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miércoles, 30 de noviembre de 2016

El Proyecto de la Bruja de Blair, bosques, mentiras y cintas de vídeo



Aunque pueda parecerlo el “found footage”, no nació ayer. No tenemos que irnos muy lejos en el tiempo para encontrar muestras de este subgénero que en su momento cobraron considerable importancia. Productos tan dispares como la paupérrima y antropófaga Holocausto Caníbal (1980), la magistral comedia rockera This is Spinal Tap (1984) o la negrísima y brutal Ocurrió Cerca de Su Casa (1992) son prueba de que dicho tipo de films llevan décadas copando nuestras carteleras y haciéndolo desde países tan dispares como Italia, Estados Unidos o Bélgica. Cuando en el año 1999 El Proyecto de la Bruja de Blair se convirtió en un fenómeno cinematográfico el found footage estaba adormercido. Nunca desapareció, pero durante la segunda mitad de los 90 había sido relegado a subproductos de Serie B, en el mejor de los casos. Pero los directores norteamericanos Eduardo Sánchez y Daniel Myrick llegaron no sólo para volver a poner de moda las cámaras al hombro y los falsos vídeos caseros como medios narrativos, sino que también nos mostraron por primera vez que internet acabaría convirtiéndose en el medio de comunicación más importante de principios del Siglo XXI. En la siguiente entrada vamos a hablar de los tres largometrajes centrados en la ya célebre bruja del bosque de Black Hills situado en la localidad de Burkittsville, abordaremos brevemente la biografía de sus creadores y trataremos de calibrar el alcance de este fenómeno fílmico que ha vuelto a nuestras pantallas con una tercera entrega regresando a los orígenes de una saga que quedó completamente devaluada tras su secuela del año 2000. De modo que coged las mochilas, la brújula, víveres para varios días y no olvidéis traer vuestro mejor equipo de supervivencia, vamos a adentrarnos en el terreno de la inefable Elly Kedward.




De Blair a Burkittsville, el origen de Elly Keward

Aunque no todo el mundo lo sabe Eduardo Sánchez y Daniel Myrick, los creadores de El Proyecto de la Bruja de Blair, idearon todo un pequeño microcosmos alrededor de su película para convertirla en un relato que pudiera pasar por real y algo de esto sucedió meses antes de su estreno en el año 1999. Localizando su historia en Burkittsville, un pueblo ubicado en el condado de Frederick, en el estado de Maryland con poco más de 151 habitantes, y situando la acción en la ficticia villa de Blair, los guionistas y directores crearon la figura de Elly Keward, una anciana curandera que durante el año 1785 intentó llevar a su casa a una serie de niños de la zona para sacarles sangre y por ello fue acusada de brujería, desterrada de Blair y dada por muerta tras ser abandonada en el bosque de Black Hills durante un crudo invierno. Sólo un año después los hechos extraños relacionados con Keward comenzaron a sucederse en Blair cuando todos los niños que la acusaron de hechicería desaparecieron misteriosamente y los habitantes de la villa abandonaron la misma por miedo a la ya célebre bruja.




Ya en el año 1809 comenzó a forjarse la leyenda gracias a la publicación del libro El Culto de la Bruja de Blair, que relataba la maldición que cayó sobre Blair tras la muerte de Elly Keward. En 1824 se fundó el pueblo de Burkittsville sobre el antiguo asentamiento en el que se encontraba Blair, pero los hechos inexplicables relacionados con la bruja no dejaron de sucederse. Ya que sólo un año después Eileen Treacle, una niña de diez años que, según comentaban once testigos de lo acontecido, fue secuestrada por una anciana pálida que salía de un arroyo de la localidad y la agarraba de la mano arrastrándola por la corriente. Ya en 1886 un niño de ocho años llamado Robin Weaver fue dado por desaparecido y mientras él lograba volver a Burkittsville sano y salvo el equipo de salvamento que se dirigió en su busqueda fue encontrado días después con todos sus miembros muertos, maniatados y destripados en La Roca del Ataúd, cerca del arroyo donde fue raptada Eileen Treacle. Ya en el siglo XX y tras años de silencio con respecto a la bruja entre 1940 y 1941 siete niños del pueblo desaparecieron misteriosamente para ser encontrados poco después en la casa de Rustin Parr, un ermitaño que tras admitir haber cometido los asesinatos de los pequeños, por mandato de una voz de mujer que le incitó a cometer dichos crímenes, fue condenado a morir en la horca.




Todo este contexto histórico, magníficamente expuesto en el falso documental La Maldición de la Bruja de Blair, dirigido por los mismos Sanchéz y Myrick, se estrenó antes de que El Proyecto de la Bruja de Blair viera la luz como producto cinematográfico. Por tanto toda esta falsa historia adherida al folclore de dicha localidad situada en el estado de Maryland es la que incitaba a los estudiantes de cine Heather Donahue, Joshua Leonard, y Michael C. Williams a realizar en 1994 el documental sobre Elly Keward y su leyenda que los llevaba a desaparecer misteriosamente en los bosques de la localidad para ser sus cintas encontradas un año después justo en la casa de Rustin Parr, localización en la que asesinó a los “Siete de Bukkertsville”. Todo un entramado que como previamente hemos apuntado no pocos espectadores tomaron como cierto y cuyo morbo por el mismo los animó a ir en masa a las salas cinematográficas. Por desgracia el rico microcosmos creado por los directores y guionistas se vio truncado con el estreno de la paupérrima El Libro de las Sombras: BW2, dando al traste con lo que pudo convertirse una exitosa franquicia cinematográfica. Por suerte o por desgracia la sombra de Elly Keward ha vuelto con esa Blair Witch estrenada hace poco en nuestras carteleras e impulsada por los creadores del personaje y su leyenda negra. Dos jóvenes cineastas que pasaron del anonimato al éxito mundial, para al poco tiempo ser devorados impunemente por la maquinaria hollywoodiense.


Eduardo Sánchez y Daniel Myrick, los autores de la invocación

Eduardo Sánchez (La Habana, 1968) y Daniel Myrick (Florida, 1963) eran unos cineastas novatos cuando decidieron sacar adelante El Proyecto de la Bruja de Blair, ya que un puñado de cortos por parte del primero y una simple colaboración televisiva por parte del segundo suponían la única experiencia en el mundo del cine y la ficción de ambos. En 1997 comenzaron la gestación de un falso documental de ínfimo presupuesto con el que narrarían la excursión y posterior desaparición de tres estudiantes de cine en el bosque de Black Hills localizado en Burkittsville (Maryland) para intentar desentrañar los secretos detrás de la famosa Bruja de Blair, una supuesta leyenda local sobre la que recaé una oscura maldición. El film, protagonizado por actores no profesionales, rodado casi enteramente por los mismos en sólo ocho días y con una escasez de medios notable se convirtió en un éxito sin precedentes en la historia del séptimo arte, no sólo por recaudar casi 250 millones de dólares a nivel mundial con un presupuesto de poco más de 22.000, sino también por marcar tendencia en lo que a realizar una potente y original publicidad en un internet que por aquel entonces daba sus primeros pasos, depositando en una web relacionada con la película, activa todavía hoy día, ingente cantidad de información sobre la historia de la Bruja de Blair, los muchachos que desparecieron buscándola y abordando toda la temática relacionada con la obra como si se basara en un hecho real.




De la noche a la mañana Eduardo Sánchez y Daniel Myrick pasaron de ser unos desconocidos estudiantes de cine a convertirse en las nuevas promesas del cine de terror americano, unos emprendedores que hicieron historia en el mundo del séptimo arte e internet transformando un producto totalmente amateur como su debut al alimón detrás de las cámaras en un éxito con pocos precedentes en el mundo del cine contemporáneo. El problema es que El Proyecto de la Bruja de Blair supuso el prematuro principio del fin de la carrera de sus directores dentro de la primera línea de Hollywood. Sólo un año después llegó El Libro de las Sombras: Blair Witch 2, una secuela en la que Sánchez y Miryck sólo colaboraban como productores que abandonaba (casi) totalmente el formato found footage para convertirse en un slasher prototípico de los años 90 a rebufo de productos como Scream o Sé lo Que Hicisteis el Último Verano con la leyenda de la famosa bruja como único vínculo con la cinta primigenia. Su fracaso de crítica y poca repercusión en taquilla fueron suficiente motivo para que la saga desapareciera del mapa durante unos larguísimos dieciseis años. En ese periodo de tiempo Sánchez y Myrick han seguido trabajando en cine y televisión, pero casi siempre por separado y sin que su labor tuviera mucha repercusión. Ha sido en el presente 2016 cuando han vuelto a colaborar como dupla para producir una nueva entrega de El Proyecto de la Bruja de Blair que se encarga de dirigir otra nueva promesa del cine de terror como es Adam Wingard y de la que hablaremos en esta entrada una vez hayamos rememorado las dos primeras entregas de la franquicia.




