Mostrando entradas con la etiqueta Joel y Ethan Coen. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Joel y Ethan Coen. Mostrar todas las entradas

jueves, 13 de diciembre de 2018

La Balada de Buster Scruggs, once upon a time in the west



Título Original The Ballad of Buster Scruggs (2018)
Director Joel Coen, Ethan Coen
Guión Joel Coen, Ethan Coen
Reparto Tim Blake Nelson, Zoe Kazan, Tom Waits, James Franco, Liam Neeson, Harry Melling,  Bill Heck,  Brendan Gleeson, Tyne Daly, Jonjo O'Neill, Saul Rubinek, Clancy Brown, Willie Watson,  Ralph Ineson, Grainger Hines, David Krumholtz, Stephen Root, Sam Dillon, Jesse Luken,  Chelcie Ross





Dos años después de la decepcionante ¡Ave César! los hermanos Joel y Ethan Coen vuelven con un nuevo largometraje. Aunque en esta ocasión lo han hecho sumándose a ese grupo de directores de prestigio que han pasado a formar parte de la nómina de la plataforma de streaming Netflix. Curiosamente este proyecto llamado La Balada de Buster Scruggs iba a ser en su inicio la primera serie de televisión creada por los autores de Valor de Ley (True Grit) o Un Tipo Serio. Pero poco antes de ser presentada en la sección oficial del Festival de Venecia, donde se alzó con el galardón a Mejor Guión, se confirmó como un largometraje por episodios. Dentro del reparto encontramos nombres importantes y caras reconocibles como las de Tim Blake Nelson, James Franco, Tom Waitts, Liam Neeson, Zoe Kazan o Brendan Gleeson entre otros, protagonizando las distintas historias que dan forma a la película.




La Balada de Buster Scruggs es una homenaje a los libros, normalmente de bolsillo, sobre relatos del salvaje oeste en forma de antología construida sobre seis relatos contextualizados en el género western, pero tomando como epicentro conceptual y narrativo diferentes maneras de abordar un tema universal como la muerte. The Ballad of Buster Scruggs, Near Algodones, Meal Ticket, All Gold Canyon, The Gal Who Got Rattled y The Mortal Remains forman la media docena de episodios. El resultado es de nota muy alta aunque, como suele suceder con este tipo de largometrajes, unos relatos destacan sobre otros, a pesar de mantener todos ellos un muy buen nivel conformando un abanico estético y narrativo cuya intencionalidad no queda sólo en un tributo a los ya mencionados productos literarios, adentrándose también en terrenos de cierta intertextualidad en lo referido a la obra previa de los hermanos Coen a modo de autoreflexión por parte de ambos autores.




Joel y Ethan Coen parecen haber abordado las seis historias que componen esta antología cinematográfica con la misión de abarcar las distintas vertientes estilísticas y narrativas identificables a su discurso autoral. El primer capítulo, La Balada de Buster Scruggs, protagonizado por un memorable Tim Blake Nelson, es puro slapstick y cartoon. Una divertida vuelta a sus orígenes más deudores de la comedia física y las animaciones de la Warner cuyo principal representante fue la alocada y seminal Arizona Baby (Rising Arizona) teniendo continuación en otros proyectos como El Gran Salto (The Hudsucker Proxy), Ladykillers u O Brother. A partir de este disparatado arranque con cada nuevo episodio la visión de los hermanos sobre la muerte se va volviendo gradualmente más oscura, melancólica y trascendental. Pero siempre dentro de unos parámetros identificables con la impronta de su cine pretérito.





Near Algodones, con un excelente James Franco, todavía contiene pasajes de humor y hasta su resolución final resulta patéticamente tragicómica con referencias a El Bueno, El Feo y El Malo. Pero a partir de Meal Ticket, la historia de los dos artistas ambulantes con unos inmensos Liam Neeson y Harry Melling, posiblemente la ficción más triste ideada por Ethan y Joel en toda su carrera, la desesperanza y el nihilismo comienzan a apoderarse de la antología de los Coen. Sólo encontrando cierto repunte de optimismo con All Gold Canyon la verdadera joya del largometraje. Casi una pieza silente protagonizada por un superlativo Tom Waitts cuya calidad ya hace que merezca la pena el visionado de la obra en su totalidad. The Gal Who Got Rattled parece un tributo a La Conquista del Oeste (1962) aunque abordando una historia mínima cuyo catalizador, al igual que sucedía en A Propósito de Llewyn Davis, es una mascota. Finalmente la hermética The Mortal Remains, con impecable cuarteto actoral, torna en relato fantasmagórico y alegórico para cerrar la obra.




Cada uno de los episodios del largometraje está elegantemente enlazado con el siguiente por medio de una narración que explicita la naturaleza literaria de la antología, desde el arranque del metraje nos queda claro estar asistiendo a la lectura de un libro junto a una chimenea, y los Coen solidifican por medio de su mutable puesta en escena y narrativa impecable un trabajo cohesionado y estructurado con el habitual talento indivisible a su impronta cinematográfica. La construcción argumental de las historias funciona de manera individual y también formando un compacto todo a pesar del ya citado desnivel de calidad entre unas y otras, sin llegar ninguna de ellas a la deficiencia o la mediocridad. En el trayecto las referencias eclécticas y dispares se hacen continuas con ecos que van desde John Ford, Howard Hawkes, Sam Peckinpah o Segio Leone a Ingmar Bergman e incluso Tex Avery y sus trabajos animados o el Sam Raimi de Rápida y Mortal (The Quick and the Dead).




