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martes, 30 de noviembre de 2021

Transgresión Continua Express - Octubre 2021 I


Benedetta (Paul Verhoeven, 2021) - Carne y sangre al servicio de un nunsploitation elegante y reflexivo que en última instancia no deja de ser una historia de amor. A sus 83 años Paul Verhoeven se consolida como uno de los cineastas más libres e insobornables de la actualidad.

Cry Macho (Clint Eastwood, 2021) - Un Clint Eastwood de perfil más amable y menos derrotistaen el que conviven armónicamente el western fronterizo y el melodrama continúa con Cry Macho la deconstrucción de sus personajes arquetípicos iniciado en Gran Torino y Mula.


Sin Tiempo Para Morir (Cary Joji Fukunaga, 2021) - Modélica y espectacular despedida del James Bond de Daniel Craig en la que convergen la tradición indisociable al personaje y una evolución de su idiosincrasia y contexto que sienta como un guante a la franquicia.


Venom: Habrá Matanza (Andy Serkis, 2021) - La secuela de Venom es el equivalente cinematográfico a un cómic dibujado por Todd McFarlane en los 90. Un autoconsciente disparate audiovisual con Tom Hardy y Woody Harrelson totalmente desbocados.


A Ghost Story (David Lowery, 2021) - Gramática audiovisual minuciosa y preciosista al servicio de una melancólica reflexión sobre la pérdida, el paso del tiempo y el olvido. De desarmante sencillez conceptual, deviene en un relato de profunda carga existencial y humanista.


Mediterraneo (Marcel Barrena, 2021) - Descarnada, necesaria e inmersiva recreación de la campaña de ayuda a refugiados en Lesbos durante 2015 que supuso el nacimiento de la ONG Proactiva Open Arms. Excelente labor actoral de un equipo comandado por un colosal Eduard Fernández.


El Buen Patron (Fernando León de Aranoa, 2021) - El tándem formado por Luis García Berlanga y Rafael Azcona o los hermanos Coen sobrevuelan esta tragicomedia repleta de diálogos memorables, humor negro e intérpretes intachables mientras un Javier Bardem totémico arrasa con todo.


Las Leyes de la Frontera (Daniel Monzón, 2021) - A partir de la novela de Javier Cercas un cálido homenaje al cine quinqui cargado de acción, romance crepuscular, buena música y un casting impecable. Con algo más de mugre y furia hubiera sido el tributo definitivo al subgénero.


Madres Paralelas (Pedro Almodóvar, 2021) - Dirección perezosa, guion incongruente, tratamiento superficial de un tema tan importante como la Ley de Memoria Histórica y el reparto luchando contra diálogos impostados hacen de Madres Paralelas una propuesta fallida y decepcionante.


lunes, 19 de septiembre de 2011

La Piel Que Habito




Título Original La Piel Que Habito (2011)
Director Pedro Almodóvar
Guión Pedro Almodóvar basado en la novela de Thierry Jonquet
Actores Antonio Banderas, Elena Anaya, Marisa Paredes, Blanca Suarez, Eduard Fernández, Jan Cornet, Barbara Lennie, Roberto Álamo, José Luis Gómez, Fernando Cayo, Susi Sánchez




Tras lo decepcionado que salí hace un tiempo del visionado de Los Abrazos Rotos, el pasado Sábado fui al cine a ver la última obra cinematográfica de Pedro Almodóvar, con una considerable desgana y arropado por todos los prejuicios habidos y por haber que me hacían temer el volver a enfrentarme de nuevo a un producto salido de la mano de un señor encantado de conocerse, tan consciente de su talento y renombre actual que podía permitirse hacer un pretencioso melodrama impostado y teatral pero presentado con un elegante envoltorio. Por suerte la sorpresa con La Piel que Habito ha sido totalmente positiva y me alegro por ello.




