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miércoles, 24 de enero de 2018

El Hombre Lobo (1941), la caza de la bestia



Título Original The Wolf Man (1941)
Director George Waggner
Guión Curt Siodmak
Reparto Lon Chaney Jr., Claude Rains, Warren William, Ralph Bellamy, Patric Knowles, Bela Lugosi,  Maria Ouspenskaya, Evelyn Ankers, J.M. Kerrigan, Fay Helm, Forrester Harvey, Eddie Polo




A principios de la década de los 40 Universal Pictures ya tenía sobradamente asentadas las  bases de la galería de monstruos con la que revolucionaría el género de terror durante la primera mitad del siglo XX. Drácula, Frankenstein, la Momia o el Hombre Invisible ya habían desfilado por las carteleras de medio mundo a manos de cineastas como Tod Browning, James Whale o Karl Freund. Pero sería en 1941 cuando la productora estrenara la última gran producción protagonizada por otro de los “Monstruos de la Universal” con ·El Hombre Lobo (The Wolf Man), revisión del mito de la licantropía a manos del productor y director George Waggner, el guionista Curt Siodmak y el actor Lon Chaney Jr.





Como proyecto cinematográfico The Wolf Man iba a ser diseñado a modo de vehículo para el lucimiento de Boris Karloff (de hecho él eligió el título del largometraje) a principio de los años 30, pero el intérprete de origen británico se encontraba en ese momento implicado en otro rodaje y no pudo ser partícipe del  futuro largometraje. Diez años después y una vez descartado el protagonista de Frankenstein el elegido para dar vida en la pantalla grande a Lawrence Talbot, el alter ego del Hombre Lobo, fue Lon Chaney Jr, hijo del mítico “actor de las mil caras” al que disfrutamos en clásicos como El Fantasma de la Ópera o El Jorobado de Notre Dame y que nunca permitió en vida que su hijo se dedicara al mundo de la interpretación, oficio que este tomaría una vez falleciera su progenitor en 1930.




Pero si hay una personalidad que sobresale sobre el resto de implicados en el largometraje de 1941 ese es el guionista de origen alemán Curt Siodmak que se ocupó de la creación del libreto reinventando el mito de la lincantropía por medio de una mezcolanza de influencias adscritas al folklore de distintas culturas con las que ideó una historia sobre hombres lobo cuyo canon serviría en años venideros para diseñar múltiples relatos relacionados con esta temática en distintos medios (cine, literatura, televisión, cómics) añadiendo o enriqueciendo señas de identidad como la luna llena a modo de catalizador con respecto a las transformaciones lupinas o el uso de la plata como única arma letal para acabar con la vida de los licántropos.




Por este motivo El Hombre Lobo se revela de cara al espectador como una pieza multiforme que además de adscribirse a la versión más ortodoxa del género de terror clásico también se alimenta de la literatura gótica, de la tragedia griega o del romanticismo shakesperiano. De esta manera la producción de la Universal centrada en el licántropo por antonomasia se antoja como un proyecto lleno de matices, detalles e ideas notablemente originales para la época y un subtexto muy interesante sobre legados malditos, lazos de sangre, amores imposibles o la naturaleza salvaje que se encuentra vinculada de manera intrínseca al ser humano desde el principio de los tiempos y que aquí está representada por el alter ego monstruoso de Lawrence Talbot.




George Waggner, en labores de producción y dirección, depura y estiliza la impronta de los largometrajes de terror de la Universal para su propuesta en The Wolf Man, consiguiendo una elaborada atmósfera que se mueve entre la ensoñación (esos bosques nocturnos rodeados de una espesa bruma) la influencia de la escuela alemana (calles que podían haber salido fácilmente de M, el Vampiro de Dusseldorf) y el gusto por la simbología (incontables objetos relacionados con lobos localizados en segundo plano) para diseñar una obra que en ocasiones apela más al drama que al género al que se adscribe como pieza cinematográfica, permitiendo de este modo que gran parte del peso recaiga en los personajes y los actores que les dan vida o la interacción que los mismos mantienen a lo largo del metraje.




