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lunes, 1 de marzo de 2021

Transgresión Continua Express 2021 - Febrero


Pieces Of A Woman (Kornél Mundruczó, 2020) - Desgarrador drama de impecable contención y virtuosismo formal que elude estereotipos y lugares comunes del género. El plano secuencia de 30 minutos que abre la obra y su trío protagonista merecen todos los elogios posibles.



News Of The World (Paul Greengras, 2021) - Western en clave de road movie con impecable factura protagonizado por unos excelentes Tom Hanks y Helena Zengel. Con todo, esta adaptación de la novela de Paulette Jiles no se encuentra entre los mejores trabajos de Paul Greengrass.



Malcolm & Marie (Sam Levinson, 2021) - Aunque sus dos primeros actos despiertan interés por el acabado estilístico o la remarcable labor de Zendaya y John David Washington la incoherencia narrativa se apodera del tercero desembocando en un clímax final demasiado insatisfactorio.



Colossal (Nacho Vigalondo, 2016) - Sólo Nacho Vigalondo podría crear un originalísimo híbrido entre kaiju-eiga y, aparentemente, comedia romántica para reflexionar sobre las relaciones de pareja y la masculinidad tóxica. Anne Hathaway y Jason Sudeikis ambos pletóricos en sus papeles.



El Pueblo: Temporada 1 (Alberto Caballero, Julián Sastre, Nando Abad, 2019) - Ni confirmamos ni desmentimos que pudiendo haber sido un estrapalucio la primera temporada de El Pueblo resulta divertida y apetecible como engolliparse a base de quesos protocolarios. ¡La órdiga!



El Pueblo: Temporada 2 (Alberto Caballero, Julián Sastre, Nando Abad, 2020) - Nos abocicamos aquí en Transgresión Continua para deciros que no seáis almas sin tino y vayáis espedregaos a ver la segunda temporada de El Pueblo, porque es tan entrañable y disfrutable como la primera ¡tunantes!




Dark Shadows (Dan Curtis, 1991) - Dan Curtis revisaba y actualizaba su soap opera homónima de los 60 y 70 con seis magníficos episodios y otros seis mucho más irregulares al intentar abordar la saga de Victoria Winters en 1790. Ben Cross compuso un imponente Barbanas Collins.




Disenchantment: Parte 3 (Matt Groening) - Tercera temporada que tras un buen arranque se enreda durante su ecuador en una maraña de caos narrativo que ni un par de últimos episodios cumplidores consiguen arreglar. Imperdonable convertir al mejor personaje de la serie, Zøg, en el más insoportable.




The Enfield Haunting (Krystoffer Nyholm, 2015) - Más allá de su excelente reparto y ajustada puesta en escena esta miniserie británica sobre el "Poltergeist de Enfield" cae en todos los tópicos del subgénero y palidece ante la posterior versión de James Wan.


jueves, 11 de agosto de 2016

Jason Bourne



Título Original Jason Bourne (2016)
Director Paul Greengrass
Guión Christopher Rouse y Paul Greengras basado en la novela de Robert Ludlum
Actores Matt Damon, Alicia Vikander, Julia Stiles, Tommy Lee Jones, Vincent Cassel, Ato Essandoh, Riz Ahmed, Scott Shepherd, Bill Camp, Vinzenz Kiefer, Stephen Kunken, Ben Stylianou, Kaya Yuzuki, Matthew O'Neill, Lizzie Phillips, Paris Stangl





Cuatro años después de aquel inferior pero nada desdeñable amago de reinicio de la franquicia con El Legado de Bourne, ideado por el habitual guionista y productor de la misma, Tony Gilroy. volvemos a encontrar en nuestras carteleras una nueva entrega de las desmemoriadas aventuras del letal ex agente de la CIA, Jason Bourne, esta vez con una producción de nombre homónimo en la que el cineasta irlandés Paul Greengrass y el actor norteamericano Matt Damon vuelven a verse las caras para relanzar las andanzas del personaje principal interpretado por el protagonista de Dogma o El Indomable Will Hunting. El resultado es una nueva entrega que no sólo no desentona para nada con la anterior trilogía iniciada por Doug Liman y extendida por el autor de Bloody Sunday, sino que acentúa todas las virtudes que aquella poseía tratando de convencer al espectador de que este retorno merece la pena cinematográficamente hablando.




