lunes, 5 de abril de 2010

El Amante, wasting love


Título Original: L'Amant (1992)
Director: Jean Jacques Annaud
Guión: Gérard Brach y Jean Jacques Annaud basado en la novela de Marguerite Duras
Actores: Jane March, Tony Leung Ka Fai, Frédérique Meininger, Arnaud Giovaninetti, Melvil Poupaud, Lisa Faulkner


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En 1992, 4 años después de aquella durísima y bella obra titulada El Oso, el director francés Jean Jacques Annaud, que ya se había hecho un nombre internacional gracias a la soberbia adaptación que había realizado de En el Nombre de la Rosa, la complicada novela del italiano Umberto Eco, llevó a imágenes el controvertido libro El Amante, de la escritora francesa nacida en las proximidades de Saigón, Marguerite Duras.




El Amante es una cinta a la que en conjunto se le puede reprochar muy poco. Dirigida con elegancia, escrita con gusto y profundidad, bien ambientada, detallista en su puesta en escena y moderadamente sensual a la hora de poner secuencias de sexo en pantalla. Pero el film no sólo se me hace tremendamente aburrido y monótono, es que el personaje de una guapa Jane March de rostro aniñado, me repele muchísimo por su carácter infantil, de una puerilidad insoportable.




La historia se supone autobiográfica por parte de la escritora, lo que da muestra de cuán imbécil podía ser en su adolescencia esta señora. La joven francesa se encoña con un diplomático chino que queda profundamente enamorado por su carnalidad y aparente inocencia. Aquí da comienzo una historia pasional en la que él lo entrega todo y ella, como niña malcriada que es, sólo ve un divertimento erótico festivo entre el entretenimiento y la prostitución, por mucho que la voz en off quiera dar un peso y madurez al personaje principal que nunca llega a ser creíble.




Más grave aún, en la escena de la desfloración de la joven, rodada con delicadeza y mucho tacto por Annaud, ella parece no dar importancia alguna a tal acto, que en la vida real si es llevado a cabo en el momento adecuado y con la persona idónea puede llegar a ser un momento de éxtasis, más existencial que sexual, del todo inolvidable. Aunque una vez más la voz en off de una gran Jean Moreau trata de dar una visión más profunda a la experiencia, el condescendiente rostro de Jane March da al traste con este intento de mostrar algo de hondura por parte de su personaje ante tal hecho.




Curiosamente la que me parece el mejor tramo del film es la de la cena con la familia de la protagonista, seguida del baile en el salón y que se cierra con la seca y cruda escena coital que la complementa, en la que una vez más se acentúa no sólo el carácter de niñata de la protagonista, sino también sus nulo entendimiento de lo que es una verdadera relación sentimental entre dos personas de distinto sexo.




El Amante es un film irreprochable, que cumple su cometido a pesar de su tedioso desarrollo, pero a mí me ha dejado totalmente indiferente por la nula complicidad que siento hacia su protagonista. En la historia se nos trata de justificar que la joven protagonista (la misma Duras) no supo ver el verdadero amor cuando lo tuvo delante por su inexperiencia y juventud, yo opino que es cierto que no lo vio, pero por otro motivo, porque era un estúpida de campeonato, ¿ lo era por vivir en la pobreza, por encontrarse en un país sumergido en una situación política y social del todo convulsa, por no haber conocido a otro hombre que no fuera el diplomático chino? puede que sí, pero lo era y mucho.



jueves, 1 de abril de 2010

X-Men


Título Original: X-Men (2000)
Director: Bryan Singer
Guión: David Hayter, Tom de Santo y Bryan Singer
Actores: Hugh Jackman, Patrick Stewart, Ian McKellen, Anna Paquin, Halle Berry, Famke Janssen, Bruce Davison, James Marsden, Rebecca Romijn-Stamos, Ray Park


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Al igual que a finales de los 70 con Superman de Richard Donner o en las postrimerías de los 80 con el Batman de Tim Burton, X-Men supuso un punto de inflexión dentro del cine que adaptaba personajes de cómics y en más concreto superhéroes. Por primera vez se realizaba una película de enmascarados con un adulto tono de seriedad y algunas interesantes implicaciones sociales que ya existían en el cómic y que inteligentemente los productores decidieron plasmar en la pantalla.




