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martes, 2 de febrero de 2021

Punisher (Vengador), la larga y fría oscuridad



Título Original The Punisher (1989)
Director Mark Goldblatt
Guión Boaz Yakin, basado en el personaje de Gerry Conway, Ross Andru y John Romita Sr.
Reparto Dolph Lundgren, Louis Gossett Jr., Jeroen Krabbé, Kim Miyori, Bryan Marshall, Nancy Everhard, Barry Otto, Brian Rooney, Todd Boyce, Brooke Anderson, John Samaha, Roslyn Gentle, Zoska Aleece, Kenji Yamaki, Hirofumi Kanayama




En febrero de 1974 debutaba dentro de las páginas de The Amazing Spider-Man #129 The Punisher, conocido como El Castigador en España. Creado por el guionista Gerry Conway y los dibujantes Ross Andru y John Romita Sr. basándose libremente en el personaje literario Mack Bolan, creado por el escritor Don Pendleton en 1969, y funcionando como respuesta a la fiebre del cine de vigilantismo que por aquel entonces arrasaba en las taquillas estadounidenses con la figura de Charles Bronson como principal representante gracias a la primera, y mejor, entrega de la saga Death Wish (Michael Winner, 1974) estrenada aquella misma temporada. La mujer e hijos de Frank Castle, veterano de la guerra de Vietnam, fueron asesinados en Central Park tras haber sido testigos de un crimen por parte de la mafia. Desde ese mismo momento Castle adoptó la identidad de Punisher, un antihéroe cuya única misión era ir eliminando a sangre fría a los criminales de New York, ideario que le ha valido algún que otro encontronazo con el resto de superhéroes de Marvel Comics a lo largo de sus más de 45 años de vida editorial. Como era de esperar las andanzas reaccionarias de Frank Castle tarde o temprano iban a conocer una adaptación cinematográfica, pero tuvieron que pasar quince años para que El Castigador pudiera limpiar las calles neoyorquinas de indeseables valiéndose sólo de su entrenamiento militar y una más que notable armamento.




La productora independiente New World Pictures, fundada en 1970 por el célebre productor y director Roger Corman, se asoció con Marvel Entertainment para estrenar en 1989 The Punisher el primer largometraje protagonizado por el personaje homínimo. El guionista encargado de trasladar las viñetas a un libreto fue Boaz Yakin (Ahora Me Ves 1 y 2, El Príncipe de Persia: Las Arenas del Tiempo) y el director, que incursionaba aquí en su segundo film detrás de las cámaras después de una larga carrera como reputado montador, Mark Goldblatt. El papel de Frank Castle recayó en el sueco Dolph Lundgren, por aquel entonces ya asentado en Estados Unidos después de despertar el odio de medio mundo como Iván Drago en Rocky IV (Sylvester Stallone, 1984) o de haber interpretado al “hombre más poderoso del universo” en Masters del Universo (Gary Goddard, 1987), la versión en imagen real de los muñecos de Mattel producida por Cannon Films. Louis Gosset Jr. como el agente Jake Berkowitz y el holandés Jeroen Krabbé como el capo mafioso Gianni Franco eran las caras más reconocibles de un reparto en el que también encontrábamos a Kim Miyori, Bryan Marshall, Brian Rooney o Nancy Everhard entre otros.




El ex policía Frank Castle (Dolph Lundgren) lleva años ejerciendo como el vigilante Punisher ajusticiando a todos los criminales vinculados con las distintas familias mafiosas de New York desde que su mujer e hijos fueran asesinados por una de ellas. El capo de una de las más peligrosas, Gianni Franco (Jeroen Krabbé), vuelve de Europa y se encuentra con la yakuza japonesa, comandada por la letal Lady Tanaka (Kim Miyori), exigiendo formar parte del crimen organizado neoyorquino recibiendo una negativa por parte de Franco. Esta situación de tensión en el mundo del hampa no será ajena ni a Punisher ni a los agentes Jake Berkowtiz (Louis Gosset Jr) y Sam Leary (Nancy Everhard) antiguo compañero de Castle y nueva incorporación al cuerpo de policía respectivamente. Cuando Franco rechace la propuesta de Lady Tanaka esta decidirá enviar a sus hombres a secuestrar a los hijos de los gánsters más importantes de New York, entre ellos el del mismo Franco, Tommy (Brian Rooney). Ante semejante situación Castle y el asesino de su familia deberán unir fuerzas para enfrentarse a un enemigo común mucho más peligroso.




