"Soy Iron Fist, protector de K'un-Lun y enemigo jurado de La Mano"
El "Inmortal Puño de Hierro", como se conoció en España por medio del mundo de las viñetas, es el cuarto personaje de Marvel Cómics que protagoniza serie propia en Netflix. Su primera temporada supone el quinto episodio dentro del universo televisivo que la plataforma de streaming ha diseñado con Marvel Studios y cronológicamente está situada entre los debuts de Luke Cage y Los Defensores. Para dar vida al alter ego de Danny Rand se eligió al actor británico Finn Jones, conocido principalmente por su intervención en la serie Juego de Tronos dando vida a Ser Loras Tyrell, el "Caballero de las Flores". A él le acompañan Jessica Henwick (Star Warks VII: El Despertar de la Fuerza), Jessica Stroup (Ted), Tom Pelphrey (Banshee) y David Wenham (300) entre otros y como showrunner del programa encontramos a Scott Buck (Dexter) que también se ha ocupado de la muy vapuleada serie Los Inhumanos, inspirada una vez más en personajes de la Casa de las Ideas.
Poco antes del estreno oficial de Iron Fist en Netflix la plataforma puso a disposición de la prensa especializada los seis primeros episodios de la temporada y la respuesta negativa por parte de los periodistas que la vieron no se hizo esperar demasiado, Tal fue el revuelo que levantaron las no pocas reseñas negativas que recibió la serie que el mismo Finn Jones salió en defensa de la producción de Marvel Studios con unas no muy acertadas declaraciones que no hicieron ningún bien al recibimiento del show. Una vez estrenada la tanda de capítulos la respuesta por parte del público no se alejó demasiado de la de los críticos, afirmando que Iron Fist era la peor de los series adscritas al MCU y distribuidas por Netflix, osadía esta que un servidor no puede compartir del todo y que tratará de rebatir, en la medida de lo posible, más adelante en esta misma entrada.
Iron Fist como personaje de cómic debutó en en el número 15 de la colección Marvel Premiere a manos del guionista Roy Thomas y el dibujante Gil Kane en el año 1974. Ya fuera en solitario o formando equipo con Luke Cage, entre otros, en Héroes de Alquiler o Power Man y Iron Fist Danny Rand se convirtió en un personaje de Marvel que si bien nunca conoció la fama de coetaneos como Spider-Man, Lobezno o Iron Man sí llegó a ser un rol clave dentro de la vertiente más urbana de la editorial estadounidense compartiendo el rol de "Maestro del Kung Fu" con el mítico Sang Chi, de Steven Englehart y Jim Starlin, con el que inevitablemente llegó a compartir más de una viñeta. Si el ya mencionado Luke Cage era la respuesta de la Casa de las Ideas al blaxploitation cinematográfico, Puño de Hierro lo era a la fiebre del celuloide de artes marciales, encabezado por Bruce Lee, que a lo largo de los 70 y 80 invadió las pantallas y videoclubs de medio mundo.
La versión televisiva de Iron Fist comienza con el regreso de Danny Rand a New York después de haber pasado quince años desaparecido después de, supuestamente, haber muerto en un accidente de avión con sus padres cuando era un niño. Danny ha regresado a su ciudad de origen para fomar parte de Rand Enterprises, la empresa que fundó su progenitor, y que hoy está regida por los hermanos Ward y Joey Meachum, amigos de infancia de Danny e hijos del mejor amigo de su padre, Harold, también fallecido. Poco a poco iremos descubriendo la personalidad secreta del protagonista, la de Iron Fist, un guerrero experto en artes marciales que gracias al entrenamiento que recibió en la ciudad de K'un Lun, situada en el Himalaya consiguió los poderes que le permiten canalizar su chi para convertir su puño derecho en un arma de fuerza sobrehumana que destruye todo lo que golpea y cuya misión es vencer a la organización criminal La Mano, representada por la letal Madame Gao.
Contrariamente a lo que se dijo en su momento Iron Fist no es una mala serie, principalmente porque, al igual que Daredevil, Jessica Jones o Luke Cage, consigue eludir, con más o menos fortuna, la mayor parte de los clichés adheridos a las producciones televisivas superheróicas ofreciendo unos resultados en cierta manera originales en comparación con productos como Supergirl, Agentes de SHIELD o The Flash. Pero de lo que Iron Fist sí puede ser acusado, con todas las de la ley, es de ser un producto que en no pocas ocasiones se adentra en el fanganoso terreno de la mediocridad por culpa de una tibieza impropia de las producciones Marvel/Netflix, que evidentemente nunca han sido un dechado de ficción de autor, pero sí hacían gala de cierta pátina de personalidad marcada que se adecuaba a los distintos géneros en los que se aventuraban las correrías del resto de miembros del grupo los Defensores.
El mayor pecado que comete una serie como Iron Fist es que siendo un relato protagonizado por un personaje cuya principal característica es ser un experto en artes marciales no sólo contiene pocas escenas de lucha a lo largo de sus trece episodios, sino que las que sí podemos ver en pantalla, sobre todo en los primeros cinco episodios, están póbremente coreografiadas y ejecutadas. Resulta chocante que después de lo realistas y potentes que fueron las secuencias de acción física de las dos primeras temporadas de Daredevil las que tienen lugar en la de Iron Fist, que deberían ser los mejores pasajes técnicos del recorrido del show, se muestran de cara al espectador de manera tan desangelada y tibia que se antoja difícil de creer. Sólo en los tres últimos episodios podemos ver algunos combates que sí merecen la pena, como el que tiene lugar en el clímax final y en el que Danny saca todo el poder del Puño de Hierro. En ese sentido la serie no da la talla cuando debería ser el apartado en el que cogieran más fuerza la trama central y el personaje principal.
Por otro lado también es de recibo mencionar que a lo largo de toda la temporada es la trama de los Meachum la que devora el resto de líneas argumentales de la obra, incluida la del personaje protagonista que en no pocos episodios parece un rol secundario condicionado a los actos realizados por sus socios. Las traiciones, resurrecciones, adicciones, intrigas o juegos de poder y muerte que implican a Harold, Ward y Joey hacen que el grueso de Iron Fist parezca una actualización estilizada de Falcon Crest, incluso mostrando la familia de empresarios y criminales más de un punto en común con los Channing del culebrón protagonizado por una diabólica Jane Wyman en los años 80, en la que su equipo de guionistas parecen tener más interés por saber en manos de quién acabará Rand Enterprises que por la resolución de la cruzada que Iron Fist mantiene contra La Mano y que debería vascular el núcleo central del relato.
En cuanto al reparto es inevitable citar el considerable error de casting que supone haber elegido a Finn Jones para dar vida a Danny Rand y su alter ego superheróico, con el que poco tiene que ver interior o exteriormente, sobre todo en lo referido a su contrapartida en las viñetas. Vaya por delante que el actor británico se esfuerza notablemente a la hora de ejecutar su trabajo y sería de necios afirmar que no se implica a la hora de, sobre todo en las escenas físicas, dar lo mejor de sí mismo. Pero el intérprete de la futura Leatherface es al anticarisma en persona, un actor que no tiene las facultades adecuadas para dar vida a un arma letal andante como Puño de Hierro que hubiera sido mucho mejor interpretado por un tipo de actor más ducho en artes marciales como Scott Adkins o aquel Ray Park que durante años fue candidato a dar vida al personaje. Profesionales estos mucho más austeros y limitados pero que hubieran dado perfectamente el perfil para ejecutar a un creíble Iron Fist.
