Mostrando entradas con la etiqueta Punisher. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Punisher. Mostrar todas las entradas

martes, 2 de febrero de 2021

Punisher (Vengador), la larga y fría oscuridad



Título Original The Punisher (1989)
Director Mark Goldblatt
Guión Boaz Yakin, basado en el personaje de Gerry Conway, Ross Andru y John Romita Sr.
Reparto Dolph Lundgren, Louis Gossett Jr., Jeroen Krabbé, Kim Miyori, Bryan Marshall, Nancy Everhard, Barry Otto, Brian Rooney, Todd Boyce, Brooke Anderson, John Samaha, Roslyn Gentle, Zoska Aleece, Kenji Yamaki, Hirofumi Kanayama




En febrero de 1974 debutaba dentro de las páginas de The Amazing Spider-Man #129 The Punisher, conocido como El Castigador en España. Creado por el guionista Gerry Conway y los dibujantes Ross Andru y John Romita Sr. basándose libremente en el personaje literario Mack Bolan, creado por el escritor Don Pendleton en 1969, y funcionando como respuesta a la fiebre del cine de vigilantismo que por aquel entonces arrasaba en las taquillas estadounidenses con la figura de Charles Bronson como principal representante gracias a la primera, y mejor, entrega de la saga Death Wish (Michael Winner, 1974) estrenada aquella misma temporada. La mujer e hijos de Frank Castle, veterano de la guerra de Vietnam, fueron asesinados en Central Park tras haber sido testigos de un crimen por parte de la mafia. Desde ese mismo momento Castle adoptó la identidad de Punisher, un antihéroe cuya única misión era ir eliminando a sangre fría a los criminales de New York, ideario que le ha valido algún que otro encontronazo con el resto de superhéroes de Marvel Comics a lo largo de sus más de 45 años de vida editorial. Como era de esperar las andanzas reaccionarias de Frank Castle tarde o temprano iban a conocer una adaptación cinematográfica, pero tuvieron que pasar quince años para que El Castigador pudiera limpiar las calles neoyorquinas de indeseables valiéndose sólo de su entrenamiento militar y una más que notable armamento.




La productora independiente New World Pictures, fundada en 1970 por el célebre productor y director Roger Corman, se asoció con Marvel Entertainment para estrenar en 1989 The Punisher el primer largometraje protagonizado por el personaje homínimo. El guionista encargado de trasladar las viñetas a un libreto fue Boaz Yakin (Ahora Me Ves 1 y 2, El Príncipe de Persia: Las Arenas del Tiempo) y el director, que incursionaba aquí en su segundo film detrás de las cámaras después de una larga carrera como reputado montador, Mark Goldblatt. El papel de Frank Castle recayó en el sueco Dolph Lundgren, por aquel entonces ya asentado en Estados Unidos después de despertar el odio de medio mundo como Iván Drago en Rocky IV (Sylvester Stallone, 1984) o de haber interpretado al “hombre más poderoso del universo” en Masters del Universo (Gary Goddard, 1987), la versión en imagen real de los muñecos de Mattel producida por Cannon Films. Louis Gosset Jr. como el agente Jake Berkowitz y el holandés Jeroen Krabbé como el capo mafioso Gianni Franco eran las caras más reconocibles de un reparto en el que también encontrábamos a Kim Miyori, Bryan Marshall, Brian Rooney o Nancy Everhard entre otros.




El ex policía Frank Castle (Dolph Lundgren) lleva años ejerciendo como el vigilante Punisher ajusticiando a todos los criminales vinculados con las distintas familias mafiosas de New York desde que su mujer e hijos fueran asesinados por una de ellas. El capo de una de las más peligrosas, Gianni Franco (Jeroen Krabbé), vuelve de Europa y se encuentra con la yakuza japonesa, comandada por la letal Lady Tanaka (Kim Miyori), exigiendo formar parte del crimen organizado neoyorquino recibiendo una negativa por parte de Franco. Esta situación de tensión en el mundo del hampa no será ajena ni a Punisher ni a los agentes Jake Berkowtiz (Louis Gosset Jr) y Sam Leary (Nancy Everhard) antiguo compañero de Castle y nueva incorporación al cuerpo de policía respectivamente. Cuando Franco rechace la propuesta de Lady Tanaka esta decidirá enviar a sus hombres a secuestrar a los hijos de los gánsters más importantes de New York, entre ellos el del mismo Franco, Tommy (Brian Rooney). Ante semejante situación Castle y el asesino de su familia deberán unir fuerzas para enfrentarse a un enemigo común mucho más peligroso.




Si una película como The Punisher, indescriptiblemente titulada en España como Vengador o El Vengador, no tuviera entre sus créditos a Marvel Entertainment nadie diría que es una adaptación del personaje de la editorial a la pantalla grande. Ciertamente el planteamiento es muy parecido, pero también a decenas de propuestas adscritas al subgénero de action heroes de la “Era Reagan” que asaltaban cines y videoclubs durante los 80 y de las que el mismo Dolph Lundgren fue uno de los iconos, puede que no de los más importantes, pero sí de bastante relevancia. La película de Mark Goldblatt podría pasar fácilmente por cualquiera de las producciones de la ya mencionada Cannon Films de Menahem Golan y Yoran Globus que por aquel 1989 comenzaba a dar síntomas de notorios problemas económicos debido a los tejemenajes de sus máximos responsables. De esta manera nos encontramos ante la prototípica cinta sobre antiguo miembro de la policía o el ejército que busca venganza intentando erradicar a los criminales que dieron muerte a su familia y a todos aquellos que ejercen sus negocios fuera de la legalidad por medio del narcotráfico, el homicidio, la tortura o la extorsión. Pero más allá de eso poco hay del personaje creado por Gerry Conway, Ross Andru y John Romita Sr.




