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domingo, 19 de marzo de 2017

Logan



Título Original Logan (2017)
Director James Mangold
Guión Scott Frank, James Mangold, Michael Green basado en los cómics de Marvel
Reparto Hugh Jackman, Patrick Stewart, Dafne Keen, Boyd Holbrook, Stephen Merchant, Elizabeth Rodriguez, Richard E. Grant, Doris Morgado, Han Soto, Julia Holt, Elise Neal, Al Coronel





Después de la desastrosa X-Men Orígenes: Lobezno y la aceptable Lobezno Inmortal Hugh Jackman vuelve por tercer y última vez a dar vida al famoso mutante de las garras de adamantium creado por Len Wein, John Romita Sr y Herb Trimpe en 1974 con Logan, su despedida de un personaje al que ha dado vida durante casi dos décadas y que ya es indivisible de su vida profesional. En esta ocasión el director James Mangold (Copland, Identity) repite en la butaca tras la anterior The Wolverine para realizar el Canto de Cisne de James Howlett, un proyecto largamente acariciado por el actor australiano con el que pone punto y final al recorrido de su versión del X-Men más carismático y letal de la historia de la Casa de las Ideas. El resultado por suerte es muy superior al de sus antecesoras y sin ser una genialidad si sabe satisfacer notablemente tanto al espectador neófito como al fan de los cómics que llevaba años esperando una película del personaje que mereciera realmente la pena.




Todo aquel que vaya a ver Logan pensando que se encontrará una adaptación más o menos fiel de la primera miniserie Old Man Logan ideada por el guionista escocés Mark Millar y el dibujante norteamericano Steve McNiven en el año 2008 saldrá considerablemente decepcionado de la experiencia. No sólo ya por los problemas de licencias que trasladar un relato en el que tenemos a personajes como Ojo de Halcón, Craneo Rojo o descendientes de Spiderman o Hulk, pudieran haber producido a 20th Century Fox al no poseer sus derechos (que como todos sabemos están en manos de la misma Marvel y su división cinematográfica), sino también porque más allá de la edad de Lobezno y algún apunte narrativo o estético que pasaremos a mencionar no hay nada que emparente lo acontecido en las viñetas con lo que podemos ver en pantalla grande a la hora de enfrentarnos con la última aventura de Hugh Jackman en la piel del mutante canadiense.




Lo cierto es que ser una mixtura entre road movie y western (las referencias explícitas a Raíces Profundas no son gratuitas en este sentido) es el único parentesco que el último film de James Mangold tiene con Old Man Logan, pero en cierta manera bebe de los mismos referentes estilísticos y argumentales, como el cine de Sam Peckinpah, Sergio Leone o Clint Eastwood. Logan consigue aunar estas influencias en un tono árido y seco, aquel que la calificación PG13 no permitía en el resto de films en los que el personaje intervenía, y que aquí confluye con certera armonía con ese aire melancólico y derrotista de la franquicia X-Men en cuanto a llevar al extremo aquel lema de "temidos y odiados" que dio razón de ser a la naturaleza furtiva y marginada de los Hijos del Átomo. Todo el largometraje exhala hálito a despedida o cierre de ciclo y los implicados en el mismo han dado todo lo que tenían y más para estar a la altura de las expectativas.




La trama de Logan es sencilla y directa, James Mangold y sus guionistas ejecutan una historia de manual, una huída hacia delante escapando de mercenarios que quieren dar con el paradero de los protagonistas a lo largo de unos Estados Unidos montañosos, crepusculares, deshumanizados y fronterizos. El director de Inocencia Interrumpida sabe encontrar el equilibrio entre los pasajes centrados en las relaciones interpersonales y sentimentales de unos personajes cercanos y terrenales a pesar de su naturaleza sobrenatural y arrebatos de violencia explícita resquebrajando momentos de calma propios del celuloide del cineasta y actor japonés Takeshi Kitano. Gracias a ese balance entre intimismo y bestialidad arraiga con fuerza Logan una naturaleza bicéfala que funciona de manera muy potente durante casi todo el metraje y que sólo encuentra ciertos altibajos al inicio del último tercio, justo cuando Logan y Laura dan con los antiguos compañeros de confinamiento de esta última. 




