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martes, 24 de marzo de 2015

Chappie



Título Original Chappie (2015)
Director Neil Blomkamp
Guión Terri Tatchell y Neil Blomkamp
Actores Sharlto Copley, Dev Patel, Hugh Jackman, Sigourney Weaver, Jose Pablo Cantillo, Miranda Frigon, Brandon Auret, Sean O. Roberts, Ninja, Yolandi Visser, Robert Hobbs, Dan Hirst, Eugene Khumbanyiwa, Paul Hampshire, Kevin Otto





Vaya por delante que no quiero empezar esta entrada hablando de la interesante carrera del cineasta sudafricano Neil Blomkamp, ya que de su exitoso paso por el mundo de la publicidad y los videoclips o de sus dos primeros largometrajes, Distrito 9 y Elysium, ya habló largo y tendido mi compañero Enrique López hace un par de años con un magnífico artículo al que habría que añadir la crítica conjunta de la película protagonizada por Matt Damon que le dedicaron mis también socios Jordi T. Pardo y Luis Javier Capote Pérez en su momento. Vamos a centrarnos en su tercer trabajo (el segundo dentro de la maquinaria estadounidense) detrás de las cámaras titulado Chappie, protagonizado por Sharlto Copley ofreciendo su físico por medio de la captura de movimiento al protagonista y secundarios como Dev Patel, Hugh Jackman, Sigourney Weaver, Jose Pablo Cantillo, Ninja o Yolandi Visser. La nueva propuesta de Neil Blomkamp ha sido recibida con disparidad de opiniones ya desde su estreno entre los que la consideran un producto magnífico que contiene muchas de las virtudes del cineasta sudafricano y los que la ven como la confirmación de que se está labrando una errática carrera dentro Hollywood. Para el que suscribe Chappie es una obra magnífica en varios aspectos, con los suficientes aciertos como para solapar sus perdonables fallos y que aún planteando temas interesantes envueltos en una brillante factura técnica marca de la casa sí pudo haber llegado más lejos en cuanto a su planteamiento y aspiraciones artísticas que, aunque encomiables, no son explotadas al 100% por su productor, guionista y director, aunque pariendo igualmente un proyecto que merece la pena como conjunto cinematográfico y al que no hay que dejar pasar.




Chappie es una amalgama de obras adscritas a la ciencia ficción como Robocop, de Paul Verhoeven, las dos entregas de Cortocircuito e Inteligencia Artificial, aquel proyecto que Stanley Kubrick nunca pudo rodar y que finalmente dirigió su amigo Steven Spielberg. Con respecto al parecido con la producción de 1987 protagonizada por Peter Weller la situación se vuelve preocupante cuando el espectador mínimamente avispado se da cuenta que durante la primera media hora de metraje la tercera cinta de Neil Blomkamp es un émulo de aquella que en ocasiones se adentra en terrenos de la desvergüenza. Un futuro corporatibizado, empresas privadas creando robots para sustituir a los policías humanos y personajes principales idénticos a los interpretados en Robocop por Miguel Ferrer, Ronny Cox, Kurtwood Smith o Dan O’Herlihy y que aquí tienen los rostros de Dev Patel, Hugh Jackman, Ninja y Sigourney Weaver respectivamente. Hasta una variante del inolvidable ED 209 hace acto de presencia con ese enorme “Buey” diseñado por el personaje del actor que ha dado vida a Lobezno siete veces. La devoción que Neil Blomkamp por el Paul Verhoeven adscrito a la ciencia ficción (el de la impagable trilogía formada por la ya mencionada Robocop, Desafío Total y Starhsip Troopers y en menor medida el de El Hombre Sin Sombra) no se le escapa a a nadie, ya que la dejó clara en sus dos trabajos previos, pero este fusilamiento inmisericorde de la primera película protagonizada por el policía cibernético de Detroit hace temer lo peor. Por suerte todo es un espejismo ya que como hemos comentado previamente Chappie se desvincula de la influencia de Verhoeven para adentrarse en terrenos diferentes cuando el director y su co guionista, Terri Tatchell deciden apelar a los sentimientos de su protagonista.




