde y la brocha gorda más de lo que lo hace, pero aún así ofrecerá casi dos horas de fruición cinematográfica a todo aquel que decida enfrentarse a ella sabiendo la fantasmada (al más puro estilo James Bond) que va a encontrarse.



miércoles, 10 de diciembre de 2014

Mortadelo y Filemón Contra Jimmy el Cachondo



Título Original Mortadelo y Filemón Contra Jimmy el Cachondo (2014)
Director Javier Fesser
Guión Cristóbal Ruiz, Claro García y Javier Fesser basado en los cómics de Francisco Ibáñez





Una carrera en viñetas de más de 55 años de edad abalan a Mortadelo y Filemón, los personajes creados por Francisco Ibáñez entre las paredes de la mítica editorial española Bruguera. Adaptaciones a distintos países en los que el éxito de los tebeos es un hecho desde hace décadas y la traslación a distintos medios catódicos o cinematográficos tanto en animación (dos series de tv, la mítica de Estudios Vara de los 60 y la de BRB Internacional y Antena 3 en los 90) como imagen real han extendido el legado de estos dos entrañablemente torpes agentes secretos de la T.I.A (Técnicos de Investigación Aeroterráquea) que en pleno 2014 siguen dando guerra en viñetas, aunque con sus años dorados bastante alejados en el tiempo.




En 2003 un Javier Fesser que venía de ejecutar una de las comedias más memorables, atípicas y entrañables del cine patrio contemporáneo con El Milagro de P. Tinto llevó a la pantalla grande la primera película de imagen real protagonizada por los personajes de Francisco Ibáñez con un más que considerable éxito. La Gran Aventura de Mortadelo y Filemón tenía muchos aciertos en su haber, como un casting (encabezado por un pletórico Benito Pocino que sencillamente "era" Mortadelo) elegido con escuadra y cartabón y una estética muy deudora de los cómics. Pero adolecía de un desarrollo y trasfondo que no conseguía captar la verdadera esencia de los tebeos cuyo devenir se estancaba cuando al quinto o sexto golpe de cachiporra o tapa de alcantarilla todo era entregarse a una agotadora redundancia, técnica y artísticamente brillante, pero agotadora al fin y al cabo.




Cinco años después el director Miguel Bardem (La Mujer Más Fea del Mundo, Noche de Reyes, Incautos) tomó el relevo de Javier Fesser y rodó la secuela Mortadelo y Filemón: Misión Salvar la Tierra, en el que repetía el mismo reparto, exceptuando el catalán Benito Pocino, que por diferencias con los productores abandonó el proyecto asumiendo su rol de Mortadelo el cómico Edu Soto. Un servidor nunca llegó a ver esta segunda parte, pero cierto es que aun funcionando bien en taquilla recibió ataques más o menos enconados tanto por parte de la crítica como del público o los fans de los personajes, que la pusieron de vuelta y media en su época de estreno. Pero no sería esa la última traslación de las correrías de las más célebres creaciones de Francisco Ibáñez y eso nos lleva al actual 2014.




Unos años después del éxitoso paréntesis que supuso la realización de la intensa, valiente y polémica Camino, basada en los últimos días de vida de la canonizada niña Alexia Gonzalez-Barros cuya familia pertenecía a la institución religiosa Opus Dei, Javier Fesser decidió volver a los personajes que había llevado a imagen real en 2003 rodando así el tercer largometraje protagonizado por Mortadelo y Filemon. La novedad en esta ocasión es que el director madrileño tomaba la sabia decisión de realizar esta nueva secuela en animación en 3D, localizando la historia en un formato mucho más cercano y fiel a las viñetas primigenias en las que han ido desfilando los dos agentes secretos y sus secundarios desde hace casi 60 años.




Mortadelo y Filemón Contra Jimmy el Cachondo no sólo recupera al Javier Fesser más festivo y coherentemente alocado desde su ya lejana ópera prima, también es la adaptación (casi) perfecta de los personajes de Ibáñez a imagen real. Fesser ha tomado nota de los fallos de su primera incursión en el universo de los tebeos del autor de Pepe Gotera y Otilio o Chicha, Tato y Clodoveo y ha conseguido por fin llevar las viñetas a imagen en movimiento no sólo emulando fidedignamente la obra de Ibáñez en el plano estilístico, también trasladando gran parte del espíritu de la obra a la pantalla de cine  y con mucho más mérito si tenemos en cuenta que el guión escrito a seis manos no se refleja de manera directa en ninguna de las historietas clásicas o modernas de Mortadelo y Filemón, aunque toma de detalles de muchas de las más reconocibles para los lectores habituales.




