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sábado, 15 de marzo de 2014

300: El Origen de Un Imperio



Título Original 300: Rise of An Empire (2014)
Director Noam Murro
Guión Zack Snyder y Kurt Johnstad basado en el supuesto cómic de Frank Miller
Actores Sullivan Stapleton, Eva Green, Rodrigo Santoro, Lena Headey, Jack O'Connell, Andrew Tiernan, David Wenham, Callan Mulvey, Andrew Pleavin, Yigal Naor, Ashraf Barhom, Vincent Walsh, Steven Cree, Trayan Milenov-Troy, Andrei Claude, Peter Ferdinando, Mark Killeen, Peter Mensah





Entre mayo y octubre del año 1998 Frank Miller editó por medio del sello Dark Horse la que a día de hoy sigue siendo su última gran obra como guionista e ilustrador. 300 fue una serie de cinco números en formato apaisado que narraba al estilo de su autor la célebre batalla de las Termópilas entre el ejército espartano comandado por el rey Leónidas y el persa encabezado por el rey Xerxes. Con la narración como autor del creador de Sin City al 100% de sus capacidades y el magnífico coloreado de su por aquel entonces todavía esposa Lynn Varley 300 se revelaba como una obra sobresaliente que con sus virtudes narrativas y estilísticas camuflaba en cierta manera ese mensaje de tufo derechoso que con los años se ha ido recrudeciendo dentro de su discurso como autor (y personaje público) hasta llegar al puro asco en la actualidad como pudimos ver en esa estupidez titulada Holy Terror o esta basura en forma de declaración social y política.




En el año 2006 al director norteamericano Zack Snyder, que venía de triunfar con su excelente remake de El Amanecer de los Muertos (titulada Zombie en España si nos referimos al film de 1978) de George A. Romero, dirigió una exitosa y testosterónica adaptación del cómic. Con una estética que hacía un uso de los efectos especiales para recrear (sobre todo) el entorno en el que se movían los personajes 300 era un desfile de sangre digital, cuerpos musculados y batallas campales en slow motion que tenía tanto de soflama fascistoide (aunque menos que el cómic, del que también suavizó su tono xenófobo hacia los persas y "su olor") como de ¿inintencionada? apología homosexual de las bondades del físico masculino. La cinta gustó a la crítica (en líneas generales) y a pesar de su polémica fue un éxito más que considerable en taquilla. De modo que la secuela no tardaría en llegar, pero el problema nació cuando Frank Miller no se ponía a trabajar en el cómic que serviría de base para la misma.




Esa secuela titulada Xerxes que narraría el origen del "dios-rey"de Persia nunca llegó a editarse oficialmente, pero la imparable maquinaria de Hollywood se puso manos a la obra para rodar la secuela de 300 independientemente de si Frank Miller decidía o no ponerse manos a la obra con el cómic. De modo que la Warner Bros y Legendary Pictures encomendaron a Zack Snyder la producción y co escritura (el otro guionista fue Kurt Johnstad, que también colaboró en la primera película) del proyecto cuya realización recaería esta vez en el poco conocido cineasta israelí Noam Murro (Gente Inteligente). Estrenada hace una semana en España 300: El Origen de Un Imperio da lo que se espera de ella, ni más ni menos, y en ese sentido dejará satisfecho, principalmente, a los que disfrutaron con la estética de la cinta del director de El Hombre de Acero y recibirá el rechazo de aquellos a los que se les atragantó la odisea digital de Leónidas y sus compañeros de armas.




La historia narrada en 300: Rise of the Empire tiene lugar antes, durante y después de la famosa batalla de las Termópilas, que ocupó el grueso de la primera película, narrando el origen del rey-dios Xerxes (Rodrigo Santoro) la influencia que en las decisiones bélicas y personales de este tuvo la sensual, peligrosa y manipuladora Artemisia (Eva Green) que era el brazo derecho del rey Darío (Igal Naor) asesinado este a su vez en presencia de su hijo, el mismo Xerxes, por el general griego Temístocles (Sullivan Stapleton) que encabezará una batalla contra el imperio persa después de que el rey Leónidas, marido de la reina Gorgo (Lena Headey) que clama venganza por su pérdida, y sus 300 espartanos caigan derrotados a manos del ejército de Xerxes. El enfrentamiento naval entre Temístocles y Artemisia marcará el porvenir de la democracia en Grecia.




