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lunes, 31 de enero de 2022

Trangresion Continua Express 2021 - Diciembre I

Matrix Resurrections (Lana Wachowski, 2021) - Entre la metaficción concomitante con la autoparodia y la reivindicación de la esencia primigenia de la Matrix original, Matrix Resurrections se configura como un proyecto tan irregular y desmesurado como osado y autoconsciente.


Última Noche en el Soho (Edgar Wright, 2021) - La nostalgia como un caramelo envenenado cuyo envoltorio replica las constantes estilísticas y narrativas del giallo mientras la poderosa cámara de Edgar Wright captura la magia que emanan Anya Taylor-Joy, Thomasin McKenzie y Matt Smith.


Cazafantasmas: Más Allá (Jason Reitman, 2021) - Jason Reitman hereda el equipo de protones de su padre y evoca el humor juguetón, los apuntes de terror y la imaginería visual de la saga original para gozo de nostálgicos y nuevos acólitos. Precioso homenaje a Harold Ramis.


Resident Evil: Bienvenidos a Raccoon City (Johannes Roberts, 2021) - Aproximación mucho más fiel a la famosa saga de videojuegos que la ideada por Paul W.S. Anderson. Pese a su humildad formal deviene en un entretenido pastiche con varios momentos reseñables y una lograda atmósfera.


Way Down (Jaume Balagueró, 2021) - La destreza detrás de las cámaras de Jaume Balagueró es la mayor virtud de esta película de robos original en su planteamiento y procedimental en su desarrollo. Del reparto internacional son los actores españoles los que más destacan.


The Night House (David Bruckner, 2020) - Casi una adaptación apócrifa de Bag of Bones, de Stephen King, con apuntes de The Entity (Sidney J. Furie, 1982) que a pesar de una magnífica Rebecca Hall, buenas intenciones y cierta atmósfera todo en ella suena a redundancia y ya visto.


Violation (Madeleine Sims-Fewer, Dusty Mancinelli, 2021) - Farragosa y pretenciosa propuesta canadiense que en un intento por reformular el rape and revenge plagia descaradamente la estética de Antichrist (Lars Von Trier, 2099) y finalmente no aporta nada interesante al subgénero


La Casa de Papel Parte 5 Vol. 2 (Álex Pina, 2021) - La Casa de Papel se despide levantando el pie del acelerador, centrándose en sus personajes y cayendo en cierta autocomplacencia, pero siendo siempre consecuente consigo misma, con todo lo bueno (mucho) y malo (poco) que ello conlleva.


martes, 27 de marzo de 2018

Musa, los poetas han muerto



Título Original Muse (2017)
Director Jaume Balagueró
Guión Fernando Navarro y Jaume Balagueró, basado en la novela de Jose Carlos Somoza
Reparto Elliot Cowan,  Franka Potente, Ana Ularu, Leonor Watling, Christopher Lloyd, Manuela Vellés, Joanne Whalley-Kilmer






En no pocas ocasiones he profesado en este blog mi admiración por el cineasta español Jaume Balagueró. Desde que en 1999 asistiera impactado a la proyección en pantalla grande de su debut en el largometraje, Los Sin Nombre, he seguido los pasos de su filmografía, una de las más interesantes del panorama nacional dentro del celuloide de género. Todo estreno de una nueva obra salida de su mano era esperado con sumo interés por mi parte y Musa no ha sido una excepción a esa regla, más si tenemos en cuenta que no se ponía detrás de la cámara desde que en 2014 finiquitó la exitosa saga  [•REC], a la que él y su amigo Paco Plaza dieron inicio siete años años antes, con la cuarta entrega. Por desgracia con su último largometraje tenemos que hablar de una considerable decepción, y es triste tener que afirmarlo si tenemos en cuenta el potencial que el proyecto atesora en su interior, que no es desdeñable.




Musa está basada en la novela La Dama Número Trece escrita por el español de origen cubano José Carlos Somoza y narra cómo después del supuesto suicidio de su novia y alumna, Beatriz (Manuela Vellés) el profesor de literatura, Samuel Salomon (Elliot Cowan) comienza a tener unas visiones en las que una joven (Leonor Watling) es asesinada por medio de un ritual a manos de un grupo de mujeres que parecen formar parte de una especie de algún tipo de siniestra hermandad. Al día siguiente dicho crimen se hace realidad y Samuel descubre que ha tenido un sueño premonitorio. Con la ayuda de su amiga y compañera Susan (Franka Potente) irá investigando y buscando pistas que le ayudarán a resolver tan sórdido caso. En el proceso conocerá a Rachel (Ana Ularu) una striper y madre soltera que tiene las mismas visiones que él y que se convertirá en un personaje de vital importancia para que el protagonista descubra toda la verdad sobre tan peculiar trama.




La última película de Jaume Balagueró lo tenía todo para convertirse en una pieza estimable dentro de su filmografía. Un servidor no conoce la novela de José Carlos Somoza, pero la idea de las siete musas que se materialicen en nuestra realidad por medio del arte en general y la poesía en particular se antoja brillante por su planteamiento, que encuentra sus orígenes en la mitología clásica. La trama con sectas, ambientación gótica, localizaciones en un pueblo siniestro y neblinoso, seres sobrenaturales y el retrato de un tipo de mal que escapa al entendimiento humano no sólo son terrenos en los que el catalán siempre se ha movido a placer, también nos devuelven a sus raíces, a la ya citada adaptación de la novela de Ramsey Campbell que le sirvió de ópera prima o las lógicas evoluciones conceptuales y narrativas de aquella que supusieron Darkness o Frágiles. El problema reside en que se hace notable cierta desgana a la hora de abordar la escritura de su último proyecto y eso la hiere de muerte desde su mismo arranque.




Musa parece un remake desangelado de Los Sin Nombre, pero con la evolución en la puesta en escena experimentada por Jaume Balagueró con el paso de los años y que encontró su madurez en aquella polanskiana Mientras Duermes en la que condensó y corporeizó su discurso autoral, propenso a la morbidez y la perfidia, en el personaje protagonista de un inmenso Luis Tosar. De este modo en la cinta que nos ocupa no encontramos al joven y voluntarioso realizador que recurría al montaje efectista y la cámara nerviosa de sus inicios, sino al mesurado profesional que ha dejado de lado la estética expeditiva y visceral para entregarse a un clasicismo y un control de la narración propios de un cineasta más que consolidado. Así el trabajo detrás de la cámara y el oficio que demuestra su artífice para aprovechar, por poner un par de ejemplos, el diseño de producción de André Fonsny y la dirección de fotografía de Pablo Rosso son las mejores bazas que nos ofrece un proyecto como Musa.




Por desgracia en la siempre estimable labor detrás de la cámara por parte de su director se hallan las únicas virtudes de Musa. Más allá de eso nos encontramos con un guión confuso, póbremente estructurado, lanzando ideas que nunca son adecuadamente desarrolladas para permitirnos conocer con un poco más de profundidad el microcosmos que aborda el largometraje y del que sólo se rasca la superficie, algo que, supongo, no sucederá en la novela de José Carlos Somoza. Por otro lado somos testigos de una molesta desidia en cuanto a la construcción narrativa que nos incita a pensar que Balagueró no tiene confianza en el material que posee en sus manos. Durante casi todo el metraje, y siempre después del arranque con la excelente secuencia del suicidio, el personaje principal comienza su investigación y va encontrando pistas mientras se cierra sobre él el círculo de peligro y muerte en el que está inmerso, pero no asistimos a ningún pasaje remarcable, todo lo que acontece en pantalla nos es ajeno y causa indiferencia.




