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domingo, 5 de octubre de 2014

Sin City: Una Dama Por la Que Matar, la jungla del asfalto



Título Original Sin City: A Dame to Kill For (2014)
Director Robert Rodriguez y Frank Miller
Guión Frank Miller basado en sus cómics
Actores Mickey Rourke, Jessica Alba, Josh Brolin, Joseph Gordon-Levitt, Rosario Dawson, Bruce Willis, Eva Green, Powers Boothe, Dennis Haysbert, Ray Liotta, Christopher Meloni, Jeremy Piven, Christopher Lloyd, Jaime King, Juno Temple, Stacy Keach, Marton Csokas, Jude Ciccolella, Jamie Chung, Julia Garner, Lady Gaga, Alexa Vega, Patricia Vonne, Bart Fletcher, Billy Blair, Johnny Reno, Frank Miller





En el ya algo lejano año 2005 el cineasta nacido en Texas, Robert Rodríguez, consiguió algo más que realizar una adaptación de la saga de cómics Sin City escrita y dibujada por uno de los nombres más importantes del mundo del noveno arte, el norteamericano Frank Miller. También consiguió que el autor de Batman: El Regreso del Caballero Oscuro, Hard Boiled o Martha Wasington: Give Me Liberty debutara en la realización cinematográfica con esta fidedigna (hasta lo enfermizo) adaptación de la serie editada por el sello independiente Dark Horse. Del resultado de aquel sobresaliente experimento, que supuso una de las mejores películas del autor de la trilogía de El Mariachi o Abierto Hasta el Amanecer, ya hablamos en su momento dentro de las cuatro paredes de este santo blog. De modo que ahora toca hacerlo de la tardía secuela de reciente factura.




El fracaso en taquilla de Sin City: Una Dama Por la Que Matar y el escaso entusiasmo de la crítica que la pudo ver en el estreno han herido de muerte su, en principio, prometedora carrera comercial. Tal ha sido el batacazo que al igual que el anterior film de Robert Rodriguez (Machete Kills, secuela de aquella simpática Machete de 2010 que nació como fake trailer en la saga Grindhouse que el texano ideó junto a su inseparable amigo Quentin Tarantino) en algunos países, España entre ellos, será editada directamente en el mercado doméstico, ya sea en dvd o blu-ray. Un servidor ha podido ver ya esta secuela de Sin City y sería de necios afirmar que está a la altura de su predecesora, pero tampoco podemos hablar de una mala película o una secuela fallida, pero sí de un producto irregular con muchos aciertos que en ocasiones se alternan con decisiones equivocadas que le restan puntos si la analizamos globalmente como obra en su conjunto.




Sin City: A Dame To Kill For adapta el cómic del mismo título que supone el segundo arco editado en la colección allá por los años 90, también se incluye una historia corta corto titulada Otra Noche de Sábado sacada del recopilatorio Alcohol, Chicas y Balas, y el mismo Frank Miller ha escrito exclusivamente para la película dos nuevas historias a las que cuesta situar en el universo de Sin City, aunque formen parte del mismo, por más de un motivo que más tarde pasaremos a comentar. El desequilibrio se hace más que notorio cuando nos damos cuenta de que son los relatos adaptados del cómic los que realmente funcionan y los dos ideados para el largometraje los que no están bien rematados o inadecuadamente desarrollados aunque en ellos se note la mano de Frank Miller, por desgracia uno en horas bajas artísticamente hablando y por lo que hemos podido ver en imágenes de la Comic Con de San Diego también en lo que a salud se refiere.




La adaptación del cómic que tiene a Dwight McCarthy y Ava Lord como protagonistas es ejemplar en lo narrativo y casi perfecta en lo estético. Robert Rodriguez y Frank Miller vuelven a utilizar todos los recursos visuales y estilísticos que dieron tan buen resultado en la primera Sin City de 2005. La literalidad a la hora de extrapolar las viñetas en imágenes es de una solidez y ejecución para quitarse el sombrero. La adaptación de Otra Noche de Sábado es enfermizamente fiel hasta el punto de que las dos viñetas en las que los coches rodeaban el rostro de Marv se convierten en pantalla en un travelling circular que recorre el cuerpo del personaje al que vuelve a dar vida Mickey Rourke. La paleta de colores, el uso cromático del blanco y negro con breves pinceladas de azul, verde o rojo, la utilización de unos soberbios efectos digitales para crear de la nada una ciudad que huele a miseria, violencia, sexo y alcohol, todo funciona a las mil maravillas, puede que no con tanta rotundidad como en la primera película, pero sí con la suficiente eficiencia para no desmerecer al acabado artístico de aquella.




Al prólogo y la historia central que adapta el cómic de Frank Miller poco se le puede achacar. Los actores están muy bien elegidos, Josh Brolin hace un trabajo muy competente, dando el perfecto perfil de antihéroe noir, su actuación sólo se resiente cuando los directores toman la idea de ponerle la peor peluca de la historia cuando el personaje de Dwight se cambia el rostro por medio de la cirugía (tomando las facciones de un Clive Owen que debería haber retomado aquí su papel de la primera película una vez ha pasado por el quirófano, pero parece ser que dio una negativa a la hora de participar en el proyecto de la secuela) en la recta final del metraje de su historia. El cambio del tono de voz del protagonista de No Es País Para Viejos y la terrible rata muerta que le colocan en la cabeza no sólo hacen que echemos de menos al actor de Hijos de los Hombres, sino que también restan enteros al meritorio trabajo que el actor de Wall Street: El Dinero Nunca Duerme estaba llevando a cabo hasta ese momento.




Aunque nunca me la hubiera imaginado como Ava Lord (habiendo preferido un servidor entre las posibles candidatas tanteadas a la inglesa Rachel Weisz o la estadounidense Angelina Jolie, que se parecían físicamente más al personaje de las viñetas) le morbosísima actriz francesa Eva Green tiene grabadas las palabras femme fatale en la frente. La protagonista de Soñadores o 300: El Origen de Un Imperio está a la altura, dando vida a una mujer tan atractiva como manipuladora, tan apasionada como mentirosa, tan fría como peligrosa, condensando en su interesante anatomía todo el ideario algo machista y con cierto tono misógino de Frank Miller. Ella es uno de los mejores aciertos del largometraje y su rotundidad y sexualidad permiten que nos creamos que los hombres pierdan la cordura por ella y sus artimañas eróticocriminales.




Dentro de los secundarios tenemos a habituales de la casa como un Mickey Rourke que una vez más se lleva al gato al agua dando vida a esa descontrolada mole esquizofrénica pero leal llamada Marv. Aunque esta vez el maquillaje no está tan elaborado, el protagonista Manhattan Sur (Year of the Dragon) o El Luchador está tan metido en su personaje que nos los creemos en todo momento lo suficiente como para disfrutar de sus violentas correrías, Rosario Dawson como la dura Gail o Jaime King como las gemelas Goldie y Wendy. En las nuevas incorporaciones tenemos a Christopher Meloni en la piel del teniente de policía Mort y las breves apariciones de Ray Liotta como Joey, Juno Temple como Sally y un irreconocible Stacy Keach dando vida a Wallenquist, cuya exagerada caracterización está de más en la estética del film por muy fiel que sea a la de los cómics.