300: El Origen de Un Imperio es, al igual que su predecesora, una orgía visual regada en violencia física, sangre digital, cuerpos apolíneos y belicismo desproporcionado. Una vez sabido eso es sólo cuestión de tomarlo o dejarlo, de entregarse a la hiperbolizada épica testosterónica que proponen Zack Snyder y su protegido Noam Murro o huir despavorido para no tener que meterse entre pecho y espalda otra entrega de peplum esteticista tan disfrutable como intrascendente. Esta vez se incorporan al reparto el australiano Sullivan Stapleton (Animal Kingdom) como el general Temísctocles y la francesa Eva Green (Casino Royale, Soñadores) como Artemisia siendo la elección del primero no precisamente un acierto y la de la segunda uno de los mayores logros del largometraje.




Hiperbolizando y mejorando (gracias a lo avances dentro del mundo de los efectos digitales más que por otra cosa) el acabado estilístico de la 300 de Zack Snyder pero quedándose como producción lejos de la personalidad viril y rotunda de aquella esta secuela trata de abarcar mucho más que su hermana mayor (el metraje ocupa tres etapas temporales distintas de manera simultaneada) sin por ello destacar demasiado narrativamente ya que al querer relatar tantas tramas en épocas diferentes el sentimiento de dispersión argumental en el guión y los momentos anticlimáticos, o directamente obviados, hacen mella en la solidez del conjunto de la historia. Pero como espectadores somos conscientes de que un producto como el que nos ocupa no ha sido ideado para dar clases de escritura cinematográfica sino para ofrecer fruición visual y esteticista al seguidor de la franquicia.




Las escenas de lucha son más crudas y estilizadas (la sangre digital es más espesa y no desaparece al tocar el suelo como la de la primera 300) se recrean más en la casquería y las cámaras lentas y se realiza un efecto de retroalimentación con la serie Spartacus ya que si el programa creado por Steven S. Deknight bebía de la cinta de Zack Snyder es ahora esta secuela de Noam Murro la que toma muchos apuntes del efectismo visual de la serie que en su primera temporada estuvo protagonizada por el malogrado Andy Whitfield. En su aspecto la película es realmente fiel a la esencia de la cinta primigenia pero si algo nos deja totalmente claro es que el "sello de autor" de Zack Snyder es tan visual e impersonal que cualquiera puede plagiarlo haciéndolo pasar por suyo e incluso mejorándolo en varios momentos como en la primera batalla (la mejor del largometraje) el falso plano secuencia de Temístocles a caballo en plena batalla naval o el salto con travelling del soldado griego sobre el barco persa.




El mayor fallo de 300: El Origen de Un Imperio es, no sólo vivir a la sombra de la película  de 2006, sino también carecer de un protagonista del carisma y presencia del Leónidas al que dio vida un Gerard Butler incomensurable. Sullivan Stapleton tiene el porte fisico y las dotes para realizar creíbles coreografías de lucha, pero no tiene nada de personalidad, sus discursos palidecen al lado de los que espetaba el protagonista de la ácida Gamer y sólo cuando pone ojos de psicópata ofrece una labor algo más potable en pantalla. Pero para equilibrar la balanza tenemos a la Artemisia de una imponente Eva Green que devora el encuadre como sus malas artes, manipulaciones palaciegas, crueldad sin mesura y curvas de vértigo. El momento en el que "negocia" con Temístocles en privado es el más destacado de la velada y ahí la podemos ver en todo su esplendor empequeñeciendo al actor australiano.




