Sound Of Metal (Darius Marder, 2020) - Soberbio primer largometraje de Darius Marder sobre la pérdida auditiva de un batería de heavy metal interpretado por un colosal Riz Ahmed. Su uso didáctico e inmersivo del sonido marca un hito en el medio que debería ser reconocido.
Soul (Pete Docter, Kemp Powers, 2020) - Sólo Pixar podía arrojar algo de luz en el crepúsculo de un año tan oscuro como 2020. Lo hace a ritmo de jazz con una preciosa fábula sobre el alma humana y los pequeños detalles que hacen de la vida un viaje único y genuino.
Mank (David Fincher, 2020) - La escritura de Ciudadano Kane por parte de Herman J. Mankiewicz como excusa para recrear un impecable, pero distante, facsímil audiovisual con el que David Fincher disecciona el Hollywod de los años 30. Un contenido Gary Oldman alcanza la excelencia
Hillbilly: Una Elegía Rural (Ron Howard, 2020) - Drama lacrimógeno y convencional inspirado en las memorias de J.D. Vance. Falsamente indie y manufacturado para ganar premios, sólo unas esforzadas, a veces demasiado, Amy Adams y Glenn Close suscitan algo de interés en su conjunto.
Matar a Santa (Eshom Nelms, Ian Nelms, 2020) - Un planteamiento potencialmente divertido, si se hubiese abordado con humor negro, desemboca en un proyecto aburrido en el que no pasa nada hasta los últimos veinte minutos de metraje, con el espectador ya al borde de la somnolencia.
Saint Maud (Rose Glass, 2020) - Incapaz de explotar las múltiples posibilidades de un planteamiento con mucho potencial Rose Glass se dedica a subrayar el mensaje de su propuesta mientras Morfydd Clark y Jennifer Ehle elevan con su labor actoral un proyecto insuficiente.
Sólo los Amantes Sobreviven (Jim Jarmusch, 2013) - Cadenciosa, melómana y melancólica, así es la visión del mito vampírico según Jim Jarmusch. De engañosa sencillez conceptual contiene su mayor fortaleza en unos Tom Hiddleston y Tilda Swinton arrebatadores.
Corazones en Atlántida (Scott Hicks, 2001) - Adaptación de dos de los relatos contenidos en el libro homónimo de Stephen King. Nostálgico y emotivo viaje a unos Estados Unidos impregnados de realismo mágico. Remarcable química entre Anthony Hopkins y el malogrado Anton Yelchin
La Maldición de Dark Lake (Mick Garris, 2011) - Traslación de la novela Un Saco de Huesos, de Stephen King, a manos de su amigo Mick Garris. Telefilmesca en exceso y con un tan esforzado como inadecuado Pierce Brosnan se muestra en todo momento paupérrima narrativa y visualmente.
Noche de Juegos (John Francis Daley, Jonathan Goldstein, 2018) - Repleta de ideas alocadas y con una media de gag o diálogo cómico por minuto Noche de Juegos se revela como un notable divertimento con unos Jason Bateman y Rachel McAdams encantadores.
RepartoSteven Weber, Rebecca De Mornay, Courtland Mead, Melvin Van Peebles, Wil Horneff, Elliott Gould, John Durbin, Stanley Anderson, Pat Hingle, Cynthia Garris, Mickey Giacomazzi, Tomas Herrera, Tim Perovich
En el año 1997 el escritor Stephen King y el director Mick Garris ya habían colaborado estrechamente en dos adaptaciones de los textos del autor de Rabia o La Larga Marcha. Primero lo hicieron con Sonámbulos, una novela inacabada de King convertida por él mismo en el guión original sobre el que se sustentó esta cinta de terror centrada en una madre (Alice Krige) y su hijo (Richard Krause) pertenecientes a una estirpe de criaturas con aspecto felino y practicantes de incesto que se alimentaban de la energía vital de los seres humanos, concretamente de la de Tanya (Mädchen Amick). Se trataba de una cinta violenta, alocada y anárquica repleta de cameos de iconos del cine fantástico y de terror (Mark Hammill, Clive Barker, Tobe Hooper, Joe Dante, John Landis) muy denostada en su época, pero con notable encanto. Después aunaron fuerzas en un proyecto mucho más ambicioso como fue llevar a formato televisivo una de las novelas más descomunales del autor de Maine. Apocalipsis (The Stand) conoció una muy digna y competente traslación audiovisual a modo de miniserie de cuatro episodios. Gary Sinise, Molly Ringawald, Ray Walston, Laura San Giacomo, Ruby Dee, Ossie Davis, Miguel Ferrer, Corin Nemec, Matt Frewer, Rob Lowe o un inolvidable Jamey Sheridan en la piel del diabólico Randall Flagg ofrecieron una fiel versión del extenso libro que, una vez más, King se ocupó de adaptar para la pequeña pantalla. De manera que para entonces la relación personal y profesional de ambos autores estaba más que afianzada.
