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sábado, 5 de enero de 2013

Crepúsculo: Amanecer II, adiós con el corazón, que con el alma no puedo



Título original The Twilight Saga (Breaking Dawn Part 2) (2012)
Director Bill Condon
Guión Melissa Rosenberg basado en la novela de Stephanie Meyer
Actores Kristen Stewart, Robert Pattinson, Taylor Lautner, Peter Facinelli, Dakota Fanning, Ashley Greene, Jackson Rathbone, Nikki Reed, Kellan Lutz





Damas y caballeros, el inevitable momento ha llegado. Transgresión Continua, vuestro blog amigo, se avergüenza de abrir el año 2013 con la crítica de la última película inspirada en la saga de exitosos libros de la escritora episcopaliana (si no lo es, poco le falta) Stephanie Meyer. El culmen, dividido en dos partes, de esta franquicia cinematográfica que ha batido records en las taquillas mundiales y eliminando incontables de las neuoronas de los espectadores que las han disfrutado o sufrido, dependiendo del caso. Este "broche de oro" es un mix de las dos primeras películas Crepúsculo y Luna Nueva (divertidas por lo ridículas) y de las dos siguientes Eclipse y Amanecer I (aburridas por querer ir de serias y dejar un poco de lado el baboseo romántico de todo a 1 euro), es decir, justo lo que los fans y detractores de la serie de largometrajes esperaban.


Qué fuerte colega, me acabo de dar cuenta de que tengo cinco dedos.


La cinta se divide en una primera parte llena de estupideces relacionadas con esa relectura puritana y sensiblera que la famosa escritora ha realizado sobre un mito tan rico como el del vampirismo, aderezado con una historia de amor más empalagosa que la comunión de Winnie the Pooh y menos creíble que el título de biología de Ana Obregón. La segunda parte del metraje se mueve en los terrenos de Eclipse y Amanecer I, el aburrimiento se apodera de la velada y las cabezadas o las ganas de hacer algo útil mientras se visiona el film se hacen inevitables. Finalmente la obra se cierra con uno de los cierres más cutres, falsarios e insatisfactorios de la historia del cine reciente. Como es lógico de aquí en adelante spoilers a todo trapo.


Estoy un poco hasta el coño ya de hacer flexiones.


La historia se queda donde acabó Amanecer I. Nuestro pálido caballero andante Eduardo al ver que durante el atípico parto de su esposa Isabela la muchacha sufre unos dolores que nos hacen pensar que va a dar a parir a una criatura del imaginario lovecraftiano para finalmente morir, decide morderla y convertirla en un vampiro vegetariano, emo, empalagoso y que anda en patineta. Cuando la chica ya se ha habitúa a su nuevo status físico y social descubrimos que es físicamente más fuerte que su marido (y que todo Cristo, la posterior mítica escena del pulso así lo atestigua), entonces él la invita a realizar su primera cacería para saciar la sed que no tenía hasta que este se la mencionó. Así vemos por primera vez a Isabela correr a velocidad luz (ya sabemos, poder que tienen sólo los no muertos de esta saga) y percibir cosas como aleteos de pájaros con sus hipersentidos que darían envidia a Daredevil.


Toma, aquí tienes a tu niña, pero no la intercambies por drogas, eh.


Pero en el trayecto la "neófita" (así la llamará todo el mundo a partir de su conversión, idea genial usar un término que la mayor parte del público del film se vería en la obligación de buscar en un diccionario si supieran encontrar uno) se topa con el olor de un humano haciendo escalada que para colmo en ese momento se hará una herida sangrante que pondrá a Isabela cardiaca perdida. Finalmente por mediación de Eduardo, la moza conseguirá superar su atracción por el individuo (o individua, ni me acuerdo) y acabará alimentándose de un ciervo al que atrapará haciéndole un placaje digno de un jugador profesional de la NFL.


¡Dile a tu hija que no me esconda más el tinte del pelo!



Todos felices, la chica ha conseguido superar su prueba de fuego y vuelven a la casa de los Cullen a ver cómo le va el bebé recién nacido, del que han pasado como de comer mierda después de un parto agonizante. La criatura (nunca mejor dicho) en concreto se supone que crecerá a una velocidad desproporcionada por ser una especie de inmortal engendrado entre hombre vampiro y mujer humana. Para llevar a imágenes tan feliz idea alguien toma la pizpireta decisión de que la jodida cría tenga la cara retocada digitalmente en todo momento, opción artística que convierte a la niña en una especie de muñeco de cera viviente que tiene a un servidor incómodo y casi acojonado a lo largo de todo el metraje.


Ha llegado el invierno vampirico a El Corte Inglés.


La felicidad inunda el hogar de los vampiros doctorados en medicina. Padre, madre, hija y el espíritu santo, pero ojo, no olvidemos el tercer vértice del triángulo amoroso. No sé si lo recordáis, pero entre el puro y profundo amor de Isabela y Eduardo se interponía Jacobo, el indio licántropo licenciado en pagafantismo y poseedor de unos pectorales de ensueño. Como el chaval de la sonrisa Profident ya no pintaba un carajo en la saga su creadora decidió que el personaje se "imprimiera" (siempre que leo o escribo el término sigo pensando en fotocopias) del bebé, es decir, darse cuenta de que Renesmee (nombre de Teleñeco donde los haya) será el amor de su vida que le corresponderá en un un futuro no muy lejano, porque la niña crece más rápido que la barriga de Russell Crowe.