Si una película como The Punisher, indescriptiblemente titulada en España como Vengador o El Vengador, no tuviera entre sus créditos a Marvel Entertainment nadie diría que es una adaptación del personaje de la editorial a la pantalla grande. Ciertamente el planteamiento es muy parecido, pero también a decenas de propuestas adscritas al subgénero de action heroes de la “Era Reagan” que asaltaban cines y videoclubs durante los 80 y de las que el mismo Dolph Lundgren fue uno de los iconos, puede que no de los más importantes, pero sí de bastante relevancia. La película de Mark Goldblatt podría pasar fácilmente por cualquiera de las producciones de la ya mencionada Cannon Films de Menahem Golan y Yoran Globus que por aquel 1989 comenzaba a dar síntomas de notorios problemas económicos debido a los tejemenajes de sus máximos responsables. De esta manera nos encontramos ante la prototípica cinta sobre antiguo miembro de la policía o el ejército que busca venganza intentando erradicar a los criminales que dieron muerte a su familia y a todos aquellos que ejercen sus negocios fuera de la legalidad por medio del narcotráfico, el homicidio, la tortura o la extorsión. Pero más allá de eso poco hay del personaje creado por Gerry Conway, Ross Andru y John Romita Sr.




Ciertamente hay similitudes más allá de compartir el mismo nombre que el personaje del cómic. Como el personaje de Shake, interpretado por un divertido Barry Otto, que no deja de ser un intento de sosias de Microchip, o la presencia de un policía de rectitud intachable, en este caso un ex compañero debido a que este Frank Castle fue policía en lugar de militar, que intenta hacer entrar en razón al protagonista con respecto a la línea que separa lo legal de la ilegalidad. Pero en lo referido a cualquier otro aspecto el personaje principal de The Punisher podría ser cualquiera de los que en aquella época interpretaban Chuck Norris, Jean Claude Van Damme, Michael Dudikoff o el mismo Dolph Lundgren en otros proyectos. En ese sentido pareciera como si los responsables del largometraje se sintieran avergonzados de admitir que su película está inspirada en un cómic de superhéroes, prescindiendo incluso, no ya del uniforme completo del personaje, sino de su característica calavera en el pecho que, de manera un tanto bochornosa, añadieron años después a la chaqueta del protagonista en la carátula de las distintas ediciones en bluray, pero con un tamaño muy reducido y siempre después de que el cine que adapta viñetas se haya convertido en un producto de consumo mainstream y socialmente aceptado.




Una vez aceptada la idea de que ser una adaptación digna del cómic cae del lado negativo de la balanza ahora pasamos a hablar de si The Punisher funciona como cinta de acción típicamente ochentera, añadiendo ya a su impronta algunas señas estilíticas propias de las que identificarían a no pocas muestras del género durante la década posterior. A favor de la obra podemos decir que el apartado en el que mejor debería funcionar, el de la acción, sale airosa. Sin destacar en ningún aspecto, pero haciendo los deberes en cuanto a poner en escena pasajes en los que disparos, explosiones, apuñalamientos y combates cuerpo a cuerpo (aquí Lundgren hace uso de sus conocimientos de artes marciales, como era de esperar) se convierten en el núcleo del relato. A Mark Goldblatt se le nota la veteranía editando cine de acción (Terminator, Rambo: Acorralado II, Commando) y sabe cómo y dónde poner la cámara para que los pasajes más físicos se vean con claridad en pantalla mediante una violencia cruda, pero sin caer en ningún momento en el exceso o el grafismo. Paradójicamente su trabajo se resiente por culpa de un montaje, asignado a Tim Wellburn, mostrando sus carencias en varios momentos y menoscabando la soltura del realizador con las situaciones más potentes del film.




Por mucho que le tiñeran el pelo de negro y en aquella época su rocoso físico se encontrara en su mejor momento la elección de Dolph Lundgren para dar vida a Frank Castle no fue del todo acertada. Pareciera como si el intérprete sueco pensara que para transmitir el carácter imperturbable de Punisher debiera parecer somnoliento durante toda la película, algo a lo que tampoco ayuda un maquillaje empeñado en marcar sus facciones haciéndolo parecer un vampiro musculado. Al menos en lo referido a entregarse a la acción poca queja podemos ponerle al actor de Soldado Universal (Roland Emmerich, 1992), ya que en todo momento apela a su rotunda fisicidad para asemejarse a una verdadera máquina de matar. Después de esto poco tenía que esforzarse Jeroen Krabbé para devorar a su compañero de reparto cada vez que compartían encuadre y convertirse en la mayor virtud de The Punisher. El holandés, que venía de colaborar en algunas de las mejores películas de su amigo y compatriota Paul Verhoeven (Eric: Oficial de la Reina, Spetters, El Cuarto Hombre), comenzaba a labrarse una interesante carrera en Hollywood y aunque este no es uno de sus trabajos más destacables ciertamente su sola presencia como Gianni Franco aporta caché al film. Louis Gosset Jr., Nancy Everhard, Kim Miyori, Brian Rooney o Barry Otto cumplen con sus papeles, pero quedan muy relegados con respecto a los dos personajes principales.




