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sábado, 22 de febrero de 2014

Robocop (2014)



Título Original Robocop (2014)
Director Jose Padilha
Guión Joshua Zetumer basado en personajes de Ed Neumeier y Michael Miner
Actores Joel Kinnaman, Gary Oldman, Michael Keaton, Abbie Cornish, Samuel L. Jackson, Jackie Earle Haley, Michael K. Williams, Jay Baruchel, Jennifer Ehle, Marianne Jean-Baptiste





Este mes de febrero que le estoy dedicando al personaje de Robocop tiene origen en el estreno de este remake que ha despertado un agradable revival sobre la creación de Ed Neumeier, Michael Miner y Paul Verhoeven con monográficos, nuevas colecciones de cómics, ediciones especiales de la película original en distintos formatos domésticos y una nueva fiebre que nos recupera al personaje de los 80 mitad hombre, mitad máquina, todo policía. No sé si por haber ido con las expectativas muy bajas o porque realmente es una película más que decente he salido bastante contento del cine con la versión que el carioca Jose Padilha ha dado de Robocop, aunque con varias reservas como es lógico.




El proyecto llevaba dando vueltas por la Metro Goldwyn Mayer desde hace años pero cuando aquella entró en bancarrota hace unos años aparcó la idea. Para dirgirla se habló durante bastante tiempo de Darren Aronofsky, talentoso cineasta pero también un catacaldos que ha estado implicado en la pre producción de films sobre Batman, Lobezno y Robocop sin llegar nunca a desarrollarlos. Finalmente esa responsabilidad cayó sobre el brasileño Jose Padilha autor de las dos soberbias entregas de Tropa de Élite. Poco después de elegir el reparto (cayéndose Hugh Laurie como villano y ocupando su lugar Michael Keaton) Fernando Meirelles (amigo de Padilha) comentó en una entrevista que su colega estaba pasando un calvario en la producción del remake de la obra de Paul Verhoeven, declaraciones que el realizador negó elegántemente poco después.




Una vez vista la película puedo proclamar lo que todo esperábamos. Sí, es un hecho, esta Robocop (2014) palidece brutalmente al ser comparada con la versión de 1987 y no es ni de lejos tan buena como aquella. Pero no es una pieza desdeñable, respeta el contexto (que no el tono) de aquella y en ningún momento la mira por encima del hombro o se cree superior a ella, como sí le sucedió al (también innecesario) remake de Desafío Total que, a diferencia de esta revisión que ha hecho Jose Padilha del cyborg policía, tenía poco o nada de interés como obra cinematográfica y mucho de egolatría por parte de sus autores. El resultado es una cinta comercial de ciencia ficción bien facturada en todos sus aspectos que trata de transmitir un mensaje político interesante y otro más humanista que no están mal expuestos si tenemos en cuenta la naturaleza impersonal del producto que por otro lado carece de verdadera personalidad o inventiva.




Como comento el trasfondo de crítica política sigue en este reboot. José Padilha y su guionista Joshua Zetumer mantienen la visión dura en la que corporaciones capitalistas sustentadas en un consumismo cuyas bases nacen de crear en la población falsas necesidades son las que rigen el devenir de los ciudadanos, ya no sólo de Detroit, también del país entero e incluso de otros localizados en el extranjero. Pero los autores prefieren centrarse esta vez en la política exterior de Estados Unidos haciendo un retrato de bastante incorrección política sobre cómo la proliferación de drones para las maniobras de pacificación en países desfavorecidos abocan a América a convertirse en una insaciable máquina imperialista cercana al fascismo, en resmuidas cuentas, a transformarse en lo que se conoce como la "policía del mundo".




Pero si por un lado esta Robocop del año 2014 mantiene el subtexto de la visión crítica de corte político or otro carece totalmente del tono satírico y lacerante de la versión de Paul Verhoeven. Lo mejor de la producción de 1987 es que detrás de su visión distópica sobre un futuro globalizado y fascistoide se escondía una mirada sardónica de un humor muy negro y una perspectiva desnaturalizada y paródica del cine de acción de los años 80 auspiciado por actores como Arnold Schwarzzenegger o Sylvester Stallone. Nada de este tono de comedia malintencionada puede verse en la obra que nos ocupa. Padilha y sus colaboradores quieren molestar pero no meter el dedo en la llaga, levantar la voz pero no gritar, herir pero no matar y en ese sentido sus intenciones quedan lejos de las de el guión de Ed Neumeier y Michael Miner que no hacía prisioneros e iba directamente a la yugular. Sólo en el pasaje del reclutamiento de los candidatos para dar forma al proyecto Robocop se puede ver algo de la incisiva mala baba del film original y con eso no tenemos suficiente.