La última obra de Javier Fesser es una fiesta cinematografica para todos los púbicos que se sumerge totalmente en los guiones y dibujos de Francisco Ibáñez desde ese arranque con el travelling a ras de suelo con el que seguimos el recorrido de la oronda Ofelia hasta la oficina del Super Intendente Vicente. En esos pocos segundos el director de Camino comienza a desplegar su puesta en escena incluyendo en cascada y sesión continua incontables referencias al universo de Mortadelo y Filemón y aunque la excesivamente alargada escena de arranque nos desconcierte de alguna manera en todo momento podemos ver a esos personajes que ya estaban ahí cuando muchos de nosotros todavía o habíamos nacido. Porque de manera inteligente Fesser no reniega de lo que ya hizo hace once años, pero sí lo depura para acercarlo más a su origen en papel.




Aquella estética slapstick de incontrolable imaginería visual de La Gran Aventura de Mortadelo y Filemón encuentra aquí la horma de su zapato con la animación en 3D. Personajes como los protagonistas, el Super, Ofelia, el profesor Bacterio, Rompetechos (aquí liberado de su estúpida filicion franquista del largometraje de 2003) o Irma son trasladados con un milimétrico respeto a la pantalla grande y sus correrías tienen lugar en edificios o calles llenas de colillas de cigarro, jocosos carteles publicitarios o secundarios de relleno tales como policías bigotudos, ciegos (con divertido perro lazarillo) caídos en desgracia, ancianas duras de oído, todo ello sin recurrir los guionistas y el director únicamente a la inocua violencia física por medio de continuos golpes (aunque también apelan a ella, es su obligación) porque en esta ocasión Fesser ha sabido captar el tono de locura de las viñetas sin eludir su tono de disparate continuo, previsible en lo argumental, pero adictivo en lo conceptual.




Dentro de este espídico caos controlado, que recuerda al de  Las aventuras de Tintín: El Secreto del Unicornio de Steven Spielberg y Peter Jackson, Javier Fesser tiene tiempo también para marcar a fuego su sello autoral con incontables referencias no ya sólo a su primera incursión en el universo de los personajes de Ibáñez sino también a su ya mencionada ópera prima El Milagro de P. Tinto, sus descacharrantes cortometrajes Aquel Ritmillo o El Sedcleto de la Tlompeta o la serie online Javi y Lucy con el humor físico deudor de Tex Avery, la música española casposa de la primera mitad del siglo XX, el imperante tono naif o sus sempiternas bombonas de butano que tienen aquí también su momento de gloria durante el clímax final del largometraje.




Repasando los pasajes para el recuerdo tenemos toda la parodia del reality show Gen Hermano (con impagable referencia al Golpe de Estado del 23 de febrero de 1981) el arranque con homenaje a las buddy movies americanas (acierto mayúsculo el uso de la voz de Ramón Langa) todas y cada una de las visitas al piso que comparten los dos agentes secretos, los cambios de humor de aquellos a los que se les inyecta la fórmula inventada por el profesor Bacterio o el clímax final en el que la locura se vuelve desbordante pero nunca agotadora o reiteraiva. Apunte muy positivo para el doblaje de los personajes encabezado por el de los dos protagonistas con la voz de un pletórico Karra Elejalde en la piel de Mortadelo y Janfri Topera (actor que curiosamente dio vida al profesor Bacterio en las dos versiones en imagen real) del sufrido Filemón,




En resumidas cuentas Mortadelo y Filemón Contra Jimmy el Cachondo es en el plano estético la posiblemente película animada en 3D más lograda de nuestro celuloide, una adaptación ejemplar de los personajes de Francisco Ibáñez y una obra cinematográfica que sin llegar a la excelencia (le restan algunos puntos fallos como el poco peso del personaje de Jimmy que es eclipsado, en todos los sentidos, por el impagable Tronchamulas o el a veces caótico devenir de su trama, seguramente buscado por los autores de la obra)  se revela como una de las producciones españolas más interesantes del 2014, una que pueden disfrutar tanto grandes como pequeños y sobre todo los que nos criamos con un tebeo de los agentes más aguerridos de la T.I.A en las manos gracias a las malas artes de padres, hermanos o kioskeros de confianza.


martes, 1 de abril de 2014

Capitán América: El Soldado de Invierno



Título Original Captain America: The Winter Soldier (2014)
Director Anthony y Joe Russo
Guión Christopher Markus, Stephen McFeely basado en el personaje de Joe Simon y Jack Kirby
Actores Chris Evans, Scarlett Johansson, Samuel L. Jackson, Robert Redford, Toby Jones, Cobie Smulders, Emily VanCamp, Anthony Mackie, Sebastian Stan, Frank Grillo, Hayley Atwell, Georges St-Pierre, Maximiliano Hernández, Pat Healy, Stan Lee






Segunda entrega en solitario de la traslación que Marvel Studios está realizando de las aventuras de Steve Rogers, el famoso Capitán América, personaje creado por Joe Simon y Jack Kirby en 1944 y recuperado para la Marvel por Stan Lee en la década de los 60. Tras la primera entrega estrenada en el año 2011 que sabía captar con acierto el génesis del personaje durante la Segunda Guerra Mundial con Joe Johnston (Parque Jurásico 3, Rocketeer) en la dirección y su paso por la magnífica Los Vengadores de Joss Whedon el Centinela de la Libertad vuelve a manos de los poco conocidos hermanos Anthony y Joe Russo (Community) para regalar a la platea la, con diferencia, mejor película de la Fase 2 de Marvel aunque como obra no llega a ser una genialidad algo que se han apresurado en aventurar algunos.




