martes, 18 de septiembre de 2012

Dredd



Título Original Dredd (2012)
Director Pete Travis
Guión Alex Garland basado en el cómic de John Wagner y Carlos Ezquerra
Actores Karl Urban, Olivia Thirlby, Lena Headey, Domhnall Gleeson, Santi Scinelli, Jason Cope, Deboa Oparei, Langley Kirkwood, Brandon Livanos, Rakie Ayola, Allen Irwin, Joe Vaz, Scott Sparrow






En el año 1977 el guionista británico John Wagner y el dibujante español Carlos Ezquerra crearon para la, recientemente editada por aquel entonces, mítica revista inglesa 2000 A.D un personaje llamado Juez Dredd que como rezaba en la publicidad de sus historias ejercía como juez, jurado y verdugo. Desde entonces las aventuras sobre este peculiar y original agente de la ley han sido cientos y sus correrías han pasado por las manos de los más grandes autores del noveno arte como Grant Morrison, Garth Ennis, Alan Grant, Brian Bolland, Alan Davis, Simon Bisley o Steve Dillon.




Juez Dredd es una distopía satírica llena de mala baba y violencia hiperbólica que nos habla de un futuro en el que el crimen lo mantiene a raya un grupo de ajusticiadores que se hacen llamar Jueces. El más duro de ellos es Joe Dredd, un agente de la ley que aplica unos métodos tan bestiales que en ocasiones son más crueles que los que llevan a cabo los mismos criminales. La intención de Wagner y Ezquerra era crear una visión irónica de los cuerpos y fuerzas del estado de Norteamérica por medio de un personaje de acciones expeditivas y en ocasiones inhumanas que lo convertían en una especie de remedio que es tan o más grave que la enfermedad, ya que en ocasiones incluso castigaba delitos cometidos por los acusados que eran nimiedades como fumar en locales indebidos o engancharse a unos dulces que producen una descontrolada adicción.





En 1995 se intentó llevar a la pantalla grande al personaje y digo se intentó porque el estropicio fue de proporciones catedralicias. El film, dirigido por el muy mediocre Danny Cannon (Aún Sé lo que Hicísteis el Último Verano), escrito por William Wisher (guionista de Terminator 1 y 2, era un valor casi seguro para una película como esta, pero por desgracia no fue el caso) y Steven E. de Souza (director de aquella obra de culto del despropósito trash llamada Street Fighter: La Última Batalla) estaba protagonizado por un penoso Sylvester Stallone al que le seguía un más que decente reparto de secundarios como Diane Lane (guapísima por aquel entonces, aún lo sigue siendo, pero no tanto), un Armand Assante pasadísimo de rosca, Max Von Sydow, Jürgen Prochnow, Joan Chen y un insufrible Rob Schneider entre otros.




Ciertamente la película tenía un diseño de producción perfecto y fiel a las viñetas y el acabado técnico permitía retratar una Mega City 1 más que digna. Pero los creadores del producto no es que pareciera que no habían leído nunca un cómic de Juez Dredd, es que daba la impresión de que sí lo habían hecho, pero para después tomar la decisión de vomitar y defecar sobre todo lo que representaba el personaje. Stallone se quitaba el casco a los 5 minutos de metraje (Joe Dredd nunca se lo quita, en los cómics lo habrá hecho contadísimas ocasiones después de 35 años de historia) no había nada de la ironía de las viñetas, ni la violencia cruenta y para colmo el reparto parecía no tomarse en serio lo que hacía y nos regalaba momentos de considerable vergüenza ajena. La cinta se queda en una entretenida gilipollez que se disfruta únicamente si se desvincula de los cómics y no se toma en serio como obra cinematográfica.




El año pasado empezaron a surgir noticias sobre la posible gestación de una nueva adaptación del personaje que sería más fiel a los cómics. Su producción sería británica, el protagonista Karl Urban (el famoso Eomer de El Señor de los Anillos) el guionista y productor Alex Garland (habitual colaborador de Danny Boyle) el director el inglés Pete Travis, realizador este de obras como la polítcamente reivindicativa Omagh o la conspiranoica En el Punto de Mira (Vantage Point). El resultado es Dredd, un excelente thriller futurista, brutal y salvajemente entretenido que es mucho más fiel a los cómics que la versión de 1995, pero que no llega a serlo al 100% por algunas carencias conceptuales con respecto a las viñetas.




