miércoles, 11 de agosto de 2010

Los Crímenes del Dr. Mabuse, el testamento del Sr. Lang



Título Original: Die 1000 Augen des Dr. Mabuse (1960)
Director: Fritz Lang
Guión: Heinz Oskar Wuttig & Fritz Lang
Actores: Dawn Addams, Peter Van Eyck, Gert Fröbe, Wolfgang Preiss, Werner Peters, Andrea Checchi, Reinhard Kolldehoff, Howard Vernon





Los Crímenes del Dr. Mabuse es una obra importante por varios motivos. Los más destacables son que suspuso la tercera entrega que el director alemán dedicó a la persona del diabólico doctor y sobre todo que fue su testamento como cineasta. La última obra de un genio al que le debemos mucho con respecto a la posterior evolución del lenguaje cinematográfico a nivel mundial. Desde el cine mudo a la obra que nos ocupa, el autor de Metropolis creó films que fueron estandartes dentro del mejor cine jamás rodado.




Por desgracia debo hablar con cierta desazón de esta Die 1000 Augen des Dr. Mabuse, porque ha supuesto para mí la entrega más floja de la trilogía y con diferencia la menos conseguida. Eso sí, hablar de que un film de Lang no está todo lo logrado que debiera lo deja en la posición de que es un ejemplar thriller sobre conspiraciones con momentos brillantes y una trama tan sólida como frenética. El problema no es que los fallos del film (yo diría que apenas tiene) sopesen su realización, es que la alargada sombra de las otras dos entregas, sobre todo de la segunda, la inmensa El Testamento del Dr. Mabuse, sobrevuela todo el metraje de esta última secuela.




Hay un cambio drástico en esta entrega con respecto a la anterior y es la presencia del mismo Dr Mabuse, aunque en cierto modo es comprensible. Entre una entrega y otra no sólo pasaron casi 30 años, sino también toda la etapa americana de Lang, de la que aún quedan bastantes señas de identidad en la cinta que nos ocupa. El caso es que a pesar de tener forma física el Dr Mabuse de Das Testament des Dr. Mabuse era más una manifestación vírica y elegiaca del caos y la destrucción que un personaje en sí, era un alegoría viviente.




En cambio el Dr Mabuse de Los Crímenes del Dr. Mabuse, es demasiado físico, es una presencia amenazante y en cierta manera omnipresente, pero no tan mórbida y peligrosa, además, por mucho que con acierto Lang quiera ocultar su identidad, desde el primer momento el espectador avispado sabe detrás de quién se oculta el personaje. En cambio me parece un acierto esa orweilización de las técnicas del ínclito doctor y sus secuaces, con ese continuo uso vouyerísta de las tecnologías que transmite la sensación de una sociedad totalitaria con la presencia de esa especie de Gran Hermano que todo lo vigila.




Hay grandes momentos por parte de Lang perfectamente ejecutados y que recuerdan a las anteriores entregas. Como la primera conversación privada entre Taylor y Cornelius, la sesión de espiritismo, los excelentes giros de guión hacia el final del metraje, la escena del atentado con el teléfono, el tiroteo o la persecución final. La mirada del autor de Furia hacia la sociedad alemana es nihilista y misántropa pero no tan crítica y ácida como quieren hacer creer algunos, eso ya lo hizo de manera soberbia con El Testamenteo del Dr. Mabuse y sobre todo con la que para mí sigue siendo su obra magna (más que Metropolis incluso, que es una pieza clave en la evolución del séptimo arte), M, el Vampiro de Düsseldorf.




