martes, 8 de septiembre de 2015

Un Día Perfecto



Título Original A Perfect Day (2015)
Director Fernando León de Aranoa
Guión Fernando León de Aranoa, basado en la novela de Paula Frías
Actores Tim Robbins, Benicio del Toro, Olga Kurylenko, Mélanie Thierry, Fedja Stukan, Eldar Residovic, Sergi López




Desde que debutara en 1996 con su ópera prima, Familia, Fernando León de Aranoa se ha convertido en uno de los directores insignia del nuevo cine de corte social que se realiza en España. Con un discurso deudor de Ken Loach y el añadido de una visión comercial y un humor cercano con el que acceder al más amplio número de espectadores posibles, films como la inolvidable Barrio o la soberbia Los Lunes al Sol mostraban a un cineasta comprometido, de historias tan mínimas como cercanas y sinceras. Tras el enorme éxito que supuso el ya mencionado film protagonizado por unos pletóricos Javier Bardem, Luis Tosar, José Ángel Egido o Nieve de Medina entre otros el cineasta volvió a recibir notable reconocimiento con Princesas, su personal visión del mundo de la prostitución en España para después alejarse un poco de la primera línea de fuego rodando y estrenando sin mucha repercusión Amador, film en el que abordaba el tema de la inmigración en nuestro país.




Cinco años de silencio después León de Aranoa debuta en el mercado internacional con su primera obra rodada íntegramente en inglés, esta Un Día Perfecto que adapta la novela Dejarse Llover de Paula Frías con un reparto de actores americanos y europeos encabezado por dos pesos pesados de Hollywood como son el guionista, productor, director y actor Tim Robbins y el intérprete portorriqueño Benicio del Toro, ambos ganadores del Oscar al Mejor Actor Secundario por Mistyc River de Clint Eastwood y Traffic de Steven Soderbergh respectivamente. A ambos les cubren la espaldas la ucraniana Olga Kurylenko (Oblivion, To the Wonder) la francesa Melanie Thierry (Babylon A.D, The Zero Theorem) los bosnios Fedja Stukan y Eldar Residovic o ya en un breve papel el español Sergi López (El Monje, El Laberinto del Fauno) que cierra el magnífico plantel de actores.




Cambiando su estilo y puesta en escena, pero siendo el mismo en el fondo, Fernando León de Aranoa se adhiere con esta concatenación de aventuras y desventuras de un grupo de cooperantes buscando una cuerda para sacar un cadáver del interior del pozo en plena zona de conflicto durante la guerra de los Balcanes a aquellas sátiras antibélicas norteamericanas como MASH de Robert Altman (con posterior y longevo salto al tubo catódico un año después) Trampa 22 de Mike Nichols o la más reciente (y nunca suficientemente reivincada por cabrona y ácida) Buffalo Soldiers de Gregor Jordan. Evidentemente A Perfect Day no tiene la fuerte carga de ironía de las dos primeras obras mencionadas, ni la de veneno letal de la tercera, pero contiene en su haber una hábil basculación entre comedia y drama para poner en entredicho todos los conflictos bélicos en general y el yugoslavo en particular sin adoctrinar o desagradar al espectador que se enfrente con la obra.




Fernando León es un narrador dotado e inteligente conocedor de los resortes del drama y eso se deja notar en su último trabajo. La guerra está siempre presente en Un Día Perfecto, aunque no se realice un sólo disparo o lance bomba alguna en cada porción de tierra, en cada mirada de desconfianza, en cada rostro agrietado por la hambruna y las condiciones de vida infrahumanas aquellos días de ruído y furia sobrevuelan todo el metraje de la cinta. Por suerte aquellos momentos de desarraigo y pobreza económica y moral son alternados con pasajes cómicos que tienen su origen en situaciones que se sustentan en más bien poca gracia, pero siempre abordadas con un delicioso humor negro, nunca ofensivo o escatológico, aderezado con una ironía que arranca en más de una ocasión la risa nerviosa en una platea que recibe muchos de los entuertos desfacidos por los protagonistas como surrealistas o del todo imposibles.




Si nos fijamos en los personajes y los roles que cada uno de ellos representan podremos ver de manera cristalina el sello del director del documental Caminantes, porque después de todo y si no tenemos en cuenta su contexto espaciotemporal Un Día Perfecto no deja de ser una versión de Los Lunes al Sol localizada en la Guerra de los Balcanes. De hecho el B al que da vida un entrañable y alocado Tim Robbins se aleja poco del Santa de Javier Bardem en aquella producción de 2002, el Mambrú de Benicio del Toro tiene más de un detalle en común con el melancólico Jose de Luis Tosar, aquel ingenuo Lino de José Ángel Egido es el reflejo de la comprometida y apasionada Sophie de Melanie Tierry, el impertiente Reina de Enrique Villén da el relevo a la Katya de Olga Kurylenko (el único personaje indebidamente desdibujado y estereotipado de la obra que nos ocupa, aunque la ucraniana se enfunda con convicción su criatura) incluso la labor de los autóctonos Fedja Stukan y Eldar Residovic son la réplica de la de Serge Riaboukine y Aida Folch, realizando con todo esto el madrileño casi un remake europeo de obra más celebrada.




Aunque al contar con un presupuesto más amplio y un reparto de actores curtidos en mil batallas el cineasta apela a una puesta en escena más elaborada en el apartado técnico en busca de una comercialidad visual y formal (y hasta musical, con esa tan criticada banda sonora que a un servidor ha encantado por estar repleta de temazos de Marilyn Manson, Lou Reed, Peter Seeger o Ramones) que busca la complicidad del mercado internacional, la mirada crítica, la visión desencantada con nuestra sociedad (esta vez la mayoría de los dardos van directos a las Naciones Unidas y sus intereses territoriales que normalmente tienen poco de altruistas, humanitarios o caritativos) y una reivindicanción de los humildes o perdedores natos a los que siempre retrata como luchadores que salen adelante más por cabezonería que por verdaderas aptitudes para batallar como guerreros en esta estupidez unas veces maravillosa y otras terrible llamada vida.




El madrileño se saca de la manga en el metraje algunas secuencias que se quedan grabadas en la retina como esa puerta lateral que descubre un secreto a voces mientras el personaje de Mambrú hace lo imposible porque el de Sophie no descubra tan dramática revelación, la llegada de los Cascos Azules para joderlo todo en el peor momento cuando estaba todo el trabajo hecho, las situaciones "vaca/mina" (Robbins y Tierry comparten pocos momentos en solitario en el film, pero la química se hace notar considerablemente entre los dos), la situación de la cuerda de la bandera del puesto de guardia, esa noche llena de confesiones a la luz de los faros del todoterreno, el arrebato de furia del protagonista de Benicio del Toro con los chavales por el tema del balón o esa lluvia en el epílogo que finalmente "hace justicia" y nos deja con una agradable sensación de melancólico buen rollo cuando la pantalla funde a negro por última vez.




Un producto tan competente, agradable dentro de lo terrible que relata con elegancia y un uso pletórico del fuera de campo, humilde o formalmente sencillo como Un Día Perfecto se ha estrenado en nuestro país en el momento ideal. Ahora que muchos de nosotros miramos para otro lado cuando refugiados sirios buscan amparo en otros países de Europa, entre ellos el nuestro, porque la muerte es lo único que les espera en su tierra natal una obra como la de Fernando León de Aranoa es casi de visionado obligado para personas de todas las edades y con ello veamos como en tan poco tiempo se puede repetir la historia si no se tiene memoria o cómo los países desarrollados no sólo no hacen nada por solucionar conflictos como estos sino que se aprovechan de ellos, y las desgracias de los que los sufren, para su propio beneficio territorial o económico.