Mamá, tío Jacob dice que me siente encima suyo.


Esta excusa, que convierte a Jacobo en un pedófilo que tendrá en un futuro como suegra a la que hasta hace tres días era el supuesto amor de su vida, sirve para que no desaparezca de esta última entrega y pueda deleitarnos con nuestra (merecida) ración de six pack. De modo que cuando los Cullen entran en casa descubren que Jacobo es muy receloso con quien se acerca al bicho. La evolución de pagafantas a canguro psicótico a lo La Mano que Mece la Cuna es un hecho, pero a Isabela esto no le hace ni puta gracia, de modo que para estrenar con alguien conocido su nueva superfuerza nos regala una escena impagable en la que coge de la nuca al pobre adolescente lupino como si fuera un muñeco de trapo y lo saca de la casa de un puñado echándole en cara que se aleje de su hija y que no le diga Nessie, como al monstruo del Lago Ness. True story.


Lo siento guapa, pero a mí me queda mejor el perfilador de labios.


Momentos después disfrutaremos de la inclusión del personaje más entrañable de la saga, el de Carlitos, el padre de Isabela, el sufrido agente de la ley que sigue sin dar crédito a las gilipolleces que lleva a cabo su  primogénita junto a esta hermandad de vegetarianos con anemia. Él es el centro de la escena cumbre de la saga con respecto a Jacobo, ya que este último para convencer al primero de que es un ser sobrenatural que se convierte en un enorme lobo que haría las envidias de la familia Stark no duda en desnudarse frente a él hasta quedarse en ropa interior, rematando una escena de connotaciones homosexuales tan brutales que hacen que Brokeback Mountain parezca una cinta rodada por John Milius.


Mira mamá, así son las tetas que quiero pedirle a Santa Claus esta Navidad.


Antes de que Carlitos aparezca en la casa de los Cullen para que su hija, su yerno y el resto de lánguidos le digan que ella se ha convertido y que tiene una nieta que ya puede hacer la comunión, los chupacoliflores le dan a Isabela un curso acelerado de "cómo no parecer un vampiro, siendo un vampiro, para que a tu padre no le de una paro cardiaco al enterarse" porque al haberse convertido en una no muerta ha perdido dotes tan increíbles y necesarias como sentarse despacio en un sofá o parpadear con regularidad humana. Poca cosa, ningún problema que nuestra ex drogadicta (con una cara más saludable de vampira que de humana) favorita no pueda solucionar en unos minutos.


No Edward, no me estoy haciendo la estrecha, es que la cría nos está mirando.


Tras convencer a su padre de que no se ha metido en una secta new age todo este entramado digno de un capítulo de La Tribu de los Brady con metanfetasmina desaparece y empieza la acción, la marchuqui. Una prima de los Cullen descubre la existencia de la niña de cera y se chiva a los Vulturi, los vampiros andróginos italianos fans de David Bowie que deciden que esto no puede ser, de modo que buscan una excusa estúpida y deciden ir a Estados Unidos a darle para el pelo a la pareja por engendrar un cirio de semana santa tan aterrador. Pero la Cullen con poderes premonitorios tiene un momento Maya Style y descubre la futura venida de los chupasangres espagueti, de modo que a los protagonistas les da tiempo a reclutar aliados.


¡Mira mamá, las Destiny's Child!


En el proceso de recolección de vampiros internacionales tenemos a un hindú que domina los elementos (¿¿??) una rubia que ejerce de "escudo" aunque sus poderes son dignos de una porra eléctrica aturdidora, un primo obeso de Draco Malfoi que va acompañado por una especie de garrulo de pueblo, dos africanas para dar el toque exótico y dos británicos de pinta a desaliñada y abrigos largos que parece que van a tener cierto carisma (más porque fusilan la imagen de los personajes de Ángel y Spike de las series vampíricas creadas por Joss Whedon que por otra cosa) pero que quedan en nada cuando el guión los vuelve enamorados o imbéciles directamente.


Ven aquí zagal, te voy a dar lo tuyo, yo ganaba siempre los pulsos cuando estaba en Proyecto Hombre.


La niña de cera sigue dando miedo, Jacobo aún está obsesionado con ella y sus inteligentes padres la llevan a la batalla con los Vulturi, que cuando aparecen entre la nieve con las capuchas puestas parece que van a protagonizar un vídeoclip de Nightwish. Los Cullen advierten a Aro (Michael Sheen, te iba a preguntar qué  coño haces aquí, pero es que también sales en la saga de Underworld, de modo que olvídalo) el vampiro jefe de los Vulturi que se puede liar un pifostio de proporciones catedralicias si entran en batalla. Hasta que esto llega el muermo invade la pantalla y todo son escenas de transición en los que Isabela trata de depurar sus poderes de táser, la niña aterradora crece a lo bruto o el empalago entre los protagonistas lo llena todo de almíbar.


