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martes, 24 de abril de 2018

Leatherface, choosing mental illnes as a virtue



Título Original Leatherface (2017)
Director Alexandre Bustillo, Julien Maury
Guión Seth M. Sherwood, basado en personajes creados por Tobe Hooper y Kim Henkel
Reparto Sam Strike, James Bloor, Lili Taylor, Nicole Andrews, Stephen Dorff, Finn Jones, Jessica Madsen, Vanessa Grasse, Simona Williams, Julian Kostov






A estas alturas siete son los largometrajes vinculados con La Matanza de Texas, la mítica película del cineasta Tobe Hopper con la que redefinió el cine de terror en los años 70. Tres secuelas, un remake con su correspondiente precuela y una continuación alternativa del film original estrenada en formato estereoscópico conformaban hasta ahora el legado de Cara de Cuero y su enfermiza familia de matarifes antropófagos. Todo esto cambió cuando el pasado 2017 los responsables de Millenium Films, productora detrás de la ya mencionada Texas Chainsaw 3D, decidieron realizar la segunda precuela de la franquicia después de la muy recuperable La Matanza de Texas: El Origen, que junto al remake de 2004 al que daba génesis es la cinta más lograda desde la seminal de 1974. Para sacar adelante el proyecto contrataron los servicios del guionista Seth M. Sherwood, los cineastas franceses Alexandre Bustillo y Julien Maury y un reparto de caras jóvenes mezclándose con las de los veteranos.




Diez años después de haber sido arrebatado del seno de su demencial familia, encabezada por su  madre, Verna Sawyer (Lili Taylor), a manos del Texas Ranger Hal Hartman (Stephen Dorff) Jedidiah Sawyer (Sam Strike) se encuentra recluido en una institución mental en la que se practican métodos de tortura con los internos. La llegada de una nueva enfermera llamada Lizzy White (Vanessa Grasse) servirá como excusa para que tres pacientes con predilección por la violencia y el asesinato inicien un motín, cometan un secuestro y arrastren a un trastornado Jedidiah con ellos. Mientras el grupo huye dejando un reguero de cadáveres y caos tanto Verna como Hartman reaparecerán para saldar cuentas con el pasado y en el proceso Jed irá perdiendo la razón hasta convertirse en la versión más prematura del icónico Cara de Cuero que todos conocemos desde hace más de cuarenta años.




Leatherface, que abarca parte de la infancia y la adolescencia del protagonista de la saga, se revela como una rara avis dentro de la saga de La Matanza de Texas. Posiblemente por eso es el único episodio de la misma que no contiene el nombre de la obra primigenia ni siquiera en un probable subtítulo, como sí sucedía con aquella tercera entrega de 1990 que también fue llamada originalmente Leatherface. Cuando afirmamos esto no es porque nos encontremos ante una producción revolucionaria dentro o fuera del género al que se adscribe, pero sí por alejarse notablemente de la estructuración clásica de la franquicia que había sido respetada fielmente, con alguna que otra mínima variante en ciertos de los films, desde que Tobe Hooper y su colaborador Kim Henkel la diseñaron a modo de Piedra Rosetta con respecto a las andanzas de Cara de Cuero y sus dementes familiares.




Está última incursión en la creación de Tobe Hooper y Kim Henkel se aleja de la influencia de la figura de Ed Gein, el "Carnicero de Plainfield", que inspiró a aquellos para dar forma a su opus magna y se acerca más a una road movie reflejándose en las andanzas de asesinos en serie como Charles Starkwather y su novia Caril Ann Fugate y sobre todo a los preceptos establecidos por Rob Zombie en su brillante Los Renegados del Diablo (The Devil's Rejects) cinta de la que esta Leatherface toma muchas ideas argumentales y resoluciones visuales. El grupo de asesinos que secuestran y matan inocentes sin remordimiento alguno, la matriarca de un clan de psicópatas que se enfrenta a un agente de la ley local cometiendo actos violentos equiparables a los de los criminales a los que debe dar caza y un contexto deudor del western de raíces más bastardas emparentan el film que nos ocupa con el segundo largometraje del director de The Lords of Salem.




