domingo, 18 de julio de 2010

Noche y Día



Título Original:
Knight & Day (2010)
Director: James Mangold
Guión: Patrick O'Neill
Actores: Tom Cruise, Cameron Diaz, Peter Sarsgaard, Paul Dano, Maggie Grace, Marc Blucas, Viola Davis, Olivier Martinez, Haytham Kandil, Jordi Mollá


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Que nadie espere demasiado de Noche y Día (Kinght & Day en su versión original, estos traductores cachondos). La octava película del director americano James Mangold es un entretenimiento palomitero de andar por casa, para ver con toda la familia y sin pretensión alguna. Su única misión es divertir de manera tan desprejuiciada como efectiva y a fe mía que lo consigue, pero sólo eso.




Knight & Day es una parodia del cine hollywoodiense de espias. Una comedia de acción que hace sana mofa sobre cintas como las de James Bond, la saga Bourne o la franquicia Misión Imposible, protagonizada por el mismo Cruise. Incluso hay referencias a proyectos como Mentiras Arriesgadas, agradable producto satírico de James Cameron que tiene algunos puntos en común con la obra que comento y que pude ver ayer en pantalla grande.




El guión tiene más agujeros que el coche de Bonnye & Clyde, su construcción es caótica y las continuas elipsis narrativas están metidas con calzador, pero inteligentemente hacen referencia a films del Hitchcock más comercial dentro de su etapa americana. Todo es un cúmulo de tópcicos parodiados para el lucimiento del artificio técnico del film que está perfectamente realizado gracias, en parte, a la correctísima labor de James Mangold, un artesano casi siempre interesante, con incluso alguna obra memorable como Copland o Identity.




La acción etá muy bien ejecutada, el humor funciona en la mayoría de las ocasiones y los personajes son carismaticamente agradables a pesar de ser clichés andantes. Tom Cruise hace un papel entre lo psicótico y lo entrañable, el actor se implica con las excelentes coreografías de las peleas y se moja con las escenas de riesgo, en muchas ocasiones sin dobles. Cameron Diaz, que ha cogido unos kilos que no le sientan nada mal, hace de atolondrada chica que una veces no sabe dónde cojones está metida y en otras parece estar pasándoselo en grande poniendo en riesgo su vida.




Knight & Day desde la más encomiable de las modestias nos regala detalles agradables. Una pareja con química, escenas bien realizadas, diálogos estúpidos pero con cierta simpatía, un Marc Blucas inesperadamente cómico, un Paul Dano hostiable hasta al hartazgo, un siempre cumplidor Peter Sasgaard y toques españoles inolvidables como esos San Fermines en plena Sevilla (Tom Cruise debe ser el mayor fan de Sevilla de todos los tiempos, según él todos los festejos nacionales se llevan a cabo en la capital andaluza), los extras españoles con una cara de sudamericanos que ni Juan Valdez y la evolución de nuestro Jordi Mollá dentro de Hollywood, por fin ha dejado de hacer de narcotraficante colombiano, ahora es traficante de armas español, un paso de gigante señores.



Solomon Kane, nobody expects the spanish inquisition



Título Original: Solomon Kane (2009)
Director: Michael J. Basset
Guión: Michael J. Basset basado en los personajes de Robert E. Howard
Actores: James Purefoy, Max Von Sydow, Pete Postlethwaite, Rachel Hurd-Wood, Alice Krige, Mackenzie Crook, Ryan James, Kenny Mitchell, Stewart Moore, Mark O'Neal, Jason Flemyng


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De la pluma del célebre escritor americano Robert E. Howard, creador de Conan, el Bárbaro, nació el personaje de Solomon Kane. Héroe puritano, y español como diría aquel, del S XVII que se dedicaba a combatir las hordas del mal formadas por demonios, brujas, bestias y todo tipo de criaturas infernales. Tras una extensa colección de cómics y cierta repercusión a nivel popular, durante el pasado año 2009 se llevó a cabo una adaptación, con nacionalidad británica, en imágenes de sus aventuras. El resultado es un bodrio importante y a tener en cuenta.




