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sábado, 22 de junio de 2019

X-Men: Fénix Oscura



Título Original X-Men: Dark Phoenix (2019)
Director Simon Kinberg
Guión Simon Kinberg, basado en los cómics de Chris Claremont y Johm Byrne
Reparto Sophie Turner, Jessica Chastain, James McAvoy, Jennifer Lawrence, Michael Fassbender, Nicholas Hoult, Tye Sheridan, Alexandra Shipp, Kodi Smit-McPhee




Después de un interminable sucesión de contratiempos de distinta índole el pasado 7 de junio X-Men: Fénix Oscura llegaba a las carteleras estadounidense y española. Desde la sustitución de Bryan Singer por Simon Kinberg debido a los problemas profesionales y personales relacionados con el primero la cuarta entrega del reinicio de la saga cinematográfica mutante ideada por 20th Century Fox hace casi veinte años sólo ha ido encontrando obstáculos en su camino. Pero también sería una necedad negar que desde su mismo génesis el proyecto estaba abocado, puede que no al fracaso, pero sí a la indiferencia o la irrelevancia. Se antojaba extraño y errático realizar una segunda adaptación cinematográfica de la mítica Saga de Fénix Oscura teniendo en cuenta que en la polémica X-Men: La Decisión Final ya había sido llevada a imagen real. Que el mismo Simon Kinberg fuera el guionista de aquella tercera película podría anticipar la idea por su parte de debutar como director siendo más fiel a lo que quería plasmar en aquel film realizado por Brett Ratner, pero eso también anticiparía la naturaleza caprichosa del proyecto. Una vez tomada la decisión el seguidor de la franquicia esperaría que esta nueva versión fuera más fiel a los cómics o al menos mejor que aquella de 2006. Por desgracia no ha sido el caso y ya podemos confirmar la presente como la entrega más floja de la saga central en pantalla grande de los homo superior.





Como ya hemos aventurado y delata su título X-Men: Fénix Oscura adapta el célebre arco argumental escrito por Chris Claremont y dibujado por John Byrne en 1980 dentro de la colección Uncanny X-Men, abarcando del número 129 al 138 de la misma. Afirmar que es una traslación de dicha historia a imagen real se antoja una simple formalidad, porque lo que Simon Kinberg ha extrapolado a la pantalla grande toma su planteamiento y punto de partida para después alejarse de manera gradual a lo que aconteció en las viñetas, dando como resultado un relato fallido en prácticamente todos sus aspectos. La infidelidad a las viñetas no tiene que ser motivo para que el largometraje carezca de calidad o buen hacer cinematográfico, pero desgraciadamente este es un caso en el que, más allá del respeto por el material en el que se basa, los desaciertos y carencias se apoderan del conjunto del proyecto. Fallos en los que trataremos de ahondar a continuación para ofrecer una visión amplia de la obra y los motivos por los que ha sido un fracaso de crítica o público y por extensión una despedida tan decepcionante como agria para los mutantes.




Las mayores carencias de X-Men: Fénix Oscura residen en su caótico y, aparentemente, manoseado guión. No sabemos si alguien intercedió en la labor de escritura en solitario por parte de Simon Kinberg, pero es un desastre a prácticamente todos los niveles. Aunque en su arranque la historia discurre sin demasiadas estridencias y el planteamiento inicial del conflicto tiene potencial, su desarrollo es atropellado, incoherente, superficial y está resuelto pobremente. A pesar de los esfuerzos de Sophie Turner la transformación de Jean Grey en Fénix o el subtexto sobre liberación sexual que subyace debajo, muy presente en la saga en viñetas original, no rasca más que en la superficie. A ello habría que sumar un encadenado de decisiones arbitrarias y desafortunadas cuando el film ejecuta su primer giro de guión. A partir de ese momento se desencadena la hecatombe con situaciones pueriles pésimamente expuestas, personajes entrando y saliendo de la trama sin ofrecerse explicaciones convincentes que lo justifiquen y un cierre totalmente anticlimático e indigno, no ya sólo para la cinta, sino para la etapa iniciada con la soberbia X-Men: Primera Generación en particular y la saga cinematográfica de los Hijos del Átomo en general.




Pero la mayor gravedad del libreto reside en su triste retrato de personajes. Aunque hemos llegado a ver versiones más egocéntricas y reprobables de Charles Xavier en los cómics, como el de la etapa de Astonishing X-Men de Joss Whedon y John Cassaday, la vergonzosa descaracterización a la que someten al personaje de James Mcavoy de X-Men: Apocalipsis a esta última entrega es la más penosa que recuerdo en años. El hombre decente, altruista, entregado a los demás y su causa pacífica vira en un ser superficial, megalómano y temerario que sólo la dignidad del actor de Glass salva del mayor de los ridículos, aunque con la famosa escena de las escaleras llegue a bordear los límites de la vergüenza ajena, no por su culpa, sino por la de Kinberg como guionista al plantear situación tan extravagante. Si a eso sumamos la villana interpretada, como buenamente puede, por Jessica Chastain, una de los más unidimensionales, sonrojantes e intrascendentes del cine de superhéroes reciente coronamos una galería de roles en su mayoría apocados, desubicados o protagonizando arcos dramáticos del todo insostenibles, así como incongruentes con los planteados, con mucho más acierto, en las anteriores entregas.




En cambio no puedo eludir mencionar lo bien facturada técnicamente que me ha resultado esta X-Men: Fénix Oscura, único apartado en el que sus responsables han realizado profesionalmente su labor. No sabría decir si las secuencias de acción de la obra han recaído en la segunda unidad dirigida por la veterana Ashley Bell (Watchmen, Star Trek: Más Allá, Godzilla), pero en caso contrario Simon Kinberg demuestra haber hecho notablemente bien los deberes trabajando codo con codo con gente como Matthew Vaughn o Bryan Singer a la hora de empaparse de la versatilidad de ambos a la hora de enfrentarse con los mastodónticos rodajes de Primera Generación y Días del Futuro Pasado o Apocalipsis. Una puesta en escena sin aspavientos y muy medida, secuencias a gran escala bien facturadas, un uso inteligente del CGI y recurrencia de efectos prácticos e incluso algún alarde visual (como ese travelling cenital que recorre los distintos vagones del tren y lo que en ellos acontece) dan buena muestra de la destacable resolución visual del film a pesar de ir gradualmente desarrollándose en localizaciones cada vez más exiguas, como si el presupuesto menguara en cada nueva situación desembocando en una clímax, como ya hemos apuntado, bastante deficiente.




