sábado, 26 de noviembre de 2016

Doctor Strange



Título Original Doctor Strange (2016)
Director Scott Derrickson
Guión C. Robert Cargill, Scott Derrickson, Jon Spaihts, basado en el cómic de Stan Lee y Steve Ditko
Reparto Benedict Cumberbatch, Chiwetel Ejiofor, Rachel McAdams, Mads Mikkelsen, Tilda Swinton, Benjamin Bratt, Michael Stuhlbarg, Scott Adkins, Zara Phythian, Alaa Safi, Katrina Durden, Neve Gachev, Amy Landecker, Dante Briggins, Tony Paul West, Daniel Eghan, Annarie Boor, Jill Buchanan, Pezhmaan Alinia, Stan Lee





El éxito de cintas como Guardianes de la Galaxia o Ant-Man sirvió para que los mandamases de Marvel Studios tantearan el terreno para saber si la adaptación a imagen real de personajes secundarios del mundo de las viñetas de la Casa de las Ideas era viable de cara a la taquilla y el resultado contra todo pronóstico fue muy positivo. Gracias a la aceptación de los films de James Gunny y Peyton Reed podemos disfrutar de esta Doctor Strange con la que la división cinematográfica de Marvel ha llevado a imágenes las aventuras del Hechicero Supremo creado por el guionista Stan Lee y el dibujante Steve Ditko en el año 1963 para la colección Strange Tales y cuya vida editorial se extiende hasta nuestros días con series protagonizadas por Stephen Strange en solitario o en compañía de otros superhéroes de la afamada editorial norteamericana, todas ellas ideadas por guionistas como Roger Stern o Roy Thomas e ilustradores de la talla de Gene Colan o Mike Mignola.




Para esta traslación de las aventuras del mago más importante de Marvel Comics el productor Kevin Feige y su séquito de colaboradores solicitaron los servicios del director estadounidense Scott Derrickson, un profesional que cumple el perfil habitual buscado por la factoría de artesano que se adapta al material que ponen en sus manos, aunque en lo referido a su persona sus mayores éxitos han tenido lugar en el género de terror con Hellraiser; Inferno, El Exorcismo de Emily Rose, la primera entrega de Sinister o Líbranos del Mal, aunque también coqueteó con la ciencia ficción en el paupérrimo remake de Ultimatum a la Tierra (The Day the Earth Stood Still). Al guión encontramos al mismo Derrickson, a su colaborador C. Robert Cargill o a Jon Spaihts (Prometheus) y en el reparto nombres de primer orden como Tilda Swinton (¡Ave César!), Chiwetel Ejiofor (12 Años de Esclavitud), Mads Mikkelsen (La Caza) Rachel McAdams (True Detective) encabezados todos por Benedict Cumberbatch (Star Trek: En la Oscuridad) dando vida al ínclito doctor.




Con su última producción Marvel Studios ha vuelto a conseguir un taquillazo que también ha sido muy bien recibido por la prensa especializada en líneas generales. Doctor Strange es una magnífica muestra de cine comercial, una nueva pieza dentro del engranaje del universo cinematográfico de la Casa de las Ideas que conteniendo en su interior la ya clásica fórmula de la productora añade un plus de originalidad con respecto a la mayoría de proyectos basados en personajes superheróicos con los que va a compartir universo fílmico, precisamente porque Stephen Strange no es uno de ellos, o al menos no uno al uso o en el término más ortodoxo de la palabra y este matiz de excepcionalidad es al que se aferran Scott Derrickson y sus colaboradores para narrar el origen del neurocirujano engreído y altivo que tras sufrir un accidente de tráfico que deja inutilizadas sus manos para ejercer su trabajo y con la intención de encontrar una cura a sus lesiones acaba descubriendo un mundo de artes místicas en el que se convertirá en una pieza clave para combatir las fuerzas oscuras que amenazan nuestro planeta.




Doctor Strange vuelve a ser una muestra del cuidado y la dedicación que Marvel Studios están poniendo para mantener el nivel de calidad en su ya más que asentado universo. Esta producción de 2016 trata por todos los medios de ofrecer un producto adscrito a la mejor cara del cine comercial hollywoodiense propio del siglo XXI pero sin olvidar la fidelidad a los más de cuarenta años de vida editorial del personaje de Stan Lee y Steve Ditko. Por eso con el largometraje de Scott Derrickson nos encontramos con un ejemplo prototípico de blockbuster revienta taquillas, pero que paga su deuda con el mundo de las viñetas por medio de incontables referencias a la psicodelia primigenia de las historias ilustradas por Steve Ditko, al tono más siniestro y esotérico de Gene Colan e incluso al clasiscismo bien entendido del Marcos Martin de la saga El Juramento, una de las mejores sagas de la historia reciente del personaje escrita por Brian K. Vaughan, autor de obras de culto como Ex Machina, Saga o Y: El Último Hombre. Todo eso consiguiendo una armónica convergencia entre tonos tan distintos nacidos en los cómics que en pantalla se ven totalmente cohesionados con la historia gracias a la sabia puesta en escena de la obra.




Todo el microcosmos relacionado con Stephen Strange está aquí, dosificado y concentrado para que el fandom pueda reconocerlo y el espectador neófito descubrirlo por primera vez. El Ojo de Agamotto, la Capa de Levitación, "El Anciano" (o más bien su réplica femenina) Dormammu, el Barón Mordo, Wong, todo el ideario, parafernalia mística y los roles secundarios hacen acto de presencia durante el agradecido metraje y son abordados con la fidelidad esperada. Scott Derrickson toma una puesta en escena tan impersonal como visualmente abasalladora (el clímax final es brillante técnicamente) y aunque es cierto que estilísticamente hay similitudes con la soberbia Inception de Christopher Nolan con toda esa realidad que se repliega sobre sí misma deformando y deconstruyendo la arquitectura a placer los conocedores de las viñetas saben que estos juegos narrativos y conceptuales los ofrecían los cómics del personaje protagonista hace décadas. En ese sentido los precursores del proyecta dan nuevamente muestras de haber hecho los deberes como es debido con respecto a conocer el material original en el que se sustenta la obra cinematográfica.




Benedict Cumberbatch es el rey de la velada y a lo largo de todo el metraje demuestra que nació para interpetar a Stephen Strange, aunque su aspecto físico diste mucho de ser el más parecido al de la versión en viñetas que los fans conocemos desde hace décadas. El intérprete de Khan de Star Trek; En la Oscuridad o el Alan Turing The Imitation Game ofrece de manera sabia y elegante el necesario equilibrio entre egoismo y presuntuosidad durante la primera mitad del metraje su obsesión por descubrir las artes místicas en el ecuador del relato y la reafirmación de su posición como Hechicero Supremo en la recta final donde vemos por fin al rol clásico de los cómics tomar forma en pantalla. El británico hace suyo al Doctor e incluso consigue que los pequeños apuntes de humor que utiliza la cinta en ciertas ocasiones del desarrollo de la trama no chirríen de cara al espectador o desentonen con el matiz más solemne del grueso de la obra y eso que los mismos recaen casi siempre sobre sus hombros. Será interesante verle en un futuro intercambiar diálogos con el Tony Stark de Robert Downey Jr.




Dentro de los secundarios tenemos luces y sombras y no precisamente por la labor del magnífico reparto. En cuanto a los aciertos tenemos el mayúsculo de haber dado el papel de "La Anciana" a una enorme Tilda Swinton que una vez más explota al máximo su físico de naturaleza casi andrógina transmitiendo a la platea la templanza, ambigüedad y el estar creyéndose en todo momento un papel con unos poderes sobreesdrújulos en las antípodas de los roles que suele interpretar. Muy buen trabajo también de Chiwetel Ejiofor con el germen de lo que en entregas posteriores puede ser un gran Barón Mordo, Benedict Wong da con mucho oficio la réplica al protagonista de Benedict Cumberbatch y aunque entre en la galería de villanos poco perfilados y aprovechados el Kaecilius de un siempre magnífico Madds Mikkelsen tiene la suficiente presencia física y transmite los niveles justos de amenaza como para que su personaje no sea desdeñable. La peor parte se la lleva Rachel McAdams que dando vida a Christine Palmer queda reducida al típico prototipo femenino propio de la ficción cinematográfica comercial americana que no deja de ser un añadido para inyectar más dramatismo al masculino.