Porque ese es el motor que hace de engranaje dentro de Chappie, la idea asimovsiana de cómo una máquina puede poseer consciencia y pensar y obrar como un ser humano. Como obra podremos sacarle ciertos fallos a la última incursión detrás de las cámaras de Neil Blomkamp, pero lo que no podemos negarle es que en su interior anidad un verdadero corazón que palipita y consigue transmitir a la platea todo aquello que Chappie experimenta desde que su creador, Dion, lo resetea covirtiéndolo en algo parecido a un niño atrapado en un cuerpo de titanio que será usado por motivos puramente egoístas por todos y cada uno de los humanos (el sudafricano ha demostrado en sus tres films que no nos tiene mucha estima como raza y no se le puede culpar por ello) que se cruzarán en su todavía prematura existencia. Puede que el fan del cineasta piense que a un contexto futurista como este le falta la crítica política subtextual (la del apartheid en Distrito 9 y la de la diferencia de clases de Elysium) que ya era seña de identidad indispensable en todo largometraje salido de su mano y aunque es cierto que el guión no escarba más en la vertiente distópica de ese porvernir protofascista y militarizado encarnado en el personaje de Vincent Moore, interpretado con mucho aplomo por un Hugh Jackman entre violento (la broma en la oficina) y patético (esos pantalones cortos) que demanda a gritos más roles de villano demente, es en el “adiestramiento” del mismo Chappie donde anida la crítica más dura del film homónimo. No es díficil ver en cómo el personaje de Ninja (magnífico este desconocido actor y director, del mismo nombre artístico que su personaje, de físico escuálido pero intimidante) trata de convertir a Chappie en una máquina de matar un paralelismo claro con respecto a las guerrillas que entrenan a Niños Soldado para convertirlos en asesinos ávidos de sangre contra su propia voluntad, más si tenemos en cuenta que la trama tiene lugar en Johanesburgo, la ciudad más poblada del sur del continente africano en el que nació el mismo Neil Blomkamp.




El problema nace cuando el largometraje se adhiere más al estilo spielbergiano, el de la ya mencionada Inteligencia Artificial o E.T, ya que si previamente hemos comentado que la película apela a los sentimientos de su protagonista para conseguir la empatía con el espectador, consiguiéndolo totalmente, en ocasiones se bordea la sensiblería y cierto subrayado grueso (sobre todo cuando Dion adiestra al personaje tratando de alejarlo de la mala influencia de Ninja) que sin dar al traste con todo lo construido para dar hondura a Chappie sí se muestra en ocasiones algo molesto. En este sentido también llama la atención, como hemos apuntado unos parrafos más arriba, que Blomkamp también se haya dejado imbuir, de manera voluntaria o no, por las entregas de Cortocircuito, los dos films ochenteros dirgidos por John Badham y Kenneth Johnson respectivamente y protagonizados por, Johnny 5, un robot militar que quiere ser humano. De aquel díptico toma ideas casi completas como la reconversión en matón del personaje pocos después de ser agredido por humanos, la personalidad de Dion que es muy parecida a la del Ben Jabituya de las dos entregas al que daba vida un entrañable Fisher Stevens o el deseo del protagonista de ser reconocido como un ser vivo, una entidad real. Todo esto aderezado con el despampanante look visual de su director que aquí decide contenerse más en la puesta en escena y no abusar tanto de slow motion, camáras al hombro, subsanando errores de la aún así reivindicable Elysium (aunque hace poco descubrimos que ni al mismo director le convenció el resultado de aquella) e inyectando al producto esa sucia estética cyberpunk que tanto le gusta y que ya venía de algunos de sus trabajos en videoclips o anuncios publicitarios. Toda esa contención estética eclosiona en la media hora final de metraje en la que Blomkamp da lo mejor de si mismo rodando secuencias de acción vertebradas con puro nervio y sustentadas en la implicación dramática en la que se ven sumergidos los personajes principales.