El mayor reproche que podemos hacerle a un producto como Jason Bourne es la desvergüenza de Paul Greengrass y Matt Damon a la hora de recuperar un personaje y una historia que en palabras de los mismos habían quedado finiquitados tras la soberbia El Ultimatum De Bourne, de ahí que Tony Gilroy se embarcara en solitario en un spin off protagonizado por Jeremy Renner con el que mantener en pie la franquicia sin la presencia del mismo Jason Bourne. Más allá de esta insana decisión de volver al redil, por inquietudes más económicas que artísticas, poco más reprobable hay en esta producción del año 2016 que se revela posiblemente como la mejor película comercial de lo que llevamos de verano. Un thriller potente y facturado con una pericia fuera de toda duda que manteniendo las señas de identidad de la franquicia a la que pertenece trata de adaptarse a los tiempos que corren y que no son los mismos que los de aquel 2007 que recibió en las carteleras la tercera entrega de la saga.




Jason Bourne ve la luz tras una enorme crisis económica a nivel mundial, unos cambios sociales y políticos (sobre todo en Europa) más que notables y sobre todo lo hace después de que Edward Snowden sacara a la luz información de vital importancia relacionada con un programa de vigilancia secreto de la NSA (Agencia de Seguridad Nacional) con el que el gobierno de Estados Unidos estaba vulnerando los derechos a la privacidad de ciudadanos de todo el mundo con la excusa de la lucha contra el terrorismo y la seguridad nacional. Este caso ha sido abordado en el sobresaliente, aunque de ritmo algo mortecino, documental Citizenfour de la realizadora Laura Potrias, ganador del Óscar el pasado año, y será dramatizado a manos de Oliver Stone en Snowden, su versión de la historia del ex miembro de la CIA protagonizada por Joseph Gordon-Levitt, Shailene Woodley, Melissa Leo y Nicolas Cage entre otros y con la que esperemos el autor de Platoon o El Cielo y la Tierra recupere el favor de la crítica y el público que hace tiempo le es esquiva, al menos fuera del campo del documental.




Con este contexo espaciotemporal que Paul Greengras y su guionista Christopher Rouse no dejan pasar Jason Bourne asienta sus bases para volver a narrar otra de las frenéticas huídas del personaje creado por Robert Ludlum de sus captores, esa CIA que lo entrenó para convertirlo en una máquina de matar infalible. Con una excusa bastante peregrina para devolver al protagonista al campo de juego en la que su antigua compañera Nicky Parsons (Julia Stiles) hackea la base de datos de la Agencia Central de Inteligencia para encontrar información de vital importancia sobre el pasado del padre del personaje principal ya tenemos a Bourne de vuelta a la acción preparado para repartir hostilidades mientras escapa de los agentes más letales de una CIA cuyo liderazgo se debate entre el expeditivo y reaccionario Robert Dewy (Tommy Lee Jones), que depositará su confianza en el "activo" (Vincent Cassel) para dar caza a Jason, y la joven Heather Lee (Alicia Vikander) que tratará de cambiar, aparentemente, el statu quo de la agencia con sus propios métodos.




Con las piezas colocadas sobre el tablero y habiendo mostrado previamente una cara más contenida de su impronta en la excelente Capitán Philips en Jason Bourne vuelve el Paul Greengras más vibrante, el deudor de John Frankenheimer y Willam Friedkin, el artesano que supo adaptar su puesta en escena hiperrealista y enraizada en la estética documental a las grandes superproducciones americanas y que sigue siendo uno de los profesionales del medio que mejor rueda escenas de acción, ya sean tiroteos, persecuciones, peleas cuerpo a cuerpo o pasajes que hacen del in crescendo de la tensión al más puro estilo Hitchcock sus señas de identidad facilitando incluso al espectador información de la que los personajes carecen. Estos pasajes dinámicos que no dan respiro al espectador tienen la complicidad de un reparto a la altura en el plano físico comandado por un Matt Damon mejor que nunca en cuanto a sus condiciones atléticas se refiere o un Vincet Cassel robaescenas que le da la réplica con un pericia intachable (la habitual en él) y hereda el rol de villano a pie de calle que en otras entregas de la saga habían interpretado actores como Clive Owen, Karl Urban o Edgar Ramírez.




