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sábado, 27 de junio de 2020

Trangresión Continua Express 2020 - Mayo II


Vampyr (Carl Theodor Dreyer, 1932) - Para su primera película sonora Carl Theodor Dreyer recurre a la novela Carmilla, de Sheridan Le Fanu, conjurando un híbrido entre sueño febril y alucinación expresionista cuyo legado sobrevuela casi toda la historia del cine de terror.



Wind River (Taylor Sheridan, 2017) - Taylor Sheridan vuelve sobre sus pasos, esta vez también como director, en un thriller fronterizo con esencia de western. Impecablemente escrito, rodado e interpretado augura un muy interesante cineasta, además de un excelente guionista.



El Anticristo (Alberto de Martino, 1974) - Aunque en su momento recibió cierto crédito y cuenta con un buen reparto no deja de ser un anodino exploit italiano de El Exorcista y La Semilla del Diablo  con efectos especiales de barraca de feria y situaciones de comedia involuntaria



La Biblia Negra (David Pujol, 2001) - A pesar de cierta desgana y previsibilidad acierta al abrazar su naturaleza humilde de intriga con apuntes dramáticos. Mónica Randall encabeza con dignidad el reparto, pero es el fallecido Carlos Álvarez-Nóvoa quien se gana al espectador.



Goodnight Mommy (Veronika Franz, Severin Fiala, 2014) - Michael Haneke sobrevuela esta muestra de perverso terror psicológico que hubiera funcionado mejor como un corto. La meticulosa atmósfera y la labor de los tres actores ayudan a sobrellevar el metraje alargado en exceso.



Amer (Hélène Cattet, Bruno Forzani, 2009) - Lo que en su primer acto es un manierista y sensorial tributo a Mario Bava y Dario Argento degenera en ejercicio de estilo redundante y disperso volcado en enfatizar la sexualidad de su subtexto mediante los códigos propios del giallo.



Martin (George A. Romero, 1977) - El vampirismo como enfermedad mental interconectada por la consanguinidad, el despertar sexual y la empatía como antídotos para la locura. George A. Romero facturó con Martin su obra más extraña, una pieza íntimista, incómoda e imperfecta.



Berberian Sound Studio (Peter Strickland, 2012) - Homenaje al giallo desde sus mismas entrañas usando la ingeniería de sonido como excusa conceptual para emular la estructura narrativa y estética visual del subgénero mediante el metalenguaje y el influjo vampirizador del cine.



La Sombra de la Ley (Dani de la Torre, 2018) - Entre Sergio Leone, Michael Mann y Sam Mendes encuentra Dani de la Torre la inspiración para diseñar un producto visualmente impecable, destacable en lo actoral, correcto en lo narrativo, pero demasiado pendiente de sus referentes.

sábado, 30 de abril de 2016

Atracción Diabólica, human nature



Título Original Monkey Shines (1988)
Director George A. Romero
Guión George A. Romero basado en la novela de Michael Stewart
Actores Jason Beghe, John Pankow, Kate McNeil, Joyce Van Patten, Janine Turner, Stanley Tucci





A pocos cinéfilos se les escapará que el cineasta George A. Romero es reconocido mundialmente como el padre del género zombie, ya no sólo por su clásica trilogía formada por la seminal La Noche de los Muertos Vivientes, Zombie (Dawn of the Dead) y El Día de los Muertos, sino también por su meritoria, arriesgada y menos afortunada otra trinidad sobre la misma temática a la que dio forma durante la pasada década con la magnífica La Tierra de los Muertos Vivientes, la interesante pero oportunista El Díario de los Muertos y la tan fallida como endeble La Resistencia de los Muertos (Survival of the Death). Pero también es sabido por muchos que a lo largo de los años también ha abordado otro tipo de celuloide de terror como esa Creepshow que ideó con su amigo Stephen King para homenajear a los cómics de la editorial EC, su personal visión sobre el vampirismo con Martin o más recientemente aquel desastroso thriller criminal llamado El Rostro de la Venganza (Bruiser) que parecía fusilar impunemente Abre los Ojos del español Alejandro Amenábar.