Solomon Kane la empieza a cagar desde bien pronto, para no perder tiempo con tontadas. Su puesta en escena es penosa, ya que a un uso y abuso de unos efectos digitales que la emparentan con la intro cutre de alguna entrega del videojuego Age of Empires, se une una dirección artística fallida, equivocamente sobrecargada, una dirección por parte de Michael J. Basset tan nerviosa como paradójicamente anodiona y un guión más lleno de tópicos que un capítulo de Crónicas de Un Pueblo.




El único mérito del film reside en un afán por unir el cine comercial contemporáneo con la ola de cine de espada y brujería de los años 80. El problema es que intentar aunar la falsaria y poco transparente vertiente del cine de género fantástico que actualmente asola Hollywood, con aquellas modestas pero mucho más sinceras declaraciones de buen celuloide de entretenimiento como Lady Halcón (joyita de Richard Donner a recuperar) o Willow, es apostar por el caballo perdedor.




Por muchos que veamos referencias a Excalibur de John Boorman, a Legend de Ridley Scott o incluso a el Conan de John Millius, Basett no consigue una conjunción de ambos estilos y todo se va al traste por su escasa implicación para unir las dos distintas lecturas cinematográficas. A ello se le suma una exacerbada dependencia en los CGI que sólo consiguen acentuar el artificio imperante dentro del producto, porque como ya he comentado anteriormente los mismos son de una cutrez a tener en cuenta. Destaquemos también que los decorados de la recta final son un descerado plagio de los de El Secreto de los Hermanos Grimm de Terry Gilliam.




No sé como de fiel será Solomon Kane a su base literaria original o a los cómics que vinieron después. Lo único seguro es que como producto cinematográfico deja mucho que desear, acentuando todos sus fallos (que no son pocos) una aparatoso y mediocre acabado formal, un James Purefoy que no llega ni a sucedáneo de Hugh Jackman, un Jason Flemyng que parece haberse dormido encima de un libro, un buen reparto más perdido que Chuck Norris en una de Woody Allen y una historia con potencial desperdiciado que por sus propios méritos, a su término, en vez de unos créditos debiera mostrar un Game Over bien grande.



viernes, 16 de julio de 2010

Patrick, mentes criminales



Título Original:
Patrick (1978)
Director: Richard Franklin
Guión: Everett De Roche
Actores: Susan Penhaligon, Robert Helpmann, Rod Mullinar, Bruce Barry, Julia Blake, Helen Hemingway, María Mercedes, Robert Thompson


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En mi niñez, uno de mis hábitos favoritos era acompañar a mi padre a los videoclubs a alquilar su dosis semanal de hostias cinematográficas a manos de los Van Damme, Stallone o Norris de turno. Allí podía ver extensas estanterías con cientos de películas en formato Beta y VHS que me llamaban profundamente la atención o me atemorizaban sólo con sus carátulas como las de Pesadilla en Elm Street. Un día en concreto (de ese momento exacto recuerdo muy vivamente un cartel que anunciaba el próximo estreno de Platoon en vídeo, fijaos si ha llovido ya) en una de mis visitas descubrí una película que sólo con su portada y la única foto de su contenido en la parte trasera de la funda consiguió acojonarme considerablemente, tanto como para no recordar el título de la cinta, pero sí para que esas dos imágenes se quedaran grabadas a fuego en mi, por aquel entonces, impresionable mente.




Los años pasaron y aunque intenté buscarla posteriormente, al no tener datos sobre ella no di con su paradero, incluso con internet ya en casa no tuve la suerte de econtrarla debido a la practicamente nula información que poseía sobre la cinta. Pero por circunstancias de la vida hace unos días visitando una de esas maravillosas páginas para descargar cine (tengo unas 2.000 películas en formato digital originales, pero eso no quita que no me baje material de la red, le pese o no a Ramoncín) vi esa carátula inolvidable y una sensación entre repulsión y excitación me recorrió la espina dorsal, más de 20 años después conseguí dar con Patrick, que así se llamaba la película. Esta mañana he tenido el gusto de verla por primera vez y de alguna manera cerrar una etapa que se inició en mi niñez.




