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jueves, 30 de septiembre de 2021

Transgresión Continua Express 2021 - Agosto

Free Guy (Shawn Levy, 2021) - Contra todo pronóstico Free Guy funciona como pastiche cinematográfico y videojueguil o vehículo para el lucimiento de Ryan Reynolds, pero también plantea algunos dilemas morales interesantes y hasta inusuales para un blockbuster veraniego.


Jungle Cruise (Jaume Collet-Serra, 2021) - Desde La Reina de África hasta Los Piratas del Caribe, pasando por Indiana Jones y La Momia, Jungle Cruise acierta al construir un clásico relato de aventuras, pero este se ve menoscabado por una innecesaria sobredosis de CGI.


Old (M.Night Shyamalan, 2021) - La resolutividad audiovisual propia de su autor al servicio de un despropósito narrativo con diálogos sonrojantes, personajes irracionales e incontables situaciones de comedia involuntaria. Un egotrip tan personal como indigerible.


Escape Room (Adam Robitel, 2019) - Oportunista mezcolanza entre  Cube y Saw que aprovecha el tirón de las famosas Escape Room para construir su procedimiental trama. Entretenida y rudimentaria, tan rápido se consume como inmediatamente es olvidada.


Escape Room Tournament of Champions (Adam Robitel, 2021) - Repetición, casi punto por punto, de la fórmula planteada por la primera entrega. Con mejor ritmo y trampas flagrantes de guion no deja de ser un blandengue survival tan vacuo como entretenido.


Brand New Cherry Flavor (Lenore Zion, Nick Antosca, 2021) - Derivación neocárnica del Hollywood post me too en la que convergen Wild Palms y Mulholland Drive con Medianoche en el Jardín del Bien y del Mal. Incómoda y misántropa, no explota al 100% su subversivo planteamiento.


Sky Rojo 2 (Álex Pina, Esther Martínez Lobato, 2021) - Más sórdida y funcional que su predecesora cuando se entrega al exploit, casi un rape and revenge, fracasa al apelar a cualquier vacuo intento de denuncia. El reparto vuelve a ser lo mejor de la propuesta.


lunes, 11 de febrero de 2019

Trilogía El Protegido/Múltiple/Glass, dioses y monstruos



“La vida real no encaja en viñetas dibujadas específicamente para ella”

                                                                                      ELIJAH PRICE


El pasado día 18 de enero el cineasta estadounidense de origen hindú, M. Night Shyamalan cerró una etapa de su vida profesional a la que dio inicio en el año 2000, hace casi veinte años. El autor nacido en Puducherry y arraigado en Philadelphia despidió el siglo XX con su cuarta película, El Protegido (Unbreakable), en la que dio su particular visión del mundo del cómic y los superhéroes. Poco más de quince años después y tras haber pasado de ser una de las promesas cinematográficas más sólidas de Hollywood a un profesional caído en desgracia convirtiéndose casi en veneno para la taquilla llevó a la pantalla grande Múltiple (Split), su segunda colaboración con el productor Jason Blum (Insidious, Paranormal Activity, The Purge) revelándose en su escena final como un producto localizado en el mismo microcosmos que el film protagonizado por Bruce Willis, actor encargado de crear el vínculo entre ambas obras. Tras la sorpresa y el buen recibimiento por parte de crítica y público con respecto al largometraje centrado en las desdobladas personalidades del rol interpretado por James McAvoy Shyamalan confirmó dicha saga como una trilogía cuyo cierre llegaría en 2019.




Con motivo del estreno de Glass hemos decidido dedicar un especial a esta trilogía tan personal por parte del director de After Earth o Airbender: El Último Guerrero. Como es lógico seguiremos el orden cronológico con una reseña de El Protegido (Unbreakable) acompañada de la que en su momento dedicamos a Múltiple (Split), recuperada para la ocasión, y finalizando con la opinión de Glass, degustada hace unos días. De esta manera daremos una visión más global del tríptico, trataremos de profundizar humildemente en su subtexto, intencionalidad, referencialidad cinematográfica y secuencial y su relevancia en la carrera del cineasta originario de la India. Acompañadnos, una vez más, en un ¿último? viaje para ser testigos del enfrentamiento entre tres de iconos del universo superheróico no nacido ninguno de ellos en cómic o viñeta alguna. David Dunn (Bruce Willis), Mr Glass (Samuel L. Jackson) y Kevin/la Horda/la Bestia (James McAvoy) están aquí para protagonizar el asalto definitivo a tres bandas con el que su máximo creador afirma haber cerrado la trilogía y una de las etapas más largas e interesantes de su carrera cinematográfica. Pero para ello debemos volver al pasado y poner nuestra mirada en aquel ya lejano año 2000 en el que todo comenzó, con un trágico viaje en tren.


El Protegido (2000)



Título Original Unbreakable (2000)
Director M. Night Shyamalan
Guión M. Night Shyamalan
Reparto Bruce Willis, Samuel L. Jackson, Robin Wright, Spencer Treat Clark, Eamonn Walker, Charlayne Woodard, Leslie Stefanson, Johnny Hiram Jamison,M. Night Shyamalan





El año 1999 fue el más importante de la carrera profesional de M. Night Shyamalan. Después de haber rodado dos largometrajes, Praying With Anger y Wide Awake, pasando con más pena que gloria por las carteleras de Estados Unidos, el tercero de ellos, El Sexto Sentido, se convirtió en un descomunal éxito internacional. Su primera incursión en cine de terror se saldó con una pieza magistral sobre fantasmas protagonizada por Bruce Willis, Haley Joel Osment, Toni Collette u Olivia Williams convertida al poco de estrenarse en una película de culto. Las alabanzas generalizadas de la prensa especializada, una enorme recaudación a nivel mundial y una interminable galería de nominaciones y galardones, cuyo punto más alto tuvo lugar con su aspiración hasta a seis estatuillas de la academia de Hollywood, hicieron el resto con una obra transformada en icónica y, posteriormente, copiada u homenajeada hasta la saciedad llegando su influencia hasta la actualidad. Tratar de imaginar el nivel de presión al que se debió ver sometido M. Night Shyamalan por Touchstone Pictures, filial de Disney y productora de El Sexto Sentido, se antoja un ejercicio de futilidad. La intención de repetir un bombazo como el del film en el que Haley Joel Osment afirmaba ver muertos incitó a los precursores del proyecto a meter prisa al autor del mismo y su respuesta materializó sólo un año después, algo totalmente contraproducente si la intención era ofrecer un producto de verdadera calidad. Por suerte Shyamalan se encontraba por aquel entonces en todo su apogeo creativo y el resultado estuvo a la altura de las circunstancias.





El Protegido, Unbreakable en su más coherente título original, se estrenó el 14 de noviembre del año 2000 en Estados Unidos, en España lo haría en enero del año siguiente, y aunque es una de las mejores, posiblemente la mejor, de las obras de M. Night Shyamalan también fue la primera vinculada a la polémica dentro de su extensa y e irregular filmografía. No fueron pocos los decepcionados por el cambio de género que suponía la nueva obra del futuro autor de La Visita, esperando otro relato de terror como El Sexto Sentido con el que El Protegido poco o nada tenía que ver, al menos desde un punto de vista argumental. Unbreakable se compone de dos tramas protagonizadas por una pareja de personajes antagónicos. Por un lado tenemos a David Dunn (Bruce Willis) vigilante de seguridad casado y con un hijo, además de único superviviente en un accidente de tren en el que perdieron la vida mas de un centenar de pasajeros. Por otro seguimos los pasos, literales y figurados, de Elijah Price (Samuel L. Jackson) un coleccionista de cómics afectado por “osteogénisis imperfecta”, conocida como la enfermedad de los “huesos de cristal”, que debido a dicha afección se vio obsesivamente sumergido desde niño en el mundo del arte secuencial por mediación de su madre, único vínculo familiar y emocional del personaje. Cuando los caminos de David Dunn y Elijah Price se cruzan la vida de ambos, y la de sus allegados, cambia radicalmente.