Desde un punto de vista técnico ambos directores aprovechan al máximo no sólo el formato panorámico o la impecable fotografía del francés Bruno Delbonell, ocupando este el puesto del habitual Roger Deakins, sino también los exteriores puestos a su disposición que llegan a proporcionarles paisajes de belleza casi extraterrena. ayudando estos a contextualizar las distintas historias que conforman La Balada de Buster Scruggs. La delectación en los encuadres, el ritmo unas veces espídico y otras cadencioso, la mezcla de personajes hirsutos y callados compartiendo plano con los más exagerados y propensos a la verborrea incontrolable ofrecen el muestrario de señas de identidad y la galería de criaturas habituales de los films de los Coen, encontrando de este modo la complicidad de un enorme y extenso reparto, del que ya hemos dado breves apuntes anteriormente, dirigido con mano maestra por dos autores capaces de exprimir sabiamente las aptitudes interpretativas de los variopintos y muy diferentes actores protagonistas de sus producciones.




La Balada de Buster Scruggs nos recupera a unos Joel y Ethan Coen brillantes como escritores y directores. Ejecutando una hercúlea labor para conformar una obra que más allá de su intencionalidad referencial y reverencial puede considerarse una condensación de toda su filmografía, una especie de homenaje autoconsciente a sí mismos que, sin llegar a las cotas de genialidad de sus obras maestras, puede adscribirse sin demasiada polémica a la galería de sus films recientes más notables. Realización, escritura, casting, todos apartados a la altura de las circunstancias en la primera incursión de los hermanos en las producciones impulsadas por las plataformas de streaming. Por último nos queda la duda de si debido al génesis a modo de serie televisiva del largometraje pueda existir un montaje más extenso de las seis historias condensadas en el mismo y en caso afirmativo si verá alguna vez la luz. Más allá de eso sólo podemos disfrutar una de las mejores películas de este 2018 y la confirmación de la sustancial mejoría de la producción cinematográfica de Netflix.



domingo, 27 de marzo de 2016

¡Ave César!



Título Original Hail, Caesar! (2016)
Director Joel y Ethan Coen
Guión Ethan y Joel Coen
Actores Josh Brolin, George Clooney, Ralph Fiennes, Tilda Swinton, Channing Tatum, Scarlett Johansson, Alden Ehrenreich, Frances McDormand, Jonah Hill, Christopher Lambert, Clancy Brown, Wayne Knight, Dolph Lundgren, Patrick Fischler, Robert Picardo, David Krumholtz, Fisher Stevens, Emily Beecham, Fred Melamed





Alguna vez tenía que pasar, pero un servidor guardaba la esperanza de que el fatídico día no llegara nunca. Por primera vez en mi vida como cinéfilo y fan de los hermanos Coen una de sus películas me decepciona casi en su totalidad. Por desgracia ¡Ave César! se revela para el que suscribe como el trabajo más deficiente de los autores de obras maestras como El Gran Lebowski, Fargo, Muerte Entre las Flores (Miller’s Crossing) o No Es País Para Viejos, algo impensable viniendo de dos de mis autores favoritos dentro de los últimos treinta años del cine estadounidense y que previamente jamás me habían decepcionado tanto con uno de sus proyectos. Una producción que tratando de seguir la estela de otras comedias menores de los guionistas y cineastas de origen judío como Crueldad Intolerable, el remake de Ladykillers de Alexander MacKendrick o Quemar Después de Leer (dejaremos a un lado la atípica Un Tipo Serio, que estaba hecha de otra pasta) se queda a mitad de camino en el proceso fallando en algunos de sus más importantes apartados y exponiendo en pantalla un conjunto cinematográfico indigno del talento de los titanes del séptimo arte que lo han perpetrado. Poco importa que el reparto cuente con nombres capitales del actual Hollywood como Josh Brolin, George Clooney, Scarlett Johansson, Jonah Hill, Ralph Fiennes, Channing Tatum o Tilda Swinton, es la labor de los autores detrás de la propuesta la que se mueve entre lo fallido y lo inesperadamente deficiente. A continuación trataré de incidir en cuáles son los motivos por los que ¡Hail, Caesar! es la película más endeble de toda la copiosa filmografía de la pareja de hermanos ganadores de cuatro premios de la academia.





La última obra de Ethan y Joel Coen sigue los pasos de un personaje que existió realmente, Eddie Mannix (Josh Brolin) el mediador de una gran productora de Hollywood llamada Capitol (en la vida real lo era de la Metro Goldwyn Mayer) que durante los años 50 trabaja para llevar a buen puerto el rodaje de un peplum de temática religiosa titulado ¡Ave César! que protagoniza la estrella Baird Whitlock (George Clooney). Cuando el actor principal es misteriosamente secuestrado los captores piden por el rescate cien mil dólares que Mannix deberá reunir lo antes posible para que la superproducción por la que está velando no acabe en un desastre. Esta trama central es la que vertebra (o eso intenta al menos) el núcleo narrativo de Hail Caesar! y si al mismo le echamos un vistazo rápido podría parecernos un mix entre la visión del Hollywood dorado de la pletórica Barton Fink, la historia sobre secuestros de El Gran Lebowski y el relato conspiranóico y con reparto de relumbrón de la ligera Quemar Después de Leer. El problema es que esta producción de 2016 no llega ni a vislumbrar la magistralidad con la que la cinta de 1991 protagonizada por John Turturro diseccionaba la meca del cine y sus entresijos, carece casi en su totalidad del soberbio humor socarrón del film encabezado por Jeff Bridges y ni siquiera sabe driblar con simpatía con su naturaleza de comedia ligera para el lucimiento de su casting como el largometraje comandado por Frances McDormand, George Clooney, Brad Pitt o John Malkovich entre otros.




