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martes, 30 de noviembre de 2021

Transgresión Continua Express - Octubre 2021 I


Benedetta (Paul Verhoeven, 2021) - Carne y sangre al servicio de un nunsploitation elegante y reflexivo que en última instancia no deja de ser una historia de amor. A sus 83 años Paul Verhoeven se consolida como uno de los cineastas más libres e insobornables de la actualidad.

Cry Macho (Clint Eastwood, 2021) - Un Clint Eastwood de perfil más amable y menos derrotistaen el que conviven armónicamente el western fronterizo y el melodrama continúa con Cry Macho la deconstrucción de sus personajes arquetípicos iniciado en Gran Torino y Mula.


Sin Tiempo Para Morir (Cary Joji Fukunaga, 2021) - Modélica y espectacular despedida del James Bond de Daniel Craig en la que convergen la tradición indisociable al personaje y una evolución de su idiosincrasia y contexto que sienta como un guante a la franquicia.


Venom: Habrá Matanza (Andy Serkis, 2021) - La secuela de Venom es el equivalente cinematográfico a un cómic dibujado por Todd McFarlane en los 90. Un autoconsciente disparate audiovisual con Tom Hardy y Woody Harrelson totalmente desbocados.


A Ghost Story (David Lowery, 2021) - Gramática audiovisual minuciosa y preciosista al servicio de una melancólica reflexión sobre la pérdida, el paso del tiempo y el olvido. De desarmante sencillez conceptual, deviene en un relato de profunda carga existencial y humanista.


Mediterraneo (Marcel Barrena, 2021) - Descarnada, necesaria e inmersiva recreación de la campaña de ayuda a refugiados en Lesbos durante 2015 que supuso el nacimiento de la ONG Proactiva Open Arms. Excelente labor actoral de un equipo comandado por un colosal Eduard Fernández.


El Buen Patron (Fernando León de Aranoa, 2021) - El tándem formado por Luis García Berlanga y Rafael Azcona o los hermanos Coen sobrevuelan esta tragicomedia repleta de diálogos memorables, humor negro e intérpretes intachables mientras un Javier Bardem totémico arrasa con todo.


Las Leyes de la Frontera (Daniel Monzón, 2021) - A partir de la novela de Javier Cercas un cálido homenaje al cine quinqui cargado de acción, romance crepuscular, buena música y un casting impecable. Con algo más de mugre y furia hubiera sido el tributo definitivo al subgénero.


Madres Paralelas (Pedro Almodóvar, 2021) - Dirección perezosa, guion incongruente, tratamiento superficial de un tema tan importante como la Ley de Memoria Histórica y el reparto luchando contra diálogos impostados hacen de Madres Paralelas una propuesta fallida y decepcionante.


miércoles, 11 de marzo de 2020

Transgresión Continua Express 2020 - Febrero I


Condenados (Atom Egoyan, 2013) - Aunque en su arranque aparenta volver a los terrenos de la gloriosa El Dulce Porvenir (1997), pronto delata su naturaleza de tibio drama judicial con reparto desperdiciado y la justa implicación de un Atom Egoyan con el piloto automático activado.




Exótica (Atom Egoyan, 1994) - Aunque no consigo implicarme del todo con su historia debido a la gelidez formal del conjunto y a algunas subtramas innecesarias, me siento atraído por el triángulo emocional formado por unos impecables Elias Koteas, Bruce Greenwood y Mia Kirshner.




El Liquidador (Atom Egoyan, 1991) - Influenciada por Twin Peaks, de cuya segunda temporada es coetána, su surrealismo distante confirma mi incapacidad para empatizar con Atom Egoyan. Elias Koteas, infravaloradísimo actor, convierte en virtudes la contención y el gesto minimalista



Malasaña 32 (Albert Pintó, 2020) - Emparentada con Verónica y heredera de la escuela James Wan Malasaña 32 incide en los tópicos del género y abusa de un efectista diseño sonoro. Pero su puesta en escena exhala dignidad y el buen  reparto hace el resto. Disfrutable y sin innecesarias pretensiones.



Oldboy (Spike Lee, 2013) - Quedando lejos de la obra maestra de Park Chan-wook, inspirada a su vez en el manga de Garon Tsuchiya y Nobuaki Minegishi, este remake funciona gracias a su notorio casting y al oficio de un Spike Lee acometiendo con profesionalidad un proyecto ajeno.



Jojo Rabbit (Taika Waititi, 2019) - En Wes Anderson, Terry Gilliam, Jacques Tati o Ana Frank encuentra Taika Waititi el equilibrio perfecto entre comedia negra y drama para que Jojo Rabbit se convierta en una tierna, a la par que dura, sátira hacia la inmundicia propia del nazismo y los pensamientos totalitarios.



