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viernes, 11 de octubre de 2019

Joker



Título Original Joker (2019)
Director Todd Phillips
Guión Scott Silver y Todd Phillips, basado en el personaje creado por Bill Finger, Jerry Robinson y Bob Kane
Reparto Joaquin Phoenix, Robert De Niro, Frances Conroy, Zazie Beetz, Brett Cullen, Bill Camp, Shea Whigham, Dante Pereira-Olson, Douglas Hodge, Jolie Chan, Bryan Callen, Brian Tyree Henry, Mary Kate Malat, Glenn Fleshler, Marc Maron




Desde que se oficializara su producción en plena vorágine de incertidumbre, despidos y caos generalizado dentro de DC Entertainment y Warner Bros tras el descalabro en taquilla de Liga de la Justicia (Zack Snyder/Joss Whedon, 2017) Joker ha sido un proyecto que ha dado mucho que hablar. Las primeras noticias, bastante cuestionables, apuntaban a algo tan goloso como una película en solitario protagonizada por el personaje creado por Bill Finger, Jerry Robinson y Bob Kane en 1940 y dirigida por un Martin Scorsese que iba a ponerse detrás de las cámaras, más tarde pasó a producir y en 2018 se desvinculó del largometraje. El lugar de Scorsese lo ocupó Tod Phillips, realizador curtido en la comedia con producciones como Road Trip, Starsky & Hutch o la trilogía Hangover que en su último trabajo, Juego de Armas (War Dogs), ya coqueteaba con el drama. Phillips también se ocuparía de la escritura con la inestimable ayuda de Scott Silver, guionista ducho en biopics, reales o adscritos a cierta pátina ficcional, como demuestran sus trabajos en The Fighter o 8 Millas. Pero el proyecto no tomó verdadera relevancia hasta que se confirmó el actor que iba a interpretar al famoso enemigo del Guardián de Gotham. Para sorpresa de propios y extraños Joaquin Phoenix, interprete totalmente ajeno al cine basado en personajes de cómics, asumía la complicada tarea de dar vida a un icono al que otros actores de gran relevancia como César Romero, Jack Nicholson, Heath Ledger o Jared Leto habían interpretado, no todos ellos con buenos resultados.




Mientras Todd Phillips y otras personas vinculadas a Joker hacían declaraciones con las que minusvaloraban los cómics o el cine que adapta los superhéroes de las viñetas a la pantalla grande, confirmando que lo que ellos estaban creando era algo más adulto y elevado que dichas producciones, despertando así las iras de gran parte del fandom, el film tenía su puesta de largo internacional en el Festival de Venecia. Allí, con la crítica y el público deshechos en elogios hacia la película y su protagonista, surgieron los primeros comentarios sobre el contenido de la obra y su mensaje. Propaganda incel, glorificación de la violencia y el terrorismo, obra misógina, se promulgaba por parte de sus detractores. Mientras sus defensores la confirmaban como una obra maestra, el paso a la adultez del cine de superhéroes o un clásico instantáneo. Ajena a toda esta insulsa guerra civil, sobre todo en redes sociales, Joker marcaba un hito dentro del subgénero ganando el León de Oro en el festival italiano.




Después de conseguir tan prestigioso galardón el debate sobre la película en redes sociales se recrudeció entre uno y otro bando, o al menos entre las dos facciones más radicales y dogmáticas de los mismos. Todo esto, recordemos, entre personas que no habían visto la película y no podían dictar sentencia, a favor o en contra, de ella. Demostrando así que era el fanatismo tóxico el que se apoderaba de una controversia en la que la mayor perjudicada era una película sin culpa de contar entre sus aliados o enemigos con energúmenos de distinto pelaje obsesionados con enaltecer la productora/editorial en la que militan mientras desacreditan y desprecian la del contrario. Por fin llega el 4 de octubre en el que Joker se estrena en pantallas de todo el mundo y los espectadores ya pueden hablar, con uso de razón, del producto tras visionarlo. En Transgresión Continua hemos seguido este procedimiento, el que vemos más logico, y ya podemos traeros nuestra primera opinión de la cinta de Todd Phillips.