A pesar de esta tendencia a la referencialidad ajena Leatherface se ciñe escrupolosamente a la puesta en escena (más de diseño y menos cercana al documental que la del film de 1974) asentada en el remake de 2004 tomada después por los artífices de La Matanza de Texas: El Origen y Texas Chainsaw 3D. Algocurioso siendo productos que no se enmarcan de manera oficial en una misma cronología, ya que pertenecen a distintas productoras e ideólogos. El ambiente rural sórdido, el calor asfixiante, la mugre que se extiende desde la granja de los Sawyer hasta ese sanatorio mental que exhala inmundicia por todas sus paredes o los personajes retorcidos y psicóticos en un bando y otro son señas de identidad que los creadores de Leatherface respetan. Cierto es que sólo el arranque del film y su clímax final son reconocibles a un nivel narrativo con respecto a sus predecesoras, pero a pesar del cambio ejecutado durante el desarrollo central de la historia la esencia primigenia de la franquicia late en el devenir de acontecimientos protagonizado por los personajes de Ike, Clarice, Bud, Lizzy y Jedidah.




El guión de Seth M. Sherwood profundiza con acierto en una de las ideas que sustentaron The Texas Chainsaw Massacre. Que fue el rechazo de una sociedad acomodada que arrinconó a las clases más desfavorecidas el germen de la locura de la familia de matarifes en general y de Cara de Cuero en particular. Curiosamente no es la mórbida influencia que aplica la homicida Vera Sawyer en su hijo la que quiebra la voluntad de este, sino ese viaje físico y vital que emprende por un estado de Texas construido sobre la violencia, la crueldad, el sadismo y la corrupción el detonante que dio pie a que Jedidah Sawyer acabase convirtiéndose poco a poco en un gigantesco monstruo cuya único placer era quitar la vida a viajeros despistados y diseñar máscaras con sus rostros previamente desollados. Otro tema sería dilucidar si era conveniente dar un origen tan mundano a un mal cuya pureza se antojaba casi una abstracción, teoría que podría aplicarse también a otros personajes como Michael Myers o Freddy Krueger, y en el que tomaríamos la negativa como respuesta.




Al igual que hicieran sus compatriotas Alexandre Aja y Gregory Levasseur con el brutal remake de Las Colinas Tienen Ojos, de Wes Craven, Alexandre Bustillo y Julien Maury debutan en Hollywood con Leatherface. Por desgracia el resultado no es tan brillante como en dicha revisión del clásico de los 70 en el que los autores franceses vampirizaron la impronta del film original para inyectarle vía intravenosa sangre puramente europea, haciendo later bajo la superficie del film un mensaje inmisericorde contra las clases acomodadas estadounidenses y el carácter imperialista de sus fuerzas militares. En cambio los directores de la bestial À l'Intérieur tienen que amoldar su poderosa realización al proyecto en el que se han implicado, pero permitiéndose incluir algunos pasajes de violencia explícita con los que han debido disfrutar notablemente, como esa escena de sexo retorcidísima en fondo y forma pareciendo un homenaje a aquella estupidez de Jörg Buttgereit titulada Nekromantik.




Como era de esperar son Lili Taylor y Stephen Dorff los dos actores que más destacan dentro del apartado artístico de Leatherface, trabajando dos roles con enormes similitudes revelándose como la pareja de verdaderos villanos del largometraje. Dentro del casting de actores jóvenes Sam Strike se esfuerza por dar vida a ese chico confundido e introvertido que en un futuro se convertirá en uno de los psicópatas más famosos de la historia del género, pero curiosamente son James Bloor y Jessica Madsen, en los papeles de Ike y Clarice, los que mejor lo hacen poniéndose en la piel de unos Bonnie y Clyde mentalmente perturbados convertidos en uno de los aciertos más retorcidos y memorables de la película. También encontramos entre los secundarios a Finn Jones, el Iron Fist de Marvel Studios y Netflix ejerciendo de ayudante del sheriff con un personaje que hará las delicias de los detractores del actor británico, y esta afirmación no es precisamente porque aquí haga mal su trabajo.




Sin ser una obra destacable, ni una pieza clave dentro del microcosmos en el que se engloba Leatherface es un soplo de aire fresco para una franquicia que ya no daba más de sí. La intención por parte de sus artífices a la hora de transitar nuevos caminos para no tener que ceñirse a un esquema preestablecido por las dinámicas propias de la saga dan un nuevo empujón a la creación del tristemente desaparecido Tobe Hooper, ofreciendo un producto competente, bien escrito, rodado e interpretado tratando de reinventar algo que ya conocemos para insuflarle nueva vida y con ello seguir exprimiendo la gallina de los huevos de oro con un tipo de cine cada vez más marginal y underground que no suele tener mucha repercusión fuera de los círculos del género de terror y los festivales especializados en dicho celuloide. Por ahora nos quedamos con esta estimable pieza que nos devuelve la esperanza para que el sonido de motosierra no cese nunca y siga ofreciéndonos insana y fruiciosa diversión.