Aunque sigue casi a pie de la letra la "fórmula Marvel Studios" sin salirse demasiado por la tanjente esta vez Kevin Feige y sus asalariados han sabido ofrecer algo más original y atípico dentro del Universo Cinematográfico de la Casa de las Ideas como en su momento hicieron la inesperadamente autoparódica Iron Man 3 de Shane Black o la gamberra y macarra Guardianes de la Galaxia de James Gunn. Scott Derrickson y sus colaboradores han ejecutado perfectamente su labor de mostrarse como competentes artesanos colaborando por un bien (lúdico y económico) mayor y tanto la taquilla como la prensa especializada han respondido muy positivamente. Menos conservadora que la por otro lado potente Capitán América: Civil War, mucho más compacta que la divertida pero intrascendente Escuadrón Suicida y más rupturista que la continuista pero recuperable X-Men: Apocalipsis Doctor Strange sería la película inspirada en cómics del año si no fuera porque a día de hoy todavía mi corazón se va volando con cierto mercenario canadiense pansexual y con graves problemas cutaneos que dificlmente perderá durante lo que queda de 2016 el título de mejor cinta protagonizada por ¿superhéroes? de la temporada.



jueves, 24 de noviembre de 2016

Animales Fantásticos y Dónde Encontrarlos



Título Original Fantastic Beats and Where to Find Them (2016)
Director David Yates
Guión J.K. Rowling, basado en su propia novela
Reparto Eddie Redmayne, Katherine Waterston, Dan Fogler, Alison Sudol, Colin Farrell, Carmen Ejogo, Samantha Morton, Ezra Miller, Ron Perlman, Johnny Depp, Zoë Kravitz, Gemma Chan, Jon Voight, Christine Marzano, Lucie Pohl





En el año 2001, en pleno apogeo de la serie literaria protagonizada Harry Potter que acababa de ofrecer por aquel entonces su cuarta entrega, la escritora J.K. Rowling decidió extender el universo de su peculiar mago adolescente con una novela localizada en el mismo microcosmos, pero ambientada en una época pretérita en la que el pequeño hechicero vivía aventuras con sus amigos Hermione Granger y Ron Weasley bajo la tutela de Albus Dumbledore y la amenaza de Lord Voldemort. El libro se tituló Animales Fantásticos y Dónde Encontrarlos (Fantastic Beasts and Where to Find Them, en su idioma original) fue editado a modo de obra literaria facsimil propiedad de Harry Potter que le era exigida como lectura obligatoria en el primer año de estudios en Howgarts e ideada por Newt Scamander, un “magizoólogo” británico (antiguo alumno también de Albus Dumbeldore en la famosa escuela) que se dedicaba a la búsqueda y cuidado de criaturas mágicas a lo largo del mundo y que en este manuscrito se dedicó a clasificar y diferenciar. La obra fue bien recibida y tras el cierre de la saga cinematográfica de Harry Potter hace cinco años poco tardaron los jefazos de Warner Bros en ponerse manos a la obra para seguir explotando la creación de J.K. Rowling aunque fuera por medio de un trabajo que sólo estaba relacionado con las peripecias del hijo de James y Lily Potter de manera tangencial y sin ser una pieza fácilmente adaptable a la pantalla grande.




Los productores de Animales Fantásticos y Dónde Encontrarlos eran conscientes de que que por mucho que el largometraje estuviera vinculado con el universo de Harry Potter al no hacer presencia en él ninguno de los personajes más conocidos de la saga cinematográfica el riesgo de encontrar a un público poco receptivo estaba en el aire. Por suerte Warner Bros ha depositado la responsabilidad de sacar adelante este proyecto en los dos profesionales más adecuados para que el mismo se convierta en un éxito total, hablamos nada más y nada menos que del cineasta David Yates y la mismísima escritora J.K. Rowling. El primero es un veterano a la hora de llevar a imágenes el mundo mágico y fantástico salido de los libros de Rowling ya que desde Harry Potter y la Orden del Fénix se ocupó de dirigir todas las películas de la franquicia y la segunda es la mejor elección posible en cuanto a adaptar su propia novela a un guión cinematográfico ya que nadie lo conoce mejor que ella y gracias a esto debuta por primera vez en el séptimo arte sin intermediarios para que su prosa llegue, por primera vez, directamente a la platea. Una vez estrenada la cinta ha funcionado magníficamente bien en taquilla y ha seducido a gran parte de la prensa especializada, reacción que nosotros compartimos al encontrarnos con un muy competente proyecto que sabe aunar la “magia Potter” con un tono más dirigido a un público adulto.




La historia narrada en Animales Fantásticos y Dónde Encontrarlos se centra en el viaje de Newt Scamander (Eddie Redmayne) a New York en el año 1926, allí tendrá que cumplir una misión relacionada con los animales del reino fantástico que pueblan el planeta y que se verá truncada cuando su maletín repleto de estas criaturas se abra en la casa de Jacob Kowalski (Dan Fogler) un “no-maj” (persona no mágica, conocidos como muggles en Inglaterra como recordamos de la saga original) y se escapen a lo largo y ancho de la Gran Manzana. Esta excusa mínima sirve a J.K. Rowling y David Yates para desplegar todo su bestiario (nunca mejor dicho) e imaginería visual con la que dan una pátina de clasiscismo y madurez a lo que ambos plantearon en las sagas literarias y cinematográficas relacionados con Harry Potter. Warner Bros no ha escatimado gastos para ofrecer al largometraje un diseño de producción a la altura de una superproducción como la que nos ocupa, el mismos que Yates y su equipo técnico no desaprovechan para retratar una ciudad de New York de principios de siglo con reminiscencias estéticas que van desde El Padrino II a Érase Una Vez en América y una sabia mezcla entre luz y oscuridad perfectamente amalgamada en pantalla. Todo lo relacionado con Scaramander y su búsqueda de los seres que se han escapado de su maletín aportan humor, dinamismo y ritmo alocado y por otro lado la subtrama protagonizada por Graves (Colin Farrell), Credence (Ezra Miller) y con Los Segundos Salemitas como telón de fondo dan un tono de oscurantismo impropio de la franquicia abordando temas como la xenofobia y el extremismo religioso con bastante acierto, pero sin demasiado profundidad.




En medio de esta mezcla de tonalidades que tanto Rowling en la escritura como Yates en la realización saben aunar sin que desentone en ningún momento ambos consiguen perfilar unos personajes que sin eludir arquetipos clásicos y mil veces vistos contienen la suficiente personalidad como para identidificarnos con ellos y convertirnos en cómplices de sus épicas correrías. El Newt Sacaramander de Eddie Redmayne se gana la simpatía del público desde su primera aparición en pantalla, el actor de El Destino de Júpiter, de la manera más sabia posible, emula a los maestros del cine mudo como Charles Chaplin y Buster Keaton apelando a la comedia física y el slapstick de estos, pero desde hace un tiempo en todos sus proyectos parece interpretar el mismo rol tímido, apocado y de sonrisa infantil. En cambio dentro del reparto la verdadera sorpresa la ofrece Dan Fogler como Jacob Kowalski, una especie de cruce entre Oliver Hardy y Sancho Panza que con sus caras de asombro y risa bobalicona hace las delicias de una platea que ve cómo casi todo el humor recae sobre él. A ambos protagonistas les dan la réplica una sencilla Katherine Waterston y una pizpireta Alison Sudol como las hermanas Goldstein, pero es en el “lado oscuro” donde encontramos los trabajos de casting más interesantes con una manipuladora Samantha Morton y un excelente Ezra Miller (el The Flash de la próxima película de La Liga de la Justicia Americana) como Credence que comparte momentos de alto voltaje con el ambiguo Graves de un Colin Farrell que se mimetiza acertadamente con su papel de villano con sorpresa final.




Como previamente hemos apuntado J.K. Rowling debuta como guionista cinematográfica con Animales Fantásticos y Dónde Encontrarlos y aprueba con nota mostrando unas especiales dotes para extrapolar su impronta literaria al ritmo del medio cinematográfico con un muy buen hacer tanto a la hora de perfilar personajes e inyectar acción o dinamismo a la historia como a la de ser fiel a su discurso y microcosmos nacido en las novelas que le dieron la fama, notándose en todo momento que la implicación que tuvo como productora en todas las entregas fílmicas de Harry Potter le sirvieron para coger tablas viendo como otros libretistas como Steve Kloves o Michael Goldenberg llevaban con acierto a guiones cinematográficos sus libros. Por otro lado un David Yates que este año ha encadenado el rodaje de la cumplidora pero bastante olvidable La Leyenda de Tarzán con la cinta que nos ocupa tira de profesionalidad y veteranía en este tipo de producciones emulando el tono impersonal y academicista pero efectivo y dinámico que inyectó en los cuatro films protagonizados por Daniel Radcliffe, Emma Watson y Rupert Grint que rodó entre los años 2007 y 2011. El británico se ocupa como jefe de ceremonias de que los apartados técnico y artístico converjan adecuadamente consiguiéndolo en casi todo momento y sólo mostrando algo de endeblez el conjunto de su trabajo en lo referido a unos efectos digitales que paradójicamente no están a la altura del magnífico diseño de los animales fantásticos que dan título a la película.




