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domingo, 19 de diciembre de 2021

Spider-Man: No Way Home



Título Original Spider-Man: No Way Home (2021)
Director Jon Watts
Guion Chris McKenna, Erik Sommers, basado en el cómic de Stan Lee y Steve Ditko
Reparto Tom Holland, Zendaya, Benedict Cumberbatch, Marisa Tomei, Tony Revolori, Jon Favreau, J.K. Simmons, Angourie Rice, Alfred Molina, Jamie Foxx, Jacob Batalon, Harry Holland, Christopher Cocke, J.B. Smoove, Hannibal Buress, Martin Starr



Desde que Marvel Studios y Sony Pictures Entertainment llegaron a un acuerdo para introducir un nuevo Spider-Man dentro del Universo Cinematográfico Marvel, interpretado este por el actor británico Tom Holland (Lo Imposible), lo hemos visto pulular como personaje secundario en Capitán América: Civil War, Vengadores: Infinity War y Vengadores: Endgame. Pero también hemos asistido a cómo protagonizaba sus dos películas en solitario, Spider-Man:Homecoming y Spider-Man: Far From Home, ambas con gran éxito de taquilla y una recepción entusiasta por parte de la prensa especializada. Poco después del estreno de largometraje en el que el alter ego superheróico de Peter Parker se enfrentaba al Mysterio de Jake Gyllenhall saltaba la noticia de que al no haber llegado a un acuerdo entre las dos productoras el flamante nuevo Hombre Araña abandonaba repentinamente el UCM para disgusto de casi todos los aficionados, el primero de ellos el actor que le daba vida. Por suerte finalmente ambas partes llegaron a un acuerdo económico para que el personaje permanecería dentro del microcosmos audiovisual diseñado por Kevin Feige y un servidor no puede dejar de pensar que mucho de lo visto en esta Spider-Man: No Way Home haya sido el motivo por el que decidieron que Tom Holland y su versión del superhéroe creado por el tándem Stan Lee/Steve Ditko siguiera formando parte de la maquinaria propiedad de Disney que actualmente se ve completamente inmersa en su Fase 4, la primera que alterna producciones para la gran pantalla con series dentro de su plataforma de streaming.



Spider-Man: No Way Home mantiene casi el mismo equipo de profesionales de las dos entregas anteriores. Jon Watts vuelve a encargarse de la dirección, Chris McKenna y Erik Sommers se ocupan del guion, de la partitura Michael Giacchino y en el reparto repiten viejos conodicos de Homecoming y Far From Home, se unen otros actores que dan vida a personajes del Universo Cinematográfico Marvel y, como ya todo el mundo sabe, hacen su aparición otros vinculados con las dos primeras encarnaciones cinematográficas de Spider-Man. Por lo tanto tenemos un casting en el que encontramos a Tom Holland (Spider-Man/Peter Parker) Zendaya (MJ), Jacob Batalon (Ned Leeds), Marisa Tomei (May Parker), Jon Favreau (Happy Hogan), Benedict Cumberbatch (Doctor Strange) del lado del bando superheróico y a Willem Dafoe (Duende Verde/Norman Osborne), Alfred Molina (Doctor Octopus/Doctor Otto Octavius) o Jamie Foxx (Electro/Max Dillon) entre otros de parte de los villanos. Un reparto impresionante a la altura de un proyecto de enorme envergadura como el que nos ocupa.



Vaya por delante que no soy el mayor fan del Spider-Man de Uiverso Cinematográfico Marvel, algo que ya dejé patente en mis reseñas para Zona Negativa, tanto en la de Spider-Man: Homecoming como en la de Spider-Man: Lejos de Casa. Me gusta Tom Holland como Peter Parker y Spider-Man, creo que hace un trabajo excelente como una versión juvenil del personaje, pero un servidor es uno de esos carcas puristas a los que no agradó su dependencia de Tony Stark indivisible a esta última versión del héroe, no sólo desde un punto de vista vital y emocional, sino también económico y logístico a la hora de proporcionarle la maquinaria para «esponsorizar» su carrera contra el crimen. Pasar del recuerdo de Ben Parker como brújula moral de Peter al de un, primero presente y luego desaparecido, Tony Stark nunca fue de mi agrado, por muy admirador que me considere del trabajo de Robert Downey Jr. y por mucha química que compartiera con Holland. Tampoco me convencía el tono demasiado ligero y adolescente que se ofreció en ambos films del entorno y los allegados del protagonista, con algunos momentos que me hicieron pasar bastante vergüenza ajena en sendas producciones.



Pero entonces llega Spider-Man: No Way Home, me rompe todos los esquemas y desmonta las no pocas ideas preconcebidas que arrastraba de las otras dos entregas. Sin adentrarnos en muchos spoilers solo mencionaremos de la trama lo que se ha visto en los tráilers, de manera que tenemos una continuación directa de lo acontecido en Spider-Man: Lejos de Casa cuyo epicentro es un Peter Parker desesperado localizando al Doctor Strange y pidiendole ayuda para que todas las personas que descubrierion su identidad como Spider-Man, mediante las declaraciones en video de Mysterio, la olviden mediante un conjuro. El hechizo sale mal, lo que repercute en el Multiverso, y tras ello comienzan a aparecer villanos de las dos franquicias cinematográficas anteriores del personaje protagonizadas por Tobey maguire y Andrew Garfield en el universo del Spider-Man del UCM. A partir de aquí se desarrolla una trama que adapta, de manera muy sui géneris, varias sagas de los cómics protagonizados por el arácnido, pero con los Seis Siniestros como epicentro y múltiples referencias a sus muchas encarnaciones.



Era lógico pensar que toda la parafernalia alrededor del Multiverso y la aparición de villanos de las otras dos sagas cinematográficas podrían haber sido una distracción o un parche para disimular la inconsistencia del guion de Spider-Man: No Way Home. Inyectar dosis de nostalgia y fanservice al espectador, tanto al generalista como al conocedor del UCM o los cómics, para que no repare en las posibles carencias de una historia que por metareferencial y condescendiente fuera aceptada con entusiasmo por puro gozo, confirmando que el Spider-Man de Tom Holland no es suficiente para llevar toda el entramado sobre sus espaldas en solitario. Por suerta nada de esto llega a cristalizar, porque sí, es ineludible que la película está facturada para dar al fandom casi todo aquello que ansía, pero el Spider-Man del actor de El Diablo a Todas Horas no solo está a la altura de las circunstancias, sino que sale totalmente reforzado una vez termina la obra.



Jon Watts y sus guionistas mantienen un inteligente equilibrio entre la lumonosidad propia de las dos anteriores películas y un tono más dramático, e incluso crudo, durante el último acto del largometraje. De esta manera Spider-Man: No Way Home se revela en principio como un producto continuista con respecto a sus predecesores, pero se adentra en unos terrenos dramáticos que casi ninguna otra película del UCM se había atrevido a transitar. El tono ligero, liviano y juvenil deja paso a una oscuridad impropia de lo que hasta ese momento habíamos visto con el personaje y con un Tom Holland que al ser consciente de que la fanfarria alrededor de la película podría minimizar su buen hacer se entrega al máximo para ofrecer la mejor versión de su Peter Parker/Spiderman, logrando algunos de los pasajes mejor ejecutados de su carrera interpretativa. Un compromiso inusual para este tipo de cine que muchos actores suelen abordar con el piloto automático activado y la idea preconcebida de que estos trabajos no suponen un reto para ellos.