Aunque no deja de ser una mediocridad semiolvidada que mucha gente ni siquiera reconoce como una adaptación del personaje de Marvel Comics un servidor le tiene más aprecio que a la versión de 2004 dirigida por Jonathan Hensleigh y protagonizada por Thomas Jane, film con el que tengo muchos problemas y al que, seguramente, también dedique una retro-reseña en un futuro próximo. De hecho si a encarnaciones para la pantalla grande nos referimos para mí Punisher: War Zone (Lexi Alexander, 2008) a pesar de sus carencias sigue siendo, no sólo la mejor versión para el cine de Frank Castle, sino la que contiene la encarnación más acertada del personaje a manos de Ray Stevenson. Aunque en honor a la verdad todo esto queda anulado si tenemos en cuenta que la primera temporada de Marvel’s Punisher, la serie de Marvel Television y Netflix, es el único producto audiovisual que ha hecho verdadera justicia al antihéroe creado por Gerry Conway, Ross Andru y John Romita Sr. quedando la segunda a años luz por culpa de las malas decisiones tomadas con ella, arruinando en gran parte el trabajo ejecutado por un enorme Jon Bernthal con el icónico ex marine reconvertido en justiciero urbano. Sólo el tiempo nos dirá si veremos al bueno de Frank repartiendo pólvora de nuevo entre los maleantes ya sea en cine, televisión o plataformas digitales.


martes, 18 de agosto de 2020

Blade, hijos de la medianoche




Título Original Blade (1998)
Director Stephen Norrington
Guión David S. Goyer, basado en el cómic de Marv Wolfman y Gene Colan
Reparto Wesley Snipes, Stephen Dorff, Kris Kristofferson, Sanaa Lathan, Donal Logue, Traci Lords, Udo Kier, N’Bushe Wright, Arly Jover, Kevin Patrick Walls, Tim Guinee, Eric Edwards, Donna Wong, Carmen Thomas, Shannon Lee, Kenny Johnson




Eric Darren Brooks, conocido popularmente como Blade, debutó en el número 10 de la mítica colección Tomb of Dracula allá por el lejano julio de 1973. Los impulsores más importantes de la inolvidable cabecera, el guionista Marv Wolfman y el dibujante Gene Colan, presentaron en aquella grapa un cazador de vampiros de raza negra que, al igual que otros personajes como Power Man o Pantera Negra, nació en clave de respuesta por parte de la Casa de las Ideas al potente auge de la cultura blaxpolitation había alcanzado a finales de los 60 y principios de los 70 en Estados Unidos. Tras su puesta de largo enfrentándose al conde transilvano volvió a vérselas con él en no pocas ocasiones dentro de dicha serie aunando fuerzas con los héroes de la misma, Frank Drake y Rachel Van Helsing, para más tarde hacer acto de presencia a lo largo de aquella misma década en Vampire Tales #8 o Marvel Preview #3 y #8. Tras diez años prácticamente desaparecido del mapa volvió a la máxima potencia durante los 90 para vérselas con el Motorista Fantasma, Blaze o Morbius, entre otros, formando parte de los Hijos de la Medianoche e incluso protagonizando su propia colección conformada por diez entregas. Fue a finales de aquella misma década, con el personaje conociendo una nueva edad dorada en el mundo de las viñetas, cuando Blade debutó en la pantalla grande durante una época en la que las adaptaciones de personajes de cómic al celuloide no se encontraban en su mejor momento, algo que cambió notablemente con su llegada.




Aunque en cierta manera se ha oficializado que el boom de las películas inspiradas en personajes de cómics nació con X-Men (Bryan Singer, 2000) o Spider-Man (Sam Raimi, 2002) lo cierto es que fue esta primera incursión de Blade en pantalla grande con la película homónima la que dio el psitoletazo de salida a manos de New Line Cinema. Los responsables de extrapolar las aventuras del cazador de vampiros creado por Marv Wolfman y Gene Colan fueron el guionista David S. Goyer, profesional por aquel entonces desconocido, pero más tarde estrechamente vinculado al mundo de los superhéroes tanto en cómics como en celuloide, y el cineasta británico Stephen Norrington que tras un debut, Maquina Letal (1994), convertido en pieza de culto, entraba con todas las de la ley en Hollywood mediante su segundo largometraje. De dar vida al protagonista se encargó un Wesley Snipes en la cumbre de su carrera, que también ejerció como productor del proyecto junto a viejos conocidos como Stan Lee y Avi Arad, viéndose acompañado por secundarios como Stephen Dorff, N’Bushe Wright, Kris Kristofferson, Donal Logue, Traci Lords, Kenneth Johnson o un clásico del cine sobre vampirismo como es el veterano actor alemán Udo Kier.




Mientras seres humanos y vampiros mantienen una tensa paz por puro interés mutuo en la ciudad de Detroit, Blade (Wesley Snpies) ejerce como un cazador de vampiros que, paradójicamente, pertenece a dicha raza aunque no alimentándose de sangre humana y pudiendo caminar a plena luz del día sin que el sol lo calcine como le sucede al resto de sus congéneres. Mientras tanto el Consejo de las Sombras, un importante clan vampírico, se debate entre permanecer en la clandestinidad manteniendo negocios con los humanos mientras se alimentan furtivamente de ellos como promulga el líder, Gaetano Dragonetti (Udo Kier), o enfrentarse a ellos y eliminarlos por ser inferiores, teoría defendida por el joven e impulsivo Deacon Frost (Stephen Dorff) único no “pura sangre” del consejo. A la guerra que está por llegar y en la que Blade, acompañado de su mentor, Abraham Whistler (Kris Kristofferson), se verá implicado de una manera u otra se suma la aparición de la Doctora Karen Jenson (N’Bushe Wright) una hematóloga que se cruza en el camino del protagonista cobrando capital importancia en el devenir de acontecimientos futuros en el que el alter ego justiciero de Eric Darren Brooks deberá librar la batalla más importante de su no vida.




