Mostrando entradas con la etiqueta Guillermo del Toro. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Guillermo del Toro. Mostrar todas las entradas

jueves, 31 de marzo de 2022

Transgresión Continua Express 2022 - Febrero

El Padrino (Francis Ford Coppola, 1972) - A medio siglo de su estreno la obra maestra de Francis Ford Coppola mantiene toda su fuerza como tragedia shakesperiana y retrato definitivo de unos Estados Unidos edificados sobre violencia, corrupción y poder. Clásico incontestable.


El Callejón de las Almas Perdidas (Guillermo del Toro, 2022) - Guillermo del Toro apela a la esencia noir y american gothic de la novela de William Lindsay Gresham homenajeando a Todd Browning y Alfred Hitchcock. El apartado técnico y el cast engalanan una propuesta  interesante, pero no memorable


Belfast (Kenneth Branagh, 2022) - Biopic sobre la infancia de Kenneth Branagh en la capital norirlandesa donde convergen su brillante puesta en escena con costumbrismo y ternura no exentos de amargura. Todo el cast brilla, pero lo de Judi Dench y Ciarán Hinds está a otro nivel.


Muerte en el Nilo (Kenneth Branagh, 2022) - Segunda adaptación de las novelas de Agatha Christie por Kenneth Branagh incidiendo en las virtudes y carencias de la primera. Cierta tendencia efectista en lo visual no empaña la labor del reparto y el respeto por el material de partida.


Uncharted (Ruben Fleischer, 2022) - Mucho más artesanal de lo que pudiera parecer en un principio esta adaptación de la famosa saga de videojuegos funciona gracias a su deuda aventurera con Indiana Jones o Los Goonies y a la entrega de un carismático Tom Holland.


Moonfall (Roland Emmerich, 2022) - Roland Emmerich vuelve a su "cine plantilla de catástrofes" con una propuesta desangelada de CGI irregular, actores desaprovechados y recta final adentrándose en la comedia involuntaria. Casi un remake marca blanca de Independence Day


La Matanza de Texas (David Blue Garcia) - Más allá de su generosa violencia explícita nada hay de interés en esta rudimentaria y despersonalizada secuela de La Matanza de Texas que ni siquiera es funcional intentando cargar las tintas contra el mundo influencer.


La Abuela (Paco Plaza, 2022) - Los mundos de Carlos Vermut y Paco Plaza convergen en un cuento opresivo sobre dependencia emocional y vejez con una puesta en escena entregada al detallismo audiovisual y un tour de force titánico entre Almudena Amor y Vera Valdez.


Archivo 81 (Rebacca Sonnenshine, 2021) - Conceptos atractivos, una localización ideal y un interesante apartado técnico son desaprovechados en este híbrido entre found footage y relato sobre cultos ancestrales a lo Lovecraft que en pocas ocasiones llega a inquietar al espectador.


miércoles, 8 de enero de 2020

Transgresión Continua Express 2019 - Diciembre II



Campeones (Javier Fesser, 2018) - La naturalidad de todo el reparto y la ternura típica de las producciones de Javier Fesser y Películas Pendleton hacen que Campeones funcione a pesar de algunos obstáculos como su convencionalismo y cierta tendencia hacia lo lacrimógeno.





Watchmen (Damon Lindelof, 2019) Abordado como un elseworld en el que Damon Lindelof imagina una secuela del cómic, Watchmen es un producto casi impecable en lo visual y narrativo con dos episodios, 6 y 8, entre lo mejor visto este 2019. Por desgracia no consigo conectar al 100% con su muy valiente propuesta.




Mujercitas (Greta Gerwig, 2019) - La versión de Mujercitas de Greta Gerwig abandona la zona de confort de otras adaptaciones de la novela de Louisa May Alcott haciendo uso de una inteligente narrativa, dando importancia a la metatextualidad con respecto a la palabra escrita y apoyándose en un soberbio reparto.




Cronos (Guillermo del Toro, 1993) - El debut de Guillermo del Toro es un oscuro cuento de hadas en el que colisionan el Luis Buñuel mexicano y el David Cronenberg neocárnico de sus primeros trabajos para reformular el mito del vampirismo. Impresionante trabajo de Federico Luppi.




Gallipoli (Peter Weir, 1981) -  Peter Weir rueda su Senderos de Gloria narrando la infame batalla de Gallipoli durante la Primera Guerra Mundial. Impecable en todos sus apartados y con un dúo actoral brillante me cuesta implicarme con la desgarradora historia de estos dos amigos.





Lords of Chaos (Jonas Åkerlund, 2018) - Recreación de los disparatados hechos relacionados con las bandas de black metal noruego Mayhem y Burzum. El sueco Jonas Åkerlund deja de lado su irritante estilo videoclipero y aborda la historia con una crudeza y distanciamiento encomiables.





Nación Salvaje (Sam Levinson, 2018) -Aunque reflexiona sobre temas interesantes como el feminismo, la misoginia, la hipocresía y el poder de las redes sociales en los Estados Unidos de Donald Trump a Sam Levinson le falta ironía para conjurar una verdadera sátira del hoy y el ahora.





Dragged Across Concrete (S. Craig Zahler, 2018) - Thriller policiaco con reminiscencias noir potenciado por una rocosa puesta en escena y un gran trabajo de Mel Gibson y Vince Vaughn. Su fallo, el habitual en los films de S. Craig Zahler, el innecesario exceso de metraje.





Pesadillas 2: Noche de Halloween (Ari Sandel, 2018) - Planteada como un mix entre The Monster Squad, Child's Play y Gremlins esta simpática secuela de Pesadillas (Rob Letterman, 2015) se mantiene fiel al espíritu de R.L. Stine ofreciendo diversión ligera para todos los públicos.



El Cliente (Joel Schumacher, 1994) - Rudimentario y procedimental thriller basado en la novela de John Grisham. A destacar el buen hacer de Joel Schumacher detrás de las cámaras y el solvente reparto encabezado por unos impecables Susan Sarandon y Tommy Lee Jones.

miércoles, 29 de mayo de 2019

Hellboy 2: El Ejército Dorado



Título Original Hellboy: The Golden Army (2008)
Director Guillermo del Toro
Guión Guillermo del Toro y Mike Mignola, basado en los cómics de este último
Reparto Ron Perlman, Selma Blair, Doug Jones, Luke Goss, Anna Walton, Jeffrey Tambor, John Alexander, John Hurt, Roy Dotrice, Brian Steele, Montse Ribé





Para el que esto firma El Laberinto del Fauno sigue siendo la gran obra maestra de Guillermo del Toro. Aquel cuento de hadas localizado en la Guerra Civil española conseguía capturar de manera magistral y brillante todo el discurso de su autor aunando fantasía y realidad, tragedia y esperanza, con la ayuda de un reparto impresionante y un diseño de producción pocas veces visto en el celuloide patrio. El éxito de Pan’s Labyrinth fue descomunal y tanto el público como la crítica se rindieron a los pies de la triste historia de la pequeña Ofelia. Entre los incontables galardones internacionales conseguidos por el film destacan siete Goyas, tres Baftas y tres Oscars a mejor fotografía, maquillaje y dirección artística. Este triunfo dio carta blanca al mexicano para abordar su siguiente proyecto en el seno de Hollywood y el elegido fue la, ya en aquella época, muy esperada secuela de Hellboy que, como suele pasar con muchos de los trabajos del autor pobremente recibidos en taquilla, ya era considerada una pieza de culto dentro del subgénero que adapta el mundo del cómic a la pantalla grande. En esta ocasión los derechos de distribución los poseía Universal Pictures, pero la productoras principales seguían siendo Relativity Media, Lawrence Gordon Productions y Dark Horse Entertainment. Por ello el director de Pacific Rim pudo contar con, prácticamente, todos los colaboradores de la anterior entrega. Incluido un Mike Mignola que esta vez no sólo ejercería de co productor ejecutivo, sino también de co guionista junto al director.




