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jueves, 31 de mayo de 2018

Love, trois sont la foule



Título Original Love (2015)
Director Gaspar Noé
Guión Gaspar Noé
Reparto Karl Glusman, Aomi Muyock, Klara Kristin, Benoît Debie, Vincent Maraval, Gaspar Noé,  Juan Saavedra, Déborah Révy, Ugo Fox





Gaspar Noé, nacido en argentina y afincado en Francia, es uno de los cineastas más polémicos e incorfomistas del panorama cinematográfico internacional de los últimos veinte años. Con sólo cinco largometrajes en su haber y levantando ampollas ya desde su ópera prima Solo Contra Todos, basada en un mediometraje de su propia autoría titulado Carne, con la que abordaba temas como la violencia, el incesto, el racismo o los abusos a menores Noé dio prematuras muestras de ser un narrador con un inquebrantable afán por escandalizar, revolver conciencias o estómagos y mostrar lo mejor y lo peor que habita en el alma humana. La brutal Irreversible y la experimental Enter the Void lo confirmaron como un maestro de lo malsano y la atmósfera opresiva, desafiando a los espectadores con cada nuevo proyecto y adentrándose en terrenos poco o nada transitados en una cinematografía como la europea tan dada a la autoindulgencia y el academicismo no siempre bien entendido.




En el año 2015 presentó su cuarto largometraje, Love, fuera de concurso en el festival de Cannes y allí sucedió algo impropio en su cinematografía. Su propuesta fue recibida con una notable tibieza por publico y prensa especializada, algo impensable si nos referimos a su tres primeros trabajos que pasaron por la croisette haciendo un enorme ruido. La ausencia de escándalo y ríos de tinta con respecto a su penúltima creación se debieron a que más allá de su naturaleza de "cine pornográfico con pretensiones" no se regodeaba en un ideario predispuesto a disgustar a distinto tipo de espectadores como había hecho en ocasiones anteriores. Lejos quedaban los deseos, entre la seriedad y la ironía, por parte del cineasta Raul Ruiz de aplicar la "pena de muerte" a Noé después de ver Irreversible en el festival francés o las numerosas deserciones a lo largo de la proyección de Enter the Void cinco años después en el mismo emplazamiento. Con Love el autor de Sodomites forjaba su film más convencional, aunque dicha afirmación debe ser matizada y a continuación lo haremos.




Al igual que el danés Lars Von Trier, otro autor propenso al escándalo, con Nymphomaniac Gaspar Noé llevaba años pensando sacar adelante una película con escenas de sexo reales, ya que en varios de sus films previos había experimentado con dicha temática, sin caer en ningún momento en la pornografía, pero sí bordeándola. Love es la culminación de ese proyecto y para sacarlo adelante el argentino decidió rodarlo en 3D y contratar los servicios de tres actores prácticamente desconocidos que darían forma al triángulo amoroso sobre el que se sustentaría el argumento propuesto por el largometraje. El resultado es una pieza irregular cuyas ínfulas artísticas y narrativas no están a la altura del planteamiento estético y autoral que propone el hijo del pintor Luis Felipe Noé, ejecutando así la que posiblemente sea su cinta menos lograda y satisfactoria, aunque no por ello carente de interés o hallazgos que justifiquen su visionado.




La trama de Love no plantea mayores complicaciones. El día de año nuevo que Murphy (Karl Glusman) está pasando con su esposa Omi (Klara Kristin) y su hija pequeña recibe la llamada de Nora, la madre de su anterior novia, Electra (Aomi Muyock) con la que vivió una apasionada relación sentimental y a la que abandonó por su actual pareja al quedar esta encinta tras un escarceo sexual. Solo en su apartamento Murphy recordará los mejores y peores momentos de la etapa de su existencia compartida con Electra y cómo la irrupción de Omi, llegando esta a compartir cama con ambos en sus inicios, truncó el futuro en común con la mujer más importante de su vida. Como puede verse este argumento no se aleja demasiado del planteado por cualquier drama romántico prototípico, su mayor flaqueza que más tarde expondremos, pero la intención de Gaspar Noé es abordarlo de la manera más realista y cercana posible y desde su perspectiva el mejor modo de hacerlo es incluyendo escenas de sexo reales con el trío de protagonistas implicados.