Parece ser que por fin Hollywood se atreve con películas en la que los servicios de inteligencia no son retratados como la panacea en cuanto espionaje internacional, por suerte ya no sólo tenemos que tragarnos productos como las adaptaciones de las novelas de Tom Clancy como Juego de Patriotas o Peligro Inminente o piezas más recientes como la sonrojante La Prueba (The Recruit). Desde la primigenia El Caso Bourne (The Bourne Identity) la saga protagonizada por Matt Damon heredaba del celuloide europeo no sólo influencias del polar francés o la contención del cine de policíaco nórdico, sino que también se dejaba imbuir por esa tradición británica de poner en entredicho las acciones del espionaje internacional pero aplicado al de Estados Unidos. Jason Bourne acentúa ese tono crítico y muestra uno de los retratos más duros que la meca del cine ha realizado sobre la CIA en los últimos años, exponiéndola de cara a la platea como una organización fascista que no duda en recortar las libertades o manipular información referida al terrorismo extremista en su propio beneficio y con ello ofrecer una visión nihilista y descreída en la que las nuevas generaciones dentro de la agencia van a seguir el antidemocrático perfil de sus predecesores.




Con un magnífico reparto que sigue la senda de contención que es seña de identidad de los distintos equipos artísticos que han dado forma a las varias entregas de la saga, un guión perfectamente construido y anclado en una realidad que nos es reconocible para después de solidificar su propuesta entregarse a una acción ejecutada con el poderío visual habitual de un Paul Greengrass al 100% de sus capacidades como narrador Jason Bourne se revela como la mejor superproducción hollywoodiense de lo que llevamos de verano. Un producto intachable y profesionalmente rematado que tratando de ir más allá de la simple acción intenta hacer (sin tampoco profundizar demasiado en el tema, pero con buenas ideas e intenciones) un retrato del estado en el que se encuentra el mundo en la actualidad gracias al terrorismo (el extremista y el institucionalizado) las difíciles tensiones políticas y unos gobiernos que llevando a cabo acciones propias de regímenes dictatoriales ofrecen la peor cara de una democracia cada vez más mancillada y debilitada en la que palabras como libertad o privacidad casi se ha convertido en una utopía.



miércoles, 4 de marzo de 2015

Green Zone, mentiras de guerra



Título Original Green Zone (2009)
Director Paul Greengrass
Guión Brian Helgeland basado en el libro de Rajiv Chandrasekaran
Actores Matt Damon, Greg Kinnear, Brendan Gleeson, Amy Ryan, Jason Isaacs, Khalid Abdalla, Yigal Naor, Said Faraj, Antoni Corone, Raad Rawi





El cine del director irlandés Paul Greengrass siempre es sinónimo de calidad y compromiso, incluso el grueso de su obra que ya forma parte de la encorsetada maquinaria de Hollywood. Después del éxito internacional de su tercer (y hasta ahora mejor) film Bloody Sunday su carrera ha sido meteórica, implicándose de lleno en la saga de Jason Bourne, rodando la segunda (El Mito de Bourne) y tercera parte (El Ultimatum de Bourne) y sacando adelante proyectos valientes de un considerable trasfondo político como la soberbia United 93 y la meritoria y recuperable Capitán Philips. Pero la obra que nos ocupa es aquella Green Zone de 2009 con la que Greengrass, recibiendo la inestimable ayuda del guionista Brian Helgeland, adaptó a imágenes (de manera bastante libre) la novela Vida Imperial en la Ciudad Esmeralda: Dentro de la Zona Verde de Irak del periodista norteamericano de origen hindú, Rajiv Chandrasekaran.