Eh, eh, eh, bitch please.


Pero el momento de la verdad llega, los Vulturi deciden atacar y empieza una batalla de un cuarto de hora, esta vez con golpes reales, no con enfrentamientos de halitosis como en la primera película. Aquí encontramos algunos de los momentos más memorables del film, como decapitaciones sin una sola gota de sangre, lobos digitales mordiendo a vampiros travestidos, Eduardo cogiendo a Isabela para que dé patadas a lo Jean Claude Van Damme y como espectador vamos experimentando sensaciones que van de "bueno, seguro que a los/as fans de la saga les gusta este clímax" a "podría haber sido peor, además está muriendo mucha gente", pero lo terrible no ha llegado aún.


Sí, podría utilizar mi supervelocidad para viajar de un lado a otro, pero así no luzco el coche.


Cuando Eduardo e Isabela van a darle para el pelo a Aro incitando a un final que si bien se adecua a la mediocridad imperante en la saga al menos tiene algo de credibilidad, descubrimos que no, que todo ha sido una visión (lo que se conoce como un Antonio Resines de manual) que al ponerle las manos en la cabeza a la Cullen con ínfulas de Anne Germain  ha podido ver su futuro, que es más negro que el sobaco de Darth Vader. El vampiro italiano se hace caquita y decide que ni de coña se mete en este zanganal bélico que le costará la cabeza y la no vida. 


¡Hostia puta, qué frío hace!


El asombro es tal que hasta varios de los personajes se quedan ojipláticos y culitorcidos, como un servidor. Tras tal desastre en un momento de altruismo pienso en los fans de la saga, a los que al final les he cogido cariño, y me doy cuenta de que no merecían esta mierda de cierre y más después de haber sufrido más de 12 horas de cine que se mueve entre lo endeble y lo terrible. La pareja es feliz, la niña encerada crece aún más (en su último plano se nota que le han puesta la cabeza de la cría a una actriz adulta y yo no dejo de pensar en las pesadillas que me esperan por la noche al irme a la cama tras asistir a cosa tan terrible) para poder ventilarse a Jacobo y los protagonistas vuelven al rosal en el que tuvieron el primer calentón para decirse el uno al otro que se quieren tanto que les va a explotar la cabeza.


Si atacan ellos antes azúzales a la niña y nosotros salimos por patas.


Así termina la saga Crepúsculo, éxito de ventas primero en las librerias y luego en los cines, fenómeno fan que ha puesto en un pedestal a una actriz con pinta de politoxicómana y tan inexpresiva que hace que Steven Seagal parezca Jim Carrey, un británico con cara de tener siempre pellizcado el testículo derecho con la cremallera de los pantalones y un jovencito musculoso y bronceado que podría hacer el remake americano de El Vaquilla. Saga que ha pisoteado el mito vampírico creado por el irlandés Bram Stoker, que ha vendido como ideal un romance insulso, infantil y falso y que  hace una apología puritana y conservadora de la castidad y la abstinencia sexual que haría las delicias de Rouco Varela.


Se nos acabó el negocio nena, ahora podríamos empezar a hacer cine de verdad.


Mentiría si dijera que voy a echar de menos las películas de la franquicia Crepúsculo, pero sí añoraré escribir reseñas como esta. Inocentemente malintencionadas, tontorronas, cazurras, por las que me han llegado a acusar de insensible, desalmado y conchudo sidoso. Espero que en un futuro alguna otra saga cinematográfica sea lo suficientemente insulsa, estridente y popularmente aceptada como para incitarme a desempolvar mis críticas humorísticas, unas veces más graciosas, otras menos, para qué negarlo.


Jo, mamá, diles que se vayan, me dan grima.


Por ahora me quedo con el recuerdo imborrable de las dos primeras películas y sobre todo de la segunda, esa inenarrable Luna Nueva. Una de las mejores comedias ¿inintencionadas? de la pasada década que me pondré en los momentos de bajón psicológico para no olvidar nunca que Eduardo e Isabela se querían apasionadamente y que yo no tengo ni puta idea de romanticismo porque no me creo su historia de amor inmortal, picores genitales, convulsiones y palidez extrema.



miércoles, 23 de noviembre de 2011

Crepúsculo: Amanecer I, tres idiotas y un biberón




Título Original The Twilight Saga: Breaking Down - Part 1 (2011)
Director Bill Condon
Guionista Melisa Rosenberg basado en la novela de Stephanie Meyer
Actores Kristen Stewart, Robert Pattinson, Taylor Lautner, Anna Kendrick, Peter Facinelli, Dakota Fanning, Ashley Greene, Jackson Rathborne, Nikki Reed, Kellan Lutz, Elizabeth Reaser, Christian Serratos, Billy Burke, Boo Boo Stewart, Sarah Clarke, Micheal Welch, Julia Jones, Kiowa Gordon, Alex Meraz, Gil Birmingham




Hay un dicho popular que reza Uno no sabe lo que tiene hasta que lo pierde. Sin más remedio y contra todo pronóstico eso es lo que me ha pasado a mí con la saga de películas basada en la colección de libros de la escritora americana Stephanie Meyer protagonizada por vampiros vegetarianos, licántropos indios y amargadas enamoradas con cara de tener el síndrome de abstinencia. Todo un fenómeno social a nivel mundial que, una vez más, admito no comprender lo más mínimo.



