Mostrando entradas con la etiqueta Luke Cage. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Luke Cage. Mostrar todas las entradas

viernes, 6 de julio de 2018

Luke Cage: Temporada 2, hell up in Harlem



"Harlem no necesita un héroe, necesita una reina"




El pasado 24 de junio la plataforma de streaming Netflix subió a su catálogo la segunda temporada de Luke Cage, la serie producida junto a la división televisiva de Marvel Comics con la que están dando su visión de Power Man, el personaje creado por Roy Thomas, Archie Goodwin y John Romita Sr en el primer número de la colección Luke Cage: Hero For Hire allá por el lejano 1972. Lo hacen inspirándose en gran parte de su vida editorial, con Cheo Hodari Coker (Notorius) como showrunner y un reparto encabezado por Mike Colter (The Good Wife) dando vida al protagonista y secundarios como Simone Missick (Wayward Pines), Theo Rossi (Hijos de la Anarquía) o Alfre Woodard (12 Años de Esclavitud) en la piel de secundarios célebres de las viñetas como Misty Knight, Shades o Black Mariah respectivamente. El resultado fue un producto que intentó captar la iconicidad afroamericana de su contrapartida en papel y los ecos del subgénero blaxploitation que impulsaron su creación, pero de manera limpia, sin ningún afán autenticamente reivindicativo y con una impersonalidad más que notable inherente en este tipo de producciones. Durante su primera mitad le temporada funcionaba bastante bien, con un acertado perfil tanto de los héroes como de los villanos y un ritmo más o menos adecuado, pero en el momento en el que el soberbio Cornell “Cottonmouth” Stokes de Mahershala Ali desaparecía de la ecuación las decisiones erróneas de guión y las situaciones inverosímiles viniendo de la nada desmontaban la mayoría de aciertos planteados por los primeros siete episodios que, sin ser un dechado de virtudes, se veían con cierto agrado.




Esta nueva entrega de Luke Cage es desconcertante si la comparamos con la inmediatamente anterior. Es cierto que no cae en el fallo de la primera temporada, perder el rumbo una vez pasado su ecuador acumulando un disparate tras otro, y en ese sentido se revela como un producto más compacto, cohesionado, no tan dado a la irregularidad. El problema es que no consigue transmitir las buenas vibraciones de aquellos capítulos iniciales de la serie cuyo desarrollo era más dinámico y no tan repetitivo. Vaya por delante que estas deficiencias nacen porque esta tanda de episodios vuelve a caer en el mayor error de todas las series de Marvel Television y Netflix, su excesiva duración. Trece entregas de sesenta minutos de duración cada una se antojan un plato de difícil digestión, decisión equívoca que en otras producciones de este universo ficcional como Jessica Jones, Iron Fist o en la misma Luke Cage ya ofrecieron resultados poco remarcables y en la que han vuelto a caer los responsables de la división televisiva de la Casa de las Ideas para desconcierto de muchos. De esta manera el espectador, que consume este material en sesiones maratonianas al poder acceder a todo el material al mismo tiempo, acaba en muchas ocasiones agotado por una redundancia que se apodera de gran parte del metraje.




La segunda temporada de Luke Cage es continuista con respecto la primera y más allá de un par de menciones, o esas apariciones estelares en dos de sus episodios, casi no tiene referencias a The Defenders cuyos hechos serían los inmediatamente anteriores a los que aquí asistimos. De modo que tenemos de nuevo a Luke Cage, ahora convertido en el mediático héroe de Harlem, protagonizando vídeos virales sobre sus hazañas, y a Mariah Stokes, ahora Mariah Dillard, construyendo su imperio del crimen con la ayuda de Hernan “Shades” Alverez, actualmente su pareja. Mientras el protagonista reflexiona sobre su situación como justiciero local al que veneran las masas y su relación sentimental con Claire (Rosario Dawson) la aparición de Tilda Johnson (Gabrielle Dennis), hija de Mariah, y la irrupción John “Bushmaster” McIver (Mustafa Shakir), un criminal de origen jamaicano cuya misión es vencer a Luke, trastocarán el actual statu quo del famoso barrio neoyorquino. Con este argumento en el que se alternan varias subtramas que convergerán en una sola el equipo de guionistas comandado por Cheo Hodari Coker intenta mezclar distintas tonalidades y vertientes genéricas para enriquecer el microcosmos creado alrededor del protagonista añadiendo nuevos personajes y situaciones complicadas para que este deba afrontarlas desde una perspectiva en la que la psicología prevalezca sobre la fisicidad.