Aunque previamente hemos mencionado que la subtrama familiar de la familia Meachum era la que de manera innecesaria más tiempo robaba en esta temporada de Iron Fist también es de recibo afirmar que los actores que la protagonizan hacen el mejor trabajo de la serie. Jessica Stroup acomete bien su labor dando vida a Joey y esa ambigüedad en la que se adentra su rol en la recta final de show puede dar buenos frutos en el futuro. Pero son un enorme David Wenham y un superlativo Tom Pelphrey los que mejores momentos ofrecen con su trabajo interpretativo. El primero evoluciona de empresario corrupto a asesino sin escrúpulos muy adecuadamente y protagonizando alguna secuencia memorable, la del asesinato del becario, el segundo en cambio lleva a cabo su tarea de una manera tan profesional que, como me comentó mi compañero Daniel Gavilán en una conversación, parece salido de un programa mucho mejor que este Iron Fist que no termina por hacerle justicia.
Del bando de Danny Rand debemos destacar al otro gran descubrimiento de Iron Fist, Jessica Henwick dando vida a Colleen Wing. La actriz británica no sólo da voz y cuerpo a la perfecta mezcla entre belleza y fuerza que exige su personaje, también devora impunemente a Finn Jones cada vez que comparte plano con él sobre todo en lo referido a implicarse en las secuencias de lucha que a a ella se le dan mucho mejor que a él en todos los aspectos. Por otro lado también tenemos cumpliendo sobradamente a la recurrente Rosario Dawson, a Wai Ching Ho o a un carismático y sólido Ramón Rodríguez en la piel de Bakuto, ocupando el lugar de Madame Gao en la Mano y contrarrestando el efecto Cottonmouth/Diamondback de Luke Cage al introducir a mitad de temporada un nuevo villano que esta vez supera al que protagonizó la primera parte de la misma y no al revés, como sí sucedía con los ya mencionados en la serie protagonizada por Mike Coulter.
Aunque es un producto impersonal y realizado con el piloto automático Iron Fist no es lo peor que ha ofrecido Marvel Studios por medio de Netflix, ese dudoso honor lo tiene la segunda mitad de la temporada de Luke Cage cuyo cúmulo de despropósitos argumentales hacen que cualquier error narrativo de la serie que nos ocupa en esta entrada parezca escrito por Aaron Sorkin o David Mamet. Con todo la adaptación televisiva de Puño de Hierro vuelve a confirmar que después de la segunda temporada de Daredevil los productos ofrecidos por la división cinematográfica de la Casa de las ideas en asociación con la casa de Sense 8, Stranger Things o Narcos siguen de capa caída. Por suerte no todo está perdido en este sentido ya que mientras escribo estas líneas ya llevo vistos tres episodios de The Defenders y con ellos parece que la mala racha termina, algo de lo que daré buena cuenta dentro de poco cuando reseñe por estos lares la primera temporada que une a Matt Murdock, Jessica Jones, Luke Cage y Danny Rand.
Título OriginalMother!(2017) DirectorDarren Aronofsky Guión Darren Aronofsky RepartoJennifer Lawrence, Javier Bardem, Ed Harris, Michelle Pfeiffer, Domhnall Gleeson, Brian Gleeson, Kristen Wiig, Cristina Rosato, Marcia Jean Kurtz, Ambrosio De Luca, Hamza Haq, Anana Rydvald, Arthur Holden, Bineyam Girma, Jaa Smith-Johnson, Xiao Sun
Desde que irrumpiera en el festival de Sundance de 1998 con su críptica y claustrofóbica ópera prima, Pi: Fe en el Caos, Darren Aronofsky ha ido forjando poco a poco una de las filmografías más eclécticas, personales y arriesgadas del siglo XXI. Después del impacto generacional que causó Requiem Por Un Sueño y la controversia que trajo consigo La Fuente de la Vida llegaron sus dos mayores éxitos, El Luchador y Cisne Negro, largometrajes protagonizados por Mickey Rourke y Natalie Portman respectivamente que fueron recibidos con honores por crítica y público consiguiendo no pocos premios internacionales, llegando hasta la pugna de los Oscars de sus correspondientes años y ganando el de mejor actriz en el caso de la intérprete de Knight of Cups. Pero cuando parecía que había encontrado la fórmula del éxito, para contentar a unos y a otros el neoyorquino se desmarcó una vez más dando muestras de su carácter indómito con la inusual Noé. Su ambiciosa, peculiar y arriesgada visión de las sagradas escrituras que desconcertó a no pocos espectadores cometiendo el error de esperar del cineasta una película religiosa al uso. Pero con su último trabajo Aronofsky ha dejado en anecdótica cualquier polémica que haya podido tener previamente con alguno de sus films, porque desde que tuviera su puesta de largo en el pasado Festival de Venecia Mother! ha levantado ampollas entre espectadores y prensa especializada, sufriendo el rechazo de gran parte de los primeros y una enconada polarización de la de los segundos. Una vez vista la película el hecho que levantara tal revuelo no debería haber cogido a nadie por sorpresa y mucho menos a sus artífices.
A primera vista el punto de partida de Madre! puede parecer sencillo si tenemos en cuenta que narra la historia de un matrimonio, poeta que ha perdido la inspiración él y esposa abnegada ella, que se mudan a un caserón en medio del bosque para comenzar una vida en común y viendo trastocada su existencia a partir de la llegada de una pareja madura que se instala con ellos a petición del marido y sin consultarlo a su mujer. Vaya por delante que abordar el último largometraje de Darren Aronofsky de manera superficial, sólo como una historia realista, es una temeridad de la que el espectador casi con toda seguridad saldrá escaldado, porque desde esa perspectiva la cinta protagonizada por Jennifer Lawrence, Javier Bardem, Ed Harris y Michelle Pfeiffer no sólo no tiene pies ni cabeza, sino que puede incitar al sonrojo o la carcajada, sobre todo en su recta final. En cambio, y sin incidir mucho en spoilers, si tomamos las dos partes en las que se divide la obra como una relectura del Antiguo y Nuevo Testamento y comprendemos a “quién” o “qué” representa cada uno de los personajes podremos hacernos una idea, más o menos clara, de lo que quiere contarnos el director estadounidense con su más reciente propuesta.
Pero que nadie piense que Darren Aronofsky es un iluso o un ingenuo que no sabía que su última película iba a levantar una considerable polvareda. Ya cuando escribió el guión era consciente de que estaba tocando temas tabú, sobre todo para sus compatriotas norteamericanos, como la megalomanía, el egoismo, la religión o la fe y desde una perspectiva profundamente crítica y visceral, de modo que el recibimiento que Mother! iba a tener estaba fríamente calculado tanto por él como por sus productores y si lo niegan mienten o viven en otro mundo. Esta lectura y no otra es la que ha despertado la ira entra gran parte del público generalista que no sólo se ha encontrado con un producto difícil de descifrar hundiendo sus raíces en el Roman Polanski de Repulsión o La Semilla del Diablo (Rosemary’s Baby), el Luis Buñuel de El Ángel Exterminador o el Andrzej Zulawski de La Posesión, sino también con una pieza que al ser desencriptada ofrece un mensaje profundamente misántropo y anticlerical que no deja títere con cabeza por medio de una simbología descarnada y sin concesiones llegando a su culmen en el la recta final en la que el exceso y la locura se apoderan de la cámara del director.
