miércoles, 8 de enero de 2014

Sombras en la Oscuridad, bienvenidos a Collinwood




Título Original House of Dark Shadows (1970)
Director Dan Curtis
Guión Sam Hall y Gordon Russell basado en la serie de Dan Curtis
Actores Jonathan Frid, Grayson Hall, Joan Bennett, Kathryn Leigh Scott, Roger Davis, Nancy Barrett, John Karlen, Thayer David, David Henes, Louis Edmonds, Don Briscoe, Dennis Patrick, Jerry Lacy




El 27 de junio de 1966 el productor, guionista y director Dan Curtis estrenó el episodio piloto de una serie diaria salida de su mano llamada Dark Shadows para la cadena ABC. El programa estaba protagonizado por Victoria Winters, una joven huérfana que viajaba Collinsport, Maine. Allí en una mansión llamada Collinwood en una colina vivían los Collins, la misteriosa familia a la que la muchacha parecía pertenecer y que estaba llena de secretos que poco a poco iría desentreñando. La serie andó dando bandazos su primer año de emisión siempre al borde de la cancelación hasta que en el famoso episodio 210 Dan Curtis tomó una rocambolesca decisión. Incluir en la trama a Barnabas Collins un vampiro de 175 años de edad que resucitaba para buscar su lugar en la familia y recuperar el amor de su amada Josette reflejado en la joven institutriz Maggie Evans.




El giro sobrenatural que dio la serie permitió a Curtis y sus guionistas incluir en la trama criaturas como zombies, licántropos, fantasmas y en el argumento historias como viajes temporales. El éxito fue rotundo, el programa tuvo una audiencia, muy alta durante sus 5 años de emisión (pasando del blanco y negro al color durante su proceso) que no fueron muchos, pero gracias a su emisión diaria el número de episodios alcanzó la escandalosa cifra de 1225 hasta su cancelación en 1971. El éxito de Dark Shadows en Estados Unidos fue brutal y hoy más de 50 años después de su estreno tiene un enorme legado formado por libros, cómics, remakes para televisión (uno en 1990 y otro en 2004, con algo de éxito el primero y ninguno el otro, que no pasó del episodio piloto) y hasta uno de reciente factura para la pantalla grande a manos de Johnny Depp y Tim Burton.




Pero la tibia aunque simpática revisión que el director de Frankenweenie hizo de las correrías de Barnabas Collins y sus descendientes no fue el primer viaje que la telenovela (más que una serie era un culebrón, no eludamos la realidad) de la ABC hizo a la pantalla grande, ya que un año antes de la cancelación del programa la Metro Goldwing Meyer propuso a Dan Curtis hacer dos largometrajes inspirados en Dark Shadows. En 1970 se estrenó en los cines de Estados Unidos la House of Dark Shadows que nos ocupa y un año después Night of Dark Shadows de la que hablaré próximamente. El resultado es una magnífica cinta sobre vampiros y maldiciones familiares que revela a Dan Curtis como un cineasta con especial talento para el terror que por desgracia no le fue reconocido fuera del tubo catódico donde dio forma a la mayor parte de su obra.




La apacible vida de los Collins se verá alterada cuando un día haga acto de presencia en la mansión Collinwood un primo lejano procedente de Inglaterra llamado Barnabas Collins y que afirma ser descendiente de un antepasado del mismo nombre que tenía relación directa con la familia. Pero poco después de la llegada de Barnabas empezarán a sucederse en las inmediaciones de la casa unos misteriosos asesinatos en los que las víctimas son encontradas sin sangre y con dos agujeros por mordedura en el cuello. Todo saldrá a la luz cuando descubramos que Barnabas es un vampiro resucitado por accidente y que busca el amor perdido de su amada Josette en la imagen de Maggie Evans, la institutriz de la casa familiar que guarda un asombroso parecida con ella.




Esta House of Dark Shadows del año 1970 condensa en su poco más de hora y media de metraje toda la primera etapa del personaje de Barnabas Collins, interpretado por Jonathan Frid, en Dark Shadows pero eliminando subtramas, roles secundarios prescindibles, centrándose en la historia central del vampiro y acentuando la crudeza, el terror y la sensualidad gracias a la libertad que el séptimo arte le daba a Dan Curtis y que la televisión no podía proporcionarle por aquel entonces. Si bien la serie adquiría una tonalidad de misterio bien perfilado en la adaptación a la pantalla grande el mismo se veía considerablemente explicitado por medio de una visión más mórbida, oscura y descarnada de las situaciones que se pudieron ver en al programa de la ABC.




Sombras en la Oscuridad es un cuento de terror gótico que combina el clasicismo estilístico de los monstruos de la Universal de los años 30 con la visceralidad revisionista de la Hammer Films británica. Dan Curtis imprime una atmósfera palpable, onírica y pesadillesca a su relato con no muertos que aunque hunden sus raíces en la literatura clásica que los forjó como personajes se mueven por brutales pulsiones psicosexuales que los convierten en amenzantes criaturas tan atrayentes como repulsivas. La visión de Curtis del mundo del vampirismo es decidicamente mórbida, profundamente carnal y primaria, pero también elegante, de un romanticismo victoriano y una alegórica sutil a la par que lúcida.




Su puesta en escena es completamente distinta a la que se podía ver en el serial televisivo, de un tono más encorsetado por la poca libertad técnica que le proporcionaba el medio. En House of Dark Shadows imperan los travellings, la slow motion bien ejecutada, el uso de planos subjetivos o la descarnada utilización de la cámara al hombro en los pasajes más truculentos (sobre todo en los ataques nocturnos de Barnabas) así como unos contrapicados que enfatizan la enormidad de la Mansión Collinwood que como es lógico (ya que en la serie también sucedía) cobra un protagonismo capital a lo largo del metraje siendo un personaje más. La labor del productor y director (seguramente también guionista aunque no salga acreditado como tal) es de nota altísima y muy remarcable desde el arranque del film hasta su apoteósico final.




El reparto es prácticamente el mismo de la serie de televisión pero todos ellos están más creíbles y entregados que en aquella aunque evidentemente no tienen  el tiempo que le emisión diaria del producto les proporcionaba para desarrollar sus personalidades. Pero los intérpretes saben sacar todo a sus personajes destacando Thayer David como el Profesor Stokes, un frío y calculador sosias de Abraham Van Henlsing con sorpresa final, Grayson Hall como la Doctora Julia Hoffman, Louis Edmonds como el descreido Roger Collins, John Karlen como el torturado Willie Loomis o la encantadora Kathryn Leigh Scott como Maggie Evans. Hasta el niño que interpreta a David, al que da vida David Henesy sabe guardar la compostura y compartir escenas de inolvidables con Nancy Barrett el alter ego en pantalla de Carolyn, otro de los personajes clave de la historia.