Blade es, desde una perspectiva cinematográfica, un producto hijo de la década de los 90. Por este motivo a nivel estético lo planteado por David S. Goyer, Stephen Norrington y Wesley Snipes no se parece demasiado a ninguna de las encarnaciones en papel previas del personaje, ni siquiera a la que discurrió coetánea con la producción y estreno del largometraje. Secuencias de acción espectaculares, ritmo acelerado, montaje efectista y una estética entre cyberpunk y urbana asentaban las bases de un proyecto que, sin saberlo, estaba predestinado a cambiarlo todo en el cine comercial estadounidense. Planteada desde su misma concepción como una película para público adulto, con una califiación R para su estreno en Estados Unidos, fueron precisamente adolescentes los que más se dejaron embriagar por las sangrientas correrías de “el que ha visto el sol”. Esto se debe principalmente a que el cineasta encargado de extrapolar el personaje al medio cinematográfico conocía perfectamente lo que demandaban unos espectadores algo cansados de visiones pulcras e inmaculadas de los superhéroes clásicos, mientras buscaban versiones más oscuras y presuntamente adultas de los mismos, un pensamiento muy adherido a la década de los 90 e impulsado, en cierta manera, por la irrupción de la editorial independiente Image Comics.




Sería de ilusos eludir u obviar que el arranque de Blade, la primera secuencia tras el prólogo, no sólo es un pasaje espectacular, sino que consigue sintetizar con pericia la esencia misma del producto dejando a la libre elección del espectador si entra en el juego propuesto por sus máximos responsables o huye despavorido ante semejante declaración de principios. El asalto del personaje principal a la sangrienta sala rave a ritmo del ya icónico Confusion (Pump Panel Reconstruction Mix), de New Order, con la consiguiente masacre de vampiros se convirtió con los años en una de las secuencias más celebradas del cine de acción de los 90. Hoy esa espectaculiridad ha mermado, en cierta manera por culpa de uno de los mayores defectos del film, lo mal que han envejecido algunos de sus efectos digitales, pero es ineludible que realización, montaje, coreografías de lucha y banda sonora funcionan a la máxima potencia gracias a una labor conjunta en el apartado técnico que deja en muy buen lugar a Stephen Norrington, más de lo merecido vista su posterior filmografía detrás de las cámaras.




A partir de ahí la amalgama entre acción, terror y cine de artes marciales heredero de la escuela hongkonesa rinde a lo largo de casi todo el metraje, sólo notándose las numerosas carencias en un humor ineficaz en casi todo momento, recayendo casi al 100% en uno de los personajes más insoportables de la película al que volveremos más tarde al hablar del reparto. Blade no sólo marcaría, como ya dijimos previamente, el primer gran éxito de taquilla que abriría paso a futuras adaptaciones de cómics al celuloide, también dejó huella con su estética en producciones posteriores facturadas en el seno de Hollywood y no sólo en films protagonizados por personajes del arte secuencial. Ciertamente no es algo que se pueda confirmar, porque al estreno de ambas cintas las separa un corto espacio de tiempo, pero si alguien nos dijera que las hermanas Wachowski vieron en el cine Blade, el film se estrenó en plena producción de Matrix, y se llevaron unas cuantas ideas para la obra que les dio la fama sería difícil negarlo, porque desde una perspectiva estilística y visual las similitudes son tantas que se antoja casi imposible negarlas o dejarlas pasar.




En 1998 Wesley Snipes se encontraba en lo más alto de su carrera, no sólo como estrella del cine de acción, sino también ganándose cierta fama como intérprete dramático que le llevó incluso a obtener el año anterior la Copa Volpi al mejor actor en el festival de Venecia por su papel en Después de Una Noche (Mike Figgis, 1997) de manera que sus problemas personales, entre ellos los del fisco y la cárcel, quedaban lejos todavía. Snipes interpreta un Blade ejemplar, alejado del verborréico que nos presentaron Wolfman y Colan en los 70 y más moderno que cualquiera de sus versiones posteriores en las viñetas, pero respetando totalmente su esencia y en ese sentido la obra es impecable, algo que se extenderá a las siguientes entregas en las que encarnó al personaje con independencia de la mayor o menor calidad de las mismas. A un físico rotundo o unos conocimientos amplios de artes marciales y lucha cuerpo a cuerpo se suman grandes cantidades de carisma revelando a Snipes como el pilar maestro sobre el que se construye el proyecto y siendo él consciente de ello interviniendo en su producción, como anteriormente hemos afirmado.




