sábado, 20 de agosto de 2011

El Demonio Bajo la Piel, from hell to Texas




Título Original The Killer Inside Me (2010)
Director Michael Winterbottom
Guión John Curran basado en la novela de Jim Thompson
Actores Casey Affleck, Jessica Alba, Kate Hudson, Simon Baker, Elias Koteas, Nead Beatty, Bill Pullman




Segunda adaptación cinematográfica del libro homónimo que el novelista norteamericano Jim Thompson escribió en el año 1952. La primera data de 1976, la dirigió Burt Kennedy, la protagonizaron Stacey Keach y Susan Tyrrell y no es muy recordada en la actualidad. Esta segunda la ha co escrito (junto a John Curran) y dirigido el polifacetico cineasta británico Michael Winterbottom. The Killer Inside Me suscitó cierta polémica en el pasado festival de Berlín debido a un par de escenas de cruda violencia contra mujeres localizadas en su metraje que levantaron una innecesaria polvareda que cegó a una crítica indignada que se centró sólo en esos pasajes, pasando por alto que el film que nos ocupa es un excelente producto de cine negro, eso sí, radicalmente negro.




El inglés Michael Winterbottom es un director que no se achanta con ningún género y que a pesar de mantener unas constantes autorales hasta cierto punto reconocibles, casi nunca hace una película igual que otra. Cine de denuncia como Road to Guantanamo, o In This World, dramas urbanos como Wonderland, ciencia ficción distópica con trasfondo romántico, Código 46, experimentos eróticos con sexo explícito, 9 Songs, atípicos post-westerns como El Perdón, crónicas músicales, 24 Hour Party People o productos con ínfulas más comerciales y basados en hechos reales como Un Corazón Invencible (A Mighty Heart). Con The Killer Inside Me se introduce por primera vez en el celuloide de género policaco estadounidense localizado en el sur del país, pero dándole su toque personal y lacerante.




The Killer Inside Me narra las vivencias de Lou Ford durante el año 1957. Un joven ayudante del sheriff, en un pueblecito de Texas, de carácter afable y educado que oculta en su interior una bestia sádica y violenta, un psicópata que mata de manera brutal sin sentir remordimiento alguno. Este fresco le sirve a Winterbottom para retratar la retrógrada y árida América del sur de finales de los 50, con los ecos de la segunda gran guerra aún resonando y todo envuelto en un fino y casi transparente papel de celofán que nos muestra a una gente que saluda alegremente a sus vecinos para más tarde en sus hogares llevar a cabo actos retorcidos y en ocasiones hasta inhumanos.




Lou Ford es un lobo con piel de cordero. Un chico con cara de monaguillo que transmite simpatía y buenos modales sólo en el exterior. Ya que bajo esa piel a la que hace mención el mesfistofélico, pero innecesario, título que han puesto en España al film, se esconde un loco homicida frío y calculador que es capaz de planear un brutal crimen en el que puede llegar a dar una bestial paliza a una prostituta (una atractiva Jessica Alba que se esfuerza, pero que como actriz mediocre que es no puede hacer mucho más) con la que lleva tiempo manteniendo relaciones íntimas a espaldas de su novia (otra sensual Kate Hudson muy metida en su papel y esta sí, con bastante talento).




Esta que comento es una de las dos escenas polémicas del largometraje (posiblemente la que más). Dicho pasaje es ciertamente crudo y su visionado no es agradable, pero su naturaleza tampoco es gratuita, porque en la construcción de su montaje, las palabras de la chica y los terribles desvarios del protagonista o esas perlas de sudor que le caen por el rostro, se vislumbra de manera esclarecedora un retrato sólido y veraz sobre cuan hondo es el pozo de insana deshumanziación en el que se encuentra sumergido Lou Ford. La otra escena vuelve a ser de violencia explícita con otra mujer y curiosamente sin ser tan gráfica es incluso más dura y esa visceralidad es transmitida con un sencillo plano en el que la chica se hace aguas menores encima por el miedo y el shock.




Michael Wnterbottom se ha defendido con respecto a esta controversia comentado que comprende que ciertos espectadores se sientan incómodos o agredidos al ver estas secuencias, porque él también odia la violencia y quiere mostrarla tal y como es, en toda su crudeza. No sé si estas declaraciones son ciertas o no, pero en una cosa si tiene razón el director de Tristam Shandy (A Cock & Bull Story). Mostrar estas escenas de manera tan brutalmente naturalista nos permite ver que el acto de agresión física contra una persona indefensa no es una coreografía montada con estética de videoclip estilizado como podemos ver en obras como la sagas de Saw o Hostel, sino uno de los actos más ruines, aborrecibles y degradantes que un ser humano puede llevar a cabo. De modo que las acusaciones de misoginia contra el largometraje, desde mi punto de vista, también quedan descartadas.