El Proyecto de la Bruja de Blair (1999), in the shadow of the valley of death



Dirección Eduardo Sánchez y Daniel Myrick
Guión Eduardo Sánchez y Daniel Myrick
Música Antonio Cora
Fotografía Neal Fredericks
Reparto Heather Donahue, Michael C. Williams, Joshua Leonard, Patricia DeCou, Sandra Sánchez
Duración 81
Productora Artisan Entertainment / Haxan Films
Nacionalidad Estados Unidos

Fue el sleeper del año aquel 1999, El Proyecto de la Bruja de Blair estaba en boca de todos y llegó para dividir radicalmente al público entre los que la consideraban la película más aterradora de la historia del cine y los que afirmaban que nos encontrábamos ante un timo de los que hacen época con el que sus creadores se reían en plena cara del espectador. Vendida en sus inicios como una serie de grabaciones reales gracias a una campaña viral en internet que marcó época, la historia de los tres estudiantes de cine Heather Donahue, Michael C. Williams, Joshua Leonard (el trío de actores conservaba en el film sus verdaderos nombres para ceñirse más a su “falsa realidad) y su viaje al bosque de Black Hills en el condado de Burkittsville (Maryland) para realizar un documental sobre la inefable Bruja de Blair se convirtió en una de las películas más icónicas del celuloide adscrito al género del terror de lo que fueron las postrimerías del siglo XX. Vista hoy día casi veinte años después de su estreno el largometraje de Eduardo Sánchez y Daniel Myrick mantiene intactos tanto sus aciertos como sus fallos, siendo los primeros bastantes más que los segundos, gracias a cómo suplieron estos la sencillez de su propuesta y la escasez presupuestaria por medio de una sabia puesta en escena reducida al mínimo exponente, pero que funcionaba al 100% gracias al ingenio y la osadía de todos los que implicados en aquella atípica propuesta cinematográfica que resucitaría un subgénero que tras su regreso hoy día sigue siendo rentable por medio de distinto tipo de sagas.




El Proyecto de la Bruja de Blair cumple con casi todas las características que debe tener una pieza de found footage como el metraje exiguo, 81 minutos, para no quemar la propuesta rápidamente de cara a la platea, buscar una excusa narrativa más o menos viable para que los personajes nunca dejen de grabar a pesar de encontrarse en situación extremas (la obsesión de Heather con sacar adelante el proyecto del documental a toda costa, aún a riesgo de costarle la vida a ella y a sus dos colaboradores) y una continuidad cronológica de las grabaciones que de la impresión de inmediatez y tiempo real aunque pasen varios días a lo largo del desarrollo del largometraje. Con los tres actores ejerciendo de cámaras y sonidistas, recibieron clases de realización antes de manipular el equipo de grabación durante el rodaje, y haciendo un especial hincapié en la sutilidad, el sugerir y nunca mostrar, los efectos de sonido y la atmósfera que proporcionaban las localizaciones elegidas para el rodaje Sánchez y Myrick consiguieron una pieza rotundamente efectiva, que conseguía mantener en tensión a la platea gracias a sus resoluciones narrativas bien elegidas y ejecutadas, aterrorizando de manera elocuente y veraz a un muy bajo coste monetario por medio del talento depositado por ambos en la producción.




Como previamente hemos mencionado El Proyecto de la Bruja de Blair se convirtió en un éxito sin precedentes recaudando 250 millones de lo dólares a nivel mundial cuando su presupuesto superó a duras penas los 22.000 y aunque sigue lastrando algunos fallos (el personaje de Heather Donahue torna en insoportable durante la recta final de la cinta, empañando en parte el buen hacer del trío actoral) que ya en su momento hicieron restar puntos al conjunto de la obra sigue siendo una película muy a tener en cuenta. Por suerte el film de Eduardo Sánchez y Daniel Myrick ha superado la prueba del tiempo revelándose como la punta de lanza de un nuevo resurgir del género found footage, al que se subieron sagas como las de Paranormal Activity, o [•REC] y films como La Visita, de M. Night Shyamalan, Chronicle, de Josh Trank, Cloverfield, de Matt Reeves o Home Movie, de Christopher Denham. Adscritas todas ellas a géneros como la comedia negra, el cine superheróico, el de catástrofes o posesiones demoniacas respectivamente. Por desgracia, y como vamos a comentar a continuación, los creadores de la potencial franquicia perdieron pronto el control de la misma por dejarla en manos del primer grupo de mercenarios que los productores les impusieron para seguir explotando la gallina de los huevos de oro.


El Libro de las Sombras: Blair Witch 2 (2000), disposable teens



Dirección  Joe Berlinger
Guión Dick Beebe y Joe Berlinger, basado en personajes de Eduardo Sánchez y Daniel Myrick
Música Carter Burwell
Fotografía Nancy Schreiber
Reparto Kim Director, Jeffrey Donovan, Erica Leerhsen, Tristine Skyler
Duración 90 min
Productora Artisan Entertainment/ Haxan Films
Nacionalidad Estados Unidos

Poco más de un año tardó en llegar la secuela de El Proyecto de la Bruja de Blair a las pantallas de todo el mundo. Con el éxito de la cinta original todavía muy reciente la pequeña productora que la impulsó, Haxan Films, vio por primera vez el cielo abierto de par en par y no quiso dejar pasar la oportunidad de seguir dando forma a lo que esperaban fuera una nueva franquicia cinematográfica dentro del género de terror que reventara las taquillas atrayendo al mayor número de espectadores posibles. Los mismos que se sorprendieron ante el ingenio y la efectividad del largometraje de Eduardo Sánchez y Daniel Myrick. El problema surgió cuando la productora Artisan Entertainment, que distribuyó el film primigenio, metió presión para rodar lo antes posible una segunda parte y para colmo sacó de la ecuación a los dos guionistas y directores de la película de 1999, quedando esta vez relegados a la producción ejecutiva de esta nueva incursión en los terrenos de la localidad de Burkittsville en general y el bosque de Black Hills en particular. Para sacar adelante el proyecto se contrataron los servicios del documentalista Joe Berlinger para que lo dirigiera y del guionista de films de bajo presupuesto Dick Beebe para que lo escribiera. El resultado fue El Libro de las Sombras: Blair Witch 2, un desastre mayúsculo nada inesperado por culpa de las prisas y lo mal planteada y ejecutada que había estado toda la génesis del producto.




El Libro de las Sombras: BW2 tuvo una sola buena idea, tratar de no ser una copia de su predecesora, y ni esa llegó a cristalizar adecuadamente por culpa de la ineptitud de sus creadores. El largometraje de Joe Berlinger abandona el formato found footage y abraza una narrativa cinematográfica asentada en la ficción, pero adentrándose en un juego metaficcional desde el mismo planteamiento de la trama, que está centrada en un variopinto grupo de fans de la película El Proyecto de la Bruja de Blair que deciden viajar al bosque de Black Hills para visitar las localizaciones donde se rodó dicho film. Esta secuela de la producción de 1999 ideada por Eduardo Sánchez y Daniel Myrick es un pésimo y genérico slasher que utiliza la mitología asentada sobre el personaje de la Bruja de Blair para dar forma a una muestra pobrísima de cine de terror que no asusta por su ineficaz puesta en escena, guión caótico y horriblemente estructurado, el uso de los flashbacks es nefasto, así como por un reparto de actores imberbes que por mucho que se entreguen a la exageración y la hipérbole en ningún momento consiguen ser creíbles o despertar un mínimo de empatía hacia un espectador asistiendo a lo acontecido en pantalla con sensaciones que van desde la indiferencia hasta la incredulidad ante la consecución de secuencias vergonzosas y sonrojantes (las apariciones de los “7 de Burkittsville” sólo transmiten risa a la platea) rematadas con un clímax ineficaz, chapucero y tan insatisfactorio como el resto del metraje.




Como era de esperar la taquilla no respondió bien, la crítica masacró la cinta y las nominaciones a los Razzie, ganando el de Peor Remake o Secuela, no se hicieron esperar. Ante este desalentador panorama la franquicia quedó muerta y enterrada, Eduardo Sánchez y Daniel Myrick desaparecieron del mapa de Hollywood y comenzaron a sobrevivir de mala manera en productos de Serie B o comercializados directamente en los videoclubs y los fans de la obra primigenia se quedaron sin su potencial franquicia llena de posibilidades. A pesar de la mayúscula debacle la idea de resucitar a la Bruja de Blair nunca desapareció de internet con continuos rumores sobre una nueva continuación o un reinicio del relato original escrito y dirigido por los mismos Sánchez y Myrick. Finalmente ha sido en pleno 2016 cuando una nueva entrega de la historia negra de Burkittsville y la inefable Elly Keward ha llegado a las pantallas, con sus creadores detrás de su gestación pero sin intervenir directamente en el guión y la dirección. Ya que de estos se han encargado Simon Barrett y Adam Wingard respectivamente, dos nuevas promesas del cine de género en el que los hacedores de El Proyecto de Bruja de Blair han confiado para resucitar su criatura con unos resultados que pasaremos a comentar a continuación.

