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jueves, 20 de julio de 2017

La Guerra del Planeta de los Simios



Título Original War for the Planet of the Apes (2017)
Director Matt Reeves
Guión Mark Bomback y Matt Reeves, basado en personajes de Rick Jaffa y Amanda Silver
Reparto Andy Serkis, Woody Harrelson, Steve Zahn, Judy Greer, Gabriel Chavarria, Max Lloyd-Jones, Terry Notary, Sara Canning, Ty Olsson, Devyn Dalton, Toby Kebbell




En el año 2011 y sin demasiada repercusión se estrenó El Origen del Planeta de los Simios (Rise of the Planet of the Apes) un nuevo reboot de la saga cinematográfica iniciada por el clásico de Franklin J. Schaffner en 1968 basándose en la novela homónima de Pierre Boulle. Suponemos que la 20th Century Fox escarmentó tras el fracaso del primer intento de reinicio de la franquicia a manos de Tim Burton en 2001 y por este motivo no depositó toda su confianza en el proyecto impulsado por los guionistas y productores Rick Jaffa y Amanda Silver. Pero contra todo pronóstico el film dirigido hace seis años por Rupert Wyatt (The Escapist, El Jugador) supuso un enorme éxito de crítica y público haciendo que sus productores comenzaran a vislumbrar el inicio de una potencial saga con la que dar un génesis digno a todo lo acontecido en el mítico largometraje protagonizado por Charlton Heston. En 2014 llegaba la secuela, El Amanecer del Planeta de los Simios, esta vez con el magnífico realizador Matt Reeves (Cloverfield, Déjame Entrar) detrás de las cámaras y mejor resultados incluso que su predecesora gracias a la potenciación de las virtudes de aquella como sus soberbios efectos digitales siempre al servicio de la historia, su perfil de personajes tanto de un bando como de otro, su adecuado subtexto social y el arrollador carisma de Andy Serkis dando vida física y digital a César, el líder simio.




Con la nueva franquicia ya totalmente afianzada gracias a su soberbia segunda entrega 20th Century Fox encomendó al grupo formado por Rick Jaffa, Amanda Silver, Mark Bomback (co guionista a partir de la primera secuela) y Matt Reeves de cerrar la nueva trilogía con un tercer episodio este año 2017. La Guerra del Planeta de los Simios llegó a España el pasado 14 de Julio precedida da una magnífica acogida por la prensa especializada tras su puesta de largo internacional. Una vez visto el largometraje podemos afirmar que nos encontramos con la película más brillante del reinicio, el mejor blockbuster de lo que llevamos de verano y la posiblemente más destacada pieza cinematográfica del 2017, consiguiendo una vez más rizar el rizo hiperbolizando todas las señas de identidad de la saga y saliendo totalmente triunfante en su intento regalando una pequeña joya que auna sabiamente comercialidad y calidad.




Después de lo acontecido en El Amanecer del Planeta de los Simios César (Andy Serkis) y los de su especie siguen en guerra con los humanos mientras tratan de refugiarse en los bosques de Muir para no ser erradicados. Pero un destacamento de soldados americanos comandado por un sádico Coronel (Woody Harrelson) asaltará el campamento de los simios y con ello obligará a estos a embarcarse en una descomunal batalla en la que César tendrá que elegir entre salvar a su pueblo o llevar a cabo su propia cruzada personal contra el alto mando militar. Con este argumento Matt Reeves y sus colaboradores moldean una pieza que al igual que sus predecesoras hunde sus ráices en la ciencia ficción literaria de la que nació la novela en la que se inspira y en clásicos del celuloide de distintos géneros a los que el film quiere tomar como referencia y rendir tributo.