Pero es el porte británico (paradójico siendo de origen canadiense) del actor Jonathan Frid el que, al igual que pasaba en la Dark Shadows original, insufla vida a la película con su inolvidable caracterización del vampiro Barnabas Collins. Entre la elegancia y la brutalidad, el romanticismo y la lascivia, la mirada hipnótica y la agresión física más descarnada el que fuera por derecho protagonista de la serie de televisión devora la pantalla con su trabajo que se revela como uno de los mayores aciertos de la velada ofreciendo un vampiro que poco tiene que envidiar a las distintas encarnaciones de Drácula interpretadas por Christopher Lee, Bela Lugosi o Gary Oldman. Es más, su rechazo a aparecer en la segunda película, Night of Dark Shadows (Una Luz en la Oscuridad aquí en España) parece ser que fue el principal motivo para que aquella no conociera el éxito de la cinta que nos ocupa.




La ópera prima en el mundo de largometraje de Dan Curtis es una excelente pieza de género que no merece el olvido en el que se encuentra actualmente. Al igual que su hermana nacida en la cadena ABC su influencia estilística se dejó ver posteriormente en obras como la miniserie Salem's Lot con la que Tobe Hooper adaptó la soberbia novela de Stephen King del mismo nombre y la historia de amor entre Barnabas y Josette/Maggie no sería descabellado que influenciara a Francis Ford Coppola para dar forma a la que compartieron Drácula y Mina/Elisabeta en su polémica adaptación de la novela de Bram Stoker en 1992 que independientemente de su fidelidad a aquella era una genialidad cinematográfica. A no mucho tardar hablaré de Night of Dark Shadows que a pesar de ser considerada como una obra menor al lado de Sombras en la Oscuridad si tiene la mitad del interés que esta merecerá casi con toda seguridad la pena.



lunes, 6 de enero de 2014

American Hustle: La Gran Estafa Americana, flirteando con el desastre



Título Original American Hustle (2013)
Director David O. Russell
Guión Eric Warren Singer y David O. Russell
Actores Christian Bale, Bradley Cooper, Amy Adams, Jennifer Lawrence, Jeremy Renner, Louis C.K., Alessandro Nivola, Robert De Niro, Shea Whigham





Tercer éxito de crítica y público del norteamericano David O. Russell tras la meritoria The Fighter y la simpática El Lado Bueno de las Cosas (Silver Linings Playbook). Films interesantes, hechos desde la sinceridad y el oficio, pero en ambos casos sacados adelante por la excelente labor de sus repartos (mérito que recae también en el cineasta y su dirección de actores, indudablemente). American Hustle al igual que las dos anteriores producciones del director de Tres Reyes es una cinta estimable y meritoria pero que no destacaría demasiado si no fuera por la enorme labor de su casting de actores en el que se ven las caras habituales de la filmografía del autor de Spanking the Monkey.




Irving Rosenfeld (Christian Bale) y Sidney Prossier (Amy Adams) son una pareja de estafadores que malversan el dinero de incautos que solicitan sus servicios. Un día reciben la visita de un cliente llamado Richie DiMaso (Bradley Cooper) que resulta ser un agente secreto del FBI que los arresta. El federal hará un trato con el dúo de timadores ofreciéndoles la libertad a cambio de que le ayuden a encontrar a otros cuatro importantes expertos en el mundo del engaño, el hurto y la falsificación. Las relaciones interpersonales de todos los implicados, la inclusión del admirado alcalde de New Jersey, Carmine Polito (Jeremmy Renner) en la ecuación y las peligrosas acciones de Rosalyn (Jennifer Lawrence) la todavía mujer de Irving, cuya inestabilidad mental es un hecho confirmado, posiblemente den al traste con toda la operación.




Inspirándose en el caso ABSCAM de finales de los 70, operación encubierta del FBI para detener varios cargos políticos importantes de Estados Unidos supuestamente implicados en caso de corrupción, American Hustle es lo más cerca que ha estado nunca el cine de David O. Russell del de su compatriota el mítico cineasta Martin Scorsese, aunque esta influencia ya se dejara ver en la "peculiar" familia de Mark Wahlberg en The Fighter comandada por una pletórica Melissa Leo. Es inevitable que el espectador piense en Uno de los Nuestros (Goodfellas) cuando ve la última cinta del polémico autor de la inteligentemente disparatada I Heart Huckabees. No sólo por estar la historia localizada en los años 70 y protagonizada por tipos horteras (esos peinados y pelucas, esos trajes) maestros del engaño o por contener una excelente banda sonora con grandes éxitos de la época a manos de Tom Jones, Donna Summer, Elton John  o Electric Light Orchestra, también por gran parte de la puesta en escena, el uso de los movimientos de cámara o la estética del diseño de producción.




American Hustle sigue una larga tradición de cine estadounidense protagonizado por timadores localizando su acción a finales de los 70. Todo funciona debidamente en este trabajo de David O. Russell, desde su labor detrás de las cámaras hasta el guión escrito al alimón con Eric Warren Singer pasando por el vestuario o la dirección artística. El problema nace cuando el espectador es consciente de que se enfrenta a un producto que no tiene prácticamente nada especial o destacable porque como ya he comentado es un largometraje adscrito a un género que ha sido conisderablemente explotado a lo largo de los años y que depara actualmente más bien pocas sorpresas a la platea.




Por eso mismo a un servidor se le escapa un poco la brutal unanimidad que hay en Estados Unidos a la hora de alabar las supuestas virtudes de la obra que nos ocupa y que no van mucho más allá de un reparto que le da todo el empaque a una historia que nos suena a déjà vu por casi todos sus fotogramas. Tenemos a los timadores timados, a los policías que se las dan de más de listos que los delincuentes, los juegos dobles por parte de personajes que no son lo que parecen, cámaras ocultas para desenmascarar a supuestos políticos corruptos, la implicación de la mafia y el giro final (bastante acertado e inesperado, al menos para el que suscribe) que da la vuelta al argumento central del film que acaba de manera diametralmente opuesta a como esperábamos.




Pero son los actores los que insuflan carisma, gracia, cierto poso dramático y credibilidad a lo que David O. Russell nos cuenta. Christian Bale está sencillamente brutal, desde la primera escena con toda la situación con su peluquín (que apunta a un humor ácido y socarrón que a lo largo del metraje nunca consigue eclosionar debidamente) el tipo se gana la simpatía del espectador. Con barriga, acento italoamericano, anillos de oro, gafas de sol y trajes horteras el protagonista de Amerian Psycho realiza uno de sus mejores trabajos. Bradley Cooper y Jeremy Renner también tienen sus momentos de gloria moviéndose ambos entre la chulería y el patetismo. La breve aparición de Robert De Niro como mafioso vuelve a remitirnos a Martin Scorsese y el momento en que se pone a hablar árabe crea una tensión más que considerable. Pero por suerte esta vez son las damas las que se llevan el gato al agua.