Pero incluso en esta primera historia encontramos uno de los fallos más destacados de Sin City: Una Dama Por la Que Matar y del que ya hemos dado algún detalle unos párrafos más arriba. El cambio de actores a la hora de dar vida a personajes que ya aparecieron en las varias historias que daban forma a la primera película. Evidentemente poco podremos quejarnos de que Dennis Haysbert  o Julia Garner ocuparan los lugares de los fallecidos Michael Clarke Duncan y Brittany Murphy a la hora de ofrecer cuerpo y voz a Manute y Marcie (aunque esta pertenece a la historia protagonizada pro Joseph Gordon.Levitt) respectivamente. Pero transformar a Michal Madsen en Jeremy Piven en el caso de Bob, o el de Jamie Chung por Devon Aoki  en el de Miho ha sido un error en ambos casos que da pie a una confusión que en ocasiones comparte tanto el espectador que ha leído los cómics como el néofito.




Esa desorientación se acrecienta cuando nos disponemos a analizar las dos nuevas historias que Frank Miller ha escrito para el guión de la película: La Larga Mala Noche y El Último Baile de Nancy Callahan. Ambas no desentonan con el estilo de Sin City, ya sea en páginas de papel o imágenes cinematográficas en movimiento, sus personajes parecen nacidos en el universo creado por Frank Miller alrededor de esa corrupta ciudad y el tono a literatura negra hiperbolizada se deja notar en todo momento. El problema es el pobre devenir de ambos relatos, el insuficiente desarrollo del de un magnífico Jospeh Gordon-Levitt al que da la réplica un crecido, con respecto a su breve aparición en la primera parte, Powers Boothe y la gratuidad del que tiene a una esforzada pero insuficiente (como siempre) Jessica Alba acompañada de un Bruce Willis metido con calzador para llevárselo calentito en un cheque, así como también el abrupto final con el que Rodriguez y Miller dan carpetazo a ambas tramas.





Estos dos relatos dejan claro algo que llevamos viendo desde hace años y que ya es una verdad inamovible. Frank Miller no es ni la sombra de lo que fue, ya sea escribiendo pobres (cuando no terribles) cómics como El Contraataque del Caballero Oscuro, All Star Batman & Robin o Holy Terror, rematando argumentos rudimentarios para secuelas de las adaptaciones de su obra al celuloide (300: El Origen de Un Imperio) o rodando largometrajes con los que mancilla, más que homenajea, la obra de ídolos suyos como el Will Eisner de The Spirit. Pero poco importa que Miller ya no sea un gran autor del mundo del cómic y que se haya transformado en un carca fascistoide en lo personal, es saber que posiblemente esté luchando con una enfermedad que puede arrebatárnoslo y desear un servidor que salga adelante y siga regalándonos (o no, ya poco tiene que demostrar) piezas como Daredevil: Born Again, Batman: Año Uno o Ronin.




Ha llegado tarde (casi diez años después que se hermana mayor) y no está todo lo bien rematada que debiera, a sus autores se les nota en pantalla las prisas por tener el proyecto a punto lo antes posible y eso se deja ver en las imágenes (ese deficiente montaje que confunde al espectador con distintas tramas temporales que hasta a los conocedores de los cómics nos puede llegar a dar dolor de cabeza para descifrar) con algunos fallos que alejan un poco a esta secuela de los destacados hallazgos visuales y conceptuales de su predecesora. Pero realmente Sin City: Una Dama Por la Que Matar no me ha decepcionado, atesora en su interior una puesta en escena que en ocasiones llega a las cotas de grandeza de la primera entrega, un reparto muy bien equilibrado con algunos cameos que son oro puro (Cristopher Lloyd, ese ídolo) y momentos de una fuerza que nos vuelven a agarrar por las solpas para llevarnos a rastras a esa ciudad corrupta hasta la médula en la que la vida no vale nada y sólo los fuertes sobreviven.


sábado, 15 de marzo de 2014

300: El Origen de Un Imperio



Título Original 300: Rise of An Empire (2014)
Director Noam Murro
Guión Zack Snyder y Kurt Johnstad basado en el supuesto cómic de Frank Miller
Actores Sullivan Stapleton, Eva Green, Rodrigo Santoro, Lena Headey, Jack O'Connell, Andrew Tiernan, David Wenham, Callan Mulvey, Andrew Pleavin, Yigal Naor, Ashraf Barhom, Vincent Walsh, Steven Cree, Trayan Milenov-Troy, Andrei Claude, Peter Ferdinando, Mark Killeen, Peter Mensah





Entre mayo y octubre del año 1998 Frank Miller editó por medio del sello Dark Horse la que a día de hoy sigue siendo su última gran obra como guionista e ilustrador. 300 fue una serie de cinco números en formato apaisado que narraba al estilo de su autor la célebre batalla de las Termópilas entre el ejército espartano comandado por el rey Leónidas y el persa encabezado por el rey Xerxes. Con la narración como autor del creador de Sin City al 100% de sus capacidades y el magnífico coloreado de su por aquel entonces todavía esposa Lynn Varley 300 se revelaba como una obra sobresaliente que con sus virtudes narrativas y estilísticas camuflaba en cierta manera ese mensaje de tufo derechoso que con los años se ha ido recrudeciendo dentro de su discurso como autor (y personaje público) hasta llegar al puro asco en la actualidad como pudimos ver en esa estupidez titulada Holy Terror o esta basura en forma de declaración social y política.




En el año 2006 al director norteamericano Zack Snyder, que venía de triunfar con su excelente remake de El Amanecer de los Muertos (titulada Zombie en España si nos referimos al film de 1978) de George A. Romero, dirigió una exitosa y testosterónica adaptación del cómic. Con una estética que hacía un uso de los efectos especiales para recrear (sobre todo) el entorno en el que se movían los personajes 300 era un desfile de sangre digital, cuerpos musculados y batallas campales en slow motion que tenía tanto de soflama fascistoide (aunque menos que el cómic, del que también suavizó su tono xenófobo hacia los persas y "su olor") como de ¿inintencionada? apología homosexual de las bondades del físico masculino. La cinta gustó a la crítica (en líneas generales) y a pesar de su polémica fue un éxito más que considerable en taquilla. De modo que la secuela no tardaría en llegar, pero el problema nació cuando Frank Miller no se ponía a trabajar en el cómic que serviría de base para la misma.