Ciertamente hay similitudes más allá de compartir el mismo nombre que el personaje del cómic. Como el personaje de Shake, interpretado por un divertido Barry Otto, que no deja de ser un intento de sosias de Microchip, o la presencia de un policía de rectitud intachable, en este caso un ex compañero debido a que este Frank Castle fue policía en lugar de militar, que intenta hacer entrar en razón al protagonista con respecto a la línea que separa lo legal de la ilegalidad. Pero en lo referido a cualquier otro aspecto el personaje principal de The Punisher podría ser cualquiera de los que en aquella época interpretaban Chuck Norris, Jean Claude Van Damme, Michael Dudikoff o el mismo Dolph Lundgren en otros proyectos. En ese sentido pareciera como si los responsables del largometraje se sintieran avergonzados de admitir que su película está inspirada en un cómic de superhéroes, prescindiendo incluso, no ya del uniforme completo del personaje, sino de su característica calavera en el pecho que, de manera un tanto bochornosa, añadieron años después a la chaqueta del protagonista en la carátula de las distintas ediciones en bluray, pero con un tamaño muy reducido y siempre después de que el cine que adapta viñetas se haya convertido en un producto de consumo mainstream y socialmente aceptado.




Una vez aceptada la idea de que ser una adaptación digna del cómic cae del lado negativo de la balanza ahora pasamos a hablar de si The Punisher funciona como cinta de acción típicamente ochentera, añadiendo ya a su impronta algunas señas estilíticas propias de las que identificarían a no pocas muestras del género durante la década posterior. A favor de la obra podemos decir que el apartado en el que mejor debería funcionar, el de la acción, sale airosa. Sin destacar en ningún aspecto, pero haciendo los deberes en cuanto a poner en escena pasajes en los que disparos, explosiones, apuñalamientos y combates cuerpo a cuerpo (aquí Lundgren hace uso de sus conocimientos de artes marciales, como era de esperar) se convierten en el núcleo del relato. A Mark Goldblatt se le nota la veteranía editando cine de acción (Terminator, Rambo: Acorralado II, Commando) y sabe cómo y dónde poner la cámara para que los pasajes más físicos se vean con claridad en pantalla mediante una violencia cruda, pero sin caer en ningún momento en el exceso o el grafismo. Paradójicamente su trabajo se resiente por culpa de un montaje, asignado a Tim Wellburn, mostrando sus carencias en varios momentos y menoscabando la soltura del realizador con las situaciones más potentes del film.




Por mucho que le tiñeran el pelo de negro y en aquella época su rocoso físico se encontrara en su mejor momento la elección de Dolph Lundgren para dar vida a Frank Castle no fue del todo acertada. Pareciera como si el intérprete sueco pensara que para transmitir el carácter imperturbable de Punisher debiera parecer somnoliento durante toda la película, algo a lo que tampoco ayuda un maquillaje empeñado en marcar sus facciones haciéndolo parecer un vampiro musculado. Al menos en lo referido a entregarse a la acción poca queja podemos ponerle al actor de Soldado Universal (Roland Emmerich, 1992), ya que en todo momento apela a su rotunda fisicidad para asemejarse a una verdadera máquina de matar. Después de esto poco tenía que esforzarse Jeroen Krabbé para devorar a su compañero de reparto cada vez que compartían encuadre y convertirse en la mayor virtud de The Punisher. El holandés, que venía de colaborar en algunas de las mejores películas de su amigo y compatriota Paul Verhoeven (Eric: Oficial de la Reina, Spetters, El Cuarto Hombre), comenzaba a labrarse una interesante carrera en Hollywood y aunque este no es uno de sus trabajos más destacables ciertamente su sola presencia como Gianni Franco aporta caché al film. Louis Gosset Jr., Nancy Everhard, Kim Miyori, Brian Rooney o Barry Otto cumplen con sus papeles, pero quedan muy relegados con respecto a los dos personajes principales.




Aunque no deja de ser una mediocridad semiolvidada que mucha gente ni siquiera reconoce como una adaptación del personaje de Marvel Comics un servidor le tiene más aprecio que a la versión de 2004 dirigida por Jonathan Hensleigh y protagonizada por Thomas Jane, film con el que tengo muchos problemas y al que, seguramente, también dedique una retro-reseña en un futuro próximo. De hecho si a encarnaciones para la pantalla grande nos referimos para mí Punisher: War Zone (Lexi Alexander, 2008) a pesar de sus carencias sigue siendo, no sólo la mejor versión para el cine de Frank Castle, sino la que contiene la encarnación más acertada del personaje a manos de Ray Stevenson. Aunque en honor a la verdad todo esto queda anulado si tenemos en cuenta que la primera temporada de Marvel’s Punisher, la serie de Marvel Television y Netflix, es el único producto audiovisual que ha hecho verdadera justicia al antihéroe creado por Gerry Conway, Ross Andru y John Romita Sr. quedando la segunda a años luz por culpa de las malas decisiones tomadas con ella, arruinando en gran parte el trabajo ejecutado por un enorme Jon Bernthal con el icónico ex marine reconvertido en justiciero urbano. Sólo el tiempo nos dirá si veremos al bueno de Frank repartiendo pólvora de nuevo entre los maleantes ya sea en cine, televisión o plataformas digitales.


domingo, 17 de febrero de 2019

Punisher: Temporada 2, la conjura de los necios



"No es como la mayoría. No quiere encariñarse, porque teme sufrir. Y prefiere estar furioso con el mundo a arriesgarse a formar parte de él"




Después de su excelente debut en la segunda temporada de Daredevil el Punisher de Jon Bernthal protagonizó la primera tanda de episodios de su propia serie a finales de 2017. El resultado fue uno de los mejores exponentes dentro de las producciones inspiradas en personajes de Marvel Cómics auspiciadas por la plataforma de streaming Netflix. Con Steve Lightfoot (Hannibal) como showrunner y un grupo de secundarios formado por Ben Barnes, Ebon Moss-Bachrach, Amber Rose Revah, Jason R. Moore o la habitual de la casa Deborah Ann Woll escoltando al actor que dio vida al Shane de The Walking Dead la temporada inicial de Punisher supuso una excelente aproximación al atihéroe creado por Gerry Conway, John Romita Sr y Ross Andru en 1974. Tomando influencias de etapas como las de Garth Ennis o Jason Aaron en el sello MAX, entre otras, facturaron un producto violento, ambiguo y con unos niveles de calidad notablemente altos. Como era de esperar después de este bautismo de fuego las expectativas con respecto a la segunda temporada se dispararon hasta la estratosfera y el pasado 18 de enero Netflix incluyó en su catálogo los trece episodios para que sus suscriptores pudieran degustarla al completo. Por desgracia, y contra todo pronóstico, nuestras primeras impresiones sobre esta nueva, y aparentemente última, temporada de Punisher difícilmente pueden ser más negativas. Llegando a parecernos una de las muestras más flojas de los productos de la Casa de las Ideas impulsados por la compañía fundada por Reed Hastings y Marc Randolph en 1997.