Desde el arranque con el asalto por parte de los soldados humanos a la base secreta de los simios, uno de los mejores pasajes técnicos de lo que llevamos de año y la confirmación de Matt Reeves como un artesano de raza, La Guerra del Planeta de los Simios asienta sus bases estilísticas y argumentales revelándose como una entrega mucho más crepuscular y cruenta que sus predecesoras, con algunas situaciones tan crudas que casi coquetean con una calficación R más dirigida a adultos que la PG 13 que poseen tanto este film como el resto de la saga. En todo momento se respira un fin de ciclo dentro de la franquicia con una crepuscularidad que sobrevuela todo el metraje emulando el tono derrotista y misántropo de una distopía que no hace prisioneros con respecto a ofrecer reflejos claros de los instintos más bajos del ser humano con respecto a la crueldad, los juegos de poder y el uso de la supervivencia como un estado vírico que todo lo devora.




Mientras las referencias cinematográficas al Francis Ford Coppola de Apocalipsis Now, el Stanley Kubrick de La Chaqueta Metálica (Full Metal Jacket) o Espartaco y el James Cameron de Aliens se dejan notar tanto en el plano estetico como en las resoluciones argumentales, los guionistas Mark Bomback y Matt Reeves (basándose en personajes de Rick Jaffa y Amanda Silver) se ocupan de dar cierta pátina teológica al relato que no queda mal al conjunto con César a modo de Moises guiando a su pueblo a la “Tierra Prometida” o el Coronel en la piel de un Abraham capaz de dar la vida de su único hijo por una “causa mayor”. En el proceso el proyecto da continuidad al discurso de los dos primeros episodios con una lectura social y política más potente que las de aquellos reflexionando sobre temas como el imperialismo, el antimiltarismo la deshumanización ,el colaboracionismo o la sinrazón de la guerra.




El discurso sobre el ser humano como especie depredadora que todo lo destruye sometiendo a un reino animal evolucionado al que el dio vida por medio de la experimentación genética y al que ahora, fuera de su control, quiere someter alcanza altas cotas de nihilismo en La Guerra del Planeta de los Simios impropias de este tipo de megaproducciones adscritas a la idiosincrasia hollywoodiense. De hecho una de las reflexiones más interesantes de la obra nace cuando César cede a sus “instintos humanos” buscando venganza contra el Coronel, mostrándose como un reflejo de Koba, su antiguo compañero de armas fallecido en El Amanecer de la Guerra de los Simios pero no sin antes dar inicio a la guerra con los hombres. El último film de Matt Reeves no tiene misericordia con nuestra especie a la que se retrata por medio del egoismo, la intolerancia y una supremacia propia de pensamientos totalitarios, pero por el camino deja un pequeño haz de luz redentora en el personaje de la encantadora Nova.




También los personajes vuelven a estar definidos y perfilados con mano maestra en todo momento, comenzando por ese César de reminiscencias revolucionarias que esta vez debe luchar contra el mayor de sus enemigos, el ser salvaje que habita en su interior y que tras años de sufrimiento casi llega a tomar el control de su personalidad antaño propensa al diálogo y a la convivencia con unos humanos que casi desde su mismo nacimiento sólo le infligieron dolor. La sombra de Koba persigue a César y hace tambalear su sistema de valores llegando a convertirse en ocasiones en el animal salvaje que en la saga está representado por el mismo ser humano. Andy Serkis realiza la mejor encarnación del famoso líder simio superando con creces los ya de por sí enormes trabajos que había realizado en las dos anteriores cintas con una fuerza física y expresiva que atraviesa el frío pixel y deja ver su descomunal potencia interpretativa.




Maurice, la revelación de este nuevo reinicio, copa en esta tercera entrega más protagonismo no sólo como consejero de César, sino también como figura paterna cuando decide tomar bajo su tutela a Nova, protagonizando algunos de los mejores momentos del film. Otro acierto mayúsculo en el largometraje es la arriesgada inclusión del personaje de Simio Malo (al que da vida el actor Steve Zahn), una vía de escape humorística que podía haber entroncado brutalmente con el tono oscuro de la propuesta de Matt Reeves pero que no desentona en ningún momento ofreciendo no pocos gags que sirven como tomas de oxígeno para reducir en cierta manera el matiz descarnado de la obra. Con respecto a los humanos y de la misma manera que ya se hizo con el Gary Oldman de El Amanecer del Planeta de los Simios los guionistas procuran dar cierto poso de profundidad al Coronel de un perfecto Woody Harrelson para que al menos conozcamos el origen de sus reprobables motivaciones con bastante buen resultado.




