Scanners (David Cronenberg, 1981) - Thriller sobrenatural sobre la destrucción de la identidad del individuo mediante corporaciones corruptas y deshumanizadas. David Cronenberg volcó en Scanners todo su ideario autoral erigiéndola en pieza de culto dentro de la ciencia ficción.
Scanners II: El Nuevo Orden (Christian Duguay, 1991) - Tardía e innecesaria secuela de Scanners a la que sólo se asemeja en el título. Con factura de telefilm y arrastrando tics de la estética videoclipera de los 80 no aporta nada de interés y pisotea el legado de su predecesora.
Scanners III: El Poder de la Mente (Christian Duguay, 1992) - Perpetrada por los mismos irresponsables de la anterior entrega, la debacle queda confirmada en este subproducto anodino, incoherente y con secuencias de supuesto humor cercanas a la insalubridad.
Scanners IV: Scanner Cop (Pierre David, 1994) - El productor de las tres primeras películas se encarga de esta secuela en forma de spin off enclavada en el género policíaco. A pesar de su rudimentaria factura resulta ser la continuación más digna de la cinta de David Cronenberg.
Scanners V: Scanner Cop II (Steve Barnett, 1995) - Quinta entrega de Scanners, secuela del spin off iniciado con Scanner Cop y remake encubierto del film de David Cronenberg. Correcto thriller policial con toques de ciencia ficción que cierra una franquicia totalmente innecesaria
Dolls (Stuart Gordon, 1987) - La tercera colaboración de Stuart Gordon con la Empire supuso una notable bajada de calidad. Dolls es un cuento de hadas venido a menos, pobremente escrito e interpretado. A destacar las escasas secuencias de los muñecos animados en stop motion.
Piraña II: Los Vampiros del Aire (James Cameron, 1981) - Cumplidora queriendo ser una divertida secuela de Piraña, insufrible cuando apela a la comedia casposa, hay dos películas enfrentadas en el debut como director de James Cameron y desgraciadamente se nota en pantalla.
La Piscina (Jacques Deray, 1969) - Aunque su tempo contemplativo en exceso y cierta vacuidad formal hacen mella en sus no pocas virtudes el erotismo que envuelve el conjunto y la elegancia de su sensual reparto hacen que el refrescante chapuzón merezca la pena.
Cegados Por el Sol (Luca Guadagnino, 2015) - Luca Guadagnino revisa La Piscina (Jacques Deray, 1969) y si bien me enamoro de sus personajes durante los dos primeros actos entregados al hedonismo en el tercero no consigo conectar con su viraje hacia el drama con toques de thriller
Tomboy (Céline Sciamma, 2011) - Tocada por el don de la naturalidad y la sutileza, emocionando sin cargar las tintas de lo lacrímogeno y con una labor excelsa de su protagonista, Tomboy ya confirmaba la especial sensibilidad y elegancia de la directora francesa Céline Sciamma.
Animal Kingdom (David Michôd, 2010) - Exitoso drama criminal australiano, casi narrado en off y eludiendo lugares comunes del subgénero. Seco, cortante y de una violencia más implícita que explícita, cuenta con un sólido reparto que más tarde dio el salto con éxito a Hollywood.
Corazones en Tinieblas (Fax Bahr, George Hickenlooper, Eleanor Coppola, 1991) - Apocalipsis Now es un viaje al infierno de la locura, su rodaje también lo fue. Demencial making of grabado por Eleanor Coppola durante la producción del clásico facturado por su marido.
Título OriginalTerminator: Dark Fate(2019) DirectorTim Miller GuiónJames Cameron, Charles H. Eglee, Josh Friedman, David S. Goyer, Justin Rhodes ActoresLinda Hamilton, Mackenzie Davis, Natalia Reyes, Arnold Schwarzenegger, Gabriel Luna, Diego Boneta, Enrique Arce, Tristán Ulloa, Alicia Borrachero, Tom Hopper, Cassandra Starr, Brett Azar, Edward Furlong
En 1984 un desconocido guionista y director canadiense cuya única carta de presentación era su primer largometraje detrás de las cámaras, Pirañas II: Los Vampiros del Mar, con el que acabó muy decepcionado, estrenó una película independiente protagonizada por un culturista austriaco reconvertido en actor que dos años antes había conseguido su primer gran éxito con Conan: El Bárbaro, adaptación cinematográfica del personaje literario creado por el escritor Robert E. Howard. El director se llamaba James Cameron, el actor Arnold Schwarzenegger y la película Terminator. La historia de Sarah Connor huyendo de un letal cyborg del futuro que intentaba asesinarla para evitar el nacimiento de su primogénito, líder de la resistencia rebelde contra las máquinas en su adultez, se convirtió en un inesperado sleeper que recaudó 78 millones de dólares habiendo costado poco más de 6.
The Terminator era una impecable y potente mezcla entre cine de terror, acción y distopía futurista con la que Cameron y sus colaboradores al guión, Gale Ann Hurd y William Whiser Jr, asentaron las bases de un microcosmos que en 1984 sólo había dicho su primera palabra de cara al público. Porque siete años después, en 1991, llegó Terminator 2: El Juicio Final, la primera secuela que, al igual que su hermana mayor, marcó un hito dentro de la historia del cine contemporáneo, pero por motivos muy diferentes. Esta segunda entrega era casi un remake del film primigenio con el que James Cameron no sólo facturó una de las mejores películas de acción y ciencia ficción de los 90, sino que consolidó el uso de los efectos digitales por ordenador dentro de Hollywood. Unos tan elaborados y minuciosamente adheridos a la narración que hoy día, casi treinta años después de su estreno, siguen luciendo espectaculares en pantalla.