El buen feeling entre la pareja y, sobre todo, lo contento que King quedó con la miniserie de Apocalipsis seguramente fueron los motivos por los que el novelista depositó en Garris la responsabilidad de dirigir otra miniserie para el medio televisivo, en esta ocasión una convertida en deuda pendiente para el marido de Tabitha King. El Resplandor, su famosa novela adaptada, de manera muy sui generis, por el gran Stanley Kubrick y tansformada en un clásico del cine de terror iba a conocer una nueva versión a manos de su propio creador con el respaldo de Warner Bros, poseedora de los derechos del célebre trabajo literario. Jack Nicholson, Shelley Duvall y Danny Lloyd iban a ser sustituidos por Steven Weber (Por Trece Razones) Rebecca de Mornay (Jessica Jones) y Courtlan Mead (Hellraiser 4) a los que sumarían Melvin Van Peebles, Elliot Gould, Pat Hingle, Stanley Anderson o John Durbin entre otros. De todos ellos el trabajo más complicado lo tenía Weber, ya que debía afrontar el desafío de interpretar a un personaje al que en su primera encarnación le dio vida un titán como Jack Nicholson, pero a eso volveremos un poco más tarde.
Uno de los primeros síntomas que convertían esta nueva versión de la famosa novela en una obra en la que King tenía todo el control creativo es que su nombre acompañaba al título de la miniserie. Stephen King’s The Shining se ceñía tanto a lo acontecido en el libro original que hasta el Overlook utilizado en su producción es el Hotel Stanley de Estes Park, Colorado, el auténtico edificio que inspiró a King a la hora de escribir la historia de la famila Torrance y cuya fachada es usada para los planos exteriores de esta nueva El Resplandor. Tomando como partida ese detalle de vital importancia King escribió un guión dividido en tres partes, porque ese era el número de episodios del que constaba la miniserie, en el que recuperaba todo aquello que Stanley Kubrick había desechado para su película de 1980 convirtiendo así esta nueva adaptación en un trabajo escrupulosamente fiel a la palabra escrita, con todo lo bueno y malo que ello implica. Una vez el libreto estaba listo Mick Garris, sus actores y el equipo técnico se pusieron manos a la obra con el rodaje.
La versión de 1997 de El Resplandor es un producto meritorio en no pocos aspectos y eso que fue gestado y estrenado poco antes de que series como Oz o Los Soprano, ambas de HBO y por tanto también de Warner Bros, dieran el pistoletazo de salida a lo que hoy se conoce como la Nueva Edad Dorada de la ficción televisiva estadounidense. Desde el minuto uno se percibe el dinero invertido por los productores para llevar a buen puerto el deseo de Stephen King de realizar la adaptación más fiel posible de su propia novela. Los tres episodios en los que se divide el proyecto suman unas cuatro horas de metraje que en ningún momento se hacen plomizas o aburridas y eso es gracia a la labor de un artesano curtido en mil batallas como Mick Garris. El creador de Masters of Horror nunca ha facturado grandes producciones cinematográficas o televisivas, de hecho en no pocas ocasiones ha bordeado una más que contrastada mediocridad. Pero, de la misma manera que Frank Darabont entiende perfectamente la letra del autor de Maine a la hora de llevarla a la pantalla grande, Garris hace lo propio cuando es el medio televisivo el receptor de dicho material literario.