Esa secuela titulada Xerxes que narraría el origen del "dios-rey"de Persia nunca llegó a editarse oficialmente, pero la imparable maquinaria de Hollywood se puso manos a la obra para rodar la secuela de 300 independientemente de si Frank Miller decidía o no ponerse manos a la obra con el cómic. De modo que la Warner Bros y Legendary Pictures encomendaron a Zack Snyder la producción y co escritura (el otro guionista fue Kurt Johnstad, que también colaboró en la primera película) del proyecto cuya realización recaería esta vez en el poco conocido cineasta israelí Noam Murro (Gente Inteligente). Estrenada hace una semana en España 300: El Origen de Un Imperio da lo que se espera de ella, ni más ni menos, y en ese sentido dejará satisfecho, principalmente, a los que disfrutaron con la estética de la cinta del director de El Hombre de Acero y recibirá el rechazo de aquellos a los que se les atragantó la odisea digital de Leónidas y sus compañeros de armas.




La historia narrada en 300: Rise of the Empire tiene lugar antes, durante y después de la famosa batalla de las Termópilas, que ocupó el grueso de la primera película, narrando el origen del rey-dios Xerxes (Rodrigo Santoro) la influencia que en las decisiones bélicas y personales de este tuvo la sensual, peligrosa y manipuladora Artemisia (Eva Green) que era el brazo derecho del rey Darío (Igal Naor) asesinado este a su vez en presencia de su hijo, el mismo Xerxes, por el general griego Temístocles (Sullivan Stapleton) que encabezará una batalla contra el imperio persa después de que el rey Leónidas, marido de la reina Gorgo (Lena Headey) que clama venganza por su pérdida, y sus 300 espartanos caigan derrotados a manos del ejército de Xerxes. El enfrentamiento naval entre Temístocles y Artemisia marcará el porvenir de la democracia en Grecia.




300: El Origen de Un Imperio es, al igual que su predecesora, una orgía visual regada en violencia física, sangre digital, cuerpos apolíneos y belicismo desproporcionado. Una vez sabido eso es sólo cuestión de tomarlo o dejarlo, de entregarse a la hiperbolizada épica testosterónica que proponen Zack Snyder y su protegido Noam Murro o huir despavorido para no tener que meterse entre pecho y espalda otra entrega de peplum esteticista tan disfrutable como intrascendente. Esta vez se incorporan al reparto el australiano Sullivan Stapleton (Animal Kingdom) como el general Temísctocles y la francesa Eva Green (Casino Royale, Soñadores) como Artemisia siendo la elección del primero no precisamente un acierto y la de la segunda uno de los mayores logros del largometraje.




Hiperbolizando y mejorando (gracias a lo avances dentro del mundo de los efectos digitales más que por otra cosa) el acabado estilístico de la 300 de Zack Snyder pero quedándose como producción lejos de la personalidad viril y rotunda de aquella esta secuela trata de abarcar mucho más que su hermana mayor (el metraje ocupa tres etapas temporales distintas de manera simultaneada) sin por ello destacar demasiado narrativamente ya que al querer relatar tantas tramas en épocas diferentes el sentimiento de dispersión argumental en el guión y los momentos anticlimáticos, o directamente obviados, hacen mella en la solidez del conjunto de la historia. Pero como espectadores somos conscientes de que un producto como el que nos ocupa no ha sido ideado para dar clases de escritura cinematográfica sino para ofrecer fruición visual y esteticista al seguidor de la franquicia.




Las escenas de lucha son más crudas y estilizadas (la sangre digital es más espesa y no desaparece al tocar el suelo como la de la primera 300) se recrean más en la casquería y las cámaras lentas y se realiza un efecto de retroalimentación con la serie Spartacus ya que si el programa creado por Steven S. Deknight bebía de la cinta de Zack Snyder es ahora esta secuela de Noam Murro la que toma muchos apuntes del efectismo visual de la serie que en su primera temporada estuvo protagonizada por el malogrado Andy Whitfield. En su aspecto la película es realmente fiel a la esencia de la cinta primigenia pero si algo nos deja totalmente claro es que el "sello de autor" de Zack Snyder es tan visual e impersonal que cualquiera puede plagiarlo haciéndolo pasar por suyo e incluso mejorándolo en varios momentos como en la primera batalla (la mejor del largometraje) el falso plano secuencia de Temístocles a caballo en plena batalla naval o el salto con travelling del soldado griego sobre el barco persa.




El mayor fallo de 300: El Origen de Un Imperio es, no sólo vivir a la sombra de la película  de 2006, sino también carecer de un protagonista del carisma y presencia del Leónidas al que dio vida un Gerard Butler incomensurable. Sullivan Stapleton tiene el porte fisico y las dotes para realizar creíbles coreografías de lucha, pero no tiene nada de personalidad, sus discursos palidecen al lado de los que espetaba el protagonista de la ácida Gamer y sólo cuando pone ojos de psicópata ofrece una labor algo más potable en pantalla. Pero para equilibrar la balanza tenemos a la Artemisia de una imponente Eva Green que devora el encuadre como sus malas artes, manipulaciones palaciegas, crueldad sin mesura y curvas de vértigo. El momento en el que "negocia" con Temístocles en privado es el más destacado de la velada y ahí la podemos ver en todo su esplendor empequeñeciendo al actor australiano.




Entre los secundarios volvemos a tener a un Rodrigo Santoro en su salsa como Xerxes y con él nace otro de los fallos más destacados del largometraje, porque si el cómic en el que supuestamente se basa la película toma su nombre como título es curioso que su aparición en la cinta sea más bien breve y casi anecdótica ya que después del (memorable) flashback que nos narra su nacimiento como rey-dios poco más se le ve en pantalla y la excusa de que parte de su ausencia es debido a que estaba formando parte de la batalla de las Termópilas no se sostiene demasiado porque como recordamos de la primera 300 su presencia en dicho enfrentamiento también fue bastante tangencial. Lena Heady vuelve como la reina  Gorgo y nuestra Cercei Lannister curiosamente da mejores discursos que Sullivan Stapleton y se implica mas físicamente en los enfrentamientos cuerpo a cuerpo (bueno, el que tiene, que es sólo uno) que Eva Green que es el único apartado del film en el que la actriz de Sombras Tenebrosas no está del todo a la altura. También se echa de menos a gente como Dominc West (The Wire) o Michael Fassbender (Shame, X-Men: Primera Generación) pero que murieran en la anterior entrega hacia difícil el regreso de ambos.