viernes, 24 de mayo de 2013

La Matanza de Texas 3D, primos lejanos




Título Original Texas Chainsaw 3D (2013)
Director John Luessenhop
Guión Adam Marcus, Debra Sullivan, Kirsten Elms, Stephen Susco basado en personajes de Tobe Hooper y Kim Henkel
Actores Alexandra Daddario, Trey Songz, Tania Raymonde, Keram Malicki-Sanchez, Shaun Sipos, Thom Barry, Paul Rae, Bill Moseley, Dan Yeager, Richard Riehle, John Dugan, Gunnar Hansen, Marilyn Burns, Tobe Hooper





En 1974 el director Tobe Hooper, con la ayuda de su amigo Kim Henkel al guión, creó un clásico con todas las letras dentro del cine de terror americano titulado La Matanza de Texas (The Texas Chainsaw Massacre). Basada lejanamente en la historia de Ed Gein, el Carnicero de Plainfield, el film fue realizado con un presupuesto irrisorio en condiciones infrahumanas por unos equipos técnico y artístico completamente desconocidos y en un formato cuasi documental no buscado, el mismo vino al rodar el film en 16 mm y luego pasarlo a 35, que daba una veracidad cortante a una obra haciéndose fuerte más en la tortura psicológica, inolvidable su media hora final, que en la supuesta casquería que el tiempo le asignó y nunca ha tenido. Aún hoy la cinta de Hooper es clave para entender la evolución experimentada por el género al que se adscribe cuando se estrenó como largometraje a nivel internacional, marcando un gran impacto generacional.




Doce años después un Tobe Hooper en decadencia (en la que sigue, por desgracia) realizó una terrible secuela queriendo ser una especie de revisión humorística de la obra original y cuyo resultado fue poco menos que aberrante. Cuatro años después el director Jeff Burr y el guionista David J. Schow dieron forma a la tercera parte, no tan lamentable como la anterior entrega, pero aún así de una contrastada mediocridad, llena de tópicos y resoluciones formales fallidas. Pero ya en 1994 aconteció lo inenarrable. Kim Henkel, cocreador de la saga, realizó una cuarta cinta tan terriblemente deleznable que hacía que la segunda pareciera El Padrino II. Curiosamente los dos únicos films en forma de continuación relacionados con esta franquicia que merecen la pena han sido La Matanza de Texas 2004, remake del largometraje primigenio a manos del mediocrísimo Marcus Nispel, y la precuela de esta, La Matanza de Texas: El Origen, dirigida por el impersonal Jonathan Liebesman, que, aún estando ambas a años luz de ella, eran dignas sucesoras de la versión de 1974.




En 2013 ha llegado este experimento llamado La Matanza de Texas 3D (Texas Chainsaw 3D) y para desentrañar su naturaleza hay que dedicarle algo de tiempo. Pseudosecuela de la cinta original, anterior a las tres entregas que siguieron a aquella, pero sin nada que ver con el remake y su protosecuela, es decir, sería una especie de segunda parte del film de 1974 en su prólogo para seguir el resto del metraje con una historia acontecida 20 años después. En resumidas cuentas, estamos ante otra película dentro de esta franquicia, un producto hecho por y para rascar dinero en taquilla y satisfacer el apetito de los fans de Cara de Cuero y su motosierra. El resultado es una cinta llena hasta arriba de todos los tópicos del género ofreciendo al espectador precisamente eso que busca, entretenimiento bruto y casquería fina con sabor tex mex.




En 1974 el pueblo de Went en Texas descubrió que la familia Sawyer encubría los múltiples crímenes de uno de sus miembros, Jeb, también conocido como Leatherface. Los lugareños se vengaron de ellos quemando su casa y masacrando en un tiroteo a todos los componentes del clan, sobreviviendo sólo el pequeño bebé de una de las hijas. El mismo fue acogido por dos de los pueblerinos que la criaron como su propia hija. Veinte años después Heather descubre que es adoptada y huye del hogar con su novio y dos de sus amigos, a los que se sumará un autoestopista, para descubrir en Went cuál es su origen y hasta donde llegan sus raíces familiares. Lo que encontrará no será de su agrado, ni del de sus compañeros de viaje, y mucho menos de los habitantes de la localidad que no han olvidado la matanza de los Sawyer.