Madre! es una genuina y única experiencia sensorial, una producción en la que la comunión, nunca mejor dicho, entre apartado artístico y técnico alcanza unos niveles de mimetismo sobrecogedores. Al igual que sucedía en el The Wrestler y Black Swan Darren Aronofsky hace un uso recurrente la cámara al hombro para asediar a su protagonista, invadiendo su espacio vital y aumentando de esta manera la atmósfera claustrofóbica y enfermiza del relato por medio de primerísimos planos de Jennifer Lawrence que suponen todo un reto para la protagonista de la saga Los Juegos del Hambre. De esta manera ella es el alma de un relato localizado en una casa que parece tener vida propia y que sólo el personaje principal parece percibir (la protagonista es la única capaz de “sentir el corazón” del inmueble) convirtiendo el hogar del matrimonio en una entidad que siente y padece, como si de una hiperbolización arquitectónica de la Nueva Carne cronenbergiana se tratara, y a la que Aronofsky se ocupa de llenar de putrefacta vida por medio de unos elaborados y calculados efectos digitales o un uso orgánico y minimalista del sonido que a más de un espectador puede llegar a sacar de sus casillas.
Si hay algo que caracteriza a Darren Aronofsky y de lo que ha hecho gala en todos y cada uno de sus films es ser un enorme director de actores. El cineasta estadounidense siempre suele llevar hasta el límite a su intérpretes obligándolos a ir un paso más allá de sus capacidades para estar a la altura de su discurso autoral propenso a sumergirse en el tremendismo y la tragedia, casi siempre con buenos resultados. Jennifer Lawrence se une a ese grupo de actrices como Ellen Burstyn, Jennifer Connelly, Rachel Weisz o Natalie Portman a las que el realizador exprimió física y psicológicamente hasta lo indecente para que abordaran sus personajes desde las mismas entrañas y gracias a ello ejecuta el que hasta ahora es su mejor y más complejo trabajo de interpretación. Ella es el alma de la película y lleva sobre los hombros casi todo el peso del relato llegando a entregarse ciegamente a su comandante en jefe sobre todo en esa orgía de muerte, sangre, vísceras, líquido anmiótico y pólvora que supone el clímax final de la obra. Algo parecido sucede con Javier Bardem que sabe condensar con su excelente labor todo el egoísmo, el "sadismo bienintencionado" y la condescendencia que requiere su rol. Nota aparte para unos excelentes Ed Harris y Michelle Pfeiffer que tiran de tablas y veteranía para dar voz y cuerpo a, posiblemente, los dos personajes más importantes de la historia que con su presencia marcan el principio del fin de la misma.
Aunque ha sido el mayor fracaso de taquilla de toda la carrera de su director y ha despertado las iras más que ninguna otra de sus obras Madre! no sólo es una de las propuestas más potentes, incómodas, anticomerciales y suicidas del 2017, también es una de las obras más profundamente misántropas, desesperanzadas y nihilistas del cine reciente. Al igual que Terrence Malick, David Lynch, Terry Gilliam, Lars Von Trier o Nicolas Winding Refn, Darren Aronofsky hace el cine que quiere, como quiere y cuando quiere y por suerte en Hollywood todavía quedan productores que, amando verdaderamente el séptimo arte, son capaces de jugárselo todo a una carta financiando sus personalísimas y brillantes locuras. Después de la disparidad de opiniones de sus dos últimas obras no sabemos hacia dónde se encaminará el futuro del director de The Fountain, pero de lo que sí podemos estar seguros es de que no será un proyecto complaciente o impersonal. Se adentre en mayor o menor medida en la comercialidad, se incline con más o menos intensidad por la sencillez o la complejidad podemos poner la mano en el fuego con respecto a que su próximo paso será una propuesta tan personal como inusual y para llevarla a cabo será capaz de luchar contra viento y marea hasta que consiga sacarla adelante y con ella volver a desafiarnos como espectadores.
El pasado día 28 de septiembre se estrenaba en cines y plataformas digitales de España Phantasma V: Desolación, quinta y última entrega de la saga creada por el cineasta estadounidense, de origen libio, Don Coscarelli en 1979 con aquella, ya de culto, cinta titulada Phantasma y que con un presupuesto irrisorio para la época supuso todo un inesperado éxito de taquilla a nivel mundial. El Hombre Alto, sus letales esferas voladoras y ejército de monstruosos enanos interdimensionales fueron un revulsivo de originalidad para el género una vez la década de los 70 exhaló sus últimos estertores de muerte y ante la llegada de los 80. Lo que en un principio iba a ser una sola entrega acabó convirtiéndose en una pentalogía que a pesar de no llegar a convertirse en el enorme éxito que se esperaba consiguió arrastrar una considerable horda de fans gracias al buen y hacer y el cariño con el que su autor la fue desarrollando a lo largo de los años, tomándose el tiempo necesario entre una y otra secuela y siempre manteniendo el espíritu de la obra primigenia aunque en ocasiones también dejándola evolucionar como propuesta cinematográfica.
Con motivo del ya mencionado estreno de la última entrega de la saga vamos a dedicar esta nueva entrada a hacer un repaso por la misma reseñando todas y cada una de las películas desde la primera de 1979 hasta la última con fecha de 2016. En el proceso incluiremos una breve biografía de Don Coscarelli, hablaremos de las virtudes y defectos de los largometrajes, su idiosincrasia y señas de identidad, evolución e involución en cuanto a solidez narrativa, personajes o presupuestos (Phantasma II: El Retorno fue la más cara de la saga, pero su fracaso de taquilla hizo que las siguientes entregas tuvieran muchos menos medios) y mencionaremos por el camino algunas de las trampas y trucos de trilero que utilizaba su creador con las idas y venidas de actores del reparto, continuidad, estructura, metareferencialidad y fanservice. Una vez hechas las presentaciones sólo quedar armarse a hasta los dientes con lanzallamas y escopetas recortadas de cuádruple cañón, tomar los mandos de nuestro Plymouth Barracuda y echarnos a la carretera, el Hombre Alto y sus huestes nos esperan y el funeral está a punto de comenzar.
Don Coscarelli, el maestro de ceremonias
Don Coscarelli Jr nació en Trípoli, Libia, el 17 de febrero de 1954, pero a muy temprana edad se trasladó con su familia al sur de California, en Estados Unidos. Desde niño mostró interés por el mundo audiovisual utilizando cámaras de todo tipo para realizar sus propias creaciones cinematográficas. Después de estudiar en una escuela de cine se dedicó a rodar cortometrajes en colaboración con amigos y vecinos consiguiendo algunos galardones por ellos. En 1976 con sólo 19 años su primer largometraje Jim the World’s Greatest, dirigido al alimón con Craig Mitchell, llamó la atención de Universal Pictures que decidió distribuirlo y ese mismo año también estrenó Kenny & Company, una tragicomedia familiar que tenía en su reparto a A. Michael Baldwin, el que sería el protagonista de su obra inmediatamente posterior y la que le dio fama mundial. Phantasma sorprendió a propios extraños por su atípica propuesta, supuso una pieza muy original dentro del género de terror porque también se alimentaba de la ciencia ficción o el drama y por el camino nos regaló uno de los villanos cinematográficos más recordados por los amantes de este tipo de celuloide, el Hombre Alto (“Tall Man” en su idioma original) al que daba vida un imponente Angus Scrimm.
Aunque el éxito de Phantasma fue más que notable la secuela tardó casi nueve años en llegar, y antes de eso en 1982 Don Coscarelli rodó otra pieza de culto, esta vez dentro del subgénero de espada y brujería adscrita a la Serie B, El Señor de las Bestias, competente cinta de aventuras protagonizada por Marc Singer y Tanya Roberts cuyo éxito dio pie a una trilogía y una serie de tv, producciones de las que Coscarelli se desentendió totalmente. No sería hasta 1988 que el cineasta estrenara Phantasma II: El Regreso, la secuela de su mayor éxito que a pesar del respaldo de Universal Pictures fue un fracaso de taquilla. Sólo un año después abordó Escuela de Supervivencia (Survival Quest) poco conocido thriller distribuido por Metro Goldwyn Mayer y protagonizado por Lance Henricksen, Catherine Keener y Dermot Mulroney. Después de seis años de silencio rescata su saga estrella con su tercera entrega Phantasma III: El Pasaje del Terror, con un presupuesto menor que el de su predecesora pero una respuesta favorable por parte del público, la misma que le permitiría abordar una cuarta titulada Phantasma IV: Apocalipsis con la que seguía evolucionando su creación, pero manteniendo su esencia original.
