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lunes, 22 de febrero de 2021

The Boys: Temporada 2, dawn of injustice

 



"A la gente le encanta lo que tengo que decir. Creen en eso. Simplemente no les gusta la palabra nazi, eso es todo."





Cuando dedicamos las primeras impresiones a los tres episodios iniciales de esta segunda tanda de The Boys ya comenté que soy poco amigo de valorar un producto audiovisual, en este caso un temporada de ocho entregas, antes de ver el conjunto de la obra y tener una visión global de la misma. En gran parte tenía razón porque visto el desarrollo de la temporada y el devenir de las distintas tramas que la componen era necesario haber degustado y digerido toda la historia que Eric Kripke, Seth Rogen y Evan Goldberg querían cortarnos a partir del brillante cómic de Garth Ennis y Darick Robertson publicado primero por Wildstorm y después por Dynamite Entertainment con Karl Urban, Jack Quaid, Laz Alonso, Tomer Kapon, Karen Fukuhara, Erin Moriarty, Giancarlo Esposito o Antony Starr a los que se suma el fichaje estrella de Aya Cash como Stormfront. El resultado para el que suscribe no es tan compacto y redondo como en la primera temporada, pero sí alcanza grandes contas de calidad en lo referido a cómo están llevando las riendas de los personajes y sus relaciones interpersonales sus máximos responsables.




Es un hecho ineludible que si bien la primera temporada era bastante fiel a los hechos acaecidos en el cómic de Garth Ennis y Darick Robertson esta segunda se aleja cada vez más de aquellos. Por suerte Erick Kripke y sus colaboradores a los guiones lo hacen siempre teniendo en cuenta la esencia del relato y si bien hay modificaciones importante en lo referente a personajes o tramas nunca se despegan de la irreverencia o el salvajismo que da sentido a The Boys y bajo los cuales subyace un calado dramático que, al igual que en el tebeo, es el verdadero centro neurálgico de la obra. En lo referido a esto que comentamos la subtrama dedicada a Billy Butcher, Becca y Ryan es la que más se aleja de lo planteado por el guionista de Predicador y el dibujante de Transmetropolitan, pero lo construido por los escritores del show tiene la suficiente fuerza, cohesión y lógica narrativa para no sólo mantener el interés del espectador, sino enriquecer el perfil psicológico de los roles que se ven envueltos en el conflicto, sobre todo cuando Homelander y Stormfront entran en escena y potencian el trasfondo emocional.




Por suerte los guionistas no se olvidan del resto de The Boys y la inclusión del hermano de Kimiko servirá como catalizador de los actos llevados a cabo por el grupo protagonista estando estos vinculados, una vez más, con el personaje de Stomrfront que se convierte en uno de los más importantes de la temporada y al que volveremos un poco más tarde para intentar hacerle algo de justicia. La relación entre Hughie y Starlight también copa harto protagonismo ya que esta última pasa a formar parte, en cierta manera, del equipo y se convierte en la infiltrada en Vought y The Seven debido a que sigue formando parte del conjunto de superhéroes. La relación entre Kimiko y Frenchy o la complicada situación personal de Mother’s Milk dejan claro que Eric Kripke y su gente no se olvidan de dedicar momentos a todos sus criaturas. Incluso del lado de los villanos, que recordemos aquí son los superhéroes, se hacen los deberes a la hora de ofrecer situaciones de relevancia para que The Deep, A-Train, Queen Maeve o un resucitado Lamplighter (interpretado, con toda la sorna del mundo, por Shawn Ashmore, el Hombre de Hielo en la saga cinematográfica de X-Men) puedan lucirse en pantalla.




Pero los creadores de la serie no son tontos y saben que en Antony Starr y su Homelander encontraron un mina de oro que aquí explotan al máximo dando más protagonismo al líder de The Seven profundizando en su psicología perturbada, acentuando la idea de que bajo esos poderes desproporcionados sólo habita un niño caprichoso con no pocos traumas personales que cristalizan en las desopilantes e incómodas secuencias de la cabaña con las que se dan rienda suelta a sus enfermizas parafilias sexuales. Ya en la temporada anterior el actor neozelandés de Banshee demostró que con sólo una mirada puede transmitir verdadero terror tanto al resto de secundarios como a un espectador que no puede evitar sentirse atraído y repelido por él. Pero en esta ocasión sus problemas con la fama y la caída en picado de su popularidad transmiten todavía más desasosiego cuando lo vemos actuar como un maniaco al verse despojado del manto que lo convertía en el “Héroe de América” de cara a la opinión pública. A subsanar este problema le ayuda una Stormfront que se convierte en el personaje eje central de la segunda temporada de The Boys.