Desgraciadamente poco más podemos rescatar de un producto tan desangelado y rudimentario como X-Men: Fénix Oscura. No sabemos a ciencia cierta si ha sido obra de 20th Century Fox o esa Disney que compró los derechos de esta última, pero todo apunta a que la ópera prima de Simon Kinberg como director es una pieza que sus mismos productores se han encargado de destruir por medio de cambios, reshoots, y una desgana generalizada. Como si quisieran finiquitar pronto la franquicia para quitársela de en medio dándole una conclusión indigna para una serie de films sin cuyos primeros pasos seguramente la actual fiebre del cine superheróico, adaptado del noveno arte, ni hubiese tenido lugar. Ni siquiera esa soberbia relación entre Magneto y Xavier, James McAvoy y Michael Fassbender no comparten ni cinco minutos de metraje, sobre la que se sustenta la saga o los guiños a los fans de los cómics (la aparición de Dazzler, ese amago de Genosha) salvan de la mediocridad esta última incursión en el microcosmos creado por Stan Lee y Jack Kirby en 1963 y cuyo futuro se antoja incierto ahora que Kevin Feige, junto a sus colaboradores, se van a hacer con la rienda de los personajes y sus aventuras en la gran pantalla.


domingo, 19 de marzo de 2017

Logan



Título Original Logan (2017)
Director James Mangold
Guión Scott Frank, James Mangold, Michael Green basado en los cómics de Marvel
Reparto Hugh Jackman, Patrick Stewart, Dafne Keen, Boyd Holbrook, Stephen Merchant, Elizabeth Rodriguez, Richard E. Grant, Doris Morgado, Han Soto, Julia Holt, Elise Neal, Al Coronel





Después de la desastrosa X-Men Orígenes: Lobezno y la aceptable Lobezno Inmortal Hugh Jackman vuelve por tercer y última vez a dar vida al famoso mutante de las garras de adamantium creado por Len Wein, John Romita Sr y Herb Trimpe en 1974 con Logan, su despedida de un personaje al que ha dado vida durante casi dos décadas y que ya es indivisible de su vida profesional. En esta ocasión el director James Mangold (Copland, Identity) repite en la butaca tras la anterior The Wolverine para realizar el Canto de Cisne de James Howlett, un proyecto largamente acariciado por el actor australiano con el que pone punto y final al recorrido de su versión del X-Men más carismático y letal de la historia de la Casa de las Ideas. El resultado por suerte es muy superior al de sus antecesoras y sin ser una genialidad si sabe satisfacer notablemente tanto al espectador neófito como al fan de los cómics que llevaba años esperando una película del personaje que mereciera realmente la pena.




Todo aquel que vaya a ver Logan pensando que se encontrará una adaptación más o menos fiel de la primera miniserie Old Man Logan ideada por el guionista escocés Mark Millar y el dibujante norteamericano Steve McNiven en el año 2008 saldrá considerablemente decepcionado de la experiencia. No sólo ya por los problemas de licencias que trasladar un relato en el que tenemos a personajes como Ojo de Halcón, Craneo Rojo o descendientes de Spiderman o Hulk, pudieran haber producido a 20th Century Fox al no poseer sus derechos (que como todos sabemos están en manos de la misma Marvel y su división cinematográfica), sino también porque más allá de la edad de Lobezno y algún apunte narrativo o estético que pasaremos a mencionar no hay nada que emparente lo acontecido en las viñetas con lo que podemos ver en pantalla grande a la hora de enfrentarnos con la última aventura de Hugh Jackman en la piel del mutante canadiense.




Lo cierto es que ser una mixtura entre road movie y western (las referencias explícitas a Raíces Profundas no son gratuitas en este sentido) es el único parentesco que el último film de James Mangold tiene con Old Man Logan, pero en cierta manera bebe de los mismos referentes estilísticos y argumentales, como el cine de Sam Peckinpah, Sergio Leone o Clint Eastwood. Logan consigue aunar estas influencias en un tono árido y seco, aquel que la calificación PG13 no permitía en el resto de films en los que el personaje intervenía, y que aquí confluye con certera armonía con ese aire melancólico y derrotista de la franquicia X-Men en cuanto a llevar al extremo aquel lema de "temidos y odiados" que dio razón de ser a la naturaleza furtiva y marginada de los Hijos del Átomo. Todo el largometraje exhala hálito a despedida o cierre de ciclo y los implicados en el mismo han dado todo lo que tenían y más para estar a la altura de las expectativas.




La trama de Logan es sencilla y directa, James Mangold y sus guionistas ejecutan una historia de manual, una huída hacia delante escapando de mercenarios que quieren dar con el paradero de los protagonistas a lo largo de unos Estados Unidos montañosos, crepusculares, deshumanizados y fronterizos. El director de Inocencia Interrumpida sabe encontrar el equilibrio entre los pasajes centrados en las relaciones interpersonales y sentimentales de unos personajes cercanos y terrenales a pesar de su naturaleza sobrenatural y arrebatos de violencia explícita resquebrajando momentos de calma propios del celuloide del cineasta y actor japonés Takeshi Kitano. Gracias a ese balance entre intimismo y bestialidad arraiga con fuerza Logan una naturaleza bicéfala que funciona de manera muy potente durante casi todo el metraje y que sólo encuentra ciertos altibajos al inicio del último tercio, justo cuando Logan y Laura dan con los antiguos compañeros de confinamiento de esta última. 




Aunque hemos resaltado la sencillez del guión sus autores se guardan en la manga algunas referencias a xenofobia, violación de los derechos humanos y el uso de fronteras para dividir territorios que no sabemos si de manera intencionada o no nos remiten al discurso que el actual presidente de los Estados Unidos, Donald Trump, lleva años promulgando, aunque ciertamente el libreto no ahonda demasiado en dicha lectura apelando a que prime la caracterización de los personajes, la evolución del poso dramático del relato y el desarrollo de las poderosas y brutales escenas de acción que nos muestran por primera vez en pantalla lo que una garras de adamantium harían a un cuerpo humano si fueran utilizadas en combate. El problema es que la estructura de la narración no consigue mantenerse firme durante todo el metraje y en algunos pasajes (como el ya mencionado con los niños) parece como si los escritores no supieran bien hacia donde llevar la obra, que por suerte se encarrila de nuevo por el buen camino dando sus últimos pasos con un clímax honesto y emocionante.




Hugh Jackman puede estar tranquilo, si cumple la promesa de no volver a dar vida a Lobezno puede irse con la cabeza bien alta porque su labor en Logan es la mejor que ha hecho dentro del universo cinematográfico mutante que él ayudó a construir en el año 2000 con aquella ya lejana y seminal X-Men de Bryan Singer, El protagonista de The Fountain se entrega en cuerpo y alma a un personaje que ya es tan suyo como de sus creadores o los fans que llevamos décadas leyendo sus aventuras en papel. Este Logan enfermo, avejentado, cansado y descreído es el último homenaje del australiano a una criatura que le llegó de rebote hace 17 años cuando Dougray Scott rechazó el papel y que le cambió la vida de manera radical abriéndole las puertas de un Hollywood que hoy bebe los vientos por él. Con un trabajo que nos recuerda al mejor Clint Eastwood actor adscrito al western y dando todo en el plano físico Jackman se lo ha puesto muy difícil al próximo actor que acepte portar las garras de adamantium.




No le van a la zaga al protagonista de Prisioneros un Patrick Stewart que también ofrece su mejor personificación de Charles Xavier como un nonagenario senil, quebrado por sus pecados del pasado y cuya mente marchita ya no puede controlar sus enormes poderes psíquicos (la secuencia de Las Vegas y la odisea de Logan para llegar a la habitación del hotel es posiblemente el mejor pasaje del film) y el descubrimiento de la debutante Dafne Keen en la piel de Laura, la famosa X 23 de los cómics (aunque nacida en la serie animada X-Men: Evolution) que es extrapolada al celuloide con una amalgama de ternura y salvajismo perfectamente interpretado por una niña de once años que deja exhausta a la platea con su carisma y fisicidad en pantalla. Mencionar para bien la buena labor de Stephen Marchant como Calivan o Richard E. Grant dando vida al Doctor Rice y para mal a Boyd Holbrook en la piel de Donald Pierce, no por la labor del actor, sino por lo mal que está perfilado su villano en el guión, demostrando que esta tara a la hora de retratar a las némesis de los superhéroes en celuloide no es exclusiva de Marvel Studios o DC Etertainment.