Dentro de ese grueso de su filmografía, no relacionada con los difuntos que vuelven a la vida para sembrar el pánico entre una ciudadanía no menos inhumana, destaca de manera más que notable el que para el que suscribe sigue siendo su mejor largometraje como guionista y realizador, Monkey Shines, titulado Atracción Diabólica en España. Estrenada en el año 1988 y basada en la novela homónima del escritor Michael Stewart esta décima cinta de George A. Romero tuvo un proceso de gestación bastante problemático debido a que Orion Pictures, productora detrás del proyecto, presionó al cineasta para realizar cambios que no le agradaban como incluir un final feliz diametralmente opuesto al que él tenía en mente. La crítica la recibió de manera dispar y la taquilla le dio la espalda pero a pesar de ello ganó varios galardones en festivales cinematográficos de terror y ciencia ficción como los de Avoriaz, Fantasporto o Sitges, todos bien merecidos como trataré de defender a continuación.




La novela en la que se basa el largometraje toma como núcleo central un proyecto real utilizado durante los años 80 en el que primates eran adiestrados para ayudar a discapacitados físicos en las tareas diarias que por su estado no podían realizar personalmente. La trama sigue los pasos de Alan Mann (Jason Beghe) un joven que tras sufrir un terrible accidente de tráfico queda tetraplégico viendo su vida arruinada decide recurrir a uno de estos proyectos que le proporcionará los servicios de Ella, una pequeña mona capuchina que ejercerá de apoyo con las actividades que él ya no puede desarrollar por sí solo. El problema es que Ella ha sido utilizada en un experimento para inyectar tejido neuronal humano en monos y al poco tiempo aumentará exponencialmente su inteligencia y comenzará a actuar como una pareja celosa que tratará de eliminar a toda persona que decida a cercarse al protagonista sin su previo consentimiento. Alan unirá fuerzas con Melanie Parker (Kate McNeil) una adiestradora para intentar comprender qué sucede y cómo detener a Ella.




Aunando distinto tipo de géneros como el terror, el thriller, el drama y hasta algunos apuntes de comedia, pero con un tono de madurez y disección quirúrgica más cercano a David Cronenberg que a su propia impronta como cineasta, George A. Romero ofrece en Monkey Shines un trabajo soberbio de escritura y realización. No sólo da lo mejor de sí mismo con un guión de una solidez intachable, perfecto tanto a la hora de medir los tiempos como cuando debe perfilar personajes tridimensionales que en la mayoría de los casos huyen de la caracterización simplista; sino también en el apartado técnico (ayudado por un magnífico montaje de Pasquale Buba, todo sea dicho) en el que demuestra los años de oficio sabiendo dónde y cuándo colocar la cámara, tensando la sensación de claustrofobia y peligro como un cable de acero, con mucho más mérito si tenemos en cuenta el pequeño tamaño de la amenaza que asedia a los protagonistas, sin olvidar en el proceso cómo guiar a un grupo de actores en estado de gracia que con su buen hacer superan la media de calidad que suelen ofrecer los intérpretes de este tipo de films.




Esa amalgama de géneros permite que Atracción Diabólica muestre sus mejores cartas localizándolas en distintas vertientes genéricas. Sirvan como ejemplo la elegancia con la que está rodado el accidente de tráfico que deja postrado en una silla de ruedas al protagonista, con ese uso simbólico de los ladrillos rompiéndose contra el asfalto; la sutilidad con la que está ejecutada la escena de sexo entre Alan y Melanie, la sordidez que transmite no sólo el personaje de Geoffrey Fisher (John Pankow), sino el laboratorio en el que lleva a cabo sus inhumanos experimentos con los primates; los ecos hitchcockianos a lo Psicósis que refleja la pantalla con la madre castradora a la que da vida Joyce Van Patten o la destacable pericia con la que están rodadas las escenas subjetivas en las que acompañamos a Ella en sus escapadas nocturnas y que el personaje de Alan puede ver en sueños, provocándole esto una alteración de la personalidad que acerca la suya misma a la de la diminuta mona, matiz este de un tono fantástico que por otro lado entronca de manera un tanto abrupta con el tono más realista de la obra y que descompensa un poco el conjunto, aunque sin herirlo de manera grave. Todos estos pasajes acompañados y potenciados por la más que notable banda sonora de David Shire que mezcla melodías melancólicas con inquietantes sonidos tribales en las escenas más viscerales.