Por otro lado sí hay en el Robocop del director de Ônibus174 una clara intencionalidad de ahondar en la mente de Alex Murphy y en el dilema de lo que su confinamiento en un cuerpo mecanizado supone para su vida y la de los que le rodean. En ese sentido la cinta muestra unas buenas intenciones del todo encomiables, el guión toma reminiscencias de Frankenstein o el mito del Golem (como ya hacía el film de los 80) para perfilar con elegancia la psique del protagonista que debe afrontar su nuevo estatus asumiendo que su humanidad ha desaparecido casi por completo aunque su mente siga siendo la misma que antes de sufrir el accidente. Sirva como ejemplo la impactante secuencia en la que el Doctor Denneth Norton "ilustra" a Murphy con respecto a lo que queda de su cuerpo humano que es un momento de competente dramatismo que apela a cierta profundidad emocional que le queda bien al producto. Sólo en lo relacionado con la mujer y el hijo del protagonista se adentra la trama en cierto sentimentalismo comercial, pero nunca llegando a la sensiblería barata.




Técnicamente el largometrahe es intachable tanto por la labor de José Padilha detrás de la cámara como por todo el diseño de producción que forma el conjunto de la película que como es lógico es todo lo holgado que se puede esperar de una producción rompetaquillas de esta índole. Cámaras al hombro, uso de falsas imágenes de archivo, entrevistas y reportajes a pie de calle, informativos sensacionalistas y tendenciosos, el brasileño utiliza todo tipo de recursos para dar forma a un producto rico en su estructura que trata por todos los medios de transmitir también algo de autoría. Pero ahí por desgracia no consigue triunfar ya que aunque en esta Robocop hay señas de identidad director de las dos Tropas de Élite como algunas resoluciones visuales o el retrato incómodo sobre las fuerzas de la ley y la corrupción de los partidos políticos el resultado se antoja bastante impersonal en casi todo momento.




Aunque sí hay que reconocerle a José Padilha el estilo con el que ha driblado con la innecesaria calificación PG-13 del largometraje que como sabemos nos impide ver en la cinta la brutal y explícita violencia de la versión de Paul Verhoeven. El carioca no escatima en explosiones, tiroteos y secuencias duras en las que como es lógico casi no vemos una gota de sangre, pero que están formalmente muy bien ejectuadas (el arranque con los ED-209 en Teherán, la prueba de adiestramiento de Murphy ante los jefazos de Omni Corp con Hocus Pocus de los Focus sonando de fondo o el asalto al almacén de Antoine Vallon) y poco se les puede reprochar en el plano técnico. De todas formas conociendo a los de Hollywood y cómo les gusta rascar dinero con los formatos domésticos no sería de extrañar que cuando el film salga en blu-ray y dvd editen una versión uncut con unas escenas de acción más propias de una califiación R, algo parecido a lo que hicieron con el ya mencionado remake de Desafío Total.




Lo del reparto antes del estreno sabíamos que iba a ser uno de los puntos fuertes del largometraje y como es lógico no decepciona en ningún momento. Joel Kinnaman (inolvidable Stephen Holder en la magnífica versión americana de The Killing) hace un excelente trabajo como Alex Murphy/Robocop, sabe transmitir la melancolía y furia del personaje sobre todo cuando ya ha sido convertido en una máquina y aunque nos nos hace olvidar al pletórico Peter Weller tampoco ensucia la labor de aquel porque su trabajo no es nada desdeñable. Muy bien también Gary Oldman como el íntegro Doctor Dennett Norton, Jack Earl Haley como Rick Mattox (el personaje más Verhoeven del film), una esforzada Abbie Cornish como Clara Murphy, Michael K. Williams como el nuevo Lewis o Michael Keaton como Raymond Sellars (una mezcla de los personajes de Miguel Ferrer y Ronny Cox de la versión de 1987) alégremente recuperado para el cine hollywoodiense aunque habiéndose hecho algo en la cara que lo ha convertido en una mezcla entre los actuales Billy Cristal y Lars Ulrich.




Robocop 2014 es una obra innecesaria como remake y aunque mantiene varias constantes de la película en la que se inspira, la idolatra por medio de continuas referencias (la fanfarria de Basil Poledouris sonando al inicio del film, los ED-209, el color del primer prototipo del traje, la aparición a modo de cameo del original) y la respeta, su existencia como revisión de una cinta de culto que no necesitaba ser modernizada, porque a día de hoy sigue siendo actual, se antoja un capricho puramente económico. Pero como muestra de ciencia ficción comercial es un producto competente, sobresale en cierta manera entre tanta pieza vacua que puebla la cartelera y hace pasar poco menos de dos horas muy entretenidas ofreciendo un trabajo agradable y resultón que podría haber salido mucho peor y que por la labor de los profesionales que se implicaron en su gestación no ha quedado nada mal. Ahora, lo de la secuela que se lo piensen bien, porque si la segunda parte de la cinta original fue un producto fallido la de este remake puede llegar a ser un desastre de proporciones cibernéticas.