El Protegido es el personal y rendido homenaje al cómic superheróico de M. Night Shyamalan. Desde el texto inicial, un resumen de los números de ventas dentro de este medio a nivel mundial, la misión de guionista y director es diseccionar la iconografía, el trasfondo y las señas de identidad propias e identificables del mundo de la viñeta. La novedad en este sentido es que nos encontramos en las antípodas de una película de acción, adentrándose sin miramientos en terrenos dramáticos con apuntes de fantasía muy autocontenida. La misión de Shyamalan, abordada en incontables ocasiones a lo largo de la historia del cómic, es la de mostrar el impacto que produciría la presencia de personas con poderes sobrenaturales en un contexto totalmente realista. Buscando de esta manera marcar un profundo contraste en el que nuestro sistema de valores y condición social llegaran a tambalearse por la irrupción de lo inexplicable. De manera inteligente el autor expone su relato a pequeña escala con un personaje, el de David Dunn, que llegará a ejercer como “vigilante” o “protector” a nivel local, sin que su existencia como superhombre cambie el porvenir de la humanidad a un nivel nacional o global. Algo que cambiará drásticamente en Glass, cuando la historia planteada en aquella sí se adentre en dichos terrenos.




Al decidir acometer la “aventura del superhéroe” de esta manera tan intimista Shyamalan elude tener que bregar con lugares comunes del género como relaciones con otros encapuchados, formar un grupo de ellos o trabajar para el gobierno, porque al fin y al cabo está contando una historia de orígenes. Tomando esta elección el guionista y director puede focalizar su interés en las emociones del trío de personajes formado por David, su esposa Audrey (Robin Wright) y su hijo Joseph (Spencer Treat Clark) y ahí es donde reside uno de los mayores aciertos de la obra. En ese descubrimiento de sus poderes que irá haciendo mella en una familia desestructurada debido a los problemas sentimentales de un matrimonio a las puertas de la ruptura. El trío de actores ayuda a elevar la palabra escrita de Shymalan ya que a la dureza impertérrita y contenida de un excelente Bruce Willis se anteponen la vulnerabilidad, el desconcierto y el miedo de unos Wright y Treat Clark capaces de dar empaque el apartado artístico de la producción. Algo parecido sucede con el Elijah Price de un inmenso Samuel L. Jackson. Ese Charles Xavier reconvertido finalmene en Erik Lensher, atormentado por encontrar su lugar en el mundo al revelarse como el opuesto al hombre irrompible, aunque en el proceso se cobre la vida de cientos de personas inocentes. Una película de personajes al fin y al cabo, aunque con una factura impecable por parte del productor de Devil.




La puesta en escena de M. Night Shyamalan es la mayor de sus virtudes y hasta en sus largometrajes más endebles, los construidos sobre guiones insostenibles, su impronta siempre nos reservaba alguna que otra escena memorable. Cuando facturó El Protegido se encontraba en la plenitud de sus facultades como narrador y es algo que se deja notar a lo largo de todo el metraje. Pasajes como el nacimiento de Elijah o el previo al accidente de tren, ese plano fijo acercándose a Bruce Willis mientras el doctor le comunica ser el único superviviente del siniestro, el detalle del bastón de cristal durante la caída por las escaleras del personaje de Samuel L. Jackson o el flashback en el que abre su primer cómic, el intento de disparo en la cocina, la sesión de halterofilia o David dando rienda suelta a sus poderes en la estación de tren sólo son solo algunos de los momentos para el recuerdo en un proyecto ejecutado por su autor principal con una contención, elegancia, sutilidad, simbología y profundidad intachable, sólo dando muestras de flaqueza en la única escena de acción de la obra, esa pelea que Shyamalan parece querer quitarse pronto de encima abordada con un plano fijo picado en el que son los dos especialistas los que realizan la labor más importante por medio de la realización física de una coreografía más bien pobre, estática y algo rácana.




Aunque en su estreno no fue recibida con excesivas alabanzas, ya hemos mencionado la decepción que supuso para cierto sector de los espectadores, El Protegido ha ido ganando un gran número de adeptos dispuestos no sólo a revalorizarla como producto cinematográfico o la mejor obra de un cineasta prematuramente caído en desgracia, sino también como una de las películas estandarte centrada en el mundo superheróico sin estar inspirada en cómic alguno. Tras su estreno M. Night Shyamalan fue creando productos cada vez menos compactos y cohesionados, aunque siempre con fogonazos de su talento, perdiendo gradualmente el favor de la taquilla y convirtiéndose en el punching ball de la prensa especializada tanto e su país como fuera del mismo. Cuando la historia de David Dunn y su archienemigo Elijah Price ya sólo era un recuerdo lejano en 2016 su creador unió fuerzas con el productor Jason Blum para rodar Múltiple (Split), la historia de un asesino en serie y secuestrador protagonizada por James McAvoy, Anya Taylor Joy y Betty Buckley, entre otros, que en sus últimos segundos conectaba directamente con la obra que nos ocupa y a su vez tendía un puente con la reciente y memorable Glass, última entrega de esta personalísima trilogía.


Múltiple (2016)



Título Original Split (2016)
Director M. Night Shyamalan
Guión M. Night Shyamalan
Reparto James McAvoy, Anya Taylor Joy, Betty Buckley, Brad William Henke, Haley Lu Richardson, Sterling K. Brown, Kim Director, Sebastian Arcelus, Lyne Renee, Neal Huff, Jessica Sula, Maria Breyman, Steven Dennis, Peter Patrikios, Matthew Nadu





Después de años convertido en “veneno para la taquilla” y siendo vilipendiado por crítica y público con todos y cada uno de sus proyectos entre los que se encuentran El Bosque (The Village), La Joven del Agua, El Incidente, The Last Airbender o After Earth (en la promoción de este último incluso se ocultó en la medida de lo posible su nombre para que no destacase en manera alguna) en 2015 con la, más o menos, independiente y humilde La Visita el cineasta norteamericano de origen hindú M.Night Shyamalan parecía volver a recuperar el norte y dar considerables muestras de seguir siendo aquel director que revolucionó Hollywood en las postrimerías del siglo XX con piezas como El Sexto Sentido o El Protegido (Unbreakable) Dicha cinta en formato found footage protagonizada por dos peculiares ancianos y moviéndose a placer entre el terror y la comedia negra supuso una luz al fondo del oscuro túnel en el que estaba convirtiéndose la carrera de su creador. Múltiple, Split en su título original, su último trabajo detrás de las cámaras producido en colaboración con Blumhouse (hogar de sagas como Insidious o Paranormal Activity) y protagonizado por James McAvoy, las jóvenes actrices Anya Taylor Joy, Haley Lu Richardson, Jessica Sula o la veterana Betty Buckley es la confirmación de que el autor de Señales por fin vuelve al buen camino tras más de una década en la que llegó a convertirse (unas veces de manera justa, otras no) en la risión de la industria,  ofreciendo de nuevo piezas destacables y haciendo honor a su talento como narrador de historias.