Bryan Singer, que venía de rodar dos excelentes films como Sospechosos Habituales y Verano de Corrupción fue asignado director para conseguir que la franquicia mutante levantase el vuelo. El realizador de Public Access (su poco conocida ópera prima) demostró, al igual que gente como Sam Raimi o Christopher Nolan, que era capaz de moverse con soltura dentro de una superproducción a pesar de haberse forjado como realizador en un cine hasta cierto punto independiente.




Desde la primera escena, que narra el el primer síntoma como mutante de Erik Lehnsherr alias Magneto, en un campo de concentración nazi durante la segunda guerra mundial, la posiblemente mejor escena de la saga y la más perfectamente rodada por Singer en toda su filmografía, los guionistas y el director nos dejan claro que la visión que van a dar sobre los personajes creados por Stan Lee y Jack Kirby va a ser madura, seria y nada complaciente con respecto al tipo de cine sobre tíos en mallas que se había realizado en los 90.




Esa misma escena que abre el film ya da un matiz social al conjunto emparentando la lucha de Magneto contra los humanos con el desproporcionado uso de la violencia institucionalizada que hacen los judíos en Oriente Medio desde que tras la injusta persecución que sufrieron por el ejército de Hitler parecen tener carta blanca para actuar libremente a espaldas de las Naciones Unidas. También el recelo que los seres humanos tienen en el film hacia los mutantes sirve como lectura sobre la futilidad de la intolerancia, los prejuicios y el racismo.




Otro acierto del producto es el casting. Unos más y otros menos pero todos los actores se adecúan a sus roles ficticios con bastante soltura. Destacando como es lógico un por aquel entonces desconocido actor australiano llamado Hugh Jackman que bordó el personaje de Lobezno/Logan habiéndolo recibido de rebote cuando Dougray Scott lo rechazó para participar en Misión Imposible 2 la taquillera e inintencionada comedia de John Woo. Patrick Stewart genial como Charles Xavier el tutor y guía de los X-Men y su compatriota Ian McKellen, que realizó un memorable Magneto a pesar de tener una imagen totalmente distinta a la que poseía el personaje en las viñetas.




A todo esto hay que sumarle las inevitables y necesarias escenas de combates, batallas, espectaculares efectos digitales para la época (que también han envejecido muy dignamente) y aventuras típicas de cualquier blockbuster que se precie de serlo. Porque la mayor virtud de esta X-Men y sus dos secuelas siempre ha sido aunar un cierto grado de calidad cinematográfica con espectáculo pirotécnico de primer nivel, a ello puede que ayudara la participación de Richard Donner, gran artesano donde los haya, como productor en esta primera entrega.




X-Men marcó estilo, incluso en un no muy común ejercicio de retroalimentación, que se da en muy pocos casos, su estética (los trajes oscuros de los personajes, la escuela de talentos llena de alumnos como un verdadero colegio), influyó en cómics posteriores de los Hijos del Átomo, como se puede ver en esos atípicos pero geniales Nuevos X-Men del escocés Grant Morrison. La cinta de Singer es una pieza clave para entender la evolución del cine basado en cómics a principios del SXXI, abriendo una senda de madurez para el género que luego seguirían de una manera u otra obras como Spiderman, Watchmen o El Caballero Oscuro.