Terminator 2: El Juicio Final es una obra maestra dentro del género al que se adscribe. En su momento fue la película más cara y una de las más taquilleras de la historia del cine. La calidad de todos sus apartados se antojó tan descomunal que cualquier secuela de la franquicia que viniera tras ella iba a cargar con el handycap de ser comparada con ella y perder irremisiblemente. Así sucedió en 2003 con la, ya por aquel entonces innecesaria, llegada de Terminator 3: La Rebelión de las Máquinas, primera continuación alejada de la mano de James Cameron, pero con Arnold Schwarzenegger de vuelta. A pesar de mantener la dignidad gracias al buen hacer de un competente artesano como Jonathan Mostow (Breakdown, U-571) detrás de las cámaras, especialmente inspirado en las secuencias de acción, esta tercera parte era la primera en la que la escasez de originalidad y la idea de dar vueltas sobre lo planteado en los dos primeros largometrajes se convirtió en la seña de identidad de la saga.
Seis años después, y si no contamos la serie de televisión Terminator: Las Crónicas de Sarah Connor que se desarrollaba independientemente, Terminator: Salvation sirvió como una especie de reinicio o reboot de la franquicia situando la acción en el futuro apocalíptico en el que John Connor, en esta ocasión interpretado por Christian Bale, ejercía como líder de la resistencia humana contra las máquinas capitaneadas por Skynet. De este lavado de cara escrito por Michael Ferris y John Brancato, también autores del guión de la tercera entrega, dirigido por McG (Los Ángeles de Charlie, La Babysitter) y con Sam Worthington, Anton Yelchin, Bryce Dallas Howard, Helena Bonham Carter o Michael Ironside entre los secundarios lo decimos todo si tenemos en cuenta que lo más recordado de ella a día de hoy es el audio que recoge la impresionante bronca que el actor de Batman Begins echó al director de fotografía Shane Hurlbut en pleno rodaje. El primer intento por renovar la creación de James Cameron no ofreció los resultados esperados, pero en Hollywood en lugar de dejar las cosas como estaban para no empeorarlas volvieron a intentarlo seis años después.
En 2015 Terminator: Génesis fue un intento desesperado por contentar a fans veteranos y espectadores neófitos. En una vuelta de tuerca imposible esta quinta parte era por un lado otro reseteo y por otro una continuación de la primera película a la que volvía, literalmente, por medio de una rebuscada trama, escrita por Laeta Kalogridis y Patrick Lussier, repleta de viajes y paradojas temporales, construida sobre la impersonal puesta en escena de Alan Taylor (Thor: Mundo Oscuro, Juego de Tronos) y rematada con un casting demencialmente erroneo en el que Jason Clarke, Jai Courtney o Emilia Clarke, entre otros, interpretaban a personajes icónicos a los que ninguno de ellos hacía justicia. Aunque Arnold Schwazenegger volvía a interpretar a otro T-800 y el mismo James Cameron tuvo palabras de alabanza hacia ella, antes de su estreno, Génesis no gustó a casi nadie, no funcionó en taquilla como se esperaba y debería haber sido el último clavo en el ataúd del Universo Terminator. Pero ya sabemos que en la meca del cine tienen otra manera de pensar.
A mediados de 2017, sólo dos años después de la debacle de la última entrega, Skydance Media, Paramount Pictures y 20th Century Fox confirmaban que James Cameron como productor y Tim Miller (Deadpool, Love, Death and Robots) en labores de dirección estaban preparando una nueva película de Terminator a modo de continuación directa de las dos primeras cintas, obviando por ello las otras tres posteriores. Poco a poco íbamos recibiendo noticias del proyecto, entre ellas el previsible regreso de Arnold Schwazenegger y el no tanto de Linda Hamilton en su papel de Sarah Connor e incluso Edward Furlong como su hijo. Dicha concesión a esa nostalgia que en la actualidad llega a incluso nublarnos la razón y el sentido común despertó el interés de propios y extraños. Al reparto se unieron caras nuevas como las de la canadiense Mackenzie Davis y una mezcla de actores estadounidenses, latinoamericanos y españoles entre los que encontramos a Natalia Reyes, Gabriel Luna, Diego Boneta, Tristán Ulloa, Alicia Borrachero o Enrique Arce. En cuanto al guión David S. Goyer, Justin Rhodes, Billy Ray se ocupan de adaptar para la pantalla una historia original escrita por los dos primeros junto a James Cameron, Charles H. Eglee y Josh Friedman.
Desde su prólogo Terminator: Destino Oscuro comienza a construir una trama que se irá debilitando poco a poco hasta su recta final. Esos apresurados primeros compases en los que se minimiza, desmitifica y reduce a la nada todo lo acontecido en Terminator 2: El Juicio Final asientan una enclenque base argumental que transitará por lugares comunes vistos hasta el hartazgo en la franquicia añadiendo en el proceso justificaciones narrativas del todo inviables, llegando a producir hasta sonrojo en no pocas ocasiones. La estructuración de Terminator: Destino Oscuro es una amalgama de las dos primeras entregas, con dos viajeros del futuro llegando al presente, uno para matar a una persona que contraerá una relevancia capital en el año 2042 y otro para intentar salvarla. Nada nuevo en horizonte en lo referido a la construcción de la saga que, salvo en Terminator: Salvation, siempre ha utilizado el mismo y manido esquema impidiendo al universo cinematográfico de Terminator evolucionar mínimamente.
