miércoles, 4 de febrero de 2015

Masters del Universo, tú a Eternia y yo a la Tierra.



Título Original Masters of the Universe (1987)
Director Gary Goddard
Guión David Odell basado en las figuras de Mattel
Actores Dolph Lundgren, Frank Langella, Meg Foster, Billy Barty, Courteney Cox, Robert Duncan McNeill, James Tolkan, Christina Pickles





Aquellos que crecimos en los 80 jamás olvidaremos que en el año 1982 le empresa de juguetes Mattel puso a la venta una serie de figuras que mezclaban el tono barbárico de Conan, de hecho iban a ser mechandising de la pelicula de John Milius que luego fue reciclado, con la temática sci fi de Star Wars. Los Masters del Universo comandados por He-Man fueron un éxito rotundo para la casa de la legendaria Barbie que se vio incrementado hasta lo descomunal cuando la productora de animación Filmation encabezada por el productor Lou Schimer dio forma a una serie de dos temporadas con un total de 130 episodios en los que los defensores de Eternia hacían frente a las fuerzas del mal comandadas por el diabólico Skeletor, como bien rezaba el opening del programa





La serie, para qué negarlo, era una mediocridad de animación cutre y reiterativa con personajes simplistas y tramas infantiles (ojo, algunas escritas por gente como J Michael Straczynski o Paul Dini, pesos pesados del actual cómic americano en DC o Marvel) que se aprovechó de la ilusión que nos hacía a los tiernos infantes de la segunda mitad de los 80 ver a nuestras figuras de acción darse inocuos golpes en la pantalla pequeña para nuestro poco exigente regocijo. El éxito del serial catódico fue el que permitió que la idea de una película en imagen real para las salas cinematográficas se diera forma, aunque dos años después de la finalización de la serie, en cierta manera un poco tarde, algo que también pasó factora al producto.




La responsable de adaptar a la pantalla grande las correrías de los Masters del Universo fue la célebre productora Cannon Films de Menahem Golan y Yoram Globus. La casa que impulsó algunos de los productos más conocidos de la Era Reagan como Yo Soy la Justicia, Desaparecido en Combate o Cobra: El Brazo Fuerte de la Ley también hizo sus pinitos en la ciencia ficción. La hoy envejecida Fuerza Vital de Tobe Hooper o la indescriptible Superman IV: En Busca de la Paz se adscriben a este género en el que habría que incluir el largometraje que nos ocupa. Todos eran, en el mejor de los casos, productos mediocres, hasta los que tenían un presupuesto más abultado (como es el caso del film del director de La Matanza de Texas) pero cumplían su cometido de rendir en taquilla. Curiosamente ni eso pudo hacer Masters del Universo, lo que supuso el principio del fin de la Cannon.




Golan y Globus, en asociación con Edward R. Pressman, no escamitaron gastos con Masters del Universo. Los actores elegidos para dar vida a los dos protagonistas, He-Man y Skeletor, fueron, respectivmente, el sueco Dolph Lundgren que comenzaba una exitosa carrera como héroe de acción en Estados Unidos y el norteamericano Frank Langella al que pudimos haber visto en el Drácula de John Badham o La Ira de Dios de Ralph Nelson. El director elegido fue el desconocido y nada prolífico Gary Godard, que hasta ese momento se había dedicado a diseñar parques de atracciones para la Universal y el guionista para tejer la trama fue David Odell (Cristal Oscuro). Para componer la polémica banda sonora se recurrió a Bill Conti (Rocky), Anne V. Coates (Lawrence de Arabia) se ocuparía del montaje y hasta el mítico dibujante francés Jean Giraud "Moebius" realizó alguno de los diseños de la dirección artística.




A pesar de todos los esfuerzos de la Cannon Films el largometraje sólo recuperó 17 millones de los 22, un presupuesto considerable para una cinta ideada a las espaldas de Hollywood como esta, que había costado su produccióncon, virtiéndose en el fracaso que marcaría la etapa de decadencia de la productora, desapareciendo seis años después con muchas deudas con el fisco por parte de sus presidentes. Hoy, casi 30 años después de su estreno, habiéndola revisado anoche después de décadas y tratando de reducir el factor nostalgia al mínimo un servidor va a tratar de hablar de esta adaptación de los personajes de Mattel que quiso ser una superproducción y se quedó a medio camino debido a la mediocridad generalizada que transmite en todos y cada uno de sus fotogramas.




El ajustado presupuesto fue primordial para que los productores decidieran que la trama central no se desarrollara íntegramente en Eternia, el planeta originario de los personajes, llevando después del prólogo la historia al planeta Tierra par abaratar costes. También se prescindió del personaje de Orko, uno de los más célebres de la serie de televisión, porque no tenían medios adecuados para hacer volar al personaje que se desplazaba levitando y siendo sutiruido por un rol de nueva hornada llamado Gwildor, interpretado por Bily Barty, mostrándose insoportable en todo momento para el espectador gracias a su voz chillona, humor infantil o la dichosa musiquita que saca, o más bien arranca, de la llave dimensional con la que hace viajar a los protagonistas a nuestro mundo.




Aunque la cinta arranca con un prólogo más que interesante no tarda mucho en hacer acto de presencia en el largometraje una de las señas de identidad de la Cannon Films en los años 80. Desde los títulos de crédito en los que la tipografía y el tema central del film compuesto por Bill Conti son una copia descarada de los del Superman de Richard Donner y la fanfarria de John Williams, pasando por toda la parafaernalia relacionada con Skeletor que está burdamente fusilada de Star Wars (hasta los cascos de la guardia del villano son idénticos a los de Darth Vader) o la llegada de héroes y villanos a la Tierra emulando mucho el tono de Terminator de James Camero,n todo es un cúmulo de plagios vergonzantes que confirman cómo le gustaba a la casa creadora de Yo, el Halcón o Contacto Sangriento copiar éxitos previos como si de una productora italaina exploit del montón se tratara. Aunque más curioso sería ver que la trama central  serviría de considerable inspiración al Thor de Kenneth Branagh para Marvel Studios. Ahí es nada.