miércoles, 31 de marzo de 2010

Melinda & Melinda, la vida como tragicomedia


Título Original: Melinda & Melinda (2004)
Director: Woody Allen
Guión: Woody Allen
Actores: Radha Mitchell, Will Ferrell, Amanda Peet, Chloë Sevigny, Wallace Shawn, Zak Orth, Gene Saks, Brooke Smith, Vinessa Shaw, Jonny Lee Miller




En Melinda & Melinda, Woody Allen quiso hablar, desde un punto de vista existencial, de las diferencias y similitudes que hay entre tener una visión humorística o trágica sobre los mismos hechos. Con tal excusa argumental el director de Sombras y Niebla da su visión sobre la comedia y el drama dentro del medio cinematográfico, incluso llegando a mezclar ambos géneros con el fin de no llegar a distinguirlos, pero el resultado no es, al menos para mí, del todo satisfactorio, por distintos motivos que dañan duramente el cojunto del film.




En la cinta que nos ocupa Allen acomete inteligentemente la tarea de entrelazar y alternar las dos historias que narra, no poniéndolas en escena como dos relatos independientes, uno detrás del otro, dándole a su guión una interesante estructura. Pero el problema nace por el hecho de que ambos géneros están mostrados a medio gas, ni la parte dramática es tan sólida como Match Point, Interiores o September, ni la cómica es tan consistente como Desmontando a Harry o Acordes y Desacuerdos.




Uno de los principales motivos para que Melinda & Melinda no funcione como debiera es que la actriz australiana Radha Mitchel no da la talla en su doble papel. En el segmento cómico se mueve con soltura, resulta agradable y atractiva. Pero a la hora de interpretar a la Melinda dramática, a la neorótica, insegura y trágica, falla estrepitosamente por realizar un trabajo que deja mucho que desear por exagerado y unidimensional, en resumidas cuentas, le viene grande un personaje que en otra época, Diane Keaton hubiera bordado.




Pero no echaré toda la culpa a la protagonista de Silent Hill. Allen está irreconocible con los díalogos. Los dramáticos no poseen apenas hondura ni verdadera reflexión y los cómicos carecen casi por completo de esa chispa e ingenio que son marca de la casa, salvando minimamente los de un simpático Will Ferrel menos exagerado de lo normal, pero en ocasiones cargante a pesar de tomar él con bastante dignidad el relevo del Allen actor.




Es raro que una cinta de Allen no me convenza del todo, pero la obra que nos ocupa por desgracia es uno de esos casos. No veo esa obra maestra sobre las paradojas de la vida que dicen los entendidos en cine intelectual y filosofía. Para mí esta cinta es una obra menor de Allen que pudo dar mucho más de sí, entretenida, pero poco más. Melinda & Melinda se me antoja un proyecto fallido, no sé si porque su autor quiso abarcar más de lo que pudo o porque el problema es mío, que es muy probable.


martes, 30 de marzo de 2010

Carnivàle, el largo y tortuoso camino hacia Nueva Canaán



"Antes del principio, después de la guerra entre El Cielo y El Infierno. Dios creó la Tierra y dio dominio sobre ella al habilidoso mono que llamó Hombre, y en cada generación nació una criatura de luz y una de oscuridad. Y grandes ejércitos se enfrentaron de noche en la antigua guerra entre El Bien y El Mal. La magia existía entonces, y la crueldad inimaginable. Así fue hasta el día en el que un falso Sol explotó sobre la Trinidad y el hombre cambió, para siempre, la maravilla por la razón"

Samson




En el año 2003 la prestigiosa e imprescindible cadena de televisión por cable americana HBO estrenó una ambiciosa serie ideada por el guionista Daniel Knauf sobre una feria ambulante llena de personajes pintorescos situada en la época de la depresión americana y en cuyo interior palpitaba una nueva visión de la ancestral lucha entre el bien y el mal. Los caros costes de producción dieron pie a que la serie fuera cancelada en su segunda temporada, acabando con su andadura, pero convirtiéndola en una obra de culto.