La trama principal se centra en la imagen y personalidad de Luke Cage como vigilante de Harlem, la dificultad de llevar esa responsabilidad sobre sus hombros y la predisposición a la corrupción a la que conlleva el poder. Mientras tanto Mariah Dillard lucha por mantener su imperio del crimen, con la ayuda de un Shades que tiene su propia agenda, y atraer a su hija Tilda para que forme parte del “negocio familiar”. Pero esta última está directamente vinculada con Bushmaster, recién llegado a Harlem para buscar venganza contra Mariah y derrocar a Luke como figura justiciera del famoso barrio. Todo esta material ofrece los suficientes alicientes para diseñar una temporada interesante y rica en matices, pero la ya citada excesiva duración, una inclinación por el subrayado y la inadecuada estructuración de la escritura a nivel global restan muchos puntos de interés al producto. Cheo Hodari Coker y su equipo de guionistas inciden demasiado en los temas que quieren tratar a lo largo del arco argumental en el que los encuadran, volviendo una y otra vez a unas situaciones repetitivas y miméticas que no transmiten una verdadera sensación de evolución o desarrollo en el devenir de acontecimientos. Todo esto da como resultado en varias ocasiones al hastío y el aburrimiento de cara a un espectador que asiste atónito a una inclinación por dar vueltas sobre unas mismas ideas que ya habían quedado claras previamente.




Con respecto al reparto tenemos luces y sombras. Algo que ya quedó claro en la primera temporada de Luke Cage es que Mike Colter está lejos de ser la mejor elección para dar vida a Power Man. El actor parece acometer su trabajo por puro compromiso, con una desgana que atraviesa la pantalla llegando a un espectador que suma esta poca profesionalidad al escaso carisma y la inexistente expresividad de la que hace gala un protagonista que, más allá de su aspecto físico, sigue sin estar a la altura de las circunstancias. Alfre Woodard es una actriz de sobrado talento y ya demostró en la anterior temporada que el papel de Black Mariah está hecho a su medida, pero en esta segunda transmite cierto desconcierto por abordar su criatura alternando una contención con la que ofrece algunos de sus mejores momentos con ciertos ramalazos de caricatura que perjudican su labor interpretativa. Su relación sentimental con Shades es una de las ideas menos creíbles y peor planteadas por los guionistas y aunque tiene su importancia en la evolución de los dos criminales el “romance tóxico” no resulta realista. Por otro lado Theo Rossi se esfuerza por dar vida a su rol, pero queda claro que lo del motero fuera de la ley en Sons Of Anarchy se le daba mucho mejor que componer a un gangster elegante de Harlem aquí. Simone Missick como una Misty Knight con cada vez más protagonismo, Gabrielle Dennis en la piel de esa Tilda Johnson a la que su madre quiere corromper y Rosario Dawson retomando a Claire para protagonizar algunos de los mejores pasajes emocionales completan el excelente reparto femenino de la serie.