Aunque hemos resaltado la sencillez del guión sus autores se guardan en la manga algunas referencias a xenofobia, violación de los derechos humanos y el uso de fronteras para dividir territorios que no sabemos si de manera intencionada o no nos remiten al discurso que el actual presidente de los Estados Unidos, Donald Trump, lleva años promulgando, aunque ciertamente el libreto no ahonda demasiado en dicha lectura apelando a que prime la caracterización de los personajes, la evolución del poso dramático del relato y el desarrollo de las poderosas y brutales escenas de acción que nos muestran por primera vez en pantalla lo que una garras de adamantium harían a un cuerpo humano si fueran utilizadas en combate. El problema es que la estructura de la narración no consigue mantenerse firme durante todo el metraje y en algunos pasajes (como el ya mencionado con los niños) parece como si los escritores no supieran bien hacia donde llevar la obra, que por suerte se encarrila de nuevo por el buen camino dando sus últimos pasos con un clímax honesto y emocionante.




Hugh Jackman puede estar tranquilo, si cumple la promesa de no volver a dar vida a Lobezno puede irse con la cabeza bien alta porque su labor en Logan es la mejor que ha hecho dentro del universo cinematográfico mutante que él ayudó a construir en el año 2000 con aquella ya lejana y seminal X-Men de Bryan Singer, El protagonista de The Fountain se entrega en cuerpo y alma a un personaje que ya es tan suyo como de sus creadores o los fans que llevamos décadas leyendo sus aventuras en papel. Este Logan enfermo, avejentado, cansado y descreído es el último homenaje del australiano a una criatura que le llegó de rebote hace 17 años cuando Dougray Scott rechazó el papel y que le cambió la vida de manera radical abriéndole las puertas de un Hollywood que hoy bebe los vientos por él. Con un trabajo que nos recuerda al mejor Clint Eastwood actor adscrito al western y dando todo en el plano físico Jackman se lo ha puesto muy difícil al próximo actor que acepte portar las garras de adamantium.




No le van a la zaga al protagonista de Prisioneros un Patrick Stewart que también ofrece su mejor personificación de Charles Xavier como un nonagenario senil, quebrado por sus pecados del pasado y cuya mente marchita ya no puede controlar sus enormes poderes psíquicos (la secuencia de Las Vegas y la odisea de Logan para llegar a la habitación del hotel es posiblemente el mejor pasaje del film) y el descubrimiento de la debutante Dafne Keen en la piel de Laura, la famosa X 23 de los cómics (aunque nacida en la serie animada X-Men: Evolution) que es extrapolada al celuloide con una amalgama de ternura y salvajismo perfectamente interpretado por una niña de once años que deja exhausta a la platea con su carisma y fisicidad en pantalla. Mencionar para bien la buena labor de Stephen Marchant como Calivan o Richard E. Grant dando vida al Doctor Rice y para mal a Boyd Holbrook en la piel de Donald Pierce, no por la labor del actor, sino por lo mal que está perfilado su villano en el guión, demostrando que esta tara a la hora de retratar a las némesis de los superhéroes en celuloide no es exclusiva de Marvel Studios o DC Etertainment.




Siendo ampliamente superior a las otras dos películas de Wolverine (tarea no muy ardua, para qué negarlo) pero tampoco "la mejor película de la saga cinematográfica mutante" como se ha llegado a comentar en no pocas webs de la red y páginas de opinión un servidor ha quedado altamente satisfecho con el visionado de esta Logan que pone broche de plata a la interpretación de James Howlett a manos de un Hugh Jackman al que siempre recordaremos cuando pensemos en el personaje de Marvel. Un relato melancólico, nihilista, salvaje y cercano que nos deja con la duda de cómo solucionarán Bryan Singer, Simon Kinberg y compañía la complicada papeleta de buscar un sustituto para el australiano que esté a la altura de su mastodóntica labor a la hora de dar vida al mutante canadiense que se despide de todos nosotros firme en sus ideas, luchando contra sus demonios internos y afianzando su determinación como máquina de matar siendo "el mejor en lo que hace, aunque lo que hace no es muy agradable".