Kamikaze (Didier Grousset, 1986) - Con un planteamiento tan inverosímil como original y muy deudor de The Twilight Zone, Videodrome o Network esta producción de Luc Besson, dirigida por Didier Grousset, se sigue con agrado gracias a su brutalidad estilística y mixtura genérica.



15:17 Tren a París (Clint Eastwood, 2018) - Con estética de docudrama televisivo es imposible encontrar la mano de un genio como Clint Eastwood en esta plana y anodina recreación de unos hechos verídicos protagonizados en pantalla por las personas que los vivieron realmente



Verano del 84 (RKSS, 2018) - Simpático cruce entre Los Goonies (Richard Donner, 1985) y Noche de Miedo (Tom Holland, 1985) bien empaquetado y con un desenlace impropio de este tipo de films. Se ve con agrado, pero queda a años luz de Turbo Kid, anterior trabajo de sus directores.



Gotti (Kevin Connolly, 2018) - Trata de emular a Uno de los Nuestros (Martín Scorsese, 1990) o El Príncipe de la Ciudad (Sidney Lumet,  1981) quedando en rudimentario biopic sobre el conocido capo mafioso. Un esforzado John Travolta bordea la caricatura en más de un momento.

sábado, 22 de febrero de 2020

Transgresión Continua Express 2020 - Enero II


Slither (James Gunn, 2006) - They Came From Within (David Cronenberg, 1975), From Beyond (Stuart Gordon, 1986), The Thing (John Carpenter, 1982) o Society (Brian Yuzna, 1989). A todas apela James Gunn al diseñar una viscosa y reptante serie B sólo necesitada de más humor paródico.



Feliz Día de Tu Muerte (Christopher Landon, 2017) - Juguetona aproximación al slasher a modo de remake de Atrapado en el Tiempo (Harold Ramis, 1993). De violencia inofensiva, mezcla acertadamente intriga con comedia y tiene en la encantadora Jessica Rothe a su mejor valedora.



Feliz Día de Tu Muerte 2 (Christopher Landon, 2019) - Vuelta de tuerca al planteamiento de la primera entrega para convertir esta secuela en un homenaje a Regreso al Futuro (Robert Zemeckis, 1985) en el que preponderan el sentido del humor y el carisma de Jessica Rothe.



El Perro de los Baskerville (Douglas Hickox, 1983) - Ejemplar adaptación televisiva de la novela de Arthur Conan Doyle que sabe capturar su atmósfera misteriosa y amenazante aunando clasicismo con rupturismo. Memorables Holmes y Watson a manos de Ian Richardson y Donald Churchill



Poseído al Nacer (Peter Sasdy, 1975) - Sucedáneo de La Semilla del Diablo (Roman Polanski, 1968) y El Exorcista (William Friedkin, 1973) con reparto impostado, un bebé homicida que transmite vergüenza ajena y apariciones de un enano como salidas de una comedia de Alvaro Vitali.



Richard Jewell (Clint Eastwood, 2019) - Con Richard Jewell Clint Eastwood reincide en su obsesión por deconstruir la figura del héroe. En el proceso pone contra las cuerdas a fuerzas de la ley y medios de comunicación mientras se rodea de un cast espectacular. Su único fallo, el estereotipado personaje de Olivia Wilde.



Capitulo 0: Temporada 2 (Joaquín Reyes, Ernesto Sevilla, 2019) - Con la segunda temporada de Capitulo 0 Ernesto Sevilla y Joaquín Reyes no sólo asientan definitivamente las bases nostálgicas y posthumorísticas de la primera, también nos ofrecen tres episodios, 1, 4 y 8, que están entre la ficción patria más destacable del pasado 2019.



Drácula (Steven Moffat, Mark Gattis, 2020) - Premeditadamente desacralizadora con la letra de Bram Stoker, desprejuiciada tomando arriesgadas decisiones bordeantes en el sonrojo, el Drácula de Moffat y Gatiss es simplemente un entretenido exploit venido a más. Enorme Claes Bang dando vida a una particular versión del conde




Destroyer (Karyn Kusama, 2018) - Construída sobre una falsaria visceralidad de diseño, esta revisión femenina de Teniente Corrupto (Abel Ferrara, 1992) carece del desgarrador nihilismo de aquella. A pesar del esfuerzo, Nicole Kidman no resulta creíble entre policías y ladrones.