Mientras tanto, aquí en nuestra querida España al menos, ya se ocupan los medios de comunicación partidistas comprados a golpe de talonario y expertos en la manipulación informativa de masas en vendernos que el enemigo es de piel oscura, viaja en patera y cruza el estrecho para "robarnos los que es nuestro" cuando todos sabemos que los que llevan años expoliándonos son de un estrato social y económico considerablemente más alto que el de estos pobres nómadas que no saben si llegaran con vida al día de mañana, "Tienes que elegir, ¿la bandera o el agua?" sentencia con acierto mayúsculo el personaje B interpretado por Tim Robbins en un pasaje de Un Día Perfecto y yo no puedo estar más de acuerdo con lo que con ello quieren afirmar, condensar y simbolizar Paula Frías y Fernando León de Aranoa como narradores de historias.


viernes, 28 de agosto de 2015

Extinction



Título Original Extinction (2015)
Director Miguel Ángel Vivas
Guión Alberto Marini y Miguel Ángel Vivas basado en el libro de Juan de Dios Garduño
Actores Matthew Fox, Jeffrey Donovan, Ahna O’Reilly, Quinn McColgan, Clara Lago




En año 2001 el estreno del thriller policíaco Reflejos protagonizado por Georges Corraface, Ana Fernández o Emilio Gutiérrez Caba entre otros nos dio a conocer a un joven cineasta sevillano llamado Miguel Ángel Vivas. Aunque el film no fue un gran éxito mostró por primera vez la impronta de un cineasta con un look visual y un control muy destacable del tempo narrativo para dominar la tensión de sus relatos al que no convenía perder de vista. Después de rodar dos cortometrajes como fueron El Hombre del Saco (2002) en España y I’ll See You in My Dreams (2003) en Portugal tuvo que pasar casi una década para que Vivas pudiera estrenar su segunda incursión en el campo del largometraje. Secuestrados vio la luz en el Festival de Sitges de 2010 revelándose desde ese momento como una de las mejores cintas de género que ha parido el cine español en mucho tiempo. Aquel asalto de una banda de encapuchados al adosado de una familia rodado en doce impresionantes planos secuencia, con cámara al hombro, uno reparto arrancándose las entrañas para ofrecer verismo en todo momento (¿cómo olvidar el llanto desgarrado de una pletórica Manuela Vellés acompañada de unos superlativos Fernando Cayo y Ana Wagener?) y referencias que iban desde Brian De Palma a Gaspar Noé pasando por Michael Haneke supuso un thriller brutal y sin cincesiones que recibió más reconocimiento en el extranjero (ganando el premio a la mejor película de terror en Festival de Austin de aquel año) que en España donde no tomó la relevancia que merecía una producción tan brillante. Un lustro después de aquella remarcable hazaña cinematográfica y habiendo conseguido buenas críticas y datos de audiencia con su episodio Los Tres Cerditos de la miniserie televisiva Cuéntame Un Cuento nos llegó el pasado 14 de Agosto Extinction (originalmente conocida como Welcome to Harmony) tercer largometraje de Miguel Ángel Vivas detrás de las cámaras y adaptación a su vez de la novela Y Pese a Todo… del escritor también sevillano Juan De Dios Garduño. El resultado es un meritorio thriller adscrito, de alguna manera, a la temática zombie que aunque no se revela como la mejor pieza de su director contiene los suficientes alicientes como para satisfacer a los amantes del género que no pequen de puritanos con respecto a cómo este sea abordado desde el punto de vista de la escritura.




Aunque acabamos de mencionar que Extinction se adhiere a la fiebre por la ficción relacionada con muertos vivientes o infectados como obra al igual que productos como The Walking Dead, la muy irregular adaptación la cadena AMC está haciendo del cómic de Image creado por Robert Kirkman, Tony Moore y Charlie Adlard, es un producto de ficción que se centra más en los personajes protagonistas humanos y sus dilemas morales o acciones de supervivencia que en el origen, efectos o actos producidos por la aparición de un virus que convirtió a la mayor parte de la humanidad en unos monstruos salvajes y antropófagos. El tercer largometraje de Miguel Ángel Vivas es una historia mínima, un relato centrado en sólo tres personajes que tratan de sobrevivir tras un apocalipsis zombie en la pequeña ciudad de Harmony. Con un arranque que recuerda al de la soberbia 28 Semanas Después, con la que Juan Carlos Fresnadillo y Enrique López Lavigne dieron continuación al famoso film del británico Danny Boyle, el cineasta sevillano presenta su puesta en escena y da muestras del sabio dominio que tiene del caos controlado que encontrará su clímax en la recta final de la obra. Después de este prólogo la misión de Vivas y su colaborador al guión, Alberto Marini, es introducirnos en la rutina de los personajes principales: Jack, su hija Lu y Patrick, el vecino de estos últimos y como pudimos ver en el inicio del film con un pasado en común con ellos. A ellos se sumará más tarde la desconocida chica interpretada competentemente por la madrileña Clara lago. En el proceso los personajes de los hombres adultos llegan a estar bien perfilados tanto el de Jack de Jeffrey Donovan que se muestra en toda su imperfección siendo capaz de errar con tal de mantener el bienestar de su hija y sobre todo el de Matthew Fox al que ya se ocupa el actor de Perdidos de ofrecer un competente trabajo a la hora de exponer en pantalla su personalidad torturada y autodestructiva con pasaje oscuro en su vida que se irá desvelando poco a poco por medio de flashbacks. En cambio el rol de Lu cae más en lugares comunes y caminos transitados dentro del género, pero el buen hacer de la jovencita Quinn McColgan hacen que su personaje a pesar de estereotipado se muestre veraz de cara al público.




Aunque la primera mitad de la historia se centra en mostrar el día a día de los personajes protagonistas y en como poco a poco los roles de Jack y Lu van interactuando gradualmente con el de Patrick para que así podamos descubrir qué hecho trágico puso fin a la amistad de los dos hombres Miguel Ángel Vivas se ocupa por medio del tono y el timing que nunca se nos olvide que algo acecha al trío protagonista y será la niña en la magnífica escena de la nevada a medianoche con la pequeña mirando por la ventana la que descubra que los infectados que hace nueve años surgieron para erradicar a la humanidad y posteriormente morir por culpa del clima helado de la zona siguen activos, evolucionados y más peligrosos que nunca. En ese sentido el humilde presupuesto de Extinction parece entrar en escena cuando queda patente a lo largo del metraje que la aparición de dichas criaturas (magníficamente diseñadas por medio de unos efectos de maquillaje muy bien realizados) se dosifica de manera intencionada posiblemente debido a que la producción no poseía los medios suficientes para poblar en todo momento la pantalla de dichas monstruosidades, algo que sí sucede felizmente en el clímax final de la película. De esta manera, con apariciones puntuales de los zombies que aún no estando siempre en el núcleo central del devenir de la trama tornan en seres de presencia ubicua por culpa de su creciente amenaza letal para los protagonistas, Vivas puede hacer uso de su demostrado talento para tensar la intriga como un cable de acero, evidentemente sin llegar a los niveles de malestar que producía su labor en Secuestrados, pero lo suficiente para que nos preocupemos mínimamente por unos personajes que en casi todo momento se ganan nuestra empatía. La atmósfera amenazante, planos de una extraña belleza casi pictórica (ese matrimonio en el salón con las salpicaduras de sangre detrás de sus cabezas) y una delectación meritoria por retratar esos parajes helados de la ciudad de Harmony dan buena muestra de que Miguel Ángel Vivas conoce perfectamente su oficio y es capaz de sacar material competente de una producción independiente dentro del tipo de género al que se adscribe su última obra.




Pero si la antigua Welcome to Harmony sirve para algo es sobre todo para confirmar a Miguel Ángel Vivas como uno de los mejores narradores de ficción del panorama cinematográfico español y un profesional con muchas posibilidades de realizar una interesante carrera en Hollywood si no se deja devorar por los engranajes de una maquinaria del cine comercial estadounidense que no suele dejar títere con cabeza, y si no que se lo digan a Josh Trank. Ya que si hay algún apartado en el que la cinta que nos ocupa destaca es en su realización técnica en la que volvemos a ver fogonazos de poderosa resolución visual y estilística. No son pocos los momentos en los que en Extinction se nota la impronta de un cineasta con aptitudes más que demostradas para el cine de género. Una tensa calma en los pasajes en los que el in crescendo de incomodidad debe ir solidificándose de cara al desarrollo de la historia y un dinamismo cortante y directo en los pasajes más activos o de acción se alternan a lo largo del metraje para equilibrar una historia que quiere ser a la vez íntima y expeditiva, no consiguiéndolo en todo momento, pero sí en la mayor parte de la narración. Pasajes como el ataque al personaje de Patrick cuando huye con la moto de nieve, el del almacén de alimentos con posterior escapada a toda velocidad, el plano con grúa del clímax final en el que el personaje de Matthew Fox va eliminando en los exteriores de la casa a a los infectados mientras el tono rojizo de la luz de las bengalas marca la textura de las imágenes que acontecen en pantalla (pasaje magnífico que sólo se resiente por los no del todo conseguidos efectos digitales para dar vida a las criaturas) y sobre todo ese plano secuencia “mutante” que después de convertirse en un cenital pasa a travelling para recorrer todas las habitaciones de la casa en la están teniendo lugar el asedio de los monstruos dan buena muestra de que hay un verdadero director detrás de un proyecto como Extinction y que casi con toda seguridad su talento y buen hacer estén por encima del mismo proyecto cinematográfico en el que está implicado.