Como definitiva entrega de la saga es un producto competente, la última muestra de un autor que conocía como pocos el lenguaje cinematográfico. Ahora, como su testamento autoral desde mi punto de vista deja que desear. Ya que un señor que creó obras como Las Tres Luces (gracias a esta película mi director favorito de todos los tiempos decidió dedicarse al cine, pero de eso hablaré en otro momento) o Perversidad, merecía despedirse de un medio que le debía tanto con una obra más en concordancia con sus dotes como cineasta. Aunque el hecho de elegir al personaje del Dr. Mabuse supuso en cierta manera una vuelta a las raíces, como un intento por cerrar un círculo profesional y eso lo ennoblece en más sentidos de los que puedo expresar.


martes, 10 de agosto de 2010

Pesadilla en Elm Street, el Origen, el germen del hijo de cien maniacos



Título Original: A Nightmare on Elm Street (2010)
Director: Samuel Bayer
Guión: Eric Heisserer y Wesley Strick, basado en los personajes de Wes Craven
Actores: Jackie Earle Haley, Kyle Gallner, Rooney Mara, Katie Cassidy , Thomas Dekker, Kellan Lutz, Clancy Brown, Connie Britton, Lia D. Mortensen





Enésimo remake de una cinta de culto dentro del género de terror, de nuevo con Michael Bay de productor que en esta faceta siempre suele darnos una de cal (La Matanza de Texas 2004) y otra de arena (Viernes 13). Esta vez le ha tocado a la cinta de culto de los 80 escrita y dirigida por Wes Craven y protagonizada por Robert Englund, excelente y original producto que conoció una infinidad de secuelas en las que el humor macabro iba sustituyendo gradualmente al terror llegando en las últimas entregas a la autoparodia pura y dura.




Yo no sé que esperaba la gente de este remake, ya que cumple con nota su misión, actualizar el primer film de la saga y dar un origen sólido a la génesis del personaje. Algo parecido lo que hiciera Rob Zombie en su excelente Halloween, el Origen. Pesadilla en Elm Street versión 2010 esta dirigida por Samuel Bayer, realizador surgido del mundo del videoclip, y esto por mucho que algunos se empeñen no es un handycap, donde dirigió obras (algunas excelentes, de las mejores del medio) para gente como Iron Maiden, Metallica o Marilyn Manson.




Bayer respeta escrupulosamente la esencia del film homónimo de Wes Craven y si bien es cierto que algunas escenas (eso sí, muy contadas) las calca, es lo suficientemente inteligente como para a parte de insuflar un muy logrado look visual, no dejarse llevar por el efectismo, los sustos de baratillo y dar su propia visión del nacimiento del personaje, aunque eso es más achacable al guión de Heisserer y Strick. Lo más gracioso es que mucha gente echa en cara que esta nueva versión no muestra el sentido del humor tan negro que destilaba el Freddy original. Todo fan de la saga sabe y recuerda que el tono de comicidad macabra del amigo Krueger vino con las secuelas. En la primera parte había poco lugar a la payasada, que sí imperaría en las siguientes entregas, y este es un remake del primer film, de modo que en ese sentido no hay fallo alguno.




El mayor acierto y paradojicamente el fallo más destacable del remake que nos ocupa es la confirmación de lo que todos sabíamos pero nadie aseguraba, que Freddy Krueger era un pedófilo. Es una acierto porque tal hecho da un mínimo poso de seriedad y hondura al producto y a la personalidad del protagonista (además, todo lo relacionado con los abusos está llevado son sutileza y elegancia) y es también un fallo garrafal porque la confirmación del tal delito justifica de manera reaccionaria el linchamiento por parte de los padres hacia el protagonista. En ese sentido la estructura me recuerda a Escalofrío, el debut del actor Bill Paxton en la dirección, que por culpa de su final perdía todo el inquietante retrato que hasta ese momento realizaba del sur de Estados Unidos y su fanatismo religioso.




Jack Earle Haley, ese hombre (pobre tipo, siempre hace de pedófilo o persona que se relaciona con ellos). ¿Es el Rorschach del Watchmen de Zack Snyder mejor Freddy Krueger que Robert Englund? no, por supuesto que no. Pero sí es, no sólo un dignísimo heredero del protagonista de Trampa Mortal como el asesino de las cuchillas, sino también unas 500 veces mejor actor que él y no digo esto por el papel que hace aquí, que de todas formas está muy bien realizado, gracias al buen uso que hace de la modulación de la voz, el lenguaje corporal y ese incesante e irritante movimiento que hace con los dedos del clásico guante de metal.