Patrick, que fue rodada en 1978 por Richard Franklin es una muestra de ese cine australiano fantástico y de terror que despuntó a finales de los 70 y principios de los 80 con obras como Picnic en Hanging Rock de Peter Weir o Mad Max de George Miller. Un producto de genuina serie B sin muchas pretensiones estilísticas, de efectividad considerable y resultados bastante meritorios a pesar de la notable escasez de medios con los que fue concebido. Una mezcla entre el Cronenberg de sus primeras obras, con un suspense a lo Hitchcock y una estética muy del Brian de Palma de la efectista pero entrañable La Furia.




Patrick en principio parece tratar sobre un joven parricida en estado de coma profundo que puede seguir cometiendo fechorías por medio de la psicoquinesis que posee y que le permite mover objetos. Más tarde, de manera gradual y nada impostada, descubriremos que hay algo más y todo se descubrirá con la aparición de la enfermera Jacquard, de la que Patrick acabará enamorándose. Para que un film como el de Richard Franklin sea debidamente digerido el espectador tiene que aceptar alguna licencia. Se sabe en cierta manera que la psicoquinesis o telequinesis permite (presumiblemente) mover objetos del ambiente, del lugar que se habita en ese mismo instante, aunque su inductor se encuentre en estado catatónico. En cambio lo de que pueda utilizar su don en la otra punta de Australia sin ver nada de lo que allí ocurre, o se acepta y se deja pasar por alto al guión o nunca entraremos en el juego que nos ofrece la película.




Bien resuelta, muy entretenida, con una intriga que se tensa debidamente a lo largo de todo el metraje y una mirada descreída hacia el sistema sanitario de Australia, Patrick es un producto entrañable, que ha envejecido, pero que mantiene bien la compostura a pesar de sus limitaciones y algunos fallos como ese susto final metido con calzador y que da más risa que otra cosa. Existe también, una falsa secuela italiana titulada Patrick, Aún con Vida, que utiliza el mismo punto de partida de la cinta que nos ocupa para crear un festín de gore, erotismo softcore y disparates interminables. Por puro morbo la veré, que el eurotrash tiene un importante lugar en mi corazón de cinéfilo. Al igual que esta entrañable Patrick que ha merecido la pena descubrir después de tantos años.



jueves, 15 de julio de 2010

Días del Cielo, heredarás la tierra



Título Original: Days of Heaven (1978)
Director: Terrence Malick
Guión: Terrence Malick
Actores: Richard Gere, Brooke Adams, Sam Shepard, Linda Manz, Robert J. Wilke, Jackie Shultis, Stuart Margolin, Timothy Scott, Gene Bell, Doug Kershaw




Tras mucho tiempo he conseguido ver la única obra que me faltaba de la filmografía de ese genio poco prolífico pero siempre certero llamado Terrence Malick. Conocido por destilar una alergia hacia todo lo relacionado con entrevistas y promociones sólo equiparable a la que sentía Stanley Kubrick, Malick posee en su filmografía sólo cuatro cintas hasta la fecha. Una de ellas, La Delgada Línea Roja es sin lugar a dudas una de mis películas favoritas de la historia del cine. Film basado en una novela de James Jones sobre el desembarco americano en Gudalcanal durante la segunda guerra mundial. Una obra maestra lírica de reparto descomunal e imágenes y sonidos para la estantería del recuerdo de la que algún día hablaré aquí largo y tendido.