Blair Witch (2016), born again



Dirección Adam Wingard
Guión Simon Barrett
Música Adam Wingard
Fotografía Robby Baumgartner
Reparto James Allen McCune, Callie Hernandez, Corbin Reid, Brandon Scott, Wes Robinson, Valorie Curry
Duración 89
Productora Lionsgate / Vertigo Entertainment / Room 101 / Snoot Entertainment
Nacionalidad Estados Unidos

En la pasada San Diego Comic Con la productora Lionsgate presentaba una de sus últimas producciones. Un proyecto gestado bajo el más estricto de los secretos del que sólo habíamos visto un primer teaser trailer y que se llamaba The Woods. El film iba a ser una nueva colaboración del cineasta norteamericano Adam Wingard y el guionista Simon Barrett, autores de You’re Next y The Guest, pero al final todo se desveló y descubrimos que el proyecto se llamaba Blair Witch y era nada más y nada menos que una nueva secuela de El Proyecto de la Bruja de Blair. Ideada en lides de producción por Eduardo Sánchez y Daniel Myrick, creadores de trabajo original de 1999, y obviando totalmente lo acontecido en la insalubre El Libro de las Sombras: BW2, esta nueva entrega volvía a las raíces de la saga recurriendo nuevamente al formato found footage y narrando una historia que parecía tener muchas similitudes con aquella protagonizada por Heather Donahue, Michael C. Williams y Joshua Leonard. Después de la proyección en la SDCC la red ardía con comentarios que afirmaban que Blair Witch era una de las películas del año y una de las piezas de género más aterradoras de los últimos tiempos. Su paso por el festival de Sitges por el contrario no fue tan benévolo, ya que tanto la prensa especializada como el público acusaron al film de poco original y arriesgado, incitando a que el hype sobre el proyecto de cara al fandom y el espectador ocasional descendiera notablemente.




Por desgracia con Blair Witch nosotros nos posicionamos con aquellos que han recibido negativamente la última incursión en los bosques de Black Hills. Lo hacemos porque Eduardo Sánchez y Daniel Myrick han desperdiciado una oportunidad de oro para, después de diecisiete años, reverdecer laureles y encarrilar una saga que desde sus inicios poseía en su interior un más que considerable potencial, entregando una pieza cinematográfica brutalmente desvergonzada en cuanto a su planteamiento y conceptualidad, no por ser una producción de mala calidad, sino por haber sido gestada, ejecutada y vendida como una secuela o reinicio de la franquicia a la que pertenece cuando realmente es un descarado y pedestre remake de la El Proyecto de la Bruja de Blair original que llegara a carteleras de todo el mundo en el año 1999. Nuestros peores vaticinios se han hecho realidad con esta producción de 2016 que se une a otra serie de decepciones de la temporada dentro del género de terror como La Bruja, de Robert Eggers o 31, de Rob Zombie, y que no consigue su fin último, insuflar vida en una franquicia muerta desde hace casi veinte años.




Los momentos de vergüenza ajena en Blair Witch tienen lugar poco después del arranque del largometraje, no por lo mal que estén escritos o rodados (aunque de eso también hay algo, como comentaremos después) sino porque el conocedor de El Proyecto de la Bruja de Blair se dará cuenta escena a escena que Simon Barrett y Adam Wingard van fusilando uno a uno todos los hechos acaecidos en la trama de aquella. No lo decimos solo por la estructura narrativa que es demencialmente mimética a la de su predecesora (recordemos que El Libro de las Sombras: BW2 no existe, ni se hace mención a ella en esta película) sino a todos y cada uno de los hechos que van sucediendo en pantalla. Presentación de los personajes en la intimidad, muestrario del material audiovisual que van a utilizar, llegada al bosque de Black Hills, discusiones entre los componentes del grupo, extrañas y amenazantes visitas nocturnas al asentamiento que han creado, voces de niños entre la oscuridad, salidas a horas intempestivas de las tiendas de campaña para correr frenéticamente, cámara en mano, por el bosque, desaparición de roles secundarios y clímax final en la casa de Rustin Parr. Todo esto planteado con la única novedad de la presencia de un protagonista en el film que es el hermano menor de Heather Donahue lanzado en su búsqueda y el adelanto que supone en la puesta en escena del film el uso de unas cámaras de alta tecnología que permiten más movilidad a los personajes principales.




Si eludimos la enorme losa que supone la autocomplacencia con la que está abordado el proyecto lo que nos queda es una slasher rodado en formato found footage con una puesta en escena caótica, deslabazada, impersonal y ruidosa que sólo ofrece una cara más sensacionalista, aparatosa, fálsamente cruda y primaria, en el peor sentido de la palabra, de El Proyecto de la Bruja de Blair. Con un guión reducido al mínimo exponente y diálogos de guardería, un reparto de personajes planos, insufribles, con los que es imposible empatizar por culpa de lo pésimamente perfilados que están, mezclándose confusamente unos con otros (las cámaras localizadas en las cabezas de los protagonistas deberían ofrecer claridad a la narración, pero el resultado es el contrario) unas muy pocas escenas de tensión aisladas amalgamadas con un puñado de secuencias a las que asistimos con la más notable de las indiferencias y una recta final interminable de la que podemos rescatar un par de fogonazos mínimos de eficacia visual y de ritmo Blair Witch fracasa estrepitosamente a la hora de llevar la mitología ficticia detrás de Elly Keward y sus malas artes de hechicería a una nueva generación de espectadores que puedan interesarte en un plano cinematográfico por ella y su microcosmos ideadoy desperdiciado, una vez más, por unos Eduardo Sánchez y Daniel Myrick que por bisoñez o factores externos no han sabido explotar adecuadamente. A los pobres resultados de taquilla del film nos remitimos a la hora de tener que volver a hablar de fracaso, porque parece ser que la maldición de la Bruja de Blair se extiende más allá de Burkittsville, llegando hasta las carteleras de todo el mundo.

Valoración General

El Proyecto de la Bruja de Blair es una muestra clara de lo que pudo ser y no fue. Tras dicho film y su enorme y desproporcionado éxito si nos atenemos a su naturaleza independiente y humilde, sus creadores, Eduardo Sánchez y Daniel Myrick, no supieron, o pudieron, controlar los mandos de su máquina y mientras otras sagas con planteamientos menos atractivos como Scream, Saw u otras que nacieron a a su rebufo como Paranormal Activity o [•REC] cosechaban un éxito tras otro en forma de secuelas la de la infame Elly Keward, la Bruja de Blair, ha gastado todos sus cartuchos para intentar encontrar su hueco en el cine de género comercial americano del siglo XXI. El Libro de las Sombras BW2 en 2000 y Blair Witch en 2016 han acabado por dilapidar la buena fama de una obra de culto que se puede considerar la única pieza memorable y poseedora de ciertos niveles remarcables de calidad relacionada con una franquicia muerta en vida. Por desgracia si tenemos en cuenta la recaudación, sólo 45 millones de dólares a nivel mundial, poco prometedora que ha obtenido su última incursión en pantalla grande probablemente la saga vuelva a dormir durante largo tiempo el sueño de los justos o en el mejor de los casos se verá relegada a las estanterías de los videoclubs y a las plataformas de cine online que pueblan ese internet que la vio nacer para revolucionar en sus inicios el medio cinematográfico siendo testigo mudo de su caída en desgracia y derrota antes de asimilar su prematuro y frenético éxito.


sábado, 27 de agosto de 2016

Ocurrió Cerca de su Casa, asesinato en 8mm




Título Original C'est Arrivé Près de Chez Vous (1992)
Director Rémy Belvaux, André Bonzel, Benoît Poelvoorde
Guión Rémy Belvaux, André Bonzel, Benoît Poelvoorde, Vincent Tavier
Actores Benoît Poelvoorde, Rémy Belvaux, Jacqueline Poelvoorde Pappaert, Nelly Pappaert, Hector Pappaert, Jenny Drye, Malou Madou





Es curioso que cuando se mencionan cuales son los trabajos cinematográficos más destacados en el subgénero found footage o falso documental todo el mundo nombra producciones como la infame Holocausto Caníbal, de Ruggero Deodato, El Proyecto de la Bruja de Blair, de Eduardo Sánchez y Daniel Myrick o sagas como la española [·REC], ideada por los cineastas Jaume Balagueró y Paco Plaza y la americana Paranormal Activity. Pero pocos se acuerdan de que en 1992 dio mucho que hablar una cinta belga titulada C'est Arrivé Près de Chez Vous (Ocurrió Cerca de su Casa en España) escrita, dirigida, producida, montada y protagonizada por tres jóvenes cineastas llamados Rémy Belvaux, André Bonzel y Benoît Poelvoorde. Este film tuvo un gran éxito en el festival de Sitges de aquel año ganando los premios a mejor actor, para Benoit Poelvoorde, y mejor película teniendo como rivales en esa edición a pesos pesados como Braindead, de Peter Jackson, Reservoir Dogs, de Quentin Tarantino (aunque esta se llevó los premios a mejor director y guión, como era de esperar) El Ejército de las Tinieblas, de Sam Raimi o El Almuerzo Desnudo, de David Cronenberg.