Entre los secundarios volvemos a tener a un Rodrigo Santoro en su salsa como Xerxes y con él nace otro de los fallos más destacados del largometraje, porque si el cómic en el que supuestamente se basa la película toma su nombre como título es curioso que su aparición en la cinta sea más bien breve y casi anecdótica ya que después del (memorable) flashback que nos narra su nacimiento como rey-dios poco más se le ve en pantalla y la excusa de que parte de su ausencia es debido a que estaba formando parte de la batalla de las Termópilas no se sostiene demasiado porque como recordamos de la primera 300 su presencia en dicho enfrentamiento también fue bastante tangencial. Lena Heady vuelve como la reina  Gorgo y nuestra Cercei Lannister curiosamente da mejores discursos que Sullivan Stapleton y se implica mas físicamente en los enfrentamientos cuerpo a cuerpo (bueno, el que tiene, que es sólo uno) que Eva Green que es el único apartado del film en el que la actriz de Sombras Tenebrosas no está del todo a la altura. También se echa de menos a gente como Dominc West (The Wire) o Michael Fassbender (Shame, X-Men: Primera Generación) pero que murieran en la anterior entrega hacia difícil el regreso de ambos.




300: El Origen de Un Imperio es un placer culpable que da lo que se espera de ella, cine cafre de evasión, acción hipertrófica a ritmo de música machacona, algo de sexo llevado a cabo por cuerpos curtidos en gimnasios hasta lo extenuante e inexistente rigor histórico, aunque una vez más la épica rocambolesca funciona a la hora de cumplir su cometido de inflar de testosterona el conjunto del largometraje. Hay menos batallas en tierra y más navales y falta un protagonista masculino que lleve a buen puerto el barco, pero como obra es tan fiel a la pieza original que hasta mensajes pro bélicos y subtextos filogays tenemos en el guión y sus lapidarios diálogos, aunque esta vez se reduce el tufo xenófobo y se da incluso un origen comprensible a la maldad tanto de Xerxes como de Artemisia. De modo que si los fans de la versión de Zack Snyder se quedaron con ganas de más estas es su película, pero a aquellos que salieron del cine en 2006 hartos de cromas, filtros, pectorales y frases que luego fueron parodiadas hasta lo indecible en la red les digo que elijan cualquier otra propuesta cinematográfica de la cartelera, que haberlas haylas y algunas de mucha calidad.



martes, 12 de abril de 2011

La Legión del Águila




Título Original: The Eagle/Eagle of the Ninth (2011)
Director: Kevin Macdonald
Guión: Jeremy Brock basado en la novela de Rosemary Sutcliff
Actores: Channing Tatum, Jamie Bell, Donald Sutherland, Mark Strong, Dennis O'Hare, Tahar Rahim





Kevin Macdonald es un reputado documentalista británico que ha hablado en sus obras de no ficción de alpinismo (Touching the Void) el secuestro por parte del grupo terrorista Septiembre Negro de un equipo de deportistas israelíes en 1972 durante las olimpiadas de Munich (One Day in September) o los crímenes de la Gestapo durante la Segunda Guerra Mundial (My Enemy's Enemy). Ganando el Oscar con el segundo que he mencionado y con ello una fama de inteligente autor de documentales que suele tocar temas enriquecedores o complicados.






En 2006 con la ayuda del dramaturgo Peter Morgan y el guionista Jeremy Brock adaptó la novela de Giles Foden, El Último Rey de Escocia, que narraba la relación del tirano presidente de Uganda, Idi Amin con su médico, un escocés que llegó al país africano para ponerse a su servicio sin saber donde se metía. El film era harto interesante, estaba bien dirigido e interpretado (grande James McAvoy), pero un inmenso Forest Whitaker como el mandatario ugandés eclipsaba todo el proyecto con su genial caracterización.






En 2009 volvió a dar el campanazo en la ficción al adaptar al celuloide la alabada serie británica sobre corrupción política y periodística La Sombra del Poder (State of Play) ayudado por un magnífico equipo de guionistas formado por Tony Gilroy (Michael Clayton, la trilogía de Jason Bourne) Matthew Michael Carnahan (Leones por Corderos, La Sombra del Reino) y Peter Morgan (Frost/Nixon, Más Allá de la Vida). La cinta fue muy bien recibida, contenía un gran reparto y acrecentó la fama de su director, aunque en España pasó sin pena ni gloria. Un servidor aún no la ha visto, pero arreglaré pronto tal desaguisado.