Ya desde sus trabajos en Cloverfield o el remake de Déjame Entrar Matt Reeves dio muestras de ser todo un profesional a la hora de controlar producciones de alto coste con mucho oficio y sin que le tiemble el pulso. Algo que se confirmó en El Amanecer del Planeta de los Simios y que en el largometraje que nos ocupa es ya una verdad irrefutable, con el cineasta controlando con puño de hierro una producción de proporciones mastodónticamente épicas repleta de efectos digitales (los simios son más realistas que nunca en esta entrega, la captura de movimiento alcanza cotas de perfección apabullantes) coreografías bélicas enormes y una dirección de actores con la que consigue arrancar verdad a través de unos CGI que transmiten una desarmante calidez. En el proceso los fans de la saga clásica ven saciado su apetito goloso con incontables referencias esparcidas por el metraje y un Michael Giacchino esplendoroso que en cada nueva entrega de la saga utiliza un tipo de composición e instrumentación más clásica y deudora de los films originales de los años 60 y 70 que convirtieron El Planeta de los Simios en una leyenda.




Más allá de ser un blockbuster casi perfecto, una armoniosa mezcla entre calidad y comercialidad y un proyecto con unas aspiraciones artísticas impropias de las producciones realizadas dentro de las grandes majors estoadounindenses La Guerra del Planeta de los Simios confirma algo que es de un valor incalculable en los tiempos que corren y no es otra cosa que hacernos ver que no todo está perdido en Hollywood, que entre escasez de ideas, falta de originalidad, remakes, secuelas y reinicios de vez en cuando un producto como el de Rick Jaffa. Amanda Silver, Mark Bomback y Matt Reeves se erige para darnos esperanza con respecto al hoy maltrecho celuloide adherido a las superproducciones revientataquillas. Con el deseo de que esta haya sido la última entrega de una trilogía brillante y la esperanza de que Matt Reeves devuelva el esplendor al Guardián de Gotham con la próxima The Batman por ahora nos quedamos con algunos pasajes de cine poderoso y vibrante relatándonos el ciclo vital de César, uno de los personajes más carismáticos, inolvidables y paradójicamente humanos del séptimo arte del siglo XXI.


lunes, 28 de julio de 2014

El Amanecer del Planeta de los Simios



Título Original Dawn of the Planet of the Apes (2014)
Director Matt Reeves
Guión Rick Jaffa, Amanda Silver, Mark Bomback
Actores Andy Serkis, Jason Clarke, Gary Oldman, Keri Russell, Toby Kebbell, Kodi Smit-McPhee, Enrique Murciano, Kirk Acevedo, Judy Greer





Casi nadie daba un céntimo por ella. Se gestó sin hacer mucho ruido, se promocionó de manera más bien modesta y se estrenó sin demasiada repercusión, pero fue un éxito. El Origen del Planeta de los Simios, Rise of the Planet of the Apes en su título original, revitalizó a base de profesionalidad, talento y un apartado técnico tan brillante que repercutía en el artístico la saga iniciada en 1968 con aquella obra maestra titulada El Planeta de los Simios con Charlton Heston de protagonista. La película de Rupert Wyatt no lo tenía fácil, ya que el fallido remake que Tim Burton realizó en 2001 de la cinta original de Franklin J. Schaffner, que adaptaba la novela de Pierre Boulle, dejó muy mal sabor de boca, de modo que el mérito fue doble. El film se convirtió en el sleeper del 2011 y su protagonista, el simio César, al que daba voz y cuerpo Andy Serkis, en uno de los roles más carismáticos y memorables de aquella temporada cinematográfica.