En los cómics Stormfront era un superhéroe supremacista blanco de fuerza bruta y salvajismo rampante que se enfrentaba a The Boys en una batalla espectacular. En la serie de Amazon Prime Video se le cambia el sexo y en el arranque de la temporada no se sabe nada de su ideología nazi, de hecho Eric Kripke y su gente juegan la carta de que la nueva incoporación de The Seven es una mujer empoderada y antisistema que no se deja pisotear por Vought y saca de sus casillas a Homelander por su interacción con unas nuevas tecnologías con las que se desenvuelve perfectamente teniendo millones de fans en las redes sociales que beben los vientos por ella. Una vez el alter ego en la ficción de Antony Starr se da cuanta de que Stormfront puede ser una aliada más que un obstáculo para sus fines la nueva temporada de The Boys da rienda suelta a la interacción sentimental y sexual de ambos y el producto alcanza sus mayores cotas de salvajismo, en gran parte gracias a la química de Starr con una Aya Cash sencillamente espectacular que en no pocas ocasiones roba protagonismo a su partenaire en pantalla.




El personaje de Stormfront también es una excusa para que los creadores de la versión audiovisual de The Boys hagan una crítica muy ácida e irreverente a la conexión existente entre los medios de comunicación y las ya mencionadas redes sociales con la corrupción corporativista y la manipulación informativa, esas “fake news” que están tan a la orden del día en nuestra actual sociedad. Eric Kripke se aleja de la crítica al mundo del cómic superheróico de Garth Ennis y Darick Robertson en las viñetas, pero manteniendo los mismos estándares contestatarios lanza sus aguijones contra el actual opio del pueblo que con sus likes, favs y retweets pueden cambiar el sentir y el padecer de una ciudadanía maleable que se deja llevar por titulares llamativos y los efectos nocivos de la posverdad. A esto debemos sumar, desde una perspectiva más superficial, un divertidísimo retrato del cine de superhéroes en el que no se eluden aguijonazos a Zack Snyder, Joss Whedon, Marvel Studios o la polémica sobre la visibilidad de minorías o movimientos sociales dentro de este tipo de superproducciones que en ocasiones obedecen más a seguir una moda que a un verdadero compromiso político por parte de los ideólogos de dichos proyectos. Al igual que en el cómic la serie de The Boys reparte para todo el mundo y no deja títere con cabeza.




Como ya hemos apuntado al principio de esta reseña la segunda temporada de The Boys no es tan compacta como la primera, pero sí es cierto que muchos de sus puntos más álgidos superan a los de aquella, sobre todo ese clímax final que, alejándose nuevamente de los cómics, nos deja con ganas de saber más incluso a los lectores de la obra de Garth Ennis y Darick Robertson que, al igual que el espectador profano en las viñetas, vamos a ciegas con respecto a hacia dónde encaminará Eric Kirpke la historia después del dramático desenlace de ese What I Know que puso el colofón a una temporada memorable. Ahora, al igual que con toda la ficción a nivel mundial debido a la situación en la que nos encontramos, sólo queda intentar elucubrar sobre cuando darán la gente de Amazon Prime Video el pistoletazo de salida a la grabación de la ya confirmada tercera temporada ahora que la segunda ola del maldito Covid-19 tiene nuevamente en jaque a gran parte del planeta. Sólo esperamos que puedan ponerse pronto a rodar y a ofrecernos pistas sobre lo que podremos ver en un futuro próximo, aunque de algo podemos hacernos una idea sabiendo que Jesen Ackles ha sido fichado para interpretar a Soldier Boy. ¿Alguien ha dicho “Herogasm”?


lunes, 12 de agosto de 2019

The Boys: Temporada 1, ¿qué tiene de divertido la verdad, la justicia y el estilo de vida americano?