Ocurrió Cerca de su Casa narra cómo un equipo de filmación de jóvenes cineastas sigue las andanzas de Ben, un asesino en serie de cuya vida están rodando un peculiar documental. En el proceso el tan carismático como demente criminal irá explicando pormenorizadamente por un lado su vida diaría con su familia, amigos y allegados, haciendo hincapié en su pasión por la poesía, la música o el cine y por otro su modus operandi como homicida, argumentando las diferencias existentes entre matar ricos o pobres, niños o ancianos, belgas o inmigrantes, todo esto mientras va estrechando lazos con unos realizadores que se dedican a capturar sus "hazañas" cámara en mano y que poco a poco se irán implicando cada vez más en las fechorñias del protagonista llegando a convertirse primero en cómplices y después en asesinos tan o más descerebrados que él. Esta es la trama central del único film como directores de Rémy Belvaux, André Bonzel, Benoît Poelvoorde y la misma sirve al trío de autores para asestar un fuerte puñetazo en el estómago del espectador.




C'est Arrivé Près de Chez Vous es un largometraje que no hace concesión alguna a la platea, sin glorificar ni criticar los brutales actos de su protagonista los expone de manera seca, cruenta y directa. Hay quien afirma que el film del trío Belvaux/Bonzel/Poelvoorde exhala realismo por sus cuatro costados para exponer cómo poco a poco ciudadanos normales y corrientes pueden llegar a dejarse influenciar por un sociópata desalmado y con ello convertirse en personas como él. Un servidor no opina lo mismo, ya que aunque estéticamente el largometraje se deja influenciar por la veracidad estética del Free Cinema británico, el neorrealismo italiano o la Nouvelle Vague francesa, desde su mismo arranque hay un matiz de surrealismo, de exageración granguiñolesca que no nos permite tomarnos completamente en serio la obra, algo que por otro lado no suaviza las escenas bestiales que captura su vívida cámara. El largometraje no habla de un criminal que incita a otras personas a emular sus actos, ya que los cineastas que capturan para la posteridad las vivencias de Ben desde el mismo inicio del film ya son cómplices de los asesinatos que este perpetra, de modo que pasado por el prisma de ese punto de vista Ocurrió Cerca de su Casa disertaría sobre una juventud demente y enferma, pero esa no es su misión principal.




Esta visión un tanto deformada de la realidad es precisamente la que permite a los guionistas, directores y actores inyectar un humor negro sencillamente brutal y no hablamos sólo del que nace cada vez que el personaje de Ben abre la boca como al lamentar el estado laboral en el que se encontraba el guardia de una obra de raza negra al que acaba de asesinar (pero al que no quiere tocar por si le contagia el SIDA), cómo se jacta de haber eliminado a unos marroquíes pero habíendolos "enterrado mirando hacia la meca" como si de un acto respetuoso se tratase o tomar como un hábito sano empezar el mes matando a un cartero, sino también del que estructura globalmente la obra. La muerte de los dos sonidistas (¿referencia a los baterías "muertos en extrañas circunstancias" de This is Spinal Tap, otra joya del falso documental?) con las exageradas y miméticas declaraciones de Remy delante de la cámara, los protagonistas topándose con otro equipo de rodaje que acompaña a otro asesino, la  inexistente policía que nunca hace acto de presencia a pesar de que Ben mata a plena luz del día y con testigos o la reacción de los amigos del personaje principal con lo que acontece durante su cumpleaños son pasajes que confirman el tono de humor entre surrealista y políticamente incorrecto de la producción.




Aunque, como previamente hemos mencionado, este tono exagerado no es óbice para que los cineastas expongas algunas escenas de violencia explícita muy crudas, no ya sólo en el plano físico, sino también en el psicológico. El mismo film se abre con Ben estrangulando a una mujer en un tren y el desarrollo de la trama irá alternando las escenas de esta naturaleza con las más hogareñas. Podremos ver al protagonista disparar a todo tipo de viandantes, deshacerse de sus cadáveres o dar palizas de muerte a desaprensivos para que poco a poco estas situaciones vayan ganando en visceralidad, y paradójicamente, ironía. La secuencia que más recuerdó como espectador y que fue una de las que se me quedó grabadas a fuego cuando vi el film  por primera vez veinte años atrás (hace poco la revisé en bluray para realizar esta crítica) es la de la anciana a la que Ben da un "susto de muerte". Ver a la señora agonizar mientras él explica a la cámara que al ver los medicamentos para el corazón en la mesa del saló ya sabía cómo debía actuar resulta tan aterrador como descacharrante y apuntes como el personaje de Poelvoorde quitándose de encima la mano de la mujer cada vez que intenta tocarlo para pedirle ayuda transmiten una incomodidad totalmente real que atraviesa la pantalla.




No le van a la zaga tampoco secuencias como la de los dos asaltos a inmuebles, uno en un barrio adinerado y otro en uno obrero, que no se diga que nuestro protagonista es un clasista en lo que al asesinato y la tortura se refiere. De la incursión a la casa de familia rica destaca el asesinato del padre en el lavabo (ese micro captando el cuello rompiéndose) con referencia divertidísima a la película El Viejo Fusil y a Philip Noiret incluida, el ataque que sufre la madre en el suelo al ser golpeada en la cara por Ben y sobre todo la asfixia del niño con la almohada en la que el personaje principal recibe la ayuda de un Remy ya totalmente implicado con las fechorías de su "protagonista". En el otro ataque hogareño encontramos a una pareja realizando el acto sexual, seguidamente tanto Ben como todo el equipo de rodaje violan a la muchacha ante la impotente mirada de su novio (aunque no parce muy afectado, todo hay que decirlo) y al día siguiente encontramos el cuerpo de la chica con los intestinos fuera y a los protagonistas tirados por el suelo de la cocina como si hubieran pasado una noche de borrachera normal y corriente.




Lo más interesante de todas estas escenas que estamos mencionando es que se desarrollan de cara al espectador con el personaje de Ben explicándolas con sorna y un sentido del humor explícitamente mórbido que despierta la simpatía del que visiona y ahí radica una de las mayores virtudes de Ocurrió Cerca de su Casa, esa perversión vírica que transmite el objetivo de la cámara de los tres realizadores y guionistas para apelar a la complicidad de un patio de butacas que en más de una ocasión "se divertirá" con los abominables actos de este grupo de criminales. Con la implicación del equipo de rodaje en las barbaridades de Ben no sólo se retrata una generación de individuos amorales, como apunté unos párrafos más arriba, también se realiza una interesante alegoría sobre el poder vampirizador del cine, la liberación primaria a la que una cámara puede incitar cuando estamos compartiendo el día a día con un individuo que convierte el asesinato en un hábito tan rutinario como cualquier otra actividad lúdica que pudiera llevar a cabo en su quehacer diario.




Benoît Poelvoorde, él tiene la culpa de todo. El actor belga es el principal responsable de que un asesino como el que interpreta en Ocurrió Cerca de su Casa caiga bien al espectador. El Ben al que él da vida y del que conoceremos a toda su familia (la real del actor, lo que acantúa la potencial empatía que podamos sentir por él) es un dechado de carisma, socarronería, y mala baba, un tipo que puede transmitir en la misma secuencia, y con una facilidad pasmosa, terror, simpatía, elegancia y patetismo. Dentro del largometaje sus monólogos directamente a cámara son los mejores momentos del mismo como al inicio del largometraje cuando comenta cuánto lastre necesita un cadáver para ser sumergido en agua dependiendo de su edad o tamaño, cuando explica lo poco que le gusta asesinar niños mientras está matando a uno, las secuencias en las que está borracho y se encara con el equipo de rodaje o esos arrebatos artísticos en los que lo vemos recitar poesía, tocar el piano o dar lecciones sobre autores pictóricos antes o después de verlo cometer homicidios sin el más mínimo remordimiento.