Es desconcertante que dos de los mejores guionistas del cine americano actual como los Coen den forma a un libreto tan deficiente en ¡Ave César!. Una trama central que no ancla con solidez el núcleo de la narración, personajes que tienen breves y poco definidas intervenciones (los de Scarlett Johansson y Channing Tatum), gags con un humor impropio de lo autores de comedias brillantes como O Brother! o Arizona Baby siendo alargados hasta lo extenuante (el de Hobie Doyle intentando hacer bien la escena para el director Laurence Lorenz en principio tiene su gracia, pero se extiende tanto en el tiempo que acaba agotando al espectador, al igual que número musical de los marineros protagonizado por un esforzado Burt Gurney que se eterniza hasta lo alarmante) subtramas que no parecen ir a ninguna parte y que aparentan no haber sido pulidas debidamente, el poco aprovechamiento que se hace de secundarios típicamente coenianos (esos comunistas que aunque tienen sus momentos de gloria en pantalla podrían haber dado mucho más de sí) y un desfile de tópicos que convierten la trama de secuestros y rescates en un continuo déjà vu dan al traste con las buenas intenciones del último film de la factoría Coen. En este sentido si la escritura que sirve como base al relato no está bien solidificada la película se entrega a los engorrosos brazos del subrayado, lo plomizo y la impostura. Poco importa que los personajes que hacen acto de presencia sean identificables con la impronta de sus creadores, que los roles protagónicos estén bien perfilados y que la sátira, el grand guiñol y el humor negro marca de la casa haga acto de presencia durante esos 106 minutos de metraje que parecen 180, el barco comienza a hundirse poco después del primer tercio, justo cuando empiezan a notarse las costuras de un guión que más que por sus autores parece escrito por un becario venido a menos que Ethan y Joel han contratado para la ocasión y que malentiende el tono y la conceptualidad narrativa que hizo famosos a estos como cineastas.




Por descontado que no todo son fallos en ¡Ave César!, pero ni siquiera sus virtudes pueden salvar los muebles a los Coen. El reparto está a la altura, destacando sobre el resto un rocoso Josh Brolin com Eddie Mannix y un histriónico George Clooney como Baird Whitlock. A ellos les cubren las espaldas una divertida Scarlett Johansson (que tiene sólo dos míseras escenas en su regreso al mundo de los Coen después de su intervención en la muy superior El Hombre Que Nunca Estuvo Allí) una estirada Tilda Swinton con doble papel, un Channing Tatum bailarín y con tramposa sorpresa final, Ralph Fiennes memorable como director de cine británico, Alden Ehrenreich revelándose como un competente cómico inexpresivo al más puro estilo de Bill Murray y en roles muy episódicos podemos identificar a rostros como los de Jonah Hill o unos Christopher Lambert y Dolph Lundgren que nunca hubiéramos imaginado en una película de los Coen. El problema es que aunque todos los actores hacen una magnífica labor dando vida a sosias de personalidades reconocidas del celuloide americano de aquella época (Esther Williams, Ronald Reagan, Victor Mature, Lawrence Olivier, Carmen Miranda…) sus personajes deambulan perdidos por las inconsistentes tramas que pueblan y que no hacen justicia a la potencialidad humorística que la mayoría de ellos contienen y casi nunca consiguen explotar adecuadamente por culpa de la ya mencionada escritura deficiente del guión. Aunque si una virtud debemos destacar en una pieza como Hail Caesar! esa es indudablemente el acertado e interesante retrato que hace del Hollywood de los años 50. Los autores del remake de Valor de Ley o Un Tipo Serio dan una visión tan desmitificadora (esos representantes religiosos que sólo ponen trabas al retrato de Jesucristo que hace el peplum ficticio que da nombre a la película) como entrañable de la edad de oro del cine ofreciendo su particular mirada hacia representantes, directivos, montadores (grande una también breve Frances McDormand), actores, periodistas, nunca de manera brillante como lo hicieron en la kafkiana y mucho más profunda Barton Fink que también mencioné a inicio de la reseña, pero con el suficiente acierto como para convertirse en uno de los pocos bálsamos que proporciona la cinta.