"Los súper matan a cientos de personas al año como daños colaterales. Ahí es donde entramos en juego los Chicos y yo"




Cuando a finales del año 2017 saltó la noticia de que la plataforma de streaming Amazon Prime Video iba a contratar los servicios de Seth Rogen y Evan Goldberg para adaptar el cómic The Boys, escrito por Garth Ennis y dibujado por Darick Robertson para Wildstorm Studios y Dynamite Entertainment, debo admitir que no fue precisamente alegría lo que experimenté. Por aquel entonces ya había visto dos temporadas de la serie Preacher, otra traslación de un cómic del guionista irlandés impulsada por la misma pareja, y ya quedaba patente la escasa fidelidad hacia el material de partida y la ineficacia a la hora de explotar adecuadamente la icónica historia de Jesse Custer, Tulip O’Hare y Proinsias Cassidy publicada en el sello Vertigo de DC Comics. Un servidor pensaba que al igual que con el producto protagonizado por Dominic Cooper, Ruth Negga y Joe Gilgun iban a escamotear la violencia, el sexo y los diálogos irreverentes en favor de crear un producto más accesible para el público. Poco a poco se fueron confirmando nuevos nombres vinculados a esta The Boys audiovisual. Eric Kripke (Supernatural) se sumaba como tercer showrunner al proyecto, Karl Urban daría vida a Billy Butcher y Simon Pegg interpretaría al padre de Hughie como guiño a los cómics, ya que en las viñetas dicho personaje tenía los rasgos físicos del actor británico. Mi primer voto de confianza hacia la serie llegó con el teaser, que revelaba poco, pero parecía captar el mensaje de la obra en papel. Los siguientes trailers ya mostraban de manera explícita pasajes gore, diálogos muy ácidos propios de las correrías de The Boys y una acertada caracterización de los protagonistas. Finalmente el pasado día 26 Amazon Prime Video subió los ocho episodios de los que consta la primera temporada a su catálogo y lo cierto es que el resultado no es perfecto, pero sí muy satisfactorio a distintos niveles y sorprendente en no pocos aspectos.




The Boys se estructura siguiendo, en cierta manera, los patrones de los tres primeros arcos argumentales del cómic. De hecho los capítulos comparten títulos de los distintos números de la colección. El doble punto de arranque es el mismo que en la obra de Ennis y Robertson y con ellos se ahonda en la vida tanto de los Boys como de los superhéroes. Por un lado seguimos los pasos de Hughie (Jack Quaid), que al ver morir de manera accidental a su novia a manos del superhéroe A-Train es reclutado por un supuesto agente del FBI llamado Billy Butcher (Karl Urban) para formar parte de un grupo que se dedica a detener a los empijamados y que también contará en sus filas con Frenchie (Tomer Capon), Mother’s Milk (Laz Alonso) y the Female (Karen Fukuhara). Por otro acompañamos a Starlight (Erin Moriarity), nueva incorporación a The Seven, el grupo de supers más importante de la historia y propiedad de la compañía Vought Corporation dirigida por Madelyn Stillwell (Elisabeth Shue). The Seven están formados por Queen Maeve (Dominique McElligott), Black Noir (Nathan Mitchell), The Deep (Chace Crawford), A-Train (Jessie T. Usher), Translucent (Alex Hassell) y Homelander (Antony Starr), el miembro más destacado del grupo y superhéroe más poderoso del planeta.




Los responsables de la serie de The Boys han sabido extrapolar fielmente el microcosmos expuesto por Garth Ennis y Darick Robertson en los cómics retratando un mundo en el que los superheróes campan a sus anchas dando muestras de soberbia, enfermizas parafilias sexuales y adicción al Compuesto V, el mismo que les proporciona sus poderes sobrenaturales y que, a diferencia de las viñetas, aquí no es consumido por los Boys, aunque sí fue inoculado a the Female. En este contexto la serie se hace fuerte a la hora de utilizar a los superheróes como una necesaria fuerza incontrolable en la que se antepone la defensa o seguridad nacional las libertades más básicas del ciudadano estadounidense. Un servidor creía que Kripke, Rogen y Goldberg no iban a atreverse a incluir lo de la reformulación del 11S del cómic y aunque no se localiza la acción en tan trágica fecha sí acontece en la temporada, convirtiéndose en uno de los pasajes más potentes e intensos de la serie, definiendo de manera impoluta la personalidad del que se ha revelado como el mejor rol del show al que volveremos un poco más tarde.