El largometraje relata los hechos acaecidos en Irak un mes después de la invasión del ejército de Estados Unidos al país. Seguiremos los pasos del equipo MET (Mobile Exploitation Team) del Capitán Roy Miller (Matt Damon basando su personaje en el oficial del ejército americano Richard "Monty" Gonzales) que se revelará contra sus superiores cuando poco a poco y sumando una misión fallida tras otra descubra que la supuesta presencia de armas de destrucción masiva en el país asiático era una excusa para que el gobierno de la admnistración Bush tomara Irak por intereses mucho más egoístas que instaurar la democracia en aquella zona. Miller y unos pocos ayudantes se enfrentarán a Clark Poundstone (Greg Kinnear) el representante del Pentágono que se ocupa de proporcionar a Inteligencia Militar información falsa con respecto a la presencia del inexistente arsenal químico en poder del régimen de Saddam Hussein.




Green Zone podría ser la contrapartida de la reciente El Francotirador (American Sniper) con la que Clint Eastwood y Jason Hall adaptaban la autobiografía del SEAL Chris Kyle. Mientras la notable cinta protagonizada por Bradley Cooper obviaba los motivos por los que se inició la invasión a Irak centrándose en idealizar la carrera militar del protagonista de la obra, el largometraje de Paul Greengrass, sin eludir su naturaleza de cine bélico, apunta directamente a los motivos políticos que dieron origen a aquel conflicto iniciado hace más de una década y que sigue coleando en la actualidad. El cineasta irlandés pone las cartas sobre la mesa y se deja de medias tintas, sabe lo que quiere transmitir y cómo hacerlo con la ayuda de su guionista y su actor principal




El autor de Resurrection vuelve a hacer uso de ese tono documental que ha ido forjando con el paso de los años y que hoy día es una de las señas de identidad de su impronta como narrador. La cámara de Green Zone está a pie de calle, se arrastra por la arena de Diwaniya y recorre sus estrechas calles repletas de pólvora, metralla y muerte, Greengrass sabe hacer uso de la inmediatez cinematográfica, la cámara al hombro y un naturalismo dinámico  y cortante, pero en esta ocasión se excede con el uso abusivo del grano y el ruido que en varias ocasiones más que transmitir verismo o cercanía llega a confundir y saturar a un espectador por culpa de una fotografía que en momentos puntuales peca de confusa y forzada.




Esta vibrante puesta en escena, indivisible a la visión cinematográfica de su realizador, como en otros de sus trabajos sirve para sustentar un mensaje crítico, esta vez contra la intervención en Irak auspiciada por la administración del anterior presidente de Estados Unidos, George W. Bush El cineasta utiliza a modo de MacGuffin las falsas pruebas presentadas a Naciones Unidas por el ministerio de defensa de Estados Unidos con las que confirmaban la presencia de armas de destrucción masiva en el país asiático, que en un acto reduccionista un tanto autocomplaciente en el guión se limita a una sola persona (cuando sabemos que aquello no se limitó a un sólo individuo) perteneciente al Pentágono (el Clark Poundstone de un convincente Greg Kinnear) y esta excusa narrativa es la que bascula todo el entramado de la película y su discurrir.




Una de las máculas, que todo hay que decirlo son pocas y de escasa importancia, es cierto subrayado con el mencionado tema del arsenal químico que en ocasiones es expuesto con una obviedad casi ingenua en pantalla, como si Greengrass y el guionista Brian Helgeland (Mystic River o L.A Confidential) creyeran estar revelando material de alto secreto cuando a pocas personas a lo largo del globo se les escapaba ya en aquel 2009 en el que el film vio la luz que los motivos por los que se invadió Irak fueron méramente económicos y estratégicos. A eso habría que sumárle cierta gelidez formal impropia de alguien como el director de Extraña Petición (The Theory of Flight) que con films como United 93, Capitán Philips y Bloody Sunday conseguía agarrar por las solapas a un espectador que quedaba tocado después del visionado de dichos trabajos.