Un servidor debe admitir que la presencia del personaje de Amy Bendix, interpretado por la actriz americana Giorgia Whigham, en una de las promos de esta segunda temporada le transmitió malas vibraciones, pero no quería dictar sentencia hasta ver la serie. Desgraciadamente no sólo andaba acertado, sino que me quedé corto con mis elucubraciones cuando pude confirmar lo inusualmente duro de visualizar íntegros los trece episodios. No me equivocaba cuando consideré la presencia de Amy como uno de los problemas más grandes de esta segunda temporada, ya que su enorme peso en la trama central y su continua interacción con Frank Castle dinamitan todo el conjunto argumental de esta etapa de la serie y la personalidad de un protagonista cuyo perfil queda brutalmente desdibujado en comparación con lo visto previamente un año antes. Pero como ahora trataremos de desarrollar no sólo es la inclusión de dicho rol el único problema, aunque sí el mayor, ya que la ineficacia y la mediocridad se extienden por el resto de subtramas pobladoras de un producto con una inesperada mediocridad en casi todos sus aspectos, abocando al sonoro fracaso la despedida de Frank Castle de su paso por Netflix después de haber protagonizado dos incursiones previas de muy alta calidad.




Es innegable que los tres primeros episodios apuntan buenas maneras. Steve Lightfoot y sus colaboradores al guión y la realización se ocupan de contextualizar, espacial y temporalmente, la situación de Frank Castle después de los hechos acaecidos en la primera temporada. Ese trío de capítulos condensan con eficiencia el espíritu del personaje y su idiosincrasia, además de ser fiel al tono y la intencionalidad de las trece entregas previas. El protagonista en ningún momento ejerce oficialmente como Punisher, pero sus arrebatos violentos y guerra continua contra unos criminales a los que elimina sin pestañear siguen vigentes y a pleno rendimiento. A esto habría que sumar el interesante y agradecido homenaje que se hace en el tercer episodio, Trouble the Water, a Asalto a la Comisaría del Distrito 13, y por efecto dominó a Río Bravo, la mítica segunda película de John Carpenter, con un vigor y fuerza en la puesta en escena dignos de elogio. Mientras tanto dos líneas argumentales discurren paralelas a la centrada en Frank. Una de ellas está focalizada en Billy Russo (Ben Barnes), todavía custodiado por la agente Dinah Madani (Amber Rose Revah) en el hospital y siendo tratado por una psiquiatra, la doctora Krista Dumont (Floriana Lima), cuyos lazos afectivos compartidos con él se irán estrechando cada vez más. La otra sigue la pista a John Pilgrim (Josh Stewart) un asesino extremista religioso que se verá las caras con el Castigador en la recta final.




Hasta el tercer episodio la narración discurre sin estridencias, lejos de mostrar las virtudes de la temporada anterior, pero dando buenas muestras de realización, escritura e interpretación. Lamentablemente a partir del cuarto todo empieza a torcerse de manera tan gradual que no llega a enderezarse en ningún momento hasta la finalización de la serie. La buena intención de los guionistas a la hora de dar profundidad psicológica a Jigsaw, si se le puede llamar así con sólo tres o cuatro cicatrices mal puestas a lo largo de su rostro, por medio de su relación con la Doctora Dumont se alarga hasta lo agónico cuando convierten a esta en un personaje recurrente cuya única misión es dar la réplica al villano. Experimentando con él una relación de atracción física sustentada en la toxicidad, dando vueltas sobre el mismo concepto, estirando hasta lo indecente una subtrama fácilmente finiquitable en no más de cinco episodios, abarcando aquí los trece interminables de la temporada. Se antoja imposible enumerar la cantidad de redundantes sesiones en las que terapeuta y paciente comienzan una conversación derivando esta en un arrebato violento o ataque de pánico por parte del personaje de Ben Barnes, sin llegar a ninguna parte desde un punto de vista argumental y sólo dando muestras de innecesaria redundancia por parte de los guionistas.




No mucho mejor es la subtrama dedicada al John Pilgrim al que da vida con notable acierto Josh Stewart (El Caballero Oscuro: La Leyenda Renace). Este fanático religioso reconvertido en brutal asesino, y que parece sacado de las páginas de un cómic escrito por el autor de Scalped, tiene un potencial y una peculiar presencia física capaces de convertirlo en la revelación de la temporada. Pero siguiendo la tónica errónea, previamente apuntada, la escritura dedica mucho más tiempo a la insulsa historia protagonizada por Billy Russo que a la suya. De este modo las apariciones de Pilgrim son interesantes, muestran la dualidad autodestructiva, pusilánime e hipócrita de su psique, pero están tan espaciadas en el tiempo, mal ensambladas en el conjunto de la serie, y desvinculadas del núcleo central que bascula la narración como para llegar a perder el interés del espectador. Pasado el ecuador de la temporada llega un momento en el que los guionistas casi se olvidan por completo de su línea argumental y cuando la recuperan la sensación de desubicación y añadido puramente alimenticio se hace notable en pantalla. Todo el tiempo que Steve Lightfoot y sus colaboradores dedican a los fatigosos encuentros entre Russo y Dumont los podían haber aprovechado para construir detrás de Pilgrim un imaginario más rico e interactivo con respecto a, sobre todo, la historia planteada con Frank Castle como epicentro.