Siendo ampliamente superior a las otras dos películas de Wolverine (tarea no muy ardua, para qué negarlo) pero tampoco "la mejor película de la saga cinematográfica mutante" como se ha llegado a comentar en no pocas webs de la red y páginas de opinión un servidor ha quedado altamente satisfecho con el visionado de esta Logan que pone broche de plata a la interpretación de James Howlett a manos de un Hugh Jackman al que siempre recordaremos cuando pensemos en el personaje de Marvel. Un relato melancólico, nihilista, salvaje y cercano que nos deja con la duda de cómo solucionarán Bryan Singer, Simon Kinberg y compañía la complicada papeleta de buscar un sustituto para el australiano que esté a la altura de su mastodóntica labor a la hora de dar vida al mutante canadiense que se despide de todos nosotros firme en sus ideas, luchando contra sus demonios internos y afianzando su determinación como máquina de matar siendo "el mejor en lo que hace, aunque lo que hace no es muy agradable".



domingo, 22 de mayo de 2016

X-Men: Apocalipsis



Título Original X-Men: Apocalypse (2016)
Director Bryan Singer
Guión Simon Kinberg, Michael Dougherty, Dan Harris, Bryan Singer
Actores Michael Fassbender, James McAvoy, Jennifer Lawrence, Nicholas Hoult, Oscar Isaac, Rose Byrne, Evan Peters, Sophie Turner, Tye Sheridan, Josh Helman, Kodi Smit-McPhee, Lucas Till, Alexandra Shipp, Olivia Munn, Lana Condor, Hugh Jackman, Stan Lee





Este año 2016 después del estreno de Batman v Superman: El Amanecer de la Justicia y el de Capitán América: Civil War la guerra entre Marvel Studios y DC/Warner Bros posiblemente está más enconada que nunca. No sólo por la controversia que trajo el film que enfrentaba al Guardián de Gotham con el Hombre del Mañana o el, en líneas generales, excelente recibimiento que tuvo el encontronazo interno entre unos Vengadores desunidos, sino por el campo de batalla en el que los fans han convertido el ya agotador debate sobre cuál de las dos franquicias produce mejores largometrajes. En medio de esta reyerta encarnizada se encuentra otra franquicia, la más veterana de las relacionadas con la nueva edad dorada del cine que adapta personajes de cómics al celuloide, la protagonizada por esos X-Men (y derivados) de Marvel que siguen siendo propiedad de una 20th Century Fox que ha explotado hasta en nueve ocasiones el microcosmos mutante creado en su origen secuencial por Stan Lee y Jack Kirby y cuya última entrega, Deadpool, nacida a modo de spin off, arrasó en taquilla con su calificación para adultos bien grande en los carteles y pósters promocionales. Si no contamos los olvidables films en solitario de Wolverine/Lobezno y el ya mencionado proyecto con la deforme efigie de Wade Wilson como protagonista los Hijos del Átomo han protagonizado seis entregas cinematográficas. Tras la primera trilogía que se cerró con la polémica X-Men III: La Decisión Final el británico Matthew Vaughn insufló nueva vida retro a la saga con aquella memorable X-Men: Primera Generación que supuso un relanzamiento de la serie. Tras el buen recibimiento de la entrega ideada por el director de Kick-Ass o Kingsman: Servicio Secreto Bryan Singer (que nunca dejó de intervenir como productor ejecutivo en la franquicia cuando abandonó las labores de dirección de la misma) regresó con X-Men: Días del Futuro Pasado penúltimo y potente episodio en pantalla grande que adaptaba, a su manera, el inolvidable arco argumental ideado por Chris Claremont y John Byrne teniendo su continuación cronológica en la X-Men: Apocalipsis que llegó ayer viernes a las carteleras españolas con la noticia del recibimiento no muy benevolente de una crítica americana que ya acusa a Fox de haber agotado en exceso su universo cinemático mutante.




X-Men: Apocalipsis toma su subtítulo del villano creado por Jackson Guice, Louise Simonson y Walter Simonson en las páginas de la colección X-Factor allá por 1986 y como ya supimos en su momento no adapta, ni hubiera debido o podido hacerlo, la saga noventera La Era de Apocalpsis de la que el proyecto tomó su nombre cuando estaba en proceso de gestación. Por el contrario esta última entrega se basa libremente en los números de la ya mencionada X-Factor en la que hacían acto los Jinetes del Apocalipsis, reclutados por este último y encabezados allí por Ángel y en esta adaptación cinematográfica por Magneto, aunque Warren Worthington III sigue siendo uno de los miembros del cuarteto que se completa con la presencia de una Tormenta adolescente y la debutante Mariposa Mental (Psylocke). Tras el potente arranque del film en el que asistimos al nacimiento de En Sabah Nur el argumento se centra principalmente en el enfrentamiento de los alumnos de la escuela de talentos del Profesor Xavier con los ya mencionados jinetes. La trama se desarrolla diez años después de X-Men: Días del Futuro Pasado y mantiene el tono y puesta en escena de aquella (que variaba considerablemente del aire de espionaje bondiano que Matthew Vaughn insufló a X-Men: First Class) pero oscureciéndola considerablemente. De hecho podríamos decir que esta última entrega es la más cruda y siniestra desde X-Men III: La Decisión Final, pero eludiendo el caos constructivo y la tendencia al tremendismo, en ocasiones gratuito, a los que se entregaba el largometraje dirigido por Brett Ratner y ofreciendo algunos pasajes que casi no parecen de un film con una calificación no recomendada para menores de 13 años.




Desde la misma introducción Bryan Singer y su habitual colaborador Simon Kinberg apuntan alto, ya que en esos primeros pasos X-Men: Apocalipsis ya muestra claramente su intención de ser la entrega más grandilocuente y “apocalíptica” de las franquicia, más incluso que Días del Futuro Pasado, que no pecaba de modestia precisamente. En el trayecto el director de Sospechosos Habituales o Valkiria consigue su cometido, ya que esta última parte de las correrías en celuloide de los mutantes de Marvel se muestra como una epopeya de tenebrosa épica y pretensiones, más en un plano formal que argumental, depositadas en un villano que en todo momento es expuesto en pantalla con el título de “enemigo definitivo” que el personaje ha ido ganándose en las viñetas a lo largo de los años. Bryan Singer es un perro viejo en estas lide, además de un artesano voluntarioso y con oficio, de modo que sabe en cuanta medida debe entregarse a la fanfarria y el efectismo sin pecar por exceso como sí le pasa a otros directores duchos en superproducciones como Zack Snyder, Michael Bay o Roland Emmerich, incapaces de entender el significado de la expresión “menos es más”. Apocalipsis toma la intimidante figura de un Oscar Isaac (Ex_Machina, Star Wars: El Despertar de la Fuerza) entregado a la causa cnisguiendo transmitir la constante amenaza global que supone su presencia como contrapartida malévola de los Hijos del Átomo y si bien su perfil psicológico no es un dechado de virtudes en cuanto a análisis y exposición, aunque sí es considerable fiel a su émulo en las viñetas),consigue en todo momento mostrarse como una entidad genocida y peligrosa que en no pocas ocasiones nos hace pensar que podría acabar con la vida de más uno de los habitantes de la Mansión X sin titubear. Sin llegar a la excelencia y con un diseño que aunque retocado con respecto al de las primeras fotos que vimos hace unos mesas todavía se muestra algo deficiente sí podemos afirmar que esta representación en carne y hueso de En Sabah Nur es uno de los villanos más efectivos del cine de superhéreos reciente. Sobre todo si lo comparamos con los ineficaces Lex Luthor de Jesse Eisenberg para Batman v Superman: El Amanecer de la Justicia y Helmut Zemo de Daniel Brühl que vimos en Capitán América: Civil War.




