domingo, 5 de junio de 2011

X-Men: Primera Generación




Título Original: X-Men, First Class (2011)
Director: Matthew Vaughn
Guión: Bryan Singer, Ashley Miller, Jamie Moss, John Schwartz, Zack Stenz
Actores: James McAvoy, Michael Fassbender, Kevin Vacon, Jennifer Lawrence, January Jones, Jason Flemyng, Rose Byrne, Oliver Platt, Álex González, Matt Craven




Tras tres entregas cinematográficas X-Men, X-Men 2, X-Men 3: La Decisión Final que formaban una excelente trilogía (incluída para un servidor la tercera parte, nunca comprendiendoo ese rechazo recibido en su momento) y un muy flojo spin off X-Men Orígenes: Lobezno, llega a las carteleras de todo el mundo X-Men: Primera Generación o X-Men: First Class, como se la conoce en su título original. Esta vez dirigida por Matthew Vaughn, aquel señor que empezó produciendo los largometrajes de Guy Ritchie y que ha acabado siendo un más que competente realizador a la hora de llevar el mundo del cómic al celuloide.




Vaughn debutó en la dirección de largometrajes con esa alabada cinta de culto sobre la mafia británica titulada Layer Cake. Más tarde dio forma a la primera de las adaptaciones cinematográficas de un cómic, más bien una novela ilustrada, que realizaría en su carrera, Stardust. Basada en la obra homónima que el guionista Neil Gaiman escribió para el sello Vertigo de DC Comics. Después llevó, con éxito, pero tomándose algunas licencias, a imágenes Kick-Ass, la miniserie de Mark Millar y John Romita Jr para el sello Icon de Marvel.Comics.




La productora Twentieth Century Fox, que aún poseía los derechos de las adaptaciones cinematográficas de los personajes creados por Stan Lee y Jack Kirby en 1963 y llevados a lo más alto por Chris Claremont y John Byrne en la segunda mitad de los 70 y la primera de los 80, se la han jugado bien a Marvel Studios y se han sacado del a manga otra gran película inspirada en superhéroes de cómic, así como una revitalización magnífica y para nada forzada, aunque en principio no lo pareciera, de la franquicia cinematográfica mutante.




X-Men: First Class mezcla parte del origen real de la serie cuando fue creada por el tandem Lee Kirby en el 63 y los hechos que nos narraron en la serie del mismo nombre que editó Marvel Comics la década pasada a manos de Jeff Parker y Roger Cruz, sucedido este último por otros ilustradores en los números posteriores, en la que actualizaban la génesis de los personajes. La cinta fusiona las dos visiones, pero siguiendo en la medida de lo posible la coherencia con la trilogía cinematográfica original, aunque al igual que en aquella, tomándose algunas licencias con respecto a las viñetas.




El núcleo de la película es la relación entre Erik Lensher y Charles Xavier, Magneto y el profesor X respectivamente. El film comienza con la infancia de ambos y a pesar de que se narran hechos de la vida de los dos está claro que en la trama central hay una notable inclinación hacia el personaje de Magneto, que queda patente ya en el magnífico arranque posterior a la escena del campo de concentración (la magnífica y original de la primera X-Men de Bryan Singer) con Sebastian Shaw, en la que por medio de la colocación de la cámara y el uso de la planificación de tomas Matthew Vaughn da la primera y muy grata sorpresa al respetable.




Porque es un hecho irrefutable. Esta película casi se podía haber titulado X-Men Orígenes: Magneto, es más el primer borrador del guión parece ser que iba por ese camino, y si James McAvoy hace un dignísimo Charles Xavier (aunque cansa verlo tanto rato con los dedos en la sien, emulando una especia de jaqueca crónica) la elección del irlandés Michael Fassbender para dar vida a Lensher es todo un maravilloso acierto. El actor de Malditos Bastardos o 300 captura toda la esencia del personaje, su discurso, su dualidad moral y en el proceso no deshonra el trabajo del genial Ian McKellen de la trilogía original. Para colmo su presencia da pie a que escenas como la del banco y la de la posada en Argentina bordeen lo magníficencia.