Al igual que muchos productos salidos de la HBO (The Wire, por poner un ejemplo) y debido principalmente a su complejidad, Carnivàle es una serie que no engancha a la primera. Desde el primer episodio somos conscientes de que es un producto de una indudable y notoria calidad, con una puesta en escena totalmente cinematográfica, pero hasta que no se asienta la personalidad del Hermano Justin, la serie no despliega totalmente su interminable gama de posibilidades narrativas y visuales.




Carnivàle tiene dos referentes claros, uno cinematográfico y el otro catódico. El primero es sin lugar a dudas el célebre clásico La Parada de los Monstruos (Freaks), del director americano Tod Browning. El segundo, bastante notorio también, es la serie Twin Peaks creada por David Lynch junto a Mark Frost y que comparte con el producto que nos ocupa, aparte de la tématica y el fondo, muchos de los guionistas, actores y directores que dieron forma a aquella. También hay, por extraño que parezca, ramalazos (incluso tramas idénticas) del genial cómic Predicador creado por Garth Ennis y Steve Dillon.




Otro de los temas clave en Carnivàle es la carga teológica que sobrevuela toda su trama. Curiosamente el bien está representado por un humilde joven de campo y el mal toma la forma de un clérigo, un siervo de dios que representa una alegoría del fanatismo religioso en el que se adentró norteamerica en la primera mitad del SXX por culpa de la carestía económica imperante en aquella época. A ese personaje, el Hermano Justin Crowe, le da vida un inmenso y aterrador Clancy Brown, al que es necesario ver en su voz original para disfrutar en toda su majestuosidad.




Esa eterna lucha entre la luz y la oscuridad que remite no sólo a la mencionada Twin Peaks (la Logía Blanca y la Negra, Cooper y Killer Bob), sino también a lo que parece ser que se nos está desvelando en la última temporada de Lost o de manera más solapada a Expediente X, sirve como nucleo para mostrar a los dos personajes antagónicos, Ben Hawking y Justin Crowe y las gestas que llevan a cabo, cada uno de ellos siguiendo su senda de realización existencial y extraterrenal, coincidiendo en principio ambos, sólo en ensoñaciones y finalmente enfrentados, de manera agradecidamente atípica, en los últimos episodios de la serie.




Carnivàle es un producto de una calidad incuestionable y una complejidad que el espectador no acomodaticio agradece. Sirve como fresco de una época terrible de la historia de Estados Unidos y como historia fantástica con sus ángeles y demonios, que en más de una ocasión no sabremos distinguir. Una relato crudo, metafórico y muy ambicioso sobre la dualidad del ser humano y su compromiso con una tierra vasta, cruel e inmisericorde que es mostrada como el campo de batalla de una guerra entre las luminosidad y las tinieblas que parece no tener fin.


Scoop, exclusivas desde el más allá


Título Original: Scoop (2006)
Director: Woody Allen
Guión: Woody Allen
Actores: Woody Allen, Scarlett Johansson, Hugh Jackman, Ian McShane, Romola Garai, Kevin McNally, Anthony Stewart Head





Scoop es una divertida y efectiva comedia ligera de Woody Allen que tuvo la desgracia de ser la película inmediatamente posterior a esa obra maestra llamada Match Point, cuyo inesperado éxito hizo creer a la prensa especializada que el de New York iba a volver a entregar piezas cinematográficamente perfectas todos los años. Idea preconcebida y gestada principalmente por sus paisanos americanos que llevan bastantes años dándole la espalda, mientras en Europa cada vez valoramos más sus obras.




Allen teje una sencilla y divertida comedia con tintes de intriga ayudado por su equipo técnico habitual y dos protagonistas de muy buen ver. Una Scarlett Johansson que como he dicho muchas veces, si tiene un buen consejero detrás de las cámaras da lo mejor de sí como la limitada actriz que es, haciendo (como inteligentemente se dijo por la red) un émulo femenino del mismo Allen, con más atractivo como es lógico y un Hugh Jackman elegante y carismático a pesar de hacerse un lío con el acento inglés, al que no acaba de cogerle el punto.