Por suerte el número de aciertos de Green Zone solapa sus escasas carencias. El guión del autor de El Fuego de la Venganza (Man on Fire) o Deuda de Sangre (Blood Work) apunta ideas de considerable interés como abogar por dar voz individual a unos soldados que no deben dejarse llevar siempre por las órdenes de sus superiores cuando crean que las mismas son cuestionables o moralmente reprobables y reflejar mínimamente al bando contrario mostrando las motivaciones y reflexiones, equivocadas o no, de los iraquíes ya sean civiles (como el caso del Freddy al que da vida el habitual de los últimos films de Greengrass, Khalid Abdalla) o colaboradores del régimen de Sadam Hussein (el general Mohammed Al Rawi al que ofrece convicción física Igal Nagor) alejándose así de productos (Black Hawk Derribado o la ya mencionada El Francotirador) que retrataban a los enemigos del ejército americano como seres inhumanos que sobre el papel eran poco más que zombies u objetivos a los que eliminar.




La penúltima cinta de Paul Greengrass forma un interesante díptico junto a United 93, dos obras que narran hechos surgidos de los inefables atentados del 11 de septiembre de 2001 y que históricamente en varios aspectos cambiaron el panorama político y social internacional en general y el estadounidense en particular. Por desgracia como obra, a pesar de sus buenas intenciones, llegó un poco tarde para hablar de un tema como el de la guerra de Irak, puede que para intentar evitar el escaso éxito y fría acogida que recibieron trabajos más cercanos a la fecha de inicio de dicho conflicto (En el Valle de Elah, Redacted, Generation Kill) siendo críticos con el mismo. Con todo Green Zone es una notable muestra de cine bélico perfectamente ejecutado y con un trasfondo lo suficientemente comprometido como para tener algo interesante que decir y plantear a la platea.



lunes, 28 de octubre de 2013

Capitán Phillips



Título Original Captain Phillips (2013)
Director Paul Greengrass
Guión Billy Ray basado en el libro de Richard Phillips y Stephen Taity
Actores Tom Hanks, Barkhad Abdi, Mahat M. Ali, Barkhad Abdirahman, Faysal Ahmed, Michael Chernus, Catherine Keener, David Warshofsky, Corey Johnson, Chris Mulkey, Yul Vazquez, Max Martini, Omar Berdouni, Mohamed Ali







Capitán Phillips es la última obra del interesantísimo cineasta inglés Paul Greengrass, autor que cobró fama mundial cuando ganó el Oso de Oro del festival de Berlín de 2003 (ex aequo con El Viaje de Chihiro de Hayao Miyazaki) con su segundo y hasta hoy mejor film, Bloody Sunday. Tras el éxito de esta obra se le abrieron las puertas de Hollywood y pudo dar forma a dos entregas de la saga de Jason Bourne (El Mito de Bourne y El Ultimatum de Bourne) y ofrecer su otro gran proyecto como director, United 93. Tras esto abordó el tema de la guerra de Iraq con Green Zone (la única de sus obras que no he visto, junto a su debut detrás de las cámaras, The Theory of Flight) y con ello pudo asentarse plácidamente en la meca del cine siendo reconocido como un magnífico realizador que abordaba temas interesantes y nada cómodos con su filmografía.






Richard Phillips (Tom Hanks) es un capitán de la marina mercante de Estados Unidos que está al mando del buque carguero Maersk Alabama que lleva un enorme cargamento a Mombasa. Durante su trayecto por aguas somalíes él y su tripulación serán asaltados por un grupo de piratas comandados por el impetuoso Abduwali Muse (Barkhad Abdi). Una vez abordado el navío Phillips se verá en la obligación de tomar el control de la peligrosa situación y negociar con los asaltantes para evitar que sus hombres salgan mal parados y que de esta manera la mercancía que transporta a África pueda llegar a su destino. Pero lo extremo de la situación dará pie a que nada salga como el capitán del barco espera, pero tampoco como el grupo de piratas comandado por Muse pensaban en un principio.