La trama dosífica perfectamente las relaciones interpersonales entre los personajes que se antojan creíbles y cercanas a una platea que empatiza con la desdicha del personaje de Jason Beghe, el in crescendo de suspense al que da pie el comportamiento cada vez más peligroso de una Ella, cuya psicología está tan bien perfilada como la de cualquier rol bípedo que habite el largometraje, completamente enamorada de Alan que en todo momento mantiene en tensión al espectador y por otro lado el inteligente y elogiable subtexto sobre la naturaleza egoísta y depredadora del ser humano en contraposición a la más noble y despojada de artificio del animal o la crítica hacia la experimentación científica que utiliza de manera cruel y discriminada a todo tipo de cobayas como carne de cañón. Esta última idea queda perfectamente anclada cuando al final del film, y después de haber asistido a los actos homicidas de la primate, descubrimos que ella no es otra cosa que la víctima de toda esta situación y que la mano humana que la convirtió en una aberración genética será la misma que tratará de destruirla como si de una vertiente primate del monstruo de Frankenstein se tratase.




Todo funciona al máximo nivel en esta Monkey Shines que merece ser reivindicada como una de las mejores películas de género de los 80. Aunque las ya mencionadas La Noche de los Muertos Vivientes o Creepshow son muestras de su filmografía con mucho más nombre, esta producción de 1988 se revela todavía hoy como la obra cumbre de George A. Romero como autor detrás de las cámaras. Tras ella quedó descontento con el trato que le dieron las majors y volvió a su amado cine independente, pero nunca volvió a estar tan atinado como en este dechado de elocuencia conceptual y narrativa, ya no sólo por su parte, sino por la de todos los profesionales que se implicaron en el proyecto haciendo de manera más que sobresaliente su trabajo. La próxima cinta a reivindicar del maestro del terror zombie en Transgresión Continua será aquella La Mitad Oscura con la que adaptó la novela homónima de su colega Stephen King y que tampoco escapó de los problemas de producción y estreno con la ya mencionada Orion Pictures que por aquel 1993 ya daba sus últimos estertores de muerte.



viernes, 20 de diciembre de 2013

Creepshow, masters of horror



Título Original Creepshow (1982)
Director George A. Romero
Guión Stephen King
Actores Hal Holbrook, Leslie Nielsen, Adrienne Barbeau, Fritz Weaver, Viveca Lindfors, Carrie Nye, E.G. Marshall, Ed Harris, Ted Danson, Stephen King, Tom Savini





El director George A. Romero y el escritor Stephen King son amigos desde hace unos 40 años. El primero marcó un hito en la historia del séptimo arte cuando estrenó en 1968 La Noche de los Muertos Vivientes su obra más celebrada y la que daría el pistoletazo de salida a ese fenómeno zombie que está viviendo una segunda edad de oro desde hace unos años, pero también es autor de estimables piezas como Atracción Diabólica (Monkey Shines), con diferencia su mejor film, mediocridades como El Rostro de la Venganza (Bruiser) o una irregular trilogía actualizada sobre sus no muertos con la que siguió exprimiendo (innecesariamente) la gallina de los huevos de oro con desigual fortuna.




El segundo es un reputado autor de best sellers entre los que se cuentan novelas como Carrie, El Resplandor, Christine (esta dedicada al mismo George), Misery, Apocalipsis, la saga La Torre Oscura o El Misterio de Salem's Lot que como es lógico han tenido casi todas sus adaptaciones al celuloide (en algunos casos con secuelas o remakes, mismamente el de Carrieta N. White está ahora mismo en las carteleras) o la televisión en forma de miniseries catódicas. Curiosamente el mismo George A. Romero dirigió en 1993 La Mitad Oscura, un largometraje basado en la novela homónima de su colega nacido en Maine y protagonizada por Timoty Hutton, Amy Madigan, Michael Rooker, Julie Harris y Robert Joy que no tuvo mucho éxito y cuyo rodaje fue un caos para el director de Marty ( a punto estuvo de retirar su nombre de los títulos de crédito) pero que aún así tenía encanto gracias a su sordidez y al desdoblado trabajo que realizaba el oscarizado actor de Gente Corriente.