Chappie no ha sido recibida como ha merecido, la cinta es lo suficientemente potente como para haber cosechado una respuestas, sobre todo por parte de una crítica que no se ha dejado enamorar por los encantos robóticos de su protagonista, más positivas porque méritos no le faltan. Desde un trabajo magnífico por parte de Neil Blonkamp tanto detrás de las cámaras como en el guión compartido con Terri Tatchell (el libreto podría haber ahondado más en sus ideas, pero sabe plantear dilemas morales y existenciales nada desdeñables y dignos de reflexión así como hacer uso de una simbología sutil y digna de elogio) hasta un reparto en estado de gracia comandado por un Sharlto Copley dando sus movimientos físicos y dotes interpretativas a Chappie de manera tan brillante que posiblemente Andy Serkis sepa ya a estas alturas que le ha salido un muy digno competidor dentro de su especialidad. La tercera película del sudafricano es una de las propuestas más interesantes de la actual cartelera y su afán por humanizar a un robot que es capaz de entender ideas como el amor, el sacrificio, el miedo, la amistad o la compasión curiosamente comparte cartelera con el reestreno en pantalla grande del montaje final de Blade Runner, que ya habló de este tema hace 33 años cuando Roy Batty demostró a Rick Dekkard antes de morir que había una vida real llena de experiencias detrás de esos ojos azules implantados en un laboratorio, aunque esa es otra historia. No sería complicado que Chappie hiciera las delicias de los aficionados al género, pero a aquellos que la vean y no se vean debidamente saciados les queda el consuelo de ver en cine la primera colaboración artística entre Sigourney Weaver y el director de la próxima entrega de la saga Alien, que esperemos dé a Blomkamp ese reconocimiento que con esta inteligente, atrevida, aterradora en su exterior y entrañable en su interior, tercera cinta no ha conseguido.



martes, 3 de septiembre de 2013

Elysium



Título Original Elysium (2013)
Director Neil Blomkamp
Guion Neil Blomkamp
Actores Matt Damon, Jodie Foster, Sharlto Copley, Alice Braga, William Fichtner, Diego Luna, Wagner Moura, Talisa Soto, Ona Grauer, Terry Chen, Adrian Holmes





En el año 2009 una cinta de ciencia ficción sudafricana llamada Distrito 9 consiguió un considerable éxito internacional. El film, producido por el neozelandés Peter Jackson supuso el debut en el mundo del largometraje del reputado director de videoclips y publicidad Neil Blomkamp. Su mezcla de sci-fi, acción, ácida crítica social y tono de falso documental gustó tanto a público como a crítica consiguiendo hasta cuatro nominaciones a los Oscar (incluyendo la de mejor película) de aquel año. Tras el bombazo que supuso District 9 era inevitable que, tarde o temprano, su artífice debutara por la puerta grande en la meca de Hollywood.




El primer trabajo de Neil Blomkamp en Estados Unidos se llama Elysium y es una destacable pieza adscrita (nuevamente) al género de ciencia ficción. Un producto lleno de virtudes y portador de algunos defectos que confirma el considerable talento de su guionista y director ofreciendo una historia interesante envuelta en una estética (casi) intachable. El resultado para el que suscribe es la, por ahora, mejor película dentro de este tipo de cine durante el 2013 (ciertamente sus competidoras de este año no son 2001: Odisea en Espacio o Blade Runner precisamente) y una de las propuestas más interesantes que nos ha ofrecido la cartelera en este verano que ya se nos va de las manos.