Por el lado bueno podemos decir que pese a las licencias tomadas con respecto a la serie de animación (verdadera fuente de inspiración del largometraje) que no son pocas, tanto en lo argumental (no hay rastro del Príncipe Adam, ni la realeza de Eternia) como en lo estilístico (el diseño de los trajes de personajes como Skeletor, Teela o Evil-Lynn poco tienen que ver con los originales) la puesta en escena sabe captar el tono de la misma, aunque dándole un matiz crepuscular, oscuro y más peligroso a todo el entramado, mostrándose el largometraje en todo momento como lo que podría ser, y de hecho es, el último enfrentamiento entre He-Man y su némesis después de años de batallar el uno contra el otro.




Mientras que Dolph Lundgren da el tipo en el plano físico para ser un creible He-Man y secundarios como la Evil- Lynn de una Meg Foster de mirada abrasadora o una jovencísima Courteney Cox y su candidez llenan la pantalla es el Sekeletor de Frank Langella el que devora el encuadre cada vez que la cámara repara en su presencia. El actor de La Novena Puerta o Frost/Nixon: El Desafío inyecta un tono fatalista y melancólico a su villano, con un aire shakesperiano (cuenta la leyenda que él mismo añadió muchos diálogos de cosecha propia al guión) que hace palidecer a cualquier partenaire que comparta plano con él. Langella coge un personaje simplista en el papel y lo llena de detalles para transformarlo en una criatura intimidante y megalómana, un malo de opereta que se convierte en el mayor acierto de la película y, según el mismo actor, uno de de sus trabajos interpretativos favoritos.




La se secuencias de acción funcionan casi en todo momento a buen rendimiento y aunque a Gary Goddard se le notan todas las carencias del novato en lides cinematográficas ya se ocupa la montadora Anne V. Coates de sacar oro de la hojalata. Por otro lado los escuetos efectos especiales, ya sean de maquillaje o visuales, se dividen entre los que todavía hoy mantienen la compostura muy dignamente y los que queman las corneas con sólo mirarlos por su terrible acabado. Poco más se le puede pedir en ese sentido a un producto realizado de espaldas a las majors y con sus cabezas pensantes quedándose bajo cuerda y de manera ilegal el presupuesto de las producciones que financiaban.




Pero todo lo chusco, lo cutre y salchichero queda en segundo plano cuando vemos a personajes como He-Man enfrentarse a muerte con Skeletor, a Evil-Lynn manipular la voluntad de los humanos, a Beast Man dar tollinas como panes de hogaza o a personajes creados expresamente para la película (y que luego tuvieron sus propias figuras de la línea de Mattel) como Blade o Saurod imponer con su mera presencia. Luego estaría Krag, que es una mezcla entre una bailaora flamenca envejecida y Jose Luis Rodríguez el Puma, pero tampoco nos pongamos exquisitos. El castllo Greyskull, Man At-Arms, la Hechicera, un poco más envejecida y recatada en la vestimenta que la original, todas señas de identidad de los Masters del Universo que tienen su momento de gloria a lo largo del film para que los miembros del fandom quedemos satisfechos.




Como se puede ver en la entrada en pocos momentos me he dejado llevar por el hecho de que esta cinta sea una parte importante de mi infancia. Masters del Universo es una película que se mueve entre lo mediocre y lo decididamente malo, pero que entretiene en todo momento y no desentona con el grueso de las producciones de Serie B americanas de los 80. Tras ella el inefable Albert Pyun (Capitán América) iba a rodar para la Cannon una secuela, pero Golam y Globus perdieron los derechos de los personajes y tuvieron que retocar el guión ya escrito para convertirlo en el del film Cyborg, con Jean Claude Van Damme de protagonista. Lo último que se sabe de los personajes de Mattel es que ya está escrito el guión, a manos de Jef Waldow, de la nueva versión imagen real, que no sabemos si será un remake de la que nos ocupa o un reinicio en toda regla. Lo único cierto es que este fan de He-Man, Skeletor o el olvidado Hordak la esperará con ganas y verá con fruición independientemente del resultado que ofrezca. Buen viaje y larga vida a Eternia.



martes, 3 de febrero de 2015

Depredador, welcome to the jungle



Título Original Predator (1987)
Director John McTiernan
Guión Jim Thomas y John Thomas
Actores Arnold Schwarzenegger, Carl Weathers, Sonny Landham, Bill Duke, Elpidia Carrillo, Richard Chaves, Jesse Ventura, Shane Black, R.G. Armstrong, Kevin Peter Hall





Fue más o menos a mediados de la década pasada cuando el grueso de la prensa especializada (el público por el contrario siempre estuvo de su lado) comenzó a considerar el peso del cineasta estadounidense John McTiernan como uno de los artesanos más sólidos y talentosos dentro del cine de acción americano. Curiosamente fue cuando su carrera entró en declive con productos como el remake de Rollerball o la controvertida Basic y su vida personal se vio vapuleada por un rocambolesco caso de espionaje y escuchas en Holllywood cuando muchos se dieron cuenta de que el nombre del director de El Guerrero Nº13 era vital para entender un género que en los 80 reinó en las pantallas cinematográficas y los videoclubs.




Una de las obras que sirvió para cimentar una carrera meteórica como cineasta al servicio de Hollywood fue sin lugar a dudas Predator, estrenada en 1987. Para John McTiernan suponía su segundo film como realizador y para Arnold Schwarzenegger la segunda colaboración con la Twentieth Century Fox tras el éxito que supuso la anterior Commando. El actor austriaco y los hermanos Jim y John Thomas, guionistas del film, fueron los impulsores de una obra cinematográfica que con el paso de los años ha dejado se ser tildada como "una más de Schwazenegger" para pasar a ser una obra de culto dentro del cine de los años 80 y uno de los proyectos más logrados de todos aquellos los que se vieron implicados en su creación.