El director de Piscosis IV: El Comienzo ejecuta una labor encomiable detrás de las cámaras construyendo una clásica historia de casas encantadas apelando acertádamente a los lugares comunes propios del subgénero. La naturaleza sobrenatural del Overlook y los espíritus que en él habitan van haciéndose presentes de manera gradual, con un tempo bien dosificado aunque en ocasiones el director abuse del recurso de mover objetos cuando los personajes han abandonado el encuadre. Garris apela a una puesta en escena elegante y unos movimientos de cámara bien insertados que acrecientan la sensación de amenaza latente en el edificio supuestamente deshabitado. De su labor técnica sólo podemos desacreditar algunos recursos visuales como las apariciones de Tony levitando, que más que aterrar incitan a la risa, o lo obsoletos que han quedado los efectos digitales, ya bastante pobres cuando se estrenó la miniserie, por suerte no muy abundantes a lo largo del metraje. Más allá de eso y teniendo en cuenta las limitaciones conceptuales y narrativas que la pequeña pantalla proporcionaba por aquel entonces a sus autores Garris cumple su cometido de manera harto profesional.
El guión de Stephen King no deja nada en el tintero con respecto a la novela. Aquí profundizamos adecuadamente en los problemas de alcoholismo de Jack Torrance, en su truncada carrera como escritor y los episodios de malos tratos que protagonizó en el pasado volviendo cuando el Overlook comienza a dominar su psique. La mala relación del protagonista con Stuart Ullman, que no quiere a un “borracho” cuidando de su valioso hotel, la importancia capital en la trama de la caldera averiada que finalmente hará explotar el edificio o la relevancia de un personaje como Horace Derwent, el pervertido dueño del hotel, son muchas de las señas de identidad de la novela original que King consideraba necesarias para llevar a cabo una fiel traslación de la misma. Como es lógico hablamos de un producto para la televisión en abierto y por mucho que su calificación moral la convierta en una miniserie dirigida al público adulto esa personalidad sórdida, visceral y enfermiza que rara vez es llevada al medio audiovisual cuando se adaptan los escritos de King tampoco hace acto de presencia aquí aunque Mick Garris no escatima violencia e incluso cierto sadismo a la hora de ejecutar los pasajes en los que Jack Torrance trata de asesinar a su familia.
En cuanto al reparto un servidor opina que Steven Weber compone un Jack Torrance ejemplar, no sólo más cercano al de la novela de King, sino también alejado radicalmente del interpretado por Jack Nicholson en 1980. Evidentemente sería de necios comparar las dotes interpretativas de ambos actores, porque el protagonista de Infiltrados (The Departed) devoraría impunemente a su oponente. Pero es un hecho que la composición de Weber sí muestra de manera clara y gradual la caída en la locura de un buen hombre superado por los acontecimientos y con la sombra del alcoholismo siempre sobrevolándole. Su inmersión en el papel es cada vez más intensa y cuando su personalidad finalmente deriva en un homicida cuya única intención es matar a su mujer y entregar su hijo a los espíritus del Overlook da lo mejor de sí mismo. Para el que suscribe Steven Weber es lo mejor de esta versión de El Resplandor y siempre he lamentado que a un profesional con tanto talento como él nunca le hayan ofrecido un papel protagonista con el que pudiera demostrar su valía. Como muchos otros actores que han interpretado a personajes nacidos de la literatura del autor de La Niebla Weber reincidió apareciendo en las adaptaciones de Desesperación, de nuevo bajo las órdenes de Mick Garris, y en un episodio de la serie de televisión inspirada en la recopilación de relatos Pesadillas y Alucinaciones.
Rebecca De Mornay da la réplica muy dignamente a Steven Weber componiendo una Wendy Torrance que también se acerca a la retratada por Stephen King en la novela original asumiendo un rol mucho más activo a la hora de defender la integridad física y psiológica de su hijo, Danny, frente a los arrebatos parricidas de su esposo. La nota negativa la pone el pequeño Courtland Mead, un repelente niño de voz irritante que a pesar de poner todo su esfuerzo por resultar creíble sólo transmite al espectador una terrible sensación de rechazo que casi nos hace desear su no supervivencia a la encrucijada familiar en la que se ve envuelto. Veteranos como Melvin Van Peebles, Elliot Gould o Pat Hingle o Stanley Anderson entre otros completan un reparto muy competente con caras conocidas del cine y la televisión. Como en otros producciones de Mick Garris, estén o no adaptadas de novelas de King, tenemos varios cameos entre los que podemos distinguir las caras de Sam Raimi, Frank Darabont, los mismos Garris y King o la inconfundible voz de Miguel Ferrer al que los fans irredentos de Twin Peaks siempre recordaremos como el inolvidable agente del FBI Albert Rosenfield.