Pero como es lógico y esto es algo que me encanta profundamente, Allen, que se reserva el papel secundario del mago Splendini, se come la pantalla y a cuantos la pueblan. Basta sólo su primera aparición, con el número de ilusionismo, para que el director de Annie Hall consiga que al espectador no se le vaya la sonrisa en todo el metraje, gracias a sus aspabientos y su verborrea incontrolable, regalándose a sí mismo y de manera muy acertada, los mejores diálogos del guión.




Por desgracia la gran calidad de la ya mencionada Match Point ensombreció los logros de las otras dos cintas que daban forma junto a ella a la trilogía británica de Woody Allen, la entrañable cinta que nos ocupa y aquella injustamente vilipendiada Cassandra's Dream muy bien realizada que desgranaré dentro de poco por estos lares. Scoop es humor, amor, sexo, suspense, una mirada entre jocosa y agria hacia la burguesía inglesa, 90 minutos de puro entretenimiento y eso una vez al año, viniendo de la misma persona desde hace casi 40, no tiene precio.



viernes, 26 de marzo de 2010

La Obsesión, no prayer for the dying



Título Original: The Premature Burial (1962)
Director: Roger Corman
Guión: Charles Beaumont y R. Wright Campbell, basado en la novela de Edgar Allan Poe
Actores: Ray Milland, Hazel Court, Richard Ney, Heather Angel, Alan Napier, John Dierkes, Dick Miller, Clive Halliday, Brendan Dillon




Roger Corman es un veterano director al que le profeso un especial cariño y admiración. Un señor que con el mínimo presupuesto para sus producciones era capaz de rodar varias películas al año. Mismamente en 1962 (fecha de el estreno del film que nos ocupa) realizó otras tres cintas más, todas de una excelente calidad para ser productos de serie B y poseedoras una elegancia fuera de toda duda.




Corman era un maestro dentro del terror gótico y su especialidad era adaptar a imágenes relatos del célebre escritor Edgar Allan Poe. Cintas como El Péndulo de la Muerte o La Tumba de Liegia, dieron muestra de la destreza del americano para llevar al celuloide el mundo literario del autor de Los Asesinatos de la Calle Morgue, pero también es cierto que no siempre acertaba, como dejó patente la floja La Máscara de la Muerte Roja, que pecaba de psicodélica en detrimento del clasicismo, que era lo que en verdad hacía grandes estos films.




A diferencia de la mayoría de adaptaciones que Corman hizo de Allan Poe, Premature Burial, no estaba protagonizada por el inmenso Vincet Price. Su lugar lo ocupó el prestigioso actor, también inglés, Ray Milland, que hizo un trabajo, puede que no tan exquisito, pero sí más acentuadamente dramático, perfecto para el papel de Guy Carrell, el hombre obsesionado con sufrir la agonía de ser enterrado vivo por culpa de que creía poder llegar a padecer la catalepsia que supuestamente había heredado de su padre.




La dirección de Corman, como siempre exquisita, con una utilización tan fluida de los encuadres que parece que la cámara no fuera intermediaria entre las imágenes y el espectador. Los contrapicados desde el exterior de la mansión, los planos generales del cementerio, los leves travellings en las escenas de los frondosos y oscuros bosques, el delicioso carácter naïf de las ensoñaciones de Guy sobre su encierro en la cripta o la efectiva atmósfera, muy acertada gracias a la dirección y el uso de la música que acentúa el terror psicológico, sencillo pero eficaz, que da forma al relato.