En un futuro no muy lejano y tras una guerra nuclear, lo que antiguamente fue Estados Unidos ahora se erige como una enorme megalópolis con 800 millones de habitantes llamada Mega City 1. Dicha ciudad está asediada por unos desproporcionados niveles de delincuencia que sólo son mantenidos a raya por los Jueces, agentes de la ley del Departamento de Justicia que ejercen como policías, jueces, jurados y verdugos. El más famoso de ellos, Joe Dredd, tiene como misión instruir a una Juez novata, Cassandra Anderson, y ayudarla a superar su prueba de acceso al cuerpo. Pero lo que parecía una misión rutinaria en un enorme edificio llamado Peach Trees se convierte en una trampa mortal para ambos cuando Ma-ma, la mafiosa que rige las 200 plantas que le dan forma, decide eliminar a los dos agentes infiltrados en la que ella considera su casa.




Dredd es uno de los thrillers más vibrantes y endiabladamente entretenidos del año. Una muy fiel traslación del personaje original a unas imágenes regadas con hemoglobina, vísceras, brutalidad y acción con una historia tan sencilla y directa como efectiva. Con respecto a la misma parece ser que es muy similar a la de uno de los éxitos del año 2011, esa The Raid de nacionalidad indonesia que también narra el asalto a un enorme edificio por parte de un grupo de agentes de policía que debe atrapar a un capo del narcotráfico. Pero como aún no la he visto (no por falta de ganas) sólo hablo de oídas. Aunque lo importante es que el film de Travis es bastante fiel a las viñetas, eso sí, con algunas taras que comentaré más tarde.




La escenas de acción son técnicamente brutales y están excelentemente ejecutadas. Además, Travis sabe lidiar con el handicap de un presupuesto no demasiado holgado dentro de una producción más o menos grande y utiliza con pericia las numerosas escenas en cámara lenta que gracias a un apunte genial de guión están justificadas, porque en el film existe una droga de diseño llamada slo-mo que hace que los que la consumen experimenten la realidad al 1% de velocidad. Excusa narrativa aplicada a imágenes de la que se abusa considerablemente a lo largo del metraje pero que la mayoría de las veces se usa con inteligencia y sentido común, como con esas caídas al inicio y al final del film o en el tiroteo en la habitación.




La brutalidad es espídica y explícita, en la línea de la de Punisher War Zone, pero aún más estilizada. Ciertamente Travis se recrea a la hora de mostrar violencia pero no la idealiza, la muestra cruenta, descarnada y desagradable, destacando dos escenas en concreto realmente bien realizadas. Una con una garganta como protagonista y otra con una ráfaga de semiautómática apuntando a una barbilla que no nos da tiempo a digerirla cuando ya ha sido ejecutada. Esta bestial concepción de las escenas de acción son más cercanas a las que el personaje protagoniza en las viñetas que la burdamente suave que se veía en la versión de 1995 que era tan inofensiva como intrascendente.




Otro apunte inteligente es que los tres personajes sobre los que gira la trama, si bien no son un ejemplo cristalino de análisis de personalidad, sí tienen cierto trasfondo e inquietudes. Karl Urban (que no muestra el rostro en todo el metraje, como debe ser) sabe transmitir la visceralidad, estoicismo y ferreo carisma del verdadero Juez Dredd (su "I'm the law" impone, no como el de Stallone que daba risa y pena) sólo con la boca y el lenguaje corporal. Lena Headey borda a esa Ma-Ma, sádica criminal que no pierde el rostro de indiferencia ni cuando está a punto de morir. Pero la mejor es Olivia Thirlby (gran descubrimiento el suyo) que da vida a uno de los personajes más célebres del cómic, la Juez Anderson, que posee poderes psíquicos debido a que es mutante y que es el rol que soporta sobre sus hombros las dudas y contrariedades sobre si las acciones que Dredd y ella llevan a cabo son moralmente aceptables o no. Idea argumental que trae a la cabeza del espectador la trama central de la primera Tropa de Élite de Jose Padilha.




Y adentrándonos en ese terreno nos topamos con el que es para mí el único fallo del largometraje. El guión de Alex Garland adolece casi por completo (sólo las vemos muy levemente con el gag del "castigo" al mendigo que se encuentra en la puerta del edificio o por un comentario de megafonía que afirma que unas instalaciones se reabriran en media hora cuando limpien unos cadáveres hechos trizas que se encuentran en el suelo) de la sátira y la ironía de los cómics, esa que en las viñetas retrataba a Dredd como una máquina brutal y fascistoide al servicio del estado (esas águilas que luce en su uniforme fueron un añadido estético que el dibujante zaragozano Carlos Ezquerra incluyó al diseño del personaje porque hacía referencia a la parafernalia de la dictadura franquista).