Para interpretar a Lawrence Talbot se contrataron los servicios de Lon Chaney Jr y el acierto de casting resultó mayúsculo. El actor de Of Mice and Men ejecutó una composición ejemplar con su trabajo en The Wolf Man, volcando en su personaje la melancolía y el sentido trágico que un rol de esta tipología exigía para que trascendiera el género de dicha propuesta cinematográfica. Gracias a su enorme labor y al talento del mítico Jack Pierce con el maquillaje el Hombre Lobo de la Universal se convertiría en el que se inspirarían muchas de las posteriores encarnaciones del icónico protagonista, cuatro de ellas, las más inmediatas, con el mismo Lon Chaney Jr dándoles vida de nuevo y marcando a fuego su personalísima interpretación del famoso licántropo.




Dentro del reparto de secundarios en el que podemos ver rostros como los de Bela Lugosi, Maria Ouspenskaya, ambos como los gitanos que tendrán roles de capital importancia en la trama, Ralph Bellamy, Warrem William o una encantadora Evelyn Arkins como la “novia del monstruo” Lon Chaney Jr mantiene una especial química con Claude Reins, que da vida a su padre en la ficción y con el que pacta un tour de forcé interpretativo de alto nivel en el que la pareja de actores da lo mejor de sí misma acentuando el tono pesimista y crudo del largometraje que desembocará en un memorable trágico final, que apela a la narración cíclica, en el que el dúo que da vida a los Talbot ejecuta una coreografía de caos y muerte que pone fin a un relato en el que la consanguineidad se muestra como una maldición que pasa de una generación a otra.





El Hombre Lobo y sus secuelas asentaron las bases del subgénero sobre la licantropía de la que beberían producciones de la Hammer Films como La Maldición del Hombre Lobo, las protagonizadas por nuestro Paul Naschy, revisiones modernizadas de dicha mitología como Un Hombre Lobo Americano en Londres o Aullidos, pastiches de distinta índole dirigidos al público adolescente como las sagas Underworld o Crepúsculo o un aparatoso remake como el dirigido por Joe Johnston y protagonizado por Benicio del Toro en 2010 cuyas pretensiones grandilocuentes y textura digital palidecían irremisiblemente ante la propuesta que Curt Siodmak, George Waggner y Lon Chaney Jr idearon bajo el amparo de la productora que nos ofreció algunas de las mejores horas de ocio de nuestra vida y que en pleno siglo XXI intenta resucitar dicho microcosmos sin ser consciente de que el mundo en general y el séptimo arte en particular ya no son los mismos de 1941.


viernes, 7 de julio de 2017

Aullidos II, bailando con lobos



Título Original Howling II: ...Your Sister Is a Werewolf (1985)
Director Philippe Mora
Guión Robert Sarno y Gary Brandner, basado en la novela de este último
Reparto Christopher Lee, Annie McEnroe, Reb Brown, Marsha A. Hunt, Sybil Danning, Judd Omen, Ferdy Mayne, Patrick Field, Ed Kleynen, Hana Ludvikova





Para el que esto firma Aullidos (Howling) es una de las mejores películas de la historia a la hora de abordar la mitología detrás de un tema como la licantropía. Joe Dante a la dirección y John Sayles al guión, adaptando la novela de Gary Brandner, supieron realizar una interesante amalgama entre suspense, cine negro y terror con esta producción de 1981 cuyo trasfondo iba más allá del célebre subgénero de los hombres lobo abordando reflexiones de corte social con respecto a la sexualidad, el sentido de comunidad o la identidad. Aunque se trataba de una producción pequeña por parte de la Metro Goldwyn Mayer su éxito fue más que notable y ayudó a impulsar la carrera de Dante y Sayles, alumnos aventajados de la factoría Roger Corman, y a cimentar la fama de Dee Wallace Stone, su protagonista, como una de las scream queens más importantes de los 80.




Como era de esperar la secuela llegó en 1985, con unos equipos técnico y artístico completamente renovados y una visión diametralmente opuesta a la ofrecida por los autores de Piraña. Con el cineasta australiano Philippe Mora detrás de las cámaras, el mismo Gary Brander, acompañado de Robert Sarno, al guión adaptando la secuela de su novela y el veterano Christopher Lee como cabeza visible del reparto Aullidos II (subtitulada en España Stirba: La Mujer Lobo) llegó a las carteleras de todo el mundo para confirmar de manera fehaciente ese dicho, unas veces acertado y otras no, que reza aquello de que "segundas partes nunca fueron buenos", afirmación que se recrudece más todavía si nos referimos al género de terror, siempre predispuesto a la hora de dar forma a sagas interminables de entregas que de manera imparable y gradual cada vez son más mediocres y olvidables.