Hay algunas cosas que agradecerle a Kevin Macdonald con respecto a La Legión del Águila. La primera y más destacada es que no haya caído en la trampa de rodar su cinta con el estilo (ya bastante manido) de 300, la adaptación que Zack Snyder hizo del excelente cómic de Frank Miller. No hay más que ver la esperpéntica, pero entretenida, serie Spartacus: Blood and Sand para descubrir la influencia que el largometraje del director de Sucker Punch ha dejado en gran parte de la ficción filmada contemporánea. El realizador británico ha preferido tomar prestadas ideas de la magnífica serie Roma ideada por la unión de la cadena HBO americana con la inglesa BBC y algún apunte de peplums clásicos del Hollywood de la era dorada.





Pero ahí acaban los elogios hacia el director de La Vida en Un Día con respecto a su último trabajo como director de ficción. Porque La Legión del Águila es decididamente un proyecto muy falllido. Rodado con desgana, escrito con apatía e interpretado de manera mediocre. El último film de Kevin Macdonald supone una oportunidad desperdiciada de recuperar el tono más épico del peplum siguiendo la senda de Gladiator de Ridley Scott o de la infravalorada Alejandro Magno de Oliver Stone.






Todo el producto carece de inventiva o personalidad. El conjunto, cinematográficamente hablando, es ineficaz, blando, poco elaborado. Las secuencias de batallas (a años luz de las que rodó, revolucionando el género estéticamente, Mel Gibson en Braveheart) no permiten que los encuadres respiren, ni transmiten épica o grandeza y Macdonald desperdicia unos paisajes majestuosos sin utilizar grandes angulares o tomas a vista de pájaro para crear una atmósfera que transmita lirismo o poesía. Además el guión es insípido y renqueante, no sé si por el relato en el que se basa o por la ineficacia de Jeremy Brock, pero su resultado es a todas luces insatisfactorio.





El reparto es de pena. Decisión del todo equivocada darle el papel protagonista al americano Channing Tatum que tiene tan limitadas sus dotes interpretativas como su expresividad facial. Mucho cuerpo, músculos enormes, pero nada de credibilidad con su papel, ni siquiera se le ve resuelto en las escenas de lucha, que son en las únicas en las que podría ofrecer algo de competencia y profesionalidad. Mejor lo hace un Jamie Bell alejado de Billy Elliot como el esclavo britano, pero sin darle demasiadas palmaditas en la espalda. Un grande como Donald Sutherland ofrece entereza y saber estar, pero sale poco y no se luce demasiado y el bueno de Mark Strong cumple con soltura en su breve aparición, pero la horrible peluca le quita seriedad a su rol.





Una cinta impersonal, mediocre, sin chispa, con un fondo simplista y una forma anquilosada. Una pena, porque Macdonald demostró bastante soltura como realizador potente en El Último Rey de Escocia, aquí no parece él mismo. Lo que podía haber sido un digno peplum que relanzara el género en la gran pantalla queda en un proyecto ínfimo y mal acabado que no sólo no cumple su cometido básico de entretener, sino que se confirma como la primera mancha dentro de la impecable carrera de su director. Esperemos que no se repita.





miércoles, 7 de julio de 2010

300



Título Original: 300 (2006)
Director: Zack Snyder
Guión: Kurt Johnstad, Michael Gordon y Zack Snyder basado en el cómic de Frank Miller
Actores: Gerard Butler, Lena Headey, David Wenham, Dominic West, Vincent Regan, Rodrigo Santoro, Michael Fassbender, Andrew Tieman, Andrew Pleavin, Tom Wisdom





Entrada 300 y bordeando el colmo de la genialidad voy a comentar 300, la segunda película detrás de la cámara del director americano Zack Snyder que adapta el célebre y premiado cómic homónimo del también estadounidense Frank Miller. Uno de los autores más destacados de todos los tiempos (a veces de manera justa, otras no) dentro del noveno arte y creador de una manita de obras maestras y trabajos muy destacables como Batman, Año Uno, Batman, el Regreso del Caballero Oscuro, Daredevil, Born Again, Ronin o Sin City, siempre en su época dorada. Porque lo que hace ahora pocas veces esquiva la definición de disparate.




300 supuso, no sólo una de los trabajos más destacadas del creador de Elektra, también se mostraría como la última gran obra de un autor que lleva dando bandazos mucho tiempo y regalando productos mediocres los últimos años, y por desgracia ya no sólo dentro del mundo del cómic, sino también del séptimo arte, sirva como ejemplo la infumable Spirit . Pero hablemos de 300, que supuso una atípica y arriesgada visión, muy personal, por parte de Miller sobre la célebre batalla de las Termópilas en el año 480 a. C. que enfrentó a el ejército espartano del rey Leónidas con el de los persas liderado por el emperador Xerxes.