Ciertamente Joker es una rareza dentro del subgénero al que se adscribe. No sólo por alejarse del tono más familiar y comercial de las otras traslaciones de personajes de cómic al celuloide, independientemente de si son de Marvel o DC Comics, sino por la perspectiva asumida por Todd Phillips y sus colaboradores a la hora de abordarla como obra cinematográfica. Los máximos responsables del film reformulan el origen del Joker y aunque el expuesto en el argumento central es ajeno al mundo de las viñetas la influencia de algunos trabajos icónicos adheridos al personaje se explicitan notablemente. Este génesis en el que Arthur Fleck muta en el que se convertirá en el elemento más peligroso de la galería de villanos de Batman nos remite, inevitablemente, a La Broma Asesina. Su origen como cómico fracasado, la relación con un personaje femenino relevante en su vida (allí su mujer, aquí su madre) y una serie de circunstancias trágicas como catalizadoras de su inmersión en la demencia nos retrotraen a la obra maestra de Alan Moore y Brian Bolland.




Tomando este arco dramático en el que se verá implicado el personaje principal como epicentro del relato Scott Silver y Todd Phillips construyen un drama desgarrador sobre la locura, la soledad o la corrupción. Arthur Fleck es un outisder, un Don Nadie, una persona con problemas mentales pisoteada por un entorno que siempre acaba destruyendo sus delirios de grandeza incitándole, no sólo a entregarse al crimen y al asesinato, sino a confundir realidad con ficción, idea conceptual que juega a favor de la construcción narrativa del proyecto. Los autores nos muestran de dónde vienen los traumas, físicos y psicológicos, de su criatura y aunque juegan la carta de aferrarse a la mística detrás de un villano carismático de personalidad magnética sus actos nunca están glorificados y sólo personas de moralidad cuestionable podrían ver heroicidad en la escalada de muerte e insania en la que se ve implicado cuando su sentido común se rompe en mil pedazos y el Joker se apodera de los pocos rescoldos que quedan de un maltrecho Arthur Fleck.




Joker es una película que no hace prisioneros en ningún aspecto. Para el que suscribe el film de Todd Phillips no hay una llamada a las armas para que las clases bajas acaben con las altas, lo que sí hay es el mejor retrato del contexto espacial en el que se mueve tanto el Joker como Batman desde que fueron creados en las viñetas. La ciudad de Gotham retratada por Todd Phillips es un hervidero de crimen y corrupción que no entiende de clases o jerarquías. Mientras Thomas Wayne, y sus pupilos, se revelan como esnobs adinerados sin escrúpulos los ciudadanos de a pie forman una masa enfervorecida y violenta que sólo quiere “ver arder el mundo”. Como es lógico una ciudad demente tomará como líder a un hombre demente y la conversión de Arthur Fleck en ese perverso mesías de cara pintada culmina un in crescendo de horror, hemoglobina y guerrilla urbana en el que localización y personaje principal se mimetizan para evolucionar en una entidad superior y crear, de manera tangencial, al héroe que, en un futuro próximo, intentará salvar a Gotham de caer en el abismo.




La controversia también se despertó cuando en algunas de las primeras reseñas de Venecia se comentó que Joker serviría como acicate para el movimiento Incel, abreviatura de “involuntary celibate”, cuyos postulados defienden que sus miembros no pueden mantener relaciones sexuales, como ellos quisieran, lo que deriva en un ideario sustentado, mayormente, en la misoginia, el odio al sexo femenino e incluso el asesinato. Un servidor al ver la película no ha dado crédito a esta afirmación porque no hay un ápice de estas ideas en su argumento. El personaje de Zazie Beetz es retratado como un dechado de coherencia, una vez se conoce el secreto de su presencia en la historia, y en ningún momento se menciona o deja entrever que su presencia o actos sirvan como una más de las desgracias que arrojan a Arthur al mundo del asesinato premeditado. De esta manera en ningún momento ella se une, al menos de manera voluntaria o directa, al grupo de personajes que son acusados por los guionistas y el director de “crear al Joker” dejando, al menos para el que esto firma, en nada dicha acusación prematura que se arrojó contra el film durante su paso por el festival veneciano.