Captain Phillips es cine Paul Greengrass al 100%. Un proyecto de tono cuasi documental, con contenido social y político altamente interesante que plantea interesantes dilemas morales al espectador y que en ningún momento cae en maniqueísmos o mensajes de naturaleza sesgada. Curiosamente la última cinta del productor de Omagh es la hermana estadounidense de la francesa L'Ordre et la Morale, última y soberbia cinta detrás de las cámaras del actor, guionista y cineasta Mathieu Kassovitz (que sigue inédita en España dos años después de su estreno y los que le queden) que tiene un punto de partida muy parecido al de la obra que nos ocupa (para empezar ambas están basadas en hechos reales) tanto en su temática como en su desarrollo, aunque el film del autor de La Haine es superior y más valiente que el de Greengrass.




El cineasta inglés vuelve a hacer uso de su inteligencia como narrador y observador eludiendo cualquier idea tendenciosa o cliché partidista para relatarnos la dramatización de unos hechos reales en los que no tomaron parte héroes o villanos, hombres buenos o malos, sólo personas impulsadas a extremos por sus propias condiciones que eran opuestas pero de manera paradójica muy similares. No quiero ni pensar que habría pasado si este proyecto (no lo neguemos, de naturaleza bastante delicada y compleja moralmente) hubiera caído en manos de un director con menos sensibilidad que Greengrass o más dado al artificio, al blanco y negro ideológico o a la mil veces manida americanada patriotera y sentimientaloide. Por suerte el realizador de The Bourne Supremacy está lejos de ser uno de esos mercenarios del buen gusto.




Los americanos de Capitán Phillips no son héroes a los que sólo les falta la bandera de las barras y estrellas ondeando a su espalda mientras cometen actos sobrehumanos a cámara lenta. Son personas reales con sus miedos, que cometen errores y se equivocan en algunas de sus decisiones. El mismo Richard Phillips que protagoniza el largometraje es la muestra más clara de esta idea. No estamos ante un John McClane que va repartiendo estopa de manera temeraría entre "extranjeros" para salir airoso con una frase lapidaria final, sino ante un profesional en su ramo que hace lo que cree más conveniente para su superviviencia y la de sus hombres, pero no con una seguridad ferrea e inquebrantable y sí con unos actos llevados a cabo entre titubeos, improvisación y lógicamente miedo.




Pero es que el director también se ocupa de perfilar debidamente a sus "villanos" esos piratas que asaltan el Maersk Alabama. Los somalíes de Capitán Phillips no son como los de Black Hawk Derribado de Ridley Scott, unos zombies que no sienten ni padecen, que no articulan una sola palabra y cuya única misión es matar sin dejar lugar a desarrollar mínimamente sus motivaciones ante la pantalla, por muy execrables que sean las mismas. La banda de piratas comandada por Abduwali Muse está formada por seres humanos llevados a una vida de pillaje obligados por una condiciones de vida inviables, es más, el ya mencionado líder del grupo tiene que reafirmar diariamente su condición de "capitán" por el simple hecho de ser marginado socialmente por la escualidez de su cuerpo que es inversamente proporcional a su determinación como líder.




Como siempre con Greengrass el reparto lo da todo y alcanza considerables cotas de verismo. Lo más curioso es que aunque dentro de los personajes de los americanos tenemos a secundarios con bastantes tablas como Chris Mulkey (Twin Peaks),  Corey Johnson (habitual en la etapa americana de Greengrass) o  Catherine Keenear, que no tiene tiempo para decir esta boca es mía, los actores no profesionales que dan vida a los piratas somalíes transmiten más verdad e inmediatez que ellos, sobre todo el Abduwali Muse al que da vida un soberbio Barkhad Abdi que no deja de ser un reflejo del mismo Phillips y con el que llega a contraer una interesante relación apuntalada en un atípico y no escrito código de honor, algo que sucedía también, una vez más, entre los dos rivales de L'Ordre et la Morale.




 Aunque nota aparte merece el protagonista de el largometraje y no es para menos. Con Capitán Phillips recuperamos al gran Tom Hanks, aquel que andaba perdido desde hacía años dando bandazos entre conspiraciones pseudoreligiosas y comedias blandorras, el que ofreció magistrales clases de interpretación dentro del drama en films como Philadelphia, Salvar al Soldado Ryan, Naufrago o Camino a la Perdición, el mismo que en la última cinta de Greengrass se enfunda un personaje lleno de matices y fuerza, un hombre llevado al límite por las circunstancias que experimenta sensaciones que van desde el valor al miedo, pasando por la compasión o la altivez. Su última escena en el film es uno de los pasajes más logrados y humanos dentro de la carrera interpretativa del protagonista de Atrápame Si Puedes o Forrest Gump.