300, escrito y dibujado por el propio Miller en el, por aquel entonces, ya poco común formato apaisado supone una obra maestra. Una excelente pieza, con uno de los mejores trazos de su creador, normalmente y como he dicho en otras ocasiones no muy de mi gusto a los lápices, no sin la ayuda de su a día de hoy ex esposa Lynn Varley que hace un trabajo sensacional con el coloreado. El cómic contiene también un guión excelente, lleno de grandes momentos, con diálogos épicos y bélicos de una muy lograda locuacidad.





300 es una apología de la guerra y el (supuesto) honor de morir en batalla aniquilando el mayor número de enemigos, dando la vida por la patria, es decir, es una visión acertada y bastante fiel del pensamiento espartano de la época. No habría ningún problema, ni hubiera levantado tanta polvareda la ideología decididamente ultraconservadora del cómic si hubiera sido ideado por otro autor que no hubiera proclamado ser tan derechista como Miller. Porque seamos sensatos, en distintos pasajes hay un tufo xenófobo y faccioso bastante considerable, sí, probablemente propios de los espartanos de la época, pero adaptado por la mente y la mano de Miller al fin y al cabo




En el año 2006 y tras el más que aceptable éxito de su Amanecer de los Muertos, el remake de la cinta de culto del mismo título (aunque en España se la conozca como Zombie), de George A. Romero, un semidesconocido, por aquel entonces, realizador americano llamado Zack Snyder encaró la difícil tarea de adaptar 300 a la gran pantalla y para ello en vez de moldear su producto al estilo tradicional o clásico, decidió realizarlo con pantalla azul y ayudado por los últimos avances en efectos digitales cinematográficos.




300 de Zack Snyder es una adaptación milimétrica del trabajo de Frank Miller. El director de Watchmen sabe potenciar y enfatizar el tono épico del autor de Hard Boiled, suavizar en muchas ocasiones el matiz reaccionario del cómic, incluir en las batallas personajes que no existían en la obra en papel y que no quedan mal en pantalla, ni desentonan con el trasfondo de la misma y añadir una interesante subtrama ajena al producto en viñetas, protagonizada por la reina Gorgo, para rellenar metraje, ya que las apenas 96 páginas no daban para ser debidamente distribuidas en los 112 minutos que dura la película.




El film de Snyder es una cinta de testosterona, de violencia estilizada y sangre digital, virilidad hiperbólica, bíceps enormes y cuerpos supuestamente perfectos. Un producto pretendidamente cool, visualmente atractivo, con música épica por parte de un excelente Tyler Bates y una interesante voz en off que acompaña la narración en imágenes y muscula el tono épico y dramático del proyecto, haciendo una clara alusión a como se exageraban los relatos bélicos que pasaban de boca en boca en la Grecia de la época. Todo sazonado con litros de hemoglobina, honor, frases lapidarias y batallas mastodónticas que no dan respiro al espectador.




Es de recibo destacar también que 300 tiene pasajes algo rídículos. Un Xerxes innecesariamente amanerado (quién no se ha reído alguna vez con el diálogo de los latigazos), aunque por mucho que el malo sea afeminado, no veo yo aquí ningún mensaje homófobo como se dijo en su momento. El ya célebre "This is Sparta" de Leónidas que es mofa recurrente en toda la red desde hace años y el hecho de que el mismo producto se tome tan en serio a sí mismo durante todo el metraje que le da un toque cómico en ciertos momentos puntuales.





300 finalmente y a pesar de sus fallos es una excelente cinta. Teniendo a su favor un Gerard Butler en el papel de su vida como el rey Leónidas, desprendiendo masculinidad y carisma desde el yelmo a las sandalias, una realización potente de Snyder, una imaginería visual que por medio del uso de la tecnología acaba teniendo un look pictórico más elaborado que el del cómic de Miller y un reparto ajustado de tíos a los que se le pide únicamente que den bofetones como columnas dóricas mientras aprietan los dientes.