Hasta la idea más original del largometraje, la de las siete musas que invaden nuestra realidad por medio de las obras más grandes de la poesía, está llevada pobremente a la práctica desde el punto de vista narrativo. La presencia de dichos personajes se antoja inquietante en no pocos aspectos y la estética elegida para exponerlas en pantalla es encomiable (las interpretadas por Eve Maher y Stella McCusker transmiten genuina inquietud al espectador) aunque nunca se aprovecha al máximo, pero la falta de solidez del libreto y la intencionalidad de no entregarse completamente al  terror (la última película de Balagueró no pertenece a ese género, que nadie se deje engañar) por parte de su autor dinamitan cualquier posibilidad de que empaticemos con una historia de la que es casi imposible ser partícipe por su inadecuada escritura, sólo dejándonos atisbar un contexto espacial y temporal que parece haber sido extraído parcialmente de las páginas de la novela en la que se basa y que seguramente era mucho más rico.




Esta ausencia de empatía con la historia que en Musa nos es narrada se debe también al ineficaz trabajo de la pareja protagonista sobre la que recae la mayor parte del peso del largometraje. No podríamos acusar a Elliot Cowan y Ana Ularu de falta de implicación con sus papeles, realmente se nota que ambos intérpretes quieren transmitir veracidad con sus roles, pero no sólo la química brilla por su ausencia cuando ambos comparten plano, también se revelan como dos actores sin carisma, carentes de verdadero arrojo o personalidad para que el espectador pueda compadecerse de las situaciones extremas en las que sus personajes se ven implicados. La nota de color al reparto la dan nuestras Manuela Vellés y Leonor Watling, que con pocos minutos en pantalla la devoran impunemente, y a ellas podemos sumar una Franka Potente que no les va a la zaga dejando en evidencia a su partenaire cada vez que intercambia diálogos en la misma escena con él y un Christopher Lloyd que tira de veteranía para dar vida a un secundario poco perfilado y algo desdibujado que él resuelve con soltura.




Musa no sólo supone un paso hacia atrás en la evolución autoral de Jaume Balagueró, por desgracia también la podemos confirmar como su obra más fallida e intrascedente. Su factura técnica está fuera de toda duda, tiene pasajes visualmente potentes (los brillantes títulos de crédito o esa primera salida de la bañera con el círculo de sangre cayendo de las muñecas del personaje) y no aburre a lo largo de su metraje que se pasa en un suspiro, pero es una obra muerta en vida, como si de un cadáver frío e inerte se tratase. La inconsistencia narrativa, la carencia de verdadera personalidad o esa desgana globalizada que envuelve su entramado la convierten en una pieza poco lograda, que ni siquiera sabe aprovechar el potencial de su clímax final para remontar el vuelo. Mientras su amigo Paco Plaza ha facturado una de sus mejores películas con Verónica, Balagueró se ha quedado rezagado con respecto a él, esperemos que con su próximo proyecto la cosa cambie, talento para conseguirlo no le falta precisamente.



domingo, 30 de noviembre de 2014

Crítica de [·REC]⁴ y repaso a la saga vírica de Jaume Balagueró y Paco Plaza



Título Original [·REC]⁴ 2014
Director Jaume Balagueró
Guión Manu Díez y Jaume Balagueró
Actores Manuela Velasco, Héctor Colomé, Mariano Venancio, Críspulo Cabezas, Paco Manzanedo, Emilio Buale, Ismael Fritschi, María Alfonsa Rosso, Carlos Zabala, Khaled Kouka, Paco Obregón, Javier Laorden, Cristian Aquino


Cuarta y posiblemente definitiva entrega (al menos con sus principales artífices implicados en la gestación de los distintos largometrajes, como se dijo en su momento) de la saga [·REC] de la que no vamos a dar más apuntes en este apartado, ya que a continuación de la crítica que nos ocupa hablaremos de ella en profundidad. Después de las dos primeras entregas rodadas a cuatro manos por Jaume Balagueró y Paco Plaza, estos realizadores y las cabezas pensantes de la productora española Filmax, con Julio Fernández a los mandos, decidieron realizar otras dos partes que serían rodadas por ambos cineastas, pero esta vez en solitario. Plaza gestaría [·REC]³: Génesis , que llegó a las carteleras en 2012, y Balagueró lo haría con [·REC]⁴ : Apocalipsis, subtítulo este último que ha perdido para su estreno o eso al menos parece por la ausencia del mismo en los carteles oficiales. Como comentamos, hace dos años pudimos ver la autoparódica, brutal y cómica cinta del autor valenciano y este 2014 lo hacemos con la última entrega a manos del director de Los Sin Nombre o Mientras Duermes.




[·REC]⁴ es la entrega más convencional de la saga, la más tradicional cinematográficamente hablando, ya que aquí el producto se aleja del todo del formato de falso documental en el que se sustentaron las dos primeras entregas y el prólogo de la tercera, tras el cual se eliminaba dicha técnica con mucha sorna metareferencial. Jaume Balagueró es totalmente fiel en esencia a la franquici, como lo era también Paco Plaza con su película en solitario, pero a diferencia de su compañero de armas en [·REC]³: Génesis no arriesga prácticamente nada y va a lo seguro. Aunque esto no es óbice para afirmar que [·REC]⁴ sea una mala película, ni siquiera fallida, porque el autor catalán respeta (casi) todos las teorías, especulaciones y resoluciones argumentales de la saga desde que diera sus primeros pasos en 2007.




[·REC]⁴ tiene lugar inmediatamente después de los hechos acaecidos en la segunda parte de la franquicia. Lo último que allí vimos fue a la Niña Medeiros pasando el parásito vírico y demoniaco que contenía en su interior al personaje de Ángela Vidal, convirtiendo a la presentadora del programa Mientras Usted Duerme en la portadora de dicha criatura sobrenatural. Después de que un segundo grupo de los Geos, recordemos que los miembros del primero sufrieron un destino fatídico, la rescatara del infame bloque de edificios barcelonés esta y los miembros del equipo de asalto son aislados en un barco en cuarentena que también contiene en su interior a otros supuestos infectados por el virus. Este es el tablero de juego en el que Jaume Balagueró debe moverse y a fe del que suscribe que lo consigue con una pericia intachable. Aunque perdemos el formato falso documental o found footage y el factor sorpresa del primer film, el director está a la altura en el plano técnico apelando a su estética nerviosa en la realización y a un ritmo frenético en el que los sustos habituales de la saga son sustituidos por pasajes de una tensión acerada y firme manteniendo al espectador siempre atento de lo que acontece en pantalla. Ya sea para intentar dilucidar cuál será el fin de los personajes o para lograr montar el puzzle del que desde hace siete años sus creadores han ido ofreciéndonos piezas, en esta ocasión resuelto casi en su totalidad.