Además, es un hecho que es en este terreno donde Matthew Vaughn se hace fuerte, en el retrato de unos personajes magnificamente perfilados, sobre todo estos dos ya mencionados. Esa amistad maltrecham pero nunca resquebrajada del todo, por dos concepciones distintas sobre convivencia y supervivencia entre humanos y mutantes, es apuntada y enriquecida con escenas magníficas entre los dos caracteres. Algo que Bryan Singer depuró bien y que hasta Ratner supo continuar, ese magnífico prólogo de X-Men 3, es esa relación. Pero Vaughn a diferencia del director de Sospechosos Habituales, que es gélido y distante como narrador, sabe dar más sentimiento y trasfondo a dicha historia. En ese sentido no es tan quirúrgico como el realizador de las dos primeras entregas, sino más instintivo y dramático .




Por otro lado tenemos la interesante inclusión de distintos mutantes como Kaos, Banshee y otros mejor trazados como Hank McCoy alias Bestia o Mística, una Jennifer Lawrence arrebatadora, poseedora también de una interesante relación con Xavier desde la infancia de ambos. January Jones da vida a una atractiva y muy creíble Emma Frost, totalmente sensual y manipuladora, como se espera de ella. En este sentido sólo destacar algún fallo como, la caracterización física de Bestia que me parece inferior a la que hicieron con Kelsey Grammer en X-Men 3.




Pero el gran acierto de X-Men Primera Generación es su cuidada ambientación localizada en los años 60 y sobre todo ese tono de cine de espionaje y conspiraciones que tiene como entorno. La han comparado mucho con los primeros James Bond, pero yo veo aquí el trabajo rematado con un trazo más sutil y hasta cierto punto creíble dentro de la fantasía que da forma al producto. Por no decir que lo de situar parte de la acción durante la crisis de los misiles de Cuba es un acierto pleno que da un trasfondo realista y muy a lo Watchmen al largometraje con la batalla armamentística entre Estados Unidos y la URRS.




También nos encontramos innumerables guiños tanto a los cómics como a la trilogía anterior. El club Hellfire, la presencia de Azazel, padre biológico de Rondador Nocturn, o Ángel de los Nuevos X-Men de Grant Morrison nos remiten a las viñetas y los cameos como el de Mística en la cama y sobre todo el genial del bar lo hacen con las anteriores películas. También se toman licencias los guionistas con respecto a la imagen de personajes que no se parecen en nada los de los tebeos como ese Sebastian Shaw, bordado por un maduro Kevin Bacon, o la presencia de mutantes que todos sabemos que no estaban ahí en esa época determinada, pero todo es tan intrascendente como perdonable.




¿Ha conseguido Matthew Vaughn realizar con esta X-Men First Class la mejor película sobre los mutantes de Marvel? Es pronto para saberlo. Lo que si nos ha ofrecido un producto de calidad y entretenido, mientras nos ha hablado de dos personajes antagónicos que se necesitan tanto como se rechazan. Ha realizado un humilde tratado sobre la intolerancia y el miedo a los enfrentamientos bélicos y con ello una de las mejores película sobre superhéores que se ha visto en bastante tiempo y eso que llevamos una buena racha (no hay más que ver a ese Thor de Kenneth Branagh) de ellas. Esta precuela nos deja grandes momentos, una buena historia, personajes interesantes, un españolito en el reparto ahí sin decir nada pero poniendo una pica en Genosha y una moneda con grabados nazis como fetiche ya indivisible de la historia fílmica de los hijos del átomo.



viernes, 3 de junio de 2011

Vestida Para Matar, femme fatale




Título Original: Dressed to Kill (1980)
Director: Brian de Palma
Guión: Brian de Palma
Actores: Michael Caine, Angie Dickinson, Nancy Allen, Keith Gordon, Dennis Franz, David Marguiles