A ver si nos lavamos un poquito el pelo de vez en cuando, que se me quedan las manos pegadas


Recuerdo cuando vi la primera película, Crepúsculo. Una horrible cinta que mezclaba de manera penosa cine falsamente romántico y supuesto género de terror, ambos en su vertiente más adolescente, tirando a pueril, con un retrato de vampiros lánguidos que no beben sangre, brillan con el sol o van al instituto con no sé cuantos siglos de edad a sus espaldas, consiguiendo llamar la atención de niñatas que confunden picores vaginales con verdadero amor. Todo un despropósito en imágenes que incitaba a la carcajada continua.



Cariño, desde aquí puedo ver que no te has puesto las bragas


Más tarde llegó la cumbre de la saga, la cinta que (estoy seguro) más se recordará de toda la saga, Luna Nueva, en la que entran en escena los licántropos, Jacob y sus pectorales. Un producto que tomaba todos los apuntes ridículos, terribles e insultantes de la anterior entrega multiplicándolos a la máxima potencia para regocijo el espectador (no fanático) que disfrutaba de manera fruiciosa con una de las comedias inintencionadas más memorables de la pasada década, encadenandose en ella escenas y más escenas para el recuerdo que apelaban a la mayor de las vergüenzas ajenas.



¿Qué es este líquido blanco que tienes en el cuello?


Pero la decadencia llegó con Eclipse. La cinta más normal, que menos sonrojo producía y que incluía más escenas alejadas del pomposo romance central de la trama, se mostraba finalmente, y por ello, como un mal largometraje (si bien más digerible en el plano cinematográfico) pero también y a diferencia de las anteriores entregas, someramente aburrido que no había por donde cogerlo. Aunque aún podíamos encontrar algún pasaje de esos que nos hacían llorar de la risa por lo rídiculos y estupidamente solemnes que trataban de mostrarse.



Sí, debes tener frío, porque acabas de perforarme un pulmón con el pezón derecho


La desgracia se confirma con esta primera entrega del díptico Amanecer, que como era de esperar han dividido en dos partes para sacar todo el dinero que puedan a la famosa franquicia. La última cinta de la saga Crepúsculo es una muy mala película, pero está más cerca de ser un producto cinematográfico normal y corriente que cualquiera de sus predecesoras, el problema es que también es más aburrida que todas las anteriores juntas, aunque paradójicamente su visionado se pase rápido. A partir de aquí, Spoilers a todo trapo.



Ven tonta, si no te va a doler


La historia la retomamos donde se quedó. Vampiro pajizo pide en matrimonio a ex drogadicta necrófila para cabreo de licántropo pagafantas, el tercero en discordia dentro de la ecuación. Al incio del film vemos los preparativos de la boda de los protagonistas con vampiros llevando árboles sobre un solo hombro o con la yonki teniendo (previsibles) sueños sobre todo lo chungo que le sucederá si se casa. Más tarde tendremos la boda, con algún apunte incluso gracioso, la mayoría en boca del padre, mi héroe dentro de la saga y el único con dos dedos de frente dentro de esta galería de personajes imbéciles.



Perro malo, no se hace pipí en la moqueta.


Inmediatamente después tenemos el que se puede considerar uno de los clímax de la saga. Sí amigos, por fin el amigo Eduardo se digna a consumar con la pobre Isabella. Como el espectador mínimamente espabilado esperará de una película que tiene una calificación por edades de PG 13 (no recomendada para menores de 13 años), no vamos a ver ni una mala teta o un culo apretado, pero lo de la escenita de marras es de puta pena, porque a parte de la chorrada de como el mozo rompe el quicio de la ventana con su supefuerza (es lógico, llevaba reteniendo... lo que sea que que eyacule, durante sabe dios cuánto) no hay nada de interés en dicho pasaje, ya que el mismo hace que la horrible escena de sexo entre Neo y Trinity de Matrix Reloaded parezca una pornográfica a su lado.



No, si quieres notar palpitaciones tienes que tocarme en otro sitio


Al día siguiente podemos ver como la pareja ha destrozado la habitación a base de embestidas pasionales durante la luna de miel, momento que plagia con bastante descaro la divertida escena de sexo entre Buffy y Spike en el capítulo Smashed de la serie creada por Joss Whedon. A los pocos días ella va corriendo al retrete una mañana y vomita, él, hombre espabilado y con estudios superiores le pregunta qué le pasa. El embarazo está aquí queridos lectores y la cosa que Isa tiene dentro crece a pasos agigantados, le chupa la vida (esperemos que sólo eso) y la mata por dentro.