Aunque podríamos afirmar que [·REC]⁴ es la cinta más impersonal del Jaume Balagueró autor, sí es cierto que contiene en su interior referencias, homenajes e incluso parodias a muchos de los directores que influyeron en su propia impronta o marcaron en cierta manera su vida como cinéfilo. Por ello es lógico volver a ver ecos del David cronenberg de Vinieron Dentro de… en el pasaje en el que vislumbramos el movimiento del parásito diabólico en el estómago del personaje de Ángela o más de un apunte directo al Peter Jackson de Braindead como esos monos infectados o la escena del motor de lancha descuartizando poseídos. Porque si bien esta cuarta entrega no posee el humor hilarante de su predecesora, sí incluye algunos apuntes de sorna que, funcionando unas veces y otras no, consigue aligerar un poco la tensión de la historia por medio de ciertos momentos grandguiñolescos propios de la primera etapa del famoso realizador neozelandes.




Pero el tono imperante en la última cinta de Jaume Balagueró es el de un thriller de terror adscrito al subgénero de epdiemias y contagios con ambiente castrense y claustrofóbico, a lo Das Boot de Wolfgang Petersen, algunos apuntes metareferenciales (personajes de esta entrega viendo el vídeo que capturó los hechos acontecidos en el famoso bloque barcelonés, es decir, la primera película de 2007), aunque dejando demasiado de lado ese acertado tono teológico y satánico que habían introducido él y Paco Plaza en la segunda parte y del que se mantenían bastantes apuntes en [·REC]³: Génesis), en el que un puñado de actores acometen un trabajo bastante profesional en líneas generales destacando la siempre convincente Manuela Velasco, el veterano Héctor Colomé, el infravalorado y no muy prolífico Emilio Buale, la revelación de un Ismael Fritschi entrañable o un recuperado Críspulo Cabezas que se ha prodigado poco desde aquella lejana y memorable Barrio de Fernando León de Aranoa de 1998. Ellos son los que consiguen que los diálogos del guión de Balagueró suenen veraces, aunque en ocasiones pequen de estar repletos de tecnicismos algo artificiosos,gracias a un libreto bien ensamblado pero al que se le pueden echar en cara alguna que otra pifia que incluso contradice la revelación final con respecto al parásito diabólico en forma de larva gigantesca.




Sería de necios negar que [·REC]⁴ no ofrece síntomas de agotamiento y desgaste en la saga o que intentar alargar más la vida de esta sería un error incuestionable. Pero también es cierto que Jaume Balagueró ha cerrado muy dignamente una serie de largometrajes que han marcado tendencia y un hito en el cine de terror patrio, siendo él como autor, y en el mismo rol su amigo Paco Plaza, tan consecuente consigo mismo y la criatura a la que ha dado forma como para no traicionarla nunca, aunque también arriesgando en el adictivo proceso, tratando de no ofrecer siempre lo mismo tanto a las fans de la franquicia como a los espectadores neófitos en lides víricas o luciferinas. Regalando así a la platea cuatro entregas que se mueven entre el cine de evasión más efectivo y la morbidez lacerante requerida para poner en escena dicha serie. La misma que nació en 2007 para expirar en este 2014 después de siete años de trayecto, la que ha enganchado a espectadores de todo el mundo y sobre todo la que vamos a analizar en el artículo que adjuntamos a continuación.

La saga [·REC], el legado de Tristana Medeiros


Como hemos comentado con anterioridad en este mismo artículo el pasado día 31 de octubre, en pleno Halloween, se estrenó la cuarta y parece ser que última entrega de la exitosa saga [·REC] producida por Filmax y escrita y dirigida por el tandem formado por el catalán Jaume Balagueró (Los Sin Nombre, Darkness, Frágiles, Mientras Duermes) y su amigo el valenciano Paco Plaza (El Segundo Nombre, Romasanta: La Caza de la Bestia). Esta tercera secuela pone fin a una franquicia que nació con un rotundo éxito de crítica y público en 2007, que tuvo su continuación en 2009 y una precuela en 2012 en clave autoparódica que traicionaba (sólo en apariencia, como comentaremos a un poco después) el discurso estilístico y tonal que las dos primeras entregas rodadas al alimón por ambos realizadores (a diferencia de las tercera y cuarta, en la que se Plaza y Balagueró, respectivamente, se repartieron la butaca da director). [·REC] y sus continuaciones mostraron síntomas claros de que el cine de terror español vive una época de considerable bonanza, ofreciendo productos contemporáneos que beben de preceptos clásicos tanto patrios como foraneos. En el siguiente artículo vamos a hablar de las tres primeras películas, de sus remakes americanos, del cómic inspirado en su microcosmos, de los autores detrás de su gestación y trataremos de enumerar las muchas virtudes y pocas carencias que hacen de esta serie de largometrajes un fenómeno que ha dejado una huella considerablemente profunda en nuestro celuloide y la ficción terrorífica adscrita a esta época de espídico y, en ocasiones, vacuo posmodernismo filmado.


Jaume Balagueró y Paco Plaza, sospechosos habituales



Jaume Balagueró nació el 3 de noviembre de 1968 en Lleida, Cataluña. Desde bien niño se interesó por el el cine de terror y demás vertientes genéricas dentro del séptimo arte. Tras graduarse en Ciencias de la Comunicación y colaborar tanto en programas de radio como fanzines, entre ellos el famoso Zineshock, comenzó a hacerse un nombre como director con sus dos primeros cortometrajes Alicia y Días Sin Luz. Ambas piezas mostraban su predilección por la impronta de autores como David Cronenberg (Crash, La Mosca, Una Historia de Violencia), David Lynch (Cabeza Borradora, Carretera Perdida, Mullholland Drive) o Shinya Tsukamoto (la saga Tetsuo, Vital) y una morbidez insana y grotesca que vasculaba entre el postindustrialismo y el cyberpunk. Tan suicida era el tono de ambos cortos que el mismo director nunca ha podido extrapolarlo totalmente al mundo del largometraje, aunque en todas sus obras quedan resquicios y apuntes del mismo.

En 1999 su camino se cruzaría con el del también catalán Julio Fernández, dueño de la productora española Filmax, especializada en el género fantástico y de terror. Ambos idearon el debut en el largo del realizador con Los Sin Nombre, la adaptación de una novela del británico Ramsey Campbell protagonizada por Emma Villarasau, Karra Elejalde y Tristán Ulloa entre otros, que asentó las bases del discurso autoral de Jaume Balaguerño, Dirección efectista, cámara nerviosa, ambientes asépticos o neogóticos, una concepción pura del mal como abstracción indestructible y virica, predilección por inquietantes utensilios adscritos a la parafernalia médica, una visión negativa de las relaciones familiares o afectivas, oscurantista inconografía religiosa. Al poco tiempo se convirtió en una obra de culto dentro del cine español ganando gran cantidad de premios en distintos festivales. Tras ella llegó por un lado el alimenticio documental OT: La Película que seguía toda la gira de la primera entrega del exitoso reality show musical Operación Triunfo, obra en la que por primera vez coincidió detrás de las cámaras con su colaborador Paco Plaza, y por otro su debut internacional con Darkness, cinta ya adscrita a la Fantastic Factory que el mismo Julio Fernández y el director filipino Brian Yuzna (Society, La Novia de Re-Animator) crearon para realizar producciones españolas de género con aspiraciones globales, que quedó, salvo contadas excepciones, en un cajón de sastre en el que se gestaron todo tipo de entrañables cintas de Serie B. Darkness no sólo suponía una extensión del imaginario expuesto en su primer film, sino también un ejercicio cinematográfico que rendía tributo a obras como El Resplandor, La Semilla del Diablo o Al Final de la Escalera.