En cuanto a los secundarios tenemos luces y sombras. Acierto mayúsculo la elección del veterano Kris Kristofferson dando vida a Abraham Whistler, el actor de Ha Nacido Una Estrella (1976) o La Puerta del Cielo (1980) da el aire cansado, lacónico y chulesco que el rol necesita. N’Bushe Wright hace lo que puede con un secundario que aun intentándolo, por mediación de David S. Goyer al guión, no consigue huir del todo del estereotipo de personaje femenino cuya principal misión es la de potenciar al masculino principal. Stephen Dorff dribla con estilo y lascivia una versión poco agradecida de Deacon Frost, muy alejada de la primigenia vista en papel, que se suma a la larga galería de villanos de adaptaciones de cómics, independientemente de si las factura Marvel o DC, pobremente caracterizados que sólo funcionan por la labor de aquellos que los encarnan, aunque en ocasiones ni eso. Donald Logue se lleva la peor parte, su interpretación de Quinn es lo peor del film, su presencia se antoja irritante y su responsabilidad como descarga cómica todo un fracaso. Udo Kier interviene en sólo un par de escenas, pero el alemán siempre se muestra señorial, hasta en ocasiones como la presente, en la que acaba hecho cenizas contemplando el astro rey en pleno amanecer.




Sería una necedad no admitir que a Blade se le nota el paso del tiempo, es una pieza coyuntural que en pleno 2020 se revela anticuada en ciertos aspectos. Pero también es ineludible que sigue siendo diabólicamente entretenida, potente, cafre y frenética. Tras ella su director siguió adaptando cómics con la inenarrable La Liga de los Hombres Extraordinarios, a la que tarde o temprano también dedicaremos una retro-crítica, y tanto Blade como Wesley Snipes continuaron su cruzada contra los no muertos en Blade II, secuela a manos del mexicano Guillermo del Toro, y Blade Trinity, cierre de la trilogía en el que era esta vez el mismo David S. Goyer quien se ponía detrás de las cámaras. Más allá de valoraciones puramente cinematográficas Blade supuso la punta de lanza de lo que ha acabado convirtiéndose en un subgénero que atrae a millones de espectadores a las salas de cine, pero también despierta el recelo de aquellos profesionales del audiovisual que ven en esta homogeneización del cine comercial estadounidense una lacra que impide a otro tipo de proyectos encontrar su hueco. De eso y la nueva versión del personaje a manos de Marvel Studios que interpretará Mahershala Ali hablaremos en otro momento.




jueves, 31 de enero de 2019

Spider-Man: Un Nuevo Universo



Título Original Spider-Man: Into the Spider-Verse (2018)
Director Bob Persichetti, Peter Ramsey, Rodney Rothman
Guión Phil Lord, Rodney Rothman,






A nadie se le escapa que lo mejor de una cinta tan mediocre como Venom era su segunda escena post créditos. En aquella secuencia escapábamos de la dimensión en la que el Eddie Brock de Tom Hardy y el simbionte alienígena protagonizaban una inesperada, e improbable, comedia gamberra de adolescentes para visitar una New York animada en la que nos encontrábamos con Miles Morales y Peter Parker. Dicho pasaje no dejaba de ser una promo para dar publicidad al próximo proyecto protagonizado por nuestro amistoso vecino Spider-Man. En esta ocasión, y como ya hemos adelantado, se trataba de una película de animación que, en una arriesgada propuesta, no iba a estar protagonizada por el más famoso alter ego del Hombre Araña, sino por su sustituto en la línea Ultimate de Marvel Cómics, el también referenciado Miles Morales. De manera que nos enfrentamos con la adaptación en pantalla grande más atípica del Hombre Araña y no de fácil accesibilidad para el espectador neófito desconocedor de los cómics.




Spider-Man: Un Nuevo Universo, o Spider-Man Into the Spider-verse en su título original, tiene la peculiaridad de ser una cinta impulsada por Sony Pictures Animation en colaboración con Marvel Animation, pero dejando recaer la responsabilidad de su gestación en Chris Miller y Phil Lord, guionistas y directores de culto de obras tan divertidas como La LEGO Película, o los dípticos Lluvia de Albóndigas y 21/22 Jump Street. Sí, esta cinta animada es el proyecto en el que Miller y Lord se embarcaron cuando Disney y Lucasfilm les dieron la patada de Han Solo: Una Historia de Star Wars y viendo la recaudación o aceptación general conseguida por una y otra obra queda claro quienes fueron los beneficiados por aquel despido. Con ambos como productores, Lord co escribiendo el guión junto Rodney Rothman y este último encargándose de la dirección junto a Bob Persichetti y Peter Ramsey el film llegaba a pantallas de todo el mundo el mes de diciembre del pasado año 2018.