sábado, 30 de julio de 2011

Tropa de Élite 2, política del miedo





Título Original Tropa de Elite 2: Ou Inimigo Agora E Outro (2010)
Director Jose Padilha
Guión Jose Padilha
Actores Wagner Moura, André Ramiro, Maria Ribeiro, Tainá Müller, Milhem Cortaz, Seu Jorge, Peter Van Held, Rod Carvalho, André Mattos, Bruno d'Elia, Fabrício Boliveira




En el año 2007 Jose Padilha, un director carioca de documentales, debutó en el cine de ficción con Tropa de Élite que suponía una adaptación a imágenes de una novela del escritor André Batista. Esta ópera prima nos mostraba los métodos expeditivos que un grupo de asalto de la policía brasileña llamado BOPE utilizó en 1997 para limpiar las calles de Río de Janeiro en vísperas de la llegada del Papa Juan Pablo II a la ciudad. Una dirección sólida, un guión ambiguo que mostraba las bajezas de los defensores de la ley pero también de los delincuentes de las favelas o los aburguesados que negociaban con ellos para mover el tráfico de drogas en las calles, sirvieron para que el film ganara el oso de oro en el festival de Berlín de ese año.




La película fue un éxito internacional, pero sobre todo en su país de origen donde atrajo a la gente a los cines y gustó considerablemente a la crítica. Es raro que dentro del cine brasileño se lleven a cabo secuelas de sus éxitos más notables y con una película como Tropa de Élite más todavía, ya que parecía que poco más se podía sacar de esa historia sobre policías, criminales y narcotráfico. Pero en 2010 Padilha se arriesgó con una segunda parte. La cinta al estrenarse se convirtió en el largometraje más visto de la historia del cine brasileño y lo cierto es que no es para menos.




El mayor acierto por parte de el guionista y director es que si bien en la primera entrega se dejaba influenciar por The Shield, la sensacional serie de Shawn Ryan sobre un grupo de asalto de la policía de California introducido en la corrupción, en esta secuela toma una clara influencia de The Wire la obra maestra catódica de David Simon y Ed Burns, ya que en esta segunda parte la mirada de Padilha se extiende hasta el mundo de la política, apuntando directamente a los mandatarios más importantes de Río de Janeiro y utilizando excusas narrativas como las escuchas telefónicas encubiertas y la interminable guerra contra la droga.




La disolución del BOPE (Batallón de Operaciones Policiales Especiales) por culpa de la mala gestión en un motín carcelario en el que se implica a un futuro diputado defensor de los derechos humanos que se ofrece como escudo humano en la reyerta y en la que muere un preso a manos de uno de los componentes del grupo de asalto, le sirve a Jose Padilha como punto de partida para mostrar un feroz retrato de la corrupción política y social en la que está envuelta la ciudad brasileña. El director de Secrets of the Tribe no escatima medios para mostrar todo lo podrido y oscuro que hay en las altas esferas de su patria.




El realizador dibuja un fresco en el que podemos asistir a como los candidatos políticos de Río permiten a batallones de la policía ejercer como corruptos verdugos en las favelas a espaldas de la opinión pública, siendo amparados por las furzas de la ley y legislativas además de con la complicidad de unos medios de comunicación que o los apoyan a escondidas (la televisión) o no sacan a la luz sus tácticas mercenarias (la prensa escrita) con las que permiten el narcotráfico del que sacan una suculenta tajada monetaria en los barrios bajos.




La historia sigue en dos subtramas las andanzas del Coronel Nascimento, el violento jefe del BOPE que nos narraba en con voz en off la primera parte (aquí lo hace nuevamente) y de Andrea, el policía novato que en el anterior film debía decidir si entraba dentro de ese submundo en el que la aplicación de la justica sobrepasaba la línea de la legalidad o sí decidía ser un defensor de la ley honrado al que devorarían los delincuentes como un cordero rodeado por una jauría de lobos hambrientos.




Aquí de nuevo Padilha apela a la ambigüedad, pero como sus dardos envenenados están dirigidos sobre todo a los políticos su posicionamiento está más claro. Lo que si se confirma es que el director empatiza con Nascimento, Andrea y por efecto dominó con los componentes del BOPE a pesar de los métodos violentos del todo reprobables que llevan a cabo para erradicar (nunca mejor dicho) la delincuencia en una ciudad tan peligrosa, en sus zonas desfavorecidas, como Río de Janeiro.