Era lógico y comprensible que la implicación de Joaquin Phoenix como protagonista de Joker iba a dar al proyecto una dimensión descomunal. No sólo porque con el hermano del malogrado River Phoenix hablamos del, probablemente, mejor intérprete de su generación, sino también porque es un profesional que elige milimétricamente los papeles que decide acometer y una vez lo hace su implicación con ellos o su entrega, desde una perspectiva física y psicologíca, llega a bordear lo enfermizo. Joaquin Phoenix no es un “actor del método”, precisamente porque “el método” le queda pequeño. Con muchos ecos del Freddie Quell al que dio vida en The Master (Paul Thomas Anderson, 2012) el protagonista de Her o La Noche es Nuestra ejecuta una composición visceral, cruenta, descarnada en la que Arthur Fleck puede transmitir, de manera paralela, sensaciones tan antagónicas como fuerza y debilidad, comicidad y tragedia, terror y aflicción. Phoenix hace suyo al personaje del cómic y le inyecta de tics, miradas, mudolación de voz, esa peculiar y forzada risa o una fisicidad capaz de emparentarlo con un enorme y desgarbado insecto viéndose acentuada por su extrema delgadez.




De esta manera podemos confirmar que nos encontramos, no sé si con el mejor Joker en imagen real, pero sí con el más completo, complejo y con un perfil más elaborado. Evidentemente en esta ocasión el villano es el protagonista y sin un Batman que le robe minutos en pantalla las dos horas de metraje están dedicadas a diseccionar la psique de Arthur Fleck, algo que Joaquin Phoenix consigue con resultados de una calidad dificilmente calibrable, siempre apoyándose en la destacable base que supone el guión de Scott Silver y Todd Philips. Pero además de componer un Joker para el recuerdo el actor de Señales no se olvida de sus predecesores y, tanto en su composición como en su aspecto o manera de obrar delante de la cámara, encontramos un compendio de casi todos los “Jokers” previos y guiños a los mismos mediante diálogos, secuencias, gestos o una minuciosa utilización del lenguaje corporal. Si este año Joaquin Phoenix no gana con Joker ese Oscar que lleva mereciendo, de manera irrebatible, desde su magnánima labor en el falso documental I’m Still Here la academia de Hollywood sumará una injusticia más a su interminable lista de ellas.




Mi recomendación para aquellos que sienten recelo o prejuicios contra la película y su contenido o por sus hacedores y las innecesarias declaraciones que han puesto en sus bocas, es que vayan a verla con la mente abierta. Joker no es una obra maestra, tampoco es un dechado de originalidad, pero es una interesante anomalía dentro de su subgénero que puede convivir de manera armoniosa con las otras perspectivas ofrecidas sobre este dentro del cine comercial estadounidense. Así no sólo podremos debatir de manera razonada sobre la obra, también cada espectador podrá dar su opinión sobre su mensaje (pudiendo ser totalmente opuesta a la mía, que no se sustenta en ninguna verdad irrefutable) o contenido y descubrir que, a pesar de las fanfarronadas de Todd Phillips, hay en su película una ingente cantidad de referencias a los cómics y un par de escenas, como la de la verja, cargadas de una poderosa simbología con la que se rinde tributo a un villano que al igual que su némesis siempre ha tenido distintas personalidades, caras, aristas o matices. La de este Joker es una más de esas visiones y bienvenida sea si nos permite abrir nuevas vías dentro de este tipo de cine que por medio de la diversificación y la variedad podrá llegar a ofrecernos no pocas sorpresas. Ojalá que así sea.