Las principales fuentes de inspiración de Spider-Man: Un Nuevo Universo son la colección Ultimate Spider-Man, de Brian Michael Bendis y Sara Pichelli, y el evento Spider-verse, a manos de Dan Slott, Olivier Coipel y Giuseppe Camuncoli. Amalgamando ambos trabajos Phil Lord y Rodney Rothman crean un relato centrado en Miles Morales viéndose, después de un hecho trágico, envuelto en una trama en la que deberá compartir lucha contra el crimen con otras cinco versiones de Spider-Man venidas de distintas dimensiones para desbaratar los planes de Kingpin. Esta es la trama del largometraje y desde la publicación de sus primeras promos sorprendió que Sony Pictures Animation tuviera el valor de poner en escena tantos personajes de las viñetas que nunca habían conocido contrapartidas audiovisuales protagonistas dentro de un largometraje para las multisalas, dirigido este a un público masivo. El resultado final ha superado todas las expectativas depositadas en una película brillante en cualquiera de sus aspectos.




Cuando el 2018 llegaba a su fin y parecía que no íbamos a encontrarnos con ninguna otra película de superhéroes destacable Spider-Man: Into the Spider-verse irrumpió en la cartelera internacional para demostrarnos cuán equivocados estábamos. Festival visual de virtuosismo técnico, amalgama argumental capaz de ensamblar de manera coherente las distintas variantes dimensionales de Spider-Man en las viñetas, homenaje a un icono que no entiende de razas, género o clase social y tributo merecido a los dos padres de la criatura. Stan Lee y Steve Ditko, fallecidos el pasado año. La cinta de Bob Persichetti, Peter Ramsey, Rodney Rothman es todo eso y mucho más. Desde su mismo arranque no sólo elude ser abordada como una obra independiente, sino que introduce en su continuidad todas las aventuras cinematográficas en imagen real del personaje antes de su salto a Marvel Studios. De esta manera parece que nos encontramos con "un episodio más" en el seno de las traslaciones cinematográficas del trepamuros, pero realmente no esa sí.




Spiderman: Un Nuevo Universo es puro cómic. No sólo por su relato en el que se condensa prácticamente todo el imaginario relacionado con sus protagonistas, sino también por la puesta en escena con la que sus directores han decidido acometer el proyecto. Distinto tipo de animación para cada uno de los personajes o pasajes del largometraje o uso de viñetas y onomatopeyas mezcladas con el uso recurrentes de mensajes de texto de teléfono móvil para localizar un relato de resonancias clásicas en un contexto espaciotemporal contemporáneo, para que todo tipo de espectador pueda identificarse con las criaturas que lo pueblan y las situaciones en las que se ven implicados. Todos los apartados en la obra han sido elaborados con un cariño, una minuciosidad, un virtuosismo y una fidelidad a las distintas fuentes de inspiración secuencial que sólo nos queda quitarnos el sombrero ante una propuesta tan descomunalmente satisfactoria como esta, confirmado el acierto por parte de Sony a la hora de ofrecer este proyecto a Phil Lord, Chris Miller y compañía.




Miles Morales, Peter Parker, Gwen Stacy, Spider-Ham, Peni Parker y Spider-Man: Noir son los protagonistas principales del film, a los que habría que sumar los padres y el tío del primero. Aunque la mayor parte del peso recae sobre Morales y Parker, siendo ellos poseedores de una personalidad más definida, todos y cada uno de los secundarios arácnidos son propensos a crear un vínculo empático con el espectador que lo tiene muy fácil para enamorarse de ellos y las situaciones planteadas por sus acciones a lo largo del metraje. Dentro de los villanos, y sin desvelar la inesperada aparición de varios de ellos, cabe mencionar a un Kingpin amenazador e inquietante cuyo diseño parece arrancado de las páginas de cualquier aproximación a Wilson Fisk ejecutada por el mítico ilustrador Bill Sienkiewicz (Daredevil: Amor y Guerra, Elektra: Asesina) y cuya crueldad es fiel reflejo de la destilada por su contrapartida en las viñetas.




Repleta de referencias a universo de Marvel Cómics que harán las delicias de los fans de la editorial, ejecutada con una animación de factura intachable, con un guión contenedor de hallazgos narrativos cada diez segundos, unos personajes carismáticos o cercanos y sólo pecando de excesiva en su clímax final por la aparatosidad de sus secuencias de acción Spider-Man: Un Nuevo Universo no sólo es la mejor película superheróica en el año en el que hemos disfrutado, en mayor o menor medida, de piezas como Vengadores: Infinity War, Deadpool 2, Aquaman, Black Panther o Venom. También es la más destacada, y fiel, adaptación cinematográfica de Spider-Man, no ya como personaje o héroe, sino como icono de la cultura pop. Sólo queda dar gracias a Sony Pictures Animation y Marvel Animation, a Chris Miller, Phil Lord y al resto de responsables de la cinta. Pero sobre todo a Stan y Steve, aquellos autores capaces de crear un personaje con el que cualquier adolescente, independientemente de la generación a la que pertenezca, puede identificarse gracias a la humanidad indivisible a su personalidad.



sábado, 13 de octubre de 2018

Venom



Título Original Venom (2018)
Director Ruben Fleischer
Guión Scott Rosenberg, Jeff Pinkner, Kelly Marcel y Will Beall, basado en el cómic de David Michelinie y Todd McFarlane
Reparto Tom Hardy, Riz Ahmed, Michelle Williams, Jenny Slate, Woody Harrelson, Reid Scott, Michelle Lee, Scott Haze, Jared Bankens, Al-Jaleel Knox, Jock McKissic, Mac Brandt, Sope Aluko, Jane McNeill, Wayne Pére, Selena Anduze, Donald K. Overstreet, Christian Convery, Laura Distin, Sam Medina, Gail Gamble.