En 2005 Frágiles supuso la obra de transición de Balagueró. Aquella cinta protagonizada por la norteamericana Calista Flockhart, acompañada de Elena Anaya o Richard Roxburgh, mostró a un director más contenido, menos dado al efectismo visual y la visceralidad en la realización, dejando reposar más lo planos y respirar los encuadres en una historia de fantasmas encomiable, pero que no hacía pleno cuando el cineasta trataba de abordar por primera vez emociones humanas ajenas a su malsano discurso como autor. En el año 2006 volvió a coincidir con Filmax y su amigo Paco Plaza en la serie de films Películas Para No Dormir, con la que se homenajeaba al mítico programa catódico Historias Para No Dormir ideado por Narciso Ibáñez Serrador y en el que colaboraron primeros nombres del celuloide de la península como Aléx de la Iglesia, Enrique Urbizu, Mateo Gil o el mismo Chicho Ibáñez Serrador. Balagueró rodó la tv movie Para Entrar a Vivir, simpática, desquiciada y envenenada obra protagonizada por Adriá Collado, Macarena Gómez o una brutal Nuria González en la que rendía uno de sus homenajes más claros y directos a ese Roman Polanski que ha influenciado su cine desde su ópera prima de 1999. Al año siguiente rodó la primera entrega de [·REC], en 2009 la secuela y ya en 2012 Mientras Duermes, su último film en solitario de naturaleza más personal protagonizado por Luis Tosar o Marta Etura condensando su impronta autoral en la esencia de la historia que narra, más que en su envoltorio, confirmando al 100% su ya consolidada madurez como cineasta que le depara un, todavía, prometedor futuro cuando cierre totalmente su vínculo con la serie de films sobre la reportera Ángela Vidal y la inhumana Niña Medeiros.




Paco Plaza nace en Valencia en el año 1973. Después de licenciarse en Ciencias de la Información y diplomarse en Dirección Cinematográfica rodó varios cortometrajes como Tropismos o Abuelitos. Su debut en el largo se lo financio la Filmax de Julio Fernández en el año 2002, su título fue El Segundo Nombre se rodó integramente en inglés, con vocación internacional y su origen literario nacía de una novela de Ramsey Campbell, siendo este el primer punto en común con su futuro amigo y colaborador catalán. Ese mismo año rodó OT: La Película, el documental con el que conoció al que en un futuro próximo sería su compañero de fatigas, Jaume Balagueró, otro punto en común con el director de Frágiles y aquí pararemos de numerarlos o nos quedaremos sin espacio en la entrada. Dos años después ya dentro de la Fantastic Factory estrenó Romasanta: La Caza de la Bestia, la visión que Plaza dio del caso de Manuel Blanco Romasanta, el Hombre Lobo de Allariz (que en 1970 abordó también Pedro Olea en El Bosque del Lobo, con un enorme José Luis López Vázquez como intérprete principal) film deudor de la Hammer Films británica protagonizado por Julian Sands y Elsa Pataky en el que destacaba el diseño de producción y el trabajo del mismo realizador.

En 2006 nos ofreció Cuento de Navidad, una de las mejores tv movies de la serie Películas Para No Dormir protagonizada por Ivana Vaquero, Maru Valdivielso y Elsa Pataky con un filtro ochentero que aunaba al Richard Donner de Los Goonies con el Joe Dante de Exploradores destilando un aroma a juego de mesa y bocadillo de mortadela que a un servidor hizo rememorar los años de su infancia. Al año siguiente se embarcó con Jaume Balagueró en la gestación de [·REC] y dos años después [·REC]². Tras ella, junto a su co director y productores decidió alargar la saga con dos cintas más que tanto él como el autor de Para Entrar a Vivir realizarían en solitario. El resultado fue la traviesa y desvergonzada [·REC]³: Génesis que dio una visión nueva a la franquicia de virus, poseídos y protocolos NRBQ. Después de dirigir documentales musicales como Bunbury 3D para el ex cantante de la mítica banda zaragozana Héroes del Silencio o cortometrajes como Ultravioleta con Maribel Verdú y Carlos Villagrán se espera con ganas la adaptación que él mismo escribirá y dirigirá de Maldito Viernes, el cómic homónimo que guionizó en 2008 para la editorial EDT con dibujo de Joseph Diaz y el mito del vampirismo como núcleo central. Si nada se tuerce el largometraje verá la luz en un año 2015 en el que esperemos que este talentoso director encuentre su lugar dentro del cine de género internacional.


[·REC], la quimérica inquilina



El mockumentary y el found footage existen en el mundo del cine desde hace décadas. La vergonzosa Holocausto Caníbal, de Ruggero Deodato: la viscerlamente memorable Ocurrió Cerca de Su Casa, de Rémy Belvaux, André Bonzel y Benoît Poelvoorde; la comedia mayúscula This is Spinal Tap, de Rob Reiner; aquella El Proyecto de la Bruja de Blair de Eduardo Sánchez y Daniel Myrick que revitalizó el género introduciéndolo en el cine más manistream con la gestación de piezas posteriores como la resultona Cloverfield de Matt Reeves o la magnífica Chronicle de Josh Trank, son muestras de lo que siempre se ha conocido como falso documental o el metraje encontrado. Jaume Balagueró y Paco Plaza, dos de las promesas más sólidas del cine de terror en España, unieron fuerzas con la Filmax que les ofreció sus primeros trabajos en solitario detrás de las cámaras para realizar un largometraje conjunto de la vertiente found footage con el que iban a narrar, lo que en principio parecía, una infección vírica zombie en plena ciudad condal. Ambos directores ya eran amigos desde los tiempos de Fantastic Factory y previamente habían colaborado como dúo rodando otro documental de terror titulado OT: La Película, en 2002. El resultado fue [·REC], una cinta al más puro estilo del programa Callejeros en el que la visita de una reportera y su operador de cámara a una estación de bomberos en Barcelona se convertía en una masacre en la que se veían implicados todos los miembros de un bloque de vecinos contagiados por un virus que los convertía en muertos antropófagos. El origen de dicha enfermedad parecía tener su origen en el último piso abandonado del edificio.




La pelicula aunaba el tono herético de Jaume Balagueró y la visceralidad de Paco Plaza con una puesta en escena tan sencilla como rodar todo el film en formato televisivo (con el mismo director de fotografía, Pablo Rosso, como el actor que porta la cámara) apelando al naturalismo que un producto de esta naturaleza demanda. El ajustado metraje de poco mas de 75 minutos de duración era un chute de adrenalina disparándose justo cuando creíamos que la noche que la reportera Ángela Vidal y su compañero de trabajo iban a pasar en un parque de bomberos barcelonés apuntaba a ser un terrible aburrimiento. Con reminiscencias tanto a La Noche de los Muertos Vivientes, de George A. Romero como a 28 Días Después, de Danny Boyle pasando por una estética deudora de la ya mencionada cinta belga Ocurrió Cerca de Su Casa, [·REC] amalgamaba un apartado técnico impecable, frenético, que arañaba la epidermis del espectador con un reparto, en líneas generales, tan creíble como cercano comandado por una entregadísima Manuela Velasco que tras su paso por esta cinta se convirtió en una de las scream queens patrias más reconocibles, ganando con su labor en la cinta que nos ocupa el Goya a la mejor actriz revelación del año 2007. El guión, co escrito por el también cineasta Luiso Berdejo, tan sencillo como efectivo acertaba al introducir algunos apuntes sociales que retrataban con mucho tino los prejuicios del español de a pie con respecto a temas como la xenofobia o la incultura. El éxito fue descomunal, los premios internacionales no se hicieron esperar y Hollywood viendo el filón compró los derechos del largometraje para hacer su propia versión de la que hablaremos un poco más adelante. Ese triunfo en el que gran parte del público y la crítica se puso de acuerdo dio pie a que ambos autores y Filmax se propusieran dar continuidad a la gallina de los huevos de oro que acababan de sacar del corral.