Después de más de treinta años de carrera por primera vez debo admitir que una obra de los hermanos Coen no merece para mí ni el aprobado, aunque quedándose el borde del mismo. Es una pena que una historia que aunque desde su misma concepción ya apuntaba a ser un producto tan menor como alimenticio para Ethan y Joel haya resultado ser una producción tan decepcionante, autoindulgente y descompensanda a pesar de estar estelarizada por un puñado de actores que revientan taquillas en el Hollywood actual. El problema más grave de ¡Ave César! no es la endeblez de sus distintas tramas, la falta de consistencia a la hora de interconectar las mismas o el desaprovechamiento de lugares, personajes y temas que podrían haber ofrecido pasajes de comedia de alto voltaje, sino que su escueto metraje se hace pesado y considerablemente reiterativo debido a su falta de ritmo y paupérrimo desarrollo. Esta última obra de los Coen no sólo palidece ante otras producciones cómicas de porte liviano dentro de sus filmografía como Crueldad Intolerable, Ladykillers o aquella Quemar Después de Leer que aún con sus carencias conseguía hacer a todo tipo de espectadores con sus personajes exagerados y su rocambolesca trama de espionaje y servicios secretos, también se presenta como la obra menos conseguida de las diecisiete a las que han dado forma dentro del mundo del largometraje. Con todo una sola mancha no puede ensuciar el soberbio historial de unos cineastas que con las dos piezas inmediatamente anteriores a esta mostraron estar en plena forma después de muchos años de rodaje como cineastas personales e intransferibles en Hollywood, título que esperemos sigan manteniendo gracias a sus próximos proyectos que con toda seguridad volverán a recuperarnos a los genios que nos ofrecieron tratados sobre el miedo a la página en blanco, el honor entre mafiosos, la avaricia del ser humano y de cómo los parias heredarán la tierra entre partidas de bolos y copas de ruso blanco.



jueves, 30 de enero de 2014

A Propósito de Llewyn Davis



Título Original Inside Llevyn Davis (2013)
Director Joel e Ethan Coen
Guión Joel e Ethan Coen
Actores Oscar Isaac, Carey Mulligan, John Goodman, Ethan Phillips, Garrett Hedlund, Justin Timberlake, Max Casella, F. Murray Abraham, Jeanine Serralles, Stark Sands, Jerry Grayson, Robin Bartlett, Adam Driver





Tras el interesante y recuperable remake que realizaron en 2010 de Valor de Ley (True Grit) de Henry Hathaway, basados ambos films en la novela homónima de Charles Portis, lo cineastas norteamericanos Joel e Ethan Coen vuelven a las pantallas con un homenaje a la música folk de los años 60 (con la que ambos hermanos se criaron) o más bien a aquellos cantautores dentro del género que no consiguieron el reconocimiento que merecían a pesar de tener talento y pasión por su trabajo. Lo resultante es A Propósito de Llewyn Davis una memorable cinta 100% Coen que se mueve entre varios géneros y que se encuentra entre las mejores piezas de la última etapa de los creadores de Un Tipo Serio o No es País Para Viejos.




Inside Llewyn Davis está parcialmente inspirada en The Mayor of MacDougal Street las memorias del cantante folk Dave Van Rock y narra la historia del Llewyn Davis del título, un cantautor que durante 1961 vaga por Greenwich Village (New York) buscando locales en los que tocar en directo y casas de amigos y allegados en las que pasar la noche mientras espera infructuosamente que llegue ese éxito que se le resiste. Su antiguo compañero en las voces se ha suicidado, está esperando el hijo no deseado de la novia de uno de sus amigos y tiene que cuidar el gato de un matrimonio conocido hasta que pueda devolvérselo a la pareja. Sin dinero o reconocimiento intentará hacer lo posible para vivir de su música ya que su otra opción es volver a ser marino mercante algo que no le hace ninguna gracia.




Amalgama de la impotencia que en ocasiones se adscribe al talento incomprendido y desperdiciado expuesta en Barton Fink (sin el hermetismo kafkiano de aquella, aunque curiosamente aquí tenemos también unos estrechos pasillos que casi hacen que las puertas de los apartamentos choquen entre ellas y que nos remiten a la impronta literaria del autor de El Proceso), con O Brother!, sobre todo por sus referencias musicales y literarias de origen griego (a Homero concretamente), sumándole apuntes del peculiar humor de Un Tipo Serio y el laconismo desesperanzador de El Hombre que Nunca Estuvo Allí. Inside Llewyn Davis es una triste canción de folk en imágenes llena de melancolía existencial y desencanto protagonizada por un pobre y peculiar hombre con talento pero sin suerte.




Llewyn Davis es una criatura puramente coeniana. Un tipo taciturno, que no exterioriza sus sentimientos (cuando lo hace es en forma de canción y sin lugar a dudas esos son los mejores momentos del largometraje) y cuyo pasotismo vital en ocasiones llega a ser irritante. Un individuo arisco y en ocasiones antipático que contra todo pronóstico al que suscribe cayó en gracia ya que llegué a empatizar con su desgraciada existencia y a compadecerme de los continuos reveses que le asesta el destino. Cada vez que un glorioso Oscar Isaac hace que su personaje se abra en canal por medio de los temas musicales que interpreta desde el dolor o la impotencia la realidad vuelve a golpearle al finalizar los mismos por medio de la indiferencia, la intromisión de algún conocido (el momento con el matrimonio Gorfein es descacharrante) o la reacción inesperada de alguno de sus oyentes (con la respuesta "física" del padre ante su interpretación de Shoals of Herring no sabemos si reír o llorar) poniéndole estos una vez más los pies en la tierra.