Tranquila, no pasa nada, es sólo una cámara, en las otras tres películas las usamos también, no te asustes


Pero una vez más el matiz descaradamente puritano que subyace en toda la saga cinematográfica (y supongo que en la literaria) ofrece su cara más ultraconservadora. Si nuestro vampiro anémico favorito espera hasta el matrimonio para desflorar a su amada politoxicómana, ella decide no abortar poniendo en riesgo su vida y sin importarle que dé a parir un bebé, un vampiro o un buey, ya que por el tamaño de la barriga que luce la moza lo que lleve dentro debe medir 2 metros mínimo.



Mirad, es la novia y va como una pordiosera. Tiene más ojeras que un oso panda con resaca


Por otro lado tenemos a Jacobo, que hará las delicias de sus fans ya que se quita la camiseta a los 45 segundos (contados) de metraje, pero que aquí hace más de florero que en cualquiera de las otras entregas. Está siempre cabreado, ejerce de intruso en la casa de los vampiros doctorados en medicina, dándoles la brasa y convirtiéndose en lobo cuando ya está de los nervios. La subtrama que lo implica a él y a sus descamisados compañeros está metida con calzador y aporta más bien poco a la ya de por sí raquítica trama.



Ah vale, cuando decías que te hiciera una comidita no te referías precisamente a esto


Durante el parto, que es una mezcla entre la escena de John Hurt en Alien: El Octavo Pasajero de Ridley Scott y los títulos de crédito iniciales de El Club de la Lucha de David Fincher pasados por un filtro rojo, Isabella la palma con todas las de la ley y el lobo pilla un cabreo de no te menees. Pero la guinda del pastel llega con el bebé recién nacido, que es una niña normal y corriente (al menos en apariencia), no una larva gigante como la que paría Geena Davis en sueños durante La Mosca de David Cronenberg



Quítate la ropa interior, guapa... dios... espera, ahora vengo, voy por el cortacesped


Jacobo quiere matarla porque es la causante de la muerte de su amor no correspondido, pero por obra y gracia de la exquisita pluma de la señora Meyer el chaval de los pectorales prominentes se "imprime" del bebé, que es lo mismo (más o menos) que enamorarse a primera vista de la criatura (o eso me explicó la seguidora, que no fan, de la saga de libros y películas que vio la cinta conmigo y que compartió amablemente mi calvario con mucho sentido del humor). Es decir, nuestro amigo peludo pasa de lobo pagafantas a pedófilo que se enamora de la hija recién nacida de su antiguo amor, que ahora resultaría ser su suegra... con dos cojones y un palito.



Eso, eso, tú abre la boca... que yo te aviso


Finalmente tenemos una pelea entre los lobos metida con calzador para dar algo de vida y acción a la soporífera trama y como era de esperar, Eduardo muerde a su amada en el pescuezo para convertirla en uno de los suyos y así salvar su vida, es decir, la transforma en un pálido Gusiluz que come hierba, tiene superfuerza y corre a velocidad desproporcionada, como no podía ser menos, pero que finalmente no tiene una mierda que ver con un vampiro propiamente dicho. La última (y previsible imagen) es un plano de la adicta a las metanfetaminas abriendo sus rojos ojos de no muerta. Fin.



Ve a por el palito, Jacob, venga, traeselo a papá


Pues esto es todo amigos, hasta aquí la crónica de la película menos mala (que no aceptable o alejada de la mediocridad) pero más aburrida de lo que llevamos de inolvidable saga. Lo peor es que la cinta es intragable, insípida, haciendo que echemos de menos a vampiros deslizándose por pasillos, palabras supuestamente románticas entre los dos enamorados que producen arcadas y risas en la misma medida o escenas de lucha que aparentan haber sido coreografiadas por El Chapulín Colorado.



Mira niñato, yo he trabajado con Ian McKellen, no estoy para chiquilladas o te levantas de la cama para rodar o te quito la palidez a hostias


Lo mejor, que el nombre de un señor como Bill Condon, director de la gloriosa Dioses y Monstruos, uno de los mejores biopics realizados en la década de los 90 (el del director de cine James Whale) no sale demasiado perjudicado por haber participado en esta inmundicia. Aunque claro, su nombre también sale en los títulos de crédito de Amanecer: Parte II que espero que recupere para el cierre de la saga toda esa horrible parafernalia que hacía de las primeras entregas de esta franquicia geniales frescos de cuan menguada está la inteligencia de algunos componentes de nuestra más tierna población adolescente y no tan adolescente.


miércoles, 19 de enero de 2011

Crepúsculo: Eclipse, y a la tercera va... la aburrida



Título Original: The Twilight Saga: Eclipse (2010)
Director: David Slade
Guión: Melissa Rosenberg basado en la novela de Stephanie Meyer
Actores: Kristen Stewart, Robert Pattinson, Taylor Lautner, Billy Burke, Ashley Greene, Jackson Rathbone, Nikki Reed, Elizabeth Reaser, Peter Facinelli, Dakota Fanning


Trailer


Queridos amigos lectores, lo que todos estábais esperando como agua de Mayo ya está aquí. Mi comentario sobre la tercera y por ahora última entrega de la saga Crepúsculo. Incomprensible fenómeno fan contemporáneo nacido gracias a la saga de novelas de la escritora norteamericana Stephanie Meyer que arrastra masas pero no neuronas y que ha hecho involucionar de manera radical un mito tan maravilloso y universal como el del vampirismo forjado con personajes como el Conde Drácula, Lestat de Lioncourt, Kurt Barlow, Elizabeth Bathory o el pequeño Rüdiger Von Schlotterstein.