Toda esta ineficacia aplicada a las subtramas sería, hasta cierto punto, perdonable si no fuera porque la principal, la que da sentido y supuesta solidez al conjunto de la temporada, es tan o más deficiente. La inclusión del personaje de Amy Bendix es una burda excusa narrativa para crear una relación paternofilial con Frank cuyos ecos nos retrotraigan a la compartida con sus hijos, Frank Jr y Lisa. Esta idea, mal planteada desde su concepción, queda en nada por la forzada pátina humorística adherida a la adolescente bala perdida a la que da vida una esforzada Giorgia Whigham y en la que se ve involucrado el protagonista. La sesión continua de secuencias, supuestamente cómicas, sustentada en el choque de personalidades entre protector y protegida, como si de una versión marca blanca de El Profesional (León) se tratase, depara momentos de vergüenza ajena y sonrojo propios de una mala sitcom. El culmen de esta desfachatez conceptual toca techo con el montaje de escenas, acompañadas de música pop, en el que Amy se prueba la ropa de Madani delante del espejo como si estuviera protagonizando un pasaje de Solo en Casa. Este tratamiento del nuevo personaje repercute en una temporada en la que la verborrea y los diálogos redundantes solapan las, más bien pocas, escenas de acción. Brillantes cuando hacen acto de presencia, pero tan escasas que se antojan totalmente insatisfactorias.




Lo peor de todo este desaguisado es que la enorme labor de Jon Bernthal con el personaje queda reducida al mínimo exponente. Se antoja demencial tener a un actor entregado por la causa, bestial a la hora de implicarse en las secuencias de acción y que entiende al 100% la idiosincrasia de su criatura deambulando de aquí para allá sin una finalidad concreta desde una perspectiva narrativa y compartiendo interminables diálogos con secundarios que más que aportar riqueza a su personalidad se la arrebatan. Duele ver cómo algunas de las secuencias de acción de los tres primeros episodios, la del gimnasio de la mafia rusa o la del parking muestran leves fogonazos de la segunda temporada de Punisher que pudo ser y no fue. Todo por culpa de unos guionistas cuya intención parece la de boicotear una adaptación a imagen real que en su presentación en la serie del Hombre Sin Miedo o su primera incursión en solitario había dado muestras de poderosa impronta, conocimiento de la esencia de Frank Castle como personaje y preponderancia de unas escenas dinámicas y de violencia sólo un peldaño por debajo de las de la serie protagonizada por Charlie Cox. De esta manera el Punisher de Netflix queda totalmente despersonalizado, blanqueado y llevado hasta el ridículo. Llegando incluso a perdonar la vida a, si no me fallan las cuentas, tres criminales. Algo impensable para un asesino que en las viñetas ha sido capaz de matar a la mujer de un mafioso justo después de haber alumbrado a su hijo.




No hay más que mirar mi imagen de perfil para dilucidar que Punisher es uno de mis personajes de cómic favoritos. Lo es porque defiende un ideario que en la realidad me resulta execrable, pero en la ficción fruicioso, catártico y con predisposición al divertimento cafre y reaccionario. Por eso me resulta doblemente doloroso hacer esta reseña sobre una serie brillante en su primera temporada y muy fallida en la segunda. Aunque pudiera parecer lo contrario comencé a ver esta segunda tanda de episodios a pocos días de su inclusión en el catálogo de Netfilx. Pero pasado el ecuador mi decepción inicial evolucionó en enfado e indignación, obligándome a dar un descanso temporal al visionado de un producto convertido en una de las mayores decepciones que recuerdo como espectador y fan del personaje creado en las páginas de aquel lejano The Amazing Spider-Man #129. Aunque, por el momento, no se ha confirmado nada oficialmente todo apunta a que esta ha sido la despedida de Frank Castle de Netflix y desgraciadamente no ha podido ser más deficiente. Me queda la esperanza de que Hulu o Disney en su próxima plataforma de streaming recuperen al personaje y a Jon Bernthal para darle continuidad o un final a la altura, porque lo acontecido en estos trece episodios clama al cielo. Para colmo ese plano final, con romcabolesco in memorian a Stan Lee, deja claro que los guionistas podían haber mostrado en todo momento al vedadero Punisher, pero no les ha salido de salva sea la parte hacerlo, demostrando poco respeto o consideración hacia él o los fans del mismo.




lunes, 27 de noviembre de 2017

Punisher: Temporada 1, welcome back, Frank



“¡Los hombres como nosotros necesitamos esto, Frank!. No servimos para otra cosa. Un par de capullos que aspirábamos a todo lo bueno de la vida. Pero no somos buenas personas. ¡Nunca lo hemos sido!”




Desde que fuera creado por Gerry Conway, John Romita Sr y Ross Andru y debutara por primera vez en el año 1974 dentro de la colección The Amazing Spider-Man, concretamente en el número 129, varias han sido las traslaciones audiovisuales protagonizadas por Frank Castle, alias Punisher. Dentro del mundo del largometraje tres han sido las películas que han intentado extrapolar los cómics de El Castigador al celuloide. La primera data de 1989, se tituló Punisher (El Vengador en España, para confusión de muchos) la dirigió el habitualmente montador Mark L. Goldblatt, la protagonizó el actor sueco Dolph Lundgren (Rocky IV, The Expendables) y el resultado se alejaba brutalmente de las viñetas para acercarse al modus operandi de las producciones de la Cannon Films. En 2004, en pleno auge del cine basado en personajes de cómic llegó The Punisher, ideada por el guionista y director Jonathan Hensleigh (Armageddon) y con Thomas Jane de dando vida a Frank Castle, pariendo un inconsistente producto que quería imbuirse de la etapa Marvel Knights de Garth Ennis y Steve Dillon resultando ser un trabajo muy deficiente con un John Travolta penoso en su labor de villano. Cuatro años después, en 2008, llegó el último intento en pantalla grande con la realizadora alemana Lexi Alexander detrás de las cámaras, un muy convincente Ray Stevenson como protagonista y un tono crudísimo y bestial que recordaba a la mítica etapa del guionista de Predicador con el personaje en el sello MAX. Aunque Punisher War Zone puede considerarse el film más fiel a la esencia de Frank Castle sus deficiencias y fracaso en taquilla terminaron por sepultar el tercer intento de sacar adelante una franquicia protagonizada por el ex marine reconvertido en vigilante tras el asesinato de su familia.