Con Ron Perlman, Selma Blair, Doug Jones, Jeffrey Tambor y John Hurt, este último en una breve aparición, repitiendo en el cast, nuevas incorporaciones como Luke Goss o Anna Walton, fotografía a manos de Guillermo Navarro y Danny Elfman heredando la batuta de Marco Beltrami Hellboy 2: El Ejército Dorado llegó a las pantallas americanas el 11 de julio de 2009 y fue recibida con bastante entusiasmo por la prensa especializada. Un servidor siempre ha defendido que Batman (1989) era una película de Batman dirigida por Tim Burton y que en cambio Batman Vuelve (1991) fue una película de Tim Burton protagonizada por Batman. Esta reflexión es también aplicable a las dos entregas de Hellboy rodadas por Guillermo del Toro. Ya que mientras en la primera era el cineasta el que tenía que amoldarse al microcosmos ficcional en el que se adentraba, en esta segunda era el mismo Hellboy el que parecía tener que adaptarse a la imaginería propia del autor de Mimic. De esta manera Hellboy 2: El Ejército Dorado es muy diferente, en varios aspectos, a su predecesora y por desgracia su resultado se antoja inferior al de aquella.




Los fallos más flagrantes de Hellboy 2: El Ejército Dorado nacen, paradójicamemte, de sus mayores virtudes. Por un lado es un hecho que la unión de total libertad creativa y presupuesto de blockbuster jugó en contra del proyecto. Que Del Toro pudiera hacer y deshacer a su antojo acentuó como nunca en su filmografía la preponderancia de su inabarcable fuerza visual a un guión demasiado simplista y con una estructuralidad notoriamente irregular. Aunque desde un punto de vista estético la puesta en escena del realizador se antoja epatante casi todo queda reducido a un despliegue bestial en el diseño de producción, el vestuario, los efectos de maquillaje y el CGI, pero paupérrimamente sustentado en un libreto reducido al mínimo exponente y con una narrativa morosa y rudimentaria. En ese sentido esta secuela de Hellboy recuerda a Razas de Noche, la segunda incursión en el mundo del cine por parte del novelista británico Clive Barker (Hellraiser, Libros de Sangre) y adaptación de su propio libro, Cabal, que, en cualquiera de sus montajes, se saldaba como una galería de atractivos y elaborados monstruos sobrenaturales poblando un relato cuyos cimientos se mostraban endebles en demasía.




La otra gran carencia en cuanto a la escritura reside en la ausencia de un material de base en el que inspirarse para la construcción del guión. Hellboy 2: El Ejército Dorado no está basada, directamente, en ninguna historia en viñetas del personaje, ya que su argumento fue creado exclusivamente por Guillermo del Toro y Mike Mignola para la película. El problema aquí nace en que la personalidad avasalladora y el ego del guadalajarense fagocitan la autoría de Mignola, que es la que debería imperar en la producción para que esta funcione con precisión. Esto da como resultado, no sólo un Hellboy que se aleja demasiado del ilustrado en papel, sino también una pieza tan hija de su padre que podía haber sido protagonizada por cualquier otro personaje y no se hubiera producido en ella el más mínimo cambio. Debido a esta manera de proceder no es de extrañar que Mike Mignola acabara notablemente molesto con Del Toro por las diferencias creativas mutuas derivadas de las opuestas visiones que ambos tenían del protagonista y su microcosmos. Dando así inicio a un distanciamiento que les impidió volver a trabajar juntos en una tercera entrega de la saga o cualquier otro proyecto conjunto.




Si bien es cierto que el guión se revela disperso en su desarrollo en favor de la dirección de Guillermo del Toro también es justo mencionar que esta última es de una brillantez incuestionable. El responsable de La Forma del Agua es uno de los artesanos que más disfruta de su trabajo dentro del cine actual y en Hellboy 2: El Ejército Dorado eso es perceptible en todos y cada uno de los fotogramas que componen la obra. Desde un punto de vista visual a Del Toro se le nota mucho más dinámico con la cámara y mimetizado con la fotografía de Guillermo Navarro. En lo referido a los efectos especiales hay una entrega por completo a un artesanal uso del maquillaje y maravillosos animatrónicos, la mayoría de ellos concentrados en ese genial mercado troll, que nos recuerdan a las mejores épocas de Star Wars o la factoría de Jim Henson. Sólo en las dos secuencias dedicadas al Ejército Dorado, la animada inicial y la del clímax final, hay una mayor inclinación por el pixel llegando a saturar en cierta manera al espectador. Pero en líneas generales Del Toro se muestra impecable detrás de las cámaras, con una notoria herencia estilística de El Laberinto del Fauno y convirtiendo esta segunda parte de Hellboy en un delirio steampunk muy diferente al goticismo urbano de la primera.




A la hora de referirnos al reparto debemos volver a mencionar las carencias del guión. Hay una, no demasiado grave, pero sí notable descaracterización de varios personajes con respecto a sus perfiles establecidos en la primera película de 2004. El Hellboy de Ron Perlman es el que se mantiene más fiel a sí mismo destilando carisma y altanería, pero su relación con la Liz Sherman de una esforzada Selma Blair transita todos los tópicos, clichés y lugares comunes adscritos a las malas comedias románticas. Doug Jones se aferra a la dignidad en casi todo momento, recibiendo más protagonismo que en la primera película, hasta que llega la innecesaria, mal ejecutada y alargada secuencia de la borrachera con su hermano adoptivo, un pasaje totalmente fuera de lugar y de comicidad más que cuestionable. Jeffrey Tambor vuelve a lucirse como Tom Manning, Luke Goss ofrece rotundidad física y amenazante presencia al Príncipe Nuala, un villano prototípico sin demasido trasfondo, al igual que su hermana, Nuala, a la que da vida una excesivamente cándida Anna Walton. Los mejores secundarios del cast son John Hurt en su breve intervención en el flashback inicial y el trío formado John Alexander, James Dodd y Seth McFarlane, este último poniendo la voz, para dar vida a un desternillante Johann Krauss. Rol con pasajes hilarantes de los que únicamente sobra la secuencia de las taquillas del vestuario de un, nuevamente, humor más bien pobre.