Cada tema interpretado por el protagonista expone al espectador su estado de animo o sus sentimientos. La apertura con Hang Me Oh Hang Me manifiesta la intención de Llewyn por no dejarse vencer, su intervención en Please Mr Kennedy (Justin Timberlake demostrando una vez más que tiene madera de buen actor aunque no tenga en esta ocasión muchos minutos en pantalla) manifiesta cómo debe prostituirse haciendo música de otros para ganarse un sustento y esa maravillosa The Death of Queen Jane no sólo habla claramante de su relación con Jean (una Carey Mulligan que a pesar de ser una arisca malhablada, o puede que por ello, consigue enamorarme una vez más con su mirada y ese pelo moreno que le queda genial) y el hijo que espera de ella, ya que también se revela como el punto álgido del film cuando Davis la interpreta delante de Bud Grossman (un muy recuperado F.Murray Abraham) transmitiendo tanto dolor como impotencia con esas últimas estrofas cantadas a capella a modo de súplica desesperada.




Pero la música folk no sólo tiene su lugar en la banda sonora del film, la elegante y apagada dirección de fotografía de Bruno Delbonnel (que consigue la proeza de que no echemos de menos el sello de Roger Deakins, habitual de los Coen) el mismo poster del largometraje que nos recuerda a la portada de The Freewheeling de Bob Dylan o la carátula del, nada exitoso, disco en solitario de Llewyn (el que da título al largometraje en inglés) que es una referencia estética y conceptual clara al de aquel Inside Dave Van Ronk en el que se inspira indirectamente el grueso de la historia del film nos remiten a aquel movimiento musical que tuvo su época de gloria en los 60 y cuya visión por parte de los Coen está expuesta desde la admiración y el cariño, pero también la decepción, la tristeza y el desencanto.




A lo largo del metraje tenemos situaciones y personajes que son inconfundibles hijos de sus creadores. Al Cody podía haber compartido micrófono fácilmente con George Clooney, Tim Blake Nelson y John Turturro en Oh Brother!, Johnny Five parece una versión rejuvenecida del Gaear Grimsrud al que daba vida Peter Stormare en Fargo, la oficina de Mel recuerda vivamente al despacho del rabino de Larry Gopnik (Michael Stuhlbarg) en A Serious Man y luego está John Goodman, que ya de por sí es como un sello inconfundible de la Factoría Coen. Pero hasta situaciones como el viaje en coche a Chicago, la discusión con Lillian Gorfein cuando se "entromete" en la canción de Llewyn, las peleas en las que se ve implicado el protagonista o los dos intentos por embarcarse en la marina mercante recibiendo una hosca respuesta son momentos tan de sus creadores que no desentonan en absoluto con el resto de su filmografía.




A Propósito de Llewyn Davis es el viaje interminable (esa narración circular hacia la recta final perfecta para acentuar el matiz de bucle infinito en el que está sumergido el protagonista) de un hombre desencantado con un mundo que no valora su talento (la aparición de Bob Dylan actuando en el cierre del film es el coupe de grâce definitivo) que se muestra arisco con sus semejantes porque aunque no exterioriza sus sentimientos (si no es encima de un escenario y con su guitarra en las manos) sí los canaliza por medio de una, en ocasiones, antipatía psicológica que da pie a que sus amigos y conocidos le den la espalda o le traten de manera más o menos recíproca (la discusión en el parque con Jean y lo de los condones me arrancó más de una carcajada) en ocasiones mereciéndolo totalmente, para qué negarlo.




Durante su trayecto realmente no lo vemos casi nunca realmente desesperado, porque es un tipo apagado y triste que no parece implicarse con nada. Su acto más humano durante todo el film es velar por Ulises, el gato de sus amigos (la presencia del mismo y su nombre una vez más tienen reminiscencias homéricas) o visitar a su padre en el asilo con resultado más bien penoso. Pero esos momentos en los que Llewyn Davis coge su guitarra y se arranca de las entrañas lo que verdaderamente siente son los que utilizan estos hermanos judíos para rendir tributo la música (y músicos)  folk que los criaron y educaron para por el camino también homenajear a sus propios antihéroes, aquellos que pueblan una de las carreras más interesantes del cine norteamericano de los últimos 30 años.



jueves, 13 de septiembre de 2012

Ladykillers, atraco perfecto



Título Original Ladykillers (2004)
Director Joel y Ethan Coen
Guión Joel y Ethan Coen basado en personajes de William Rose
Actores Tom Hanks, Irmpa P. Hall, J.K.Simmons, Marlon Wayans, Ryan Hurst, Tzi Ma





Remake de la cinta El Quinteto de la Muerte dirigida en 1955 por el británico Alexander MacKendrick y escrita por el norteamericano Willam Rose para la productora inglesa Ealing. La cinta está escrita y dirigida por los afamados hermanos Joel y Ethan Coen, dos de los mejores cineastas americanos de los últimos 30 años y autores de una interesantísima filmografía en la que destaca una buena manita de obras maestras, un puñado de grandes films y alguna obra de menor envergadura pero ninguna desdeñable. Ladykillers data del año 2004 y sin ser una de las piezas destacables de sus autores no deja de ser una simpática comedia negra que funciona a distintos niveles.




Un elegante y educado profesor sureño visita a una anciana viuda para alquilar una habitación en su humilde hogar. El individuo en concreto le pide a la entrañable señora si le sería posible traer a los compañeros de una banda de música renacentista para ensayar en el sótano del inmueble, petición a la que la buena mujer accede. Pero los planes del profesor y sus compinches son otros, ya que lo que realmente están ideando es atracar un casino cercano al hogar de la dama cavando un túnel mediante el cual sustraeran una gran cantidad de dinero. Pero el problema surge cuando la ancianita descubre a los criminales en pleno acto y estos deciden intentar acabar con ella para que no los delate.