Como recordamos X-Men: Días del Futuro Pasado sirvió de cierre del primer universo cinemático mutante que por otro lado ya había sido previamente rebooteado con X-Men: Primera Clase. De modo que en esta última entrega, actualmente copando nuestras carteleras, Bryan Singer y sus colaboradores siguen introduciendo nuevas versiones adolescentes o juveniles de la Patrulla X. Por ello tenemos aquí a Tye Sheridan (Joe, Mud) como Cíclope, Sophie Turner (Juego de Tronos) en la piel de Jean Grey, Kodi Smit-McPhee dando vida a Rondador Nocturno, Alexandra Shipp emulando a Tormenta o a Ben Hardy enfundándose las alas Ángel entre otras incorporaciones más secundarias como la de Júbilo. Todos ellos tienen su importancia en la trama que el relato central del film va tejiendo, posicionándolos en un bando u otro, pero son los protagonistas de las dos anteriores entregas los que atraen todas las miradas con su buen hacer delante de las cámaras. James McAvoy va poco a poco convirtiéndose en el idealista, y alopécico, profesor Xavier que todos conocemos (y al que tan bien interpretó Patrick Stewart durante casi quince años), Jennifer Lawrence luce espectacular como Mística pero el empeño en convertirla a toda costa en una heroína desvirtúa la naturaleza del personaje, algo que no sucede con el Hank McCoy de Nicholas Hoult que por desgracia en esta ocasión tiene menos protagonismo y no toma su apariencia azulada hasta la recta final del metraje. Por otro lado tenemos a un Michael Fassbender que sigue en su modo robaescenas llevándose para él los mejores pasajes del film (y alguno irregularmente ejecutado como el que tiene lugar en Polonia, no alcanzando los niveles de dramatismo que debiera para ser un instante remarcable por su puesta en escena) y el que desde ya se ha convertido en uno de los mejores, si no el mejor, momento de la franquicia teniendo el campo de concentración de Auschwitz como localización. Una secuencia llena de fuerza visual, conceptual y simbólica que al menos al que suscribe le ha parecido brillante, tanto como para encabezar con todas las de la ley este interesante Top 10.




El autor de la muy recuperable Verano de Corrupción (Apt Pupil) descubrió con el estreno de la anterior entrega de la saga mutante que había dado forma a ideas, pasajes y conceptos que fueron recibidos con agrado tanto por el fandom como por los espectadores neófitos y por ello vuelve a emularlos con más o menos eficacia. De modo que la ambientación para hacernos viajar a una década pretérita, los 80, se deja notar, la escena en la que Mercurio (Quicksilver) luce sus poderes de velocidad (en esta ocasión de manera más excesiva y con Eurythmics sonando de fondo), los momentos en los que Magneto se consolida como un personaje casi de tragedia griega o las situaciones en las que Charles Xavier es puesto a prueba moral y exsitencialmente y de las que siempre sale reforzado no se quedan en el tintero. Porque al igual que todo tipo de largometrajes inspirados en personajes de cómics, y sobre todo los de temática pijamera, deben dejar satisfechos a los que llevamos años leyendo las aventuras de estos iconos del arte secuencial y aunque somos conscientes de que nos encontramos en medios totalmente distintos por suerte las cabezas pensantes detrás de dichos proyectos cinematográficos trufan el metraje de guiños, referencias o líneas de diálogo sacadas directamente de los cómics. Muestras de esto que comento serían la escena post créditos que nos da pistas de por dónde se encaminará la próxima entrega de la saga, algunos aspectos de la personalidad de Jean Grey que serán importantes en un futuro próximo y sobre todo “el cameo” que no por esperado es recibido con menos fruición y más si vemos la referencia directa que hace a una de las sagas más míticas de la historia del personaje y que a un servidor le hizo soltar un ilusionado gritito propio de una colegiala quinceañera en la sala donde mi acompañante y yo veíamos el film.




Pero no todo son parabienes con respecto a X-Men: Apocalipsis, el film comete algunos errores que le restan puntuación global y si bien los mismos no revisten gravedad sí se muestran en ocasiones algo molestos de cara a la platea. Por un lado la primera media hora del metraje denota cierto caos en el montaje ya que las distintas subtramas que convergen alrededor de la central parecen desarrollarse con torpeza o cometiendo unos fallos de continuidad que en un sentido cronológico de tiempo real se antojan deficientes, confirmando que a John Ottman (el hombre orquesta, nunca mejor dicho, que produce, edita y compone la banda sonora en varios films de la saga) le hace falta una sesión intensiva de The Wire de David Simon y Ed Burns para saber cómo se cohesionan en un sólo todo un número incontable de subtramas con buen resultado. Por otro nos encontramos con una nueva hornada de actores jóvenes que aunque se muestran adecuados para ejercer sus roles palidecen si son comparados con sus anteriores versiones adultas. Porque Sophie Turner y Kodi Smit-McPhee son eclipsados por la presencia y el carisma de Famke Janssen y Alan Cumming, pero más grave se muestra el sólo pensar que alguien relacionado con el largometraje haya tenido la idea de que el solvente pero anticarismático actor Tye Sheridan pueda ser un competente Scott Summers, dando indicios desde ya con su labor que vamos a encontrarnos con otra versión fallida de Cíclope en pantalla grande como sucedió con el de un esforzado pero muy arrinconado James Marsden. Ya por último mencionar que aunque, como previamente hemos apuntado, esta es posiblemente la entrega de la franquicia más ambiciosa esto sólo es cierto en el plano formal ya que en lo narrativo o conceptual se muestra igual de autocomplaciente que los (casi) siempre competentes, pero ligeros, proyectos de Marvel Studios, barriendo para casa y sin dar una voz más alta que otra.




Puede que sea debido a que guardo especial cariño a todas las entregas de esta franquicia (no así las aventuras en solitario de Logan que me parecen terrible la primera y sólo pasable la segunda) tanto como para haber defendido la tercera de ellas por estos lares o porque realmente nos encontremos ante una cinta más que competente. Pero un servidor no ve ese agotamiento de la fórmula mutante en pantalla grande a la que apela la prensa especializada americana, ya que como punto negativo en cuanto a su gestación como producto de consumo para multisalas sólo puede acusársele de ser un sota, caballo, rey de manual que no da pie alguno a la improvisación o el riesgo. Por lo demás sólo me queda afirmar que nos encontramos ante otra magnífica entrega de la saga que seguramente agradará a aquellos que disfrutaron de X-Men: Días del Futuro Pasado y decepcionará a aquellos que no encontraron en dicho film suficientes alicientes como para considerarlo un trabajo remarcable dando un nuevo comienzo a la serie de films impulsados por 20th Century Fox, el matrimonio Donner y el omnipresente Bryan Singer en aquel ya lejano año 2000. Lo que aquí tenemos es un ejemplo de cine comercial bien ejecutado para agradar a distinto tipo de espectadores con los consabidos mensajes de rechazo a la intolerancia y el segregacionismo hacia unos personajes “odiados y temidos” rodeados con un envoltorio a la altura que inyecta el metraje de espectaculares escenas de acción en las que ver en su hábitat natural a la, unas veces más acertada que otras, visión cinematográfica de personajes de cómic que forman parte de nuestras vidas desde hace décadas y que esperemos sigan llegando a nuestras carteleras con cierta regularidad para confirmarnos que no sólo de Marvel Studios y DC/Warner Bros vive el homo inferior.