C'est Arrivé Près de Chez Vous es pura sesión golfa, hija de La Naranja Mecánica de Stanley Kubrick y madre de Asesinos Natos de Oliver Stone la cinta de Rémy Belvaux, André Bonzel y Benoît Poelvoorde es el equivalente cinematográfico al típico chiste de mal gusto que sólo contamos entre amigos de confianza y con bebidas espirituosas, u otras sustancias, de por medio. Su único fallo es que su fórmula se vuelve algo redundante a lo largo del metraje y su final se antoja precipitado y caótico, por lo demás nos encontramos con una reivindicable cinta de culto que supuso la única incursión como directores de sus responsables. Después André Bonzel ha ejercido de director de fotografía para otros realizadores, Rémy Belvaux se dedicó a la publicidad y tuvo sus quince minutos de renovada fama al lanzarle una tarta en plena cara a Bill Gates en 1999 para nueve años después suicidarse lanzándose a la vía de un tren. Benoît Poelvoorde por el contrario se ha convertido en una de las caras más reconocibles de la comedia romántica belga y francesa, quién lo diría habiéndose dado a conocer al mundo como el perfecto asesino de personas de la tercera edad.



domingo, 30 de noviembre de 2014

Crítica de [·REC]⁴ y repaso a la saga vírica de Jaume Balagueró y Paco Plaza



Título Original [·REC]⁴ 2014
Director Jaume Balagueró
Guión Manu Díez y Jaume Balagueró
Actores Manuela Velasco, Héctor Colomé, Mariano Venancio, Críspulo Cabezas, Paco Manzanedo, Emilio Buale, Ismael Fritschi, María Alfonsa Rosso, Carlos Zabala, Khaled Kouka, Paco Obregón, Javier Laorden, Cristian Aquino


Cuarta y posiblemente definitiva entrega (al menos con sus principales artífices implicados en la gestación de los distintos largometrajes, como se dijo en su momento) de la saga [·REC] de la que no vamos a dar más apuntes en este apartado, ya que a continuación de la crítica que nos ocupa hablaremos de ella en profundidad. Después de las dos primeras entregas rodadas a cuatro manos por Jaume Balagueró y Paco Plaza, estos realizadores y las cabezas pensantes de la productora española Filmax, con Julio Fernández a los mandos, decidieron realizar otras dos partes que serían rodadas por ambos cineastas, pero esta vez en solitario. Plaza gestaría [·REC]³: Génesis , que llegó a las carteleras en 2012, y Balagueró lo haría con [·REC]⁴ : Apocalipsis, subtítulo este último que ha perdido para su estreno o eso al menos parece por la ausencia del mismo en los carteles oficiales. Como comentamos, hace dos años pudimos ver la autoparódica, brutal y cómica cinta del autor valenciano y este 2014 lo hacemos con la última entrega a manos del director de Los Sin Nombre o Mientras Duermes.




[·REC]⁴ es la entrega más convencional de la saga, la más tradicional cinematográficamente hablando, ya que aquí el producto se aleja del todo del formato de falso documental en el que se sustentaron las dos primeras entregas y el prólogo de la tercera, tras el cual se eliminaba dicha técnica con mucha sorna metareferencial. Jaume Balagueró es totalmente fiel en esencia a la franquici, como lo era también Paco Plaza con su película en solitario, pero a diferencia de su compañero de armas en [·REC]³: Génesis no arriesga prácticamente nada y va a lo seguro. Aunque esto no es óbice para afirmar que [·REC]⁴ sea una mala película, ni siquiera fallida, porque el autor catalán respeta (casi) todos las teorías, especulaciones y resoluciones argumentales de la saga desde que diera sus primeros pasos en 2007.




[·REC]⁴ tiene lugar inmediatamente después de los hechos acaecidos en la segunda parte de la franquicia. Lo último que allí vimos fue a la Niña Medeiros pasando el parásito vírico y demoniaco que contenía en su interior al personaje de Ángela Vidal, convirtiendo a la presentadora del programa Mientras Usted Duerme en la portadora de dicha criatura sobrenatural. Después de que un segundo grupo de los Geos, recordemos que los miembros del primero sufrieron un destino fatídico, la rescatara del infame bloque de edificios barcelonés esta y los miembros del equipo de asalto son aislados en un barco en cuarentena que también contiene en su interior a otros supuestos infectados por el virus. Este es el tablero de juego en el que Jaume Balagueró debe moverse y a fe del que suscribe que lo consigue con una pericia intachable. Aunque perdemos el formato falso documental o found footage y el factor sorpresa del primer film, el director está a la altura en el plano técnico apelando a su estética nerviosa en la realización y a un ritmo frenético en el que los sustos habituales de la saga son sustituidos por pasajes de una tensión acerada y firme manteniendo al espectador siempre atento de lo que acontece en pantalla. Ya sea para intentar dilucidar cuál será el fin de los personajes o para lograr montar el puzzle del que desde hace siete años sus creadores han ido ofreciéndonos piezas, en esta ocasión resuelto casi en su totalidad.




Aunque podríamos afirmar que [·REC]⁴ es la cinta más impersonal del Jaume Balagueró autor, sí es cierto que contiene en su interior referencias, homenajes e incluso parodias a muchos de los directores que influyeron en su propia impronta o marcaron en cierta manera su vida como cinéfilo. Por ello es lógico volver a ver ecos del David cronenberg de Vinieron Dentro de… en el pasaje en el que vislumbramos el movimiento del parásito diabólico en el estómago del personaje de Ángela o más de un apunte directo al Peter Jackson de Braindead como esos monos infectados o la escena del motor de lancha descuartizando poseídos. Porque si bien esta cuarta entrega no posee el humor hilarante de su predecesora, sí incluye algunos apuntes de sorna que, funcionando unas veces y otras no, consigue aligerar un poco la tensión de la historia por medio de ciertos momentos grandguiñolescos propios de la primera etapa del famoso realizador neozelandes.




Pero el tono imperante en la última cinta de Jaume Balagueró es el de un thriller de terror adscrito al subgénero de epdiemias y contagios con ambiente castrense y claustrofóbico, a lo Das Boot de Wolfgang Petersen, algunos apuntes metareferenciales (personajes de esta entrega viendo el vídeo que capturó los hechos acontecidos en el famoso bloque barcelonés, es decir, la primera película de 2007), aunque dejando demasiado de lado ese acertado tono teológico y satánico que habían introducido él y Paco Plaza en la segunda parte y del que se mantenían bastantes apuntes en [·REC]³: Génesis), en el que un puñado de actores acometen un trabajo bastante profesional en líneas generales destacando la siempre convincente Manuela Velasco, el veterano Héctor Colomé, el infravalorado y no muy prolífico Emilio Buale, la revelación de un Ismael Fritschi entrañable o un recuperado Críspulo Cabezas que se ha prodigado poco desde aquella lejana y memorable Barrio de Fernando León de Aranoa de 1998. Ellos son los que consiguen que los diálogos del guión de Balagueró suenen veraces, aunque en ocasiones pequen de estar repletos de tecnicismos algo artificiosos,gracias a un libreto bien ensamblado pero al que se le pueden echar en cara alguna que otra pifia que incluso contradice la revelación final con respecto al parásito diabólico en forma de larva gigantesca.




Sería de necios negar que [·REC]⁴ no ofrece síntomas de agotamiento y desgaste en la saga o que intentar alargar más la vida de esta sería un error incuestionable. Pero también es cierto que Jaume Balagueró ha cerrado muy dignamente una serie de largometrajes que han marcado tendencia y un hito en el cine de terror patrio, siendo él como autor, y en el mismo rol su amigo Paco Plaza, tan consecuente consigo mismo y la criatura a la que ha dado forma como para no traicionarla nunca, aunque también arriesgando en el adictivo proceso, tratando de no ofrecer siempre lo mismo tanto a las fans de la franquicia como a los espectadores neófitos en lides víricas o luciferinas. Regalando así a la platea cuatro entregas que se mueven entre el cine de evasión más efectivo y la morbidez lacerante requerida para poner en escena dicha serie. La misma que nació en 2007 para expirar en este 2014 después de siete años de trayecto, la que ha enganchado a espectadores de todo el mundo y sobre todo la que vamos a analizar en el artículo que adjuntamos a continuación.

La saga [·REC], el legado de Tristana Medeiros


Como hemos comentado con anterioridad en este mismo artículo el pasado día 31 de octubre, en pleno Halloween, se estrenó la cuarta y parece ser que última entrega de la exitosa saga [·REC] producida por Filmax y escrita y dirigida por el tandem formado por el catalán Jaume Balagueró (Los Sin Nombre, Darkness, Frágiles, Mientras Duermes) y su amigo el valenciano Paco Plaza (El Segundo Nombre, Romasanta: La Caza de la Bestia). Esta tercera secuela pone fin a una franquicia que nació con un rotundo éxito de crítica y público en 2007, que tuvo su continuación en 2009 y una precuela en 2012 en clave autoparódica que traicionaba (sólo en apariencia, como comentaremos a un poco después) el discurso estilístico y tonal que las dos primeras entregas rodadas al alimón por ambos realizadores (a diferencia de las tercera y cuarta, en la que se Plaza y Balagueró, respectivamente, se repartieron la butaca da director). [·REC] y sus continuaciones mostraron síntomas claros de que el cine de terror español vive una época de considerable bonanza, ofreciendo productos contemporáneos que beben de preceptos clásicos tanto patrios como foraneos. En el siguiente artículo vamos a hablar de las tres primeras películas, de sus remakes americanos, del cómic inspirado en su microcosmos, de los autores detrás de su gestación y trataremos de enumerar las muchas virtudes y pocas carencias que hacen de esta serie de largometrajes un fenómeno que ha dejado una huella considerablemente profunda en nuestro celuloide y la ficción terrorífica adscrita a esta época de espídico y, en ocasiones, vacuo posmodernismo filmado.