[·REC]², la semilla del diablo



En 2009 llegó la secuela, de nuevo con Jaume Balagueró y Paco Plaza como directores, así como Filmax en la producción, comenzando justo donde terminó la primera entrega. Esta vez como espectadores seguíamos en el arranque del largometraje los pasos de un grupo de asalto de los GEOS adentrándose en el famoso bloque después de que el mismo fuera precintado por culpa del virus mortal contraido por los habitantes de dicho inmueble. La primera mitad de la película es intachable, un tour de force por parte de los directores en el que por medio de influencias del mundo del videojuego como los shooters en primera persona nos adentramos una vez más, con mayor crudeza y nervio, en ese infierno en la tierra en el que se ha convertido el edificio en el que habita la encarnación pura del mal. Porque en esta segunda parte los directores y su nuevo co guionista, Manu Diez, arriesgan todas sus cartas marcadas confirmando aquello que se apuntó en la recta final del primer film con la visita al ultimo piso del bloque en el que habitaba la famosa Niña Medeiros. Que lo que considerábamos muertos vivientes realmente son poseídos por una entidad diabólica cuyo influjo se transmite por medio de la toma de contacto con los fluidos corporales, saliva y sangre, de los afectados, dando así el film, y por efecto dominó la saga, un arriesgado giro de 180° en el que una historia de zombies acababa revelándose como una protagonizada por endemoniados y exorcistas.


Por desgracia lo que [·REC]² gana en brutalidad y fuerza lo pierde en cohesión con respecto a su predecesora. El fallo no es tan alarmante como se dijo en su momento, esta secuela fue injustamente maltratada en su estreno, pero sí es cierto que mientras la ya mencionada primera mitad, la centrada en los Geos, es un ejercicio de cine imparable y avasallador, la segunda pierde entereza y ralentiza considerablemente el ritmo de la narración cuando la historia protagonizada por el innecesario trío de adolescentes se hace con el núcleo de la segunda parte de la película. Sólo la presencia de un magnifico actor, no siempre reconocido, como Juli Fàbregas y la aparición de una Manuela Velasco al más puro estilo Teniente Ripley (la recta final en más de un pasaje recuerda a la saga Alien, sobre todo por el nuevo rol de falsa heroína que parece tomar en esta ocasión la protagonista de la anterior entrega) consiguen encarrillar el clímax del relato llenándolo de sorpresas, humor negrísimo y apuntes que extienden o enriquecen el microcosmos creado por unos Jaume Balagueró y Paco Plaza que siguen sembrando sus distintas improntas, la inquietante parafernalia religiosa del primero y el bestialismo primario del segundo, para dar forma a una secuela que si bien no es tan compacta como su hermana mayor sí consigue superarla en sus apartados técnico o artístico regalando pasajes de alto voltaje y sustos de una efectividad más que probada que dejan la puerta abierta para la cuarta entrega, porque como todos sabemos la tercera parte de la saga supuso un punto y a parte en la misma.


[·REC]³: Génesis, la novia ensangrentada



Después del nuevo éxito económico que supuso [·REC]² Filmax decidió realizar dos nuevas secuelas para la saga, que en principio serían las ultimas de la misma. En esta ocasión en vez de rodar Paco Plaza y Jaume Balagueró al alimón los nuevos largometrajes, estos serían realizados por los dos cineastas de manera independiente. El director de Cuento de Navidad sería el primer encargado de debutar en solitario en la franquicia y lo hizo con [•REC]³: Génesis, pieza que supondría una precuela de la cinta primigenia y dando origen a la maldición de una Niña Medeiros, por aquel entonces ya convertida en todo un icono del cine de terror internacional. Ciertamente, y para enfado de muchos fans, la película del autor valenciano no dio dichas respuestas, es más, abrió más incógnitas y como obra cinematográfica casi no era ni una protosecuela, sus hechos tienen lugar casi a la vez que la producción de 2007 que dio inicio a todo, pero como continuación del sello [·REC] supuso un punto de inflexión clave, un suicida puñetazo en la mesa que no sólo traicionó (ojo, únicamente en el plano formal, no en la esencia) los códigos que ya se habían establecido en las dos anteriores partes, sino que con una inteligencia encomiable y temeraria llegaba a parodiarlas y reírse sanamente de ellas gracias al guión del mismo Paco Plaza y su colaborador Luis Berdejo, que sin atenuar el terror sí aumentó el humor negro, comenzando a mostrar sus desprejuiciadas fauces en la primera secuela y que muerde, desgarra y amputa en todo su esplendor en la que nos ocupa.




Desde el arranque con esa simulación del dvd de un vídeo de boda Paco Plaza lo dejaba claro, [•REC]³: Génesis venía a volar por los aires muchas de las señas de identidad que forjaron el mito de la saga [•REC], pero sólo en la puesta en escena y el tono, ya que en su interior seguía esa amenaza vírica de reminiscencias impías que devoraba todo a su paso. En el prólogo del largomatraje el valenciano se despacha bien con las bodas tradicionalmente españolas, acentuando todo lo que en ellas hay de ridículo e impostado y rompiendo con la estética found footage de la franquicia cuando el personaje de un competente Roberto Álvarez destroza la cámara que hasta ese momento grababa los hechos. A partir de ese instante la tercera entrega de [•REC] se convierte en un recuperable y desprejuiciado festín de vísceras, sangre, humor negro (ese representante de la SGAE al que apodan Canon, el mítico director de vídeos de boda con ínfulas cinematográficas llamado Atún) y música hortera con una impagable Leticia Dolera de protagonista que tan pronto nos remitía a Planet Terror de Robert Rodríguez o Plácido de Luis García Berlanga como al Sam Raimi de la saga Evil Dead o al Paul Verhoeven más brutal, al que remite ese tiroteo final que poco tiene que envidiarle al de Alex Murphy en Robocop. Paco Plaza saldó con nota alta un ejercicio suicida en varias aspectos que se reveló como una de las cintas patrias más disfrutables del año 2012.


Quarantine 1 y 2, la infección hace las Américas



Como previamente hemos apuntado, la carrera internacional de la primera [·REC] fue un triunfo más que considerable, viendo la luz en festivales como los de Sitges o Venecia y siendo premiada en varios de ellos. De modo que la maquinaria hollywoodiense, tras llevarla con éxito a aquellas tierras, decidió comprar los derechos de la misma para hacer su propia versión con el poco conocido director y guionista John Erick Dowdle (La Trampa del Mal, Así en la Tierra Como el Infierno) acompañado de su hermano Drew Dowdle en la escritura y la actriz Jennifer Carpenter (El Exorcismo de Emily Rose, Dexter) como protagonista. Quarantine fue la película resultante, su estreno se produjo en el año 2008 y sin barrer las taquillas supuso un estreno bastante bien recibido. Poco bueno podemos decir de este innecesario remake del largometraje de Jaume Balagueró y Paco Plaza y mucho reprobable se puede destacar de él, pero trataremos de no cebarnos demasiado, ya lo haremos más tarde cuando hablemos de la inconcebible secuela de la cinta que nos ocupa.