En los 60 no sólo de la inolvidable Hammer Films vivía el cine de terror. Un director americano al otro lado del charco nació para dar lecciones de como hacer cine de género exquisito y económico. Pero que nadie se engañe, Roger Corman no era un simpático Jesús Franco, que por mediocre resultaba entrañable. El director de The Raven era un auténtico artesano, un realizador de raza que podía codearse con la élite de directores asiduos al cine de terror de la época y que para colmo en su labor como productor nos descubrió a inmensos talentos como Francis Ford Coppola, Martin Scorsese o Jonathan Demme. El mundo del cine le debe mucho a este genio, más de lo que mucha gente cree.


jueves, 25 de marzo de 2010

X-Men II, X de Extinción


Título Original: X-Men II (2003)
Director: Bryan Singer
Guión: David Hayter, Zack Penn y Bryan Singer
Actores: Hugh Jackman, Patrick Stewart, Halle Berry, Anna Paquin, Ian McKellen, Famke Janssen, James Marsden, Rebecca Romijn-Stamos, Brian Cox, Alan Cumming





Tras el éxito de crítica y público que supuso el estreno de X-Men, cinta de la que hablaré en breve, poco tardaron Twentieth Century Fox y la Marvel en ponerse en marcha para dar forma a la secuela. Se sirvieron del mismo equipo artístico (practicamente repetía todo el reparto) y técnico, con Bryan Singer a la cabeza de nuevo como director, pero esta vez más implicado en la producción y escritura del film.




X-Men 2 toma como base argumental, aunque concediéndose algunas licencias, la novela gráfica Dios Ama, el Hombre Mata, escrita en los años 80 por el guionista inglés Chris Claremont, autor de algunas de las mejores historias de los mutantes tutelados por Charles Xavier, e ilustrada por el dibujante americano Brent Anderson. Idea inteligente tomar como nucleo narrativo una historia mítica dentro de los relatos de los Hombres X.




En esta segunda entrega se acentúan los no pocos hallazgos que poseía la ya de por sí excelente primera parte. Singer inicia su film con una de las mejores escenas que ha rodado en toda su carrera, el asalto por parte de Rondador Nocturno a la Casa Blanca. Secuencia perfectamente realizada y coreografiada, que no sólo sirve como carta de presentación para el personaje sino también como una muestra de lo elaborada que es la puesta en escena del film.




La implicación dramática de los protagonistas es efectiva, desarrollando todos ellos sus roles y la interacción mutua en la que se ven implicados. La amenaza por parte del personaje de William Stryker (genial Brian Cox) es palpable para el espectador, mostrándose como uno de los logros más destacados del film. La saga de X-Men destaca principalmente por su tono pretendidamente realista y alegórico, por eso sus personajes están tan bien perfilados en los guiones, como muestra de esto serviría la relación entre el profesor Xavier y Magneto, acentuada por la labor y veteranía de los británicos Ian McKellen y Patrick Stewart, los dos mejores actores de la trilogía.




De nuevo el personaje más o menos central dentro del abanico de protagonistas es Lobezno y una vez más Hugh Jackman demuestra que es el actor perfecto para interpretar al canadiense de las garras de adamantium. El resto de actores cumplen su cometido, al igual que hicieron en la primera entrega y posteriormente en la tercera, como Famke Janssen, Anna Paquin o James Marsden, aunque se podría destacar la labor del inglés Alan Cumming, entrañable como el ya mencionado Rondador Nocturno.




X-Men 2 es un proyecto sólido, una buena muestra de como se puede adaptar de excelente manera al celuolide un cómic de superhéroes. Un film entretenido, serio, con cierta profundidad y sin hacer concesiones al infatilismo, siendo fiel a las viñetas en las que se basa y ofreciendo calidad y espectáculo. Es la película más completa y mejor acabada de la trilogía (aquello de X-Men, Orígenes: Lobezno ni lo menciono) aunque yo sienta cierta predilección por la injustamente denostada tercera entrega, como ya dejé ver hace un tiempo en este mismo blog y por la primera, que como he comentado unos parrafos más arriba, desgranaré dentro de poco.