La primera aparición oficial de Venom en el mundo de la viñeta refiriéndonos siempre a la toma de contacto primigenia entre el simbionte alienígena, encontrado y utilizado previamente por Spider-Man a partir del número 8 de las míticas Secret Wars, y el periodista del Daily Globe, Eddie Brock, tuvo lugar en The Amazing Spider-Man #299 allá por mayo de 1988 bajo la tutela del guionista David Michelinie y el dibujante Todd McFarlane. Con el paso del tiempo Venom, o Veneno, fue convirtiéndose durante la primera mitad de los años 90 en uno de los villanos de Marvel Comics favoritos del fandom. En la editorial tomaron buena nota y encargaron al mismo Michelinie y al ilustrador Mark Bagley la responsabilidad de convertir al archienemigo de Peter Parker en un antihéroe obsesionado con “proteger a los inocentes”. Tras su poco ortodoxo trasvase al bando de los superhéroes Venom comenzó a protagonizar su propia cabecera formada en sus inicios por numerosas miniseries. El pistoletazo de salida lo daría Veneno: Protector Letal, arco argumental de seis números ideado por los dos autores encargados de la conversión al bien de Eddie Brock, sumámdose a ellos un Ron Lim tomando el relevo de Mark Bagley, incapaz de cumplir las fechas de entrega debido encontrarse por aquel entonces en su etapa más prolífica dentro de Marvel Comics abarcando varias series localizadas en el spiderverso. Tras ella llegaron el evento Matanza Máxima y por otro lado más miniseries en solitario como Pira Funeraria, La Locura, El Enemigo Interior, El Macero, Noches de Venganza, Guerra de Simbiontes… y ya adentrándonos en el nuevo milenio etapas de largo recorrido, nuevos huéspedes para el simbionte como Mac Gargan, Flash Thompson o Lee Price o variantes como Ultimate Venom, Venom 2099 o Anti Venom.




Si obviamos sus apariciones en las numerosas series animadas protagonizadas por Spider-Man la primera incursión en imagen real de Venom se produjo en Spider-Man 3. A pesar de la oposición del director, Sam Raimi, Sony se empeñó en incluir en la tercera entrega de la primera trilogía del trepamuros el traje alienígena de origen extrarrestre y su posterior conversión en Venom cuando toma contacto con Eddie Brock, en aquel largometraje interpretado por un muy inadecuado Topher Grace. Ya en lo referido a la película Venom esta toma como origen del personaje el mismo establecido en Spider-Man: The Animated Series, aquel que eludía todo lo acontecido en las Secret Wars y justificaba la llegada del simbionte extrarrestre por medio de una misión espacial en la que estaba implicado John Jameson, hijo del famoso director del Daily Bugle y futuro Man Wolf y Stargod. Tomando estos hechos como arranque y eludiendo cualquier referencia a Spider-Man Venom da sus primeros y titubeantes pasos estableciendo la tónica de lo que será el resto del largometraje. Por desgracia Venom está lejos de ser una buena película y como adaptación del personaje al medio audiovisual es en ocasiones hasta insultante, pero por suerte es un producto altamente entretenido y hasta disfrutable por su naturaleza alocada.




Para que nadie se lleve a engaño y todo el mundo tenga una idea más o menos clara de a lo que se va a enfrentar cuando decida verse las caras con um proyecto como Venom podemos confirmarlo como una amalgama entre Green Lantern (2011) y Ghost Rider: Espíritu de Veganza (2012), no precisamente dos obras maestras dentro del subgénero, más bien todo lo contrario. En cuanto a la estructura y parte de su desarrollo se emparenta con la adaptación cinematográfica de las correrías de Hal Jordan interpretada por Ryan Reynolds y en lo referido a tono y resolución formal es imposible quitarse de la cabeza la alocada secuela del Motorista Fantasma con un oligofrénico Nicolas Cage como protagonista. Este ese el nivel y no hay más, porque Venom es un disparate cinematográfico, una astracanada que no sabe cuando ponerse seria o reírse de sí misma, un proyecto despachado por parte de Sony de mala manera con la única intención de hacer dinero sin pararse a pensar si estaban facturando un producto de calidad y mucho menos mostrando un mínimo de interés por respetar la esencia del personaje, pisoteado impunemente a lo largo de gran parte del metraje para enfatizar una cuestionable, aunque no poco efectiva, comicidad.