Después de los acontecimientos de la invasión chitauri en New York a manos de Loki en la que se vieron implicados los Vengadores Steve Rogers (Chris Evans) alias Capitán América, está plenamente integrado en las filas de S.H.I.E.L.D junto a su compañera Natasha Romanoff (Scarlett Johansson) la Viuda negra. Allí, bajo las órdenes de Nick Furia (Samuel L. Jackson) que a su vez es un subordinado de Alexander Pierce (Robert Redford) descubrirá un complejo entramado en el que la organización criminal HYDRA se revelará como la verdadera administradora en la sombra de S.H.I.E.L.D. Junto a colaboradores como Falcon (Antthony Mackie) o la agente Maria Hill (Cobie Smulders) el Capitán América, la Viuda Negra y Nick Furia intentarán recuperar el control de la crítica situación siempre y cuando un extraño asesino llamado el Soldado de Invierno que está relacionado con el pasado de Steve Rogers no de al traste con los planes de los protagonistas.




Captain America: The Winter Soldier como adaptación del noveno al séptimo arte está inspirada, principalmente, en la saga homónima que forma parte de la extensa y magnifica etapa del guionista Ed Brubaker (Gotham Central, Fatale) al frente de la colección del personaje, pero también toma apuntes, detalles y resoluciones formales de otros trabajos en viñetas de Marvel como Nick Furia vs. S.H.I.E.L.D de Bob Harras o Guerreos Secretos de Jonathan Hickman. El guión, al igual que en la primera entrega, cae en manos de Christopher Markus y Stephen McFeely que saben condensar con acierto las distintas tramas que toman para dar forma al esqueleto argumental de la obra aunque tomándose, como suele pasar en estas ocasiones, las esperadas licencias con respecto a los cómics que tratan de llevar a imágenes en movimiento para la pantalla grande.




Esta segunda parte abandona por completo el tono de aventura exploit localizada en la Segunda Guerra Mundial de la primera parte para entregarse por completo al género de espionaje y a un aroma a films sobre la Guerra fría propios de los años 60 como los que rodaran John Frankenheimer (en varios momentos viene a la cabeza El Mensajero del Miedo, sobre todo gracias al personaje de Alexander Pierce de Robert Redford) o Sidney Lumet (Punto Límite) a los que se suman varias deudas más, esta vez contemporáneas, que van desde la saga protagonizada por Jason Bourne, el personaje nacido de la pluma de Robert Ludlum y llevado al celuloide por Doug Liman, Paul Greengrass y Tony Gilroy con Matt Damon como el desmemoriado agente secreto, o el tono de thriller que Christopher Nolan inyectó a su trilogía sobre Batman, alejándose un poco más esta nueva entrega del Capitán América del tono más sense of wonder (y hasta del humor, aunque haberlo lo hay) de los productos propios de Marvel Studios pero no perdiéndolo del todo.




Hay muchos aciertos y algún que otro fallo en Capitán América: El Soldado de Invierno. Por el lado bueno tenemos tanto el ritmo adecuado que nunca decae y que apela al frenetismo cuando lo necesita y al desarrollo de la trama cuando la historia lo exige. También en el lado positivo tenemos unas escenas de acción sencillamente brillantes, montadas con considerable pericia (aunque en algunos momentos la edición sea algo abrupta) o tensadas con un muy buen pulso narrativo (la del ascensor del protagonista con todos los agentes de S.H.I.E.L.D) en las que los hermanos Russo dan lo mejor de sí mismos augorándoles un futuro más que interesante dentro del mundo del blockbaster americano. Además, poco se les puede reprochar con respecto a que su realización sea impersonal cuando todos sabemos que hasta cineastas con cierto renombre o sello (Joss Whedon, Kenneth Branagh) han visto su impronta como autores bastante atenuada cuando se han puesto a las órdenes de Marvel Studios, algo inevitable.