Animales Fantásticos y Dónde Encontrarlos funciona a distintos niveles y no puede haber mejor noticia que esa. Lo hace como precuela y spin off de la saga Harry Potter, como inicio de una nueva saga, como extensión del universo cinematográfico relacionado con dicho personaje y sobre todo, y más importante, como película comercial entretenida y bien rematada en casi todos sus aspectos. Sin desentonar con las distintas entregas de su franquicia gemela e incluso superando a algunas de ellas (a Harry Potter y el Misterio del Príncipe, por poner un ejemplo) J.K. Rowling y David Yates han puesto la primera sólida piedra para que Warner Bros comience una nueva serie de films que según hemos sabido hace pocos días constará de cinco entregas en las que posiblemente guionista y director estarán implicados totalmente. Pero por ahora nos quedamos con las buenas impresiones transmitidas por esta primera parte que se revela como una interesante y competente propuesta en la actual cartelera que satisfará a los fans de la creación de literaria de la autora de El Canto del Cuco y a los amantes del celuloide adscrito a la fantasía y la aventura sin demasiadas pretensiones, ofreciendo 133 minutos de diversión cinematográfica llena de magia, humor, acción, amistad y la eterna lucha entre luz y oscuridad que no debe faltar en una historia poblada por hechiceros y bestias de distinto y variopinto pelaje.





domingo, 13 de noviembre de 2016

Sully


Título Original Sully (2016)
Director Clint Eastwood
Guión Todd Komarnicki, basado en el libro de Chelsey Sullenberg y Jeffrey Zaslow
Reparto Tom Hanks, Aaron Eckhart, Laura Linney, Anna Gunn, Jamey Sheridan, Autumn Reeser, Sam Huntington, Jerry Ferrara, Jeff Kober, Chris Bauer, Holt McCallany, Carla Shinall, Lynn Marocola, Max Adler, Valerie Mahaffey, Ashley Austin Morris





Pese a sus 86 años de edad el veterano actor y cineasta norteamericano Clint Eastwood no para de trabajar, sobre todo si nos referimos a su prolija faceta detrás de las cámaras. La última vez que supimos algo de él fue en 2014, año en el que estrenó dos biopics diametralmente opuestos, el del navy seal Chris Kyle en la competente, pero demasiado entregada a la idealización de su protagonista, El Francotirador (American Sniper) y la del grupo musical The Four Seasons en la coral Jersey Boys, pareja de films que siguen la tónica que ha tomado la última parte de la filmografía como creador del protagonista de la Trilogía del Dolar o la saga de Harry el Sucio, o lo que es lo mismo, la gestación de largometrajes correctos, cargados de buen cine, pero que normalmente quedan lejos de los mejores trabajos de su autor. Sully no es una excepción a esa regla y a pesar de estar ejecutada con una profesionalidad (casi) intachable en todos y cada uno de sus apartados también tiene poco que hacer frente a piezas aposentadas en la excelencia como Sin Perdón, Un Mundo Perfecto o Mystic River. Pero como mencionamos la última producción como jefe de ceremonias de Clint Eastwood se revela como una de las apuestas más sólidas e interesantes de la cartelera actual gracias a unas buenas dosis de drama, acción y heroismo puramente estadounidenses aposentadas en su saber hacer como autor, un guión considerablemente competente (aunque con alguna mancha que más tarde apuntaremos) y un reparto muy cohesionado comandado por una pareja de actores principales en estado de gracia.




Sully está basada en la novela Higher Duty, escrita a cuatro manos por los pilotos Chelsey Sullenberg y Jeffrey Zaslow, autores de una de la heroicidades más increíbles de la historia de la aviación mundial. El 15 de Enero de 2009 consiguieron la proeza de amerizar con éxito un Airbus 320, el del vuelo 1549 de US Airways, en el río Hudson de Nueva York sin que el pasaje sufriera daño alguno. El largometraje dirigido por Clint Eastwood y escrito por Todd Komarnicki (Seduciendo a Un Extraño, Resistencia) se centra principalmente en la figura de Sullenberger y por medio de él y de la posterior investigación sobre si su acto de heroicidad fue una temeridad o no y de cómo asimila su nuevo estatus profesional y social el director de Medianoche en el Jardín del Bien y del Mal vuelve a una de sus constantes autorales más representativas, la del héroe que no se considera como tal porque “sólo cumple con su deber” y que nos retrotrae a algunos de sus trabajos como la ya mencionada cinta protagonizada en 2014 por Bradley Cooper o a aquel soberbio díptico bélico formado por Banderas de Nuestros Padres y Cartas Desde Iwo Jima. En este terreno Eastwood vuelva a hacer gala de su visión clasicista del cine de Hollywood con una historia 100% americana en la que se muestran las luces y sombras de su sociedad aunque desde una corrección política más acentuada de lo habitual en su impronta y recordándonos en no pocas ocasiones a la obra de Frank Capra.




Pese a que Clint Eastwood trata de llevar a su terreno su último largometraje este no deja de ser un proyecto bien ejecutado aunque con toda la apariencia de ser un trabajo de encargo en el que no ha depositado otra cosa que no sean sus tablas como cineasta curtido en mil batallas. El director de Bird toma el control de los mandos de su máquina y consigue que esta funcione con el ingenio y el ferreo pulso esperados, con una puesta en escena medida y perfectamente estructurada con la que asentar su relato sobre un guión que en todo momento trata de mantener el interés del espectador aunque en ocasiones recurriendo a algunos trucos algo cuestionables. La primera mitad de la película es ejemplar, con el uso de la narración in media res, todo el desarrollo de acontecimientos que tiene lugar después del accidente aéreo se ve enriquecido con una serie de flashbacks bien equilibrados y localizados en el momento justo del metraje para dar distintos puntos de vista de lo que sucedió aquel ya célebre 15 de Enero de 2009. El problema reside en que después de que asistamos a cómo los pilotos llevan a cabo su acto de heroicidad por medio de uno de estos recuerdos por parte del protagonista el film recurre a ciertas licencias dramáticas bastante torpes para que el relato siga transmitiendo la sensación de intriga que la primera hora del film inyectaba con naturalidad a la narración y aunque estos posiblemente se ciñan a la realidad son reprobables. Poner en peligro de manera arbitraria a miembros del pasaje del avión una vez este se encuentra sobre el río Hudson y dar un tono de impostada conspiranoia al grueso de la investigación con respecto a si la decisión de los pilotos fue temeraria o no dan la impresión de que Eastwood y su guionista quieren alargar más de lo debido su historia por medio de añadidos innecesarios a la trama central, algo que sucedía también en Argo, el magnífico y premiado film de Ben Affleck, que parecía acumular una serie de improbables desinfortunios para poner en peligro a sus personajes hasta el último momento y que denotaban cierto artificio en pos del espectáculo cinematográfico.




Como en toda película con Clint Eastwood detrás de las cámaras uno de los puntos más fuertes de Sully es su dirección de actores. Aunque el reparto de secundarios del largometraje es de nota con la presencia de intérpretes magníficos como Laura Linney (El Show de Truman) Anna Gunn (Breaking Bad) o infravalorados como Jamey Sheridan (el Randal Flagg de la versión televisiva de Apocalipsis de la novela de Stephen King) o Chris Bauer (inolvidable como el sindicalista Fran Sobotka en la segunda temporada de The Wire) son unos intachables Tom Hanks y Aaron Eckhart los que se muestran como el alma de la película. El protagonista de Philadelphia o Capitán Philips apela a una sabia contención y a una dignidad en pantalla con un rol que fácilmente podían haber interpretado en su época genios como Henry Fonda o James Stewart. Chelsey Sullenberg es el americano ejemplar, recto, íntegro, de una honorabilidad fuera de toda duda y en estas lides Hanks es un perro viejo que sabe como vestir el traje de hombre intachable. Dándole la réplica encontramos a un Aaron Eckhart en modo robaescenas que con su carisma, soltura y verborrea no sólo consigue estar a la altura de su partenaire, también en ocasiones consigue quitarle protagonismo gracias a ese talento que no nos pilla de sorpresa a los que hemos disfrutado su labor en films como Gracias Por Fumar, El Caballero Oscuro o Erin Borckovich. La química entre los dos actores, la complicidad de los dos personajes y los momentos que comparten en pantalla bajo las órdenes de un Clint Eastwood que sabe sacar lo mejor de ellos son lo mejor que puede ofrecer Sully como producto cinematográfico, sólo la escena en la que “tienen que salir a tomar el aire” en el clímax final sirve de esclarecedora síntesis del enorme trabajo que ambos intérpretes llevan a cabo de manera conjunta.