En 2002 llegaría uno de los éxitos más sonados de la última etapa de su filmografía, la alocada Buba Ho-Tep, una mezcla entre comedia y terror en la que Elvis Presley (Bruce Campbell) se une a un anciano negro que dice ser John F. Kennedy (Ossie Davis) para luchar contra un antiguo espíritu egipcio con propensión a absorber el alma de sus víctimas. Tres años después, en 2005, colaboró en la serie Masters of Horror, de la cadena de televisión por cable Showtime, con el episodio Esculturas Humanas, en el que volvería a colaborar con su actor fetiche Angus Scrimm. Su último producto detrás de las cámaras vio la luz en 2012 y se trataba de una mixtura entre comedia negra lisérgica y terror llamada John Muere al Final, que contaba en su reparto con nombres como Chase Williamson, Rob Mayes, Paul Giamatti, Clancy Brown o Doug Jones. Aunque después de esta última incursión en el mundo del largometraje Coscarelli no ha vuelto ha rodar nada como director en 2016 decidió dar carpetazo a su saga Phantasma con una quinta entrega llamada Phantasma V: Desolación en la que ejercía de productor y co guionista, pero en la que cedía la batuta de la realización a su colaborador David Hartman. Posiblemente Coscarelli nunca estará en la élite como autores de género con el nombre de John Carpenter, Tobe Hooper, Joe Dante, George A. Romero o Wes Carven, pero merece todo nuestro respeto por entregarse como un humilde artesano al terror y regalarnos en el proceso esta saga Phantasma que a continuación vamos a reseñar de principio a fin.
Phantasma (1979)
Título OriginalPhantasm(1979)
DirectorDon Coscarelli
GuiónDon Coscarelli
RepartoA. Michael Baldwin, Angus Scrimm, Bill Thornbury, Reggie Bannister, Kathy Lester, Terrie Kalbus
En el año 1979 un Don Coscarelli de 25 años consiguió sacar adelante Phantasma, su tercer trabajo como director. Se trataba de una pequeña película de terror con 300.000 dólares de presupuesto que se ocupó de dirigir, escribir, fotografíar, montar y co producir. El largometraje localizado en un pequeño pueblo de Oregon llamado Morningside sigue los pasos de Mike (A. Michael Baldwin) y Jody (Bill Thornbury) dos hermanos que acaban de perder a sus padres y que aunan fuerzas con Reggie (Reggie Bannister) un amigo y vendedor de helados local cuando descubren que hay algo peligroso detrás del misterioso sepulturero del pueblo. Este personaje se revela finalmente como el “Hombre Alto” un ser sobrenatural que roba los cadáveres de las tumbas para convertirlos en unos enanos monstruosos a los que mantiene como esclavos en otro plano dimensional y que siempre va escoltado por unas esferas plateadas voladoras que son capaces de perforar los cráneos de sus víctimas hasta vaciarles el cerebro. Aunque en un principio Jody y Reggie no creerán a Mike, él será el primero en conocer la identidad del Hombre Alto, finalmente los tres deberán enfrentarse a este para impedir que convierta Morningside en un desértico páramo de muerte y desolación. Con este planteamiento Coscarelli asentó las bases de lo que en un futuro sería la saga que le daría fama mundial y esta primera entrega, que recaudó once millones de dolares, marcaría el prematuro punto más alto de la misma y de su carrera como cineasta.
A finales de los 70 el filón del terror rural que nació con producciones como La Matanza de Texas, La Última Casa a la Izquierda o Las Colinas Tienen Ojos había sido sobreexplotado hasta lo enfermizo y posiblemente por eso una producción tan humilde como Phantasma llamó la atención, por la originalidad de su planteamiento. El tercer film de Don Coscarelli se adscribía indudablemente al terror, pero también se alimentaba de la ciencia ficción con todo lo relacionado a la naturaleza sobrenatural del Hombre Alto y sus secuaces o del drama en lo referente a la muerte de los padres de los hermanos protagonistas y que era muy bien utilizada en el guión para perfilar, sobre todo, la personalidad de Mike. Era una amalgama que tan pronto se alimentaba de Mario Bava o Dario Argento en su estética y puesta en escena como de series del tipo The Twilight Zone o The Outer Limits en su argumento y cuyos ingredientes una vez mezclados funcionaban casi al 100%.
Pero si hay algo que destacar en una producción como Phantasma es sin lugar a dudas el excelente trabajo de Don Coscarelli detrás de las cámaras impropio de un artesano con tan poco currículum como el que él tenía por aquel entonces. El estadounidense apela a un ritmo inusualmente cadencioso en el género de terror, con un in crescendo continuo de tensión en el que el montaje, los cuidados movimientos de cámara y la atmósfera sobrenatural cada vez más opresiva van tomando forma hasta que se desata el verdadero terror en la segunda mitad del largometraje. Una vez la acción se apodera de la pantalla el cineasta ejecuta no pocos pasajes memorables centrados sobre todo en las secuencias de los ataques de la esferas, las persecuciones automovilísticas, tan sencillas como bien coreografiadas, y jump scares magníficamente realizados como el de la cama de Mike en medio del cementerio o el cliffhanger final que con el paso del tiempo se convertiría en una de las señas de identidad más reconocibles de todas las entregas de la franquicia.
La primera entrega de Phantasma no sólo es la mejor de toda la saga, también supuso un espejismo que pronto desapareció ya que cuando la segunda entrega llegó años después Don Coscarelli la abordó con un tono muy diferente más inclinado por la comercialidad y el consumo rápido, pero de eso hablaremos a continuación. Con esta primera producción de 1979 nos quedan un buen puñado de escenas míticas (sólo sobra la insulsa escena de la mosca y por efecto dominó la estupidez de que cualquier parte amputada del personaje de Angus Scrimm se convierta en un monstruo) el nacimiento de un villano icónico como el Hombre Alto y los primeros pasos del personaje de Reggie, el Han Solo de la saga, que se convertiría con el paso de los años en el corazón de la creación de Don Coscarelli copando cada vez más protagonismo, y regalándonos pasajes memorables y otros que no lo serían tanto. Considerada a día de hoy una obra de culto por la que beben los vientos hasta cineastas como J.J. Abrams (su productora Bad Robot se ocupó este año de convertir a resolución 4K el film para reestrenarlo en salas y formato HD) Phantasma mantiene hoy casi toda su fuerza y merecida fama como pieza cinematográfica rompedora y genuina.
Casi diez años separaron el estreno de Phantasma con el de Phantasma II: El Regreso (Phantasm II, a secas, en su título original) y el tipo de cine que se hacía a finales de los 70 era completamente diferente al cultivado en las postrimerías de los 80 y eso se deja notar en esta primera secuela. En 1988 Don Coscarelli se asociaba con Universal Pictures para estrenar por todo lo alto la continuación de su mayor éxito hasta la fecha y para ello pusieron a su disposición tres millones de dólares y una campaña promocional a la altura para que la publicidad de la obra llegara al mayor número posible de potenciales espectadores. Pero no todo iban a ser buenas noticias para Coscarelli, como condición Universal le impuso al actor James LeGros para interpretar a un ya maduro Mike ocupando el lugar de A. Michael Baldwin el intérprete que le dio vida en la Phantasma original. La elección por parte de la productora se debió a que buscaban un intérprete “más comercial” y por aquel entonces LeGros ya se había implicado en proyectos con cierta repercusión como Los Viajeros de la Noche (Near Dark) de Kathryn Bigelow o Belleza Mortal (Fatal Beauty) de Tom Holland. Por desgracia el estreno de Phantasma II: El Regreso estuvo lejos de cumplir las expectativas depositadas en él y a partir de ese momento Don Coscarelli y su franquicia cayeron en desgracia y se vieron relegados al cine de bajo presupuesto, en ocasiones estrenando sus capítulos directamente en formato doméstico sin pasar por la pantalla grande, pero a ese volveremos más tarde.