Si no contamos sus apariciones en las series animadas de Marvel o el muy recuperable cortometraje Dirty Laundry, en el que Thomas Jane volvía a interpretar al personaje, la última y más memorable personalización de Punisher había tenido lugar en la segunda temporada de la serie Daredevil, la primera serie nacida de la dupla Marvel Studios/Netflix y en la que Jon Bernthal (Baby Driver, El Lobo de Wall Street) se enfundaba el traje de Frank Castle. El Punisher de la serie protagonizada por Charlie Cox era el mejor acercamiento en imagen real jamás realizado sobre el antihéroe creado por Conway, Romita Sr y Andru, marcando el contrapunto moral del alter ego Matt Murdock, protagonizando algunas de las mejores escenas de acción de la segunda tanda de episodios del programa del Hombre Sin Miedo y compartiendo con el Wilson Fisk de Vincent D’Onofrio pasajes de altísimo voltaje una vez Punisher entraba en prisión. Este acercamiento es el que el showrunner británico Steve Lightfoot ha tomado para construir la primera temporada de la serie en solitario de Punisher, que una vez vista en su integridad puede ser considerada una de las mejores producciones de la colaboración entre Marvel y la célebre plataforma de streaming.




Punisher llega después de ese balón de oxígeno que supuso The Defenders tras lo decepcionantes que en varios aspectos supusieron Luke Cage y Iron Fist, cada una de ellas por motivos diferentes, pero igual de preocupantes. La reunión de los cinco superhéroes Marvel de Netflix en una temporada de ocho agradecidos episodios supuso la culminación de lo que podríamos llamar la “Fase 1” de este universo televisivo que comenzó con la primera temporada de Daredevil y acabó con la adaptación, muy libre, de los personajes unificados por primera vez en 1971 por Roy Thomas. Pero esta Punisher recurre a un tono completamente diferente al del resto de estas producciones, alejándose incluso del tono urbano y oscuro de la serie del Diablo de la Cocina del Infierno para ofrecer algo parecido, pero a la vez considerablemente distinto. La intención por parte del showrunner Steve Lightfoot (Hannibal, Narcos) es la de diseñar junto a su grupo de colaboradores una mixtura genérica en la que el personaje protagonista pueda asentarse con solidez para ser el núcleo central de un relato que se adscribe tanto al drama, al policíaco como al bélico, el cine de espionaje o el de conspiraciones gubernamentales saliendo airoso en todos ellos gracias a la profesionalidad de los implicados en el proyecto.




Punisher está inspirada, con todas las licencias esperables, en dos etapas más o menos recientes del personaje, una en la Tierra 616 y otra dentro del sello para lectores adultos MAX. El tono noir, policíaco y todo el entramado militar y conspiranoico viene de la breve, pero muy recuperable, etapa en la que el guionista Greg Rucka y el ilustrador Marco Checchetto aunaron fuerzas para dar vida a su particular versión de Frank Castle. Por otro lado todo el trasfondo dramático relacionado con los veteranos de guerra y los soldados que no encuentran su lugar en la sociedad una vez vuelven a sus hogares viéndose arrastrados por el horror que vivieron es deudor de la ya citada etapa de Garth Ennis en el sello MAX sobre todo de los últimos arcos argumentales, La Larga y Fría Oscuridad y Valley Forge, Valley Forge, que redefinieron para siempre la psicología del personaje. De este modo aunque la serie diseña su propia visión de Punisher a partir de lo ya planteado en la segunda temporada de Daredevil podemos decir que los ideólogos del proyecto han construido su criatura centrándose en el perfil psicológico más rico que se ha aportado hasta el momento de Frank Castle en los cómics, alejado del blanco y negro moral de los inicios de su andadura editorial.




La inesperada decisión por parte de Steve Lighfoot de construir gran parte de esta primera temporada de Punisher sobre un drama es la que permite el mejor retrato de personajes y desarrollo narrativo de todas las series Marvel/Netflix que hemos visto hasta el momento. Aunque el episodio piloto dé buenas muestras de cómo será la acción adscrita a la temporada será aquí donde los guionistas comiencen a dar forma a una galería de personajes muy bien trabajados desde la escritura. No sólo Frank Castle está excelentemente abordado desde el papel, también David Lieberman “Microchip” no es un simple ayudante que proporciona armas y equipamiento a Punisher, se trata de un rol notablemente tridimensional con un recorrido argumental muy destacable a lo largo de la tanda de episodios, sustentado este en una familia en la que todos y cada uno de sus miembros, sin ser un dechado de originalidad psicológica, también son profesionalmente expuestos en pantalla para apelar a la empatía del espectador. Hasta el personaje de la agente Dinah Madani, que protagoniza la subtrama policíaca, o el de Karen Page, al que ya conocemos de Daredevil o The Defenders, tienen un bagaje estimable a sus espaldas, sólo desentonando en ese sentido el maniqueo senador Stan Ori usado por los guionistas para retratar como cobardes a los políticos que abogan por un control más ferreo de las armas de fuego o en el otro lado de la balanza el veterano de guerra O’Connor que sirve para poner en evidencia a los militantes de la NRA y que también está pobremente construido.