Otra muestra de la endeblez del argumento tejido por los cinco guionistas es la gratuidad con la que están incluidos los personajes de Linda Hamilton y Arnold Schwarzenegger. El ya citado prólogo es la excusa para insertar a Sarah Connor en la trama, un personaje que aunque se revela como lo mejor de la velada por el carisma y la entrega de la veterana actriz podría ser extirpado de raíz del relato sin que este se resintiera un ápice concentrando la trama en Grace y Dani huyendo del REV-9. Lo del protagonista de Depredador o El Último Gran Héroe (Last Action Hero) es incluso más sangrante, no sólo por su forzosa inclusión en el largometraje sino por la peregrina justificación y vergonzosa explicación que dan los autores del guión a su inclusión social durante más de veinte años. En ese punto a un servidor no le quedó más remedio que echarse las manos a la cabeza ante la sarta de disparates relacionados con este nuevo T-800 interpretado por el ex Mister Olympia y retratado con una pátina de comicidad que funciona entre poco y nada de cara al espectador. Aunque por suerte no es tan exagerada y vergonzante como en Terminator: Génesis.
En cuanto al trabajo de Tim Miller detrás de las cámaras se nota su intención por, dentro de las limitaciones establecidas por una superproducción gestada en el seno de Hollywood, minimizar el uso del CGI en las escenas de acción más espectaculares. Algo curioso si tenemos ne cuenta que antes de ejercer como director se curtió profesionalmente en ese ámbito dentro del séptimo arte. Sirva de ejemplo la primera persecución con vehículos en la que se perciben carreras, choques y explosiones reales en varios momentos concentrándose los efectos digitales por ordenador de manera casi exclusiva en el personaje de Gabriel Luna. En líneas generales la puesta en escena del realizador de Deadpool es competente y sabe aprovechar el abultado presupuesto que tiene a su disposición, pero hay ocasiones puntuales en las que los ya mencionados CGI se muestran notablemente ineficaces, sobre todo en los instantes en los que los personajes saltan o aterrizan desde grandes alturas. Pero como mencionamos los pasajes más dinámicos funcionan y la pelea del clímax final es satisfactoria aunque queden a años luz de cualquier secuencia de Terminator 2: El Juicio Final.
En lo referido al reparto de las nuevas incorporaciones sólo tienen verdadera relevancia los roles de Mackenzie Davis, Natalia Reyes y Gabriel Luna, ya que el resto del cast son secundarios incidentales y de poca importancia. La primera convence gracias a su entrega física en un personaje que no demanda mucho más que eso, pero que ella resuelve con soltura. En cambio a la actriz de origen colombiano le viene grande su criatura en casi todo momento y ni siquiera cuando toma un perfil más activo en la trama consigue ser resolutiva a pesar de su notorio esfuerzo. Por último Gabriel Luna consigue mostrarse como una amenaza física aceptable, pero su composición es demasiado plana y desangelada, a años luz de la milimétrica asepsia del T-1000 al dio vida un enorme Robert Patrick. Como ya hemos apuntado es Linda Hamilton la actriz que se roba la velada, porque a pesar de quedar lejos los años en los que lucía físico fibrado y rotundo su presencia magnética y con efectivos golpes de humor la encumbran dentro del cast. En cambio Arnold Schwarzzeneger sólo puede aprovechar los rescoldos que quedan de la versión del T-800 al que interpretó en las dos primeras películas y que en las posteriores entregas ha ido adentrándose en el ridículo y en un tan ineficiente como innecesario sentido de la autoparodia que, como previamente hemos comentado, tocó fondo en la anterior Terminator: Génesis.
Terminator: Destino Oscuro podía haber supuesto la oportunidad perfecta para que James Cameron recondujera la saga que creó hace treinta y cinco años. Pero tanto él como sus colaboradores más cercanos han ejecutado la enésima repetición de esquemas adscritos a su universo ficcional reconocible. Tenemos otro siniestro futuro distópico, otra inteligencia artificial que pone a las máquinas en contra de la humanidad, a otro ser humano dirigiendo a la resistencia y cuya misión es mandar a una persona de su confianza al pasado para cambiar el futuro mientras esta se alía o enfrenta con variantes de terminators. Más allá de la labor de algunos de los miembros del reparto que ya hemos mencionado o el sano afán de los máximos responsables del largometraje a la hora de apelar por una diversidad racial y de género a la hora de diseñar varios de los personajes principales nos encontramos con la enésima rudimentaria y prescindible secuela de Terminator. Esperemos que los pobres resultados de taquilla que está obteniendo sirvan para que Hollywood deje a la franquicia dormir de una vez ese merecido sueños de los justos en el que debería haberse sumergido en 1991 cuando pudo despedirse por todo lo alto y en su máximo esplendor.
Título OriginalAlita: Battle Angel(2019) DirectorRobert Rodríguez GuiónLaeta Kalogridis y James Cameron, basado en el manga de Yukito Kishiro RepartoRosa Salazar, Christoph Waltz, Jennifer Connelly, Jackie Earle Haley, Ed Skrein, Mahershala Ali, Lana Condor, Keean Johnson, Jorge Lendeborg Jr., Eiza González, Leonard Wu, Elle LaMont, Marko Zaror, Jorge A. Jimenez, Billy Blair, Jeff Fahey, Casper Van Dien, Idara Victor, Derek Mears, Rick Yune, Hugo Perez, Alex Livinalli, Neal Kodinsky, Sam Medina, Darcel Danielle, Garrett Warren, Vincent Fuentes, Gregg Berger, Michelle Rodriguez, Edward Norton, Jai Courtney
Desde que hace más de dos décadas adquiriera sus derechos no han sido pocos los intentos por parte del cineasta canadiense James Cameron de llevar a imágenes el célebre manga Battle Angel Alita, creado en 1991 por el autor nipón Yukito Kishiro. Por distintos motivos el proyecto se veía continuamente pospuesto hasta que en 2015 comenzó la preproducción oficial del largometraje. Un nuevo problema surgió cuando la apretada agenda de Cameron, envuelto por aquel entonces en la gestación de las distintas secuelas de su exitosas Avatar, abandonó la silla del director en favor de otro cineasta que se ocupara de llevar a buen puerto tan complicada empresa. El elegido fue el texano Robert Rodríguez, entrando a formar parte del blockbuster con su productora Troublemaker Studios, pero ejerciendo, a diferencia de lo usual en su filmografía, como profesional de encargo con material no nacido de su impronta.