Los personajes de MJ, Ned Leeds, Happy Hogan y May Parker mantienen el perfil dibujado para ellos en Homecoming o Far From Home y Stephen Strange tampoco desentona con lo visto anteriormente en el UCM, aunque su temeridad con respecto al uso del hechizo para ayudar a Peter sí es impropia de su persona. Por ello son más interesantes los personajes que debutan en el UCM venidos de los otros dos universos, sobre todo el Doctor Octopus de Alfred Molina y el Duende Verde de Willem Dafoe. Ha sido todo un acierto mantener la piscología que ambos adquirieron en la trilogía arácnida de Sam Raimi, el primero por facturar un Otto Octavius magnífico del que solo chirría su uso puntual como diana de algunos momentos cómicos cuestionables y el segundo por dar vida a un Norman Osborn que, contra todo pronóstico, no sólo supera al que dio vida en el film de 2002, sino que se acerca con más convicción al de los cómics exudando crueldad y salvajismo. Su enfrentamiento con el Spider-Man de Tom Holland es brutal y las escenas físicas que ambos comparten son de las más explícitas vistas en el UCM, cuya violencia ha sido casi siempre más inocua.



Jon Watts también ofrece una labor más elaborada que en los otros dos proyectos con su nombre en los títulos de crédito. Sin que podamos ver en pantalla un sello autoral reconocible, porque realmente no lo tiene, Kevin Feige y sus socios sí le han permitido juguetear más con la puesta en escena hibriando pasajes antagónicos, pero complementarios, como el plano secuencia de los primeros minutos de metraje usado como un recurso audiovisual cómico con resultado encomiable o delirios psicodélicos como el enfrentamiento entre Spider-Man y el Doctor Strange que hubiera hecho las delicias del Steve Ditko que se encargó de ilustrar algunas de las historias más recordadas protagonizadas por el Hechicero Supremo. Lo que sí es cierto es que no tienen tanto mérito las escenas más grandilocuentes, si tenemos en cuenta los holgadísimos medios al alcance de Watts, como las más íntimas que tienen a los personajes como centro neurálgico. Hay pasajes en Spiderman: No Way Home de una fuerte carga emocional que hablan muy bien de su labor como director de actores y, por supuesto, del ya citado reparto.



Spider-Man: No Way Home da todo lo que se espera de ella y mucho más y a un servidor le reconcilia con este Spider-Man inmerso en lo que no deja de ser una historia de paso a la madurez. Un producto que ha sabido muy bien jugar sus cartas subiendo notablemente el nivel con respecto a una irregular Fase 4 que después del gran evento que supuso la Saga del Infinito se encuentra ante la ardua tarea de construir una nueva estructrua para sustentar ese Universo Cinematográfico Marvel que ha perdido algunos de iconos más característicos, y aunque hasta el momento no es todo lo sólida que debería el pilar maestro que supone la película de Jon Watts ayudará en gran parte a que que la franquicia tenga un futuro próspero. Desde Transgresión Continua recomendamos encarecidamante ir a ver la última aventura de Spider-Man en cine, con sus correspondientes dos escenas post créditos, y dejar de lado las elucubraciones y teorías vertidas en redes sociales sobre quien aparece o deja de aparecer en ella que pudieran empañar la experiencia de disfrutarla en esas multisalas que ahora, más que nunca, necesitan resurgir de las cenizas, como siempre hace nuestro amigo y vecino Spiderman.


viernes, 2 de agosto de 2019

Spider-Man: Lejos de Casa



Título Original Spider-Man: Far From Home (2019)
Director Jon Watts
Guión Chris McKenna, Erik Sommers, basado en el cómic de Stan Lee y Steve Ditko
Reparto Tom Holland, Jake Gyllenhaal, Zendaya, Jacob Batalon, Marisa Tomei, Samuel L. Jackson, J.B. Smoove, Jon Favreau, Cobie Smulders, Angourie Rice, Davina Sitaram, Martin Starr, Remy Hii, Tony Revolori





Después de que Sony Pictures y Marvel Studios llegaran a un acuerdo Spider-Man pudo debutar en el Universo Cinematográfico Marvel en Capitán América: Civil War (2016) Interpretado por el actor británico Tom Holland (Lo Imposible) el alter ego superheróico de Peter Parker fue reclutado por Tony Stark para luchar contra el grupo encabezado por el Centinela de la Libertad. Un año después el personaje volvía para protagonizar su, más o menos, primera incursión en solitario, con Spider-Man: Homecomig enfrentándose con el Buitre y acentuando su estrecha relación paternofilial con el rol interpretado por Robert Downey Jr. Tras su paso por Vengadores: Infinity War y Vengadores: Endgame ahora tocaba nueva aventura cinematográfica individual y Spider-Man: Lejos de Casa se ha ocupado de cubrir ese hueco.




Tras lo bien que funcionó Spider-Man: Homecoming en Marvel Studios han decidido no arriesgar y mantener prácticamente los mismos equipos técnico y artístico. Jon Watts vuelve a ponerse en la silla del director, Chris McKenna y Erik Sommers se encargan nuevamente del guión y dentro del reparto encontramos a los habituales Tom Holland, Zendaya, Jacob Batalon, Marisa Tomei, Samuel L. Jackson, Jon Favreau, Cobie Smulders, Angourie Rice,Tony Revolori a los que se suma , Jake Gyllenhaal dando vida a  Quentin Beck alias Mysterio. Con estos ingredientes nos encontramos con una pieza continuista y sin sorpresas o sobresaltos con respecto a su predecesora y al igual que con aquella mi opinión se mueve entre la aceptación y cierta indiferencia.




Spider-Man: Lejos de Casa es un annual del personaje extrapolado al medio cinematográfico. Una aventura ligera con una excusa mínima, un tour estudiantil por Europa que el protagonista quiere llevar acabo para pasar tiempo con Mary Jane, en el que todo es diversión, escapismo comedia y acción. Si Ant-Man y la Avispa supuso un alivio con respecto a los trágicos hechos acaecidos en Vengadores: Infinity War, la cinta de Jon Watts hace lo propio con el final de ciclo que supuso la soberbia Vengadores: Endgame. Volvemos a seguir los pasos del personaje mientras asimila la nueva situación mundial y la muerte de Tony Stark. La llamada de Nick Furia y Happy Hogan y la aparición de Mysterio interrumpirán las vacaciones del adolescente mientras hace malabarismos entre su vida personal y profesional.