Phantasm II comienza justo donde acababa la primera entrega y en una situación como esta Don Coscarelli se ve en la tesitura de hacer malabarismos para que no se note que el actor que interpreta a Mike no es A. Michael Baldwin sino un doble al que nunca vemos la cara. Ocho años después el muchacho abandona el hospital psiquiátrico en el que se encontraba para localizar a su amigo Reggie y junto a él buscar a una chica llamada Liz Reynolds con la que mantiene una peculiar conexión mental así como dar caza al Hombre Alto para acabar con él y de esta manera vengar la muerte de su hermano mayor, Jody. Con este contexto la secuela abandona la atmósfera cuasi onírica de la primera entrega para convertirse en una road movie que se mueve con facilidad entre y el terror y la ciencia ficción, entregándose a una comercialidad más contrastada con aroma a pulp, a film exploit y con muchos más efectos especiales que engalanan la puesta en escena de Don Coscarelli para convertirse en pura Serie B, pero con un presupuesto más holgado que el habitual en ese tipo de producciones.
Phantasma II: El Regreso es heredera del cine de terror de los años 80, de producciones como la saga Re-Animator o su hermana From Beyond y en ese sentido, como ya hemos apuntado previamente, se distancia de la primera película. Lo que en 1979 era oscuridad, misticismo y contención en 1988 es luminosidad, violencia explícita adentrándose en el gore y desenfreno, pero el producto funciona considerablemente bien a lo largo de todo el metraje. Por un lado Don Coscarelli aborda esta entrega con la firme idea de contar algo diferente pero respetando casi al 100% el microcosmos creado nueve años antes. Porque aquí están todas las señas de identidad de Phantasma como universo cinematográfico con Reggie, escopeta recortada en mano, montado en su Plymouth Barracuda y sus penosos métodos de seducción con las mujeres, un imponente Hombre Alto que con su sola presencia transmite inquietud a la platea recorriendo asépticos mausoleos, los enanos que hacen de séquito del personaje de Angus Scrimm y el mejor uso de las esferas plateadas de toda la saga con algunos momentos considerablemente brutos que se ven enriquecidos gracias al trabajo de Greg Nicotero y Robert Kurtzman con el maquillaje y que tiene su culmen en la cabeza saliendo de la espina dorsal de uno de los personajes.
A pesar de no ser un éxito y alejarse de la estética y el tono que el mismo Don Coscarelli imprimió a fuego en la Phantasma de 1979 esta segunda entrega merece la pena como proyecto y contiene los suficientes hallazgos y alicientes como para ser considerada una de las mejores muestras dentro de la franquicia. Su fracaso en taquilla sentenció de por vida a la creación del director de Buba Ho-Tep ya que Universal retiró su confianza en el producto y su autor se vio en la obligación de realizar las posteriores secuelas con presupuestos cada vez más exiguos y tomando como su hábitat natural los videoclubes. Por suerte lo que Phantasma perdió en lo monetario lo ganó en implicación y compromiso por parte de su máximo responsable para mantener viva la llamada de la cruzada de Mike y Reggie contra el Hombre Alto, pero tuvieron que pasar otros seis años para que la siguiente entrega tomara forma y con ella llegaran algunas de las carencias narrativas más notables de toda la historia de la saga que pasaremos a comentar a continuación.
Phantasman II: El Pasaje del Terror
Título OriginalPhantasm III: Lord of the Dead (1994)
DirectorDon Coscarelli
Guión Don Coscarelli
RepartoReggie Bannister, A. Michael Baldwin, Bill Thornbury, Gloria Lynne Henry, Kevin Connors
Phantasma II: El Regreso recaudó siete millones de dólares habiendo tenido un presupuesto de tres, de modo que las intenciones por parte de Don Coscarelli y Universal Pictures de relanzar la franquicia por todo lo alto con su primera secuela se vieron abortadas antes de tiempo. Seis años después, en 1994, con producción de la independiente Avco Embassy Films y distribución de Universal, llegó Phantasma III: El Pasaje del Terror (o Phantasm III: Lord of the Dead originalmente) pero por primera vez una entrega de la saga no se estrenaba en los cines debido al miedo de unos productores que no querían encontrarse con otra exigua taquilla como la que obtuvo la primera secuela. A pesar de ser una producción más humilde e independiente la tercera película del universo Phantasma contó con dos millones y medio de dólares de presupuesto, sólo medio millón menos que la segunda, y el hecho de que Universal no tuviera tan cercado a Don Coscarelli permitió a este hacer las cosas como él realmente quería. La más importante fue que recuperó a A. Michael Baldwin para dar vida a Mike, incluyendo así en Phantasma III: El Pasaje de Terror al protagonista original de la película seminal de 1979, pero también consiguió traer de nuevo a Bill Thornbury que también dio vida a Joy en aquella primera parte. De este modo Coscarelli conseguía reunir por primera vez a los cuatro protagonistas clásicos de la saga interpretados por sus actores oficiales: Reggie Bannister, Angus Scrimm, A. Michael Baldwin y Bill Thornbury, algo que se volvería la tónica habitual en el resto de secuelas.
Como dicta la tradición una entrega de Phantasma comienza donde acaba la siguiente y Phantasm III: Lord of the Dead no es una excepción a esta regla. Si en Phantasma II: El Regreso Coscarelli tuvo que cambiar a A. Michael Baldwin por James LeGros, presionado por imposiciones de Universal, para deshacer el estropicio aquí tiene que hacer lo contrario, poner al actor que dio vida al Mike original en el lugar del intérprete de Ally McBeal o el remake de Psicosis (Pyscho) y una vez más lo ejecuta de manera bastante pobre. A partir de ahí la historia narrada en esta tercera parte es la búsqueda que realiza Reggie para encontrar a Mike después de haber sido secuestrado este por el Hombre Alto, pero en el proceso se encontrará con una variopinta galería de personajes que van desde un trío de ladrones, un niño con un especial talento para causar dolor físico al prójimo y Rocky, una chica con la que aunará fuerzas tras ver como su amiga es asesinada por una de las esferas voladoras del Hombre Alto. Todos reunidos y con la presencia sobrenatural de Jody, hermano del protagonista en la primera película, se lanzarán al rescate de su amigo Mike.
Phantasma III: El Pasaje del Terror es la primera película verdaderamente irregular de la serie ya que contiene tantos aciertos como defectos, pero por desgracia estos últimos se hacen más notorios a lo largo del metraje. Es para quitarse el sombrero asistir a cómo Don Coscarelli hace todo lo posible para que no se note que cada nueva entrega de Phantasma tiene menos presupuesto ya que en esta tercera parte tenemos persecuciones bien ejecutadas, acción, gore y las secuencias de los ataques de las esferas si bien no están tan bien ejecutadas como en Phantasma II: El Regreso guardan algún momento memorable. También el guión nos descubre algunos secretos sobre el Hombre alto y la dimensión de la que procede, y que ya se vislumbraron en la cinta de 1988, como el proceso de creación del ejército de enanos o que cada vez que el Hombre Alto es asesinado otra representación física de sí mismo ocupa su lugar, excusa narrativa para volver inmortal al personaje. Otra “marca de la casa” que se usó puntualmente en Phantasma II y que aquí se explota hasta lo sonrojante es usar imágenes de las anteriores entregas a modo de flashbacks para que Coscarelli pueda rellenar minutos, recurso un tanto chusco al que dio un excelente giro en la cuarta entrega.
