Mostrando entradas con la etiqueta miniserie. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta miniserie. Mostrar todas las entradas

sábado, 28 de diciembre de 2019

El Resplandor (1997)



Título Original Stephen King's The Shining (1997)
Director Mick Garris
Guión Stephen King, basado en su propia novela
Reparto Steven Weber, Rebecca De Mornay, Courtland Mead, Melvin Van Peebles, Wil Horneff, Elliott Gould, John Durbin, Stanley Anderson, Pat Hingle, Cynthia Garris, Mickey Giacomazzi, Tomas Herrera, Tim Perovich


En el año 1997 el escritor Stephen King y el director Mick Garris ya habían colaborado estrechamente en dos adaptaciones de los textos del autor de Rabia o La Larga Marcha. Primero lo hicieron con Sonámbulos, una novela inacabada de King convertida por él mismo en el guión original sobre el que se sustentó esta cinta de terror centrada en una madre (Alice Krige) y su hijo (Richard Krause) pertenecientes a una estirpe de criaturas con aspecto felino y practicantes de incesto que se alimentaban de la energía vital de los seres humanos, concretamente de la de Tanya (Mädchen Amick). Se trataba de una cinta violenta, alocada y anárquica repleta de cameos de iconos del cine fantástico y de terror (Mark Hammill, Clive Barker, Tobe Hooper, Joe Dante, John Landis) muy denostada en su época, pero con notable encanto. Después aunaron fuerzas en un proyecto mucho más ambicioso como fue llevar a formato televisivo una de las novelas más descomunales del autor de Maine. Apocalipsis (The Stand) conoció una muy digna y competente traslación audiovisual a modo de miniserie de cuatro episodios. Gary Sinise, Molly Ringawald, Ray Walston, Laura San Giacomo, Ruby Dee, Ossie Davis, Miguel Ferrer, Corin Nemec, Matt Frewer, Rob Lowe o un inolvidable Jamey Sheridan en la piel del diabólico Randall Flagg ofrecieron una fiel versión del extenso libro que, una vez más, King se ocupó de adaptar para la pequeña pantalla. De manera que para entonces la relación personal y profesional de ambos autores estaba más que afianzada.




El buen feeling entre la pareja y, sobre todo, lo contento que King quedó con la miniserie de Apocalipsis seguramente fueron los motivos por los que el novelista depositó en Garris la responsabilidad de dirigir otra miniserie para el medio televisivo, en esta ocasión una convertida en deuda pendiente para el marido de Tabitha King. El Resplandor, su famosa novela adaptada, de manera muy sui generis, por el gran Stanley Kubrick y tansformada en un clásico del cine de terror iba a conocer una nueva versión a manos de su propio creador con el respaldo de Warner Bros, poseedora de los derechos del célebre trabajo literario. Jack Nicholson, Shelley Duvall y Danny Lloyd iban a ser sustituidos por Steven Weber (Por Trece Razones) Rebecca de Mornay (Jessica Jones) y Courtlan Mead (Hellraiser 4) a los que sumarían Melvin Van Peebles, Elliot Gould, Pat Hingle, Stanley Anderson o John Durbin entre otros. De todos ellos el trabajo más complicado lo tenía Weber, ya que debía afrontar el desafío de interpretar a un personaje al que en su primera encarnación le dio vida un titán como Jack Nicholson, pero a eso volveremos un poco más tarde.




Uno de los primeros síntomas que convertían esta nueva versión de la famosa novela en una obra en la que King tenía todo el control creativo es que su nombre acompañaba al título de la miniserie. Stephen King’s The Shining se ceñía tanto a lo acontecido en el libro original que hasta el Overlook utilizado en su producción es el Hotel Stanley de Estes Park, Colorado, el auténtico edificio que inspiró a King a la hora de escribir la historia de la famila Torrance y cuya fachada es usada para los planos exteriores de esta nueva El Resplandor. Tomando como partida ese detalle de vital importancia King escribió un guión dividido en tres partes, porque ese era el número de episodios del que constaba la miniserie, en el que recuperaba todo aquello que Stanley Kubrick había desechado para su película de 1980 convirtiendo así esta nueva adaptación en un trabajo escrupulosamente fiel a la palabra escrita, con todo lo bueno y malo que ello implica. Una vez el libreto estaba listo Mick Garris, sus actores y el equipo técnico se pusieron manos a la obra con el rodaje.




La versión de 1997 de El Resplandor es un producto meritorio en no pocos aspectos y eso que fue gestado y estrenado poco antes de que series como Oz o Los Soprano, ambas de HBO y por tanto también de Warner Bros, dieran el pistoletazo de salida a lo que hoy se conoce como la Nueva Edad Dorada de la ficción televisiva estadounidense. Desde el minuto uno se percibe el dinero invertido por los productores para llevar a buen puerto el deseo de Stephen King de realizar la adaptación más fiel posible de su propia novela. Los tres episodios en los que se divide el proyecto suman unas cuatro horas de metraje que en ningún momento se hacen plomizas o aburridas y eso es gracia a la labor de un artesano curtido en mil batallas como Mick Garris. El creador de Masters of Horror nunca ha facturado grandes producciones cinematográficas o televisivas, de hecho en no pocas ocasiones ha bordeado una más que contrastada mediocridad. Pero, de la misma manera que Frank Darabont entiende perfectamente la letra del autor de Maine a la hora de llevarla a la pantalla grande, Garris hace lo propio cuando es el medio televisivo el receptor de dicho material literario.