El punto de partida de Split es genérico y lo hemos visto millones de veces, en ese sentido la cinta no inventa nada. Tres chicas adolescentes son secuestradas por Kevin, un hombre que sufre un desdoblamiento de nada más y nada menos que 23 personalidades entre las que se encuentran las del enfermizo Dennis, obsesionado con la suciedad, una mujer posesiva llamada Patricia, un diseñador de moda que responde al nombre de Barry o Hedwig, un niño de nueve años. Varias de esas personalidades advierten al resto de personajes la próxima llegada de una nueva, la número 24, conocida como “La Bestia”, cuya naturaleza no parece humana y pondrá en peligro la integridad física del trío de adolescentes secuestradas por Kevin. Esta es la premisa del largometaje, y como acabamos de mencionar tiene poco de original, pero M. Night Shyamalan se guarda unos cuantos ases en la manga (no refiriéndonos sólo al famoso twist que rara vez falta en sus films, aquí también haciendo acto de presencia) permitiendo aumentar exponencialmente la sencilla naturaleza de thriller adscrita a Múltiple para convertirlo en una criatura multiforme adentrándose en distintos tipos de géneros cinematográficos que funcionan en prácticamente todas sus vertientes.




Múltiple, al igual que La Visita, arregla uno de los problemas más graves que arrastraban los últimos trabajos de M.Night Shyamalan, la incosistencia de sus guiones. Ya que en cuanto a puesta en escena el cineasta de origen hindú siempre ha dado muestras de poderosa inventiva y una peculiaridad cinemática fuera de toda duda hasta en sus horas más bajas. La escritura del último largometraje del norteamericano esta sustentada en la sutilidad, la sugestión más que la explicitud, la elegancia y el control del tempo narrativo. Tres tramas avanzan paralelas en Split. La centrada en el confinamiento y asedio al que el personaje protagonista somete a las chicas secuestradas, la amparada en la relación de este con su psiquiatra, la Doctora Fletcher, y la que por medio de flashbacks nos enseña un momento concreto de la infancia del personaje de Casey que define su presente y actos durante su encarcelamiento. Salvo un par de momentos en los que la subtrama de la psiquiatra se entrega a cierta dejadez, bajando el ritmo del metraje, este discurrir de las tres historias muestra una cohesión narrativa magnífica, apelando siempre, como ya hemos apuntado, a una realización tan sólida como vibrante, con algunos planos brillantes recordándonos al mejor M. Night Shyamalan y un reparto muy solvente comandado por un James McAvoy en el que nos detendremos más adelante por motivos obvios.




Múltiple es una producción tan consecuente consigo misma que retratando a un personaje con varias personalidades también se aventura en la feliz idea de ser tres películas en una. La primera, que abarca la mayor parte del metraje es una cinta de intriga creciéndose a la hora de entregarse sin miramientos a la violencia psicológica y a la claustrofobia experimentada por las tres co protagonistas al verse encerradas en una localización desconocida a manos de un hombre totalmente perturbado con el que Shyamalan se adentra en teorías científicas sobre la complejidad de la mente y cómo esta puede llegar a someter al cuerpo humano. La segunda toma lugar en la media hora final convirtiendo el proyecto en una obra de terror puro. Algo perceptible no sólo en los acontecimientos a los que asistimos en pantalla, sino también en la puesta en escena de Shyamalan pasando de la elegancia y planificación meticulosa previa a una visceralidad cruda, peligrosa, aumentando de manera notable la incomodidad del espectador con respecto al devenir de acontecimientos dentro del argumento. La última, que realmente no es tal, tiene lugar en la escena final de la cinta. El famoso giro “made in Shyamalan”, que la redefine completamente, haciéndonos replantearnos todo lo visto. No porque se nos haya escapado algo, sino porque las intenciones y el fin del autor no eran los que esperábamos. Aunque a lo largo de toda la película va dejando pistas, pero la idea era demasiado brillante para que el espectador acabara aceptándola.




Al buen hacer en el guión y la dirección por parte de un M. Night Shyamalan al que hacía años no veíamos tan competente se une su mayor cómplice para que Split salga adelante como atípico experimento cinematográfico dentro de la industria de Hollywood. El escocés James McAvoy deja de lado su perfil heróico y de hombre íntegro (que sólo ha abandonado en puntuales ocasiones, como en Filth) para enfundarse la(s) piel(es) de un rol que abordado inadecuadamente podría haber caído en el mayor de los ridículos por culpa de la sobreactuación, la impostura o el dramatismo mal digerido. Por suerte nuestro Charles Xavier ofrece todo un recital de composición a la hora de dar vida a su poliédrica criatura hasta tal punto, no sólo de parecer distintas personas confinadas en una sola, sino también sumergiéndonos en la fisicidad que confirma el desdoblamiento del protagonista cuando la platea llega a pensar que Dennis, Hedwig, Patricia o Barry son personas diferentes interactuando entre ellas en la misma localización orgánica. La entrega del protagonista de Atonement o Trance llega a cotas de explicitud salvajes en la recta final del metraje, cuando el dominio de su lenguaje corporal y potencia física rigen el núcleo narrativo del clímax dando el golpe de gracia a una labor interpretativa tan mayúscula que llega eclipsar el remarcable trabajo de sus compañeras de pantalla, Destacando una muy convincente Anya Taylor Joy (La Bruja) como Casey y una soberbia Betty Buckley (Carrie) como la Doctora Fletcher.




Múltiple confirma la recuperación de un M. Night Shyamalan que ha vuelto a ganarse el favor del público y gran parte de la crítica demostrando encontrarse más cómodo abordando proyectos medianamente independientes en los que cuenta con menos presupuesto, pero más control artístico. La naturaleza humilde (sólo en apariencia, ese giro final la revela como un proyecto más ambicioso de lo que parece por motivos lógicos) de su último trabajo detrás de las cámaras ha jugado totalmente a su favor y él ha sabido, una vez más después de La Visita, aprovechar la oportunidad para reverdecer unos laureles completamente secos desde hace más de una década. Después de años de varapalos de la prensa especializada, una taquilla que le daba la espalda y unos premios Razzie cebándose con él de manera desmesurada hoy podemos decir que hay futuro en la carrera de uno de los directores que mejor representan cuán caprichoso puede ser el mundo de Hollywood. Capaz de encumbrar en tiempo récord a un cineasta que con sólo dos películas más tras su primer gran éxito se introdujo en un pozo sin fondo de proyectos fallidos o incomprendidos (el que esto suscribe sigue viendo magia en La Joven del Agua y disfruta mucho de The Last Airbender) del que le ha costado mucho salir y en el que esperemos nunca vuelva a caer.


Glass (2019)



Título Original Glass (2019)
Director M. Night Shyamalan
Guión M. Night Shyamalan
Reparto James McAvoy, Bruce Willis, Samuel L. Jackson, Sarah Paulson, Anya Taylor-Joy, Shayna Ryan, Spencer Treat Clark, Charlayne Woodard, Luke Kirby, Rob Yang, Brian Donahue, Adam David Thompson, Marisa Brown, Kyli Zion




La última, y sorprendente, escena de Múltiple (Split) nos dejaba clara la veracidad de aquel rumor que invadió la red en la época de su estreno internacional convertido casi en un secreto a voces. La aparición en forma de cameo del David Dunn al que dio vida Bruce Willis en El Protegido (Unbreakable) mencionando el nombre de Mr Glass convertía la cinta protagonizada por un desdoblado James McAvoy en una especie de spin off o secuela localizada en el mismo microcosmos ficcional de la cuarta, y posiblemente mejor, película del cineasta M. Night Shyamalan. Tras el buen recibimiento de su último trabajo y una vez desvelado el secreto escondido en el final de su metraje el hindú anunció su intención de convertir dicho díptico en una trilogía sumándole una última entrega en la que recuperaría a los personajes de David Dunn y Mr Glass para verse las caras con Kevin/La Horda/La Bestia y cuyo estreno se situaría a finales de 2018 o inicios de 2019. Para llevar acabo el proyecto volvería a unir fuerzas con Jason Blum, máximo responsable de la productora Blumhouse y encargado de financiar sus últimos largometrajes. El rodaje se llevó a cabo entre octubre de 2017 y febrero de 2018, principalmente en Philadelphia, y en su reparto contó, además de con los inevitables Bruce Willis, Samuel L Jackson y James McAvoy, con secundarios como Sarah Paulson (American Horror Story) o Spencer Treat Clark y Charlayne Woodward, recuperando sus roles de Unbreakable, y Anya Taylor-Joy, haciendo lo propio con el que dio vida en Split.