El guionista y Pete Travis idealizan la figura del protagonista que a pesar de poner en uso métodos inhumanos, cuestionables y sádicos siempre nos son justificados subrayándonos continuamente los autores que situaciones extremas requieren acciones extremas y que el Juez protagonista  nunca llega a ser peor que sus enemigos y por ello estos últimos reciben su merecido. Apunte con un tono algo reaccionario que empaña (levemente) una película de la que no puedo dar más quejas, pero que me hace pensar que si este proyecto lo hubiera cogido el holandés Paul Verhoeven, con respecto a la crítica social y política que podría haber destilado el largometraje, otro gallo nos hubiera cantado.




Dredd es, si no fallan mis cálculos, la quinta adaptación de un personaje de cómic de lo que llevamos de 2012 y no es la mejor (Los Vengadores y El Caballero Oscuro: La Leyenda Renace se lo impiden) ni la peor (la decepcionante The Amazing Spiderman y la mala pero muy divertida Ghost Rider: Espíritu de Venganza no le llegan ni a la suela de los zapatos) de ellas. Pero es tanto una grata sorpresa cinematográfica como una remarcable cinta de acción que traslada a la pantalla grande con considerable fidelidad el tebeo en el que se basa y que ofrece al espectador hora y media de cine demencialmente entretenido que hace, esta vez sí, justicia (nunca mejor dicho) a uno de los personajes más icónicos, longevos, pero por desgracia desconocidos, de la historia del noveno arte.



lunes, 17 de septiembre de 2012

Join Security Area (J.S.A), algunos hombres buenos



Título Original Gongdong Gyeongbi Guyeok - Joint Security Area (J.S.A.) (2000)
Director Park Chan-wook
Guión Seong-san Jeon, Hyeon-seok Kim, Mu-yeong Lee, Park Chan-wook basado en la novela de Sang-yeon Park
Actores Lee Byung-hun, Song Kang-Ho, Lee Young-Ae, Kim Tae-Woo, Sin Ha-Gyun, Choi Sang-Woo, Kim Myeong-Su, Herbert Ulrich





Antes de darse a conocer internacionalmente y con ello conseguir el respeto de crítica y público con su famosa y alabada "trilogía de la venganza" compuesta por Sympathy For Mr Vengeance, Old Boy y Sympathy for Lady Vengeance el cineasta de origen surcoreano, Park Chan-wook, ya llevaba por aquel entonces a sus espaldas cuatro largometrajes. El cuarto de ellos es el que nos ocupa en esta ocasión, se estrenó en el año 2000 y su título es Joint Security Area (J.S.A) o Gongdong Gyeongbi Guyeok en su idioma original.




Dos soldados norcoreanos son encontrados asesinados en el Área de Seguridad Compartida militarizada que divide las dos Coreas. Todo apunta a que han sido asesinados por un soldado de Corea del Sur, lo que podría dar lugar a un nuevo conflicto entre las dos mitades del país. Allí será enviada una oficial del Departamento de Inteligencia Militar suizo cuyo origen es coreano para que investigue, desde la imparcialidad política, un extraño caso de homicidio que esconde tras de sí secretos, silencios y medias verdades que irán viendo la luz poco a poco y de manera gradual, aunque dando pie a un gran número de hechos trágicos.




Excelente película surcoreana basada en una novela del escritor Sang yeon-Park que no sólo me reconcilia con la filmografía de un señor que tras Old Boy nunca me había vuelto a convencer como cineasta, también confirma cómo en el país oriental llevan años estando a años luz del resto del globo terraqueo en lo que a realizar cine de calidad se refiere. Algo que ya se dejaba ver en obras de autores como Kim Ki-duk (Hierro 3, El Arco) Bong Joong-ho (The Host, Memories of Murder) o Kin Ji-woon (Encontré al Diablo, El Bueno, el Malo y el Raro) en las que la comunión total entre apartado técnico y artístico bordeaba en ocasiones la virtud.




Joint Security Area tiene un punto de partida muy parecido al del excelente film dirigido por Rob Reiner, escrito por Aaron Sorkin y protagonizado por Tom Cruise, Demi Moore y Jack Nicholson al que menciono en el subtítulo de la entrada. De modo que por ello también se emparenta con otras cintas posteriores como la meriotira La HIja del General de Simon West o la soberbia En el Valle de Elah de Paul Haggis. Pero lo más inteligente de la cinta de Park Chan-wook es que todo el entramado de thriller es una excusa para realizar una retrato soberbio, durísimo y deseperanzador del conflicto de Corea y la división que hay entre el norte y el sur del país por culpa de ideología política, un régimen dictatorial y colaboracionismo de corte internacional.