jueves, 1 de agosto de 2013

Lobezno Inmortal



Título Original The Wolverine (2013)
Director James Mangold
Guión Christopher McQuarrie, Scott Frank y Mark Bomback basado en el personaje creado por Len Wein, John Rimita Sr, Stan Lee y Herb Trimpe
Actores Hugh Jackman, Famke Janssen, Svetlana Khodchenkova, Will Yun Lee, Tao Okamoto, Brian Tee, Hiroyuki Sanada, Hal Yamanouchi, Rila Fukushima






Segunda adaptación a imágenes de las aventuras de Lobezno/Wolverine en solitario tras aquella desastrosa X-Men Orígenes: Lobezno que nació como un spin off de la trilogía ideada por Twentieth Century Fox y que trasladaba a la gran pantalla a los hijos del átomo creados por Stan Lee y Jack Kirby y llevados a lo más alto por Chris Claremont y John Byrne en los 80. A nadie se le escapa que desde su primera aparición en las páginas de El Increíble Hulk Logan ha ido ganándose su lugar dentro del universo Marvel como el personaje más popular y carismático de la Patrulla X, aunque como muchos seguidores sabemos el mutante con esqueleto de adamantium siempre da lo mejor de sí estando en un segundo plano y no siendo el protagonista, tanto en las viñetas como en el celuliode.




X-Men Origins: Wolverine fue un fracaso más como adaptación que como cinta pasable de acción. A los aciertos como que Jackman fuera más Logan que nunca, que Liev Schriber se metiera convincentemente en la piel de Dientes de Sable o la factura técnica se contraponían el desastre que el guión hacía con la mitología del personaje principal y los secundarios, convirtiendo a Lobezno en hermano del ya mencionado Victor Creed y a mi adorado Masacre (Deadpool) en algo que no quiero ni recordar. De modo que aquellos comentarios antes de empezar el rodaje en los que Hugh Jackman hablaba de que iba a ser una cinta más independiente que las de la trilogía original y que iba a ser muy fiel a los cómics fueron una mentira digna de una campaña electoral. Mal, Hugh, mal.




Ahora en este año 2013 llega por fin esta ¿esperada? The Wolverine, Lobezno Inmortal en tierras españolas. Un simple producto comercial para pasar el rato sin pretensiones, estridencias o demasiadas herejías que si bien supera considerablemente a la anterior entrega tampoco lo tenía muy difícil para conseguirlo, ya que la misma era una tarea más bien sencilla. Una cinta con aciertos y fallos que sirve para ahondar un poco en la personalidad del Lobezno cinematográfico y servir de puente entre la anterior X_Men 3 y esa próxima X-Men: Days of the Future Past que tan buena pinta tiene, que vuelve a tener a Bryan Singer a los mandos de la dirección y que también se unirá argumentalmente a la memorable (¿la mejor de la franquicia?) X-Men: Primera Generación.




Tras verse en la obligación de asesinar a su amada Jean Grey (Famke Janssen) un hundido Lobezno (Hugh Jackman) decide abandonar los X-Men y vagar por el mundo como un indigente. Todo dará un drástico cambio cuando aparezca en escena Yukio (Rila Fukushima) una chica japonesa que dice trabajar para Yashida (Hal Yamanouchi) un rico empresario nipón que fue salvado por Logan durante el bombardeo de Nagasaki en la Segunda Guerra Mundial. Yashida, que se encuentra a las puertas de la muerte, le ofrecerá a Logan una proposición que lleva años esperando, volver a ser mortal. La respuesta del mutante y los verdaderos planes del millonario filántropo darán pie a una guerra en la que se verán implicados el clan ninja La Mano y la yakuza japonesa.