Días del Cielo me ha parecido a primera vista la película más irregular de su autor, lo que no significa que deje de ser un producto de una calidad indiscutible y extremedamene cautivadora. El mayor problema de Days of Heaven es que a pesar de estar situada en un contexto histórico muy importante para los Estados Unidos como es el periodo que duró la Primera Guerra Mundial, su trama central no deja de ser un melodrama, un folletín novelesco sobre un triángulo pasional entre criados y patrones. Una típica y tópica historia sobre amores prohibidos con un trasfondo que retrata la diferencia de clases de manera más o menos aceptable, a pesar de lo irritante y poco enriquecedora que me resulta la voz en off del personaje de Linda Manz.




Pero finalmente el espectador es consciente de que Días del Cielo no es ni un film mediocre, ni un proyecto fallido cuando asiste al soberbio trabajo que hace el director de El Nuevo Mundo con la dirección. Malick está exultante detrás de las cámaras, su labor es magistral. Aquel aire distante pero decididamente poético que ya se podía ver en su ópera prima Malas Tierras (de la que podemos encontrar muchas referencias hacia el final del metraje) se depura y estiliza en esta, su segunda cinta. Se acentúa esa mirada lírica y complice con la naturaleza que tendría su cénit en sus dos últimos trabajos hasta el momento y muestra un uso magistral de la profundidad de campo, los planos panorámicos y la construcción de encuadres. Todo aderezado con la inestimable ayuda del español Nestor Almendros en la dirección de fotografía, que le valió un merecido Oscar.




Del reparto de actores, todos entregados a la contención (puede que demasiado) exceptuando un Richard Gere muy físico y bastante convincente, poca queja se puede tener. Brooke Adams aún conservaba algo de encanto antes de deteriorarse bestialmente, Linda Manz está perfecta cuando no abre la boca estropeando considerablemente su labor y Sam Sephard, que se muestraba tan señorial como atractivo por aquel entonces, da la réplica al personaje de Gere con el que mantiene una relación distante hasta que la rivalidad empieza a surgir entre ambos. No sé si es por mandato del mismo Malick, pero exceptuando el extenso plantel de actores de La Delgada Línea Roja, sus intérpretes suelen hacer casi siempre trabajos más que correctos pero bastante gélidos, como se ve en la cinta que nos ocupa y sobre todo en las labores de Martin Sheen y Sissy Spacek en Malas Tierras.




A pesar de su historia poco original, su guión no demasiado conseguido y que podría acentuar la crudeza del retrato de una época que realiza, Días del Cielo de Terrence Malick, sin ser la mejor de sus obras se puede considerar claramante un interesante fresco de los Estados Unidos de principios del siglo XX. Un trabajo memorable sobre todo por la excelente dirección de su autor, que da forma a escenas tan inolvidables como la de la plaga con ribetes bíblicos que trae el regreso del personaje de Gere o el incendio en la recta final rodado con acerada e infernal visceralidad. Malick consigue algo muy meritorio con su trabajo aquí, beber de maestros como John Ford para que en un futuro jóvenes autores como Paul Thomas Anderson lo tomen a él como referencia para construir obras como la destacable pero no del todo conseguida There Will Be Blood.


miércoles, 14 de julio de 2010

El Rostro de la Venganza, american psycho



Título Original: Bruiser (2000)
Director: George A. Romero
Guión: George A. Romero
Actores: Jason Flemyng, Peter Stormare, Leslie Hope, Nina Garbiras, Andrew Tarbet, Tom Atkins, Jonathan Higgins, Jeff Monahan





De manera no muy regular, George A. Romero ha tenido varias incursiones, siempre dentro del terror, en un tipo de cine en el que no imperan sus ya míticos y por qué no decirlo, algo manidos, muertos vivientes. En varios de esos proyectos el resultado ha sido digno, como en La Mitad Oscura, basada en una novela de su amigo Stephen King o de sobresaliente alto, como se pudo ver en Atracción Diabólica, el que sigue siendo para un servidor su mejor film y su obra más completa. El Rostro de la Venganza entra en esta vertiente cinematográfica dentro de la filmografía de Romero, pero por desgracia se muestra como un producto decididamente fallido.