Cats (Tom Hooper, 2019) - Cats es un desastre de proporciones catedralicias debido a una interminable sucesión de ideas demenciales y estrambóticas. Esta adaptación del musical de Andrew Lloyd Webber es tan hortera, feista, antinatural y suicida que está destinada a convertirse en un clásico trash.


domingo, 13 de noviembre de 2016

Sully


Título Original Sully (2016)
Director Clint Eastwood
Guión Todd Komarnicki, basado en el libro de Chelsey Sullenberg y Jeffrey Zaslow
Reparto Tom Hanks, Aaron Eckhart, Laura Linney, Anna Gunn, Jamey Sheridan, Autumn Reeser, Sam Huntington, Jerry Ferrara, Jeff Kober, Chris Bauer, Holt McCallany, Carla Shinall, Lynn Marocola, Max Adler, Valerie Mahaffey, Ashley Austin Morris





Pese a sus 86 años de edad el veterano actor y cineasta norteamericano Clint Eastwood no para de trabajar, sobre todo si nos referimos a su prolija faceta detrás de las cámaras. La última vez que supimos algo de él fue en 2014, año en el que estrenó dos biopics diametralmente opuestos, el del navy seal Chris Kyle en la competente, pero demasiado entregada a la idealización de su protagonista, El Francotirador (American Sniper) y la del grupo musical The Four Seasons en la coral Jersey Boys, pareja de films que siguen la tónica que ha tomado la última parte de la filmografía como creador del protagonista de la Trilogía del Dolar o la saga de Harry el Sucio, o lo que es lo mismo, la gestación de largometrajes correctos, cargados de buen cine, pero que normalmente quedan lejos de los mejores trabajos de su autor. Sully no es una excepción a esa regla y a pesar de estar ejecutada con una profesionalidad (casi) intachable en todos y cada uno de sus apartados también tiene poco que hacer frente a piezas aposentadas en la excelencia como Sin Perdón, Un Mundo Perfecto o Mystic River. Pero como mencionamos la última producción como jefe de ceremonias de Clint Eastwood se revela como una de las apuestas más sólidas e interesantes de la cartelera actual gracias a unas buenas dosis de drama, acción y heroismo puramente estadounidenses aposentadas en su saber hacer como autor, un guión considerablemente competente (aunque con alguna mancha que más tarde apuntaremos) y un reparto muy cohesionado comandado por una pareja de actores principales en estado de gracia.




Sully está basada en la novela Higher Duty, escrita a cuatro manos por los pilotos Chelsey Sullenberg y Jeffrey Zaslow, autores de una de la heroicidades más increíbles de la historia de la aviación mundial. El 15 de Enero de 2009 consiguieron la proeza de amerizar con éxito un Airbus 320, el del vuelo 1549 de US Airways, en el río Hudson de Nueva York sin que el pasaje sufriera daño alguno. El largometraje dirigido por Clint Eastwood y escrito por Todd Komarnicki (Seduciendo a Un Extraño, Resistencia) se centra principalmente en la figura de Sullenberger y por medio de él y de la posterior investigación sobre si su acto de heroicidad fue una temeridad o no y de cómo asimila su nuevo estatus profesional y social el director de Medianoche en el Jardín del Bien y del Mal vuelve a una de sus constantes autorales más representativas, la del héroe que no se considera como tal porque “sólo cumple con su deber” y que nos retrotrae a algunos de sus trabajos como la ya mencionada cinta protagonizada en 2014 por Bradley Cooper o a aquel soberbio díptico bélico formado por Banderas de Nuestros Padres y Cartas Desde Iwo Jima. En este terreno Eastwood vuelva a hacer gala de su visión clasicista del cine de Hollywood con una historia 100% americana en la que se muestran las luces y sombras de su sociedad aunque desde una corrección política más acentuada de lo habitual en su impronta y recordándonos en no pocas ocasiones a la obra de Frank Capra.