Incluso hay ideas que Winterbottom lleva a buen puerto sin que caigan en el saco de los tópicos. Me sirven como ejemplo los flashbacks sobre la vida de Lou que nos muestran los pasajes más traumáticos de su infancia, que no son utilizados para justificar sus actos en el presente (que como es lógico, no tienen justificación alguna) sino para ahondar más en la psique de la criatura. Uno de los personajes más terribles y miserables que un servidor ha visto en muchos años, al que se odia casi desde el primer minuto y al que da vida un magnífico Casey Affleck que lo llena de matices, gestos casi imperceptibles que se pierden entre caras que se mueven entre lo bondadoso y altanero (el interrogatorio en la cama) y un parsimonioso acento sureño que hacen creíble que un chaval menudo y de corpulencia más bien escasa, pueda parecer un verdadero asesino sin escrúpulos.




The Killer Inside Me es cine noir bien escrito y medido. Con unos actores que cumplen sobradamente con su trabajo (sobre todo el ya mencionado Casey Affleck) y unos secundarios interesantes como Elias Koteas, Simon Baker o Bill Pullman. La antepenúltima cinta de Michael Winterbottom es mucho más que un film con dos escenas violentas o cruentas. También es una pieza de género (con una atmósfera en principio liviana y luminosa, pero ocultando en su interior una morbidez y toxicidad irrespirable) poseedora de una destacable notabilidad conceptual y expositiva a la hora de sacar a la luz esos esqueletos llenos de polvo que ciudades como Texas llevan décadas acumulando en sus armarios.


Monsters, stranger in a strange land




Título Original Monsters (2010)
Director Gareth Edwards
Guión Gareth Edwards
Actores Scoot McNairy, Withney Able
Independence Day, Invasión a la Tierra (Battle: Los Angeles), Skyline. Todos los fans de este tipo de films no tienen nada que hacer viendo Monsters, la interesante ópera prima del cineasta británico Garteh Edwards. Ya que esta producción, que ha llamado la atención en distintos festivales y dividido a la crítica y al público con respecto a sus defectos (pocos, ínfimos) y virtudes (bastantes más), está localizada en un contexto de cine de ciencia ficción extraterrestre, pero se aleja completamente de esos tópicos que, en un principio, enriquecieron este subgénero para más tarde, por reciclados, repetidos y hasta parodiados, acabaron por dilapidar su prestigio y casi enterrándolo de por vida, al menos en lo que a originalidad se refiere.
Una producción como Monsters es para el cine de invasiones alienígenas lo que El Tiempo del Lobo de Michael Haneke para el cine post-apocalíptico o de catástrofes. Un proyecto que utiliza la llegada de aliens a nuestro planeta como mera excusa argumental para que sus dos protagonistas, un hombre y una mujer, se encuentren atrapados en un ambiente hostil, enrarecido y desolador en el que llegarán a conocerse, enamorarse, incluso tomar conciencia de su lugar en el mundo y de su propia naturaleza como seres humanos más allá de sus personales y anodinas vidas

Seis años atrás una invasión alienígena asoló México. Un fotógrafo llamado Andrew Kaulder, excelente Scoot McNairy, es enviado a ese país para rescatar y traer de vuelta a casa a Samantha Wynden, una Withney Able llena de encanto, la hija de su acaudalado jefe. En el proceso tendrán que cruzar una frontera cerrada a cal y canto por un gobierno estadounidense que no permite el paso a los ciudadanos aztecas por miedo a que propaguen la infección que supuestamente los extraterrestres han traído desde su planeta de origen. Llegar a sus propios hogares será el único fin de la pareja de protagonistas.




El inicio de Monsters, lo que viene siendo su prólogo, es doblemente esclarecedor en todos los aspectos. Por un lado es una escena clave en el largometraje por un motivo que como es lógico no voy a desentrañar aquí y por otro la conclusión de la misma supone la ruptura total por parte de  Gareth Edwards con la idiosincrasia del subgénero en el que ha decidido contextualizar la historia que va a contar. Porque esa escena llena de acción será la primera y última en la cinta, mostrándose tal acto como toda una declaración de principios al renegar el director de unos postulados tan marcados como los que se suelen adherir a este tipo de celuloide.