Otro punto a favor de la serie es el acierto a la hora de diseñar, a partir de la escritura y con la complicidad del reparto, las relaciones interpersonales de los Boys siendo, una vez más, dignas del material publicado por Wildstorm Studios y Dynamite Entertainment. Aunque el génesis del grupo es diferente al original, aquí Female es la última incorporación al quinteto, y se añaden elementos narrativos de cosecha propia el resultado deja satisfecho tanto al espectador casual como al fan de los cómics. Butcher ejerciendo como líder con un oculto lado oscuro, Mother’s Milk tomando el rol de brújula moral o Hughie como pobre hombre superado por la situación en la que se ve inmerso y con el handicap añadido de estar enamorado de una superheróina con la que le emparentan muchos paralelismos personales y profesionales. Pero es la química entre Frenchie y Female, ya mi favorita en el tebeo, la más satisfactoria en este sentido. Aunque se ha reducido el nivel de demencia de ambos personajes, bastante más psicópatas en sus contrapartidas nacidas y desarrolladas en las viñetas.




La factura técnica es sorprendentemente buena y se aleja bastante de la ejecución, más bien ramplona, del resto de series centradas en personajes de cómic. Contando con una realización de proporciones casi cinematográficas cuya responsabilidad recae en directores con alguna obra reciente destacable como Dan Trachtenberg (Calle Cloverfild 10) o veteranos en realización televisiva como Daniel Attias (The Wire, Six Feet Under, True Detective) a lo largo y ancho de la temporada desfilan tiroteos, peleas, persecuciones, secuencias en las que los superhéroes vuelan o hacen un uso desproporcionado de sus especiales dotes y todo regado con hemoglobina y vísceras. Sin llegar a los límites delirantes de la obra en papel, pero dejando poco en el tintero en cuanto a explicitud o barbarie y sólo mostrándose algo menos gráficos con la sexualidad. Ese apartado técnico sólo ha dado leves muestras de hasta donde puede llegar ya que si en la segunda temporada los Boys comienzan a consumir también el Compuesto V la acción puede tomar un cariz desproporcionado más acorde con la impronta de Garth Ennis y Darick Robertson.




En lo referido al reparto encontramos no pocos hallazgos y algunas decisiones de casting dignas de alabanza. A Karl Urban el papel de Butcher le sienta como un guante, ya que tiene la presencia, el carisma y la mirada demente que acompaña al personaje. Jake Quaid, hijo de Meg Ryan y Dennis Quaid, cumple transmitiendo la inseguridad y bisoñez de Hughie y el resto de componentes de los Boys (Tomer Capon, Laz Alonso y Karen Fukuhara) representan adecuadamente a unas criaturas con las que todavía se están familiarizando. Muy buena labor también de Erin Moriarty como Annie Jannuary/Starlight con la que los showrunners han creado unos vínculos muy interesantes con el actual Hollywood y el impacto de movimientos como el #MeToo. Pero si hay un actor que destaca en el elenco principal ese es Antoy Starr dando vida a Homelander. El supuesto superhéroe más íntegro del planeta, esa mezcla entre lo mejor de Superman y el Capitán América, es una bomba de relojería voladora. Un ser sobrehumano amenazante que puede intimidar al prójimo sin necesidad de hacer uso de sus poderes, sólo con una mirada o un diálogo a media voz corporeizando a un demente capaz de manipular, extorsionar y masacrar a decenas de personas sin titubear. Portentosa labor la del actor de Banshee que se ve enriquecida por su tour de force con la Madelyn Stillwell de una no menos brillante Elisabeth Shue felizmente recupera para el medio audiovisual.




Al igual que sucedió en su momento en el mundo del cómic se agradece que un medio audiovisual tan saturado de obras de ficción dedicadas a ensalzar las figuras de nuestros superhéroes más conocidos también facture proyectos como The Boys en los que se pone en entredicho su legado e iconicidad aunque sea por medio de sosias de distinto pelaje. Seth Rogen y Evan Goldberg han aprendido de sus errores, seguramente la presencia de un veterano como Eric Kripke también haya influido, y a la hora de adaptar el cómic de Garth Ennis y Darick Robertson no han mirado por encima del hombro ni al material original ni al discurso de dichos autores como sí aconteció con Preacher. Por todo ello y varias virtudes más que hemos ido enumerando podemos considerar The Boys como una de las sorpresas del año en lo referido a adaptaciones de cómics a cine o series. Un Producto que no sólo funciona magníficamente en su primera temporada, sino que asienta las bases de una segunda en la que sus máximos responsables podrán explotar todo el potencial de una propuesta tan inusual como necesaria y a ser posible trayéndonos a secundarios como Terror, Legend, Tek Knight o Love Sausage.



domingo, 18 de septiembre de 2016

Preacher: Temporada 1, del infierno a Texas



"¡Jesús! ¿Qué clase de predicador eres tú?"