viernes, 16 de septiembre de 2016

Juego de Armas, señoritos de la guerra



Título Original War Dogs (2016)
Director Todd Phillips
Guión Jason Smilovic, Stephen Chin y Todd Phillips basado en el libro de Guy Lawson
Reparto Miles Teller, Jonah Hill, Ana de Armas, Bradley Cooper, Jeff Pierre, Shaun Toub, Barry Livingston, Brenda Koo, JB Blanc, Trevor Keveloh, Roman Mitichyan, Mehdi Merali, Ashley Spillers, Aaron Lustig, Said Faraj, Ashli Haynes




En el año 2005 dos jóvenes emprendedores, David Packouz y Efraim Diveroli, se hicieron socios para sacar adelante AEY Inc., una empresa dedicada a la venta internacional de armamento y munición teniendo entre sus clientes al ejército de Estados Unidos. Tres años después fueron acusados de conspiración por vender munición fabricada en china al Ejército Afgano. Diveroli fue condenado a cuatro años de prisión y Packouz a siete meses de arresto domiciliario. Esta odisea fue narrada por el periodista Guy Lawson en un artículo de la revista Rolling Stone titulado The Stoner Arms Dealers: How Two American Kids Became Big-Time Weapons Traders y posteriormente en el libro Arms and the Dudes que se convirtió en un best seller el año 2015. Esta es la base sobre la que el cineasta y guionista Todd Phillips (conocido principalmente por la trilogía Hangover, conocida como Resacón en nuestro país) y sus colaboradores de escritura Jason Smilovic (El Caso Slevin) y Stephen Chin (Al Final del Edén) se han inspirado para dar forma a War Dogs, la cinta que nos ocupa en esta entrada. El largometraje iba a estar protagonizado en un principio por Jesse Eisenberg (Batman v. Superman: El Amanecer de la Justicia) y Shia LaBeouf (la saga Transformers), pero al final han sido Miles Teller (Whiplash, Cuatro Fantásticos) y Jonah Hill (El Lobo de Wall Street, Moneyball) los encargados de dar vida a las contrapartidas cinematográficas de David Packouz y Efraim Diveroli en la pantalla grande. Por desgracia Juego de Armas (como se ha rebautizado a la película en España) es un producto que no pasa de lo correcto y cumplidor ya que sus guionistas no han sabido (o querido) aprovechar al máximo el material incendiario que tenían en las manos para dar forma a una sátira que podía haber dado mucho que hablar, pero que se queda a medio gas en casi todos sus apartados sin explotar las múltiples posibilidades a las que aspiraba su interesante propuesta.




Después de su prometedor arranque en el que la narración por parte del personaje de Miles Teller parece que va a vomitar más bilis de la que en el resto del metraje regurgita en pequeñas bocanadas, Todd Phillips y sus guionistas asientan el tono del producto, este muestra las armas (nunca mejor dicho) que utilizará en su puesta en escena y desde el mismo arranque vamos notando todas las carencias de la producción. War Dogs quiere ser la El Lobo de Wall Street del cine sobre traficantes de armas (la conexión Jonah Hill en ambos repartos evitan que la idea sea un disparate inviable) pero ni el film tiene el veneno, el descaro, los excesos formales y conceptuales (cámara espídica, violencia, sexo, drogas de todo tipo en cantidades industriales) del largometraje protagonizado por Leonardo DiCaprio, ni Todd Phillips es Martin Scorsese. El mayor fallo de Juego de Armas, y es un pecado capital que ninguna sátira debería cometer, es que no es graciosa, poco de comedia tiene el argumento ideado a seis manos y el que aquí susrcribe admite no haberse reído ni una sola vez con lo acontecido en pantalla durante los 114 minutos que dura la película. Paradójicamente esto tampoco tendría que matar en vida la obra, no son pocas las parodias cinematográficas de verdadera calidad que no son especialmente desopilantes, pero sí es cierto que en ese sentido War Dogs fracasa irremisiblemente y una vez más debemos lamentarlo si tenemos en cuenta que el film y su contenido daban pie al humor más negro y desprejuiciado, el mismo que no hace acto de presencia en (casi) ningún momento en pantalla.