Las criaturas alienígenas de Monsters, muy deudoras del imaginario lovecraftiano, apenas aparecen a lo largo del metraje del film. Gareth Edwards prefiere centrarse en las vivencias y personalidades de sus dos personajes principales, algo parecido a lo que hace Robert Kirkman con los cómics de The Walking Dead con respecto a la presencia de los zombies, hacerlos partícipes de una creíble y nada tópica historia de amor que evoluciona entre miradas, gestos o sonrisas complices eludiendo, agradecidamente, cualquier manida excusa almibarada o excesivamente sensiblera alejándolos así, de manera inteligente, de estereotipos.




Con más en común con Distrito 9 (esos seres de otro mundo que representan el racismo y la mano dura de Estados Unidos en lo referente los ciudadanos mejicanos que cruzan la frontera o el omnipresente ejército norteamericano como muestra de las desproporcionadas intervenciones militares a nivel internacional de aquel país) que con La Guerra de los Mundos de Steven Spielberg y con pasajes contenidos que recuerdan al Andréi Tarkovski de Stalker, destaquemos también la magnífica banda sonora de Jon Hopkins, Garteh Edwards consigue con su obra una rara avis dentro de la ciencia ficción, género al que podríamos decir que casi ni pertenece. Finalmente consiguiendo algo casi imposible, transmitir verismo y un epidérmico acabado naturalista al introducir en nuestra existencia la convivencia con extraterrestres sin que por ello el conjunto se vea artificioso o impostado, exhalando veracidad por todos y cada uno de sus fotogramas.




Aquellos que buscen fuegos de artifico, acción y criaturas diabólicas que vienen a acabar con la humanidad tendrán que ver otra película, no Monsters, producto en el que ni siquiera los milimétricamente medidos efectos digitales son gran cosa, porque tampoco lo necesita. En cambio los que busquen una mirada atípica sobre un tipo de cine quemado y mil veces plagiado u homenajeado, que no lo dude y se deje deleitar por el exquisito minimalismo del film de Garteh Edwards, con un clímax tan extraño como inspirado que nos muestra como dos personas, aquellas que pudimos ver hundidas en la excelente escena de las llamadas por teléfono en la gasolinera, deben compartir una experiencia fuera de lo normal para sentirse verdaderamente vivos por primera vez en sus tristes e ínfimas existencias.



miércoles, 17 de agosto de 2011

Following, Christopher Nolan Begins



Título Original Following (1998)
Director Christopher Nolan
Guión Christopher Nolan
Actores John Nolan, Alex Haw, Lucy Russell, Jeremy Theobald, Jennifer Angel




Hoy día el británico Christopher Nolan es uno de los autores más interesantes del cine contemporáneo. Entre varios de sus logros está el haberse aventurado en el mundo de los blockbuster americanos de gran presupuesto, no sólo aplicándole a los mismos madurez, inteligencia y un acabado impecable muy personal, también lo ha conseguido sin perder un ápice de su discurso autoral e incluso en varias ocasiones enriqueciéndolo o ampliándolo para su propio beneficio como cineasta en un panorama tan restrictivo y vacuo como el del Hollywood actual al que ha sabido amoldarse con gran éxito.




Nolan pegó un importante mazazo en el cine, más o menos, independiente americano con un magnífico rompecabezas cinematográfico titulado Memento. Una cinta que sin ser tan complicada como se dijo en su momento sí exigía la implicación del espectador para su completo entendimiento debido a su atípico planteamiento narrativo que no se mostraba lineal. La crítica fue casi unánime con respecto a la calidad de la obra. Después se aventuró en un proyecto más modesto, Insomnio, que no era otra cosa que el remake de una thriller noruego del realizador Erik Skjoldbjaerg con mismo título, protagonizado por el gran Stellan Skasgard y en esta ocasión estando encabezado por unos muy interesantes Al Pacino, Robin Williams y Hilary Swank.




En el año 2005 su carrera como cineasta cambiaría de manera considerable al encontrarse frente a frente con uno de los personajes más icónicos del mundo del noveno arte en general y de la editorial DC Comics en particular. La excelente Batman Begins supuso un reinicio total de la franquicia cinematográfica del alter ego de Bruce Wayne que convenció a muchos, decepcionó a otros cuantos, revitalizó la saga de films inspirados en las viñetas del Caballero Oscuro y supuso su sólida carta de presentación dentro de un mundo como el del cine comercial actual, que lo recibió con los brazos abiertos.