Fue en el año 1995 cuando el mundo conoció a Jesse Custer. Tras su paso por la colección Hellblazer, protagonizada por el nigromante John Constantine, el guionista irlandés Garth Ennis y el dibujante inglés Steve Dillon fueron solicitados por la añorada editora ejecutiva de la línea Vertigo de DC, Karen Berger, para idear una nueva serie. Predicador era un road cómic (como recordaba nuestro antiguo compañero José Torralba en su magnífica reseña de la obra) con aroma de western en el que un predicador de Texas llamado Jesse Custer, que se encontraba poseído por la entidad divina Génesis, nacida de la copula ente un ángel y un demonio, se embarcaba en un viaje a lo largo y ancho de Estados Unidos en busca de Dios con su antigua novia Tulip y un vampiro irlándes llamado Cassidy. Este peculiar trío tenía la misión de dar con el Altísimo para poder ajustar cuentas con él, pero en el proceso ellos fueron a su vez perseguidos por personajes secundarios como Herr Star, miembro de una organización llamada el Grial, Caraculo (“Arseface” en el idioma original) un chico con la cara deforme que intentó suicidarse infructuosamente imitando a su ídilo musical, Kurt Cobain y el Santo de los Asesinos, un cowboy “muerto viviente” cuya única misión, lanzada desde el mismo Cielo, era eliminar a Custer. Durante sesenta y seis números, algunos especiales y un recorrido de cinco años de vida editorial Predicador se convirtió en una de las series más icónicas de Vertigo, uno de los cómics más alabados y vendidos de los años 90 y para muchos fans de Ennis y Dillon la opus magna de los autores de War Stories, Hitman, Juez Dredd o Punisher. El éxito del viaje físico y existencial de Jesse Custer, Tulip O’Hare y Proinsias Cassidy fua tan grande que durante años, y como la tradición de Hollywood manda, el proyecto de su adaptación cinematográfica o catódica se hizo eco dentro de los círculos del fandom.





Después de barajarse con el proyecto nombres como los Robert Rodríguez, Kevin Smith o Sam Mendes fueron el actor Seth Rogen (The Interview, This is the End) y los guionistas Evan Goldberg (The Green Hornet, Superbad) y Sam Catlin (Breaking Bad) los encargados de adaptar el cómic de Garth Ennis y Steve Dillon (con la aparición de estos como co productores ejecutivos) a la televisión por medio de la cadena de pago AMC, responsable de éxitos como la ya mencionada odisea metanfetamínica de Walter White y Jesse Pinkman, Mad Men o la traslación a imágenes del célebre colección The Walking Dead ideada por Robert Kirkman, Tony Moore y Charlie Adlard para el la editorial Image. Precisamente esta versión catódica de la colección conocida en España como Los Muertos Vivientes, que a día de es un innegable éxito de público a nivel mundial, que se desvincula bastante de su base original en viñetas, nos hacía temer que en esta ocasión los jefazos de la AMC volvieran a realizar una traslación poco fiel a lo que el sello Vertigo nos ofreció durante un lustro. Por desgracia nuestros temores se confirmaron con el competente, pero despersonalizado, episodio piloto dirigido por Seth Rogen y Evan Goldberg y a su vez escrito por Sam Catlin. Ideas como la polémica con el casting de la serie que no a todo el mundo convenció o el hecho de que a pesar de ser un canal por pago la AMC es uno de los más restrictivos con el sexo y el lenguaje malsonante (lo de la violencia ya es otro asunto y ahí no encontramos carencia alguna, por supuesto) que abundan en la obra de Ennis y Dillon quedaron en un segundo plano cuando al arranque de la serie vimos que lo acontecido en pantalla poco tenía que ver con los cómics.