Algo que George A. Romero y Stephen King compartían era su pasión por los cómics de la editorial EC en concreto la colección Tales From the Crypt y en menor medida también a la revista Creepy de la editorial Warren. Estos míticos tebeos para adultos estaban formados por relatos cortos realizados por autores de verdadero renombre dentro del noveno arte de la época (entre ellos el inolvidable Bernie Wrightson) y protagonizados por vampiros, licántropos, muertos vivientes o asesinos en serie. De modo que en 1982, con la ayuda del productor Richard P. Rubinstein, director y escritor dieron forma a su personal homenaje a estas historias con Creepshow, una deliciosa cinta que rinde cariñoso tributo a aquellas viñetas que poblaron la infancia y adolescencia de ambos autores.




Durante la noche de Halloween un autoritario y violento padre castiga a su hijo por encontrarle un cómic llamado Creepshow. Cuando el progenitor del niño arroja el tebeo a la basura el narrador del mismo se aparece en la ventana del chico para invitarlo a él y a nosotros como espectadores a descubrir las cinco historias que dan forma al número. En la primera El Día del Padre asistiremos a una atípica reunión familiar con oscuro pasado. En la segunda, La Solitaria Muerte de Jordi Verrill, seremos testigos de cómo un atolondrado granjero sufre los efectos sobrenaturales de haber mantenido contacto físico con los restos de un meteorito. En La Marea un marido cornudo obligará a su mujer y al amante de esta a enterrarse en una playa dejando sólo sus cabezas en el exterior a la espera de que las olas los ahoguen quitándoles la vida. En La Caja descubriremos cómo una extraña criatura centenaria siembra el terror en una universidad. Por último en La Invasión de las Cucarachas un déspota hombre de negocios que padece misofobia se verá atacado por sus más letales enemigos, una horda de insectos.




Creepshow es un cómic viviente, así fue como sus autores lo gestaron. El largometraje de King y Romero es una número viviente de Tales of the Crypt o Creepy. La puesta en escena del director de Zombie (Dawn of the Dead) hace un uso puro de las páginas de tebeo (la primera y última imagen de todos los cortometrajes que dan forma a la película son ilustraciones) y las viñetas, encuadrando muchos planos dentro de las mismas y utilizando fondos animados y saturación de colores primarios y tomas oblicuas cuando llegan los clímax sangrientos de las historias. Por ello la experiencia de ver esta producción de 1982 es tan original y fruiciosa, porque pocas veces el séptimo y el noveno arte han estado tan unidos en un sólo proyecto eminentemente cinematográfico que podría tildarse tan pronto de serie B fílmica como relato pulp literario.




Nos encontramos con historias que fácilmente podían haber formado parte de cualquier colección de la EC repletas de progenitores que salen de sus tumbas para reclamar su tartas del Día del Padre, palurdos granjeros convertidos en plantas, amantes que vuelven a la vida para vengarse de sus asesinos, maridos que buscan acabar con la vida de sus mujeres castradoras usando a una sanguinaria variante del Demonio de Tasmania para que la elimine o millonarios hombres de negocios atacados por miles de cucarachas (esta historia la más alagórica por hacer una lectura cruel de una enfermedad como la misofobia y también la más divertidamente asquerosa y malintencionada) que acaban venciéndolo. Todo con una considerable carga de sangre, terror y sobre todo una ironía y una mala baba bordeando en más de una ocasión una deliciosa incorrección política, sobre todo en el relato La Caja y el epílogo del film en el que el niño que leía el cómic de Creepshow (Joe King, hijo de Stephen y actualmente conocido como el reputado guionista de cómics y novelista Joe Hill, autor de tebeos como The Cape o Locke & Key y libros como El Traje del Muerto o Cuernos) cobrándose venganza con su déspota padre.




Aunque el largometraje no deja de ser un producto de la más pura Serie B cuenta entre sus filas con un reparto de actores bastante reconocidos. Ed Harris y Viveca Lindfors en El Día del Padre. Un inolvidable Stephen King como granjero entrañablemente estúpido en La Solitaria Muerte de Jordy Verrill. Leslie Nilsen (demostrando una vez más que era un gran actor dramático a pesar de que en la recta final de su carrera se inclinara por la comedia absurda) y Ted Danson en La Marea. Un gran Hal Holbrook y una odiosa Adrianne Barbeu en La Caja. Por último destacar por encima del resto del reparto a un enorme E.G Marshall como Upson Pratt en El Ataca de las Cucarachas que llena la pantalla con su sola presencia en un relato que recae totalmente sobre su interpretación ya que está pracicamente sólo delante de la cámara durante el metraje del mismo. Todos los intérpretes muy convincentes e implicados con el juguete que King y Romero han puesto en sus manos.