Pese a que Clint Eastwood trata de llevar a su terreno su último largometraje este no deja de ser un proyecto bien ejecutado aunque con toda la apariencia de ser un trabajo de encargo en el que no ha depositado otra cosa que no sean sus tablas como cineasta curtido en mil batallas. El director de Bird toma el control de los mandos de su máquina y consigue que esta funcione con el ingenio y el ferreo pulso esperados, con una puesta en escena medida y perfectamente estructurada con la que asentar su relato sobre un guión que en todo momento trata de mantener el interés del espectador aunque en ocasiones recurriendo a algunos trucos algo cuestionables. La primera mitad de la película es ejemplar, con el uso de la narración in media res, todo el desarrollo de acontecimientos que tiene lugar después del accidente aéreo se ve enriquecido con una serie de flashbacks bien equilibrados y localizados en el momento justo del metraje para dar distintos puntos de vista de lo que sucedió aquel ya célebre 15 de Enero de 2009. El problema reside en que después de que asistamos a cómo los pilotos llevan a cabo su acto de heroicidad por medio de uno de estos recuerdos por parte del protagonista el film recurre a ciertas licencias dramáticas bastante torpes para que el relato siga transmitiendo la sensación de intriga que la primera hora del film inyectaba con naturalidad a la narración y aunque estos posiblemente se ciñan a la realidad son reprobables. Poner en peligro de manera arbitraria a miembros del pasaje del avión una vez este se encuentra sobre el río Hudson y dar un tono de impostada conspiranoia al grueso de la investigación con respecto a si la decisión de los pilotos fue temeraria o no dan la impresión de que Eastwood y su guionista quieren alargar más de lo debido su historia por medio de añadidos innecesarios a la trama central, algo que sucedía también en Argo, el magnífico y premiado film de Ben Affleck, que parecía acumular una serie de improbables desinfortunios para poner en peligro a sus personajes hasta el último momento y que denotaban cierto artificio en pos del espectáculo cinematográfico.




Como en toda película con Clint Eastwood detrás de las cámaras uno de los puntos más fuertes de Sully es su dirección de actores. Aunque el reparto de secundarios del largometraje es de nota con la presencia de intérpretes magníficos como Laura Linney (El Show de Truman) Anna Gunn (Breaking Bad) o infravalorados como Jamey Sheridan (el Randal Flagg de la versión televisiva de Apocalipsis de la novela de Stephen King) o Chris Bauer (inolvidable como el sindicalista Fran Sobotka en la segunda temporada de The Wire) son unos intachables Tom Hanks y Aaron Eckhart los que se muestran como el alma de la película. El protagonista de Philadelphia o Capitán Philips apela a una sabia contención y a una dignidad en pantalla con un rol que fácilmente podían haber interpretado en su época genios como Henry Fonda o James Stewart. Chelsey Sullenberg es el americano ejemplar, recto, íntegro, de una honorabilidad fuera de toda duda y en estas lides Hanks es un perro viejo que sabe como vestir el traje de hombre intachable. Dándole la réplica encontramos a un Aaron Eckhart en modo robaescenas que con su carisma, soltura y verborrea no sólo consigue estar a la altura de su partenaire, también en ocasiones consigue quitarle protagonismo gracias a ese talento que no nos pilla de sorpresa a los que hemos disfrutado su labor en films como Gracias Por Fumar, El Caballero Oscuro o Erin Borckovich. La química entre los dos actores, la complicidad de los dos personajes y los momentos que comparten en pantalla bajo las órdenes de un Clint Eastwood que sabe sacar lo mejor de ellos son lo mejor que puede ofrecer Sully como producto cinematográfico, sólo la escena en la que “tienen que salir a tomar el aire” en el clímax final sirve de esclarecedora síntesis del enorme trabajo que ambos intérpretes llevan a cabo de manera conjunta.




Desde Gran Torino, su última gran cinta, Clint Eastwood siempre cumple de cara al público y la prensa especializada, pero no consigue rematar esa gran nueva obra que se le lleva años resistiendo y en ese sentido Sully es otra pieza menor dentro de su filmografía, pero está lejos de ser una cinta desdeñable o carente de interés. Aunque como ya hemos citado parece haber sido rodada con cierto impersonal academicismo y su guión en puntuales ocasiones no está todo lo cohesionado que debiera (el papel de Laura Linney es el prototípico de esposa sufridora y la subtrama del controlador aéreo es innecesaria y lacrimógena) funciona durante la mayor parte del metraje. Por suerte un director con más de cuarenta años de experiencia que controla con presteza todos los apartados del film y un dúo de protagonistas que le dan la película hecha con su enorme labor actoral consiguen que el último proyecto del cineasta norteamericano contenga en su impronta los suficientes aciertos para ser considerado uno de los atractivos más interesantes de la cartelera actual. Al igual que otros veteranos como Woody Allen, Martin Scorsese, Oliver Stone o Steven Spielberg, su etapa dorada pasó, pero por suerte todavía es capaz de ofrecernos propuestas atractivas y eficientes que elevan considerablemente la calidad media de la temporada de turno por medio de producciones que no son otra cosa que el resultado de décadas de carrera engrandeciendo el celuloide comercial estadounidense alternando cine de autor con competentes productos propios de artesanos que conocen plenamente su oficio como el que nos ocupa



martes, 24 de febrero de 2015

El Francotirador, en el punto de mira



Título Original American Sniper (2014)
Director Clint Eastwood
Guión Jason Hall basado en la autobiografía de Chris Kyle
Actores Bradley Cooper, Sienna Miller, Luke Grimes, Jake McDorman, Kyle Gallner, Keir O'Donnell, Eric Close, Sam Jaeger, Owain Yeoman, Brian Hallisay, Marnette Patterson, Cory Hardrict, Joel Lambert, Eric Ladin, Madeleine McGraw