Un año después realizó la adaptación de The Prestige, una novela de Christopher Priest que resultó ser un interesante y magnífico film sobre la visceral rivalidad entre dos magos, compenetrados Hugh Jackman y Christian Bale, en pleno siglo XIX. Finalmente en 2008 y 2010 llegaron las que para un servidor son sus dos grandes obras. El Caballero Oscuro, segunda, sinfónica e insuperable incursión en el universo del personaje creado por Bob Kane y Bill Finger y Origen (Inception) impecable thriller de psicoespías, protagonizado por Leonardo DiCaprio, que lo encumbró en lo más alto del actual cine hollywoodiense y con motivo.




Pero hasta el mismo Christopher Nolan tiene su "origen" como director, el mismo se titula Following, se estrenó en el año 1999 y supuso su modesta (en forma, no así en fondo) ópera prima. Se rodó en blanco y negro, con un ínfimo presupuesto, 6.000 dólares, y durante varios fines de semana en los que los exiguos equipos técnico y artístico podían reunirse para sacar adelante el largometraje. Following es una obra tan poco conocida en la filmografía del británico que su simple existencia no es conocida por muchos, de ahí que ciertas personas crean que Memento es su primer largomentraje detrás de las cámaras. Nada más alejado de la realidad en este caso.




Following narra como un escritor inglés en crisis creativa empieza a tomar como enfermizo hábito perseguir a desconocidos por la calle, para seguirlos en los trayectos que realizan a diario y con ello descubrir donde viven o trabajan, con el único fin de saciar una extraña filia voyerista o fetichista. Entre sus propias normas están las de no mantener contacto con sus "víctimas" ni realizar la peculiar acción más de una vez con la misma persona evitando así ser descubierto. Al romper esta última regla conocerá a un atípico ladrón de inmuebles llamado Cobb y a partir de ese momento su vida cambiará radicalmente encadenando una serie de situaciones nada agradables para su persona.




Con una puesta en escena austera y una envoltura visual con un tono muy de free cinema (es inevitable que la estética del producto no nos recuerde en ocasiones a La Soledad del Corredor de Fondo de Tony Richardson) con algún apunte de nouvelle vague francesa y atmósfera de ensoñación kafkiana estilizada, Christoper Nolan realiza una interesante cinta de poco más de 70 minutos conteniendo ya todas sus inquietudes autorales como cineasta sirviendo incluso como ensayo o primera toma de contacto con el uso de la deconstrucción narrativa que eclosionaría en toda su magnitud en su siguiente trabajo, la ya comentada Memento en la que llevo esta técnica a niveles paroxistas.




Al igual que en cualquiera de sus obras posteriores, en Following, Christopher Nolan exige un mínimo de necesaria atención a su espectador para implicarse con la historia, ya que, como hemos comentado previamente, la cinta no está narrada de manera lineal. Por ello no es extraño que la persona que visiona tenga que prestar especial concentración con respecto a la cambiante estética del protagonista, las relaciones que mantiene con los personajes secundarios y el desarrollo, o no, de las mismas, asó como a las heridas en su rostro para situar espaciotemporalmente la trama, o mejor dicho, la secuencia que en ese momento acontece ante nosotros, en la pantalla misma.




Muchas de las constantes del discurso puramente nolaniano están en Following. El concepto de personalidad y el robo o suplantación de la misma, conspiraciones a pequeña o gran escala, personajes distantes y carentes de emocionalidad o una concepción del lenguaje cinematográfico puramente cerebral y en ocasiones fría o aséptica. Tampoco vamos a negar que también se vislumbran algunos de sus fallos, como su ya conocida, aunque bastante corregida en la actualidad, poca pericia a la hora de coreografiar o rodar escenas de lucha o pelas, así como sus conocidos personajes femeninos, no demasiado bien perfilados, que suelen ser meros potenciadores dramáticos de los masculinos.




Posiblemente Following no sea una ópera prima tan impactante como Pi, Fe en el Caos de Darren Aronofsky o Cabeza Borradora de David Lynch, cintas que menciono por poseer ciertas características conceptuales similares a la obra que nos ocupa. Pero supone el interesante y muy personal germen de la impronta de un autor que está en una posición privilegiada en el séptimo arte del siglo XXI, desde mi punto de vista con todas las de la ley. Un señor que lleva ofreciendo desde su primer largometraje historias sólidas, acabadas con entereza y por qué no decirlo, con bastantes pretensiones, que eso sí, quedan totalmente cubiertas, incluso en más de una ocasión rebasadas, por su innegable talento como cineasta.