Dentro de las carencias tenemos a unos actores que si bien ya se han hecho completamente con sus roles no rascan más allá de la superficie. Chris Evans y Scarlett Johansson cada vez son más creíbles como el Capitán América y la Viuda Negra respectivamente e interactúan bien en pantalla, pero su trabajo es poco más que cumplidor delante de las cámaras. También tenemos un desarrollo inadecuado de algunos caracteres, porque si bien es cierto que ese Soldado de Invierno es de lo mejor del largometraje y sabe intimidar física y psicológicamente cuando decide devorar el plano también es cierto que poco sabemos de su personalidad torturada o motivaciones. Más grave es lo del personaje de Emily VanCamp, que es un añadido casi de relleno que realmente no tiene casi peso en la trama por mucho que los guionistas y directores traten de dárselo. Finalmente como último detalle negativo estaría lo poco que se incide en un tema tan interesante como la intoxicación interna de los servicios secretos americanos que aquí sólo se trata de manera bastante tangencial, pero tampoco podemos pedir más en ese sentido a una producción de esta naturaleza de evasión.




Ahora pongámonos en modo SPOILER para mencionar todas las  referencias al fandom que hay a lo largo del film, que no son pocas ni intrascendentes para el seguidor de los cómics. Por un lado tenemos la aparición de Batroc al arranque del film (su pelea con el Capitán es una escena física de notable ejecución) la presencia (bastante impertinente, como demanda el rol) de Brock Rumlow, el futuro Calavera, la mención a Stephen Extraño, el famoso Doctor Extraño, hechicero en el que Marvel Studios ha puesto sus ojos para realizar su primera incursión en el cine de imagen real (en el animado ya ha dado algunas muestras de calidad) o la aparición en la primera de las dos escenas post créditos del Barón Wolfgang Von Strucker y los hermanos Wanda y Pietro Maximoff, Bruja Escarlata y Mercurio respectivamente, hijos a su vez de Erik Lensher/Magneto, algo que no se mencionará en la futura The Avengers: Age of Ultron de Joss Whedon por los problemas de derechos con los mutantes en cine que tiene la Casa de las Ideas con la Twentieth Century Fox. También se incluye un guiño, intencionado o no, a la costumbre de robar coches que tenía el Capitán América de la versión de 1990 dirigida por Albert Pyun que despierta una sonrisa socarrona en el fan.




En resumidas cuentas la de Anthony y Joe Russo es una magnífica entrega (de las mejores) dentro de la filmografía de Marvel Studios y la confirmación de que esta Fase 2, que había empezado con bastantes titubeos y alguna crisis de identidad con la simpática pero demasiado peculiar Iron Man 3 y la desganada Thor: El Mundo Oscuro, recupera el rumbo gracias a este Capitán América puramente del SXXI. Atenuando sabiamente el patriotismo del personaje para ser accesible a todo tipo de público, haciendo que impere la acción pero sin quitar peso al desarrollo de acontecimientos narrativos,  incluyendo algún momento emotivo (el pasaje de Peggy Carter o ese triste "estoy contigo hasta el final" durante el clímax) la presencia de nuevos personajes interesantes (el Alexander Pierce de Robert Redford) o carismáticos (el Falcon de Anthony Mackie) la acertada idea de darle por fin más peso a Nick Furia (con guiño genial a Pulp Fiction para Samuel L. Jackson) e insuflándole al tono del film una acertada mezcolanza de géneros el resultado es de muy buena nota, de eso no cabe duda. Ahora, aquello de que es mejor película que Los Vengadores que baje Thanos de Titán del cosmos y lo vea.



jueves, 28 de febrero de 2013

El Almuerzo Desnudo, the human centipede



Título Original Naked Lunch (1991)
Director David Cronenberg
Guión David Cronenberg basado en el libro de William S. Burroughs
Actores Peter Weller, Judy Davis, Ian Holm, Julian Sands, Roy Scheider, Nicholas Campbell, Monique Mercure, Michael Zelniker, Joseph Scorsiani, Robert A. Silverman, Mathilda May






William S. Burroughs nació en Saluis, Misuri, en 1914. Fue uno de los novelistas estandarte de la literatura beat y posteriormente formó parte del movimiento contracultural junto a otros autores como Thimoty Leary o Ken Kesey. Escribió novelas como Yonqui o Queer y alcanzó gran notoriedad con El Almuerzo Desnudo, editada en 1959. Su narrativa era de un carácter irónico, extremo y en varias ocasiones no líneal. En sus obras, que eran de un considerable matiz autobiográfico, abordaba temas polémicos como la adicción a distinto tipo de drogas, la homosexualidad, el antiamericanismo o la morbidez utilizando distinto tipos de criaturas como insectos o extraterrestres. Con el tiempo se convirtió en uno de los literatos más polémicos e importantes de la segunda mitad del siglo XX y un autor clave en la evolución de la narrativa estadounidense.




David Cronenberg nació en 1943 en Toronto, Canadá. Tras varios cortometrajes se inició en el mundo del largo con Vinieron Dentro de.... Tras sus primeros films fue conocido como el "Padre de la enfermedad venérea". Después de rodar obras como Scanners o Videodrome, y sustentar su teoría de la Nueva Carne, un paso más en la esquela evolutiva por medio de la unión física entre el cuerpo humano y la tecnología, debutaría con éxito en Hollywood con  La Mosca, remake del clásico de Kurt Neumann. A finales de los 80 y principios de los 90 daría forma a algunas de sus obras de madurez como Inseparables (Dead Ringers),  M. Butterfly o Crash. Durante el pasado decenio con Una Historia de Violencia y Promesas del Este recibió el elogio de un público y una crítica que ya admitían encontrarnos con él ante uno de los autores más personales del panorama cinematográfico contemporáneo.