El director de Piscosis IV: El Comienzo ejecuta una labor encomiable detrás de las cámaras construyendo una clásica historia de casas encantadas apelando acertádamente a los lugares comunes propios del subgénero. La naturaleza sobrenatural del Overlook y los espíritus que en él habitan van haciéndose presentes de manera gradual, con un tempo bien dosificado aunque en ocasiones el director abuse del recurso de mover objetos cuando los personajes han abandonado el encuadre. Garris apela a una puesta en escena elegante y unos movimientos de cámara bien insertados que acrecientan la sensación de amenaza latente en el edificio supuestamente deshabitado. De su labor técnica sólo podemos desacreditar algunos recursos visuales como las apariciones de Tony levitando, que más que aterrar incitan a la risa, o lo obsoletos que han quedado los efectos digitales, ya bastante pobres cuando se estrenó la miniserie, por suerte no muy abundantes a lo largo del metraje. Más allá de eso y teniendo en cuenta las limitaciones conceptuales y narrativas que la pequeña pantalla proporcionaba por aquel entonces a sus autores Garris cumple su cometido de manera harto profesional.




El guión de Stephen King no deja nada en el tintero con respecto a la novela. Aquí profundizamos adecuadamente en los problemas de alcoholismo de Jack Torrance, en su truncada carrera como escritor y los episodios de malos tratos que protagonizó en el pasado volviendo cuando el Overlook comienza a dominar su psique. La mala relación del protagonista con Stuart Ullman, que no quiere a un “borracho” cuidando de su valioso hotel, la importancia capital en la trama de la caldera averiada que finalmente hará explotar el edificio o la relevancia de un personaje como Horace Derwent, el pervertido dueño del hotel, son muchas de las señas de identidad de la novela original que King consideraba necesarias para llevar a cabo una fiel traslación de la misma. Como es lógico hablamos de un producto para la televisión en abierto y por mucho que su calificación moral la convierta en una miniserie dirigida al público adulto esa personalidad sórdida, visceral y enfermiza que rara vez es llevada al medio audiovisual cuando se adaptan los escritos de King tampoco hace acto de presencia aquí aunque Mick Garris no escatima violencia e incluso cierto sadismo a la hora de ejecutar los pasajes en los que Jack Torrance trata de asesinar a su familia.




En cuanto al reparto un servidor opina que Steven Weber compone un Jack Torrance ejemplar, no sólo más cercano al de la novela de King, sino también alejado radicalmente del interpretado por Jack Nicholson en 1980. Evidentemente sería de necios comparar las dotes interpretativas de ambos actores, porque el protagonista de Infiltrados (The Departed) devoraría impunemente a su oponente. Pero es un hecho que la composición de Weber sí muestra de manera clara y gradual la caída en la locura de un buen hombre superado por los acontecimientos y con la sombra del alcoholismo siempre sobrevolándole. Su inmersión en el papel es cada vez más intensa y cuando su personalidad finalmente deriva en un homicida cuya única intención es matar a su mujer y entregar su hijo a los espíritus del Overlook da lo mejor de sí mismo. Para el que suscribe Steven Weber es lo mejor de esta versión de El Resplandor y siempre he lamentado que a un profesional con tanto talento como él nunca le hayan ofrecido un papel protagonista con el que pudiera demostrar su valía. Como muchos otros actores que han interpretado a personajes nacidos de la literatura del autor de La Niebla Weber reincidió apareciendo en las adaptaciones de Desesperación, de nuevo bajo las órdenes de Mick Garris, y en un episodio de la serie de televisión inspirada en la recopilación de relatos Pesadillas y Alucinaciones.




Rebecca De Mornay da la réplica muy dignamente a Steven Weber componiendo una Wendy Torrance que también se acerca a la retratada por Stephen King en la novela original asumiendo un rol mucho más activo a la hora de defender la integridad física y psiológica de su hijo, Danny, frente a los arrebatos parricidas de su esposo. La nota negativa la pone el pequeño Courtland Mead, un repelente niño de voz irritante que a pesar de poner todo su esfuerzo por resultar creíble sólo transmite al espectador una terrible sensación de rechazo que casi nos hace desear su no supervivencia a la encrucijada familiar en la que se ve envuelto. Veteranos como Melvin Van Peebles, Elliot Gould o Pat Hingle o Stanley Anderson entre otros completan un reparto muy competente con caras conocidas del cine y la televisión. Como en otros producciones de Mick Garris, estén o no adaptadas de novelas de King, tenemos varios cameos entre los que podemos distinguir las caras de Sam Raimi, Frank Darabont, los mismos Garris y King o la inconfundible voz de Miguel Ferrer al que los fans irredentos de Twin Peaks siempre recordaremos como el inolvidable agente del FBI Albert Rosenfield.