Pero la grandeza de (J.S.A) está en que hay una lectura más profunda aún que la política. Porque ese conflicto sirve al director como excusa narrativa, no ya para analizar la situación social de su país, sino para contarnos una historia mínima en la que se implica a cuatro personas que nos hacen ver lo la importancia de sentimientos como la amistad, la fraternidad, el compromiso o los lazos afectivos. Toda esta historia perfectamente hilada, construida, estructurada e interpretada enfatiza la absurdez e inanidad de las confrontaciones bélicas por culpa de banderas, religiones o ideologías diferentes. Llegando en su clímax final la obra a niveles de emotividad realmente remarcables que no conviene revelar aquí.




Park Chan-wook consigue momentos de un lirismo exquisito detrás de una violencia cruenta  y descarnada, transmitiendo sensaciones poderosas con escenas como una persona atrapada en un campo de minas siendo salvada por quién menos lo espera, cuatro amigos intentando hacerse una foto mientras los retratos colgados en la pared de sus dos mandatarios políticos aparecen en el encuadre estropeando un momento tan emotivo, excelente alegoría, una puerta abriéndose y dejando entrar a un alto mando militar que destruye una relación de amistad aparentemente inquebrantable, un charco de sangre bañando una chapa de identificación y una bala, dos "hermanos" renegando el uno del otro por vivir bajo el yugo de dos mundos completamente opuestos separados por una estúpida linea divisoria o una fotografía en blanco y negro contando cuatro historias en una sola imagen.




La cinta mezcla el thriller policiaco, la denuncia social y el celuloide bélico. Park Chan-wook se desenvuelve enormemente bien en todos los apartados y con la ayuda de sus tres guionistas, uno de ellos el mismo autor de la novela en la que se basa el film, diseña un guión sólido, lleno de quiebros argumentales nada tramposos y totalmente justificados. Por el camino factura una excelente dirección de actores con un reparto que, como sucede siempre con el cine oriental en general y el surcoreano en particular, se entrega físicamente hasta lo extenuante para que el matiz psicológico de sus personajes se nos exponga en pantalla con complejidad y verismo. 




A destacar la convicción, entereza y belleza Yeaong Ae-Lee, la fisicidad y dureza del siempre genial Kang-ho Song, inolvidable en The Host o Memories of Murder, el sentimiento de culpa y entrega de un Byung-hun Le, (no menos memorable en Encontré al Diablo, llevando la mayor parte del peso de la trama sobre sus espaldas y un dubitativo y psicológicamente debilitado Tae-woo Kim, el, aparentemente, eslabón débil de la cadena. Actores que bordan su trabajo ya sea en las intensas escenas de interrogatorio, en las distendidas secuencias compartidas en ese sótano en el que se realizan reuniones furtivas supuestamente inofensivas o en las de batalla dignas del mejor cine bélico.




Euskadi, Irlanda, Oriente medio, Vietnam. Mientras veía Joint Security Area (J.S.A) no dejaba de pensar en esas zonas en eterno conflicto a lo largo y ancho del planeta. En cómo amigos, padres, hijos o hermanos se declaran la guerra los unos a los otros por diferencias finalmente superficiales, anteponiendo egoístamente lo que nos separa a lo que nos une. Que todos somos personas civilizadas, y no debería existir porción de tierra, pensamiento o creencia que impidiera a cuatro amigos reunirse para beber, gastarse bromas, celebrar un cumpleaños o conmemorar estar juntos y poder compartir sus alegrías y miserias los unos con los otros.




La cuarta película como director dede Park Chan-wook debería de ser de visión obligada en institutos y universidades de todo el mundo, sobre todo en las asignaturas de Historia o Ética, por ser una oda en favor de la reconciliación, la amistad, la hermandad o la vida y un grito ahogado en contra de los sectarismos, los nacionalismos, los regímenes totalitarios y la intolerancia. Por descontado que desde aquí le doy las gracias al tipo pesado que me acosó brutalmente para que viera esta pequeña joya merecedora de ser redescubierta y puesta en el lugar de honor que merece.


El Corazón es Mentiroso, We're running to the edge of the world, running, running away




Título Original The Heart is Deceitful Above All Things (2004)
Director Asia Argento
Guión Alessandro Magania y Asia Argento basado en la novela  de J.T.LeRoy
Actores Asia Argento, Winona Ryder, Peter Fonda, Jeremy Sisto, Marilyn Manson, Jeremy Renner, Michael Pitt, Jimmy Bennet, Ben Foster, Ornella Muti, Kip Pardue, John Robinson, Cole Sprouse, Dylan Sprouse






Segunda película como directora de la intérprete italiana Asia Argento tras su fallida (aunque no del todo desdeñable) ópera prima Scarlet Diva que fue rodada en el año 2000. En esta caso la producción, con fecha de 2004, es enteramente estadounidense, está rodada en el país norteamericano y cuenta con un extenso e interesante reparto (mayormente originario de aquel país) encabezado por la misma protagonista de El Síndrome de Stendhal o El Fantasma de la Ópera (dos de los varios films en los que trabajó bajo las órdenes de su padre, el cineasta Dario Argento)