Bruiser tiene un planteamiento interesante, gracias a él Romero podría realizar una incisiva y poco complaciente mirada sobre el mundo de los negocios y el periodismo, en cierta manera casi lo consigue. Pero el director de Creepshow se centra en el thriller trillado sobre la clásica vendetta y con un fallo importante, lo de la máscara. Por mucho que quiera simbolizar, el anonímato, la poca personalidad y la nulidad física y sentimental del protagonista y su afán por vengarse, es una gilipollez que no se sostiene de ninguna manera y que sólo tiene de ventajoso librarnos bastante tiempo del rostro del correcto, pero feísimo, actor británico, Jason Flemyng.




A Romero se le nota el oficio y los años detrás de la cámara. La dirección es lo mejor de film, su trabajo es fresco, adecuado, muy fluido. En cambio en la escritura es donde mete la pata. A unos diálogos creíbles y una trama potencialmente adecuada, que vendría a ser el émulo de una novela del polémico escritor americano Bret Easton Ellis, se antepone un desarrollo insulso, poco creíble, nada coherente y unos personajes que en principio parecen veraces, para más tarde actuar de manera estúpida y muy forzada.




De estos últimos destacar entre todos ellos a Peter Stormare. El actor sueco me cae bien, es un tipo entrañable y descarado, pero hay algo que no comprendo. Si sus mejores papeles son siempre los contenidos (Bailar en la Oscuridad, Reeencarnación, Fargo) ¿por qué el 90% de los directores lo dejan sobreactuar tanto y de manera tan descarada?. ¿Por qué un hombre que empezó en el teatro de Suecia bajo las ordenes de nada más y nada menos que Bergman es tan jodidamente payaso y exagerado a lo hora de actuar?, no lo comprendo.




Se le agradece a Romero que se arriesgue y no trate de vendernos siempre la misma moto que vomita sangre, muerde a humanos y se descompone físicamente. Pero Bruiser no funciona, es un producto que no cumple su misión y decepciona de manera más o menos general. Lo que en un principio parecía ser un film de suspense, crítico y con un aire agradable de cine negro, acaba quitándose su endeble máscara para mostrarse como un teleflim vespertino del montón, que si no fuera por su dirección, alguna teta (las de Nina Garbiras, bastante interesantes) y la actuación en el local de los Misfits, su visionado hubiera sido una perdida de tiempo por mi parte.



Crepúsculo: Luna Nueva, la bella, la bestia y el anémico



Título Original: The Twilight Saga, New Moon (2009)
Director: Chris Weitz
Guión: Melissa Rosenberg basado en la novela de Stephanie Meyer
Actores: Kristen Stewart, Robert Pattinson, Taylor Lautner, Nikki Reed, Ashley Greene, Jackson Rathbone, Kellan Lutz, Dakota Fanning, Michael Sheen, Anna Kendrick


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Sí amigos, lo que estabáis todos esperando ha llegado, el comentario sobre la segunda entrega de la saga Crepúsculo está aquí. Como es lógico tras haber disfrutado con las incontables virtudes estilísticas, narrativas e interpretativas de la primera entrega, esperaría al igual que con aquella, a su emisión televisiva, para visionarla. Mi pobre y muy baqueteado ordenador no merecía gastar ni uno solo de sus kas en albergar en su interior semejante cosa. Pero pasemos, sin más preámbulos a desgranar la obra que nos ocupa, con spoilers de la hostia.


Jo Bella, te quiero más que que en Crepúsculo, pero menos que en Eclipse... ¿esto de tu oreja es cerumen?


Luna Nueva es la segunda entrega de las adaptaciones de las novelas vampíricoemogóticopuritanas de la americana Stephanie Meyer y por consiguiente también es la segunda patada en los genitales del cine, la lógica y el sentido común. Empezamos la película como acabamos la anterior, con los protagonistas baboseando diálogos del tipo "mi único regalo es ver que sigues respirando" entre la joven politoxicómana Bella y su aguerrido caballero andante Edward el hombre de la palidez extrema que tiene concentrada toda su hemoglobina ya sabemos donde.