Por favor, dejad de discutir por mí... daos de hostias que mola más.


Seré sincero, no escribo esta entrada por el placer de haber visto previamente la película que voy a desgranar. Lo hago porque después de 400 entradas en las que he hablado de todo tipo de cine, abarcando autores tan dispares como Michael Haneke, Lars Von Trier, Oliver Stone o Roman Polanksi, de manera bastante triste la entrada que más visitas ha recibido en el blog, con mucha diferencia, desde que lo creara allá por el lejano Julio de 2009, es esta. En resumidas cuentas, al público hay que darle lo que demanda y si pide Crepúsculo, yo le doy Crepúsculo.


Claro, tú estás muerto, pero a mí lo que me está matando es la alergia al polen


Sí amigos y amigas, han vuelto, todos nuestros amigos están aquí, sobre todo esos tres que tantos amáis y adoráis. El no muerto vegetariano y pajizo, la humana politoxicómana y el indio bronceado. Todos ellos secundados por vampiros en patinete o que corren de manera ridícula como si estuvieran montados en una cinta andadora, nativos americanos descamisados, pobres padres comprensivos con más inteligencia que ningún otro personaje, chupasangres con la carrera de medicina, lobos digitales que parecen más osos que otra cosa y nuevos añadidos, tales como nuevos vampiros hechos de cristal, la hija de Ron Howard enseñando los dientes y trepando árboles, tiendas de campaña, flashbacks explicativos y nieve, mucha nieve y de la que está fría también.


Que no opá, que me estoy quitando, ya sólo me meto de vez en cuando


Eclipse es una mala película, de las peores que se estrenaron el año pasado y con todo es, con diferencia, la mejor de las tres películas de la saga Crepúsculo. Por fin los productores le han dado el timón de la dirección a alguien con dos dedos de inteligencia. Eclipse la ha dirigido el americano David Slade, autor de Hard Candy, film ideologícamente execrable pero con un acabado artístico y técnico impecable, y artífice también de la adaptación a imágenes del cómic de Steve Niles 30 Días de Oscuridad que trata el tema del vampirismo desde una perspectiva totalmente opuesta a la que nos ofrece la saga de películas que nos ocupa. Como no he leído los libros (dios me libre) hablaré sólo de los largometrajes, como he hecho siempre.


Míralo, yo no me explico qué le ves, si parece que lo han rebozado en harina


Slade, a parte de un señor calvo y bajito con pinta de pervertido es también un tipo listo y sabe que esta saga no tiene nada que ver con la visión que él tiene del séptimo arte. Por eso reduce al mínimo las empalagosas, plúmbeas y muy falsarias escenas de amor de los protagonistas que no hay por donde cogerlas y se centra en la acción, las escenas de lucha (por fin los vampiros se golpean, no sólo se echan el aliento como en la primera entrega) y luciéndose particularmente en las escenas de los flashbacks, que sí, que plagian demasiado a los que se incluían de manera certera en las series Buffy, la Cazavampiros y su spin off Ángel, pero no quedan mal del todo.


Espera, no te muevas... sí, son pulgas, van por el cogote. Seguro que te las ha pegado el lobo ese


Venga, la cosa va bien. Empalago reducido, los personajes no dicen tantas paridas supuestamente amorosas como en las anteriores entregas. Hay más luchas, acción, los secundarios que no decían ni una palabra en las otras dos películas previas hablan y cuentan cosas hasta cierto punto interesantes. Todo va bien... no puede ser, algo debe fallar, pues sí. Dos palabras ¡Me abuuuuuuuurro!. Para una vez que la cosa tenía pinta de ser un producto digerible todo lo que en él acontece es plano, simple, sin ritmo, insípido, en resumidas cuentas, duerme a las piedras y hace que el espectador caiga inevitablemente en los brazos de Morfeo y no, no hablo del calvo negro de Matrix precisamente.


¿Qué quieres decir con lo de que se te ha quedado el brazo así por pensar mucho en mí?


Aunque para tranquilidad de los fans de la saga también tenemos, pero más dosificadas, esas escenas vergonzosas que hacen que el espectador se eche las manos a la cabeza, sobre todo las compartidas por Kirsten Stewart, esta vez con menos cara de drogadicta (gracias Proyecto Hombre) y gesticulando en una toma, si mal no recuerdo. Robert Pattinson, en su línea, soso como él solo pero esta vez con tres registros interpretativos (el triple de los que tenía en las anteriores entregas). Enfado, sonrisa forzada y enjuto rostro tristón que supuestamente transmite pena. Taylor Lautner va a lo suyo, pechazos fuera y palabrería digna de El Vaquilla.