Jaume Balagueró y Paco Plaza, sospechosos habituales



Jaume Balagueró nació el 3 de noviembre de 1968 en Lleida, Cataluña. Desde bien niño se interesó por el el cine de terror y demás vertientes genéricas dentro del séptimo arte. Tras graduarse en Ciencias de la Comunicación y colaborar tanto en programas de radio como fanzines, entre ellos el famoso Zineshock, comenzó a hacerse un nombre como director con sus dos primeros cortometrajes Alicia y Días Sin Luz. Ambas piezas mostraban su predilección por la impronta de autores como David Cronenberg (Crash, La Mosca, Una Historia de Violencia), David Lynch (Cabeza Borradora, Carretera Perdida, Mullholland Drive) o Shinya Tsukamoto (la saga Tetsuo, Vital) y una morbidez insana y grotesca que vasculaba entre el postindustrialismo y el cyberpunk. Tan suicida era el tono de ambos cortos que el mismo director nunca ha podido extrapolarlo totalmente al mundo del largometraje, aunque en todas sus obras quedan resquicios y apuntes del mismo.

En 1999 su camino se cruzaría con el del también catalán Julio Fernández, dueño de la productora española Filmax, especializada en el género fantástico y de terror. Ambos idearon el debut en el largo del realizador con Los Sin Nombre, la adaptación de una novela del británico Ramsey Campbell protagonizada por Emma Villarasau, Karra Elejalde y Tristán Ulloa entre otros, que asentó las bases del discurso autoral de Jaume Balaguerño, Dirección efectista, cámara nerviosa, ambientes asépticos o neogóticos, una concepción pura del mal como abstracción indestructible y virica, predilección por inquietantes utensilios adscritos a la parafernalia médica, una visión negativa de las relaciones familiares o afectivas, oscurantista inconografía religiosa. Al poco tiempo se convirtió en una obra de culto dentro del cine español ganando gran cantidad de premios en distintos festivales. Tras ella llegó por un lado el alimenticio documental OT: La Película que seguía toda la gira de la primera entrega del exitoso reality show musical Operación Triunfo, obra en la que por primera vez coincidió detrás de las cámaras con su colaborador Paco Plaza, y por otro su debut internacional con Darkness, cinta ya adscrita a la Fantastic Factory que el mismo Julio Fernández y el director filipino Brian Yuzna (Society, La Novia de Re-Animator) crearon para realizar producciones españolas de género con aspiraciones globales, que quedó, salvo contadas excepciones, en un cajón de sastre en el que se gestaron todo tipo de entrañables cintas de Serie B. Darkness no sólo suponía una extensión del imaginario expuesto en su primer film, sino también un ejercicio cinematográfico que rendía tributo a obras como El Resplandor, La Semilla del Diablo o Al Final de la Escalera.

En 2005 Frágiles supuso la obra de transición de Balagueró. Aquella cinta protagonizada por la norteamericana Calista Flockhart, acompañada de Elena Anaya o Richard Roxburgh, mostró a un director más contenido, menos dado al efectismo visual y la visceralidad en la realización, dejando reposar más lo planos y respirar los encuadres en una historia de fantasmas encomiable, pero que no hacía pleno cuando el cineasta trataba de abordar por primera vez emociones humanas ajenas a su malsano discurso como autor. En el año 2006 volvió a coincidir con Filmax y su amigo Paco Plaza en la serie de films Películas Para No Dormir, con la que se homenajeaba al mítico programa catódico Historias Para No Dormir ideado por Narciso Ibáñez Serrador y en el que colaboraron primeros nombres del celuloide de la península como Aléx de la Iglesia, Enrique Urbizu, Mateo Gil o el mismo Chicho Ibáñez Serrador. Balagueró rodó la tv movie Para Entrar a Vivir, simpática, desquiciada y envenenada obra protagonizada por Adriá Collado, Macarena Gómez o una brutal Nuria González en la que rendía uno de sus homenajes más claros y directos a ese Roman Polanski que ha influenciado su cine desde su ópera prima de 1999. Al año siguiente rodó la primera entrega de [·REC], en 2009 la secuela y ya en 2012 Mientras Duermes, su último film en solitario de naturaleza más personal protagonizado por Luis Tosar o Marta Etura condensando su impronta autoral en la esencia de la historia que narra, más que en su envoltorio, confirmando al 100% su ya consolidada madurez como cineasta que le depara un, todavía, prometedor futuro cuando cierre totalmente su vínculo con la serie de films sobre la reportera Ángela Vidal y la inhumana Niña Medeiros.




Paco Plaza nace en Valencia en el año 1973. Después de licenciarse en Ciencias de la Información y diplomarse en Dirección Cinematográfica rodó varios cortometrajes como Tropismos o Abuelitos. Su debut en el largo se lo financio la Filmax de Julio Fernández en el año 2002, su título fue El Segundo Nombre se rodó integramente en inglés, con vocación internacional y su origen literario nacía de una novela de Ramsey Campbell, siendo este el primer punto en común con su futuro amigo y colaborador catalán. Ese mismo año rodó OT: La Película, el documental con el que conoció al que en un futuro próximo sería su compañero de fatigas, Jaume Balagueró, otro punto en común con el director de Frágiles y aquí pararemos de numerarlos o nos quedaremos sin espacio en la entrada. Dos años después ya dentro de la Fantastic Factory estrenó Romasanta: La Caza de la Bestia, la visión que Plaza dio del caso de Manuel Blanco Romasanta, el Hombre Lobo de Allariz (que en 1970 abordó también Pedro Olea en El Bosque del Lobo, con un enorme José Luis López Vázquez como intérprete principal) film deudor de la Hammer Films británica protagonizado por Julian Sands y Elsa Pataky en el que destacaba el diseño de producción y el trabajo del mismo realizador.

En 2006 nos ofreció Cuento de Navidad, una de las mejores tv movies de la serie Películas Para No Dormir protagonizada por Ivana Vaquero, Maru Valdivielso y Elsa Pataky con un filtro ochentero que aunaba al Richard Donner de Los Goonies con el Joe Dante de Exploradores destilando un aroma a juego de mesa y bocadillo de mortadela que a un servidor hizo rememorar los años de su infancia. Al año siguiente se embarcó con Jaume Balagueró en la gestación de [·REC] y dos años después [·REC]². Tras ella, junto a su co director y productores decidió alargar la saga con dos cintas más que tanto él como el autor de Para Entrar a Vivir realizarían en solitario. El resultado fue la traviesa y desvergonzada [·REC]³: Génesis que dio una visión nueva a la franquicia de virus, poseídos y protocolos NRBQ. Después de dirigir documentales musicales como Bunbury 3D para el ex cantante de la mítica banda zaragozana Héroes del Silencio o cortometrajes como Ultravioleta con Maribel Verdú y Carlos Villagrán se espera con ganas la adaptación que él mismo escribirá y dirigirá de Maldito Viernes, el cómic homónimo que guionizó en 2008 para la editorial EDT con dibujo de Joseph Diaz y el mito del vampirismo como núcleo central. Si nada se tuerce el largometraje verá la luz en un año 2015 en el que esperemos que este talentoso director encuentre su lugar dentro del cine de género internacional.


[·REC], la quimérica inquilina



El mockumentary y el found footage existen en el mundo del cine desde hace décadas. La vergonzosa Holocausto Caníbal, de Ruggero Deodato: la viscerlamente memorable Ocurrió Cerca de Su Casa, de Rémy Belvaux, André Bonzel y Benoît Poelvoorde; la comedia mayúscula This is Spinal Tap, de Rob Reiner; aquella El Proyecto de la Bruja de Blair de Eduardo Sánchez y Daniel Myrick que revitalizó el género introduciéndolo en el cine más manistream con la gestación de piezas posteriores como la resultona Cloverfield de Matt Reeves o la magnífica Chronicle de Josh Trank, son muestras de lo que siempre se ha conocido como falso documental o el metraje encontrado. Jaume Balagueró y Paco Plaza, dos de las promesas más sólidas del cine de terror en España, unieron fuerzas con la Filmax que les ofreció sus primeros trabajos en solitario detrás de las cámaras para realizar un largometraje conjunto de la vertiente found footage con el que iban a narrar, lo que en principio parecía, una infección vírica zombie en plena ciudad condal. Ambos directores ya eran amigos desde los tiempos de Fantastic Factory y previamente habían colaborado como dúo rodando otro documental de terror titulado OT: La Película, en 2002. El resultado fue [·REC], una cinta al más puro estilo del programa Callejeros en el que la visita de una reportera y su operador de cámara a una estación de bomberos en Barcelona se convertía en una masacre en la que se veían implicados todos los miembros de un bloque de vecinos contagiados por un virus que los convertía en muertos antropófagos. El origen de dicha enfermedad parecía tener su origen en el último piso abandonado del edificio.