Como era de esperar la vendetta personal de Stephen King contra Stanley Kubrick se resolvió con una clara victoria de este último, porque como dicta la lógica la versión del director de Senderos de Gloria o Barry Lyndon, a pesar de sus numerosas y molestas licencias con respecto al libro, está a años luz de la ideada por el escritor y su amigo Mick Garris. Con todo un servidor sigue recomendando encarecidamente esta más que competente miniserie de 1997 con la que podemos acercarnos a una perspectiva mucho más fiel a la fuente literaria original aunque su calidad como producto audiovisual no se adentre en ningún momento en los terrenos de lo excepcional y esté rematado con un innecesario y lacrimógeno epílogo. La colaboración entre Stephen King y Mick Garris continuó con nuevas traslaciones de sus textos al medio televisivo como más miniseries y tv movies tomando inspiración en trabajos del autor de Maine como Desesperación, Riding the Bullet o Un Saco de Huesos. Contra todo pronóstico esta no fue la última vez que el cine o la televisión recibieron la visita de algún miembro de la famulia Torrance. Porque en el presente 2019 Mike Flanagan se ocupó de adaptar a la pantalla grande Doctor Sueño, la secuela literaria de El Resplandor publicada por King seis años antes y de ella también hablaremos.
Título Original:Stephen King's, The Shining(1997) Director:Mick Garris Guión:Stephen King basado en su novela homónima Actores:Steven Weber, Rebecca de Mornay, Courtland Mead, Melvin Van Peebles, Pat Hingle, Elliott Gould
En 1980 Stanley Kubrick adaptó la célebre novela El Resplandor, obra del escritor Stephen King. El film es desde mi punto de vista el más flojo de la carrera del realizador, pero claro, hablamos de uno de los mejores directores de la historia del cine, de modo que sin mucha dificultad se puede tildar a la cinta que comento como un clásico contemporaneo dentro del género de terror que batió records de taquilla, pero que fue recibido con división de opiniones por los críticos.
El film poseía muchas virtudes, como todas las producciones de Kubrick, pero su mayor fallo era la poca fidelidad hacia el libro que adaptaba. El director de Espartaco y su co guionista Diane Johnson se pasaron por el forro, no sólo muchos pasajes del escrito sino también dos de los conceptos clave del relato, la caldera defectuosa del sótano del hotel Overlook y el alcoholismo del personaje principal, Jack Torrance.
Stephen King es un alcohólico rehabilitado y en muchos de sus relatos ha intentado expiar sus demonios internos y los problemas que le causó durante muchos años dicha enfermedad y hablamos de unos niveles de dependencia hacia la bebida en los que si el escritor de Carrie no encontraba en su hogar algún tipo de licor, no dudaba en ingerir desde el After Shave hasta el colutorio dental. El Resplandor nos narra como Jack Torrance, su mujer Wendy y Danny el hijo de ambos, poseedor de poderes precognitivos, se mudan a un hotel, lleno de espectros de huéspedes fallecidos allí, para vigilarlo durante el invierno.
Pero la tercera novela de King es en verdad una nada velada metáfora sobre el alcoholismo, la lucha interna de un padre por vencer una enfermedad que le va a quitar la vida y destrozar la de su familia. De ahí el profundo disgusto del de Portland con la adaptación de Kubrick, que como todos sabemos era capaz de hacer la peor tropelía contra quién fuera necesario (guionistas, productores, actores) con tal de hacer la película que el tenía en mente. Por eso en 1997 King trabajó junto a su amigo Mick Garris para hacer una miniserie televisiva adaptando fielmente su propia novela.
King y Garris ya habían trabajado dos veces con anterioridad y lo harían otras cuantas, años después, como se pudo ver en la horripilante adaptación que ambos hicieron de Desesperación, otra novela del escritor de Maine o en Riding the Bullet. La primera vez que se vieron las caras fue cuando ambos realizaron aquella salvajada, sangrienta, felina e incestuosa llamada Sonámbulos, esta vez con guión original de King. La segunda fue cuando ambos se embarcaron en la mastodóntica adaptación televisiva en cuatro episodios de la extensa, ambiciosa y algo plomiza novela Apocalipsis (The Stand) una de las más conocidas del escritor, con resultados meritorios pero no del todo satisfactorios, que comentaré dentro de poco en este santo blog.