Sin ser un film destacable, Pesadilla en Elm Street es un producto de consumo bienintencionado que da al espectador lo que busca, macabro entreteniento para pasar hora y media entretenida. Si alguien busca algo más no lo encontrará, pero el hecho de que tenga mucho más nivel que cualquiera de las secuelas de la saga original, que Bayer mejore el final de la cinta primigenia (la escena con la muñeca hinchable produce verdaderas carcajadas y a día de hoy su visión ensucia un film casi impoluto) y que intenten dar algo de seriedad al proyecto hacen que valga la pena su visionado. ¿Es necesaria su existencia como producto cinematográfico? no, pero como nos lo tenemos que comer igualmente (en el sentido de que existe, no en el de que haya que verla por cojones), al menos está bien cocinado, sin llegar a ser un bocatto di cardinale, ni mucho menos.


lunes, 9 de agosto de 2010

Impacto, el sonido de la muerte



Título Original: Blow Out (1981)
Director: Brian De Palma
Guión: Brian De Palma
Actores: John Travolta, Nancy Allen, John Lithgow, Dennis Franz, Peter Boyden, Curt May, Roger Wilson, John Aquino


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El cine necesita a directores como Brian De Palma. Autores arriesgados, que aman el acto de crear imágenes en movimiento, que pueden llegar a bordear el ridículo con tal de llegar a un punto concreto cinematográficamente hablando. Genios que pueden tocar lo mas alto o regalarnos bazofias que nos hacen revolvernos en la butaca, pero que siempre captan nuestra atención y nos hacen pasar un buen rato delante de una pantalla. Impacto por suerte no pertenece a las obras desechables de De Palma




En los primeros 5 minutos De Palma utiliza el metalenguaje y los juegos de espejos. Nos introduce en una trama de cine dentro del cine y encima hace mofa no sólo con el tipo de películas que vinieron tras esa genialidad titulada La Noche de Halloween de John Carpenter (posiblemente incluyendo esta) sino también con la constante crítica que siempre se le ha hecho por parte de un gran sector de la prensa especializada de ser un director que recurre con bastante incidencia al cine del inglés Alfred Hitchcock para construir sus propios productos cinematográficos.




Tras este simpático y original epílogo, al introducirnos en la trama podemos ver claramente que esta Impacto es sin lugar a dudas una versión por parte de De Palma de aquella obra técnicamente perfecta, pero argumentalmente gélida llamada Blow Up, dirigida por el italiano Michelangelo Antonioni en 1968. Hay muchos puntos en común entre los dos films, desde los títulos (Blow Up, Blow Out), pasando por sus protagonistas (aunque uno se dedica a la fotografía y el otro a los efectos de sonido dentro del cine), hasta su argumento, salvando la diferencia de que la cinta que nos ocupa es mucho más sensacionalista y hollywoodiense que la protagonizada por David Hemmings y Vanessa Redgrave, por decirlo de otra manera, es más de género.




Brian de Palma es de esos directores que hace CINE en mayúsculas. El de New Jersey no busca el realismo, su concepción del lenguaje cinematográfico es pura. De Palma no es de esos directores que quiere que la cámara desaparezca, su intención es que la misma se perciba, por eso hace un uso espectacular de planos secuencia, tomas cenitales, split screen y en esta cinta en concreto, recurre en numerosas ocasiones a los planos realizados con lentes de aproximación dividida, que dan un toque minimalista a la historia. El apartado del sonido, clave en la trama, también está utilizado con maestría por parte de De Palma, todo con un detallismo enfermizo que ayuda a enfatizar la intriga que destila el producto.




Paradójicamente, Blow Out es la película más importante de la carrera de John Travolta, porque supuso la primera oportunidad del actor para demostrar que a parte de cantar o bailar sabía interpretar, y porque al ser la película favorita de Quentin Tarantino a este le sirvió para convencerse de que no había mejor actor para interpretar a su Vincent Vega en Pulp Fiction, cinta que supuso la resurrección profesional del protagonista de Fiebre del Sábado Noche y que continúa a día de hoy, aunque con cierta irregularidad y algún truño importante en su haber.