Aunque contó con un 25% más de presupuesto que su antecesora Hellboy 2: El Ejército Dorado funcionó bastante mejor que aquella en cuanto a recaudación. Su presupuesto fue de 85 millones de dólares y consiguió recaudar más de 160 a lo largo y ancho del globo. Unos números no excesivos, pero suficientes para mantener viva la esperanza de una tercera parte que cerrara la trilogía iniciada en 2004. Por desgracia los desencuentros entre Guillemo del Toro y Mike Mignola, la implicación del primero en otros proyectos cinematográficos y la del segundo en su franquicia en viñetas, así como la reticencia de las productoras a financiar una nueva entrega de un saga no muy rentable convirtieron a esta segunda entrega en el final prematuro de la primera etapa en pantalla grande de Hellboy. Poco tiempo después de que Del Toro, Mignola y Ron Perlman oficializaran la imposibilidad de Hellboy 3 los propietarios de los derechos del personaje anunciaban un futuro e inminente reboot con equipos técnico y artístico nuevos con el que intentarían insuflar nueva vida a “Anung-Un-Rama” en el mundo del largometraje. De todo eso, y la polémica que acarrea el peculiar caso de su autocensura, hablaremos a continuación.




lunes, 27 de mayo de 2019

Hellboy (2004)



Título Original Hellboy (2004)
Director Guillermo del Toro
Guión Peter Briggs y Guillermo del Toro, basado en el cómic de Mike Mignola
Reparto Ron Perlman, Selma Blair, Rupert Evans, John Hurt, Doug Jones, Jeffrey Tambor, Karel Roden, Ladislav Beran, Corey Johnson, Biddy Hodson, Kevin Trainor, Brian Caspe, James Babson, Brian Steele





Durante la promoción de Blade II (2002) el cineasta mexicano Guillermo del Toro proclamó que después de haber tenido los medios, pero no la libertad creativa, con Mimic y de darse el caso opuesto con El Espinazo del Diablo, su primera y memorable incursión en nuestro cine, con la secuela de las aventuras del cazador de vampiros nacido en las páginas de La Tumba de Drácula, de Marvel Comics, había encontrado el equilibrio perfecto entre ambas vertientes. Estas palabras, difíciles de creer si se conocen mínimamente los entresijos de Hollywood, sonaban sinceras en boca del autor de Cronos y posiblemente ese fuera el motivo por el que su siguiente proyecto siguió transitando el terreno de las traslaciones a imagen real de personajes arraigados en el cómic. A pocos extrañó que en el año 2004 Guillermo del Toro estrenara la primera obra cinematográfica inspirada en Hellboy. No sólo porque Mike Mignola desplegara en su obra señas de identidad que le emparentaban notablemente con la filmografía del mexicano, sino porque este último poseía la sensibilidad adecuada para llevar a buen puerto dicha empresa. Por medio de Sony Pictures Entertainment, Revolution Studios y Lawrence Gordon Productions en colaboración con Dark Horse Entertainment, división audiovisual de la editorial, Hellboy llegó a pantallas estadounidenses el 30 de marzo de 2004 y con ella Del Toro se consolidaba definitivamente como uno de los directores en activo más interesantes del cine comercial de principios del siglo XXI.





Una de las decisiones más difíciles tomadas por Guillermo del Toro, Mike Mignola y sus colaboradores con respecto a la película fue la elección del actor que daría vida a Hellboy. Como todos sabemos el elegido fue Ron Perlman, icónico intérprete de peculiar rostro y fisionomía que por aquel entonces ya había colaborado con el mexicano en Cronos y Blade II. Elegir al Clay Morrow de Hijos de la Anarquía para el papel protagonista supuso todo un triunfo tanto en esta primera cinta como en su continuación, pero por suerte los aciertos de casting no quedaron sólo ahí. Doug Jones como Abe Sapien, John Hurt en la piel de Trevor Bruttenholm, Selma Blair dando voz y físico a Liz Sherman o Rupert Evans y Karel Roden convertidos en el agente novato John Myers y el místico Grigori Rasputín, respectivamente, completan gran parte del reparto de la obra. Del argumento que serviría de base a la historia se ocuparon Peter Briggs y Guillermo del Toro y de adaptarlo a guión cinematográfico este último con el respaldo y el beneplácito del padre de la criatura. Un Mike Mignola al que le vincula una peculiar amistad llena de tiranteces bidireccionales tomando aquí el rol de co productor ejecutivo. El resultado es una magnífica pieza que funciona como adaptación del material original y como película de aventuras adscrita de manera poco ortodoxa al celuloide superheróico.




Hellboy se basa, principalmente, en Semilla de Destrucción, el primer arco argumental protagonizado por el personaje dentro del sello Legend de la editorial independiente Dark Horse Comics y que Mike Mignola pudo sacar adelante con la ayuda de John Byrne a la escritura. De manera bastante libre y añadiendo personajes o situaciones de otras historias en papel del personaje Hellboy se revela como una excelente carta de presentación a la hora de dar a conocer el protagonista al gran público. En plena Segunda Guerra Mundial la rama ocultista del Tercer Reich, comandada por Grigori Rasputin, abre una puerta dimensional en la costa escocesa y por la misma llega a la Tierra un pequeño demonio adoptado por el profesor Trevor Bruttenholm y las tropas aliadas. 60 años después, Hellboy, nombre con el que le bautizaron sus rescatadores, es miembro de la Agencia de Investigación y Defensa Paranormal (AIDP) junto a Abe Sapien, un anfibio humanoide con poderes sensoriales, su padre adoptivo y un equipo dirigido por el alto cargo del FBI Tom Manning. La llegada de un nuevo agente llamado John Myers o el regreso de Liz Thompson, antigua miembro de la agencia e interés amoroso de Hellboy, y la resurrección de Rasputín a manos de sus antiguos colaboradores supondrán los hechos que darán inicio a una terrible amenaza para la humanidad.




Hellboy amalgama como obra cinematográfica la pasión por los monstruos de feria y los inadaptados habitual en la filmografía de Guillermo del Toro con la estética entre gótica, mística, tecnológica y deudora de la obra literaria lovecraftiana gestada en el cómic de Mike Mignola. El director de La Cumbre Escarlata consigue extrapolar con acierto mayúsculo el microcosmos ficcional diseñado por el autor de Batman: La Maldición Que Cayó Sobre Gotham, haciendo especial hincapié en toda la imaginería visual y el bestiario de criaturas desplegado a lo largo de los años en las viñetas. Si la puesta en escena del mexicano se hace fuerte a la hora de trasvasar ilustración a fotograma con la ayuda de unos CGI todavía hoy muy dignos, es en el tono de su propuesta donde encontramos más disonancias con respecto a los cómics debido a una ligereza inclinada hacia la comercialidad y una tendencia por cierta comicidad demasiado acentuada, chocando frontalmente con la más sutil y melancólica del personaje en las historias de Dark Horse Comics. En resumidas cuentas el Hellboy de Del Toro sabe capturar mucho de la idiosincrasia del personaje original, pero al pasarlo por su filtro autoral este pierde parte de su esencia primigenia.




El guión de Hellboy, ideado por Del Toro y su colaborador años antes de la producción del largometraje, presume de una buena construcción debido, sobre todo, a las sólidas bases sobre las que es construido, como el ya citado primer arco Semilla de Destrucción publicado en 1993 que dio inicio a las aventuras del personaje. Peter Briggs y Del Toro se ocupan de ofrecer coherencia interna al relato, añadir adecuado material de cosecha propia sin entroncar este con el adaptado de los cómics y repartir sabiamente a lo largo del metraje referencias, situaciones y personajes de otras historias de Hellboy en papel. Ese mal, casi endémico en la filmografía del mexicano, de construir muchos de sus proyectos sobre un libreto muy irregular o incapaz de sostener toda su desinhibida imaginación no se da en este caso gracias a ser la traslación de una historia sólida y perfectamente sintetizada cuya meritoria estructuralidad es extrapolada al medio audiovisual con prácticamente todos sus aciertos y hallazgos narrativos. Curioso si tenemos en cuenta que era la primera historia del personaje dentro del medio en el que nació y sin haber desplegado todavía todas sus posibilidades conceptuales y narrativas. Esto cambiará, y de qué manera, en Hellboy 2: El Ejército Dorado, de la que hablaremos más adelante.