Depredador comienza como cualquier muestra de cine protagonizado por action heroes prototípocos del cine ochentero protagonizada por el mismo Schwarzenegger o algunos de sus coetáneos como Sylvester Stallone, Jean Claude Van Damme o Dolph Lundgren y es que esa es la intención de los hermanos Thomas al guión, pero con otros fines que pasaremos a comentar después. En el arranque del film asistimos a cómo un grupo de las Fuerzas Especiales del Ejército estadounidense se adentra en una jungla centroamericana para rescatar a un ministro del gabinete presidencial. En el proceso veremos a una serie de aguerridos militares, máquinas de matar bien engrasadas, que funcionan como un sólo y poderoso músculo ser comandados por Dutch Schaeffer, el responsable de que esta equipo de siete personas cumpla con su misión en el menor tiempo posible y con la mayor efectividad exigida.




En este proceso (y si obviamos el prólogo con la nave espacial llegando a la Tierra) Predator no se diferencia demasiado de otros productos protagonizados por el ex gobernador e California como Ejecutor de John Irvin o la ya mencionada Commando de Mark L. Lester. El futuro director de La Jungla de Cristal se ocupa de ensamblar una buena pieza de cine repleto de testosterona ejecutando escenas de acción rodadas de manera potente, poniendo en boca de sus personajes (sobre todo el protagonista) frases lapidarias antes de eliminar a sus rivales y creando en todo momento pasajes para el lucimiento físico de un reparto de actores curtidos (en su mayoría, el de Shane Black no era el caso) en incontables horas de gimnasio.




No es hasta que la criatura alienígena comienza a dar muestras de su peligrosa presencia que la pieza de cine de acción comienza a convertirse en una amalgama de relato de ciencia ficción y terror y el John McTiernan realizador deja paso al John McTiernan narrador. El tempo comienza a expandirse, los primeros síntomas de debilidades de los supuestamente indestructibles personajes protagonistas comienzan a aflorar cuando descubren que no se enfrentan a un enemigo humano y en ese mismo momento es cuando Depredador comienza a deconstruír y desmitificar al género al que la primera mitad de su metraje se adscribe de manera presumiblemente clara. Cuando esos hombres entrenados "para cazar" se ven convertidos en presas al enfrentarse a un ser de otro planeta que decide asediarlos y utilizarlos como trofeos el film de John McTiernan muestra sus verdaderas fauces.




Pero aunque el depredador alienígena consigue reducir a estos militares entrenados que podrían haber salido de cualquier producción ochentera de la productora Cannon auspiciada por Menahem Golam y Yoram Globus el film de los hermanos Thomas y Johm McTiernan no sólo se queda en esa autocrítica conceptual sino que en un intento por ir incluso más allá crea por medio de la estructuralidad del guión paralelismos claros con la por aquel entonces no demasiado lejana guerra de Vietnam cuando vemos referencias claras a aquel conflicto bélico en ese grupo de soldados estadounidenses que se ven superados por un enemigo que conoce el terreno como la palma de su mano y que aún viéndose superado en número es capaz de vencerles dejando en evidencia su prepotencia como equipo y debilidades como supuestas máquinas de guerra.




También es de recibo destacar a un reparto brutalmente cohesionado con unos actores que parecían nacidos para dar vida a sus papeles. Aunque personajes como los de Jesse Ventura, Carl Weathers, Sonny Landham o Shane Black (que acabó haciendo de actor secundario en la película cuando rechazó reescribir el guión de la misma para no desvincularse del todo del proyecto) son estereotipos claros dentro del cine de acción (el gracioso, el impertérrito, el místico) están lo suficienteme perfilados en el papel y abordados convincentemente por sus intérpretes como para que todas y cada una de sus muertes lleguen a importar a la platea. Lo de Arnlod Schwazenegger al igual que en Terminator  o Conan: El Bárbaro era coser y cantar, ya que el rol estaba escrito expresamente para sus muy límitadas pero físicas aptitudes interpretativas dentro de un género como el thriller de acción.




Por último nota aparte para el diseño del depredador a manos del mítico Stan Winston. El creador de la imagen del Terminator de James Cameron o los dinosaurios del Parque Jurásico de Steven Spielberg dio forma con esta criatura al monstruo alienígena favorito del que suscribe y que en el largometraje que nos ocupa fue interpretado por Kevin Peter Hall y un por aquel entonces novato Jean Claude Van Damme cuando utilizaba el sistema de camuflaje que le mimetizaba con la jungla. Su enorme corpulencia, equipo de supervivencia (brutal la imagen de la cura de la herida, en la que lo vemos por primera vez durante unos segundos de cuerpo entero) parafernalia tribal, rostro animal y voz inhumana le han convertido por derecho propio en uno de los iconos más reconocibles de la cultura pop con figuras de colección, cómics o videojuegos de todo tipo inspirados en él.




Depredador es una muestra del mejor cine de acción de los años 80 cuando paradójicamente una de sus misiones era desmontar los preceptos y lugares comunes que daban forma al mismo. John McTiernan consiguió introducirnos de lleno en aquella jungla centroamericana haciéndonos sentir el calor sofocante, el olor a muerte y peligro demostrándonos que cuando el rey del celuloide de la era Reagan encontraba a un rival cuyo físico superaba al suyo debía recurrir al instinto, la inteligencia y la cacería humana de naturaleza pehistórica y cavernaria en un clímax final en el que el director de El Último Gran Héroe rodó algunos de los pasajes más, paradójicamente, bellos de toda su carrera.