Seamos francos, Extinction no inventa nada, no es una película que será recordada en un futuro próximo como estandarte del revival de celuloide protagonizado por zombies que lleva algo más de una década invadiendo nuestras carteleras y parrillas televisivas, hasta puede no dejar del todo satisfecho a aquel que vaya a verla en pantalla grande con la intención de encontrarse una nueva cinta de batallas campales entre seres humanos y muertos vivientes llena de gore y mala baba cuando es un trabajo que apela más a ser una obra de personajes. Pero es una pieza meritoria, que destila mucho oficio y que nos retrotrae tanto a Stephen King (fácil pensar en Apocalipsis o su adaptación televisiva a manos de Mick Garris) como a John Carpenter (los paisajes nevados al estilo de La Cosa o el personaje de Patrick haciendo labores de locutor de radio como Adrienne Barbeau en La Niebla) dejando patente que su autor principal no es un mercenario oportunista sino un profesional con verdadero talento a la espera de un nuevo proyecto que esté a su altura. Aunque ha sido recibida de manera bastante desigual por la prensa especializada, en la taquilla de España al menos está funcionando muy bien y no teniéndolo nada fácil sabiendo que debe vérselas en las carteleras con elegantes espías de la guerra fría (Operación U.N.C.L.E) versiones de la tercera edad del más famoso detective de todos los tiempos (Mr Holmes) o visiones polémicas y parece ser que considerablemente fallidas de familias de superhéroes (Los 4 Fantásticos) que por muy fallida que sea ha conseguido el primer puesto de recaudación en tierras ibéricas. Sin hacer mucho ruído, con algunos problemas con su distribuición y promoción, pero ofreciendo 110 minutos de sano entretenimiento sin excesivas pretensiones Extinction supone otra inyección de vitalidad a la producción cinematográfica española con aspiraciones internacionales. Un trabajo que posiblemente le abra las puertas a Miguel Ángel Vivas de esa meca del cine en la que otros cineastas patrios como Jaume Collet-Serra (productor también de la cinta que nos ocupa), Paco Cabezas o Juan Carlos Fresnadillo han forjado sus carreras (La Casa de Cera, Sin Identidad, Non-Stop, Una Noche Para Sobrevivir), probado suerte con proyectos propios de allí (Tokarev o la próxima Mr Right) o implicado en la preproducción de otros que no tienen pinta de llegar nunca a buen puerto (El Cuervo, Los Inmortales) respectivamente.




jueves, 20 de agosto de 2015

Electric Boogaloo: La Loca Historia de Cannon Films, la extraña pareja



Título Original Electric Boogaloo: The Wild, Untold Story of Cannon Films (2014)
Dirección Mark Hartley
Guión Mark Hartley
Actores Molly Ringwald, Tobe Hooper, Dolph Lundgren, Richard Chamberlain, Elliot Gould, Just Jaeckin, Franco Nero, Bo Derek, Franco Zeffirelli




A finales de la década de los 70 dos primos israelíes criados en Tel Aviv que durante su adolescencia se pasaban la vida de cine en cine y que más tarde decidieron convertirse en los productores de películas de su país más taquilleros con producciones como Polo de Limón (antecedente judío de lo que más tarde sería en USA la saga Porky’s) decidieron viajar a Estados Unidos para probar suerte en el mundo del cine yanqui. Menahem Golan y Yoran Globus llegaron a Norteamérica para hacer lo que mas les gustaba, rodar largometrajes. Una vez instalados allí decidieron comprar una productora de cine exploit llamada Cannon Group cuya filmografía navegaba, en líneas generales, entre sangrientos slashers y muestras de softcore con abundantes escenas de sexo y desnudos femeninos. De manera harto inteligente y aunque deseaban poder dar forma lo antes posibe a films con sello propio dedicieron seguir con la tónica habitual de la casa hasta ese momento con piezas como Schizoid, protagonizada por Klaus Kinski, o The Happy Hooker Goes to Hollywood, secuela de otra conocida cinta de la compañía llamada The Happy Hooker. Pero poco tardarían estos dos primos judíos en convertir su nueva criatura en la Cannon Films que todos conocemos desde los 80 y cuyas cuestionables producciones están siendo reivindicadas en la actualidad. Films de acción neoconservadora propia de los años 80 de la era Reagan protagonizados por Charles Bronson o Chuck Norris, productos de artes marciales con nuevas estrellas como Michael Dudikoff, ejemplos de celuloide de aventuras de intenciones supuestamente clásicas como El Desafío de Hércules o Las Minas del Rey Salomón y hasta trabajos de ciencia ficción de presupuestos considerables para una productora que labraba su futuro a espaldas de la meca del cine. Menahem Golan y Yoram Globus tocaron el cielo durante casi dos décadas para después caer en desgracia por culpa de las deudas contraidas por su frenético ritmo de producción.




Todo este proceso de comienzo humilde, rápido auge y caída en picado ha sido condensado y narrado con una pericia tronchante por el guionista y director australiano Mark Hartley (especializado en obras de no ficción centradas en el cine de Serie B como Not Quite Hollywood: The Wild, Untold Story of Ozploitation! o Machete Maidens Unleashed!) en el documental Electric Boogaloo: The Wild, Untold Story of Cannon Films editado en el mercado doméstico español el pasado 22 de Julio y que hace un repaso por toda la trayectoria de la inefable productora inciendiendo en sus grandezas y miserias. Poco después de poner sus manos en la Cannon Yoram Globus, que se ocupaba de la financiación y negociación de sus proyectos, y Menahem Golan, responsable del apartado “artístico” de los mismos dirigiendo personalmente algunos de los éxitos más sonados (Delta Force) y fracasos más estrepitosos (Yo, el Halcón) de la factoría, dieron forma a una copiosa producción de largometrajes de género de muy bajo coste que rendían lo suficientemente en taquilla como para poder seguir adelante con nuevos proyectos adscritos a dicha empresa. Desde bien pronto los primos israelíes pusieron las cartas sobre la mesa produciendo films de acción de corte filofascista como las varias secuelas de El Justiciero de la Noche (Death Wish) protagonizada por Charles Bronson y la mayoría de ellas rodadas a manos del director del film primigenio, el británico Michael Winner (al que se deja en el documental como a un enfermizo xenófobo amante de la violencia) los films de artes marciales cuya punta de lanza supuso Enter the Ninja, protagonizada por un Franco Nero que ninguna idea tenia de artes marciales, cine de corte adolescente con omnipresente sexo (aquella El Último Americano Virgen que era un remake de la ya mencionada Polo de Limón) películas de época con ciertas aspiraciones artísticas más ambiciosas como El Amante de Lady Chatterlay (adaptación de la novela de D. H, Lawrence dirigida por Just Jaeckin y protagonizada por Sylvia Cristel, artífices ambos de la plumbea y muy esnob Emmanuelle) y hasta coqueteos con el musical como se puede ver en La Manzana, dirigida por el mismo Menahem Golan que se dio un enorme batacazo con tan hortera propuesta que queriendo llegar a ser mejor que Tommy de Ken Russell y The Who no se llegó ni a mitad de camino.