La decimoctava película del manchego Pedro Almodóvar está basada en la novela Mygale del escritor francés Thierry Jonquet, editada en el año 1995. De manera curiosa llama poderosamente la atención que un producto ajeno al director de Hable Con Ella contenga en su interior muchísimas de las constantes de su universo autoral. En ese sentido me ha recordado al caso del soberbio remake de La Mosca, un trabajo de encargo para el canadiense David Cronenberg que encontró en un guión de Hollywood que no era de su propiedad muchas de sus inquietudes como cineasta. Y ojo, esta no va a ser la última vez que mencione al director de Scanners en esta entrada.




Robert Ledgard (Antonio Banderas) es un eminente cirujano plástico que desde hace tiempo sólo ejerce la profesión en su propia casa, una mansión a las afueras de una ciudad de provincias. Allí tiene confinada a una bella paciente llamada Vera (Elena Anaya) de la que no sabemos nada y que está custodiada por Marilia (Marisa Paredes) la ama de llaves de la casa. Por medio del desarrollo de la trama en el presente y la inclusión de diferentes flasbacks descubriremos quién es Vera, el motivo por el que está encerrada en el hogar del Doctor Ledgard y qué sentido tienen los experimentos que está realizando con ella relacionados con la piel de la joven.




La Piel que Habito es como una versión mórbida y castiza de El Coleccionista de William Wyler o una adaptada al siglo XXI de la novela Frankenstein de Mary Shelley, pero coqueteando también con el Hitchcock de Vértigo (esos picados y planos cenitales o la tensión creciente) el David Cronenberg de Inseparables (el cambio evolutivo de la piel como una aproximación a la teoría de la Nueva Carne, los intrumentos quirúrgicos y la frialdad del doctor Ledgard) e incluso con retazos del subgénero giallo con todo el tono de thriller y el uso de armas tanto blancas como de fuego durante la trama y en ocasiones con un matiz que bordea el fetichismo.




Almodóvar sigue depurando su estilo como narrador y (sobre todo estelisticamente) consigue una puesta en escena y una planificación de tomas exquisita, pero esta vez no se dedica a realizar un producto onanitsa y autcomplaciente como en su anterior cinta. En esta ocasión está pendiente de dar fuerza a su historia, de construirla con una mezcla de géneros tan ecléctica como acertada, creando una amalgama de pasajes que van desde unos que bordean un potente acabado dramático hasta otros que vuelven a su lado más juguetón, descerebrado y hortera (el del "Tigre", que a pesar de ser almodovariano 100% y tener su lugar en la historia sobra casi por completo)




Lo mejor es que para tejer una historia compleja Almodóvar utiliza como apoyo unas bases cinematográficas clásicas y sencillas ancladas en el mundo del séptimo arte desde tiempos inmemoriales. El famoso mad doctor, la amvibalencia latente en la confusión de la identidad sexual, la dualidad en la personalidad, la locura, la culpa, la venganza o la redención. Con ello da forma a un thriller entre retorcido sexualmente y voyerista con interesantes giros de guión, hasta cierto punto extraños, pero nunca falsarios o tramposos. Todo tiene sentido y más si lo incluímos en el grueso de su filmografía.




Director de actores, esa es la palabra que mejor define a Almodóvar y con el tiempo el manchego ha demostrado que no sólo sabe llevar por buen camino a sus castings femeninos, también consigue sacar lo mejor de los hombres que colaboran con él. Si no que se lo digan a intérpretes como Javier Bardem y José Sancho en Carne Trémula, Eusebio Poncela e Imanol Arias en Laberinto de Pasiones, Javier Cámara en Hable con Ella e incluso al mismo Antonio Banderas en ¡Átame! o Mujeres al Borde de un Ataque de Nervios, papeles en los que el malagueño mezcló con pericia inocencia y sexualidad.




El protagonista de La Máscara del Zorro no rodaba en español desde el año 1993 (con ¡Dispara! de Carlos Saura si mal no recuerdo) y de su trabajo sólo puedo poner la pega de que al pronunciar se le nota el deje de llevar muchos años hablando inglés en sus papeles realizados en Hollywood. Su trabajo es contenido, metódico, sabe mantener la compostura con un rol que por su naturaleza podía haber caído en el mayor de los excesos por estar introducido en la locura, pero el protagonista de Desperado lo soluciona con soltura y cumple con nota.