300: El Origen de Un Imperio es un placer culpable que da lo que se espera de ella, cine cafre de evasión, acción hipertrófica a ritmo de música machacona, algo de sexo llevado a cabo por cuerpos curtidos en gimnasios hasta lo extenuante e inexistente rigor histórico, aunque una vez más la épica rocambolesca funciona a la hora de cumplir su cometido de inflar de testosterona el conjunto del largometraje. Hay menos batallas en tierra y más navales y falta un protagonista masculino que lleve a buen puerto el barco, pero como obra es tan fiel a la pieza original que hasta mensajes pro bélicos y subtextos filogays tenemos en el guión y sus lapidarios diálogos, aunque esta vez se reduce el tufo xenófobo y se da incluso un origen comprensible a la maldad tanto de Xerxes como de Artemisia. De modo que si los fans de la versión de Zack Snyder se quedaron con ganas de más estas es su película, pero a aquellos que salieron del cine en 2006 hartos de cromas, filtros, pectorales y frases que luego fueron parodiadas hasta lo indecible en la red les digo que elijan cualquier otra propuesta cinematográfica de la cartelera, que haberlas haylas y algunas de mucha calidad.



sábado, 8 de febrero de 2014

Robocop 3, Detroit Rock City



Título Original Robocop 3 (1993)
Director Fred Dekker
Guión Frank Miller y Fred Dekker
Actores Robert Burke, Nancy Allen, Rip Torn, Remy Ryan, John Castle, Jill Hennessy, CCH Pounder





A principios de los 90 la franquicia de Robocop en el celuloide estaba herida de muerte. Robocop 2 tuvo un moderado éxito en taquilla pero los alquileres y ventas del film en los antiguos VHS fue descomunal. De modo que Orion Pictures volvió a asociarse con la Metro Goldwyn Mayer para matar definitivamente al cyborg policía del futuro con una tercera e innecesaria entrega. En 1993 Robocop 3 se dio a conocer al mundo y el resultado fue un desastre mayúsculo, tanto en el plano artístico como el económico, hundiendo a la Orion Pictures y mandándola a la bancarrota. Esta segunda secuela del personaje creado por Ed Neumeier, Michael Miner y Paul Verhoeven es un disparate de proporciones catedralicias, un intento por parte de los productores de abrir la saga a un público más amplio que resultó una cagada de campeonato.




La OCP ha sido absorbida por una multinacional japonesa que quiere llevar a buen puerto el proyecto Delta City para convertir Detroit en una ídilica ciudad perfecta. Para ello la empresa utilizará a uno grupo de agentes militarizados que por medio de la fuerza desalojará a las clases bajas de los barrios desfavorecidos. En este contexto el agente Alex Murphy, el primer Robocop, y su compañera Ann Lewis se verán en la obligación de unirse a un grupo de sublevados que lucharán hasta el final por impedir que la OCP les arrebate sus hogares. Robocop con la ayuda de su grupo de amigos, al que se unirá la doctora Marie Lazarus que es la supervisora de su funcionamiento, tendrá que ponerse en contra de sus superiores para mantener el orden en la vieja Detroit.




Robocop 3 es un sálvese quién pueda, un hagamos lo que sea para que esta franquicia muerta en vida salga adelante aunque tomemos decisiones estúpidas y contradictorias. Una vez más un argumento de Frank Miller es violado impunemente para convertir una historia oscura y llena de mala baba en una cinta para toda la familia al más puro estilo de principios de los 90. Una vez más se hace borrón y cuenta nueva en el equipo técnico y se ficha a Fred Dekker, un director de cine de terror para todos los públicos (autor de la simpática The Monster Squad, Una Pandilla Alucinante en España) para que se ponga detrás de las cámaras. Y por último una vez más el fracaso es desolador a todos los niveles. Robocop 3 es al punto más bajo de la franquicia cinematográfica, pero tampoco es mucho más mala que la segunda parte.




Por un lado los productores quieren recuperar personajes, ideas y conceptos de la primera entrega que se perdieron en la segunda parte dirigida por Irvin Keshner. Volvemos a tener al ED-209 que en Robocop 2 sólo tenía un breve cameo, de nuevo el proyecto Delta City cobra importancia y la OCP se revela una vez más como una corporación capitalista que se beneficia de los ciudadanos desfavorecidos de Detroit. Pero algún avispado tuvo la idea de rebajar la calificación moral de esta tercera parte a la menos permisiva PG-13 para convertir el producto en un largometraje (casi) para todos los públicos. De modo que la violencia explícita, la sátira política (que sólo se ve apuntada en un par de ocasiones con el anuncio de dibujos animados y los telediarios acusando falsamente a Robocop de matar clérigos y monjas) y la crítica lacerante desparecen para dejar paso a niños repelentes, rebeldes que trabajan en equipo para conseguir vencer a los malvados empresarios y diabólicos punkarras que se unen a estos últimos para acabar con Robocop y sus amigos.




Como los autores del film ya han aceptado que van a hacer una cinta que en tono no tiene nada que ver con las dos anteriores entregas deciden ofrecerse a la publicidad flagrante, el humor infantil, las tramas pueriles y el disparate comercialoide. Aquí no veremos a Robocop haciendo atravesar a delincuentes cristaleras mientras les lee sus derechos, tampoco asistitemos a como cose a disparos a un alto cargo de la OCP para regocijo del Johnson, el personaje de Felton Perry que una vez más repite su rol en esta entrega. Pero sí lo veremos suplantar su mano izquierda por una ametralladora que sólo agujerea metal y rara vez impacta en seres humanos, volar con un cutre jet pack y hacer aflorar sus sentimientos con el personaje de la escupible Nicco, una niña hacker sabelotodo que despierta el instinto paternal de nuestro Murphy.




Mi adorado ED-209 será inutilizado por la niña desagradable antes de que pueda convertir a algún desaprensivo en una masa sanguinolenta a base de kilos de munición y Robocop se enfrentará a unos robots ninja con katanas entrenados para no derramar una sola gota de sangre en ninguna de sus ridículas peleas con nuestro protagonista, no se nos vaya a asustar algún espectador infantil. Los tiroteos serán más inofensivos que los de un capítulo de El Equipo A y las persecuciones automovilísticas perderán fuerza y consistencia, no sólo porque el tal Fred Dekker poco puede hacer para evitar que el film (al igual que la segunda entrega pero de manera incluso más acentuada) se libre de su inevitable olor a telefilme de tres al cuarto, sino porque veremos hasta a nuestro agente de policía mecanizado favorito conducir el coche rosa de un proxeneta.




A pesar de que hay un grupo de secundarios bastante reconocibles implicados en el film (Rip Torn, Jill Hennesy, CCH Pounder, Mako, Nancy Allen repitiendo como Lewis) el trabajo actoral es decididamente de pena. El que mejor lo hizo fue Peter Weller, porque se dio cuenta al leer el guión (¿llegó a hacerlo?) de la mierda a la que estaban dando forma los productores y decidió desvincularse del proyecto para realizar uno de sus mejores trabajos colaborando con David Croneberg en la magnífica El Almuerzo Desnudo, la adaptación que el autor de La Mosca hizo de la novela homónima de William S. Burroughs. El marrón se lo pasó el actor de Texas al poco conocido Robert Burke que hizo lo que pudo para que, como mínimo, su presencia física fuera la adecuada para dar vida al protagonista, pero lo consiguió a duras penas.