Poco tardaron en ganarse Menahem Golan y Yoram Globus fama en Hollywood de productores de celuloide mediocre, cutre, paupérrimo en un plano creativo, cuestionable en lo moral, de ser unos mercachifles de mal gusto y más que cuestionable gusto cinematográfico. Pero sin lugar a dudas ganaban mucho dinero con sus proyectos, cada vez más, eran unos expertos a la hora de vender su mercancía internacionalmente y eso a la meca del cine no le gustaba que sucediera a sus totalitarias espaldas. Los dos primos nacidos en Tel Aviv sabían lo que el público americano quería y no hacían otra cosa que dárselo al menor coste posible y recaudando el máximo en taquilla. Cundo comenzaron a a ofrecer a Chuk Norris films bélicos convirtiéndolo en uno de los pioneros de los action heroes de la Era Reagan con piezas como Desaparecido en Combate (descacharrante la anécdota que asegura que al rodarse las dos entregas seguidas y ver los productores que la 2 era la buena cambiaron el título de ambas y estrenaron antes la segunda que la primera) a resucitar la carrera de un decadente Charles Bronson a base de matar a sus familiares y allegados para que él “limipiara las calles de indeseables” y a descubrir a nuevos talentos ya fuera dentro del cine de artes marciales como el Michael Dudikoff que protagonizó la saga El Gran Guerrero Americano (American Ninja) o en el de época como aquella preciosa Brooke Shields que protagonizó otro batacazo de la casa como Aventuras en el Sáhara no fueron pocos los actores con cierto renombre que decidieron ponerse a sus servicios. Ahí tenemos el caso de Bo Derek a la que financiaron (a ella y a su marido, el director John Derek) la inenarrable Bolero (enorme como las mismas actrices del film, entre ellas Olivia d’Abo, se ríen de lo ridícula que era aquella cinta de toreros castrados y con nuestra impagable Ana García Obregón de actriz secundaria) o viejas glorias como Christopher Lee, Peter Cushing, Vincent Price y John Barrynore que con la intención de reverdecer aterradores laureles compartieron pantalla en La Casa de las Sombras del Pasado (House of the Long Shadows) aquel producto que de entrañable producía más risa que miedo. Por aquel entonces la fama y los réditos de la Cannon Films comenzaron a crecer y con ellos sus aspiraciones y megalomanía.




En la segunda mitad de los años 80 llegó el declive. Cuando la productora estaba en lo más alto, con sedes en distintos países (Golan y Globus vendiendo sus productos en el festival de Cannes y dando la nota con una imagen que les hacía parecer secundarios del reparto de Los Soprano) del globo comenzó la debacle. Por aquel entonces la Cannon decidió contratar a Tobe Hooper para unos cuantos proyectos a cual mas fallido. La hoy por desgracia envejecida Fuerza Vital (Lifeforce) supuso el film de mayor presupuesto de la productora, su mezcla de astronautas, vampiros intergalácticos y cine de catástrofes no cuajó y eso que el tanto el equipo técnico como el artístico estaban a la altura. Luego llegó el remake de Invasores de Marte que dio pie a la mejor anédota con Globus y Golan de todo el documental cuando estos durante el screening test de Quatermain en la Ciudad Perdida del Oro (secuela de Las Islas del Rey Salomón con Richard Chamberlain y Sharon Stone) confundieron este film con el de Hooper para la indingación de la pareja de primos. Finalmente y tras dos fracasos le propusieron realizar una tardía secuela de su exitosa La Matanza de Texas con Dennis Hooper en el papel de cazador a la busca y captura de la familia antropófaga que tiene en el desquiciado Leatherface a su miembro más célebre. El inenarrable despropósito en el que el realizador de Salem’s Lot o Poltergeist inyectó un supuesto humor negro que sólo pareció entender él hizo entrar en cólera a Golam y Globus que vieron cómo desde ese mismo momento sus carreras irían cuesta a abajo y sin frenos. Por mucho que Golam produjera films de calidad como la versión de la ópera Othello, inspirada en la obra de William Shakespeare, a manos del italiano Franco Zeffirelli (posiblemente el único participante en el documental que no tiene una sola queja de los primos de Tel Aviv), la biografía sobre el escritor Charles Bukowski que el iraní Barbret Schoreder rodó con Mickey Rourke y Faye Dunaway en Barfly o algunos de los últimos trabajos de pesos pesados como John Cassavetes o Jean Luc Godard (finalmente se descubrió que Golan tenía un muy buen gusto para las artes, pero ya era un poco tarde) su afán por intentar recuperar pérdidas abultando cada vez más el presupuesto de films que al final no rendían en taquilla como Masters del Universo o recibiendo de rebote sagas en decadencia a las que terminaban de rematar a pesar de su potencial comercialidad de cara a la taquilla como sucedió con la indescriptible Superman IV: En Busca de la Paz la Cannon poco a poco fue muriendo y aunque todavía experimentó algunos repuntes como los de Contacto Sangriento (Bloodsport) o Kickboxer protagonizadas por el belga Jean Claude Van Damme, la nueva estrella de la factoría, la criatura estaba muerta en vida y dio su estertor final a principios de los 90 dando pie a que ambos primos se separaran de manera poco amistosa.




Aunque Electric Boogaloo: La Loca Historia de Cannon Films es un dechado de humor, sorna, autocrítica y anécdotas que de puro rocambolescas en ocasiones son difíciles de creer tiene un fallo bastante notable y es que como documental destila en casi todo momento excesiva inquina y bilis hacia sus dos protagonistas principales. Menahem Golan y Yoram Globus se negaron a participar en el film de Mark Hartley (aunque hay en el metraje de la obra incontable material de archivo en el que dan lo mejor de sí mismos) porque ellos estaban inmersos en su propio proyecto autobiográfico titulado The Go Go Boys (que como bien reza la cinta que nos ocupa en su final se estrenó tres meses antes, los dos primos siendo ellos mismos hasta el final) y no sabemos si por este motivo u otro prácticamente todos los “bustos parlantes” que son entrevistados tienen demasiadas palabras de desprecio, no sabemos si con motivo o sin él, para ellos tildándolos de fabricantes de basura de gustos toscos y formas rudas para comercializar su mercancia. Pero es un hecho contrastado que también dieron trabajo a muchísimos profesionales del medio durante años, descubrieron y relanzaron la carrera de muchos actores y sobre todo ofrecieron fruición en forma de cine (mediocre y hasta reprobable en ciertos aspectos ideológicos, sí pero cine después de todo) de modo que poco se les podía reprochar como creadores de productos de entretenimento efectivos. Golan (que falleció hace poco menos de un año) y Globus fueron dos tipos muy avispados, hombres de su tiempo que supieron ver qué demandaba la taquilla y dárselo en cantidades industriales (ahí está el éxito de Break Dance: The Movie, que puso de moda el famoso estilo de baile y cuya estrambótica secuela Break Dance 2: Electric Boogaloo da nombre al documental que estamos comentando) ser pioneros en variantes de subgéneros americanos de baja estofa pero copiosos resultados recaudatorios como el de los “ciudadanos honrados que se toman la justicia por su propia mano”, el de artes marciales con todas sus variantes posibles, las comedias adolescentes picantonas y hasta un cine de aventuras con cutre aroma a Serie B más autoimpuesto que elegido de manera voluntaria, unos tipos tan estrafalarios como entrañables capaces de hacer la premiere de Invasión USA con Chuck Norris como protagonista en el parking de un edificio. Con todo al final del metraje prácticamente todos los entrevistados admiten lo importantes que fueron Golan y Globus para que el cine que se hace a espaldas de Hollywood se abriera camino y para que gente como los hermanos Harvey Weinstein y Bob Weinstein los tomaran como ejemplo para saber qué hacer o no para llegar a lo más alto. Por suerte a día de hoy nuestra nostalgía hacia estos subproductos se ve colmada cuando vemos que de vez en cuando en la cartelera la productora Nu Images de Avi Lerner se revela como la heredera natural de la Cannon Films con trabajos como las sagas Ninja The Expendables o films como John Rambo, u Objetivo: La Casa Blanca confirmándonos, para bien o para mal, que aquellos primos que amaban las películas más que al sentido común siempre tendrán su pequeña parcela dentro de la historia del cine reciente.


sábado, 8 de agosto de 2015

Espías



Título Original Spy (2015)
Director Paul Feig
Guión Paul Feig
Actores Melissa McCarthy, Jason Statham, Rose Byrne, Jude Law, Morena Baccarin, Bobby Cannavale, Allison Janney, Nia Long, 50 Cent, Peter Serafinowicz, Will Yun Lee, Zach Woods, Alicia Vela-Bailey, Jessica Chaffin, Miranda Hart, Carlos Ponce





Desde hace unos años el tándem formado por la actriz Melissa McCarthy y el productor, guionista y director Paul Feig está ofreciendo una buena remesa de comedias exitosas que poco a poco van revitalizando el género en Estados Unidos. Proyectos como La Boda de Mi Mejor Amiga (Bride Maids) o Cuerpos Especiales (The Heat) muestran a dos profesionales en perfecta sintonía en lo que a explotar las dotes como narrador del autor de Freaks & Geeks o The Office y en ir perfeccionando la ya de por sí potente vis cómica de la intérprete de cintas como St. Vincent o Tammy. El último producto ofrecido por esta pareja de profesionales es Espías (Spy en su título original) una pieza que ha pasado por España sin hacer mucho ruido (no así en su Estados Unidos natal) y que contra todo pronóstico se encumbra como la comedia más desternillante y divertida de lo que llevamos de 2015.