Creepshow es una memorable y humilde obra de culto dentro del cine de terror de los 80 y un cariñoso tributo a los cómics para adultos de los años 50 y 60. Su éxito en el año 1982 fue más que considerable lo que dio pie al nacimiento de dos secuelas: la memorable Creepshow 2 y la poco conocida Creepshow 3, que según comentan los que la han visto es un despojo importante con el que puede que algún día me anime para descuartizarla posteriormente aquí si la situación lo exige, pero no prometo nada. También nació tras ella una longeva serie de televisión impulsada por cineastas como Richard Donner, Walter Hill o Robert Zemeckis y emitida por la HBO titulada, como es lógico, Tales From the Crypt que utilizando la misma temática que la película de King y Romero rendía su propio homenaje a los cómics de la ya mencionada editorial EC que tan buenos momentos hizo pasar a sus lectores hasta que el inefable Doctor Frederic Wertham y su libro La Seducción del Inocente llegaron para herir de muerte este medio que tanto significa para muchos de nosotros. Pero esa es otra historia de la que se hablará más adelante.


viernes, 16 de marzo de 2012

La Resistencia de los Muertos, la posibilidad de una isla





Título Original Survival of the Dead (2009)
Director George A. Romero
Guión George A. Romero
Actores Alan Van Sprang, Kenneth Welsh, Kathleen Munroe, Athena Karkanis, Joris Jarsky, Devon Bostick, Matt Birman, Mitch Risman, Salar Maladai, Eric Woolfe





Ultima y decepcionante entrega de la segunda trilogía que el director George A. Romero ha dedicado al subgénero que él mismo creó hace casi 45 años con la seminal La Noche de los Muertos Vivientes en el ya lejano año 1968. Tras la memorable La Tierra de los Muertos Vivientes y la más floja pero aún así interesante El Diario de los Muertos esta Survival of the Dead supone un producto indigno de su autor que utiliza todas sus constantes como director pero de manera desangelada y mecánica.





En una recóndita isla un par bandos comandados por dos enemigos acérrimos chocarán cuando los muertos abandonen sus tumbas y vuelvan a la vida. Uno de los grupos defiende acabar con los zombies antes de que contagien su enfermedad al resto de la población, el otro decide dejarlos vivos y encerrados por si al cabo de un tiempo puede encontrarse una cura para la terrible afección que padecen y así volver a ser humanos. El efrentamiento se antojará inevitable.





Desgana, esa es la palabra que resume el conjunto de una obra cinematográfica como La Resistencia de los Muertos. Todo está rematado de manera anémica en la última película de George A. Romero, transmitiendo una sensación de apatía, poca implicación o aburrimiento con respecto al proyecto que hace fracasar un film que hubiera dado un cierre interesante a esta nueva trilogía que no desmerecía demasiado a la original que el director completó en los años 60, 70 y 80.





La película parece haber sido llevada a cabo con el piloto autómatico en practicamente todos sus apartados. Desde el pobre maquillaje de los muertos vivientes, hasta ese inicio descontextualizado y con prisa que hace que el film ya ampiece renqueante. Desgana hay en el retrato de personajes, que siempre han sido estereotipos cuando Romero los ha retratado, pero no hasta estos extremos de insipidez. Las repetitivas escenas gore que no sorprenden en practicamente ningún momento o los actores que acometen sus roles con más pesadumbre que otra cosa.






Lo más triste es que el film contiene esa personal característica por parte de Romero de utilizar una poco sutil pero acertada simbología social y política con la que critica ideas o conceptos actuales que a él no le agradan. Como en otras ocasiones aquí los personajes verdaderamente peligrosos son los humanos que se muestran en situaciones extremas más crueles que los mismos muertos vivientes y estos últimos sirven como una recreación de una sociedad que se descompone a pasos agigantados física y moralmente.





También añade el director de La Mitad Oscura en el grueso de la trama en esta ocasión una mirada crítica hacia las luchas territoriales entre familias dentro de la América profunda. El problema es que todo esta expuesto en pantalla por parte del guionista y director sin un ápice de inteligencia o acierto a diferencia de como lo hizo en sus dos largometrajes pretéritos o los que formaban su trilogía anterior que eran más incisivos a la hora de atacar el clasismo o el uso indebido de las altas tecnologías.