Robcop 3 es la humillación total de un personaje que nunca debió haber formado parte de una trilogía, ya que sólo el primer largometraje dirigido por el cineasta de Desafío Total merece el interés del espectador. La cinta de Fred Dekker es basura de baja estofa, una especie de versión de Robocop para todos los públicos que sólo puede ser disfrutada en compañía de amigos con ganas de reírse con un trabajo que únicamente puede abordarse por la vía paródica, porque de lo contrario puede inducir a un cabreo mastodóntico. Tras ella llegaría una serie de televisión que duró solo una temporada y cuyos primeros episodios fueron vendidos falsamente como Robocop 4 y 5 y una miniserie poco conocida, pero de la que no hablan mal, titulada Robocop: Prime Directives que comentaré aquí pero ya en un futuro próximo.




Ahora sólo queda esperar a que el día 14 de febrero se estrene el remake con Jose Padilha (Tropa de Élite 1 y 2) de director y un sobresaliente reparto formado por Joel Kinnaman, Gary Oldman, Samuel L. Jackson, Michael Keaton, Jackie Earle Haley, Michael K. Williams o Jay Baruchel delante de las cámaras y ver si sigue el camino de degradación de Robocop 2 y 3 o si es una digna revisión de la película de Paul Verhoeven que no sólo es un clásico dentro de su género, también la única obra cinematográfica con el personaje de protagonista que por ahora merece merece verdaderamente la pena. Las primeras críticas en Estados Unidos no incitan precisamente a la esperanza (los periodistas que la han visto no están alabándola precisamente) pero un servidor hasta dentro de seis días no podrá dictar sentencia, aunque cuando lo haga dejaré constancia aquí de tal hecho.



viernes, 7 de febrero de 2014

Robocop 2, raising Cain



Título Original Robocop 2 (1990)
Director Irvin Kershner
Guión Frank Miller y Walon Green
Actores Peter Weller, Nancy Allen, Daniel O'Herlihy, Belinda Bauer, Daniel O'Herlihy, Tom Noonan, Gabriel Damon, Willard Pugh, Patricia Charnonneau, Felton Perry




Tras el enorme éxito de Robocop la Metro Goldwyn Mayer y Orion Pictures se pusieron manos a la obra con la secuela que se estrenaría tres años después de la puesta de largo internacional de la anterior entrega. De manera bastante inteligente tanto el director Paul Verhoeven como los guionistas Ed Neumeier y Michael Miner se desvincularon del proyecto dejando los mandos de la realización al veterano Irvin Kershner (Star Wars: El Imperio Contraataca) y la escritura a Frank Miller, por aquel entonces ya un nombre capital dentro del mundo del noveno arte gracias a obras como Batman: El Regreso del Caballero Oscuro y Batman: Año Uno para DC o Daredevil: Born Again para Marvel, y Wallon Green que reescribió el libreto del mismo Miller para supuesto enfado de este. Robocop 2 vio la luz en 1990 y enfrentarse con ella a día de hoy es tan desalentador como innecesario.




Una nueva ola de criminalidad asola la ciudad de Detroit cuando empieza a moverse por las calles una letal droga sintética llamada Nuke. El culpable de que esta sustancia se haya puesto de moda es un mesiánico delincuente llamado Cain que dirige una banda de narcotraficantes y asesinos a los que nadie parece poner freno. Para detener al grupo de Cain la policía enviará a Robocop (el agente Alex Murphy reconvertido en máquina) y su compañera Ann Lewis y con ello poner fin a los negocios ilegales del peligroso criminal. Pero la intervención de la corrupta OCP y su nuevo proyecto para hacerse con el control total de Detroit llamado Robocop 2 darán al traste con los planes las fuerzas de la ley para detener a los culpables del infierno en el que se ha convertido la ciudad.




Robocop 2 es un producto totalmente fallido, primero como secuela de la primera Robocop y después como obra cinematográfica. No sé cuánto del argumento original de Frank Miller quedó en el guión que se utilizó para dar forma al largometraje (no debió enfadarse demasiado por el asunto con los productores cuando él mismo intervino en un par de cameos en la película haciendo de científico fabricante de Nuke) pero el mismo muestra claros síntomas de que el autor de Sin City (o el mismo Wallon Grenn que lo reescribió) no entendió para nada el tono de sátira de la película de Paul Verhoeven, asimilándolo mal y reinterpretándola peor para esta segunda parte.




El tono ácido sólo se ve apuntado puntualmente (los anuncios de televisión y los informativos que pecan de exagerados) pero casi siempre de manera paupérrima y el contexto de un futuro regido por corporaciones formadas por empresarios agresivos cuyo fin es enriquecerse monetariamente está puerilmente expuesto (lo de la clausula del contrato que permite a la OCP arrebatar la ciudad al alcalde es una estupidez supina) dando una visión innecesariamente grandguiñolesca de lo que los autores de Robocop analizaron con mucha más inteligencia y humor tres años antes. El resultado es un guión que falla tanto en su estructura como en apuntes argumentales sonrojantes como cuando la OCP adultera las Directrices de Robocop para convertirle en un imbécil integral, degradando al personaje de la misma manera que Superman 3 y 4 lo hicieron con el personaje de DC al que daba vida el tristemente fallecido Christopher Reeve.




Por desgracia la realización de Irvin Kershner tampoco ayuda engrandecer el producto. El director de Nunca Digas Nunca Jamás está como de pasada, su puesta en escena es plana, su cámara taciturna e insípida y si las secuencias de acción se salvan en algunos de los momentos del metraje es más por el diseño de producción y la labor de los especialistas de escenas de riesgo que por su trabajo detrás de las cámaras. Aunque tenemos persecuciones explosiones, tiroteos, bastante violencia (aunque no tanta como en la primera parte y mucho peor rodada) y unos efectos de maquillaje, stop motion, animatrónicos y alguna pincelada de primitivos CGI (el rostro de Cain que sale en la pantalla que porta en la cabeza el robot que contiene su cerebro) que lucen bien en pantalla el tufo a telefilm inflando no desaparece durante toda la película que para colmo padece de un montaje mediocre que acentúa su acabado más bien pobre y caótico.




Curiosamente hay planteamientos y conceptos acertados en Robocop 2, que en ocasiones son puramente frankmillerianos, pero por desgracia son contados con los dedos y no salvan del naufragio el proyecto. El hecho de que un niño sea un importante capo de la mafia (muy políticamente incorrecta es la visión que se da de los críos en el futuro que refleja la película, no hay más que ver al curioso equipo de beisbol que asalta la tienda de electrónica) es toda una osadía para la época que no está mal desarrollada y el hecho de que un robot llegue a tener dependencia de estupefacientes incluso llegando a sufrir el síndrome de abstinencia es uno de los mayores aciertos de la cinta que acentúa la vulnerabilidad quebrada del personaje de Cain una vez ha sido reconvertido en máquina. Pero por desgracia a estos apuntes curiosos se contraponen desaciertos que hieren de muerte la película, como la subtrama sensiblera con la mujer de Murphy para incidir en la humanidad del protagonista.