Paul Greengrass inyecta su habitual nervio a fuego en todos y cada uno de los fotogramas, con ese tono de documental, fotografía cruda y coherente cámara al hombro que ayuda al in crescendo de la intriga del largometraje muy deudora de la de cineastas como John Frankenheimer o el William Friedkin adscrito al género thriller. El británico no da puntada sin hilo y procura mantener firme su pulso narrativo en todo momento para que los 135 minutos de metraje de la película no pesen en ningún momento gracias a cómo traslada a imágenes el medido y sólido guión de Billy Ray que adapta la novela del mismo Richard Phillips en la que se basa la obra cinematográfica y a una encomiable dirección de actores que se ve complementada por un acabado técnico casi intachable por parte del equipo de rodaje.




Capitán Phillips es un magnífico thriller dramático y otra muesca en el revólver de un cineasta a seguir de cerca (siempre me quedará la espina de cómo hubiera sido su visión cinematográfica de Watchmen de Alan Moore y Dave Gibbons, una pena que se cayera del proyecto en su momento). Evidentemente por mucho realismo que quiera transmitir la obra la dramatización de aquellos hechos se habrá visto retocada en varios aspectos (por lo visto el capitán no estaba tan bien visto por su tripulación como nos hace ver el film, mucha polémica ha habido con este tema tras el estreno del largometraje) pero al igual que otros films como Argo o Munich podemos comprender que se idealicen algunas cuestiones con respecto a los verdaderas acciones que se llevaron a cabo en aquella jornada de Mayo de 2009. 




Pero al igual que con Bloody Sunday o United 93 en el plano cinematográfico el éxito de Capitán Phillips es tan considerable como poco cuestionable. Por el camino Paul Greengrass consigue que el mensaje de su último trabajo sobre choques culturales, la intransigencia de los gobiernos del Primer Mundo con respecto a los casos de toma de rehenes que puedan deteriorar su imagen de cara al electorado y la historia de un hombre normal que hizo algo extraordinario por su propio bien y el de sus compañeros llega alto y claro a la platea ofreciendo un producto que aúna con una profesionalidad intachable y mucha elocuencia comercialidad, calidad y cierto grado de compromiso tanto social como político.



domingo, 24 de enero de 2010

United 93, sad wings of destiny



Director: Paul Greengrass (2006)
Guión: Paul Greengrass
Actores: J. J. Johnson, Gary Commock, Polly Adams, Opal Alladin, Nancy McDoniel, Starla Benford, Trish Gates, Simon Poland, Khalid Abdalla, David Alan Basche




Alguien muy sabio dijo (su blog lo tenéis a la derecha entre mis enlaces amigos) que lo mejor de esta película y lo que la hace funcionar es que aún sabiendo el que la visiona cual es el final, hay momentos en los que cree que esa gente salvarán la vida y a fe mía que ese efecto se consigue en esta United 93. Paul Greengrass entre la segunda y tercera entrega del desmemoriado Jason Bourne volvió al hiperrealismo de aquella olvidada joya suya llamada Bloody Sunday y creó esta bestialidad fílmica que está a punto de cruzar la delgada línea entre ficción y documental en muchos momentos de su metraje.




La primera mitad que se centra en los empleados del control aéreo es puro suspense Hitchocockiano solido como una roca con un ritmo frenético pero que confunde al espectador aunque estoy seguro de que este efecto era buscado por el realizador inglés. Pero la segunda parte del film y más en concreto cuando los terroristas dan la cara al resto del pasaje la cinta llega a unos límites desmesurados de fuerza y realismo. La secuencia en la que los talibanes llevan acabo el secuestro del avión es de las más realistas y bestiales que yo he visto en mi vida, ojo, violencia poca y sangre apenas, pero la planificación de esa parte de la cinta es oro puro cinematográficamente hablando.