Como era de esperar la vendetta personal de Stephen King contra Stanley Kubrick se resolvió con una clara victoria de este último, porque como dicta la lógica la versión del director de Senderos de Gloria o Barry Lyndon, a pesar de sus numerosas y molestas licencias con respecto al libro, está a años luz de la ideada por el escritor y su amigo Mick Garris. Con todo un servidor sigue recomendando encarecidamente esta más que competente miniserie de 1997 con la que podemos acercarnos a una perspectiva mucho más fiel a la fuente literaria original aunque su calidad como producto audiovisual no se adentre en ningún momento en los terrenos de lo excepcional y esté rematado con un innecesario y lacrimógeno epílogo. La colaboración entre Stephen King y Mick Garris continuó con nuevas traslaciones de sus textos al medio televisivo como más miniseries y tv movies tomando inspiración en trabajos del autor de Maine como Desesperación, Riding the Bullet o Un Saco de Huesos. Contra todo pronóstico esta no fue la última vez que el cine o la televisión recibieron la visita de algún miembro de la famulia Torrance. Porque en el presente 2019 Mike Flanagan se ocupó de adaptar a la pantalla grande Doctor Sueño, la secuela literaria de El Resplandor publicada por King seis años antes y de ella también hablaremos.


lunes, 24 de febrero de 2014

Robocop: Prime Directives, the technology is our friend



Título Original Robocop: Prime Directives (2000)
Director Julian Grant
Guión Joseph O'Brien y Brad Abraham basado en personajes de Ed Neumeier y Michael Miner
Actores Page Fletcher, Maurice Dean Wint, Maria del Mar, Anthony Lemke, Kevin Jubinville, David Fraser, Geraint Wyn Davies, Leslie Hope






Después del enorme fracaso que supuso Robocop 3 la Orion Pictures daba sus últimos coletazos. Para sacar algo de beneficio monetario en tiempos aciagos decidió vender los derechos del personaje a una productora canadiense llamada Skyvision Entertainment. Una vez en su poder esta puso en marcha en 1994 una serie de televisión en la que no se escatimaron medios (cuenta la leyenda que cada episodio tenía un presupuesto de un millón de dólares) pero el tono demasiado para todos los públicos alejado de la esencia del personaje dio pie a que el programa no durara más de una temporada siendo cancelado prematuramente a los 22 episodios. Un servidor la vio completa en su momento y sólo la recuerda lejánamente, pero si puedo remediarlo la revisionaré y comentaré antes de que acabe este mes que le estoy dedicando a Robocop.




En el año 1999 Jay Firestone (dueño de la productora Fireworks Entertainment) conservaba los derechos de Robocop que en su momento adquirió Skyvision Entertainment y decidió hacer "algo" con el personaje antes de que los mismos expiraran. Firestone contrató al director Julian Grant y a los guionistas Jospeh O'Brien y Brad Abraham para que dieran forma a una miniserie de cuatro episodios de 90 minutos de duración cada uno para relatar una nueva historia protagonizada por el policía más famoso de la Detroit del futuro. Robocop: Prime Directives se estrenó en el año 2001 con un moderado éxito de audiencia. El producto a pesar de sus escasísimos medios es un trabajo muy entretenido que consigue algo que ningún otro proyecto audiovisual relacionado con el personaje ha conseguido. Captar adecuadamente el tono de sátira política corrosiva y punzante que destilaba la cinta primigenia dirigida por Paul Verhoeven.




Robocop: Prime Directives está formada por cuatro episodios en continuidad titulados Dark Justice, Meltdown, Ressurrection y Crash and Burn. La historia tiene lugar 10 años después de que Robocop entre en servicio, Delta City es una realidad y es considerada la ciudad más segura del mundo gracias a los servicios del mencionado agente Álex Murphy. La OCP controla toda Delta City y entre los componentes de la organización se encuentra James Murphy, el ya maduro hijo del protagonista y candidato con futuro dentro de la compañía. La historia comienza cuando un antiguo compañero de Álex, el agente John Cable, empieza a investigar los trapos sucios de la OCP y descubre algunos secretos bien guardados por los que tendrá que unir sus fuerzas con su antiguo colega y pagar un caro precio por sus descubrimientos.