La taquilla a nivel global respondió de manera más que notable y la crítica en líneas generales elogió la labor realizada por los autores de la película, de modo que la gestación de la próxima secuela de la misma era inminente, por ello la maquinaría hollywoodiense se puso manos a la obra con dicha empresa. Los problemas surgieron cuando la productora detrás de la creación del largometraje, la 20th Century Fox, puso varios inconvenientes al argumento que el director británico estaba ideando para esa segunda parte que daría continuidad a las aventuras de César y sus simiescos aliados que él mismo había rodado con un más que considerable éxito internacional. Las desavenencias dieron pie a que el cineasta del largometraje El Escapista, protagonizado por Brian Cox, se desvinculara totalmente del proyecto dejando su puesto bacante para que otro lo ocupara.




La productora tomó la sabia decisión de poner en su lugar al no muy conocido Matt Reeves, realizador muy vinculado a las filas del polifacético J.J Abrams, autor de la meritoria Cloverfield o el, inesperadamente, soberbio remake de Déjame Entrar, el film de Thomas Alfredson que adaptaba la novela homónima de John Ajvide Lindqvist. Nunca sabremos cómo hubiera sido la visión de Rupert Wyatt para esta secuela, pero lo que sí podemos afirmar a ciencia cierta es que lo que el co creador de la serie Felicity ha conseguido con El Amanecer del Planeta de los Simios supera ampliamente a su predecesora y ofrece uno de los productos cinematográficos más estimulantes y completos de lo que llevamos de 2014. Un ejemplo cristalino de cómo moldear un blockbuster de calidad que, contando una historia de tintes clásicos, consigue ir más allá del puro entretenimiento.




La trama tiene lugar diez años después de lo sucedido en El Origen del Planeta de los Simios. El virus ALZ-113 ha erradicado a casi toda la especie humana y el simio César (Andy Serkis) se ha hecho fuerte como líder de una comunidad de sus congéneres que se ha desarrollado como sociedad y asentado en el bosque Muir. Pero todo cambia cuando dos simios que salen de cacería descubren a un pequeño reducto de seres humanos comandados por Malcolm (Jason Clarke) que al igual que César lucha por que la convivencia entre las dos especies sea pacífica. El problema toma forma cuando Koba (Toby Kebbell) del lado de los primates o Dreyfus (Gary Oldman) y Carver (Kirk Acevedo) del de los homo sapiens deciden que no piensan como sus líderes y que sólo por medio de la guerra y la supremacía sobre el enemigo se puede conseguir la victoria que les permita vivir libres.




Dawn of the Planet of the Apes abandona el tono de cinta sobre laboratorios y científicos que juegan a ser dioses y de mensaje ecologista de la anterior entrega para adentrarse del todo a la distopía futurista de tono misántropo deudora de literatos como George Orwell, William Golding o Stephen King y mucho más cercana en tono y trasfondo al largometraje primigenio de 1968. La cinta de Matt Reeves toma el concepto de ser algo más que cine puramente lúdico para ir más allá y con ello ofrecer no sólo un producto de un acabado técnico apabullante con el que se plantean unos dilemas morales localizados en un contexto politico y social tan actual como atemporal, también consigue algo de un mérito remarcable, como es narrar una historia intimista dentro del celuloide comercial en el seno de Hollywood.y transformando el subtexto sobre la crueldad intrínsenca en nuestra raza hacia el reino animal en una visión que crea paralelismos entre hombres y simios y sobre cómo la corrupción a la que aboca la acumulación de poder y el odio no entiende de especies.




Como si de una revisión de Historia de Dos Ciudades (obra literaria del escritor británico Charles Dickens que también tomarían como base David S. Goyer y los hermanos Christopher y Jonathan Nolan) para desarrollar la historia central de El Caballero Oscuro: La Leyenda Renace) se tratase El Amanecer del Planeta de los Simios plantea al espectador dilemas morales de corte universal sobre convivencia, civismo, política y (anti)belicismo. Matt Reeves y su equipo de guionistas (entre los que se encuentran Rick Jaffa y Amanda Silver, los dos implicados en la anterior entrega) toman la feliz idea de que los personajes de César y Malcolm sean el esqueleto central de toda la trama y  los paralelismos que los emparentan (ambos desean una convivencia pacífica con el otro bando por el bien de sus familias y el futuro próspero de las mismas) el concepto sobre el que bascula toda la trama que sirve de núcleo argumental del relato.