El éxito de Predator fue tan rotundo como para dar forma a dos secuelas, una muy reivindicable en 1990 a manos de Stephen Hopkins, otra meritoria auspiciada por Robert Rodríguez en 2010 y dos olvidables crossover con Alien, inspirados en los cómics de la editorial Dark Horse, a manos de Paul W. Anderson y los hermanos Colin y Greg Strause respectivamente que no merecen la pena por su naturaleza plumbea y sacacuartos. Lo próximo es que el mismo Shane Black que se negó a tomar parte del guión del film que nos ocupa se ponga al frente de la escritura y dirección de una nueva entrega protagonizada por estos visitantes intergalácticos que desde hace cientos de años, y sólo en los años de más calor, vienen a nuestro planeta a buscar trofeos para en ocasiones encontrar a rivales que están a la altura de su peculiar y descarnado concepto de la cacería.



sábado, 31 de enero de 2015

Nightcrawler, straight out of hell, one of a kind, stalking his victim, don't look behind you



Título Original Nightcrawler (2014)
Director Dan Gilroy
Guión Dan Gilroy
Actores Jake Gyllenhaal, Bill Paxton, Rene Russo, Riz Ahmed, Kevin Rahm, Ann Cusack, Eric Lange, Anne McDaniels, Kathleen York, Michael Hyatt




Debut en la dirección del productor y guionista Dan Gilroy, conocido por ser hermano del también cineasta y libretista Tony Gilroy (la saga de Jason Bourne, Michael Clayton) y escribir o financiar films como Acero Puro, de Shawn Levy, Apostando al Límite, de D.J Caruso o aquella injustamente semidesconocida obra maestra llamada The Fall: El Sueño de Alexandria a manos del hindú Tarsem Singh. Después de muchos años ayudando a otros directores a sacar adelante sus proyectos y de vender sus propios guiones a ajenos el hermano menor de Tony Gilroy debuta por fin en la realización de largometrajes con Nightcrawler, su existosa carta de presentación detrás de las cámaras que ha llamado considerablemente la atención en Estados Unidos por varios motivos que trataremos de desgranar en la siguiente reseña. El guionista de Freejack: Sin Identidad escribe y dirige esta historia protagonizada por un Jake Gyllenhaal que debió confiar bastante en el proyecto desde su gestación si tenemos en cuenta que también ejerce como productor ejecutivo del mismo ateniéndonos a lo que rezan los, por otro lado, ya logrados títulos de crédito iniciales.




Un largometraje que ha recibido un considerable número de alabanzas y reconocimientos internacionales como la nominación al Óscar al Mejo Guión Original para el propio Dan Gilroy, candidatura que a algunos ha supuesto poca recompensa si tenemos en cuenta que se esperaba la presencia de un pletórico Jake Gyllenhaal en la categoría de Mejor Actor Principal. En un primer visionado Nightcrawler puede parecer, y de hecho es, un retrato brutal del periodismo criminalista estadounidense. Programas de televisión ávidos se sangre, violencia y muerte con los que disparar sus índices de audiencia impactando a los espectadores con material audiovisual lo más gráfico y explícito posible aunque para conseguir su fin tengan que pisotear los derechos más básicos de las víctimas a las que acosan con los objetivos de sus cámaras.




Pero este contexto de sensacionalismo periodístico y televisivo es sólo una excusa por parte de Dan Gilroy para retratar la figura de un parásito, uno de los ejemplares más bajos, rastreros y por el contrario inteligentes del hombre del siglo XXI. Lou Bloom es un ladrón, un timador apocado que da la impresión de padecer los síntomas del inefable Síndrome de Asperger y que es capaz de engañar, intimidar y hasta amenazar física o psicológicamente al prójimo sin levantar el tono de su voz. La delgadísima, casi la de insecto, presencia de un contenidísimo pero visceral Jake Gyllenhaal de mirada plácidamente psicótica hace el resto para dar forma al retrato de este estadounidense tipo, devorado por el deseo de éxito y reconocimiento, ese por el cual será capaz de cometer actos criminales que le ayuden a llevar a buen puerto tan difícil empresa, sin importar los medios empleados para ello. Un ratero venido a menos metido en trapicheos de medio pelo que ve el cielo abierto cuando descubre lo sencillo que es convertirse en un periodista freelance de sucesos criminales y sacar con ello sustanciosas sumas de dinero al vender el material audiovisual a las cadenas de televisión de la ciudad de Los Ángeles que saben cómo vender sus productos de cara a la audiencia. Un individuo que graba el sufrimiento ajeno para producir más del mismo de cara a las personas que ven dichos programas catódicos confirmándose como un ciudadano despreciable que disfruta con crear y capturar los peores momentos de la vida de sus semejantes.




En cuanto a la dirección, puesta en escena y tono Dan Gilroy parece querer crear un mestizaje entre Crash de David Cronenberg (soberbia cinta del cineasta canadiense nacida de la inolvidable novela homónima del escritor birtánico James G. Ballard) con esa delectación con la que rueda a las vehículos siniestrados y los cadáveres en plena carretera o las reacciones casi orgásmicas de una magnífica y sutilmente sensual Rene Russo (veterana actriz que es también la esposa del guionista y director de la obra que nos ocupa) al ver los truculentos vídeos grabados por el protagonista, y Drive de Nicholas Winding Refn, con esas nocturnas calles angelinas bañadas en luces de neón y laconismo formal o las persecuciones autmovilísticas que pueblan gran parte del metraje, imágenes todas ellas acariciadas por la inspirada partitura del compositor James Newton Howard. A Dan Gilroy se le nota el gusto por el cine de David Lynch o Michael Mann y trata de extrapolar dichas predilecciones cinematográficas a su impronta o discurso realizando un trabajo técnicamente perfecto sustentado en un guión bien ensamblado que incluso cuando decide entregase un poco a la caricatura y el exceso en su recta final no pierde veracidad aunque se vea todo el conjunto de la obra rodeado por un halo de extraño onirismo cuyo epicentro es el personaje principal que será nuestro antipático pero atrayente anfitrión.