Vayamos al grano y sin muchos rodeos. Robocop: Prime Directives es un producto formalmente mediocre que no se aleja estilísticamente mucho de un episodio de la primera serie de Nikita protagonizada por la australiana Peta Wilson y realizado con el único fin de que los, por aquel entonces, dueños de los derechos del personaje pudieran exprimir los mismos hasta el último momento, de modo que no podemos esperar una obra muy destacable. En pantalla eso se deja notar ya que la miniserie en casi todo momento deja claro al espectador que los escasos 8 millones de dólares que se invirtieron para crearla no fueron suficientes para que los efectos digitales de baratillo, las cámaras lentas cutres y los rayos de electricidad ridículos den forma a las esforzadas pero en general humildes secuencias de acción que por otro lado son indudablemente entretenidas y con un tono a Serie B que no le queda nada mal al conjunto del proyecto.




Pero ante la escasez presupuestaria lo mejor es tener imaginación y ganas de ofrecer algo interesante, no sólo al espectador ocasional, sino también al fan del verdadero Robocop, el de la película de Paul Verhoeven. Como ya he comentado brévemente de manera previa Julian Grant, Jospeh O'Brien y Brad Abraham consiguen con Robocop: Prime Directives algo que no han logrado ni secuelas, ni remakes, ni series de televisión en imagen real o animadas que es nada más y nada menos que captar totalmente el tono sardónico, de humor negro, mala baba e incorrección política de la cinta de 1987. Pero no como la malentendieron Frank Miller, Walon Green o Fred Dekker sino en toda su extensión llegando a ejecutar momentos de puro genio que se convierten sin lugar a dudas en lo mejor de la miniserie y su más interesante virtud.




El telediario Media Net encabezado por dos asépticas presentadoras de sonrisa falsa ofrecen noticias como que un atentado en Texas reivindicado por un grupo extremista enfadado por la derrota del ejército mexicano más de 200 años atrás hace volar por los aires el monumento a El Álamo declarando sus miembros que: "Más vale tarde que nunca". En la publicidad podemos ver la promoción de un dvd que contiene "los grandes momentos de Robocop" deteniendo y eliminando a los delincuentes (hay un plano genial en el que Robo se ve incluso lanzando por los aires un carricoche de bebé) para poco después cuando el protagonista es tildado de "peligroso terrorista rebelde" por la OCP  promocionarse el mismo dvd pero como muestra de lo peligroso que puede ser el policía cyborg cambiando el tono friunfal del spot anterior por una brutalmente alarmista.




Científicos de la OCP desautorizando las voces que critican que Robocop incrementa la violencia a la hora de imponer la ley por medio de la brutalidad policial, una caja de ahorros llamada Chelsea Clinton, una plaza "cívica" con el nombre de Jerry Springer y como cumbre un programa de investigación en el que, tras convertirse Robocop en un renegado, sus reporteros deciden ir a visitar de manera furtiva la sala donde se realizaba hasta ese momento su mantenimiento preguntándose que hay dentro del disco duro de la memoria del personaje (¿peliculas de Barbra Streisand, la existencia de vida extraterrestre, pornografía?) o el momento en el que se menciona el culo del protagonista para seguidamente salir una aplicación interactiva en pantalla en la que si pinchamos nos permite a los espectadores saber más cosas sobre el culo de agente cibernético.




Esa es la tónica general a la hora de retratar lo manipulados que están los medios de comunicación en la miniserie, son tantos los chistes, tantas las bromas ocultas que mientras tenemos a una presentadora hablando de la OCP puede pensar por los ciudadanos y quitarles así esa engorrosa tarea por la parte baja y superior de la pantalla destilan mensajes como que sólo un mal americano que no mira por la seguridad de su familia no aceptaría el libre comercio de armas para defender sus derechos. Hasta tenemos unos anuncios publicitarios protagonizados por una especie de Michael Moore de baratillo criticando esos mismos medios y acusando a los televidentes de ser los conejillos de indias de una corporación que por medio de un programa informático llamado SAINT quiere controlar desde las oficinas centrales de la OCP toda la energia de Delta City. En resumidas cuentas, por fin alguien capta la esencia del verdadero Robocop, el que vive en un futuro privatizado, fascistoide, globalizado y por desgracia no muy diferente a los tiempos que estamos viviendo en la actualidad.




Lo demás es acción por un tubo, personajes pintorescos, simpáticos villanos de opereta, violencia más o menos cruda, dos pares de tetas furtivas, muchas armas eléctricas, científicos pirados, yuppies engreidos (con una tal actriz llamada Maria del Mar de origen madrileño de muy buen ver) cierta inciedencia en la piscología del protagonista y un nuevo Robocop para enfrentarse con el clásico en varios combates cuerpo a cuerpo y tiroteos que no están mal pero que finalmente se llegan a hacer cansinos por redundantes. Los actores se esfuerzan y aunque podemos ver rostros más o menos conocidos del cine canadiense como Page Fletcher (Carretera al Infierno) Maurice Dean Wint (Cube) Leslie Hope (Hablando con la Muerte, 24) o Geraint Wyn Davies, protagonista de aquella mediaocridad catódica titulada El Señor de las Tinieblas (Forever Knight en su nombre original) que llenó mi infancia de vampiros modernos a lo Anne Rice pero en cutre y que casi con toda seguridad inspiró a Joss Whedon y David Greenwalt para crear la serie Ángel, el reparto está formado por intérpretes que parecen salidos de cintas eróticas de medio pelo.