En 1980 el director italoamericano Brian de Palma ya tenía una considerable fama a sus espaldas. Para unos era un cineasta que plagiaba con una alarmante desvergüenza a su admirado Alfred Hitchcock. Un realizador que utilizaba el esteticismo para tapar las carencias de historias que normalmente vendían humo. Para otros era un verdadero autor, un prestidigitador del lenguaje cinematográfico con una poderosa concepción de la construcción narrativa visual y formal que creaba auténtico y puro celuloide con sus largometrajes. Por suerte o por desgracia el autor de En Nombre de Caín en algún momento de su carrera ha sido tanto lo uno como lo otro.




Vestida Para Matar dio la razón tanto a sus detractores como a sus más acérrimos seguidores. La cinta estructuralmente es casi idéntica a esa imperecedera obra maestra llamada Psicosis (Psycho) del director británico por excelencia, pero De Palma no oculta tal hecho ni se avergüenza de él. Por otro lado es indudable que la cinta es un muy personal ejercicio de estilo, una obra con momentos de puro genio y pasajes de un acabado inquietantemente virtuoso que confirman un secreto a voces. Estamos viendo una obra 100% De Palma.




Es cierto que tenemos un exoesqueleto muy parecido al de la cinta protagonizada por Anthony Perkins y Janet Leigh, incluso hay situaciones rematadas de manera idéntica a las de aquella producción de 1960, pero De Palma llena ese discurso hitchcockiano de una mórbida toxicidad repleta de sexo, parafilias enfermizas, represión (en más de un sentido) y un suspense amenazante que se tensa como un hilo. Esa intriga, que el cineasta lleva con un pulso tan ferreo que debería analizarse en las escuelas cinematográficas, tiene varios momentos de puro genio.




Para empezar se podría destacar el excelente y bastante extenso (el director se toma su tiempo, pero es debido a que sabe muy bien lo que hace) pasaje en el museo de arte. En el De Palma hace un uso sencillamente magistral de los movimientos de cámara, el montaje, la localización de los actores en el encuadre, la música y todo esto sin una sola línea de diálogo. Seguidamente la secuencia que es para un servidor el clímax de la película y su escena más emblemática, la bestialmente potente del ascensor.




Si Hitchock tuvo su mítico asesinato en la ducha, esta elaboradísima y minimalista coreógrafía de muerte en el elevador, que llega a crispar los nervios del espectador y hacerlo sentir realmente incómodo, poco tiene que envidiarle la ya citada secuencia. La del descubrimiento de la identidad del asesino también tiene un acabado impecable. Después la onírica parte del manicomio con imposible plano cenital en la conclusión. Por último el final, una vez más un pasaje de una tensión debidamente dosificada en un cuarto de baño en el que una zapatilla blanca detrás de una puerta lo sugiere todo. Todas estas escena destacadas acompañadas por el maravilloso score del compositor Pino Donaggio.




Pero no sólo de Hitchcock vive Dressed to Kill. De Palma tiene su momento para recordarnos los gialli italianos y la estética cromática de colores puros en la iluminación del Dario Argento de Suspiria. También nos remite a este tipo de thriller el personaje homicida de manos enguantadas y arma blanca que finalmente de lugar a escenas de violencia muy gráfica (aunque nunca llegando al gore) que explotan delante de la cámara y por extensión ante el rostro del espectador. Incluso en la persecución en el metro hay un plano que es una referencia directa al momento clave de Rojo Oscuro del ya mencionado Argento.




La puesta en escena y el trabajo de De Palma en la dirección, son como casi siempre impecables. Distinto uso de trucos visuales como split screen, cámara lenta, lentes de aproximación dividida, planos detalle o una fotografía suavizada (grande Ralf D. Bode) que busca un tono ensoñador, De Palma no es amigo del hiperrealismo, de ahí que su discurso sea puramente cinematográfico. Sólo se echa en falta alguno de esos interminables planos secuencia marca de la casa que nos suelen dejar con la boca abierta.