Lo único que se le puede echar en cara al guionista de El Legado de Bourne es que la asepsia formal con la que aborda sus personajes, ese halito de nihilismo al que habría que sumar la escasa empatía con prácticamente todos los personajes (exceptuando el Rich de un muy cercano Riz Ahmed, todo un recital el de este actor al que hemos visto en Oro Negro, Camino a Guantánamo o Centurión y que se marca un soberbio tour de force con el protagonista de Donnie Darko) impide una implicación sólida entre emisor y receptor, director y espectador, aunque puede que el cineasta y escritor no buscara dicha relación de reciprocidad con la platea. Salvo esta pequeña mácula poco más se le puede achacar a un interesante y desolador proyecto como Nightcrawler, el terrible y sórdido retrato de un despojo humano que nos propone un guionista reconvertido en director al que convendrá seguir de cerca. Para no olvidar pasajes de una fuerza más que considerable como la narración por parte del personaje de Nina a los presentadores de informativos para amedrentar y quebrar la voluntad de unos espectadores que por este uso mediático del miedo apenas reparan en la violación de la privacidad a la que han sido sometidas las víctimas del asesinato en el adosado o los momentos en que este cronista del caos y la muerte comienza a implicarse demasiado en un trabajo tan execrable y podrido que sólo podría triunfar en una sociedad como la nuestra en la que realities shows e informativos sectarios son capaces de adormecer nuestra consciencias ofreciendo pan y circo, lo único que parece que necesitamos para seguir adelante en una existencia de vacío vital y e ideológico en pleno siglo XXI.


jueves, 29 de enero de 2015

Babadook



Título Original Babadook (2014)
Director Jennifer Kent
Guión Jennifer Kent
Actores Essie Davis, Noah Wiseman, Daniel Henshall, Hayley McElhinney, Barbara West, Ben Winspear, Tiffany Lyndall-Knight, Tim Purcell, Benjamin Winspear, Cathy Adamek, Carmel Johnson, Adam Morgan, Craig Behenna, Michael Gilmour, Michelle Nightingale, Stephen Sheehan




Babadook, supone el debut en la dirección de la cineasta australiana Jennifer Kent, que también se ocupa de la escritura del guión. Basada en un cortometraje de su propiedad llamado Monster y estrenado en 2005 el largometraje que nos ocupa ha supuesto uno de los sleepers más sonados del pasado año. Ganando varios premios internacionales, entre ellos el especial del jurado y el de mejor actriz del último festival de cine fantástico y de terror de Sitges, la obra ha sido alabada considerablemente por la crítica, aunque no tanto por el público. Hasta William Friedkin, director de El Exorcista, ha dicho de ella que es la película más aterradora que ha visto en su vida, declaraciones un tanto exageradas por su parte.




Porque una vez vista un servidor puede afirmar de manera más o menos rotunda que el resultado no es ni tanto, ni tan poco, ya que Babadook no es ni la obra maestra que se apresuraron a bautizar algunos ni el engendro insalvable que aseguraron otros cuantos. La película de Jennifer Kent está llena de meritorios hallazgos y aciertos que se ven ensombrecidos por su recta final en la que la máquina se desboca en algunos pasajes y sobre todo por la intención de la cineasta por hacer prevalecer el fondo de su propuesta sobre la forma de la misma, algo que se acentúa considerablemente en la ya mencionada media hora final del metraje de la cinta.




Vaya por delante que Babadook es un homenaje confeso al maestro del terror italiano Mario Bava y no sólo porque en un momento del metraje aparezca en la televisión de la casa donde se desarrolla la historia del film una de sus grandes obras maestras como es Las Tres Caras del Terror, sino porque la trama en la que la supuesta presencia del espíritu de un familiar muerto se hace fuerte en un inmueble habitado por dos personas evidencia de una manera bastante clara que la obra que nos ocupa es un tributo o revisión encubierta de la reivindicable, aunque algo dispersa, Shock, una de las últimas obras del ya mencionado autor de films como Semáforo Rojo o La Máscara del Demonio con Daria Nicolodi y John Steiner.




Esa puesta en escena, la atmósfera malsana casi palpable en la que la presencia de una criatura de reminiscencias infantiles y tribales amenaza a una madre y su pobre hijo que todavía no superan la muerte en accidente automovilístico del cabeza de familia seis años antes son los apartados en los que la ópera prima de Jennifer Kent se hace fuerte. Planos fijos que aventuran la presencia de una figura en segundo plano, un soberbio uso de los efectos de sonido (esa voz pronunciando el nombre del monstruo protagonista que se queda grabada en el oído y la mente) en las antípodas de esas producciones que los usan para dar gratuitos golpes de banda sonora con los que asustar a la platea y una delectación enfermiza con los decorados y la profundidad de campo son los que dan pie a que haya momentos en el film que lleguen a helar la sangre.




También sería de recibo destacar la enorme labor de los dos actores principales interpretados por Essie Davis y el debutante Noah Weiseman. Ella se entrega lo indecible para arrancarse de las entrañas una interpretación que resulta brillante en casi todo momento y sólo renqueando a la hora de abordarla cuando se ofrece un poco a la sobreactuación en el clímax final. Él nos hace pasar del rechazo que causa su supuestamente caprichoso comportamiento durante la primera hora de metraje a la complicidad y compasión cuando vamos descubriendo poco a poco su personalidad cándida y generosa con respecto a su progenitora. Ellos llevan casi todo el peso de la trama y su interacción física y psicológica apuntala con fuerza la estructura del relato.