Otra gran baza (a parte del acertadísimo reparto desconocido que lo da todo delante de la cámara) es la mínima utilización de la música que sólo da la cara hacia el final del metraje de la cinta y que engrandece y llena de emociones ese último plano que pone un nudo en la garganta al espectador. Aquí no hay lugar para heroísmos, sólo seres humanos que tratan de sobrevivir a una situación límite comportándose como animales y si bien es cierto que muchas partes del largometraje están basadas sólo en hipótesis algunas de Munich también lo eran y es una obra maestra del cine cotemporáneo y uno de los mayores logros de Steven Spielberg como cineasta.




United 93 es cine político, cine rabioso, cine necesario y doloroso como una cicatriz que no cura y puede que nunca lo haga. Esta obra es uno de los motivos por los que el cine en muchas y valiosas ocasiones es algo más que una inocente distracción palomitera para echar la tarde en una multisala llena de gente o delante de nuestros televisores. Esta pieza de Paul Greengrass es un puñetazo directo a la cara de nuestra conciencia social llevado a cabo con respeto, profesionalidad y entereza. Una cinta que con el paso de los años será revalorizada como es debido tanto en el plano cinematográfico como en el histórico.


viernes, 18 de septiembre de 2009

Bloody Sunday, and the battles just begun...


Director: Paul Greengrass (2002)
Guión: Paul Greengrass
Actores: James Nesbitt, Allan Gildea, Gerard Crossan, Mary Moulds, Carmel McCallion, Tim Pigott-Smith, Nicholas Farrell, Gerard Mcsorley, Kathy Kiera Clarke, Declan Duddy





El Domingo 30 de Enero de 1972 será recordado siempre como una de las fechas más negras de la historia reciente de Irlanda. Durante una manifestación pacífica en favor de los derechos civiles en el pueblo de Derry y tras el enfrentamiento de algunos exaltados con la policía, el ejército inglés abrió fuego de manera indscriminada contra numerosos civiles desarmados, hiriendo a 14 y asesinando a otros 13.




El director británico Paul Greengrass realizó en el año 2002 Bloody Sunday, un film que retrataba con fidelidad lo que suecedió aquel infame domingo, La cinta supuso un rotundo éxito de crítica (oso de oro en festival de Berlín del año 2003, ex aequo con la soberbia El Viaje de Chihiro de Hayao Miyazaki) tuvo una decente carrera en la taquilla y dio voz a las víctimas de tan vergonzosa matanza.



Paul Greengrass lo tiene claro. Crudo estilo documental, realismo extremo, cámara al hombro y tomas a pie de calle. Bloody Sunday tiene una de las realizaciones técnicas más perfectamente ejecutadas que se han visto en el cine europeo reciente. Al igual que en sus dos entregas sobre el desmemoriadao agente Jason Bourne y en la soberbia United 93, Greengrass imprime un acerado in crescendo narrativo heredero de Hitchcock, con un supense que aumenta gradualmente (soberbia la utilización de los continuos fundidos a negro) hasta llegar a un excelente climax que no es el del crimen en sí, sino la conferencia de prensa posterior.




Nota a parte para el guión del mismo director, Greengrass no es nada partidista y se le agradece, como muchas veces sí lo es el necesario pero a veces cansino Ken Loach. Ni todos los militares británicos son unos desalmados puestos hasta el culo de testosterona con ganas de abrir fuego a la primera de cambio, ni la totalidad de los manifestantes son personas que van a reivindicar sus derechos de manera pacífica. También es un verdadero acierto mostrar que no sólo el ejército de su graciosa majestad con su prohibición de la manifestación ejercía presión sobre la ya de por sí tensa situación, ya que el I.R.A hacía acto de presencia para caldear más aún un ambiente que era un olla apresión a punto de explotar.




Bloody Sunday no sólo es una de las mejores películas europeas de la década que nos ocupa, es también cine politico, de denuncia, reivinidicativo, necesario. Un arma arrojadiza en contra de la violencia y la intolerancia, un retrato fidedigno de uno de los momentos álgidos y más trágicos dentro del conflicto de Irlanda del norte, una cumbre dentro del cine con conciencia política y social.