Garris y King tenían a su favor un metraje holgado para plasmar hasta el más mínimo detalle de la novela, unos medios bastante aceptables para ser un producto dirigido a la televisión americana y un equipo competente tanto en el apartado artístico (aunque con algún fallo de casting que comentaré más tarde) como en el técnico. Pero tenían en su contra las limitaciones que daba en aquella época el medio televisivo y sobre todo, la alargadísima y constante sombra de la cinta original de Kubrick.
Comparar las dos versiones de El Resplandor es una estupidez, porque son épocas distintas, autores diferentes y medios que por aquel entonces tenían poco que ver el uno con el otro (las geniales y muy cinematográficas series de la HBO quedaban lejos aún). La cinta de Kubrick es abismalmente superior cinematográficamente hablando, pero la versión de Garris y King deja mucho más satisfecho al seguidor de la obra literaria, porque sin ser enfermizamente fiel al escrito, sí lo plasma con mucha más entereza y consistencia como adaptación del mismo.
Hablemos del reparto y con ello destaquemos el inmenso y esforzadísimo trabajo de un Steven Weber en el papel de su, por desgracia, errática y desconocida carrera. El protagonista de Mujer Blanca Soltera Busca... sabe que la genialmente sobreactuada interpretación de un Jack Nicholson más pasado de rosca que nunca planea sobre su cabeza, por eso no se refleja para nada en él. Weber compone un Jack Torrance que se adentra gradualmente en la locura, no como el de Nicholson que parecía que estaba como una puta cabra desde el primer plano del film de Kubrick. Mostrando de manera física y psicológica una lucha interna perfectamente palpable por el espectador y demostrando que junto a David Strathairn es uno de los actores que mejor hace de borracho en el Hollywood actual.
Rebecca De Mornay hace un trabajo correcto, aporta buen material dentro del dramatismo de la miniserie y estaba en una época de madurez física maravillosa durante el rodaje, poco antes de meterse el bisturí hasta en el gaznate y destrozarse de pies a cabeza y no es mejor actriz que la sufrida Shelley Duvall, pero es mucho más guapa y se agradece. Entre los secundarios podemos encontrar con breves pero correctos papeles a Pat Hingle, Elliott Gould y al gran Melvin Van Peebles.
Pero uno de los fallos más grandes del film es el niño elegido para dar vida a Danny Torrance, Courtland Mead. El pobre crío hace lo que puede, se esfuerza, pero a parte de ser malo como un cáncer de pancreas, haciendo un trabajo para correrlo a gorrazos, es que tanto su voz horriblemente nasal como su presencia física son del todo insportables, es más, creo que Garris lo escogió sólo porque sabía poner los ojos en blanco durante las escenas de los trances, porque si no, no me explico que hace este engendro de medio metro delante de una cámara. Por suerte para la humanidad este mozo parece ser que dejó la interpetación y ahora ejerce de cani hiphopero en sus horas libres, dios lo bendiga si realmente el de la foto es él.
Garris cumple, se le nota el oficio y sabe donde poner la cámara y como moverla (no como en Desesperación que nos regaló un desfile de gruas, travellings y contrapicados insoportables) crea atmósfera y cumple tanto como en Apocalipsis, aunque el trabajo en aquella era bastante más complicado por las continuas escenas en exteriores. King adapta bien su libro, pero siempre que escribe guiones para cine o televisión hace una labor mediocre e inusualmente politicamente correcta, cuando en la literatura muestra totalmente lo contrario. Mete sentimentalismo de baratillo, algunos diálogos olvidables (casi todos los del jodío crío) y otros bastante logrados, que se los lleva el personaje de Weber.
Me considero seguidor de la obra de King como escritor, El Resplandor me parece un excelente libro pero que fue muy sobrevalorado en su momento, aunque es una obra con hallazgos, buenos momentos y una interesante composición de personajes. Dejando la película de Kubrick a un lado, la versión de Mick Garris y Stephen King me parece un buen trabajo, una miniserie entretenida que engancha al espectador, puede que tenga escenas que no funcionen o que se alarguen y se subrayen algunos conceptos (como la manía de Garris de mostar muchas tomas a lo poltergeist cuando los personajes salen fuera de plano) pero en general cumple su cometido de entretener y adaptar como es debido la obra de King. En su momento la vi cientos de veces y al revisionarla entre ayer y hoy por enésima vez, casi 10 años después, la nostalgia ha sido inevitable, buenos tiempos los del VHS.