Los actores no lo hacen mal, pero tampoco destacan en manera alguna. Angie Dickinson luce una interesante y atractiva madurez (con dobles de cuerpo o sin ellos). Nancy Allen da ese toque pizpireto y sexy que siempre aplicaba a los papeles que interpretaba en las películas de De Palma, su por aquel entonces marido. Keith Gordon cumple y hace un papel que le serviría de base para el que haría tres años después en Christine, más que correcta versión cinematográfica que realizó John Carpenter de la célebre novela homónima de Stephen King.




Dennis Franz hace de policía duro con fuerte acento italoamericano, vamos, en su línea, el tipo lo lleva en la sangre. Por último pero no menos importante, Sir Michale Caine, que con poco esfuerzo se lleva la película a su casa, con correcto hieratismo y una contención so british hace un excelente trabajo y lleva con mucha dignidad la peculiaridad de su personaje, no se espera menos del protagonista de La Huella (Sleuth), Un Trabajo en Italia o El Hombre que Puedo Reinar.




Es curioso, pero las mejores películas de De Palma (al menos las que más me gustan a mí como obras en su totalidad) Scarface, Carlito's Way, Los Intocables de Eliot Ness o Redacted no son tan puramente "depalmianas" como otras inferiores en el plano cinematográfico, pero decidamente memorables, en uno u otro sentido, como Doble Cuerpo, Impacto (Blow Out), Femme Fatale o esta Vestida Para Matar (seguro que el Paul Verhoeven de Instinto Básico revisionó más de una vez) que podría considerarse como la quintaesencia de un autor cinematográfico que antes que para el espectador, hace cine para sí mismo y de eso en el Hollywood actual queda poco.



jueves, 2 de junio de 2011

Carne de Neón, Hiroshima mon amour



Título Original: Carne de Neón (2011)
Director: Paco Cabezas
Guión: Paco Cabezas
Actores: Mario Casas, Vicente Romero, Macarena Gómez, Ángela Molina, Darío Grandinetti, Blanca Suárez, Dámaso Alonso, Luciano Cáceres, Antonio de la Torre, Vanessa Oliveira, Juan Carlos Vellido




El sevillano Paco Cabezas despuntó en esto del cine patrio en 2005 con un simpático, pero bastante rutinario, cortometraje llamado Carne de Neón sobre un chaval del extrarradio metido en todo tipo de líos que quiere dar la bienvenida a su madre, una prostituta recién salida de la cárcel. Más tarde en 2007 y tras un arduo proceso de producción llevó a cabo el que sería su debut en el mundo del largometraje, Aparecidos, cinta que mezclaba el terror y la denuncia social. Ya en 2010 el realizador decidió retomar su cortometraje y pasarlo a largo. El resultado es una agradable sorpresa, una cinta divertida y con garra.




No hay que darle más vueltas ni ocultarlo. Carne de Neón es la versión cañí de una película de Guy Ritchie, director británico de Lock & Stock, Snatch o Rockanrolla. Por lo tanto la segunda obra de Paco Cabezas no es original, hasta ahí todo claro. En cambio es innegable que la cinta tiene carisma, ritmo, personalidad y está hecha con cariño y mucha humildad. Todo el conjunto que le da forma como proyecto cinematográfico destila simpatía, verismo y crueldad o ternura dependiendo de si el contexto lo exige.




Cabezas toma su cortometraje, lo extiende, lo depura y lo perfila. El resultado es un largo que funciona perfectamente tanto como retrato (no muy sutil, todo hay que decirlo) de la España oculta, la sumergida en un submundo de mafioseo, chanchullos y mercado negro, como interesante fresco sobre temas tales como la trata de blancas, la explotación sexual a la que se somete a las europeas del este que llegan a nuestro país, las situaciones paupérrimas y muy jodidas a las que se enfrentan los sin papeles cuando llegan a la península creyendo que han encontrado la tierra prometida o la corrupción y brutalidad de algún sector de la policía (¿alguien ha dicho Plaza Cataluña?) que no se libra de una visión cruda por parte del guionista y director.