Como última anotación mencionar un curioso detalle que no por pequeño es menos interesante y me veía en la obligación de destacar sobre todo como fan del mundo del cómic. No hay más que mirar la última imagen del largometraje que adjunto para ver en la puerta de la casa del protagonista de Following una pegatina bastante reconocible cuya presencia se antoja hasta jocosamente premonitoria y que como mínimo despertará una sonrisa cómplice a todo aquel que conozca, o admire, la filmografía de este, para mí, indispensable autor en el panorama cinematográfico actual.


martes, 16 de agosto de 2011

Encontrarás Dragones, en el imperio del fuego




Título Original There Be Dragons (2011)
Director Roland Joffé
Guión Roland Joffé
Actores Charlie Cox, Wes Bentley, Dougray Scott, Unax Ugalde, Olga Kurylenko, Pablo Lapadula, Golshifteh Farahani, Ana Torrent, Alfonso Bassave, Jordi Mollá, Rodrigo Santoro, Geraldine Chaplin, Charles Dance, Juan Cruz Rolla, Alejandro Casaseca, Yaiza Guimare, Jan Cornet, Derek Jacobi, Lito Cruz, Lily Cole, Carlos Leal, Rusty Lemorande




En vísperas de la inminente y polémica llegada de Benedicto XVI a España me he sentido animado para ver por fin esta producción escrita y dirigida por el cineasta británico Roland Joffé sobre la vida y milagros (nunca mejor/peor dicho) de la controvertida figura de José María Escrivá de Balaguer, sacerdote español fundador del Opus Dei (organización religiosa que es la principal impulsora y productor del film) y "santo" desde que lo canonizara el fallecido Juan Pablo II en el año 2002.




Vaya por delante para que no haya confusiones que soy un ateo confeso, que no siento empatía alguna con esa institución llamada iglesia católica (y mucho menos con el Opus Dei), ni con cualquier otra religión, incluída como es lógico la cristiana, que se supone ser la mía. Pero también debo destacar que no tengo nada en contra de que el prójimo crea en uno o más dioses o que dedique su vida a defender una causa en la que tiene fe y le pueda llegar a realizar como persona. Que sea ateo no significa que sea un intolerante o un dogmático. Nada más lejos de la realidad




A pesar de todo esto que nadie piense que va a encontrar aquí una crítica furibunda a la última película del británico Roland Joffé o una sarta de exabruptos contra Escrivá de Balaguer, pero tampoco me voy a bajar los pantalones y alabar a un señor por el que no profeso admiración alguna, por representar (casi) todo aquello con lo que no comulgo, por mucho que sus enseñanzas y dogmas de fe me los quieran vender como el súmmum de la realización existencial y una comunión total con una deidad en la que hace años dejé de creer.




Encontrarás Dragones es un cinta muy irregular. Tiene buenos momentos, otros no tan conseguidos y alguno que bordea el rídículo, pero tampoco es un producto desdeñable. Roland Joffé no es ni una sombra de lo que fue en los 80 cuando era capaz de dirigir genialidades como La Misión o productos harto interesantes como Los Gritos del Silencio (The Killing Fields) pero ha recuperado algo de ese toque de profesionalidad que había perdido en los últimos años entre productos estrenados directamente en el mercado doméstico o Series B de poca importancia o calidad. Mostrándose, en la obra que nos ocupa, bastante resuelto en las escenas técnicas, sobre todo en las bélicas, aunque abusando en ocasiones de falsarios movimientos de cámara que no tienen sentido en una cinta de este estilo.




El largometraje que nos ocupa narra, por medio de flashbacks, la historia de dos amigos nacidos en España. Uno de ellos. José María, elegirá el camino de la fe. El otro, Manolo, seguirá la senda de la violencia y la venganza. En esta dicotomía, que debería ser el punto fuerte de la cinta, la que mostrara las dos caras antagónicas de una misma moneda, el santo por un lado y el guerrero por el otro, reside el mayor fallo del producto. El concepto es acertado y formalmente no está mal expuesto, pero casi todo se hunde cuando una de las dos historias no funciona y por desgracia la que fracasa es la que supuestamente da sentido al film y a la existencia del mismo.