Pero Jennifer Kent comete el pecado de apresurar un clímax final en el que se alternan los momentos ridículos con los que podrían considerarse los mejores de toda la película. Desde el momento en el que el personaje de Amelia "cambia" las escenas físicas llegan a mostrarse tan atropelladas como mal ejecutadas y mientras la presencia de Badabook como mórbida sombra que sobrevuela todas y cada una las habitaciones del hogar cada vez es más potente, los actos llevados a cabo por la protagonista son más cuestionables y en ocasiones estúpidos por mucho que hayan sido previamente profetizados de cara al espectador. Aunque toda esta acumulación de sinsentidos tiene un fin, noble y con muy buenas intenciones, pero con un resultado cuestionable.





Independientemente de sus referentes estilísticos y formales (desde Twin Peaks: Fuego Camina Conmigo, de David Lynch hasta Anticristo, de Lars Von Trier pasando por El Ente de Sidney J, Furie) Babadook es una metáfora de los estragos que la perdida de un ser querido puede producir en sus allegados. Por medio de la simbología Jennifer Kent quiere crear un paralelismo entre los efectos de una grave depresión (compartida por madre e hijo, pero de manera más visceral en la primera) y la temática sobrenatural de la obra, como si la presencia del mismo monstruo sea un representación retorcida y violenta del recuerdo del padre de la familia cuya muerte violenta se refleja en el rechazo que Amelia siente por su hijo Samuel, al que culpa del siniestro, y que está tan bien expuesta en los primeros compases de la obra. Pero esa intención porque todo el conjunto esté cargado e un tono alegórico que forme un todo es la que lastra el remate final que por mucho que simbolice que el recuerdo del padre de familia nunca abandonará a los protagonistas formalmente puede llegar incluso a indignar a distinto tipo de espectador.




Babadook es una obra con muy buenas intenciones y resultados tan meritorios como en cierta manera insuficientes. A Jennifer Kent le podemos aventurar un futuro prometedor como directora, narradora cinematográfica y creadora de atmósferas impías y desasogantes, pero como guionista tendrá que depurar algo más sus libretos para conseguir afianzar la cohesión de la que adolece una obra como su debut detrás de las cámaras. Como producto interesante para pasar un rato de incomodidad sustentada en algunas escenas que ciertamente hacen al espectador retorcerse en la butaca Babadook merece la pena e incluso su debilidad, querer anteponer su mensaje a su estética, puede ofrecernos pasajes interesantes y personajes identificables, pero como conjunto su irregularidad eclipsa bastantes de sus triunfos confirmándola como una buena entrega de género de terror pero una no del todo conseguida obra cinematográfica.



martes, 13 de enero de 2015

Musarañas



Título Original Musarañas (2014)
Director Juanfer Andrés y Esteban Roel
Guión Sofia Cuenca y Juanfer Andrés
Actores Macarena Gómez, Nadia de Santiago, Hugo Silva, Luis Tosar, Gracia Olayo, Lucía González, Carolina Bang, Silvia Alonso, Asier Etxeandia, Josean Pérez





El célebre cineasta bilbaino Álex de la Iglesia (El Día de la Bestia, Balada Triste de Trompeta) apadrina el debut en la dirección cinematográfica del dúo de realizadores Juanfer Andrés y Esteban Roel con Musarañas, la última gran película española de un 2014 que se ha confirmado como uno de los mejores años para el celuloide patrio con éxitos rotundos como el imparable fenómeno social de Ocho Apellidos Vascos de Emilio Martínez Lázaro, la intachable La Isla Mínima de Alberto Rodríguez, la complaciente pero muy entretenida y digna [REC·]⁴ de Jaume Balaguero y aquella El Niño a manos de Daniel Monzón que un servidor todavía no ha tenido el gusto de ver.




De esta producción se ha destacado sobre todo, y con motivo, la enorme labor de la actriz cordobesa Macarena Gómez que le ha valido varios premios internacionales y una nominación al Goya a la Mejor Actriz en la edición de los premios homónimos que se celebrará en el mes de Febrero. Cierto es que la intérprete de la exitosa serie La Que Se Avecina realiza el mejor papel de su carrera con su protagonista de Musarañas, pero sería injusto que no se nombraran otros muchos aciertos de la obra que como su cuidado guión, su milimétrica dirección o la labor de un escueto, pero profesional, grupo secundarios en estado de gracia que están a la altura de una superlativa actriz principal dándole la réplica de manera sobresaliente.




Como si de una mezcla entre la novela La Casa de Bernarda Alba de Federico García Lorca y aquella malditísima El Extraño Viaje dirigida por un Fernando Fernán Gómez pletórico detrás de la cámara y con bastantes apuntes de Misery de Stephen King , La Tía Tula de Miguel de Unamuno o la "trilogía del apartamento" de Roman Polanski, Musarañas localiza su historia en un indeterminado pueblo de provincias de la España de posguerra en el que dos hermanas viven juntas en la casa familiar después de la muerte da la matriarca y la supuesta marcha del padre. Entre las paredes de aquel hogar las dos muchachas dan forma a una relación tóxica regida por el severo y ultrareligioso carácter de la mayor de ellas que impone, a veces incluso por medio de la violencia, a la pequeña




La España de principios de los 50 que muestra Musarañas está condensada en el pequeño microcosmos que supone la casa en la que habitan las dos protagonistas. Ya que el edificio en el que esta se encuentran es la única localización que tendremos a lo largo de todo el film, Un hogar en el que la ignorancia, el oscurantismo, los secretos escondidos entre las paredes y el miedo se dan la mano para retratar un país asilado del mundo, ténebre, hermético y lleno de esqueletos en los armarios. Este contexto le sirve a los cineastas y a su co guionista,, Sofía Cuenca, para dar forma a un relato que tiene más de cinta de terror que de drama de la posguerra, con momentos apuntalados por una tensión que se pueden cortar con tijeras.