Texas Chainsaw 3D es fanservice en vena, fast food para echar un rato que cumple todos y cada uno de los tópicos de la saga en la que se ha gestado en particular y del género al que pertenece en general. En el prólogo tenemos un regalo para los fans de la colección de películas ya que los componentes de la familia Sawyer están interpretados por Gunnar Hausen, el Cara de Cuero original, Marilyn Burns, la desvalida protagonista de la película de 1974, y Bill Moseley, el insoportable "Chop Top" Sawyer de la secuela de 1986 y actual actor fetiche de Rob Zombie. El reparto está formado por cinco personajes interpretados por los habituales jovenzuelos de buen ver, cuerpos apolineos y neuronas ausentes merecedores de morir de la manera más cruel posible a manos del nuevo Leatherface, que no desmerece en nada al de la película de los años 70.




Por el camino se cumplen clichés como los fumetas y fornicadores cayendo a manos del asesino principal, un cariñoso saludo desde aquí a Drew Goddard y Joss Whedon. Los protagonistas, tanto masculinos como femeninos, enseñando lo justo de carne, sugiriendo y calentando, pero nunca mostrando abiertamente o culminando la desnudez. Toma de decisiones estúpidas a la hora de esquivar a los verdugos o metiéndose voluntariamente en la boca del lobo o unas fuezas de la ley ineptas hasta lo indecente. Pero también se esquivan otros como que el chico negro muera el primero, que la protagonista sea virginal o que el villano ejerza como tal a lo largo de todo el metraje. Esto último no hace que la película destaque o sea original, pero al menos ofrece algunas salidas inesperadas a la platea.




Pero lo mejor de la velada es por un lado el gore desatado que si bien no llega a cotas de brutalidad como las de La Matanza de Texas: El Origen sí ofrece pasajes memorables (deliciosa esa motosierra partiendo, literalmente, en dos a uno de los personajes) las múltiples referencias a La Matanza de Texas original con el mismo diseño de producción y dirección artística e incluso una fotografía que en cierta manera quiere asemejarse a aquella que bordó Daniel Pearl en 1974 y sobre todo esas rebuscadas escenas en 3D con regusto a productos ochenteros de terror como la fumadísima Viernes 13: Parte 3, tercera parte de la saga protagonizada por Jason Voorhees y su santa madre, de Steve Miner dando un tono añejo al producto que hace las delicias del fan de este tipo de films.




No le podemos pedir a La Matanza de Texas 3D algo que no ofrece. Su dirección es tan impersonal como cumplidora y el mensaje sobre el aislamiento que la América profunda sufrió tras la Gran Depresión criando a hijos de hambre y el rencor que nos supieron exponer tan inteligentemente Tobe Hooper y Kim Henkel hace casi 40 años aquí brilla por su ausencia, aunque no se deja nada bien a la gente de Texas en general, una vez más. Pero tenemos minutos de fruicioso entretenimiento grotesco y cruel con un final confirmándonos que en el estado de George W. Bush los lazos de sangre son más fuertes que el desarraigo o la venganza y dejando al espectador preguntándose si hay algo de bueno o noble en dejar vivir a monstruos, alegóricos y reales, en los sótanos de nuestros supuestamente idílicos hogares.



jueves, 9 de junio de 2011

La Matanza de Texas IV: La Nueva Generación, old McDonald had a farm...




Título Original: The Texas Chainsaw Massacre IV, The Next Generation (1994)
Director: Kim Henkel
Guión: Kim Henkel
Actores: Renée Zellweger, Matthew McConaughey, Robert Jacks, Tonei Perensky, Joe Stevens, Lisa Marie Newmeyer, John Harrison, Tyler Cone




En 1974 La Matanza de Texas marcó un antes y un después en el cine de terror americano. Tobe Hooper llegó a la grandeza de dicho género por el camino de la imperfección y la fisicidad. Casi diez años después él mismo realizaría una secuela que, supuestamente, buscaba dar una visión paródica e irónica de la primera cinta. La Matanza de Texas II supuso un egendro a distintos niveles que ensuciaba el buen nombre de su predecesora. En 1990 llegó la tercera parte, La Matanza de Texas III, Leatherface de Jeff Bur, poco ambiciosa y deslabazada repetición de las constantes de la primera entrega a la que respetaba tanto como temía. Pero cuando nada hacía pensar que la cosa podía empeorar en 1994 llegó la hecatombe.




Kim Henkel, el co guionista de la primera La Matanza de Texas decidió dirigir en 1994 una secuela más a espaldas de su amigo y compañero Tobe Hooper y con unos por aquel entonces aún desconocidos Matthew McConaughey y Renée Zellweger como protagonistas. El resultado no podía ser bueno de ninguna manera, pero claro, que fuera tan enormemente desastroso no parecía posible. Pero La Matanza de Texas 4, La Nueva Generación es lo peor de lo peor, tanto que supuso un punto de no retorno para la saga, tocando fondo esta como nunca lo había hecho.