Año 2159, desde hace tiempo el planeta Tierra es un despojo superpoblado. Las clases acomodadas huyeron a la estación espacial Elysium donde la secretaria de Defensa Jessica Delacourt (Jodie Foster) mantiene una cruel política antinmigración eliminando a toda nave proveniente de la tierra que intenta entrar en Elysium. Mientras tanto las clases bajas hacen su vida como buenamente pueden en la Tierra bajo un yugo dictatorial. Max DeCosta (Matt Damon) es el trabajador de una fábrica metalúrgica propiedad de la empresa Armadyne  y su sueño siempre ha sido vivir en Elysium. Lo que el no sabe es que por circunstancias fortuitas en las que se verá implicado deberá viajar a la ya mencionada estación espacial pero con un misión que puede cambiar el curso de la historia.




Elysium es ciencia ficción distópica, sucia y descarnada. No es es extraño que Neil Blomkamp se confiese fan irredento del Paul Verhoeven adscrito a este género. Es inevitable encontrar en la obra que nos ocupa referencias directas a Robocop (la automatización del protagonista, corporaciones amenazantes privatizando servicios públicos, empresarios y políticos aliándose con criminales que le hagan el trabajo sucio) Starship Troopers (la crítica social, el marcado clasismo entre los habitantes de la Tierra y los de Elysium, localizar la trama en una zona que parece ser sudamérica) o Desafío Total (esa rebelión a manos de una resistencia oprimida, el momento con el agente de la condicional de Max). Aunque Elysium presciende de ese tono satírico y ambiguo puramente verhoeveniano que paradójicamente sí poseía Distrito 9, otra cinta en la que Blomkamp mostraba sus deudas con el realizador de Eric: Oficial de la Reina.




El argumento es sencillo tanto en su exposición y desarrollo como en su mensaje crítico (en ocasiones demasiado obvio, pero siempre acertado) y poseedor de cierta trascendencia existencial, pero es en el acabado técnico donde Elysium da lo mejor de sí misma. El trabajo de Blomkamp es el esperado, ofreciendo una potencia visual fuera de toda duda con un acabado estilizado y crudo que ofrece momentos de poderosa inventiva en la realización. El único problema es que en ocasiones se emborracha de movimientos innecesarios en los encuadres y cámaras lentas que unas veces están justificadas y otras no, pero no cabe duda de que su labor detrás de las cámaras es notable.




Matt Damon lleva con profesionalidad el peso de la historia y ofrece un trabajo sobresaliente sobre todo por la implicación física que supone el mismo. Jodie Foster da vida a (de nuevo) una de esas fascistas estiradas que ta bien le quedan (como ya se vio en la muy recuperable Plan Oculto, de Spike Lee) pero el que destaca por encima del resto es un demente Sharlto Copley (el simpático y atolondrado protagonista de Distrito 9 y actor fetiche del Blomkamp) que clava a ese demente y sádico (lo de intimidar sexualmente al personaje de Alice Braga en presencia de su hija pequeña es un apunte enfermizo acertadísimo) Kruger que una vez más nos remite al director de Instinto Básico porque este sería un papel que hubiera bordado Michael Ironside con unos cuantos años menos. Entre los secundarios caen en gracia Wagner Moura (Tropa de Élite 1 y 2) y Diego Luna (Y tu mamá También) o William Fichtner (Drive Angry) que añade otro personaje deliciosamente destestable a los que habitualmente suele interpretar.




Esta Elysium que nos ocupa merece mucho la pena a pesar de haber sido estrenada dentro de una enconada disparidad de opiniones entre los que están a favor o en contra de ella. Tiene un argumento interesante, un guión bien construido, un reparto acertado, un mensaje alto y claro que aunque hemos visto mil veces en otras ocasiones siempre viene bien ser recordado y un acabado formal que cuando no se entrega a la excesiva floritura visual muestra el potencial de este joven director llamado Neil Blomkamp que aún tiene mucho que decirnos y ofrecernos productos de considerable calidad con los que entretenernos mientras nos hace replantearnos temas tan universales como (por desgracia) actuales.