Pero si en esta temporada debemos destacar un personaje ese es el Bushmaster de Mustafa Shakir. La contrapartida audiovisual de la creación de Chris Claremont y John Byrne confirma la idea ya asentada de que los villanos de las series de Marvel Television y Netflix son mejores que la mayoría de los que podemos encontrar en los largometrajes de Marvel Studios. John McIver es un hombre lleno de claroscuros, en ocasiones acercándose más a un perfil de antihéroe que al típico enemigo del encapuchado de turno. Busca venganza, pero tiene un inquebrantable código de honor, no es un criminal al uso, cuida de los suyos y se antoja todo un acierto ofrecerle un episodio a modo de flashback para conocer el origen de sus poderes y motivaciones buscando una empatía con la platea que cristaliza fácilmente. Mustafa Shakir, actor al que hemos podido ver en el remake de Shaft o la más reciente Brawl in the Cell Block 99, hace suyo a Bushmaster inyectándole carisma, personalidad y fuerza. Su físico rotundo, un acento indescifrable o la fiereza de su determinación hacen sus escenas de acción excelentes, su presencia capaz de eclipsar la de Luke Cage y yendo un poco más allá llegando a plantar la semilla de la duda con respecto a si no hubiera sido mucha mejor elección la suya para dar vida a Power Man que la de un Mike Colter barrido del mapa cada vez que comparte encuadre con él.




Después de una de las mejores muestras de lo que son capaces de hacer con Punisher y la notable mejoría de Jessica Jones los responsables de Marvel Television y Netflix nos ofrecen una poco destacable nueva entrega de Luke Cage. Como ya hemos mencionado supera algunas de las carencias de la primera temporada, ofrece tramas bien planteadas y cuenta con un reparto que, con sus más y sus menos, hace competentemente su trabajo, pero a pesar de todo ello sigue significando un paso en falso en este universo ficcional. En el proceso queda un villano bien construido, algunas secuencias de acción rescatables, personajes con cierta profundidad, buenas ideas dispersas con respecto a la fina línea que separa el bien del mal o una excelente banda sonora alternándose con un ritmo muchas veces mortecino, una notable cantidad de relleno, redundancia agotadora y una impersonalidad en la puesta en escena que podemos considerar un mal endémico en la mayoría de estas series que llevan a imagen real los personajes de corte más urbano de la Casa de las Ideas. Lo más inmediato será la segunda temporada de Iron Fist con la continuación de las correrías de Danny Rand protagonizadas por Finn Jones y más tarde la de Punisher con Jon Bernthal en la piel de Frank Castle. Mientras la primera no me transmite buenas vibraciones con respecto a salir del bache en el que ha caído Luke Cage tengo muchas más esperanzas depositadas en la segunda, pudiendo depararnos una pieza de mayor calidad



sábado, 25 de noviembre de 2017

The Defenders: Temporada 1, historias de New York



"El tema con la guerra es que sólo funciona si ambos bandos creen que son los buenos"





El pasado 18 de agosto llegó la culminación de la primera etapa de las series de Marvel Studios diseñadas junto a la plataforma de streaming Netflix con The Defenders. Después de dos temporadas de Daredevil y una de Jessica Jones, Luke Cage y Iron Fist la contrapartida catódica de los superhéroes creados por Roy Thomas en 1971, que han sido aquí adaptados con no pocas licencias en cuanto al tono de la propuesta como en lo referido a los miembros que dan forma al grupo, llegó por fin a la pequeña pantalla. Los showrunners elegidos para ocuparse de esta primera entrega de The Defenders fueron Douglas Petrie y Marco Ramírez, ambos implicados en la producción de Daredevil, y al reparto de la serie formado por los lógicos Charlie Cox, Krysten Ritter, Mike Colter y Finn Jones se sumaron varios de los secundarios de los shows protagonizados en solitario por estos actores y otros como Sigourney Weaver en el rol de la nueva villana de la temporada.