Howling II: ...Your Sister Is a Werewolf más que una continuación de la obra de culto de Joe Dante parece una de esas secuelas apócrifas ideadas en la Serie B italiana que aprovechaban el éxito inmediato de films americanos como Terminator o Alien para ofrecer sus propias versiones antes de que la maquinaría hollywoodiense se pusiera en marcha para hacer lo propio. El engendro es tal que no sólo podemos tildarlo sin reservas como una película terrible en no pocos aspectos, sino que también pone especial dedicación en empañar el buen nombre de su predecesora no sólo eludiendo de manera voluntaria todos los hallazgos de aquella, sino llegando a mancillarla con brutal saña cuando se atreve a realizar su propia versión del clímax final (con actores diferentes a los de aquel) para desde ese momento dar inicio a una historia que podría fácilmente haber dado pie a una comedia de Andrés Pajares y Fernando Esteso.




La paupérrima excusa del entierro de Karen White, la protagonista de la primera película, sirve para que el hermano y la cuñada de esta conozcan a Stefan Crosscoe (Christopher Lee) un misterioso hombre que parece tener información acerca del origen lupino de la fallecida presentadora, Los tres personajes se embarcarán en un improbable viaje a Transilvania para enfrentarse con Stirba (Sybil Danning) la Reina de los Hombres Lobo dotada del don de la inmortalidad. Este rocambolesco entramando sirve a Philippe Mora para marcarse un despropósito lleno de desnudos gratuitos, vísceras, cutre música pseudo punk a manos de la banda Babel y gente aullando durante todo el metraje, independientemente de si su naturaleza es lupina o no. Con estos ingredientes es lógico que el resultado sea una absurdez de proporciones catedralicias, pero vamos a adentrarnos en algunos de los pasajes más bochornosos del producto, que no son pocos ni intrascendentes de cara a un espectador que no da créditos a los mismos.




Desde sus primeros pasos Aullidos II ya de buena muestra de sus numerosas carencias con un penoso montaje con el sus autores se empeñan en meter breves insertos efectistas de secuencias del inicio del film, una realización técnica que no hace más que delatar el presupuesto más bien pobre con el que contaba el proyecto, efectos de maquillaje en general penosos que poco tienen que ver con los que usó Rob Bottin en el primer film (aunque lo de los bultos que le salían a los hombres lobo en aquella nunca los vi muy convincentes) o el abuso de la actuación del grupo Babel que ocupa demasiado metraje teniendo su culmen con el pasaje en el que supuestamente actúan en el castillo de Stirba delante de los licántropos, pero la penosa edición y el terrible plano contraplano delata que son secuencias sacadas de la primer concierto que daban en el film y que estaba localizado en un garito punk de Los Ángeles.




Con respecto al reparto el ridículo es mayúsculo y no desentona para nada con el resto de la propuesta cinematográfica. Lo lógico sería pensar que la magnética e imponente presencia de Christopher Lee daría un matiz señorial a Aullidos II, pero nada más lejos de la realidad. El Drácula de la Hammer Films es devorado por las incongruencias de la obra y sus capacidades interpretativas se ven menguadas cuando tiene que compartir metraje con Annie McEnroe y Reb Brown, una de las parejas más insípidas y anticarismáticas jamás vistas en una pantalla, contaminando víricamente como dupla la labor del actor británico. Del casting sólo podríamos destacar a una sensual Sybilla Danning como Stirba, realizando un papel para el olvido, pero entregando su carnalidad a la propuesta y dejándose llevar por la sarta de estupideces que la misma le ofrece, como en el penoso "ménage à trois peludo" en el que se ve implicada y que la hace parecer más una perra en celo que una mujer lobo.




El problema más grave de Aullidos II no es que sea una película mala de solemnidad, portadora de todos los tics y vicios del peor cine de terror de los 80, sino que su éxito fue suficiente para que una nueva secuela, con Philippe Mora de nuevo a la dirección, (suponemos que como "premio a su excelente labor") llegara sólo dos años después para confirmar lo pronto que esta franquicia comenzaba a tocar fondo, algo terrible si tenemos en cuenta que la misma llegó a tener ocho entregas. Por suerte siempre nos quedará la cinta original de 1981, porque con respecto a esta secuela podemos afirmar que nada de interés suscita para el espectador más allá de la carnaza, de todo tipo, que expone en pantalla, Sirvan los créditos finales del film como declaración de principios con la repetición hasta el cansancio de la escena en la que Sybilla Danning rasga su ropa mostrando sus pechos para tener claras las barriobajeras intenciones de los ideólogos de tan eludible propuesta cinematográfica.