Esta cuarta parte de La Matanza de Texas es tan rematadamente mala que hace que la horrible y desastrosa segunda parte parezca la primera. Kim Henkel continúa, más o menos, la misma estructura que la primera y tercera parte. Pero el resultado es tan horrible, penoso, inane y aburrido que al espectador le cuesta horrores acabar la película y depositar en ella un mínimo de atención para seguirla debidamente. Todo por culpa del cúmulo de insustancialidades y ridiculeces que pueblan un cortísimo metraje que, paradójicamente, se antoja eterno de cara al espectador.




Un grupo de chicos huidos de la fiesta de graduación del instituto dan a parar a la casa de un familia de rednecks pirados. Pero ojo, estos ni parecen matarifes, ni son caníbales. ni producen terror. Sólo son un grupo de personas imbéciles transmitiendo más pena que pavor dando forma a un núcleo familiar sin lógica alguna empañando de manera inmisericorde el legado, ya de por sí bastante ultrajado en las dos anteriores entregas, de la familia protagonista de la cinta original de Tobe Hooper. Todos y cada uno de los estúpidos componentes de esta peculiar tribu dan vergüenza ajena y son capaces de llevar al espectador a un malsano estado de irritación.




Uno de ellos, el que aparentemente es el líder, ¿interpretado? por Matthew McConaughey, es el conductor de la grúa del pueblo y tiene una pierna ortopédica hidráulica que se convierte en la protagonista de la velada debido a lo disparatado del uso que se hace de la misma,sirva de ejemplo la "memorable" la escena con el duelo de mandos a distancia que la controlan. Otro componente de la familia no para de citar a filósofos y escritores como Maquiavelo u Óscar Wilde, a saber con qué intención narrativa. Por último la mujer muestra claros síntomas de indecisión o personalidad múltiple. Pero si hay algo que clama el cielo es lo acontecido en esta ocasión con Cara de Cuero,  icono de la saga y del cine de terror en general.




Si en la secuela ya el mismo Hooper lo convirtió en un pervertido que quería introducir su sierra eléctrica en las partes pudendas de Caroline Williams, recuperando más tarde algo de su personalidad, aunque no mucha, en la tercera parte, lo de esta cuarta entrega ya es de sanatorio mental. Leatherface acaba reducido a una especie de travesti, con un alarmante parecido a Rita Barberá, que sólo se dedica a maquillarse, asustarse de sus víctimas, gritar y mover los brazos de manera desquiciada. Para colmo la mítica sierra eléctrica no la coge a penas y en la secuencia final, cuando se trata de emular el mismo cierre de la cinta original, con un espectador pasando tanta vergüenza ajena como para aparta la mirada de la pantalla.




Una de las peores películas de supuesto terror que he visto en mi vida y una de las secuelas más infectas e innecesarias que he podido degustar en mi trayectoria como cinéfilo. Sólo se salva la muy gráfica y explícita escena del cráneo aplastado poco a poco por la pierna hidráulica, rodada fuera de cámara, pero con un uso bastante acertado y desagradable de los efectos de sonido. Por lo demás el producto es tan infame, infecto y horrible que hay una escena durante le metraje final que sintetiza magistralmente el conjunto de la obra con el sencillo gesto de uno de los personajes recurrentes de la franquicia.




En todas las entregas previas de la saga teníamos hacia el final la famosa escena en la que el abuelo golpeaba con un martillo a la chica protagonista como si la estuviera sacrificando cual gorrino en el matadero. En esta La Matanza de Texas IV, La Nueva Generación cuando todos se ponen a gritar como locos en el comedor, tanto los verdugos como las víctimas, y antes de que tal ritual tome forma, el anciano se levanta de la mesa y se va para no volver a salir en toda la película. Sobran las palabras. Lo próximo, hablar del remake y de la precuela del mismo, las únicas dignas herederas de la genial primera película, que por lo que un servidor ha visto hasta el momento nunca debió haber sido el germen de una serie de películas tan estúpida y bochornosa.



miércoles, 3 de noviembre de 2010

La Matanza de Texas III, oxidado retorno al pasado



Título Original: Leatherface, The Texas Chainsaw Massacre III (1990)
Director: Jeff Bur
Guión: David J. Schow
Actores: Kate Hodge, Ken Foree, Viggo Mortensen, R.A. Mihailoff, William Butler, Joe Unger, Tom Everett, Miriam Byrd-Nethery, Jennifer Banko, David Cloud




Cuatro años después de la primera secuela llegó la también innecesaria tercera parte. Lo mejor que puedo decir de La Matanza de Texas III es que está a años luz de la segunda entrega, pero aquella era tan horrenda que esto no es ni siquiera un halago o una virtud. Su director Jeff Bur y el guionista David J Schow inteligentemente obvian por completo todo lo acontecido en la nefasta segunda parte y se centran en repetir las constantes del primer film, pero de mala manera y con mucha torpeza.