Espías es, como su propio título ayuda a dilucidar, una parodia del cine de espionaje. Pero tanto del más elegante y clásico al estilo James Bond como el más fibrado y crudo de Jason Bourne, de ahí que tengamos dos personajes que dan vida a ambas vertientes cinematográficas, uno interpretado por Jude Law y otro por Jason Statham. Pero lo más curioso es que el punto de partida de la última cinta de Paul Feig vendría a ser algo parecido a que el insoportable personaje de Penélope Garcia de la entretenida pero sensacionalista serie Mentes Criminales se introdujera en una trama deudora de aquella pequeña joya a recuperar de James Cameron llamada Mentiras Arriesgadas (True Lies) protagonizada por Arnold Schwazzennegger y Jamie Lee Curtis, ya que le historia se centra en cómo una analista de la CIA acostumbrada a sentarse en su escritorio para ayudar a los agentes de campo acaba convirtiéndose en uno de estos para llevar a cabo una complicada misión relacionado con el tráfico de armamento a nivel internacional.




El resultado es un guión bien hilado y consistente en su narración apoyado por un trabajo magnífico de Paul Feig tanto en el plano técnico como en la dirección de actores, un reparto tocado por el don de la comicidad con una Melissa McCarthy impagable encabezándolo y una sesión continua de acertadísimos gags con los que el creador de la serie Other Space acribilla a un espectador que en ocasiones no tiene tiempo para dejar reír entre gag y gag. Lo más divertido es que el personaje de Susan tiene las aptitudes adecuadas para ser la espía perfecta (como analista es una experta en dichas lides y sin ella los agentes a los que dan vida Law y Statham serían en el primer caso mucho menos eficaz y en el segundo un rotundo inepto) pero su presencia, apariencia física (rechoncha, grosera y simpaticona) es totalmente antagónica a la de las típicas femme fatales que pueblan el tipo de films que Spy parodia.




Esta actitud algo barriobajera y malencarada, su apariencia de ama de casa protototípica o solterona amante de los gatos y el hecho de que por dentro sea una experta en espionaje internacional y conspiraciones gubernamentales le sirven a Paul Feig para tejer una divertida trama en la que Melissa McCarthy toca todos los palos dentro del celuloide de agentes secretos. Entre ellos la vemos hacer uso de gadgets propios del 007 más clásico y protagonizar escenas físicas propias del interpretado por el que interpreta Daniel Craig en la actualidad o de los Matt  amon y Jeremy Renner de las cuatro entregas del desmemoriado Jason Bourne, Aunque evidentemente y como es lógico todos estos pasajes están abordados con un tono de parodia con mucha mala baba y referencialidad que en la mayoría de ocasiones desembocan en continuas carcajadas que no dan un minuto de tregua a la platea cuando las mismas están en su punto culminante.




Sobra decir que Melissa McCarthy está pletórica en su papel y que el mismo la confirma como una de las mejores actrices de comedia de su generación, pero también hacen un muy buen trabajo el elegante y superficial Bradley Fine de Jude Law por el que bebe los vientos la protagonista, el machista, grosero y torpe Rick Ford de Jason Statham que se lleva también alguno de los pasajes más divertidos de la cinta o una Rose Byrne como Rayna Boyanov a la que no estamos acostumbrados a ver en este tipo de papel y que borda su estrambótico trabajo destilando no poca química con el de McCarthy. En roles más secundarios tenemos a una entrañable Miranda Hart como Nancy, la mejor amiga de Susan, un, últimamente omnipresente, Bobby Cannavale dando vida al mafioso Sergio De Luca, el principal villano de la velada, o un mastodóntico Peter Serafinowicz como el pervertido Aldo.




Sería difícil enumerar todos los gags, momentos, secuencias que al que suscribe (y ojo, a muchos de los que en ese momento se encontraban en la sala de cine)  le hicieron llorar de risa. Aunque tengo el deber de destacar el concierto de música electrónica, todo el pasaje del veneno en la copa del personaje de Rayna, la persecución en moto, el acoso y derribo por parte de Aldo a Susan, lo que acontece en el jet privado del ya mencionado personaje de Rose Byrne o el clímax final. Espías confirma que Paul Feig está en un momento dulce, que Melissa McCarthy es su musa y que Judd Apatow me parece más sobrevalorado todavía después de ver esta comedia de su amigo y compañero que espero no sea el punto álgido de este dúo que con un poco de suerte y manteniendo el nivel que llevan en producciones como la que nos ocupa nos depararán en el futuro buenos momentos de humor con los que evadirnos durante un par de horas de que nuestra realidad es la que no tiene ninguna gracia.


lunes, 3 de agosto de 2015

Jurassic World



Título Original Jurassic World (2015)
Director Colin Trevorrow
Guión Rick Jaffa, Amanda Silver, Derek Connolly y Colin Trevorrow, basado en personajes de Michal Crichton
Actores Chris Pratt, Bryce Dallas Howard, Nick Robinson, Vincent D'Onofrio, Ty Simpkins, Irrfan Khan, Jake Johnson, Omar Sy, BD Wong, Judy Greer, Lauren Lapkus, Brian Tee, Katie McGrath, Andy Buckley, Jimmy Fallon, James DuMont, Colin Trevorrow





Hace unas entradas hablábamos de Parque Jurásico, la adaptación que Steven Spielberg realizó en 1993 de la novela homónima de Michael Crichton para reformular en los años 90 el concepto de Blockbuster.Veintidos años después llega la tercera secuela (después de El Mundo Perdido y Parque Jurásico III estrenadas en 1997 y 2001 respectivamente) que sirve a la vez de nueva entrega y reinicio encubierto de la franquicia creada por el director de Amistad o Always. La cinta estrenada a finales de Mayo se ha convertido en un éxito de taquilla de dimensiones impresionantes habiendo conseguido hace unas semanas el título de tercera película más taquillera de la historia del cine que desde 2012 poseía la primera entrega de Los Vengadores de Marvel Studios escrita y dirigida por Joss Whedon. Jurassic World es una hija de su tiempo y época, un entretenido taquillazo tan efectivo como rudimentario, tan bien ejecutado como tramposo y que aún dejándose ver con agrado no merece el desproporcionado éxito que ha obtenido en las carteleras de todo el mundo.




Al igual que en el caso de Parque Jurásico III, rodada por el competente Joe Johnston (Capitán América: El Primer Vengador, El Hombre Lobo), Steven Spielberg una vez más delega la responsabilidad de ponerse detrás de las cámaras en un cineasta ajeno. El elegido ha sido Colin Trevorrow, cuyo único trabajo previo en el mundo del largometraje fue la premiada comedia fantástica de corte independiente Seguridad No Garantizada protagonizada por Aubrey Plaza, Mark Duplass y Jake Johnson  De esta manera el autor de Salvar al Soldado Ryan o Atrápame Si Puedes sólo ejerce labores de productor pudiendo dedicar tiempo a otros proyectos (como esa El Puente de los Espías que verá la luz en Octubre) en los que él sea el principal responsable en la realización y asegurándose así ser uno de los principales beneficiarios de la recaudación de esta última entrega de los dinosaurios noventeros nacidos de su propia impronta.