La pelicula aunaba el tono herético de Jaume Balagueró y la visceralidad de Paco Plaza con una puesta en escena tan sencilla como rodar todo el film en formato televisivo (con el mismo director de fotografía, Pablo Rosso, como el actor que porta la cámara) apelando al naturalismo que un producto de esta naturaleza demanda. El ajustado metraje de poco mas de 75 minutos de duración era un chute de adrenalina disparándose justo cuando creíamos que la noche que la reportera Ángela Vidal y su compañero de trabajo iban a pasar en un parque de bomberos barcelonés apuntaba a ser un terrible aburrimiento. Con reminiscencias tanto a La Noche de los Muertos Vivientes, de George A. Romero como a 28 Días Después, de Danny Boyle pasando por una estética deudora de la ya mencionada cinta belga Ocurrió Cerca de Su Casa, [·REC] amalgamaba un apartado técnico impecable, frenético, que arañaba la epidermis del espectador con un reparto, en líneas generales, tan creíble como cercano comandado por una entregadísima Manuela Velasco que tras su paso por esta cinta se convirtió en una de las scream queens patrias más reconocibles, ganando con su labor en la cinta que nos ocupa el Goya a la mejor actriz revelación del año 2007. El guión, co escrito por el también cineasta Luiso Berdejo, tan sencillo como efectivo acertaba al introducir algunos apuntes sociales que retrataban con mucho tino los prejuicios del español de a pie con respecto a temas como la xenofobia o la incultura. El éxito fue descomunal, los premios internacionales no se hicieron esperar y Hollywood viendo el filón compró los derechos del largometraje para hacer su propia versión de la que hablaremos un poco más adelante. Ese triunfo en el que gran parte del público y la crítica se puso de acuerdo dio pie a que ambos autores y Filmax se propusieran dar continuidad a la gallina de los huevos de oro que acababan de sacar del corral.


[·REC]², la semilla del diablo



En 2009 llegó la secuela, de nuevo con Jaume Balagueró y Paco Plaza como directores, así como Filmax en la producción, comenzando justo donde terminó la primera entrega. Esta vez como espectadores seguíamos en el arranque del largometraje los pasos de un grupo de asalto de los GEOS adentrándose en el famoso bloque después de que el mismo fuera precintado por culpa del virus mortal contraido por los habitantes de dicho inmueble. La primera mitad de la película es intachable, un tour de force por parte de los directores en el que por medio de influencias del mundo del videojuego como los shooters en primera persona nos adentramos una vez más, con mayor crudeza y nervio, en ese infierno en la tierra en el que se ha convertido el edificio en el que habita la encarnación pura del mal. Porque en esta segunda parte los directores y su nuevo co guionista, Manu Diez, arriesgan todas sus cartas marcadas confirmando aquello que se apuntó en la recta final del primer film con la visita al ultimo piso del bloque en el que habitaba la famosa Niña Medeiros. Que lo que considerábamos muertos vivientes realmente son poseídos por una entidad diabólica cuyo influjo se transmite por medio de la toma de contacto con los fluidos corporales, saliva y sangre, de los afectados, dando así el film, y por efecto dominó la saga, un arriesgado giro de 180° en el que una historia de zombies acababa revelándose como una protagonizada por endemoniados y exorcistas.


Por desgracia lo que [·REC]² gana en brutalidad y fuerza lo pierde en cohesión con respecto a su predecesora. El fallo no es tan alarmante como se dijo en su momento, esta secuela fue injustamente maltratada en su estreno, pero sí es cierto que mientras la ya mencionada primera mitad, la centrada en los Geos, es un ejercicio de cine imparable y avasallador, la segunda pierde entereza y ralentiza considerablemente el ritmo de la narración cuando la historia protagonizada por el innecesario trío de adolescentes se hace con el núcleo de la segunda parte de la película. Sólo la presencia de un magnifico actor, no siempre reconocido, como Juli Fàbregas y la aparición de una Manuela Velasco al más puro estilo Teniente Ripley (la recta final en más de un pasaje recuerda a la saga Alien, sobre todo por el nuevo rol de falsa heroína que parece tomar en esta ocasión la protagonista de la anterior entrega) consiguen encarrillar el clímax del relato llenándolo de sorpresas, humor negrísimo y apuntes que extienden o enriquecen el microcosmos creado por unos Jaume Balagueró y Paco Plaza que siguen sembrando sus distintas improntas, la inquietante parafernalia religiosa del primero y el bestialismo primario del segundo, para dar forma a una secuela que si bien no es tan compacta como su hermana mayor sí consigue superarla en sus apartados técnico o artístico regalando pasajes de alto voltaje y sustos de una efectividad más que probada que dejan la puerta abierta para la cuarta entrega, porque como todos sabemos la tercera parte de la saga supuso un punto y a parte en la misma.


[·REC]³: Génesis, la novia ensangrentada



Después del nuevo éxito económico que supuso [·REC]² Filmax decidió realizar dos nuevas secuelas para la saga, que en principio serían las ultimas de la misma. En esta ocasión en vez de rodar Paco Plaza y Jaume Balagueró al alimón los nuevos largometrajes, estos serían realizados por los dos cineastas de manera independiente. El director de Cuento de Navidad sería el primer encargado de debutar en solitario en la franquicia y lo hizo con [•REC]³: Génesis, pieza que supondría una precuela de la cinta primigenia y dando origen a la maldición de una Niña Medeiros, por aquel entonces ya convertida en todo un icono del cine de terror internacional. Ciertamente, y para enfado de muchos fans, la película del autor valenciano no dio dichas respuestas, es más, abrió más incógnitas y como obra cinematográfica casi no era ni una protosecuela, sus hechos tienen lugar casi a la vez que la producción de 2007 que dio inicio a todo, pero como continuación del sello [·REC] supuso un punto de inflexión clave, un suicida puñetazo en la mesa que no sólo traicionó (ojo, únicamente en el plano formal, no en la esencia) los códigos que ya se habían establecido en las dos anteriores partes, sino que con una inteligencia encomiable y temeraria llegaba a parodiarlas y reírse sanamente de ellas gracias al guión del mismo Paco Plaza y su colaborador Luis Berdejo, que sin atenuar el terror sí aumentó el humor negro, comenzando a mostrar sus desprejuiciadas fauces en la primera secuela y que muerde, desgarra y amputa en todo su esplendor en la que nos ocupa.




Desde el arranque con esa simulación del dvd de un vídeo de boda Paco Plaza lo dejaba claro, [•REC]³: Génesis venía a volar por los aires muchas de las señas de identidad que forjaron el mito de la saga [•REC], pero sólo en la puesta en escena y el tono, ya que en su interior seguía esa amenaza vírica de reminiscencias impías que devoraba todo a su paso. En el prólogo del largomatraje el valenciano se despacha bien con las bodas tradicionalmente españolas, acentuando todo lo que en ellas hay de ridículo e impostado y rompiendo con la estética found footage de la franquicia cuando el personaje de un competente Roberto Álvarez destroza la cámara que hasta ese momento grababa los hechos. A partir de ese instante la tercera entrega de [•REC] se convierte en un recuperable y desprejuiciado festín de vísceras, sangre, humor negro (ese representante de la SGAE al que apodan Canon, el mítico director de vídeos de boda con ínfulas cinematográficas llamado Atún) y música hortera con una impagable Leticia Dolera de protagonista que tan pronto nos remitía a Planet Terror de Robert Rodríguez o Plácido de Luis García Berlanga como al Sam Raimi de la saga Evil Dead o al Paul Verhoeven más brutal, al que remite ese tiroteo final que poco tiene que envidiarle al de Alex Murphy en Robocop. Paco Plaza saldó con nota alta un ejercicio suicida en varias aspectos que se reveló como una de las cintas patrias más disfrutables del año 2012.


Quarantine 1 y 2, la infección hace las Américas



Como previamente hemos apuntado, la carrera internacional de la primera [·REC] fue un triunfo más que considerable, viendo la luz en festivales como los de Sitges o Venecia y siendo premiada en varios de ellos. De modo que la maquinaria hollywoodiense, tras llevarla con éxito a aquellas tierras, decidió comprar los derechos de la misma para hacer su propia versión con el poco conocido director y guionista John Erick Dowdle (La Trampa del Mal, Así en la Tierra Como el Infierno) acompañado de su hermano Drew Dowdle en la escritura y la actriz Jennifer Carpenter (El Exorcismo de Emily Rose, Dexter) como protagonista. Quarantine fue la película resultante, su estreno se produjo en el año 2008 y sin barrer las taquillas supuso un estreno bastante bien recibido. Poco bueno podemos decir de este innecesario remake del largometraje de Jaume Balagueró y Paco Plaza y mucho reprobable se puede destacar de él, pero trataremos de no cebarnos demasiado, ya lo haremos más tarde cuando hablemos de la inconcebible secuela de la cinta que nos ocupa.