Un excelente y muy logrado thriller poco conocido de De Palma, que le debe mucho a obras como La Conversación o subgéneros como el giallo italiano, pero que cobra entidad propia gracias a su autor, que esta vez está hasta muy resuelto escribiendo él mismo el guión de su obra. Conspiraciones gubernamentales, magnicidios, prostitución, traiciones y cine, mucho cine, con un tempo narrativo muy cuidado, un reparto convincente y una dirección de acero. Cine comercial del que ya no se ve ni se volverá a ver, al menos si siguen las cosas como hasta ahora.



domingo, 8 de agosto de 2010

Origen



Título Original: Inception (2010)
Director: Christopher Nolan
Guión: Christopher Nolan
Actores: Leonardo DiCaprio, Ken Watanabe, Joseph Gordon-Levitt, Marion Cotillard, Ellen Page, Tom Hardy, Cillian Murphy, Tom Berenger, Michael Caine, Dileep Rao


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Hay veces que uno pierde la esperanza. Que pasan los años y sigue acercándose casi semanalmente al cine a experimentar siempre lo mismo. Cine clónico, vacuo, mil veces visto y cansa tener que escribir siempre aquello de, "eso sí, la película entretiene mucho" (y este año lo he puesto en muchos de los comentarios de este blog) cuando en mi fuero interno, mi subconsciente que viene muy al caso, lo que en verdad quiero es ver buen cine, algo en cierta manera novedoso, incluso lacerante. Por suerte ahí fuera hay un señor británico llamado Christopher Nolan que tiene muchas virtudes, pero la mayor de ellas es que está convencido de que el espectador no es gilipollas y que sabe pensar.




Inception es la quintaesencia del cine inteligente. Christopher Nolan ofrece una propuesta compleja, que no complicada, para el espectador no acomodaticio. El director de Memento se sirve de literatos como Philip K. Dick o William Gibson para construir su relato. Un laberinto argumental milimétricamente calculado con sus propias reglas y leyes (como hiciera de una manera parecida, pero no tan acertada Juan Carlos Fresnadillo en su excelente ópera prima, Intacto). Un producto desafiante del que tenemos que ser cómplices desde el primer minuto y que consigue no sólo entretener al espectador, sino hacerlo estar verdaderamente atento a lo que visiona.




Pero lo mejor es que Nolan consigue hallazgos que superan todo lo esperable. Por poner un ejemplo, la excusa argumental de los distintos niveles oníricos le permite al director cambiar continuamente de escenario e incluso estilo, experimentando con distintos tipos de subgéneros dentro del thriller, como el cine negro, el de conspiraciones gubernamentales o incluso la vertiente noir francesa del polar. Pero un paso más allá, el británico consigue algo inusual con la forma y el fondo, no la armonía entre los dos conceptos, sino la fusión total entre ellos.




Ya que todos los términos que se nos presentan al principio en el plano real tales como proyecciones, patadas, antigravedad, paradojas, distintos niveles de sueño, totems, arquitectos, le sirven al director de El Caballaro Oscuro para posteriormente en el plano onírico desplegar unos trucos visuales y un look decidiamente rompedor que se ensambla perfectamente con la historia que relata, perfección pura en lo que a la concepción narrativa se refiere.




Incluso en una asignatura pendiente como la de perfilar buenos roles femeninos (que en el resto de sus películas siempre han sido floreros sin apenas personalidad o como mucho catalizadores dramáticos para desarrollar los roles masculinos) y sus relaciones con los protagonistas Nolan aprueba con nota. Ya que toda la subtrama de Dicaprio con Cotillard es creíble, tiene un nivel considerable de hondura y en su recta final llega incluso a emocionar en cierta manera, esto último otro mérito por parte de Nolan, que al igual que Kubrick (salvando las distancias... aunque no tanto) es un director profundamente cerebral que extraña vez hace concesión a las emociones.