Esa apatía se percibe también en un reparto de actores que parecen estar ahí por cumplir y llevarse sus cheques. El único que inyecta en su labor un poco más de ímpetu es el canadiense Kenneth Welsh (el mítico Windom Earle de Twin Peaks) dando vida a una especie de viejo lobo de mar matazombies de vuelta de todo. El resto del casting, formado por el tío chungo, la chica de color, el hispano, el niñato sabelotodo está tan poco destacable como el mismo conjunto del producto cinematográfico.




Survival of the Dead nos da a entender que George A. Romero está acabado como cineasta o que al menos dentro del celuloide sobre muertos vivientes ya lo ha contado todo. Con la edad que tiene yo desde el cariño y la admiración que le profeso le recomendaría al director de Monkey Shines (la que sigue siendo su mejor y más completa cinta y una joya a redescubrir) la jubilación, ya que todos los que hemos disfrutado de obras como Zombie (Dawn of the Dead), El Día de los Muertos o Creepshow estamos en deuda con él y su carrera como atípico cineasta, pero antes de ponerse a cagarla y ofrecernos un testamento cinematográfico intragable mejor que se quede como está, todos se lo agradeceremos.


lunes, 6 de junio de 2011

Creepshow 2, la seducción del inocente


Título Original: Creepshow 2 (1987)
Director: Michael Gornick
Guión: Stephen King y George A. Romero
Actores: George Kennedy, Dorothy Lamour, Lois Chiles, Tom Wright, Stephen King, Tom Savini, Frank Salsedo, Holt McCanally, David Holbrook, Don Harvey, Page Hannah, David Beecroft, Richard Parks, Chere Bryson, Joe Silver



Corría el año 1982 cuando el famoso novelista Stephen King (Carrie, El Resplandor) y el director de cine George A. Romero (La Noche de los Muertos Vivientes, Atracción Diabólica), amigos y colaboradores, aunaron fuerzas con el productor Richard P. Rubinstein para realizar un largometraje que homenajeara a los míticos y magníficos cómics para adultos de la extinta editorial EC, pero centrándose también en la colección de relatos de terror Creepy de la Warren. El resultado fue la muy recuperable cinta Creepshow, de cuyo guión se ocupó King y dirección el mismo Romero, una modesta y entrañable cinta que relataba cinco historias de horror que rendían cariñoso tributo a aquellos lejanos tebeos de los años 50.




Infidelidades, zombies, meteoritos del espacio exterior, legados malditos, insectos atacando en forma de plaga, mucha referencia al mundo de EC y una considerable fidelidad para con las viñetas. Todo sustentado en una estética de cómic, un guión divertido con mucho humor negro e incorreción política y un excelente reparto en el que reconocíamos los rostros de Viveca Lindfors, Hal Holbrook, Ed Harris, Leslie Nielsen, Ted Danson, Adrienne Barbeau, el mismo Stephen King como el inolvidable Jordy Berryl o E.G Marshall. Todos ellos pasándoselo en grande a  la hora de abordar sus caricaturescos y exagerados personajes.




La obra tuvo una muy buena acogida, de modo que cinco años después King, Romero y Rubinstein se pusieron manos a la obra con la secuela. Con los tres autores ejerciendo de productores, y el novelista de Maine ocupándose del guión, esta vez Romero delegó responsabilidades de realización en su colaborador Michael Gornick, que por un lado venía de despuntar al realizar algunos capítulos de la serie catódica Tales Form the Darkside y por otro era el habitual director de fotografía de muchas de las obras de autor de La Tierra de los Muertos Vivientes. El resultado fue una digna secuela a la altura de las circunstancias, que en algunos aspectos incluso llegaba a superar a la cinta original.




Esta vez las cinco historias se vieron a tres. La primera, El Viejo Jefe Cabeza de Madera, habla de una figura india de madera que cobra vida en una tienda de carretera regentada por un matrimonio. La segunda, La Balsa, trata sobre dos parejas que se dirigen a pasar un apacible día en el lago y allí una putrefacta mancha negra intentará devorarlos vivos. La tercera, El Autoestopista, narra cómo una mujer adúltera atropella a un vagabundo que estaba haciendo autoestop. Los tres segmentos se ven complementadas por un prólogo y epílogo, alternando ambos imagen real con animación, que relata una historia sobre un chico que lee los cómics de Creepshow, que le son proporcionados por el mismísimo Creep (interpretado por el maestro de los efectos especiales, Tom Savini) y que es acosado por tres matones de su barrio... por desgracia para ellos.