Por suerte la historia es lo suficientemente interesante como para que el espectador esté siempre atento al desarrollo de la misma y a qué deparará el futuro a estos mercachifles de tres al cuarto que acaban llegando a lo más alto gracias a sus negocios armamentísticos en el mercado negro. El problema está en que cuando la historia se estabiliza y vemos a David Packouz y Efraim Diveroli trabajar juntos para convertir AEY Inc en un negocio redondo Todd Phillips y sus colaboradores en la escritura no cargan adecuadamente las tintas.War Dogs facilita al espectador interesantes datos sobre los millones de dólares que proporciona la guerra a los vendedores de armas y cómo estos se amparan en la mayor de las hipocresías (los dos protagonistas están supuestamente en contra de la invasión norteamericana a Iraq, sobre todo el rol de Teller que iba a manifestaciones contra aquel conflicto bélico acompañado de su esposa) para hacerse ricos a costa de vender maquinaria pesada para arrebatar vidas tanto civiles como militares, proporcionando material incluso a los terroristas que atentan contra su propio país. Pero es ahí donde la película se queda corta, el film no duda en hacer un retrato duro e inmisericorde de los traficantes de armas, pero cuando tiene vía libre para lanzar dardos contra el gobierno de Estados Unidos (alguno hay pero, pero muy inofensivo) o el ejército del mismo se achanta, baja el hocico, y deja pasar por alto una oportunidad de oro. No quiera esto decir que el que suscribe esperara la mala baba de otras sátiras antibélicas como Trampa 22, de Mike Nichols, Starship Troopers, de Paul Verhoeven o Buffalo Soldiers, de Gregor Jordan (posiblemente la película más antimilitarista del Hollywood reciente) pero sí algo más de inquina a la hora de hablar de todos aquellos que se benefician de las guerras, que no son sólo los que venden el armamento.




A que ese interés, que previamente mencionábamos, se mantenga a lo largo de toda la película ayuda un dúo de protagonistas que hace competentemente bien su trabajo. El David PacKouz de Miles Teller comienza siendo un masajista de gente adinerada para después entrar en negocios sucios con Efraim Diveroli, que se aprovecha de la vieja amistad que ambos compartieron de adolescentes para atraerlo a su terreno. El rol del actor de Whiplash es un buen chico que se ve arrastrado por la avaricia, el lujo y el lado oscuro del manido “Sueño Americano” (algo que vuelve a emparentar War Dogs ya no sólo con El Lobo de Wall Street, sino con aquella obra maestra, también de Martin Scorsese, llamada Goodfellas) y aunque entra en el juego de su socio y amigo se mantiene durante todo el film como la “brújula moral” de la historia (una vez más los guionistas quedándose cortos en cuanto a malicia se refiere) todo abordado por un Teller contenido y dando nuevas muestras de ser uno de los mejores actores de su generación. En cambio el Efraim Diveroli de un Jonah Hill cada vez más orondo es el personaje embaucador, el negociante desalmado que vendería a su madre por colocar un par de fusiles más al comprador de turno. Con una labia descontrolada, un especial talento para engañar o extorsionar y una risita insoportable el actor de Lío Embarazoso (Knocked Up) realiza un buen trabajo, eso sí, realizando un émulo descafeinado de su Donnie Azoff para la ya mencionada cinta sobre la excesiva vida del broker Jordan Belfort.