A día de hoy y a pesar de no compartir en nada su ideología, ni la veo tan ultraderechista como en su momento (el cómic sería otro tema y lo comentaré en un futuro aquí en este blog) ni tan ridícula como parecía en un primer vistazo. Es un trabajo valiente, seguro de su propia naturaleza, una visión muy sui géneris (el de Miller) de la batalla de las Termópilas y un peplum muy logrado, que de una manera u otra se muestra como atípico, megalómano y original, que no es poco.



sábado, 6 de marzo de 2010

Calígula, el crepúsculo de los dioses

Título Original Calígula (1979)
Director Tinto Brass 
Guión Gore Vidal 
Reparto Peter O'Toole, Malcolm McDowell, Helen Mirren, John Gielgud, John Steiner, Paolo Bonacelli, Teresa Ann Savoy




Calígula es una de las películas más controvertidas de la historia del cine. Un proyecto cuya intención era marcar época cinematográficamente hablando por aunar sensualidad, violencia y rigor histórico mediante la unión de autores como el director de cine erótico Tinto Brass detrás de las cámaras, el célebre escritor americano Gore Vidal en el guión y un plantel de actores británicos de verdadero renombre en el reparto. Todo ello se vio empañado por la masacre fílmica que Bob Gucionne, dueño de la revista Penthouse y productor de la película, hizo con el proyecto por su propia cuenta y sin das explicaciones a nadie.

 


Cuando Tinto Brass terminó de rodar su film con los actores principales no dio crédito a lo que vio en el montaje final. Bob Guccione, tuvo la feliz idea de que una película como Calígula necesitaba más sexo todavía y explícito, por supuesto, de modo que cuando Brass y su equipo acababan un día de rodaje, el editor de Penthouse reconvertido en productor y su codirector, Giancarlo Lui, se dedicaban, de la manera más amateur y cutre posible, a grabar escenas de pornografía pura y dura con actores del cine para adultos que se alternarían con el metraje creado por el realizador de Salón Kitty.

 


Si el espectador obvia los planos de penes erectos, penes en estado de reposo, penes eyaculando, penes cercenados, vaginas abiertas, vaginas succionadas, vaginas velludas, vaginas penetradas, que ni siquiera coinciden con los actores del reparto artístico del film, es decir, que son secuencias fácilmente identificables, podrá disfrutar de un interesante y crudo peplum sobre los últimos 4 años de vida de Cayo Julio César Augusto Germánico, una trama bien construida con diálogos sobresalientes y un reparto en el que no sólo brillan los actores de más renombre (qué grandes y dignos Peter O'Toole y John Gielgud), ya que secundarios poco reconocidos como John Steiner dando vida a Longino o Guido Mannari en el papel de Macro hacen un trabajo muy acertado.


 

A pesar de las modificaciones, la sólida base argumental creada por Vidal se deja notar en el film. Intrigas palaciegas, conspiraciones, incesto, traición, muerte, sadismo, locura. El rigor histórico es bastante digno, la dirección artística intencionadamente teatral de Danielo Donatti, que remite indudablemente a la que construyó para Federico Fellini en Satyricon, resulta soberbia; pero si hay un lastre tecnicamente hablando, sin contar las ya mencionadas escenas fornicadoras, ese es la dirección de Brass.

 

El trabajo del autor de Los Burdeles de Paprika en su apartado técnico es el de siempre. Aburrido, estático, con una utilización inerte de la cámara, siempre con planos frontales y un abuso del zoom digno del fallecido y entrañable Valerio Lazarov. Este particular director italiano parece que nunca ha tenido la más mínima idea de lo que es un picado, un travelling o un plano cenital. Algunos dirán que su dirección es así por la naturaleza teatral del film, pero es que Brass siempre rueda así de mal, está tan pendiente de encuadrar en primer plano la anatomía de sus voluptuosas actrices que se olvida de dar vida a lo que está filmando.

 


Ahora voy a comentar uno de los motivos que hacen que valga la pena ver esta Calígula que nos ocupa, la labor de Malcolm McDowell. El protagonista de La Naranja Mecánica hace un trabajo mastodóntico, entre el amaneramiento y la más visceral de las crueldades, como puede verse en la escena del regalo de boda en la cocina. Sin pudor alguno el actor británico se introduce con fiereza en un papel que mezcla un lascivia demente con un infantilismo que goza con la visión de violencia y  pervesión. También destacar una muy carnal y poco aprovechada Helen Mirren, así como una atractiva en su fisicidad, pero facialmente estulta, Teressa Ann Savoy, cuyas dotes para la interpretación dejan mucho que desear.