Además de la presencia del director de Sin City o Machete,Alita: Ángel de Combate cuenta con un guión escrito a cuatro manos por el mismo James Cameron y Laeta Kalogridis, autora de origen griego ducha en relatos de ciencia ficción como la magnífica serie Altered Carbon o la intragable película Terminator: Génesis. En lo referido al reparto el papel protagonista de Alita recae sobre la actriz Rosa Salazar (Bird Box) y la misma se ve acompañada por un soberbio plantel de secundarios entre los que encontramos a Christoph Waltz (Django Desencadenado), Jennifer Connelly (Noé), Mahershala Ali (Green Book) o Ed Skrein (Deadpool). A ellos se suman una serie de intérpretes bastante reconocidos debajo de enormes capas de maquillaje y pixels con apariciones a modo de cameos bastante divertidos de descifrar por parte del espectador a lo largo y ancho de todo el metraje, con sorpresa final incluida.
Después de las buenas intenciones, pero resultados demasiado acomodaticios, de Ghost in the Shell: El Alma de la Máquina James Cameron y sus colaboradores por fin ofrecen una versión cinematográfica occidentalizada de un manga con los suficientes hallazgos visuales y aciertos narrativos para ser considerada un proyecto, no sólo destacable entre el resto de superproducciones hollywoodienses, sino también una adaptación digna de la obra en viñetas de Yukito Kishiro. Como cualquier traslación audiovisual de un cómic a la pantalla grande Alita: Ángel de Combate se toma algunas licencias con respecto a GUNNM, nombre original del manga. Pero en lo referido a la trama central desarrollada en los primeros números de la serie editada por Kondasha durante los 90 lo planteado en la cinta dirigida por Robert Rodríguez se ciñe notablemente al relato expuesto en papel por aquel entonces. Aunque evidentemente condensando varias aventuras en un sólo producto de 121 minutos.
De esta manera el punto de partida localizado en un futuro distópico post-apocalíptico con arranque justo cuando el Doctor Dyson Ido (Christoph Waltz) recupera el cuerpo de Alita (Rosa Salazar) de un desguace cuya chatarra proviene de la ciudad flotante, Salem, reconstruyéndola para al poco tiempo descubrir que es una perfecta máquina para la guerra es sólo el principio de una historia como la planteada por James Cameron, Laeta Kalogridis y Robert Rodríguez, capaz de atesorar genuina emoción dentro de su epatante carcasa visual. Porque después de más de veinte años cargados de problemas, desavenencias e intentos fallidos por salir adelante como pieza cinematográfica Alita: Ángel de Combate se revela tras su estreno como uno de los blockbusters más interesantes y eficientes de los dos meses que llevamos de año 2019. Todo esto gracias al buen hacer de los numerosos profesionales implicados en su creación.
Álita: Ángel de Combate contiene todos los ingredientes habituales e identificables dentro de un relato cyberpunk. Evidentemente la procedencia de su estética y contexto visual nace del manga de Yukito Kishiro, pero son las tablas de Robert Rodríguez a la hora de ejecutar piezas adscritas a la aventura y ciencia ficción uno de los pilares maestros capaces de sustentar todo el proyecto. Ya hemos mencionado previamente que el director de The Faculty no ejerce aquí de "hombre orquesta" como en la mayoría de sus largometrajes, pero su versatilidad demostrada con productos infantiles como la saga Spy Kids, repletos de secuencias de acción, o las dos entregas de Sin City, con su uso excelso del CGI para crear un diseño de producción netamente virtual, encuentra aquí un material perfecto para dar rienda suelta a su sabio control de megaproducciones. Paradójico esto teniendo en cuenta que hablamos de un director cuyo debut tuvo lugar con una obra independiente de 7000 dólares de presupuesto llamada El Mariachi.
Porque Alita: Battle Angel es una demostración de poderío visual con pasajes de una brillantez intachable. En este aspecto se nota la mano de James Cameron en la producción ya que, sin inventar nada revolucionario, los efectos digitales de la obra son, en líneas generales, sobresalientes. El director de Terminator o Abyss lleva décadas trabajando con el CGI y siendo uno de los principales impulsores de su evolución a lo largo de los años. De manera que no es de extrañar ver en una cinta como esta una ingente cantidad de omnipresentes pixels, aunque siempre al servicio de la historia y sin arrastrar la enorme carencia de eclipsarla por medio de vistosidad y fuego de artificio innecesario. Las secuencias de acción física, los tiroteos o las carreras de Motorball dan buena muestra del poderoso nivel de producción con el que cuenta una obra como la última de Robert Rodríguez detrás de las cámaras.