Desde Gran Torino, su última gran cinta, Clint Eastwood siempre cumple de cara al público y la prensa especializada, pero no consigue rematar esa gran nueva obra que se le lleva años resistiendo y en ese sentido Sully es otra pieza menor dentro de su filmografía, pero está lejos de ser una cinta desdeñable o carente de interés. Aunque como ya hemos citado parece haber sido rodada con cierto impersonal academicismo y su guión en puntuales ocasiones no está todo lo cohesionado que debiera (el papel de Laura Linney es el prototípico de esposa sufridora y la subtrama del controlador aéreo es innecesaria y lacrimógena) funciona durante la mayor parte del metraje. Por suerte un director con más de cuarenta años de experiencia que controla con presteza todos los apartados del film y un dúo de protagonistas que le dan la película hecha con su enorme labor actoral consiguen que el último proyecto del cineasta norteamericano contenga en su impronta los suficientes aciertos para ser considerado uno de los atractivos más interesantes de la cartelera actual. Al igual que otros veteranos como Woody Allen, Martin Scorsese, Oliver Stone o Steven Spielberg, su etapa dorada pasó, pero por suerte todavía es capaz de ofrecernos propuestas atractivas y eficientes que elevan considerablemente la calidad media de la temporada de turno por medio de producciones que no son otra cosa que el resultado de décadas de carrera engrandeciendo el celuloide comercial estadounidense alternando cine de autor con competentes productos propios de artesanos que conocen plenamente su oficio como el que nos ocupa



viernes, 28 de octubre de 2016

Hardcore Henry, adrenalina e inmadurez en primera persona



Título Original Hardcore Henry (2016)
Director Ilya Naishuler
Guión Will Stewart y Ilya Naishuller 
Reparto Sharlto Copley, Danila Kozlovsky, Haley Bennett, Andrei Dementiev, Darya Charusha, Svetlana Ustinova, Oleg Poddubnyy, Cyrus Arnold, Ilya Naishuller, Will Stewart, Jack Hahn, Jake Karlen, Tim Roth





El actual cine ruso está conociendo una nueva etapa de bonanza en lo referido a dar salida internacional al género de acción que allí se cultiva para hacer carrera lejos de su país de origen. Dentro de esta nueva ola de films de evasión que buscan (y en ocasiones consiguen) mirar directamente a los ojos a las superproducciones hollywoodienses es recurrente el nombre del director, productor y guionista Timur Berkmambetov. El realizador de la terrible adaptación de Wanted, el cómic de Mark Millar y J,G. Jones editado por el sello Top Cow fundado por el dibujante Marc Silvestri, o de uno de los mayores fracasos de taquilla del 2016 (el, como no, innecesario remake de Ben-Hur) se dio a conocer a nivel mundial con el díptico Guardianes de la Noche/Guardianes del Día. Con una estética recargada, de un esteticismo cutre y chabacano que convertían ambos films en dos insoportables videoclips de grindcore Berkmambetov consiguió con esta saga un éxito con pocos precedentes en el cine comercial ruso. A su llegada a Hollywood rodó films como los que hemos mencionado previamente u otros como Abraham Lincoln Cazavampiros, pero no dejó de poner la mirada en el celuloide de su nación y decidió también ejercer labores de productor para impulsar distinto tipo de largometrajes y con ello ayudar a jóvenes cineastas que querían hacerse un hueco en este nuevo resurgir del cine de acción que insufla pujante vida comercial a la producción fílmica del país ruso. Hardcore Henry, la cinta que nos ocupa en esta entrada, es una de esas producciones apadrinadas por Timur Berkmambetov y posiblemente una de las más exitosas ya que en poco menos de un año se ha convertido en una pieza de culto para no pocos fans que han visto en el film escrito y dirigido por Ilya Naishuller una obra tan arriesgada en lo formal como paradójicamente comercial en lo argumental.




El origen de un proyecto como Hardcore Henry es un videoclip para el grupo de rock Biting Elbows de poco menos de cinco minutos llamado Bad Motherfucker con el que el director Ilya Naishuller (también miembro de la banda) narra la escapada de un hombre secuestrado por una organización criminal con la peculiaridad de estar narrada en plano subjetivo, o lo que es lo mismo, el espectador se convierte en el protagonista de la velada. Dos peculiares productores quedaron gratamente sorprendidos por dicho video musical, uno es el ya mencionado Timur Berkmambetov y el otro Sharlto Copley, el actor sudafricano conocido por intervenir en los films de su colaborador y amigo el cineasta Neil Blomkamp (Distrito 9, Elysium, Chappie) y por ofrecer sus servicios a producciones hollywoodienses como El Equipo A, Maléfica o la adaptación televisiva del cómic Powers ideado por el guionista Brian Michael Bendis y el dibujante Michael Avon Oeming. Esta peculiar pareja de “inversores” ofrecieron a Ilya Naishuller la posibilidad de adaptar su videoclip a largometraje con una premisa muy parecida a la de aquellos espídicos cinco minutos pero con una argumento algo más consistente detrás de la historia. El resultado es esta Hardcore Henry que nos ocupa, un producto tan eficiente, entretenido y espídico como redundante, chabacano y efectista. En las siguientes líneas vamos a intentar enumerar tanto los fallos como las virtudes de esta producción rusa que ha llegado a nuestro país tarde, mal y con una promoción nula, algo a lo que volveremos más tarde para hablar de la naturaleza del film como obra cinematográfica de género(s).




Los títulos de crédito con imágenes en primerísimo plano y a cámara superlenta de apuñalamientos, disparos, y puñetazos con todo lujo de detalles hemoglobínicos nos dejan bien claro lo que vamos a encontrarnos con Hardcore Henry, un desfile de violencia explícita y gratuita, adrenalina en vena, acción aparatosa y desenfrenada, uso sexista de la imagen de la mujer y todo sin dar un momento de calma a la platea. El largometraje de Ilya Naishuller es lo más parecido a vivir en primera persona una de las dos entregas de la saga Crank protagonizada por Jason Statham, y de hecho no sólo quedan ahí los paralelismos con el cine de los directores estadounidenses Mark Neveldine y Brian Taylor, ya que tanto el uso como leit motiv del tema Under my Skin de Cole Porter (desembocando su utilización en una peculiar escena musical) como la influencia del mundo del videojuego la emparenten con aquella desquiciada y verhoeveniana Gamer protagonizada por un brutal Gerard Butler y un carismático Michael C. Hall. Porque no eludamos lo evidente, Hardcore Henry es un FPS (First Person Shooter) hecho celuloide, un videojuego de disparos en primera persona (aunque la implicación del espectador con la película sería la de estar viendo a otra persona jugar una partida) que cumplirá los sueños húmedos de más jugadores de videoconsola que aficionados al séptimo arte, aunque es evidente que estos últimos también podrán disfrutar del proyecto debido a sus no pocos hallazgos visuales y estéticos que realmente son los únicos que pueden ofrecer algo verdaderamente remarcable en una producción como la que nos ocupa entregada en todo momento a los brazos de la vacuidad.