Es pronto para aventurar si será la nueva Blade Runner o una obra maestra. Eso sí, en lo que muchos se equivocan es en lo de que es una copia de Matrix (en todo caso tiene más ideas en común con Días Extraños de Katherine Bigelow) como dicen algunos. No sólo porque la misma cinta de los Wachovski ya bebía de millones de referencias cinematográficas previas, sino que a diferencia de la obra que nos ocupa, las reflexiones metafísicas y filosóficas de la cinta protagonizada por Keanu Reeves eran un pastiche que mezclaba referencias a Platón con cyberpunk y teología de andar por casa sin vergüenza alguna y ojo, me parece una cinta genial y muy referencial, pero a años luz de la de Nolan.




Origen es la muestra de que aún se puede ser original en el cine, que el espectador puede ir a ver excelentes películas en pantalla grande porque aún hay directores que apelan a su inteligencia. Algo de esperanza queda con respecto a ello, ya que aún no se me olvidan las risas entre nerviosas e indignadas tras ese último y ambiguo plano final (síntoma de que la platea entendió el film) por parte de Christopher Nolan, le pese quién le pese, ya una de las grandes voces autorales dentro del mejor séptimo arte contemporáneo.



miércoles, 4 de agosto de 2010

El Equipo A, si tiene usted algún problema y se los encuentra, quizá pueda contratarlos



Título Original: The A-Team (2010)
Director: Joe Carnahan
Guión: Michael Brandt, Derek Haas, Skip Woods basado en los personajes de Stephen J. Cannel y Frank Lupo
Actores: Liam Neeson, Bradley Cooper, Quinton "Rampage" Jackson, Sharlto Copley, Jessica Biel, Patrick Wilson, Gerald McRaney, Henry Czerny, Yul Vazquez, Brian Bloom


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Aquellos que recordamos con nostalgia aquella serie cutre, repetitiva, frenética y después de todo decididamente naïf, llamada El Equipo A (The A-Team) estamos de enhorabuena este 2010, o quizas no, según quién lo diga. Joe Carnahan, aquel señor que con la ayuda de Tom Cruise se puso en circulación con Narc, se ha ocupado de dirigir este eternamente pospuesto proyecto para llevar a los personajes creados por Stephen J. Cannel y Frank Lupo a la pantalla grande, después de haberse rumoreado la presencia en el casting de gente como John Travolta, Richarde Gere o Mel Gibson.




Esta El Equipo A es una versión hiperbólica de la serie original. Un producto creado bajo los cánones más estrictos del Hollywood comercial actual, lo que nos es bueno ni malo, es lo lógico. La cinta entretiene indudablemente, tiene el detalle de recuperar algunas características del serial en el que se basa. Las simpáticas rencillas entre Murdock y M.A, el miedo a volar de este último, el aire de canalla de Phoenix (Face Man en la serie original) el liderazgo de Hannibal. Pero a todo eso se le añade una ingente cantidad de acción, explosiones tiros y humor unas veces efectivo y otras no, todo más exagerado que en la serie.




Con respecto a los actores no es conveniente exigir mucho, ya que exceptuando a George Peppard de la serie original, ninguno era muy destacable como intérprete, no así carismáticos que lo eran un rato todos ellos. De los nuevos protagonistas todos dan el pego y tratan de que sus correspondientes trabajos no traicionen la esencia de los del programa televisivo de la NBC. Neeson y Jackson (este último con la difícil tarea de aguantar las comparaciones más crudas) lo hacen bastante bien, aunque sin hacerlo mal, Sharlto Copley no me llega demasiado como Murdock y Bradley Cooper da vida a un Phoenix demasiado alejado de la limpia elegancia del gran Dirk Benedict. Jessica Biel, mucho cuerpo y belleza, pero poca actriz y Patrick Wilson inusualmente gracioso como villano, con unos diálogos muy decentes




Joe Carnahan pone su oficio al servicio de la espectacularidad vacua, y curiosamente trabaja mejor con las escenas de acción más sencillas, dentro de lo que cabe, como la del rascacielos, que con las muy aparatosas, como la que cierra el film. El buen hombre nos reserva alguna escena memorable, como la del fotomatón, la tarantiniana de la ejecución en el coche de los malotes, ecos de La Roca (Michael Bay creando escuela, el apocalipsis está cerca, es indudable), de las cintas de Los Ángeles de Charlie, (vamos, la escena del tanque parece haber salido de alguna de las dos cintas dirigidas por McG, no hay quién lo niegue) y de la magnífica Sopeschosos Habituales en la recta final del producto y como no, destacar el buen uso de un montaje paralelo entre las escenas de la construcción de los planes por parte del grupo y las de acción, utilizado con acierto a lo largo del film