¿Puedo tocarle una teta? sería un giro enriquecedor para la trama


Entonces, ya en casa de los Cullen, en una típica y tópica cena de vampiros vegetarianos, de los de toda la vida, a uno de las familiares le da un mal pronto y en un arrebato de cordura que yo apoyo fehacientemente se juntan el hambre con las ganas de comer y ataca a Bella para arrancarle la nuez de un bocado. Pero Edward le mete una hostia vampírica epiléptica, marca de la casa y lo estrella contra la pared.


Por favor, quiere decirle alguien a Lucius Malfoy que se ha equivocado de película.


En ese momento nuestro protagonista nos regala el mejor momento de todos a los que ha dado vida (es un decir) en las dos películas que llevo vistas. Se pira, la deja tirada como un kleenex usado, con la típica excusa de que junto a él corre peligro y demás mierda, sabiendo que ella está deseando que le clave los colmillos y lo que no son los colmillos de una puta vez. Por suerte no le veremos la cara (relativamente) hasta el final del metraje.


Sí tíos, estamos rodando una mierda de película así de grande


Edward huye, no sin dejar a Bella con un calentón que le permitiría forjar la espada Excalibur entre sus muslos, sin haberle tocado una mala teta o restregado la cebolleta por el muslo al menos. Más tarde vemos pasar el tiempo tras una vergonzosa elipsis narrativa con un innecesario travelling dando 20 vueltas alrededor de la protagonista y regalándonos escenas en las que demuestra la añoranza hacia su amado gritando su nombre como un puta idiota por las noches jodiéndole la vida a su pobre padre, que de comprensivo con su hija ya pasa a gilipollas integral.


No, eso que tocas no es precisamente la palanca de cambios


Tanta es la añoranza que Bella siente por su pajizo pretendiente que en un alarde de gilipollez sin límites se pone voluntariamente en peligro en numerosas ocasiones para que su amado la rescate. Pero claro, él está en la quinta polla sabe dios dónde y no tiene tiempo para chiquilladas, ¿la solución? hacer ridículas apariciones en forma de bruma dándole consejos a la muchacha del tipo: "Ten cuidado con la moto, ponte la bufanda, lávate los dientes antes de dormir, dile mentiras al negro no te vaya dar para el pelo", lo que sea con tal de no tener que darse el viaje para tener que venir a evitar que su novia haga el gilipollas, esto es amor y lo demás es tontería.


Dios mío, alguien ha robado nuestras camisetas ¡¡hijos de puta!!


Bella echa mucho de menos a su amado Edward, lo sabemos porque sigue gritando por las noches su nombre, para que poner una escena ridícula una vez pudiendo hacerlo tres, pero ahí abajo la cosa le pica y necesita más un polvo que pasar unos meses en el Proyecto Hombre. Entonces llega el momento de pasar más tiempo con Jacob, el indio aquel de la horrible peluca que vimos de pasada en la mítica primera entrega. El chaval es buena gente, la ayuda, la mima, la quiere, pero todo eso sería puta mierda si no fuera un yogurín con un cuerpazo, esos pectorales de acero, ese bronceado, destaquemos que esto último es una inteligente y muy trabajada metáfora, mientras Edward tiene la cara blanca como la pared de un hospital el tal Jacob tiene un bronceado que ni Obama.


¡¡Algo pequeñito, wou wou wo!!