Porque contra todo pronóstico Dawn of the Planet of the Apes es una película de personajes, unos mejor perfilados que otros, pero todos con cierta entidad que el guión se ocupa de desarrollar debidamente. Inevitablemente los roles más definidos y de una tridimensionalidad más contrastada son los simios. Mientras César sigue transmitiendo un carisma ilimitado mostrándose en pantalla como un líder íntegro y con unas convicciones inquebrantables, así como un honor del todo juicioso, aún sigue mostrando sus dudas tanto morales como de corte existencial. Su hijo, Ojos Azules, también trata de buscar un camino recto entre las dos tierras que dividen las enseñanzas de su progenitor y la rebeldía propia de su edad, además suyas son algunas de las secuencias dramáticas más emotivas (cuando rompe a llorar delante de César en la antigua casa de este último) . Por otro lado Maurice sigue siendo la entrañable voz de la cordura dentro de la historia y también tiene un pasaje memorable cuando comparte la lectura de un libro con el personaje de Kodi Smit-McPhee




Pero si en una largometraje como El Origen del Planeta de los Simios era César el indiscutible rey de la velada, en esta secuela la revelación es ese Koba que en aquella primera entrega tuvo un breve pero simbólico rol (que ya apuntaba manera sin lugar a dudas) y que está interpretado por un soberbio Toby Kebbell que no le va nada a la zaga al brillante Andy Serkis que recrea a César. Koba no es un villano típico, es uno con un pasado y motivaciones para tener un carácter de odio hacia los homo sapiens. Como recordamos del primer film Koba fue uno de los simios que más sufrió en su cuerpo los experimentos que los humanos realizaron con los de su especie (destacable el momento en el que señala todas sus heridas a César en otro de los momentos más notables de la secuela que nos ocupa) y de ahí nace su rechazo hacia ellos y todas sus acciones que prejuzga unas veces con motivos y otras sin él.




Su rol también se mueve entre la motivación de obedecer a César (los momentos en los que le pide "perdón" nos hacen compadecernos del personaje y la pelea entre ambos sirve de catalizador para que decida, definitivamente, seguir su propia senda) al que le debe la vida por haber sido su salvador en el pasado o seguir sus propios dictados reaccionarios. Curiosamente esa actitud belicosa que le permite autojustificar cualquier acto, por violento que sea, por el hecho de haber vivido un terrible episodio traumático (de ninguna manera justificable) en el pasado tiene varios paralelismos con el conflicto de Oriente Medio entre israelíes y palestinos tan candente actualmente por la lamentable situación en Gaza y el silencio internacional de las Naciones Unidas a la hora de intermediar en el mismo, con los Estados Unidos de Barack Obama a la cabeza.




Evidentemente a los personajes de los seres humanos no se les han dedicado tantas horas de escritura como a los simios y eso se deja ver en pantalla, pero no por ello los mismos dejan de ser creíbles o cercanos, aunque sí menos dados al claroscuro emocional o moral. De la misma manera que Malcolm es un hombre bueno por naturaleza (recordemos que anteriormente hemos mencionado que es el equivalente de César en el bando enemigo, con las mismas motivaciones que aquel para evitar un conflicto armado entre las dos facciones) o Carver lo opuesto, todos y cada uno de ellos tienen sus motivaciones para actuar como lo hacen. El culmen de esta acertada visión sería el personaje de Dreyfus interpretado por un magnífico Gary Oldman (aunque con poco metraje para lucirse) que con sólo una escena con una fotografía nos deja claro que no actúa de la manera que lo hace gratuitamente, aunque sus actos sean del todo reprovables, llevando a cabo técnicas propias del radicalismo islamista. Una vez más el subtexto político se deja notar de manera bastante clara en el entramado del largometraje.