Por Amy Adams y Jennifer Lawrence siento una especial debilidad porque aparte de parecerme dos de las actrices más interesantes del pánorama internacional actual también me resultan terriblemente atractivas, cada una en su estilo. La Lois Lane de El Hombre de Acero devora la pantalla interpretando a Sydney/Edith (con qué credibilidad emula el acento británico) una mujer inteligente, manipuladora y brutalmente sensual que entre escotes, movimientos de cadera (qúe increible manera de andar la suya) y miradas ígneas derrite la pantalla. Algo parecido pasa con la actriz de Lejos de la Tierra Quemada, pero su Rosalyn es harina de otro costal. Una divertida y peligrosa neurótica con arranques pirómanos de cuerpazo escultural que bien podría haber salido de una comedia de alto nivel rodada por Woody Allen y que en sus pocos minutos en pantalla hace un trabajo brillante. Es más, el mejor momento del film es su conversación con el personaje de Adams en el servicio de señoritas que desemboca de manera inesperada.




American Hustle no es ni de lejos la maravilla que vende la prensa especializada estadounidense, pero se deja ver con agrado porque contiene un buen trabajo de dirección y guión, un diseño de producción que nos hace creer que estamos en aquellos crepusculares años 70 de fiebres del sábado noche (el baile de Cooper y Adams en la discoteca que termina en los servicios del local es todo un homenaje al film de John Badhman) y un reparto sencillamente impecable solapa el hecho de que estemos ante una tragicomedia que no emociona demasiado y hace reír poco contando una historia que no tiene nada de novedosa. Indudablemente el visionado merece la pena aunque el mismo nos confirma que aquel señor que era tan "perro verde" cuando empezó a hacer cine se adocena poco a poco y gracias a ello encuentra su lugar en la encorsetada maquinaria hollywoodiense, pero curtiéndose como artesano competente y destacado director de actores.



sábado, 4 de enero de 2014

Top Cine 2013



Ahí me tenéis, de fiesta en la Tierra Media con unos colegas de un carácter un tanto violento pero entrañable al fin y al cabo. Pues raudo y veloz ya está aquí el Top de cine del 2013 de Transgresión Continua en el que destaco mis largometrajes favoritos del año pasado. En este ranking sobresale la buena salud del cine de terror, pero escasea el español del que he de admitir que he visto poco material (aunque no por falta de ganas). Por un lado tenemos films de autores consagrados que me han encantado en líneas generales y piezas comerciales que también me han convencido considerablemente. En resumidas cuentas, pocas decepciones en una temporada bastante buena. Dejo fuera películas que ya he visto pero que no han sido estrenadas en España (recordemos, estos rankings los hago sólo con largometrajes estrenados en mi país ya sean en pantalla grande o directamente en mercado doméstico) como I Spit On Your Grave 2, Maniac o La Matanza de Texas 3D y echo de menos no haber podido ver 12 Años de Esclavitud de Steve McQueen, Mud de Jeff Nichols, Siete Psicópatas de Martin McDonagh, Nymphomaniac: Volumen 1 de Lars Von Trier o La Gran Belleza de Paolo Sorrentino entre otras. La primera película de la lista es la indiscutible ganadora, pero el resto no tiene un orden estricto. Realizadas las puntualizaciones pongámonos manos a la obra.






El danés Thomas Vinterberg fundador del manifiesto Dogma 95 junto a su amigo Lars Von Trier rueda este soberbio drama de contención exquisita, sutilidad milimétrica y hallazgos formales de un valor incalculable. El director de Celebración nos narra una historia mil veces vista digna de un telefilme barato de sobremesa eludiendo lugares comunes, sentimentalismos baratos, clichés o estereotipos. Por el camino nos agarra fuerte del cuello con la historia de este hombre inocente (superlativo Mads Mikkelsen) al que una sociedad hipócrita, moribunda y sobreprotegida (de la que todos formamos parte) acusa del más terrible de los crímenes sin apelar a la presunción de inocencia del acusado. Una obra maestra de impagable valor artístico y social que se encuentra a años luz de cualquier otro film estrenado durante este 2013.





Tras pasarse años acariciando el proyecto de rodar su propio western Quentin Tarantino estrenó por fin Django Desencadenado. Tomando el nombre del protagonista de una cinta italiana dirigida por Sergio Corbucci y protagonizada por Franco Nero (con cameo en el film que nos ocupa) que daría pie a una interminable saga el autor de Jackie Brown amalgama el cine del oeste con su amado blaxploitation y se marca este ejercicio de egolatría posmodernista que sus fans recibimos con los brazos abiertos. Con momentos memorables de drama y humor, más violencia que nunca (que ya es decir viniendo de quien viene) y un reparto encabezado por un cuarteto de actores (DiCaprio, Foxx, Waltz, Jackson) gigantescos el de Knoxville da forma a una crítica descarnada y sin miramientos hacia el racismo que hace palidecer al de la olvidable Lincoln de Steven Spielberg, estrenada más o menos a la vez que ella.






Sam Raimi, Robert Tapert y Bruce Campbell eligieron, para desconcierto de mucha gente, al desconocido realizador chileno Fede Álvarez para ponerse detrás de la cámaras en el remake de la primera Evil Dead (Posesión Infernal). El resultado no es sólo una revisión a la altura, también uno de los slashers más brutales vistos en pantalla grande con estreno comercial. Un ejercicio de cine brillante que toma constantes de todo tipo de celuloide de terror (el europeo, el asiático, el americano de los 70 y 80) para abortar una criatura demoníaca, bífida, descarnada y sanguinolenta que no hace concesión alguna al espectador. Uno de los mejores trabajos del año y en su interior una de las escenas más memorables del 2013 con esa motosierra atravesando una cabeza con la cabaña ardiendo de fondo mientras una apocalíptica lluvia de hemoglobina llena la pantalla de caos y muerte.





Woody Allen vuelve a su New York natal para contarnos la historia de Jasmine una adinerada "mujer de" que tras caer en bancarrota por culpa de las malas artes financieras de su infiel marido decide pasar unos días con su hermana Ginger, una humilde cajera de supermercado. El resultado es una de las mejores películas de la filmografía reciente del director de Manhattan y un inmisericorde gancho de izquierda a la mandíbula de la hipocresía, la vacuidad de la clases altas y las falsas apariencias. Ya lo de Cate Blanchett es un mundo a parte, si no se lleva el Oscar este año por su labor aquí (la mejor de su carrera, que ya es decir) la injusticia cobrará tintes conspiranóicos.





Aquel James Wan que se reveló como una magnífico autor dentro del cine de terror con Insidious llega a la magnificencia con The Conjuring, su quinto film. El cineasta australiano de origen malayo realiza su obra maestra, un proyecto supuestamente inspirado en hechos reales que aborda todas las constantes mil veces vistas dentro del género de casas encantadas y posesiones para reformularlas estilísticamente y con ello ofrecer uno de los estrenos más terroríficos de los últimos años. Desde la descomunal puesta en escena hasta un excelente reparto (soberbias Vera Farmiga y Lili Taylor) pasando por el guión todo funciona en este festín de aroma clásico con algunas de las mejores secuencias del 2013, como aquella en la que la dulce Joey King es la única que puede ver "eso" que hay detrás de la puerta.