Aunque por motivos lógicos es más elaborado que el del videoclip que le sirve como base el argumento de la película de Ilya Naishuller podría escribirse en un post it. El largometraje está protagonizado por el Henry del título, un desconocido que despierta en un laboratorio donde un grupo de científicos comandados por Estelle (Haley Bennett), su mujer, le han implantado partes cibernéticas a su cuerpo sin tener él recuerdos de tales hechos o su vida pasada. Seguidamente un grupo de mafiosos rusos liderados por un misterioso personaje con poderes psíquicos llamado Akan (Danila Kozlovsky) secuestran a Estelle y persiguen a Henry a lo largo y ancho de toda Rusia recibiendo este la única ayuda de un peculiar personaje llamado Jimmy (Sharlto Copley) que le ayudará a vencer a los criminales que le dan caza y con ello rescatar a su esposa. Esta persecución en sesión continua en la que se ve implicado Henry es el único hilo narrativo que bascula la trama y como podemos ver a la media hora de metraje la misma se fagocita y autoconsume hasta entregarse a la reiteración y la redundancia, pero por suerte el guionista y director sabe dar un ritmo frenético a la propuesta por medio del uso y abuso de localizaciones o lo que es lo mismo, las distintas “fases del videojuego”, las secuencias de acción en cascada y la variedad en cuanto a los personajes que proporciona el rol del protagonista de Distrito 9 y sus “personalidades” que son lo mejor del reparto.




Hardcore Henry apela a la persecución continua, al tiroteo cada diez segundos, a las peleas a puño cerrado cada quince, todo es un desfile de pólvora, explosiones, sangre, ruido y furia que no contiene nada en su interior, pero que depositando en los hombros del enorme esfuerzo físico de su actor protagonista en primera persona y en unos efectos especiales que ayudan a potenciar exponencialmente todas y cada una de las secuencias de acción que la pantalla vomita sin dar tregua al espectador con una mezcolanza de thriller frenético, cinta de mafiosos, muestra de trasnochado cyberpunk y algunos toques de ciencia ficción pasada de rosca consigue mantener (casi) siempre el interés del que visiona. Ilya Naishuller y su co guionista Will Stewart saben que tienen poco o nada que contar y tratan por todos los medios llenar el encuadre de la mayor información visual posible para que la platea no se pare en reparar que no hay historia o, siendo algo benévolos, que la misma no tiene la solidez narrativa necesaria para pasar como un relato con inicio, nudo y desenlace en el sentido más ortodoxo de la palabra. Esta producción de 2015 prefiere, como previamente hemos anotado, parecerse más a un shooter descerebrado y sin miramientos que a un producto cinematográfico, y con esta afirmación no quiere el que esto suscribe desmerecer los elaborados guiones de no pocos arcades, aventuras gráficas o juegos de plataforma que en ocasiones tienen un timing y un desarrollo de personajes más elaborado que el de muchas de las producciones de Hollywood (ahí tenemos los productos diseñados por Hideo Kojima) pero sí que el film de Ilya Naishuller prefiere beber de los de más baja estofa relacionados con los FPS.




El mayor problema nace, como unos párrafos más arriba mencionábamos, en que la idea nace casi vieja y que cuando llevamos media hora de metraje la naturaleza comercialoide del proyecto que tomó como base un videoclip sin más peculiaridad que su punto de vista narrativo y visual se deja notar y su director, conociendo estas limitaciones impuestas por la conceptualidad y el género de su obra, sólo pueda entregarse al “más todavía” encadenando escenas dinámicas, desquiciadas, hipertróficas en las que el artificio y lo superfluo arrancan cualquier atisbo de lógica a la narración, algo que por otro lado un proyecto como Hardcore Henry no busca en absoluto, de hecho lo rechaza de plano. Pero es esa imposibilidad del largometraje de salir del microcosmos que él mismo ha creado el que lo convierte un ejercicio de (tosco) estilo en el que sólo tienen cabida la muerte (posiblemente estemos ante una de las cintas con más defunciones del cine reciente) y la destrucción más aparatosa. Finalmente y cuando parece que a Ilya Naishuller ya no le quedan más balas en el cargador se despide del metraje con un clímax final en el que una orgía de sangre, golpes, cuerpos mutilados, masacrados, volados por los aires y profanados físicamente de mil maneras saturan el encuadre de un horror vacui de caos, locura, insania y salvajismo formal y conceptual que no todo tipo de espectador soportará hasta su cierre, pero que también depara algunos momentos memorables por desfasados y cafres.




Para el que esto firma todavía es un misterio que un producto tan obscenamente comercial como Hardcore Henry que ha funcionado considerablemente en las taquillas de los países en los que se ha estrenado haya sido tan ninguneado en España, llegando aquí más de un año después de su estreno y sólo a tres insignificantes salas a lo largo y ancho de todo el país. Posiblemente sea debido a su personalidad cafre, deshinibida, políticamente incorrecta que se mueve entre el sano descaro y la probocación propia de un quinceañero imberbe, o puede que no, pero el film de Ilya Naishuller va a pasar totalmente desapercibido, para bien o para mal, en nuestra tierra. Lo cierto es que poco importa, este film ruso, esta oda al salvajismo impostado pero cortante ya es considerada una obra de culto, ese tipo de largometraje que apasiona a adolescentes que lo ven compulsivamente y (casi) siempre en compañía para disfrutar del desfile da balas, fuego, carne y sinsentidos puestos en fila india con un Sharlto Copley a modo de anfitrión que parece una mezcla entre el Mortadelo de Francisco Ibáñez y un sketch andante de Monty Python’s Flying Circus y que como obra cinematográfica ni siquiera es del todo original (productos relativamente recientes como Enter the Void, de Gaspar Noé o el remake de Maniac que han ideado Alexandre Aja, Gregory Levasseur y Franck Khalfoun hacían mejor uso del recurso de la narración primera persona) pero sí sabe ofrecer fruición a ritmo de chute lisérgico a todo aquel que, sin ser propenso a marearse con los brutales movimientos de cámara, la vea sin prejuicios y sabiendo a ciencia cierta desde su minuto uno que es una divertida y esquizofrénica estupidez.


sábado, 22 de octubre de 2016

Elle



Título Original Elle (2016)
Director Paul Verhoeven
Guión David Birke, basado en la novela de Philippe Djian
Reparto Isabelle Huppert, Laurent Lafitte, Anne Consigny, Charles Berling, Virginie Efira, Lucas Prisor, Christian Berkel, Alice Isaaz, Jonas Bloquet, Vimala Pons







Como es uno de mis directores favoritos y creo que es la primera vez que se reseña un estreno suyo como tal en Zona Negativa voy a hacer una pequeña introducción a la vida y milagros de Paul Verhoeven ya que La carrera del cineasta holandés es una de las más peculiares de Europa. Sus comienzos fueron en la televisión de su país con series de aventuras como Floris (en la que coincidió por primera vez con el que se convertiría en su actor fetiche, Rutger Hauer) para más tarde debutar en pantalla grande con Delicias Holandesas (1971), una comedia que se movía entre lo histriónico y lo naif para narrar el día a día de una casa de alterne localizada en el famoso Barrio Rojo de Amsterdan. Pero sería con su siguiente film, Delicias Turcas (1973), con el que comenzaría a labrarse fama de provocador, grosero y chabacano. Aquella revisión nihilista y sexualmente liberada de Love Story que narraba la relación de amor y desenfreno entre unos muy carnales Rutger Hauer y Monique Van De Ven puso a Verhoeven en el punto de mira de la opinión pública, algo que no desaparecería con su siguiente trabajo Katty Tippel (1975), con el mismo dúo de actores y abordando el director una vez más el tema de la prostitución pero localizando la trama a finales del siglo XIX. Eric: Oficial de la Reina (1977) llegó para atenuar la controversia que le perseguía ya que con esta epopeya bélica sobre la amistad, el honor y la traición llegó incluso a los Globos de Oro de aquel año con un gran éxito y una repercusión que por primera vez ponía en el panorama internacional su figura como profesional. Pero sus dos siguientes films Spetters (1980), rebautizada en España terriblemente como ¡Vivir a Tope!), y El Cuarto Hombre (1983) que abordaban con una dureza y explicitud más que notable la juventud holandesa de la época y la obsesión de un escritor homosexual (Jeroen Krabbé, otro de sus actores más recurrentes) con una atractiva “viuda negra” respectivamente terminaron por bombardear la carrera cinematográfica del holandés que se vio en la condición de tener que exiliarse de su país para seguir haciendo cine.