Matt Reeves es el nuevo Richard Donner. La cinta que nos ocupa lo confirma definitivamente y no deja lugar a dudas. El hombre que consiguió crear una frenética monster movie por medio del formato found footage en Cloverfield y que su remake de Déjame Entrar pareciera rodado por los Joel e Ethan Coen de la inolvidable Fargo es, al igual que el director de Superman, La Profecia o Lady Halcón, un artesano al que ninguna historia o género se le resiste. Un profesional que no sólo sabe sacar lo mejor de sus actores aunque estén pixelados o rodados por medio de motion capture, también es un experto en el arte de colocar o mover la cámara, aprovechar unos soberbios efectos CGI para que sean un complemento indispensable para un relato que por otro lado nunca consiguen devorar o solapar en manera alguna y capaz de regalar a la platea algunas de las secuencias más potentes de la temporada como el travelling circular (el mismo que menciona mi compañero Ivan Rivas en su magnífica reseña para Zona Negativa) en la torreta de un tanque que muestra la dantesca visión de un campo de batalla de desoladores ribetes apocalípticos.




No sé qué deparará el futuro a esta saga, pero si Aliens, El Imperio Contraataca, Terminator 2: El Juicio Final, El Caballero Oscuro o El Padrino II son secuelas que superan a sus correspondientes predecesoras (aunque con varias de ellas podría debatirse largo y tendido sobre si realmente lo consiguen) El Amanecer del Planeta de los Simios nos e queda atrás en dicha empresa. Matt Reeves ha ejecutado un largometraje ejemplar, que sin inventar nada y narrando un relato de un clasicismo más que contrastado ha conseguido encumbrar una saga que nació como un producto innecesario y que, contra todo pronóstico, se está convirtiendo en una de las franquicias más estimulantes del los últimos años. Porque mezclar entretenimiento, acción, dramatismo bien equilibrado, mensaje (su visión crítica sobre las armas de fuego curiosamente no haría ni puta gracia al fallecido Charlton Heston) y un distopismo cuya base va más allá del celuloide para hundir sus raíces en la literatura de ciencia ficción (el verdadero origen del film original de finales de los 60) es algo que no se ve todas las semanas en nuestras carteleras y que debe ser valorado en su justa medida.



sábado, 10 de diciembre de 2011

El Origen del Planeta de los Simios, ave Caesar, morituri te saludant




Título Original Rise of the Planet of the Apes (2011)
Director Rupert Wyatt
Guionista Rick Jaffa y Amanda Silver basado en la novela de Pierre Boulle
Actores James Franco, Andy Serkis, Freida Pinto, Brian Cox, John Lithgow, Tom Felton, David Oyelowo, Tyler Labine, Jamie Harris, David Hewlett




Precuela o reboot (la palabra de moda, sobre todo en el mundo del cómic) del mítico clásico de la ciencia ficción El Planeta de los Simios dirigido por Franklin J. Schaffner en 1968 que adaptaba la novela del escritor francés Pierre Boulle y que dio pie a varias secuelas, series de televisión y hasta un remake a manos de Tim Burton en 2001. Esta entrega de reciente factura en parte toma prestada la premisa de La Rebelión de los Simios (Conquest of the Planets of the Apes), cuarta entrega de la saga cinematográfica estrenada en 1972 y dirigida por J. Lee Thompson.




Con una pre producción que no dio casi nada que hablar, un trailer que se estrenó de tapadillo con una par de escenas que nos parecían ridículas (la del simio espiando a la pareja de humanos mientras dormían) y mucha criatura digital, pocas esperanzas se tenían en un proyecto como esta Rise of the Planet of the Apes que finalmente no sólo ha supuesto uno de los sleepers más rotundos del 2011, también puede considerarse una de las mejores cintas comerciales de este año y una magnífica revitalización de la ya extensa y añeja franquicia.




Will Rodman (James Franco) es un joven científico que está realizando experimentos con primates para dar con una cura para la enfermedad neuronal que afecta a su padre (John Lithgow). César (un digitalizado Andy Serkis) parece el simio que mejor responde al tratamiento, Will decidirá quedarse con él para seguir tratándolo de manera extraoficial. Más tarde la inteligencia de César llegará a niveles tan altos que conseguirá pensar de manera independiente llevando a cabo a los actos que más tarde darían forma a los hechos acontecidos en el film de 1968.