Después de saborear las mieles del éxito con la muy sobrevalorada En Tierra Hostil (The Hurt Locker) la cineasta Kathryn Bigelow decidió seguir con los conflictos internacionales de su país con Zero Dark Thirty. Esta producción narra la búsqueda de Osama Bin Laden desde de los fatídicos atentados del 11S hasta su supuesta captura y ejecución por parte de militares norteamericanos. Largometraje de pulso acerado, puesta en escena sobresaliente, guión medido y asepsia expositiva (en ningún momento sus creadores glorifican o condenan temas como la tortura o las malas artes de la CIA) comandado por una Jessica Chastian que merecía el Oscar que le arrebató injustamente la simpática Jennifer Lawrence de El Lado Bueno de las Cosas (Silver Linings Playbook)) y rematado por una recta final ejemplar llena de buen cine. Thriller de espionaje y terrorismo de alta escuela, con sus aciertos y fallos, pero con mucho oficio y profesionalidad.




Intensísimo drama del canadiense Denis Villeneuve sobre el rapto de dos niñas pequeñas y las consecuencias que el mismo tiene en las familias que lo sufren. El director de Incendies da la vuelta al subgénero de secuestros sustentando su historia en un guión alambicado, una atmósfera desasosegante y un reparto sencillamente apabullante con actores como Hugh Jackman, Jake Gyllenhal o Paul Dano dándolo todo delante de la cámara. Dilemas morales de profundo calado (un padre que se convierte en una bestia inhumana actuando erroneamente por culpa de la desesperación, dos familias idílicas destrozadas por la incertidumbre) y pasajes que se quedan grabados en la retina como todo lo que acontece en ese cuarto de baño, la carrera autmovilística bajo la lluvia o el acertadísimo final ¿abierto?.





Con un año de retraso llegó por fin a la cartelera española (y el mercado doméstico, el lanzamiento fue paralelo) la obra de culto de Drew Goddard (director y co guionista) y Joss Whedon (productor y también co guionista). Como mantuve en su momento lo mejor de Cabin in the Woods es enfrentarse a ella sin saber nada de su trama para ser disfrutada en su totalidad. En pocas palabras hablamos de un homenaje al cine de terror a modo de reformulación fílmica de naturaleza posmoderna que hace mofa con los clichés de este tipo de celuloide pero rindiendo cariñosa pleitesía a los mismos. Una pieza a redescubrir y venerar como es debido.





El sudafricano Neil Blomkamp se puso por fin detrás de las cámaras después de su exitosa Distrito 9 con su segundo largometraje ya dentro de la maquinaria hollywoodiense. Elysium guarda varias de las constantes de la ópera prima de Blomkamp como la unión de ciencia ficción con crítica social y política pero sin la sátira de aquella. El resultado es una muy resuelta cinta de sc fi con buenos actores (destacables Matt Damon y Jodie Foster, enorme Shartlo Copley) con un guión efectivo y una magnífica dirección cuando al realizador no le da por perderse (puntualmente) en innecesarias florituras visuales. Pieza altamente recomendable que mereció más suerte de la que tuvo en su estreno.





Toy Story 3, Cars 2 en breve la secuela de Buscando a Nemo. Está claro que en Pixar se están acomodando y últimamente parece que se centran casi exclusivamente en exprimir al máximo sus éxitos con secuelas o, como en el caso que nos ocupa, precuelas. Pero en el caso de Monsters University el resultado es excelente y las correrías de Mike y Sully en el Programa de Sustos tienen los suficientes personajes entrañables, las necesarias situaciones cómicas y las exigibles referencias al subgénero de campus, hermandades y novatadas para dejar satisfecho a un espectador que sabe que se encuentra ante, no una de las mejores piezas salidas de la casa de John Lasseter, pero si un largometraje divertido, sólido y para qué negarlo, autocomplaciente.





The Lords of Salem es Rob Zombie sin destilar, su película más personal e intimista y por ello también la más difícil e inaccesible. Revisión de La semilla del Diablo (Rosemary's Baby) de Roman Polanski como si Ken Russell la hubiera rodado puesto hasta el culo de psicotrópicos a finales de los 70, la última pieza del director de La Casa de los 1000 Cadáveres o Los Renegados del Diablo es una hipnótica e impía glorificación del maligno y su descendencia en la Tierra. Una obra de acabado visual entre arrebatador y ridículo cuya poderosa atmósfera atraviesa la pantalla ofreciendo momentos que van desde lo sublime a lo vergonzoso. Una experiencia que hay que vivir libre de prejuicios de todo tipo. Cine en un estado tan puro que es complicado digerirlo, pero hacerlo merece la pena por su osadía y personalísima impronta.


Si bien el 2012 fue un año para recordar con respecto a películas protagonizados por personajes de cómic este 2013 ha sido más bien flojo. Para un servidor la mejor película pijamera del año ha sido la muy polémica visión que el equipo Nolan/Goyer/Snyder ha dado de Superman. Man of Steel es una buena cinta con muchos aciertos y algunos fallos, pero no es la maravillosa modernización que todos esperábamos del alter ego de Clark Kent. El de Zack Snyder es un proyecto ambicioso, de una epicidad poderosa, una mezcla entre space opera y sense of wonder comiquero con un Superman muy digno (buen trabajo de Henry Cavill) que debe enfrentarse a un villano a la altura (el Zod de Michael Shannon cada vez me gusta más) que bebe de muchos relatos del personaje (la mítica etapa de John Byrne, por ejemplo) pero dándole un tono contemporáneo en el plano fílmico. Los problemas nacen del guión que si bien tiene aciertos notables como su simbología o dobles lecturas también renquea a la hora de perfilar debidamente a personajes (ese Jonathan Kent con salidas fascistoides) exponer situaciones expeditivas (Superman quitando vidas, aunque sólo sea una) o un afán desmedido por la destrucción en el clímax final cuya aparatosidad visual se contrapone al buen hacer del director de Watchmen en la primera hora y media del film, mucho más poética (el primer vuelo del personaje me sigue pareciendo un pasaje memorable) y contenida. Una obra encomiable y acertadamente megalómana pero imperfecta y un tanto irregular. Ahora sólo queda esperar esa secuela con Batman y Wonder Woman en la que espero que el buenazo de Ben Affleck haga un muy digno trabajo y calle más de una boca, la mía incluida.




Sí amigos, Peter Jackson nos la ha vuelto a colar, pero esta vez con más descaro que en El Hobbit. Un Viaje Inesperado. Todos los aciertos y fallos de la primera entrega de esta nueva trilogía se acentúan en esta segunda parte. Por un lado la unión del tono más ligero de la novela con la épica monumental de la trilogía fílmica original y por otro la morralla, pasajes que no estaban en el libro y que aquí se extienden innecesariamente, la inclusión de personajes que no salen en las páginas (Légolas) o que ni existen (Tauriel) y que el director de Braindead nos mete con calzador para que protagonicen una innecesaria subtrama amorosa. Pero por otro lado la cinta está llena de acción, diversión, momentos de alto voltaje, pasajes muy trabajados y como ya estamos enamorados de los personajes (Bilbo, Thorin, Gandalf) el trabajo el neozelandés lo tiene prácticamente hecho de antemano. Para colmo luego nos regala un Smaug inmenso y yo al menos, una vez más, caigo rendido ante la vergonzosa maniobra comercial del autor de Criaturas Celestiales.