En 1991 los caminos de estos dos creadores se cruzaron en el plano profesional cuando después de años de conversaciones entre ambos, planes de rodaje pospuestos y cambios en los equipos técnico y artístico Cronenberg puedo estrenar su atípica adaptación de El Almuerzo Desnudo, el libro más famoso de Burroughs. Esta controvertida novela de 1959 se une a la larga lista de obras literarias con fama de inadaptables al cine, aunque muchas de ellas han visto, con más o menos suerte, sus páginas convertidas en imágenes. Matadero 5, Miedo y Asco en Las Vegas o Dune demostraron en su momento que sí se pueden hacer adaptaciones cinematográficas de manuscritos complejos o atípicos, con mayor o menor fidelidad o éxito.




Pero el director de Un Método Peligroso era consciente de que el material literario que tenía entre manos era de una complicadísima adaptabilidad cinematográfica, porque el libro de William Burroughs no tiene un orden narrativo tradicional, ya que está construido a modo de pasajes aleatorios que para colmo están llenos de criaturas multiformes de naturaleza sobrehumana como máquinas de escribir vivientes con formas de escarabajo, enormes ciempiés humanoides o unas criaturas con apariencia alienígena llamadas Mugwump. De modo que tomó una decisión tan arriesgada y poco convencional como acertada en fondo y forma a la hora de llevar el libro a imágenes.




La décima película de David Cronenberg no es una adaptación ortodoxa, de la ya de por sí poco ortodoxa, novela homónima de William S. Burroughs. El canadiense decide dar un doble salto mortal sin red y abordar el proyecto como un ejercicio de metaficción en el que se nos narran algunos de los hechos más importantes de la vida del escritor a modo de biopic añadiendo a la historia conceptos, constantes, personajes o elementos narrativos propios de la obra escrita del novelista, pero desvinculándose en gran parte del argumento, de por sí bastante alambicado y carente de cohesión estructural, al menos aparentemente, que daba forma como todo literario a El Almuerzo Desnudo.




William Lee es un exterminador de plagas que vive con su mujer adicta a inyectarse el insecticida que utiliza su marido en el trabajo. Un día Bill es interceptado por la policía, llevado a comisaría y aún bajo los efectos de la larga exposición a los productos químicos que usa para eliminar bichos interrogado por un enorme escarabajo con la capacidad de hablar que presume ser su superior, un detective secreto encubierto que le encomienda la misión de eliminar a su esposa, Joan, porque es una agente doble capaz de hundir la organización para la que ambos, insecto y exterminador, trabajan. Un entramado conspiranóico, viajes a Túnez, escarcéos con homosexuales, dobles personalidades y escarabajos con forma de máquinas de escribir parlantes servirán para que Bill escriba una novela autobiográfica llamada El Almuerzo Desnudo en la que plasmará su lisérgica aventura.




Cronenberg siempre mostró fascinación por la obra de Burroughs y su influencia puede verse notablemente en las enfermedades víricas de matiz sexual que pueblan films como Shivers, parásitos que pasan de unas personas a otras provocándoles una incontrolable sed por el sexo, o Rabia, a una mujer le nace una protuberancia fálica en la axila con la que penetra a su amantes durante el coito, y años después las vainas físicas que se introducían por la espalda de los protagonistas de eXistenZ para llevarlos a universos de realidad virtual. Como autores abordaban muchas de sus obras de ficción desde el punto de vista de la enfermedad y poblaban sus relatos de seres multiformes, mutaciones o humanoides de proporciones grotescas que representaban alegorías de la sociedad occidental y su descomposición moral a nivel global. De modo que el hecho de que cruzaran sus caminos era inevitable.




La principal misión de David Cronenberg a la hora de llevar adelante el proyecto de realizar su versión cinematográfica de Naked Lunch era amalgamar su discurso autoral con el de William Burroughs. Esta idea se deja ver desde los mismos títulos de crédito en los que escuchamos el desconcertante y magnífico tema de apertura en el que se mezclan la partitura musical del compositor habitual del cine del canadiense, Howard Shore, que representaría el microcosmos del director, y el saxo del intérprete de free jazz, Ornette Coleman, que vendría a ser la alegoría de la impronta literaria de Burroughs, mostrándose desde el arranque esa dualidad artística que aúna o "muta" los dos idearios de los creadores de la historia, tanto el del que la ideó en papel como el  del que la traslada al celuloide.