En lo referido al reparto Ron Perlman destila carisma, socarronería, comicidad y una mezcolanza entre intimidación física y ternura que hacen de su Hellboy una encarnación para el recuerdo. Especial mención para la excelsa labor con el maquillaje creado en colaboración con un maestro como Rick Baker a la hora de materializar el aspecto físico de “Anung-Un-Rama” en pantalla sin parecer en ningún momento un disfraz. Doug Jones compone un soberbio Abe Sapien con el actor británico ofreciendo muestras magistrales de control del lenguaje corporal y sutilidad interpretativa. Selma Blair ejecuta con Liz Sherman uno de esos personajes introvetidos que tan bien se le dan, aunque en esta ocasión ocultando en su interior una bomba incendiaria de relojería. Jeffrey Tambor cumple asumiendo el rol cómico del cast como Trevor Bruttenholm, Karel Roden y Biddy Hodson se muestran eficientes y amenazantes en las pieles de Grigori Rasputin y Ilsa Haupstein, pero en cuanto a los villanos destaca sobremanera Ladislav Beran, transformado en el letal Karl Ruprecht Kroenen gracias a su impresionante estado físico y un uso brillante de las armas blancas. Finalmente es el desaparecido John Hurt el que otorga veteranía, tablas y corazón al proyecto con su inolvidable encarnación de Trevor Bruttenholm, mientras Rupert Evans solventa dignamente la papeleta como John Myers, los ojos y oídos del espectador a lo largo de la película.




Aunque se adhiere sin demasiados problemas dentro del cine mainstrean hollywoodiense, Hellboy, al igual que muchas de las obras cinematográficas de su máximo responsable, es una rara avis dentro del subgénero en el que milita. A quince años de su estreno sigue siendo un producto magnífico cuyos aciertos solapan algunas carencias como lo tópico de la relación amorosa de los protagonistas, que degeneraría alarmantamente en la secuela, o ciertas licencias con respecto a la obra de Mike Mignola que juegan en contra del conjunto del largometraje. Mientras la crítica fue bastante benévola con Hellboy la taquilla no estuvo por la labor de convertirla en un gran éxito. Con un presupuesto de 66 millones de dólares sólo recaudó unos poco abultados 99 que reportaron no demasiados beneficios a los productores. Por suerte la perseverancia de Guillermo del Toro y un golpe de suerte y talento en forma de cuento de hadas localizado en la Guerra Civil española estrenado en 2006 supusieron una ayuda indispensable para que Hellboy conociera una segunda entrega cuatro años después rodada por un Del Toro en una posición muy diferente dentro de Hollywood a la que ejercía cuando rodó la primera.



jueves, 12 de abril de 2018

Especial Pacific Rim: Victory It Begins With You



El presente año se cumple un lustro del estreno de Pacific Rim, aquella superproducción producida por Legendary Entertainment (300, Godzilla, El Caballero Oscuro) con la que el cineasta Guillermo del Toro y el guionista Travis Beacham rindieron tributo a los géneros mecha y kaiju-eiga del cine nipón del que ambos autores siempre han sido seguidores. Aquel enfrentamiento entre “jaegers” y “kaijus”, robots gigantescos y monstruos descomunales, no consiguió el éxito esperado en taquilla (aunque la enorme recaudación en los países orientales, acérrimos seguidores de este tipo de films, salvaron la carrera internacional del largometraje) pero sí reclutó una más que considerable horda de fans que convirtieron la obra en una pieza de culto. Ante esta situación y gracias al cariño que siempre ha depositado en cualquier pieza salida de su filmografía Guillermo del Toro luchó contra viento y marea para conseguir sacar adelante una secuela de su producción de 2013. Finalmente en el presente 2018 dicha segunda parte titulada Pacific Rim: Insurrección ha llegado a las carteleras de todo el mundo, pero esta vez sin sus dos máximos responsables implicados de primera mano en el film con el realizador tomando sólo el rol de productor ejecutivo y el guionista haciendo acto de presencia en los títulos de crédito únicamente como creador de los personajes en los que se basa la cinta.




Con motivo del estreno español de la ya citada Pacific Rim: Uprising vamos a dedicar en la presente entrada un extenso especial en el que vamos a repasar todo el microcosmos de lo que llevamos de saga abarcando dos largometrajes y dos cómics que editaron en Estados Unidos la división de Legendary Entertainment dedicada al mundo del noveno arte, el primero de ellos también en España a manos Aleta Ediciones allá 2013. Eso significa que a continuación reseñaremos el film original de Guillermo del Toro, los cómics Pacific Rim: Año Cero y Pacific Rim: Tales From the Drift así como la secuela de reciente estreno dirigida y co guionizada por Steven S. DeKnight. De modo que poned a punto vuestros jaegers, buscad a un co piloto con el que seáis compatibles, preparaos para realizar la conexión neuronal que os lleve a la Deriva, cargad los cañones de plasma y armaos hasta los dientes, porque durante unos minutos vamos a volver a la Costa del Pacífico para enfrentarnos a los kaijus enviados por los Precursores para convertir nuestro planeta en un páramo sin vida en el que puedan establecerse una vez nos hayan extinguido de la faz de la Tierra. Hoy vamos a a enfrentarnos a los monstruos que nos amenazan, hoy vamos a detener el apocalipsis.


Pacific Rim (2013)



Título Original Pacific Rim (2013)
Dirección Guillermo del Toro
Guión Travis Beacham y Guillermo del Toro
Reparto Charlie Hunnam, Idris Elba, Rinko Kikuchi, Charlie Day, Diego Klattenhoff, Burn Gorman, Max Martini, Robert Kazinsky, Clifton Collins Jr., Ron Perlman, Brad William Henke, Larry Joe Campbell, Mana Ashida, Santiago Segura, Joe Pingue





El enorme éxito internacional que consiguió con la que hoy sigue siendo su mejor obra, El Laberinto del Fauno, supuso un punto de inflexión en la carrera del cinesta mexicano Guillermo del Toro. Tras el enorme recibimiento que tuvo aquella fantasía localizada en el contexto de la guerra civil española en Hollywood a su artífice le dieron carta blanca para hacer y deshacer a su antojo en lo referido a sus siguientes proyectos, algo que, contra todo pronóstico, no beneficio a su filmografía por mucha libertad artística que le proporcionara. Aquella irregular Hellboy II: El Ejército Dorado ya daba muestras de algo que se confirmaría en otros trabajos como La Cumbre Escarlata o la reciente La Forma del Agua, que Del Toro empezaba a centrarse excesivamente en el diseño de producción de sus largometrajes y a dejar de lado la solidez y adecuada construcción de los guiones de los mismos. Pacific Rim no es excepción a dicha teoría, pero como la intencionalidad con ella era homenajear a los géneros kaiju-eiga y mecha del cine nipón, que no se hicieron famosos precisamente por su profundidad dramática, se antoja hasta lógico que el libreto no sea el punto más fuerte de la propuesta por mucho que tanto Travis Beacham como el mismo director pusieran verdadero cariño a la hora de construir el microcosmos de dicha cinta. Estrenada en el año 2013 Pacific Rim hizo las delicias de gran parte del fandom que se vio seducido por una propuesta que no ofrecía nada más que cine de evasión bien ejecutado y rematado, pero con el genuino buen hacer del autor de Cronos que atravesaba la pantalla en cada uno de sus grandilocuentes fotogramas.