La Matanza de Texas III recupera en parte el tono austero y seco de la primera parte y huye totalmente de la ¿ironía? de la segunda entrega, aunque hay un cameo de la actriz Caroline Williams a modo de homenaje. Para ello sus máximos responsables evitan poner roles exagerados o paródicos y vuelven utilizar como carnaza a personajes hasta cierto punto creíbles que sirven como desvalidas víctimas para la familia de matarifes. Pero nada tiene consistencia, hay una total carencia de personalidad por parte de los autores, no hay un verdadero intento por crear una historia sólida que aporte algo a la saga o destaque en manera alguna.




Se les agradece a Jeff Bur y David J. Schow incluir referencias a al primer film de Tobe Hooper, pero las mismas no tiene justificación, están metidas con calzador y pecan de forzadas. Sólo sirven como apunte curioso de naturaleza caprichosa. También hay una enorme metida de pata cuando hacen que la familia acepte de buena gana ciertos aparatos electrónicos que simbolizan un progreso del que siempre habían renegado, ya que ahí estaba gran parte del poso del film inicial, la negativa por parte de este núcleo familiar ante cualquier avance tecnológico procedente de una sociedad que les era ajena y a la que no querían pertenecer, precisamente porque solían devorarla.




Pocos aciertos reales hay en La Matanza de Texas III. Si acaso la inclusión por primera vez de personajes femeninos en la familia, que en cada película está formada por miembros distintos, contando también una niña pequeña, a la que retratan con acertada morbidez; ver al gran Ken Foree dando vida a un simpático secundario o a Viggo Mortensen en sus inicios hacer el ridículo con mandil, labios y uñas pintadas, haciendo de "cocinera" de la familia o algún apunte del argumento que más tarde de nuevo tomaría Rob Zombie para su díptico de la familia Firefly. Lo más destacado, conceptualmente, sigue siendo ese respeto por la primera parte, respeto que ni el mismo Tobe Hooper tuvo consigo mismo cuando hizo la primera secuela.




La Matanza de Texas III es un producto de usar y tirar para pasar el rato una noche en la que no se tenga nada mejor que ver o hacer. A pesar de querer ser consecuente con su principal referente no consigue nunca tomar entidad y se antoja dispersa y poco acertada. Seguiré con la cuarta y vapuleada entrega así como con el remake y su precuela, que a mí particularmente me gustan bastante y, desde mi punto de vista, respetan más la esencia de la cinta pionera de 1974 que cualquiera de las secuelas de la saga original que yo haya visto hasta ahora.


martes, 19 de octubre de 2010

La Matanza de Texas 2, dead meat



Título Original: The Texas Chainsaw Massacre 2 (1986)
Director: Tobe Hooper
Guión: L.M. Kit Carson
Actores: Dennis Hopper, Caroline Williams, Bill Johnson, Jim Siedow, Bill Moseley, Lou Perry, Harlan Jordan, Kirk Sisco, Ken Evert




Después de darse de bruces en la taquilla con trabajos como Lifeforce o Invasores de Marte, financiados por la Cannon Films de Menahem Golan y Yoram Globus, Tobe Hooper se vio obligado por dichos productores a reverdecer los laureles de su opus magna, La Matanza de Texas (The Texas Chiansaw Massacre) con una secuela que estaba destinada a devolverle el favor del público por recuperar personajes que ya eran iconos del cine de terror americano como el célebre Cara de Cuero. El problema es que de manera fallida el director de Salem's Lot quiso dar un punto de vista distinto a la historia con respecto a la primera parte y el resultado es nefasto hasta decir basta. La Matanza de Texas 2 (The Texas Chainsaw Massacre 2) conocida también como Masacre en Texas es un producto malo de solemnidad.




El mayor fallo de La Matanza de Texas 2 es su simple existencia, porque a esas alturas, doce años después del estreno de la primera entrega, nadie pedía, ni necesitaba, esta continuación. En principio el largometraje fue gestado por capricho y necesidad monetaria de sus máximos responsables y desde ahí empezó el proyecto con mal pie. Pero el verdadero problema, el mayor inconveniente es que Tobe Hooper quiso ser arriesgado y dar una visión cómica e irónica de su propia obra previa convertiendo esta secuela en una parodia de la primera entrega, como ya apunta el cartel oficial de la obra, una clara parodia al de El Club de los Cinco (The Breakfast Club). Su intento por dirigir una película de terror con toques de humor falló estrepitosamente y desembocó en otro fracaso de crítica y público.