El Almuerzo Desnudo toma como base el género del cine negro para sustentar su exoesquelto narrativo. El personaje de Will Lee, émulo de Burroughs que utilizó en varias de sus novelas, viste con gabardina y sombrero y no deja de ser el protagonista de un film noir clásico. Su mujer, Joan, es una mujer fatal que se desdoblará en otro personaje, Joan Frost, ecos de Vértigo de Alfred Hitchcock, con personalidad muy parecida a la de aquella e interpretada también por la actriz Judy Davis (que ese mismo 1991 también participó en esa obra maestra que es Barton Fink, de los hermanos Coen, otra pieza que hablaba sobre la creación de obras ficción). Allos se añade un entramado sobre agentes secretos y organizaciones detectivescas, villanos en la sombra y un giro final en el que descubrimos que no todos los personajes son lo que parecen a simple vista.




Pero como es lógico todo este argumento esta envuelto en una atmósfera onírica, mórbida y enrarecida en la que impera una mirada entomológica de la realidad. Bill es adicto a una droga llamada Carne Negra que le incita a tener una visión distorsionada de su entorno. Cronenberg no quería inyectar, nunca mejor dicho, esa perspectiva lisérgica sólo cuando su protagonista estuviera bajo los efectos de las drogas, de modo que decidió que todo el largometraje apelara en fondo y forma a estar localizado en un ambiente de extrañeza dejándose ver en ese Túnez de tono pesadillesco o esa Interzona, más un estado mental que una entidad tangible, en la que Bill convive con máquinas de escribir en forma de escarabajos gigantes que hablan por el ano o playboys suizos ocultando bajo su piel ciempiés gigantescos que sodomizan a pobres jóvenes homosexuales. Metáfora esta última del terror que supuso para Burroughs la incursión en sus primeros escarcéos físicos con personas de su mismo género.




El sexo también es omnipresente en el largometraje, no sólo por el que practican los personajes, también por el que exhalan objetos como, por ejemplo, las ya mencionadas máquinas de escribir (toda la perafernalia relacionada con la creación literaria tiene a lo largo del film un tono de perversión parafílica epidérmica y escamosa que puede casi olerse gracias a los maravillosos y en ocasiones repulsivos efectos de maquillaje de Chris Wallas) teniendo su culmen en una de las escenas más perturbadoras del film. Cuando Bill y Joan Frost empiezan a escribir un relato pornográfico con la máquina de escribir árabe que poco a poco va mutando el algo físico, la Nueva Carne cronenbergiana en su máximo exponente, cambiando su parte frontal en una especie de orificio vaginal (como el televisor de Videodrome en el que introducía su cabeza Max Renn o la hendidura ventral de este último) o naciendo una larga protuberancia de forma fálica en su parte trasera, como la previamente mencionada que surgía del cuerpo de Rose en Rabia, convirtiéndose finalmente en una especie de medio humanoide con múltiples tentáculos que intenta violar sin éxito a Joan en pleno coito con el protagonista.




El trabajo de Cronenberg tiene una ferrea coherencia dentro de su insana lógica. La inclusión de hechos de la vida de Burroughs, como su pasión por las armas, sus coqueteos con la bomosexualidad (llevada con mucha más elegancia y sutilidad que en la novela, se nota que Cronenberg es heterosexual y no conoce demasiado el terreno, aunque lo abordaría con más acierto en los dos films que seguirían al que nos ocupa) el ¿accidental? asesinato de su mujer jugando a Guillermo Tell, su relación de amor/odio con Túnez, el hecho de crear gran parte de su obra literaria bajo los efectos de tantas drogas que llegaba a olvidar o no reconocer sus propios manuscritos, la presencia de dos personajes secundarios llamados Hank y Martin que se basan en los escritores beat, Jack Kerouack y Alen Ginsberg o el peso en su vida de la adicción, en el sentido más amplio de la palabra, siendo tanto inspiración como lastre para el desarrollo de su carrera profesional como novelista son todo un acierto y un homenaje a la persona retratada en el largometraje. Pero en la recta final, cuando se desvela todo el entramado oculto, la cinta pierda algo de solidez y se adentra en una resolución un poco anticlimática e insatisfactoria, aunque bastante lógica por entregarse a una inteligente narración circular.




Cronenberg venía de realizar su mejor película, Inseparables (Dead Ringers). El largometraje protagonizado por los hermanos Mantle, interpretados por un inmenso Jeremy Irons, supuso la obra de madurez del canadiense, pero también una cinta que marcó un punto de inflexión en su puesta en escena, que pasó de ser física, carnal y lacerante, a más compleja, aséptica y elaborada estilísticamente, pero nunca apelando a florituras innecesarias o movimientos de cámara gratuitos. Como realizador depura su estilo y consigue entregar un trabajo elegante y medido que se contrapone en su estética a las retorcidas imágenes que recoge su objetivo siendo de una fisicidad palpable y angustiosa aunque nunca excesiva, ya que su exposición en pantalla está media con un uso magistral del caos controlado.