Unos días antes de su puesta de largo internacional, el 18 de enero, comenzaron a llegar las primeras impresiones de la crítica americana sobre la película y poco después las españolas. Mientras en Estados Unidos y latinoamérica eran mayoritariamente negativas y nada amables con la obra en España los elogios hacia ella y la labor de su autor no se hicieron esperar. Ante el dilema de hacer caso a unos u otros, con un notorio contraste entre furibundos detractores y amantes incondicionales del guionista de Stuart Little, recurrimos a lo más obvio en estos casos. Ver la película por nuestra cuenta y sacar conclusiones sobre ella. Si hacemos caso a las declaraciones de M. Night Shyamalan durante la promoción de Glass esta será la última entrega de una saga que finalmente será oficializada como una trilogía. Si esto es cierto el cierre de lo que ya se conoce como la Eastrail 177 Trilogy no sólo está a la altura de las circunstancias, sino que se revela como la despedida ideal de este microcosmos con el que el director de El Bosque (The Woods) ofrece sincero tributo al mundo de la viñeta superheróica. Una propuesta potente, emocionante e imperfecta repleta de hallazgos, resoluciones visuales memorables y un uso del metalenguaje y la simbología como conductores de muchas de las inquietudes autorales de un talentoso artesano viviendo actualmente una segunda vida profesional sustentada en la autoconsciencia y esa necesaria humildad que ha salvado su carrera.




Contrariamente a lo que se ha insinuado en la promoción y los trailers Glass no comienza en el psiquiátrico en el que se ven confinados Elijah Price, Kevin y David Dunn, ya que estos últimos se encuentran en libertad y sólo el personaje de Samuel L. Jackson permanece allí como nos hizo entender el cartel que ponía cierre a El Protegido (Unbreakable). De manera que la última producción de M. Night Shyamalan dedica sus primeros compases a localizar espaciotemporalmente a las criaturas de Bruce Willis y James McAvoy, hacerlos interactuar por primera vez en pantalla y explicar el motivo por el que son ingresados en el sanatorio mental. Este arranque vigoroso, inteligente, bien construido y sólo empañado ligeramente por unas secuencias de acción físicas poco competentes, la eterna asignatura pendiente del autor de El Incidente, pone en entredicho esa declaración extendida por la red de que la primera hora de Glass es bastante lenta y notablemente aburrida. Nada más alejado de la realidad en este caso. El guionista y director pone las fichas sobre el tablero apelando a una inteligencia fuera de toda duda a la hora de crear expectación y contextualizar el tono de obra bífida aunando sus dos maneras de entender la realización cinematográfica, algo en lo que incidiremos a continuación, y haciendo chocar como una pareja de trenes, nunca mejor dicho, a dos de los personajes más icónicos de su filmografía.




Esta afirmación viene dada debido a que un servidor defiende, y creo no encontrarme sólo con esta teoría por lo leído y visto en la red, que la puesta en escena de M. Night Shyamalan ha cambiado con el paso de los años, notándose especialmente en sus últimos trabajos. Aquella meticulosidad, cadencia, descompresión narrativa o tempo reposado para que cada plano pudiera respirar en pantalla de sus primeros films populares ha ido desapareciendo y mutando en algo más visceral, directo y mucho menos propenso al minimalismo y la simbología. Pero en Glass cristaliza, como no podía ser menos, la feliz idea de mutar estos dos estilos por parte de su creador a la hora de acometer su manera de entender el medio cinematográfico. Por ello en su último trabajo se produce una interacción entre esos dos M. Night Shyamalan. El autor lo ejecuta siguiendo los pasos de David Dunn y su hijo (ejerciendo este como una especie de Alfred Pennyworth u Oráculo de su padre) con una visión mesurada o contenida y paralelamente acentuando la tensión, el peligro constante y la imprevisibilidad al centrarse en la subtrama de Kevin. Cuando héroe y villano se encuentran por primera vez, tiene lugar el “crossover”, y se enfrentan físicamente Glass condensa y amalgama estas perspectivas antagónicas para dar forma a un producto más rico, ecléctico y con múltiples posibilidades argumentales posteriormente desarrolladas y cohesionadas cuando Mr Glass, nuestro metanarrador, entra en escena y da forma al triángulo sobre el que se construirá la segunda mitad de la película.




En el momento en que la trama se localiza en la institución mental Glass se convierte en una película de personajes y ahí es donde encuentra una de sus mayores fortalezas. Cuando el trío de protagonistas se ve confinado en dicho emplazamiento y dan inicio las sesiones impartidas por la doctora Ellie Staple, especializada en delirios de grandeza, la película comienza a desplegar su abanico de posibilidades narrativas especialmente localizadas en Mr Glass, clave para entender el film y todo su trasfondo. Para dar profundidad a sus tres “superhombres” Shyamalan recupera tres secundarios pertenecientes a los dos films previos siendo estos de vital importancia para el desarrollo de acontecimientos durante el segundo y, sobre todo, tercer acto. Por un lado Joseph, el hijo de David Dunn, ejercerá como defensor de la naturaleza sobrenatural de su padre, por otro Mrs Price repetirá su rol de madre abnegada creyente en la buena voluntad de Elijah ya interpretado en El Protegido y Casey Cooke acabará covirtiéndose en él único anclaje con la realidad y la estabilidad psicológica de Kevin. Spencer Treat Clark, Charlayne Woodard y Anya Taylor-Joy consiguen con su labor potenciar la de sus familiares y allegados en la ficción, enriqueciendo las composiciones ejecutadas por estos con un pletórico James McAvoy devorando cada encuadre, un carismático Samuel L. Jackson abordando un “villano” repleto de giros argumentales y sorpresas o un Bruce Wills contenido, vulnerable, cercano, pero en gran parte eclipsado por sus compañeros. Nota aparte para Sarah Paulson, abordando con notable eficiencia a esa entregada psiquiatra que afirma no creer en los supuestos poderes de sus pacientes.