Como es lógico el personaje que mejor parado sale de esta elección tonal y conceptual es el Frank Castle al que entrega todo lo que tiene en su interior un Jon Bernthal que se ha apoderado de tal manera de Punisher que al que esto firma actualmente se le hace inconcebible que otro actor le dé vida y eso que físicamente me parece muy alejado de lo que es su contrapartida de las viñetas. La versión Netflix de Frank apela a la ambigüedad con la que fue retratada en Daredevil, exponiéndolo de cara al público como una experta máquina de matar que realiza el trabajo sucio que las fuerzas de la ley no pueden o quieren ejecutar y en no pocas ocasiones con el consentimiento de las mismas, ese “mal menor” que se toma la venganza por su propia mano en la más pura tradición estadounidense. Pero Steve Lightoof y el resto de guionistas se ocupan de no dejar pasar la oportunidad de ahondar en la mente de su criatura para afirmar que Castle se trajo la guerra a casa (aquí es veterano de Iraq y Afganistan, no de Vietnam, por cuestiones lógicas de cronología) y que la locura que allí vivió lo ha convertido en un adicto a la adrenalina que en no pocas ocasiones bordea la psicopatía (curiosamente en dos secuencias concretas saca su lado más oscuro con sendos menores de edad, algo tan arriesgado como meritorio de cara al espectador) y que no encontrará la paz por mucho que acabe con todo el crimen organizado de New York en una cruzada con la que no consigue ninguna satisfacción en un plano emocional.




El único defecto que podemos achacar a esta Punisher es que esa inmersión en el drama necesita obligatoriamente un estudio de personajes y situaciones extenso para que todo esté estructurado adecuadamente y se adhiera con lógica al tono realista de la propuesta que ofrece Steve Lightfoot. Por eso la acción se ve dosificada en demasía y aunque la misma abunda notablemente a lo largo de toda la temporada (es raro el episodio en el que no tengamos, mínimo, una secuencia de esta naturaleza) en varias ocasiones echamos de menos más pasajes dinámicos que den un ritmo de thriller al compendio narrativo del proyecto. Pero hasta esta mancha en el casi intachable currículum de la serie juega a su favor, porque cuando la acción hace acto de presencia lo realiza con una fuerza devastadora que deja en poca cosa, en cuanto a brutalidad, cualquier situación de este cariz vista en las otras series de Marvel para Netflix. Sirvan como ejemplo los clímax finales que cierran los tres últimos episodios de la temporada que consiguen hacer explotar salvajemente toda la tragedia acumulada en el plano psicológico relacionado con la muerte de la familia Castle y que Frank toma como catalizador para desatar toda su furia contra sus enemigos que se ven enfrentándose a una apisonadora humana que arrasa con todo lo que se le pone por delante.




Trece episodios que, esta vez sí, no se antojan alargados o plomizos por haber sido acatados con pericia desde la escritura y la realización técnica, un reparto de innegable solvencia comandado por un Jon Bernthal que hiela la sangre en más de una ocasión por su determinación y descomunal fuerza física (menuda manera de gritar tiene el Shane de The Walking Dead) un retrato de personajes certero en el que se pone en entredicho hasta la misma idiosincrasia y justificación moral del protagonista (enorme el pasaje Karen Page hablando por la radio de Lewis Walcott y dejando entrever el montaje de la secuencia que lo que afirma es también aplicable a Castle), un villano poliédrico que, por suerte, no desaparece a mitad de temporada de mala manera para ser sustituido por otro, mientras asienta las bases de algo más grande de cara a la segunda temporada y un subtexto sobre la deshumanización de la guerra, el difícil camino de vuelta a casa de adolescentes que fueron a la otra punta del mundo para matar y morir por mentiras espetadas desde atriles por hombres vociferantes que siempre dejan que sean otros los que se manchen las manos de sangre por ellos y cómo esa incursión en el infierno crea monstruos que afrontan su desgracia convirtiendo su día a día en una jungla urbana en la que quitar una vida es algo tan natural como respirar.



domingo, 27 de marzo de 2016

Punisher: Zona de Guerra, no habrá paz para los malvados



Título Original Punisher: War Zone (2008)
Director Lexi Alexander
Guión Nick Santora, Art Marcum, Matt Holloway, basado en los cómics de Gerry Conway, Ross Andru y John Romita Sr
Actores Ray Stevenson, Dominic West, Julie Benz, Dash Mihok, Doug Hutchison, Wayne Knight, Colin Salmon, Keram Malicki-Sánchez, T.J. Storm, Bjanka Murgel, Larry Day, David Vadim, Romano Orzari, Tony Calabretta, Jon Barton





Punisher (o el Castigador como ha sido conocido siempre en España) es un personaje nacido en el seno de Marvel Cómics en 1974 a manos del guionista Gerry Conway y los dibujantes Ross Andru y John Romita Sr. El alter ego de Frank Castle es el antihéroe por antonomasia de la Casa de las Ideas, un ex marine que tras el asesinato de su mujer y sus dos hijos a manos de la mafia decide comenzar una cruzada para eliminar a todos los criminales que, según su estricto código moral, merezcan ser ejecutados a sangre y fuego. Punisher es la antítesis de superhéroes como Spiderman, Capitán América o Daredevil, un vigilante que se toma la justicia por su propia mano afirmando que las fuerzas de la ley de su país no ofrecen a los asesinos, violadores y traficantes un castigo que se ajuste al crimen. Después de años de subidas y bajadas y tras pasar por la mano de guionistas como Steven Grant, Carl Potts o un Garth Ennis que reinventó toda su mitología e idiosincrasia con el paso de sus historias al sello MAX y dibujantes como Jim Lee, Steve Dillon o Leandro Rivera el Castigador se hizo con un nombre dentro de la editorial de Stan Lee.




Como muchos otros personajes de Marvel, Punisher ha probado suerte hasta en tres ocasiones para trasladar sus aventuras en viñetas a la pantalla grande sin los resultados esperados. La primera vez que Frank Castke dio el salto al celuloide fue a manos del habitual montador Mark Goldblatt en labores de director y con el sueco Dolph Lundgren en la piel del personaje protagonista, tinte de pelo mediante para tapar su melena rubia, en The Punisher. El film se estrenó en España con el confuso título Vengador y como en ningún momento el personaje principal lucía la característica calavera blanca en su vestimenta pocos supieron en su momento que se trataba de una adaptación cinematográfica del famoso Castigador, El resultado fue una mediocre cinta de acción cafre y divertida que en poco se diferenciaba de las producciones propias de los action heroes de la era Reagan. Su seca visceralidad, un Dolph Lundgren de impionente fisicidad o la presencia de secundarios como Louis Gosset Jr o Jeroen Krabbé hacen que aún a día de hoy la producción destile cierto encanto demodé propio de los ochenta.