Ladykillers no hace sombra a la cinta original de Alexander MacKendrick que es cinematográficamente superior a la que nos ocupa en varios aspectos, ni siquiera es una de las obras más destacadas de los hermanos Coen, pero sí es una muy divertida comedia poseedora del inconfundible sello de los autores de Fargo o El Hombre que Nunca Estuvo Allí. Un proyecto bien ejecutado y rematado que hace pasar un buen rato al espectador que asiste a un producto hilarante, consistente y francamente divertido en bastantes pasajes, sobre todo los relacionados con la puesta a punto del golpe por los esperpénticos criminales que lo quieren llevar a cabo.




Las diferencias argumentales con El Quinteto de la Muerte no son demasiadas, pero sí bastante notables. De la oscura y neblinosa Inglaterra pasamos al caluroso sur de Estados Unidos. La afable simpatía de la señora Wiberforce de la encantadora Katie Johnson deja paso al fuerte carácter y la ferrea religiosidad de la señora Munson de una inspiradísima Irma P. Hall y el camión blindado que transportaba el dinero al banco en la cinta de MacKendrick es sustituido por un casino móvil en el que trabaja el personaje de Marlon Wayans, que ejerce como el topo del grupo de cacos dentro del local.




En Ladykillers funciona muy bien el humor, hay gags deudores de la comedia americana de los 40 (sobre todo se puede ver en las conversaciones del profesor G.H. Dorr y la señora Munson, que son remarcables) y hasta del slapstick más clásico. Los personajes secundarios tienen más peso en la trama que los de El Quinteto de la Muerte, pero en cambio (y a diferencia de aquella) se adentran con más simplismo en los estereotipos adscritos al género de la comedia. Pero por suerte los actores hacen en general un muy buen trabajo, destacando un J.K Simmons tronchante (aunque el toque escatológico de lo S.C.I sobra y entronca con el resto de la comcidad del film, menos gruesa) y el chino Tzi Ma como el General con su obsesión por fumar, su monosilábica personalidad y sus carreras detrás del gato de la señora Munson. Esta última bordada por una Irma P. Hall tan temible como simpática con su devoción religiosa y sus sopapos demoledores, dándole la réplica magníficamente al rol de Tom Hanks.




En el lado negativo tenemos a Marlon Wayans. El protagonista de Scary Movie está como casi siempre pasadísimo de rosca y sobreactuado, es más, los momentos en los que sale en pantalla siendo el centro de algún gag cómico es como si Ladykillers se convirtiera por unos segundos en una de las comedias chuscas que este actor realiza con sus hermanos (el pasaje del cojín y la madre sobra considerablemente). Una pena que los Coen no sacaran lo mejor de él como sí lo consiguio Darren Aronofsky cuando lo ató en corto para que interpretara a su memorable Tyrone en la impagable Réquiem Por Un Sueño. Lo que respecta a Ryan Hurst (nadie diría que este es el mismo actor que interpreta el gran Opie Winston en Hijos de la Anarquía) también es erroneo, pero por no dar más cancha al intérprete y exponerlo en pantalla demasiado estúpido, más de lo requerido.




Pero el que me ha sorprendido para bien es Tom Hanks. No es ningún misterio que domina la comedia ya que empezó su carrera interpretativa en ese género con pequeñas obras de culto como Esta Casa es Una Ruina (The Money Pit) o Big, pero llevaba muchos años haciendo papeles dramáticos bastante memorables (Philadelphia, Forrest Gump o Camino a la Perdición) y eso podía dar pie a que nos olvidáramos de su considerable vis cómica. Su mayor acierto es no imitar la muy superior e inolvidable caracterización de Alec Guinness (según el protagonista de Salvar el Soldado Ryan ni siquiera había visto la película original de MacKendrick cuando lo entrevistaban con respecto a su rol en la cinta que nos ocupa, a saber si es cierta tal afirmación) y a partir de ahí crear su propio personaje al que enriquece con detalles como su estúpida risa, cómo se limpia la boca con el pañuelo de tela o su pomposa verborrea que tiene su culmen cuando recita poemas del escritor Edgar Allan Poe.




Destacable la dirección de los Coen, como siempre. Planos elaborados, tono clasicista en las escenas que tienen lugar en exteriores o la casa de la señora Munson y un matiz más alocado y casi cartoon con la subtrama que tiene lugar en el sótano que es donde se cuece todo el devenir importante del argumento. Además, de los Coen llama mucho la atención que son dos cineastas que saben utilizar con sutilidad y mucha pericia los efectos digitales, es más, en Ladykillers hay más uso de CGI de lo que pareciera en un principio, pero los autores de Barton Fink saben dosificarlos debidamente para que sean casi imperceptibles. También estamos hablando de posiblemente dos de los mejores guionistas del cine actual, pero como aquí partían de un excelente material ajeno no tiene demasiado mérito el trabajo de escritura de la obra, de modo que no es de recibo destacarlo de manera considerable aunque hayan añadido distintos tipos de gags que unas veces funcionan y otros no.