La última incursión cinematográfica en solitario del arácnido de Marvel Cómics es una sesión continua de simpatía, fuegos artificiales, diversión y algún leve apunte dramático envolviendo un argumento procedimental y fácilmente digerible. El guión escrito a cuatro manos por Chris McKenna y Erik Sommers tiene ritmo y destila vivacidad con un chiste cada dos minutos cuando Peter tiene que interactuar con sus amigos o compañeros de clase y acentuando la espectacularidad de los pasajes dinámicos cuando la acción tiene la misión de apoderarse del núcleo del relato. Ese equilibrio entre trivialidad adolescente y épica desatada al tomar el protagonista el rol de superhéroe todavía formándose como defensor de los inocentes y desamparados funciona de la manera esperada gracias a su resolutividad.




A favor de esto que comentamos juega un apartado técnico acusando una notable mejoría con respecto al de Spider-Man: Homecoming que, en honor a la verdad, era tan impersonal como cumplidor. El de Spider-Man: Lejos de Casa no podemos afirmar que sea espectacular, pero se nota que Jon Watts se ha adaptado con más pericia al material que los productores han puesto en sus manos gracias a una versatilidad visual intachable,. Seguramente compartida con las labores de realización de la segunda unidad y la de unos diseñadores de efectos digitales ejecutando un trabajo impecable en su apartado. Persecuciones, combates, tiroteos, explosiones, todo un desfile de acción frenética con las estelares apariciones de los "Elementales" y todo lo relacionado con la parafernalia que les rodea.




Pero volviendo sobre mis pasos, debo admitir que no conecto como debería, o quisiera, con este Spider-Man/Peter Parker interpretado con encomiable versatilidad por un encantador Tom Holland. Como ya me sucedía con Spider-Man: Homecoming cuando lo veo balancerse con su tela de araña entre edificios, hacer chascarrillos en pleno combate o peleando con rivales de naturaleza sobrenatural no tengo problema alguno. Pero cuando la personalidad civil tienen que relacionarse con sus allegados y se insertan, innecesariamente, una ingente cantidad de bromas sustentadas en tópicos y se trata de adaptar el protagonista a los tiempos modernos con todas las tecnologías de última generación o los "gadgets" heredados de Tony Stark me encuentro a un Peter Parker del que me separan varias generaciones y con el que no consigo empatizar demasiado.




Donde un proyecto como Spider-Man: Lejos de Casa es infalible y ofrece lo mejor de sí mismo es a la hora de presentar y perfilar a uno de los mejores villanos de la época reciente de Marvel Studios que, por suerte, está superando ese molesto handicap de perfilar paupérrimos enemigos para enfrentarlos a los superhéroes protagonistas de sus largometrajes. No vamos a hablar a estas alturas de las soberbias aptitudes interpretativas de un actor tan consolidado como Jake Gyllenhaal, pero si aunamos estas a una visión muy fiel a la idiosincrasia del Quentin Beck/Mysterio de los cómics, aunque adaptando su tecnología al siglo XXI y un despliegue visual brillante para extrapolar su mundo de ilusiones a la pantalla a un servidor no le queda más remedio que quitarse el sombrero ante semejante hazaña.




Para ser sincero puedo comprender que distinto tipo de público, e incluso fans de los cómics, disfrute y se vea identificado con esta nueva versión cinematográfica del superhéroe creado por Stan Lee y Steve Ditko. Pero desgraciadamente no es para mí o al menos no lo es hasta el punto de sentirme feliz con sus aventuras en pantalla grande, probablemente porque como fan de las correrías clásicas del personaje me hago viejo y conservador, algo que no puedo evitar. Con todo hablamos de un producto disfrutable y agradable que abre puertas a nuevas posibilidades en el UCM y cierra una excelente Fase 3 que ha tenido algún punto bajo, pero también otros altos difícilmente superables en un futuro próximo. A ver qué tal esa Fase 4 ya anunciada con la alternancia de largometrajes y series, así como proyectos bastante prometedores. El próximo 2020 empezaremos a salir de dudas.


jueves, 31 de enero de 2019

Spider-Man: Un Nuevo Universo



Título Original Spider-Man: Into the Spider-Verse (2018)
Director Bob Persichetti, Peter Ramsey, Rodney Rothman
Guión Phil Lord, Rodney Rothman,






A nadie se le escapa que lo mejor de una cinta tan mediocre como Venom era su segunda escena post créditos. En aquella secuencia escapábamos de la dimensión en la que el Eddie Brock de Tom Hardy y el simbionte alienígena protagonizaban una inesperada, e improbable, comedia gamberra de adolescentes para visitar una New York animada en la que nos encontrábamos con Miles Morales y Peter Parker. Dicho pasaje no dejaba de ser una promo para dar publicidad al próximo proyecto protagonizado por nuestro amistoso vecino Spider-Man. En esta ocasión, y como ya hemos adelantado, se trataba de una película de animación que, en una arriesgada propuesta, no iba a estar protagonizada por el más famoso alter ego del Hombre Araña, sino por su sustituto en la línea Ultimate de Marvel Cómics, el también referenciado Miles Morales. De manera que nos enfrentamos con la adaptación en pantalla grande más atípica del Hombre Araña y no de fácil accesibilidad para el espectador neófito desconocedor de los cómics.




Spider-Man: Un Nuevo Universo, o Spider-Man Into the Spider-verse en su título original, tiene la peculiaridad de ser una cinta impulsada por Sony Pictures Animation en colaboración con Marvel Animation, pero dejando recaer la responsabilidad de su gestación en Chris Miller y Phil Lord, guionistas y directores de culto de obras tan divertidas como La LEGO Película, o los dípticos Lluvia de Albóndigas y 21/22 Jump Street. Sí, esta cinta animada es el proyecto en el que Miller y Lord se embarcaron cuando Disney y Lucasfilm les dieron la patada de Han Solo: Una Historia de Star Wars y viendo la recaudación o aceptación general conseguida por una y otra obra queda claro quienes fueron los beneficiados por aquel despido. Con ambos como productores, Lord co escribiendo el guión junto Rodney Rothman y este último encargándose de la dirección junto a Bob Persichetti y Peter Ramsey el film llegaba a pantallas de todo el mundo el mes de diciembre del pasado año 2018.




Las principales fuentes de inspiración de Spider-Man: Un Nuevo Universo son la colección Ultimate Spider-Man, de Brian Michael Bendis y Sara Pichelli, y el evento Spider-verse, a manos de Dan Slott, Olivier Coipel y Giuseppe Camuncoli. Amalgamando ambos trabajos Phil Lord y Rodney Rothman crean un relato centrado en Miles Morales viéndose, después de un hecho trágico, envuelto en una trama en la que deberá compartir lucha contra el crimen con otras cinco versiones de Spider-Man venidas de distintas dimensiones para desbaratar los planes de Kingpin. Esta es la trama del largometraje y desde la publicación de sus primeras promos sorprendió que Sony Pictures Animation tuviera el valor de poner en escena tantos personajes de las viñetas que nunca habían conocido contrapartidas audiovisuales protagonistas dentro de un largometraje para las multisalas, dirigido este a un público masivo. El resultado final ha superado todas las expectativas depositadas en una película brillante en cualquiera de sus aspectos.