La custodia del pequeño Jeremiah vuelve a las manos de Sarah, su madre biológica, una mujer alcohólica, drogadicta y propensa a mantener relaciones con todo tipo de hombres de mala vida. El niño recorrerá la América profunda con su progenitora pasando por todo tipo de hechos traumáticos como malos tratos, abusos sexuales y penurias de distinta índole ante la permisividad de la mujer que le dio la vida que no parece hacer otra cosa que ocuparse de divertirse y vivir su existencia al límite en una continua e interminable fiesta. El pequeño Jeremiah intentará sobrevivir por todos los medios llevando este terrible estilo de vida que Sarah le ha impuesto, pero estos hechos le acabarán pasando factura.




La novela homónima en la que está basada la película tiene mucha historia detrás. En el año 1999 se editó un libro escrito por un tal JT. Leroy en la que narraba de manera autobiográfica la terrible vida que había llevado con su madre y cómo tras años de abusos por parte de los amantes de su progenitora había acabado dedicándose a la prostitución con personas de su mismo sexo. Cuando la novela se convirtió en un éxito dentro de la literatura underground estadounidense salió a la luz que la verdadera autora del relato escrito era una señora llamada Laura Albert que se lo había inventado todo engañando con ello a cientos de miles de lectores que habían caído rendidos a los pies de la triste historia de la supuesta existencia de Leroy.




The Heart is Deceitful Above All Things es una película que no me ha disgustado pero tampoco ha conseguido encandilarme, es más, me ha causado algo de indiferencia a pesar de poseer algunos conceptos interesantes, ideas bastante controvertidas valientemente abordadas y varias virtudes que la convierten en una obra nada desdeñable. Pero al terminarla no he experimentado sensaciones que me vayan, en un futuro, a traer un recuerdo sólido de su historia, imágenes o personajes, porque al igual que me pasó con Scarlet Diva, algo falla con la Asia Argento cineasta que a mí al menos no me llega a convencer del todo como guionista y directora.




Se le puede reconocer el mérito a Argento para retratar con realismo cierta sordidez tanto urbana como existencial que recuerda al cine de su amigo Abel Ferrara o al de Harnomy Korine pero con menos talento que el primero y no tantas pretensiones vacuas y burdamente polémicas que las del segundo o que dentro de la crudeza haga uso de cierta (tosca, pero efectiva) sutilidad con la que aborda pasajes que podrían haber sido brutales, como esos terribles pájaros rojos que representan los actos de pederastia, un buen acierto por su parte utilizar esa simbología. Aún así su guión no tiene la suficiente consistencia como para ser considerado una pieza narrativa elocuente. Todo el entramado es un desfile de novios de la protagonista que la conocen, pasan unos días con ella, fastidian al crío hasta lo innombrable y luego se van con viento fresco. Aunque la parte en la que Jeremiah se va a vivir con sus abuelos ultrareligosos rompe la rutina argumental del film y le da algo más de variedad al devenir de la historia.




Aunque lo que es cierto es que el trabajo se lo dan casi hecho a la directora los actores que participan en el film, tanto los jóvenes como los veteranos. Entre los amantes del personaje de Argento tenemos a Jeremy Renner (Los Vengadores, El Legado De Bourne) y Kip Pardue (Thirteen) ambos con dos escenas bastante duras relacionadas con Jeremiah, Jeremy Sisto (A Dos Metros Bajo Tierra) o Marilyn Manson (con una escena interesante por el juego de espejos que hace Argento con su propio rol y el de su hijo) que no lo hace nada mal por la parte que le toca y que se ve bastante extraño sin maquillaje. Destacable la labor también de Jimmy Bennet y los hermanos gemelos Cole y Dylan Sprouse (esos niños aterradores de Disney Channel) dando vida al pequeño protagonista en dos etapas distintas de su vida o los breves papeles, algunos casi cameos, de Ben Foster (Alpha Dog), John Robinson (Elephant) o Michael Pitt (Soñadores)




Entre los veteranos genial Peter Fonda como el padre ultrareligoso de Sarah y abuelo de Jeremiah (su escena de "castigo" a Aaron es esclarecedora para entender su "sistema de valores") Winona Ryder tiene una breve aparición con la que Argento se despacha a gusto con ciertas ramas de los servicios sociales, en cambio Ornella Mutti está como de pasada y no aporta mucho a la historia. La misma Asia Argento se guarda el rol principal y lo hace bastante bien, se nota que realizar un papel tan desagradable como contradictorio (detestable en algunos momentos, digno de misericordia en otros) tiene en ella efectos terapéuticos o de expiación de demonios internos, porque ciertamente se entrega con convicción en su trabajo.