Los actores están en un sempiterno estado de adormecido letargo que acentúa la lectura estupefaciente de la historia. La contención se hace con el casting y ninguno de los intérpretes destaca por encima del resto, pero el atípico cast realiza un trabajo notable. Todo un acierto la elección de un Peter Weller, en su último gran papel, para dar vida a Will Lee, no sólo por que su escualida figura, casi como la de un insecto, es la más adecuada para el rol, también porque tiene un considerable parecido con Burroughs en su juventud. Le acompañan una magnífica Judy Davis en doble papel, Ian Holm como el escritor Tom Frost, otro villano que parece sacado directamente de una novela de Raymond Chandler, un perturbador Julian Sands como el millonario Yves Cloquet o Roy Scheider dando vida al Doctor Benway, rol clave dentro de la película. Aunque como en la mayoría de los films de Cronenberg los actores son sólo un medio más, como la dirección artística o la fotografía, para que pueda transmitir su discurso cinematográfico al espectador.




Sin ser una obra perfecta El Almuerzo Desnudo triunfa a la hora de transmitir el universo literario burroughsiano por medio del séptimo arte, pero curiosamente donde más podemos ver la prosa del novelista es en los momentos en los que el personaje de Peter Weller narra las dos anécdotas relacionadas con orificios anales, una en la cena con Julian Sands en el restaurante árabe y la otra de nuevo con este y el rol de Kiki yendo en el coche del protagonista de Warlock. Estamos hablando del proyecto más arriesgado de un cineasta alérgico a toda idea de autcomplaciencia autoral, un trabajo angustioso, irónico y brutal que se mueve con igual pericia tanto en la escatolgía como en la más pura de las inspiraciones artísticas. Con la cinta que nos ocupa David Cronenberg no sólo consiguió homenajear a uno de los autores que más han influido en su obra cinematográfica pasando la personalidad de aquel por su propio filtro como creador. También le sirvió para tantear el terreno de esa literatura supuestamente inadaptable que tendría su culmen en 1995 cuando llevara a imágenes Crash de James G. Ballard, esa sí, una de sus mejores creaciones y una obra maestra de cine de autor de los años 90.



viernes, 11 de enero de 2013

Zero Dark Thirty: La Noche Más Oscura



Título Original Zero Dark Thirty (2012)
Director Kathryn Bigelow
Guión Mark Boal inspirado en hechos reales
Actores Jessica Chastain, Joel Edgerton, Taylor Kinney, Kyle Chandler, Jennifer Ehle, Mark Strong, Chris Pratt, Mark Duplass, Harold Perrineau, Jason Clarke, Édgar Ramírez, Scott Adkins, Frank Grillo, Lee Asquith-Coe, Fredric Lehne, James Gandolfini, Reda Kateb





Tras el éxito internacional (taquilla, crítica, premios a lo largo de todo el globo incluyendo 6 Oscars) de la sobrevalorada En Tierra Hostil (The Hurt Locker) la directora norteamericana Kathryn Bigelow ha conseguido un nuevo status en el Hollywood actual. Tras las alabanzas del film protagonizado por un magnífico, pero antipático hasta lo indecible, Jeremy Renner, la ex mujer de James Cameron pasó de ser una realizadora irregular que ofrecía productos entretenidos (Acero Azul, K-19: The Widowmaker) y puntualmente alguna pieza de culto (Los Guardianes de la Noche, Días Extraños) a una cineasta reivindicada y con un nombre sólido dentro del panorama del celuloide comercial estadounidense.




Esta nueva posición le permite abordar proyectos más trascendentes en fondo y forma, así como recibir el respaldo de las productoras más importantes para realizar sus trabajos detrás de la cámara. Zero Dark Thirty es su última película y la misma aborda el proceso de búsqueda y captura del terrorista saudí Osama bin Laden, principal instigador del terrible atentado a las Torres Gemelas de New York el 11 de Septiembre de 2001. El resultado final tiene muchos aciertos en el plano cinematográfico, pero también algunos fallos que la hacen imperfecta.




Una joven agente de la CIA (Jessica Chastain) estuvo detrás de la búsqueda internacional del hombre más perseguido del mundo, Osama bin Laden, la cabeza pensante detrás del infame 11S. Su dedicación al caso fue total, con búsqueda infructuosa de pistas, sospechosos y compañeros que iban y venían sin implicarse demasiado en un seguimiento por tierra, mar y aire que parecía inútil, abarcando el mismo toda una década hasta que el 2 de Mayo de 2011 coordinó una operación de los SEAL de la CIA que supuestamente triunfó cuando eliminó al terrorista sirio en un asalto nocturno en la casa en la que estaba oculto en Pakistán.