Quarantine ofreció más o menos lo que en su momento se esperaba de ella. Una descafeinada, burda, impersonal y distante mala copia de la primera [·REC]. La cinta de John Erick Dowdle era una desvergonzada fotocopia de la película de Jaume Balagueró y Paco Plaza, de la que fusilaba no sólo casi todos los planos, también el diseño de producción, el vestuario y hasta los cortes de pelo de los actores. Pero lo peor no era su poca originalidad, su desgana, su inanidad o su tufo a prefabricado que poco o nada tenía que ver con la furia desatada con cámara al hombro del film primigenio, es que para colmo cuando en la trama sus creadores trataban de introducir pasajes de cosecha propia (el cámara golpeando a los infectados con su instrumento de trabajo, los perros contagiados con el virus) era cuando más se le notaban las costuras a este producto que falla a tantos niveles (Doug Jones no le llega a ni a la suela de los zapatos a Javier Botet como la Niña Medeiros, personaje que en este remake ni llegamos a saber de manera explícita quién o qué es, el guión anula toda la sátira social referida a los habitantes del bloque) que de él solo podemos destacar para bien la labor de una esforzada Jennifer Carpenter y que al copiar con descaro prácticamente todos los pasajes de la memorable obra original no podemos hablar con ella de una mala película. Pero la cosa cambia si la abordamos como un remake, y en ese sentido es de los más deleznables jamás rodados.



Cuando parecía que la meca del cine norteamericano no podía caer más bajo con respecto a degradar el buen nombre de la saga [·REC] después de Quarantine decidieron, tras el aceptable éxito de esta en las taquillas, abordar una inenarrable secuela. Pero contra todo pronóstico los productores que tenían los derechos de la franquicia decidieron, seguramente después de ingerir incontables cantidades de pellote, droga caníbal o lejía Conejo, alejarse totalmente de [·REC]² y hacer su propia segunda parte que, no sólo no tenía nada que ver con aquella producción española de 2009, sino que, para desconcierto de los cuatro gatos que la hemos sufrido al visionarla, la desvincularon al 100% de la primera Quarantine. Lo que en aquel 2011 salió de aquel proyecto es uno de los engendros más grandes que ha dado el cine reciente, un estreno directo al mercado doméstico con todas las de la ley que no puede recibir otro calificativo que no sea el de basura inmunda y aberrante.

Quarantine 2: Terminal, traducida estúpidamente en España como Cuarentena Terminal, fue escrita y dirigida por una criatura del mal llamada John Poge y protagonizada por una serie de terribles actores desconocidos, agradecimos estamos por ello. Aquel engendro hacía que una película de serie B pareciera de serie Z, tenía un presupuesto irrisorio al que se le notaban todas las carencias técnicas  como sólo tres soldados representando al ejército estadounidense o una única rata infectada que nunca sale delante de la cámara porque no habría dinero con el que recrearla. Aquí no hay lugar para la Niña Medeiros, edificios infectados, zombies brutales que regurgitan hemoglobina o el formato falso documental, que se obvia totalmente y del que no queda ni rastro en la trama. Sólo nos quedan un grupo de personajes imbéciles que no llegan ni a estereotipos que, primero en el interior de un avión y después en la terminal de un aeropuerto, se enfrentan a unos babeantes señores con varices que tienen que ver con un infectado/poseído/no muerto lo mismo que una castaña con un panzer. Un servidor ha degustado mucho detritus cinematográfico a lo largo de su vida como cinéfilo, pero lo que mis castigados ojos vieron durante los 86 interminables minutos que duró Quarantine 2 no tiene nombre.


[·REC]: Historias Inéditas, viñetas en cuarentena



Mientras el remake de la saga y sus ecuela hacían las Américas, con mucha más pena que gloria ,[·REC] se iba convirtiendo entrega a entrega en un fenómeno cinematográfico de culto en España, el país donde fue gestada, y cada uno de esos films era recibido con unos seguidores ansiosos esperando su dosis de virus, satanismo, gore y pólvora, asistiendo en tropel a las multisalas para degustarlos unas veces con fruición y otras con decepción. Por ello en 2012, al mismo tiempo que se estrenaba [·REC]³: Génesis, la editorial Glenat (por aquel entonces ya conocida como EDT, Editores de Tebeos) en asociación con Filmax y basándose en historias originales de Jaume Balagueró y Paco Plaza contrató al guionista Hernán Migoya y a un grupo de ilustradores internacionales para llevar a las viñetas estos cinco relatos cortos salidos de las perversas mentes que forjaron la famosa franquicia.

[·REC]: Historias Inéditas es una meritoria y simpática mezcolanza de distintos tipos de vertientes dentro del mundo del noveno arte. Por una parte la introducción a cada uno de los episodios a manos de una dicharachera Niña Medeiros es una referencia directa y muy cariñosa a revistas como Creepy o Tales From the Crypt, por otro las satíricas y muy ácidas portadas de tabloides nacionales parecen una variante envenenada de las que cierran cualquier entrega de los Mortadelo y Filemón de Francisco Ibáñez (esos títulos variantes como El Mando o La Períodica no dejan lugar a dudas de que la flema puramente española también campa a sus anchas en el producto) pero es dentro de las eclécticas historias que contiene el recopilatorio donde vemos más variedad tonal y artística en lo que a la serie se refiere.



Encerrados narra lo que le sucedió al trío de críos de [·REC]² una vez les perdimos la pista. La profesional estética manga de la asiático-argentina Andrea Jen pone en funcionamiento el guión de Hernán Migoya y aunque permanecen constantes de aquella secuela de 2009 a la historia se le va las manos con el sexo y el lenguaje malsonante salido de las fauces del personaje de Tito. Tristana es, junto a El Experimento, la mejor historia de la colección. Un episodio mudo ilustrado por el argentino Feliciano G. Zecchin con aroma a dibujo europeo en el que se nos narra el origen de la posesión de Tristana Medeiros, dando varias respuestas no aclaradas en los cuatro films. ¡Zoombi! cuenta lo sucedido cuando el veterinario que atendió a Max, el perro infectado de la primera película, visita un Zoo en el que llega a resucitar por culpa del virus hasta el cadáver del afamado gorila Copito de Nieve. A retratar esta mala baba omnipresente ayuda el visceral trazo del boliviano Álvaro Rubiola.

El Experimento, es posiblemente el mejor relato en cuanto a cohesión de guión y dibujo. En esta historia asistimos a toda la etapa de experimentación por parte del padre Albelda para exorcizar el cuerpo de la Niña Medeiros, utilizando en el proceso a niños pequeños como cobayas. La fuerza del guión de Hernán Migoya y el férreo trazo de un Salvador Sanz deudor del mejor Paul Gulacy (Sang-Chi, Batman vs Depredador II) ofrecen viñetas impagables, como la splash page que narra toda la subida del sacerdote por las escaleras del famoso inmueble barcelonés apuntalando lo mejor de la serie. Para cerrar tenemos El Desconocido, la única historia vinculada directamente con [·REC]³: Génesis y revelándonos cómo contrajo el virus el famoso tío Pepe Víctor que contagió toda la boda de Clara y Koldo. Con una labor del catalán Joan Marín que recuerda al Leonardo Manco que ilustraba historias de Harvey Pekar para el sello Vertigo cierra este divertido, irregular y cariñoso tributo en viñetas a la serie de films de Jaume Balagueró y Paco Plaza.

Valoración general

Como se habrá podido percibir en la entrada un servidor siente una especial predilección por la saga [·REC] y la labor que en ella han realizado durante siete largos años los directores Jaume Balagueró y Paco Plaza, por los que también profeso una más que considerable admiración. La que nos ocupa es una de las franquicias más rentables y seguidas del cine de terror patrio, o diseñó por españoles, ese que se  gestó durante la pasada década ofreciéndonos productos de muy buen nivel como Los Otros, de Alejandro Amenábar; El Espinazo del Diablo, de Guillermo del Toro; El Orfanato, de J.A. Bayona o 28 Semanas Después, de Juan Carlos Fresnadillo. Recordándonos que aquellos Jesús Franco, Jordi Grau, Narciso Ibañez Serrador, Juan Piquer Simón o Paul Naschy tienen unos dignos herederos que mirando siempre por lo contemporáneo no dejan de echar la vista atrás para saber de dónde viene y hacia donde va nuestro cine de género heredero del fantaterror. Por suerte, los muchos aciertos de la serie de largometrajes que han rodado esta pareja de cineastas solapan los posibles fallos que no la elevan a la perfección, pero el camino recorrido ha merecido la pena. Hemos vibrado, carcajeado nerviosamente, saltado de la butaca, nos hemos reconciliado o decepcionado con las distintas entregas a las que no se puede calificar de acomodaticias o miméticas y mientras su sombra crece y sobrevuela el panorama internacional con remakes, cómics o libros, como la novela de historias cortas [·REC]: Relatos Perdidos, el único material relacionado narrativamente con la franquicia que un servidor no ha podido comentar en esta entrada por no haber tenido el gusto de leerlo. En nuestra memoria colectiva queda aquella noche en la que una joven reportera y su cámara se adentraron en un bloque barcelonés cualquiera y con ello abrieron las puertas del infierno para suerte de los aficionados al buen cine de género hecho en este país. Esta España en la que cierto sector del público mira por encima del hombro a un celuloide que no para de dar síntomas que demuestran que de mediocre tiene más bien poco, diga lo que diga el ministro de cultura o hacienda de turno.