Cuando el 2018 llegaba a su fin y parecía que no íbamos a encontrarnos con ninguna otra película de superhéroes destacable Spider-Man: Into the Spider-verse irrumpió en la cartelera internacional para demostrarnos cuán equivocados estábamos. Festival visual de virtuosismo técnico, amalgama argumental capaz de ensamblar de manera coherente las distintas variantes dimensionales de Spider-Man en las viñetas, homenaje a un icono que no entiende de razas, género o clase social y tributo merecido a los dos padres de la criatura. Stan Lee y Steve Ditko, fallecidos el pasado año. La cinta de Bob Persichetti, Peter Ramsey, Rodney Rothman es todo eso y mucho más. Desde su mismo arranque no sólo elude ser abordada como una obra independiente, sino que introduce en su continuidad todas las aventuras cinematográficas en imagen real del personaje antes de su salto a Marvel Studios. De esta manera parece que nos encontramos con "un episodio más" en el seno de las traslaciones cinematográficas del trepamuros, pero realmente no esa sí.




Spiderman: Un Nuevo Universo es puro cómic. No sólo por su relato en el que se condensa prácticamente todo el imaginario relacionado con sus protagonistas, sino también por la puesta en escena con la que sus directores han decidido acometer el proyecto. Distinto tipo de animación para cada uno de los personajes o pasajes del largometraje o uso de viñetas y onomatopeyas mezcladas con el uso recurrentes de mensajes de texto de teléfono móvil para localizar un relato de resonancias clásicas en un contexto espaciotemporal contemporáneo, para que todo tipo de espectador pueda identificarse con las criaturas que lo pueblan y las situaciones en las que se ven implicados. Todos los apartados en la obra han sido elaborados con un cariño, una minuciosidad, un virtuosismo y una fidelidad a las distintas fuentes de inspiración secuencial que sólo nos queda quitarnos el sombrero ante una propuesta tan descomunalmente satisfactoria como esta, confirmado el acierto por parte de Sony a la hora de ofrecer este proyecto a Phil Lord, Chris Miller y compañía.




Miles Morales, Peter Parker, Gwen Stacy, Spider-Ham, Peni Parker y Spider-Man: Noir son los protagonistas principales del film, a los que habría que sumar los padres y el tío del primero. Aunque la mayor parte del peso recae sobre Morales y Parker, siendo ellos poseedores de una personalidad más definida, todos y cada uno de los secundarios arácnidos son propensos a crear un vínculo empático con el espectador que lo tiene muy fácil para enamorarse de ellos y las situaciones planteadas por sus acciones a lo largo del metraje. Dentro de los villanos, y sin desvelar la inesperada aparición de varios de ellos, cabe mencionar a un Kingpin amenazador e inquietante cuyo diseño parece arrancado de las páginas de cualquier aproximación a Wilson Fisk ejecutada por el mítico ilustrador Bill Sienkiewicz (Daredevil: Amor y Guerra, Elektra: Asesina) y cuya crueldad es fiel reflejo de la destilada por su contrapartida en las viñetas.




Repleta de referencias a universo de Marvel Cómics que harán las delicias de los fans de la editorial, ejecutada con una animación de factura intachable, con un guión contenedor de hallazgos narrativos cada diez segundos, unos personajes carismáticos o cercanos y sólo pecando de excesiva en su clímax final por la aparatosidad de sus secuencias de acción Spider-Man: Un Nuevo Universo no sólo es la mejor película superheróica en el año en el que hemos disfrutado, en mayor o menor medida, de piezas como Vengadores: Infinity War, Deadpool 2, Aquaman, Black Panther o Venom. También es la más destacada, y fiel, adaptación cinematográfica de Spider-Man, no ya como personaje o héroe, sino como icono de la cultura pop. Sólo queda dar gracias a Sony Pictures Animation y Marvel Animation, a Chris Miller, Phil Lord y al resto de responsables de la cinta. Pero sobre todo a Stan y Steve, aquellos autores capaces de crear un personaje con el que cualquier adolescente, independientemente de la generación a la que pertenezca, puede identificarse gracias a la humanidad indivisible a su personalidad.



sábado, 13 de octubre de 2018

Venom



Título Original Venom (2018)
Director Ruben Fleischer
Guión Scott Rosenberg, Jeff Pinkner, Kelly Marcel y Will Beall, basado en el cómic de David Michelinie y Todd McFarlane
Reparto Tom Hardy, Riz Ahmed, Michelle Williams, Jenny Slate, Woody Harrelson, Reid Scott, Michelle Lee, Scott Haze, Jared Bankens, Al-Jaleel Knox, Jock McKissic, Mac Brandt, Sope Aluko, Jane McNeill, Wayne Pére, Selena Anduze, Donald K. Overstreet, Christian Convery, Laura Distin, Sam Medina, Gail Gamble.




La primera aparición oficial de Venom en el mundo de la viñeta refiriéndonos siempre a la toma de contacto primigenia entre el simbionte alienígena, encontrado y utilizado previamente por Spider-Man a partir del número 8 de las míticas Secret Wars, y el periodista del Daily Globe, Eddie Brock, tuvo lugar en The Amazing Spider-Man #299 allá por mayo de 1988 bajo la tutela del guionista David Michelinie y el dibujante Todd McFarlane. Con el paso del tiempo Venom, o Veneno, fue convirtiéndose durante la primera mitad de los años 90 en uno de los villanos de Marvel Comics favoritos del fandom. En la editorial tomaron buena nota y encargaron al mismo Michelinie y al ilustrador Mark Bagley la responsabilidad de convertir al archienemigo de Peter Parker en un antihéroe obsesionado con “proteger a los inocentes”. Tras su poco ortodoxo trasvase al bando de los superhéroes Venom comenzó a protagonizar su propia cabecera formada en sus inicios por numerosas miniseries. El pistoletazo de salida lo daría Veneno: Protector Letal, arco argumental de seis números ideado por los dos autores encargados de la conversión al bien de Eddie Brock, sumámdose a ellos un Ron Lim tomando el relevo de Mark Bagley, incapaz de cumplir las fechas de entrega debido encontrarse por aquel entonces en su etapa más prolífica dentro de Marvel Comics abarcando varias series localizadas en el spiderverso. Tras ella llegaron el evento Matanza Máxima y por otro lado más miniseries en solitario como Pira Funeraria, La Locura, El Enemigo Interior, El Macero, Noches de Venganza, Guerra de Simbiontes… y ya adentrándonos en el nuevo milenio etapas de largo recorrido, nuevos huéspedes para el simbionte como Mac Gargan, Flash Thompson o Lee Price o variantes como Ultimate Venom, Venom 2099 o Anti Venom.