Quarantine ofreció más o menos lo que en su momento se esperaba de ella. Una descafeinada, burda, impersonal y distante mala copia de la primera [·REC]. La cinta de John Erick Dowdle era una desvergonzada fotocopia de la película de Jaume Balagueró y Paco Plaza, de la que fusilaba no sólo casi todos los planos, también el diseño de producción, el vestuario y hasta los cortes de pelo de los actores. Pero lo peor no era su poca originalidad, su desgana, su inanidad o su tufo a prefabricado que poco o nada tenía que ver con la furia desatada con cámara al hombro del film primigenio, es que para colmo cuando en la trama sus creadores trataban de introducir pasajes de cosecha propia (el cámara golpeando a los infectados con su instrumento de trabajo, los perros contagiados con el virus) era cuando más se le notaban las costuras a este producto que falla a tantos niveles (Doug Jones no le llega a ni a la suela de los zapatos a Javier Botet como la Niña Medeiros, personaje que en este remake ni llegamos a saber de manera explícita quién o qué es, el guión anula toda la sátira social referida a los habitantes del bloque) que de él solo podemos destacar para bien la labor de una esforzada Jennifer Carpenter y que al copiar con descaro prácticamente todos los pasajes de la memorable obra original no podemos hablar con ella de una mala película. Pero la cosa cambia si la abordamos como un remake, y en ese sentido es de los más deleznables jamás rodados.



Cuando parecía que la meca del cine norteamericano no podía caer más bajo con respecto a degradar el buen nombre de la saga [·REC] después de Quarantine decidieron, tras el aceptable éxito de esta en las taquillas, abordar una inenarrable secuela. Pero contra todo pronóstico los productores que tenían los derechos de la franquicia decidieron, seguramente después de ingerir incontables cantidades de pellote, droga caníbal o lejía Conejo, alejarse totalmente de [·REC]² y hacer su propia segunda parte que, no sólo no tenía nada que ver con aquella producción española de 2009, sino que, para desconcierto de los cuatro gatos que la hemos sufrido al visionarla, la desvincularon al 100% de la primera Quarantine. Lo que en aquel 2011 salió de aquel proyecto es uno de los engendros más grandes que ha dado el cine reciente, un estreno directo al mercado doméstico con todas las de la ley que no puede recibir otro calificativo que no sea el de basura inmunda y aberrante.

Quarantine 2: Terminal, traducida estúpidamente en España como Cuarentena Terminal, fue escrita y dirigida por una criatura del mal llamada John Poge y protagonizada por una serie de terribles actores desconocidos, agradecimos estamos por ello. Aquel engendro hacía que una película de serie B pareciera de serie Z, tenía un presupuesto irrisorio al que se le notaban todas las carencias técnicas  como sólo tres soldados representando al ejército estadounidense o una única rata infectada que nunca sale delante de la cámara porque no habría dinero con el que recrearla. Aquí no hay lugar para la Niña Medeiros, edificios infectados, zombies brutales que regurgitan hemoglobina o el formato falso documental, que se obvia totalmente y del que no queda ni rastro en la trama. Sólo nos quedan un grupo de personajes imbéciles que no llegan ni a estereotipos que, primero en el interior de un avión y después en la terminal de un aeropuerto, se enfrentan a unos babeantes señores con varices que tienen que ver con un infectado/poseído/no muerto lo mismo que una castaña con un panzer. Un servidor ha degustado mucho detritus cinematográfico a lo largo de su vida como cinéfilo, pero lo que mis castigados ojos vieron durante los 86 interminables minutos que duró Quarantine 2 no tiene nombre.


[·REC]: Historias Inéditas, viñetas en cuarentena



Mientras el remake de la saga y sus ecuela hacían las Américas, con mucha más pena que gloria ,[·REC] se iba convirtiendo entrega a entrega en un fenómeno cinematográfico de culto en España, el país donde fue gestada, y cada uno de esos films era recibido con unos seguidores ansiosos esperando su dosis de virus, satanismo, gore y pólvora, asistiendo en tropel a las multisalas para degustarlos unas veces con fruición y otras con decepción. Por ello en 2012, al mismo tiempo que se estrenaba [·REC]³: Génesis, la editorial Glenat (por aquel entonces ya conocida como EDT, Editores de Tebeos) en asociación con Filmax y basándose en historias originales de Jaume Balagueró y Paco Plaza contrató al guionista Hernán Migoya y a un grupo de ilustradores internacionales para llevar a las viñetas estos cinco relatos cortos salidos de las perversas mentes que forjaron la famosa franquicia.

[·REC]: Historias Inéditas es una meritoria y simpática mezcolanza de distintos tipos de vertientes dentro del mundo del noveno arte. Por una parte la introducción a cada uno de los episodios a manos de una dicharachera Niña Medeiros es una referencia directa y muy cariñosa a revistas como Creepy o Tales From the Crypt, por otro las satíricas y muy ácidas portadas de tabloides nacionales parecen una variante envenenada de las que cierran cualquier entrega de los Mortadelo y Filemón de Francisco Ibáñez (esos títulos variantes como El Mando o La Períodica no dejan lugar a dudas de que la flema puramente española también campa a sus anchas en el producto) pero es dentro de las eclécticas historias que contiene el recopilatorio donde vemos más variedad tonal y artística en lo que a la serie se refiere.



Encerrados narra lo que le sucedió al trío de críos de [·REC]² una vez les perdimos la pista. La profesional estética manga de la asiático-argentina Andrea Jen pone en funcionamiento el guión de Hernán Migoya y aunque permanecen constantes de aquella secuela de 2009 a la historia se le va las manos con el sexo y el lenguaje malsonante salido de las fauces del personaje de Tito. Tristana es, junto a El Experimento, la mejor historia de la colección. Un episodio mudo ilustrado por el argentino Feliciano G. Zecchin con aroma a dibujo europeo en el que se nos narra el origen de la posesión de Tristana Medeiros, dando varias respuestas no aclaradas en los cuatro films. ¡Zoombi! cuenta lo sucedido cuando el veterinario que atendió a Max, el perro infectado de la primera película, visita un Zoo en el que llega a resucitar por culpa del virus hasta el cadáver del afamado gorila Copito de Nieve. A retratar esta mala baba omnipresente ayuda el visceral trazo del boliviano Álvaro Rubiola.

El Experimento, es posiblemente el mejor relato en cuanto a cohesión de guión y dibujo. En esta historia asistimos a toda la etapa de experimentación por parte del padre Albelda para exorcizar el cuerpo de la Niña Medeiros, utilizando en el proceso a niños pequeños como cobayas. La fuerza del guión de Hernán Migoya y el férreo trazo de un Salvador Sanz deudor del mejor Paul Gulacy (Sang-Chi, Batman vs Depredador II) ofrecen viñetas impagables, como la splash page que narra toda la subida del sacerdote por las escaleras del famoso inmueble barcelonés apuntalando lo mejor de la serie. Para cerrar tenemos El Desconocido, la única historia vinculada directamente con [·REC]³: Génesis y revelándonos cómo contrajo el virus el famoso tío Pepe Víctor que contagió toda la boda de Clara y Koldo. Con una labor del catalán Joan Marín que recuerda al Leonardo Manco que ilustraba historias de Harvey Pekar para el sello Vertigo cierra este divertido, irregular y cariñoso tributo en viñetas a la serie de films de Jaume Balagueró y Paco Plaza.