Si tenemos en cuenta su origen y los motivos por los que fue gestada este miniserie Robocop: Prime Directives es, no sólo un producto entretenido y bastante aceptable, también la obra en imagen real que, como ya he mencionado, es más fiel a la esencia del personaje que toma como protagonista y una grata sorpresa que hace pasar al espectador seis horas harto entretenidas entre acción, sátira, reminiscencias al género western (el terrible tema principal parece un corte compuesto por Alan Silvestri creyéndose Ennio Morricone bajo los efectos de la mescalina) no sólo un Robocop sino dos y muy buenas intenciones que eclipsan los pocos medios con los que el proyecto fue gestado y que fueron suficientes para crear la pieza audiovisual más simpática e irónica relacionada con Robocop desde la película que lo vio nacer como icono de la cultura pop.



lunes, 8 de agosto de 2011

Sentido y Sensibilidad, nuestro propio hogar




Título Original Sense & Sensibility (2008)
Director John Alexander
Guión Andrew Davies basado en la novela de Jane Austen
Actores Hattie Morahan, Charity Wakefield, Lucy Boynton, David Morrisey, Dan Stevens, Mark Gatiss, Daisy Haggard, Rosanna Lavelle, Anne Madeley, Jean Marsh, Dominic Cooper




Tercera versión en imágenes de Sentido y Sensibilidad la célebre primera obra literaria escrita por la novelista británica Jane Austen en el año 1811. La más antigua la realizó para la televisión la BBC en 1981. La segunda y más exitosa fue para la pantalla grande, la dirigió ese genio llamado Ang Lee, que se mueve con inusual soltura en todo tipo de géneros, la escribió una Emma Thompson que se llevó un Oscar por dicho libreto y la protagonizaban esta última, Kate Winslet, Hugh Grant y Alan Rickman. La que nos ocupa data de 2008 y a pesar de no tener un reparto de renombre, ni autores destacados en el guión o la dirección, no deja de ser una excelente miniserie televisiva a la altura de las circunstancias.




Sentido y Sensibilidad narra como en la Inglaterra de siglo XIX las mujeres Dashwood, una madre y sus tres hijas, deben abandonar su propio hogar tras la muerte del cabeza de familia, ya que la casa ha pasado a ser propiedad de un hermanastro lejano de las jóvenes, cuya esposa no las quiere compartiendo el inmueble con ellos. Las tres hermanas y su madre se irán a vivir a una humilde casa campestre y allí seremos testigos del cambio radical en la vida de las protagonistas y los vaivenes de los asuntos amorosos de las Dashwood adultas, Elinor y Marianne.




Elinor, que es la mayor, representa la coherencia, la contención y la responsabilidad, por otro lado Marianne es la impulsividad, la pasión y la entrega, por ello es indecisa en temas como el amor y el compromiso. Esta última se ciega sentimentalmente por John Willoughby, joven inmaduro que sólo disfruta rompiendo corazones por medio de mentiras y manipulaciones. Pero quien verdaderamente bebe los vientos por ella es el íntegro y honrado Coronel Brandon, que espera elegantemente en un segundo plano para no disgustarla, ni entrometerse en su vida.




Por otro lado Edward Ferris, miembro de una adinerada y estricta familia londinense está enamorado de Elinor, pero ella al no estar segura de los sentimientos de su posible pretendiente (algo extraño, que conoceremos más adelante, sucede con él) y de estar más preocupada por los complicados asuntos del corazón de su hermana menor Marianne, deja un poco de lado sus propios avatares amorosos para dedicarse en cuerpo y alma a ayudarla. Esta viene a ser la trama central de la historia en la que asistiremos a como las Dashwood afrontarán su nuevo status social y sentimental.




Todo este entramado, que no deja de ser un folletín puro y duro, en manos de Jane Austen se muestra como un relato moderno, actual, así como reivindicativo con respecto al papel de la mujer en aquella época de machismo y falsas apariencias por el que no pasan los años debido a su naturaleza rompedora y vanguardista. John Alexander en una depurada dirección puramente británica con un academicismo (en el sentido más elogioso de la palabra) elegante y vivo ofrece verismo y un tono entre lírico y melancólico a las vivencias de las Dashwood. Al tono más alegre y de colores cálidos de las dos primeras partes (de las tres en las que se divide la miniserie) se contrapone la crudeza y las tonalidades frías del tercero, en cuyo inicio se centra la parte más dramática del argumento.




También el guión de Andrew Davies (no confundir con Andrew Davis, director norteamericano autor de films como El Fugitivo o Reacción en Cadena) sabe trasladar con pericia y fidelidad la letra de la autora de Orgullo y Prejuicio, Emma o Mansfield Park a la pantalla. Proporcionando pasajes memorables y unos diálogos que permiten al compenetrado reparto lucirse con momentos de fuerte carga dramática como el que tiene lugar durante la cena en casa de los Ferris o el final entre Edward y Elinor.