Pacific Rim se desarrolla entre los años 2020 y 2025 años después de que una brecha interdimensional se abriera en las profundidades del Océano Pacífico y de ella salieran unas monstruosidades llamadas kaiju cuyos ataques destruyeran algunas de las capitales más importantes del planeta. Para enfrentarse a dichas criaturas las potencias mundiales más grandes aunan fuerzas y recursos para crear la PPDC (Pan-Pacific Defense Corps) y poner en marcha el “Proyecto Jaeger” que consiste en la construcción de gigantescos mechas que son controlados por dos pilotos conectados neuronalmente entre sí y a la misma máquina compartiendo de esta manera sus pensamientos y recuerdos en un emplazamiento onírico llamado “Deriva”. Dos de estos mejores pilotos son los hermanos Raeligh Becket (Charlie Hunnam) y Yancy Becket (Diego Klattenhoff) que controlan el jaeger “Gipsy Danger”. En un enfrentamiento en Alaska contra un kaiju de Categoría 3 dicho mecha cae en combate y Yancy fallece en el proceso, hecho que precipitará la retirada de Raeligh y más tarde el desmantelamiento del Proyecto Jaeger. Cinco años después los gobiernos deciden construir enormes muros para impedir, de manera infructuosa, la llegada de los kaijus que cada vez son de mayor envergadura. Los cuatro jaegers que quedan activos están bajo la supervisión del mariscal Stacker Pentecost (Idris Elba) que intentará reclutar a Raeligh, actualmente un sencillo obrero en la construcción de uno de los muros, para volver a tomar los mandos de Gipsy Danger y poner en marcha un plan con el que cerrar la brecha que se abrió en Pacífico y por la que entran las montruosidades que están erradicando al ser humano de la faz de la Tierra.




Pacific Rim es el sueño cumplido de dos autores, Guillermo del Toro y Travis Beacham, que se alimentaron desde niños del cine japonés adscrito a los ya citados géneros kaiju-eiga y mecha así como el manga o el anime que también cultivaron este tipo de historias con piezas como Mazinger Z en sus primeros tiempos o Evangelion en una actualidad más o menos reciente. Una vez el guionista ha ayudado a construir el microcosmos de la propuesta el director de Mimic toma las riendas del proyecto para convertirlo en una de sus criaturas a pesar de su naturaleza eminentemente comercial y escapista. La intención del mexicano es dar preponderancia a los jaegers y los kaijus, de modo que abrazó sin miramientos la idea de ofrecer perfiles sencillos y arquetípicos a los personajes humanos, consiguiendo un mínimo de empatía por parte del espectador que le permita temer por la integridad física y psicológica de los mismos, pero siendo siempre consciente de que son un puente de unión para dar el protagonismo a los mechas y los monstruos que batallarán en las mastodónticas secuencias de pelea que pueblan la trama de largometraje. Todos los personajes se mueven en una ambiente castrense propio del cine militar, pero Del Toro elude convertir la obra en otro producto más para el lucimiento de la moral estadounidense y construye un grupo internacional de héroes apelando a una diversidad racial , cultural y de género muy de agradecer aunque lo haga por medio de secundarios con no mucho peso en el argumento central de la obra.




La intención última de Guillermo del Toro es construir un artefacto gigantesco en el que la épica devore cada uno de los encuadres del proyecto. Los mechas y los kaijus, de cuyo diseño siempre estuvo pendiente el cineasta para que sus colaboradores lo plasmaran con la mayor fidelidad posible a sus ideas, son los “figuras de acción” con los que el autor de Blade II juega a placer como si de un niño se tratase. Algo de ello hay en la mirada depositada en Pacific Rim, un proyecto abordado sin un ápice de ironía o sorna, entregándose sin miramientos a una patína de ingenuidad tan encantadora para cierto tipo de espectador como en ocasiones desconcertante para otro. La octava película del realizador de Hellboy es el resultado de lo que pasaría si el Michael Bay de la saga Transformers hiciera su trabajo anteponiendo el cariño por el material que tiene entre manos al abultado sueldo que va a recibir por ponerlo en marcha. La mayor parte de los brutales combates entre los jaegers y los kaijus están ejecutados por medio de unos, todavía hoy, muy logrados CGI, pero son la profesionaliad y dedicación de su principal artífice las que convierten el film en una pieza que se antoja en todo momento orgánica, poderosa, avasalladora, transformando los pixeles en imágenes y sonidos que, gracias a su fuerza visual y los logradísimos efectos sonoros, tornan en pasajes de acción perfectamente estructurados en los que el exceso nunca se apodera del encuadre y todo fuego de artificio está al servicio de la historia, por muy grandilocuente que este sea.




Como previamente hemos apuntado Pacific Rim no funcionó como se esperaba en la taquilla, pero su estreno en países orientales, sobre todo China que se ha convertido en el salvavidas de muchas superproducciones que pinchan en el mercado estaodounidense, ofreció unos enormes dividendos internacionales que dieron esperanza para que la recién nacida saga pudiera prosperar a manos de Guillermo del Toro y sus colaboradores. Warner Bros y Legendary Entertainment confiaron notablemente en el material de partida ideado por Travis Beacham y el cineasta azteca, de modo que encomendaron al primero extender el recién nacido microcosmos de Pacific Rim para dar origen al mismo, pero esta vez lo haría dentro del medio del cómic, que es donde pararemos en el próximo apartado de este especial. Con respecto a la cinta original de 2013 sólo podemos afirmar en que nos encontramos con un producto ligero, de ritmo certero, reparto tan comedido como carismático e intenciones tan humildes en el fondo como ambiciosas en su forma. Pacific Rim nos demostró que independientemente del tamaño del proyecto en el que se embarque su principal responsable siempre se implicará en él como el insobornable contador de historias que siempre ha sido y nunca dejará de ser. Un autor que este año ha recibido el reconocimiento que llevaba años mereciendo aunque haya sido con una obra que, para el que esto firma, podía haber sido de una calidad considerablemente superior.





Pacific Rim: Año Cero (2013)



Edición Original Legendary Comics – Pacific Rim: Tales From Year Zero
Edición Nacional/ España Aleta Ediciones
Guión Travis Beacham
Dibujo Sean Chen, Yvel Guichet, Pericles Junior, Chris Batista y Geoff Shaw
Entintado Mark McKenna, Steven Bird, Pericles Junior, Matt Banning
Color Guy Major, Tom Chu, Dom Regan
Formato Cartoné 104 págs
Precio 14,95€

Legendary Entertainmentent es una productora cinematográfica de origen estadounidense fundada en el año 2000 especializada, principalmente, en superproducciones. Asociada a compañías como Warner Bros, Universal Pictures o al conglomerado de empresas chinas Wanda Group ha financiado adaptaciones de cómics como la trilogía del Caballero Oscuro, 300, Watchmen o Jonah Hex, proyectos protagonizados por monstruos clásicos como Godzilla o Kong: La Isla de la Calavera, que en el futuro compartirán pantalla, o Pacific Rim e incluso films de menor presupuesto como Straight Outta Compton o la trilogía Resacón (Hangover). El rendimiento de dichas películas era tan bueno que la productora decidió crear una división propia adscrita al mundo del cómic. Legendary Comics no sólo ha acogido versiones en viñetas de algunos de sus trabajos en celuloide más exitosos con piezas como Godzilla: Despertar, Trick ‘r Treat: Days of the Dead o Krampus: Shadow of Saint Nicholas, también ha dado cobijo a obras bastante polémicas de autores importantes como Holy Terror de Frank Miller. Pero a continuación vamos a detenernos en el cómic precuela de Pacific Rim que acompañó a dicha película el año de su estreno internacional. Con Travis Beacham, guionista de la obra original, a la escritura y Sean Chen, Yvel Guichet, Pericles Junior, Chris Batista y Geoff Shaw en el apartado artístico Pacific Rim: Año Cero llegó para despejar muchas de las dudas que nos quedaron tras el visionado de la cinta de Guillermo del Toro.