Ya en 2004 y en pleno arranque de la nueva era del cine superheróico con producciones como X-Men de Bryan Singer, Spiderman de Sam Raimi o Batman Begins de Christopher Nolan se estrenó El Castigador (The Punisher, nuevamente en su título original) auspiciada por Artisan Entertainment, en co producción con unos Marvel Studios que todavía no creaban su propio material de manera independiente, dirigida por Jonathan Hensleigh (guionista de productos como Armageddon o La Jungla de Cristal; La Venganza) y protagonizada por Thomas Jane en el papel de Frank Castle y con John Travolta como el villano de la velada. Aunque el film trataba de adaptar la etapa de Garth Ennis y Steve Dillon en el sello Marvel Knights el resultado fue un desastre de inabarcable estupidez, secuencias sonrojantes, violencia light, tramas endebles y secundarios intragables como el Howard Saint del protagonista de Pulp Fiction que no había por donde cogerlo. El proyecto pasó sin pena ni gloria y aunque funcionó bien en taquilla nunca tuvo una continuación e incluso se vio altamente superado por el cortometraje Dirty Laundry en el que el protagonista de La Niebla se metía de nuevo en la piel de Punisher con mucho mejor resultado.




Finalmente hacemos parada en el año 2008 para hablar de la cinta que nos ocupa, esta Punisher War Zone que supuso el tercer y último intento por trasladar los cómics del Castigador a la pantalla grande con los mejores resultados hasta aquel momento, pero no por ello consiguiendo el éxito que Frank Castle merecía. No son pocos los problemas a los que se enfrentó el film, desde el encontronazo de la productora Gale Ann Hurd (Terminator, The Walking Dead) con la directora asignada para sacar el proyecto adelante, la alemana Lexi Alexander que por entonces sólo había rodado la más o menos conocida Green Street Hoolingans, hasta el triste recibimiento que tuvo en la taquilla americana y que lo abocó a ser estrenado en no pocos países (España entre ellos) directamente en el mercado doméstico sin pasar por las carteleras. A continuación vamos a desgranar en la medida de lo posible esta Punisher Zona de Guerra que en nuestro país fue vendida estúpidamente como secuela de la versión de 2004 y que aún siendo un proyecto fallido y que no consigue estar a la altura de lo que se le exigía sí ofreció el mejor retrato que se ha realizado del personaje en el séptimo arte.




En una de sus misiones para eliminar a toda una familia de la mafia italoamericana Frank Castle alias Punisher (Ray Stevenson) acaba asesinando por error a Nicky Donattelli (Romano Orzari) un agente del FBI que se encontraba infiltrado en el submundo del hampa. En el proceso el Castigador también lanza al criminal Billy Russoti (Dominic West) a una máquina trituradora de vidrio deformando su rostro y pasando de este modo a tomar la personalidad del criminal Jigsaw. Mientras el FBI sigue la pista de Castle por medio de la intervención de los agentes Martin Soap (Dash Mihok) y Paul Budianski (Colin Salmon) el vigilante tendrá que hacer lo posible por mantener a salvo a Angela Donnatelli (Julie Benz) y la pequeña Grace (Stephanie Janušauskas) viuda e hija del agente al que ha eliminado por error. Con la ayuda de su compañero Micro (Wayne Knight) Punisher tratará de cumplir su cometido, pero la aparición de "Loony Bin Jim" (Doug Hutchison) el demente y antropófago hermano de Billy Russoti añadirá considerables dificultades para que pueda llevar a cabo su complicada misión.




Punisher: War Zone es la versión estilizada y brutalizada de una película de la Cannon Films de Menahem Golan y Yoram Globus. Aunque su guión esté realizado por Matt Holloway, Art Marcum y Nick Santora fueron la directora Lexi Alexander y el director de fotografía Steve Gainer los que se ocuparon de dar el look a la cinta, para bien y para mal. En este sentido por el lado bueno realizadora y camarógrafo trataron de ceñirse escrupulosamente a la fuente en la que se basaban, la etapa de Garth Ennis en la colección Punisher MAX dirigida a lectores adultos, con la violencia más explícita y brutal jamás vista en una cinta protagonizada por el personaje de Frank Castle y por otro trasladando casi literalmente las viñetas de los cómics ( sirva como ejemplo el arranque en la casa de Gaitano Cesare, que está sacado de el tomo En el Principio) para que el trabajo del creador de Predicador o War Stories y las soberbias ilustraciones del portadista Tim Bradstreet (con homenaje en la película por medio del hotel en el que tiene lugar el clímax final de la trama) fueran extrapoladas a imagen real con la mayor de las fidelidades.




Por el lado malo debemos afirmar que aunque la violencia sea más cruda y visceral que nunca y que en ocasiones el film parezca una serie de ilustraciones de Tim Bradstreet en movimiento Lexi Alexander y Steve Gainer no comprenden lo que supone dar "iluminación de cómic" a su producto. Como ambos autores afirman en el audiocomentario del dvd del largometraje quisieron ser tan fieles a las viñetas que si en las mismas veían que sólo se utilizaba una paleta de tres colores esos serían los que trasladarían literalmente a la pantalla. Esta desnortada decisión convierte la fotografía del largometraje en un desfile interminable de horteras luces de neón que invaden prácticamente todos los encuadres del metraje. El contraste es complicado porque si bien las localizaciones poseen el tono sucio, urbano y oscuro de los cómics es esa innecesaria y deficiente iluminación la que resta naturalismo al conjunto y da testimonio de que tanto Alexander como Gainer demuestran no saber que para dar estética de cómic a una obra cinematográfica no es necesario copiarla descaradamente.