Robocop 2 es un despropósito, una obra que a diferencia de su predecesora sí es una cinta de acción pura y dura a la que se le añaden por compromiso hereditario apuntes críticos sobre política y capitalismo pobremente abordados que palidecen ante el dechado de mala baba y sorna que daba forma al guión que Ed Nemumeir y Michalel Miner escribieron para la película de Paul Verhoeven. La cinta de Irvin Kerhsner es una hija de su tiempo, envejecida, hipertrófica e incompetente que no puede ofrecer nada de interés al espectador más allá de acción violenta y ruidosa. Su éxito en la taquilla fue moderado, pero arrasó en ventas en el mercado doméstico, de modo que la tercera entrega que comentaré en breve no se hizo esperar demasiado y aunque un servidor no la ha visto nunca según se comenta es un producto del todo vergonzoso.




Ya como apunte curioso para los fans de los cómics afirmar que Frank Miller no se desvincularía aquí del todo del personaje de Robocop a pesar de lo frustrante que supuso para él colaborar en el guión de la secuela ya que la tercera parte también partiría de un argumento de su propiedad que sería adulterado hasta lo bochornoso. Por último cabría destacar que años después, en 2003 concretamente, el sello americano Avatar Press editaría una serie de nueve números en los que Steve Grant al guión y el español Juan José Ryp a los dibujos adaptarían esta historia de Miller al mundo del cómic aunando en la misma todo lo que el autor de Holy Terror había ideado para Robocop 2 y 3 y que los productores desecharon para su enfado. A su debido tiempo esa obra será comentada en este blog.



domingo, 9 de septiembre de 2012

Sin City



Título Original Sin City (2005)
Director Frank Miller, Robert Rodríguez y Quentin Tarantino
Guión Frank Miller y Robert Rodríguez
Actores Bruce Willis, Mickey Rourke, Clive Owen, Rosario Dawson, Elijah Wood, Jessica Alba, Benicio del Toro, Marley Shelton, Alexis Bledel, Micharl Clarke Duncan, Carla Gugino, Josh Harnett, Michael Madsen, Jaime King, Brittany Murphy, Nick Stahl, Rutger Hauer, Devon Aoki, Jude Ciccolella, Jason Douglas, Tommy Flanagan, Rick Gómez, Nicky Katt, Nick Offerman, Lisa Marie Newmyer, Powers Boothe, Arie Verveen, Jesse De Luna, Randal Reeder, Charissa Allen, Penny Drake, Frank Miller



Frank Miller es una personalidad capital dentro del mundo del cómic. Junto a autores como Alan Moore, Neil Gaiman, Warren Ellis, Garth Ennis o Grant Morrison en los 80 cambió la manera de entender el noveno arte con algunas obras imperecederas que darían una perspectiva diferente de este mundillo y sobre todo de los superhéroes. El norteamericano dejó su huella en las dos grandes editoriales como guionista e ilustrador. En Marvel dio sus primeros pasos con Spiderman, devolvió la vida a un personaje como Daredevil regalándole la que es posiblemente su mejor etapa, creando durante la misma a personajes inolvidables como Elektra y rematándola con la mejor saga jamás realizada sobre el hombre sin miedo, Born Again, con guión de su puño y letra y dibujos del inmenso David Mazzuccelli. También realizaría junto a Chris Claremont el mítico arco de Lobezno titulado Honor que servirá en breve como base para la secuela de la muy floja X-Men Orígenes: Lobezno.







Pero fue en DC donde marcó historia con obras imprescindibles dentro del medio. Empezó a llamar la atención con Ronin, una mezcla de la filosofia y honor de los samurais situada en un futuro distópico con estética cyberpunk. Pero no sería hasta que tomara contacto con Batman, el personaje más importante de la editorial (junto a Superman) que llegaran dos de las obras más importantes de su carrera. Batman: Año Uno y Batman: El Regreso del Caballero Oscuro narraban el nacimiento del guardián de Gotham y su posible fin en un futuro no muy lejano. Ambas historias son dos de los relatos más importantes jamás realizados sobre le hombre murciélago y marcaron tan profundamente al personaje y su microcosmos que aún hoy, después de casi 30 años de su edición, se puede ver su influencia en las colecciones actuales del personaje creado por Bob Kane y Bill Finger.





Pero en los 90 Miller decidió desvincularse temporalmente de las majors y fichó por la por aquel entonces pujante editorial Dark Horse. Allí los editores le dieron una considerable libertad creativa con la que se permitió moldear la que es sin lugar a dudas la más personal de sus obras, Sin City, uno de los picos más altos dentro de su carrera y también casi con toda seguridad el principio del fin de su era dorada como autor de cómics. Siete tomos formados por El Duro Adiós, Mataría Por Ella, La Gran Matanza, Ese Cobarde Bastardo, Valores Familiares, Alcohol, Chicas y Balas e Ida y Vuelta al Infierno. Los cuatro primeros arcos, sin lugar a dudas los mejores, pueden considerarse la quinta esencia del estilo frankmilleriano en lo referido a entender el mundo del tebeo.




Basin City es una ciudad corrupta hasta el tuétano, en ella practicamente nadie está libre de la inmundicia moral, de ahí que fuera rebautizada como Sin City. Fuerzas de la ley, políticos, iglesia, todas las instituciones de la zona viven en la ilegalidad llevando a cabo todos los crímenes imaginables. Sólo unos pocos hombres duros y mujeres luchadoras, que viven por y para la calle son capaces de sobrevivir en un pozo de mugre de semejante calibre. Frank Miller está en su salsa, aquí puede dar rienda suelta a su estilo narrativo deudor de literatos de la novela negra como Raymond Chandler, James M. Cain o Mickey Spillane y a su ideología derechista con la que nos relata historias sobre venganza, violencia, machismo, sexo, incorrección social o política y amor.




Sin City supone la cumbre como narrador de Frank Miller. No sólo en unos guiones magníficos con esas voces en off convertidas en sensacionales textos de apoyo, esos personajes carismáticos como Marv, Dwight o Hartigan a los que cogemos simpatía a los pocos minutos de conocerlos a pesar de la amoralidad de algunos de ellos o esos villanos a los que odiamos con toda nuestra alma como Kevin, toda la familia Roark o Jackie Boy. También en el apartado de la ilustración el autor de All Star Batman y Robin consigue una perfecta convergencia entre juegos de luces y sombras y dotes de storyteller de altos vuelos. Cada viñeta de Sin City es una delicia formal y de experimentación, blancos y negros (con, en ocasiones, algunos apuntes de color) que se entrelazan con maestría desde las más imposibles perspectivas sirven para dar forma a historias inolvidables de una altísima calidad y con un acabado intachable.