Elena Anaya está, a parte de bellísima, entregada a un papel complicado, muy físico, que demanda mimestimo y que exige que la intérprete confíe plenamente en su director para llegar a buen puerto con su trabajo. Marisa Paredes aporta una profesionalidad respaldada por los años y tomando bastantes detalles de la Mrs Danvers de la Rebecca de Hitchcock a la que diera vida Judith Anderson en aquella obra maestra de 1940. Lo hace tan bien que le perdonamos el horripilante postizo capilar que llevaba en la testa y que me quemaba las retinas durante toda la proyección.




No tan bien parados salen Jan Cornet y Blanca Suarez, dos actores jóvenes con interesantes aptitudes para la intepretación que están desperdiciados con roles no muy consistentes, sobre todo ella (él al menos carga con pasajes dramáticos bastante interesantes) que está bastante desaprovechada. Por último mencionar para mal que a un actorazo como a Eduard Fernández no se le puede dar tan poca cancha, es uno de los grandes y verlo actuar es todo un placer, que en esta ocasión es más bien breve, una pena y un error por parte del director.




En cierta manera he recuperado la esperanza en Almodóvar, aunque como ya dije en su momento no soy un incondicional de su obra por mucho que la respete. En La Piel que Habito vuelve ese mundo de hombres depredadores e indecisos con su sexualidad, mujeres víctimas de desgracias inhumanas, pasiones desenfrenadas, ya que es la película con más sexo de Almodóvar en mucho tiempo, y todo envuelto en una partitura de Alberto Iglesias que en los pasajes más dramáticos es impresionante, aunque pierde fuerza cuando se pone en plan techno house.




Entre lo solemne y lo cómico, lo clásico y lo mestizo, el cine de primera categoría y el de Serie B, el manchego ha ofrecido un proyecto bizarro, arriesgado, original y atípico (y hablamos de un autor que de común tiene más bien poco) muy suyo, ya que el film es uno de sus inconfundibles hijos y se antoja inevitable no pensar en Kika o Carne Trémula durante el metraje. Esta cinta con un poco de suerte puede abrir nuevos caminos dentro de su carrera como cineasta y hacerlo transitar por zonas inexploradas, pero eso sólo nos lo dirá el tiempo. Por ahora sólo sabemos que con su próximo proyecto volverá la comedia, el género que le llevó al estrellato.



lunes, 24 de enero de 2011

Los Abrazos Rotos, lo tuyo es puro teatro



Título Original: Los Abrazos Rotos (2009)
Director: Pedro Almodóvar
Guión: Pedro Almodóvar
Actores: Penélope Cruz, Lluís Homar, Blanca Portillo, José Luis Gómez, Rubén Ochandiano, Tamar Novas, Ángela Molina, Chus Lampreave, Kiti Manver, Lola Dueñas





No soy un gran fan del cine de Pedro Almodóvar. Por otro lado sí es cierto que me alegra profundamente el reconocimiento internacional que tiene su obra y que cada nueva película que realiza sea estrenada en loor de multitudes y con todo el mundo pendiente de su resultado. El manchego merece eso y más, porque tiene una manera única e intransferible de ver el cine y la vida. No me importa que un director recurra constantemente a temas como la homosexualidad, el travestismo, los malos tratos, las pasiones desatadas o los amores imposibles, siempre y cuando lo que me esté narrando sea hasta cierto punto enriquecedor y esté bien contado.