Otro de los defectos de Punisher: Zona de Guerra es su montaje. Como hemos mencionado previamente la directora Lexi Alexander tuvo algunos problemas con los productores y su nombre estuvo apunto de desaparecer de los títulos de crédito por voluntad propia, aunque al final la sangre no llegó al río. En palabras de la propia realizadora se afirma que los jefazos de Lionsgate no le permitieron poner en circulación algunas ideas que tenía para el film y eso creó ciertos roces. Esto que mencionamos se deja ver en pantalla cuando somos testigos de la deficiente edición de la obra, muy tosca y en la que hubo un enorme caos a la hora de alternar metraje rodado por la primera unidad y el que añadió la segunda que era básicamente el más gore y explícito. Todo esto nos hace evidenciar que seguramente exista un director's cut (de hecho la cineasta lo menciona en el ya citado audiocomentario) que daría más empaque al conjunto de la obra si algún día viera la luz (como ya sucedió con otros films del ramo como El Castigador o Daredevil) aunque dicha posibilidad a estas alturas sería considerablemente improbable.




Una vez mencionados los defectos de Punisher: War Zone ya sólo nos queda reivindicarlo como producto de evasión cafre y desprejuiciado. La cinta de Lexi Alexander es un desfile de salvajismo políticamente incorrecto en el que podemos ver a un Frank Castle desatado y sin cortapisas dando matarile a todo tipo de criminales desalmados y en el que asistimos a todo un muestrario de cabezas explotadas, rostros saltando por los aires, mutilaciones con hachas, gargantas atravesadas por distinto tipo de vidrios y cuerpos desmembrados, todo un ejercicio de fruición como celuloide fascistoide y divertido que haría las delicias de Chuck Norris o Charles Bronson con aroma a inflada producción de Serie B reventavideoclubs de los ochenta cuya única aspiración es ofrecer entretenimiento bestia en poco más de noventa minutos de metraje. Lexi Alexander demuestra destreza con las escenas de acción y puebla el film de tiroteos, peleas y pasajes de una estilización pulp que no da un respiro ni hace prisioneros. Una pena, que como hemos mencionado, su trabajo se viera cercenado o al menos debilitado, por un montaje que podría haber sido bastante más efectivo.




Ray Stevenson fue una acertadísima elección de casting. El actor de Roma, Dexter o las dos entregas de Thor es el mejor Frank Castle que se ha visto en pantalla grande hasta el momento. La fisicidad, su altura (más o menos un metro noventa) la presencia física y el dominio que tiene de las armas de fuego (el actor británico recibió entrenamiento militar durante el proceso de creación del film para parecer un verdadero marine) conseguían que en todo momento viéramos en pantalla al Punisher de las, ya mencionadas, ilustraciones de Tim Bradstreet, también estando a la altura en las secuencias dramáticas que tratan de ahondar (sin mucho éxito pero con buenas intenciones) en el drama que siempre supondrá para él la pérdida de su familia a manos de la mafia. En el lado contrario tenemos a unos desatadísimos villanos, uno, Jigsaw (con génesis descaradamente copiada de la del Joker del Batman de Tim Burton) en la piel desfigurada de un Dominic West que poco tiene que ver con su inolvidable y contenido Jimmy McNulty de la mítica The Wire y otro en el enano pero frenético cuerpo de un Doug Hutchison haciendo lo que mejor sabe, de demente con cara de asesino y viceversa. Estos dos personajes que pueden llegar a cargar al espectador no desentonan con el tono exagerado y espídico del film y por descontado que, por lo que se ve en las imágenes, los actores debieron pasarlo de vicio interpretándolos.




Entre los secundarios tenemos a un muy convincente Wayne Knight (Seinfield, Parque Jurásico) dando vida a Micro, el inseparable compañero de Castle que le proporciona su armamento y cuyo físico se adecúa totalmente al del rol de las viñetas, Julie Benz (Dexter, Ángel, John Rambo) y Stephanie Janušauskas dan el tono dramático como la familia Donatelli, por otro lado Colin Salmon (Resident Evil, Alien vs. Predator) y Dash Mihok (El Lado Bueno de las Cosas, La Delgada Línea Roja) son los policías que ayudarán a Frank en su encrucijada contra los criminales de New York. Todos estos se exponen como personajes unidimensionales, algunos con más peso que otros en la trama, pero sólo son comparsas para que Ray Stevenson se luzca como máquina de matar perfectamente engrasada y Dominic West y Doug Hutchison puedan torturarlos y agredirlos para exponer delante de pantalla su perfil de descerebrados villanos de opereta. Por ello poco importa que el casting haga un buen trabajo en líneas generales, son Castle, Jigsaw y Loony Bin Jim los que centran la atención a lo largo del metraje con sus desaforados actos de venganza el primero y sus sádicas pasadas de rosca los segundos.




Desde estas humildes cuatro paredes quiero reivindicar un divertidísimo y vikingo placer culpable a ritmo de nu metal como Punisher: War Zone. Esta producción de 2008 es lo más cerca que ha estado el séptimo arte de realizar una traslación digna del Castigador que fuera fiel a los cómics. Evidentemente se quedó a medio camino ya que nada del nihilismo, la desesperanza y la disección psicológica que Garth Ennis imprimió al personaje en los distintos arcos de la serie MAX encontramos en estos 108 minutos de metraje. Pero por primera vez los productores tuvieron el suficiente valor para exponer en celuloide toda la violencia  y el salvajismo que eran necesarios para adaptar sus correrías. El problema es que las deficiencias del producto, sus carencias y una calificación R que en el género superheróico casi siempre ha sido sinónimo de exigua taquilla (lo de Deadpool casi ha sido un inesperado y existoso oasis en el desierto) dieron al traste con este intento de reboot que finalmente quedó en poco o nada. A falta de ver a Jon Bernthal en la segunda temporada de Daredevil me sigo quedando con Ray Stevenson como el, hasta ahora, mejor Frank Castle en imagen real y es una pena que Marvel no haya confiado en su talento para seguir dando vida al personaje, seguro que le hubiera sacado mucho partido.