Desde los años 90 la idea de llevar al cine las historias de Sin City rondó por varias productoras, pero la empresa no llegó a buen puerto. No sería hasta 2005 que el director tejano Robert Rodríguez decidiera dedicarse en cuerpo y alma a trasladar a imágenes la obra de Frank Miller. El realizador de Spy Kids quería ser todo lo fiel que pudiera a la obra en viñetas, por eso acometió la ardua tarea de convencer al propio autor del cómic para que se involucrara en el proyecto al 100%, pero no como productor o asesor, sino como co director del fim compartiendo este puesto con Rodríguez. El guionista y dibujante no parecía muy convencido con la idea, pero el de Texas, que es un hombre con fama de persusivo, le mostró el prólogo del film ya rodado, que no era nada más ni nada menos que la historia corta El Cliente Siempre Tiene la Razón incluida en el recopilatorio Alcohol, Chicas y Balas. Miller quedó tan completamente enamorodo de lo que vio no que no dudó en aceptar la propuesta que le ofrecía el cineasta.




El resultado fue Sin City una gran éxito de crítica y público que marcaría un antes y un después a la hora de llevar cómics a la pantalla grande. Un producto inusualmente independiente impulsado por el mismo Robert Rodríguez y su ex mujer (pero aún socia) Elizabeth Avellán por medio de la productora Troublemaker, que ambos comparten y con el que consguieron un acabado técnico de los que hacen época así como contratar a un reparto de intérpretes del todo irrepetible. Todo con la ayuda incondicional de un Frank Miller que lo dio todo como director y guionista y con una ayuda puntual de Quentin Tarantino que rodó una escena del film por el simbólico precio de un dólar, lo que supuestamente ganó Rodríguez por colaborar en la banda sonora de Kill Bill Vol 2.




Estamos en Sin City, una de las ciudades más corruptas de Estados Unidos. Allí seremos testigos de como el brutal Marv tratará de vengar el asesinato de su amante Goldie, acto que lo llevará a las más altas esferas de la localidad. También veremos como Dwight intentará evitar que Jackie Boy, el ex novio de su actual chica, Shellie, cometa un error que le lleve a empezar una guerra en el Barrio Viejo de la ciudad donde las prostitutas marcan la ley. Por último John Hartigan deberá resolver el último caso de su carrera justo en su día de retiro. Rescatar a una pequeña niña de once años de las manos de un demente agresor sexual hijo de un importante político de la zona.




La décima película de Robert Rodríguez es importante por varios motivos. Primero porque confirmó su talento autodidacta como director, montador, comopositor de música, director de fotografía, productor, guionista. Un hombre hecho a sí mismo rodando el cine que le da absolutamente la gana sin la necesidad de ser el perro faldero de las grandes productoras (aunque la Dimension de los hermanos Weinstein casi siempre colaboraba en sus trabajos, al menos cuando estaba comandada por los orondos Harvey y Bob) que le señalarían e impondrían de mala manera el camino a seguir para que el producto se prostituyera entregándolo a la más simple y burda de las comercialidades.




Por otro lado supuso el debut en la dirección cinematográfica (tras una poco agradable incursión como guionista en Robocop 2 y 3 de la que reniega considerablemente) de Frank Miller por la puerta grande y con un gran éxito, el mismo que mandaría al carajo con su siguiente proyecto (esta vez en solitario, confirmando que si Sin City fue enorme fue más por Rodriguez que por él, aunque no quiero quitarle méritos tampoco, que los tiene en la elaboración de la película, no se puede negar) que se basó en pisotear la obra y alma de su íntimo amigo Will Eisner con aquella cosa terrible llamada The Spirit, que mancillaba el buen nombre de uno de los mejors cómics de la historia y que no dejaba de ser una Sin City descafeinada llena de desaciertos. Pero esa es una historia de la que hablaré en otro momento.




Sin City también dejó huella en el sentido del avance mastodóntico que ofreció en la aplicación de efectos digitales por ordenador al celuloide. Por fin los CGI se utilizaban no para devorar una historia o complementarla, sino para crearla estéticamente. Rodríguez venía de experimentar formalmente con el uso de los ordenadores aplicados al cine en su trilogía de Spy Kids y ya conocía el terreno, por eso el uso de las pantallas verdes en Sin City es sencillamente brillante, dando con ellas forma, no a los decorados que deberían introducirnos en la ciudad retratada por Miller en los cómics, sino a las mismas viñetas de las historietas ideadas por el guionista y dibujante norteamericano. Desde mi punto de vista no veía una revolución a nivel de efectos especiales tan grande desde Terminator 2 y Parque Jurásico y no se volvería a ver hasta Avatar, por que sí, lo de 300 tuvo su mérito, pero el camino que Zack Skyder tomó con aquel proyecto ya lo había marcado con luces de neón Rodríguez en la película que nos ocupa.




Pero si Sin City marcó un hito de manera indudable es en la manera de adaptar cómics al cine. Precisamente por no ser una adaptación de la obra a la pantalla, sino una traslación literal de las viñetas al celuloide. Es decir, Rodríguez y Miller utilizaron los mismos tebeos como storyboards para llevarlos completamente a imágenes. Lo que vemos al experimentar el visionado de Sin City es precisamente eso, viñetas en movimiento, el trabajo de Miller extrapolado al cine palabra por palabra, personaje por personaje, ilustración a ilustración. Nunca la fusión de séptimo y noveno arte fue tan pura y simbiótica, tan enriquecedora al nivel adaptativo, aunque a algunos espectadores esta literalidad no llegó a convencerles del todo y renegaron del resultado del largometraje.




Frank Miller y Robert Rodriguez consiguen llevar a la pantalla todo el tono pulp y de novela negra saturada de esteroides de los cómics. Cada callejón, cada muelle del puerto, cada pub, iglesia o monumento toman forma corporea en imágenes gracias al acabado técnico del largometraje que se mueve entre lo demencialmente portentoso y lo deliciosamente pictórico. El proyecto adapta las historias El Duro Adiós, La Gran Matanza, Ese Cobarde Bastardo y a modo de prólogo y epílogo El Cliente Siempre Tiene la Razón, pero los guionistas y directores las entrelazan y en ocasiones hasta deconstruyen al más puro estilo Pulp Fiction para darles una solidez narrativa más depurada como conjunto. La elección es del todo acertada porque los aquí adaptados son los mejores arcos argumentales de la colección, sobre todo el protagonizado por John Hartigan, que es mi favorito.