The Defenders supone la culminación de cinco temporadas previas que sufrieron un considerable descenso gradual de calidad sobre todo en lo concerniente a Luke Cage y Iron Fist, productos que abrazaron una serie de vicios y carencias que por suerte la serie que nos ocupa abandonó (casi) en su totalidad. Porque en esta ocasión podemos hablar de un proyecto que recupera unos niveles de calidad más que aceptables con respecto a las correrías en solitario de Power Man o Danny Rand, aprovechando al máximo el pequeño microcosmos que Marvel Studios ha creado alrededor de estos cuatro personajes, explotando todos los añadidos narrativos que se incluyeron para enriquecerlos a nivel individual y que aquí son amalgamados para dar forma a una amenaza mayor que dicho grupo de héroes sólo podrá derrotar si trabaja cojnutamente a pesar de la disparidad de caracteres que los diferencia.




Salvando las distancias en cuanto a medios, presupuesto y pretensiones lo experimentado con The Defenders no deja de ser un émulo de lo que muchos fans de Marvel Cómics vivimos la primera vez que vimos a los Vengadores interactuar como grupo en la cinta homónima de 2012 escrita y dirigida por Joss Whedon, una sensación de enorme satisfacción después de años leyendo las aventuras en papel de dichos personajes ejerciendo como equipo en imagen real y constituyendo un producto por el que merecía la pena gastar el tiempo y el dinero. Porque el mayor acierto de The Defenders es que sus showrunners se dieron cuenta de lo que estaba fallando en las últimas incursiones en la ficción audiovisual de dichos iconos del cómic y decidieron arreglarlo por medio de decisiones considerablemente acertadas que jugaron a favor del proyecto de cara a un público que en gran parte se estaba cansando de la fórmula Marvel/Netflix y su tibieza tonal y narrativa.




Dentro de los mayores aciertos de The Defenders está la decisión por parte de sus creadores de reducir los innecesarios trece episodios a ocho, concentrando de esta manera más el argumento que vertebra la temporada para eludir en todo momento el relleno del que hacían gala, sobre todo, Luke Cage y Iron Fist. Por otro lado también es una virtud el hecho de que esta tanda de episodios vaya al grano en cuanto a la acción y la concreción de ideas, ya que los personajes ya están presentados y definidos física y psicológicamente, sus enemigos (los que sobrevivieron) ya nos son conocidos y los secundarios que se relacionaron con ellos anteriormente son incluidos de manera muy orgánica y nada forzada en esta nueva serie, llegando incluso a interactuar unos con otros sin que se antoje una decisión narrativa forzada y caprichosa por parte de los guionistas, enriqueciendo así el contexto en el que se mueven los cuatro protagonistas.




Como era de esperar The Defenders se sustenta principalmente en la química entre los cuatro personajes principales y el resultado es tan bueno que consigue que roles interpretados por actores hasta cierto punto poco carismáticos como los de Mike Colter y Finn Jones funcionen mejor que en sus series en solitario gracias a compartir plano con los considerablemente más magnéticos Charlie Cox y Krysten Ritter. Los pasajes de humor que comparten Danny Rand y Luke Cage, la sorna de Jessica Jones y utilizar a Matt Murdock como eje central sobre el que sustenta el entramado de la temporada (los creadores del proyecto saben que es el mejor de los cuatro protagonistas, ya sea en compañía o de manera individual) ofrecen la mejor cara de un producto en el que todo funciona adecuadamente y sin estridencias, aunque tampoco adentrándose en ningún momento en la excelencia debido a la agradecidamente liviano de su propuesta.




Después de la decepción que supuso en Iron Fist no tener unas escenas de lucha que estuvieran a la altura de una serie de televisión dedicada a Danny Rand en The Defenders vuelven gran parte de las potentes coreografías que pudimos disfrutar en las dos temporadas de Daredevil y que aquí de nuevo están presentes a lo largo y ancho de los ocho episodios. Dos de estas secuencias en concreto destacan por encima del resto y como no podía ser menos son la primera en la que el equipo actúa como tal intentando escapar de los hombres de la Mano comandados por Alexandra Reid y la segunda que tiene lugar en el clímax final con la batalla campal y el enfrentamiento final de Daredevil con Elektra. Con una puesta en escena adecuada y unos pasajes dinámicos muy compactos The Defenders devuelve algo de la fuerza técnica que habían perdido las producciones de la Casa de las Ideas para Netflix y que no estuvieron al 100% en las dos series inmediatamente anteriores a esta.