Vaya por delante que el mayor logro de un trabajo como Love es, a diferencia de otras películas que incluyen sexo explícito en su metraje sin adscribirse de manera ortodoxa al cine dirigido a adultos, que dichas secuencias funcionen en el contexto de la historia planteada y a un nivel estético y primario. Se antoja ineludible la sensualidad que dichos pasajes transmiten gracias a la entrega del trío de actores que las interpretan, aunque son Karl Glusman y Aomi Muyock los que más metraje gráfico protagonizan, y sobre todo a un Gaspar Noé ofreciendo todo su conocimiento estilístico para que cada coito, masturbación, eyaculación u orgasmo sean capturados de manera orgánica, cercana, cálida. No hay aquí una visión gélida o distante a la hora de mostrar el sexo y sólo en un par de ocasiones se excede visualmente con el mismo para alardear del innecesario y caprichoso 3D que está totalmente fuera de lugar en un producto como este cuya naturaleza es eminentemente emocional.




A un nivel narrativo la explicitud de dichos pasajes también aportan cierta profundidad y desarrollo a las historias compartidas por el trío de personajes principales. La intención de Noé, a diferencia de la de sus tres films previos a Love, no es escandalizar o sacudir al espectador, sino convertir el sexo real en una parte más de la relación sentimental que comparten sus criaturas, con la idea de que la platea lo vea como algo normal, acentuando así la inmersión que el espectador experimentará una vez se haga cómplice del relato que vertebra el largometraje. El argentino consigue en casi todo momento que la "pornografía" enriquezca y complemente el romance entre Murphy y Electra y cómo este se ve truncado con la aparición de Omi. De hecho el cineasta y guionista está tan obsesionado con la idea de convertir la sexualidad en parte inherente del discurso de su propuesta que decide abordarla de manera más sucia, lasciva y superficial en la parte del metraje en la que la relación entre los protagonistas comienza a tambalearse por culpa de los excesos, el adulterio y el egoismo, como se ve en la escena que tiene lugar en ese local de intercambio muy similar al pub Rectum de Irreversible.




Desde esta perspectiva el autor del film consigue lo que parecía más difícil, justificar la inclusión de sexo real en la trama del mismo. En cambio falla en lo que pudiera parecer más sencillo, mostrar una historia de amor que no caiga en lugares comunes, tópicos y estereotipos manidos hasta lo extenuante. Por desgracia debajo de su atípica intencionalidad estética y conceptual Love no deja de ser un drama romántico visto mil veces en ocasiones previas y con resultados mucho más eficientes. El uso caprichoso de una voz en off que aparece y desaparece sin previo aviso para remarcar obviedades y hacer un uso de monólogos introspectivos cuya prosa es cuestionable en lo referido al uso de la metáfora o la hipérbole menoscaban las virtudes audiovisuales aportadas por un Gaspar Noé que lo da todo desde el punto de vista de la realización, pero que no innova un ápice en cuanto a una escritura en la que tampoco utiliza filtro alguno a la hora de engrandecer su ego por medio de varios apuntes autobiográficos introducidos de manera bastante forzosa.




Unos párrafos más arriba mencionábamos la entrega de los actores a la hora de afrontar las numerosas y complicadas escenas sexuales. De esta manera con respecto a mostrar carnalidad o sensualidad los tres acometen con profesionalidad y riesgo su labor, más si cabe siendo jóvenes con no mucha experiencia en el medio. El problema reside en que ninguno de ellos es un buen intérprete, destacando mínimamente Karl Glusman y dejando mucho que desear Aomi Muyock, y eso se nota en pantalla sobre todo cuando tienen que interactuar por medio de los diálogos, la expresión de sentimientos o el dramatismo en los pasajes más crudos. Si a la bisoñez del reparto añadimos el inadecuado guión por parte de Noé que se entrega a los prostituibles brazos de la reiteración con una historia de amor y desamor carente de originalidad desde una perspectiva argumental con Love sólo nos queda un proyecto visual y sexualmente muy eficiente conteniendo en su interior un relato que hasta cierto punto nos deja indiferentes por su previsibilidad y escasa inventiva 