Todas las historias que dan forma a Creepshow 2 siguen, en la medida de lo posible, la senda abierta previamente por la primera parte y como es lógico, al igual que aquella, también sirven como fruicioso homenaje a los cómics en los que se inspiran. Puede que no tengan el tono más clásico y tebeístico que sí destilaban aquellas, siendo más hijas de su tiempo, pero se antojan muy competentes, están adecuadamente ensambladas y rodadas con mucha solvencia. Michael Gornik demuestra notable oficio detrás de la cámaras, sabe medir los tiempos y dosificar el terror, e incluso se permite el alarde de incluir algún plano brillante como el cenital de Sam atravesando la pared siendo arrastrado hacia la habitación contigua por la figura viviente en la primera historia o algunos muy elaborados de la mancha negra devorando humanos en la segunda. Un trabajo que Gornik resuelve con profesionalidad y un control de la narración digno de elogio.





Una vez más Stephen King y George A. Romero consiguieron dar forma a una agradecida y entrañablemente malsana oda a los cómics adscritos al género de terror en particular y al  noveno arte en general, pero con tono muy de los 80, más que su predecesora. Puede que globalmente no sea tan redonda como la anterior entrega (que en honor a la verdad, desde un punto de vista cinematográfico, tampoco era una genialidad, aunque su personalidad suplía dichas carencias), pero tenía la suficiente calidad y cariño por el material que rendía tributo como para ser recordada con aprecio y una sonrisa en la boca del espectador. También hay una Creepshow 3 rodada en 2006, sin King y Romero implicados en el proyecto, con fama de bastante penosa que tarde o temprano comentaré aquí, cuando tenga el dudoso gusto de visionarla.




Por último destacar que después de los créditos finales de Creepshow 2 nos encontramos un texto que fue un editorial de la revista Collers Magazine cuya fecha data de 1949 y en la que se defendía a un medio como el cómic ante las acusaciones que recibió, por culpa de ese inefable psiquiatra ávido de fama llamado Frederic Wertham, de ser la causa de la violencia juvenil en Estados Unidos a finales de  la década de los 40, dando pie al cierre de un sello tan mítico como EC y a la creación de aquel estúpido objeto censor llamado Comic Code que estuvo a punto de acabar con el mundo la historieta americana que no desapareció totalmente hasta Enero del presente año, cuando fue erradicado por fin de nuestras vidas y de la de nuestros personajes de ficción favoritos. Tanta paz lleva como descanso deja.



miércoles, 14 de julio de 2010

El Rostro de la Venganza, american psycho



Título Original: Bruiser (2000)
Director: George A. Romero
Guión: George A. Romero
Actores: Jason Flemyng, Peter Stormare, Leslie Hope, Nina Garbiras, Andrew Tarbet, Tom Atkins, Jonathan Higgins, Jeff Monahan





De manera no muy regular, George A. Romero ha tenido varias incursiones, siempre dentro del terror, en un tipo de cine en el que no imperan sus ya míticos y por qué no decirlo, algo manidos, muertos vivientes. En varios de esos proyectos el resultado ha sido digno, como en La Mitad Oscura, basada en una novela de su amigo Stephen King o de sobresaliente alto, como se pudo ver en Atracción Diabólica, el que sigue siendo para un servidor su mejor film y su obra más completa. El Rostro de la Venganza entra en esta vertiente cinematográfica dentro de la filmografía de Romero, pero por desgracia se muestra como un producto decididamente fallido.




Bruiser tiene un planteamiento interesante, gracias a él Romero podría realizar una incisiva y poco complaciente mirada sobre el mundo de los negocios y el periodismo, en cierta manera casi lo consigue. Pero el director de Creepshow se centra en el thriller trillado sobre la clásica vendetta y con un fallo importante, lo de la máscara. Por mucho que quiera simbolizar, el anonímato, la poca personalidad y la nulidad física y sentimental del protagonista y su afán por vengarse, es una gilipollez que no se sostiene de ninguna manera y que sólo tiene de ventajoso librarnos bastante tiempo del rostro del correcto, pero feísimo, actor británico, Jason Flemyng.