A pesar de contener aciertos, como un retrato duro de la América de carretera o de los extremismos religiosos y de ser un inmisericorde golpe en el rostro de esas personas que jamás deberían de ser padres y que engendran a pobres criaturas que la vida se ocupa de convertir en ángeles con alas rotas The Heart is Deceitful Above All Things no me parece una obra muy destacable. Pero también es cierto que está lejos de ser esa basura que proclaman algunos, porque sólo por su valentía, banda sonora, dirección y trabajo actoral merece la pena ser vista, aunque verdaderamente la historia que narra no llegue a otro corazón, el nuestro, el del espectador, ni consiga durante el proceso de su visionado dejar una huella indeleble en él.



jueves, 13 de septiembre de 2012

Ladykillers, atraco perfecto



Título Original Ladykillers (2004)
Director Joel y Ethan Coen
Guión Joel y Ethan Coen basado en personajes de William Rose
Actores Tom Hanks, Irmpa P. Hall, J.K.Simmons, Marlon Wayans, Ryan Hurst, Tzi Ma





Remake de la cinta El Quinteto de la Muerte dirigida en 1955 por el británico Alexander MacKendrick y escrita por el norteamericano Willam Rose para la productora inglesa Ealing. La cinta está escrita y dirigida por los afamados hermanos Joel y Ethan Coen, dos de los mejores cineastas americanos de los últimos 30 años y autores de una interesantísima filmografía en la que destaca una buena manita de obras maestras, un puñado de grandes films y alguna obra de menor envergadura pero ninguna desdeñable. Ladykillers data del año 2004 y sin ser una de las piezas destacables de sus autores no deja de ser una simpática comedia negra que funciona a distintos niveles.




Un elegante y educado profesor sureño visita a una anciana viuda para alquilar una habitación en su humilde hogar. El individuo en concreto le pide a la entrañable señora si le sería posible traer a los compañeros de una banda de música renacentista para ensayar en el sótano del inmueble, petición a la que la buena mujer accede. Pero los planes del profesor y sus compinches son otros, ya que lo que realmente están ideando es atracar un casino cercano al hogar de la dama cavando un túnel mediante el cual sustraeran una gran cantidad de dinero. Pero el problema surge cuando la ancianita descubre a los criminales en pleno acto y estos deciden intentar acabar con ella para que no los delate.




Ladykillers no hace sombra a la cinta original de Alexander MacKendrick que es cinematográficamente superior a la que nos ocupa en varios aspectos, ni siquiera es una de las obras más destacadas de los hermanos Coen, pero sí es una muy divertida comedia poseedora del inconfundible sello de los autores de Fargo o El Hombre que Nunca Estuvo Allí. Un proyecto bien ejecutado y rematado que hace pasar un buen rato al espectador que asiste a un producto hilarante, consistente y francamente divertido en bastantes pasajes, sobre todo los relacionados con la puesta a punto del golpe por los esperpénticos criminales que lo quieren llevar a cabo.




Las diferencias argumentales con El Quinteto de la Muerte no son demasiadas, pero sí bastante notables. De la oscura y neblinosa Inglaterra pasamos al caluroso sur de Estados Unidos. La afable simpatía de la señora Wiberforce de la encantadora Katie Johnson deja paso al fuerte carácter y la ferrea religiosidad de la señora Munson de una inspiradísima Irma P. Hall y el camión blindado que transportaba el dinero al banco en la cinta de MacKendrick es sustituido por un casino móvil en el que trabaja el personaje de Marlon Wayans, que ejerce como el topo del grupo de cacos dentro del local.




En Ladykillers funciona muy bien el humor, hay gags deudores de la comedia americana de los 40 (sobre todo se puede ver en las conversaciones del profesor G.H. Dorr y la señora Munson, que son remarcables) y hasta del slapstick más clásico. Los personajes secundarios tienen más peso en la trama que los de El Quinteto de la Muerte, pero en cambio (y a diferencia de aquella) se adentran con más simplismo en los estereotipos adscritos al género de la comedia. Pero por suerte los actores hacen en general un muy buen trabajo, destacando un J.K Simmons tronchante (aunque el toque escatológico de lo S.C.I sobra y entronca con el resto de la comcidad del film, menos gruesa) y el chino Tzi Ma como el General con su obsesión por fumar, su monosilábica personalidad y sus carreras detrás del gato de la señora Munson. Esta última bordada por una Irma P. Hall tan temible como simpática con su devoción religiosa y sus sopapos demoledores, dándole la réplica magníficamente al rol de Tom Hanks.