 

Lo que pudo ser y no fue por culpa de unas intrigas y traiciones en la producción del film dignas de las que pueblan la trama del metraje. Caligula pasó de ser un peplum que iba a marcar época durante su gestación a una película softocore con ínfulas históricas y reparto de campanillas denostada por los aficionados al cine mal llamado conveniconal. A un servidor le resulta una cinta interesante que no se hace pesada a pesar de sus 155 minutos de duración, pero a la que le sobra todo el sexo explícito, que aun siendo defendido por algunos como la mejor muestra de lo excesivo que fue el reinado de Calígula, a mí el primer plano de una pene eyaculando en el climax de una felación me remite al cine pronográfico, no a Roma y su decadencia como imperio.


martes, 20 de octubre de 2009

Ágora



Director: Alejandro Amenábar (2009)
Guión: Alejandro amenábar & Mateo Gil
Actores: Rachel Weisz, Max Minghella, Ashraf Barhom, Oscar Isaac, Michael Lonsdale, Rupert Evans, Homayoun Ershadi, Richard Durden, Sami Samir, Manuel Cauchi





He ido con bastantes reparos a ver la última cinta de Alejandro Amenábar, porque Mar Adentro me resultó un buen film, pero sobrevalorado en exceso, maniqueo, adoctrinador y partidista, de un simplismo alarmante a pesar de transmitir sensaciones reales y de profundo calado. Pero Ágora es otro mundo, la quinta cinta del chileno afincado en España ha supuesto para mí una de las más increíbles experiencias cinematográficas que he tenido el gusto de visionar en muchos años.




Más allá del peplum, más allá de una simple revancha contra el cristianismo, mucho más allá de una reivindicación en favor de el feminismo o de un enaltecimiento de la libertad, Ágora es por encima de todo una enorme, magistral y muy profunda oda en favor del poder ilimitado que produce el conocimiento, el saber, el simple pero inabarcable acto de descubrir.



Hipatia de Alejandría fue algo más que una mujer adelantada a su época, una filósofa, una astrónoma o una experta en matemáticas, fue un icono, la más fiel representación de una persona entre dos mundos (el cristiano y el pagano) que chocan y sólo anelan exterminarse mutuamente. Ella en una peligrosa tierra de nadie luchó por sus convicciones, por seguir aprendiendo, por nunca dejar atrás su individualidad y sus ideales, y dio voz a la sabiduria hasta los últimos días de su vida.




Es de un mérito impresionante que Amenábar que nunca se ha movido con grandes presupuestos y que no se ha embarcado hasta esta Ágora en una superproducción (y quién diga que Los Otros es una de ellas, va bastante desencaminado) haya mantenido un ferreo control en la dirección, no sólo cogiendo con pulso firme las riendas del apartado técnico del film, también regalándonos pasajes memorables que encogen el corazón cada diez minutos de metraje.




Me resulta un acto imposible enumerar todos los momentos de Ágora que se quedan grabados en la retina, miradas, gestos, gritos, planos majestuosos, diálogos de una increíble trascendencia. Actores que parecen haber nacido para desempeñar sus papeles, un recreación histórica exquisita, una banda sonora portentosa, unas imágenes y unos sonidos que remiten a ese gran cine que sólo los grandes saben crear.




Por medio de una arrebatadora pasión por lo que están contando, una inusitada profundidad emocional, Amenábar y Mateo Gil dan forma a un film que toma como suyos temas trillados como el amor a dos bandas, las intrigas políticas, el fanatismo religioso, la fe, el laicismo y lo convierten en una cinta destinada a marcar época dentro de nuestro cine. Una obra maestra a todas luces inolvidable, que a mí me ha dejado tocado en cierta manera. El pintor Francis Bacon dijo una vez que el conocimiento es poder, Amenábar y Gil lo sabían y nos dan muestra de ello en esta pieza de orfebrería, la mejor película del 2009 para el que suscribe.