En There Be Dragons hay dos películas bastante diferenciadas que nacen juntas y luego se disgregan cada una por su lado. Una es la interesante y bastante conseguida historia de un militante nacional que durante la guerra civil se infiltra como espía en las filas republicanas, tomando parte en la contienda contra los que son sus compañeros desde el bando que se supone es el enemigo y encontrando un amor no correspondido entre las barricadas. Manolo es un personaje interesante, aunque bastante unidimensional, pero sus andanzas se siguen con suficiente interés como para que al espectador le llame la atención, hasta cierto punto, lo que pueda llegar a sucederle en su encrucijada bélica.




La otra es una hagiografía de manual tramposa y maniquea que trata de ensalzar de manera enfermiza la figura de una persona a la que debería de humanizar para que llegara al público y a la que muestra en pantalla como un martir cuasidivino que no hizo absolutamente nada mal en toda su vida. No sólo no hay una sola sombra en la vida que que aquí se retrata de Escrivá de Balaguer, es que para colmo con la intención de ensalzar su supuesto carácter de divinidad Joffé abusa de una imaginería simbólica del todo ridícula (luces cegadoras, el tiempo que se para, pájaros que se posan en las manos del protagonista) que lo único que hace es rematar de manera artificiosa toda la subtrama en la que conocemos las desavenencias del fundador del Opus Dei.




La plana interpretación del británico Charlie Cox ciertamente ayuda poco a la hora de ensalzar la figura de la persona real a la que da vida. A Escrivá de Balaguer se le puden sacar muchos fallos y defectos, pero era un gran orador, un hombre carismático y cercano que sabía ganarse a sus adeptos moviendo a las masas. El José María que vemos en Encontrarás Dragones es un insípido individuo sin expresividad que hace todo con timidez y que ni sonriendo consigue transmitir sensaciones a un respetable que observa sus actos con indiferencia y hastío, por mucho que corra continuo peligro, perdone a republicanos o rece por el alma de sus enemigos.




El reparto es extenso y en él podemos ver tanto caras internacionales como patrias. Actores españoles tenemos a Jordi Mollá, Ana Torrent, Unax Ugalde Carlos Leal o Geraldine Chaplin (estos no son españoles, pero como si lo fueran, ya que tienen familia aquí, se pasan media vida con nosotros y se les ha cogido cariño con el tiempo) y extranjeros Olga Kurylenko (curiosamente más guapa de mliciana que de chica Bond en Quantum Of Solace), un carismático Rodrigo Santoro, el veterano Derek Jacobi o el británico Charles Dance. Todos con breves papeles, pero mostrando suficiente profesionalidad como para sacar adelante sus ínfimos personajes sin caer en el ridículo o el fracaso.




Aunque si hay que destacar a alguien, a pesar de que no da tampoco lecciones vigorosas de interpretación, es al americano Wes Bentley. A este joven lo hemos visto pocas vaces, las más destacadas poniéndose palote con una bolsa de plástico en una mítica escena de la magnífica American Beauty de Sam Mendes y Alan Ball o haciendo el polla como Black Heart en Ghost Rider, pero contra todo pronóstico no sólo hace un conseguido trabajo en la cinta que nos ocupa, también se come por los pies al Escrivá de Balaguer de Charlie Cox cada vez que comparte plano con el susodicho, cuando debiera suceder todo lo contrario. Sólo destacar para mal (y no es su culpa) que para mostrar a su personaje en la vejez hayan decidido ponerle esa horrible prótesis facial que lo hace parecer el protagonista de una de las Celebrities de nuestros amigos de Muchachada Nui, en vez de poner a un actor de la tercera edad que hubiera sido lo más correcto.




Es interesante que películas como Encontrarás Dragones salgan adelante dentro del cine actual, independientemente de sus considerables fallos y de que sus productores quieran ensalzar una figura como la de Escrivá de Balaguer que a mí personalmente no me despierta simpatía alguna. Pero cuidado, sin poner por ello en duda que llevara a cabo algunas buenas causas durante su trayecto vital, aunque el hecho de que diera forma a una organización tan ultraconservadora y sesgada como el Opus Dei no lo posiciona como un personaje que merezca mi, humilde, admiración.