Tomando como eje central del relato al personaje de la periodista Naomi Sokolov Pacific Rim: Año Cero narra por medio de varios flashbacks historias que tuvieron lugar en distintas épocas anteriores a lo acontecido en el largometraje original. Entrevistando a distintos personajes personajes como Tendo Choi (Clifton Collins Jr), el mariscal Stacker Pentecost o el Doctor Jasper Schoenfeld conoceremos el génesis de la PPDC y el Proyecto Jaeger, los primeros experimentos con un sólo piloto que dieron como resultado irreperables fracasos, la relación sentimental intermitente entre dos de los precursores de dicha idea o algunos hechos que tuvieron lugar durante el Día K, aquel 10 de Agosto de 2013, que dan una perspectiva diferente y más intima que la que vimos en el prólogo de la película de Guillermo del Toro en el que se contextualizaba espaciotemporalmente el origen de los hechos narrados posteriormente el argumento de la obra. De esta manera seguiremos los pasos de conocidos como los hermanos Raeligh y Yancy Becket o Mako Mori y conoceremos a nuevos secundarios de gran relevancia que no hicieron acto de presencia en el film o que sólo fueron mencionados de pasada como Luna Pentecost, la doctora Caitlin Lightcap o Tamsin Sevier, estas dos últimas las primeras mujeres pilotos de jaeger de la historia. Todos estos recuerdos por parte de los protagonistas muestran un interesante tapiz que ahonda en el microcosmos creado por los guionistas del largometraje primigenio.




Desde el excelente y emotivo prólogo que lo precede el cómic que nos ocupa confirma que Travis Beacham es el ideólogo en la sombra del microcosmos de Pacific Rim, algo que en ningún momento se apuntó en los contenidos adicionales de las ediciones en bluray y dvd del largomatraje en los que prácticamente se le ninguneaba en favor de un Guillermo del Toro que copaba casi todo el protagonismo, no sin merecimiento. El guionista demuestra no sólo un profundo aprecio por las criaturas que pueblan el relato narrado en Pacific Rim: Año Cero, sino también un incuestionable conocimiento de este universo ficcional que en poco más de cien páginas consigue enriquecer lo suficiente para ofrecerle un sólido origen y un contexto adecuado y extenso en el que poder construir futuras historias en viñetas ajenas al desarrollo que pueda tener la franquicia cinematográfica en pantalla grande. El guionista muestra unas aptitudes adecuadas a la hora de construir un relato adherido a la narrativa propia del arte secuencial, sabe desarrollar adecuadamente una historia que se sustenta en numerosos flashbacks localizados en épocas diferentes y el retrato que ejecuta de los personajes que la pueblan se muestra lo suficiemente cercano y parecido al de sus contrapartidas en imagen real para que el lector no sólo pueda disfrutar del proyecto, sino que también lo acepte como parte del canon establecido por la película de 2013 que encuentra una digna precuela en estas páginas.




Si el guión está convincetemente estructurado permitiendo a la historia discurrir con eficacia sin aspaviento alguno, es en el apartado artístico donde un trabajo como Pacific Rim: Año Cero hace aguas y pierde el control de la historia. Hasta cinco ilustradores se reparten el dibujo del cómic, sin una distrubución lógica de las páginas, con una mezcla de diferentes estilos en ocasiones antagónicos, con autores copando gran número de viñetas y otros ejecutando una cantidad ínfima de ellas, que impide la adecuada evaluación de sus aportaciones a la obra. Indudablemente el apartado gráfico es un caos, no sabemos qué porción del producto pertenece a cada uno de los artistas y la mixtura de clasicismo, feismo y tonalidades deudoras del manga crean una pieza hipertrófica, inconsistente, que menoscaba el buen hacer de la escritura de un Travis Beacham que ve sepultada su narrativa por esta poco profesional amalgama de distintos trazos que no ayudan a dar cohesión a un producto que hubiera ganado mucho más con un sólo profesional a los lápices o en todo caso un par de ellos cuyos estilos fueran mínimamente compatabiles. Una pena el resultado si tenemos en cuenta que en el cómic Godzilla: Despertar sí recurrieron a dos encargados a los dibujos que se repartieron los pasajes del pasado y el presente para dar al cómic una coherencia formal de la que Pacific Rim: Año Cero carece.




No vamos a decir aquí que Pacific Rim: Año Cero sea un gran cómic o una obra destacable en manera alguna, pero sí es una lectura indispensable para los seguidores de la franquicia cinematográfica y la confirmación de que productoras como Legendary Entertainment abogan por una sana relación de reciprocidad y bilateralidad entre dos medios como el del cómic y el cinematográfico, no teniendo este último que ser el único beneficiario del trabajo en papel del primero, algo que un servidor ha intentado reivindicar en algunas ocasiones con la sección Del Cine al Cómic que espero poder recuperar en un futuro no muy lejano. A pesar de su muy irregular dibujo el primer cómic inspirado en Pacific Rim se lee con el mismo agrado con el que se degustaba el largometraje de Guillermo del Toro. Tras su buen recibimiento editorial Legendary Comics decidió seguir explotando la gallina de los huevos de oro tres años después con otra entrega, inédita en España, llamada Pacific Rim: Tales from the Drift, de nuevo escrita por Traves Beacham, aunque esta vez con la ayuda de Joshua Hale Fialkov al guión, y dibujo de Marcos Marz que vamos a reseñar también en este especial.


Pacific Rim: Tales From the Drift (2016)




Edición Original Legendary Comics
Historia Travis Beacham
Guión Joshua Hale Fialkov
Dibujo Marcos Marz
Entintado Marcos Marz
Color Marcelo Maiolo
Formato Rústica
Precio $19,99

Sólo tres años después de la publicación de Pacific Rim: Año Cero y todavía con el porvenir de la franquicia en pantalla grande pendiente de un hilo y por decidirse en 2016 Legendary Comics decidió editar la segunda miniserie centrada en la creación cinematográfica de Guillermo del Toro y Travis Beacham de 2013. Pacific Rim: Tales From the Drift, que partía de una historia del ya citado guionista del film original, contó con guión del estadounidense Joshua Hale Fialkov (Yo, Vampiro) y dibujo del brasileño Marcos Marz (La Noche Más Oscura) y constaba de cuatro números, que en un principio iban a ser bastantes más, publicados entre noviembre de 2015 y mayo de 2016 en Estados Unidos, siendo posteriormente recopilados en un tomo unitario. Esta nueva incursión desde el mundo de las viñetas en el “Universo Pacific Rim” se saldó con un resultado muy superior al de la anterior miniserie y esta meta fue alcanzada a manos de sus responsables por distintos y varios motivos que vamos a exponer en la siguiente reseña confirmando que la editorial que tenía los derechos de la franquicia para narrar y explotar sus aventuras en papel tomaron buena nota y supieron corregir los errores en los que previamente habían caído con la ya citada Pacific Rim: Año Cero que no explotaba todo el potencial que atesoraba.