Un producto entrañable señores. Una cinta de acción que homenajea más que emula a la serie original. Sí, aquí muere gente y las balas impactan en la gente, son otros tiempos, todo es menos sincero, pero sólo por ver como se conocieron los componentes del grupo y contemplar como fue aquel "delito que no cometieron" el asunto merece la pena. De todas formas aquellos a los que no les guste el producto pueden quedarse sólo con la serie original.




Aquel producto que nos hizo preguntarnos cosas tales como que el ejército nunca conseguía dar con ellos pero los ciudadanos de a pie los contrataban con una facilidad pasmosa o que nos confirmó cosas como que Boy George era un tío cool en los 80, que Ana Obregón puso una pica en Hollywood, que Mr T demostró en El Juego de la Oca que no tenía ni puta idea de trabajos de de mecánica (¡esas habilidosas manos nunca fueron de ellos, todos lo sabíamos!) o que un coche dando dos vueltas de campana no tiene porque suponer la muerte inmediata de sus conductores.



jueves, 29 de julio de 2010

Veronika Decide Morir, terapia de choque



Título Original:
Veronika Decides to Die (2009)
Director: Emily Young
Guión: Larry Gross y Roberta Hanley
Actores: Sarah Michelle Gellar, David Thewlis, Erika Christensen, Jonathan Tucker, Melissa Leo, Erica Gimpel, Florencia Lozano, Victor Slezak, Barbara Sukowa, Rena Owen


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Debido a que no he leído la célebre novela del escritor brasileño Paolo Coelho en la que se basa esta Veronika Decides to Die, sólo hablaré de ella en términos estrictamente cinematográficos. Rodada el año pasado, de estreno tardío en la mayoría de los países, escrita por Larry Gross, guionista de la no del todo lograda Ejecución Inminente, y la actriz Roberta Hanley, así como dirigida por la realizadora inglesa Emily Young, autora de la poco conocida Kiss of Love, protagonizada por el gran Peter Mullan.




No sé como será el libro de Coelho, pero la película de Veronika Decide Morir es un film cumplidor y poco más. La cinta consigue superar la barrera del producto de consumo televisivo de sobremesa gracias al buen hacer de su equipo técnico y artístico. Profesionales que hacen un trabajo muy digno. Porque lo cierto es que la historia está llevada con un sentido de la profundidad demasiado plano para llegar debidamente al espectador.




La mirada que realiza la obra hacia el psiconálisis es muy superficial, pero no impostada y se agradece que no incida en la pedantería o el adoctrinamiento, es decir, yo no he visto esos ecos que de manual de autoayuda (libros que me causan más risa que otra cosa) que mucha gente comenta por la red y que dicen poseer tanto el libro como el film. Yo en la obra que nos ocupa no los he visto por ningún lado y me parece un acierto remarcable.




A pesar de la no del todo conseguida efectividad formal del producto, hay buenos momentos, diálogos logrados (que supongo que serán obra del mismo Coelho) situaciones con cierto matiz dramático bien llevado, como la escena onanista en el piano, la huida final, los encuentros entre los dos psiquiatras y la relación entre ellos, la secuencia de sexo hacia el final, así como un reparto muy competente en líneas generales con secundarios bastante resueltos como Melissa Leo, Erika Christensen o David Thewlis.




Sarah Michelle Gellar por otro lado confirma algo que se vio en leves pinceladas tanto en algunos episodios de Buffy, la Cazavampiros (normalmente los escritos y dirigidos por Joss Whedon, que sacaba lo mejor de ella) o films meritorios como Crueles Intenciones, que se desenvuelve bien con el género dramático, creando aquí el mejor papel, por su contención y buena composición, de su decididamente mediocre carrera cinematográfica. Esperemos que le sigan ofreciendo papeles interesantes como el de Veronika en tiempos venideros.