Zero Dark Thirty es una notable recreación del proceso de búsqueda de Osama bin Laden, un largometraje de acabado acerado, rodado con mano firme y alejado de maniqueismos alarmantes o un patriotismos obvios y recalcitrantes. Kathryn Bigelow aborda el proyecto con un tono aséptico y distanciado y ahí se encuentran la mayoría de sus virtudes y alguno de sus fallos como producto cinematográfico. Por un lado al no haber una implicación moral notable, imperando un tono cuasidocumental, no podemos hablar de partidismos pueriles o mensajes tendenciosos, pero esa frialdad expositiva también permite justificar actos inhumanos llevados a cabo por la CIA.




Esto queda patente en la primera mitad del film cuando se nos expone en pantalla de manera naturalista, seca y áspera los métodos de tortura que los agentes de la CIA utilizan para sonsacar información a los sospechosos que tienen encerrados en cárceles clandestinas. Bigelow retrata estos actos de manera cruenta, sin edulcorar su ejecución y lo que vemos en pantalla se muestra terrible e inhumano, pero la directora no quiere hacer juicios de valor, al menos en guión no los hace. Ella como cineasta no glorifica estos métodos, pero tampoco los condena, los expone de manera realista, nos confirma que se llevaron a cabo y que funcionaron y ahí es cuando el espectador debe posicionarse ideológicamente. A mí me parecen del todo reprobables, pero esa ya es otra historia.




Bigelow mete su cámara en las oficinas de la CIA, en despachos políticos, en los pasillos de la Casa Blanca, no deja nada sin explicar, es más, en ocasiones sobreinforma al espectador, pero todo está llevado con profesionalidad y sin aspavientos. Como es lógico el núcleo central de la historia es el personaje de Maya, una Jessica Chastain de Oscar, que refleja en su psique maniática la sed de venganza de un país obsesionado con encontrar una cabeza de turco que expié sus propios demonios y sacie su imperiosa necesidad de aplicar la ley del Talión contra sus enemifos. Es interesante la evolución del personaje, cómo al inicio del film no puede asistir a las torturas de los sospechosos  para más tarde aceptarlas como "un mal menor" en pos de llegar a un fin determinado por el bien común de la su nación.




A pesar de lo interesante que es el personaje principal femenino, haciendo incluso que un grupo de secundarios magníficos como Jason Clarke, James Gandolfini, Mark Strong (estos dos últimos acompañados de sus terribles postizos capilares) bailen a su son saliendo airosa como mujer en un mundo de hombres, el cine de Bigelow sigue siendo, para bien o para mal, vigorosamente masculino, adrenalítico, aunque aquí esa adrenalina no se dispara hasta la magnífica media hora final, peroesto tampoco le impide dar su toque personal al personaje de Maya, que tiene interesantes matices a pesar de es contención sobre la que construye su personalidad y que pocas veces se ve resquebrajada.




Mucho se ha hablado del tramo final en el que se recrea el asalto y eliminación de Bin Laden, desde que es un prodigio de la técnica hasta que es la mejor escena cinematográfica del año. Lo cierto es que el clímax del largometraje funciona por no apelar a alardes y ni fuegos de artificio. Esa recta final está ejecutada con la misma austeridad seca del resto del metraje, además el tenebrismo con el que está realizado tiene un tono de cine de terror con un in crescendo de la tensión más que notable, aún siendo conscientes nosotros como espectadores de que conocemos el final de antemano. En la conclusión, cuando se lleva a cabo la misión no hay frases lapidarias o patrióticas por parte de los SEAL, cosa que se agradece y acerca al producto a un tono mucho más realista.




La Noche Más Oscura es un interesante trabajo y la confirmación de la madurez de Kathryn Bigelow como cineasta reputada y muy a tener en cuenta. No es la obra maestra que algunos promulgan, pero tampoco es la lgorifiación reaccionaria que otros proclaman, aunque sería de necios no reconocer su ambigüedad a la hora de abordar algunos temas relacionados con la política exterior de Estados Unidos y que su mensaje contiene una considerable apología de un individualismo de corte randiano en el que un sólo individuo con talento debe luchar para prevalecer ante una "masa" burocrática y "mediocre" que no cumple con los deberes que, previamente, les han sido asignados.




A mí me ha dejado algo frío, seguramente esa sea la intención de su directora, aunque le reconozco sus muchos méritos cinematográficos y narrativos. Al ser una pieza en cierta manera tendente a la ambivalencia se le puede agradecer a Kathryn Bigelow por un lado los momentos de buen celuloide que ofrece con pasajes sencillamente brutales y por otro reprocharle que evite hablar de aquellos actos llevados a cabo por la política exterior de Estados Unidos que fueron los que dieron lugar al fatídico día de Septiembre en el que el país más poderoso del mundo descubrió que no era invencible. Pero más allá de eso nos encontramos con un proyecto que se encuentra entre lo mejor rodado por su autora y una pieza que, con toda seguridad, ganará mucho valor con el paso de los años por el trasfondo histórico que aabrca a lo largo de su metraje.