La dirección de Rodríguez (él dominaba la técnica en el proyecto) y Miller (ocupándose principalmente de la escritura y el acabado tonal) ofrece momentos vibrantes en escenas de acción, tiroteos, persecuciones o secuencias sexuales. La voz en off no entorpece o satura el guión, lo enriquece y le da ritmo y el incontable número de personajes que desfila delante de la pantalla es brutalmente fiel a la obra en la que se basa. Huelga decir que el reparto está sencillamente brillante y cohesionado, incluso hay casos en los que pareciera que los actores hubieran nacido para interpretar sus papeles, por su presencia física, lenguaje corporal y por qué no decirlo, también gracias a el maquillaje y la utilización de la impactante dirección de fotografía.




Porque si el acabado técnico o la fidelidad a los cómics es una virtud en Sin City su enormísimo casting no lo es menos. Mickey Rourke se recuperó a la máxima potencia con su papel de Marv en este film, relanzando su carrera. Cierto es que el látex en su rostro ayuda para la caracterización, pero el protagonista de The Wrestler es el personaje de El Duro Adiós al 100%, su rotundidad física, su voz grave y su amenanzante brutalidad dan perfectamente el pego y hacen que su labor sea inolvidable. Clive Owen cumple sobradamente como el carismático y lacónico Dwight y Bruce Willis ofreció su último papel memorable dando vida al íntegro John Hartigan. Pero del reparto me quedo con las féminas sin dudarlo un segundo. La fuerza de Rosario Dawson, los preciosos ojos de Alexis Bledel, le carnalidad de Jamie King, la simpatía de la pobre Birttany Murphy, el mortal toque de Devon Aoki o esa Carla Gugino que me deja completamente extasiado cada vez que la veo en pantalla. Jessica Alba también está en su ambiente como Nancy, pero como actriz casi nunca me convence, esta por desgracia no es una excepción.




Entre los villanos, memorables el Jackie Boy de Benicio del Toro, el Manute del tristemente desaparecido Michael Clarke Duncan, el senador Roark de Powers Boothe (curisosamente muy parecido en el film a cierto ex alcalde marbellí) o Rutger Hauer como el cardenal. Pero me quedo con los dos dementes más remarcables del film y por efecto dominó de los cómics. El brutal caníbal Kevin de un acojonante y casi irreconocible Elijah Wood y el demente pederasta Junior de Nick Stahl, que en la recta final del largometraje y tras su "cambio de imagen" se muestra como el hallazgo técnico más destacable de la velada con ese amarillo lascivo y pervertido que se contrapone con el blanco y negro puro que impera en la pantalla.




Momentos memorables los hay a puñados. El prólogo con Josh  Harnett en el que los directores ponen las cartas sobre la mesa, la primera parte de la historia de Hartigan con la química entre el personaje de Willis y el Bob que borda Michael Madsen, la huída de Marv del motel, su encuentro con el sacerdote interpretado por Frank Miller, cuando culmina su vendetta, seguida esta de su destino final tras ser juzgado. Dwight metiendo la cabeza en el retrete a Jackie Boy, el encuentro entre este último y la Becky de Alexis Bledel que da pie a todo el embrollo, el pasaje en el pozo de brea de Dwight con los terroristas irlandeses y su venganza más tarde con el interpretado por Tommy Flanagan (Braveheart, Gladiator, Hijos de la Anarquía) la conclusión de Ese Cobarde Bastardo, con el regreso de Junior, cuando Nancy reconoce a Hartigan o el clímax en la granja lleno de momentos poderosos e inolvidables como cuando John le quita las dos armas a su enemigo o esa expeditiva resolución final en la que un viejo muere para que una chica joven pueda vivir. Un trato justo.




Adoro una película como Sin City, porque me encantan los cómics que escribió Miller para dar forma a este microcosmos lleno de suciedad, corrupción, poder, sangre, venganza, romance y muerte. Es la única cinta que he ido tres veces a verla al cine y que cada vez que la revisiono la disfruto más (la última ha sido esta mañana). Poco importa que ideológicamente esté practicamente en contra de casi todo lo que me plantea y glorifica Miller, esto es cine de primerísima calidad, genialmenre dirigido, escrito, montado, interpretado y musicado (enorme la banda sonora del mismo cineasta compuesta a seis manos con John Debney y Graeme Revell). Una obra de culto, un regalo para todo amante del cine y los cómics con mente abierta y la mejor obra de un director, Robert Rodríguez, que merece más mérito del que tiene porque siempre hace lo que que quiere, lo hace bien y somos muchos los que lo disfrutamos y se lo agradecemos.




Este 2012 ha empezado la pre producción de Sin City 2: A Dame to Kill For que como bien anuncia su título adaptará el segundo tomo de la colección titulado en España Mataría Por Ella. Miller y Rodríguez se han puesto manos a la obra con un proyecto que va a ser más complicado que el anterior por distintos motivios. El primero es que la historia puede ser algo polémica, porque es la más machista, e incluso adentrándose en cierta misoginia, de las que conforman Sin City. El segundo es que dos de los personajes con más relevancia en el relato son Shellie y Manute, ambos interpretados por dos actores que por desgracia han fallecido. Ardua tarea para los productores el suplantarlos por otros intérpretes, sobre todo al personaje que daba vida el enorme e inolvidable John Coffey de La Milla Verde.




Pero el tercero y más grave es sin lugar a dudas el mismo Frank Miller, por muy duro que suene el comentario. Ese hombre inclinado casi siempre hacia la ultraderecha, pero iconformista que no tenía piedad a la hora de atacar a conservadores y progresistas, políticos o clérigos, que se enfrentaba contra lo establecido, que llamaba a la rebelión, se ha convertido en un rancio carca filofascista, simple (ahí tenemos esa cosa terrible que responde al nombre de Holy Terror) y enfadado pelele al servicio de su país haciendo declaraciones vergonzosas mostrando un desconocimiento brutal de los tiempos en los que vive y mezclando conceptos sociales y políticos que parece desconocer totalmente. Una pena, porque con sus declaraciones personales y útlimas obras como autor (en cine y cómic) está sepultando su merecido buen nombre.




Pero ahora estamos hablando de Sin City, la película, una pieza de lujo, una obra para revisionar incontables veces, para dejarse imbuir por su olor a hemoglobina, perfume de mujer, tabaco, prostíbulo y alcohol. Hombres duros e íntegros, jóvenes luchadoras y hechas a sí mismas, villanos podridos hasta las entrañas, juegos de poder, venganzas, lluvias que preceden a la muerte, crimen, inocencia salvada de las manos de lo impío e historias de amor (porque este sentimiento es el que mueve todos los relatos de esta serie de cómics) arraigadas en una urbe podrida en la que el simple hecho de sobrevivir es un derecho que hay que ganarse día a día. Porque si te metes en un callejón de Sin City puedes encontrar cualquier cosa... cualquier cosa... hasta buen cine.