Sí, tienes razón Bella, por lo que noto tienes lo labios cortados por el frío


De las comentadas escenas del trío hay algunas para el recuerdo. La de la conversación de Bella y Jacob en el montículo nevado (no canta la escena rodada en estudio ni nada) con el beso sin venir a cuento y Edward leyendo los pensamientos del descamisado. La del magreo en la cama en la que el Cullen confirma sus principios puritanos dignos de Escrivá de Balaguer. Pero sobre todo la de la tienda de campaña con los tres protagonistas dentro, que supone una mezcla entre Brokeback Moutain y ¡La Lola Nos Lleva al Huerto! de los inigualabes Andrés Pajares y Fernando Esteso.


No caigáis en sus provocaciones, ellos no van tan bien conjuntados como nosotros


Pues nada compañeros. Con Eclipse, película floja donde las haya, aburrida y con menos sustancia que el cerébro de Paris Hilton, la saga Crepúsculo ha dado un paso de gigante cinematográficamente hablando con respecto a las otras dos entregas, la ridícula primera parte y la vergonzosa segunda. Ahora la nueva meta de los productores y del director Bill Condon (que alguien que ha hecho joyas como Dioses y Monstruos se pueda meter en semejante proyecto me hace seguir perdiendo la fe en la raza humana) está clara. ¿Hacer por fin una buena película?. No amigos, no aspiremos a tanto. Que hagan una película decente. No se pueden pedir peras al olmo o buen cine a esta franquicia "chirigótica" y "emofílica".


miércoles, 14 de julio de 2010

Crepúsculo: Luna Nueva, la bella, la bestia y el anémico



Título Original: The Twilight Saga, New Moon (2009)
Director: Chris Weitz
Guión: Melissa Rosenberg basado en la novela de Stephanie Meyer
Actores: Kristen Stewart, Robert Pattinson, Taylor Lautner, Nikki Reed, Ashley Greene, Jackson Rathbone, Kellan Lutz, Dakota Fanning, Michael Sheen, Anna Kendrick


Trailer


Sí amigos, lo que estabáis todos esperando ha llegado, el comentario sobre la segunda entrega de la saga Crepúsculo está aquí. Como es lógico tras haber disfrutado con las incontables virtudes estilísticas, narrativas e interpretativas de la primera entrega, esperaría al igual que con aquella, a su emisión televisiva, para visionarla. Mi pobre y muy baqueteado ordenador no merecía gastar ni uno solo de sus kas en albergar en su interior semejante cosa. Pero pasemos, sin más preámbulos a desgranar la obra que nos ocupa, con spoilers de la hostia.


Jo Bella, te quiero más que que en Crepúsculo, pero menos que en Eclipse... ¿esto de tu oreja es cerumen?


Luna Nueva es la segunda entrega de las adaptaciones de las novelas vampíricoemogóticopuritanas de la americana Stephanie Meyer y por consiguiente también es la segunda patada en los genitales del cine, la lógica y el sentido común. Empezamos la película como acabamos la anterior, con los protagonistas baboseando diálogos del tipo "mi único regalo es ver que sigues respirando" entre la joven politoxicómana Bella y su aguerrido caballero andante Edward el hombre de la palidez extrema que tiene concentrada toda su hemoglobina ya sabemos donde.


¿Puedo tocarle una teta? sería un giro enriquecedor para la trama


Entonces, ya en casa de los Cullen, en una típica y tópica cena de vampiros vegetarianos, de los de toda la vida, a uno de las familiares le da un mal pronto y en un arrebato de cordura que yo apoyo fehacientemente se juntan el hambre con las ganas de comer y ataca a Bella para arrancarle la nuez de un bocado. Pero Edward le mete una hostia vampírica epiléptica, marca de la casa y lo estrella contra la pared.


Por favor, quiere decirle alguien a Lucius Malfoy que se ha equivocado de película.


En ese momento nuestro protagonista nos regala el mejor momento de todos a los que ha dado vida (es un decir) en las dos películas que llevo vistas. Se pira, la deja tirada como un kleenex usado, con la típica excusa de que junto a él corre peligro y demás mierda, sabiendo que ella está deseando que le clave los colmillos y lo que no son los colmillos de una puta vez. Por suerte no le veremos la cara (relativamente) hasta el final del metraje.


Sí tíos, estamos rodando una mierda de película así de grande


Edward huye, no sin dejar a Bella con un calentón que le permitiría forjar la espada Excalibur entre sus muslos, sin haberle tocado una mala teta o restregado la cebolleta por el muslo al menos. Más tarde vemos pasar el tiempo tras una vergonzosa elipsis narrativa con un innecesario travelling dando 20 vueltas alrededor de la protagonista y regalándonos escenas en las que demuestra la añoranza hacia su amado gritando su nombre como un puta idiota por las noches jodiéndole la vida a su pobre padre, que de comprensivo con su hija ya pasa a gilipollas integral.


No, eso que tocas no es precisamente la palanca de cambios


Tanta es la añoranza que Bella siente por su pajizo pretendiente que en un alarde de gilipollez sin límites se pone voluntariamente en peligro en numerosas ocasiones para que su amado la rescate. Pero claro, él está en la quinta polla sabe dios dónde y no tiene tiempo para chiquilladas, ¿la solución? hacer ridículas apariciones en forma de bruma dándole consejos a la muchacha del tipo: "Ten cuidado con la moto, ponte la bufanda, lávate los dientes antes de dormir, dile mentiras al negro no te vaya dar para el pelo", lo que sea con tal de no tener que darse el viaje para tener que venir a evitar que su novia haga el gilipollas, esto es amor y lo demás es tontería.