Si obviamos sus apariciones en las numerosas series animadas protagonizadas por Spider-Man la primera incursión en imagen real de Venom se produjo en Spider-Man 3. A pesar de la oposición del director, Sam Raimi, Sony se empeñó en incluir en la tercera entrega de la primera trilogía del trepamuros el traje alienígena de origen extrarrestre y su posterior conversión en Venom cuando toma contacto con Eddie Brock, en aquel largometraje interpretado por un muy inadecuado Topher Grace. Ya en lo referido a la película Venom esta toma como origen del personaje el mismo establecido en Spider-Man: The Animated Series, aquel que eludía todo lo acontecido en las Secret Wars y justificaba la llegada del simbionte extrarrestre por medio de una misión espacial en la que estaba implicado John Jameson, hijo del famoso director del Daily Bugle y futuro Man Wolf y Stargod. Tomando estos hechos como arranque y eludiendo cualquier referencia a Spider-Man Venom da sus primeros y titubeantes pasos estableciendo la tónica de lo que será el resto del largometraje. Por desgracia Venom está lejos de ser una buena película y como adaptación del personaje al medio audiovisual es en ocasiones hasta insultante, pero por suerte es un producto altamente entretenido y hasta disfrutable por su naturaleza alocada.




Para que nadie se lleve a engaño y todo el mundo tenga una idea más o menos clara de a lo que se va a enfrentar cuando decida verse las caras con um proyecto como Venom podemos confirmarlo como una amalgama entre Green Lantern (2011) y Ghost Rider: Espíritu de Veganza (2012), no precisamente dos obras maestras dentro del subgénero, más bien todo lo contrario. En cuanto a la estructura y parte de su desarrollo se emparenta con la adaptación cinematográfica de las correrías de Hal Jordan interpretada por Ryan Reynolds y en lo referido a tono y resolución formal es imposible quitarse de la cabeza la alocada secuela del Motorista Fantasma con un oligofrénico Nicolas Cage como protagonista. Este ese el nivel y no hay más, porque Venom es un disparate cinematográfico, una astracanada que no sabe cuando ponerse seria o reírse de sí misma, un proyecto despachado por parte de Sony de mala manera con la única intención de hacer dinero sin pararse a pensar si estaban facturando un producto de calidad y mucho menos mostrando un mínimo de interés por respetar la esencia del personaje, pisoteado impunemente a lo largo de gran parte del metraje para enfatizar una cuestionable, aunque no poco efectiva, comicidad.





Que Venom sea una película mediocre es algo que queda claro desde el mismo momento en el que tratamos de analizar con un mínimo de rigor su guión. Protagonista cobarde viéndose inmerso en una situación extrema cambiándole la vida, pareja sentimental sufrida y con un par de escenas para darle algo de relevancia, villano de opereta simplista y sádico sin un ápice de claroscuros y una trama sencilla carente de florituras narrativas para ser seguida con el mínimo uso neuronal por la platea. En lo referido a la fidelidad con respecto a las viñetas el desastre se antoja mayúsculo a la hora de hablar tanto del personaje del célebre periodista del Daily Globe como del traje alienígena con voluntad propia que se adhiere a su persona. Mientras Eddie Brock parece un quinceañero con pulsiones propias de esa edad y comportamientos insulsos en su vida personal el simbionte extraterrestre se comunica con su huésped con un lenguaje barrionajero que lo emparenta con un macarra del Bronx, pasándose así los guionistas de la obra la idiosincrasia primigenia de la relación establecida entre ambas mitades, convertidas en un sólo ser, por salve sea la parte con el único fin de hilvanar un chascarrillo detrás de otro, algo a lo que volveremos cuando hablemos de la labor de Tom Hardy como protagonista.




Ruben Fleischer aborda este material haciendo uso de los medios puestos a su disposición, grandes en cuanto a presupuesto y mínimos en lo referido a creatividad, aunque con el director de Gangster Squad tampoco estamos hablando de un David Fincher o un Paul Thomas Anderson, precisamente. El director cumple a la hora de llenar la pantalla de frenetismo y ruido, llegando en algún momento a saturar al espectador, pero consiguiendo no aburrir en ningún momento a este último sabiendo ejecutar con oficio su trabajo, más si cabe teniendo entre sus manos una historia bastante paupérrima sustentada en la acción continua, las secuencias de peleas, persecuciones, tiroteos y un uso continuo de unos CGI, en líneas generales, bastante dignos. La acumulación de secuencias dinámicas desfilando por la pantalla, la imponente presencia de los distintos simbiontes y referencias continuadas a los cómics extendiéndose hasta la primera de las dos escenas post créditos son los escasos alicientes a los que los fans de los cómics y los espectadores ocasionales podrán aferrarse para pasar un rato divertido con Venom, siempre que no decidan pararse mucho a pensar en la obra ni a desentrañar su interminable galería de carencias.




Un servidor siente una extraña mezcla de sentimientos a la hora de hablar de la labor de Tom Hardy como protagonista absoluto en Venom. Es ineludible que es uno de los periodistas menos creíbles, y más sexys, de la historia del cine, que su Eddie Brock infantil, a veces hasta estúpido, y exagerado poco o nada tiene que ver con el de los cómics, al menos de los primeros que protagonizó, y que su relación con el simbionte pierde todo su potencial cuando los guionistas deciden convertir a ambos en los compañeros de piso protagonistas de una sitcom. Pero mentiría si dijera que no he disfrutado viendo al protagonista de Bronson o Legend siendo poseído por Nicolas Cage y dando forma al más histriónico papel de su carrera, haciendo el ridículo de manera suicida al decidir entregarse a una sobreactuación insana llena de aspavientos, movimientos propios del slapstick o la comedia física mientras deja claro en todo momento habérselo pasado de vicio dando vida a semejante esperpento de personaje(s). Para que los aficionados a los cómics del archienemigo de Spider-Man creado por David Michelinie y Todd McFarlane me entiendan, lo visto en esta Venom no se aleja demasiado, en cuanto a cantidades industriales de herejía y falta de respeto, a lo que Shane Black hizo con el Mandarín/Trevor Slatery en Iron Man 3. Otro “villano”, todo hay que decirlo, capaz de arrancarme en su momento más de una carcajada por obra y gracia del gran Ben Kingsley.