Pero por desgracia penosas elecciones como meter a esa insoportable mezcla entre Daniel el Travieso y el Macaulay Culkin de ¡Sólo en Casa! que es el personaje de Tim, el trío de criminales zombie que persiguen a Reggie y sus compañeros o la publicidad engañosa que supone incluir al Mike original en la cinta para que sólo salga al inicio y cierre de esta se revelan como algunos de los fallos que hacen que esta tercera entrega baje considerables puntos con respecto a las dos primeras películas. Por suerte la esencia de Phantasma sigue atesorada en Phantasma III: El Pasaje del Terror, Reggie se convierte en el protagonista, el Hombre alto sigue siendo un villano tan indescifrable como intimidante y Coscarelli hace evolucionar en cierta manera el microcosmos que creó hoy hace casi cuarenta años con la transformación de los hermanos protagonistas de la obra original en monstruosidades que poco a poco se van convirtiendo en esferas controladas por el Hombre Alto, idea que se aprovechará en la cuarta parte de la franquicia, esta última junto a la segunda la mejor de las secuelas de la ya lejana Phantasma original de 1979.
Phantasma IV: Apocalipsis
Título OriginalPhantasm IV; Oblivion (1998)
DirectorDon Coscarelli
GuiónDon Coscarelli
RepartoA. Michael Baldwin, Angus Scrimm, Reggie Bannister, Bill Thornbury
Aunque había mostrado notables señas de debilidad y desgaste Phantasma III: El Pasaje del Terror funcionó de manera excelente en formato doméstico y su humilde pero considerable éxito permitió a Don Coscarelli dejar las puertas abiertas para una cuarta entrega que esta vez no se haría esperar tanto como sus predecesoras. En esta ocasión llegado el año 1998 la ya por aquel entonces casi extinta Orion Pictures (impulsora de grandes éxitos como Amadeus, Robocop, Platoon o El Silencio de los Corderos) produjo el film y de su distribución se ocupó la Metro Goldwyn Mayer, pero el presupuesto con respecto a la tercera entrega, dos millones y medio, bajó alarmantemente hasta los 650.000 dólares que dejaban a Coscarelli y sus colaboradores en la complicada tesitura de tener que realizar esta Phamtasm IV: Oblivion con más imaginación que medios y contra todo pronóstico lo consiguieron. Con el regreso de los cuatro pilares esenciales de la franquicia como protagonistas y sus actores originales dándoles vida y esta vez con Mike cobrando el protagonismo que había perdido en la tercera entrega la penúltima secuela de Phantasma eludió todos los obstáculos que se encontró por medio del ingenio de su creador que decidió dar un considerable paso adelante en la evolución del producto y por el camino volver a las raíces del mismo para reencontrarse con sus orígenes.
Una vez más comenzamos la historia justo donde acababa la anterior, pero en esta ocasión la transformación de Mike y el influjo que el Hombre Alto tiene sobre él se convierte una de las subtramas más relevantes del producto. En el proceso Don Coscarelli toma la firme decisión de no amilanarse ante el problema que supone tener un presupuesto que a duras penas dobla el de la primera Phantasma y consigue elaborar uno de los mejores guiones de la saga jugando con la temética de los viajes temporales así como aprovechar la bochornosa inclusión de metraje de las anteriores entregas, sobre todo de la ya citada de 1979, para introducir en este contexto incluso paradojas temporales realizando una interesante relectura del génesis de la franquicia. Con no pocos paralelismo con las dos primeras entregas de Terminator el argumento de Phantasma IV: Apocalipsis narra cómo Mike consiguen viajar a finales del siglo XIX, con la guerra civil como telón de fondo, y allí conocer a Jebediah Morningiside que no es otra persona que el Hombre Alto antes de convertirse en el susodicho tras su primer viaje a la dimensión que le dio sus poderes sobrenaturales. La misión de Mike, y también la de Reggie que sigue siendo su fiel escudero, es detener a Jebediah antes de que realice la primera incursión dimensional que lo convierta en su enemigo jurado.
Pero si en el argumento Don Coscarelli quiere explorar nuevas posibilidades dentro de su creación en la puesta en escena Phantasma IV: Apocalpsis vuelve al tono mucho más contenido y onírico de la primera película, dejando de lado casi por completo la impronta más pulp de la segunda y tercera entrega. El director de Survival Quest de nuevo regresa al tempo cadencioso, a la atmósfera surrealista y deja que los grandes angulares y las tomas panorámicas dejen respirar al conjunto de la obra. Evidentemente esta decisión formal por parte del director no elude los pasajes de acción y el gore característicos del universo Phantasma (esos “peculiares pechos” de Jennifer que a un servidor le parecen fuera de lugar) así como la profusión cada vez mayor de esferas voladoras haciendo estragos entre los personajes secundarios. Pero al igual que el film 1979 esta cuarta parte se centra en los personajes y de ellos saca sus mejores momentos y situaciones como las acontecidas en el rudimentario pero efectivo clímax final. Toda una agradable sorpresa encontrar algo diferente cuando parecía que la franquicia comenzaba a dar vueltas sobre sí misma en exceso proporcionando unicamente ritmo espídico y fanservice en cantidades industriales.
Phantasma IV: Oblivion demostraba que Don Coscarelli se hacía fuerte ante la adversidad y era capaz de encarrilar su barco después de casi haber perdido el control del mismo sólo cuatro años antes. Esta cuarta entrega aunaba evolución con tradición, se revelaba como la continuación más fiel a la obra cinematográfica que lo inició todo en 1979 y suponía la muestra fehaciente de que sin hacer caso a modas o presiones externas su principal ideólogo seguía siendo fiel a sí mismo y a una saga de la que sólo él era el verdadero responsable. Por desgracia esto cambiará casi veinte años después con la quinta y última entrega, gestada durante largo tiempo y con considerables problemas que dieron al traste con lo que pudo ser y no fue, una despedida a la altura para el Hombre Alto y su trío de archienemigos. Phantasm V: Ravager llegó en 2016 y los resultados que ofreció son los peores de toda la serie de películas y afirmarlo es triste porque dentro de ella hay una excelente obra que por desgracia nunca llegó a tomar forma. De ello hablaremos a continuación en el penúltimo apartado de este especial.
Phantasma V: Desolación
Título OriginalPhantasm V; Ravager(2016)
DirectorDavid Hartman
GuiónDon Coscarelli y David Hartman
RepartoReggie Bannister, A. Michael Baldwin, Kathy Lester, Bill Thornbury, Angus Scrimm, Daniel Schweiger, Daniel Roebuck
Después de casi veinte años de espera saltaba la noticia en 2014 con un teaser trailer subido en la web oficial de la saga Phantasma. Se avecinaba una quinta entrega, de nuevo con el equipo artístico original y Don Coscarelli totalmente implicado en la creación del largometraje o eso creíamos. No fueron pocos los que recibieron con sorpresa y extrañeza la decisión del estadounidense de no ocupar la silla del director en esta quinta parte de su propia creación, de la que siempre había cuidado y sido el máximo responsable. Pero el cineasta decidió ejercer sólo de productor y co guionista cediendo la batuta de la dirección a David Hartman, realizador especializado en series de animación para la televisión que no sería sólo un mercenario al servicio del autor de Jim the World’s Greatest, ya que además de director y co guionista del film también ejerció de cámara, diseñador de los efectos especiales y montador. Hay quién dirá que el motivo por el que Coscarelli delegó tantas responsablidades en Hartman sería la amistad que los vincula, en cambio otros dirán que posiblemente lo hizo para colgarle el muerto que supone hacer una película como la que nos ocupa y ambas versiones tendrían parte de razón. Phantasma V: Desolación, que ha llegado tarde y mal a nuestras carteleras, es la pobre despedida del universo Phantasma de sus seguidores y más triste resulta decirlo si tenemos en cuenta el potencial que atesora su guión y que nunca es explotado por los motivos que mencionaremos a continuación.