Jurassic World ha sido realizada con escuadra y cartabón para ser más un producto de consumo rápido que apele por medio de golpes bajos a la memoria del espectador que un verdadero largometraje cinematográfico de genuina calidad. Desde el arranque en el que estructuralmente podemos afirmar que la trama es casi un calco de la de la primera cinta pero magníficada hasta lo exagerado para adaptarse a estos tiempos de inmediatez visual y grandilocuencia formal la cinta de Coln Trevorrow sustenta su historia en cientos de referencias estéticas y narrativas a la obra primigenia de 1993 para que los fanáticos de la franquicia nos sintamos falsariamente en casa. Spielberg no es ningún tonto y tiene la lección aprendida de modo que se ha preocupado más porque el proyecto encaje perfectamente en la saga de films que en dar una verdadera consistencia narrativa al guión que sustenta su criatura.




De modo que no serán pocos los pasajes desde esa mastodóntica puerta para entrar a la isla, la presencia de los Velociraptors o el T-Rex, las menciones a Jonnah Hammond (con cariñoso homenaje al actor que lo interpretó, el también director británico Richard Atthenborough) o los dos niños siendo atacados en la Girosfera que remite directamente al pasaje del film 1993 en el que los nietos del ya mencionado creador del Parque Jurásico eran asediados en la furgoneta en los que utilizando en más de una ocasión la banda sonora que compuso John Willams para la cinta primigenia se recurra a la nostalgia y el cariño condescendiente para que la platea reciba con gusto un producto que no deja de ser un corta y pega de las tres entregas anteriores de la colección de cintas protagonizadas por los dinosaurios nacidos de la pluma de Michal Crichton con todos los clichés, lugares comunes y resoluciones formales manoseadas hasta la extenuación, pero muy bien compactados para que los digiramos con agrado y fruición.




Pero no todo es autocomplacencia en Jurassic World, también hay detrás de las cámaras un artesano que realiza adecuadamente su trabajo controlando con pericia el enorme proyecto que han puesto en sus manos mostrándose resuelto a la hora de rodar escenas de acción, aprovechar el diseño de producción que le han proporcionado, aprovechar unos efectos digitales de última generación (aquí los animatrónicos casi brillan por su ausencia) para dar vida a unos dinosaurios que como manda la tradición dentro de la franquicia deben ser cada vez más enormes y hasta regalar algún momento con encanto como el prólogo, el entrañabe engaño de la pata de pájaro que viene inmediatemente después de este, las escenas de adiestramiento de los raptors por parte del protagonista o ese clímax final alocado con aparición estelar del T-Rex y la sorpresa definitiva que deja una sonrisa en la cara del espectador justo antes de que salgan los títulos de crédito en pantalla.




Por otro lado tenemos un reparto competente comandado por un inspiradp Chris Pratt carismático, canalla y simpático que mezclando a Indiana Jones, Han Solo y su propio Star Lord para Guardianes de la Galaxia de Marvel Studios ofrece un personaje que difícilmente puede caer mal y una Bryce Dallas Howard que pone mucha dignidad y tesón a un rol estereotipado hasta lo insultante que es mejor no abordar en un plano psicológico si no queremos enfadarnos más de lo debido con la escritura del film. Entre los secundarios tenemos a un destacable Vincent D'Onofrio (La Chaqueta Metálica, Daredevil) en la piel del militar maquiavélico de turno, un divertido Irrfan Khan (La Vida de Pi, El Asombroso Spiderman) como el dueño de la isla y dos críos repelentes (Ty Simpkins y Nick Robins) sólo superados en impertinencia por el cameo metido con calzador de un insoportable Jimmy Fallon que no hay por donde cogerlo.




Dejando de lado polémicas obvias sobre si Chris Pratt será el nuevo Indiana Jones tomando el relevo de Harrison Ford o lo de las carreras de fondo que el personaje de Bryce Dallas Howard con esos imposibles zapatos de tacón que la hacen correr más que un T-Rex nos quedamos con la idea de que Jurassic World no engaña a nadie porque da lo que estos tiempos de vacuidad cinematográfica exigen al cine comercial. Podemos destacar su apartado visual, actores bien elegidos, aroma en ocasiones a Serie B (hay veces que la cinta parece una hija bastarda de las distintas versiones en celuloide La Isla del Doctor Moreau, pero con dinosaurios) y sana intención de entretener sin pretensiones desproporcionadas o innecesarias. Pero, como previamente hemos afirmado, es un hecho que con la última entrega de esta exitosa franquicia (Jurassic World 2 llegará a nuestras pantallas en 2018) nos encontramos con un sencillo y rudimentario blockbuster que ofrece poco más de dos horas de entretenimiento nostálgico autocomplaciente que no merece el descomunal éxito de taquilla que está teniendo.



viernes, 31 de julio de 2015

Ant-Man



Título Original Ant-Man (2015)
Director Peyton Reed
Guión Edgar Wright, Joe Cornish, Adam McKay y Paul Rudd basado en el cómic de Stan Lee, Jack Kirby y Larry Lieber
Actores Paul Rudd, Michael Douglas, Evangeline Lilly, Corey Stoll, Bobby Cannavale, Anthony Mackie, Matt Gerald, Judy Greer, Abby Ryder Fortson, Michael Peña, David Dastmalchian, John Slattery, Hayley Atwell, Wood Harris, T.I., Martin Donovan, Rod Hallett





En Marvel Studios están envalentonados y no hay quien los pare. Después del enorme éxito que supuso el estreno de los Guardianes de la Galaxia de James Gunn el año pasado Kevin Feige y sus muchachos se han dado cuenta de que poco importa si los protagonistas de una cinta de la productora cinematográfica de la Casa de las Ideas son, de cara al espectador neófito, personajes nacidos en las viñetas que fuera del medio pocos conocen mientras sean adaptados con acierto al celuloide. Porque una cosa es rodar films de Iron Man, Capitán América, Thor, Hulk o los Vengadores y otra dar todo el peso de un largometraje a Star-Lord, Rocket, Groot y compañía, roles cuyas aventuras sólo los aficionados a las viñetas llevamos años leyendo. El soberbio recibimiento por parte de crítica y público del film realizado por el autor de Slither o Super abrió la puerta para que los "secundarios de lujo" de Marvel pudieran campar a sus anchas en las pantallas de todo el mundo.





De modo que el siguiente paso lógico era ofrecer por fin una película propia a Ant-Man, uno de los miembros fundadores de los Vengadores creado por Stan Lee, Jack Kirby y Larry Lieber en 1962 para la colección Tales of Astonish que hasta ahora no había hecho acto de presencia en ninguna de las dos Fases desarrolladas por la productora. No son pocos los que conocen la polémica detrás de la gestación del último proyecto de Marvel Studios cuando los dos ideológos asignados para dar forma al largometraje (los británicos Joe Cornish y Edgar Wright, artífices de la inolvidable trilogía del Cornetto formada por Zombies Party, Hot Fuzz y Bienvenidos al Fin del Mundo) abandonaron la escritura y dirección del largometraje por diferencias creativas con los productores. Dicho abandono y el sutil apoyo de Joss Whedon a los dos autores vía Twitter posiblemente también influirían en el fin de las relaciones del creador de Buffy y Firefly con el equipo de Kevin Feige tras Los Vengadores: La Era de Ultrón, pero no nos vayamos por las ramas.




Tras la marcha del tándem británico el elegido para tomar el timón del film fue el cineasta norteamericano Peyton Reed del que sólo conocíamos sus incursiones en el género de la comedia con obras como A Por Todas, Separados, o Di Que Sí. Tomando como punto de partida la historia desarrollada por Cornish y Wright e interviniendo en el guión Adam McKay y el mismo Paul Rudd, protagonista de la cinta, Ant-Man adapta, libremente, los números  47 y 48 de la colección Marvel Premiere en los que se presenta al personaje de Scott Lang, el ladrón profesional que heredará el traje y los poderes de miniaturización creados por Hank Pym, el Hombre Hormiga original que encontrará en este delincuente común experto en robos a su más digno sucesor. El resultado nunca sabremos si está a la altura de lo que tenían ideado los guionistas de Las Aventuras de Tintín: El Secreto del Unicornio, pero en manos de Peyton Reed se revela como una simpática cinta de acción y aventuras que despide con un tono bastante más desenfadado que Los Vengadores: La Era de Ultrón la Fase 2 del universo cinemático creado por Marvel Studios para la pantalla grande.