Digámoslo sin paños calientes, la primera temporada de Preacher no es lo que esperábamos, no tanto como serie que como adaptación de la obra de Garth Ennis y Steve Dillon, y el desarrollo de los diez episodios que la conforman no está a la altura de las (no pocas) expectativas que habíamos depositado en el proyecto después de tantos años de idas y venidas para sacarlo adelante. Esta tanda inicial de capítulos ha sido abordada por Sam Catlin, Seth Rogen y Evan Goldberg como un “Jesse Custer: Año Cero”, una precuela de lo que acontece en el número uno de la colección de cómics publicada por Vertigo hace poco más de dos décadas. La idea no es mala, el hecho de que el espectador neófito y el que conoce las aventuras en viñetas tenga tiempo para conocer a los personajes que van a poblar esta aventura sobre amistad, fe, amor, perversión, violencia y muerte es un acierto, pero la duración que se toman para llevar a buen puerto dicha empresa es lo que la hiere de gravedad. Casi diez horas de metraje utilizan los creadores de la versión catódica de Preacher para narrar lo que podían haber despachado, puede que no sólo en el piloto, pero sí en dos o tres entregas. Por culpa de dedicar una decena de episodios a conocer a los protagonistas y al resto de habitantes de Anneville la primera temporada de la serie de AMC se pierde en una gran cantidad de subtramas innecesarias, inadecuadamente escritas y planteadas y que más que reforzar la historia central que vertebra el producto la perjudican por culpa de una dispersión narrativa que da muestra de cierta bisoñez por parte de los ideólogos de la obra.




Porque si eludimos lo evidente y vamos más allá de la verdad irrefutable que confirma a esta primera temporada de Preacher como una serie de televisión en la que sus responsables han cogido a los personajes creados por los autores de Hellblazer y han hecho con ellos y sus aventuras lo que les ha dado la gana obviando el poderoso material en papel que nació en las oficinas de Vertigo no podemos pasar por alto que estos primeros diez episodios contienen una irregularidad narrativa bastante notable. La muestra más fehaciente de esta descompensación en la escritura de Preacher queda patente en cómo están abordados los flashbacks que narran el origen del Santo de los Asesinos. Estos pasajes, utilizados sin una cadencia regular en los “cold opening” de varios episodios, más que facilitar información sobre el personaje y cuál será su implicación con las correrías de Jesse Custer y sus amigos sólo acrecienta la incertidumbre sobre su presencia en la serie, incluso para el lector del cómic que conoce a la versión en viñetas del rol lo que acontece en pantalla no puede hacer otra cosa que desconcertarle. Un ejemplo más sangrante todavía es el del arranque del episodio 1×09, Finish the Song, que contiene la mejor escena de acción de toda la temporada (la del Santo de los Asesinos en el saloon) para después ser utilizada de manera repetitiva y machacona hasta hacer desparecer las virtudes que la convertian en un pasaje memorable. Pues algo parecido sucede con el devenir de la serie y el estancamiento argumental en el que se asienta el personaje de un Jesse Custer obsesionado con encarrilar a su rebaño por medio de la fe y la sumisión al altísimo, haciendo uso, en no pocas ocasiones, de la famosa “La Palabra de Dios” que le proporciona Génesis y con la que puede controlar la voluntad del prójimo.




Esta falta de cohesión en la escritura de la serie es un fallo incluso más grave que la escasa fidelidad hacia el material de partida. Porque si el proyecto está sólidamente escrito, su narración adecuadamente estructurada y el desarrollo de las distintas tramas mantienen un equilibrio y equidad coherentes puede que no nos encontremos con una “buena adaptación de un cómic”, pero sí con una “buena serie de televisión”. Con esta afirmación no quiero dar por sentado que Preacher es una mala ficción, es un producto competentemente realizado y con un reparto muy solvente, pero sus creadores titubean demasiado a la hora de dar peso al relato que quieren contar, son demasiadas subidas y bajadas, momentos potentes y bien ejecutados alternándose con otros innecesarios, alargados o póbremente ideados y en ese sentido el conjunto de la serie se resiente, dando muestras de que Catlin, Rogen y Goldberg todavía no saben qué quieren hacer con su criatura y hacía donde quieren encarrilarla. Esto en pantalla se deja notar considerablemente y esa incoherencia interna de la historia a veces lo tiene fácil para que no pocos espectadores se salgan de la serie, no sólo por la irregularidad del guión de la propuesta, sino por la confusión que esta manera inadecuada de abordar las pequeñas historias que rodean a la central protagonizada por Jesse, Tulip y Cassidy pueda despertar en la persona que trate de engancharse al producto ideado por la cadena AMC. Esto queda patente cuando vemos que mientras las subtramas de Caraculo y el sheriff Root, la de Odin Quincannon o la que implica al Santo de los Inocentes (que a pesar de estar estructurada de manera deficiente en el conjunto del producto es bastante potente) atraen la atención de la audiencia otras como la de Donnie Schenk y su esposa Betsy son totalmente prescindibles y aportan poco al producto.