Padilha nos quiere mostrar que siempre que exista un policía violento o de maneras reaccionarias lo más lógico es que por encima de él haya otro más visceral y criminalizado por las circunstancias. Buena muestra de ello es la presencia de la milicia formada por agentes corruptos que campan a sus anchas en las favelas eliminando a toda aquella persona (civil, criminal) que se interponga en su camino o intente desestabilizar sus negocios turbios, siempre encubiertos por el gobierno central en una relación de reciprocidad del todo execrable, pero por desgracia imposible de detener.




Jose Padilha vuelve a utilizar su potente pulso en la dirección y si es cierto que esta vez no deposita el protagonismo en el batallón, que era el que incitaba al ritmo frenético de la primera Tropa de Élite, sí sigue haciendo un uso magnífico de la fotografía, el montaje y la cámara al hombro, poniendo la misma en las nucas de los personajes para que la implicación del espectador sea tan considerable como realista, bordeando, una vez más, el tono cuasi documental del film de 2007.




Tropa de Élite 2 no supera en calidad a su predecesora, pero sí la iguala como producto cinematográfico de calidad. En lo que sí llega más lejos en en su mensaje de denuncia tan comprometido como nihilista. Mostrando todo lo pútrido y terrible que hay en la sociedad brasileña, comandada por un grupo de gobernantes corruptos que permiten a las fuerzas de la ley cometer verdaderas atrocidades en las calles, pero siempre a espaldas del mundo, en el anonimato y sin ensuciar la imagen de los partidos a los que representan.




Por suerte algo debe ir mejorando, minimamente, en un país como Brasil cuando la película que nos ocupa fue vista por 10 millones de espectadores en 8 semanas. Para finalizar, decir que si Jose Padilha rueda una tercera parte, ahí estará un servidor para verla esperanzado de volver a encontrar buen cine de denuncia camuflado en un excelente thriller criminal y policíaco de calidad dificilmente discutible y mensaje tan directo como necesario.


martes, 22 de septiembre de 2009

Tropa de Élite, los renglones torcidos de la ley



Director: José Padilha (2007)
Guión: José Padilha, Bráulio Mantovani & Rodrigo Pimentel
Actores: Wagner Moura, Caio Junqueira, André Ramiro, Fernanda Machado, Milhem Cortaz, Fernanda de Freitas, Thelmo Fernandes, Maria Ribeiro, Paulo Vilela, Milhem Cortaz




La primera obra de ficción del director carioca José Padilha Tropa de Élite ganó el oso de oro en festival de Berlín de 2008, fue un taquillazo en su país de origen y recibió alabanzas por gran parte de la crítica internacional. Tropa de Élite narra las horas previas a la visita del Papa Juan Pablo II a Brasil en el año 1997. Tal hecho dio pié a la intervención del Batallón de Operaciones Policiales Especiales (BOPE) para limpiar de traficantes y delincuentes las calles de Río de Janeiro.




Con distintas historias entrelazadas y protagonistas diferentes pero interrelacionados, Padhila nos muestra con crudeza cuasidocumental tanto los métodos expeditivos de los policías militares para "purgar" las calles de la ciudad brasileña de escoria, como por otro lado un análisis interesante de como los jóvenes aburguesados permiten que el narcotráfico recorra las favelas como la pólvora, destrozando familias enteras y llenando de corrupción las calles.




El director acierta de lleno al no tener miramientos a la hora de mostrar el lado oscuro tanto de los agentes de la ley (sus desmesuradas torturas, su métodos bestialmente violentos) como el de los jóvenes camellos (descerebrados, unineuronales y acomodados). El guión es sólido, las interpretaciones creíbles y la dirección acertadísima, influenciada la misma por la serie The Shield, principalmente.




Pero por la obra de Sam Peckinpah también y bebiendo (pero con moderación) tanto de la cinta insignia del cine brasileño del nuevo milenio, la excelente Ciudad de Dios de Fernando Meirelles y Kátia Lund (parece que ni dios se acuerda que esta mujer fue codirectora de dicho trabajo) como de la francesa La Haine de Matiheu Kassovitz, que por otro lado es muy superior y más certera que la película que nos ocupa tocando un tema parecido, sobre todo en el final que es muy similar al de la cinta del director de Babylon A.D.




Ambigua, crítica, llena de claroscuros, a veces adoctrinadora y un tanto maniquea, pero certera en su mensaje, dura, nihilista y de un pesimismo exasperante. Tropa de Élite es una de las mejores películas del año 2007, remueve conciencias y no deja a nadie indiferente después de verla. De la secuela Tropa de Élite 2 hablaré dentro de un tiempo, que en su estreno se proclamado como la película más taquillera de la historia del cine brasileño. Aquí dejaré constancia de tal obra y su contenido.