Bella se deja llevar, Jacob se corta el pelo (las pasé putas viéndolo con esa jodida peluca, dios santo), se tatúa, tiene un aire de chico malote que oculta un gran secreto y no sólo en sus pantalones. El indio es un hombre lobo, un licántropo como todos los de su tribu y tiene un toque en plan violento y de mala hostia que a la Isa le pone perraca perdida. Pero bueno, que no, que esto no es amor (por parte de ella, que es una calientapollas del copón, claro está) que el chaval llegado a un momento la tiene a punto de caramelo, pero una de los Cullen vuelve y le suelta a Bella que el Edward la echa de menos, que sin ella no es nada, una gota de lluvia mojando mi cara y demás mierda, y que si no va a rescatarlo se suicida ¿¿??. Vámonos para Italia que allí está el mozo, a punto de ser aniquilado por una corte de vampiros victorianos de aire amanerado.


Tú dame cremita, tú dame cremita, que yo me hago la tontita


Una vez en Italia, tenemos al bueno de Edward demacrado (más aún) con la cara como la parte de atrás de un frigorífico, a punto de ser sacrificado. Pero Bella se ofrece para que no lo maten diciendo que ella se deja morder y hacerse vampiro también. Los chupasangres transformistas sorprendentemente aceptan y dicen que guay, Edward se da de ridículas hostias con uno de ellos para darle algo de acción al final y la pareja vuelve a los Estados Unidos. Allí se encuentran con Jacob, este se da de empujones con el lechoso, se dicen que pelearán como dos niñatos por el amor de Bellla. Ella moja braga, dice que ama a Edward, pero que al otro le tiene cariño, los protagonistas se van y dejan al pobre pagafantas solo y ellos se prometen baboso y falsario amor eterno, por último él le pide matrimonio a la chica, fin.


¡No puedes abandonarme!, ¿has visto qué pectorales?, ¡mira qué pechazo!


Luna Nueva es detritus cinematográfico. A pesar de tener una ínfima calidad equiparable a la de su precuela, es peor aún, porque todo lo que nos parecía ridículo en aquella (vampiros que van al instituto levitando como si fueran montados en el monopatín Mattel de Marty McFly, ridículas escenas de lucha, diálogos impostados dignos de literatura cutre de Danielle Steele) ya no es novedad, no hace gracia y aburre soberanamante.


Que te estoy diciendo que no me queda más costo niña


La cinta cambia de director, pero Chris Weitz es un inepto como podemos ver aquí y previamente en aquella horripilante cosa inombrable llamada La Brújula Dorada. El guión no tiene ritmo y da vergüenza ajena en innumerables pasajes. Los actores en su línea, ella con cara de necesitar su dosis diaría de metadona y él a punto de romper a llorar acordándose de cuando atropellaron a su perro. Taylor Lautner no está muy allá tampoco, su amplia gama de gestos faciales se mueven entre sonrisa Profident y "me pongo serio porque soy un alma torturada y la guarra esta me pone palote para luego dejarme tirado en la puta cuneta".


Hostia puta, si tienes más tetas que yo chiquillo


Destaquemos momentos memorables, como el ataque en la cena, los desnudos masculinos gratuitos (lo de quitarse la camiseta Jacob para limpiarle la sangre de la cara a la protagonista es de juzgado de guardia) Dakota Fanning matando con la mirada, las apariciones en forma de humo de Edward dignas de Drako de Barrío Sésamo y ese final que deja con un palmo de narices. Amigos, una vez más el mal gusto, el cine cutre influenciado por la literatura barata ha triunfado. Luna Nueva es una de las mierdas más grandes que he visto este año, es estúpida, aburrida, anodina y vergonzosa. En resumidas cuentas, perfecta para las nuevas generaciones que tomarán nuestro testigo dentro de no muchos años. Nos vemos cuando estrenen Eclipse en televisión, que casi con toda seguridad será antes de que acabe el año. La espera se me hará eterna, fijo que sí.


sábado, 10 de julio de 2010

Poltergeist, y un niño los guiará



Título Original: Poltergeist (1982)
Director: Tobe Hooper
Guión: Steven Spielberg, Michael Grais y Mark Victor
Actores: Craig T. Nelson, JoBeth Williams, Beatrice Straight, Dominique Dunne, Heather O'Rourke, Oliver Robins, Zelda Rubinstein, Michael McManus