Una cinta entretenida, que no trata de superar a la pieza en la que se inspira porque los mismos Coen sabían que esa era una empresa perdida desde el principio, pero que desde mi punto de vista no la desmerece en absoluto. Tiene, en general, buenos actores y personajes, está competentemente rodada (qué poético ese final en el puente, qué importancia formal cobra ese ferry lleno de inmundicia) y no tiene más pretensiones que la de entretener al espectador. Por el camino vemos un cálido y cariñoso homenaje al film de Alexander MacKendrick, humer negro, toques autoreferenciales a otras obras de los mismos Coen (y hasta algún guiño a Sam Raimi, amigo íntimo de los hermanos) y casi dos horas de humor para echar un buen rato de risas.



lunes, 31 de enero de 2011

Valor de Ley, en el nombre del padre



Título Original: True Grit (2010)
Director: Joel Coen
Guión: Ethan y Joel Coen basado en la novela de Charles Portis
Actores: Jeff Bridges, Matt Damon, Hailee Steinfeld, Josh Brolin, Barry Pepper, Paul Rae, Ed Corbin


Trailer


En 1969 el veterano realizador Henry Hathaway dirigió Valor de Ley (True Grit). Una adaptación a imágenes de una la novela de Charles Portis inspirada en el viejo oeste y que narraba como una niña de fuerte carácter contrataba los servicios de un sheriff tuerto para cazar al asesino de su padre. El film fue un éxito de público y crítica y le dio a John Wayne un Oscar al mejor actor prinicpal, regalándonos también la obra la presencia como secundarios de unos por aquel entonces poco conocidos Robert Duvall y Dennis Hooper que empezaban a despuntar en esto del cine.




Tras la desconcertante, por lo extrañamente indiferente que me dejó, Un Tipo Serio, los Coen vuelven a realizar un remake, como ya hicieran en 2004 con Ladykillers. Revisión del film británico homónimo (aunque en España recibió el título de El Quinteto de la Muerte) de Alexander MacKendrik protagonizado por Alec Guinness, Peter Sellers, Hebert Lom o Jack Warner entre otros. Valor de Ley recupera a unos Coen que todos conocemos, pero que esta vez se dejan imbuir por el western clásico de autores como John Ford o Howard Hawkes, sin olvidar como es lógico al ya mencionado Henry Hathaway.




Con Valor de Ley los Coen no quieren realizar la reformulación de un género, como sí hicieron por ejemplo con el cine mafioso en Muerte Entre las Flores (Millers Crossing), sino construir un producto clasicista con el que rendir tributo a westerns pretéritos pero sin perder ese sello que se han ido labrando con los años y que los distingue como unos cineastas únicos y con un toque genial a la hora de hacer cine. En ese sentido Valor de Ley cumple su cometido como tributo al western americano, al film original en el que se basa y gracias a ello se confirma como un producto cinematográfico de calidad incuestionable.




El viaje emprendido por la obstinada y muy inteligente Mattie Ross (una Hailee Steinfeld sensacional a la que seguir la pista y que si elige bien sus papeles tendrá un muy buen futuro delante de las cámaras) en pos de conseguir vengar a su padre del criminal, Tom Chaney, que le quitó la vida, torna en viaje de duro aprendizaje e incluso en ritual inciático de madurez al lado del sheriff Cogburn, Jeff Bridges genial, inmenso, con un marcadísimo acento, mejorando con los años y otra vez en armoniosa comunión con los Coen tras esa comedia impagable llamada El Gran Lebowski. Les acompaña un Matt Damon sorprendente como LaBoeuf, también acertando en su composición y el uso del deje sureño. Incluso Josh Brolin y Barry Pepper están magníficos con sus muy breves apariciones.




Los Coen aunan el estilo contemplativo y de ritmo pausado de No Es País Para Viejos con otro más accesible y comercial, justamente el que más se alimenta de los clásicos del género, para que todo tipo de espectador puede deleitarse con su trabajo. Un western bien construido, con planos generales realizados con un seco lirismo (grande Roger Deakins), unos personajes creíbles y bien perfilados, un guión sólido y todo ello acariciado por la magnífica partitura de Carter Burwell que recuerda al no menos genial score que realizó también para los Coen en la ya mencionada Muerte Entre las Flores.




No he leído la novela de Charles Portis y la versión de Henry Hathaway la vi hace tantos años que de ella sólo queda en mi memoria alguna imagen aislada y el carisma de un John Wayne memorable y crepuscular. Ciñéndome sólo a Valor de Ley, versión 2010, puedo hablar de otra certera muesca en el revólver de los hermanos Coen. Un producto realizado con oficio y considerable autoría que se ve con harto interés y que consigue algo que a pesar de dejar un sabor agridulce se agradece y que no es muy común en el cine de autor contemporáneo. Que su metraje se pase en un suspiro y que gracias a ello el espectador se quede con ganas de más.



martes, 19 de enero de 2010

A Serious Man, el Bar Mitzvá de los hermanos Coen



Director: Joel Coen (2010)
Guión: Joel Coen & Ethan Coen
Actores: Michael Stuhlbarg, Richard Kind, Fred Melamed, Sari Lennick, Adam Arkin, Aaron Wolff, Jessica McManus, Simon Helberg, George Wyner, Fyvush Finkel


Trailer


La primera en la frente. A Serious Man es el primer caso en toda la filmografía de los Coen en la que no salgo del todo satisfecho con el producto que visiono. También es cierto que soy consciente de que este film tiene más entidad que cosas como Crueldad Intolerable, pero eso no evita que la sensación de hastío que experimenté al ver hace unos días la última cinta de los Coen remita.