Ya que la cinta que nos ocupa a pesar de ser una indudable, y hasta cierto punto manipuladora, apología de una figura religiosa de profundo calado a nivel mundial, los de siempre se han quejado porque en su trama, y con mucho acierto, se hace un retrato no partidista de nuestra guerra civil, mostrándola como un conflicto bélico en el que los dos bandos tuvieron sus pocas luces y muchas sombras. Idea inteligente que deberían haber aplicado los autores del film al personaje protagonista, para que la obra que aquí desgrano mereciera realmente la pena como producto cinematográfico. Otra vez será, porque al final de este recorrido lo máximo que conseguimos vislumbrar de esos dragones que menciona el título son algunas lenguas de fuego que al poco tiempo se apagan sin dejar siquiera cenizas a su paso.


miércoles, 10 de agosto de 2011

Capitán América: El Primer Vengador




Título Original Captain America: The First Avenger (2011)
Director Joe Johnston
Guión Christopher Markus y Stephen McFeely
Actores Chris Evans, Hugo Weaving, Haley Atwell, Sebastian Stan, Tommy Lee Jones, Stanley Tucci, Toby Jones, Neal McDonough, Derek Luke, Natalie Dormer, Richard Armitage, Dominic Coopper, Kenneth Choi, Samuel L. Jackson, Stan Lee




Por fin le llegó el turno al bueno del Capitán América con su incursión (ojo, no la única, que la primera data de 1944 y en 1990 el infame Albert Pyun nos regaló otra más, tan horrible como entrañable) cinematográfica en solitario a manos de Marvel Studios. Suponiendo también el último peldaño para que en el próximo año 2012 vea la luz el film Los Vengadores (The Avengers), protagonizado por el personaje que nos ocupa, Iron Man, Thor, Hulk, la Viuda Negra o Nick Furia entre otros y dirigida por ese genio a la hora de crear todo tipo de ficción que responde al nombre de Joss Whedon.




Capitán América, El Primer Vangador es un ejemplar blockbuster veraniego, que incluso contiene en su impronta algunos detalles que lo revelan como un producto comercial harto interesante, entretenido, multireferencial en lo que a alimentarse de distinto tipo de géneros se refiere y hasta con algún punto de ligero metalenguaje (esas imágenes del cómic número 1 del personaje vendiéndose como rosquillas en plena segunda guerra mundial). Todo envuelto en tono entre naïf y retro que cuaja perfectamente a la hora de retratar las historias del personaje en sus primeros años.




Al director Joe Johnston (digno artesano y realizador de cintas entrañables como Jumanji o Cariño, He Encogido a los Niños y otras no tan afortunadas como la última versión de El Hombre Lobo con Benicio del Toro como protagonista) no le es ajeno el celuloide localizado en los años 30 y 40 o el (pre)nazismo, aunque siempre desde un punto de vista más liviano y desenfadado que en el cine bélico más ortodoxo y con estética art decó. Ya que en el año 1991 dirigió Rockeeter, entretenida pieza basada en el cómic de Dave Stevens, cuyo mayor acierto era una jovencita y arrebatadora Jennifer Connelly. Aquella producción era un largometraje que mantenía más de un punto en común con esta Capitán América que nos ocupa.




Captain América: The First Avenger es principalmente un producto pulp sobre una imposible Segunda Guerra Mundial que más que en el cine bélico clásico americano se refleja en productos de Serie B europeos de naturaleza exploit sobre nazismo (pero dirigido a todos los públicos) o en films de ciencia ficción de segunda fila, lo que da un encanto especial a su estética y argumento. Por descontado todo está envuelto en un presupuesto propio de film revientataquillas con un logradísimo diseño de producción en el que se hace incluso una utilización magistral de los efectos digitales. Sobre todo a la hora de retratar al Steve Rogers escuálido, realizando un trabajo impresionante con el físico de Chris Evans por medio de los CGI.




La película es considerablemente fiel a los orígenes del personaje, pero tomando como punto de partida la recuperación del mismo que se hizo en Marvel gracias a Stan Lee para meterlo en las filas de Los Vengadores, ya que su verdadero debut fue en 1941 a manos de Joe Simon y Jack Kirby. Dicha génesis primigenia también la vemos en pantalla debido a que la misma ocupa toda la trama central a modo de enorme flashback y sobre ella se sustenta el esqueleto argumental de todo el largometraje así como el relato de los personajes protagonistas, desarrollado en la Segunda Guerra Munidal.