La recta final de Glass es una declaración de principios por parte de M. Night Shyamalan. Una reafirmación de la idiosincrasia adscrita a sus personajes como seres excepcionales cuya presencia en nuestra sociedad se antoja necesaria por mucho que haya quien quiera eliminarlos, como si “la realidad” intentara ahogar a “la ficción” hasta hacerla exhalar su último hálito de vida. Por medio de un simbolismo nada críptico el guionista y director reflexiona sobre los cómics, esta trilogía, su carrera o el lugar que ocupa como narrador de historias en Hollywood actual. Apelando así a temas recurrentes de su cine como la fe, la redención o ese “gran poder que conlleva grandes responsabilidades” volviendo a remitirnos al mundo de las viñetas. El círculo se cierra en el instante en el que nuestro demiurgo particular es testigo de la reinterpretación real, gracias a sus dos creaciones y el enfrentamiento final compartido por ambos, de la portada de aquel Active Cómics #1 que lo cambió todo para él. Con Glass termina ese trayecto iniciado hace casi veinte años con el descarrilamiento del Eastrail 177 y se despide en esa estación donde somos testigos de la imposibilidad de poner barreras a la imaginación, a nuestra capacidad de viajar a otros universos, a aquello que promulgaba Luis Buñuel sobre crear ficción porque “este en el que vivimos no es el mejor de los mundos”. El viaje del héroe es tanto cíclico como atemporal y no hay dosis de realidad capaz de arrebatarnos algo tan valioso.



martes, 7 de febrero de 2017

Múltiple (Split)



Título Original Split (2016)
Director M. Night Shyamalan
Guión M. Night Shyamalan
Reparto James McAvoy, Anya Taylor Joy, Betty Buckley, Brad William Henke, Haley Lu Richardson, Sterling K. Brown, Kim Director, Sebastian Arcelus, Lyne Renee, Neal Huff, Jessica Sula, Maria Breyman, Steven Dennis, Peter Patrikios, Matthew Nadu





Después de años convertido en “veneno para la taquilla” y siendo vilipendiado por crítica y público con todos y cada uno de sus proyectos entre los que se encuentran El Bosque (The Village), La Joven del Agua, El Incidente, The Last Airbender o After Earth, en la promoción de este último incluso se ocultó en la medida de lo posible su nombre para que no destacase en manera alguna, en 2015 con la, más o menos, independiente y humilde La Visita el cineasta norteamericano de origen hindú M.Night Shyamalan parecía volver a recuperar el norte y a dar considerables muestras de seguir siendo aquel director que revolucionó Hollywood en las postrimerías del siglo XX con piezas como El Sexto Sentido o El Protegido (Unbreakable) Dicha cinta en formato found footage protagonizada por dos peculiares ancianos y moviéndose a placer entre el terror y la comedia negra supuso una luz al fondo del oscuro túnel en el que estaba convirtiéndose la carrera de su creador. Múltiple, Split en su título original, su último trabajo detrás de las cámaras producido en colaboración con Blumhouse (hogar de sagas como Insidious o Paranormal Activity) y protagonizado por James McAvoy las jóvenes actrices Anya Taylor Joy, Haley Lu Richardson, Jessica Sula o la veterana Betty Buckley es la confirmación de que el autor de Señales por fin vuelve al buen camino tras más de una década en la que llegó a convertirse (unas veces de manera justa, otras no) en la risión de la industria, de nuevo está ofreciendo piezas destacables haciendo honor a su talento como narrador de historias.





El punto de partida de Split es genérico y lo hemos visto millones de veces, en ese sentido la cinta no inventa nada. Tres chicas adolescentes son secuestradas por Kevin, un hombre que sufre un desdoblamiento de nada más y nada menos que 23 personalidades entre las que se encuentran las del enfermizo Dennis, obsesionado con la suciedad, una mujer posesiva llamada Patricia, un diseñador de moda que responde al nombre de Barry o Hedwig, un niño de nueve años. Varias de esas personalidades advierten al resto de personajes de la obra la próxima llegada de una nueva, la número 24, conocida como “La Bestia”, cuya naturaleza no parece humana y que pondrá en peligro la integridad física del trío de adolescentes secuestradas por Kevin. Esta es la premisa del largometaje, y como acabamos de mencionar tiene poco de original, pero M. Night Shyamalan se guarda unos cuantos ases en la manga (y no me refiero sólo al famoso twist que rara vez falta en sus films, aquí también haciendo acto de presencia) permitiendo aumentar exponencialmente la sencilla naturaleza de thriller adscrita a Múltiple para convertirlo en una criatura multiforme que se adentra en distintos tipos de géneros cinematográficos funcionando en prácticamente todas sus vertientes.




Múltiple, al igual que La Visita, arregla uno de los problemas más graves que arrastraban los últimos trabajos de M.Night Shyamalan, la incosistencia de sus guiones, ya que en cuanto a puesta en escena el cineasta de origen hindú siempre ha dado muestras de poderosa inventiva y una peculiaridad cinemática fuera de toda duda hasta en sus horas más bajas. La escritura del último largometraje del norteamericano esta sustentada en la sutilidad, la sugestión más que la explicitud, la elegancia y el control del tempo narrativo. Tres tramas avanzan paralelas en Split. La centrada en el confinamiento y asedio al que el personaje protagonista somete a las chicas secuestradas, la amparada en la relación de este con su psiquiatra, la Doctora Fletcher, y la que por medio de flashbacks nos enseña un momento concreto de la infancia del personaje de Casey definiendo su presente y actos durante su encarcelamiento. Salvo un par de momentos en los que la subtrama de la psiquiatra se entrega a cierta dejadez bajando el ritmo del metraje este discurrir de las tres historias muestra una cohesión narrativa magnífica, apelando siempre, como ya hemos apuntado, a una realización tan sólida como vibrante, con algunos planos brillantes recordándonos al mejor M. Night Shyamalan y un reparto muy solvente comandado por un James McAvoy en el que nos detendremos más adelante por motivos obvios.




Múltiple es una producción tan consecuente consigo misma que retratando a un personaje con varias personalidades también se aventura en la feliz idea de ser tres películas en una. La primera, que abarca la mayor parte del metraje es una cinta de intriga haciéndosw a la hora de entregarse sin miramientos a la violencia psicológica, a la claustrofobia experimentada por las tres co protagonistas al verse encerradas en una localización desconocida a manos de un hombre totalmente perturbado con el que Shyamalan se adentra en teorías científicas sobre la complejidad de la mente y cómo esta puede llegar a someter al cuerpo humano. La segunda toma lugar en la media hora final convirtiendo el proyecto en una obra de terror puro. Algo perceptible no sólo en los acontecimientos a los que asistimos en pantalla, sino también en la puesta en escena de Shyamalan pasando de la elegancia y planificación meticulosa previa a una visceralidad cruda, peligrosa, aumentando de manera notable la incomodidad del espectador con respecto al devenir de acontecimientos dentro del argumento. La última, que realmente no es tal, tiene lugar en la escena final de la cinta. El famoso giro “made in Shyamalan”, que la redefine completamente, haciéndonos replantearnos todo lo visto. No porque se nos haya escapado algo, sino porque las intenciones y el fin del autor no eran los que esperábamos. Aunque a lo largo de toda la película va dejando pistas, pero la idea era demasiado brillante para que el espectador acabara aceptándola.




Al buen hacer en el guión y la dirección por parte de un M. Night Shyamalan al que hacía años no veíamos tan competente se une su mayor cómplice para que Split salga adelante como atípico experimento cinematográfico dentro de la industria de Hollywood. El escocés James McAvoy deja de lado su perfil heróico y de hombre íntegro (que sólo ha abandonado en puntuales ocasiones, como en Filth) para enfundarse la(s) piel(es) de un rol que abordado inadecuadamente podía haber caído en el mayor de los ridículos por culpa de la sobreactuación, la impostura o el dramatismo mal digerido. Por suerte nuestro Charles Xavier ofrece todo un recital de composición a la hora de dar vida a su poliédrica criatura hasta tal punto, no sólo de parecer distintas personas confinadas en una sola, sino también adentrándonos en la fisicidad que confirma el desdoblamiento del protagonista cuando la platea llega a pensar que Dennis, Hedwig, Patricia o Barry son personas diferentes interactuando entre ellas en la misma localización. La entrega del protagonista de Atonement o Trance llega a cotas de explicitud salvajes en la recta final del metraje, cuando el dominio de su lenguaje corporal y potencia física rigen el núcleo narrativo del clímax final dando el golpe de gracia a una labor interpretativa tan mayúscula que llega eclipsar el remarcable trabajo de sus compañeras de pantalla, Destacando el de una a muy convincente Anya Taylor Joy (La Bruja) como Casey y el de una soberbia Betty Buckley (Carrie) como la Doctora Fletcher.