Chris Kyle, apodado el “Demonio de Ramadi” por los iraquíes y “La Leyenda” por sus compañeros soldados, fue el francotirador más letal de la historia de Estados Unidos acreditándole el Pentagono 160 muertes oficiales durante la invasión de Irak y la posterior guerra que tuvo lugar en el país del suroeste asiático. En el año 2012 y con la ayuda de los periodistas Scott McEwen y Jim DeFelicey, Kyle escribió y editó American Sniper, su autobiografía que se convirtió en un enorme best seller. El libro narraba toda si vida desde su infancia en Texas, su época de cowboy de rodeo, cómo decidió alistarse en los Navy SEALS y su paso por aquel conflicto bélico que comenzó oficialmente en 2003. Steven Spielberg mostró su intención por llevar la historia de Chris Kyle a la pantalla cuando David O Rusell (primer interesado en llevar a imágenes el libro) abandonó el proyecto, pero el repentino asesinato del militar en 2013 hizo perder interés por el proyecto al creador de Salvar al Soldado Ryan o Minority Report. Sería el veterano actor, productor y director Clint Eastwood el encargado de sacar adelante el proyecto con la ayuda del guionista Jason Hall y el intérprete Bradley Cooper, estos últimos implicados también en la producción del largometraje. El resultado ha sido un éxito sonadísimo en Estados Unidos que se ha convertido en el film más taquillero de la carrera del autor de Sin Perdón o Un Mundo Perfecto. Pero también la polémica ha acompañado a dicho triunfo debido a la controversia que la película ha despertado debido al retrato que se hace del personaje de Kyle en la obra, su carga patriótica que ha agradado a la rama más conservadora del país y disgustado a la progresista (entre ellos Michael Moore y Seth Rogen, que finalmente matizaron sus palabras en cierta manera) y el hecho de haber levantado pasiones en el sur del país donde los texanos han encontrado una producción por la que sienten pasión queriendo incluso emular los actos del protagonista, algo que, en propias palabras de los autores de American Sniper, a ellos se les escapa de las manos y no pueden controlar. Porque sí, el último trabajo de Clint Eastwood es una magnífica película bélica con protagonista tan interesante como cuestionable y un vehículo para enarbolar bien alto la bandera de las barras estrellas, pero estas afirmaciones hay que abordarlas con ciertas reservas tanto por un lado como por el otro.




Tras la tibieza con la que fue recibida Jersey Boys, su penúltimo trabajo basado en el musical homónimo que narraba la carrera del mítico grupo coral The Four Seasons, Clint Eastwood vuelve a algunos de los temas propios de su impronta autoral, aquellos que le han ayudado a sustentar una de las más prolíficas y prestigiosas carreras detrás de las cámaras del Hollywood actual con productos como Mystic River, Million Dollar Baby, Bird o Medianoche en el Jardín del Bien Mal. Con American Sniper el protagonista de Por Un Puñado de Dólares encarrila en cierta manera una carrera que llevaba dando bandazos unos años entre films que poco tienen que ver con su personalidad (Más Allá de la Vida) vehículos para el lucimiento de estrellas comerciales (El Intercambio) o valientes e infravalorados retratos de personajes tan reprobables como humanos (J.Edgar). El biopic en imágenes de Chris Kyle traslada el estilo clasicista y de solidez intachable de Eastwood a un contexto bélico y militar para ofrecer uno de sus mejores trabajos recientes, no al nivel de sus mejores obras, pero si lo suficientemente por encima de algunas de las más tibias a las que ha dado forma en los últimos años y que no estaban a su altura como cronista de lo oscuro y desarraigado que habita en el interior de Estados Unidos.