Lobezno Inmortal esta lejanamente basada en Lobezno Honor, la mítica saga escrita por el británico Chris Claremont (uno de los autores que mejor conoce el universo mutante) y dibujada por el estadounidense Frank Miller (sí, ese gran autor de cómics que por desgracia dejo de serlo hace años). Y digo lejanamente porque al igual que X-Men Origenes: Lobezno la cinta toma como partida y hasta núcleo central la ya mencionada historia (como aquella se servía en su memorable arranque de la también interesante Lobezno Origen de Paul Jenkins y Andy Kubert) para después salirse por la tangente y contar una versión apócrifa de aquella a la que le han añadido subtramas con un resultado dispar, cinematográficamente hablando, pero superior al de su predecesora.




La cinta dirigida por ese artesano llamado James Mangold que tiene algunas piezas estimables en su filmografía como Copland, Indentity o En la Cuerda Floja (Walk the Line) es una simpática y agradable mediocridad fílmica que aboga por la acción y el melodrama, que se pasa en un suspiro (por fin una película comercial reciente que no supera las dos horas, gracias) y que se olvida casi en su totalidad al poco rato de ser vista. Como cinta, a diferencia de la anterior entrega, respeta con un poco más de pudor el microcosmos mutante en general y el de Lobezno en particular, aunque puede que eso se deba a que aquí no hay muchos secundarios a los que retratar de la manera más blasfema posible como sucedió en la primera parte.




El arranque en Nagasaki está conseguido con oficio y el momento de la explosión nuclear resuelto con pericia técnica. La trama se deja seguir con facilidad, el guión dentro de su endeblez sabe ofrecer al espectador lo que busca en un producto cinematográfico de esta naturaleza y el mismo consigue su mayor logro añadiendo la idea argumental (explotada en los cómics hasta el hartazgo, pero no en el cine) de que Logan pierda su factor curativo, ese que le permite curarse de cualquier herida por muy grave que sea. Por otro lado el libreto incide en el trauma que el personaje sufre desde que se viera en la obligación de matar a Jean Grey cuando esta se convirtió en Fénix durante X-Men 3. Esto permite que el tratamiento del personaje tenga cierta profundidad emocional, pero la justa y más simple que el mecanismo de un botijo, más no nos hace falta.




Sí, todos sabemos que el Lobezno de los cómics casi siempre ha sido retratado como un tipo bajito, peludo y bastante feo, por eso algún avispado dijo que el actor idóneo para darle vida era Harvey Keitel y qué duda cabe que con sus 40 años el protagonista de Reservoir Dogs o Teniente Corrupto lo podría haber bordado. Pero el Lobezno cinematográfico es Hugh Jackman y el tipo lo hace de miedo. El australiano lleva 13 años dando vida al canadiense de las garras de adamantium y se nota que disfruta cada minuto en el que se mete en la piel de su personaje. En Lobezno Inmortal una vez más está en sus salsa y dándolo todo, sobre todo en el plano físico. Se le notan las horas de gimnasio y eso se percibe en las muy trabajadas coreografías de lucha, todos muy conseguidas y ejecutadas con oficio por Mangold, los actores y sabe dios cuántos efectos digitales en pasajes como el del tren bala, por poner un ejemplo.




El resto de secundarios palidece al lado del protagonista de The Fountain, aunque son encomiables las labores de Ken Yamamura y Hal Yamanouchi, los dos actores que dan vida a Yashida, Rila Fukushima como Yukio, aunque tenga una cara tan extraña como hipnótica, Hiroyki Shanada como Shingen o Svetlana Khodchenkova como Viper, que sí, no hace nada especial en el plano actoral, pero va encuerada hasta el culo y eso se agradece. Por el lado negativo sólo tendría que mencionar a la desidia personificada en Tao Okamoto, que es una indigna Maryko, un personaje inolvidable del universo mutante que merecía una representación más honrosa en su traslación a la pantalla grande.