El realizador sevillano alterna inteligentemente humor con drama y sabe darle el tono adecuado a la historia para que funcione adecuadamente. Escribe con ritmo, dirige sin tantos efectismos como Ritchie y mete algún homenaje que va más allá de emular al director de Revolver. Lo hace con Sopsechosos Habituales de Bryan Singer, Tarantino o Scorsese y como es lógico también con productos y autores patrios como la sobrevalorada Todo Por la Pasta del meritorio guionista y director bilbaino Enrique Urbizu.




El reparto es sin lugar a dudas lo mejor de la cinta. Mario Casas lo hace muy bien, es innegable, llegando a incitarnos a que nos olvidemos del desganado Óscar Jaenada del cortometraje. Mi paisano Vicente Romero está grande como siempre, su Angelito es todo un personaje (sus comentarios con el vídeo de pornografía zoofílica son oro puro). Macarena Gómez como la Canija está harto simpática, al igual que Dámaso dando vida a la Infanta. Destacar también el buen hacer de los actores argentinos Dario Grandinetti y Luciano Cáceres, a ese delicioso bombón llamado Blanca Suárez y a mi otro paisano, Antonio de la Torre, que yo no sé de donde cojones saca tiempo para trabajar tanto.




Pero como es lógico debo dedicar una párrafo a parte para una inmensa Ángela Molina como la madre del protagonista. La hija de Antonio Molina hace el papel de su vida. Una prostituta con maracadísimo acento andaluz y principio de alzheimer que acaba de salir de la cárcel. Cabezas le regala los mejors diálogos, momentos que alternan ternura con humor negro y unas salidas que hacen que el espectador rompa en carcajadas. Ella es el centro de la película, el McGuffin, todo lo que en Carne de Neón sucede es por ella y como no, este rol es el que le da alma y corazón a la obra. Dejando en bragas a la Victoria Abril del cortometraje, que tampoco es que lo hiciera mal.




Carne de Neón es un producto que a mí al menos me ha dejado harto satisfecho. Con una estética resultona y espídica Cabezas nos habla de algo muy real, de la España jodida y decadente que se mueve en los barrios bajos de los suburbios. Narrando una historia sobre amistad, lazos fraternales y de sangre. Una película directa que hace reír y que emociona incluso más que las del mismo Guy Ritchie (aunque como es lógico no las supere). La segunda obra de Paco Cabezas es el tipo de cinta hecha para y por tipos duros pero con corazón.


miércoles, 1 de junio de 2011

Shock, the father's house




Título Original: Shock (1977)
Director: Mario Bava
Guión: Francesco Barbieri, Lamberto Bava, Paolo Brigenti, Dardano Sacchetti
Actores: Daria Nicolodi, John Steiner, David Colin Jr, Ivan Rassimov, Paul Costello, Nicola Salemo





Shock supuso el testamento cinematográfico del gran cineasta italiano Mario Bava. Uno de los precursores del cine de terror en su país, Bava, creó algunas de las películas más famosas del horror europeo. La Máscara del Demonio, el primigénio giallo Seis Mujeres Para el Asesino o la inolvidable Las Tres Caras del Terror. Todas ellas piezas de un señor que tenía una personalidad muy definida como autor de obras de género y que influenció a herderos de su arte como Dario Argento u otros que también bebieron de su impronta pero de una manera un tanto más gruesa, como Lucio Fulci, Umberto Lenzi o su hijo Lamberto Bava, siempre a años luz de su padre.




Aún estando lejos de sus mejores obras y su etapa de apogeo, Shock supone un memorable último trabajo por parte de Mario Bava. El italiano coge la manida (aunque no tanto en 1977 como en la actualidad) cinta sobre una casa encantada y realiza un angustioso y logradísimo ejercicio de onirismo fílmico, con escenas que sin golpes de sonido o efectismos transmiten inquietud y con una trama que trasciende el simple terror para hablarnos de temas más mundanos como las adicciones.