Love queda lejos de ser una de las mejores cintas de Gaspar Noé, aunque sí podemos considerarla la más personal e íntima de las que ha rodado hasta el momento, algo que le honra como autor. Sus aciertos y fallos ya los hemos enumerado y por suerte la balanza cae del lado de los primeros convirtiendo su cuarto largometraje en un pieza cuyo visionado no sólo merece la pena, también se antoja más digerible para aquellos que con sus tres primeros largometrajes sufrieron un calvario. A día de hoy su quinto film, Clímax, una historia sobre un grupo bailarines implicados en una orgía de violencia y sexo por culpa de una droga letal vertida en una fuente de sangría y protagonizada por Sofia Boutella, espera fecha de estreno internacional tras su buen recibimiento en la quincena de realizadores del último Festival de Cannes donde los tiempos cambian, siendo Noé el que recibe los halagos y otro enfant terrible el que siembra la polémica con su última película.



viernes, 4 de abril de 2014

Nymphomaniac, mea vulva, maxima vulva



Título Original Nymphomaniac (2013)
Director Lars Von Trier
Guión Lars Von Trier
Actores Charlotte Gainsbourg, Stellan Skarsgård, Stacy Martin, Shia LaBeouf, Connie Nielsen, Christian Slater, Nicolas Bro, Jesper Christensen, Uma Thurman, Jamie Bell, Jean-Marc Barr, Willem Daofe, Caroline Goodall, Kate Ashfield, Saskia Reeves, Jens Albinus, Sophie Kennedy Clark, Mia Goth, Omar Shargawi, Severin von Hoensbroech, Saskia Reeves, 







Después de la polvareda que levantó aquella conferencia del festival de Cannes de 2011 en la que supuestamente tenía que presentar su película Melancolía, pero en la que decidió proclamar su simpatía por Hitler y su antipatía hacia el judaismo, Lars Von Trier prefirió no volver a declarar ante los medios para promocionar sus nuevos trabajos detrás de las cámaras ni realizar proyecciones exclusivas para la prensa de los mismos. De modo que en la actualidad el autor de Rompiendo las Olas no habla para los periodistas a la hora de justificar cuales son las motivaciones que le llevan a realizar sus últimos proyectos. Pero lo que en principio podría parecer una decisión perjudicial para el danés ha resultado ser una campaña de marketing perfecta para presentar internacionalmente Nymphomaniac.




Desde hacía años Lars Von Trier llevaba acariciando, más bien manoseando en el que caso que nos ocupa, la idea de realizar una película pornográfica en la que se implicaran actores de primera fila. El autor de Bailar en la Oscuridad es un profundo conocedor del cine para adultos e incluso su productora Zentropa durante un tiempo financió una serie de films de este género, pero con una pátina de intelectualidad que parece ser que cuajó inadecuadamente, no llegando a buen puerto. Ya en la mencionada rueda de prensa de 2011 confesó que tenía pensado cómo sería la película, que contaría con Kristen Dunst como protagonista, algo que no llegó a suceder, que abundaría el sexo explícito y sería considerablemente desagradable para distinto tipo de espectadores.




Después de ver los dos volúmenes (estos no son tales aunque pueda parecerlo, ya que dicho montaje comercial partido en dos mitades ha sido realizado contra la voluntad de su creador, que gestó el film como una sola cinta de cinco horas y media de duración) que forman Nymphomaniac un servidor llega incluso a pensar que su eternamente pospuesto proyecto pornográfico fue utilizado como excusa para promocionar este interesante trabajo que realmente tiene poco o nada que ver, más allá de la inclusión de cierto sexo explícito, con el género que forjaron Rocco Siffredi, John Holmes, Traci Lords o Silvia Saint. La polémica previa, el supuesto escándalo de poner a actores de Hollywood a practicar sexo real delante de la cámara (¿alguien pensaba realmente que gente como Willem Dafoe, Uma Thurman o Stellan Skarsgård con matrimonios afianzados desde hace años y numerosos hijos se dedicarían a copular entre ellos porque se lo pidiera el director?) y unas oportunas y poco creíbles declaraciones de la protagonista del film, Charlotte Gainsbourg, proclamando las indecentes peticiones que el director le hizo durante el "complicado rodaje" hicieron el resto.