Múltiple confirma la recuperación de un M. Night Shyamalan que ha vuelto a ganarse el favor del público y gran parte de la crítica demostrando encontrarse más cómodo abordando proyectos medianamente independientes en los que cuenta con menos presupuesto, pero con más control artístico. La naturaleza humilde (sólo en apariencia, ese giro final la revela como un proyecto más ambicioso de lo que parece por motivos lógicos) de su último trabajo detrás de las cámaras ha jugado totalmente a su favor y él ha sabido, una vez más después de La Visita, aprovechar la oportunidad para reverdecer unos laureles completamente secos desde hace más de una década. Después de años de varapalos de la prensa especializada, una taquilla que le daba la espalda y unos premios Razzie cebándose con él de manera desmesurada hoy podemos decir que hay futuro en la carrera de uno de los directores que mejor representan cuan caprichoso puede ser el mundo de Hollywood. Capaz de encumbrar en tiempo récord a un cineasta que con sólo dos películas más después de su primer gran éxito se introdujo en un pozo sin fondo de proyectos fallidos o incomprendidos, el que esto suscribe sigue viendo magia en La Joven del Agua y disfruta mucho de The Last Airbender del que le ha costado mucho salir y esperemos nunca vuelva a caer.



domingo, 27 de septiembre de 2015

La Visita



Título Original The Visit (2015)
Director M. Night Shyamalan
Guión M. Night Shyamalan
Actores Olivia DeJonge, Ed Oxenbould, Deanna Dunagan, Peter McRobbie, Kathryn Hahn, Celia Keenan-Bolger, Samuel Stricklen, Patch Darragh




Fue en 1999 con el estreno de su tercer largometraje, El Sexto Sentido (no muchos saben que su aquí inédita ópera prima Praying With Anger y la posterior Wide Awake son sus dos primeros trabajos detrás de las cámaras) y su posterior éxito de crítica y público cuando se hizo conocido el nombre del cineasta norteamericano de origen hindú M. Night Shyamalan. Aquella historia sobre fantasmas con una puesta en escena brillante, un trío de actores (Bruce Willis, Haley Joel Osment y Toni Collete) magníficos y un soberbio guión que nos guardaba un inesperado, coherente y ya mítico giro final se convirtió en la carta de presentación de un director al que algunos se apresuraron a tildar de “el nuevo Steven Spielberg“. Sólo un año después volvió a aunar fuerzas con Bruce Willis, al que se sumó su compañero de reparto en Pulp Fiction y La Jungla de Cristal: La Venganza (Die Hard: With A Vengenace) Samuel L. Jackson, para dar una interesante vuelta de tuerca al cine protagonizado por superhéroes deudores del mundo del cómic con una cinta de culto como El Protegido, que por otro lado no dejó del todo satisfechos a aquellos que esperaban una continuación lógica de El Sexto Sentido. En 2002 llegó Señales, protagonizada por Mel Gibson y Joaquin Phoenix, y con esta pieza minimalista sobre extraterrestres que invaden nuestro planeta, que mezclaba con no siempre acertado tino el terror con la comedia, se confirmó la irregularidad en la impronta de su autor al afirmar el espectador encontrarse frente a una película que poseía momentos brillantes (ese grabación en el cumpleaños) alternados con otros que producían cierta vergüenza ajena (todo lo relacionado con el punto débil de los invasores era de una estupidez supina) y a partir de ahí la prometedora carrera de M. Night Shyamalan comenzó a ir preocupante descenso.




Ya en 2004 se rodeó de un magnífico reparto con jóvenes promesas como Bryce Dallas Howard o Adrien Brody y veteranos como William Hurt o Sigourney Weaver para narrarnos la historia de El Bosque, film vendido como una película de terror que resultó no ser y que, aunque aguantaba su primer twist de guión, se hundía con el segundo que remataba un libreto lleno de agujeros e incoherencias. La Joven del Agua llegó dos años después y ya tanto taquilla como prensa especializada le habían cogido el gusto a despellejar, unas veces con más motivo que otras, sus producciones. Este relato fantástico protagonizado, de nuevo, por la hija de Ron Howard a la que acompañaba Paul Giamatti entre otros, mereció más suerte, pero confirmó no sólo que Shyamalan no era el de antes por mucho que todavía fuera capaz de rematar escenas visualmente potentes sino también que su megalomanía (ese papel que se reserva a sí mismo como “cuentacuentos de sobrenatural talento”, una demostración de egolatría sonrojante) era directamente proporcional a la pérdida de calidad de sus trabajos. La insostenible El Incidente con Mark Whalberg y Zoey Deschannel, su infravalorada pero rudimentaria incursión en el cine familiar con la adaptación a imagen real que realizó de la serie animada de Nickleodeon, Airbender o la vapuleada After Earth protagonizada por Will Smith e hijo y en la que se eliminó su nombre de prácticamente todo el material relacionado con la promoción del film, confirmaron nada más y nada menos que ya tanto el público como la mayor parte de la crítica hacían leña con un árbol que llevaba más de una década caído y pateado.





Tampoco empezó Shyamalan muy bien el presente 2015 cuando vio cómo la serie de televisión que él mismo apadrinó, Wayward Pines, con un reparto de caras conocidas como Matt Dillon, Carla Gugino, Toby Jones o Melissa Leo y una temática deudora de Twin Peaks no pasaba de su primera temporada por culpa de la escasa audiencia que la cadena Fox consiguió con su emisión. Puede que por sentirse el punching ball de Hollywood, encadenando fracaso tras fracaso y habiendo perdido tanto a muchos de sus fans irredentos como la confianza de los productores, por fin decidió tomar una elección acertada con respecto a revitalizar su carrera como cineasta. Ejerciendo como productor, guionista y director puso en marcha un modestísimo proyecto adscrito al manoseado formato found footage (metraje encontrado o falso documental, nombre con el que se ha conocido siempre a este tipo de films) llamado La Visita que le ha devuelto, en gran parte, tanto el favor de la crítica como el del público. Una cura de humildad condensada en 94 minutos de metraje que nos devuelven, puede que no al M. Night Shyamalan más personal, pero sí a uno en plena forma, con ganas de experimentar con los límites del género contando una historia mínima, de una sencillez desarmante, que atesora en su interior una de las propuestas más interesantes de lo que llevamos de 2015, una rara avis dentro de la maquinaría de Hollywood que seguramente nunca hubiera sido gestada si su autor no hubiera decidió abordarla como una producción independiente y supuestamente menor. El resultado, contra todo pronóstico, es la mejor pieza salida de la mano del hindú desde los tiempos de Unbreakable.