Esta posiblemente no debiera ni estar aquí, pero no todos los días tu banda de música favorita estrena una ¿película? en pantalla grande. Metallica: Through the Never no es una obra de ficción, es algo parecido a aquel desconcertante pero mítico Led Zeppelin: The Song Remains the Same, o lo que es lo mismo, un concierto con insertos de un extenso videoclip protagonizado por el actor Dane De Haan dividido en partes intercaladas a lo largo del metraje. La experiencia merece más la pena por el acabado visual (el uso del 3D y el IMAX es muy acertado) y ver a los de San Francisco en los cines que por otra cosa, porque si abordamos el proyecto desde un punto de vista cinematográfico la decepción es un hecho. Pero son los putos Metallica, de modo que la cita es indispensable para fans, pero sólo para ellos.





El irlandés Paul Greengrass sigue con su cine social y combativo con Capitán Phillips, notable film basado en hechos reales en los que el capitán de carguero norteamericano ve como un grupo de piratas somalíes abordan el barco para apoderarse del mismo y su mercancía. Cine rodado en estilo guerrilla, con tono documental, sin moralismos ni clichés, sin buenos ni malos, sólo con hombres impulsados a tomar decisiones extremas en situaciones extremas. A destacar la labor de Greengrass detrás de las cámaras, el trabajo de todos los actores no profesionales que dan vida los piratas y un Tom Hanks que hacía años que no ofrecía una composición tan descarnada y humana.





Versión en imágenes de la novela homónima de Carlos Bardem adaptada por el mismo escritor/guionista/actor y el director Santiago A. Zannou. Para el que suscribe la cinta patria más interesante del 2013, Alacrán Enamorado aúna el cine de neonazis con el pugilístico y suma a un reparto tocado por el don del realismo y la naturalidad un guión muy acertado y con mucho trasfondo (los partidos de extrema derecha que financian a los grupos skin) y una dirección muy conseguida por parte del autor de la inolvidable El Truco del Manco. Cine sincero, sacado de las entrañas, militante y valiente. Una pieza a revalorizar en contra de la intolerancia o el racismo y a favor de la amistad y las segundas oportunidades que debería de ser de visión obligada en institutos de todo el país.





Ese niño grande con un inmenso talento que responde al nombre de Guillermo del Toro rueda este blockbuster veraniego que rinde homenajea al género Mecha nacido en Japón. Esta deliciosa Pacific Rim utiliza todos los clichés del tipo de celuloide al que se adscribe a modo de tributo mientras el cineasta de El Laberinto del Fauno juega en la pantalla con sus gigantescos juguetes para el disfrute de un espectador que se queda enamorado del poderío visual y estilístico de esta pieza comercial que sin ser uno de los trabajos más destacados del azteca consigue dejar buen sabor de boca y una sonrisa en la cara del que se enfrenta a ella y su inocente grandilocuencia.





Adaptación cinematográfica de Kick-Ass 2: Balls to the Wall, secuela en viñetas del exitoso cómic creado por el guionista Mark Millar y el dibujante John Romita Jr. El británico Mathew Vaughn pasa el testigo de la dirección y la escritura el desconocido Jeff Waldow y el resultado para el que suscribe supera a la ya de por sí meritoria primera película. Siendo más fiel a la esencia del cómic (cómics en este caso si tenemos en cuenta que el guión también toma conceptos e ideas de la interesante miniserie Hit-Girl) que la anterior entrega y con la misma mala baba esta Kick-Ass 2: Con Un Par se muestra como una desprejuiciada cinta satírica, cafre y autoparódica que se ríe con sorna, pero cariño, del mundo de los superhéroes. A destacar las escenas de acción, Hit Girl y un Jim Carrey pletórico como el Coronel Barras y Estrellas.





Con dos años de retraso llegó al mercado doméstico español Tropa de Élite 2. Sobresaliente secuela de la ya de por sí magnífica Tropa de Élite en la que el carioca Jose Padilha riza el rizo y se marca un thriller de denuncia sencillamente brillante. Si la primera entrega era puro The Shield esta nueva entrega es 100% The Wire. El director del próximo remake de Robocop carga las tintas una vez más contra la corrupción policial de Rio de Janeiro pero sobre todo contra unos políticos implicados hasta el cuello en chanchullos de todo tipo. Rodada con la fuerza y el pulso habituales del realizador brasileño Tropa de Élite 2 se convirtió en la película más taquillera de la historia de su país de origen y con motivo. Pequeña joya a recuperar junto a la primera parte.





La séptima película del mexicano Alfonso Cuarón es la experiencia cinematográfica del 2013. El director de Harry Potter y el Prisionero de Azkaban nos sumerge en un viaje espacial en el que en ocasiones nosotros somos los protagonistas haciéndonos sentir sus creadores la tensión y el pánico de una sufrida Sandra Bullock gracias a una soberbia puesta en escena y unos efectos digitales pletóricos. El problema nace en el guión que es de una simpleza más que notable y poseedor de algunos clichés impropios del autor de Hijos de los Hombres. Sin ser ni mucho menos la obra maestra que la prensa especializada vendió desde su puesta de largo en el pasado Festival de Venecia Gravity merece mucho la pena y más si tenemos en cuenta que en ella hace acto de presencia ese ser de incalculable carisma y buen rollo llamado George Clooney que devora la película entera como si de un apuesto agujero de gusano se tratase.





Indispensable documental de tres horas sobre la vida y milagros de uno de los cineastas más importantes de los últimos 40 años, el norteamericano Woody Allen. Esta cita ineludible para todo fan del judío miope recorre prácticamente la totalidad de su carrera empezando por sus monólogos en locales, sus intervenciones en programas televisivos (lo vemos incluso boxear con un canguro) y todo el grueso de su filmografía desde que debutara con aquella ya lejana Toma el Dinero y Corre. Woody Allen: A Documentary aborda la vida profesional del director y guionista pero también la personal hablando de las mujeres de su vida (Diane Keaton y Mia Farrow entre otras) de la polémica suscitada cuando decidió relacionarse sentimentalmente con su hijastra Soon Yi o de sus fracasos y éxitos como padre, marido y amante. Con declaraciones de prácticamente todos los actores, productores o guionistas que han colaborado con él este magnífico proyecto puede considerarse como un regalo para todos aquellos que esperamos como agua de Mayo el estreno alleniano del año en nuestras carteleras. A no mucho tardar le dedicaré la correspondiente crítica que hasta ahora no he podido realizar.




Sólo Dios Perdona - El Danés Nicolas Winding Refn se emborracha de estilización visual y autoría onanista y se marca un largometraje con un acabado técnico sencillamente brillante pero que no vende otra cosa que vacuidad autoindulgente por mucho simbolismo que contenga en su interior. A destacar la labor del cineasta de Bronson con la cámara, la dirección de fotografía de Larry Smith y una Kristin Scott Thomas memorable como madre castradora. Only God Forgives no es ni una genialidad ni una basura, es un envoltorio maravilloso que contiene en su interior un regalo que no está a la altura de las expectativas.