No es sólo que la ironía y la comicidad del film brillen por su ausencia y su lugar lo tome un matiz irritante, estúpido, aburrido y sonrojante. Es que el mismo insulta, esputa y defeca impunemente sobre la esencia de la cinta primigenia. El tono documental, la carestía de medios suplida por imaginación y profesionalidad, el retrato lacerante sobre el sur de Estados Unidos, la descarnada crueldad, el nihilismo abrasivo, todo, es sustituido por una insulsa trama mal estructurada, con un libreto sin consistencia alguna, parece mentira que el guionista sea el mismo que el de la excelente Paris, Texas, de Wim Wenders. Unos personajes que pierden la fiereza de su presencia al convertirse en marionetas estúpidas, con uno nuevo, el de Bill Moseley, que es del todo insoportable, una puesta en escena mucho más aparatosa que nada aporta a la historia y un diseño de producción exagerado que desarma el tono austero y claustrofóbico de la cinta de 1974.




Si como parodia la obra no funciona, como cinta de terror, paradójicamente, sí que da risa. Lo que hacen con Leatherface es de sanatorio mental. Pasa de ser una persona deficiente mental con instintos asesinos a un sucedáneo de Alvaro Vitali que hace gestos obscenos y cuya mayor ilusión es meter su sierra mecánica por zonas indebidas de Caroline Williams. También habría que poner nota a parte para Dennis Hooper. ¿Qué hace este hombre aquí?. En ese año 1986 llegó a lo más alto con su Frank Booth en Terciopelo Azul de David Lynch y tocó fondo con su papel de sheriff aquí. Uno de los antihéroes más ridículos que ha dado el cine en toda su historia, ya que su personaje se pasa más rato cortando con la motosierra todo tipo de objetos mientras grita que haciendo algo por eliminar a la familia caníbal a la que supuestamente da caza. El único beneficio que se puede sacar a este rol es que serviría de base para el John Wydell que interpretaría William Forsythe en la magistral Los Renegados del Diablo de Rob Zombie.




Como ya hemos apuntado cinta fue un fracaso clamoroso de critica y público. Hooper achacó dicha mediocridad al montaje defectuoso, las prisas durante el rodaje, las presiones de los productores. Pero por mucho que eche balones fuera lo que hay rodado es bazofia pura y sale de su mano. Es decir, si la hubiera dirigido otra persona el asunto sería hasta cierto punto perdonable, pero que la ultrajara el mismo director de la anterior obra es vergonzoso. A pesar de que me cae bien el de Texas y que algunos de sus largometrajes para mí son capitales dentro del cine de terror, no comparto la opinión de algunos que afirman que la cinta que nos ocupa es un producto incomprendido y su director un genio por haberla diseñado. La Matanza de Texas 2 es un insulto para el fan la primera parte en particular y el seguidor de cine de terror en general.




Una obra innecesaria y deshilachada que no hay por donde cogerla. ¿Para qué quiero yo más gore, más violencia, unos decorados enormes, un uso más profesional de la cámara y un actor de primera fila como protagonista si todo lo que veo ante mí es una soberana estupidez que me produce más vergüenza ajena que otra sensación sin nada que ver con la obra que le precede?. Sirva como ejemplo y declaración final la escena con el abuelo y el martillo, que en la primera entrega producía una desagradable sensación entre truculenta y asfixiante y que en esta segunda parte transmite estupidez y ridículo. Comentaré el resto de secuelas, el remake y la protosecuela del mismo, pero a su tiempo, como decía Linda Blair en El Exorcista.


lunes, 11 de octubre de 2010

La Matanza de Texas, el crimen más sangriento de la historia de América


Título Original: The Texas Chainsaw Massacre (1974)
Director: Tobe Hooper
Guión: Kim Henkel & Tobe Hooper
Actores: Marilyn Burns, Paul A. Partain, Edwin Neal, Jim Siedow, Allen Danzinger, Gunnar Hansen, William Vail






El pasado 1 de Octubre de 2009 se cumplieron 35 años del estreno de una de las cintas más grandes de la historia del cine de terror. Un film cuyo legado ha ejercido influencia en cientos de cineastas dentro del género, en toda clase de obras adscritas a este tipo de cine y ha dado lugar a secuelas, plagios e incluso parodias. Se estrenó en 1974, causó un bestial impacto, se rodó en condiciones infrahumanas, la dirigió Tobe Hooper. Su título, La Matanza de Texas (The Texas Chainsaw Massacre)