Sería de necios negar que el director de El Jinete Pálido hace un retrato elogioso de un personaje tan controvertido como el que nos ocupa y que su guionista y él mismo eluden pasajes escabrosos del libro que inspira al film para dar la mejor imagen posible de su protagonista. Por ello Clint Eastwood elude cualquier lectura política en su obra abordándola desde la mayor distancia posible, no condenando los actos de su criatura porque desde su punto de vista los ve necesarios, pero tampoco recreándose en ellos o glorificando una violencia que es expuesta con toda su desagradable crudeza en pantalla apelando a la sana intención de no estilizar o banalizar la misma. Al menos en pantalla Chris Kyle no disfruta con su trabajo, no se jacta en ningún momento de su especial don para quitar vidas por medio de un fúsil de mira telescópica, por ello mientras que sus compañeros le apodan “La Leyenda” y sus enemigos “El Demonio de Ramadi” él no parece disfrutar en ningún momento con dichos apelativos. En circunstancias como esta con El Francotirador entramos en los ya conocidos terrenos de Banderas de Nuestros Padres o Space Cowboys, el de la desmitifiación y la relectura histórica en la que supuestos héroes no se consideran como tales por mucho que sus allegados o la sociedad se empeñe en catalogarlos de esta manera, porque los actos que les han llevado a convertirse en ídolos nacionales no han sido agradables y los han hecho, desde su punto de vista, por un bien mayor.




De dar vida a este personaje que tenia una visión de su realidad en blanco y negro (como su padre le enseñó en el esclarecedor prólogo del largometraje) se ocupa el mejor Bradley Cooper de la historia. El protagonista de El Lado Bueno de las Cosas (Silver Linings Playbooks) o Cruce de Caminos (The Place Beyond the Pines) llevaba años ofreciendo papeles que hacían vislumbrar a un actor entregado y que se toma su trabajo muy en serio. Pero ha tenido que llegar un verdadero director de actores (de hecho es uno de ellos) para sacar todo lo que tenía dentro la estrella de la trilogía Resacón. Por suerte Cooper no tiene la mente puesta en los premios de interpretación (¿alguien ha dicho Leonardo DiCaprio?) y decide retratar a su personaje desde una contención demoledora merecedora de todos los elogios. El Chris Kyle (la caraterización y el gimnasio consiguen que el parecido con la persona real se más que notable) del Richie DiMaso de American Hustle es un tipo sencillo (podríamos decir que incluso simplista), cercano, puramente norteamericano y texano, con todo lo bueno y malo ello pueda conllevar, un hombre de guerra que sólo creía en “Dios, la patria y la familia” y que afirmaba realizar su trabajo con el único fin de salvar la vida de sus compañeros (“Luchar por el que tienes al lado” como declaraba uno de los soldados de la ya mencionada Banderas de Nuestros Padres) y que al volver de cada una de las misiones que le son encomendadas se ve más desvinculado de su esposa y e hijos.




Aunque esta deshumanización del guerrero nos pueda recordar a la soberbia (y muy superior) Munich de Steven Spielberg o la mítica El Cazador de Michael Cimino lo cierto es que los pasajes familiares del largometraje son los menos logrados del conjunto cinematográfico. Por muy esforzada que esté una magnífica Sienna Miller que sabe darle con aplomo la réplica a un Bradley Cooper ( esas dos últimas llamadas telefónica, la primera en plena batalla y la otra desde el bar están cargadas de verdad) en modo jefe de ceremonias, todo lo relacionado con los problemas maritales de la pareja protagonista son los más rudimentarios y adheridos a los clichés, aunque también es cierto que en esos momentos se ponen sobre la mesa las pocas situaciones en las que la obra cuestiona la finalidad de una guerra sin sentido. En esta parte del film Eastwood, Hall y Cooper quieren mostrar el lado amable de Chris Kyle, llegando en ocasiones a cierto sentimentalismo familiar que, curiosamente, nos remite al discurso de Steven Spielberg ( cineasta que como hemos mencionado unos párrafos más arriba estuvo vinculado al proyecto) pero gracias al buen hacer de los actores y el ritmo adecuado del guión no es un lastre demasiado pesado para que el conjunto del largometraje presuma de una cohesión que en casi todo momento se muestra sólida y bien anclada tonal y narrativamente.




Pero donde se crece un producto como American Sniper es en las secuencias de acción en las que se trasladan a la pantalla los cuatro viajes en los que Chris Kyle prestó sus servicios en Irak. Llama la atención que un director con 84 años de edad tenga todavía unas dotes tan destacadas para rodar secuencias bélicas de una ejecución indiscutible. Sin florituras visuales, sin movimientos de cámara imposibles. sólo entregándose a lo estilizado con esa última bala que da en su escurridizo y letal adversario, y siempre sutentándose en esa visión clásica del cine que posee, independientemente del género que aborde, Eastwood maneja con seguridad una enorme máquina como esta sin temblarle el pulso y ofreciendo a la platea secuencias de una tensión epidérmica (las dos con niños como objetivos), un continuo in crescendo narrativo (esa cena llena de tensión) o momentos de calma desgarrados por arrebatos de violencia directa (difícil no pensar en Akira Kurosawa o Takeshi Kitano) que hacen palidecer las supuestas dotes cinematográficas a de la mayoría de realizadores jóvenes que presumen de hacer thrillers de calidad en el Hollywood actual. La obra que nos ocupa muestra a Eastwood como un director en una excelente forma al que posiblemente le queden un puñado de buenas películas de acción con las que recordarnos que si está donde está en el panorama cinematográfico internacional es por méritos propios.