Los 80 pertenecieron indudablemente a Steven Spielberg. A parte de sus trabajos como director el norteamericano cultivó una copiosa obra en labores de producción. Uno de sus mayores éxitos como productor y guionista (y puede que algo más como luego comentaré) fue Poltergeist, estrenada con gran éxito el año 1982. Cinta de género sobre sucesos paranormales y presencias fantasmales en el hogar de una familia de clase media/alta americana. Un film que arrastró dos secuelas, una serie de televisión y una insulsa fama de maldita que sólo alimentaba el morbo hacia ella.




La supremacía del terror rural antropocentrista de las 70 había pasado (aunque hoy vive una interesante resurrección) y el director de Encuentros en la Tercera Fase quería experimentar dentro de un cine de género más sobrenatural. Para ello inició un proyecto sobre una familia que habita en un adosado en el que empiezan a sucerder actividades paranormales. Spielberg contrató los servicios como director de Tobe Hooper, por aquel entonces muy célebre por haber realizado entre otras obras como Salem's Lot o Trampa Mortal, aquel impagable clásico llamado La Matanza de Texas.




Desde el mismo estreno de la película se puso en duda la autoría como director de Hooper, comentándose que la sombra de Spielberg fue tan alargada que la realización del film era practicamente suya. Yo le tengo un especial cariño a Hooper, porque me parece un director que no pasa casi nunca de correcto, pero que ha tenido momentos puntuales de puro genio. Lo que sí es cierto es que a parte de en el guión (que co escribió con Michael Grais y Marck Victor) la impronta de Spielberg se deja ver mucho en la realización del film. Es cierto que hay ramalazos del Hooper de La Casa del Horror, ese payaso de juguete, las puntuales escenas sangrientas, pero no hay duda de que hay mucho más eco del autor de El Imperio del Sol.




Poltergeist toma como base los "supuestos" y clásicos hechos paranormales de muebles que se mueven, paredes que crujen, aterradoras psicofonías procedentes de aparatos electrónicos y las hiperboliza al más puro estilo holywoodiense. De fondo tenemos el tema más recurrente dentro de la carrera de Spielberg, al menos cuando hace cine dirgido a todos los públicos, la incursión de un objeto exterior que intenta, de buena o mala manera, desestabilizar la unión dentro de una familia típicamente americana a la que el director de Munich siempre retrata como un enorme e indestructible totem que finalmente consigue salir al paso a pesar de la gravedad del problema al que tengan que hacer frente.




Perfectamente realizada, sin importar realmente en quién recaiga la autoría del trabajo, en Poltergeist se dan la mano logradísimas escenas y algunas de carga dramática muy considerable, aunque bordeando en ocasiones el sentimentalismo spielbergiano. Un guión con muchos aciertos, muy bien escrito, con pasajes aterradores (el monólogo de Tangina a mí me los sigue poniendo de corbata) y un humor muy sutil, cohesionando una historia que serviría posteriormente de referencia no sólo a otros films de casas encantadas, sino también a aquella mítica serie llamada Cuentos Asombrosos producida por el mismo Sipelberg junto a otros directores.




Poltergeist es un clásico moderno del cine de terror. Una obra que ya forma parte del inconsciente colectivo y la cultura pop, ¿quién no recordaba el film cuando veía una canal sin emisión en la antigua televisión analógica?, con un muy competente reparto, una sutil pero acertada crítica a la especulación inmobiliaria y unos efectos especiales que aún hoy llaman poderosamente la atención. De las dos innecesarias secuelas (la primera muy fiel a la primera cinta, con casi el mismo reparto, pero fallida por su tendencia a lo grotesco y la segunda tan pasable como intrascendente, aunque con algún momento memorable) la serie y sobre todo, de actores del film primigenio muertos por asesinatos, cáncer o extrañas enfermedades, hablaré en otro momento que tenga más ganas de entregarme a lo sensacionalista.