Una mujer vuelve con su hijo y su segundo marido a la casa donde vivió con su primer esposo. Un adicto a la heroína que presuntamente se suicidó tirándose desde su embarcación al mar. A los pocos días el niño empezará a cambiar de carácter, haciendo la vida imposible a su madre e incluso amenazándola de muerte. La protagonista comenzará a desquiciarse y a notar una extraña y amenazante presencia en la casa que podría ser la de su anterior pareja sentimental que acecha de manera furibunda a la familia.




Bava se centra en el personaje interpretado por la actriz Daria Nicolodi (pareja sentimental de Dario Argento y madre de Asia) en sus hombros deposita todo el tono de locura irreal con respecto a los efectos que en ella produce la supuesta presencia extraterrena que pulula por el adosado. El papel de la actriz es agradecido y tiene momentos que mezclan lo terrorífico con lo sexual, además la intérprete de Rojo Oscuro acierta en no introducirse del todo en la sobreactuación con los pasajes más extremos de su trabajo.




Otro de los puntos fuertes de la obra es su atmósfera, que ya da las primeras pinceladas de ingenio en los mismo títulos de crédito con esas tomas a ras de suelo del inmueble con la agradecida música del grupo Libra (según se comenta serían los mismos Goblin con otro nombre, pero no he confirmado si esto es verdad, aunque un servidor lo duda) envolviendo los encuadres. Es curioso como un director con las suficientes dotes para crear buen cine de terror desde la más pura sencillez sea capaz de transmitir malestar e inquietud en el espectador con algo tan simple como una blanquecina y pálida mano saliendo de la oscuridad.




Incluso se permite el director de Semáforo Rojo hacer un aceptable retrato en forma de alegoría o metáfora, con toda la historia sobrenatural, para hablarnos de los traumas derivados de la adicción a las drogas duras y el desolador panorama que puede dejar dicha dependencia en un núcleo familiar. Sobre todo es interesante ver las reacciones del niño pequeño, que podrían responder a una representación de las secuelas psicológicas que el abuso de la heroína por parte de su padre dejó en él.




Recuerdo una madrugada que encendí el televisor en La 2 de TVE y encontré esta cinta terminando. Me impactó considerablemente la escena del niño corriendo hacia su madre (sale en el trailer, es fácil de distiniguir, es la que tiene sorpresa al final) y me fascinó lo poco que vi del largometraje. Esas pocas secuencias de este meritorio, extraño y mórbido canto de cisne sirvieron para que me picara la curiosidad por la filmografía de un director que ha conseguido asustarme, inquietarme y hacerme pasar muchas horas de insomnio viendo gran parte de su reivindicable obra.



lunes, 30 de mayo de 2011

Sudor Frío, clavó en mi carne viva, sus garras el dolor




Título Original: Sudor Frío (2010)
Director: Adrián García Bogliano
Guión: Adrián García Bogliano
Actores: Facundo Espinosa, Marina Glezer, Camila Velasco, Omar Musa, Omar Gioiosa, Noelia Vergini, Daniel de la Vega, Victoria Witemburg, Rolf García, Diego Cremonesi, Gimena Blesa




El de Adrián García Bogliano es un nombre peculiar dentro del cine de terror sudamericano. Es sin lugar a dudas uno de los pocos directores que está dando un impulso considerable al género de horror porteño, pero también es un personaje que destaca por no ser un cineasta demasiado competente, bordeando en más de un momento la mediocridad. Pero el tipo es insistente, consecuente consigo mismo y sigue al pie del cañón, sin importarle lo que digan sobre él y su obra.




García Bogliano, nacido en España e hijo de argentinos, es un director que se influencia claramante por el terror rural americano que elaboraran en los 70 autores como Tobe Hooper o Wes Craven, pero también por experimentos formales dentro del género como la durísima y seca Ocurrió Cerca de su Casa (C'est Arrivé Près de Chez Vous) de los belgas Rémy Belvaux, André Bonzel y Benôit Poelvoorde, que jugaba con el poder vírico y de consumo catódico que contiene la violencia. Sus cintas, de un terror epidérmico y muy duro se alejan normalmente de lo sobrenatural para centrarse en la perversidad humana, que a mí al menos me resulta más interesante.