miércoles, 23 de noviembre de 2011

Crepúsculo: Amanecer I, tres idiotas y un biberón




Título Original The Twilight Saga: Breaking Down - Part 1 (2011)
Director Bill Condon
Guionista Melisa Rosenberg basado en la novela de Stephanie Meyer
Actores Kristen Stewart, Robert Pattinson, Taylor Lautner, Anna Kendrick, Peter Facinelli, Dakota Fanning, Ashley Greene, Jackson Rathborne, Nikki Reed, Kellan Lutz, Elizabeth Reaser, Christian Serratos, Billy Burke, Boo Boo Stewart, Sarah Clarke, Micheal Welch, Julia Jones, Kiowa Gordon, Alex Meraz, Gil Birmingham




Hay un dicho popular que reza Uno no sabe lo que tiene hasta que lo pierde. Sin más remedio y contra todo pronóstico eso es lo que me ha pasado a mí con la saga de películas basada en la colección de libros de la escritora americana Stephanie Meyer protagonizada por vampiros vegetarianos, licántropos indios y amargadas enamoradas con cara de tener el síndrome de abstinencia. Todo un fenómeno social a nivel mundial que, una vez más, admito no comprender lo más mínimo.



A ver si nos lavamos un poquito el pelo de vez en cuando, que se me quedan las manos pegadas


Recuerdo cuando vi la primera película, Crepúsculo. Una horrible cinta que mezclaba de manera penosa cine falsamente romántico y supuesto género de terror, ambos en su vertiente más adolescente, tirando a pueril, con un retrato de vampiros lánguidos que no beben sangre, brillan con el sol o van al instituto con no sé cuantos siglos de edad a sus espaldas, consiguiendo llamar la atención de niñatas que confunden picores vaginales con verdadero amor. Todo un despropósito en imágenes que incitaba a la carcajada continua.



Cariño, desde aquí puedo ver que no te has puesto las bragas


Más tarde llegó la cumbre de la saga, la cinta que (estoy seguro) más se recordará de toda la saga, Luna Nueva, en la que entran en escena los licántropos, Jacob y sus pectorales. Un producto que tomaba todos los apuntes ridículos, terribles e insultantes de la anterior entrega multiplicándolos a la máxima potencia para regocijo el espectador (no fanático) que disfrutaba de manera fruiciosa con una de las comedias inintencionadas más memorables de la pasada década, encadenandose en ella escenas y más escenas para el recuerdo que apelaban a la mayor de las vergüenzas ajenas.



¿Qué es este líquido blanco que tienes en el cuello?


Pero la decadencia llegó con Eclipse. La cinta más normal, que menos sonrojo producía y que incluía más escenas alejadas del pomposo romance central de la trama, se mostraba finalmente, y por ello, como un mal largometraje (si bien más digerible en el plano cinematográfico) pero también y a diferencia de las anteriores entregas, someramente aburrido que no había por donde cogerlo. Aunque aún podíamos encontrar algún pasaje de esos que nos hacían llorar de la risa por lo rídiculos y estupidamente solemnes que trataban de mostrarse.



Sí, debes tener frío, porque acabas de perforarme un pulmón con el pezón derecho


La desgracia se confirma con esta primera entrega del díptico Amanecer, que como era de esperar han dividido en dos partes para sacar todo el dinero que puedan a la famosa franquicia. La última cinta de la saga Crepúsculo es una muy mala película, pero está más cerca de ser un producto cinematográfico normal y corriente que cualquiera de sus predecesoras, el problema es que también es más aburrida que todas las anteriores juntas, aunque paradójicamente su visionado se pase rápido. A partir de aquí, Spoilers a todo trapo.



Ven tonta, si no te va a doler


La historia la retomamos donde se quedó. Vampiro pajizo pide en matrimonio a ex drogadicta necrófila para cabreo de licántropo pagafantas, el tercero en discordia dentro de la ecuación. Al incio del film vemos los preparativos de la boda de los protagonistas con vampiros llevando árboles sobre un solo hombro o con la yonki teniendo (previsibles) sueños sobre todo lo chungo que le sucederá si se casa. Más tarde tendremos la boda, con algún apunte incluso gracioso, la mayoría en boca del padre, mi héroe dentro de la saga y el único con dos dedos de frente dentro de esta galería de personajes imbéciles.