Por suerte no sólo del delirio estilístico vive una película como Alita: Ángel de Combate. El guión de James Cameron y Laeta Kalogridis, así como el trabajo de Robert Rodríguez con los personajes, insufla una inesperada sensibilidad a su propuesta conjunta, impropia de gran parte de los blockbusters facturados en Estados Unidos. Evidentemente toda la patina emocional orbita alrededor de Alita, ese cyborg capaz de ser "más humana que los humanos" entregándose sin miramientos o prejuicios al amor que siente por el personaje de Hugo, desembocando todo en esa secuencia tan simbólica y tierna como es la del corazón. Toda este cuidado por perfilar la personalidad de la protagonista por medio de la escritura y la dirección de actores del autor de Desperado encuentra una cómplice de incalculable valor en Rosa Salazar, la intérprete que le insufla vida y una expresividad magistral potenciada por el CGI utilizado para diseñar sus impresionantes ojos repletos de calor e inocencia.
La actriz de ascendencia peruana cuenta con unos compañeros de reparto a la altura de las circunstancias. Christoph Waltz toma el rol de figura paternal y protectora con el Doctor Dyson Ido alejándose un poco de sus papeles más pusilánimes o sardónicos. Jennifer Connelly muestra su talento al dar vida a Chiren un personaje con más claroscuros de los que pudiera parecer en un principio. Mahersahala Ali, en cambio, no puede lucirse demasiado como Vector, villano no muy bien perfilado que arrastra a lo largo del metraje una peculiaridad demasiado sobreexplotada impidiéndole tomar consistencia física y psicológica. En cambio muy destacable es la labor de Ed Skrein en la piel biónica de Zapan, un asesino a sangre fría con no pocos momentos memorables y un diseño para quitarse el sombrero. La nota más discordante la ofrece Keean Johnson como Hugo, el interés amoroso de Alita incapaz de mostrar por medio de su composición la misma implicación sentimental que su partenaire.
Después de unas alarmistas, e incumplidas, predicciones que auguraban perdidas de hasta 200 millones de dólares en taquilla Alita: Ángel de Combate está funcionando muy bien en su carrera internacional y ha sido recibida con considerables parabienes por parte de la prensa especializada. De hecho los números son tan buenos que James Cameron y 20th Century Fox ya están pensando en una más que probable segunda parte. Todos los logros y halagos recibidos por el último trabajo de Robert Rodríguez serán merecidos al haber ayudado al autor de Aliens o Piraña II: Los Vampiros del Mar a completar un proyecto tan largamente acariciado como el de trasladar las potentes aventuras de Yukito Kishiro a las multisalas con un resultado más que satisfactorio. A la espera quedamos de esa secuela o de si el buen hacer comercial de Alita supone el verdadero pistoletazo de salida, con todo lo bueno y malo que implica, para que Hollywood se decida a adaptar los mangas más míticos del país del Sol Naciente a la maquinaria cinematográfica de la nación de las barras y estrellas.
Segundo libro editado por los autores de la web cinematográfica Ultramundo, esta vez bajo el sello de la editorial Applehead Team, después del muy recuperable Rob Zombie: Las Siniestras Armoníasde la Sordidez escrito por Daniel Rodríguez Sánchez en el que se desgranaba toda la carrera cinematográfica y musical del famoso cantante y realizador estadounidense al que debemos discos de metal industrial como Hellbilly Deluxe o The Sinister Urge o cintas como La Casa de los 1000 Cadáveres, Los Renegados del Diablo o The Lords of Salem. En esta ocasión la saga Terminator ideada originalmente por el canadiense James Cameron con la película homónima de 1984 es la que se desgrana pormenorizádamente en todas sus vertientes, con copiosa información sobre la famosa franquicia de ciencia ficción con la que conoceremos no sólo los cinco largometrajes que han abordado la distopía regida por la inteligencia artirficial Skynet sino centrándose en series de tv, cómics, bandas sonoras, videojuegos, fíguras de coleccionismo e incluso atracciones de parques temáticos que han tenido al personaje interpretado por Arnold Schwarzzennegger como eje central.
Terminator: El Imperio de Skynet esta estructurado de manera casi idéntica a cómo abordan las reseñas en la web Ultramundo. Las famosas MegaCríticas impulsadas por Miguel Díaz González (ideólogo de la web) y que se dividen en distintos apartados (Ficha Técnica/Sinopsis/Introducción/Crítica/¿Cómo se Hizo?/Curiosidades) son las mismas que los autores del libro utilizan para diseccionar cada uno de los productos de ficción relacionados con la creación del director de Abyss. Como es lógico, y siempre después del prólogo a manos del periodista y escritor David G. Panadero, el primer episodio está dedicado a Terminator, la cinta primigenia que dio forma a la saga, contextualizando temporalmente su gestación como proyecto, enumerando las muchas referencias cinematográficas, literarias y hasta del cómic que inspiraron a su creador (que recibió la inestimable ayuda de la que por aquel entonces era su pareja, Gale Anne Hurd, a día de hoy famosa productora de cintas de acción) y realizando una introducción referida a los primeros pasos de la carrera de James Cameron o su relación con la factoría de Roger Corman, desembocando todo en el momento en el que sacó adelante la primera producción que pondría la piedra inicial del microcosmos protagonizado por las máquinas de matar del futuro al que él mismo daría vida cinematográfica.
En el siguiente capítulo se aborda el proceso de creación y posterior estreno de Terminator 2: El Juicia Final, La secuela que James Cameron rodó siete años después de la primera entrega de la saga supuso una revolución dentro del cine de Hollywood debido sobre todo al enorme paso adelante que supuso dentro de la utilización de efectos digitales en superproducciones. Como bien se comenta en este capítulo Terminator 2 era tanto un remake como una secuela del film primigenio, pero jugando con cierta reinversión (y hasta casi perversión, como se afirma en estas páginas que esta vez el héroe tenga la imagen de un motero fuera de la ley propio del cine del oeste y el villano vista un impoluto unfiorme de policía ofreciendo un subtexto harto interesante) de roles, potenciando todas las virtudes de aquel como los efectos de maquillaje del gran Stan Winston, la labor del equipo artístico (una Linda Hamilton pletórica) y hasta el trabajo de James Cameron que jamás ha vuelto a rodar una de sus obras con tanta precisión y potencia. Este episodio confirma a Terminator 2 como un western contemporáneo localizado en un contexto de ciencia ficción y con apuntes que incluso se adentran en la teología. Una obra maestra que debió cerrar la franquicia elevándola a los altares de los que nunca debió bajar.