En resumidas cuentas Lobezno Inmortal es cine palomitero de verano para echar una tarde como ha hecho un servidor, aunque es cierto que no dejo de preguntarme qué habría hecho Darren Aronofsky con este material si no se hubiera bajado del proyecto durante la gestación del mismo. Como cinta no marcará un antes y un después ni en la historia fílmica del personaje ni en la franquicia que Twentieth Century Fox ha construido para los mutantes de Marvel, pero por el camino tenemos acción, humor, frases lapidarias muy de Logan, guiños a los cómics (ese Samurai de Plata, técnicamente muy logrado y amenazador) y esa escena post créditos (ojo, no hay que esperar a que acaben para verla, aparece tras el reparto de actores) que no dice mucho pero que nos toca el corazoncito a los fans y pone la primera piedra de esa X-Men: Days of the Future Past en la que está depositada la esperanza de muchos de los que esperamos la adaptación al cine definitva de los hijos del átomo. Sólo el tiempo, pasado y futuro, nos lo confirmará.



domingo, 18 de julio de 2010

Noche y Día



Título Original:
Knight & Day (2010)
Director: James Mangold
Guión: Patrick O'Neill
Actores: Tom Cruise, Cameron Diaz, Peter Sarsgaard, Paul Dano, Maggie Grace, Marc Blucas, Viola Davis, Olivier Martinez, Haytham Kandil, Jordi Mollá


Trailer


Que nadie espere demasiado de Noche y Día (Kinght & Day en su versión original, estos traductores cachondos). La octava película del director americano James Mangold es un entretenimiento palomitero de andar por casa, para ver con toda la familia y sin pretensión alguna. Su única misión es divertir de manera tan desprejuiciada como efectiva y a fe mía que lo consigue, pero sólo eso.




Knight & Day es una parodia del cine hollywoodiense de espias. Una comedia de acción que hace sana mofa sobre cintas como las de James Bond, la saga Bourne o la franquicia Misión Imposible, protagonizada por el mismo Cruise. Incluso hay referencias a proyectos como Mentiras Arriesgadas, agradable producto satírico de James Cameron que tiene algunos puntos en común con la obra que comento y que pude ver ayer en pantalla grande.




El guión tiene más agujeros que el coche de Bonnye & Clyde, su construcción es caótica y las continuas elipsis narrativas están metidas con calzador, pero inteligentemente hacen referencia a films del Hitchcock más comercial dentro de su etapa americana. Todo es un cúmulo de tópcicos parodiados para el lucimiento del artificio técnico del film que está perfectamente realizado gracias, en parte, a la correctísima labor de James Mangold, un artesano casi siempre interesante, con incluso alguna obra memorable como Copland o Identity.




La acción etá muy bien ejecutada, el humor funciona en la mayoría de las ocasiones y los personajes son carismaticamente agradables a pesar de ser clichés andantes. Tom Cruise hace un papel entre lo psicótico y lo entrañable, el actor se implica con las excelentes coreografías de las peleas y se moja con las escenas de riesgo, en muchas ocasiones sin dobles. Cameron Diaz, que ha cogido unos kilos que no le sientan nada mal, hace de atolondrada chica que una veces no sabe dónde cojones está metida y en otras parece estar pasándoselo en grande poniendo en riesgo su vida.




Knight & Day desde la más encomiable de las modestias nos regala detalles agradables. Una pareja con química, escenas bien realizadas, diálogos estúpidos pero con cierta simpatía, un Marc Blucas inesperadamente cómico, un Paul Dano hostiable hasta al hartazgo, un siempre cumplidor Peter Sasgaard y toques españoles inolvidables como esos San Fermines en plena Sevilla (Tom Cruise debe ser el mayor fan de Sevilla de todos los tiempos, según él todos los festejos nacionales se llevan a cabo en la capital andaluza), los extras españoles con una cara de sudamericanos que ni Juan Valdez y la evolución de nuestro Jordi Mollá dentro de Hollywood, por fin ha dejado de hacer de narcotraficante colombiano, ahora es traficante de armas español, un paso de gigante señores.