Por aquel entonces nuestro protagonista decidió probar suerte rodando fuera de su país y se embarcó en el proyecto de Los Señores del Acero (Flesh + Blood) (1985) una cinta medieval sucia y bastarda que no escatimaba secuencias truculentas y explícitas para narrar la historia de un grupo de mercenarios que buscaban venganza contra el señor feudal que les había contratado y que a última hora los traicionó. Protagonizada por un Rutger Hauer muy crecido en su ego que ya había rodado en Hollywood productos como Blade Runner y una jovencísima Jennifer Jason Leigh el film supuso una de las peores experiencias del holandés como director debido a la gran cantidad de productores (el film era una producción entre Holanda, España y Estados Unidos) que le presionaron durante el proceso de realización, pero también se reveló como una de las películas que con más fidelidad ha llevado la edad media al séptimo arte, con toda su miseria, podredumbre y visceralidad. De manera todavía indescifrable algún productor de la ya extinta Orion Pictures vio Los Señores del Acero y pensó que este holandés loco sería la elección perfecta para llevar a imágenes un guión escrito por unos desconocidos Ed Neumeier y Michael Miner llamado Robocop. Verhoeven leyó menos de la mitad del guión y lo tiró a la basura, pero su mujer Martine lo recuperó y después de leerlo en su integridad le dijo a su esposo que mirara más allá del género de acción al que se adscribía la historia y vería un trasfondo mucho más interesante de lo que parecía. Finalmente Verheoven terminó el libreto, aceptó el trabajo y el resto es historia.




Robocop (1987), que contenía debajo de su “mitad hombre, mitad máquina… todo policía” una sátira abrasadora sobre la sociedad americana con sus ataques preventivos, capitalismo voraz y consumismo desenfrenado, fue un enorme éxito y a parte de dar pie a una descomunal franquicia en la que cabían secuelas, series de tv, remakes, figuras coleccionables o cómics convirtió a Paul Verhoeven en uno de los directores punteros de Hollywood. La visión distópica de un futuro no muy lejano, la violencia explícita hasta límites obscenos y su control de los resortes narrativos de la ciencia ficción fueron los motivos que incitaron a Arnold Schwarzenegger a pedir a los productores Mario Kassar y Andrew G. Vajna que eligieran a Verhoeven para que dirigiera la adaptación de un relato corto de Philip K. Dick que estaban gestando y que se convirtió en Desafio Total (1990), otro éxito que conseguía trascender de las cintas habituales protagonizadas por el ex gobernador de California para convertirse en una muestra de espionaje intergaláctico brutal y terriblemente divertida. Verhoeven seguía en la cresta de la ola y Kassar y Vajna confiaron en él para llevar a imágenes el que durante mucho tiempo fue el guión más caro de la historia de Hollywood, el de Instinto Básico (1992), escrito por Joe Eszterhas. Una vez más la polémica y el éxito se aunaron para encumbrar al director. Michael Douglas dando vida a un policía autodestructivo, Sharon Stone convirtiéndose en el sueño húmedo de hombres y mujeres de todo el mundo a golpe de cruce de piernas y el mismo Verhoeven resucitaron el thriller erótico y dieron forma a una de las superproducciones más icónicas y taquilleras de los 90.




Después del estreno de Instinto Básico el equipo de productores, guionista y director decidieron volver a trabajar juntos en un salto mortal sin red, crear una película NC-17 (la antigua X que prohibe en las salas americanas el acceso a menores de edad) que no tuviera miedo de su calificación por edades, llegando incluso a celebrarla por medio de desnudos y sexo sin tapujos, el sueño dorado de Verhoeven. Como muchos sabrán estamos hablando de Showgirls (1995), esa versión hardcore de Eva al Desnudo protagonizada por una imposible Elizabeth Berkley (que por otro lado dio todo y más para su papel) acompañada por Gina Gherson y Kyle McLachlan que hacía un retrato grueso, zafio y muy ácido de el mundo de las bailarinas eróticas de Las Vegas. El film fue un fracaso en taquilla y la crítica la hizo pedazos, pero cuando se editó con un descomunal éxito en el antiguo formato VHS comenzó un culto hacia ella que llega hasta nuestros días. Para algunos la peor película de los 90, para otros una obra con mucho más trasfondo del que parece (cuando no es lo uno ni lo otro) lo único que sabemos con certeza es que Showgirls supuso el principio del fin de le etapa americana de un Verhoeven que haciendo un alarde de gran sentido del humor fue a recoger su Razzie al peor director, uno de los siete que ganó el film en su año de estreno. Tras ella la suerte abandonó al holandés, ya que su soberbia adaptación satírica y crítica de la novela Starship Troopers (1997) de Robert A. Heinlein que abrazaba el antimilitarismo y el antimperialismo más lacerante fue recibida como una obra que incomprendida tildada de fascista y glorificadora de la guerra. Tres años después el escaso éxito de su fallida visión de la historia del hombre invisible con El Hombre Sin Sombra (The Hollow Man) (2000) puso el último clavo en el ataud de la carrera estadounidense de verhoeven. El holandés errante volvía a casa.




Después de su salida por la puerta de atrás de Hollywood Verhoeven tardó seis años en ponerse de nuevo detrás de las cámaras. Lo hizo en su país natal y como era de esperar en él con un producto incómodo, 100% hijo de su impronta y abordando un tema complicado como fue el del colaboracionismo de algunos de sus paisanos holandeses con los nazis durante la segunda guerra mundial. El Libro Negro (2006) aunaba todas las virtudes y señas de identidad de su etapa holandesa pero inyectando el sentido del espectáculo y el ritmo propio de su periplo estadounidense convirtiendo esta historia de una matahari holandesa interpretada por una superlativa Carice Van Houten (la famosa Melissandre de Juego de Tronos) en una de sus mejores obras, una genialidad que le mostraba en plena forma y con ganas de volver a hacer cine provocador e inteligentemente malicioso. Tras el fracaso que supuso ese extraño proyecto televisivo llamado Steekspel (2012), una tv movie a modo de mediometraje impulsada por él y realizada en cualquiera de sus apartados por toda aquella persona que quiso implicarse en el proyecto dando forma a un enorme caos, acabamos este paseo por la trayectoria de Paul Verhoeven para llegar a la actualidad y a su último film. Elle supone el primer largometraje en francés del holandés y está protagonizado por Isabelle Huppert entre otros actores originarios del país vecino. Desde su estreno en el pasado festival de Cannes ha sido alabada por la crítica y hace unas semanas llegó a la carteleras españolas con un considerable éxito de taquilla si tenemos en cuenta el reducido número de salas en la que se ha estrenado. Considerada la mejor película de Verhoeven en años un servidor no puede adscribirse al 100% a esta vertiente de pensamiento, pero es ineludible que hablamos de una magnífica cinta con la que el director nacido en Amsterdan vuelve en pleno uso de sus facultades cinematográficas y con sus inquietudes autorales de siempre, aunque con matices.




Basada en la novela “Oh…” del escritor francés de origen armenio Philippe Djian Elle es extrapolada al cine por parte de Paul Verhoeven como un proyecto con el que juega a placer con la perversión de géneros. Por un lado es como si el film pareciera una especie de versión enfermiza de los típicos largometrajes sobre burgueses franceses que la misma Isabelle Huppert protagonizaba para cineastas como el fallecido Claude Chabrol, algo parecido a lo que el austriaco Michael Haneke hizo también con ella en la memorable La Pianista, pero sin que Verhoeven se entregue a la superioridad intelectual con respecto al espectador propia del director de Funny Games. Por otro Elle podría abordarse como una deconstrucción minuciosa de los preceptos narrativos que cimentaron el subgénero rape and revenge si tenemos en cuenta la manera tan peculiar con la que el cineasta holandés y su guionista David Birke (inexplicáblemente habitual de las tv movies americanas y de estrenos directos para los videoclubs) abordan un tema como el de los abusos sexuales y la reacción ante los mismos del personaje principal. Elle sigue los pasos de Michéle (Isabelle Huppert) una empresaria del mundo de los videojuegos que es asaltada y violada en su propia casa por un desconocido encapuchado. Contrariamente a lo que pudiera parecer la mujer no se enfrenta a las secuelas de dicha situación con miedo o resignación, sino que trata de seguir adelante con su vida de una manera normal y sin permitir que el acto violento del que ha sido víctima trascienda demasiado, sobre todo si tenemos en cuenta que cuando era niña fue cómplice de los asesinatos de su padre, un homicida múltiple que a sus más de 70 años de edad sigue cumpliendo condena en la cárcel, pero sí manteniendo en su mente una sola idea, encontrar al violador, que parece ser una persona cercana a su entorno familiar o profesional.