martes, 29 de septiembre de 2009

District 9, prawns go home



Director:
Neill Blomkamp (2009)
Guión: Neill Blomkamp & Terri Tatchell
Actores: Sharlto Copley, Jason Cope, David James, Vanessa Haywood, Mandla Gaduka, Kenneth Nkosi, Eugene Khumbanyiwa, Louis Minnaar, William Allen Young





Cuando creía que este 2009 empezaba su crepúsculo sin ningún sleeper, film que pasa desapercibidio antes de su estreno y que da el bombazo cuando nadie se lo espera, me encuentro con District 9, una obra cinematográfica tan edificante, consistente y concisa que a veces es difícil creer lo que el estupefacto espectador ve en pantalla durante sus 117 minutos de metraje. Originalidad señoras y señores, ese don tan escaso hoy día en el mundo del cine, es destilado de manera desmesurada en District 9. El surafricano Neill Blomkamp coge un argumento digno de uno de esos episodios de la serie Más Allá del Límite y lo convierte en una de las mejores y más adultas cintas sobre invasiones alienígenas vistas en mucho tiempo.




Pero claro, es que detrás de la historia de extraterrestres que nos cuenta el jovencísimo Neil Blomkamp se esconde una visceral y muy necesaria crítica al apartheid del sur del continente africano que se llevó a cabo durante el siglo pasado. Pocas veces una cinta adherida al género de ciencia ficción había portado un mensaje político y social tan notorio como ácido e irónico que nos hace inevitable pensar en el Paul Verhoeven de Robocop, Desafío Total y sobre todo el de la infravalorada Starship Troopers.




Más virtudes, sólo un nombre, Wikus Van De Merwe, el carisma anticarismático, el pobre desgraciado protagonista del film y víctima de mil y una perrerías. Van De Merwe es como un Michael Scott (protagonista de la versión americana de The Office) intentando sobrevivir en una cinta llena de langostas gigantes que se alimentan de comida de gato. Con su acento cerradísimo (bueno, el suyo y el de todo el reparto, dios santo, no pillaba ni dos palabras seguidas en inglés) su aire de torpeza lleno de divertidos apuntes como su manía de no salir ante cámara haciendo el ridículo (cosa harto difícil) o su obsesivo amor hacia su esposa el tipo llena la pantalla y se gana al espectador que experimenta hacia él sentimientos que van desde la compasión hasta el asco, pasando por la complicidad, la tristeza o la vergüenza ajena.




Aunque si hay algo que destacar en District 9 es la inusualmente profesional y resuelta dirección de Neill Blomkamp que desde el primer plano se muestra exultante con ese uso del falso documental que da un ritmo endiablado a la trama, pasando por su control técnico en las escenas de acción y su puesta en escena que hace que el espectador no se crea que el film sea una modesta coproducción entre Nueva Zelanda y Suráfrica. Mencionar también lo cruda que se vuelve la historia en su recta final y el tono dramático que toma todo el conjunto del film en su conclusión, dándole un verdadero poso narrativo al argumento o los dignísimos efectos especiales y de maquillaje, inusuales para una cinta tan modesta como la que nos ocupa.




Una dirección sobresaliente, un guión elaborado (con mala baba y compromiso social de caracter no adoctrinador) referencias que van desde el David Cronenberg de La Mosca hasta el Roland Joffé de Los Gritos del Silencio, acción y gore medidos con escuadra y cartabón y una producción de Peter Jackson en la que el director de la trilogía de El Señor de los Anillos, a parte de dinero, ha puesto poco de su estilo como director (alguna referencia a su pasión por los falsos documentales y poco más) cosa que se le agradece. Todas estas facultades que bordean lo genial hacen de District 9, no sólo la sorpresa cinematográfica del año, sino también uno de los mejores films de este 2009, una verdadera maravilla en su género, cine hecho para disfrutar y deslumbrar.