Sudor Frío es la primera película de García Bogliano con una productora importante (Pampa Films) detrás, ya que hasta el momento el director había estrenado sus films con la suya propia, Paura Films. Gracias a ello el largometraje se ha estrenado en salas y ha tenido una interesante carrera comercial en Argentina. La crítica se ha dividido entre los que la ven como un producto inservible o cruel y los que la nombran como el estandarte del nuevo cine de terror porteño y todo hay que decirlo, en parte es comprensible este choque de opiniones.




La cinta, modesta en fondo y forma, narra la investigación de una pareja de jóvenes en busca de una tercera persona, amiga de los mismos, que van a parar a una vieja casa habitada por dos sádicos ancianos ex miembros de la Triple A durante la dictadura militar argentina que torturan a muchachas con motivos tan mórbidos como poco esclarecedores. Los chicos intentarán salir de allí con vida superando las salvajadas que los dos adorables vejetes les harán pasar para impedir la huida.




García Bogliano se adentra en el subgénero del torture porno con varios aciertos y algunos fallos. Dentro de lo destacable para bien está el adecuado y muy acertado uso de la nitroglicerina como método de tortura. El hecho de que el líquido explosivo pueda dar pie a la desgracia con sólo tocar el suelo al caer derramado por las partes del cuerpo de las víctimas en las que han sido aplicadas acrecienta considerablemente un suspense nervioso que se tensa bestialmente y que funciona casi al 100% durante todo el ajustado metraje.




Por otro lado hay varios aciertos dentro del uso efectista en las escenas de tensión o acción. Dentro de los paupérrimos medios el director sabe aprovechar las escenas a cámara lenta utilizadas en las escenas con explosiones o un uso acertado de la angulación de los planos y del efecto deformante de los objetivos de la cámara para dar un tono de atmósfera opresiva que recuerda (salvando las muchas distancias) a La Matanza de Texas (The Texas Chainsaw Massacre) de Tobe Hooper.




Pero es de recibo hablar también de la presencia de secuencias considerablemente tristes, como la del anciano con el andador lanzando ácido con la jeringuilla (pobre Facundo Espinosa, no se merece esto), la dirección de fotografía bastante penosa y la resolución de algunos pasajes de dudoso resultado, como el que implica a los vecinos, por poner un ejemplo que me viene ahora mismo a la cabeza. Pero como conocemos la pobre naturaleza del producto y los escasos medios técnicos que tuvieron para realizarla, podemos ser considerados con los autores y no cebarnos con ellos.




Sudor Frío no es una película memorable, aunque sí es una cinta entretenida, conseguida en varios aspectos. La inclusión algo tosca pero acertada del matiz político con los ancianos, su retrato ácido sobre las redes sociales y las altas tecnologías, su crudeza con el gore, que es escaso pero muy acertado, el buen ver de los protagonistas (que como actores no son nada del otro mundo, raro en los argentinos que tienen talento natural para la interpretación) y los ramalazos tanto del cine de terror de los 70, como al actual que también homenajea a este último ya que el viejo metido en el traje con la máscara de gas es puro Rob Zombie de su primera película, La Casa de los 1000 Cadáveres.