Juego de Armas no es ni de lejos el producto que podía haber sido si la historia que narra hubiera sido abordada como mucha más ironía y humor negro. Por desgracia las carencias de un director impersonal y de escasa inventiva como Todd Phillips se hacen notar en pantalla ofreciendo una realización plana, academicista y que no ofrece a la platea ninguna secuencia memorable o que se que de grabada mínimamente en la retina. Podemos quedarnos con los interesantes, y demenciales, datos que aporta la trama sobre el negocio que supone la guerra y los chupópteros que se aprovechan de ella sin importarles las vidas que se puedan perder en el proceso, la banda sonora con temazos de Pink Floyd, Creedence Clearwater Revival, Iggy Pop, The Who o un dúo de actores muy competentes (que no brillantes) arropados por secundarios como la cubana, y española de adopción, Ana de Armas (a la que veremos también en esa Blade Runner 2 que rueda Dennis Villeneuve) o al habitual de la casa Bradley Cooper entre otros. Por desgracia a poco más nos podemos aferrar con War Dogs, un largometraje que deja patente lo difícil que es tratar de crear una obra incómoda y políticamente incorrecta en el seno de Hollywood sobre todo si no hay un autor con verdadera personalidad detrás del proyecto. Lo más grave es que durante todo el metraje del film de Todd Phillips me venía a la cabeza El Señor de la Guerra, aquella cinta escrita y dirigida por Andrew Niccol y protagonziada por Nicolas Cage que hablando del mismo tema no dejaba títere con cabeza abordando el mundo de la venta ilegal de armas sin miramientos, ni concesiones. Con afirmar que lo que War Dogs trata de contar en casi dos horas lo condensa Niccol sólo en los títulos de crédito de su cinta de 2005 se hacen más patentes las carencias de este biopic sobre David Packouz y Efraim Diveroli que no da ni la mitad de lo que prometía su punto de partida.

lunes, 24 de septiembre de 2012

Resacón II: ¡Ahora en Tailandia!, Bangkok dangerous



Título Original The Hangover II (2011)
Director Todd Philips
Guión Scot Armstrong, Graig Mazin y Todd Philips
Actor Zach Galifianakis, Bradley Cooper, Ed Helms, Justin Bartha, Paul Giamatti, Jamie Chung, Ken Jeong, Todd Philips, Mike Tyson, William A. Johnson, Jeffrey Tambor





En el año 2009 tuvo considerable éxito de taquilla y crítica una comedia llamada Resacón en Las Vegas (The Hangover) sobre un grupo de amigos que despertaban en la ciudad americana del juego y el vicio tras una despedida de soltero bestial de la que ninguno de ellos recuerda nada. La película dirigida por Todd Philips (Road Trip) y con un reparto en estado de gracia era una simpática cinta, divertida, ligera y correctamente hilada que no era la maravilla que algunos proclamaban, pero que al menos sí hacía pasar un rato divertido al espectador que disfrutaba de poco más de hora y media de cine de evasión para echar unas risas que no tomaba por estúpido al que lo degustaba.




Como era lógico el taquillazo dio pie a pensar en la secuela inmediatamente a la Warner Bros que se había hecho (una vez más) de oro con la película. En el año 2011 se estrenó la segunda parte y para que la cosa no fallara se dejó practicamente al mismo equipo técnico y artístico. De nuevo la taquilla se rindió a los pies del film, pero esta vez la crítica no fue tan benevolente con el producto como con la primera entrega. Lo cierto es que mi opinión sobre Resacón 2: ¡Ahora en Tailandia! es la misma que con la cinta anterior, porque  realmente esta continuación es practicamente igual que aquella en casi todo.




¡Ha vuelto a pasar!. Tras la despedida de soltero de Stu (Ed Helms) que se casa en Tailandia con su prometida Lauren (Jamie Chung) él y sus amigos Phil (Bradley Cooper) y Alan (Zach Galifianakis) despiertan en un motel de mala muerte situado en el centro de Bangokok sin recordar nada de lo que pasó la noche anterior. Los chicos tendrán que recorrer de nuevo sus propios pasos no sólo para saber que sucedió, sino también para encontrar a Teddy (Mason Lee) el hermano de 16 años de Lauren que decidió irse de fiesta con su cuñado y los amigos de este implicándose personalmente en la farra.




Lo dicho, repetición de la fórmula de la Hangover original, sólo que esta vez los guionistas se han ocupado de dar un poco más de consistencia a la trama central y no centrarse tanto en que la misma gire alrededor de los gags, acentuar la escatología y el trazo grueso (que ya asomaba un poco la nariz en al anterior entrega) e  intentar por todos los medios que los actos de esta segunda parte sean más bestias que los de la primera con tal de llamar la atención de un espectador que se eche las manos a la cabeza con las barrabasadas que llevan a cabo o les suceden a Stu y sus colegas.