Tampoco soy especial amigo de las primeras obras de Almodóvar. He de admitir que salvo excepciones como Tacones Lejanos o Todo Sobre mi Madre, no soy muy partidario de su cine anterior a la década pasada. En cambio sus tres últimas obras me llamaron la atención. Hable Con Ella me pareció no sólo un drama ejemplar, sino también su mejor largometraje. Un producto que tenía su impronta pero que se alejaba de histrionismos o humor absurdo (que normalmente le suele funcionar, pero que aquí no cuajaba) y ofreciéndonos un Javier Cámara inmenso dentro del drama a pesar de la rata muerta que llevaba en la cabeza y la belleza de la desnudez inerte de una guapísima Leonor Watling.




La Mala Educación una vez despojada de esa fama de polémica con todo el tema de los abusos a menores por parte de miembros de la iglesia (que era sólo un apunte de guión al que se sobredimensionó bestialmente) resultó ser un interesante juego de espejos, metalenguaje y cine dentro del cine con algún momento para el recuerdo. Volver en cambio me pareció una cinta asentada en la más pura normalidad que se engrandecía por la labor de sus actrices y por ese cariñoso retrato que hacía el manchego sobre los pueblos de España y sus gentes.




En cambio con Los Abrazos Rotos la decepción ha sido mayúscula y me ha pillado por sorpresa. Toda esa madurez que el director de ¡Átame! había acumulado con los años, toda esa sabia mirada que se alimentaba de clásicos como Cukor, Sirk o Fellini ha devorado su último film y lo ha convertido en una carcasa hueca sin nada de talento narrativo dentro y con muchos fallos imperdonables que hacen su visionado incluso plomizo y enervante. Por primera vez noto a Almodóvar poco humilde, encantado de conocerse, pedante y frío cuando la historia que cuenta debería transmitir calidez.




Los Abrazos Rotos es una película artificiosa desde el minuto uno. Un producto dado a la hipérbole y entregado a la grandilocuencia, con unos diálogos que suenan falsos e impostados en todo momento en la boca de sus actores, como si el director y guionista buscara de manera concienzuda e innecesaria palabras de profundo calado emocional en todas las líneas escritas en el libreto. Marcando un tono de teatralidad poco sincera que convierte el producto más que en un drama de pasiones incontrolables en un sucedáneo de folletín o culebrón con una pátina tragicómica que no hay por donde cogerla.




Almodóvar realiza un ejercicio artísticamente onanista y llena de solemnidad su impronta forzando un calado emocional que nunca llega. Todo suena a preponderante y equivocamente trascendental. Lo del seudónimo de Harry Cane, las traiciones y venganzas, la simbología plana y forzada de la ceguera del personaje principal, su relación con Magdalena, la de esta con su marido Ernesto (digna de Pasión de Gavilanes) la escena de las escaleras para echarse uno las manos en la cabeza por el tufo a cliché que desprende. Y no me vale lo de que mezcla géneros y estilos, todo el conjunto es un despropósito, se mire desde el ángulo que se mire.




De poco me sirve la presencia de excelentes actores como Lluis Homar, Blanca Portillo, José Luis Gómez o una Penélope Cruz que dentro de sus muchas limitaciones se deja la piel en el set de rodaje, si la historia que los une y las conversaciones que tienen no transmiten nada más que pesadumbre, hastío y ridiculez, aunque en ese apartado poco pueden hacer los intérpretes. Tampoco me convence que Almodóvar cuide cada detalle, cada encuadre o toma (ese magnífico plano cenital de corte picassiano con los trozos de fotos en la mesa) si no hay nada que me muestre veracidad en una historia que se me antoja forzada, maniquea e inerte, cuando debería transmitir veracidad, fiereza y llamaradas por el tema que trata.




Cuando el final se acerca y vemos esas escenas de la película dentro de la película, esa Chicas y Maletas que supuestamente dirigió el personaje de Homar y con la que el manchego se autohomenajea haciendo referencia a Mujeres al borde de Un Ataque de Nervios a uno no le queda más remedio al enfrentarse a esa retranca, ese humor grueso pero inteligente y a esa sorna en los diálogos, que admitir que ese pasaje es mejor y más identificativo con el estilo almdovariano de toda la vida que ese largo viaje al que nos invita esta Los Abrazos Rotos y que finalmente no merece la pena.