Por otro lado tenemos otra de las molestas señas de identidad de las producciones Marvel de Netflix que se cumple una vez más y de manera bastante molesta. Ese mal endémico en el que se presenta y desarrolla un villano considerablemente bien perfilado e interpretado por un actor o actriz que hace su trabajo con una profesionalidad intachable, Sigourney Weaver devora el encuadre y eclipsa a sus compañeros de reparto cada vez que la cámara repara en su presencia, desaparece de manera abrupta para a la mitad de la temporada ser sustituido por otro. En esta ocasión por suerte el rol de enemiga del grupo de héroes que abandona Alexandra Reid lo toma la Elektra de Élodie Young que al igual que ya hiciera en la segunda temporada de Daredevil realiza una muy creíble encarnación de la asesina de origen griego creada por Frank Miller durante su mítica etapa con el Hombre Sin Miedo en los cómics.




Los guiones de los episodios al desarrollar una historia que abarca sólo ocho entregas se adscriben a un tono dinámico que elude rodeos o relleno innecesario y después de contextualizar el entorno en el que se moverán los personajes de manera individual los hace trabajar en grupo y hasta la recta final de la temporada la acción y el desarrollo potente de acontecimientos es ejecutado con considerable pericia, sólo viéndose algo ralentizado después del primer combate con la Mano cuando se ven recluidos en el restaurante chino estancando un poco la trama central, pero saliendo airosa al poco tiempo y recuperando el tiempo dedicado a que los cuatro protagonistas se conozcan los unos a los otros. De este modo The Defenders hace uso de cierta pátina de sense of wonder pero siempre al servicio del tono urbano en el que se han inscrito estos cuatro héroes normlamente tanto en las viñetas como en su versión catódica previa a esta temporada.




The Defenders supuso una necesaria inyección de adrenalina en pleno corazón de las series Marvel de Netflix gracias a una visión menos solemne del material de partida, un ritmo más adecuado en el que el tono de thriller se apoderaba de la tanda de episodios y a la química de un grupo de actores que funcionan al 100% compartiendo pantalla. Sin llegar a ser tan buena como las que hasta ese momento eran las dos mejores muestras de lo que podía ofrecer la Casa de las Ideas en colaboración con la plataforma de streaming, las dos temporadas de Daredevil, el show coordinado por Douglas Petrie y Marco Ramírez nos hizo recuperar la esperanza a aquellos que, como el que esto firma, la perdimos hacía tiempo entre series realizadas con muy buenas intenciones y poca profesionalidad redundando en los mismos fallos y que por suerte no han vuelto a sucederse en entregas posteriores, ni en esta The Defenders que nos ocupa ni en la posterior Punisher de la que vamos a hablar en breve en Transgresión Continua.


miércoles, 27 de septiembre de 2017

Luke Cage: Temporada 1, straight outta Harlem



"Tú eres a prueba de balas... pero Harlem no"




Cuarta entrega y tercera serie nacida del tándem Marvel/Netflix esta vez protagonizada por el personaje Luke Cage alias "Power Man" creado en el seno de la Casa de las Ideas a manos de los autores Archie Goodwin y John Romita Sr en 1972 y apareciendo por primera vez en su propia colección Luke Cage: Hero for Hire, algo poco usual en el mundo del cómic en el que la tónica habitual es que un superhéroe o villano antes de volar por libre, editorialmente hablando, suele pasar como secundario en otras series y si allí si su aceptación es buena pasa a ser protagonista de su propio material. Luke Cage fue la respuesta de Marvel a la fiebre blaxploitation que a principios de los 70 invadió el cine estadounidense con productos como Shaft, Foxy Brown, Coffy, El Padrino de Harlem e incluso variantes dentro del cine de terror como Blacula y aunque nació como un héroe afroamericano considerablemente coyuntural e hijo de su tiempo se hizo un hueco dentro de los gustos de los lectores llegando hasta nuestros días.