Las Brujas de Zugarramurdi - El bilbaino Álex de la Iglesia vuelve al humor alocado con esta comedia sobre brujas, guerra de sexos y folklore en Euskadi. Buenos actores, un arranque deudor de la intocable El Día de la Bestia y una dirección a la altura. Para echar un par de horas muy divertidas.

The Master - El supuesto retrato de Paul Thomas Anderson sobre L. Ron Hubbard, fundador de la cienciología, no es nada más y nada menos que un furibundo retrato sobre las bajezas más execrables del ser humano. Aunque en el plano cinematográfico le falta cohesión como estudio de personajes y dirección de actores es un prodigio. Amy Adams y Philip Seymour Hoffman enormes, pero lo de Joaquin Phoenix no se puede describir con palabras.

Star Trek: En la Oscuridad - Antes de irse a rodar en episodio VII de Star Wars J.J Abrams estrenó su segunda entrega dentro de la otra saga interestelar. Star Trek: Into Darkness es una reformulación de La Ira de Khan y aún manteniendo la acción y los personajes de la primera incursión del director de Super 8 el producto se antoja muy superior a aquel gracias a la dirección, el Spock de Zachary Quinto y el villano al que da vida Benedict Cumberbatch.

El Hombre de las Sombras - Después de aquella inteligentísima brutalidad llamada Martyrs el cineasta francés Pascal Laugier debuta en el cine anglosajón con The Tall Man. Endeble producción de intriga (que no terror) puesta hasta el culo de moralina cuyo guión hace aguas en casi todo momento por su estúpida intención de querer sorprender al espectador con continuos giros de argumentales que no funcionan porque están protagonizados por personajes poco creíbles o cercanos. El plano final y el "mensaje" que transmite es de los más ridículos de este 2013.

Jack Reacher - Adaptación a imágenes del personaje literario creado por Lee Child con Tom Cruise como productor y protagonista y Christopher McQuarrie como director y guionista. Cine negro de tono comercial para echar el rato con sus persecuciones, tiroteos, antihéroes y villanos. No destaca en ningún aspecto pero se deja ver y disfrutar.

Lincoln - El eterno proyecto de llevar a imágenes la vida de Abraham Lincoln por parte de Steven Spielberg por fin vio la luz este 2013. Un Daniel Day Lewis descomunal como el afamado presidente y un reparto de secundarios magnífico son lo mejor de esta acartonada hagiografía que retrata a un Lincoln tan perfecto bondadoso, entrañable y maravilloso que las ganas de vomitar se hacen inevitables. Podríamos decir que su descarada y sesgada idolatría hacia su protagonista es lo peor de la película pero el tumor con ojos que interpreta al hijo pequeño de Abe se lleva ese dudoso honor.

El Lado Bueno de las Cosas - David O. Russell adapta la novela homónima de Matthew Quick y rueda una atípica comedia romántica protagonizada por personajes de una inestabilidad mental más que notable. Aunque la dirección es digna y el guión convincente es el reparto (Robert De Niro, Bradley Cooper, Jennifer Lawrence, Jacki Weaver) el que le inyecta encanto, carisma y profesionalidad al producto, algo que le pasa también a American Hustle, la última obra del director de The Fighter que ya he visto y de la que hablaré en breve.

Hitchcock - Simpático making of ficcionado del proceso de creación de Psicosis, la obra maestra de Alfred Hitchcock. El director canadiense Sacha Gervasi inyecta humor negro y mala baba a su primera obra de ficción con unos Anthony Hopkins y Helen Mirren de Óscar y una historia llena de referencias e intertextualidad hecha por y para fans del director de El Hombre que Sabía Demasiado o 39 Escalones.

Mamá - Guillermo del Toro apadrina el debut del argentino Andrés Muschietti en el mundo del largometraje. Mamá que está basada en un excelente cortometraje ideado por el mismo Muschetti y su hermana Bárbara es un film que empieza apuntando maneras sugiriendo más que mostrando, creando una palpable atmósfera y ofreciendo pasajes muy meritorios. Pero todo se va al carajo a la mitad del metraje cuando el realizador decide enseñar en demasía su "criatura" y a entregarse a una galería de clichés del género que no se sostienen por ninguna parte.

La Jungla: Un Buen Día Para Morir  - Si ya la cuarta parte era totalmente innecesaria, y más habiendo sido la tercera la mejor de la saga, una quinta se antojaba una gilipollez. Evidentemente el resultado es lo esperado, un engendro lleno de ruido estúpido y rodado con artificio protagonizado por un Bruce Willis avejentado que tiene más de Terminator que de John McClane. Una chorrada supina cuya existencia es ya de por sí un insulto para la franquicia, el espectador y el buen gusto.

Un Asunto Real - Magnífica cinta de época impulsada por la productora danesa Zentropa. Retrato de la Dinamarca de finales del siglo XVII y una dura crítica a cómo la realeza de la época se dejaba influenciar por una institución eclesiástica contraria a ese pensamiento ilustrado representado por el médico alemán Johann Friedrich Struensee que intentó modernizar el país y encarrilarlo en un necesario progresismo. Elegante pieza de lacónico mensaje y estética exquisita con un trío actoral más que notable. Muy recomendable para los amantes del género.

G.I.Joe 2: La Venganza - Secuela de aquella G.I. Joe, The Rise of Cobra que llevaba al celuloide los muñecos articulados propiedad de Hasbro. Esta segunda parte supera ampliamente a la primera por ceñirse más a los cómics escritos por Larry Hama sobre los personajes y por centrarse más en el tono bélico que en los gadgets jamesbondnescos. Lo resultante es una simpática estupidez militarista y fantasmona que nos hace pasar un rato divertido a si dormimos las neuronas y el sentido común.

Tesis Sobre Un Homicidio - Thriller argentino que parece un remake no confeso de Ténebre de Dario Argento. Un guión algo tramposo y una dirección unas veces acertada y otras efectista se sustentan en el tour de force entre los porteños Alberto Ammann y Ricardo Darín, haciéndolo convincentemente el primero y de manera intachable el segundo.

Oblivion - Entretenida cinta de ciencia ficción protagonizada por Tom Cruise y basada en un cómic (no editado) del mismo director que la idea, Joseph Kosinski. Múltiples referencias a films pretéritos y literatura adscrita a la sci fi para una obra que se deja ver con fruición y de la que destaca el diseño de producción y la aséptica puesta en escena.

To the Wonder - Sin tiempo para asimilar su portentosa El Árbol de la Vida Terrence Malick nos ofreció esta Cara B de aquella que ha supuesto mi primera decepción salida de la mano del director de Malas Tierras o Días del Cielo. Aunque su lirismo visual y su don para sacar lo mejor de sus actores sigue ahí el guión deslavazado, la voz en off redundante y empalagosa y una visión simplista y farragosa de las relaciones sentimentales dan al traste con esta película que lo mejor que tiene es el trailer.