Terminator 3: La Rebelión de las Máquinas llegó tarde y mal once doce años después del estreno de Terminator 2. En el episodio que el libro le dedica se habla (no sin motivo) de un proyecto impersonal e hipertrófico cuyo intento por estar a la altura de su predecesora la convierte en una pieza sobreproducida que se fagocita a sí misma entre intertextualidad mal entendida, apelaciones rastreras a los sentimientos de los seguidores de la saga en un acto desesperado por conectar con ellos y un quiero y no puedo continuo que convierte a esta tercera entrega en el primero proyecto fallido relacionado con la franquicia. Interesante en el making of de este episodio son los datos que se aportan a todo lo que supusieron los problemas de derechos, búsqueda de director una vez Cameron había abandonado el barco (el finalmente elegido fue Jonathan Mostow, realizador de las esrtimables Breakdown o U-571) y actores (recordemos que ni Linda Hamilton ni Edward Furlong repitieron en sus papeles) y preproducción complicada y caótica que como es lógico dio a parir una criatura renqueante y decepcionante.
Mejor se habla de Terminator Salvation en las páginas dedicadas a desgranarla como obra cinematográfica, pero no precisamente para alabarla sino para ponerla sólo unos puntos por delante de Terminator 3: La Rebelión de las Máquinas. En este episodio se aborda uno de los temas más interesantes relacionados con la franquicia Terminator que nace con esta cuarta entrega y es el hecho de corporeizar al John Connor del futuro, al líder rebelde convertido en leyenda. John Connor es casi una entidad inalcanzable, un arquetipo que al tomar forma humana en pantalla (la del actor británico Christian Bale en esta ocasión) pierde gran parte de su iconografía como símbolo de una lucha de proporciones globales. La cinta dirigida por McG tenía el potencial pero caía en enormes fallos como un vano intento de apelar a le retroctoninuidad y dejarse vampirizar por un posmodernismo mal entendido que la convirtió en otro producto deficiente dentro de la franquicia. Como no podía ser menos en el extenso making of se hace mención a la anécdota de Christian Bale con el director de fotografía Shane Hulburt que dio la vuelta al mundo y se convirtió en el hecho más recordado en relación con Terminator Salvation para desgracia de sus creadores.
Cuando Terminator; El Imperio de Skynet salió a la luz Terminator Génesis todavía no había llegado a las carteleras de todo el mundo, pero eso no es óbice para que los autores del libro le dediquen un extenso capítulo para diseccionar gran parte del proceso de preproducción de la cinta. Esta vez eludiendo la estructura antes mencionada que se usa en todos los capítulos del libro y que es propia de las MegaCríticas de la web Ultramundo (Ficha Técnica/Sinopsis/Introducción/Crítica/¿Cómo se Hizo?/Curiosidades) se nos facilita información con respecto a todo el proceso de elaboración de esta secuela/reboot/remake incidiendo en la búsqueda (una vez más) de unos nuevos equipos técnico y artístico, se mencionan datos de los trailers que hasta ese momento habían visto la luz para promocionar el largometraje (sí, aquel que contenía el enorme spoiler también) y se citan las declaraciones en las que James Cameron afirmaba que esta era la verdadera secuela que una saga como la de Terminator merecía. Después del estreno todos vimos que Teminator Génesis era un fracaso desde su misma concepción, una producción inane, despersonalizada y vergonzante que parecía querer dilapidar lo poco que quedaba en pie de la creación de James Cameron, pero de esos hablaremos más adelante en este mismo blog y lo harán en la segunda edición del libro, que más adelante comentaremos brevemente.
Como previamente hemos mencionado Teminator: El Imperio de Skynet abarca toda la ficción relacionada con la creación de James Cameron de modo que el libro no sólo habla de la saga cinematográfica sino que también se adentra en mundos como el del noveno arte, la pequeña pantalla o el del coleccionismo. Si seguimos el orden cronológico de lectura la primera parada la hacemos en Terminator 2 3D: Batalla A Través del Tiempo una atracción de doce minutos de duración para los parques temáticos de la Universal que se trata del único proyecto posterior a Terminator 2: El Juicio Final en el que se vio implicado, no sólo James Cameron, sino también el cuarteto de actores principales de aquella exitosa superporducción de 1991. Con Arnold Schwazenegger, Linda Hamilton, Edward Furlong y Robert Patrick repitiendo sus papeles Teminator 2: 3D se convierte en una pieza de culto de incalculable valor para los fans de Terminator. En su capítulo descubrimos todo el proceso de creación en el que James Cameron, Stan Winston y John Bruno se implicaron para sacar adelante esta atracción que se proyecto en los parques de la Universal durante años.