Podríamos pedirle a El Francotirador que como obra se implicara más en el plano moral con respecto a los hechos, pruebas y excusas que se utilizaron para dar inicio a una invasión y guerra como la de Irak (conflicto bélico que por cierto en su momento contó con la oposición del mismo Clint Eastwood) o que sus autores dieran un retrato más cercano a la realidad y menos hagiográfico de un hombre que tenía muchos más claroscuros que los que vemos en pantalla y que por último se ahorraran el desfile de banderas final que entronca con la visión mucho más contenida (que algunos equívocamente han confundido con simplismo) que había ofrecido hasta ese momento el largometraje. Pero sus intenciones son otras, las de mostrar los estragos de la guerra (eso sí, desde el punto de vista yanqui, como siempre, pero claro, esta película se llama American Sniper, esperar otra cosa sería una futilidad), la vida de un hombre hijo de su país y su tiempo y sobre todo cómo la vida puede deparar un revés tan inesperado como irónico a un hombre que con su arma fue capaz de eliminar a más de una centena de objetivos para defender a sus hermanos de armas y finalmente caer abatido por uno de los suyos (el marine Eddie Routh al que le diagnosticaron esquizofrenia al volver de Irak) un día en el que había decidido pasar el día en un campo de tiro de su Texas natal la que le vio nacer, crecer, “convertirse” y morir.


martes, 20 de agosto de 2013

Medianoche en el Jardín del Bien y del Mal, in a town like Savannah nobody is innocent



Título Original Midnight in the Garden of Good an Evil (1997)
Director Clint Eastwood
Guión John Lee Hancock basado en la novela de John Berendt
Actores John Cusack, Kevin Spacey, Jude Law, Irma P. Hall, Lady Chablis, Alison Eastwood, Paul Hipp, Jack Thompson, Kim Hunter, Geoffrey Lewis







Traslación cinematográfica que el veterano director Clint Eastwood realizó en 1997 de la célebre novela de John Berendt, Medianoche en el Jardín del Bien y del Mal editada tres años antes. Como largometraje hablamos de una rara avis dentro de la filmografía como director del protagonista de Por Un Puñado de Dólares, pero a diferencia de en otros experimentos como Más Allá de la Vida (Hereafter), en el que su sello autoral quedaba prácticamente diluido para dejar paso a un competente artesano que no parecía adaptarse al género con toques sobrenaturales que abordaba, aquí el resultado se salda con éxito y los suficientes aciertos como para ser reivindicada como una obra a redescubrir y que no obtuvo el reconocimiento que mereció en su momento.




Anualmente en la ciudad de Savannah, en el estado de Georgia, un famoso y acaudalado ciudadano llamado Jim Williams (Kevin Spacey) organiza una fiesta de Navidad a la que acude toda la gente con clase de la localidad. Para este año, 1981, Williams ha contratado los servicios del periodista John Kelso (John Cusack) para que escriba una crónica de lo que allí suceda durante la noche. Pero poco después de que el anfitrión despida a sus invitados un tiroteo mortal que lo involucra directamente trastocará la apacible vida de Savannah y la del propio Kelso que se verá implicado personalmente en tan trágicos hechos.




Como ya he comentado al inicio de la entrada Medianoche en el Jardín del Bien y del Mal está basada en la novela homónima de John Berendt, inspirada esta casi en su totalidad en hechos reales en los que el mismo escritor se vio implicado, ya que el Jonh Kelso que protagoniza el largometraje es un alter ego de su persona. Clint Eastwood puso un considerable interés para sacar adelante esta traslación a imágenes, llegando a irse un tiempo a vivir a Savannah para mezclarse con la fauna local (nunca mejor dicho) y así poder hablar directamente con personas implicadas directamente con aquellos trágicos hechos de 1981 y que incluso aparecerían más tarde en el largometraje.




Esta produccion de 1997 utiliza la excusa argumental del asesinato del joven chapero Billy Hanson para sumergirnos en esa localidad llena de extravagantes ciudadanos que van desde un señor que pasea a un perro invisible hasta a un vecino que lleva atadas a su cuerpo moscas como si fueran sus mascotas personales. Eastwood retrata una Savannah excéntrica, excesiva, llena de personajes pintorescos, jóvenes que venden su cuerpo, transexuales con aspiraciones de diva, abogados ambiciosos pero incultos (que el de Williams desacredite la cita de Thomas Hobbes de la acusación diciendo que no sabe quién es ese señor pero se atreva él a parafrasear al catódico  Perry Mason es una sutil crítica no sólo al sistema judicial también a la incultura imperante en una localidad como la que retrata el director) y brujas carismáticas, ya que Savannah también es una ciudad que rinde tributo a los espíritus y las supersticiones.