Valoración general

Como se habrá podido percibir en la entrada un servidor siente una especial predilección por la saga [·REC] y la labor que en ella han realizado durante siete largos años los directores Jaume Balagueró y Paco Plaza, por los que también profeso una más que considerable admiración. La que nos ocupa es una de las franquicias más rentables y seguidas del cine de terror patrio, o diseñó por españoles, ese que se  gestó durante la pasada década ofreciéndonos productos de muy buen nivel como Los Otros, de Alejandro Amenábar; El Espinazo del Diablo, de Guillermo del Toro; El Orfanato, de J.A. Bayona o 28 Semanas Después, de Juan Carlos Fresnadillo. Recordándonos que aquellos Jesús Franco, Jordi Grau, Narciso Ibañez Serrador, Juan Piquer Simón o Paul Naschy tienen unos dignos herederos que mirando siempre por lo contemporáneo no dejan de echar la vista atrás para saber de dónde viene y hacia donde va nuestro cine de género heredero del fantaterror. Por suerte, los muchos aciertos de la serie de largometrajes que han rodado esta pareja de cineastas solapan los posibles fallos que no la elevan a la perfección, pero el camino recorrido ha merecido la pena. Hemos vibrado, carcajeado nerviosamente, saltado de la butaca, nos hemos reconciliado o decepcionado con las distintas entregas a las que no se puede calificar de acomodaticias o miméticas y mientras su sombra crece y sobrevuela el panorama internacional con remakes, cómics o libros, como la novela de historias cortas [·REC]: Relatos Perdidos, el único material relacionado narrativamente con la franquicia que un servidor no ha podido comentar en esta entrada por no haber tenido el gusto de leerlo. En nuestra memoria colectiva queda aquella noche en la que una joven reportera y su cámara se adentraron en un bloque barcelonés cualquiera y con ello abrieron las puertas del infierno para suerte de los aficionados al buen cine de género hecho en este país. Esta España en la que cierto sector del público mira por encima del hombro a un celuloide que no para de dar síntomas que demuestran que de mediocre tiene más bien poco, diga lo que diga el ministro de cultura o hacienda de turno.

sábado, 15 de octubre de 2011

Mientras Duermes




Título Original Mientras Duermes (2011)
Director Jaume Balagueró
Guión Alberto Marini
Actores Luis Tosar, Marta Etura, Petra Martínez, Alberto San Juan, Carlos Lasarte, Pep Tosar, Amparo Fernández, Oriol Genis, Iris Almeida




Tras las dos entregas de [·REC ] rodadas al alimón con su amigo Paco Plaza y antes del estreno de las otras dos secuelas (Génesis y Apocalipsis) que darán forma a una tetralogía que supuestamente cerrará la célebre y exitosa saga, el catalán Jaume Balagueró ha estrenado una modesta cinta que sin lugar a dudas será, en un futuro, clave para entender la evolución de su discurso cinematográfico. Para el que suscribe uno de los más interesantes del panorama internacional dentro del género fantástico y de terror.




César es el portero de un edifico de apartamentos en un barrio barcelonés. Aparentemente es un profesional en su trabajo, parece estar pendiente de todas y cada una de las necesidades de los inquilinos y no duda a la hora de ponerse a disposición de los mismos cuando sus servicios son requeridos. Pero detrás de la sonrisa y los buenos modales del conserje parece esconderse algo muy oscuro, que habita oculto pero latente en su psique y que saldrá a la luz totalmente cuando conozca en profundidad a Clara, una joven y risueña jovencita que vive en el bloque.




Desde su magnífica ópera prima Los Sin Nombre, con la que adaptaba una novela del escritor birtánico Ramsey Campbell, el español Jaume Balagueró se ha labrado no sólo un nombre internacional como director de cine de terror, también ha conseguido depurar un estilo propio (que nació en sus oscurísimos y viscerales cortometrajes Alicia y Días Sin Luz) como narrador que normalmente se percibía, mayormente, en el plano exterior de sus trabajos, ya fuera en el uso nervioso de la cámara, una utilización atmosférica del montaje o por medio una fotografía siniestra, dándole a sus productos un tono entre tenebroso y post industrial.




Pero por primera vez (o por lo menos desde su ya mencionado debut en el mundo del largo, que aunaba ubicua personalidad en fondo y forma) parece que Balagueró ha conseguido algo inusual y muy atípico, no sólo dentro de nuestro cine, sino también en lo que a la madurez de autores cinematográficos se refiere, no evolucionar (eso vino con aquella cinta de transición llamada Frágiles) sino hacer que su propio discurso, su manera de ver el cine, se apodere del conjunto de la última de sus obras y habite dentro de la misma sin necesidad de utilizar constantes visuales o esteilísticas habituales o propias para mostrarlo en pantalla.




Lo que quiero decir es que Balagueró por primera vez no necesita pasadizos recónditos, piernas ortopédicas, máscaras de gas que dan un matiz inhumano a sus portadores, fantasmas deformes o un ambiente neogótico y sucio para definir el look visual de su film y con ello tratar de dar forma a su interior. Porque esa visión mórbida, cruel, bífida y tóxica que tiene del cine de género de terror por primera vez atraviesa el celuloide y se introduce en la epidermis de su personaje principal, al que borda, como sucede siempre, un Luis Tosar a todas luces inolvidable y sencillamente escalofriante.




César es la quintaesencia del estilo balagueriano de entender el cine. Un ser retorcido, oscuro, de sonrisa envenenada, que necesita de la desgracia ajena para alcanzar una felicidad que siempre le ha sido negada. Un tipo que amarga la existencia de su madre (o quién suponemos es su madre) contándole sus "hazañas", que es capaz de llegar a la tortura ajena con tal de saciar su apetito goloso, que con una sarta de palabras dichas sin inmutarse consigue hundir a una pobre anciana (mi paisana Petra Martínez, con un papel a su medida) o que ve incluso viable el suicidio al no encontrar a gente más desgraciada que él. Porque a pesar de que este conserje parezca la representación pura de la maldad no deja de ser un desgraciado que necesita que los demás sufran más que él para poder seguir adelante con su triste y pobre existencia.




Mientras Duermes es un ejercicio polanskiano (viene a la cabeza inevitablemente El Quimérico Inquilino en numerosas ocasiones a lo largo del metraje e incluso en La Semilla del Diablo) lleno de inquina, mala baba y a veces ironía sobre el lado más oscuro del ser humano, pero no mostrando una personalidad oculta en el fondo de la mente del protagonista sino una desviación psicótica que sale a la luz regularmente, cuando cae la noche y el personaje lleva a cabo sus escarcéos furtivos para destruir la vida de los demás. Su carácter demente aumenta y tiene su clímax en la media hora final del film cuando su afán por hacer daño a Clara (una preciosa y entregada Marta Etura, que para colmo es pareja sentimental de Luis Tosar en la realidad) llega a cotas de locura difíciles de calibrar.