La semana que dos hermanos adolescentes pasan alejados de su madre para conocer por primera vez a sus abuelos en Pensilvania es el campo de batalla donde M. Night Shyamalan irá colocando estratégicamente sus pocas pero potentes fichas para ofrecer un producto que auna calidad y comercialidad con intachable sabiduría aún siendo un proyecto que nace, más o menos, fuera de las fronteras del Hollywood más ortodoxo. Al poco tiempo de estar en la casa los dos niños comienzan a descubrir un extraño comportamiento en sus abuelos. Ella da paseos nocturnos arrastrándose por el suelo desnuda, golpeando el moviliario o arañando las paredes, mientras, él parece tener un comportamiento huraño, intrigante y pasando muchas horas del día en el misterioso cobertizo colindante a la casa familiar. En el proceso, Becca, la aspirante a cineasta que está rodando con su cámara un documental sobre la infancia de su madre estará completamente convencida que los comportamientos peculiares, peligrosos en ocasiones, de sus abuelos tienen lugar debido a su avanzada edad. Por otro lado Tyler, que se dedica a componer rap con sus vivencias y “líos con las nenas” no se quita de la cabeza que algo inusual está pasando con ellos y que lo que para su hermana son achaques por la edad para él son otra cosa más retorcida. Esta doble idea sobre lo que puede estar pasándole al matrimonio de ancianos es sobre la que se vertebra el largometraje y a pesar de su sencillez y la posibilidad de caer en la reiteración el guionista y director sabe aprovecharlo al máximo sacando oro de una idea tan aparentemente poco atractiva y tópica como esta.




En un gesto de valentía que le honra, Shymalan decide que su último largometraje sea tanto una cinta de terror como una comedia de humor negrísimo (al menos para el tono del que él solía utilizar en films como Señales o La Joven del Agua, que por su naturaleza más de ciencia ficción o fantasía son los films con más situaciones cómicas en sus respectivos metrajes de su carrera). Por lo tanto las situaciones en las que tememos por la integridad física y psicológica de los dos hermanos debido a compartir inmueble con dos peculiares ancianos a los que hasta ese momento no conocían son alternadas con las situaciones en las que el asombro producido por los surrealistas y rocambolescos actos de dichos miembros de la tercera edad despiertan la risa y hasta carcajada de la sala. Por ello es fácil que en pocos minutos el espectador de un respingo en la butaca con alguna escena de intriga bien ejecutada (con una en concreto un servidor se asustó como hacía años que no lo hacía en una multisala) para después llegar a lo descacharrante con alguna de las ocurrencias o acciones de los personajes. Sirva como ejemplo de síntesis para lo que comento la escena de la persecución debajo de la casa con momentos brillantes de control del tempo narrativo y la tensión para instantes después desembocar en un momento de catarsis cómica (esa falda subida que enseña más de lo que debe) que la platea recibe carcajeándose. Este equilibrio, que es mucho más sutil que recurrir al típico terror cómico del subgénero gore, es una de las mayores virtudes de La Visita gracias a el talento de Shyamalan por mantener en todo momento el suspense y la sensación de amenaza global pero aderezando estas ideas con situaciones descacharrantes que no rompen el tono, ni desequilibran la homogeneidad del film como producto cinematográfico compacto.




Para que el terror tome forma en pantalla Shyamalan se hace fuerte con, posiblemente, la única identidad de su estilo que no ha perdido fuerza con el paso de los años y la realización de producciones fallidas y no es más ni menos que su magnífica puesta en escena. Hasta un producto tan irregular (puede que hasta fallido) como El Incidente contenía momentos en los que la fuerza visual de Shyamalan hipnotizaba con su impronta, como aquellos obreros saltando voluntariamente del rascacielos en construcción que sintetizaban con coherencia la conceptualidad de la obra o aquella mujer clavándose la aguja de punto en el cuello. En aquella producción de 2008 podíamos encontrar una secuencia brutal en la que una mujer de la tercera edad comenzaba a actuar de manera violenta autoinglingiéndose heridas golpeando su cabeza con las paredes y ventanas de su casa. Dicha escena es el germen de La Visita, una producción que utiliza a personas propias de la ancianidad que nos transmiten a un nivel social y emocional vulnerabilidad y candor para convertirlos aquí en individuos peligrosos, que realizan actos temerarios, violentos e incluso escatológicos (esos pañales y el uso que se hace con uno de ellos en el clímax final) y sin saber en ningún momento cuál será la próxima barbaridad que lleven a cabo. Pero no sólo del talento de cineasta se sirve la tensión acerada del proyecto que nos ocupa, a que esa inquietud se haga palpable, terrenal, mundana, ayuda la enorme labor de dos actores en estado de gracia como los semidesconocidos Deanna Dunagan y Peter McRobbie que dan vida a la pareja de abuelos hardcore de la cinta y que saben transmitir sin esfuerzo alguno intimidación física y psicológica cuando la historia lo requiere o falsa vulnerabilidad en momentos puntuales cuando la narración lo exige.




Pero en un triple salto mortal sin red Shyamalan decide por medio de la escritura que esta misma pareja también sea uno de los pilares sobre los que se sustenta el humor negro de La Visita. Las barbaridades que llevan a cabo esta “extraña pareja” en ocasiones son tan siniestras y descerebradas que despiertan las simpatías de un público que si entra en el juego de moderada morbidez y malignidad del cineasta hindú podrá disfrutar de momentos de alto voltaje cómico con situaciones que en la realidad tendrían más bien poca gracia. Pero no sólo en la tercera edad se sustenta el tono más hiriente y travieso de La Visita, ya que tenemos la presencia de una especie de Aaron Carter (y eso que odia las Boys Band con toda su alma) adolescente con ínfulas de rapero blanco, maniático de los gérmenes y tan dado a soltar palabras malsonantes (suponemos que debido a su alma de MC dedicado al hip-hop) que decide sustituir estas por el nombre de cantates pop que se lleva los mejores golpes de humor de la velada. El australiano Ed Oxenbolud es el descubrimiento de lo último de Shyamalan, un pequeño gran actor carismático, chulesco, gamberro que se gana al espectador con pasajes como ese “Me acabo de quedar ciego” después de ver a su abuela arañar de manera demencial las paredes de la casa en estado de desnudez, bromeando con su hermana Becca (una Olivia DeJonge competente, pero totalmente eclipsada por sus tres compañeros de reparto) a la hora de imitar a la anciana haciendo sus carreras nocturnas, tratando de poner buena cara durante el arranque del clímax final del film con la partida de dados o interviniendo durante los créditos finales de la película. Todo un cabroncete cuyas salidas de tono, barrabasadas y caras de asombro sirven como vía de escape al suspense que la trama central va tejiendo con sabiduría y contención.




Retorciendo tanto el subgénero found footage que en ocasiones llega a convertirse en una incisiva parodia de la saga Paranormal Activity, con una escritura tan inteligente y medida que cuando pensamos que la obra se va a convertir en una potente metáfora sobre la soledad a la que se ven abocada nuestros mayores cuando llegan a la senectud por medio del mejor y más acertado giro de guión de su filmografía en muchos años cambia totalmente su lectura y subtexto, tomando apuntes de distintos tipo de obras de ficción que van desde el terror oriental hasta las novelas (o sus adaptaciones catódicas) del escritor canadiense R.L Stine como las de la colección juvenil Goosebumps (Pesadillas, aquí en España) pasando por el humor cafre (aunque aquí adaptado para una calificación PG-13) de las producciones ideadas por Seth Rogen y Evan Goldberg, añadiendo breves apuntes de drama deudores de la visión de las familias desestructuradas que la influencia spielbergiana ha tenido a lo largo de toda su filmografía, M. Night Shyamalan vuelve con mucha potencia al terreno en el que se curtió como “eterna promesa”, tratando ahora de redimirse por tanta labor fallida desde principios de la década pasada. Por el camino nos quedamos satisfechos con esta La Visita que gracias a su valentía, modestia, naturaleza híbrida y mala baba se convierte en una de las propuestas más memorables de lo que llevamos de 2015. Un proyecto humilde, sin pretensiones, que el director hindú necesitaba como el respirar y del que otros cineastas que comenzaron en el cine independiente y que hoy driblan con megaproducciones que les han robado tanto la salud como la personalidad podrían tomar nota para encauzar sus erráticas carreras. El autor de un largometraje como este, que consigue algo tan complicado como que durante algún tiempo miremos con desconfianza a nuestros mayores, merece una nueva oportunidad para volver, puede que no a ser grande, pero sí un artesano respetado (y solicitado) nuevamente por la industria cinematográfica.