Los de Marvel Studios han hecho bien los deberes y en el film podemos ver todas las características y personajes que engrandecieron los cómics durante años. Personajes como Bucky, Dum Dum Dugan, Gabe Jones, Abraham Erskine o Peggy Carter son bastante fieles (dentro de sus posibilidades) a las viñetas y también han triunfado a la hora de retratar organizaciones como Hydra (imposible no pensar en la ilustrada de manera inolvidable por Jim Steranko en Nick Fury: Agent of Shield), con esos impersonales soldados asesinos y esa maquinaria militar de alta tecnología para la época.




En la caracterización de Craneo Rojo (enorme Hugo Weaving) se pueden encontrar los mayores ramalazos de ese cine exploitation sobre nazismo (el que quiso emular Zack Snyder sin éxito en algunos pasajes de su infumable Sucker Punch) que he comentado previamente. Lo que en un principio podían ser fallos, son algunas de las mayores virtudes del largometraje. Por ejemplo, que el personaje escuche a Wagner en otro contexto sería un cliché dificilmente defendible, pero en el de un film que mezcla los homenajes al cine propagandista de la segunda guerra mundial con la acción de Serie B europea queda incluso como una referencia que apela a la complicidad del espectador.




También caben destacar los ríos de tinta que se sucedieron cuando salió a la luz que en la película los enemigos del Capitán no iban a ser los nazis propiamente dichos. Ausencia que en principio casi todos los aficionados criticamos antes de ver la obra por ser una decisión en principio no muy acertada, pero que finalmente queda justificada con bastante inteligencia en el guión cuando descubrimos que Hydra (rama de corte misiticista de el ejército alemán) quiere traicionar al führer y llevar a cabo la conquista del mundo en solitario encabezada por el mismo Craneo Rojo. Incluir un rol como villano cuya ambición eclipsa la del mismo Adolf Hitler me parece una idea del todo feliz para este tipo de celuloide.




Chris Evans puede que no haya sido la mejor elección para hacer del personaje, pero mentiría si dijera que el actor no hace un excelente trabajo tanto con el uniforme puesto, como dando vida a ese tipo endeble por fuera pero con una determinación de hierro en su interior llamado Steve Rogers. Por suerte los autores del film han decidido dar al Capitán el espíritu del personaje clásico, el del Universo 616, no el del Ultimate, que si bien es más contemporáneo y rotundo en su fisicidad, también adolece de cierto radicalismo ideológico que acentúa de manera un poco tosca ese patriotismo del que siempre ha hecho gala el rol, pero que nunca era molesto.




Joe Johnston cumple con su cometido, el de un director que se enfrenta a un producto mastodóntico de un presupuesto altísimo al que se le exige, principalmente, destreza en las escenas de acción. Algo que demuestra en magníficos pasajes como los del asalto al tren o la persecución del agente de Hydra por las calles de Nueva York. El realizador de Parque Jurásico 3 o Hidalgo no sólo cumple como profesional del cine de aventuras, también es capaz de darle cierto poso a escenas dramáticas como la de la transformación de Rogers, la muerte de algún personaje o esa última coversación por radio con una guapísima Haley Atwelly con elegante estilo pin up.




Funcionan muchas cosas en esta Captain América que la convierten en un etretenido y meritorio film. El reparto bien elegido (Stanley Tucci magnífico, Tommy Lee Jones uraño y carismático), el guión acertadamente escrito y bastante fiel a los cómics, el patriotismo que podría echar para atrás a los no nacidos en Estados Unidos está tratado con ironía y amable condescendencia, los toques de humor, las referencias a films de videoclub o doble sesión cinematográfica de los que se alimenta la trama y estética del producto, la acción excelentemente ejecutada y los guiños que producen fruición en el fandom, como ese Howard Stark que nos muestra de donde viene la vena seductora de Tony, el Cubo Cósmico o ese cliffhanger final que unirá la obra con la cinta coral que está preparando Whedon.




Una película someramente divertida que proporciona al cinéfilo seguidor del cómic una dignísima adaptación de un personaje clave en la historia de los superhéroes de cómics, al que tenemos bastante cariño más por su determinación y su labor como conciencia de un país que por lo que representa de manera simbólica para este, y dos horas de cine entretenido y edificante con aire clásico para el espectador neófito en las viñetas. Ahora sólo nos queda esperar esa Los Vengadores que tan bien pinta y disfrutar con la batalla que la enfrentará el año que viene con el The Dark Knight Rises de Christopher Nolan. Venza quien venza, los fans de los cómics y el cine saldremos ganando.