El capítulo quinto está dedicado a la única incursión en la televisión de la franquicia con Terminator: Las Crónicas de Sarah Connor que emitió la cadena FOX de 2008 a 2009 abarcando dos únicas temporadas que narraban las aventuras de Sarah Connor y su adolescente hijo John. Durante estas páginas se aportan datos sobre las virtudes de una serie que comenzó su andadura con una solidez que iría perdiendo a lo largo de una segunda temporada más holgada y entregada al riesgo. Podemos encontrar varias declaraciones del showrunner de la serie, Josh Friedman, hablando de su creación y de cuales eran sus intenciones con respecto al programa y cómo encajaría en la continuidad y espíritu de la franquicia. Después de una caótica segunda temporada la FOX canceló la producción protagonizada por Lena Heady (Juego de Tronos, Dredd) Thomas Dekker (Pesadilla en Elm Street: El Origen) y Summer Glau (Firefly, Serenity) antes de la llegada de una tercera temporada en la que los guionistas tenían puestas unas esperanzas que finalmente se vieron truncadas dejando la continuidad de las aventuras catódicas de la familia Connor en un limbo del que a día de hoy todavía no ha podido salir y del que extrañamente lo hará.
La lectura de Terminator: El Imperio de Skynet también arroja luz sobre algunos productos que son raras avis como Terminator Salvation: The Machinima Series, una serie de seis episodios realizada con animación digital que sirve como precuela de la película dirigida por McG y protagonizada por Christian Bale y Sam Worthington y como complemento a Terminator Salvation: The Video Game el videojuego nacido de dicho largometraje. Según los autores del libro se trata de una obra oportunista y mediocre que sólo buscaba aprovechar el tirón de una saga que por aquel entonces (la serie vio la luz en el año 2009) ya llevaba años mostrando graves síntomas de agotamiento. Más interesante es el capítulo En el Corazón de la Máquina: La Música de Terminator centrado en las bandas sonoras de las distintas entregas de la franquicia (algunas de ellas a manos de nombres conocidos como Danny Elfman, Marco Beltrami o Bear McCreary) que toma como piedra angular los dos scores que Brad Fiedel compuso para Terminator 1 y 2 y que se convirtieron en iconos musicales contemporáneos. Tampoco se olvida este apartado de las bandas de rock que compusieron o utilizaron para algunos de los films sus temas como Guns N' Roses (You Could Be Mine) George Thorogood (Bad to the Bone) o Alice in Chaines (Rooster).
El episodio nueve es uno de los más interesantes del libro ya que aborda toda la vida editorial de Terminator dentro del mundo del cómic, El primer contacto de la franquicia con el mundo del noveno arte vino con el sello independiente Now Comics (propiedad de Tony Caputo) pasando años más tarde a Dark Horse donde vieron la luz algunas series míticas como aquella Robocop vs. Teminator escrita pr Frank Miller y dibujada por Walter Simonson que varió en otros crossover como Alien vs Predator vs Terminator o Superman vs. Terminator en colaboración con DC y saltando de editorial en editorial independente (Malibú, Dynamite Entertainment, IDW Publishing). Como no puede ser menos el mundo del videojuego también tiene su espacio en Terminator: El Imperio de Skynet ya que Terminator ha inspirada ingentes cantidades de productos jugables para la Mega Drive de Sega, la Super Nintendo o del género shooter como el que adaptaba Terminator 2: El Juicio Final y que supuso toda una revolución en las salas recreativas de la época.
Miguel Díaz González no sólo es la cabeza pensante detrás de la web Ultramundo, también es el coordinador de todos los libros editados con el sello de la misma y Terminator: El Imperio de Skynet no es una excepción. Él se ocupa también del episodio número once del libro en el que realiza una escueta pero muy interesante entrevista a Randy Falk el presidente de NECA (National Entertainment Collectibles Association) una de las empresas fabricantes de figuras articuladas más importantes a nivel mundial. Miguel conoce a fondo la empresa ya que algunas de las reseñas que realizaba sobre las figuras de NECA para Ultramundo llegaron a oídos del mismo Randy Falk que no dudó en pedirle asesoramiento para mejorar el diseño de algunos de sus productos. Por este motivo la entrevista está realizada por una persona ducha en el tema y que sabe obtener valiosa información del mandamás de NECA con respecto a las figuras de la línea Terminator incidiendo en temas como de cuál de ellas está más orgulloso, el motivo de la ausencia de ciertos personajes de algunos de los films que no han sido reproducidos en la línea y cuáles serán algunas de las novedades que la empresa en el futuro.
Los dos últimos capítulos de Terminator: El Imperio de Skynet (sin contar la lista de episodios de Terminator: Las Crónicas de Sarah Connor y las biografías de los autores del libro que se adjuntan al cierre del mismo) se centran por un lado en la enorme lista de producciones exploit que salieron a rebufo de la primera Terminator (recordemos que cuando el film primigenio vio la luz Italia era una cadena de montaje de cientos de secuelas apócrifas de éxitos internacionales de Hollywood) como Destroyer: Brazo de Acero, Eliminators, variantes femeninas como Alienator o Annihilator, todos subproductos que buscaban sacar partido del éxito de la cinta de James Cameron y por otro en unas completísimas fichas en las que se analizan casi todos los tipos de terminators que han poblado la franquicia en los distintos medios en los que la creación del director de Mentiras Arriesgadas y Avatar hizo acto de presencia.
Con este repaso de todos y cada uno de los capítulos de Teminator: El Imperio de Skynet hemos tratado de destacar una de sus mayores virtudes, la enorme cantidad de información que aporta sobre la franquicia Terminator, de hecho posiblemente sea el libro más completo escrito en español sobre la misma. La estructuración cronológica, el afán por interiorizar en cada uno de los productos (sobre todo los audivoisuales) con la intención de desentrañar hasta el más mínimo detalle de los distintos rodajes o procesos de producción son un verdadero regalo para el fan acérrimo. Nada se escapa al equipo de escritores detrás del proyecto (Adrián Sánchez Esbilla, Iván Suárez Martínez, Ángel García Romero, Pedro José Tena y John Tones) que destilan no sólo unos conocimientos enciclopédicos de todo lo relacionado con la creación de James Cameron, sino también verdadero cariño por dicho universo ficcional. Gracias a la perfecta ejecución de los autores y a la coordinación de Miguel Díaz González la homogeneidad del trabajo es tal que no sabemos cuando acaba la labor de uno de los escritores y empieza la de otro ofreciendo una imagen de todo perfectamente ensamblado que hace ganar enormes enteros a producto.