Esta visión mórbida que ofrece Elle permite a Verhoeven incidir en muchos de los temas más recurrentes de su filmografía. La fragilidad del cuerpo humano, la entrega del individuo a sus pulsiones sexuales, la falsa pátina de moralidad en la que se escuda la sociedad occidental, el fanatismo religioso o el nihilismo cortante y seco se dan la mano en esta producción para que el sello de su autor esté en todo momento presente, sobre todo si tenemos en cuenta ese tono de sutil comedia negra que sobrevuela todo el metraje y con el que el holandés desafía al espectador con respecto a hacerle reír con situaciones que en la realidad tendrían poca gracia. Contrariamente a lo que pudiera parecer y sin un proceso gradual en su discurso como si lo experimentara el canadiense David Cronenberg cuando tomó sus preceptos sobre la Nueva Carne y los llevó a un plano psicológico poco a poco en su filmografía con su último film Verhoeven ofrece una vertiente más intelectual, contenida y elegante de sus ideario. El holandés quiere afrontar sus constantes autorales con menos explicitud y grafismo, apelando a la psicología de su personaje protagonista y las reminiscencias freudianas que su manera de afrontar la sexualidad transmiten a la platea con respecto a la represión de la misma o su vertiente sadomasoquista y en ese sentido el proyecto se hace grande, Elle es un perfecto retrato de lo poliédrica que puede ser la mente humana y los recovecos ocultos que la cimentan. El problema es que parece que el director de El Cuarto Hombre parece demasiado atado en corto, evidentemente conociendo el país de producción y su implicación en el proyecto podemos afirmar que esta decisión ha sido tomada de manera voluntaria, pero el que suscribe echa de menos en el largometraje el trazo más grueso y provocador de su creador, el tono más visceral del que Elle carece en favor de una visión más intimista que en ocasiones parace estar a punto de explotar en una enorme escena catárquica al más puro estilo Verhoeven que nunca llega.




Dicha inclinación por la contención en detrimento de su tendencia habitual, desde sus inicios una de sus señas de identidad más características, por la explicitud y la escena impactante no evita que Paul Verhoeven inyecte en Elle su habitual veneno como narrador de historias. Verhoeven utiliza la escena de la agresión sexual de Michéle como un efecto big bang que afectará al pasado y futuro del personaje protagonista y por efecto dominó al de sus familiares y allegados. El director de Eric: Oficial de la Reina utiliza esté catalizador narrativo no sólo para retratar al personaje de Isabelle Huppert y su compleja psicología sino también para ofrecer un fresco desalentador de los burgueses con los que esta se codea en su vida privada y laboral. Verhoeven puebla su fin de adúlteros, pervertidos sexuales, fanáticos religiosos, seres reprimidos, hombres sin personalidad devorados por su vida marital (en distintas vertientes) y añade pinceladas interesantes a este microcosmos con esa empresa que diseño de videojuegos al más puro estilo hentai (imposible no pensar en el anime erótico y de terror Urotsukidôji) ese rol de voyeur que toma el gato cuando asiste impávido y distante a la agresión de su dueña (el felino como representación de la frialdad de Michéle como mujer) o esos múltiples encuentros sexuales en los que se ve implicado el ya mencionado personaje de Isabelle Huppert. Con este caldo de cultivo Verhoeven no deja títere con cabeza y se despacha a gusto con un grupo de personajes tan deleznables, retorcidos o estúpidos poniéndonos en la tesitura de empatizar sólo con su protagonista, que no es precisamente una persona digna de elogio o devoción y cuyo psicoanálisis daría facilmente para una tesis completa dedicada a su persona.




Por suerte Paul Verhoeven cuenta en Elle con la total complicidad de una actriz brillante como la francesa Isabelle Huppert que se deja llevar por el instinto del holandés para abordar uno de los mejores personajes de su carrera. Como previamente hemos mencionado su rol de Michéle podría parecer una más de esas gélidas burguesas parisinas a las que lleva años dando vida, pero es la mirada inquietante, maliciosa y malsana del director de Starship Troopers la que da una nueva y malitencionada visión a dicho rol arquetípico. La protagonista de Gabrielle o Borrachera de Poder sigue el juego a su director y por medio de una contención intachable y una mirada tan distante como abrasadora cuando su sexualidad toma el control de su cuerpo interpreta a una más de esas mujeres verhoevenianas independientes, sexualmente liberadas, hechas a sí mismas, con algo de femme fatales cuyo poder sobre los hombres convierte a estos en meras comparsas, títeres que bailan al son que ellas marcan. Michéle es una mujer rodeada de virilidad tanto en su trabajo como en su casa y mantiene un ferreo control de todo lo relacionado con su vida de manera tan minuciosa que en ocasiones el espectador la percibe como un ser deshumanizado. Gracias al guión de David Birke y la impronta de Verhoeven la actriz se entrega a la ambigüedad, esa misma que no da un origen exacto a su personalidad inquietante y retorcida sin dejarnos claro si aquellos hechos criminales en los que padre la involucró son los que la convirtieron en un ser casi perverso incapaz de empatizar emocionalmente con nadie si no es por medio de la amenaza y la agresión física o si desde su mismo nacimiento llevaba consigo esa pátina masoquista y sádica.




Más cerca de las obsesiones sexuales de El Cuarto Hombre que del artificio de género de Instinto Básico y con uno ojo puesto en Luis Buñuel y el otro en Alfred Hitchocock Paul Verhoeven ejecuta una magnífica pieza cinematográfica con Elle, un producto 100% de su cosecha y efectivo en todos sus apartados. Pero un servidor no ve en ella la maravilla que la prensa especializada y gran parte del público afirma que es, me falta la carnalidad propia de su discurso autoral (el sexo en Elle es aséptico, casi pudoroso, hasta cuando la violencia converge con él, algo impensable en Verhoeven) o su toque de loco desenfrenado que no teme pasarse de la raya porque es capaz de miccionar encima de la misma. Hasta su obra inmediatamente anterior en pantalla grande, la soberbia y ya citada El Libro Negro, recurría a esa obscenidad formal (la sexualidad epidérmica, la violencia de las escenas bélicas, ese baño de mierda en el clímax final) que siempre ha sido su seña de identidad y que no debería perder en favor de cierto aire acomodaticio del que su última pieza hace gala en ocasiones. Aunque lo cierto es que poco más se le puede reprochar a un proyecto tan interesante y atrevido como Elle, repleto de mala baba y humor surrealista (lo del nieto negro, el personaje de la madre en el hospital, todo lo relacionado con la nuera) un film que con mucha osadía Francia ha seleccionada para representar a su cinematografía en la próxima gala de los Oscars. Que suceda es casi imposible, pero sería interesante ver a Paul Verhoeven recoger el premio americano más importante relacionado con el séptimo arte sabiendo que en su etapa americano no hizo otra cosa que volar por los aires la estructura de las producciones de Hollywood inyectándole su insidia europea para reírse de sus constantes narrativas, genéricas y por extensión de la misma sociedad estadounidense a la que nunca se tomó muy en serio. Verhoeven ha vuelto y esperemos que el buen recibimiento de un producto como Elle sirva para que no tarde en volver a ponerse detrás de una cámara para mostrarnos una vez más las inexcrutables debilidades de la carne humana.


lunes, 17 de octubre de 2016

El Hogar de Miss Peregrine Para Niños Peculiares



Título Original Miss Peregrine's Home for Peculiar Children (2016)
Director Tim Burton
Guión Jane Goldman, basado en la novela de Ransom Riggs
Reparto Asa Butterfield, Eva Green, Samuel L. Jackson, Terence Stamp, Judi Dench, Ella Purnell, Allison Janney, Rupert Everett, Kim Dickens, Chris O’Dowd, Finlay MacMillan, Milo Parker, Cameron Greco, O-Lan Jones, Justin Davies, Bomber Hurley-Smith, George Vricos, Andrew Fibkins, Bryson Powers, Jack Fibkins, Hayden Keeler-Stone, Lauren McCrostie




A pocos espectadores se les escapará el hecho de que Tim Burton no está en su mejor momento como cineasta. Desde que decidiera tomar la errática idea de realizar el remake de El Planeta de los Simios en 2001 el autor de Eduardo Manostijeras alternó enormes películas como Big Fish, Sweeney Todd o Frankenweenie con productos que denotaban un considerable desgaste de su talento y una alarmante entrega a la autocomplacencia que nos regaló piezas descafeinadas como Charlie y la Fábrica de Chocolate, Alicia en el País de las Marvillas o Sombras Tenebrosas. Sólo dos años después del estreno de Big Eyes, su biopic de la pintora Margaret Keane que pasó sin pena ni gloria por carteleras de todo el mundo, llega a nuestras pantallas su último proyecto como director (en labores de productor este año también ha estrenado la rudimentaria Alicia A Través del Espejo, secuela de su visión de la obra literaria más célebre del escritor Lewis Carroll para Disney) El Hogar de Miss Peregrine Para Niños Peculiares, adaptación cinematográfica de la novela homónima del escritor norteamericano Ransom Riggs editada en 2011 y que supone la primera entrega de una saga literaria que ya consta de tres entregas, la que toma como base el film que nos ocupa y las posteriores Hollow City y Library of Souls, publicadas en los años 2014 y 2015 respectivamente, todas ellas con un más que notable éxito de ventas. Con esta última incursión en el campo del largometraje Tim Burton consigue en gran parte volver a entregar una muestra reconocible, por méritos propios, como una de sus criaturas y con los suficientes alicientes para considerarla uno de sus largometrajes más competentes de los últimos tiempos, sin bordear en ningún momento la excelencia, pero sí regalando a los espectadores un proyecto que por suerte elude en cierta manera el tono más acomodaticio que exhalaba la mayor parte de la última etapa de su filmografía.