El casting es magnífico y a pesar de no estar formado por caras demasiado conocidas del celuloide británico muestra una encomiable profesionalidad, más aún si tenemos en cuenta que los actores que componen el mismo tenían que cargar con el considerable peso de dar vida a personajes que en la anterior y exitosa versión tuvieron el rostro de celebridades conocidas como Emma Thompson, Kate Winslet, Alan Rickman o Hugh Grant. Este último no es que sea un intérprete del todo insobornable, pero haciendo honor a la verdad hay que admitir que en este tipo de roles se mueve indudablemente como pez en el agua.



Sentido y Sensbilidad es una excelente miniserie con el sello de calidad de la BBC. Está exquistamente dirigida, escrita con precisión y profesionalidad, interpretada con aplomo y porte británico, así como envuelta en una magnífica partitura compuesta por Martin Phipps. No puedo compararla con las otras versiones ya que la de 1981 no he tenido el gusto de verla y la de Ang Lee la degusté hace años y no de manera íntegra, aunque esta última la revisionaré a no mucho tardar para compararla con esta producción televisiva de 2008 que merece más de un elogio. No sólo por parte de los incondicionales de Jane Austen, sino también por todo aquel espectador que disfrute con recreaciones cinematográficas de época y buenas historias narradas con elegancia y versatilidad.


viernes, 12 de marzo de 2010

El Resplandor, la versión del escritor


Título Original: Stephen King's, The Shining (1997)
Director: Mick Garris
Guión: Stephen King basado en su novela homónima
Actores: Steven Weber, Rebecca de Mornay, Courtland Mead, Melvin Van Peebles, Pat Hingle, Elliott Gould






En 1980 Stanley Kubrick adaptó la célebre novela El Resplandor, obra del escritor Stephen King. El film es desde mi punto de vista el más flojo de la carrera del realizador, pero claro, hablamos de uno de los mejores directores de la historia del cine, de modo que sin mucha dificultad se puede tildar a la cinta que comento como un clásico contemporaneo dentro del género de terror que batió records de taquilla, pero que fue recibido con división de opiniones por los críticos.




El film poseía muchas virtudes, como todas las producciones de Kubrick, pero su mayor fallo era la poca fidelidad hacia el libro que adaptaba. El director de Espartaco y su co guionista Diane Johnson se pasaron por el forro, no sólo muchos pasajes del escrito sino también dos de los conceptos clave del relato, la caldera defectuosa del sótano del hotel Overlook y el alcoholismo del personaje principal, Jack Torrance.




Stephen King es un alcohólico rehabilitado y en muchos de sus relatos ha intentado expiar sus demonios internos y los problemas que le causó durante muchos años dicha enfermedad y hablamos de unos niveles de dependencia hacia la bebida en los que si el escritor de Carrie no encontraba en su hogar algún tipo de licor, no dudaba en ingerir desde el After Shave hasta el colutorio dental. El Resplandor nos narra como Jack Torrance, su mujer Wendy y Danny el hijo de ambos, poseedor de poderes precognitivos, se mudan a un hotel, lleno de espectros de huéspedes fallecidos allí, para vigilarlo durante el invierno.




Pero la tercera novela de King es en verdad una nada velada metáfora sobre el alcoholismo, la lucha interna de un padre por vencer una enfermedad que le va a quitar la vida y destrozar la de su familia. De ahí el profundo disgusto del de Portland con la adaptación de Kubrick, que como todos sabemos era capaz de hacer la peor tropelía contra quién fuera necesario (guionistas, productores, actores) con tal de hacer la película que el tenía en mente. Por eso en 1997 King trabajó junto a su amigo Mick Garris para hacer una miniserie televisiva adaptando fielmente su propia novela.




King y Garris ya habían trabajado dos veces con anterioridad y lo harían otras cuantas, años después, como se pudo ver en la horripilante adaptación que ambos hicieron de Desesperación, otra novela del escritor de Maine o en Riding the Bullet. La primera vez que se vieron las caras fue cuando ambos realizaron aquella salvajada, sangrienta, felina e incestuosa llamada Sonámbulos, esta vez con guión original de King. La segunda fue cuando ambos se embarcaron en la mastodóntica adaptación televisiva en cuatro episodios de la extensa, ambiciosa y algo plomiza novela Apocalipsis (The Stand) una de las más conocidas del escritor, con resultados meritorios pero no del todo satisfactorios, que comentaré dentro de poco en este santo blog.




Garris y King tenían a su favor un metraje holgado para plasmar hasta el más mínimo detalle de la novela, unos medios bastante aceptables para ser un producto dirigido a la televisión americana y un equipo competente tanto en el apartado artístico (aunque con algún fallo de casting que comentaré más tarde) como en el técnico. Pero tenían en su contra las limitaciones que daba en aquella época el medio televisivo y sobre todo, la alargadísima y constante sombra de la cinta original de Kubrick.