A diferencia de su contrapartida en viñetas el Luke Cage de Netflix sí tuvo su primera aparición en la temporada de una serie en la que él intervenía como personaje secundario, Jessica Jones. Allí se convertía en uno de los roles más relevantes de las correrías de la detective con superpoderes, primero como colaborador o amante y después como rival al descubrir que Jessica mató a su esposa cuando estaba bajo el influjo mental del villano Kilgrave. De este modo la primera temporada centrada en el alter ego de Power Man abandona el tono noir y detectivesco amalgamado con el matiz sobrenatural de Jessica Jones y se adentra en un microcosmos más acorde con la naturaleza y el origen del protagonista de este nuevo proyecto televisivo ofreciendo un resultado muy irregular que se divide en dos mitades. La más estimable tiene lugar durante la primera mitad de la temporada y la desastrosa se gesta durante la segunda, justo cuando acontece un hecho de vital importancia que más tarde mencionaremos en esta entrada que no estará libre de spoilers




Luke Cage fue planteada como serie de manera muy acertada con un punto de partida mucho más personal que el de sus predecesoras. Desde sus excelentes títulos de crédito el producto muestra sus cartas con un tono urbano y a pie de calle deudor del blaxpolitation pero arrancando de una tacada la incorrección política y la "mugre" que cimentó la fama de aquel subgénero, limando las aristas que pudieran incomodar a cierto sector de los espectadores. Luke Cage es abordado como un personaje de barrio, una representación quintaesencial del espíritu luchador de Harlem que deberá enfrentarse a las dos caras más peligrosas de la ciudad, el submundo del hampa  y la corrupción política, representados por el mafioso Cornell "Cottonmouth'" Stokes y su prima, la candidata a la alcaldía de Harlem Mariah Dillard respectivamente. Todo acariciado por música R&B, soul y hip hop, géneros a los que se rinde tributo a lo largo y ancho de la temporada, empezando por los mismos títulos de los episodios que están sacados de canciones del grupo Gang Starr,




Durante los seis primeros episodios, sin llegar a los niveles de excelencia de Daredevil, pero sí mostrándose más interesante como producto que Jessica Jones, Luke Cage funciona al 100%. Se crea un contexto espacial en el que el protagonista puede moverse a placer, tenemos dos villanos carismáticos, elegantes y bien perfilados, que en ocasiones consiguen eclipsar al héroe, hay química en la relación de este con Misty Knight, contamos con la barbería de Henry "Pop" Hunter como la localización en la que Luke tiene sus raíces, asitimos a flashbacks sobre el origen de los poderes del personaje con referencias directas a los cómics (esos brazaletes y la corona) que funcionan muy bien y el discurrir de los acontecimientos fluye con naturalidad. En resumidas cuentas, hasta ese momento Luke Cage "tiene flow". Pero en el episodio número siete algún guionista adicto al crack pasa todos los controles de calidad del showrunner Cheo Hodari Coker y decide tomar una decisión estúpida que no sólo entronca con lo que hasta ahora había sido la temporada, sino que tras hacerlo firma la sentencia de muerte de la misma.




En un estúpido arrebato de locura originado por un trauma de la adolescencia penósamente incluído y desarrollado Mariah Dillard mata a "Cottonmuth" y desde ese mismo momento excesivo y descontrolado las decisiones desacertadas, pueriles e insostenibles se apoderan de los guiones de la segunda mitad de la temporada y esta empieza a hundirse gradualmente. El personaje de Dillard se convierte en una caricatura exagerada e hiperbólica, la sutilidad con la que se abordaba la corrupción política por medio de su rol se vuelve obvia y simplista y la llegada de Willis "Diamondback" Stryker como nuevo villano y sus peregrinas intenciones para matar a Luke Cage nos hacen echar más de menos que nunca al mafioso interpretado por el oscarizado Mahershala Ali. Sirva como síntesis de lo ineficaz que son estos seis últimos episodios de la serie el hecho de que a lo largo de ellos es cuando Luke corre más peligro (las balas Judas de origen chitauri que usa Diamondback contra él están a punto de matarlo porque pueden atravesar su casi indestructible piel) pero el espectador recibe estos pasajes con una más que notable indiferencia