El Hogar de Miss Peregrine Para Niños Peculiares sigue los pasos de Jake (Asa Butterfield) un adolescente que vive con sus padres en Florida y que tras ver morir de manera misteriosa a su abuelo (Terence Stamp) a manos de un monstruo gigantesco cree que dicho acto criminal tiene que ver con las historias que este le contaba sobre un orfanato, localizado en Gales, en el que habitaban niños con dones sobrenaturales llamados “peculiares” en el que supuestamente vivió durante la segunda guerra mundial y que estaba dirigido por Miss Peregrine (Eva Green), una Ymbryne (mujer con la capacidad de convertirse en pájaro y controlar el tiempo). La Doctora Golan (Allison Janney), la psiquiatra que trata a Jake después de este hecho traumático, recomienda a este que viaje a Gales para cerciorarse de que Miss Peregrine y su “hogar para niños peculiares” no existen y sólo son parte de la influencia de la imaginación de su abuelo en su propia mente. Una vez en Gales, país al que viaja con su padre (Chris O’Dowd), Jake localiza el orfanato, pero este se encuentra derruido desde que los nazis lo bombardearan el 3 de Septiembre de 1940. Finalmente nuestro protagonista descubrirá que el orfanato de Miss Peregrine existe, pero sólo en un bucle temporal creado por ella para mantener a los niños a salvo de los “Huecos”, unos monstruos que se alimentan de ojos de Peculiares y que están comandados por el siniestro Barron (Samuel L. Jackson) cuya único misión es encontrar a Miss Peregrine y sus pupilos.




Lo que más llama la atención de un producto como El Hogar de Miss Peregrine Para Niños Peculiares desde su mismo arranque es lo poco “burtoniana” que es en un sentido estilístico, al menos en su primer tercio. Esto que pudiera parecer una cualidad negativa para el largometraje se revela como todo lo contrario, ya que el mismo denota las ganas por parte del cineasta de no entregarse a lo que anteriormente mencionábamos, un diseño de producción que por su barroquismo sea identificativo con su creador mientras este se sienta en la silla de director y deja la historia pasar sin implicarse con la misma. Contrariamente a lo que pudiera parecer es el mismo Tim Burton el que coge una pieza genérica que no parece salida de su mano y por medio de los hechos que tienen lugar en pantalla y la presentación y desarrollo de personajes la convierte en una más de sus criaturas, imprimiendo su sello por medio de la narración, no de una estética que aunque sea indivisible a su impronta autoral hace tiempo que dejó de ser un arma infalible dentro de sus recursos como contador de historias. Por suerte su última incursión detrás de las cámaras denota renovadas ganas por volver a mimetizarse adecuadamente con sus films y con ello ejecutar piezas menos acomodaticias con las que recuperar el favor de un público que nunca le ha dado la espalda, pero que ya no recibe sus obras como si de un acontecimiento único se tratase por culpa de su autocomplacencia.




Una vez el relato toma forma y ya en Gales Jake encuentra a Miss Pregrine y sus niños peculiares Tim Burton despliega toda su imaginería visual y narrativa para darnos a conocer este pequeño microcosmos que ha trasladado de las páginas del libro de Ransom Riggs con la ayuda de la excelente guionista británica Jane Goldman habitual colaboradora del cineasta Matthew Vaughn y experta en trasladar obras literarias (La Mujer de Negro) y del arte secuencial (X-Men: Primera Generación, Kick-Ass, Stardust, Kingsman: Servicio Secreto) al celuloide y que aquí muestra un especial talento para dar solidez a una historia que sólo flaquea relativamente en su media hora final tanto por su labor con el guión como por la de Burton en la realización. Cuando la excelente y carismática Miss Peregrine de Eva Green entra en escena y nos presenta a sus alumnos el último film del director de Sleepy Hollow o Mars Attacks! se convierte en una certera mezcla entre las sagas de X-Men y Harry Potter, mostrando un pequeño mundo de fantasía en el que acabaremos enamorándonos de no pocos de los personajes que lo pueblan. Burton y su equipo técnico se dedican considerablemente no sólo a que los inusuales dones de los niños peculiares que dan título al film sean llamativos en pantalla, sino también a que sus sencillas personalidades causen simpatía en un espectador entregado a la causa.




Todo el discurrir de la trama es eficiente, los personajes se antojan cercanos y los secundarios puramente burtonianos se hacen con la velada. Podemos ver en esta isla anclada en el tiempo al autor de Eduardo Manostijeras (esos arbustos con formas de animales) al de Ed Wood (el proyector de sueños de Horace) o Big Fish (la relación entre Jake y Emma) y como previamente hemos apuntado la cabeza pensante detrás del proyecto trata de no ser un objeto pasivo en el set de rodaje imprimiendo su sello más allá del apartado visual. Pero por desgracia no todo son buenas noticias con El Hogar de Miss Peregrine Para Niños Peculiares y algunas máculas, no muy graves, debemos mencionar para hacer honor a la verdad. Como ya hemos afirmado, Burton y Goldman pierden el control de la máquina en la recta final, ya que cuando comienza la “misión rescate” los acontecimientos empiezan a sucederse de manera algo forzosa y la justificación de varios de los actos que los personajes llevan a cabo en esta parte del metraje en no pocas ocasiones se antojan peregrinos o poco convincentes. Por otro lado este caos recibe también cierta sobredosis de CGI que hasta ese momento se había dosificado de buena manera en la película y ahí es donde se hacen patentes las carencias de dichos efectos digitales sobre todo en lo que respecta a los Huecos y su más bien pobre diseño. Como criaturas peligrosas y deshumanizadas funcionan a la hora de tomar el rol de amenazas, pero por desgracia no hay un sólo momento en el que los veamos en pantalla y no seamos conscientes de que lo que estamos observando son una creación hecha de pixeles y esto resta algo de fisicidad al conjunto de la obra.




En una época en la que su carrera como cineasta no está viviendo su mejor momento es agradable encontrar en la filmografía de Tim Burton una obra como El Hogar de Miss Peregrine Para Niños Peculiares con la que el creador de Pesadilla Antes de Navidad o Batman Vuelve recupera parte de su añorado punch. Su último trabajo detrás de las cámaras es una pieza agradable, hecha para satisfacer a distinto tipo de espectadores (sin importar su edad) que destila elegancia y cariño por sus personajes y en la que deslumbra su apartado técnico, el diseño de producción, un reparto muy ajustado comandado por un Eva Green ya totalmente asentada en el universo Burton y del que sólo podemos quejarnos en cuanto a lo poco aprovechado que está Barron, un villano bastante pobre que sólo el carisma sin fin de Samuel L. Jackson salva de la quema. Con un proyecto que en principio no parece salido de su ideario (hasta Danny Elfman está ausente en la banda sonora) Tim Burton recupera gran parte de nuestro interés dejando un buen sabor de boca y recordándonos con algunos pasajes memorables (el primer reinicio del día, el viaje de Jake y Emma al interior del barco abandonado) el gran “cuentacuentos” que fue en años pretéritos y que puede volver a ser si no se entrega a la dejadez. El único problema de esta último film es que su naturaleza como obra inicial de una posible futura saga cinematográfica podría confirmar lo que Alicia a Través del Espejo nos hizo sospechar, la posibilidad de que Burton comience centrarse en su labor de productor y deje de ponerse detrás de las cámaras, algo que esperemos no suceda hasta que se le agoten las fuerzas, independientemente del resultado de su últimos films el mundo del cine sin Tim Burton no sería el mismo.