Inspirada parcialmente en hechos reales (los crímenes del asesino en serie Ed Gein, que despellejaba a jovencitas para luego usar las pieles como vestidos o moviliario para su casa de Wisonsin), tras su estreno fue recibida de distinta manera por la prensa especializada. Unos sólo veían una película sádica que hacía un uso pornográfico de una violencia casi insoportable y muy directa. Otros miraban más allá y lograban vislumbrar una oscura y malsana obra maestra de lo macabro, con un uso magistral de la dirección y el escueto diseño de producción. Pero el verdadero impacto lo causó en la platea, ya que el público de aquella época, sobre todo el americano, no estaba aún acostumbrado a ver niveles de sadismo, más psicológico que físico, en pantalla grande, al menos fuera de Europa o Asia.




Todo aquel que vaya buscando un desfile de gore y vísceras se sentirá muy decepcionado al ver La Matanza de Texas. El film de Tobe Hooper es mucho más que un slasher, que ciertamente lo es, posiblemente el mejor de la historia del subgénero. También supone, y ahí radica su mayor virtud, una visión descarnada de la América más profunda. La que surgió de la penuria económica que asoló el país durante la gran depresión de los años 30, la que no acepta el progreso y vive aislada en una especie de atemporal estado desértico al sur de los Estados Unidos. La visión que Hooper y Henkel dan del sur de su país es aterradora, mostrando a esos descerebrados rednecks como a unos pueblerinos perturbados mentalmente capaces de cualquier barbaridad.



Hooper realizó el proyecto por medio de un enfermizo uso del caos controlado. La cinta se rodó con tal escasez de medios que el tono semidocumental del producto no fue buscado. Ese aspecto se debe a que la película se rodó en 16 mm para más tarde pasarse a 35 mm, de ahí el efecto granulado y de deterioro de la imagen. El film se desarrolla con un excelente pulso, imprimiendo una tensa calma a casi todo el metraje. En cambio en su media hora final la visceralidad llega a cotas casi insoportables. Pero nunca por medio de la violencia explícita, sino por una utilización atmosférica de la cámara, jugando con los encuadres y los tipos de objetivo), gracias a la excelente fotografía de Daniel Pearl, y una certera dosificación del tempo narrativo con respecto al aumento gradual de la tensión.


El éxito de la obra fue considerable y gracias a sabe dios quién, no se realizó una secuela inmediata aprovechando el tirón de la primera parte. Hasta que 12 años después, Hooper, intentando resarcirse de sus últimos fracasos en taquilla dirigió una tardía secuela para la Cannon Films. No me extenderé mucho sobre La Matanza de Texas 2 (The Texas Chainsaw Massacre 2) porque dentro de poco le dedicaré una entrada, pero se me cae la cara de vergüenza al pensar que el director de esa entrega y el de la que nos ocupa son la misma persona. Porque pocas veces ha pasado más sonrojo y vergüenza viendo la secuela de una una película de terror que con dicha producción de 1986.




Existen también una tercera entrega, que no he visto, y una cuarta dirigida por Kim Henkel, de la que he oído todo tipo de barbaridades, titulada La Matanza de Texas. La Nueva Generación, con Matthew McConaughey y Renée Zellweger en el reparto, de la que sólo he visto retazos. Ya alejadas de la saga original la productora Platinum Dunes, propiedad de Michael Bay, rodó un correctísimo remake y años después una resuelta precuela del mismo, con un reparto muy parecido y los mismos medios, esta vez con mucha más truculencia en las escenas de los asesinatos. Incluso existe una excelente continuación de estos trabajos cinematográficos en cómic escrita por Dan Abnett y Andy Lanning y dibujada por Wesley Craig.



The Texas Chainsaw Massacre, es una obra clave para entender la evolución de la historia del cine de terror occidental. Un inigualable Tobe Hooper, con la ayuda de su co guionista Kim Henkel, dio forma a su obra maestra, su mejor trabajo. Una cinta de culto, imperfecta, cruda, lacerante, cruel, insana, que nos mostró que el verdadero horror no está en un castillo de Transilvania, en un cementerio o una sesión de espiritismo. Está entre nosotros, posiblemente en la casa de al lado, tiene rostro y seguro que alguna vez nos ha mirado directamente a la cara, sin que nosotros lo sepamos o hayamos querido darnos cuenta.