Por suerte hasta en sus horas más bajas el reparto de la serie salva los platos con su buen hacer. Mike Coulter tiene la imagen, la presencia y la voz, pero carece del carisma para dar vida a un Luke Cage que se quede grabado realmente en la retina del espectador, veremos si con el paso del tiempo mejora a la hora de abordar su labor. Alfre Woodard acomete su trabajo con la profesionalidad que se espera de ella, pero como previamente hemos comentado después de su "crimen pasional" pierde el control del personaje por lo mal abordado que está ya desde la escritura. La Misty Knight de Simone Missick es cercana, dura y sexy e interactúa de manera excelente con el Luke de Coulter y a ella se suman otro grupo de secundarios como el veterano Frankie Faison ofreciendo voz y cuerpo al entañable "Pop", Theo Rossi, muy alejado de su "Juice" de Sons of Anarchy, dando vida con seguridad al manipulador Hernan "Shades" Alvarez, Frank Whaley en el papel del detective corrupto Rafael Scarfe que le queda como un guante o la omnipresente Rosario Dawson que aquí también hace acto de presencia, posiblemente con más peso que en ninguna de sus otras intervenciones en las series Marvel/Netflix, en la piel de Claire Temple.




Pero evidentemente debemos hacemos mención especial al enorme Cornell "Cottonmouth'" Stokes que borda ese Mahershala Ali al que dentro de poco veremos en True Detective. El mafioso interpretado por el actor de Moonlight parace, salvando las lógicas distancias, salido de The Wire, la mítica serie de la HBO creada por David Simon y Ed Burns, por ser un dechado de elegancia y contención que desprende carisma hasta para reírse de sus rivales. Todo un acierto que su despacho esté presidido por la famosa foto del rapero The Notorius B.I.G tocado con una corona y a su vez los paralelismos que hay entre los dos personajes, el real y el de ficción, ya que "Cottonmouth" consiguió la fama siendo el mejor en su ramo y conoció una muerte prematura a manos de los daños colaterales derivados de su propio estilo de vida. Al otro lado de la balanza encontramos al Willis "Diamondback" Stryker de Erik LaRay Harvey, un villano caricaturesco y de pomposas frases lapidarias que se muestra de cara al espectador como la síntesis todo lo que no funciona en la segunda mitad de la serie protagonizada por el personaje creado por Archie Goodwin y John Romita Sr.




Luke Cage y su notoria irregularidad confirman que lo que había empezado como un oasis televisivo en el que los personajes menos famosos de Marvel Cómics pudieran formar parte de un microcosmos cohesionado y atractivo para que los amantes de los héroes más urbanos y menos pijameros de la Casa de las Ideas tuvieran su ración regular de producto de calidad no está siendo todo lo notable que quisiéramos. Habiendo visto ya los primeros cuatro episodios de Iron Fist (en breve habrá reseña de la primera temporada de la serie de Danny Rand en el blog) y a falta de ponerme con The Defenders puede decir que las dos únicas temporadas que me parecen brillantes de todo este conglomerado son las dos dedicadas a Daredevil, ya que todas las demás han demostrado debilidades que les quitaban solidez como los destacables productos de ficción que podían haber sido y por desgracia no son. Luke Cage sufre de ese mal y espero que en la segunda temporada sus autores exploten al 100% la excepcionalidad que el proyecto todavía atesora en su interior, siempre teniendo en cuenta la naturaleza comercial que le da forma, por supuesto.