Aunque, al igual que Pacific Rim: Año Cero, ejerce el rol de precuela de la película origen Pacific Rim: Tales From the Drift a diferencia de aquella no es un relato que trate de desentrañar los orígenes del universo creado por Guillermo del Toro y Travis Beacham, algo que juega a su favor como obra autocontenida que no deja de formar parte de un proyecto mucho más grande. Esta segunda miniserie abarca una historia mínima, mucho menos pretenciosa y más intimista, llegando incluso a ir a contracorriente del resto de narraciones en celuloide o papel diseñadas bajo el sello de Pacific Rim. Expuesta casi en tiempo real la pieza que nos ocupa sigue los pasos de Duc y Kaori Jessup un matrimonio de pilotos que controlan un jaeger llamado Tacit Ronin que durante el enfrentamiento con un kaiju comienzan a rememorar por medio de su estancia en la Deriva sus primeros recuerdos compartidos mientras intentan sobrevivir al ataque de la descomunal bestia. Lo peculiar de Pacific Rim: Tales From the Drift es que en esta ocasión, y sin que sirva de precedente, la presencia de los jaegers y kaijus es simplemente un vehículo para analizar la personalidad de los personajes humanos, algo que hasta ese momento se encontraba en las antípodas del espíritu de la franquicia. De esta manera los autores del cómic ofrecen una cara diferente dela creación ficcional que nos ocupa en esta entrada abriendo incontables posibilidades para la misma.




No sabemos hasta que punto el guión de Joshua Hale Fialkov es fiel a la historia original de Travis Beacham, suponemos que bastante, pero de lo que sí podemos confirmar es que en una obra como Pacific Rim: Tales From the Drift el primero muestra unos conocimientos mucho más profundos de la narración secuencial que el segundo y eso juega a favor del relato. Curiosamente la experimentación con la disposición de las viñetas o el uso recurrente de dobles splash pages para acentuar la tonalidad épica de la parte de la serie que abarca el combate acuático entre el jaeger y el kaiju es mucho más deudor de la superproducción de 2013 que la previa Pacific Rim: Año Cero. Pero como previamente hemos citado son los protagonistas humanos los que vertebran el núcleo central de la historia, por medio de un retrato de los mismos que ahonda en su relación sentimental y los orígenes de la misma o sus primeros pasos para colaborar como pilotos. Gracias a ello el guión transita caminos nuevos dentro de la franquicia como los que la inclinan a profundizar en la mitología de la Deriva extendiendo hasta con predispuesta pericia las posibilidades narrativas que dicho emplazamiento onírico permite y que es extrapolado a las páginas por medio de una estructuración argumental que está excelentemente trasladada en las planchas.




Previamente comentábamos el desastre al que daba lugar esa hiedra de cinco cabezas que se encargaba del apartado gráfico de Pacific Rim: Año Cero y que hacía perder enteros al conjunto de la obra. En esta ocasión el resultado es notablemente superior después de que Legendary Comics reflexionara a este respecto y asignara el dibujo de Pacific Rim: Tales From the Drift a un sólo autor, el brasileño Marcos Marz. La mejoría es notable en numerosos aspectos, desde el trazo mejor definido deudor de autores como J.H. Williams hasta la técnica utilizada para ejecutarlo que en ocasiones se asemeja al uso de acuarelas, dando pie a ciertos pasajes en los que el ilustrador juega con la experimentación como la fusión, literal, de las dos mentes de los personajes de Duc y Kaori en algunas páginas sencillamente exquisitas. Desde el punto de vista del diseño de los jaegers y los kaiju Marz también marca las distancias con las encarnaciones previas que habíamos visto de ellos dibujándolos con una mayor estilización y trazo más limpio (los mechas parecen salidos de la serie Gundam y los kaiju se antojan mucho menos viscosos y asalvajados) ofreciendo otra perspectiva tan válida como las anteriores, pero que llama la atención por alejarse de la entregada por Guillermo del Toro en el génesis de la saga allá por 2013. Cierta inexpresividad en los rostros de los personajes y algo de estatismo en los pasajes más calmados son las únicas mácula que encontramos en la labor a los lápices del autor de Batman Confidential.




Pacific Rim: Tales From the Drift es un paso adelante dentro de la vida editorial de la franquicia y hasta cierto punto una pequeña revolución con respecto a su discurso e idiosincrasia como obra ficcional. Al igual que con Pacific Rim: Año Cero su publicación supuso un éxito notable de modo que con ella no terminarían las aventuras en papel de los miembros de la Pan-Pacific Defense Corps. Em el presente año 2018 y con motivo del estreno de la secuela cinematográfica Legendary Comics tiene intención de editar dos nuevas miniseries. La primera de ellas Pacific Rim: Aftermath, escrita por Cavan Scott y dibujada por Rich Elson, así como centrada en el personaje protagonista de John Boyega en el film, todavía está en proceso de publicación y tras ella llegará Pacific Rim: Amara contando con Cavan Scott, Zhang Ran y BigN como autores. Este próspero porvenir de Pacific Rim en el mundo del noveno arte se suma al del séptimo (puede que incluso a la televisión si sale adelante la largamente anunciada serie de animación) ya que la segunda parte en pantalla grande ha funcionado notablemente bien en taquilla, bastante más que su predecesora, de modo que para cerrar este especial dedicado a los “Titanes del Pacífico” era inevitable que dedicaramos una reseña con la que abordarla como obra cinematográfica comercial y secuela de una cinta de culto que ha dado forma a un terreno fértil que no ha hecho más que dar sus primeros cultivos.


Pacific Rim: Insurrección (2018)



Título Original Pacific Rim: Uprising (2018)
Dirección Steven S. DeKnight
Guión Steven S. DeKnight, Emily Carmichael, Kira Snyder, T.S. Nowlin basado en personajes de Travis Beacham
Reparto John Boyega, Scott Eastwood, Cailee Spaeny, Tian Jing, Adria Arjona, Levi Meaden, Charlie Day, Rinko Kikuchi, Burn Gorman, Ivanna Sakhno, Nick Tarabay, Dustin Clare, Karan Brar, Daniel Feuerriegel, Madeleine McGraw, Shyrley Rodriguez, Rahart Adams, Zhang Jin, Jaime Slater, Lily Ji, Luke Judy,Mackenyu





En el año 2016 saltaba la noticia. Después de haber luchado contra viento y marea para sacar adelante una secuela de Pacific Rim Guillermo del Toro confirmaba que él no sería el director de esta y que sólo ejercería labores de productor ejecutivo cediendo la silla de realizador a otro cineasta, algo que, no lo neguemos, menguó considerablemente nuestras ansias por ver esta segunda parte que volvería a enfrentar a jaegers y kaijus. En 2017 el autor de El Espinazo del Diablo afirmaría que los problemas con las fechas que le impedían rodar su largamente acariciada La Forma del Agua y la intervención de la compañía china Wanda Group que trastocó muchos de los planes con respecto a Pacific Rim: Insurección fueron los motivos que le incitaron a delegar responsabilidades de escritura y dirección en Steven S. DeKnight. Curtido en el mundo de la televisión con productos como Buffy Cazavampiros, Smallville, Spartacus o la primera temporada del Daredevil de Netflix DeKnight debutaría en el mundo del largometraje con su trabajo en la nueva entrega de la saga, con el handicap añadido de tener que ocupar el lugar de un autor tan carismático y metódico como el azteca. A su labor detrás de las cámaras se suman los guionistas Emily Carmichael, Kira Snyder y T.S. Nowlin escribiendo una historia inspirada en los personajes inventados por Travis Beacham, co creador de la saga del que no encontramos rastro en este nuevo episodio, y con un reparto en el que vemos nuevas incorporaciones como John Boyega, Scott Eastwood, Cailee Spaeny o Jing Tian y caras reconocibles del film anterior como Charlie Day, Burn Gorman o Rinko Kikuchi. El resultado es una correcta continuación que sigue el espíritu de su predecesora sin nada muy destacable, pero con todos sus apartado ejecutados con efectividad y bastante oficio.