Phantasma V: Ravager tiene el planteamiento argumental más rompedor y original de la franquicia. ¿Y si el Hombre Alto, las esferas voladoras, los enanos monstruo, las aventuras que vivió con Mike y Jody fueran producto de la demencia senil de Reggie que hoy en día es un hombre de setenta años ingresado en un hospital y que sólo recibe visitas de su viejo amigo para tratar de hacerlo entrar en razón?. Este punto de partida sirve a David Hartman y Don Coscarelli para continuar con la deconstrucción dimensional y temporal a la que habían dado inicio en Phantasm IV: Oblivion y que aquí se apodera de todo el metraje. El mayor acierto del guión es que detrás de otra nueva entrega de la saga en la que Reggie y Mike, a los que esta vez se unirá definitivamente Jody, habitan en futuro en el que el Hombre Alto se ha apoderado de la humanidad con unas enormes esferas que destruyen las ciudades hay un interesante juego de espejos entre raciocinio y locura sin dejarnos constatar a ciencia cierta si los hechos acontecidos en pantalla son reales o los estragos de la demencia senil en la mente de Reggie. De este modo las referencias a, una vez más, Terminator y el cine de Terry Gilliam se hacen patentes y enriquecen de manera voluntariosa el discurso de la obra.
Tenemos el guión, tenemos al protagonista (si Angus Scrimm es el icono reconocible de la serie Reggie Bannister es el alma y los autores del largometraje lo saben) y a los secundarios que nunca fueron grandes actores pero supieron entregarse a sus personajes, en resumidas cuentas, los ingredientes necesarios para que Phantasma V: Desolación sea una buena entrega dentro de la franquicia, puede que la mejor, pero contra todo pronóstico el apartado técnico es tan demencialmente malo que mata en vida a la película desde su mismo arranque. Las primeras imágenes nos lo dejan claro, nos encontramos con un producto cuya estética parece la de una tv movie de sobremesa y por mucho que David Hartman trate de disimularlo con su buen hacer con la cámara no lo consigue en casi ningún momento. Más sangrante si cabe es el caso de los efectos digitales tan brutalmente penosos que hacen que los de una película de la productora The Asylum parezcan los de Avatar en comparación, ya que una vez expuestos en pantalla sólo son un cúmulo de pixels mal compactados que sepultan toda posibilidad de que la obra pueda mostrar un acabado estilístico mínimamente decente para que la historia narrada tenga un look visual en el que sustentarse.
Aunque no se ha confirmado nada al respecto, al menos que un servidor sepa, quiero pensar que el motivo por el que el apartado técnico de Phantasma V: Desolación es tan desastroso es no sólo por los poblemas de Don Coscarelli para encontrar financiación, sino también porque es posible que tuviera constancia de los problemas de salud de Angus Scrimm, fallecido poco después del rodaje del largometraje, y se negara a esperar más para hacer una última película de su franquicia sin la indispensable presencia del actor que dio vida al Hombre Alto. Por desgracia el resultado es un guión con posibilidades y algunos momentos memorables (ese emotivo final que debería haber cerrado la película y no la concesión al fandom que es la insulsa escena post créditos) dilapidado con una realización que a duras penas puede disimular las innumerables carencias del proyecto. Una quinta entrega y última pieza para cerrar de mala manera, pero con corazón, el universo Phantasma que nos deja un sabor poco menos que agridulce por lo que pudo ser y no fue, pero que al menos nos dio un adiós a Mike, Reggie, Jody y el Hombre Alto que jamás dejarán de enfrentarse a lo largo y ancho del espacio y el tiempo en una batalla sin fin.
Valoración General
Por la originalidad que supuso su irrupción en el cine estadounidense en 1979, por regalarnos algunos personajes míticos dentro del género como el Hombre Alto o Reggie, por convertir unas esferas voladoras en parte de la cultura pop y sobre todo por la obstinación de su creador por mantenerla viva contra viento y marea y el apoyo incondicional de sus seguidores, los “Phans”, la saga Phantasma y el cineasta Don Coscarelli merecen tener su pequeña parcela dentro de la historia del cine de terror. Es posible que si las secuelas hubieran mantenido el tono del film primigenio hoy habláramos de una de las mejores franquicias dentro de su género e incluso cabe la posibilidad de que si Roger Avary hubiera podido colaborar con el mismo Coscarelli para sacar adelante su guión de aquella nunca realizada distópica cuarta entrega titulada Phantasm 1999 AD, que necesitaba once millones de dólares para salir adelante, el siglo XXI hubiese dado la bienvenida a la resurrección de este peculiar microcosmos cinematográfico. Por desgracia no fue así y la saga Phantasma se vio relegada a los videoclubs y los bajos presupuestos, pero por suerte el cariño, la dedicación y la admiración tanto de profesionales del medio que se vieron implicados en ella como de los fans que le dieron todo su apoyo a lo largo de los años la convirtieron en una pequeña pieza de culto que perdurará durante décadas.
Después de años de idas y venidas con nombres como Robert Rodríguez o Sam Mendes vinculados al proyecto sin llegar a ninguna parte finalmente fueron Seth Rogen, Evan Goldberg y Sam Catlin los que convencieron a la cadena AMC (The Walking Dead) para sacar adelanta la adaptación televisiva del mítico cómic Predicador que los británicos Garth Ennis y Steve Dillon idearon para el sello Vertigo de DC en 1995. Con Dominc Cooper como Jesse Custer, Ruth Negga en la piel de Tulip y Joseph Gilgun dando vida a Cassidy entre otros el trío de showunners se ocupó de realizar una decepcionante tanda de episodios que se revelaban como una precuela de lo que narraron los autores de Hellblazer en las viñetas y por ello alejándose considerablemente de las mismas moldeando una pieza que no funcionaba como adaptación y que lo hacía a duras penas como producto cinematográfico más allá de la buena labor de realización y al acierto de casting que supuso la, en principio, desconcertante elección del trío de actores principales. Aunque la primera temporada fue una decepción el éxito de audiencia fue sobresaliente y llegó una segunda, que según comentaron sus autores en la Comic Con de San Diego de 2016 iba a ser más fiel a los cómic, promesa que finalmente han cumplido sólo a medias como hemos podido ver una vez hemos degustado íntegramente el nuevo material de Preacher.
La segunda temporada de Preacher se divide en dos partes diferenciadas por el rol de importancia que toma la pareja de villanos que en ella conviven. La primera se centra en la figura de El Santo de los Asesinos (Graham McTavish) que ya fue presentada y desarrollada su génesis en la anterior temporada y la segunda se centra en Herr Star (Pip Torrent) miembro de la organización religiosa llamada el Grial. El arranque transmite no pocas malas vibraciones ya que los primeros episodios (sobre todo el segundo, Mumbai Sky Tower, con el regreso puntual del indigerible ángel Fiore) siguen manteniendo la dispersión narrativa, el poco aprovechamiento del potencial de los personajes y el mal uso que dan de un Santo de los Asesinos que se aleja en demasía de la sobrenatural máquina de matar que conocimos en las viñetas a manos de Garth Ennis y Steve Dillon. También es cierto que podemos encontrar algún fogonazo de inspiración (los protagonistas en la biblioteca buscando información del pistolero sobrenatural con la inclusión de ilustraciones clásicas del personaje a manos de Carlos Ezquerra, Glenn Fabry o el ya mencionado Steve Dillon) y un intento por dar cierta profundidad a los personajes principales que eclosionará más tarde, pero en líneas generales la primera mitad de la temporada no deja atrás las deficiencias que le venían heredadas de la primera tanda de episodios.