El cine argentino necesita a directores desprejuiciados como García Bogliano en sus filas. Un cineasta que no se ande con chiquitas a la hora a de hacer el tipo de largometraje que le gusta dentro del género de terror. No sé aún si es más digno heredero del Wes Craven de los 70 (el de La Última Casa a la Izquierda o Las Colinas Tienen Ojos) o de Uwe Boll, pero lo que sí tengo claro es que me quedo antes con esta Sudor Frío que con cualquier secuela de las prefabricada saga Saw, por poner un ejemplo.



domingo, 29 de mayo de 2011

Agnosia, no hay peor ciego que el que no quiere ver




Título Original: Agnosia (2010)
Director: Eugenio Mira
Guión: Antonio Trashorras
Actores: Eduardo Noriega, Barba Goenaga, Félix Gómez, Sergi Mateu, Jack Taylor, Martina Gedeck, Luis Zahera




Segunda incursión el el mundo del largometraje por parte del director alicantino Eugenio Mira, tras su poco conocida (y recibida con cierta tibieza tanto en el festival de Sitges de 2004 en el que se presentó, como por la crítica y la taquilla) The Birthday, que supuso su ópera prima tras una breve pero considerable carrera como cortometrajista. Agnosia es una atípica cinta de época que lo tiene todo para ser una excelente muestra de género, pero por desgracia no consigue consolidarse como tal en pantalla por distintos puntos flacos que la hieren considerablemente como conjunto.




El film lo tiene todo para triunfar. Una dirección artística notable (buenos billetes invertidos por la cadena Tele 5), un diseño de producción elaborado (más billetes, más billetes), una puesta escena adecuada, una historia tan poco común como interesante, un reparto cuanto menos solvente y un director prometedor con algo que decir detrás de las cámaras. El problema es que la estructura central de la narración, lo que Mira y su guionista, el ex crítico de cine Antonio Trashorras (también guionista de la excelente El Espinazo del Diablo de Guillermo del Toro) nos cuentan no tiene alma, es frío, distante y desangelado.




Ni empatía con el espectador, ni personajes bien perfilados, ni calidez alguna transmitida por una historia que debería mostrarse como tal, debido a su temática, su protagonista femenina, la relación con su padre y el triángulo amoroso central que sólo es rascado en la superficie por el guión y que no llega a ser creíble en su totalidad por lo desconcertante de la resolución de algunas de las escenas que deberían desarrollarlo y por la poca química de los actores delante de la cámara. A pesar de que individualmente hacen un trabajo decente.




Mira hace un buen trabajo con la dirección. Encuadra con personalidad y le da empaque visual al producto, pero al no conocer un servidor su obra previa no sé cuanto de su impronta hay en el producto. Lo que sí sé es que desde el cartel promocional hasta muchos pasajes del film se nota mucho la influencia del Christopher Nolan de la excelente The Prestige y su estética o planificación formal. El problema es que si el director de The Dark Knight es demasiado cerebral, Mira es directamente gélido como cineasta. El alicantino no transmite verdaderas emociones, aunque en su favor se puede afirmar que lo intenta en varias ocasiones.




El trío actoral está bastante irregular. Félix Gómez, que es un actor que nunca me ha convencido demasiado lleva unos cuantos trabajos bastante meritorios, incluído este. Eduardo Noriega como casi siempre, perdido, recitando más que interpretando y sin fuerza, alejado de su excelente papel en, otra vez, El Espinazo del Diablo, su mejor y más creíble rol hasta la fecha. En cambio la preciosa Bárbara Goenaga realiza el más acertado de los roles. La donostiarra sabe transmitir, la inocencia, fragilidad y confusión de su personaje con profesionalidad y como guinda nos regala un maravilloso desnudo, cosa que se le agradece. En los secundarios buen trabajo del americano Jack Taylor, del catalán Sergi Mateu, de la alemana Martina Gedeck (La Vida de los Otros) y de un poco aprovechado Luis Zahera.




Siempre se agradece la presencia en las carteleras de proyectos nacionales tan arriesgados y atípicos como Agnosia, Por desgracia en esta ocasión el resultado no es el esperado y/o adecuado. A una considerable corrección formal se antepone una trama distante, aséptica y finalmente aburrida. A ello no ayuda la pomposa y exagerada banda sonora del mismo Mira (que es acertada pero no para un producto tan íntimo como este), la superficialidad de la propuesta y su escaso interés para con el espectador. Otra vez será, que Eugenio Mira apunta maneras, aunque este no sea su momento precisamente.