Veronika Decide Morir contiene el mismo número de errores que de aciertos. A una poca inventiva narrativa y una propuesta escasamente arriesgada que se queda en la superficie no sólo de la personalidad de su protagonista sino de lo que pudo ser una acertada mirada sobre el psicoanálisis y la medicina mental en general, se antepone una dirección nada estridente y muy correcta, un guión bastante creíble en términos generales, un reparto ajustado y un final que a pesar de ser ligeramente tramposo, es digno y deja una agradable sensación al espectador, la de que no ha perdido 105 minutos de su vida viendo una mala película.



miércoles, 28 de julio de 2010

Splice, jugando a ser dioses



Título Original: Splice (2009)
Director: Vincenzo Natali
Guión: Antoniette Terry Bryan, Doug Tayler & Vincenzo Natali
Actores: Adrien Brody, Sarah Polley, Brandon McGibbon, David Hewlett, Abigail Chu, Delphine Chanéac, Amanda Brugel, Stephanie Baird


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Cuarta película de canadiense Vincenzo Natali detrás de la cámara. Natali se hizo un hueco en el cine de ciencia ficción cuando debutó allá por 1997 con su ópera prima Cube. Modesta y original cinta de género con un planteamiento excelente y un desarrollo de personajes muy interesante. Tras esta estrenó Cypher, analítica disección sobre conspiraciones corporativas, triples agentes y una sofisticación que si bien se tornaba gélida, tenía una solidez narrativa bastante considerable. Más tarde rodó la atípica comedia Nothing que aún no he podido ver. Finalmente el pasado 2009 llegó Splice, su última obra hasta la fecha y la que desgrano a continuación.




Con Splice se confirma lo que venía siendo un secreto a voces desde la primera cinta de Natali. Que es un autor deudor del estilo y discurso de su compatriota David Cronenberg y sus primeras cintas como Vinieron Dentro de... (esas especie de babosas violentas y sexualizadas), Rabia o Cromosoma 3. La cuarta cinta del director de Getting Gilliam empieza siendo un claro émulo de La Mosca, referencia que por medio de una inteligencia encomiable no sólo la emparenta con la cinta realizada por Cronenberg en 1986, sino también con la original de Kurt Neumann rodada en 1958 y con Relatos del Antimundo, novela de George Langelaan en la que se basaba dicha obra de culto de la serie B americana.




Splice es una mirada crítica (por lo tanto algo conservadora) hacia la ingeniería genética, que muestra los posibles consecuencias de carácter peligroso que la misma puede producir si se llega demasiado lejos con su experimentación. Natali utiliza inteligentemente el manido recurso de la pareja de cientítificos ambiciosos para tejer una trama sobre como dos personas pueden descomponer su relación por la intromisión en su vidas de una criatura que los hará experimentar sensaciones nuevas como la maternidad, los celos, la envidia o la lascivia. Un poco como hizo Andrej Zulawski en La Posesión, aunque en términos algo diferentes.




La mirada de Natali que en un principio es analítica y contemplativa torna en mórbida e impulsiva desde la secuencia de sexo entre los protagonistas. El aire malsano se apodera de la obra y todo lo referente a Dren (personaje tan atractivo como perturbador a distintos niveles) acentúa su lado oscuro y peligroso, llevándose todo con acierto en el guión a pesar de pasajes innecesarios y algo exagerados como el de el descubrimiento de las alas, que me parece un poco demasiado, ya que quita bastante de la conseguida veracidad que destilaba el relato hasta ese momento, a pesar de adentrarse el mismo en los parámetros de la ciencia ficción pura y dura.




Vincenzo Natali no triunfa completamante con su propuesta, pero Splice resulta harto interesante por su retrato enfermizo y sin concesiones sobre la psicología humana y sus pulsiones físicas y sexuales. Ayudado por un guión como mínimo competente escrito a seis manos , CGI bastante dignos, unos Adrien Brody y Sarah Polley ajustados y la dirección por su parte que confirma que posee suficiente talento como para seguir entregando buen cine. Un digno heredero de Cronenberg que va marcando poco a poco un interesante y poco común estilo autoral bastante rico e identificable para el espectador.