Pero en la segunda parte, concretamente en el sexto episodio titulado Pig, se establece el personaje de Herr Star como secundario fijo dentro del reparto y el programa comienza a coger vuelo gracias a la presencia de tan peculiar villano y a las semillas que los guionistas habían plantado en los primeros capítulos para dar peso al desarrollo de la personalidad de Tulip y Cassidy. El asentamiento del Grial en el núcleo argumental con personajes como el ya citado Star o los de Lara y Hoover, la intervención de estos como extremistas religiosos con la misión de asesinar a los protagonistas (el arranque del episodio Puzzle Piece con el grupo de asalto está rodado con mucha potencia) y lo inteligentemente que se usan los dilemas morales a los que se enfrentan los personajes de Ruth Negga y Joseph Gilgun (el haberse vuelto adicta al peligro tras mantener contacto físico con el Santo de los Asesinos ella y su relación con el misterioso personaje de Denis) sirven para dar empaque a media docena de episodios en los que el show va cogiendo fuerza narrativa y cohesión temática. Pero por desgracia hasta en ese periodo de bonanza creativa encontramos lastres argumentales, como toda la subtrama de Caraculo en el infierno que sólo se salva por algún recurso meritorio en la escritura y la labor de los actores a la que volveremos más tarde.
Como comentábamos al inicio de la entrada Seth Rogen, Evan Goldberg y Sam Catlin sólo han cumplido en un 50% su promesa con respecto a que esta segunda temporada iba a ser más fiel a los cómics de Vertigo. Por un lado es cierto, esta nueva tanda de episodios se alimenta más de las viñetas de Garth Ennis y Steve Dillon a la hora de abordar personajes, tramas y hasta el tono políticamente incorrecto (ese inicio del episodio Dirty Little Secret con Jesucristo de protagonista), pero todo está predispuesto de manera desordenada y caótica, sin orden ni concierto. En este sentido lo mejor que puede hacer el espectador que ha leído los cómics es algo semejante a lo que le pasó a los que habían leído a Robert Kirkman antes de ver The Walking Dead, aceptar que esto no es una adaptación de las viñetas, sino una reinterpretación de las mismas que sólo recurrirá a sus tramas y criaturas de manera tangencial. Una vez asumamos eso podremos dejarnos llevar por un producto que a marchas forzadas y con algo de retraso comienza a tomar entidad como una serie con la que realmente merece la pena perder el tiempo, lejos de llegar a ser un proyecto brillante, pero con los suficientes alicientes como para satisfacer a distinto tipo de espectadores y a lectores de la obra original con la mente abierta que no se rasguen las vestiduras por la infidelidad hacia las aventuras de Jesse Custer en papel.
Pero son los personajes y la labor de los actores que les dan vida lo que se ha revelado como el mejor aliciente de esta nueva temporada. Enorme acierto de casting haber elegido al británico Pip Torrens para dar vida a Herr Star, ofreciendo una encarnación que en ocasiones supera a la de las viñetas con pasajes memorables como el de sus adiestramiento para formar parte del Grial (lo de la distracción onanista en plena lucha es descacharrante) o las dos destacables escenas que protagoniza relacionadas con sodomizaciones. Sus miradas, tono de voz y lenguaje corporal son lo mejor del apartado artístico de esta temporada y seguro que en la próxima nos deparará más de un momento para el recuerdo. En cambio más austera es la labor de Graham McTavish como el Santo de los Asesinos, aunque cumple con profesionalidad a la hora de darle vida con fiereza y rotundidad física a su rol de villano. Ruth Negga vuelve a llenar de carisma, dureza y vulnerabilidad a Tulip, la actriz británica ha ido poco a poco moldeando su versión del personaje y ese poso de amargura en el que se adentra en esta temporada le queda genial. Algo parecido sucede con Joseph Gilgun como Cassidy, ya que su relación con el Denis de un remarcable Ronald Guttman sirve para que conozcamos una faceta diferente del vampiro irlandés y su continua lucha interna entre el raciocinio y su lado salvaje. Curiosamente el personaje principal que menos destaca esta segunda tanda de episodios es el Jesse Custer de un esforzado Dominic Cooper que aun protagonizando algunas secuencias recuperables (su pelea con los sicarios de Viktor, la batalla campal con los armenios en la clase del colegio) queda eclipsado por la labor de sus compañeros de reparto.
Pero como previamente hemos apuntado hay una subtrama en Preacher que discurre paralela a la que tiene a los tres personajes principales como núcleo central, la de Arseface (Caraculo en español) confinado en el infierno y rodeado de criminales que día tras día deben rememorar el instante más doloroso de sus vidas y donde nuestro joven amigo trabará amistad con el más inesperado de los aliados, el mismísimo Adolf Hitler. Al igual que en la primera temporada el estadounidnse Ian Colleti inyecta compasión, ternura y bondad a su personaje y una vez más se gana el corazón del respetable con su cara deformada, mirada lastimera y vocalización ininteligible. Por otro lado el británico Noah Taylor (intérprete por el que el autor de esta entrada profesa un especial cariño desde que lo descubrió en Casi Famosos y al que hemos podido ver en series como Juego de Tronos o Powers y films como Al Filo del Mañana o Tomb Raider) ofrece una divertidísima versión del “Führer” que se adentra en no pocas ocasiones en una sana incorrección política humanizándolo hasta límites en los que nos vemos obligados casi a empatizar con él, aunque finalmente siempre veamos salir a la luz su perfil cobarde, xenófobo y genocida. Su última escena en la temporada sintetiza por medio de la comedia absurda y el slpastick su rol como ser penoso y patético apuntando todo a que volverá en la próxima para saldar cuentas pendientes con su amigo Caraculo.
Después de unos primeros episodios bastante desconcertantes que debo admitir haber visto por simple inercia (estar suscrito a HBO España y tenerlos al alcance del mando a distancia ayuda bastante) la segunda temporada de Preacher consigue enderezar el barco y parecer por primera vez en su historia un producto meritorio, que sabe utilizar adecuadamente su original argumento y buscar un rumbo fijo para en el futuro ofrecer una producción de verdadera calidad dentro de su género que esperemos tome forma con la llegada a Angelville que se sugiere en el último episodio. El problema reside en que por mucho que el trabajo de Sam Catlin, Seth Rogen, Evan Goldberg y sus equipos técnico y artístico haya mejorado considerablemnte no lo ha hecho lo suficiente como para que Preacher deje de ser una serie simplemente aceptable y entretenida. En una parrilla televisiva en la que ha tenido que competir con pesos pesados como Juego de Tronos, Twin Peaks: The Return, The Handmaid’s Tale o The Leftovers la adaptación del cómic del predicador que se unió a su ex novia y a un vampiro irlandés para buscar a dios a lo largo y ancho del sur de Estados Unidos palidece irremisiblemente y tendrá que mejorar mucho en un futuro cercano para que el que esto firma no la recomiende como otra cosa que no sea un proyecto catódico para pasar el rato y con el que no pensar demasiado mientras ve sus capítulos, tan divertidos y frenéticos como intrascendentes y rápidamente olvidables.