Pero en ningún momento Eastwood se ríe de sus criaturas, hace mofa de ellos o las señala acusatoriamente. Al igual que el John Kelso que ptoragoniza el film el director de Mystic River acaba enamorándose de los habitantes de Savannah, de su peculiar manera de ver la vida y de sus atípicas costumbres. Aunque esto no es óbice para que se prive de retratar la intolerancia racial de la zona (que los negros tengan que hacer su fiesta privada) los prejuicios de muchos de sus ciudadanos (la homosexualidad de Williams es vital para el discurrir del juicio en el que se ve implicado) o el ya mencionado sistema jurídico al que Eastwood deja en peor lugar que en su posterior Ejecución Inminente (True Crime), que pecaba por su conservadurismo y tibieza en la recta final. Pero esta notable fascinación queda perfectamente reflejada en la simpatía y el tono socarrón con el que el cineasta retrata al personaje de Lady Chablis. Rol que es el colmo de la metarferencialidad, porque dicha artista de variedades (nacida como Benjamin Edward Knox) interpreta al personaje del libro de Berendt que a su vez estaba basado en ella misma.




Chablis Deveau es la misma Savannah, su representación más cristalina como entidad corpórea. Un transexual de mediana edad, hortera, de lengua afilada, modales entre elegantes y groseros y un carisma desbordante que se revela como el mayor descubrimiento del largometraje. Una diva hecha a sí misma, una superviviente que roba la velada al resto de actores y que en ningún momento parece estar interpretando un personaje, de hecho no está haciéndolo, al menos en el sentido más ortodoxo de la palabra. La presencia de Chablis en el film es otra muestra de la implicación personal de Eastwood con respecto a llevar a buen puerto la empresa de que el trabajo fuera considerablemente fiel a la novela en la que se inspiraba.




En Medianoche en el Jardín del Bien y del Mal hay lugar para el folletín telenovelesco, para la intriga policial a lo Agatha Christie, hasta para el ligero matiz sobrenatural y de vudú con todo lo que implica al enorme personaje de Minerva al que ofrece su peculiar físico una inolvidable Irma P. Hall. Con respecto a esta hay que destacar que los mejores momentos del film son la reunión de esta con Williams y Kelso en el cementerio y la segunda visita al mismo lugar por parte del periodista un poco más tarde, hipnótica la atmósfera en esos pasajes por parte de Eastwood. También hay ecos de la Twin Peaks de David Lynch y Mark Frost entre esos personajes extravagantes que parecen esconder más de un secreto.




El casting es otro de los puntos fuertes del largometraje. Perfecto John Cusack como John Kelso, fácil lo tiene el espectador para identifcarse con su personaje. Magnífico Kevin Spacey dando vida a Jim Williams, mostrando con sutilidad tanto sus inclinaciones sexuales (Eastwood se ve comedido con el tema de la homosexualidad aquí, abordándola con pies de plomo, intentando no ofender pero sin implicarse demasiado, al contrario que en J. Edgar, su reivindicable biopic del fundador del FBI donde fue más valiente con el tema, ) o su status de elegante nuevo rico. Alison Eastwood no lo hace mal y se ve que trabajó bastante el acento sureño, al igual que un Jude Law muy convincente en su rol de amante de carácter violento. Dentro del humor destacables también Geoffrey Lewis como Luther Driggers y Jack Thompson como el campechano abogado Sonny Seiler.




Pieza a reivindicar dentro de la carrera de Clint Eastwood por ser una experimento en gran medida alejado de su estilo pero que se saldó con una notable victoria por su parte. Por desgracia en su momento no tuvo mucha repercusión ni en taquilla ni por parte de la prensa especializada, aunque hasta cierto punto es comprensible, ya que en los 90 el ex alcalde de Carmel venía de dar forma a algunas de sus mejores obras como Sin Perdón, Un Mundo Perfecto, Los Puentes de Madison o contundentes thrillers como Poder Absoluto y esta interesante y lograda crónica negra del sur de Estados Unidos pasó casi desapercibida. Pero estoy seguro de que el tiempo la revalorizará y la mostrará como lo que es, una interesante rareza digna de ser recuperada dentro de la filmografía de su autor.