Ant-Man apela a un tono más ligero que el resto de films de Marvel Studios, más incluso que Guardianes de la Galaxia y en esta elección radica su mayor virtud. Peyton Reed y su equipo de guionistas afrontan la dificil empresa de llenar de epicidad la historia de un superhéroe minúsculo realizando una amalgama entre el inevitable clásico El Increible Hombre Menguante con Ocean's Eleven y la primera entrega de Iron Man dirigida en 2008 por Jon Favreau. El resultado es una cinta de robos de guante blanco puesta hasta el culo de particulas reducidas, científicos, criminales tan eficaces como entrañables y un apartado técnico en el que la floritura visual está a la orden del día para exponer en imágenes las minúsculas vivencias del protagonista imprimiendo al metraje un ritmo endiablado repleto de acción, humor, referencialidad al resto de las producciones de Marvel Studios y comandada por un reparto muy competente con un memorable Paul Rudd a la cabeza.




De manera totalmente acertada las cabezas pensantes detrás de Ant-Man recurren a la ironía y hasta la autoparodia a la hora de abordar los peculiares poderes del superhéroe protagonista, pero sin abusar en demasía del recurso. De este modo el film a lo largo de sus adecuados 117 minutos de metraje bascula entre el tono de humor que insufla un Paul Rudd pletórico que explota al máximo su vis cómica y carisma que ya conocíamos por su intervención en las producciones de Judd Apatow o la inolvidable sitcom televisiva Friends con el matiz más serio y hasta de corte dramático que tiene su principal valedor en el de un magnífico Michael Douglas al que le queda que ni pintado un personaje que aún siendo el Hombre Hormiga original ha sido adecuadamente puesto por Marvel en un segundo plano para no tener que driblar con un rol tan polémico como el del científico que creó a Ultrón en los cómics y que cuenta hasta con episodios de violencia de género en su historial si hablamos de su versión para las viñetas.




Pero la cinta da lo mejor de sí misma cuando esas dos visiones antagónicas del personaje creado por Lee, Kirby y Lieber colisionan y Hank Pym toma a Scott Lang como su pupilo para entrenarlo a la hora de recoger el relevo como Ant-Man. Porque si en los pasajes en los que nuestro protagonista se encoje (la primera vez con la caída libre desde la bañera hasta la discoteca es de una ejecución técnica y ritmo narrativo envidiable, alternando comicidad con intriga) el proyecto encuentra su razón de ser y mayor virtud, es en el periodo de entrenamiento al que los personajes de Michael Douglas y Evangeline Lilly someten al de Paul Rudd cuando esas dos miradas antagónicas acometen una relación de reciprocidad en la que la tragicomedia toma forma y ofrece pasajes tanto dramáticos (el descubrimiento del verdadero motivo e la muerte de la mujer de Pym, la Avispa original) como humorísticos (todo lo relacionado con el trío de amigos delincuentes amigos de Lang que se revelan como unos robaescenas natos y que están interpretados por Michael Peña, David Dastmalchian y el rapero T.I) dando una textura tonal al producto que le permite satisfacer a todo tipo de espectadores.




El hecho de que Scott Lang tenga más que asumido que no es un shuperhéroe y que un traje como el de Ant-Man le venga (paradojicamente) grande es otro de los recursos más acertados con respecto a dar a la cinta de Peyton Reed un tono menos grave que a las últimas cintas de el Capitán América o los Vengadores, por poner dos ejemplos claros. Por ello el espectador recibe con los brazos abiertos situaciones como en las que el personaje principal hace uso y abuso de su torpeza a la hora de tomar el control de sus habilidades recién heredadas (el momento cerradura de la puerta es de los más destacables del largometraje) o recurrir a un personaje de los vengadores para acentuar ese aire de humildad mal entendida y peor asimilada que tiene el personaje de Paul Rudd a la hora de aceptar su nuevo rol como justiciero enmascarado, sirviéndole este reto de acicate para intentar ganarse la confianza de una hija que bebe los vientos por él y que sirve como núcleo central a una subtrama típica del cine de perdedores que no lo son tanto.




Pero como previamente hemos comentado Ant-Man encuentra en su realización su mejor arma con secuencias de acción que nada tienen que envidiar a las de otros largometrajes de Marvel Studios. Peyton Reed ofrece, al igual que la mayoría de artesanos al servicio de la productora, un trabajo tan profesional y cumplidor como impersonal y autocomplaciente, pero lo suficientemente resultón y visualmente original como para que sobre él se puedan sustentar momentos que rememoran a las aventuras prototípicas del personaje ya sea en solitario o acompañado de Capitán América y sus colaboradores, como las protagonizadas por las hormigas comandadas por Scott Lang como si de un ejército se tratara en el asalto a las instalaciones de Pym Tech o ese clímax final, de los mejores jamás vistos en una cinta del estudio, con una batalla campal entre Ant-Man y Chaqueta Amarilla en el dormitorio de la hija del primero entre juguetes, mobiliario y objetos de decoración que, pareciendo descomunales, en tamaño real se muestran para el ojo el ojo humano casi imperceptibles, una vez más la ironía y la autoparodía marcando el terreno a seguir por el film.




A pesar de su sana intención de ser "más pequeña" que sus hermanas Ant-Man no desentona en absoluto con el resto de producciones de Marvel Studios. Se le pueden achacar fallos (algunos de ellos habituales en las producciones de Kevin Feige) como un villano al que le faltaba un repaso en la escritura (por muy buen trabajo que haga Corey Stoll su Darren Cross no deja de ser una revisión bastante descarada del Obadiah Stane de Jeff Bridges en Iron Man) algunos personajes que de puro estúpidos no son creíbles (los de Bobby Cannavale y Wood Harris deben ser los policías más torpes de San Francisco) y una relación de amor demasiado previsible y esteriotipada (Evangeline Lilly se esfuerza, pero a un servidor sigue sin convencerle como actriz y llora fatal) pero sus muchos aciertos no solapan su naturaleza de producto de entretenimiento bien desarrollado y mejor ejecutado.




Por el camino nos quedamos con un Paul Rudd memorable que espero no tarde mucho en codearse con personajes como Tony Stark o Thor, un Michael Douglas que al igual que otros veteranos actores como Anthony Hopkins, Robert Redford o el ya mencionado Jeff Bridges no temen codearse con tíos embutidos en pijamas, un apartado técnico a la altura, una fidelidad encomiable hacia los cómics, referencias al universo compartido de Marvel en pantalla grande (la Agente Carter, Howard Stark, esas interesantes escenas post créditos, sobre todo la segunda) y la sensación agridulce de que aunque la cinta cumple su cometido sobradamente su rocambolesca gestación nos confirma que los jefazos de la Casa de las Ideas tienen en su podor más una maquina de entretenimiento millonario bien engrasada que una verdadera factoria de proyectos fílmicos con auténticas aspiraciones artísticas, algo que, para que negarlo, no chirría con la tónica habitual del Hollywood de los últimos 20 años.



martes, 28 de julio de 2015

Inside Out (Del Revés)



Título Original Inside Out (2015)
Director Pete Docter y Ronnie Del Carmen
Guión Michael Arndt y Pete Docter




Después de un año de barbecho y habiendo ofrecido como última obra aquella entrañable pero acomodaticia precuela llamada Monstruos University de 2013 la factoría Pixar comandada por John Lasseter (uno de sus fundadores junto al fallecido Steve Jobs o Ed Catmull entre otros) vuelve este 2015 con dos estrenos. El segundo se llama The Good Dinosaur, lo dirige el animador, doblador y cineasta Peter Sohn y verá la luz en el mes de Noviembre en Estados Unidos. El primero, Inside Out (titulada Del Revés en España) es el que nos ocupa, fue presentado fuera de concurso con un rotundo éxito en el pasado Festival de Cannes y está realizado al alimón por el habitual de la casa Pete Docter (Up, Monstruos S.A) y el debutante Ronnie del Carmen, ilustrador y guionista filipino también colaborador en la casa del flexo Luxo. Aquel recibimiento cálido en el festival francés se ha extendido a lo largo de todo el globo tras la puesta internacional del largometraje recibiendo incontables alabanzas que aseguraban que nos encontrábamos no sólo ante una obra maestra incontestable sino también con la mejor película salida de la productora que ha salvado en un par de ocasiones la vida a la Disney. El que suscribe ha encontrado en Inside Out un proyecto delicioso, una producción muy del estilo Pixar con la siempre sana intención de contentar a grandes y pequeños, ofreciendo reflexiones adultas a los primeros y humor, amor, drama, un mensaje bienintencionado y personajes carsimáticos a los segundos. Una pieza que no desentona en absoluto con sus hermanas mayores protagonizadas por juguetes, insectos, ancianos, monstruos o superhéroes, pero que no se revela como la impresionante cinta de animación que la mayoría del público y la crítica ha elevado a los altares de manera demasiado inmediata.