Perro malo, no se hace pipí en la moqueta.


Inmediatamente después tenemos el que se puede considerar uno de los clímax de la saga. Sí amigos, por fin el amigo Eduardo se digna a consumar con la pobre Isabella. Como el espectador mínimamente espabilado esperará de una película que tiene una calificación por edades de PG 13 (no recomendada para menores de 13 años), no vamos a ver ni una mala teta o un culo apretado, pero lo de la escenita de marras es de puta pena, porque a parte de la chorrada de como el mozo rompe el quicio de la ventana con su supefuerza (es lógico, llevaba reteniendo... lo que sea que que eyacule, durante sabe dios cuánto) no hay nada de interés en dicho pasaje, ya que el mismo hace que la horrible escena de sexo entre Neo y Trinity de Matrix Reloaded parezca una pornográfica a su lado.



No, si quieres notar palpitaciones tienes que tocarme en otro sitio


Al día siguiente podemos ver como la pareja ha destrozado la habitación a base de embestidas pasionales durante la luna de miel, momento que plagia con bastante descaro la divertida escena de sexo entre Buffy y Spike en el capítulo Smashed de la serie creada por Joss Whedon. A los pocos días ella va corriendo al retrete una mañana y vomita, él, hombre espabilado y con estudios superiores le pregunta qué le pasa. El embarazo está aquí queridos lectores y la cosa que Isa tiene dentro crece a pasos agigantados, le chupa la vida (esperemos que sólo eso) y la mata por dentro.



Tranquila, no pasa nada, es sólo una cámara, en las otras tres películas las usamos también, no te asustes


Pero una vez más el matiz descaradamente puritano que subyace en toda la saga cinematográfica (y supongo que en la literaria) ofrece su cara más ultraconservadora. Si nuestro vampiro anémico favorito espera hasta el matrimonio para desflorar a su amada politoxicómana, ella decide no abortar poniendo en riesgo su vida y sin importarle que dé a parir un bebé, un vampiro o un buey, ya que por el tamaño de la barriga que luce la moza lo que lleve dentro debe medir 2 metros mínimo.



Mirad, es la novia y va como una pordiosera. Tiene más ojeras que un oso panda con resaca


Por otro lado tenemos a Jacobo, que hará las delicias de sus fans ya que se quita la camiseta a los 45 segundos (contados) de metraje, pero que aquí hace más de florero que en cualquiera de las otras entregas. Está siempre cabreado, ejerce de intruso en la casa de los vampiros doctorados en medicina, dándoles la brasa y convirtiéndose en lobo cuando ya está de los nervios. La subtrama que lo implica a él y a sus descamisados compañeros está metida con calzador y aporta más bien poco a la ya de por sí raquítica trama.



Ah vale, cuando decías que te hiciera una comidita no te referías precisamente a esto


Durante el parto, que es una mezcla entre la escena de John Hurt en Alien: El Octavo Pasajero de Ridley Scott y los títulos de crédito iniciales de El Club de la Lucha de David Fincher pasados por un filtro rojo, Isabella la palma con todas las de la ley y el lobo pilla un cabreo de no te menees. Pero la guinda del pastel llega con el bebé recién nacido, que es una niña normal y corriente (al menos en apariencia), no una larva gigante como la que paría Geena Davis en sueños durante La Mosca de David Cronenberg



Quítate la ropa interior, guapa... dios... espera, ahora vengo, voy por el cortacesped


Jacobo quiere matarla porque es la causante de la muerte de su amor no correspondido, pero por obra y gracia de la exquisita pluma de la señora Meyer el chaval de los pectorales prominentes se "imprime" del bebé, que es lo mismo (más o menos) que enamorarse a primera vista de la criatura (o eso me explicó la seguidora, que no fan, de la saga de libros y películas que vio la cinta conmigo y que compartió amablemente mi calvario con mucho sentido del humor). Es decir, nuestro amigo peludo pasa de lobo pagafantas a pedófilo que se enamora de la hija recién nacida de su antiguo amor, que ahora resultaría ser su suegra... con dos cojones y un palito.



Eso, eso, tú abre la boca... que yo te aviso


Finalmente tenemos una pelea entre los lobos metida con calzador para dar algo de vida y acción a la soporífera trama y como era de esperar, Eduardo muerde a su amada en el pescuezo para convertirla en uno de los suyos y así salvar su vida, es decir, la transforma en un pálido Gusiluz que come hierba, tiene superfuerza y corre a velocidad desproporcionada, como no podía ser menos, pero que finalmente no tiene una mierda que ver con un vampiro propiamente dicho. La última (y previsible imagen) es un plano de la adicta a las metanfetaminas abriendo sus rojos ojos de no muerta. Fin.