Diez años después del fin de la guerra contra los kaijus Jake Pentecost (John Boyega) el hijo del fallecido Mariscal Stacker Pentecost (Idris Elba) sobrevive como buenamente puede robando y posteriormente vendiendo restos de los kaijus vencidos en combate. Después de encontrarse con una adolescente llamada Amara Namani (Cailee Spaeny) que se ha dedicado a recolectar piezas de jaegers para construir el suyo propio llamado Scrapper ambos personajes serán detenidos y reclutados por la PPDC (Pan-Pacific Defense Corps) para implicarse en el entrenamiento de nuevos pilotos de jaegers impulsado por la hermanastra de Jake, Mako Mori (Rinko Kikuchi). Una vez se se alistan en el nuevo proyecto Jake se reencontrará con su antiguo compañero, y ahora rival, Nate Lambert (Scott Eastwood) y Amara se unirá al grupo de aspirantes a pilotar jaegers. La intervención de la Shao Corporation presidida por Liwen Shao (Jing Tian) y su intención de crear un programa de drones que puedan sustituir a los antiguos robots controlados por humanos y la aparición de unos misteriosos y hostiles jaegers que llevan a cabo actos terroristas supondrán sólo el principio de lo que será una segunda guerra contra los kaiju que reaparecerán para poner en peligro nuevamente al planeta Tierra con planes directamente vinculados con la invasión inicial del año 2013 que nos fue narrada en la primera película de la franquicia.




Vaya por delante, para que nadie se sienta engañado, que todo aquel que no disfrutó con la primera Pacific Rim no tiene nada que hacer aquí, esta secuela contiene los mismos ingredientes que aquella potenciados notablemente para ser una réplica más grande y mastodóntica que aquella, de modo que los espectadores que salieron decepcionados con el film de 2013 volverán a experimentar la misma sensación con la cinta que nos ocupa. Una vez hecha la advertencia debemos afirmar por otra lado que dificilmente una cinta como Pacific Rim: Insurrección dejará insatisfechos a aquellos que gozaron con su hermana mayor, porque una de los mayores aciertos, aunque en cierta manera también es un fallo, de esta segunda parte es ser escrupulósamente fiel al microcosmos planteado en 2013 a manos de Guillermo del Toro y Travis Beacham cinco años antes. De hecho con respecto a esto repite la estructura argumental y conceptual de aquella por medio de una historia bastante sencilla, aunque en esta ocasión se incluyen un par de giro argumentales más o menos inesperados, protagonizada por personajes bastante arquetípicos, pero adecuadamente perfilados, que ofrecen las dosis necesarias de empatía para conectar con un espectador que después de todo está aquí por el espectáculo, que no es otro que las batallas descomunales entre robots con forma humanoide y criaturas interdimensionales de reminiscencias lovecraftianas.





En ese sentido podemos decir que un producto como Pacific Rim: Uprising cumple sobradamente su cometido. La cinta de Steven S. DeKnight abraza sin prejuicios ni miramientos la ley que casi siempre impera en las secuelas de las grandes superproducciones de Hollywood, aquella que apela por replicar los aciertos y errores del film previo a una escala mucho mayor, pero por surte el equipo que hay detrás del largometraje sabe mantener las formas y no dejarse llevar por los excesos estilísticos y argumentales. Todas las escenas de acción en esta nueva entrega son más brutales, los jaegers son más letales y poseen un armamento más variado, así como un diseño mucho más estilizado que da unas características más aerodinámicas que el utilizado por Del Toro en la anterior cinta, y los kaijus son de una envergadura desproporcionadamente más grande, sobre todo sin nos centramos en el último de ellos contra el que Gipsy Avenger, y el resto de mechas, se enfrentan en el clímax final. Los CGI son sobresalientes, las coregorafías de lucha y los efectos de las mismas en las ciudades transmiten la sensación de destrucción propia del género, dando muestras de que DeKnight ha hecho muy bien los deberes para adaptarse al material con el que le ha tocado trabajar, pero a pesar de la espectacularidad, la épica magníficada y el resultado dificilmente reprochable desde el apartado técnico la magia y la chispa propia de Del Toro se echa considerablemente en falta.




En lo referido al reparto, y al igual que sucedía en la anterior Pacific Rim, nos encontramos una galería de personajes bastante simples cuyo desarrollo es el justo para que a la hora de interactuar los unos con los otros nos interesemos lo suficiente por su integridad física y psicológica. John Boyega, que creía lo suficiente en el proyecto como para haberse implicado en él también como productor, realiza con su Jake Pentecost un personaje a años luz de su Finn de la nueva trilogía de Star Wars, con aire canalla, personalidad altanera y notable carisma verborréico. Le dan la réplica un Scott Eastwood que no está a la altura y que se muestra en pantalla demasiado blando (miedo produce que sea candidato para dar vida al nuevo Lobezno si lo va a interpretar con esta insustancialidad) y una dinámica y encantadora Cailee Spaeny que llena el encuadre con su presencia. Entre los secundarios tenemos a unos Charlie Day y Burn Gorman que copan más protagonismo, si cabe, que en la primera película, a Rinko Kikuchi con una presencia mucho más anécdótica que en la anterior entrega y a Tian Jing en la piel de un rol que buscando romper algunos estereotipos se entrega a cierta descaracetización que se antoja forzada desde el punto de vista de la escritura. Todo esto afirmando, una vez más, que dichos personajes humanos no dejan de ser el “precio a pagar” paras servir de conexión con los ya apuntados protagonistas de la película.




Aunque hay algunos apuntes novedosos como la privatización de los pilotos de jagers o pinceladas acerca del contexto social y político en el que se desarrolla la historia como secuela Pacific Rim: Insurreción no añade nada nuevo al microcosmos de la saga, pero le da continuidad de manera coherente y cohesionada. Aunque no es tan notable como la primera parte de Guillermo del Toro en cierta manera transmite las mismas sensaciones que aquella, las de un blockbuster hecho con oficio, una ejecución técnica irreprochable y una inclinación por el entretenimiento ligero, pero “bigger than life”, para llamar la atención de distinto tipo de espectadores. La fórmula esta vez ha dado mejor resultado que su predecesora desde un punto de vista recaudatorio ya que la taquilla ha jugado a favor de la propuesta y no pone en entredicho el porvenir de la franquicia como si lo hizo el largometraje de 2013 que no cumplió todas las expectativas monetarias depositadas en él. De modo que todo apunto a que tendremos Pacific Rim para rato y como en este especial hemos demostrado su sombra se extiende más allá del medio cinematográfico gracias a unos inteligentes productores que son conscientes de las posibilidades de otros como el del cómic que desde hace años vive en inquebrantable comunión con el séptimo arte, con todo lo bueno y malo que ello conlleva.