Inside Out nace de una experiencia personal del director Pete Docter cuando vio como su habitualmente feliz hija se volvió una persona melancólica y algo triste en la adolescencia e interesándose él como padre sobre qué es lo que pasaba por la cabeza de la niña para así poder actuar en consecuencia. Con este punto de partida el realizador junto a sus colaboradores Ronnie Del Carmen en la dirección y Michael Arndt en el guión tejen una trama en la que el núcleo central de la historia son los sentimientos que pueblan la mente de la pequeña Riley desde su mismo nacimiento. Alegría, Tristeza, Miedo, Asco e Ira se ocupan de los estados de ánimo de la niña ya adentrada en su adolescencia, almacenando todos los recuerdos que estos le producen y dando un lugar de honor a los llamados “recuerdos elementales” que son por los que Riley siente más cariño y que son en su mayoría felices. Tras una serie de malas noticias la familia de Riley se muda de Minnesota a San Francisco y la chica comenzará a experimentar una sensación de tristeza debida a ciertos “actos irregulares” por parte del sentimiento homónimo dando pie a sembrar cierto caos en la mente de su anfitriona que deparará más de un quebradero de cabeza y algún momento de peligroso desbarajuste. Hasta aquí lo que tenemos es la idea más original salida de una producción de la Pixar, una excusa narrativa que nos retrotrae a productos tan dispares como la serie animada Érase Una Vez la Vida (todo lo que acontece en la mente de la protagonista representado por medio de simpáticas criaturas) Minority Report (esos recuerdos en forma de esferas de cristal coloreado que nos recuerdan a las que daban nombre a los futuros asesinos por medio de los Precogs en la brillante adaptación que Steven Spielberg hizo del relato corto de Philip K. Dick) o el serial catódico Fraggle Rock (con los obreros que trabajan en las distintas islas y que se diferencian poco de los Curris de aquel programa nacido de la factoria Henson) alumbrando el producto estilístico y visual más arriesgado de la productora absorbida por Disney hace ocho años.




Lo más curioso es que el guión de Inside Out recurre a toda esta idea argumental de corporeizar los sentimientos para magnificar y mejorar una trama de telefilme de sobremesa típico en el que la chica o chico estadounidense tiene que enfrentarse a los cambios que suponen empezar una nueva vida en otra ciudad con todo lo que ello implica con respecto a crear nuevas amistades o mantener las antiguas en la distancia, comenzar clases en un colegio extraño y encajar allí o buscar cómplices para ejercer sus aficiones favoritas, hockey en el caso que nos ocupa. Por suerte Docter, Del Carmen y Arndt se entregan a una imaginería infinita en la que los sentimientos que habitan en Riley se sustentan para presentar al espectador un microcosmos riquísimo llevado a la pantalla por medio de una plasticidad notable con una minuciosidad técnica y artística que va desde la textura del diseño de los personajes principales hasta el barroquismo desatado al que podemos asistir en las distintas islas (la de la Familia, la de las Payasadas, la de la Amistad…) que edifican la mente de la protagonista o ese laberíntico almacén en el que se encuentran todos los recuerdos de Riley desde su nacimiento. Por descontado que también todos esos sentimientos están perfilados de manera que sus propios nombres definan sus actos y personalidades, pero todos ellos destilan carisma y simpatía y están tan sabiamente abordados por medio de la escritura y la realización como para que varios de sus actos, errores o comportamientos impulsivos tengan su representación en la realidad de Riley con sensaciones que van desde la melancolia, la ironía, el sonrojo o finalmente la nostalgia. Con este tablero en el que la alegoría, la simbología y los juegos de espejos se convierten en las fichas de juego de la producción sus autores pueden permitirse momentos brillantes como aquel en el que Ira, Asco o Miedo deben hacerse pasar por Alegría dando lugar a momentos descacharrantes en la tensa cena familiar en la que por un momento también nos metemos en la mente de los progenitores de Riley.




El problema es que las cabezas pensantes detrás de Inside Out son conscientes del potencial sentimental (nunca mejor dicho) del producto que tienen en sus manos y al centrarse en ofrecer profundidad a la historia por medio de los personajes principales (los humanos y los que habitan en la mente de Riley) que la pueblan para dar forma a algunos pasajes de un dramatismo más que notable (la presentación de la protagonista en su nueva clase, la última escena protagonizada por el entrañable aunque algo cargante Bing Bong, la confesión final) olvidan aumentar las dosis de humor, gags y situaciones humorísticas del producto, como los que sí aparecen en los títulos de crédito finales del film. Porque para el que suscribe una de las señas de identidad de las producciones Pixar, más allá de su innegable calidad en todos sus apartados, es una comicidad desatada que en ocasiones incitaba a la más estruendosa carcajada (recuerdo llorar de la risa viendo a Dory hablar balleno en Buscando a Nemo o a la madre de Scott escuchando Island del grupo de metal progresivo Mastodon en la radio de su coche en un pasaje de Monstruos University, por poner dos ejemplos al azar) algo que evidentemente no escasea en el último proyecto de Pixar, nada más lejos de eso, pero que sí se ha dosificado en demasía. Aunque hay momentos divertidos y pasajes que bordean lo descacharrante (un servidor siente predilección por la negatividad de Tristeza) a Inside Out le hacen falta situaciones de humor más primario, aquel deudor del slapstick, de Tex Avery, Buster Keaton o Charles Chaplin, el que hace reír tanto al niño como al adulto y que ha sido siempre habitual en las cintas ideadas por John Lasseter y sus muchachos. Este fallo, importante pero que evidentemente no hiere de gravedad al largometraje que mantienen un nivel muy alto durante sus 94 minutos de duración, es el que incita a un servidor a no darle una nota tan alta como a los que considero las obras maestras de la casa como Wall-E, la trilogía Toy Story o Los Increíbles.




No considerar a Inside Out ese clásico instantaneo que gran parte del público y la prensa especializada aventuró que era tras degustarla por primera vez no es óbice para afirmar que es una de las películas del año y no sólo de animación. Un producto que al igual que la mayoría de los nacidos en el seno de la casa Pixar (lo siento, las dos entregas de Cars se me siguen atragantando) está hecho por un equipo de profesionales intachables que han puesto todo el cariño del mundo para insuflar vida en millones de fríos pixels para que estos personajes una vez más se conviertan en entrañables compañeros de un viaje que merece totalmente la pena ser realizado y más de una vez. Pero a un servidor no le queda más remedio que admitir que, aún siendo una de las producciónes más valientes en el plano estético (esa habitación del “Pensamiento Abstracto” con las figuras cubistas propias de la célebre etapa de Pablo Picasso) y de las más ricas en lo argumental de la factoría, se ha revelado como la que menos me ha divertido, al menos sin llegar al altísimo nivel de otros productos de la casa como los previamente mencionados u otros como Bichos: Una Aventura en Miniatura, Up o Ratatouille. Del Revés es una de las propuestas más aconsejables e interesantes de una cartelera actual en la que imperan dinosaurios, superhéroes diminutos y simpáticos bichos amarillos en busca de villanos a los que ofrecer sus desinteresados servicios. Un proyecto para disfrutar en familia, con un mensaje inusualmente agridulce, personajes inolvidables y los suficientes aciertos como para considerarla una excelente película en líneas generales, pero no así la mejor de las obras salidas de Pixar o de las más destacadas de una filmografía que, después de todo, no es moco de pavo precisamente.