Aunque en su momento dio pie a cierta polémica el reparto de actores es el punto más fuerte de Preacher. La elección de casting con los tres personajes principales ha sido un acierto, aunque vaya por delante que todavía están lejos de ser (si algún día llegan a serlo) adecuados émulos de sus versiones en viñetas. Vaya por delante que Dominic Cooper no es la mejor elección para dar vida a Jesse Custer, algo que quedaba más o menos confirmado en los primeros episodios cuando lo veíamos abordar su rol de manera poco convincente. Por suerte el británico poco a poco se ha ido haciendo con su criatura y a estas alturas consigue transmitir la chulería, la integridad y la fuerza que se le exigía a su protagonista. Joseph Gilgun está enorme como Cassidy, aunque todavía no llega a las cotas de amoralidad necesarias sabe captar en gran parte el tono macarra y descerebrado que conocemos de las viñetas protagonziando algunos de los momentos más cómicos de la serie. Pero del trío principal un servidor se queda con la Tulip de una soberbia Ruth Negga, que si bien se distancia bastante de la de los cómics es abordada por la actriz con una combinación incontestable de elegancia, sensualidad, fuerza y carisma. Dentro de los secundarios es inevitable no enamorarse del Caraculo de Ian Colletti, un personaje entrañable y trágico que carece del aire de sorna y humor negro con el que lo retrataron Ennis y Dillon, aunque eso no es óbice para que se gane el corazón del respetable. W. Earle Brown tira de profesionalidad para dar vida al sheriff Root, Lucy Griffiths apela a la sencillez como Emily y Toom Brooke y Anatol Yusef basculan entra la simpatía y lo irritante como Fiore y Deblanc. Pero es Jackie Earle Haley el secundario robaescenas, ya que cada vez que su Odin Quincannon aparece en escena sabemos que alguna burrada pasada de rosca va a suceder y el Rorschach de la adaptación cinematográfica de Watchmen no nos decepciona. De Graham McTavish como el Santo de los Asesinos poco puedo decir, tiene la presencia y el físico, pero hasta el penúltimo episodio no pude verle la cara, de modo que poco más puedo evaluar de su labor en el reparto.




A pesar de que Seth Rogen, Evan Goldberg y Sam Catlin han afirmado que a partir de la segunda temporada serán fieles a todo lo que aconteció en los cómics de Garth Ennis y Steve Dillon al espectador le queda tras ver esta primera temporada de Preacher la sensación de que se ha desperdiciado la oportunidad de haber realizado una serie brillante desde su mismo arranque en la parrilla televisiva norteamericana. Por ahora este producto de la AMC no pasa de lo correcto y aunque desde su inicio trató de entregarse a la originalidad, la no transitación por caminos mil veces recorridos por otros programas de ficción y el retrato de unos personajes que eluden con suma facilidad los clichés más manidos del género (casi) nada del descaro, la blasfemia, el humor cafre, la violencia explícita y el sexo enfermizo regado con whisky, sangre, nicotina y decorados con diálogos ágiles puramente tarantinianos (lo más cerca a eso en la serie de tv es la obsesión de Cassidy con que El Gran Lebowski de los hermanos Coen es una mala película) y una visión crítica de la América Profunda que poblaban la colección de la línea Vertigo podemos ver en estos diez primeros episodios. Es un fallo mayúsculo haber dedicado una temporada completa a perfilar unos personajes en un contexto que necesitaba haber sido mejor elaborado y desarrollado en el guión, para después convencernos de que esperemos un poco más para que la serie arranque totalmente para ser el producto notable que todo esperábamos que fuera. A pesar de contener tantos fallos como virtudes Preacher es una serie que atesora un considerable potencial que si es convincentemente abordado pueda dar forma a una gran propuesta y una adaptación notable del viaje físico y existencial de Jesse Custer y sus amigos, pero por ahora nuestro entusiasmo queda bastante atenuado hasta que veamos lo que sucede el año que viene cuando llegue la segunda tanda de episodios.