Ve a por el palito, Jacob, venga, traeselo a papá


Pues esto es todo amigos, hasta aquí la crónica de la película menos mala (que no aceptable o alejada de la mediocridad) pero más aburrida de lo que llevamos de inolvidable saga. Lo peor es que la cinta es intragable, insípida, haciendo que echemos de menos a vampiros deslizándose por pasillos, palabras supuestamente románticas entre los dos enamorados que producen arcadas y risas en la misma medida o escenas de lucha que aparentan haber sido coreografiadas por El Chapulín Colorado.



Mira niñato, yo he trabajado con Ian McKellen, no estoy para chiquilladas o te levantas de la cama para rodar o te quito la palidez a hostias


Lo mejor, que el nombre de un señor como Bill Condon, director de la gloriosa Dioses y Monstruos, uno de los mejores biopics realizados en la década de los 90 (el del director de cine James Whale) no sale demasiado perjudicado por haber participado en esta inmundicia. Aunque claro, su nombre también sale en los títulos de crédito de Amanecer: Parte II que espero que recupere para el cierre de la saga toda esa horrible parafernalia que hacía de las primeras entregas de esta franquicia geniales frescos de cuan menguada está la inteligencia de algunos componentes de nuestra más tierna población adolescente y no tan adolescente.


viernes, 2 de julio de 2010

Aullidos, of wolf and man



Título Original: The Howlling (1981)
Director: Joe Dante
Guión: John Sayles y Terence H. Winkless basado en la novela de Gary Brandner
Actores:
Dee Wallace-Stone, Patrick MacNee, Dennis Dugan, Christopher Stone, Belinda Balaski, Slim Pickens, John Carradine





En 1981, el mismo año en el que John Landis daba su visión más o menos clásica, aunque con algún matiz renovador de cine juvenil, sobre el celuloide de licántropos con la simpática Un Hombre Lobo Americano en Londres, en el lado diametralmente opuesto, un por aquel entonces aún semidesconocido Joe Dante dirigía Aullidos, otro film sobre el mismo tema, pero ofreciendo una visión radicalmente opuesta, más arriesgada, mucho más adulta y puede que tan conseguida como la que el director de Desmadre a la Americana dio con su quinto trabajo detrás de las cámaras.




The Howling reniega desde su inicio a mirarse, al menos directamente, en espejo referencial alguno, dando un punto de vista sobre el cine de licántropos rompedor y muy vanguardista. Con un matiz muy adulto, Dante en la dirección y un inusual John Sayles en la escritura (con la colaboración de Terence H. Winkless) crean una, hasta cierto punto, estilizada visión de los hombres lobo repleta de simbología social y una considerable carga sexual que la aleja de los retratos que se habían realizado sobre este tipo de films desde la época de los primeros proyectos de la Universal hasta los de finales de los 70.




El film ha soportado muy dignamente el paso de los años por lo bien acabado que está en el apartado técnico, sobre todo en la fotografía, la dirección mucho más seria de lo habitual en Dante y los efectos de maquillaje de unos inspiradísimos Rick Baker y Rob Bottin, que consiguen con las transformaciones lupinas momentos memorables que nos confirman lo que ya sabíamos, que los fríos efectos digitales actuales nunca podrán transmitir la palpable y artesanal fisicidad del látex. Producto sintético cuyo adecuado uso cinematográfico tan buenos momentos nos regaló dentro del cine de terror y ciencia ficción en la década de los 80.




Aullidos se puede considerar facilmente como una obra clave dentro del cine de terror de principios de los 80, a pesar de que su guión es algo previsible o que por desgracia tras ella surgieran siete innecesarias secuelas, méritos como su originalidad, su mensaje alegórico sobre el aislamiento y el rechazo social y su ácida mirada hacia el lado más sensacionalista de los medios de comunicación, nos confirman que esta cinta de Joe Dante merece un lugar de honor dentro del cine de terror de culto comercial, aquel que se hacía principalmente para que el espectador disfrutase de un buen rato frente a una pantalla, no para que desembolsara dinero por ver mierda prefabricada en cadena de montaje, como tristemente sucede en la actualidad.