Aunque depositan gran parte de la responsabilidad en los actores, Juanfer Andres y Esteban Roel saben crear una atmósfera seca y cortante en la que la claustrofobia se convierte en la reina de la velada. Ese edificio intimidante, hasta cuando la luz del sol entra por sus ventanas, tiene algo de maldito, como si el tiempo se hubiera detenido entre esas habitaciones y pasillos. La presencia de iconografía religiosa amenazante nos remite a Luis Buñuel, aunque también es fácil pensar a lo largo del metraje en obras del de Calanda como Tristana o Viridiana, la aridez formal de algunos de los pasajes al Carlos Saura más doliente y el conjunto no deja de ser una puesta al día de obras capitales del cine de la transición española como Furtivos de José Luis Borau y su descarnada crudeza formal y conceptual.




Pero no neguemos que la actriz de Dagon: La Secta del Mar o Carne de Neón es la piedra angular sobre la que gira toda una obra como Musarañas. No sólo la composición de la intérprete cordobesa está llena de matices y contención, también es de un mérito mastodóntico que con su cuerpo menudo sea capaz de convencer a la platea de que puede ser una persona brutalmente intimidante tanto en el plano psicológico como en el físico. Con una labor que recuerda a trabajos de otras actrices expertas en retratar a personas de la España profunda como Lola Gaos o Terele Pávez, Macarena Gómez ofrece un recital impagable que no se entrega al exceso ni si quiera en la recta final del largometraje cuando el guión y los directores deciden exagerar un poco los hechos que acontecen en la media hora final del y que recuerda en parte al trazo de Álex de la Iglesia, como recordamos, productor del film.




Nadia de Santiago le da la réplica a la protagonista con su habitual profesionalidad. La joven actriz de Alatriste o Las 13 Rosas destila naturalidad por todos los poros de su piel y llena la pantalla con su mezcla de candidez y prematura sensualidad, siendo el receptor de esta ultima un Hugo Silva que mantiene muy bien la compostura con el papel más estereotipado de la obra, pero que el madrileño llena de verismo aunque pase la mayor parte de su intervención en la película tumbado en una cama. Pero si hay un actor, y personaje, que le puede hablar de tú a tú al de Macarena Gómez es el del padre interpretado por un Luis Tosar haciendo lo habitual en él, devorar cada encuadre en el que participa confirmándose como uno de los mejores profesionales de la interpretación a nivel mundial.




Musarañas nos descubre a dos prometedores realizadores, muy capaces con la estructuración de la narración, meticulosos con la puesta en escena y excelentes con la dirección de unos actores a los que, por otro lado, pocas indicaciones les pueden dar para decirles cómo deben hacer un trabajo en el que son expertos confirmados. La ópera prima de Juanfer Andrés y Esteban Roel retrata una España que vivía de espaldas al progreso y el resto del mundo, una tierra regada en sangre de hermanos que se enfrentaron en una guerra fratricida y estúpida que dejó como legado unos hijos criados en el desarraigo y la austeridad más siniestra. Una obra que puede considerarse el soberbio y siniestro broche de oro final un año que ha confirmado a aquellos que dicen que aquí no se hace buen cine cada vez más equivocados en sus apreciaciones.



jueves, 18 de diciembre de 2014

El Hobbit: La Batalla de los Cinco Ejércitos



Título Original The Hobbit: The Battle of the Five Armies (2014)
Director Peter Jackson
Guión Philippa Boyens, Peter Jackson, Fran Walsh, Guillermo del Toro basado en el libro de J.R.R. Tolkien
Actores Martin Freeman, Ian McKellen, Richard Armitage, Luke Evans, James Nesbitt, Aidan Turner, Evangeline Lilly, Ken Stott, Graham McTavish, Jed Brophy, Stephen Hunter, John Callen, Adam Brown, Dean O'Gorman, William Kircher, Peter Hambleton, Mark Hadlow, Cate Blanchett, Lee Pace, Orlando Bloom, Hugo Weaving, Billy Connolly, Christopher Lee, Stephen Fry, Ryan Gage, Ian Holm, Sylvester McCoy, Manu Bennett




El director neozelandes Peter Jackson pone con El Hobbit: La Batalla de los Cinco Ejércitos final a la segunda trilogía cinematográfica salida de su mano para trasladar la palabra del escritor J.R.R Tolkien a imagen real. La primera, que adaptaba las tres novelas que formaban El Señor de los Anillos, fueron un éxito arrollador de crítica y público que se llevó a casa 17 Oscars en total. Esta nueva saga de también tres entregas que abarcan la primera novela del autor del Silmarilion no ha sido recibida con tanta unanimidad por culpa de las malas decisiones que el cineasta de Mal Gusto tomó para extrapolarla a la pantalla grande, como alargar lo indecible pasajes que eran breves en el libro, inventarse otros protagonizados por personajes innecesarios o ser en cierta manera infiel tanto conceptualmente como en tono a aquellas poco más de 300 páginas.




Pero al igual que sucedía con El Hobbit: Un Viaje Inesperado y El Hobbit: La Desolación de Smaug Peter Jackson sabe qué teclas tiene que tocar para que nos derritamos como fans de la franquicia y así pasemos por alto el afán sacacuartos tanto de él mismo como de las cabezas pensantes de las distintas productoras (Warner Bros, Metro Goldwyn Mayer, New Line Cinema) que se encuentran detrás de la gestación de esta nueva serie de tres largometrajes. Por cada infidelidad, interminable pasaje o inservible relación interpersonal entre roles secundarios, nos regala momentos de mastodóntica épica, celuloide dinámico con muy buen gusto y unas batallas multitudinarias que se revelan como lo mejor de la velada




El Hobbit: La Batalla de los Cinco Ejércitos (la película anteriormente conocida con el título mucho menos impactante de El Hobbit: Partida y Regreso) sigue la tónica de su predecesora, o lo que es lo mismo, hiperbolizar todos los fallos y aciertos de la primera entrega estrenada el año 2012. La historia comienza justamente donde acababa la anterior cinta con un Samug desatado y enfurecido dispuesto a arrasar la Ciudad del Lago. Este prólogo soberbio, de lo mejor del film, parece que Peter Jackson quiere quitárselo pronto de en medio, privándonos de más minutos de metraje del enorme e intimidante dragón en pantalla, para pasar a un desarrollo de la trama en el que el autor de Braindead cae de nuevo y con más descaro que nunca en el mayor fallo que arrastra esta nueva trilogía cinematográfica relacionada con los personajes de J.R.R. Tolkien.