Dios mío, alguien ha robado nuestras camisetas ¡¡hijos de puta!!


Bella echa mucho de menos a su amado Edward, lo sabemos porque sigue gritando por las noches su nombre, para que poner una escena ridícula una vez pudiendo hacerlo tres, pero ahí abajo la cosa le pica y necesita más un polvo que pasar unos meses en el Proyecto Hombre. Entonces llega el momento de pasar más tiempo con Jacob, el indio aquel de la horrible peluca que vimos de pasada en la mítica primera entrega. El chaval es buena gente, la ayuda, la mima, la quiere, pero todo eso sería puta mierda si no fuera un yogurín con un cuerpazo, esos pectorales de acero, ese bronceado, destaquemos que esto último es una inteligente y muy trabajada metáfora, mientras Edward tiene la cara blanca como la pared de un hospital el tal Jacob tiene un bronceado que ni Obama.


¡¡Algo pequeñito, wou wou wo!!



Bella se deja llevar, Jacob se corta el pelo (las pasé putas viéndolo con esa jodida peluca, dios santo), se tatúa, tiene un aire de chico malote que oculta un gran secreto y no sólo en sus pantalones. El indio es un hombre lobo, un licántropo como todos los de su tribu y tiene un toque en plan violento y de mala hostia que a la Isa le pone perraca perdida. Pero bueno, que no, que esto no es amor (por parte de ella, que es una calientapollas del copón, claro está) que el chaval llegado a un momento la tiene a punto de caramelo, pero una de los Cullen vuelve y le suelta a Bella que el Edward la echa de menos, que sin ella no es nada, una gota de lluvia mojando mi cara y demás mierda, y que si no va a rescatarlo se suicida ¿¿??. Vámonos para Italia que allí está el mozo, a punto de ser aniquilado por una corte de vampiros victorianos de aire amanerado.


Tú dame cremita, tú dame cremita, que yo me hago la tontita


Una vez en Italia, tenemos al bueno de Edward demacrado (más aún) con la cara como la parte de atrás de un frigorífico, a punto de ser sacrificado. Pero Bella se ofrece para que no lo maten diciendo que ella se deja morder y hacerse vampiro también. Los chupasangres transformistas sorprendentemente aceptan y dicen que guay, Edward se da de ridículas hostias con uno de ellos para darle algo de acción al final y la pareja vuelve a los Estados Unidos. Allí se encuentran con Jacob, este se da de empujones con el lechoso, se dicen que pelearán como dos niñatos por el amor de Bellla. Ella moja braga, dice que ama a Edward, pero que al otro le tiene cariño, los protagonistas se van y dejan al pobre pagafantas solo y ellos se prometen baboso y falsario amor eterno, por último él le pide matrimonio a la chica, fin.


¡No puedes abandonarme!, ¿has visto qué pectorales?, ¡mira qué pechazo!


Luna Nueva es detritus cinematográfico. A pesar de tener una ínfima calidad equiparable a la de su precuela, es peor aún, porque todo lo que nos parecía ridículo en aquella (vampiros que van al instituto levitando como si fueran montados en el monopatín Mattel de Marty McFly, ridículas escenas de lucha, diálogos impostados dignos de literatura cutre de Danielle Steele) ya no es novedad, no hace gracia y aburre soberanamante.


Que te estoy diciendo que no me queda más costo niña


La cinta cambia de director, pero Chris Weitz es un inepto como podemos ver aquí y previamente en aquella horripilante cosa inombrable llamada La Brújula Dorada. El guión no tiene ritmo y da vergüenza ajena en innumerables pasajes. Los actores en su línea, ella con cara de necesitar su dosis diaría de metadona y él a punto de romper a llorar acordándose de cuando atropellaron a su perro. Taylor Lautner no está muy allá tampoco, su amplia gama de gestos faciales se mueven entre sonrisa Profident y "me pongo serio porque soy un alma torturada y la guarra esta me pone palote para luego dejarme tirado en la puta cuneta".


Hostia puta, si tienes más tetas que yo chiquillo


Destaquemos momentos memorables, como el ataque en la cena, los desnudos masculinos gratuitos (lo de quitarse la camiseta Jacob para limpiarle la sangre de la cara a la protagonista es de juzgado de guardia) Dakota Fanning matando con la mirada, las apariciones en forma de humo de Edward dignas de Drako de Barrío Sésamo y ese final que deja con un palmo de narices. Amigos, una vez más el mal gusto, el cine cutre influenciado por la literatura barata ha triunfado. Luna Nueva es una de las mierdas más grandes que he visto este año, es estúpida, aburrida, anodina y vergonzosa. En resumidas cuentas, perfecta para las nuevas generaciones que tomarán nuestro testigo dentro de no muchos años. Nos vemos cuando estrenen Eclipse en televisión, que casi con toda seguridad será antes de que acabe el año. La espera se me hará eterna, fijo que sí.