En la siguiente entrada voy a hablar de los dos volúmenes de Nymphomaniac como si fueran uno, porque como he comentado previamente no hablamos de una película y su secuela, sino de un largometraje partido en dos por los jefazos de Zentropa, socios del mismo Lars Von Trier que también es una cabeza pensante demtro de dicha productora. De esta manera cuando el primer volumen termina abrúptamente el segundo comienza justo donde termina aquel, no hay secuencias de introducción argumental, ni presentación de personajes, porque sencillamente pasamos de un plano a otro. Incluso habiendo cierto cambio de tono entre una parte y otra esto no es debido a que, una vez más, estemos ante dos obras diferentes, sino a un momento determinado del metraje en el que el personaje principal experimenta algo que la hace cambiar y dar una tonalidad distinta a la historia que se nos está narrando. Pero vayamos por partes, no adelantemos acontecimientos y sobre todo empecemos por el principio, no sin algún spoiler que trataremos que no sea muy explícito.




Nymphomaniac comienza con el encuentro fortuito durante una noche nevada entre una mujer llamada Joe (Charlotte Gainsbourg) yaciendo herida en un oscuro callejón y Seligman (Stellan Skarsgård) el hombre maduro que decide rescatarla y llevarla a su casa, Una vez allí ella le contará la historia de su vida como ninfómana y mujer que ha experimentado con todas las variantes posibles del sexo con distintos hombres, y en ocasiones miembros del género femenino, a lo largo de las etapas de su intensa existencia. Mientras Joe relata los pasajes de su vida por medio de ocho capítulos, Seligman irá realizando comparativas de dichos hechos con temas como la pesca, las matemáticas o la religión, primero para interés de la mujer y después para su desconcierto o indiferencia. Cuando Joe termina su narración parece que los dos personajes han realizado un recorrido que los ha cambiado como personas o puede que no sea del todo así.




Visión nada moralista y mucho más trascendente de lo que pareciera en un principio de la libertad y autoafirmación sexual, Nymphomaniac se revela como un interesante tapiz sobre la vida de una mujer que desde niña tenía muy claro cómo, cuándo, dónde y con quién iba a disfrutar de los placeres de la carne. Con un tono reflexivo y alejado completamente de cualquier provocación vana o superficial para dar que hablar por que sí, Von Trier ofrece una mirada calidoscópica y hasta alegórica del sexo. Realizando inteligentes comparativas entre actos como la seducción, el cortejo o las distintas variantes de la cópula o el onanismo con la pesca con mosca, la sucesión de Fibonacci, la escisión de la iglesia católica en occidental y oriental o la polifonía de Bach, el director de Anticristo deja bastante clara su intención de abordar el tema desde un punto de vista existencial e intelectual, en ocasiones puede que demasiado, pero siempre de manera interesante.




Pero lo más interesante es que cuando el danés ha puesto las cartas sobre la mesa y ha realizado una declaración de principios con la que nos va a ofrecer un tratado sobre el lado más lúcido del libertinaje para evitar convertir las cuatro horas de metraje en un engorro intelectualoide lleno de gravedad o desidia existencial el director de Bailar en la Oscuridad o El Elemento del Crimen decide abordar su relato, al menos durante gran parte de la primera mitad, con un humor acertadísimo, unas veces fino e inteligente y otras más negro o grueso, pero siempre con mucho tino, bastante más que en la sobrevalorada El Jefe de Todo Esto, y afirmando que un tema como el expuesto en la obra puede tener su lado cómico incluso en los pasajes más amargos y duros.




Ahí se encuentra pues uno de los mayores aciertos de esta Nymphomaniac, el que nos muestra a las claras que en ocasiones el mismo Von Trier sabe reírse de sí mismo y quitar hierro a lo que nos está narrando. Apuntes estilísiticos como dibujos, operaciones matemáticas o planos en pantalla a los que se suman numerosas imágenes de archivo de todo tipo para ilustrar conceptos y teorías o pasajes como el de Selligman imaginando su peculiar visión sexualizada de la enseñanza, la "pelea de penes de ébano" a la que asiste la pobre Joe, impagable la cara de Charlotte Gaingsbourg en ese momento, entre los dos hermanos negros o el enorme momento de Uma Thurman que se revela como el más descacharrante de la velada nos confirman que el creador del largometraje quiere dar todas las perspectivas y tonos posibles a su historia.




Por desgracia ese ingrediente de comicidad se va perdiendo gradualmente en la segunda mitad de la obra cuando los hechos empiezan a ponerse más dramáticos, pero este cambio de tonalidad es consecuente y lógico con la narración. En un momento dado Joe se insensibiliza con el sexo, llegando a no sentir nada durante la cópula y por ello decide experimentar con otro tipo de parafiilias como el sadomasoquismo, los tríos interraciales o la homosexialidad para recuperar el placer que antaño le producía el acto sexual. En esta parte del metraje Von Trier expone los momentos más duros del trayecto vital de Joe, cuando descubre que haber sido víctima, siempre voluntaria, de actos de violencia consentida para llegar al orgasmo le pasan factura a su cuerpo marcado por "heridas de guerra" que le servirán como punto de unión y señas de identidad empáticas con el personaje de P.




