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domingo, 23 de agosto de 2009

Tierra de Abundancia, país de contradicciones, nación de paradojas



Director: Wim Wenders (2004)
Guión: Wim Wenders & Scott Derrickson
Actores: John Diehl, Michelle Williams, Wenderl Pierce, Burt Young, Richard Edson






Es una verdadera satisfacción hacer una crítica sobre este film, porque si hace cosa de un mes eché pestes sobre El Final de la Violencia ahora solo tengo elogios para esta magnífica Tierra de Abundancia del director alemán Wim Wenders, un film que toca un tema espinoso y que ha de ser bien llevado para no hacer el rídiculo ni mostrarse partidista o panfletarío, la paranoia terrorista americana tras el fatídico 11-S.




Wim Wenders habla sobre la conspiranoica mentalidad de la América post atentado de las torres gemelas desde un tono crítico pero también comprensivo, el realizador de Palermo Shooting muestra un cariño tan sincero por esta nación, comprende sus miedos y fantasmas internos, y los quiere exorcizar desde la comprensión y la equidad, pero sin moralismos baratos, críticas ácidas de medio pelo o maniqueismos supuestamente progresistas.




Es bastante notable que el ex miltar Paul, al que entrega su cuerpo y alma el actor John Diehl, es una de las caras de América, la que tiene miedo, la que quedó marcada a fuego por la guerra de Vietnam, la que quedó herida de muerte el 11 de Septiembre de 2001 y que vive en una continua y esquizofrénica guerra urbana en la que todo el mundo es un enemigo en potencia de la nación de las barras estrellas, llegando en su cometido como vigilante de los intereses estadounidenses a rozar tanto lo enfermizo como lo ridículo.




Por otro lado, la cara inocente e idealista del país, la de la esplendorosa Michelle Williams, la de una juventud llena de esperanza y carente de prejuicios que mira a al futuro sin miedo, que también cree en la unidad de su tierra pero que no quitaría vidas por ella y que perdonaría al que golpeara primero poniendo la otra mejilla porque hay otras vías que no son el contraataque desmesurado o la cobarde guerra preventiva.




Después de años y varios intentos fallidos Wenders vuelve a rodar con el corazón, sigue con su mirada contemplativa, tempo calmado y estilismo urbano pero recupera parte de la esencia de sus films de los 80. Land of Plenty no es un trabajo perfecto, pero sí, la demostración de que el director de BuenaVista Social Club sigue vivo y puede volver a hacer cine de calidad y profundo calado.


miércoles, 29 de julio de 2009

El Final de la Violencia, el principio del hastío



Título Original: The End of Violence (1997)
Director: Wim Wenders
Guión: Wim Wenders & Nicholas Klein
Actores: Bill Pullman, Andie MacDowell, Gabriel Byrne, Daniel Benzali, Loren Dean, Traci Lind, Pruitt Taylor Vince, Nicole Parker, Peter Horton, Udo Kier





Dios santo, si es que hasta el puto trailer es aburrido. Wim Wenders llegó a ser durante los años 80 el estandarte del nuevo cine europeo. Su celuloide intimista, dramático, lleno de nostalgia y profundidad marcó a milllones de espectadores con obras como El Amigo Americano, su mejor película desde mi punto de vista o la magnífica y alabadísima (puede que demasiado) Paris, Texas, cinta con la que demostró que un germano podía conocer mejor el país estadounidense, que los mismos norteamericanos.




Muchos son los que defienden que Wenders está acabado, que ha perdido todo su lirismo como autor y que su obra ha quedado reducida a una decepción tras otra desde que se desorientara a principios de los 90. A pesar de ser yo un defensor de la fallida pero reivindicable Million Dollar Hotel, cinta que contiene algunas de las escenas más hermosas (ese insuperable inicio) de la carrera del alemán y de que no pierdo la confianza en este hombre, del que tengo muchas ganas de ver Tierra de Abundancia y Llamando a las Puertas del Cielo, ésta última la más alabada de sus últimas cintas y su reunión con el dramaturgo Sam Shepard después de más de 20 años desde su primer trabajo juntos, es posible que tengan razón, porque el Wenders de los últimos años no es ni la sombra del que antaño nos deleitaba con gran cine.




El Final de la Violencia es un farragoso ejercicio de pedante metalenguaje, una historia plana de cine dentro del cine con pretenciosos diálogos llenos de una falsa intelectualidad y unos personajes acartonados que mantienen unas plúmbeas relaciones personales los unos con los otros. Todo es un artificioso cúmulo de situaciones nada creíbles de una simplicidad alarmante envuelta en un look esteticista que realmente no tiene nada interesante que contar.





La dirección del autor de Cielo Sobre Berlín queda reducida a una falsaria sucesión de hermosas panorámicas que son lo único salvable del film. El cine contemplativo y lleno de cadencia que Wenders nos regaló en años pretéritos brilla por su ausencia en El Final de la Violencia, la influencia del expresionismo abstracto del pintor estadounidense Edward Hooper, que se dejaba ver con sutiles pinceladas en la ya mencionada Paris, Texas, se muestra aquí de manera maniquea e impostada, Wenders ya no homenajea al autor de Nighthawks, directamente lo plagia con algunos planos de una puerilidad sonrojante.




Para colmo la película es aburrida hasta el llanto, el espectador no se adentra jamás en una historia que realmente no le importa lo más mínimo por su gelidez formal, su falta de sentimiento, su tono de thriller realizado con desgana, mal escrito e interpretado con apatía. Bill Pulman repite el mismo papel que en Carretera Perdida de David Lynch, haciendo de Robert de Niro, Andie MacDowell no aporta nada a la trama y se pasa todo el metraje con cara de multiorgásmica y Gabriel Byrne que tiene el personaje clave del film, parece que estaba allí de paso, ni siquiera el desfile de interesantes secundarios aporta algo de solidez al argumento.




El Final de la violencia se resume en una palabra, hastío, el de Wenders es un film que no tiene nada que contar, que no sirve ni como reflexión sobre la violencia, ni como retrato del mundo del cine, es el pálido reflejo de la obra de un señor que nos puso el alma en un puño con una conversación dentro de una cabina de peep show entre una mujer en la más triste de las soledades que hablaba sin decir nada y un hombre que lo había perdido todo y que buscaba, no sólo a su esposa perdida, sino también a sí mismo en las entrañas de América, pero esa por desgracia es otra historia, de otra época y si me apuran diría que de otro director.