Comparar las dos versiones de El Resplandor es una estupidez, porque son épocas distintas, autores diferentes y medios que por aquel entonces tenían poco que ver el uno con el otro (las geniales y muy cinematográficas series de la HBO quedaban lejos aún). La cinta de Kubrick es abismalmente superior cinematográficamente hablando, pero la versión de Garris y King deja mucho más satisfecho al seguidor de la obra literaria, porque sin ser enfermizamente fiel al escrito, sí lo plasma con mucha más entereza y consistencia como adaptación del mismo.




Hablemos del reparto y con ello destaquemos el inmenso y esforzadísimo trabajo de un Steven Weber en el papel de su, por desgracia, errática y desconocida carrera. El protagonista de Mujer Blanca Soltera Busca... sabe que la genialmente sobreactuada interpretación de un Jack Nicholson más pasado de rosca que nunca planea sobre su cabeza, por eso no se refleja para nada en él. Weber compone un Jack Torrance que se adentra gradualmente en la locura, no como el de Nicholson que parecía que estaba como una puta cabra desde el primer plano del film de Kubrick. Mostrando de manera física y psicológica una lucha interna perfectamente palpable por el espectador y demostrando que junto a David Strathairn es uno de los actores que mejor hace de borracho en el Hollywood actual.




Rebecca De Mornay hace un trabajo correcto, aporta buen material dentro del dramatismo de la miniserie y estaba en una época de madurez física maravillosa durante el rodaje, poco antes de meterse el bisturí hasta en el gaznate y destrozarse de pies a cabeza y no es mejor actriz que la sufrida Shelley Duvall, pero es mucho más guapa y se agradece. Entre los secundarios podemos encontrar con breves pero correctos papeles a Pat Hingle, Elliott Gould y al gran Melvin Van Peebles.




Pero uno de los fallos más grandes del film es el niño elegido para dar vida a Danny Torrance, Courtland Mead. El pobre crío hace lo que puede, se esfuerza, pero a parte de ser malo como un cáncer de pancreas, haciendo un trabajo para correrlo a gorrazos, es que tanto su voz horriblemente nasal como su presencia física son del todo insportables, es más, creo que Garris lo escogió sólo porque sabía poner los ojos en blanco durante las escenas de los trances, porque si no, no me explico que hace este engendro de medio metro delante de una cámara. Por suerte para la humanidad este mozo parece ser que dejó la interpetación y ahora ejerce de cani hiphopero en sus horas libres, dios lo bendiga si realmente el de la foto es él.




Garris cumple, se le nota el oficio y sabe donde poner la cámara y como moverla (no como en Desesperación que nos regaló un desfile de gruas, travellings y contrapicados insoportables) crea atmósfera y cumple tanto como en Apocalipsis, aunque el trabajo en aquella era bastante más complicado por las continuas escenas en exteriores. King adapta bien su libro, pero siempre que escribe guiones para cine o televisión hace una labor mediocre e inusualmente politicamente correcta, cuando en la literatura muestra totalmente lo contrario. Mete sentimentalismo de baratillo, algunos diálogos olvidables (casi todos los del jodío crío) y otros bastante logrados, que se los lleva el personaje de Weber.




Me considero seguidor de la obra de King como escritor, El Resplandor me parece un excelente libro pero que fue muy sobrevalorado en su momento, aunque es una obra con hallazgos, buenos momentos y una interesante composición de personajes. Dejando la película de Kubrick a un lado, la versión de Mick Garris y Stephen King me parece un buen trabajo, una miniserie entretenida que engancha al espectador, puede que tenga escenas que no funcionen o que se alarguen y se subrayen algunos conceptos (como la manía de Garris de mostar muchas tomas a lo poltergeist cuando los personajes salen fuera de plano) pero en general cumple su cometido de entretener y adaptar como es debido la obra de King. En su momento la vi cientos de veces y al revisionarla entre ayer y hoy por enésima vez, casi 10 años después, la nostalgia ha sido inevitable, buenos tiempos los del VHS.


martes, 21 de julio de 2009

Salem's Lot, la hora del vampiro


Título Original: Salem's Lot (1979)
Director: Tobe Hooper
Guión: Paul Monash basado en la novela de Stephen King
Actores: David Soul, James Mason, Bonnie Bedelia, Lance Kerwin, Lew Ayres, Reggie Nalder, Ed Flanders, Elisha Cook, Marie Windsor, Kenneth McMillan, Geoffrey Lewis, George Dzunda





En el año 1979, la obra literaria de Stephen King comenzaba a labrarse un nombre dentro del medio audiovisual. Gracias, en grab parte,  a la excelente adaptación que Lawrence D. Cohen y Brian de Palma habían hecho de su primera novela, Carrie, tres años antes. De modo que la Warner Bros compró los derechos de su segundo libro, titulado en España La Hora del Vampiro y Salem's Lot en su país de origen, editado el año 1975.