Tierra Prometida - Gus Van Sant echa una mano a los actores Matt Damon y John Krasinski para sacar adelante un guión (re)escrito a cuatro manos por ellos mismos. Promise Land es una digna cinta que hace un retrato duro de la crisis global, las malas artes de las empresas que deciden aprovecharse de los más débiles y de los límites de la conciencia social. Sólo le sobra el giro de guión que rompe el naturalismo que hasta ese momento imperaba en la propuesta y puede que el final demasiado idealista, pero eso lo perdonamos porque las intenciones de sus autores son buenas y esperanzadoras.

Iron Man 3 - Jon Favreau pasa la batuta de la dirección y el guión al gran Shane Black (El Último Gran Héroe) para sacar adelante esta agradable tercera parte de las correrías de Tony Stark. Bien rodada, con actores acertados comandados por un Robert Downey Jr haciendo lo que mejor sabe y mucho humor esta Iron Man 3 es una digna cinta de evasión que aunque ha levantado cierta polémica por el tratamiento dado en el guión a su villano no deja de tener su encanto y mala baba.

The Purge: La Noche de las Bestias - Un excelente y prometedor punto de partida se convierte en una rutinaria y mil veces vista cinta de supervivencia con unos buenos actores a la deriva y un director que se las ve putas para crear atmósfera o tensión. La secuela está en camino pero yo no tengo ninguna prisa por verla.

Lobezno Inmortal - Aún siendo una nadería esta secuela de las aventuras de Logan, el mutante con el esqueleto de adamantium, supera ampliamente a la vergonzosa primera parte. James Mangold se pone a los mandos de esta adaptación (muy libre) de Lobezno: Honor de Chris Claremont y Frank Miller para rodar una rutinaria cinta de superhéroes en lo que lo más destaceable es un Hugh Jackman que devora la pantalla a dentelladas cada vez que dice de sacar las garras.

El Llanero Solitario - Divertido western a manos del equipo de la saga Los Piratas del Caribe inspirado en el personaje Lone Ranger y su inseparable amigo el indio Tonto. Injustamente vapuleada durante su estreno (sobre todo por la crítica) la cinta de Gore Verbinski es lo suficientemente ágil, autoparódica, dinámica y referencial (homenajes que van desde John Ford a Sergio Leone) como para ser considerada un más que digno blockbuster. Sin ser una joya sí es mucho mejor de lo que se ha dicho.

La Gran Familia Española - La decepción patria del 2013. Daniel Sánchez Arévalo tropieza por primera vez tras tres largometrajes memorables con esta simpática comedia llena de lugares comunes y una equívoca multireferencialidad. Con todo los actores hacen una labor muy meritoria y la mezcla de drama y comedia es acertada sobre todo en la recta final del metraje. Pero nos encontramos con una pieza a años luz de films tan personales y cercanos como Gordos o Primos.

Insidious: Capítulo 2 - La secuela de la conseguida Insidious es el segundo estreno de James Wan este 2013. Sin ser tan buena como su predecesora respeta las constantes de aquella para ofrecer un producto consistente con momentos de tensión destacables y una labor técnica y artística a la altura.

Thor: El Mundo Oscuro - Descafeinada secuela de las aventuras del hijo de Odín. Que sea un proyecto impersonal no iba a pillarnos de sorpresa, pero que su historia y personajes causaran tanta indiferencia ya si es más preocupante. Lo mejor sin lugar a dudas un Ton Hiddleston como Loki que con su presencia mejora mucho esta desangelada segunda parte protagonizada por el Dios del Trueno.

Drácula 3D - Del tándem formado por Dario Argento y el presidente del Atlético de Madrid tenía que salir algo atípico y memorable por cojones y así es. El Drácula del director de Suspiria es, con mucha diferencia, la peor película del año, una obra con tanta caspa, cutrez, actores drogados y diálogos sonrojantes que como obra cinematográfica atraviesa la barrera del desastre mayúsculo para convertirse en una pieza de culto a la que alabar por su descaro, desvergüenza y solemnidad de cartón piedra.

Killer Joe - William Friedkin no recuperará el éxito de antaño con esta adaptación cinematográfica de la obra de teatro homónima de Tracy Lets estrenada en España directamente en el mercado doméstico. Largometraje con buenas malas intenciones y un Matthew McConaughey soberbio (hasta que llega la inefable escena del muslo de pollo que ya he leído por ahí, para mi desconcierto, que hay quien la considera lo mejor de la película) es sepultado por efectismos conceptuales y formales y un grupo de personajes tan desagradables que poco nos importa si les vuelan la tapa de los sesos de un escopetazo al minuto cinco de metraje.


domingo, 29 de diciembre de 2013

El Hobbit: La Desolación de Smaug



Título Original The Hobbit: The Desolation of Smaug (2013)
Director Peter Jackson
Guión Philippa Boyens, Fran Walsh, Guillermo del Toro y Peter Jackson, basado en la novela de J.R.R. Tolkien
Actores Martin Freeman, Ian McKellen, Richard Armitage, James Nesbitt, Aidan Turner, Graham McTavish, Jed Brophy, Luke Evans, Benedict Cumberbatch, Stephen Hunter, Ken Stott, Evangeline Lilly, Orlando Bloom, John Callen, Adam Brown, Dean O'Gorman, William Kircher, Peter Hambleton, Mark Hadlow, Lee Pace, Sylvester McCoy, Cate Blanchett, Mikael Persbrandt, Stephen Fry, Ryan Gage





Nueva entrega de la segunda trilogía que el cineasta neozelandés Peter Jackson está realizando sobre la obra y personajes del escritor inglés de origen sudafricano J.R.R. Tolkien. Al igual que El Hobbit: Un Viaje Inesperado esta secuela está basada en el libro El Hobbit, el primero que el autor de El Silmarillion escribió sobre los personajes de la Tierra Media. El largometraje ha dejado muy satisfecho a un servidor, más que el anterior, pero bien es cierto que todos los aciertos y fallos de aquel se ven acentuados en este, dejando mejor sabor de boca en el espectador pero aumentando en el mismo esa sensación de que el director de Mal Gusto o Braindead nos está tomando el pelo y sacando los cuartos innecesariamente por culpa de su ambición, la de Warner Bros y la de New Line Cinema.




Bilbo Bolsón (Martin Freeman), Gandalf (Ian McKellen) y los trece enanos comandados por Thorin Escudo de Roble (Richard Armitage) siguen su travesía para reclamar el tesoro de Erebor propiedad de los antepasados de este último. En el trayecto atravesarán el Bosque Negro, serán capturados por los elfos comandados Thranduil (Lee Pace), su hijo Légolas (Orlando Bloom) y Thauriel (Evangelin Lily) y tendrán que enfrentarse a los orcos para finalmente llegar a Esgaroth (Ciudad del Lago) con la ayuda de Bardo: El Arquero. Allí el avispado hobbit y sus acompañantes subirán a la Montaña Solitaria para reclamar lo que pertenece a los enanos, no sin antes enfrentarse al gigantesco dragón Smaug que tiene en su poder las riquezas y que no se lo pondrá nada fácil a nuestros viajeros.