A Romero se le nota el oficio y los años detrás de la cámara. La dirección es lo mejor de film, su trabajo es fresco, adecuado, muy fluido. En cambio en la escritura es donde mete la pata. A unos diálogos creíbles y una trama potencialmente adecuada, que vendría a ser el émulo de una novela del polémico escritor americano Bret Easton Ellis, se antepone un desarrollo insulso, poco creíble, nada coherente y unos personajes que en principio parecen veraces, para más tarde actuar de manera estúpida y muy forzada.




De estos últimos destacar entre todos ellos a Peter Stormare. El actor sueco me cae bien, es un tipo entrañable y descarado, pero hay algo que no comprendo. Si sus mejores papeles son siempre los contenidos (Bailar en la Oscuridad, Reeencarnación, Fargo) ¿por qué el 90% de los directores lo dejan sobreactuar tanto y de manera tan descarada?. ¿Por qué un hombre que empezó en el teatro de Suecia bajo las ordenes de nada más y nada menos que Bergman es tan jodidamente payaso y exagerado a lo hora de actuar?, no lo comprendo.




Se le agradece a Romero que se arriesgue y no trate de vendernos siempre la misma moto que vomita sangre, muerde a humanos y se descompone físicamente. Pero Bruiser no funciona, es un producto que no cumple su misión y decepciona de manera más o menos general. Lo que en un principio parecía ser un film de suspense, crítico y con un aire agradable de cine negro, acaba quitándose su endeble máscara para mostrarse como un teleflim vespertino del montón, que si no fuera por su dirección, alguna teta (las de Nina Garbiras, bastante interesantes) y la actuación en el local de los Misfits, su visionado hubiera sido una perdida de tiempo por mi parte.



jueves, 29 de octubre de 2009

El Diario de los Muertos, el hombre es un lobo para el hombre



Título Original: Diary of the Dead (2007)
Director: George A.Romero
Guión: George A. Romero
Actores: George Buza, Joshua Cole, Joe Dinicol, Shawn Roberts, Tatiana Maslany




Quinta incursión del maestro Romero dentro del género al que él mismo dio forma con el clásico La Noche de los Muertos Vivientes. Esta vez el director de Brusier da un nuevo toque a su visión sobre el mundo de los zombies narrando su film desde el punto de vista de un cámara que quiere dejar constancia en imágenes de la masacre llevada a cabo por los muertos que vuelven a la vida por culpa de una infección vírica de origen desconocido.




Romero es consciente de que se ha vuelto monotemático dentro del género de terror, que sólo sabe hablar de zombies. Por eso mismo se le agradece su intención de no repetirse demasiado, de ahí que en esta El Diario de los Muertos su puesta en escena sea atípica para este tipo de cine y ojo, su narración, utlizando cámaras de cine, caseras, de vigilancia, móviles, internet, es más parecida a Redacted de Brian de Palma que a [REC·] de Jaume Balagueró y Paco Plaza con la que en verdad tiene poco que ver.




En su fondo el film contiene todos los clichés del cine de zombies. Personajes acartonados, acciones ridículas por parte de los protagonistas, escenas gore más o menos conseguidas, tragedias personales y mucha influencia tanto de Resident Evil (ojo el videojuego, no la nefasta saga cinematográfica) como de la excelente coleccíon de cómics Los Muertos Vivientes escrita por Robert Kirkman e ilustrada por Tony Moore y Charles Adlard, sin olvidar las autorreferencias a las obras anteriores del mismo Romero.




El mayor fallo de la cinta es sin lugar a dudas la innecesaria y vacua voz en off que sólo relata obviedades y gilipolleces que el espectador puede ver en pantalla con suficiente claridad sin la necesidad de un narrador torpe que esté subrayando cada idea o planteamiento, encima la misma quiere mostrarse profunda y dramática cuando lo que hace es incitar a la carcajada por sus conclusiones del todo pueriles.




Otra correcta cinta de Romero, una muestra más de que está en forma, puede que no avance, que se haya anquilosado como director, pero a sus fans no nos decepciona. El Diario de los Muertos una vez más es una cinta sobre zombies, entretenida, violenta, bien rodada y como viene siendo marca de la casa en su interior late un mensaje contestatario en contra de la manipulación de los medios y el mal uso de las altas tecnologías, así como una mirada descreida y misántropa a cerca de la naturaleza animal y depravada del ser humano.