Algunos gags acertados, personajes que en la primera parte funcionaban al 100% y que aquí en ocasiones cargan un poco (el Alan de Galifianakis) u otros que en la primera no estaban mal aquí se comen la película por los pies (Ken Jeong como Chow) o la tópica pero efectiva inclusión del mono capuchino que tiene momentos bastante jocosos. Pero también es cierto que de nuevo no me encuentro carcajeándome con el humor del film, es más, el único momento con el que me reí en voz alta fue con el tiro de cocaina matutino y su posterior reacción física en el individuo que lo esnifa. No digo con esto que el resto de la comicidad del film no funcione, lo hace, pero no a un nivel demasiado alto, vamos, la misma sensación que me transmitió Resacón en Las Vegas.




Los actores le tienen cogido el punto a sus papeles, hay momentos simpáticos como todo lo relacionado con el monje budista y su regreso al templo o el flashback con los personajes como si fueran críos pequeños, la dirección es acertada y el guión no está mal para este tipo de comedia, además la aparición de Paul Giamatti es un puntazo. El proyecto se aleja un poco de la influencia de John Landis de la primera parte y se adentra un poco más en la de los hermanos Peter y Bobby Farrelly (que también estaba en The Hangover, pero de manera más ligera) aunque como largometraje sigue siendo una tontada graciosa y políticamente incorrecta para echar un rato agradable, que al igual que su hermana mayor acaba con esa colección de fotos de lo acontencido durante la noche de aquel día. Por descontado la tercera parte está en marcha se estrenará en 2013, les mantendremos informados.


martes, 9 de febrero de 2010

Resacón en las Vegas, desmadre a la americana


Director: Todd Phillips (2009)
Guión: Jon Lucas y Scott Moore
Actores: Bradley Cooper, Ed Helms, Zach Galifianakis, Justin Bartha, Heather Graham, Sasha Barrese, Jeffrey Tambor, Ken Jeong, Rachael Harris, Mike Tyson

Trailer


Lo mejor que puedo decir de Hangover es que ojalá mucha comedia americana de la que se estrena actualmente la tomara como ejemplo a la hora de divertir al espectador. Pero lo que también es un hecho es que no es ni de lejos la cinta humorística de culto con la que la crítica alucinaba hace cosa de un año cuando se estrenó en cines.




Resacón en las Vegas
, es una divertida comedia más, que se ve con una sonrisa en la boca pero que rara vez incita a la sonora carcajada. Sus guionistas toman como ejemplo al mejor John Landis, un poco de los hermanos Farrely (con menos escatología que estos) y ciertamente consiguen algún momento cómico logrado, pero nunca genial, aunque la mayoría de ellos están relacionados con el personaje de Alan y el bebé.




La premisa argumental es interesante y da bastante juego al espectador, peroel guión se pierde en bastantes ocasiones forzando escenas cómicas y situaciones que funcionan, pero que no son creíbles, como la parte de las prácticas con el taser por parte de los policías (Greg Mottola, Steh Rogen y Evan Goldberg fueron más sutiles y acertados en Supersalidos a la hora de retratar con ironía a las fuerzas de la ley) o la huída con el coche patrulla por parte de los protagonistas.




Los personajes son estereotipos andantes, pero por suerte el reparto hace un trabajo bastante bueno. Ed Helms ya sabíamos por The Office que es todo un showman, pero la revelación para mí ha sido Zach Galifianakis, un actor que recuerda en mucho al gran John Belushi y que se come el solo la película desde el principio del film. La que es una pena que salga tan poco es Heather Graham, yo no sé cómo se las arregla esa mujer pero cada vez está más buena.




Una simpática comedia para echar un rato divertido y quedar con una sonrisa en la cara, no es tan ácida ni bestia como Very Bad Things pero tampoco es tan tonta como Airbag, aunque el detalle final con las fotos me parece una entrañable revindicación de la amistad. Pero que nadie se lleva a engaño, esta cinta no mereció tanta atención como la que recibió cuando fue estrenada. Eso sí, esa secuela de la que ya se está hablando seguramente la vea también.