El Hobbit: La Desolación de Smaug es la confirmación de que Peter Jakcson es, por un lado, un sacacuartos de cuidado que parece haber hecho un curso intensivo con George Lucas para exprimir hasta el paroxismo sus grandes exitos detrás de las cámaras para enriquecerse monetariamente gracias a unos espectadores que nos tragamos lo que nos echen con tal de ver nuestros personajes favoritos saltar una vez más de las páginas al celuloide. Pero por otro también le oficializa como un amante de su trabajo, un avispado freak que sabe qué debe dar a sus seguidores y cuándo debe dárselo alargando innecesariamente (pero con inteligencia, sarna con gusto no pica) un libro de poco más de 300 páginas en una trilogía que si contamos los montajes extendidos de cada uno de los films que la componen se quedará, más o menos, en un enorme monstruo fílmico de unas nueve horas de metraje a todas luces excesivas.




Esta segunda entrega al igual que la anterior, pero potenciándolo todo exponencialmente, busca esa mezcla del tono de ligera aventura que tiene el libro original con la majestuosidad que poseía la anterior trilogía de El Señor de los Anillos que rodó el director de Criaturas Celestiales durante la pasa década. Por el camino se hiperbolizan los aciertos de esta nueva saga como la acción, el humor, la ya mencionada épica durante las batallas, huídas o persecuciones y secuencias en las que los personajes se lanzan amenazas lapidarias tan propias de las criaturas del imaginario tolkieniano. Pero también se alargan excesivamente pasajes que en el libro se mencionaban de pasada o se introducen subtramas nuevas que no existían en la mencionada novela con la excusa de añadir personajes famosos de la trilogía original (Légolas) o incluir algunos de nuevo cuño (Tauriel) que han sido creados por Jackson sólo para añadir una innecesaria y estereotipada subtrama romática en forma de posible futuro triángulo amoroso.




Porque si bien hay pasajes en The Hobbit: The Desolation of Smaug que podrían adscribirse a los mejores jamás rodados por Jackson dentro de sus adaptaciones de la obra de Tolkien que ha llevado a cabo hasta el momento (la recta final en el Monte Solitario con Smaug contiene momentos brillantes) también hay secuencias que se antojan alargadas y un tanto dispersas. Lo más curioso es que los momentos en los que Jackson más renquea a lo largo del metraje son los que ha inventado como morralla para abultar la duración del film y que en muchas ocasiones son innecesarios. La mayoría tienen que ver con el personaje de Tauriel, que por mucho esfuerzo que ponga Evangeline Lily en interpretarlo no deja de ser un rol añadido totalmente de relleno para el conjunto de la película. Sus alargadas conversaciones con Légolas (cuya presencia aquí está justificada sólo por ser parte de las dosis de fanservice con las que Jackson quiere agasajar a los fans, porque en el libro no aparece) o Kili se antojan pomposas e impropias de la prosa de Tolkien por mucho que el director de The Lovely Bones y sus guionistas quieran emularla.




Pero los fallos que pueda tener el largometraje (y que no lo neguemos, ya estaban en El Hobbit: Un Viaje Inesperado) son solapados con incontables escenas de acción magníficamente rodadas, batallas de notable acabado, persecuciones vertiginosas (la de los barriles funciona al 100% y los añadidos de humor le sientan como "un anillo") y unos efectos digitales que superan a los de la primera parte y que aunque dan la impresión de que el film está sobreproducido (¿qué películas de las de Jackson relacionadas con El Señor de los Anillos no lo están?) casi en todo momento están al servicio de la historia. Para acentuar ese tono épico que tan bien le queda al neozelandes (y que en El Hobbit como obra literaria aún no estaba, digan lo que digan) se permite licencias como incluir a Saurón como oscura amenaza en la sombra que en el primer libro de Tolkien sobre los personajes de la Tierra Media era inexistente pero que aquí le sirve para darle más minutos de metraje a Gandalf cuando comienza su aventura paralela en solitario al investigar las tumbas de Nazgûl.




Hay momentos muy logrados como el tono amenazante del pasaje con las arañas gigantes, el ya mencionado de los rápidos con los barriles y el ataque (metido con calzador en el guión pero muy conseguido) por parte de los elfos comandados por Légolas y Tauriel a los orcos, estos también amenazantes y muy conseguidos gracias a los efectos digitales algo que ya se dejaba notar en la primer parte. Peter Jackson inyecta vivacidad a la cámara (a veces demasiado) y su ya famosa puesta en escena logra que los 160 minutos del metraje no pesen en ningún momento porque la trama no da un respiro a la platea. Al guión sí le podríamos poner fallos con respecto a añadir relleno o alargar pasajes como ya he mencionado previamente pero lo más reprobable es que el mismo Bilbo es un personaje más secundario aún que en la primera parte, aunque dicha mácula se compensa con lo logrados que están los momentos en los que él es protagonista absoluto.




Pero sí, Smaug es el mayor acierto de la película. La presencia del dragón se antoja titánica, poderosa, inmensa, su diseño es excelente y posiblemente nunca se ha visto en pantalla a una de estas criaturas mitológicas lanzar lenguas de fuego tan brutales como las que podemos ver en esta película. Hasta la voz del personaje (en la versión original la imponente de Benedict Cumberbatch, en castellano la muy convincente de Iván Muelas y nadie lo diría pensando que puso voz a Will Smith en El Principe del Bel Air, Nicholas Brendon en Buffy Cazavampiros o Philip J. Fry en Futurama, voces juveniles y normalmente agudas) tiene fuerza, personalidad y carácter. Por descontando que en pantalla grande y 3D (buen uso del formato, mejor que en la primera parte. aunque no así los 48fps que por muy buena resolución que tengan aceleran en demasía los pasajes dinámicos y convierten en algo confusas las escenas de acción) la presencia de Smaug se disfruta mucho más tanto en imagen como en sonido.




El Hobbit: La Desolación de Smaug sigue la senda de la anterior entrega pero para el que suscribe la depura y supera. Por el camino como ya he comentado tenemos hallazgos y fallos, escenas memorables y pasajes olvidables, traslaciones fieles de las letras a imágenes y la inclusión de subtramas innecesarias y vacuas que lo único que hacen es entorpecer el desarrollo de la historia principal. Pero Jackson es perro viejo y nos sigue regalando a un Bilbo tan astuto como dubitativo, un Thorin carismático y con personalidad, un Gandalf sabio y entrañable, unos enanos bonachones y nobles y unos elfos orgullosos y guerreros, todos interpretados por unos actores que saben lo que hacen y localizando su historia en una Tierra Media vasta e infinita sustentada en un diseño de producción a la altura y un director al que podemos tildar tanto de genio como de tahúr. El caso es que el viaje sigue mereciendo la pena y un servidor ya tiene ganas de ver esa El Hobbit: Partida y Regreso que abarcará una enorme batalla final que esperemos esté a la altura.