Al igual que Rob Zombie en Los Renegados del Diablo (The Devil's Rejects) Jaume Balagueró logra pervertir su última obra de manera que nos hace cómplices de un enfermo mental con el que, contra todo pronóstico, llegamos a empatizar de alguna manera. Ya que en las muy medidas ocasiones (de pulso hitchcockiano todas ellas) en las que están a punto de pillar in fraganti al protagonista la tensión se hace palpable en el espectador. No sabemos si por miedo a que lo atrapen y deje de realizar sus fechorías o por si al ser descubierto por sorpresa pueda acabar con la vida de su delator. Ahí, en esa ambigüedad transmitida a través de la pantalla es donde se encuentra el mayor acierto de una cinta como Mientras Duermes.




El trabajo de Balagueró es medido y muy seguro de sí mismo. Como ya comenté en su momento tras Frágiles el co director de OT: La Película (sí, no puedo evitar nunca mencionar esta película cuando hablo de este señor) dosíficó sus trucajes de cámara y constantes visuales entregándose a una realización más elaborada y homogenea. Mientras Duermes es la confirmación de la madurez de un Balagueró que como ya he comentado puedo construir una cinta 100% hija de su impronta sin tener que repetir sus señas de identidad en el plano formal del producto porque ya ha solidificado un discurso como narrador total, con sus fallos y sus virtudes, pero de manera cohesionada y poderosa.




A la espera de esa que estrene esa [REC ·] Apocalipsis que supondrá el cierre de la célebre y existosa saga y que le volverá a unir (aunque esta vez no en la dirección, que será exclusivamente suya) a su amigo Paco Plaza, Balagueró ha estrenado posiblemente su película más personal y pura cinematográficamente hablando (aunque mi corazón siempre estará con esa Los Sin Nombre que tan tocado me dejó cuando la vi en pantalla grande allá por 1999). Mientras Duermes no sólo confirma uno de los talentos más singulares salidos de nuestro cine reciente, también sirve como reflejo aterrador la más pulcra y e inherente envidia. Ese pecado capital que el español de a pie a convertido en deporte nacional.


domingo, 19 de septiembre de 2010

Frágiles, osteogénesis imperfecta


Título Original: Frágiles (2005)
Director: Jaume Balagueró
Guión: Jordi Galcerán & Jaume Balagueró
Actores: Calista Flockhart, Yasmin Murphy, Elena Anaya, Gemma Jones, Richard Roxburgh, Colin McFarlane, Ivana Baquero


Trailer


La tercera cinta del catalán Jaume Balagueró supuso su segunda incursión en el mercado internacional tras Darkness, obra que recibió un considerable respaldo en taquilla en muchos de los países en los que se estrenó. Frágiles contó con un reparto internacional encabezado por la actriz americana Calista Flockhart, fue rodada entre Barcelona e Inglaterra y sabiamente vendida como una cinta de género modesta, pero con aptitudes para competir en un mercado más amplio que el español. La obra no consiguió un éxito masivo de público, pero tuvo una vida sana en las carteleras y fue vendida a muchos países por parte su productora, la Filmax.




Jaume Balagueró es para un servidor una de las voces más interesantes del cine patrio, un hombre que con la ayuda de su amigo, el valenciano Paco Plaza (buen director también, pero con un estilo diferente, del que se hablará aquí próximamente) ha revitalizado un género, el de terror, que en España desde siempre se ha movido entre estrenos marginales, cutres series B hoy olvidadas y obras de culto a manos de autores como Jorge Grau, Leon Kliomvsky, Jesús Franco o Paul Naschy, por poner algunos ejemplos de directores que que realizaron varias incursiones (unos más que otros) en este tipo de celuloide.




Ya con sus dos primeras obras, Los Sin Nombre, adaptación de una novela de Ramsey Campbell, que pilló desprevenidos a propios y extraños con una malsana visión del mal y la corrupción de la inocencia, un reparto excelente y una dirección tan potente como personal (para un servidor una de las mejores películas de la década de los 90) y Darkness, no tan lograda, pero muy solvente, con una trabajada atmósfera, suponiendo una especie de coherente extensión de su ópera prima, Balagueró estilizó y depuró unas bases que ya se asentaron sus cortos Alicia y Días Sin Luz. Mórbidos y muy enfermizos ejercicios lynchianos post ndustriales cuya lacerante visión nunca ha recuperado su director en toda su extensión porque la misma supondría un suicidio artístico al extrapolar ese universo tan malsano a un terreno como el del largometraje.




Frágiles supuso un proyecto por parte de Balagueró con un tono mucho más clásico dentro del género de terror que él venía cultivando. El co director de [REC·] deja un poco de lado su característico uso nervioso de la cámara y de la planificación de tomas (tan efectista como efectiva) y se entrega a un tipo de dirección más reposada, con planos más elaborados y detallistas. Con ello se pierde algo de esa fuerza primaria y descarnada que destilaban sus imágenes en su dos cintas previas, pero también es cierto que su dirección gana en profundidad y solidez, mostrando el oficio conseguido durante el paso de los años.




Tras retratar de manera muy personal, una impía génesis del mal en su estado más puro en sus primeras obras Los Sin Nombre, Darkness y OT, la Película (sí tenía que meter la coña como fuera y lo sabíais) el catalán decide por primera vez introducir un haz de luz dentro de la oscuridad imperante en su obra y lo cierto es que ese es uno de los fallos que hacen flaquear la estructura del film. A Balagueró se la da bien lo retorcido, la destrucción de la moral humana por la vía de la perversidad ya sea física o extraterrenal, no la luminosidad, ni lo hermoso, de ahí que el final de la película se muestre renqueante y hasta cierto punto empalagoso.




Pero también es cierto que muchas de sus señas de identidad siguen en Frágiles. Hospitales asépticos con una arquitectura de lúgubres tintes neogóticos, una especial delectación cronenbergiana por todo tipo de aparatos mecánicos como prótesis o piernas y brazos ortopédicos, sabia utilización de la iluminación para crear inquietud y el uso de figuras infantiles para infundir miedo. Dando todo ello lugar a, en ocasiones, excelentes escenas de suspense y tensión palpable, como la de la sábana, la de la primera visita a la segunda planta del edificio o algunas de las que muestran las defunciones de ciertos personajes secundarios.




Muchos se sorprenden por el buen trabajo y la entrega de una actriz como Calista Flockhart en Frágiles, una de sus pocas incursiones cinematográficas. La señora de Harrison Ford es mundialmente conocida por interpretar a la abogada Ally McBeall en la serie homónima, pero lo que pocos saben es que esta señora antes de realizar el papel que le dio fama catódica era una reputada y prestigiosa actriz de teatro que había trabajado con algunos de los mejores directores de escena actuales y que incluso formó parte de distintos montajes basados en textos de William Shakespeare (no se jactan de ello ni en la Wikipedia), es decir, lo de que la tipa sea una buena actriz no es algo que debiera ser un secreto. Le dan la réplica con acierto el australiano Richard Roxburgh y nuestra guapa Elena Anaya, bastante resuelta con inglés.




Balagueró no hace pleno, peca a la hora de intentar variar su discurso autoral en favor de un toque más profundo y sensible y yerra en apartados como el de mostrar el rostro de "su criatura" a cámara, que producía mucha más inquietud cuando estaba fuera de plano o cuando sólo mostraba alguna parte de su anatomía (esas piernas practicamente mecanizadas) que mirando fijamente al espectador. Pero Frágiles sigue siendo una propuesta estimulante, una buena película sobre fantasmas bien escrita, rodada e interpretada, con atmósfera, cierta personalidad y aciertos suficientes como para recomendar su visionado.