Que Venom sea una película mediocre es algo que queda claro desde el mismo momento en el que tratamos de analizar con un mínimo de rigor su guión. Protagonista cobarde viéndose inmerso en una situación extrema cambiándole la vida, pareja sentimental sufrida y con un par de escenas para darle algo de relevancia, villano de opereta simplista y sádico sin un ápice de claroscuros y una trama sencilla carente de florituras narrativas para ser seguida con el mínimo uso neuronal por la platea. En lo referido a la fidelidad con respecto a las viñetas el desastre se antoja mayúsculo a la hora de hablar tanto del personaje del célebre periodista del Daily Globe como del traje alienígena con voluntad propia que se adhiere a su persona. Mientras Eddie Brock parece un quinceañero con pulsiones propias de esa edad y comportamientos insulsos en su vida personal el simbionte extraterrestre se comunica con su huésped con un lenguaje barrionajero que lo emparenta con un macarra del Bronx, pasándose así los guionistas de la obra la idiosincrasia primigenia de la relación establecida entre ambas mitades, convertidas en un sólo ser, por salve sea la parte con el único fin de hilvanar un chascarrillo detrás de otro, algo a lo que volveremos cuando hablemos de la labor de Tom Hardy como protagonista.




Ruben Fleischer aborda este material haciendo uso de los medios puestos a su disposición, grandes en cuanto a presupuesto y mínimos en lo referido a creatividad, aunque con el director de Gangster Squad tampoco estamos hablando de un David Fincher o un Paul Thomas Anderson, precisamente. El director cumple a la hora de llenar la pantalla de frenetismo y ruido, llegando en algún momento a saturar al espectador, pero consiguiendo no aburrir en ningún momento a este último sabiendo ejecutar con oficio su trabajo, más si cabe teniendo entre sus manos una historia bastante paupérrima sustentada en la acción continua, las secuencias de peleas, persecuciones, tiroteos y un uso continuo de unos CGI, en líneas generales, bastante dignos. La acumulación de secuencias dinámicas desfilando por la pantalla, la imponente presencia de los distintos simbiontes y referencias continuadas a los cómics extendiéndose hasta la primera de las dos escenas post créditos son los escasos alicientes a los que los fans de los cómics y los espectadores ocasionales podrán aferrarse para pasar un rato divertido con Venom, siempre que no decidan pararse mucho a pensar en la obra ni a desentrañar su interminable galería de carencias.




Un servidor siente una extraña mezcla de sentimientos a la hora de hablar de la labor de Tom Hardy como protagonista absoluto en Venom. Es ineludible que es uno de los periodistas menos creíbles, y más sexys, de la historia del cine, que su Eddie Brock infantil, a veces hasta estúpido, y exagerado poco o nada tiene que ver con el de los cómics, al menos de los primeros que protagonizó, y que su relación con el simbionte pierde todo su potencial cuando los guionistas deciden convertir a ambos en los compañeros de piso protagonistas de una sitcom. Pero mentiría si dijera que no he disfrutado viendo al protagonista de Bronson o Legend siendo poseído por Nicolas Cage y dando forma al más histriónico papel de su carrera, haciendo el ridículo de manera suicida al decidir entregarse a una sobreactuación insana llena de aspavientos, movimientos propios del slapstick o la comedia física mientras deja claro en todo momento habérselo pasado de vicio dando vida a semejante esperpento de personaje(s). Para que los aficionados a los cómics del archienemigo de Spider-Man creado por David Michelinie y Todd McFarlane me entiendan, lo visto en esta Venom no se aleja demasiado, en cuanto a cantidades industriales de herejía y falta de respeto, a lo que Shane Black hizo con el Mandarín/Trevor Slatery en Iron Man 3. Otro “villano”, todo hay que decirlo, capaz de arrancarme en su momento más de una carcajada por obra y gracia del gran Ben Kingsley.




En resumidas cuentas a esto se reduce una película como Venom y pedirle más en cualquier sentido es una exigencia tan ingenua como temeraria por parte del espectador. Sony no ha querido o sabido hacer una buena adaptación del personaje al medio cinematográfico entregándose a la ley del mínimo esfuerzo. Sus directivos cometieron un error garrafal a la hora de no negociar con Disney y Marvel Studios (como sí hicieron previamente en el caso de Spider-Man: Homecoming) para poder vincular al Eddie Brock cinematográfico con nuestro amistoso vecino adscrito al MCU, pero el resultado tampoco es el desastre mayúsculo aventurado por muchos, aunque sí una producción fallida, hipertrófica y notablemente ajena al espíritu de los cómics en los que se inspira. Mi consejo para disfrutarla mínimamente es verla sin prejuicios, dejando de lado el origen secuencial de su protagonista y asumiendo el hecho de estar viendo una pieza insulsa, intrascendente y algo estúpida. Habrá quien afirme que estos son muchos obstáculos para sortear por un producto como Venom y no seré yo quien les quite la razón, ni la persona que les obligue a tener que hacerlo, porque la recompensa no merece demasiado la pena.