lunes, 30 de junio de 2014

X-Men: Días del Futuro Pasado



Título Original X-Men: Days of Future Past (2014)
Director Bryan Singer
Guión Simon Kinberg, Matthew Vaughn y Jane Goldman
Actores Hugh Jackman, James McAvoy, Michael Fassbender, Jennifer Lawrence, Nicholas Hoult, Ian McKellen, Patrick Stewart, Ellen Page, Shawn Ashmore, Omar Sy, Peter Dinklage, Evan Peters, Halle Berry, Lucas Till, Daniel Cudmore, Booboo Stewart, Bingbing Fan, Adan Canto, Josh Helman, Larry Day, Amelia Giovanni, Gregg Lowe, Evan Jonigkeit, Mark Camacho, Laurence Belcher, Morgan Lily, Brian Cox, Famke Janssen, Anna Paquin, James Marsden, Kelsey Grammer, Brendan Pedder



Bryan Singer vuelve a lo grande a la franquicia a la que dio inicio en el año 2000 con la posiblemente mejor entrega de la saga cinematográfica de los X-Men. Tras el lavado de cara que se realizó en 2011 con aquella magnífica precuela titulada X-Men: Primera Generación que narraba el origen de la amistad/rivalidad del profesor Xavier y Magneto a modo de cinta de espías a lo James Bond con dirección del británico Matthew Vaughn (Kick-Ass, Stardust, Layer Cake) el cineasta de Sospechosos Habituales o Verano de Corrupción (Apt Pupil) vuelve a ponerse detrás de las cámaras para, esta vez, fusionar las primera trilogía desarrollada durante la década pasada con la ya mencionada protosecuela y así adaptar una de las sagas más míticas de las viñetas protagonizadas por la Patrulla X, de manera muy libre, como no puede ser menos.




En 1981 el guionista británico Chris Claremont y el dibujante canadiense John Byrne realizaron dos entregas para la colección Uncanny X-Men, los números 141 y 142 concretamente, que daban forma a una breve saga titulada Días del Futuro Pasado suponiendo el punto álgido de la etapa de estos dos autores con los hijos del átomo, siempre junto a la no menos mítica La Saga de Fénix Oscura. Dicha historia estaba localizada en un futuro post apocalíptico en el que la mayoría de mutantes (e incluso gran parte del resto de superhéroes de la Casa de las ideas) habían sido eliminados por los letales centinelas. Sólo un pequeño grupo sobrevivió y entre sus filas se encontraban Lobezno, Kitty Pride, Tormenta, Coloso, Magneto o Frankilin Richards, el hijo de Reed y Sue Richards de los 4 Fantásticos.




Para “cambiar el futuro” la Kitty Pride de aquel distópico 2013 viaja en el tiempo para encontrarse por medio de su “yo joven” con la Patrulla X e impedir con ellos que la Hermandad de Mutantes Diabólicos comandada por Mística atente contra el senador Robert Kelly, hecho que será el desencadenante de la ley antimutantes que acabará con la mayoría de los homo superiors. En sólo dos números Chris Claremont y John Byrne sentaron cátedra dentro del mundo del cómic superheróico con una historia adulta, oscura y de tono crepuscular cuya, por aquel entonces, atípica estructura narrativa enamoró a millones de lectores que a día de hoy la siguen considerando como uno de los mejores relatos protagonizados por los X-Men y todo ello en no más de 48 páginas.




Con esta base argumental (aunque con alguna deuda estilísitca de Bienvenidos al Mañana, la miniserie remake de DOTFP con la que Grant Morrison cerró su etapa en Nuevos X-Men que era una revisión de la de Claremont/Byrne) Bryan Singer y el guionista Simon Kinberg, basándose ambos en un argumento de Matthew Vaughn y Jane Goldman, que no se han desvinculado del todo de la hermandad mutante después de X-Men: Primera Generación, realizan una adaptación muy sui generis de la miniserie en viñetas. Utilizadándola básicamente como excusa para amalgamar los dos universos de X-Men existentes dentro del séptimo arte y con ello poner fin a una etapa y dar continuidad a otra para que la franquicia cinematográfica siga viento en popa. El resultado es una superproducción magníficamente ejecutada que da acción, drama y cierto trasfondo social al espectador que sólo conoce en pantalla grande a los personajes nacidos de la mano de Stan Lee y Jack kirby y que sacia el apetito goloso del seguidor de las correrías en papel de los hijos del átomo. X-Men: Días del Futuro Pasado es uno de los puntos álgidos de la Patrulla X en imagen real y la mejor película comiquera de este 2014 que no ha sido precisamente decepcionante en cuanto a adaptaciones fílmicas inspiradas en tebeos estadounidenses.




La última película del director de Valkiria es una muestra cristalina de celuloide comercial bien entendido a la que poco se le puede reprochar como espectáculo cinematográfico más allá de las licencias que se toma (retro continuidad incluida, táctica muy utilizada en el mundo del cómic y si no que se lo digan a autores como Geoff Johns en DC o Brian Michael Bendis en Marvel) para obviar fallos de las entregas previas de la saga o excusas poco trabajadas en lo narrativo para que los viajes temporales, o el origen de los mismos, sirvan para solucionar problemas estructurales que permitan al relato no perder fuerza o cohesión. Bryan Singer se sale con la suya y consigue llevar a buen puerto tan complicada empresa con un oficio digno de elogio y una emoción impropia de su impersonal y en ocasiones gélida impronta.




En X-Men: Days of Future Past tenemos el tono de crepuscularidad formal de la primera trilogía, acentuada sobre todo en la infravalorada tercera entrega a manos de Brett Ratner, gestada en el pasado decenio amalgamado con la visión retro que Matthew Vaughn insufló a X-Men: First Class y hasta algunos apuntes de las mediocres cintas protagonizadas por Lobezno. Ofreciendo sus creadores un mix cinematográfico que no deja de ser un canto de cisne u homenaje a todo el recorrido de los alumnos del profesor Charles Xavier en el mundo del cine. Sustentando todo este entramado en la sabia idea de juntar los repartos de los dos espacios temporales en uno solo para crear un producto que sólo en manos de un equipo técnico formado por auténticos ineptos podría haber fracasado en el cometido de gestar una muy buena película de acción y aventuras.




Desde el prólogo en el futuro (muy deudor del Terminator y Terminator 2: El Juicio Finalm de James Cameron) Bryan Singer tiene muy claro cómo debe dirigir la maquinaria de su proyecto. La inclusión de personajes como Kitty Pride, Sendero de Guerra, Bishop, Hombre de Hielo, Coloso, Mancha Solar o Link (con los poderes de esta última se juega con mucha pericia dando lugar a secuencias realizadas con una técnica envidiable) en este contexto distópico sirve para poner la primera piedra de este nuevo espacio temporal que debuta en la franquicia y en el que recuperamos a los Magneto, Xavier, Lobezno y Tormenta de la primera trilogía. Cambiando al viajero en el tiempo con respecto a los cómics (en aquellos era Kitty Pride la que volvía al pasado, aquí es Lobezno el que lleva acabo tal hazaña por mediación del ya mencionado personaje de Ellen Page) para dar ese protagonismo que siempre demanda Logan en los films de los X-Men, por ser el rol favorito de los espectadores.