En resumidas cuentas a esto se reduce una película como Venom y pedirle más en cualquier sentido es una exigencia tan ingenua como temeraria por parte del espectador. Sony no ha querido o sabido hacer una buena adaptación del personaje al medio cinematográfico entregándose a la ley del mínimo esfuerzo. Sus directivos cometieron un error garrafal a la hora de no negociar con Disney y Marvel Studios (como sí hicieron previamente en el caso de Spider-Man: Homecoming) para poder vincular al Eddie Brock cinematográfico con nuestro amistoso vecino adscrito al MCU, pero el resultado tampoco es el desastre mayúsculo aventurado por muchos, aunque sí una producción fallida, hipertrófica y notablemente ajena al espíritu de los cómics en los que se inspira. Mi consejo para disfrutarla mínimamente es verla sin prejuicios, dejando de lado el origen secuencial de su protagonista y asumiendo el hecho de estar viendo una pieza insulsa, intrascendente y algo estúpida. Habrá quien afirme que estos son muchos obstáculos para sortear por un producto como Venom y no seré yo quien les quite la razón, ni la persona que les obligue a tener que hacerlo, porque la recompensa no merece demasiado la pena.



sábado, 5 de agosto de 2017

Spider-Man: Homecoming




Título Original Spider-Man: Homecoming (2017)
Director Jon Watts
Guión John Francis Daley, Jonathan Goldstein, Christopher Ford, Chris McKenna, Erik Sommers, Jon Watts, basado en personajes de Stan Lee y Steve Ditko
Reparto Tom Holland, Robert Downey Jr., Michael Keaton, Marisa Tomei, Jacob Batalon, Zendaya, Jon Favreau, Tony Revolori, Laura Harrier, Angourie Rice, Kenneth Choi, Michael Barbieri, Logan Marshall-Green, Donald Glover, Tyne Daly, Martin Starr, Hannibal Buress, Abraham Attah, Michael Mando, Bokeem Woodbine, Jona Xiao, Chris Evans, Gwyneth Paltrow,  Tiffany Espensen,  Garcelle Beauvais,  Stan Lee




Segundo reinicio de las aventuras cinematográficas de Spider-Man después de la trilogía de Sam Raimi con Tobey Maguire dando vida al superhéroe y el díptico de Marc Webb con Andrew Garfield haciendo lo propio. Aunque en honor a la verdad deberíamos afirmar que el verdadero reboot tuvo lugar en Capitán América: Civil War, largometraje de los hermanos Anthony Russo y Joe Russo inspirado lejánamente en el evento ideado en viñetas por el guionista Mark Millar y el dibujante Steve McNiven en el que hizo por primera vez acto de presencia el nuevo lanzarredes interpretado por el británico Tom Holland (Lo Imposible) para codearse con gran parte de los Vengadores. Esta primera aventura en solitario del alter ego de Peter Parker nacida al amparo de la colaboración entre Sony y Marvel Stuidos está escrita por un equipo de hasta seis guionistas, dirigida por Jon Watts, cineasta al que conocemos por haber realizado cintas como su debut Clown o la bastante vitoreada Cop Car, y cuenta en su reparto con actores de primer nombre como el inevitable Robert Downey Jr y su Iron Man/Tony Stark, Marisa Tomei como May Parker o Michael Keaton en la piel del Buitre/Adrian Toomes entre otros. El resultado ha gustado a crítica y público en líneas generales, pero sin recibir reseñas tan positivas como Doctor Strange o Guardianes de la Galaxia Vol 2, las últimas propuestas cinematográficas salidas de la división cinematográfica de la Casa de las Ideas. En España el film llegó a las carteleras el pasado viernes y después de haberla visto ya podemos hablar abiertamente sobre sus virtudes y defectos.




Spider-Man: Homecoming narra la vida del adolescente Peter Parker inmediatamente después de haber colaborado con el bando de Tony Stark durante la Civil War de la película homónima. En el proceso asistiremos a cómo trata de mantener el equilibrio entre su vida personal en la que están implicados familiares y allegados como su tía May (Marisa Tomei), sus amigos Ned (Jacob Batalon) y Michelle (Zendaya) o Liz (Laura Harrier) la chica de la que está enamorado así como a la profesional protagonizada por su alter ego superheróico siempre a la espera de que su nuevo jefe, el mismísimo Iron Man, le encomiende una importante misión que nunca llega. El robo de material alienígena chitauri ocho años atrás por parte del ex trabajador de la construcción Adrian Toomes (Michael Keaton) y sus socios utilizado en la actualidad como armamento con fines delictivos se convertirá en esa misión que el primerizo Peter Parker lleva tiempo esperando.




La primera y más agradecida virtud de Spider-Man: Homecoming es, como ya dejaba bastante claro la citada Civil War, que no es una historia de orígenes del superhéroe, de modo que no tenemos que asistir a la picadura de la araña radioactiva (o mutada genéticamente si te llamas Sam Raimi) el descubrimiento de los poderes de Peter o la muerte de Ben Parker. Ese terreno se da por recorrido y el largometraje se mete de lleno en el día a día del personaje como héroe ya asentado de cara a la opinión pública entre los que lo defienden y los que le critican. En ese sentido el largometraje cumple competentemente con la idea de seguir de manera más o menos fiel la tónica del resto de adaptaciones cinematográficas del Hombre Araña, pero añadiendo algunas ideas nuevas “made in Marvel Studios” para dar algo más de encanto al personaje y su lucha contra el crimen por medio de parafernalia tecnológica proporcionada por Tony Stark que sirve como excusa para vincularlo con el personaje de Robert Downey Jr y por efecto dominó con los Vengadores.




El problema reside en que más allá de esos añadidos a modo de complementos la historia de Spider-Man: Homecoming no aporta nada nuevo u original a lo que ya habíamos asistido en las dos sagas anteriores adscritas al mundo del séptimo arte. Todo lo que sucede en la cinta de Jon Watts ya lo hemos visto previamente a manos de Sam Raimi o Marc Webb, con mayor o menor fortuna, pero lo hicimos y de hecho la ligereza con la que está abordada la historia, que apunta casi unidireccionalmente al público adolescente, es más liviana incluso que la de cualquier otro de los productos de Marvel Studios. Evidentemente esto no debería ser un inconveniente si tenemos en cuenta que Spider-Man es uno de los personajes más divertidos y entrañables salidos de la Casa de las Ideas, pero el tono con el que han abordado sus artífices la propuesta parece haber sido gestado por otra factoría y no la que dio forma a productos como Capitán América: Soldado de Invierno o el díptico de los Vengadores. Hasta Ant-Man cuya narrativa se sustentaba principalmente en la comedia tiene más entidad que la última propuesta de la productora de Kevin Feige.




Jon Watts se enfrenta con oficio a las numerosas escenas de acción que pueblan el metraje con pasajes de bastante aparatosidad de los que sabe salir (casi) siempre airoso y su media docena de guionistas (él mismo entre ellos) saben sacar partido a un humor con cierto encanto, sobre todo cuando trata de ponerse incisivo y metareferencial, que en no pocas ocasiones nos remite al de las viñetas con la verborrea descontrolada del protagonista cuando se enfrenta con sus rivales, pero en esta ocasión haciendo especial hincapié en un tono más naïf del habitual que es tan innecesario como comprensible si tenemos en cuenta su edad. Muchos de los mejores golpes de humor los comparte Peter con su amigo Ned, un personaje típico y tópico de mejor colega que se muestra de cara a la platea tan entrañable como prescindible, añadido que al que esto firma no le convence sin negar por ello que guarda varios pasajes cómicos memorables como secundario.