Como previamente hemos comentado el director y guionista no da una visión negativa de la adicción al sexo. Joe elige ese modo de vida por voluntad propia y lo exprime al máximo. Pero como cualquier trayecto este tiene sus luces y sombras, sus momentos buenos y malos y la protagonista proclama no sentirse avergonzada por ser como es, su monólogo en la reunión de adictos al sexo esclarecedor en ese sentido, aunque en ocasiones sea consciente de que con ello no consigue una autorealización personal que siempre busca y no consigue encontrar. Porque finalmente Nymphomaniac, al igual que otros films como Shame de Steve McQueen, nos habla de la soledad del hombre/mujer contemporáneo, de la vacuidad en la que estamos aposentados como sociedad, la misma, aunque desde otra perspectiva, en la que vive Seligman, la que le permite no juzgar a Joe y empatizar con muchas vertientes de su ideología o moral.




Con respecto a la "pornografía" de Nymphomiac la misma no es nada escandalosa ni mórbida, sólo se muestra algo más cruda en los pasajes de la etapa sadomasoquista, y su explicitud no va más allá de varias felaciones con penes prostéticos, alguna erección y, si mal no recuerdo, una sola escena muy breve de penetración, ninguna eyaculación gráfica (más allá de la gota de esperma que la cae de la boca a Stacy Martin después de la felación en el tren y que ya se veía brevemente en el trailer) y una especie de catalogo de penes reales, a cual más horrendo, incitando a la sana carcajada. Por descontado que la mayoría de las secuencias sexuales no tienen nada de eróticas, pocas podrían excitar a un espectador medio, y no andaba desencaminado el crítico Luis Mártínez cuando dijo que esta de Lars Von Trier sería la peor película pornográfica de la historia porque la intención del danés es dar una visión cotidiana del sexo, desde un punto de vista entre aséptico y algo gélido, sin eludir los placeres físicos y psicológicos que el mismo proporciona, pero tampoco centrándose formalmente en él porque no es esa su intención principal.




Pero una vez más el director de Europa o Manderlay fue sumamente inteligente y vendió por medio del supuesto sexo gráfico su producto. Sirvan como ejemplo aquellos pósters promocionales con todos los actores del reparto experimentando un orgasmo cuando paradójicamente no es que ni la mitad de ellos salgan en el film practicando sexo, es que muchos de ellos (Willem Dafoe, Uma Thurman, Chstian Slater, Connie Nielsen, Udo Kier) no se quitan la ropa o se aventuran, ni por asomo, en realizar actos que tengan que ver minimamente con carnalidad alguna, sea de la índole que sea. Curiosamente son dos actores fetiche del director como Jean-Marc Barr y Jens Albinus, en breves papeles, los que tienen pasajes más comprometidos en ese sentido, pero en ambas ocasiones con prótesis ocupando el lugar de sus miembros o con dobles de cuerpo.




Por otro lado aquella noticia de que las escenas más subidas de tono de Nymphomaniac iban a estar interpretadas por actores duchos en el cine para adultos a los que se les insertarían digitalmente los rostros de los intérpretes principales ha quedado en pura agua de borrajas, porque si esas secuencias existen (sólo hay una en la que Shia LaBeouf ha sufrido tal retoque por medio de CGI,  muy realistas por cierto) deberán estar en la hora y media que se quedó en el suelo de la sala de montaje y que sólo ha sido vista junto al resto del largometraje en el pasado festival de Berlín, porque en este corte de cuatro horas en dos volúmenes brillan totalmente por su ausencia. En resumidas cuentas, si Von Trier posee talento como director en su faceta de vendedor no tiene precio.