En ese momento Logan viaja a 1973, poco antes de que Mística intenté asesinar a Bolivar Trask (como hemos comentado previamente, en los cómics ella y los miembros de la Hermandad de Mutantes Diabólicos querían atentar contra el senador Robert Kelly que tuvo presencia en las dos primeras entregas rodadas por Bryan Singer en 2000 y 2002) creador de los Centinelas, unas enormes máquinas de matar especializadas en eliminar homo superiors (mucho mejor en pantalla cuando son estéticamente más fieles a los cómics clásicos y no tanto cuando mimetizan los poderes de los X-Men en el futuro, recordando demasiado al Destructor de Thor de Kenneth Branagh) perpetradoees del holocausto mutante en el que perecerán muchos de los alumnos de Charles Xavier. En este sentido se antoja un poco tosca la manera en la que se deshacen de un plumazo de muchos de los secundarios de X-Men: Primera Generación, pero sólo por la escena de la lágrima de Mísitica/Trask ya merece la pena la licencia gratuita.




El director de Superman Returns sabe jugar con el contexto temporal de su film, mostrando unos primeros años 70 llenos de confusión y terror latente en Estados Unidos (la deuda con Watchmen de Alan moore y Dave Gibbons es clara, la presencia de Richard Nixon no es gratuita) que se contraponen al tono pulp de la anterior X-Men Frist Class. Si la cinta de Matthew Vaughn era puro James Bond, esta de Bryan Singer recuerda más en tono al cine político y conspiranóico de gente como Alan J. Pakula o Joh Frankenheimer, con un uso excelente de las falsas imágenes de archivo, adscribidiéndose también, aunque en el género de la ciencia ficción, a ese tipo de obras contemporáneas que recrean los años 70 por medio de un revisiones de calado histórico, pero siempre mirando por que impere el tono thriller como pudimos ver en largometrajes como Munich de Steven Spielberg, R.A.F: Facción del Ejército Rojo de Uli Edel, el díptico Mesrine de Jean François Richet o Carlos de Oliver Assayas.




Del reparto poco  fallo se puede destacar ya que es uno de los más potentes que ha dado el cine reciente y todo un seguro de vida para que, como conjunto, ofrezcan un recital memorable con sus trabajos. La veteranía de Ian McKellen y Patrick Stewart es intachable y ellos son los gurús que mueven los hilos de la historia, Hugh Jackman vuelve a dar vida a un Logan sencillamente brutal que esta vez, aún siendo el núcleo central del discurrir de la trama, toma un rol secundario confirmando que no sólo en los cómics Lobezno es un personaje que gana mucho más siendo un papel no principal. Jennifer Lawrence logra que con su Mística casi nos olvidemos de la de Rebeca Romjin, Nicholas Hoult se mete por fin al 100% en la azulada piel de Hank McCoy, Michael Fassbender sigue siendo un sobresaliente y carismático Magneto y Peter Dinklage está adecuadísimo como Bolivar Trask, aunque como villano podía haber tenido más entidad si se hubiera optado por afirmar que su obsesión con Raven Darkholme iba más allá de lo científico, adentrándose en terrenos de una enfermiza atracción física.




Pero si en X-Men: Frist Class era el Magneto de Michael Fassbender el rey de la velada, en esta ocasión es el Charles Xavier de un impresionante James McAvoy el que destaca por encima de un reparto tan ecléctico como coral. Poco importa que tenga melena y barba o que se pase gran parte del metraje caminado, el actor de El Último Rey de Escocia o La Conspiración "es" el profesor Xavier y se echa sobre los hombros casi todo el poso dramático del largometraje con un personaje torturado y de vuelta de todo que ha dejado de creer en sus sistema de valores y aquellos principios propios que abogaban por una convivencia pacífica entre mutantes y humanos. Pasajes como su primera aparición en una decadente Escuela Para Jóvenes Talentos, en el que lee su porvenir por medio de Logan, dándole la réplica con una profesionalidad exquisita Hugh Jackman al protagonista de Trance en ese instante, o cuando dialoga con su yo del futuro le sirven a McAvoy para sobresalir como el núcleo central del relato gracias también a un Bryan Singer que se muestra por fin más cercano que nunca a sus criaturas y las inquietudes psicológicas que las torturan.




X-Men: Días del Futuro Pasado es una de las mejores producciones comerciales del 2014 y como hemos mencionado previamente el largometraje más logrado y remarcable basado en personajes de cómics de lo que llevamos de temporada. Superando con su buen hacer a otras piezas como 300: El Origen de Un Imperio, Capitán América: El Soldado de Invierno o The Amazing Spider-man 2: El Poder de Electro que eran en mayor o menor medida cintas que se movían entre lo meritorio o lo muy acertado. Por eso esta última entrega de la Patrulla X por un lado es un regalo para los fans, tanto a los que siguen a los personajes sólo en imagen real como a los que nos hemos criado con sus historias en papel, y por otro una cinta muy competente más allá de lo puramente lúdico, así como un trabajo que pone fin a una etapa para abrir otra, esa "apocalíptica" escena post créditos abre muchas puertas, en la que asistiremos a un nuevo comienzo.




Por el camino perdonamos aristas sin limar por el simple hecho de disfrutar de pasajes poderosísimos como el del ya mencionado prólogo, la primera aparición de Lobezno en 1973, todas las intervenciones de Mística, su "conversación" con Charles en el aeropuerto, el momento de Magneto y el campo de fútbol, los dos intentos de atentado contra Bolivar Trask, un ligero pero acertado humor (la naturaleza mutante de JFK, la referencia casi imperceptible al caso Watergate con lo de la grabadora en el despacho oval de Richard Nixon, las salidas chulescas de Logan), ese final tan gratuito y autocomplaciente como acertado y hasta nostálgico o la escena de lucimiento para el Mercurio de Evan Peters (con sutil y freak referencia a que Magneto es su padre, como sucede en los cómics) un prodigio de técnica por parte de un Bryan Singer que, esta vez sí, con su última cinta ha llevado al límite una franquicia que parecía no poder ir más allá y que si sigue a este nivel esperemos continúe ofreciéndonos productos de este calibre.


jueves, 1 de agosto de 2013

Lobezno Inmortal



Título Original The Wolverine (2013)
Director James Mangold
Guión Christopher McQuarrie, Scott Frank y Mark Bomback basado en el personaje creado por Len Wein, John Rimita Sr, Stan Lee y Herb Trimpe
Actores Hugh Jackman, Famke Janssen, Svetlana Khodchenkova, Will Yun Lee, Tao Okamoto, Brian Tee, Hiroyuki Sanada, Hal Yamanouchi, Rila Fukushima






Segunda adaptación a imágenes de las aventuras de Lobezno/Wolverine en solitario tras aquella desastrosa X-Men Orígenes: Lobezno que nació como un spin off de la trilogía ideada por Twentieth Century Fox y que trasladaba a la gran pantalla a los hijos del átomo creados por Stan Lee y Jack Kirby y llevados a lo más alto por Chris Claremont y John Byrne en los 80. A nadie se le escapa que desde su primera aparición en las páginas de El Increíble Hulk Logan ha ido ganándose su lugar dentro del universo Marvel como el personaje más popular y carismático de la Patrulla X, aunque como muchos seguidores sabemos el mutante con esqueleto de adamantium siempre da lo mejor de sí estando en un segundo plano y no siendo el protagonista, tanto en las viñetas como en el celuliode.