Pero todo es rudimentario, huele a cien veces visto y los autores del proyecto parecen sentirse cómodos en su autocomplacencia. En Spider-Man: Homecoming hay escenas muy bien ejecutadas, pero no encontramos prácticamente ninguna que quede grabada en la retina del espectador como sí sucedía en las dos entregas de los Guardianes de la Galaxia, Capitán América: Civil War o Doctor Strange por mencionar sólo algunas de las producciones más recientes de Marvel Studios. Es como si el ya conocido conservadurismo formal y narrativo de las creaciones financiadas por Kevin Feige se viera potenciado más si cabe con la intervención de Sony que ya demostró en las dos entregas de The Amazing Spider-Man que andaba bastante desorientada a la hora de encarrilar con acierto las aventuras en celuloide del personaje creado por Stan Lee y Steve Ditko hace más de medio siglo en las páginas de la colección Amazing Fantasy.




También sería de recibo mencionar algunas elecciones con respecto a personajes secundarios que si hubieran sido tomadas en un producción de DC Etertainment seguramente hubiesen recibido los ataques que esta Spider-Man: Homecoming no ha tenido que padecer y no me refiero a la diversidad racial con respecto a los actores, decisión por parte de Marvel que siempre defenderé tanto en cine como en cómics. Hablo de los métodos expeditivos para eliminar a personajes que las viñetas son bastante conocidos o los trucos tramposos de guión para ocultar vínculos familiares o identidades secretas que no deberían serlo con el único motivo de buscar el giro forzado que deje con la boca abierta al espectador cuando un producto de esta naturaleza no exige ni necesita dichas tretas que sólo delatan que al guión le faltaban un par de vueltas para ser todo lo sólido que debiera.




Aunque su inclusión en Capitán América: Civil War era tan forzada y prescindible como estimulante y divertida y su relación nada creíble con Tony Stark uno de los fallos de guión más notables de la, por otro lado, potente cinta de los hermanos Russo Spider-Man: Homecoming confirma lo que allí ya vislumbramos, que Tom Holland ha sido un enorme acierto de casting. El joven actor británico insufla ingenuidad, carisma, simpatía y vivacidad en su labor interpretativa a la hora de dar vida tanto a Spider-Man como a Peter Parker, encandilando a la audiencia con los momentos más cómicos y manteniéndose firme en los dramáticos o de tensión, como ese enfrentamiento verbal dentro del coche en el que el actor de Lo Imposible muestra unas tablas impropias de su edad y breve carrera como artista. En cambio el excelente trabajo de Michael Keaton no puede hacer nada a la hora de vencer el mayor cáncer que tienen las producciones de Marvel Studios, su pobre retrato de villanos con un Buitre insuficiente cuyas motivaciones sólo son abordadas superficialmente exponiéndose por ello desdibujado y pobre en pantalla como némesis del protagonista, por muy intimidante que se muestre en el plano físico.




Dentro del resto de personajes hace muy bien su trabajo, como era de esperar en él, Robert Downey Jr que contra todo pronóstico no hace más que unas cuantas apariciones episódicas que, aunque se revelan como parte de lo mejor de la velada, en ningún momento son utilizadas para quitar protagonismo al personaje principal. Marisa Tomei cumple sobradamente, pero lo siento, yo ahí veo a una hermana mayor enrollada, no a la tía May que todos conocemos y adoramos/detestamos, no ya por la notable diferencia de edad, sino por el modo en el que se ha abordado desde el guión y la interpretación. Jacob Batalon, Zendaya y Laura Harrier realizan con aplomo su labor a la hora de dar vida a los amigos de Peter, pero el espectador no deja de pensar en ningún momento que dichos roles sólo tienen sentido dentro de películas en solitario del trepamuros, ya que en el universo cinematográfico de Marvel aportarían poco o nada como por otra parte es lógico.




Sentimientos encontrados a la hora de evaluar Spider-Man: Homecoming. Por un lado veo a un magnífico Peter Parker protagonizando una aventura dinámica, luminosa y entretenida con referencias a los cómics (tanto al Universo 616 como al Ultimate), pero por otro lamento que un producto que podría haber servido para reinventar totalmente al personaje de cara a una nueva generación de espectadores se haya asentado en la comodidad y la autcomplacencia llegando incluso a quedar por debajo de sus hermanas mayores dentro de Marvel Studios, antojándose en ocasiones casi más el abultado episodio piloto de una serie para televisión que la potente superproducción pijamera que debería ser y a mí no me lo parece. Con todo la buena recepción que ha tenido el film de Jon Watts nos confirma que tendremos amistoso vecino Spider-Man para rato y eso siempre es una buena noticia, aunque a nivel personal esperaré que la próxima vez den totalmente en el centro de la diana.



martes, 13 de mayo de 2014

The Amazing Spider-man 2: El Poder de Electro



Título Original The Amazing Spider-man 2: Rise of Electro (2014)
Director Marc Webb
Guión Alex Kurtzman, Roberto Orci, James Vanderbilt, Jeff Pinkner
Actores Andrew Garfield, Emma Stone, Jamie Foxx, Dane DeHaan, Felicity Jones, Paul Giamatti, Sally Field, Embeth Davidtz, Colm Feore, Campbell Scott, Denis Leary, Marton Csokas, Sarah Gadon, Chris Zylka, Martin Sheen, Chris Cooper, Mark Doherty, Stan Lee






A día de hoy la productora Sony Pictures posee los derechos cinematográficos de Spider-man, el personaje de Marvel Comics creado en por Stan Lee y Steve Ditko en el año 1962. Gracias a esto pudo explotar durante la pasada década una trilogía basada en las aventuras del alter ego superheróico de Peter Parker a manos de Sam Raimi (Evil Dead, Arrástrame al Infierno) que nos ofreció tres films, dos de ellos para el recuerdo (sobre todo el segundo) y un tercero fallido que dio al traste con una cuarta parte. Los jefazos de Sony decidieron pues que en 2012 estrenarían un reinicio de las andanzas del Hombre Araña con unos equipos técnico y artístico distintos a los de la anterior saga principalmente para no perder los derechos del personaje.




El director encargado de llevar a imágenes (una vez más) el génesis de Spider-man fue desconcertantemente Marc Webb, el director de la celebrada comedia indie (500) Días Juntos y los actores que se ocuparon de protagonizar el largometraje fueron Andrew Garfield (La Red Social, El Imaginario del Dr Parnassus) y Emma Stone (Gangster Squad, y Bienvenidos a Zombieland) entre otros secundarios como Martin Sheen, Sally Field o Rhys Ifans que dieron vida a los tíos Ben y May Parker y al villano de la velada, el Dr Curt Connors, alias el Lagarto de manera respectiva. El resultado de The Amazing Spider-man fue recibido con una considerable desigualdad. Unos veían por primera vez al auténtico Spider-man en pantalla y otros rechazaron tajántemente la atropellada, caótica e insípida visión que Marc Webb dio del trepamuros. Por desgracia un servidor se encontraba en este segundo bando.