lunes, 22 de noviembre de 2010

Airbender, el Último Guerrero, el retorno del Avatar



Título Original:
The Last Airbender (2010)
Director: M. Night Shyamalan
Guión: M. Night Shyamalan basado en la serie animada de Michael Dante Dimartino & Bryan Konietzko
Actores: Noah Ringer, Dev Patel, Jackson Rathbone, Nicola Peltz, Shaun Toub, Aasif Mandvi, Cliff Curtis, Jessica Andres, Seychelle Gabriel, Keong Sim


Trailer


Cuando el director americano de origen hindú, M. Night Shyamalan, dirigió su tercer y más célebre film, El Sexto Sentido, consiguió poner a sus pies tanto a público como crítica. Proclamando todos ellos que esa excelente cinta de terror (más psicológico que físico) protagonizada por Bruce Wills, su peluquín, Haley Joel Osment y Toni Collete servía como carta de presentación de un realizador al que muchos se aventuraron a nombrar, apresuradamente, como el nuevo Steven Spielberg.




Un año después en su posterior (y para un servidor aún soberbia) obra, El Protegido (Unbreakable) se empezaron a escuchar las primeras voces discordantes en contra de su estilo narrativo y su discurso cinematográfico no acorde con los gustos de todo tipo de público. Más tarde, en 2002, Señales confirmó que Shyamalan perdía fuelle. En la cinta protagonizada por Mel Gibson se alternaban escenas soberbias con una tensión notable, con otras de directamente producían vergüenza ajena. A partir de ahí todo fue una debacle.




El Bosque (The Village) supuso un engaño enervante para muchos espectadores, sobre todo cuando fue vendida en su trailer como lo que no era, una cinta de género terrorífico que más tarde no fue tal. Una obra aceptable, con algunos altibajos, hasta que llega el momento de su primer giro de guión, pero inviable y ridícula cuando da la cara el segundo. Dos años después, allá por 2006, rodó La Joven Del Agua, para mí largometraje muy irregular pero también logrado, con mucha personalidad y un microcosmos propio que fue masacrado impunemente.




Por último, en 2008, nos llegó El Incidente (The Happening) incosistente film con manido mensaje ecologista que contenía en su interior el mismo lastre que este señor lleva cargando desde hace años. Una buena dirección, algunos momentos brillantes en la realización técnica, pero una total inconsistencia en el guión y un fracaso considerable a la hora de rematar sus productos, por añadir esos finales supuestamente sorprendentes que son una de sus señas de identidad más identificativas y que paradójicamentre se suelen convertir en su peor enemigo.




Este año ha llegado a nuestras pantallas el último trabajo del director, The Last Airbender. Las malas críticas y el boca a boca tildándola de aburrida, incoherente y ridícula no se hicieron esperar. Es cierto que muchas personas (entre las que me incluyo) nos cebamos con el bueno de Shyamalan, hacemos coñas con sus fallos y tics autorales como cineasta. Pero por otro lado también respeto a sus incondicionales que disfrutan al 100% con sus films y que lo tildan de genio incomprendido. Yo en esta ocasión no me pongo ni en un lado ni e otro, pero no puedo negar que he disfrutado mucho su última película y que no logro comprender porque se la ha tratado tan severamente.




The Last Airbender adapta a imagen real la excelente serie Avatar, The Last Airbender, The Legend of Aang del canal de animación americano Nickelodeon. Avatar está inspirada en un mundo fantástico dividido en cuatro naciones, cada una de ellas representa (y controla por medio de sus guerreros) los cuatro elementos. Tierra, fuego, agua, aire. Un día la nación del Fuego inicia una guerra contra el resto de ellas para someterlas a todas. Sólo puede poner fin a dicha reyerta la llegada del Avatar. Un maestro de origen milenario capaz de controlar los cuatro elementos, pero el mismo está representado por Aang el último maestro de la nación del aire, un niño de no más de 10 años cuyo destino es ser el elegido.




Desde mi punto de vista nadie que lea este tipo de argumento debiera pedir algo más a la última obra de Shyamalan que no sea un relato aventurero lleno de fantasía, dirigido en mayor parte a un público infantil. Eso es al menos lo que yo me he encontrado en los 103 minutos que dura el producto, que por cierto se me pasaron en un suspiro, disfrutándolos de manera considerable a lo largo y ancho de su desarrollo argumental y conceptual, que me parece bastante logrado y con un ritmo de aceptable notabilidad que no aburre en ningún momento.




M. Night Shyamalan respeta escrupulosamente lo que vendría a ser la primera temporada de la serie animada original. Utiliza toda su parafernalia, diseños, personajes y sólo falla desde mi punto de vista cuando no traslada a la pantalla el sentido del humor que el personaje de Aang tiene en los capítulos del producto catódico y que le añade un matiz de ternura que aquí brilla por su ausencia. El director y protagonista de Prayer With Anger hace un uso magnífico de una viable plasticidad en la realización, acopla con mucho oficio los muy logrados efectos digitales, encuadra con convicción y regala escenas de combate consistentes que en cierta manera carecen de violencia explícita.




El mayor problema de The Last Airbender (que realmente se subsana sin problemas, no lo neguemos) es que el sello como autor de Shyamalan, sea mejor o peor, guste más o menos, queda totalmente diluido e irreconocible durante el proyecto, en favor del espectáculo pirotécnico. Nada de sus oscuros encuadres elaborados desde la quietud, tonalidades ténebres, personajes perfilados desde un punto de vista de extrañeza vital entre cómica y dramática, se ven en su última obra y la verdad es que desde mi punto de vista es de agradecer. Porque un proyecto de esta índole no necesita sus inquietudes autorales previas, sólo requiere una artesano que haga un buen trabajo a la hora de adaptar la serie animada en la que se basa el largometraje.




Gracias al holgado presupuesto que la Paramount puso en manos del director, ese universo ensoñador lleno de hielo, fuego, aire y tierra es creíble y posee una consistencia considerable a la hora de transmitir verosimilitud (la que permite un film anclado en lo fantasioso, todo sea dicho). El diseño de producción unido a la dirección artística y al buen uso de los CGI sirven para que las localizaciones del proyecto nunca parezcan falsas o impostadas y que se transmitan a través de la pantalla esos paisajes idílicos que parecen salidos de un verdadero mundo imaginario y extraterrenal.




Airbender, el Último Guerrero no sólo me ha parecido una ejemplar cinta fantástica y de aventuras que se marca a sí misma la humilde y sencilla meta de entretener al espectador con una historia hecha para toda la familia, también la veo como el film más logrado de M. Night Shyamalan desde El Protegido (Unbreakable) conteniendo en su interior ecos que van desde La Historia Interminable a Dragon Ball pasando por Dragonquest, personajes interesantes y subtramas bastante conseguidas.




Debido al reticente recibimiento que ha tenido en general y sin saberse aún como irán las ventas en los formatos domésticos, el futuro de una secuela está en el aire, nunca mejor dicho, ya que la serie a día de hoy tiene tres temporadas de las cuatro que creo se harán finalmente y el film que nos ocupa sólo adapta la primera. Si se hacen más largometrajes yo no dudaré en verlos porque lo que el primero me ha ofrecido me ha gustado. En cambio si no se llegan a rodar, tomaré esta versión en imagen real como una conseguida curiosidad a tener en cuenta junto a la excelente serie de animación original.