Sé que todo lo que los autores de Fargo plantean en Un Hombre Serio es interesante. También soy consciente de que todas las teorías que plantean sobre religión, fe, amor, madurez, decadencia, patetismo y desprecio son acertadas y de una solidez considerable, El problema es que al llevarlo a pantalla me causa una desarmante indiferencia por mi total falta de empatía con el personaje de Larry Gopnick, sí, es fácil sentir pena y una entrañable condescendencia por su triste existencia, pero es que el desinterés hacia la historia no me deja involucrarme con el relato que me está siendo narrado.




Otro problema de considerable preocupación es que no veo los hermanos Coen por ningún lado en esta obra, sólo en el prólogo, las escenas de ensoñaciones o algunos pasajes aislados como el de la pizarra o el de la visita al anciano rabino percibo algún eco de los tipos que tantos buenos momentos me hicieron pasar con obras como Barton Fink o No es País Para Viejos. Ni siquiera el guión, que es el apartado cinematográfico en el que los Coen son genios, me dice mucho o me aporta algún aliciente fuera de lo normal o que me haga partícipe de las aventuras de esta familia judía.




La falta del tono grangiñolesco de cintas como O Brother! o El Gran Salto o el más aspero y de rotunda sequedad que destilaban obras como Sangre Fácil o El Hombre que Nunca Estuvo Allí hace de A Serious Man una película que si no tuviera a los hermanos Coen en los créditos yo seguramente jamás tildaría como una de sus obras, porque no los reconozco como autores en el film que nos ocupa, incluso veo más ramalazos de gente como Harvey Pekar, John Sayles o ¡¡Kirk Van Houten!! que de los creadores de Arizona Baby.




Mi conclusión es esta. Los Coen hablan de que esta sea posiblemente su cinta más personal y autobiográfica, pues si eso es cierto su vida es mucho más aburrida que su obra cinematográfica basada en la ficción. De modo que lo mejor que pueden hacer es volver a hacer el cine con el que nos han deleitado desde su inicios, ya que no todo el mundo puede ofrecer obras interesantes cuando habla de sí mismo, no todo el mundo es un judio gracioso a la hora de contarnos su vida, en resumidas cuentas, no todo el mundo es Woody Allen.



sábado, 26 de septiembre de 2009

Muerte Entre las Flores, los hermanos Coen y la revisión de un género


Director:
Joel Coen (1990)
Guión: Joel y Ethan Coen
Actores: John Turturro, Gabriel Byrne, Steve Buscemi, Albert Finney, Marcia Gay Harden, Mike Starr, Richard Woods, Jon Polito, J.E. Freeman




El tercer film de los hermanos Coen es una reinvención del cine de gangsters bebiendo de los films clásicos, pero dándole estos su toque personal. Joel y Ethan de una manera u otra empapan la mayoría de sus films con la novela negra de autores como James. M. Cain o Raymond Chandler obras como Fargo, El Gran Lebowski o El Hombre que Nunca Estuvo Allí así lo atestiguan, pero posiblemente Muerte Entre las Flores sea junto la última que he mencionado la que con más pureza se deja influenciar por estos autores.




No falta ningún elemento carcterístico del cine negro en esta Miller's Crossing. El protagonista lacónico y chulesco (más inteligente y definido que la mayoría de protagonistas del cine noir) que ante todo debe saber recibir con clase palizas y palizas durante todo el metraje, la femme fatale causa de casi todas las desgracias de la trama, el jefe que se las sabe todas y que sería capaz de joder todo su imperio por una mujer de la que está enamorado y los sicarios del mismo que disparan o por defecto golpean antes de preguntar.




Es por muchos sabidos que los Coen son dos de los mejores guionistas del cine actual, el de Muerte Entre las Flores funciona perfectamente, al igual que la dirección de Joel Coen, que seguramente será también de Ethan pero ya se sabe con la cosa esta de los créditos. Planos elaborados y secuencias cojonudas, con una omnipresencia, como no podía ser menos, de sombreros hojas otoñales y lirismo. En resumidas cuentas el acabado técnico del film así como la excepcional fotografía de Barry Sonnennfeld son intachables así como la inolvidable banda sonora de Carter Burwell.




Los actores todos soberbios. Gabriel Byrne impresionante, la determinación de su personaje es harto carismática, Albert Finney genial como el jefe de Byrne un perro viejo que se las conoce todas, Marcia Gay Harden muy en línea de chica del gángster con carácter un tanto dudoso y de los secundarios, Jon Polito, J. E. Freeman o Steve Buscemi, hay que destacar a John Turturro cuyo personaje viene a ser el McGuffin del film y uno de los más geniales y rastreros de la trama.




Sin lugar a dudas una de las cumbres de los hermanos Coen como autores cinematográficos. Muerte Entre las Flores es una obra maestra con todas las letras. Nada falla y nada sobra en esta puesta al día del cine de los bajos fondos, del submundo del hampa y los gansters. En resumidas cuentas, Miller's Crossing es la clase de película que Brian De Palma debería de haber revisionado unas cuantas veces antes de ponerse a hacer su considerablemente fallida La Dahlia Negra.