El Origen del Planeta de los Simios se puede resumir en cuatro palabras, cine comercial de calidad. La cinta del debutante Rupert Wyatt auna celuloide palomitero con una historia interesante, adulta y que si bien transita caminos vistos previamente en cientos de productos cinematográficos (mensaje ecologista, advertencia sobre los peligros del uso desmedido de la biotecnología) aquí son tratados con acierto, pericia y hasta cierta hondura, consiguiendo, como más destacado logro algo tan meritorio como dar profundidad y verismo a un personaje digital que devora la pantalla convirtiéndose gracias a ello en el mayor acierto del film.




Una intachable producto para el gran público que a pesar de utilizar efectos digitales en la mayoría los planos de su ajustado metraje en todo momento los supedita enteramente al discurrir de la historia que está narrando. Practicamente todos los simios que aparecen en el largometraje están realizados con el formato motion capture, pero no por ello dichos personajes no humanos pierden veracidad o fiereza en sus movimientos y acciones, llegando incluso a transmitir verdaderas sensaciones palpables y notorias para el espectador, sobre todo en lo referente al rol principal de César.




Alguien debería inventar el Oscar al mejor actor digitalizado para darle uno a Andy Serkis de una vez, porque desde su Gollum de Las Dos Torres y El Retorno del Rey, su King Kong de la versión de Peter Jackson o su Capitán Haddock de la reciente Las Aventuras de Tintín: El Secreto del Unicornio ha demostrado ser todo un genio de la interpretación física retocada en post producción. El papel de César es lo mejor de Rise of the Planet of the Apes y aunque no le vemos el rostro al intérprete británico es innegable la personalidad, pasión y dinamismo que insufla a una criatura a la que convierte en un héroe y martir con el que el espectador empatiza al 100% y sin reservas desde que aparece por primera vez en pantalla.




Según parece el poco conocido realizador nacido en Reino Unido, Rupert Wyatt, luchó contra directores más célebres y reputados para hacerse con la batuta de este proyecto que finalmente ha rematado con una profesionalidad intachable. El cineasta tiene el suficiente talento para anteponer las emociones (ojo, volviendo a recordar que hablamos de una cinta con sus personajes más importantes recreados por medio de CGI) al fuego de artificio y gracias a ello sólo peca da la hora de coreografiar de manera un poco aparatosa los recorridos e itinerarios de César cuando se balancea por árboles o edificios, ya que el resto de su trabajo detrás de las cámaras es de nota.




Dentro de momentos memorables destacar a César dibujando en su celda la ventana del sótano de la casa de Will (decente pero poco destacable James Franco) que representaba su escape al mundo exterior o toda la interpretación de un gran John Lithgow que puede dar vida con la misma naturalidad a un asesino despiadado (su especialidad desde siempre) que a un anciano enfermo del Alzheimer. Tampoco debemos olvidarnos del pasaje de la decisión de César cuando su dueño viene a liberarlo de su cautiverio (lugar custodiado por unos cabrones Brian Cox y Tom Felton), la elipsis narrativa de seis años por medio de la escalada al enorme árbol o el clímax en el que se confirma por medio de la palabra la inteligencia inusual del primate que al igual que el Roy Batty de Blade Runner se muestra más humano que los propios seres humanos.




Un producto interesante, que deja en pañales al entretenido pero insípido remake de Tim Burton (sigo pensando que no era una buena pelicula, pero tampoco tan mala como la pusieron) y que revitaliza una saga bastante aletargada que bien mirada con el tiempo, nunca debió existir como tal más allá de la cinta primigenia que tenía todos los ingredientes para convertirse en un clásico dentro de su género. Esta Rise of the Planet of the Apes no marcará época, pero sí puede considerarse un proyecto competente que supera con amplitud la media del cine revientataquillas norteamericano actual.