En el lado negativo tenemos a Marlon Wayans. El protagonista de Scary Movie está como casi siempre pasadísimo de rosca y sobreactuado, es más, los momentos en los que sale en pantalla siendo el centro de algún gag cómico es como si Ladykillers se convirtiera por unos segundos en una de las comedias chuscas que este actor realiza con sus hermanos (el pasaje del cojín y la madre sobra considerablemente). Una pena que los Coen no sacaran lo mejor de él como sí lo consiguio Darren Aronofsky cuando lo ató en corto para que interpretara a su memorable Tyrone en la impagable Réquiem Por Un Sueño. Lo que respecta a Ryan Hurst (nadie diría que este es el mismo actor que interpreta el gran Opie Winston en Hijos de la Anarquía) también es erroneo, pero por no dar más cancha al intérprete y exponerlo en pantalla demasiado estúpido, más de lo requerido.




Pero el que me ha sorprendido para bien es Tom Hanks. No es ningún misterio que domina la comedia ya que empezó su carrera interpretativa en ese género con pequeñas obras de culto como Esta Casa es Una Ruina (The Money Pit) o Big, pero llevaba muchos años haciendo papeles dramáticos bastante memorables (Philadelphia, Forrest Gump o Camino a la Perdición) y eso podía dar pie a que nos olvidáramos de su considerable vis cómica. Su mayor acierto es no imitar la muy superior e inolvidable caracterización de Alec Guinness (según el protagonista de Salvar el Soldado Ryan ni siquiera había visto la película original de MacKendrick cuando lo entrevistaban con respecto a su rol en la cinta que nos ocupa, a saber si es cierta tal afirmación) y a partir de ahí crear su propio personaje al que enriquece con detalles como su estúpida risa, cómo se limpia la boca con el pañuelo de tela o su pomposa verborrea que tiene su culmen cuando recita poemas del escritor Edgar Allan Poe.




Destacable la dirección de los Coen, como siempre. Planos elaborados, tono clasicista en las escenas que tienen lugar en exteriores o la casa de la señora Munson y un matiz más alocado y casi cartoon con la subtrama que tiene lugar en el sótano que es donde se cuece todo el devenir importante del argumento. Además, de los Coen llama mucho la atención que son dos cineastas que saben utilizar con sutilidad y mucha pericia los efectos digitales, es más, en Ladykillers hay más uso de CGI de lo que pareciera en un principio, pero los autores de Barton Fink saben dosificarlos debidamente para que sean casi imperceptibles. También estamos hablando de posiblemente dos de los mejores guionistas del cine actual, pero como aquí partían de un excelente material ajeno no tiene demasiado mérito el trabajo de escritura de la obra, de modo que no es de recibo destacarlo de manera considerable aunque hayan añadido distintos tipos de gags que unas veces funcionan y otros no.




Una cinta entretenida, que no trata de superar a la pieza en la que se inspira porque los mismos Coen sabían que esa era una empresa perdida desde el principio, pero que desde mi punto de vista no la desmerece en absoluto. Tiene, en general, buenos actores y personajes, está competentemente rodada (qué poético ese final en el puente, qué importancia formal cobra ese ferry lleno de inmundicia) y no tiene más pretensiones que la de entretener al espectador. Por el camino vemos un cálido y cariñoso homenaje al film de Alexander MacKendrick, humer negro, toques autoreferenciales a otras obras de los mismos Coen (y hasta algún guiño a Sam Raimi, amigo íntimo de los hermanos) y casi dos horas de humor para echar un buen rato de risas.



miércoles, 12 de septiembre de 2012

El Quinteto de la Muerte, symphony of destruction



Título Original The Ladykillers (1955)
Director Alexander MacKendrick
Guión William Rose
Actores Alec Guinness, Katie Johnson, Herbert Lom, Peter Sellers, Danny Green, Cecil Parker, Jack Warner





The Ladykillers supuso en 1955, el año de su estreno, por un lado la última obra cinematográfica de los estudios británicos Ealing dentro del humor con el director Alexander MacKendrick, productora que se especializó durante la primera mitad de siglo XX en el género de la comedia, y por otro la quinta colaboración del autor con esta casa que lanzó a la fama a a cineastas como Robert Hamer o Heinry Corneillus. La cinta que nos ocupa por desgracia no es una pieza muy conocida a nivel internacional, pero puede considerarse sin lugar a dudas como un clásico con todas las letras del celuloido inglés del siglo pasado.