Una vez más los actores dan lo mejor de sí mismos para el director y aunque varios de ellos tienen pocos minutos en pantalla (Connie Nielsen o Willem Dafoe están como de pasada, lo de Udo Kier es un cameo y de camarero como en Melancolía) la mayoría tienen momentos bastante notables. Sería inevitable destacar a Charlotte Gainsbourg y Stacy Martin como Joe en su madurez y adolescencia respectivamente, entregadísimas ambas. La primera sumando el peso como narradora y centro de la historia y la segunda enfrentándose a las escenas más atrevidas de la película. Pero si alguien me ha sorprendido gratamente habiéndome parecido casi siempre un mindundi es Shia LaBeouf que demuestra tener talento para abordar papeles complicados y bastante descarnados. También destacan Christian Slater, sobre todo en la recta final de su intervención, una inmensa Uma Thurman, Stellan Skasgård y Jamie Bell, ya que ver a Billy Elliot hacer un papel como el de K es un apunte brillante por parte de Von Trier. Por último convendrá en un futuro seguir la pista de la joven Mia Goth, de una atípica belleza y sensualidad muy contenida que tiene pasajes destacables como P.




Lars Von Trier en su línea en la dirección, abordando su historia con menos dramatismo que sus dos anteriores films, se nota que se le va pasando la depresión, pero sin eludir esa intensidad desgarrada que es su seña de indentidad más clara. Hay pasajes de una belleza desarmante en el film (acompañados de una soberbia y ecléctica banda sonora en la caben desde Rammstein hasta Bach, pasando por Mozart o Steppenwolf)  como todo el apartado en blanco y negro en el hospital, Joe subiendo a la colina para mirar de frente a ese árbol retorcido que sirve de alegoría de su propia situación en ese momento (incluso un servidor creyó ver que el mismo tenía una forma parecida a el látigo Dido que le regala K adjuntado abajo en el cartel del Volumen 2 del film) los paseos vespertinos con su padre cuando era niña o el momento de la lubricación en el lecho de muerte cuya sencilla belleza extraterrenal podría resumir el largometraje en su totalidad. 




Por otro lado tenemos los momentos propios de arrogancia del director o metareferencias a obras previas salidas de su mano. De estas últimas funciona magníficamente la muy directa al maravilloso arranque de Anticristo y que me hizo pensar durante un momento que iba a unir las historias de ambas películas en una sola, más sabiendo que tanto en aquella como en Nymphomaniac aparecen en el reparto Willem Dafoe y Charlotte Gainsbourg). En lo referente a los momentos megalómanos sobran totalmente los innecesarios apuntes demagogos con los que Von trier quiere justificar su antisionismo (que no antisemitismo, según él personaje de Selligman que habla por el cineasta) sin venir a cuento ni pedirlo nadie, porque no es necesario, es parte del pasado y hay que pasar página de una vez, darle más cancha a aquellas declaraciones es una futilidad por su parte.




A Lars Von Trier le ha salido bien la jugada en todos los sentidos con Nymphomaniac. Primero en lo referente a lo promoción, con la que armó él previamente, la que monta Shia LaBeouf cuando va a promocionar la película  o la que nos intenta colar la hija de Jane Birkin cuando la entrevistan para hablar sobre el largometraje dandos sus frutos, ya que la obra no ha ido mal en la taquilla, al menos la europea. Por otro lado el danés ha realizado un excelente trabajo, sin llegar a ser una obra maestra, pero pudiendo codearse con varios de sus films más logrados. Un servidor ha quedado lo suficientemente satisfecho con la experiencia como para interesarse por ver el montaje íntegro de la cinta y así corroborar, o no, si añade algo de interés a la trama o hace que su mensaje y declaración de principios autoral cambie en manera alguna.




Con Nymphomaniac Lars Von Trier ha cerrado su "trilogía de la depresión" por todo lo alto con un proyecto interesante, rico, con un trasfondo poliédrico, unos personajes creíbles y cercanos, aunque en ocasiones algo fríos, dando una visión lúcida y polémica sobre temas tabú (habría que analizar con detenimiento la reflexión de Joe sobre la pedofilia, daría para un considerable debate) y se ha marcado un ambiguo final que para el que suscribe no es ninguna broma como se ha llegado a comentar, sino un medido cierre que puede ser abordado desde dos puntos de vista. El de, por un lado, una declaración feminista rotundísima que eludiría la fama de misógino de su director o por otro la confirmación de que la manipulación del acto de narrar historias puede hacernos creer algo que no es real. Que una "película pornográfica" nos haga reflexionar, aunque sea durante sólo un minuto, sobre estos temas es todo un logro que sólo el autor de la eternamente pospuesta La Bajona No Perdona podría conseguir.