X-Men Origins: Wolverine fue un fracaso más como adaptación que como cinta pasable de acción. A los aciertos como que Jackman fuera más Logan que nunca, que Liev Schriber se metiera convincentemente en la piel de Dientes de Sable o la factura técnica se contraponían el desastre que el guión hacía con la mitología del personaje principal y los secundarios, convirtiendo a Lobezno en hermano del ya mencionado Victor Creed y a mi adorado Masacre (Deadpool) en algo que no quiero ni recordar. De modo que aquellos comentarios antes de empezar el rodaje en los que Hugh Jackman hablaba de que iba a ser una cinta más independiente que las de la trilogía original y que iba a ser muy fiel a los cómics fueron una mentira digna de una campaña electoral. Mal, Hugh, mal.




Ahora en este año 2013 llega por fin esta ¿esperada? The Wolverine, Lobezno Inmortal en tierras españolas. Un simple producto comercial para pasar el rato sin pretensiones, estridencias o demasiadas herejías que si bien supera considerablemente a la anterior entrega tampoco lo tenía muy difícil para conseguirlo, ya que la misma era una tarea más bien sencilla. Una cinta con aciertos y fallos que sirve para ahondar un poco en la personalidad del Lobezno cinematográfico y servir de puente entre la anterior X_Men 3 y esa próxima X-Men: Days of the Future Past que tan buena pinta tiene, que vuelve a tener a Bryan Singer a los mandos de la dirección y que también se unirá argumentalmente a la memorable (¿la mejor de la franquicia?) X-Men: Primera Generación.




Tras verse en la obligación de asesinar a su amada Jean Grey (Famke Janssen) un hundido Lobezno (Hugh Jackman) decide abandonar los X-Men y vagar por el mundo como un indigente. Todo dará un drástico cambio cuando aparezca en escena Yukio (Rila Fukushima) una chica japonesa que dice trabajar para Yashida (Hal Yamanouchi) un rico empresario nipón que fue salvado por Logan durante el bombardeo de Nagasaki en la Segunda Guerra Mundial. Yashida, que se encuentra a las puertas de la muerte, le ofrecerá a Logan una proposición que lleva años esperando, volver a ser mortal. La respuesta del mutante y los verdaderos planes del millonario filántropo darán pie a una guerra en la que se verán implicados el clan ninja La Mano y la yakuza japonesa.




Lobezno Inmortal esta lejanamente basada en Lobezno Honor, la mítica saga escrita por el británico Chris Claremont (uno de los autores que mejor conoce el universo mutante) y dibujada por el estadounidense Frank Miller (sí, ese gran autor de cómics que por desgracia dejo de serlo hace años). Y digo lejanamente porque al igual que X-Men Origenes: Lobezno la cinta toma como partida y hasta núcleo central la ya mencionada historia (como aquella se servía en su memorable arranque de la también interesante Lobezno Origen de Paul Jenkins y Andy Kubert) para después salirse por la tangente y contar una versión apócrifa de aquella a la que le han añadido subtramas con un resultado dispar, cinematográficamente hablando, pero superior al de su predecesora.




La cinta dirigida por ese artesano llamado James Mangold que tiene algunas piezas estimables en su filmografía como Copland, Indentity o En la Cuerda Floja (Walk the Line) es una simpática y agradable mediocridad fílmica que aboga por la acción y el melodrama, que se pasa en un suspiro (por fin una película comercial reciente que no supera las dos horas, gracias) y que se olvida casi en su totalidad al poco rato de ser vista. Como cinta, a diferencia de la anterior entrega, respeta con un poco más de pudor el microcosmos mutante en general y el de Lobezno en particular, aunque puede que eso se deba a que aquí no hay muchos secundarios a los que retratar de la manera más blasfema posible como sucedió en la primera parte.




El arranque en Nagasaki está conseguido con oficio y el momento de la explosión nuclear resuelto con pericia técnica. La trama se deja seguir con facilidad, el guión dentro de su endeblez sabe ofrecer al espectador lo que busca en un producto cinematográfico de esta naturaleza y el mismo consigue su mayor logro añadiendo la idea argumental (explotada en los cómics hasta el hartazgo, pero no en el cine) de que Logan pierda su factor curativo, ese que le permite curarse de cualquier herida por muy grave que sea. Por otro lado el libreto incide en el trauma que el personaje sufre desde que se viera en la obligación de matar a Jean Grey cuando esta se convirtió en Fénix durante X-Men 3. Esto permite que el tratamiento del personaje tenga cierta profundidad emocional, pero la justa y más simple que el mecanismo de un botijo, más no nos hace falta.




Sí, todos sabemos que el Lobezno de los cómics casi siempre ha sido retratado como un tipo bajito, peludo y bastante feo, por eso algún avispado dijo que el actor idóneo para darle vida era Harvey Keitel y qué duda cabe que con sus 40 años el protagonista de Reservoir Dogs o Teniente Corrupto lo podría haber bordado. Pero el Lobezno cinematográfico es Hugh Jackman y el tipo lo hace de miedo. El australiano lleva 13 años dando vida al canadiense de las garras de adamantium y se nota que disfruta cada minuto en el que se mete en la piel de su personaje. En Lobezno Inmortal una vez más está en sus salsa y dándolo todo, sobre todo en el plano físico. Se le notan las horas de gimnasio y eso se percibe en las muy trabajadas coreografías de lucha, todos muy conseguidas y ejecutadas con oficio por Mangold, los actores y sabe dios cuántos efectos digitales en pasajes como el del tren bala, por poner un ejemplo.




El resto de secundarios palidece al lado del protagonista de The Fountain, aunque son encomiables las labores de Ken Yamamura y Hal Yamanouchi, los dos actores que dan vida a Yashida, Rila Fukushima como Yukio, aunque tenga una cara tan extraña como hipnótica, Hiroyki Shanada como Shingen o Svetlana Khodchenkova como Viper, que sí, no hace nada especial en el plano actoral, pero va encuerada hasta el culo y eso se agradece. Por el lado negativo sólo tendría que mencionar a la desidia personificada en Tao Okamoto, que es una indigna Maryko, un personaje inolvidable del universo mutante que merecía una representación más honrosa en su traslación a la pantalla grande.




En resumidas cuentas Lobezno Inmortal es cine palomitero de verano para echar una tarde como ha hecho un servidor, aunque es cierto que no dejo de preguntarme qué habría hecho Darren Aronofsky con este material si no se hubiera bajado del proyecto durante la gestación del mismo. Como cinta no marcará un antes y un después ni en la historia fílmica del personaje ni en la franquicia que Twentieth Century Fox ha construido para los mutantes de Marvel, pero por el camino tenemos acción, humor, frases lapidarias muy de Logan, guiños a los cómics (ese Samurai de Plata, técnicamente muy logrado y amenazador) y esa escena post créditos (ojo, no hay que esperar a que acaben para verla, aparece tras el reparto de actores) que no dice mucho pero que nos toca el corazoncito a los fans y pone la primera piedra de esa X-Men: Days of the Future Past en la que está depositada la esperanza de muchos de los que esperamos la adaptación al cine definitva de los hijos del átomo. Sólo el tiempo, pasado y futuro, nos lo confirmará.



domingo, 5 de junio de 2011

X-Men: Primera Generación




Título Original: X-Men, First Class (2011)
Director: Matthew Vaughn
Guión: Bryan Singer, Ashley Miller, Jamie Moss, John Schwartz, Zack Stenz
Actores: James McAvoy, Michael Fassbender, Kevin Vacon, Jennifer Lawrence, January Jones, Jason Flemyng, Rose Byrne, Oliver Platt, Álex González, Matt Craven




Tras tres entregas cinematográficas X-Men, X-Men 2, X-Men 3: La Decisión Final que formaban una excelente trilogía (incluída para un servidor la tercera parte, nunca comprendiendoo ese rechazo recibido en su momento) y un muy flojo spin off X-Men Orígenes: Lobezno, llega a las carteleras de todo el mundo X-Men: Primera Generación o X-Men: First Class, como se la conoce en su título original. Esta vez dirigida por Matthew Vaughn, aquel señor que empezó produciendo los largometrajes de Guy Ritchie y que ha acabado siendo un más que competente realizador a la hora de llevar el mundo del cómic al celuloide.