Cinco caballeros que dicen formar parte de una banda de música clásica deciden hospedarse como inquilinos en la casa de una afable y entrañable ancianita, la señora Wilberforce, que los recibe con los brazos abiertos en su humilde hogar colmándolos de atenciones, pero también entrometiéndose demasiado en las actividades del grupo de amigos. Pero estos hombres comandados por el profesor Marcus en realidad son unos atracadores que están urdiendo un golpe a un importante cargamento de dinero originario de un banco de la localidad. Lo que los criminales no saben es que el mayor impedimento para salirse con la suya será la dulce y encantadora señora Wilberforce.




Al igual que muchas grandes comedias clásicas (me vienen a la cabeza varias del maestro Billy Wilder) El Quinteto de la Muerte ese ese tipo de largometraje que sin incitar regularmente a la carcajada del espectador, siempre apela a mantener permanentemente la sonrisa del mismo debido a la gran cantidad de ideas cómicas que atesora su metraje. Llama la atención que en la Inglaterra de 1955 se llevara a cabo una obra de humor tan negrísimo como la que nos ocupa, ya que el magnífico guión del estadounidense Willam Rose no escatima conceptos de considerable mala idea a la hora de abordar ciertos conceptos argumentales políticamente incorrectos para aquella época.




Una película como Ladykillers se forja por medio de sus personajes y todos y cada uno de ellos tienen su encanto a pesar de no dejar de ser arquetipos clásicos tanto de la comedia como del cine de criminales. La palma se la lleva un macabro e irreconocible profesor Marcus al que da vida Alec Guinnes. El Obi-Wan Kenobi de Star Wars con su mirada viperina, pelo rebelde, bufanda interminable y dentadura prominente ofrece un trabajo sencillamente memorable que eclipsa al resto de personajes, que ojo, no lo hacen mal en ninguno de los casos. Porque sería injusto no destacar a un Peter Sellers que aún encontrándose en segundo plano está brillante como Mr Bronson, un Herbert Lom con un porte de mafioso imponente dando cuerpo y voz a Louis Harvey, o unos Danny Green y Cecil Parker inolvidables como el después de todo bonachón Mr Lawson y el dubitativo Mayor Courtney respectivamente.




Pero el personaje clave es ese MacGuffin con pequeñas piernas, sombrerito de flores, mejillas sonrosadas y buenos modales que interpreta soberanamente bien la dulce Katie Johnson, Esa mujer que transmite contrarias sensaciones a un espectador que no sabe si desear que delate a los criminales que no sólo han robado el banco sino que quieren eliminarla a ella para que no los delate o que Marcus y sus compinches la quiten de en medio lo antes posible porque su bondad, de tan omnipresente que es, llega a mostrarse irritante Llegando a su culmen en la reunión con su club de amigas que aparece en la casa en el peor momento fastidiando considerablemente a la banda de ladrones y potenciales homicidas.




La dirección de Alexander MacKendrick es sólida y fluida. Utiliza bien los encuadres, aprovecha la profundiad de campo y los decorados (esa casa retorcida que parece salida del surrealismo alemán de Robert Weine o de un cuadro de Salvador Dalí y que sirve como perfecta metáfora de los problemas que suscitará para los protagonistas el mismo inmueble). Con los actores ciertamente no tiene mucho que hacer, porque son profesionales hechos a sí mismos que demuestran sus tablas con cada palabra o gesto. También controla el cineasta con pericia los gags cómicos como el de el rescate del pajarito encima del armario, la funda del chelo abriéndose en el peor momento o ese clímax final lleno de malentendidos y mala baba que culmina con un atípico happy end que sin lugar a dudas se gana la complicidad del espectador.




El Quinteto de la Muerte es una recomendabílísima comedia negra altamente recuperable y una muestra esclarecedora del talento del director de Chantaje en Broadway (Sweet Smell of Succes). Al igual que cintas como Sleepy Hollow, La Mujer de Negro o L.A Confidential consigue crear una atmósfera y un tono (esa pequeña casa cerca de la vía de tren que supuestamente simboliza con su tamaño la "vulnerabilidad" de su dueña)  que me hace sentirme realmente cómodo viéndola consiguiendo integrarme al 100% con la historia que se me está narrando por medio de la pantalla..




Posiblemente en la próxima entrada comentaré el remake que en el año 2004 realizaron los hermanos Coen, titulado en España. esta vez sí, Ladykillers, con Tom Hanks encabezando un reparto que tiene como secundarios a J.K. Simmons, Marlon Wayans, Ryan Hurst e Irma P. Hall entre otros. De esta revisión no hablaron demasiado bien, es más, fue gestada en una época de bajón dentro de la filmografía de lo autores de Fargo o Barton Fink. Pero aún así me llama lo suficiente la atención (en su momento la compré a ciegas a muy buen precio porque adoro a los Coen y aspiro a tener toda su filmografía original) como para verla y comentarla aquí a la mayor brevedad posible.