Aunque pocos fallos se le pueden achachar al trabajo realizado en Terminator: El Imperio de Skynet alguno podemos mencionar, pero ninguno de ellos consigue solapar mínimanente los aciertos del libro, que no son pocos ni exiguos. Por un lado la maquetación es ciertamente mejorable, un vistazo rápido al libro pueda dar la impresión de que los textos están demasiado encorsetados, condicionados por una información valiosa pero que no deja respirar a unas páginas que también se ven perjudicadas por algunas fotografías que aumentan esa sensación de apelotonamiento. Con todo este tipo de maquetación aporta cierto encanto pulp al conjunto de la obra, como si de un fanzine se tratara (recordemos que el origen de la primera Terminator era independiente y casi subsidiario) o de los primeros años de andadura de la revista especializada en cine de terror y fantasía Fangoria. La segunda mácula sería que en ocasiones la mayor virtud del trabajo se convierte en uno de sus talones de Aquiles, la sobreinformación. En algunos momentos la lectura Terminator: El Imperio de Skynet pueda saturar al lector, ya que lanza contra el mismo una cantidad desorbitada de datos sobre el material que está diseccionando y eso en pasajes puntuales pueda causar cierto agotamiento en la lectura, pero en estos casos es mejor pecar por exceso que por defecto.
Terminator: El Imperio de Skynet es una completísima guía que ningún fan de Terminator debe dejar pasar. Los profesionales que le han dado forma son seguidores incondicionales del producto que tan concienzudamente desentrañan y eso se deja notar en todas y cada una de las páginas de un trabajo que trata de abarcar todos los frentes posibles relacionados con Terminator para que nada quede al azar y todas las ramas relacionados con el ocio y el entretemiento que tienen como eje central al personaje interpretado por Arnold Schwarzzennegger se vean cubiertas para saciar el apetito goloso de su horda de fans, Según información de primera mano que me han proporcionado y gracias a las excelentes ventas que la primera edición del libro ha obtenido (agotándose al poco tiempo de ver la luz) una segunda edición está en camino y en ella no sólo se corregirán algunos fallos de estructura o maquetación (de este modo se subsanará uno de los pocos errores que, como hemos mencionado, tiene el libro) sino que se añadirán nuevos datos (sobre todo en lo relacionado con Terminator: Génesis, que tendrá su MegaCrítica correspondiente como el resto de largometrajes abordados en el resto de capítulos) se ampliara la información en la entrevista con Randy Falk y las fichas de los Robots entre otro tipo de información, De esta manera Terminator: El Imperio de Skynet rizará el rizo para erigirse como la guía defnitiva sobre la saga Terminator en nuestro idioma. ¡Hasta la vista, baby!
Sentimientos enfrentados es lo que sentí ayer cuando fui a ver Avatar en pantalla grande. Por una lado en ningún momento dudé de que me encontraba ante otro triunfo del canadiense James Cameron en la dirección. Una épica historia con los suficientes alicientes como para entretener, fascinar e incluso emocionar al espectador, pero ya es tan fina la línea que separa el cine del videojuego que me siento algo contrariado.
Desde la primera frase en off de un correctísimo Sam Wotrhington, Cameron pone las cartas sobre la mesa y nos deja entrever una historia que merece la pena ser contada. Avatar es un prodigio técnico que se sotiene sobre un exoesquelto argumental de manual, típico y tópico pero acertado. Buenos muy buenos, malos muy malos, amor, guerra. Puede que la historia la hayamos visto cientos de veces pero lo cierto es que el director de Mentiras Arriesgadas da en la diana al contar un relato sencillo que puedan entender tanto niños como adultos.
Pero esos efectos especiales tan elaborados, soberbios, que puede que como en Titanic y Terminator 2 estén al servicio de la historia (como siempre debería ser) en determinados momentos me hacían creer que estba viendo la intro de un buen videojuego o una cinta de animación digital del tipo Pixar como bien dijo uno de mis acompañantes y eso en cierta manera mata la pureza del mismo medio cinematográfico, si somos conscientes de que de una manera u otra hemos ido a ver una película de imagen real.
Pero no voy a negar que la obra transmite sensaciones, primarias, básicas, hasta simplistas pero sensaciones al fin y al cabo. Me quedo con la sensación de libertad que desprende la escena en que Jake Sully se introduce por primera vez en su Avatar y sale de la base para poder notar sus piernas al correr. Avatar toma referencias acertadas de films como Matrix, Bailando con Lobos y hasta de cintas animadas como Pocahontas (su base argumental es exacta a esta última) o Ghost in the Shell, pero también toma detalles de juegos como Final Fantasy mostrándose como una obra cinematográfica hija de su tiempo.
No marca un antes y un después en la historia del cine ni de lejos, ni siquiera es la mejor cinta de Cameron, pero es un gran film. Su oda antimperialista, con matices ecologistas, su referencias directas a conflictos bélicos como la reciente guerra de Iraq o la de Vietnam, su mensaje conciliador, de respeto hacia todas las culturas y razas funciona, pero yo vuelvo a lo mismo, que un film como Avatar me haga pensar, y mucho, en si James Cameron pasó más tiempo delante de un monitor de ordenador que detrás de una cámara, me hace estremecerme de alguna manera como amante del séptimo arte.