Vaughn debutó en la dirección de largometrajes con esa alabada cinta de culto sobre la mafia británica titulada Layer Cake. Más tarde dio forma a la primera de las adaptaciones cinematográficas de un cómic, más bien una novela ilustrada, que realizaría en su carrera, Stardust. Basada en la obra homónima que el guionista Neil Gaiman escribió para el sello Vertigo de DC Comics. Después llevó, con éxito, pero tomándose algunas licencias, a imágenes Kick-Ass, la miniserie de Mark Millar y John Romita Jr para el sello Icon de Marvel.Comics.




La productora Twentieth Century Fox, que aún poseía los derechos de las adaptaciones cinematográficas de los personajes creados por Stan Lee y Jack Kirby en 1963 y llevados a lo más alto por Chris Claremont y John Byrne en la segunda mitad de los 70 y la primera de los 80, se la han jugado bien a Marvel Studios y se han sacado del a manga otra gran película inspirada en superhéroes de cómic, así como una revitalización magnífica y para nada forzada, aunque en principio no lo pareciera, de la franquicia cinematográfica mutante.




X-Men: First Class mezcla parte del origen real de la serie cuando fue creada por el tandem Lee Kirby en el 63 y los hechos que nos narraron en la serie del mismo nombre que editó Marvel Comics la década pasada a manos de Jeff Parker y Roger Cruz, sucedido este último por otros ilustradores en los números posteriores, en la que actualizaban la génesis de los personajes. La cinta fusiona las dos visiones, pero siguiendo en la medida de lo posible la coherencia con la trilogía cinematográfica original, aunque al igual que en aquella, tomándose algunas licencias con respecto a las viñetas.




El núcleo de la película es la relación entre Erik Lensher y Charles Xavier, Magneto y el profesor X respectivamente. El film comienza con la infancia de ambos y a pesar de que se narran hechos de la vida de los dos está claro que en la trama central hay una notable inclinación hacia el personaje de Magneto, que queda patente ya en el magnífico arranque posterior a la escena del campo de concentración (la magnífica y original de la primera X-Men de Bryan Singer) con Sebastian Shaw, en la que por medio de la colocación de la cámara y el uso de la planificación de tomas Matthew Vaughn da la primera y muy grata sorpresa al respetable.




Porque es un hecho irrefutable. Esta película casi se podía haber titulado X-Men Orígenes: Magneto, es más el primer borrador del guión parece ser que iba por ese camino, y si James McAvoy hace un dignísimo Charles Xavier (aunque cansa verlo tanto rato con los dedos en la sien, emulando una especia de jaqueca crónica) la elección del irlandés Michael Fassbender para dar vida a Lensher es todo un maravilloso acierto. El actor de Malditos Bastardos o 300 captura toda la esencia del personaje, su discurso, su dualidad moral y en el proceso no deshonra el trabajo del genial Ian McKellen de la trilogía original. Para colmo su presencia da pie a que escenas como la del banco y la de la posada en Argentina bordeen lo magníficencia.




Además, es un hecho que es en este terreno donde Matthew Vaughn se hace fuerte, en el retrato de unos personajes magnificamente perfilados, sobre todo estos dos ya mencionados. Esa amistad maltrecham pero nunca resquebrajada del todo, por dos concepciones distintas sobre convivencia y supervivencia entre humanos y mutantes, es apuntada y enriquecida con escenas magníficas entre los dos caracteres. Algo que Bryan Singer depuró bien y que hasta Ratner supo continuar, ese magnífico prólogo de X-Men 3, es esa relación. Pero Vaughn a diferencia del director de Sospechosos Habituales, que es gélido y distante como narrador, sabe dar más sentimiento y trasfondo a dicha historia. En ese sentido no es tan quirúrgico como el realizador de las dos primeras entregas, sino más instintivo y dramático .




Por otro lado tenemos la interesante inclusión de distintos mutantes como Kaos, Banshee y otros mejor trazados como Hank McCoy alias Bestia o Mística, una Jennifer Lawrence arrebatadora, poseedora también de una interesante relación con Xavier desde la infancia de ambos. January Jones da vida a una atractiva y muy creíble Emma Frost, totalmente sensual y manipuladora, como se espera de ella. En este sentido sólo destacar algún fallo como, la caracterización física de Bestia que me parece inferior a la que hicieron con Kelsey Grammer en X-Men 3.




Pero el gran acierto de X-Men Primera Generación es su cuidada ambientación localizada en los años 60 y sobre todo ese tono de cine de espionaje y conspiraciones que tiene como entorno. La han comparado mucho con los primeros James Bond, pero yo veo aquí el trabajo rematado con un trazo más sutil y hasta cierto punto creíble dentro de la fantasía que da forma al producto. Por no decir que lo de situar parte de la acción durante la crisis de los misiles de Cuba es un acierto pleno que da un trasfondo realista y muy a lo Watchmen al largometraje con la batalla armamentística entre Estados Unidos y la URRS.




También nos encontramos innumerables guiños tanto a los cómics como a la trilogía anterior. El club Hellfire, la presencia de Azazel, padre biológico de Rondador Nocturn, o Ángel de los Nuevos X-Men de Grant Morrison nos remiten a las viñetas y los cameos como el de Mística en la cama y sobre todo el genial del bar lo hacen con las anteriores películas. También se toman licencias los guionistas con respecto a la imagen de personajes que no se parecen en nada los de los tebeos como ese Sebastian Shaw, bordado por un maduro Kevin Bacon, o la presencia de mutantes que todos sabemos que no estaban ahí en esa época determinada, pero todo es tan intrascendente como perdonable.




¿Ha conseguido Matthew Vaughn realizar con esta X-Men First Class la mejor película sobre los mutantes de Marvel? Es pronto para saberlo. Lo que si nos ha ofrecido un producto de calidad y entretenido, mientras nos ha hablado de dos personajes antagónicos que se necesitan tanto como se rechazan. Ha realizado un humilde tratado sobre la intolerancia y el miedo a los enfrentamientos bélicos y con ello una de las mejores película sobre superhéores que se ha visto en bastante tiempo y eso que llevamos una buena racha (no hay más que ver a ese Thor de Kenneth Branagh) de ellas. Esta precuela nos deja grandes momentos, una buena historia, personajes interesantes, un españolito en el reparto ahí sin decir nada pero poniendo una pica en Genosha y una moneda con grabados nazis como fetiche ya indivisible de la historia fílmica de los hijos del átomo.