Después de ese brutal pasaje con Smaug como núcleo central de la historia el Peter Jackson más rastrero sale a la luz. Ese que con tal de satisfacer a los fans de la saga cinematográfica a la que él dio inicio hace doce años es capaz de adulterar de manera vergonzante el libro que está adaptando. El neozelandes lleva hasta el extremo su intención por alargar pasajes de manera innecesaria o por añadir otros que nunca tuvieron lugar en el libro de 1937 y con ello justifica la inclusión de personajes que poco o nada pintan en la película como Saruman, Galadriel, Elrond o el mismo Légolas, que a partir de la segunda cinta copa un protagonismo que Jackson y sus guionistas se han sacado de la manga y al que han puesto como complemento el rol de Tauriel que, una vez más, está metido con calzador y forma parte del en casi todos momentos insufrible romance con el enano Kili.




Antes de llegar a todo el caldo de cultivo que da pie a la batalla que da título al largometraje Jackson nos hace tragar morralla, pasajes de relleno que o bien se inventa él mismo o toma prestados de distintos escritos del universo tolkieniano, Como sucede en las dos anteriores entregas la cinta flaquea cuando se centra en esos añadidos caprichosos que sólo consiguen abultar innecesariamente un metraje que a todas luces podía haber sido mucho más efectivo sin tanta duración, aunque sería de necios afirmar que el film se hace aburrido, algo que no sucede en ninguno de los 144 minutos (es la película más corta de esta nueva trilogía) que dura el viaje. Y por otro lado el film ofrece lo mejor de sí mismo cuando adapta con una fidelidad encomiable las páginas que si dieron forma a la novela que sirve como base argumental de la obra cinematográfica.




Una vez más Peter Jackson amalgama el tono de aventura ligera de la novela El Hobbit con la epicidad extrema que insufló a la anterior trilogía cinematográfica, siendo así algo infiel (aunque no más de lo que lo fue con las dos entregas previas a esta) al tono de la primera novela de J.R.R. Tolkien. Esta mezcolanza no siempre se muestra compacta en pantalla y se revela en ocasiones bastante descompensada, pero el director de Criaturas Celestiales ya conoce el imaginario tolkieniano como la palma de su mano y sabe qué resortes debe tocar para que su film se revele como un canto de amor hacia la Tierra Media sustentado en las bases del mejor cine comercial que pueda ofrecernos el celulodie actual. El resultado deja considerablemente satisfecho a la mayoría de espectadores aún dejando notar varios fallos irritantes a lo largo del metraje.




Y algunos de ellos parecen indignos de la profesionalidad y las tablas que el cineasta neozelandes lleva a sus espaldas a estas alturas. Como la ya mencionada innecesaria historia de amor de Tauriel y Kili que desemboca en triángulo emocional con la presencia de un Légolas en modo pagafantas, el poco metraje de la mayoría de enanos que habían tenido momentos más destacados en los dos films previos, el peso que se da a secundarios estúpidos e intragables como el Alfrid de Ryan Algig (insoportable rol de relleno pretendidamente cómico y que no pasa de cliché andante) y el que se le resta al Bilbo Bolson de un esforzado Martin Freeman que si en Un Viaje Inesperado o La Desolación de Smaug parecía un secundario más, aquí es casi un personaje anecdótico si no contamos las puntuales escenas en las que cobra le importancia que merece y sí tenía en todo momento en el libro original.




Pero por otro lado, y como ya hemos aventurado previamente, Peter Jackson sabe lo que hace y en El Hobbit: La Batalla de los Cincon Ejércitos echa toda la carne en el asador. Gracias a su habitual puesta en escena y a su conocimiento del universo de la Tierra Media se permite rematar esta trilogía con algunos de los mejores pasajes de los tres largometrajes. Desde el ya mencionado prólogo con Smaug el Terrible copando todo el protagonismo junto al impagable Bardo de Luke Evans hasta el viaje a la locura de un sobresaliente (aunque algo desdibujado) Richard Armitage en la piel de Thorin Escudo de Roble o la recta final de la película con todo lo referido a la batalla de los cinco ejércitos y su previa gestación en la que el director ofrece algunos de los momentos más vibrantes, épicos y sólidos de toda su carrera con ese descomunal enfrentamiento entre enanos, orcos y elfos que no sólo es un dechado de técnica cinematográfica sino que también adapta con pericia inquebrantable dicha etapa de la novela original.




Con esta última entrega Peter Jackson pone punto ¿y final? a esa incursión en la obra literaria de J.R.R. Tolkien que tantas satisfacciones le ha dado. Evidentemente como trilogía queda muy lejos de la de El Señor de los Anillos y su vergonzoso alargamiento se debe únicamente a las intenciones económicas de su creador, qué paradójicamente se ve muy bien reflejado a sí mismo en el film con ese Thorin Escudo de Roble que se ve devorado por la avaricia por culpa del "mal del dragón" que hereda de Smaug. Pero al igual que sus predecesoras El Hobbit: La Batalla de los Cinco Ejércitos es heredera del mejor cine clásico de aventuras, una muestra del celulolide comercial del siglo XXI más disfrutable y competente, una obra que dignifica con su sola presencia las carteleras de todo el mundo. Porque como adaptación de la novela El Hobbit podemos cuestinarla desde varios puntos de vista, pero como pieza de evasión para todos los públicos pocas deficiencias podremos destacarle.