Al haber sido una de esas (no pocas) personas que se habían quedado considerablemente decepcionados con esta nueva versión del personaje de cómics estandarte de la Casa de las Ideas mis reticencias e ideas prejuiciosas hacia esta segunda entrega no fueron pocas o intrascendentes. Por eso no di crédito el pasado miércoles cuando salí de los multicines de mi localidad, no ya bastante satisfecho con la película que acababa de ver, sino convencido de que había asistido a una de las mejores cintas con nuestro amistoso vecino de New York como protagonista y la más lograda desde aquella Spider-man 2 de 2004 a manos de Sam Raimi que a día de hoy no ha perdido nada de su encanto y buen hacer delante y detrás de las cámaras, aunque eso sea otra historia.




En The Amazing Spider-man 2: El Poder de Electro parece como si Marc Webb y su equipo de guionistas se hubieran parado a analizar concienzudamente todo lo que fallaba en la anterior entrega para convertir esos errores en aciertos que hicieran que esta segunda entrega se transformara en una película mucho más compacta, conseguida en todos los aspectos y satisfactoria tanto para el espectador experto en los cómics del personaje como para el néofito en esas lides. Lo ofrecido es una cinta de superhéroes cargada hasta arriba de acción, humor, romance, villanos bien perfilados, épica alternada con crepuscularidad así como momentos descacharrantes por su sorna y otros dramáticos muy conseguidos. Pero sobre todo tenemos por fin a la caracterización de Spider-man más fiel a los cómics que hemos podido ver en imagen real, aunque no así la mejor película sobre el personaje que para el que suscribe sigue siendo la ya mencionada Spider-man 2 con Tobey Maguire, Kristen Dunst, Alfred Molina y James Franco como protagonistas.




Uno de los aciertos de The Amazing Spider-man era que la acción estaba competentemente realizada. En esta segunda entrega Marc Webb le ha cogido el tono a las coreografías de lucha, persecución y malabarismos y nos regala algunos de los momentos técnicos más logrados jamás vistos en una producción cinematográfica de Spider-man. Porque si en cualquiera de las cinco películas sobre el personaje era un verdadero placer ver al superhéroe de los leotardos rojos y azules balancearse por los rascacielos de la ciudad que nunca duerme nunca lo ha hecho de una manera tan realista, prodigiosamente rematada y ejecutada como en The Amazing Spider-man 2: El Poder de Electro. Peleas, carreras automovilísticas a toda velocidad y batallas aéreas cuerpo a cuerpo de todo tipo dan como resultado pasajes brutales como el que abre el largometraje, el que tiene a Electro como epicentro en pleno Time Square, el del clímax final o el que cierra a modo de epílogo el film.




Pero lo mejor es que por fin esas escenas están protagonizadas por un Spider-man completamente deudor de los cómics. En las viñetas cuando nuestro amigo Peter Parker se enfunda el uniforme arácnido y se enfrenta a criminales de toda ralea no para de hacer comentarios irónicos u ofensivos contra sus rivales para desmoralizar a los mismos en pleno combate. Esto fue prácticamente obviado por Sam Raimi en su trilogía y Marc Webb trató de recuperarlo en su primera incursión en las correrías del personaje, pero no consiguiéndolo del todo a pesar de lo encomiable de sus intenciones. Ha tenido que ser esta The Amazing Spider-man 2: El Poder de Electro la que nos confirme (como bien dice mi compañero Jordi T. Pardo en su excelente crítica sobre el film en la web Zona Negativa) que sí podemos ver en imagen real a un Spider-man que no para de hacer chistes entre golpe y golpe asestados a cacos o los habituales miembros de su galería de supervillanos.




Pero es que hasta la cansina, demasiado naif y bastante pacata relación sentimental de Peter Parker y Gwen Stacy merora en esta entrega gracias a que el guión dedica más tiempo a que la interacción mutua ente los dos roles sea más realista y a que los actores ya sí, definitivamente, se encuentran en su salsa con sus papeles. Andrew Garfield está brillante con y sin máscara, en su versión pijamera está irónico, ágil, verborréico y carismático y en la civil ha dejado el monopatín y la sudadera con gorra que no pegaban ni con cola con el personaje y ha incidido en su faceta de genio de la física y chico algo retraído, pero nunca estúpido. Ella confirma su dulzura, aire pizpireto y sentido de la individualidad, aunque al final del film se vuelve irritantemente temeraría. Más tarde descubrimos que todo tiene sentido cuando asistimos a cómo Webb y sus escritores quieren coronar la película recreando aquel mítico clímax del The Amazing Spider-man número 121 a manos de Gerry Conway y Gil Kane que marcaría un importante punto de inflexión en el mundo del cómic.




De los villanos poco malo se puede decir más allá de que cumplen la tradición de que (casi) todos los diseños de las traslaciones a imagen real de los enemigos de Spider-man escupen en los tradicionales vistos en las viñetas (ayer mismos salió a la luz uno del Rinho mucho más fiel a los cómics y que estúpidamente fue descartado para la película) porque por suerte nada de la insipidez y poco aprovechada inventiva del Lagarto de la primera entrega puede verse en esta segunda parte. Casi todo el peso recae en el Electro que borda Jamie Foxx (aunque cuando interpreta a Max Dillon antes de conseguir sus poderes recuerda demasiado al Edward Nigma previo a conversion en el Acertijo de Jim Carrey en Batman Forever de Joel Schumacher) y que tiene la estética de la versión Ultimate del personaje pero también tiene vital importancia el Harry Osborn/Duende Verde de un muy convincente Dan DeHaan que sabe transmitir la inestabilidad mental que demanda su interesante rol. A ellos habría que sumar al inicio y cierre del film la aparición espisódica (muchos actores aparecen a modo de cameo en la película como Martin Sheen, Chris Cooper, Denis Leary, Sarah Gadon o el indispensable Stan Lee) pero tan memorable como simbólica de Paul Giamatti en metalizada piel de Rinho que no queda mal en pantalla aunque no tenga casi nada que ver con el de los tebeos.




The Amazing Spider-man 2: El Poder de Electro merece mucho la pena. Aunque al igual que su predecesora ha recibido opiniones muy polarizadas tanto por parte del público como de la prensa espcializada un servidor se posiciona esta vez a favor de los que han disfrutado casi al 100% con la película de Marc Webb. Porque por suerte a cada fallo de la obra como saltarse una generación del Duende Verde ( pero por suerte también blasfemias como sagas Pecados del Pasado) que nos encontramos por el camino nos ofrecen el doble de aciertos, entre ellos guiños al Doctor Octopus, el Buitre, la mención a ciertos "seis villanos" que en un futuro darán mucho que hablar la presencia de Felicia Hardy (la futura Gata Negra), y sobre todo la confirmacion de esa ineludible máxima que confirma que ese gran poder que conlleva una gran responsabilidad siempre será para Spider-man, y sobre todo Peter Parker, tanto un don como una maldición. Esa es la esencia del personaje creado por Stan Lee y Steve Ditko y por muchas años que pasen nunca debe ignorarse si queremos que siga siendo un icono ineludible de la cultura pop de la segunda mitad del siglo XX y la primera del XXI.