Soy un gran admirador de King como escritor y para mí El Misterio de Salem's Lot (retitulación que se dio al libro en España tras el éxito de la miniserie que voy a desgranar en esta entrada), es su mejor obra. Seguida muy de cerca de La Larga Marcha, relato distópico realizado por el de Maine con su pseudónimo Richard Bachman. En la segunda novela de King se aunan tradición vampírica y vanguardia narrativa. Su visión de los no muertos es acertada, rica en matices, su descripción del mal inherente es soberbia, su narración exquisita y muy sólida.




En un principio Salem's Lot iba a ser una obra cinematográfica, pero la Warner Bros desestimó esta idea si de verdad quería ser fiel a la extensión de la novela de King, eligiendo el por entonces pionero formato de la miniserie televisiva. El primer director barajado para dar firma al trabajo fue George A. Romero, creador de la seminal e inolvidable La Noche de los Muertos Vivientes, e ínitmo amigo de King. Pero por aquel entonces el realizador de Zombie o Atracción Diabólica, tenía fama de ser bastante explícito en el cine de terror, demasiado como para plasmar su visión en la pequeña pantalla. De modo que decidieron prescindir de sus servicios en favor de Tobe Hooper, muy célebre en los 70 por haber revolucionado el género con esa obra maestra titulada La Matanza de Texas.




Salem's Lot se estrenó el 17 de Noviembre de 1979 en Estados Unidos y se emitió en dos partes, ya que la miniserie consta de dos episodios de 90 minutos de duración cada uno de ellos. Su éxito fue tan notable que no tardó en llegar a España, pero claro, en versión cinematográfica y mutilada, con una hora menos de metraje y para colmo retitulada como Phantasma II. Burdo intento por parte de la productora de aprovechar el por aquel entonces reciente tirón de la cinta Phantasma, dirigida por Don Coscarelli. El espectador, al ver esta versión, se daba cuenta de que algo fallaba, que se perdía bastante información que no nos dejaba entender del todo la trama. La chapuza era un hecho, pero a pesar de todo la cinta tuvo una gran acogida y gustó a mucha gente. Aunque no es recomendable su visionado, ya que se muestra del todo incompleto y poco satisfactorio.




Mucha gente a día de hoy guarda cierto cariño por Salem's Lot porque fue uno de esos hitos de la televisión que marcó a muchos infantes por el impacto de algunas de sus imágenes. No es difícil encontrar a algún treintañero confesando que la escena que más miedo le ha dado en su vida es la del pequeño Ralphie Glick, vampirizado, arañando la ventana de su hermano Danny. Pero Salem's Lot es más que un ejercicio de nostalgia catódica, es una buena versión de la novela de King, un excelente trabajo en la realización de Tobe Hooper, inspirado y muy profesional a pesar de la escasez de medios, con un sólido reparto encabezado por David Soul y un inmenso James Mason.




Uno de los hallazgos y aciertos más grandes de esta minsierie es su visión del mal, que no es física, ni espiritual, sino arquitectónica. Hooper y el guionista Paul Monash supieron retratar con Salem's Lot una sombra amenazante y aterradora por medio de un edificio, la casa de los Marsten, situada en la entrada del pueblo y catalizadora de todas las desgracias en las que se ven involucrados los protagonistas. El escritor Ben Mears dice en un momento del metraje que "una casa maligna, atrae a personas malignas" y ahí está la esencia, no sólo de la miniserie de Hooper, sino también de la novela de King. La casa Marsten es la metáfora del génesis de un mal ancestral del que no se conoce su origen, pero sí los estragos que ha producido en la humanidad.




En Salem's Lot se dan la mano muchas de las constantes literarias de King. El escritor torturado por sus demonios interiores, la visión oscura de los pequeños pueblos de Nueva Inglaterra y sus gentes, el retrato de un mal puro e intangible y la presencia de un ser ultraterreno que escapa de lo cognoscible, el inolvidable vampiro Kurt Barlow. Todos estos ingredientes sirvieron para que un equipo de grandes profesionales gestaran un clásico de la televisión, que a día de hoy se ve con otros ojos, pero guardando mucha de la fuerza visual y narrativa que la hizo famosa en su día, Tras ella llegaron una infecta secuela cinematográfica dirigida por Larry Cohen, que a parte del título no compartía nada con la miniserie que nos ocupa, y un reciente remake tan entretenido como intrascendente, a pesar de su excelente casting.




Obra maestra a recuperar. Uno de los mejores trabajos de Tobe Hooper, de las más celebradas adaptaciones televisivas de una novela de Stephen King y todo un clásico del terror y el vampirismo. Un homenaje a la Hammer Films británica y culpable de las largas horas de insomnio de toda un generación de niños que se quedaron traumatizados por muchas de sus imágenes en aquellos años en los que toda la familia se reunía delante del televisor para vivir experiencias inolvidables.